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Feminismo: conquistas y desafíos de un movimiento en marcha

La Colección Feminismos de Cátedra cumple 30 años. LEER reúne a su directora, editora asimismo del volumen conmemorativo ‘Ser feministas’, y a la autora de una de las penúltimas referencias de la colección, ‘Feminismo e Ilustración’, dedicado al influyente seminario creado a finales de los 80 por la filósofa Celia Amorós. Una conversación con ALICIA H. PULEO y MARTA MADRUGA BAJO

feminismos_coverVerónica Perales / Cátedra

Femi­nis­mos es el más impor­tante empeño edi­to­rial espa­ñol en la mate­ria. Su tri­gé­simo aniver­sa­rio, más de 140 títu­los, es un mila­gro de con­ti­nui­dad de Cáte­dra y la Uni­ver­si­dad de Valen­cia que merece ser cele­brado. El libro edi­tado para la oca­sión por la direc­tora y coor­di­na­dora de Femi­nis­mos, Ali­cia H. Puleo –y bri­llan­te­mente ilus­trado por Veró­nica Pera­les en un juego con­ti­nuo con la repre­sen­ta­ción del vello y el cabe­llo como ele­mento clave del rol feme­nino–, no es un mero trá­mite, sino un exce­lente estado de la cues­tión de una causa que ya no lucha sólo por la igual­dad sino por la trans­for­ma­ción del mundo. Una de los últi­mos títu­los de Femi­nis­mos está dedi­cado a Celia Amo­rós, pio­nera de la refle­xión filo­só­fica en clave femi­nista en España, y el semi­na­rio “Femi­nismo e Ilus­tra­ción” que fundó en la Uni­ver­si­dad Com­plu­tense de Madrid e irra­dió una influen­cia ger­mi­nal en España e Ibe­roa­mé­rica. Su autora, Marta Madruga, con­versa con Puleo acerca de Amo­rós, de su impronta inte­lec­tual y de los actua­les desa­fíos que afronta el movi­miento feminista.

LEER: Amo­rós parte de que toda la refle­xión filo­só­fica de la Ilus­tra­ción cojea en tanto que su dis­curso de eman­ci­pa­ción deja al mar­gen a las mujeres.

Ali­cia Puleo: Ella tuvo la valen­tía, en una época de emer­gen­cia y pujanza del pen­sa­miento pos­mo­derno, de reivin­di­car la heren­cia ilus­trada. Lo cual no que­ría decir dejar la Ilus­tra­ción intacta. Hay que revi­sar, pero revi­sar crí­ti­ca­mente no es lo mismo que recha­zar en blo­que. Así, se res­ca­ta­ron las figu­ras feme­ni­nas de la Ilus­tra­ción, pero tam­bién a los proto femi­nis­tas ilus­tra­dos, como D’Alembert, Con­dor­cet o más tarde John Stuart Mill. Amo­rós solía decir que no hay que tirar al niño con el agua de la bañera, y esa fue una carac­te­rís­tica del semi­na­rio que marcó a todas las inves­ti­ga­do­ras y seguidoras.

Marta Madruga: Con su teo­ri­za­ción, Amo­rós y las inves­ti­ga­do­ras que for­ma­ron parte de su semi­na­rio han lle­vado el femi­nismo a toda la socie­dad. El pro­pio hecho de pen­sar no solo nutre la teo­ría, sino que es acción. Es la misma idea de Ali­cia como edi­tora y coor­di­na­dora de la colec­ción: que el femi­nismo es pen­sa­miento y acción. Celia tiene una capa­ci­dad teó­rica y ana­lí­tica extra­or­di­na­ria, única diría yo en el pen­sa­miento filo­só­fico espa­ñol. En 1985 publica Hacia una crí­tica de la razón patriar­cal, y aun­que es ver­dad que esa obra no se cen­tra exclu­si­va­mente en el pen­sa­miento ilus­trado, estu­dia muy en pro­fun­di­dad a auto­res como Kant y Hegel. Ya en 1982 publica un artículo, en un libro edi­tado por María Ánge­les Durán, que señala la nece­si­dad de ana­li­zar espe­cí­fi­ca­mente desde un punto de vista femi­nista el pen­sa­miento ilus­trado, por­que ahí es donde se pro­duce la máxima con­tra­dic­ción: el pen­sa­miento de la moder­ni­dad ilus­trada, que está tra­tando de esta­ble­cer la igual­dad natu­ral de todos los hom­bres, que des­le­gi­tima la orga­ni­za­ción de las socie­da­des medie­va­les, pre­serva ese resto feu­dal, man­tiene un lugar natu­ral para las muje­res. Esa intui­ción, que no es una intui­ción, sino el resul­tado de mucho saber y de mucho pen­sar, ofrece una línea de tra­bajo tan enorme que una cabeza sola, por bri­llante que sea, no puede afron­tar, y es lo que al final acaba desa­rro­llando el semi­na­rio: la nece­si­dad de estu­diar en pro­fun­di­dad, hasta su raíz más recón­dita y des­co­no­cida, todo el pen­sa­miento ilus­trado que se nos ha trans­mi­tido y el que no nos ha lle­gado, esa otra Ilus­tra­ción feminista.

