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	<title>Revista leer &#187; Barcelona</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Rafael Borràs, el último caballero de la edición</title>
		<link>https://revistaleer.com/2019/10/rafael-borras-el-ultimo-caballero/</link>
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		<pubDate>Wed, 30 Oct 2019 17:55:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Nos encontramos con Rafael Borràs <strong>el día de San Juan en su casa del Paseo de Sant Joan</strong>, en Barcelona. Afuera, en el caluroso mediodía de la capital catalana, y subido al pedestal que hace más de cien años le pusieron en la intersección con la Diagonal, hace guardia entre cipreses el mosén <strong>Verdaguer</strong> esculpido por Joan Borrell i Nicolau.</p>
<p>Otro día de San Juan, hace dieciséis años, Borràs estaba en Madrid convocado por <strong>Luis María Anson</strong> en su despacho latifundio de <em>La Razón</em>. Anson, preocupado por la entonces inminente aparición del primer volumen de memorias de Borràs, <strong><em>La batalla de Waterloo</em></strong>, había decidido, y así se lo comunicaba, prescindir de su colaboración semanal en el periódico. La firma de Borràs, republicano <em>convicto y confeso</em>, era una de las que funcionaba como «coartada de liberalidad» del joven periódico creado por el veterano periodista monárquico. Anson temía –equivocadamente– que el libro fuese un desahogo contra los Lara, para quienes Borràs había trabajado como <strong>director literario de Planeta durante más de veinte años hasta su salida del grupo en 1995</strong>, y quería evitar a toda costa un desencuentro con los accionistas mayoritarios del diario.</p>
<p><strong>Al final fue el propio Anson quien terminó mal con los Lara.</strong> Lo exteriorizó en varias ocasiones, la más sonada con un artículo publicado en vísperas del fallo del Planeta de 2008, con el que pretendía denunciar «la farsa» del emblemático premio, pero que parecía más bien una pieza de revancha de alguien que había presidido durante años, en parecidos términos, otro lucrativo certamen de la casa, el Premio Fernando Lara de Novela.</p>
<p><strong>«Parece mentira que a su edad Anson todavía crea que los niños vienen de París»</strong>, apunta con sorna Borràs, sentados ya en los blancos sofás de su salón, <strong>el aperitivo religiosa, republicanamente dispuesto</strong>, en compañía de su mujer, <strong>Isabel Blancafort</strong>. Es poco probable que Anson haya creído alguna vez en las cigüeñas, pero su cinismo brinda a nuestro interlocutor la ocasión de recurrir una vez más a la frase utilizada por <strong>José Manuel Lara</strong> padre en la rueda de Prensa del Planeta de 1989 para responder a un periodista que le interpelaba ingenuamente acerca de un detalle <em>sospechoso</em> del ceremonial del premio. Borràs la esgrime con frecuencia porque <strong>resume las razones comerciales del galardón que él mismo organizó en más de una veintena de ocasiones</strong>. Y la trae de nuevo a colación a modo de <strong>dedicatoria</strong> –«A todos los que todavía creen que los niños vienen de París»– <strong>en su nuevo libro, <a href="http://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=4360&amp;edi=2" target="_blank"><em>La subasta</em></a></strong> (Berenice), donde cuenta precisamente la anécdota en el despacho de Anson.</p>
