El selfie antes del selfie

El pasado año, y así lo reco­gía LEER en su por­tada de febrero dedi­cada a la Cul­tura Digi­tal, el dic­cio­na­rio Oxford declaró sel­fie pala­bra del año, hacién­dose eco de la corriente que hace furor entre can­tan­tes pope­ras, escritor@s, acto­res, polí­ti­cos y todo quis­que en las redes socia­les del mundo habi­tado. El reco­no­ci­miento, por así lla­marlo, lle­gaba un poco tarde dado que el fenó­meno ya se había adue­ñado de nues­tra coti­dia­nei­dad un lus­tro atrás. Con gran acierto, LEER dedicó uno de los artícu­los de su pri­mer número del año al lla­mado “contra-retrato” del que este texto es coda.

A través…

Los moti­vos son dos: la pró­xima expo­si­ción Foto­gra­fía 2.0 en PhotoEspaña14 que, comi­sa­riada por Joan Font­cu­berta, Pre­mio Nacio­nal de Foto­gra­fía y Pre­mio Nacio­nal de Ensayo –y dise­ñada por Joa­quín Gallego–, tra­tará del enrai­za­miento del sel­fie en el arte, entre otras refle­xio­nes; y el libro pio­nero que, ade­lan­tán­dose a todos, ahondó en este fenó­meno. A tra­vés del espejo (La Ofi­cina Edi­cio­nes, 2010), una obra cer­tera que lleva espe­rán­do­nos en ese camino ahora tan tran­si­tado del o de la sel­fie y que des­en­traña los secre­tos, tipos y razo­nes de esta pan­de­mia post foto­grá­fica de exhi­bi­ción de lo íntimo que se eje­cuta bajo el impe­ra­tivo de visi­bi­li­dad pro­pio de la socie­dad del espectáculo.

A tra­vés del espejo, con su guiño lewis­ca­rro­liano, se pre­senta en un for­mato apai­sado que incluye, nada menos, que un espejo en los inte­rio­res de las cubier­tas. Lo publicó La Ofi­cina con una cui­dada, ori­gi­nal y van­guar­dista edi­ción de Joa­quín Gallego y de Font­cu­berta. La esté­tica del libro es el marco donde se inser­tan los ensa­yos de Font­cu­berta La danza de los espe­jos: iden­ti­dad y flu­jos foto­grá­fi­cos en inter­net; de Alberto García-Alix, cru­zado de las calles y los tiem­pos con La gue­rri­lla de los espe­jos; de Román Gubern con su texto El ojo es el espejo del alma, de Estre­lla de Diego que firma Espe­jos sin alinde y Espe­cu­la­cio­nes del psi­coa­na­lista  y teó­rico Jorge Ale­mán.

A tra­vés del espejo es una extensa com­pi­la­ción de “fal­sos auto­rre­tra­tos” –a los que  Font­cu­berta, tam­bién galar­do­nado con el nobel de foto­gra­fía Has­sel­blad, bau­tiza como «reflec­to­gra­mas»– donde siem­pre debe apa­re­cer el sujeto, la cámara foto­grá­fica y una super­fi­cie reflectante.

Los ensa­yos ana­li­zan los nue­vos rum­bos de las prác­ti­cas foto­grá­fi­cas y su tra­duc­ción en nue­vos com­por­ta­mien­tos huma­nos. Supone, en su con­junto, un ter­mó­me­tro que diag­nos­tica la salud o dolen­cias de nues­tros hábi­tos cul­tu­ra­les. Un deta­lle sig­ni­fi­ca­tivo: la tota­li­dad de las imá­ge­nes pro­cede de dife­ren­tes sitios web y nos demues­tra que el sel­fie, antes de ser lla­mado sel­fie, ya infec­taba nues­tras vidas y ojos a velo­ci­dad viral. La selec­ción que mues­tra es una cla­si­fi­ca­ción repre­sen­ta­tiva de los diver­sos orí­ge­nes geo­grá­fi­cos, gru­pos socia­les y tipo­lo­gías de puesta en escena de los auto­res. En defi­ni­tiva, el libro cla­si­fica las imá­ge­nes y esta­blece un diag­nós­tico de la con­cien­cia con­tem­po­rá­nea en la era de los espe­jos (inter­net es el gran espejo del mundo). Cons­tata que, hoy día, crea­ción ya no supone tanto fabri­car imá­ge­nes como asig­nar sen­tido a las ya existentes.

En Espe­cu­la­cio­nes, Jorge Ale­mán expone que, frente a la hege­mo­nía de un “yo esta­ble”, uni­fi­cado y sus­cep­ti­ble de cap­tarse mediante la intros­pec­ción y la memo­ria, esta­ría­mos ahora en un esta­llido ritual y pro­li­fe­rante de iden­ti­da­des efí­me­ras, cons­trui­das arti­fi­cial­mente sin inte­rior ni pro­fun­di­dad. Toda una exhi­bi­ción y una inmo­la­ción tipo hara­kiri de lo íntimo, disuelta y can­ce­lada en el acto como una ofrenda al impe­ra­tivo de visi­bi­li­dad pro­pia de la post-fotografía en el post-capitalismo donde, más que exis­tir, a veces nos borra­mos en plena exhi­bi­ción. Levan­te­mos nues­tras cáma­ras, haga­mos un calvo (Alix dixit) y, al fin, sere­mos todos igua­les. Tal vez el sel­fie sea uno de los cami­nos. Toda una revo­lu­ción pre­sente y, sin embargo, pendiente.

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