L_: ¿Hasta qué punto la pro­puesta de Amo­rós hace que el femi­nismo aca­dé­mico e inte­lec­tual espa­ñol sea ori­gi­nal res­pecto a otros paí­ses de su entorno?

M_M_: Lo pri­mero que diría es que, en el ámbito estric­ta­mente filo­só­fico, salvo las apor­ta­cio­nes de Vic­to­ria Sen­dón de León, la pers­pec­tiva femi­nista en España era inexis­tente como tal. Había otros semi­na­rios, había otras muje­res, pro­fe­so­ras uni­ver­si­ta­rias que por un inte­rés per­so­nal y mili­tante habían abierto líneas de inves­ti­ga­ción, pero en filo­so­fía lo que hizo Celia y han con­ti­nuado haciendo sus segui­do­ras no lo había hecho nadie. Como dice Ali­cia, Celia fue una pen­sa­dora intem­pes­tiva. A fina­les de los 80 y pri­me­ros 90, el femi­nismo que se lle­vaba y que fue muy seguido, sobre todo en Ita­lia y en Fran­cia, era el pen­sa­miento de la dife­ren­cia. Que es en sí mismo un caba­llo de bata­lla: la lucha teó­rica con­tra los pro­ble­mas del pen­sa­miento de la dife­ren­cia sexual creo que ha ayu­dado en cierto sen­tido a cons­truir el pro­pio femi­nismo filo­só­fico de Amo­rós. Su afán era encon­trar el fun­da­mento más sólido para un plan­tea­miento femi­nista teó­ri­ca­mente cohe­rente que al mismo tiempo con­ser­vara una entraña vin­di­ca­tiva que faci­li­tara la acción.

L_: Resulta muy esti­mu­lante que la crí­tica de la Ilus­tra­ción de Amo­rós y el semi­na­rio sea al mismo tiempo una pla­ta­forma para la reivin­di­ca­ción de los valo­res ilus­tra­dos a favor del femi­nismo. Esa racio­na­li­dad de base con­trasta con otros movi­mien­tos reivin­di­ca­ti­vos actua­les que, enrai­za­dos en la pos­mo­der­ni­dad, cues­tio­nan toda cer­teza, entre ellas el mismo sujeto. ¿Cómo afronta el femi­nismo esta situación?

A_P_: Es un tema com­plejo. Vivi­mos tiem­pos difí­ci­les, nos aden­tra­mos en una cri­sis eco­ló­gica sin pre­ce­den­tes, y mien­tras tanto esta­mos dis­cu­tiendo sobre iden­ti­da­des, asun­tos que pue­den ser rele­van­tes, pero a veces pare­cié­ra­mos la orquesta del Tita­nic tocando hasta el final mien­tras el barco se hunde. Que la razón se vea pos­ter­gada no me parece raro en una situa­ción de quie­bra civi­li­za­to­ria. Richard Sen­nett ya explicó cómo la frag­men­ta­ción del sujeto sería el corre­lato sub­je­tivo de la orga­ni­za­ción del neo­li­be­ra­lismo, donde no hay una iden­ti­dad esta­ble. Por­que no hay un tra­bajo esta­ble, por­que todo se disuelve… ¿Cómo reivin­di­car la racio­na­li­dad en una situa­ción así? Con valen­tía y mucho opti­mismo. Y tam­bién con la fuerza del movi­miento femi­nista, que tiene su his­to­ria, que tiene cla­ros sus obje­ti­vos y que viene de unos años en que ha cose­chado cier­tos avances.