<p><em>La subasta</em> es <strong>la segunda «casi novela»</strong> de Borràs después de <a href="https://www.edhasa.es/libros/1018/cuando-tu-ya-estes-muerto" target="_blank"><em>Cuando tú ya estés muerto</em></a> (Edhasa, 2016). En la primera el autor, convenientemente camuflado y desdoblado, se situaba a sí mismo en la acción, ambientada en el Madrid de noviembre de 1975, rodeado de amigos, conocidos y autores propios y ajenos que asistían a <strong>las tensas vísperas de la muerte de Franco</strong>, para reflexionar sobre la Historia de España acontecida y por venir. En <em>La subasta</em> repite el mecanismo. <strong>El escenario esta vez es la Feria del Libro de Frankfurt de 1982</strong>, pocas semanas antes del arrollador triunfo electoral del PSOE y con la maquinaria de poder del pujolismo adquiriendo ya velocidad de crucero. La anunciada subasta del manuscrito de unas supuestas memorias apócrifas de Franco acapara el interés de los españoles desplazados a Alemania. Es el <strong>macguffin de un artefacto literario juguetón y sustancioso</strong> desde el que además Borràs <strong>amplía lo contado en los tres volúmenes de sus imprescindibles memorias</strong> –<em>La batalla de Waterloo</em> (2003), <em>La guerra de los planetas</em> (2005) y <em>La razón frente al azar</em> (2010)– <strong>y en sus ensayos históricos</strong> –entre los que cabe destacar su trilogía dinástica: <em>El rey de los rojos</em> (1996), dedicado a Don Juan de Borbón; <em>El rey perjuro</em> (1997), sobre Alfonso XIII, y <em>El rey de los cruzados. Don Juan Carlos I y la monarquía prodigiosa</em> (2007)–.</p>
<p>Pese a declararse en sus memorias incompetente para la novela –«cada uno ha de tener conciencia de sus limitaciones y Dios, evidentemente, no me ha llamado por el camino de la ficción» (<em>La razón frente al azar</em>, p. 400)–, Borràs reincide por la vía de la <em>casi ficción</em> porque medio siglo de trayectoria en el meollo de la edición española da para mucho, y porque <strong>considera necesario insistir en ciertas ideas sobre la Historia de España</strong>, a cuyo conocimiento tanto ha contribuido como autor y sobre todo como editor de la colección Espejo de España, el mayor y más sistemático esfuerzo editorial para el esclarecimiento del pasado reciente de nuestro país. <strong>Ya lo dice el nebuloso profesor Elbo</strong>, criatura borrasiana que ejerce de narrador de <em>La subasta</em>, en una de las tres citas que encabezan el volumen: «Siempre se escribe el mismo poema, el mismo ensayo, la misma novela, pero como nunca, o casi nunca, el personal se entera de lo que uno ha querido explicar, conviene repetirlo, tal como afirmaba André Gide».</p>
<figure id="attachment_8821" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8821" src="/wp-content/uploads/2019/10/Borras1-e1572455414539.jpg" alt="Rafael Borràs durante su encuentro con LEER. / Claudio Tornamira" width="1500" height="1333" /><figcaption class="wp-caption-text">Rafael Borràs durante su encuentro con LEER. / Claudio Tornamira</figcaption></figure>
<p><strong><em>Da la impresión de que muchas de las cosas que se cuentan en este libro sólo tú las sabes o las recuerdas. ¿Queda viva mucha gente que pueda entender las claves secretas de ‘La subasta’?</em><br />
</strong>Hay un pasaje en el que lo digo, cuando hablo de <strong>Andrés Bosch</strong>, todo un premio Planeta, y del doctor <strong>Enrique Salgado</strong>. ¿Quién se acuerda hoy de ellos? Nadie. ¿Pero es que quién sabe hoy quién era <strong>Josep Maria Castellet</strong>?</p>
<p>Andrés Bosch, premio Planeta hace sesenta años, 1959, con su pugilística novela <em>La noche</em>, y Salgado, que compaginaba el ejercicio de la oftalmología con la autoría de libros populares de muy variada temática –sus <em>Radiografías</em>, de Franco al Che pasando por Cristo, la cual le sirvió con los años para sostener un pleito por plagio contra J. J. Benítez y su <em>Caballo de Troya</em>–, Salgado y Bosch, decíamos, protagonizan un divertido pasaje de <em>La subasta</em> con otro personaje real de por medio, <strong>Manuel Sanmiguel</strong>, fraile rebotado, director de Ediciones Guadarrama, y los servicios de una prostituta como argumento para lubricar un acuerdo editorial que nunca llegará a cerrarse. Personajes reales que se imponen a la ficción, que unas veces aparecen con su nombre real, como Bosch, Salgado y Sanmiguel, y otras reciben un gentil sobrenombre, como <strong>Columna Lahola</strong> –«con tanto Lahola por aquí, Lahola por allá, tengo la impresión de que hablamos chino»–, joven y vehemente escritora que compone <strong>una caricatura certera de ciertos autores refugiados desde hace casi cuarenta años bajo el paraguas del nacionalismo</strong>.</p>
