Cincuenta libros para el verano

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Hace 30 años, el pri­mer número de LEER lle­gaba a los quios­cos pre­ñado de esti­mu­lan­tes repor­ta­jes y suge­ren­cias, muchos de los cua­les revi­sa­mos, actua­li­za­mos o refu­ta­mos en el Extra de Verano 2015 de nues­tro 30 aniver­sa­rio que ya está en la calle. Aquel número 1 de LEER comen­zaba con una selec­ción de ’50 libros para leer este verano”, «sig­ni­fi­ca­tiva, múl­ti­ple y suge­rente» a jui­cio de quie­nes la rea­li­za­ron. Hoy, como ayer, y tam­bién bajo la advo­ca­ción de este óleo lec­tor de María Blan­chard, hace­mos lo pro­pio y ofre­ce­mos nues­tra pro­pia cata, que en parte tiene que ver con lo que ha sido LEER en la pri­mera mitad de 2015. Es, pues, reper­to­rio de suge­ren­cias y tam­bién un poco balance de un semes­tre pleno de con­te­ni­dos y expe­rien­cias cul­tu­ra­les en Espa­cio LEER. «Que usted adquiera y lea los cin­cuenta pro­pues­tos puede ser exce­sivo, aun­que jamás sería per­ni­cioso, pero más imper­do­na­ble resul­tará que no se decida a leer algu­nos de ellos», adver­tía el redac­tor con entra­ña­ble tono de galeno rural. Lo sus­cri­bi­mos. LEER vuelve en sep­tiem­bre con más y mejo­res pro­pues­tas, y muchas ganas de seguir cele­brando por todo lo alto 30 años de perio­dismo cultural.

- A punto de cum­plirse un año de nues­tro encuen­tro con Michel Houe­lle­becq, el enfant terri­ble de las letras fran­ce­sas ha seguido aca­pa­rando titu­la­res en todo el mundo. Res­pecto a Sumi­sión (Anagrama), del que se ocupó con deta­lle Aure­lio Lou­reiro en el número de junio, cunde la sen­sa­ción en la redac­ción de que flaco favor le hacen las polé­mi­cas y escán­da­los extra­li­te­ra­rios que no hacen sino eclip­sar los ver­da­de­ros valo­res narra­ti­vos de la obra y su autor. Por cierto, Óscar Caba­llero cuenta en el Extra de Verano que, con el lan­za­miento de la tra­duc­ción fla­menca, Houe­lle­becq se puso fla­menco: «Empiezo a estar hasta las nari­ces de este libro».

-  Libros de la difu­sión y acep­ta­ción de El nom­bre de la rosa son capa­ces de con­fun­dir al lec­tor sobre el autor al que se enfrenta. Umberto Eco es un ensa­yista de fuste que, de vez en cuando, se des­cuelga con una buena novela. Número cero (Lumen) podría seguir aque­lla máxima de un tipo de comu­ni­ca­ción que ha hecho estra­gos en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias: Que la ver­dad no te estro­pee una buena noti­cia. Tam­bién es una novela sobre el fracaso.

- Con los rigo­res de este julio, ape­tece refu­giarse en el recuerdo fres­quito del invierno, una época de efer­ves­cen­cia edi­to­rial con actos de relum­bre como la pre­sen­ta­ción en la libre­ría Alberti de una obra colo­sal en todos los sen­ti­dos para la que es nece­sa­rio, y merece mucho la pena, un bolso XXL este verano: La Diosa Blanca de Robert Gra­ves (Alianza).

- No puede fal­tar un autor de culto que, ade­más, tam­bién con­serva la escar­cha inver­nal de la fecha de su lan­za­miento. La espe­rada novela Mer­cu­rius o el matri­mo­nio del Cielo y la Tie­rra de Patrick Har­pur (Ata­lanta) llegó cuando debía, tras los apa­sio­nan­tes ensa­yos Reali­dad dai­mó­nica, El fuego secreto de los filó­so­fos y La tra­di­ción oculta del alma para com­ple­tar la pano­rá­mica de un autor caris­má­tico cuyo her­me­tismo causa uno de esos extra­ña­mien­tos mara­vi­llo­sos lla­ma­dos a calar muy hondo, per­du­rar e, incluso, crear escuela.

- Órde­nes sagra­das. Ben­ja­min Black (Alfa­guara). John Ban­vi­lle, al igual que otrora hiciera Boris Vian, no hace mucho que empezó a uti­li­zar un seu­dó­nimo para fir­mar muchas de sus nove­las. A su pre­de­ce­sor lo comió el seu­dó­nimo, pues con  el nom­bre de Ver­non Sulli­van escri­bió sus mejo­res nove­las. Sin ánimo de escon­derse, quizá por juego, quizá por enre­darse con el mis­te­rio, Ban­vi­lle se mues­tra igual de fas­ci­nante en las que no firma. Por cierto, este escri­tor irlan­dés suena para el Nobel. Esta­ría gra­cioso que se lo die­ran a Ben­ja­min Black.