M_M_: La frag­men­ta­ción del sujeto no es sólo que sea un corre­lato, es que es extra­or­di­na­ria­mente con­ve­niente, y quizá ahí está la clave de por qué desde la super­es­truc­tura se refuerza la estruc­tura; por qué desde lo aca­dé­mico, desde lo inte­lec­tual, desde la pro­duc­ción más teó­rica se apun­tala la impor­tan­cia de la iden­ti­dad. Al final, insis­tir tanto en las sub­je­ti­vi­da­des anula la unión de suje­tos de dere­chos para movi­li­zarse social­mente. En esta socie­dad abso­lu­ta­mente todo está impreg­nado de psi­co­lo­gía en el peor sen­tido de la pala­bra. Tú pue­des ser feliz, y si no lo eres es por­que no sabes ges­tio­nar tus emo­cio­nes. Se insiste en pre­sen­tar los pro­ble­mas como indi­vi­dua­les y la gente los vive así. Y en lugar de afi­liar­nos a un sin­di­cato vamos al psi­có­logo a que nos diga, no te preo­cu­pes, esto le pasa a todo el mundo. Este corre­lato es nece­sa­rio para que el sis­tema per­viva. El movi­miento femi­nista pro­ba­ble­mente sea el que puede ser­vir de ejem­plo, de para­digma para enfren­tar este tipo de acti­tu­des que indi­vi­dua­li­zan, que insis­ten en la sub­je­ti­vi­dad hasta que ya no hay pro­ble­mas comu­nes. No hay un sujeto común, ya no hay clase obrera, y del mismo modo es muy con­ve­niente que no haya mujeres.

–«Es real­mente increí­ble que el femi­nismo sea acu­sado de ser exclu­yente o de tener diver­sas fobias cuando siem­pre ha apo­yado a las mino­rías sexua­les» (Ali­cia H. Puleo)

L_: Avanza con una rapi­dez extra­or­di­na­ria la acep­ta­ción de deter­mi­na­das reali­da­des, como la nor­ma­li­za­ción de la homo­se­xua­li­dad o la reivin­di­ca­ción de los dere­chos de las per­so­nas trans­gé­nero, pero al mismo tiempo per­ma­ne­cen sin cues­tio­nar estruc­tu­ras de tipo machista muy evi­den­tes y se observa una sos­pe­cha reno­vada hacia el femi­nismo. Para Amo­rós, la cues­tión del género era sinó­nimo de patriar­cado, y ahora la dis­po­si­ción que pueda haber hacia el género redunda, según advierte Asun­ción Oliva en su artículo de Ser femi­nis­tas, en que la reali­dad de la opre­sión de las muje­res resulte invi­si­bi­li­zada. Este estado de cosas ha lle­vado a que per­so­nas vin­cu­la­das his­tó­ri­ca­mente al femi­nismo hayan sido ata­ca­das o des­pla­za­das del dis­curso reivin­di­ca­tivo. ¿Cómo res­ponde el femi­nismo a todo esto?

A_P_: Es real­mente increí­ble que el femi­nismo sea acu­sado de ser exclu­yente o de tener diver­sas fobias cuando siem­pre ha apo­yado a las mino­rías sexua­les. Ha sido, de hecho, el que ha intro­du­cido muchas veces estas temá­ti­cas en la dis­cu­sión pública. Yo no conozco a nadie en el movi­miento con fobias hacia colec­ti­vos sexua­les mino­ri­ta­rios. No es pro­pio del femi­nismo y me parece insólito.

M_M_: Cual­quiera que se moleste en leer, aun­que sea por encima, las obras clá­si­cas del femi­nismo puede corro­bo­rar lo que dice Ali­cia. Y cual­quiera que se haya apro­xi­mado míni­ma­mente a la mili­tan­cia femi­nista, a cual­quier aso­cia­ción con una tra­yec­to­ria con­so­li­dada, se habrá dado cuenta de que allí nadie pre­gunta a qué te dedi­cas, ni cuál es tu pre­fe­ren­cia sexual, ni si tie­nes o no tie­nes pareja. Yo no he cono­cido mayor soli­da­ri­dad que en el femi­nismo, como pen­sa­miento y como acti­vismo. Es un asunto muy espi­noso, el debate está muy enco­nado, y creo que tiene rela­ción directa con lo que hemos hablado antes. Es muy opor­tuno inci­dir en la sub­je­ti­vi­dad de los deseos.

