Más Que Libros: editores que son artistas

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En plena Feria del Libro hay otra feria en Madrid, tam­bién de libros pero bien dis­tin­tos. Este vier­nes 6 de junio ha comen­zado en la sede del Cole­gio Ofi­cial de Arqui­tec­tos de Madrid la ter­cera edi­ción de la Feria Inter­na­cio­nal del Libro de Artista Más­Que­Li­bros, cita que se pro­lon­gará durante todo este fin de semana.

Con algo más de cien expo­si­to­res entre crea­do­res, gale­rías y escue­las, este evento reúne a todo el sec­tor rela­cio­nado con esta par­ti­cu­lar forma de expre­sión que aúna narra­ción, artes plás­ti­cas y crea­ti­vi­dad desbordada.

¿Qué es el libro de artista? Lo mejor que puede hacer alguien que quiera res­pon­der a esta pre­gunta es pasarse por la feria, ya que la mul­ti­pli­ci­dad de pro­pues­tas que hemos podido ver hace difí­cil for­ma­li­zar una descripción.

Podría­mos empe­zar hablando del libro como objeto. Edi­cio­nes espe­cial­mente cui­da­das que apor­tan algo al con­te­nido que reco­gen, que esta­ble­cen una con­ver­sa­ción entre forma y fondo. Así hemos podido obser­var todo tipo de pape­les y encua­der­na­cio­nes –prima lo arte­sa­nal, edi­cio­nes limi­ta­das, tra­bajo casi de orfe­bre– hasta dis­po­si­cio­nes del texto que recuer­dan a las van­guar­dias de prin­ci­pios de siglo XX –cali­gra­mas a lo Apo­lli­naire, collage dadaís­tas– pasando incluso por ara­bes­cos en los que las letras, las pala­bras, ade­más de lle­var una carga de sig­ni­fi­cado, actúan como un sig­ni­fi­cante pictórico.

Susana Rodríguez, 'Amiero - Piñeiro - Liquidambar' (2014).

Susana Rodrí­guez, “Amiero — Piñeiro — Liqui­dam­bar” (2014).

Sin embargo las pro­pues­tas van más allá. Pode­mos encon­trar libros que son obras de arte en sí mis­mas. ¿O son obras de arte que toman forma de libro, en vez de lienzo o escul­tura? Hemos visto balle­nas hechas con ver­sos que se sumer­gen en una página océana y agi­tan las aguas o fra­ses hasta des­com­po­ner­las. O árbo­les que sur­gen de las pági­nas alcan­zando la altura que el pro­pio volu­men del papel per­mite. Curio­sa­mente hemos com­pro­bado la gran can­ti­dad de tra­ba­jos que esta­ban rela­cio­na­dos con la natu­ra­leza, en un tri­buto –no sabe­mos si cons­ciente– a la mate­ria prima con que están hechos todos los libros. Habla­mos, por ejem­plo, con Susana Rodrí­guez, viguesa (y biblio­te­ca­ria) que en uno de los tra­ba­jos –unos micro­li­bros con­fec­cio­na­dos a mano– de su pro­yecto 100x100 Expe­ri­men­tal repro­duce los patro­nes que las ramas des­nu­das de las dife­ren­tes espe­cies de árbo­les dibu­jan en invierno. Susana nos cuenta que es su pri­mer año como expo­si­tora, pero que cono­ció la feria como público en la edi­ción ante­rior y le pare­ció el lugar per­fecto donde mos­trar sus libros e inter­cam­biar expe­rien­cias con otros artis­tas. ¿O debe­ría­mos decir editores?

Podría­mos abrir un ter­cer epí­grafe, tras el libro artís­tico y el libro como objeto, para lle­gar al libro como ins­ta­la­ción, o sor­presa, que exige al posi­ble com­pra­dor incluso la deci­sión de par­ti­ci­par de una u otra forma en él. Así lo pro­po­nen Sigi­lo­sa­mente Acción Colec­tiva, y sus libros para no abrir, donde es el lec­tor quien se con­vierte en garante de los secre­tos ence­rra­dos en el objeto, o en explo­ra­dor que rompe las cin­tas y des­cu­bre el contenido.

Uno de los libros cerrados de Sigilosamente presentados en MasQueLibros.

Uno de los libros cerra­dos de Sigi­lo­sa­mente pre­sen­ta­dos en MasQueLibros.