- El pasado mes de febrero nos dejaba la noti­cia de la muerte del perio­dista esta­dou­ni­dense David Carr, pres­ti­gioso colum­nista de The New York Times. En la Carta desde Nueva York que reci­bía­mos de Julio Val­deón, nos con­taba que Carr se des­plo­maba a las nueve de la noche del jue­ves 12 de febrero en la redac­ción, tras mode­rar, ape­nas un par de horas antes, un debate en la misma sede del perió­dico, dedi­cado al docu­men­tal Citi­zen­four que pro­ta­go­niza Edward Snow­den. Val­deón des­ta­caba en el artículo sus «sor­pren­den­tes memo­rias» del libro auto­bio­grá­fico The Night of the Gun, que, insó­li­ta­mente, aún no tie­nen tra­duc­ción en el mer­cado edi­to­rial espa­ñol. En estas pági­nas, «ajustó cuen­tas con una terri­ble depen­den­cia del acohol, la cocaína y el crack». De hecho, el título se refiere a «la noche en que un amigo, ciego per­dido de estu­pe­fa­cien­tes, como Carr, acabó apun­tán­dole al pecho o la cabeza con una auto­má­tica, y resultó que no, que Carr entre­vistó al amigo y fue él, el Carr que recor­daba el miedo de cotem­plar la boca del cañón a un palmo de dis­tan­cia, quien en reali­dad apuntó al amigo»…

- Los aniver­sa­rios sue­len traer curio­si­da­des debajo del brazo. En el caso de un nom­bre tan impo­nente como Orson Welles (se cele­bra el cen­te­na­rio de su naci­miento) no podía ser menos. Mr. Arka­din (Anagrama) es una novela, nada menos, deu­dora del mundo de obse­sio­nes del cineasta, los mag­na­tes, el poder del dinero, el mis­te­rio que envuelve a esos per­so­na­jes que pare­cen hechos de papel. El pro­pio Welles encarnó a Mr. Arka­din en la pelí­cula que se hizo entre 1954 y 1955.

-  En el número de marzo, Maica Rivera con­taba cómo el Pre­mio Nadal 2015 estaba siendo fes­te­jado honesta y genui­na­mente desde el cora­zón del mundo cul­tu­ral, “Bia­rritz era una fiesta” y el galar­do­nado José C. Vales se empe­ñaba en sub­ra­yar que lo más impor­tante era «cele­brarlo con los lec­to­res y los ami­gos». Lo segui­mos haciendo, alza­mos las copas en honor de Caba­ret Bia­rritz (Des­tino) una vez más: es un impres­cin­di­ble este verano. En sus pági­nas, el cri­men de una joven apren­diz de librera es la excusa para pro­fun­di­zar en temas como la recu­pe­ra­ción del amor per­dido y recrearse en los feli­ces años veinte. Sólo una adver­ten­cia: se trata de una lec­tura muy exi­gente… por­que hace al lec­tor cóm­plice abso­luto del juego literario.

- Tam­bién en el número de marzo, Marta Caba­llero con­ver­saba con Jorge Carrión sobre Los turis­tas (Gala­xia Guten­berg). El «ver­sá­til hiper­es­cri­tor cata­lán», que un mes antes que­daba incluido en la #G30LEER, ponía con esta obra el bro­che de oro a su tri­lo­gía Las hue­llas, «un ver­da­dero expe­ri­mento que desa­fía los lími­tes de la novela, con su com­plejo tejido de cone­xio­nes y for­ma­tos aje­nos a la lite­ra­tura». Y dejó su decla­ra­ción de inten­cio­nes, per­fecta para abrir boca: «Tengo claro que hay que con­tar his­to­rias de un modo incon­for­mista. Desde Cer­van­tes, la hibri­da­ción en la novela es muy común».

Nuria Barrios es escri­tora tenaz y de largo aliento que ya cuenta con un buen número de obras que demues­tran el impor­tante lugar que cuenta entre nues­tras auto­ras. No hay mis­te­rio en sus pro­po­si­cio­nes: once, en Ocho cen­tí­me­tros (Pági­nas de Espuma), un libro de rela­tos uni­fi­cado de prin­ci­pio a fin, donde logra expli­car lo que no se ve a sim­ple vista de la vida o se con­funde con trivialidades.