A_P_: Hay deman­das que se pue­den mer­can­ti­li­zar más fácil­mente. Fenó­me­nos que por su apa­rente nove­dad pue­den ser más atrac­ti­vos para los medios. Y luego hay tam­bién una cues­tión polí­tica en el sen­tido amplio del tér­mino, de la Escuela de Frank­furt, de la polí­tica como rela­ción de poder, y es que no tanta gente se va a sen­tir ame­na­zada por deman­das de un colec­tivo espe­cí­fico, mien­tras que muchas más per­so­nas se van a sen­tir ame­na­za­das en su sub­je­ti­vi­dad y su vida coti­diana por las deman­das de las muje­res, que son algo más de la mitad de la pobla­ción. Eso tam­bién explica la resis­ten­cia que se puede encon­trar frente al femi­nismo y la acep­ta­ción de otro tipo de deman­das que no ame­na­zan tanto a todo el mundo.

M_M_: Si nos para­mos a pen­sar en el pen­sa­miento estric­ta­mente polí­tico, el femi­nismo apunta al cora­zón mismo de la demo­cra­cia, de nues­tras socie­da­des. Asu­mir sus deman­das desde el poder obvia­mente no va a ser tan fácil. Pero hay otro tipo de deman­das que son muy fáci­les de asu­mir, y en oca­sio­nes, casual­mente, coin­ci­den con nego­cios muy rentables.

A_P_: Dicho esto, esta­mos de acuerdo en que las mino­rías tie­nen que tener toda la acep­ta­ción, la nor­ma­li­za­ción y dis­fru­tar de igual­dad y dere­chos. Creo que no es esto lo que aquí esta­mos dis­cu­tiendo. Pero no deja de ser curioso que se haya ele­gido al femi­nismo como enemigo.

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En las ilus­tra­cio­nes de Ser femi­nis­tas, Veró­nica Pera­les juega con la repre­sen­ta­ción del vello y el cabe­llo como ele­mento clave del rol femenino.

 

L_: Hay varios capí­tu­los de Ser femi­nis­tas que inci­den en la capa­ci­dad del movi­miento para des­cu­brir pun­tos de desigual­dad o fren­tes que aten­der en la socie­dad. El texto de Eva Antón sobre la bre­cha sala­rial explica cómo, en situa­cio­nes de igual­dad teó­rica por ley, la desigual­dad per­ma­nece a tra­vés de la segre­ga­ción ocu­pa­cio­nal o la minus­va­lo­ra­ción de deter­mi­na­das acti­vi­da­des, algo que la fría esta­dís­tica no siem­pre detecta. Y el artículo de María José Gue­rra Pal­mero pone en orden la idea de inter­sec­cio­na­li­dad de las discriminaciones.

A_P_: En los últi­mos años el con­cepto de inter­sec­cio­na­li­dad a veces se ha esgri­mido para inten­tar refu­tar el femi­nismo que sue­len deno­mi­nar hege­mó­nico o tra­di­cio­nal, o incluso radi­cal. Y olvi­dan que desde ese femi­nismo se rea­li­za­ron aná­li­sis suma­mente intere­san­tes de la inter­sec­ción entre raza, clase y sexo. O sea que el con­cepto de inter­sec­cio­na­li­dad que han desa­rro­llado auto­ras como Kim­berlé Crens­haw o Nira Yuval-Davis tam­bién viene de ahí. Al prin­ci­pio, en la segunda ola –o ter­cera según la genea­lo­gía del femi­nismo– de los años 60–70, hubo muje­res afro­ame­ri­ca­nas que decían que no les con­cer­nía el femi­nismo por­que ellas esta­ban explo­ta­das como sus pro­pios varo­nes, pero poco tiempo des­pués empe­za­ron a desa­rro­llar sus plan­tea­mien­tos femi­nis­tas, por­que la expe­rien­cia y la refle­xión les fue lle­vando a ello.

M_M_: Creo que la idea de inter­sec­cio­na­li­dad está siendo uti­li­zada espu­ria­mente como una excusa para vol­ver a reivin­di­car la diver­si­dad como un dere­cho que no tiene nada que ver con la igual­dad. Al final ese femi­nismo de la ter­cera ola que men­ciona Ali­cia ya puso de mani­fiesto la cone­xión de las dis­tin­tas opre­sio­nes. Y por eso resulta lla­ma­tivo que se insulte a las femi­nis­tas radi­ca­les lla­mán­do­las tran­sex­clu­yen­tes o TERF, cuando pro­ba­ble­mente nin­gún otro movi­miento o pen­sa­miento se haya preo­cu­pado tanto por otros tipos de opre­sio­nes ade­más de la de sexo.