<p>Comentando precisamente los hechos protagonizados por Lahola en el stand de Planeta con una botella de fino de por medio, similar a la que trasegamos ahora en casa Blancafort-Borràs, <strong>dos de los personajes de <em>La subasta</em> esclarecen el inteligente ejercicio cervantino que representa el libro</strong>:</p>
<p>«Esto no lo pongas en la novela que algún día escribirás, posiblemente con el título de <em>La subasta</em> —me dice muy serio el editor de Ridruejo—: nadie se lo creería.</p>
<p>—Claro que no, claro que no. Recuerda que en novela no hay cosas verdaderas o falsas, sino verosímiles o inverosímiles».</p>
<p>(Fiel a <strong>Dionisio Ridruejo</strong> hasta el final, «el editor de Ridruejo», sobrenombre a su vez de Martí Martín, es el apelativo más frecuente de Borràs en su ficción. Condecoración autoimpuesta. «Pese a la diferencia de edad», explica, «fue el amigo mayor que todos necesitamos para que nos oriente sin ser agobiante. <strong>De todo el grupo de <em>las</em> <em>arrepentidas</em> –los Serrano Suñer, Laín, etcétera– fue el único que pagó con cárcel y prohibiciones»</strong>. Le conoció personalmente el 12 de abril de 1955, cuando Borràs apenas contaba 19 años y Ridruejo, con 40, pronunció en el Ateneo de Barcelona una polémica conferencia cuya versión para la posteridad taquigrafió el propio Rafael a instancias de uno de los organizadores. Aquel acto marcó el comienzo del exilio interior del antiguo prócer falangista, que culminaría con su detención en 1956. «Supe desde el principio», cuenta Rafael en el primer volumen de sus memorias, que «Dionisio sería un punto de referencia en toda mi futura andadura». Y en efecto, <strong>la labor intelectual y editorial de Borràs se ha visto siempre alentada por el ejemplo democrático del Ridruejo maduro</strong>).</p>
<figure id="attachment_8829" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8829" src="/wp-content/uploads/2019/10/ricobayo-e1572456964191.jpg" alt="Entre Francisco Rico y Eliseo Bayo en la desaparecida Librería Argos de Barcelona, 1961. / Archivo Rafael Borràs" width="1500" height="1070" /><figcaption class="wp-caption-text">Entre Francisco Rico y Eliseo Bayo en la desaparecida Librería Argos de Barcelona, 1961. / Archivo Rafael Borràs</figcaption></figure>
<h5><strong>«Lo de Frankfurt es un poco un timo»</strong></h5>
<p>«Aquí lo que tendríamos que ver», nos dice el autor volviendo a su libro, «es si estos personajes que están más o menos inspirados en personas reales tienen fuerza y se aguantan por sí mismos como personajes de ficción. Porque si es así entonces es igual que estén basados e inspirados en personas reales y la gente sepa o no quiénes eran».</p>
<p>Borràs sostiene, pues, que su gran preocupación es que sus personajes sean consistentes literariamente. Pero no se puede ignorar el interés testimonial de un libro que <strong>rescata y retrata a figuras hoy casi olvidadas</strong> pero muy importantes en su día como <strong>Sebastián Auger</strong>, <em>el Vampiro</em> del libro, editor del influyente Grupo Mundo y de la Editorial Dopesa vinculado al Opus Dei, símbolo de una época. A quien no es tan sencillo identificar es a Román Romero, «el poeta lírico» cornudo y apaleado que trabaja en funciones editoriales para el Vampiro (—¿Quién es? —Mejor no te lo digo), una recurrente presencia cómica de <em>La subasta</em>.</p>
<p><strong><em>¿Cómo veías la cita anual de Frankfurt?<br />