- Que desde hace un par de años, el Papa Fran­cisco venga acon­se­jando la lec­tura de una dis­to­pía, sigue sor­pren­diendo y hace sal­tar muchos rada­res, des­per­tando incluso más inquie­tu­des que curio­si­da­des. El 28 de noviem­bre de 2013, comentó que Señor del mundo de Robert H. Ben­son (Ste­lla Maris), «casi como una pro­fe­cía, ima­gina qué suce­derá». Des­pués, el 4 de sep­tiem­bre de 2014, ensalzó el carác­ter pro­fé­tico de la obra: «lo que va a venir está tam­bién en ese libro». Y el pasado 22 de enero, insis­tió:  «les reco­miendo que lo lean, y leyén­dolo enten­de­rán a qué me refiero con la colo­ni­za­ción ideo­ló­gica». Por supuesto, en cual­quier caso,  sobran las razo­nes para acer­carse motu pro­prio a las pági­nas de  Desde las pri­me­ras pági­nas, engan­cha. Y la esca­lo­friante por­tada nos pro­voca ganas de revi­sar la pelí­cula El exor­cista

- La apa­ri­ción de  La marca del edi­tor (Anagrama) de Roberto Calasso invita a la refle­xión sobre un ofi­cio bajo sos­pe­cha en tiem­pos de Ama­zon y auto­edi­ción. En marzo, P. Una­muno habló en LEER de Hom­bres fuer­tes para tiem­pos blan­dos, arro­jando con­clu­sio­nes con­tun­den­tes desde estas pági­nas: «Para Calasso, el des­pres­ti­gio gene­ra­li­zado de los media­do­res de toda clase ha redun­dado en cierta des­con­fianza hacia la figura del edi­tor». Cunde la sen­sa­ción de que no se le ha ter­mi­nado de sacar todo el pro­ve­cho a esta obra, que pide relec­tu­ras y más debate.

- Apa­dri­nado por Colin Duriez, Club LEER comenzó su anda­dura un jue­ves, como manda la más genuina tra­di­ción de los oxo­nia­nos Inklings. Fue el pasado 9 de abril, tras las vaca­cio­nes de Semana Santa, cuando nos reunía­mos en torno a Javier Sie­rra para hablar de su des­per­tar voca­cio­nal como con­ta­dor de his­to­rias y sus ritua­les como escri­tor, todo ello ilus­trado con diver­ti­das anéc­do­tas y, por supuesto, de fondo la nueva edi­ción de su obra En busca de la Edad de Oro (Boo­ket).

- «Lao­coon­tia­nos somos y en el camino nos encon­tra­re­mos», pro­fe­tiza Jordi Coro­mi­nas en uno de sus últi­mos avan­ces de nueva tem­po­rada loo­poé­tica, para dar cuenta de que su caris­má­tico show tiene nue­vas fechas con­fir­ma­das que le lle­va­rán el 10 de sep­tiem­bre a la Fnac Trian­gle de Bar­ce­lona, el 18 de sep­tiem­bre Les tres àmfo­res de Lérida y el 24 de sep­tiem­bre a la libre­ría Ber­bi­riana de La Coruña. Hasta enton­ces, hay tiempo de repa­sar Lao­coonte (Versos&Reversos) y calen­tar moto­res con el recuerdo de su pre­sen­ta­ción madri­leña esta pri­ma­vera.

- Des­apren­di­za­jes (Seix Barral) es la sor­presa que dio este año José Manuel Caba­llero Bonald, des­pués de que anun­ciase a los medios en 2012 que Entre­gue­rras iba a ser su último título. “De repente me ha bro­tado una ener­gía nueva que me está haciendo escri­bir más que nunca”, contó en Espa­cio Leer el Pre­mio Cer­van­tes durante la pre­sen­ta­ción de este poe­ma­rio que pre­tende ser un “apén­dice tes­ta­men­ta­rio” y una suerte de trin­chera poé­tica desde donde Bonald cri­tica la reali­dad con­tem­po­rá­nea y la sobre­ve­nida des­truc­ción de la cul­tura anti­gua, con un len­guaje que trata de des­po­jarse “de lo con­sa­bido y los luga­res comu­nes” por la nece­si­dad del poeta de “apren­der de nuevo”.

- Con el cielo a cues­tas (Lite­ra­tura Ran­dom House), por mucho que se lo conozca y se sepa de sus requie­bros argu­men­ta­les, Gon­zalo Suá­rez nos vuelve a sor­pren­der. Con los años y el ejer­ci­cio de la narra­ción (en cine o en lite­ra­tura), lo rocam­bo­lesco se ha trans­for­mado en lo nor­mal coti­diano. Desde que leí­mos aque­lla pri­mera frase, “Negros nuba­rro­nes se cer­nían sobre el hori­zonte”, supi­mos que la fic­ción se había con­ver­tido en la única reali­dad creíble.

- Argen­tino de múl­ti­ples terri­to­rios, decir Car­los Salem es decir novela negra y humor. Muchos son los pre­mios que ha reci­bido y, sin duda, reci­birá, pues sus adep­tos se mul­ti­pli­can. La ocu­rren­cia de sus argu­men­tos juega a su favor. El de En el cielo no hay cer­veza (Navona Negra), un ase­sino en serie que se dedica a matar a cono­ci­dos pre­sen­ta­do­res de tele-basura, muchos lo firmarían.

