El amor (y otros greatest hits)

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Que la pelí­cula Begin Again coin­cida en car­te­lera con la ines­pe­rada reedi­ción de Alta fide­li­dad (Anagrama) de Nick Hornby aún vibrando en las estan­te­rías resulta muy esti­mu­lante; se nos antoja esta­ble­cer que la pelí­cula y el libro en cues­tión son como el yin y el yang.

Para empe­zar, apos­ta­mos que la actriz Keira Knightley (¡qué buen momento para redes­cu­brirla en el papel de la com­po­si­tora Gretta!) enamo­rará ahora en las salas a todos aque­llos a quie­nes el cana­lla Rob Fle­ming (inol­vi­da­ble inter­pre­ta­ción la de John Cusack para la chis­peante adap­ta­ción cine­ma­to­grá­fica de Step­hen Frears) viene embau­cando desde hace casi veinte años con su ruina sen­ti­men­tal. A él le cono­ci­mos como el dueño tras­no­chado de un a melan­có­lica tienda de dis­cos del Cam­den lon­di­nense –tras­la­dada a Chicago en el filme de Frears–, cínico y pesi­mista, “inca­paz de acla­rarse con las muje­res ni con su vida”. Ella, sen­si­ble y lumi­nosa, nos sor­prende este verano can­tando con dul­zura sobre arre­ba­ta­do­res esce­na­rios neo­yor­qui­nos, desde un pre­cioso home­naje a la ciu­dad junto a Mark Ruf­falo, como eje­cu­tivo dis­co­grá­fico en horas bajas (Dan Mulli­gan), y de la mano del guio­nista y direc­tor John Car­ney.

Al per­so­naje de Rob, con su retahíla íntima, cerrada y her­mé­tica, lo recu­pe­ra­mos en nues­tra memo­ria como inigua­la­ble repre­sen­tante de cierto tipo de alér­gi­cos al com­pro­miso con los demás, un per­fil de trein­ta­ñero inma­duro que se recrea ego­cén­tri­ca­mente en su mere­cida sole­dad y mal de amo­res, des­es­ta­bi­li­zando cons­cien­te­mente a todo su entorno cuando con­si­dera que pro­cede, sin remor­di­mien­tos. En el polo opuesto, Gretta apunta a con­ver­tirse en otro clá­sico auto­má­tico siguiendo una direc­ción con­tra­ria: es la amiga per­fecta que, por­ta­dora de un dis­curso abierto y envol­vente, acaba coad­yu­vando acti­va­mente, aun sin darse cuenta, a arre­glar todo lo que se rompe a su alre­de­dor, a pesar de car­gar con un cora­zón tan hecho tri­zas como el del resto.

CNJ8_GEs el fresco con­tra­punto para Rob Fle­ming quien, en el año 1995, nos lanzó una terri­ble mal­di­ción, incon­fun­di­ble signo de los tiem­pos: “Si pones la música (y los libros posi­ble­mente, y el cine, y el tea­tro, y las cosas que tie­nen sen­ti­miento y que te hacen sen­tir) en el cen­tro de tu ser, no podrás acla­rar ni en broma tu vida amo­rosa; no podrás pen­sar en esa vida amo­rosa como quien piensa en un pro­ducto aca­bado”. Y augu­raba: ”Ten­drás que pasarte la vida dán­dole caña, ten­drás que man­te­nerla viva y revuelta; ten­drás que darle caña sin parar, des­en­ma­ra­ñarla a cada paso, hasta que se te des­haga entre las manos y te veas obli­gado a empe­zar otra vez de cero”. Fun­da­men­taba tan trá­gico des­tino en que “vivi­mos a una inten­si­dad exce­si­va­mente alta, al menos los que nos pasa­mos el día entero absor­biendo cosas de alta carga emo­cio­nal, y es con­se­cuen­cia lógica que no poda­mos sen­tir­nos mera­mente con­ten­tos: tene­mos que ser infe­li­ces o, si no, vivir en éxta­sis, y esos esta­dos son difí­ci­les de alcan­zar den­tro de una rela­ción de pareja sólida y esta­ble”. En el filme Begin Again dis­po­ne­mos del antí­doto para este veneno que nos inoculó Alta fide­li­dad, a pesar de que Adam Levine (líder de Maroon 5 que inter­preta a Dave, el exno­vio de Gretta) parece más pro­clive al bando del Rob literario.

¿Y existe algo en común entre el des­ca­rado Fle­ming y el per­so­naje inter­pre­tado por Knightley? Sí, una hones­ti­dad última, sor­pren­dente en él y natu­ral en ella. Tirando de este fino hilo de unión, se llega a una reivin­di­ca­ción sin­cera de la auten­ti­ci­dad artís­tica frente a la per­ver­sión de los valo­res por la indus­tria del entre­te­ni­miento, en una rebel­día que conecta a ambos en lo pro­fundo, a veces auto­des­truc­tiva en Rob y siem­pre deli­cio­sa­mente naíf en Gretta.

“¿Qué fue pri­mero, la música o la tris­teza?”, se pre­gunta Fle­ming en la obra de Hornby. Y con­cluye con que las per­so­nas más des­gra­cia­das, “román­ti­ca­mente hablando, son las que tie­nen un desa­rro­llado gusto por la música pop”. Keira Knightley ha dicho que Begin Again, donde encarna la cara más ama­ble y utó­pica del espí­ritu indie, ofrece “cierta agi­ta­ción emo­cio­nal” pero apos­ti­lla que “el final es increí­ble­mente opti­mista”. Y lo comenta con cierto asom­bro por­que, en ver­dad, “es raro encon­trar obras tan lle­nas de espe­ranza”. Basta acu­dir al estu­pendo tema prin­ci­pal de la banda sonora, Lost Stars, para ilus­trar la dua­li­dad que expre­san sus pala­bras, y, yendo más allá, su pro­pia ver­sión frente a la de Adam Levine se alza como el clí­max de las con­fron­ta­cio­nes prin­ci­pa­les del filme a casi todos los niveles.

La vida misma a tra­vés de la música, y la música como valiosa metá­fora de nues­tros días. Una de cal y otra de arena para musi­car dos de los mejo­res rela­tos esti­va­les, en dis­tin­tos for­ma­tos pero equi­li­brio perfecto.

MAICA RIVERA (@maica_rivera)

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