Revista leer

Allá por el año 1964, cuando España se deba­tía entre el desa­rro­llismo y la emi­gra­ción, el perió­dico ves­per­tino Pue­blo, órgano del Sin­di­cato Ver­ti­cal, dio la opor­tu­ni­dad de publi­car unos dibu­jos humo­rís­ti­cos a un joven téc­nico de la TVE lla­mado Anto­nio Fra­guas de Pablo.

Se lo había pre­sen­tado a su direc­tor, el  todo­po­de­roso Emi­lio Romero, un com­pa­ñero y amigo de la tele­vi­sión, ya perio­dista reco­no­cido, que tam­bién cola­bo­raba en el dia­rio: Jesús Her­mida. A Fra­guas le enco­men­da­ron unas viñe­tas de humor local sobre el Madrid de la época. Como pudo sacó ade­lante la tarea y poco a poco encon­tró un hueco entre los muchos dibu­jan­tes que por enton­ces inser­ta­ban sus crea­cio­nes en aquel diario.

El primer chiste de Forges ('El libro de los 50 años de Forges', Espasa).
El pri­mer chiste de For­ges (“El libro de los 50 años de For­ges”, Espasa).

Ense­guida el nuevo dibu­jante humo­rís­tico que fir­maba como For­ges, Fra­guas en cata­lán, se vio soli­ci­tado por otros perió­di­cos y revis­tas por su agu­deza y sen­tido del humor cier­ta­mente sin­gu­lar y algo raro: con un gra­fismo inge­nuista y casi naïf, hacía crí­tica satí­rica más allá de lo cos­tum­brista, inten­taba expo­ner aspec­tos ocul­tos o disi­mu­la­dos en la reali­dad que per­ci­bía alrededor.

Así desde el dia­rio Arriba y El bur­la­dero hasta las revis­tas Sábado Grá­fico, Vía Libre, Diez Minu­tos, Tiempo Libre y La Codor­niz, va per­fi­lando su nuevo estilo que toda­vía es torpe y algo tímido; no se dife­ren­cia mucho de los otros dibu­jan­tes humo­rís­ti­cos que media­dos esos años 60 eran los refe­ren­tes en España.

Pero será en el 1967 cuando su estilo inefa­ble se mani­fieste con­tun­dente: Fra­guas entra a for­mar parte del dia­rio ves­per­tino Infor­ma­cio­nes y su direc­tor y amigo, Jesús de la Serna, le encarga el chiste edi­to­rial. Lo hace con una inno­va­ción: los diá­lo­gos de los per­so­na­jes se mani­fies­tan den­tro de un globo o boca­di­llo con punta diri­gida al que habla. Esta téc­nica grá­fica, habi­tual en los tebeos, sin embargo no había entrado en la prensa humo­rís­tica, donde los tex­tos se expo­nían al pie de los dibu­jos, sin tener que rotu­lar­los a mano, como empezó a hacer el nuevo crea­dor. El impacto de esta inno­va­ción en la prensa humo­rís­tica fue defi­ni­tivo. Muchos siguie­ron su estela.

Sobre las indi­ca­cio­nes de Jesús de la Serna en una sec­ción tan deli­cada como la de Opi­nión, For­ges siem­pre ha con­tado que sólo le dijo “que nunca hiciera dema­go­gia”. Dis­ci­pli­nado y atento al par­che, durante su per­ma­nen­cia en Infor­ma­cio­nes fue con­se­cuente con lo seña­lado: Agudo, pene­trante, bor­deando el límite de lo tole­ra­ble, pero jui­cioso. Fue soli­ci­tado para otras pági­nas y sec­cio­nes del dia­rio, expan­diendo su fama y per­fec­cio­nando su estilo. Para el suple­mento cul­tu­ral en papel verde creó una nueva sec­ción que asom­bró a pro­pios y extra­ños, “Los for­gen­dros”: diseño de obje­tos y situa­cio­nes absur­das, mate­ria­les del non­sense que remi­tían a la ima­gi­na­ción pura y libre y que, aun­que en un pri­mer acer­ca­miento pro­du­cían risa, apun­ta­ban a pro­ble­mas reales. Eran inven­tos como los famo­sos del TBO, que sin duda regre­sa­ban de su sub­cons­ciente par­ti­cu­lar y acaso del colec­tivo del pue­blo español.