- Mar­gue­rite Duras era una escri­tora con razo­nes de sobra para el des­aliento y en sus obras se refleja, quizá por­que su vida, en algu­nos casos ves­tida de oro­pe­les, está en ella con sua­vi­dad y fir­meza con la seda a la piel. La sole­dad, con un toque de exis­ten­cia­lismo pro­vi­den­cial, apa­rece en la novela El par­que (Menos­cuarto) teñida de una nos­tal­gia conmovedora.

- Como otros perio­dis­tas, Fer­nando Olmeda no ha resis­tido el tirón de la novela y lo cierto es que no empezó mal, pues ganó el ganó el Pre­mio Ateneo-Ciudad de Valla­do­lid, con Con­tra­se­ñas ínti­mas. A seis pasos de ti (Espasa) maneja un puzle cuyas pie­zas son ele­men­tos con­sus­tan­cia­les de la lite­ra­tura: la intriga, el amor y la ven­ganza. Cuando las junta, Olmeda con­si­gue el efecto que quiere y abre nue­vos cami­nos, quizá para la futura novela.

-  1851–1931, casi ochenta años dedi­cado a los libros, en papel y encua­der­na­dos, repu­ja­dos, con olor a libros y memo­ria, tal como aún se les conoce y recuerda, a pesar de los vien­tos con­tra­dic­to­rios que nos azo­tan, Octave Uzanne ya pre­dijo hace siglo y medio que ven­drían máqui­nas para sus­ti­tuir a los libros y, con­tando con que era uno de los biblió­fi­los más reco­no­ci­dos, pen­saba que eso no era un drama, pues, cosa que tam­bién pen­sa­mos muchos en la actua­li­dad, se publi­caba mucha bazo­fia. El fin de los libros y otros cuen­tos para biblió­fi­los (Trama) es un libro que no con­viene per­der de vista; ideal para el debate necesario.

- ¿Se acuer­dan de aquel Gre­gor Samsa que se con­vir­tió en insecto para aler­tar de los males que aso­la­rían al siglo XX? Pues bien, este año se cum­ple un cen­te­na­rio de su meta­mor­fo­sis, aun­que su autor, un tal Kafka que las veía venir al vuelo, pre­fe­ría lla­marla “trans­for­ma­ción”, quizá por­que Ovi­dio se había anti­ci­pado con su Meta­mor­fo­sis. El escri­tor zara­go­zano Lorenzo Ariza  brinda en Samsa (Pez de plata) un home­naje moderno, equi­li­brado y con tino de narra­dor al insecto que en muchos aspec­tos cam­bió la his­to­ria de la lite­ra­tura. Quizá él nos des­en­trañe qué tipo de insecto era el viejo Samsa: ¿esca­ra­bajo o margarita?

- La con­me­mo­ra­ción de los cin­cuenta años de la muerte de T. S. Eliot en este 2015 se orga­niza bási­ca­mente en torno a La tie­rra bal­día (Lumen), una edi­ción a cargo del crí­tico Andreu Jaume que ha supuesto uno de los gran­des acon­te­ci­mien­tos edi­to­ria­les del curso. Todos los fas­tos se que­dan cor­tos res­pecto a la gran figura del poeta pero, de momento –y sólo de momento-, esta­mos servidos.

- Bonito y suge­rente título el de Aidan Hig­gins, autor irlan­dés de la estirpe de Joyce, Beckett y com­pa­ñía. Como buen libro de auto­fic­ción, Recuer­dos de un pasado que se des­va­nece (Peri­fé­rica) revela las con­tra­dic­cio­nes ínti­mas de un mucha­cho (tra­sunto del pro­pio Hig­gins) que nace y crece en el seno de una fami­lia cató­lica irlan­desa entre las con­vul­sio­nes nada vena­les del siglo XX.

- Que se pre­sente Música para feos (Des­tino) de Lorenzo Silva como «una novela de amor a con­tra­co­rriente» es sufi­ciente para des­per­tar las ganas de leerla en este tiempo de estío. No por casua­li­dad Silva vol­vió a ser el mes pasado uno de nues­tros auto­res más que­ri­dos y recla­ma­dos en las case­tas de la Feria del Libro de Madrid.

- Argen­tina de 1976, Andrea Ste­fa­noni se aden­tra en las mon­ta­ñas de León, con­cre­ta­mente en el pue­blo minero de Boeza para bus­car las raí­ces fami­lia­res de su abuela, minera ella tam­bién desde casi niña, casada con un per­de­dor de la Gue­rra Civil, per­se­gui­dos y obli­ga­dos a emi­grar. La abuela civil espa­ñola (Seix Barral) ofrece una his­to­ria común en nues­tra His­to­ria, con mati­ces, pero no por ello menos intere­sante y emotiva.