</em></strong>El primer año, 1974, fui como un pardillo. Planeta no tenía ni stand. Estábamos realquilados en otro. Aquello no podía ser. Convencí a José Manuel [Lara padre] y lo montamos el año siguiente. Me di cuenta de la importancia de Frankfurt, pero también de que quien iba allí a buscar un <em>best seller</em> se equivocaba. Los <em>best sellers</em> se encuentran a lo largo del año.</p>
<p><strong><em>Pero la feria está basada en buena medida en esa expectativa.<br />
</em></strong>Lo de Frankfurt es un poco un timo. Pero yo iba a los stands de los pequeños países y encontraba cosas. Lo que cuento en el libro de la biografía de <strong>Wojtyla</strong> es cierto. La compré por cuatro perras en el stand de Polonia.</p>
<p>(«El editor de Ridruejo, muy contento, me dice que él ya ha justificado su estancia en la Feria: los libros de tema religioso, aunque no me lo crea, siguen vendiéndose»).</p>
<p>Borràs <strong>explica en el segundo volumen de sus memorias el endiablado mecanismo que se intuye de fondo en <em>La subasta</em></strong>. «Con los años se impuso una práctica perversa, que nos llevó a todos a la espiral disparatada de las subastas. Un agente anunciaba que tenía los derechos de una determinada obra y que la ponía a subasta», casi siempre coincidiendo con Frankfurt. «La cifra que se ofertaba era siempre inferior a lo que se estaba dispuesto a pagar, con lo que, una vez igualada por la competencia, de manera inconsciente se iba acrecentando a base de pequeñas alzas que al final, sumadas, habían disparado la cifra pensada» (<em>La guerra de los planetas</em>, pp. 85–86). Semejante estado de cosas se basaba en la convicción de los agentes de que editoriales como Planeta o Plaza &amp; Janés, del mismo modo que el Madrid o el Barça, estaban dispuestas a pagar lo que fuera por conseguir una determinada obra. <strong>Borràs, sin embargo, cambió el sistema desde Planeta</strong>: ellos determinarían previamente la cifra máxima que estaban dispuestos a ofrecer y no la incrementarían bajo ningún concepto. Aquello tenía el inconveniente de pagar de más en algunas ocasiones y quedarse fuera del juego en otras, pero era una estrategia estable, que racionalizaba el ecosistema de las pujas y que «en cualquier caso nos evitaba caer en la espiral de las subastas, con toda la carga neurótica que comportaba».</p>
<p><strong><em>¿El caso de la subasta de la biografía apócrifa de Franco está basado en un episodio real?<br />
</em></strong>No, pero hubiera podido pasar.</p>
<p><strong><em>No obstante, que el objeto de deseo de los editores españoles congregados en Frankfurt sea precisamente un libro de esa naturaleza te sirve para abundar en tu gran tema, que es la Historia de España.<br />
</em></strong>Este es un libro triste porque en definitiva la subasta no es sólo la del libro. En ese momento se ha subastado la CNT, por ejemplo. Se ha subastado o se subastará el PCE y la esperanza que representará el socialismo. Hay una serie de subastas durante la Transición, y señalarlo era mi intención.</p>
<figure id="attachment_8825" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8825" src="/wp-content/uploads/2019/10/carrillo-e1572456153702.jpg" alt="Con Santiago Carrillo en Madrid, enero de 1982. / Archivo Rafael Borràs" width="1500" height="1089" /><figcaption class="wp-caption-text">Con Santiago Carrillo en Madrid, enero de 1982. / Archivo Rafael Borràs</figcaption></figure>