For­ges entraba en la his­to­ria del humo­rismo grá­fico espa­ñol con su reparto de per­so­na­jes entra­ña­bles que con­for­ma­ban el mundo for­giano para­lelo al real. La España de Rome­ra­les, el ujier par­la­men­ta­rio que nos con­taba las pari­das de las Cor­tes, era tan real como la del Bla­si­llo rural, un cam­pe­sino lleno de pers­pi­ca­cia que reve­laba el con­traste con la vida urbana. Y asi­mismo Mariano y La Con­cha, una pareja que éra­mos todos some­ti­dos a la rutina coti­diana y la empa­nada men­tal. Estos per­so­na­jes de fic­ción com­par­tían las situa­cio­nes reales de la polí­tica, la eco­no­mía, la vida cul­tu­ral y el deporte. Todo se cri­ti­caba bajo su visión sar­cás­tica y risi­ble; lo que la gente de la calle pen­saba y decía estaba en los chis­tes grá­fi­cos del For­ges. En los minis­te­rios y ofi­ci­nas, por las pare­des y car­te­lo­nes de avi­sos, siem­pre se veía –toda­vía se ve– un chiste reciente que refle­jaba la situa­ción deba­tida y que For­ges fijaba para la Historia.

For­ges se vol­vió moda, era un refe­rente de la España inquieta que que­ría cam­biar. Se uti­li­za­ban sus dibu­jos como un atrac­tivo impar y su autor se diver­si­fi­caba con actua­cio­nes en el cine, la radio y la tele­vi­sión. Pero la glo­ria inmar­ce­si­ble le llegó desde las pági­nas de un nuevo sema­na­rio satí­rico, titu­lado Her­mano Lobo, que en 1972 Manuel Sum­mers y Chumy Chú­mez pusie­ron en la calle según el modelo del Char­lie Hebdo fran­cés. En este sema­na­rio impla­ca­ble con la España del momento, For­ges se cre­ció y pasó a la pri­mera divi­sión del humo­rismo espa­ñol, junto a los fun­da­do­res de la publi­ca­ción y los que les acom­pa­ña­ban: Gila, Máximo, Perich, Cesc, Ops, Sal­tés, Ramón, Dodot…

El for­mato de la publi­ca­ción mejo­raba el aspecto de la decana La Codor­niz, que enton­ces se deba­tía ante su desa­pa­ri­ción. Frente a las abi­ga­rra­das pági­nas de la vetusta, con cinco o seis chis­tes por autor, la reno­va­dora sólo incluía dos o tres por firma y así los valo­raba. En muchas oca­sio­nes un autor ocu­paba media o una página, con un impacto visual extraordinario.

For­ges supo apro­ve­char la oca­sión y expe­ri­men­tar con todo tipo de temá­ti­cas fuera de la polí­tica y la actua­li­dad. El Far West, los pira­tas, los aven­tu­re­ros sel­vá­ti­cos, los homo­se­xua­les, los depor­tis­tas, los gángs­te­res, los eje­cu­ti­vos y sobre todo las muje­res hiper­crí­ti­cas fue­ron subiendo a su Olimpo par­ti­cu­lar. Las femi­nis­tas se pusie­ron de su parte y con su zumba se las ganó.

De Her­mano Lobo Fra­guas pasó a Por favor, un paso más en el humor polí­tico, y desde Infor­ma­cio­nes a Dia­rio 16, uno de los nue­vos perió­di­cos demo­crá­ti­cos. Luego El Mundo y por último El País, donde toda­vía publica. Se puede ase­gu­rar que no hubo revista alguna que no inclu­yera, más tem­prano que tarde, algún dibujo satí­rico suyo.