- Con­tra las cuer­das (volu­men II) de Pablo San Nica­sio (Óscar Herrero Edi­cio­nes) cul­mina una labo­riosa obra en dos entre­gas, reivin­di­ca­tiva y muy per­so­nal, que brinda un acer­ca­miento muy exclu­sivo e íntimo a gran­des maes­tros de la gui­ta­rra fla­menca con­tem­po­rá­nea por­que se rea­liza desde la pers­pec­tiva com­pro­me­tida de un gui­ta­rrista que ejerce el perio­dismo. Por estas pági­nas des­fi­lan, de forma amena y fluida, nom­bres como los de Riqueni, Cañi­za­res, Vicente Amigo, Josemi Car­mona… pero, indis­cu­ti­ble­mente, las pie­zas estre­lla son dos entre­vis­tas a Paco de Lucía del año 1971 y 1986, una iné­dita y la otra, recu­pe­rada del olvido. Ha de recor­darse que el libro se com­pleta con un pri­mer volu­men que incluye con­fi­den­cias de artis­tas como Toma­tito, Pepe Habi­chuela, Serra­nitoManolo San­lú­car.

- Si se habla de perio­dismo cul­tu­ral (un género que resu­cita de vez en cuando a pesar de no haber muerto nunca) es inevi­ta­ble citar al crí­tico de La Van­guar­dia Ser­gio Vila-Sanjuán, hom­bre de pala­bra y para la pala­bra. Una cró­nica del perio­dismo cul­tu­ral (Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lona), como reza el título, es una cró­nica, no una his­to­ria; dado lo cual, aun­que no lo abar­que todo, lo que trata lo hace con cri­te­rio y soltura.

- Luis Goy­ti­solo, aca­dé­mico de la len­gua, es un escri­tor lo sufi­ciente cono­cido y apre­ciado como para que interese saber los intrín­gu­lis de su queha­cer lite­ra­rio. En El sueño de San Luis (Anagrama), que sale en la colec­ción Argu­men­tos, apor­tando una sig­ni­fi­ca­ción pre­me­di­tada, ras­trea en sus obras la influen­cia del sub­cons­ciente y la pul­sión sexual como ele­men­tos sus­tan­cia­les del pro­ceso creativo.

-  Tar­zán. Héroe de celu­loide y papel (T&B edi­to­res) es un impres­cin­di­ble para los segui­do­res del mito tele­vi­sivo, Tar­zán de los monos, en sus dife­ren­tes ver­sio­nes; tam­bién para los que pien­san que se trata de un pro­to­tipo tras­no­chado, pues se darán cuenta que la per­vi­ven­cia de Tar­zán no con­siste en el per­so­naje sino en ese grito que desde la leja­nía de una selva ima­gi­na­ria hasta nues­tros sue­ños actua­les. Eduardo Galán Blanco hace un reco­rrido apa­sio­nado por los dis­tin­tos epi­so­dios emo­cio­na­les del per­so­naje que se refle­jan en una pan­ta­lla que, por mucho que cam­bien las cosas, nunca variará para nues­tra mirada.

- Tras dis­fru­tar de la obra Haz clic aquí de José Padi­lla #G30LEER sobre las tablas, en cuya reco­men­da­ción no se esca­ti­ma­ron ener­gías desde LEER, queda la gran opor­tu­ni­dad (Inaem) de reto­mar la expe­rien­cia de otra forma no menos intere­sante y enri­que­ce­dora con el texto edi­tado en papel. Siguiendo las pro­pias indi­ca­cio­nes del dra­ma­turgo cana­rio, que lo tiene muy claro y así declaró a LEER: «el tea­tro no sólo vive efí­me­ra­mente en los esce­na­rios, tam­bién debe leerse».

- Para esas aca­lo­ra­das noches esti­va­les de insom­nio, se pres­cribe En el Japón fan­tas­mal de Laf­ca­dio Hearn (Satori), un clá­sico para dis­fru­tar del fol­clore japo­nés tra­di­cio­nal y su par­ti­cu­lar idio­sin­cra­sia espec­tral. Una lec­tura que bien podría acom­pa­ñarse, en genuino ritual, de la revi­sión de la mag­ní­fica cinta Más allá (1964) de Masaki Koba­yashi.

- Esta pri­ma­vera expe­ri­men­ta­mos un fle­chazo con los clá­si­cos de Aus­tral Sin­gu­lar y sus nue­vos ropa­jes, autén­tico amor a pri­mera vista que ahora es buen momento de tro­car en romance esti­val. El título per­fecto y más genuino para ello es Moby Dick de Her­man Mel­vi­lle, a la ansiosa espera del estreno de la pelí­cula En el cora­zón del mar de Ron Howard que se retrasó hasta el mes de diciembre.