Ade­más de las mesas de los crea­do­res Más­Que­Li­bros se expo­nen obras de Mateo Maté, artista invi­tado que uti­liza desde el tro­que­lado de libros de arte –para des­ple­gar los cua­dros impre­sos en él mismo– hasta mon­ta­ñas de perió­di­cos que vacia­dos toman suge­ren­tes for­mas. Tam­bién se mues­tran obras de Alberto García-Alix o Equipo Cró­nica, que con su Bode­gón Nacio­nal –un libro dimen­sio­nal que nos ha evo­cado a Juan Gris– pare­cen ini­ciar, en 1972, un camino seguido por muchos artis­tas de esta feria.

Ya en los jar­di­nes del COAM –para aque­llos que toda­vía no lo conoz­can, el edi­fi­cio que acoge Más­Que­Li­bros merece ser visi­tado por su sin­gu­la­ri­dad– ha tenido lugar la pre­sen­ta­ción ofi­cial del cer­ta­men. Para ello los orga­ni­za­do­res han con­tado con Suso33, que ha rea­li­zado una per­for­mance mien­tras que alre­de­dor de 300 invi­ta­dos –entre medios, expo­si­to­res y público– obser­va­ban la evo­lu­ción de dos pala­bras, ausen­cia y pre­sen­cia, escri­tas con tinta que des­a­pa­re­ce­ría tras la irrup­ción de una boca­nada de agua que el artista ha expul­sado furio­sa­mente sobre las pági­nas, que­dando solo la pre­sen­cia, tanto en las pági­nas como en los allí asistentes.

Tras este momento de explo­sión crea­tiva hemos hablado con Israel Luengo, uno de los orga­ni­za­do­res del evento, que nos ha expli­cado su idea de libro de artista; gra­cias a su con­ver­sa­ción hemos podido encon­trar, incluso, una rela­ción directa con la lite­ra­tura. En esen­cia el libro de artista, nos comen­taba Israel, puede ser una explo­ra­ción per­so­nal que toma el libro como objeto e inves­tiga las posi­bi­li­da­des artís­ti­cas que encie­rra. El crea­dor, en vez de uti­li­zar un lienzo, már­mol o metal, toma ese polí­gono de pasta de papel lla­mado libro y lo hace evo­lu­cio­nar dán­dole un nuevo sig­ni­fi­cado, un nuevo uso, una nueva natu­ra­leza. Pero tam­bién se puede tra­tar de una obra cerrada, en la que el artista ya ha esta­ble­cido pre­via­mente una idea e intenta con­tarla a tra­vés del objeto libro. Y es aquí donde encon­tra­mos un para­le­lismo claro con la narra­ción lite­ra­ria; como en una espe­cie de meta­len­guaje, el crea­dor toma un objeto que ya cuenta algo para con­tar con él, de nuevo, una his­to­ria. Israel nos comenta incluso el caso de Pilar Lara, que expuso con ellos en la pasada edi­ción, y que hacía des­a­pa­re­cer el pro­pio libro en su narra­ción uti­li­zando tan sólo ele­men­tos del mismo.

Israel nos advierte tam­bién de una acción que Más­Que­Li­bros ha puesto en mar­cha lla­mada Espora. Con­siste en dise­mi­nar, por el entorno urbano y museís­tico de Madrid, de otras ciu­da­des de España e incluso México o EEUU, dife­ren­tes libros de artista para exten­der el con­te­nido de la feria y darla a cono­cer más allá de los lími­tes físi­cos de la misma.

Las ante­rio­res edi­cio­nes de Más­Que­Li­bros lle­ga­ron a regis­trar más de 8.000 visi­tan­tes. Este año espe­ran superar esa cifra. Israel nos explica que el mundo del libro de artista está aún por explo­rar, por lo que cree, siente, que tarde o tem­prano explo­tará y se exten­derá a todo tipo de público, algo que ellos ya han notado viendo la diver­si­fi­ca­ción de los asis­ten­tes a la cita.

Para Israel Más­Que­Li­bros es la ilu­sión de poner en con­tacto en un mismo recinto a artis­tas, escri­to­res, edi­to­res, gale­rías, arte­sa­nos, revis­tas, escue­las… Es la nece­si­dad de crear reper­cu­sión para unos tra­ba­jos que de otro modo difí­cil­mente alcan­za­rían la difu­sión que mere­cen. Quizá esta feria sea como una de las obras expues­tas, un libro abierto que derra­maba lite­ral­mente su con­te­nido, sus letras, frente todo aquel que se qui­siera pararse a verlo. Un nuevo len­guaje nacido a par­tir de las nue­vas herra­mien­tas del anterior.

DANIEL BERNABÉ (@diasasaigonados)

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