L_: Antes hablaba Marta, de pasada, del tema de la dife­ren­cia sexual. En tu libro, cuando reivin­di­cas el punto de vista de Amo­rós frente a la dife­ren­cia, dices que «huye del esen­cia­lismo y reivin­dica al indi­vi­duo» y «reco­noce los géne­ros no como esen­cias sino como con­jun­tos prác­ti­cos en el sen­tido sar­treano». ¿Pue­des explicarlo?

M_M_: Esa idea de los con­jun­tos prác­ti­cos sar­trea­nos me pare­ció inne­ce­sa­rio desa­rro­llarla con más deta­lle en el libro por­que es un con­cepto com­plejo, pero al mismo tiempo era impres­cin­di­ble men­cio­narla por­que la pro­pia Celia insiste en su ner­vio sar­treano, como dice ella. Su plan­tea­miento me parece bri­llante por la capa­ci­dad que tiene de encon­trar en el pen­sa­miento de algu­nos gran­des filó­so­fos lo apro­ve­cha­ble para el femi­nismo. Esta es una de esas gran­des cues­tio­nes. No pode­mos hablar de la exis­ten­cia de esen­cias, no hay nada en la reali­dad fuera de nues­tra mente que sea la mujer o el hom­bre, exis­ten indi­vi­duos con­cre­tos. Lo que ocu­rre es que los indi­vi­duos vivi­mos en socie­da­des, nos rela­cio­na­mos con las demás per­so­nas. Y al rela­cio­nar­nos repro­du­ci­mos lo que se espera de noso­tros en fun­ción de cómo somos socia­li­za­dos. De manera que no existe el hom­bre o la mujer como esen­cia, no existe una esen­cia feme­nina igual que no existe una esen­cia mas­cu­lina, pero sí exis­ten el género mas­cu­lino y el género feme­nino como con­jun­tos de indi­vi­duos que se com­por­tan de acuerdo con lo espe­rado. De manera que al final nues­tras prác­ti­cas refuer­zan el pro­pio con­cepto de ser hom­bre o ser mujer. Una vez desa­rro­llada la con­cien­cia femi­nista creo que somos bas­tante cons­cien­tes de lo que sig­ni­fica per­te­ne­cer a un género y en este caso ser cons­trui­das como un género opri­mido, aun­que nues­tras pro­pias prác­ti­cas refuer­zan deter­mi­na­das pau­tas del sis­tema. Esto nos lle­va­ría a ana­li­zar el debate en torno a la pros­ti­tu­ción, cómo se insiste en la liber­tad de elec­ción, noso­tras ya hemos con­se­guido la igual­dad y ahora decido libre­mente, cuando resulta que sos­pe­cho­sa­mente este tipo de reali­da­des que se legi­ti­man refuer­zan el con­cepto más tra­di­cio­nal de femi­ni­dad o las vio­len­cias más inso­por­ta­bles. En ese sen­tido la expli­ca­ción de Amo­rós me pare­ció bri­llante. Por­que tiene un fun­da­mento filo­só­fico muy sólido y por­que repre­senta el mundo que nos rodea. Cómo los hom­bres más inte­li­gen­tes y pro femi­nis­tas repro­du­cen deter­mi­na­dos patro­nes invo­lun­ta­ria, incons­cien­te­mente, y cómo muje­res con con­cien­cia femi­nista tam­bién repro­du­ci­mos deter­mi­na­dos patro­nes. Enton­ces no pode­mos hablar de una esen­cia feme­nina, claro, tene­mos que reivin­di­car nues­tra indi­vi­dua­li­dad, pero el hecho es que como géne­ros, como con­jun­tos prác­ti­cos de indi­vi­duos fun­cio­na­mos como tales.