- En el número de abril, Javier Mora­les des­cu­bría cómo Clara Obli­gado explo­raba de nuevo los lími­tes entre el cuento y la novela en La muerte juega a los dados (Pági­nas de Espuma). Se trata de una atrac­tiva lec­tura de verano, tam­bién suge­rida al lec­tor más exi­gente por las elo­gio­sas pala­bras de José María Merino: «en este libro el len­guaje es un per­so­naje impor­tante que tensa con acierto sus die­ci­ocho exce­len­tes textos».

- Desde que nos rega­la­mos una buena sesión de Hadas y cuen­tos por Navi­dad, estas cria­tu­ras fan­tás­ti­cas no han dejado de revo­lo­tear por las pági­nas de LEER, vir­tua­les y en papel. Rema­tando el juego de pala­bras, Ada del Moral se quedó fas­ci­nada ante la más reciente edi­ción de los Cuen­tos de hadas de  Hans Chris­tian Ander­sen (Libros del Zorro Rojo) que no cesa­mos de admirar.

- Que lle­gara acom­pa­ñado a Espa­cio LEER por Marian Womack #G30LEER y que el pró­logo de su novela venga fir­mado por Félix J. Palma ya serían sufi­cien­tes garan­tías para ase­gu­rar una lec­tura esti­val que merece la pena, si a estas altu­ras un experto en el género como Ángel Luis Suca­sas lo nece­si­tara. Hace­mos segui­miento de La ter­cera cara de la luna (Nevsky), tras la enri­que­ce­dora con­ver­sa­ción sobre el fan­tás­tico que man­tu­vi­mos con autor y edi­tora, y fes­te­jar des­pués la segunda edi­ción de la obra.

- Incli­nar la cabeza y llo­rar casi en silen­cio. Da el tono del libro. Es la frase clave que se des­tacó en el número de abril para intro­du­cir la entre­vista a Pablo Ramos sobre La ley de la fero­ci­dad (Mal­paso). Prosa de pre­ci­sión, lim­pia y directa, en res­puesta al anun­cio de la muerte del padre. Aten­ción por­que es un texto dis­pa­rado a boca­ja­rro. Pro­mete un viaje sin retorno: el autor ase­gura no ser el mismo tras la expe­rien­cia de estas pági­nas y el lec­tor sen­si­ble a la temá­tica cuenta con todas las pape­le­tas para expe­ri­men­tar una inten­si­dad seme­jante en el abor­daje de la obra. Recor­de­mos que Laura Res­trepo dijo que Ramos inventó el rea­lismo mís­tico, ahí es nada.

- En el mismo repor­taje, De pie frente a la muerte, fue Lea Vélez el  prin­ci­pal hilo con­duc­tor con El jar­dín de la memo­ria (Gala­xia Guten­berg), un libro «del que hay que apre­ciar el gran mérito de un largo reco­rrido, pri­vi­le­gio muy infre­cuente» teniendo en cuenta la ver­ti­gi­nosa velo­ci­dad con la que los títu­los pasan por las mesas de nove­da­des, fomen­tando un trán­sito esté­ril e intras­cen­dente de dema­sia­dos libros. Como Joan Didion (El año del pen­sa­miento mágico), Vélez es perio­dista y encara el falle­ci­miento de su marido, pero la dife­ren­cia fun­da­men­tal entre ambas es que ésta última no hace «lite­ra­tura de duelo», en rigor, sino de acompañamiento».

Har­per Lee forma parte de esa mino­ría de plu­mas que ha alcan­zado el éxito con una sola novela. Matar a un rui­se­ñor, publi­cada en 1960, se con­vir­tió en obra de culto en Esta­dos Uni­dos y Lee con­si­guió el Pulit­zer. Más de medio siglo des­pués, tene­mos Ve y pon un cen­ti­nela (Har­per Collins Ibé­rica), la segunda novela de la afa­mada escri­tora, el manus­crito que fue el ger­men de su exi­toso clá­sico que hubo de rees­cri­bir por­que su edi­tor le pidió que con­tara la his­to­ria desde el punto de vista de la pro­ta­go­nista cuando era niña. La narra­ción ori­gi­nal per­ma­ne­ció per­dida hasta el otoño pasado. Con Go Set a Wat­ch­man vol­ve­mos a la ciu­dad fic­ti­cia de May­comb, en la década de los 50, con una Scout adulta que visita a su padre. Aun­que esta cita apa­renta ser una de las habi­tua­les, los cam­bios de la reali­dad polí­tica y social que se hacen difí­ci­les de asi­mi­lar pro­vo­can irre­me­dia­ble­mente que el viaje y la narra­ción entren de lleno en el mundo de los adul­tos y se deje atrás la niñez y los recuer­dos, sin aban­do­nar los pasa­jes con­mo­ve­do­res y emo­cio­nan­tes, pese a la dureza que esconden.