Portada Forges

Ahora, cuando se cum­plen 50 años de su irrup­ción en la prensa espa­ñola, Espasa publica un tocho titu­lado El libro (de los 50 años) de For­ges, en el que se reco­gen mate­ria­les y docu­men­tos de estas cinco déca­das y una selec­ción de lo mucho que este crea­dor incan­sa­ble ha ofre­cido a millo­nes de segui­do­res espa­ño­les. Ade­más de una anto­lo­gía de sus dibu­jos más rele­van­tes incluye un “Dic­cio­na­rio Forgiano-Español” que pon­dera la impor­tan­cia de su léxico par­ti­cu­lar y muy popu­lar, otro aporte his­tó­rico al humor español.

Por último, el autor ha reunido las opi­nio­nes que sobre su pecu­liar humor le han enviado 56 per­so­na­jes públi­cos, famo­sos y reco­no­ci­dos de la polí­tica, la cul­tura y el perio­dismo. En resu­men, un libraco para ate­so­rar y con­sul­tar de vez en cuando, para apre­ciar la tena­ci­dad en sus con­vic­cio­nes del autor, su con­di­ción de tes­tigo de su tiempo, que dejó hue­lla de lo que veía, oía y con­ver­saba con sus con­tem­po­rá­neos, refle­jado en sus dibu­jos crí­ti­cos. Un goce y un dis­frute contagioso.

LUIS CONDE MARTÍN

Entre­vista / Anto­nio Fra­guas “For­ges”: «He publi­cado unos 80.000 dibujos»

El 14 de mayo de 1964, vís­pera de San Isi­dro patrón de Madrid, publica usted su pri­mer chiste grá­fico en el ves­per­tino “Pue­blo” y hoy, cin­cuenta años des­pués, sigue en el tajo… ¿No se cansa?

Me canso can­si­na­mente de otras cosas ances­tral­mente de Aquí, pero no de mi voca­ción, que no profesión.

Ha publi­cado un chiste dia­rio en por lo menos seis dia­rios nacio­na­les de Madrid; eso hacen unos 20.000 chis­tes coti­dia­nos. Si le aña­di­mos los publi­ca­dos en sema­na­rios, siete u ocho de tirada nacio­nal a razón de seis chis­tes grá­fi­cos en cada uno, supo­nen otros 15.000 dibu­jos. Así a voleo, unos 45.000 chis­tes grá­fi­cos en cin­cuenta años. ¿No es abrumador?

la fotoPues no he tenido esa sen­sa­ción; ade­más en la cuenta fal­tan los cómics que he publi­cado; unas 35.000 viñe­tas más de las His­to­rias, Comi­ci­clos e ilus­tra­cio­nes de libros aje­nos, folle­tos, publi­ci­da­des en prensa, ilus­tra­cio­nes para pro­gra­mas de TV, car­te­les, pega­ti­nas, dedi­ca­to­rias dibu­ja­das, bodas, bau­ti­zos, pega­ti­nas de pasos del ecua­dor, etc., etc. Según mis cuen­tas he publi­cado unos 80.000 dibu­jos; unos 4 dibu­jos dia­rios de media, que es, más o menos, lo que sigo haciendo.

¿Qué negros le han ayu­dado en esa ingente labor?

Negros, nunca. En los cómics, para color y fon­dos siem­pre me ayudó el genio amigo Alfonso Azpiri, y el eterno joven e inquieto artista amigo Anto­nio Gon­zá­lez Betrun­quen, rotu­lista y “pasa-tintoso” de mis dibu­jos a lápiz, como consta en el staff de todas las publi­ca­cio­nes donde hemos cola­bo­rado y es tra­di­cio­nal­mente habi­tual en el mundo del cómic. Y Pilar, mi mujer, ha sido mi docu­men­ta­lista de lujo en la His­to­ria de Aquí y en la His­to­ria Fro­ges­po­rá­nea, y tam­bién apa­rece siem­pre en las publi­ca­cio­nes en las que ha inter­ve­nido. Pero ojo, yo he tenido todas las ideas y he dibu­jado todos mis dibu­jos, que quede claro y, a ser posei­bol, prís­tino. Ah, y quiero aña­dir que no han sido difí­ci­les estos 50 años de pro­fe­sión, pala­bra; y me dirijo espe­cial­mente a los jóve­nes: sólo hay que col­gar en el per­chero, para siem­pre, ese cómodo abrigo con el que nace­mos los íbe­ros y que se llama indolencia.

L. C. M.