–«El eco­fe­mi­nismo man­tiene los prin­ci­pios femi­nis­tas de eman­ci­pa­ción para las muje­res y la huma­ni­dad al tiempo que pro­pone una trans­for­ma­ción glo­bal sólida» (Marta Madruga)

L_: Otro de los asun­tos que se tra­tan en Ser femi­nis­tas, y que Ali­cia conoce muy de cerca, es el eco­fe­mi­nismo. Aquí hay otra intui­ción nota­ble, que es esta­ble­cer un vínculo entre la subor­di­na­ción al hom­bre de la natu­ra­leza y las mujeres.

A_P_: Es muy impor­tante que las femi­nis­tas com­pren­dan que el tema ambien­tal es un tema femi­nista. A veces es difí­cil defen­derlo por­que la pri­mera pre­gunta que suele hacerse es por qué, qué rela­ción tiene una cosa con la otra, o si es que se quiere intro­du­cir en el femi­nismo algo que no es pro­pio de él. Y ahora hay muchas sus­pi­ca­cias. Apun­tas a la médula del asunto, que es la anti­gua iden­ti­fi­ca­ción patriar­cal de mujer y natu­ra­leza. Ahí habría una razón epis­te­mo­ló­gica para que el femi­nismo se intere­sara por el asunto. Y luego una razón prác­tica que es la crí­tica al andro­cen­trismo. Los valo­res, las vir­tu­des y las habi­li­da­des que tene­mos como espe­cie han sido divi­di­das, bipo­la­ri­za­das y jerar­qui­za­das, por­que los valo­res y las acti­tu­des del cui­dado que han sido asig­na­das a las muje­res han sido tam­bién deva­lua­das, jus­ta­mente por­que fue­ron femi­ni­za­das. Enton­ces hay una urgen­cia enorme de superar esa cul­tura andro­cén­trica. El femi­nismo le aporta al eco­lo­gismo esa clave, así como el eco­lo­gismo le aporta al femi­nismo cla­ves que no tenía acerca de los pro­ble­mas ambien­ta­les. Pienso que por ahí va la cosa y que es el tema de nues­tro siglo.

L_: «Bien sabido es, los bur­gue­ses de hoy tie­nen miedo». Así comienza El pen­sa­miento polí­tico de la dere­cha de Simone de Beau­voir. El femi­nismo ha estado vin­cu­lado con­ven­cio­nal­mente a la izquierda. Al hilo de algu­nas polé­mi­cas públi­cas recien­tes, cuando figu­ras polí­ti­cas de cen­tro dere­cha han reivin­di­cado su dere­cho a ser femi­nis­tas a su manera, ¿cómo puede inte­grarse un pen­sa­miento con­ser­va­dor, de orden o libe­ral, en el femi­nismo real­mente existente?

A_P_: Yo lo vería hoy como un pen­sa­miento que busca el ingreso de las muje­res en el mundo tal cual está. Que ya sería mucho decir. Sería el pen­sa­miento de Betty Frie­dan traído a la actua­li­dad. Pero no es sufi­ciente desde un aná­li­sis más pro­fundo del andro­cen­trismo y de deter­mi­na­das reali­da­des de un mundo basado en la domi­na­ción, en aplas­tar a quien se pueda, el mundo de la vio­len­cia; un mundo patriar­cal. Una crí­tica en pro­fun­di­dad del patriar­cado exige cam­bios en el mundo, en las reali­da­des exis­ten­tes. Pero no se trata de inva­li­dar las deman­das de igual­dad en nom­bre de una trans­for­ma­ción que pos­ter­gue la igual­dad. Es com­plejo, pero creo que hay que tener pre­sen­tes las dos metas del feminismo.

L_: Que el femi­nismo no se agota en la igual­dad, por un lado, y que real­mente hay una cos­mo­vi­sión femi­nista que interesa a todos, muje­res y hombres.

A_P_: Una cul­tura de paz.

M_M_: Es algo a lo que llevo tiempo dando vuel­tas y toda­vía no encuen­tro una idea sólida que me pueda con­ven­cer ple­na­mente, que tenga la capa­ci­dad de dar la vuelta al sis­tema sin per­der la vin­di­ca­ción esen­cial del femi­nismo. Pero creo sin­ce­ra­mente que el eco­fe­mi­nismo puede ser la solu­ción. Cuando Ali­cia habla de otro mundo posi­ble creo que ahí está la clave. Por­que man­tiene los prin­ci­pios femi­nis­tas de eman­ci­pa­ción para las muje­res y la huma­ni­dad y pro­pone una trans­for­ma­ción glo­bal sólida.

Revista LEER, número 298