- Dijo Alberto Sán­chez Medina en el número de junio de LEER que el reco­rrido que pro­pone el filó­sofo Félix de Azúa, reciente silla H de la RAE, en La inven­ción de Caín (Debate) por algu­nas de las más idio­sin­crá­ti­cas ciu­da­des euro­peas (más Nueva York) «es un viaje tanto físico como emo­cio­nal». Nada más ade­cuando para la fecha, teniendo en cuenta el dato para los más pun­ti­llo­sos: «en esta obra, una revi­sión de la publi­cada en el año 2000, Azúa ha eli­mi­nado algu­nos capí­tu­los y aña­dido bas­tan­tes más, para enmar­car el libro en el siglo XXI».

- En el mismo sello, en el mismo número de la revista (incluso dando réplica en página impar) pero de la mano de Igna­cio Peyró  en esta oca­sión, tuvi­mos un pri­mer acer­ca­miento a  Cuando los hechos cam­bian (Tau­rus) de Tony Judt. El exhaus­tivo artículo Escri­bir lo que debes escri­bir com­pleta la lec­tura de esta obra «donde las fija­cio­nes del Judt his­to­ria­dor con­ver­gen en la nece­si­dad de vol­ver a pen­sar el siglo XX en un momento en que olvi­da­mos más que recor­da­mos, nega­mos la con­ti­nui­dad e insis­ti­mos con vehe­men­cia en el que el pasado no tiene nada que enseñar».

- LEER es lo que es gra­cias a cola­bo­ra­do­res de la talla de Ana Merino. Direc­tora del Mas­ter de Escri­tura Crea­tiva en espa­ñol de la Uni­ver­si­dad de Iowa, poeta, escri­tora de tea­tro, experta en cómics, de los que habla todos los meses en LEER, acaba de salir muy bien parada en el polé­mico canon abierto (Visor) de última poe­sía en espa­ñol de Reme­dios Sán­chez Gar­cía, tiene pre­ci­sa­mente poe­ma­rio reciente, Los bue­nos pro­pó­si­tos, tam­bién en este mismo sello, y en clave infan­til y juve­nil, y es lo que nos ocupa aquí, El viaje del vikingo soña­dor (Alfa­guara), un pre­cioso cuento en verso con ilus­tra­cio­nes de Max, que “atrapa con sus ver­sos apa­sio­na­dos y sen­ci­llos”, tal y como señala Ada del Moral en el Extra de Verano de LEER.

- Se nos antoja un momento extra­or­di­na­rio para releer a James Sal­ter, recien­te­mente falle­cido, y a quien Julio Val­deón dedica su última Carta desde Nueva York. “Su prosa ful­gu­rante, anu­dada a tra­gos cor­tos, feroz en su lim­pieza, poseía la extraña capa­ci­dad de mor­der sin casi pre­ten­derlo”, señala nues­tro corres­pon­sal en los USA. En la redac­ción com­par­ti­mos el entu­siasmo y reco­men­da­mos par­ti­cu­lar­mente Juego y dis­trac­ción y la impo­nente Años luz.

- No apa­re­ció a tiempo de tra­tarlo en nues­tro número de abril, dedi­cado a Cer­van­tes anti­ci­pando el cuarto cen­te­na­rio de la publi­ca­ción de la segunda parte del Qui­jote: la adap­ta­ción rea­li­zada por Andrés Tra­pie­llo, un tra­bajo de muchos años, ha apa­re­cido ben­de­cida por el esta­ble­ci­miento aca­dé­mico y cul­tu­ral. “En la ver­sión de Tra­pie­llo la obra de Cer­van­tes se ha reju­ve­ne­cido y actua­li­zado sin dejar se der ella misma, ponién­dose al alcance de muchos lec­to­res”, ase­gura Mario Var­gas Llosa desde el extracto del pró­logo que apa­rece en la faja pro­mo­cio­nal del volu­men (Des­tino). Unas pocas líneas que con­tie­nen todos los pun­tos de la poten­cial polé­mica que no ter­mina de fra­guarse en torno al pro­yecto del escri­tor leo­nés. Ape­nas un apunte: ¿para qué leer el cer­van­tino teniendo el de Tra­pie­llo? Ahí queda dicho. Un libro, en cual­quier caso, impor­tante, que hay que leer, valo­rar y discutir.

- Juan Fernández-Miranda es perio­dista, joven pero de dila­tada tra­yec­to­ria, que a día de hoy se desa­rro­lla en la sec­ción de Nacio­nal del dia­rio ABC. Su ape­llido –y cierto pare­cido en los ras­gos de su ros­tro– dela­tan su vin­cu­la­ción fami­liar con el que fue uno de los prin­ci­pa­les artí­fi­ces de la Tran­si­ción, Tor­cuato Fernández-Miranda. En El guio­nista de la Tran­si­ción (Plaza&Janés), su sobrino nieto resuelve la caren­cia de una bio­gra­fía de refe­ren­cia en torno al pre­cep­tor del Rey Juan Car­los e ideó­logo de la Ley para la Reforma Polí­tica en el cen­te­na­rio de su naci­miento, con pró­logo, ni más ni menos, del rey emérito.