<p>En el futuro, <strong>esa biografía apócrifa del general será la novela que escriba, a instancias de Borràs, Manuel Vázquez Montalbán</strong>. Pero el <em>Yo, Franco</em> que Rafael le había propuesto como «biografía novelada» se convertirá en «novela-novela», <em>Autobiografía del general Franco</em> (Planeta, 1992). Vázquez Montalbán le seguirá el juego y creará a un Marcial Pombo, de oficio escritor y con un extenso historial de resistencia y lucha contra la dictadura a sus espaldas, que recibe a su vez con perplejidad de su propio editor el encargo de escribir la autobiografía de aquel Caudillo de sus desdichas. <strong>Otra vez el juego de espejos</strong>. «Crecí a la sombra de su miedo, forcejeé contra Franco con tanta vergüenza como miedo y finalmente me di cuenta de que a Franco sólo le había vencido la biología y ni siquiera el olvido de su rastro era mi victoria, sino que se me convocaba para sacarle del olvido y convertirlo en memoria para los tiempos venideros» (<em>Autobiografía del general Franco</em>, pp. 20–21). Vázquez Montalbán prosigue el exorcismo personal y colectivo que supone toda su obra con la complicidad de Borràs, cuya experiencia de la posguerra había sido bien distinta. <strong>Vástago de una familia de clase media acomodada de Barcelona</strong>, gente de orden del «partido de la abstención» –ausente, eso sí, la figura del padre, fallecido de cáncer en febrero de 1941–, solo la tía Maria, militante catalanista antes de la Guerra, pondrá furtivamente en antecedentes al niño Rafael del mundo republicano que no había conocido, desafiando el silencio familiar y colectivo. Todo ello lo cuenta él en páginas impagables del primer volumen de sus memorias. Quizá <strong>aquella infancia <em>in albis</em> determinó su búsqueda como editor de las causas de la Guerra</strong>, así como su disposición liberal a <strong>entender «las razones del otro»</strong>, siguiendo la idea de <strong>Marañón</strong> –revolucionaria en un país marcado por el maniqueísmo– que ha guiado su desempeño profesional junto con la máxima orsiana de «la obra bien hecha».</p>
<p><strong><em>Hay episodios reales que no contabas en tus memorias y en ‘La subasta’ sí. ¿Te has sentido más desinhibido por tratarse de una ‘casi novela’ o es que ahora te sientes más libre para decir determinadas cosas?<br />
</em></strong>Supongo que sí, más tranquilo y según cómo más acojonado, porque hay cosas que he contado muy libremente en este libro y luego he pensado, coño, ¿y si los herederos se cabrean? Por ejemplo, lo de Cambó.</p>
<p><strong><em>Una historia de hijas naturales, peleas por herencias y abogados desleales… Hay episodios de una franqueza tremenda. Como cuando hablas de Martín de Riquer.<br />
</em></strong>O de José Pardo. Que a su mujer le robaron el abrigo en el Frankfurter Hof es cierto.</p>
<p>Otro personaje olvidado, <strong>José Pardo</strong>. Editor de Noguer, «había sido el segundo de a bordo de <strong>Martín de Riquer</strong> en la inmediata posguerra, cuando éste desempeñó la Jefatura Provincial de Propaganda, dependiente de la Subsecretaría de Educación Popular del Ministerio de la Gobernación. Una de las funciones principales de tal Jefatura, como puede suponerse, era el ejercicio represor de la censura», que ambos desempeñaron «de una manera feroz», cuenta Borràs en <em>La subasta</em>. Todavía en marzo de 1947 Pardo se expresaba en los siguientes términos en una conversación con <strong>Ignacio Agustí</strong> que recogió <strong>Néstor Luján</strong> en su dietario y se puede leer en <a href="http://www.editorialmeteora.com/libro/la-barcelona-dels-tramvies-i-altres-textos/190" target="_blank"><em>La Barcelona dels tramvies i altres textos</em></a> (Meteora): «Estamos en un estado sectario, con una prensa sectaria dirigida por un hombre sectario que, mi querido Ignacio, soy yo». Casi medio siglo después, Pardo –que acabará en Planeta acogido por Lara tras el naufragio de Noguer– se mueve por Frankfurt «como la ardilla de la fábula» mientras pondera «las virtudes de <em>la vieja Alemania</em>, eufemismo que no alcanza a disimular por dónde van los tiros», lo cual no evitó que a su esposa, en efecto, le robaran el visón de su habitación del Hof.</p>
<p><strong><em>Este libro tiene mucho de desenmascaramiento de impostores. Porque el mundo del libro está lleno de impostores, ¿no?<br />