- Por par­tida tri­ple reco­men­da­ría­mos a Manuel Vilas, uno de nues­tros pro­sis­tas favo­ri­tos y que este año está par­ti­cu­lar­mente de actua­li­dad: Pre­mio Gene­ra­ción del 27 de poe­sía por su con­mo­ve­dor poe­ma­rio El hun­di­miento y Pre­mio Lla­nes de Via­jes con el relato de un fan tras los pasos de Lou Reed en Wild Side España, ins­ta­mos enca­re­ci­da­mente a la lec­tura de Sete­cien­tos millo­nes de rino­ce­ron­tes (Alfa­guara), un exce­lente botón de mues­tra de la lite­ra­tura de Vilas, con su humor sin par, su talento lite­ra­rio y su capa­ci­dad para el extra­ña­miento con-sentido.

- En coedi­ción de Siruela, Fondo de Cul­tura Eco­nó­mica y UNAM apa­rece en España la colec­ción de Cuen­tos popu­la­res mexi­ca­nos edi­tada por el narra­dor y poeta Fabio Morá­bito tras un exhaus­tivo tra­bajo de inves­ti­ga­ción y reco­pi­la­ción. Más de 125 rela­tos de las regio­nes más diver­sas del país cen­troa­me­ri­cano, que nos hablan del sin­cre­tismo y riqueza de sus tra­di­cio­nes, y de los mitos comu­nes que arti­cu­lan la lite­ra­tura uni­ver­sal y la fijan a la noche de los tiempos.

- De FCE, un librito espe­cial (espe­rada nove­dad en reim­pre­sión) de cálida recep­ción en la reciente Feria del Libro de Madrid: La intui­ción del ins­tante de Gas­ton Bache­lard. De Henri Berg­son a Albert Eins­tein, una pieza deli­ciosa del inte­lec­tual fran­cés, cuya edi­ción ori­gi­nal data de 1932, en un for­mato per­fecto, pre­cioso y prác­tico, muy manejable.

- Cada vez con más fre­cuen­cia tene­mos la suerte de que cierto tipo de ensa­yos lite­ra­rios nor­te­ame­ri­ca­nos sean tra­du­ci­dos al cas­te­llano, lo que demues­tra un inte­rés obje­tivo de los lec­to­res por este tipo de obras tan carac­te­rís­ti­cas del ámbito cul­tu­ral anglo­sa­jón. Debate trae ahora a España una colec­ción de pie­zas publi­ca­das a lo largo de los años en publi­ca­cio­nes como The New Yor­ker o NYRB por Janet Mal­colm, pre­mio PEN de bio­gra­fía gra­cias a su Ger­trude y Alice (2009). Cua­renta y un inten­tos falli­dos. Ensa­yos sobre escri­to­res y artis­tas, ofrece nume­ro­sas y ori­gi­na­les cla­ves y suge­ren­cias sobre Salin­ger, el grupo de Blooms­bury, Diane Arbus, Edward Wes­ton y otros artis­tas y escri­to­res… Incluso acerca de la serie Gos­sip Girl.

-  El pro­fe­sor de la UCM Mar­tín Ortega Car­ce­lén, cul­ti­va­dor tam­bién de ensayo y poe­sía, pre­senta en su novela  Camino del aire (Cua­der­nos del Labe­rinto) el viaje ini­ciá­tico de unos niños que le sirve de tras­fondo para brin­dar un retrato des­den­fa­dado de la polí­tica y la socie­dad. El esfor­zado carác­ter jovial se tras­luce desde la pro­pia esté­tica de las cubier­tas, cuya viveza

- El verano es para las Sire­ni­tas (Bere­nice, grupo Almu­zara), las de Louisa May Alcott que pre­senta la impe­ca­ble edi­ción de Óscar Maris­cal, con quien tuvi­mos el pla­cer de com­par­tir la última sesión de tem­po­rada de Club LEER. En el icó­nico sofá rojo, char­la­mos sobre la pecu­lia­ri­dad de la autora como escri­tora de género gótico, las seduc­to­ras con­tra­dic­cio­nes que vie­nen plan­teando a los lec­to­res estas cria­tu­ras extra­or­di­na­rias y la fas­ci­na­ción que siguen pro­vo­cando a causa de una larga tra­di­ción mítica de com­pleja evo­lu­ción a lo largo de los tiem­pos. ¡Feliz zam­bu­llida en los mares literarios!

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