</em></strong>Sí. Empezando seguramente por el autor de este libro. Pero también hay mucha ingenuidad. En un libro que ha publicado recientemente, Jorge Herralde me llama «el hombre del maletín».</p>
<figure id="attachment_8833" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8833" src="/wp-content/uploads/2019/10/rosmellado-e1572457447980.jpg" alt="Entre Gloria de Ros, viuda de Dionisio Ridruejo, y el teniente general Gutiérrez Mellado (Madrid, 1984). / Archivo Rafael Borràs" width="1500" height="1160" /><figcaption class="wp-caption-text">Entre Gloria de Ros, viuda de Dionisio Ridruejo, y el teniente general Gutiérrez Mellado (Madrid, 1984). / Archivo Rafael Borràs</figcaption></figure>
<h5><strong>El hombre del maletín</strong></h5>
<p>Esta era una cuestión prevista. Escrutando el índice onomástico de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/biblioteca-de-la-memoria/un-dia-en-la-vida-de-un-editor/9788433908094/BM_39" target="_blank"><em>Un día en la vida de un editor y otras informaciones fundamentales</em></a>, volumen con el que Anagrama homenajea a su fundador en el cincuentenario del sello, comprobamos que hay una sola mención a Borràs. Procede de un artículo de Herralde publicado en <em>El Periódico de Cataluña </em>el 2 de febrero de 2015 con motivo del fallecimiento de José Manuel Lara Bosch:</p>
<p>«A principios de los noventa, cuando en la colección Narrativas Hispánicas de Anagrama descollaban muchos escritores, en Planeta empezaron a tentarlos. Su colaborador Rafael Borràs, llamado “el hombre del maletín” (de dinero, claro), estuvo tanteando a <strong>Javier Marías</strong> y <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, que lo rechazó de plano. A fin de hablar de la situación quedé con el hijo para comer en el Windsor. Escuchó mis quejas y me dijo que ordenaría a Borràs no seguir pujando. “Somos tan grandes que a veces no nos damos cuenta del daño que hacemos”, concluyó». Borràs, director literario de Planeta, es para Herralde «colaborador», mientras que Lara Bosch es el «editor vocacional» y «gran empresario».</p>
<p>—<strong>¿Tú sabes lo que me dijo a mí José Manuel?</strong> —prosigue Borràs—. Aparte de burlarse y quejarse amargamente del Windsor –«este cabrón me ha llevado a comer a un sitio asqueroso»–, se sorprendió de que Herralde protestara y llorara como una magdalena. «Yo le he dicho que te ordenaría que parases, ¡pero tú aprieta, Rafael!». ¿Esto Herralde no lo entiende? Aparte de que él en su momento nos pisó a algunos autores, que en algunos casos yo luego recuperé, como <strong>Javier Tomeo</strong>. <strong>En 1973, cuando me hicieron director literario, yo pedí un cupo.</strong> Yo sabía que tenía que atenerme a la cuenta de resultados. Les dije, no os preocupéis que os haré ricos. Pero quiero un cupo. <strong>Para <em>apostar</em></strong>. Y entonces conseguí y publiqué a algunos autores con resultados evidentes. <strong>Cuando yo invito a Soledad Puértolas a presentarse al Planeta, ni ella ni su agente literaria, que era Raquel de la Concha, se lo hacen decir dos veces.</strong> Si el señor Herralde quiere reclamar, que lo haga a Raquel de la Concha. Y lo mismo digo de <strong>Álvaro Pombo</strong>…</p>
<p>Se revuelve con razón Borràs ante la <em>ingenuidad</em> de Herralde, pero <strong>no tiene problema en referirse a sí mismo en <em>La subasta</em> como el «ayudante del verdugo»</strong>, gesto de honestidad además de homenaje expreso a su colega <strong>Mario Lacruz</strong>. El gran editor de Plaza &amp; Janés, Argos Vergara o Seix Barral publicó en 1971 una novela con ese título, <em>El ayudante del verdugo</em>, de la que Borràs ya se acordó en el tercer volumen de sus memorias a propósito de un episodio de mal recuerdo: cuando tuvo que comunicar a <strong>Andrés Trapiello</strong> que, por razones comerciales ajenas a su voluntad, determinadas por la flamante directora general editorial <strong>Ymelda Navajo</strong> y <strong>Fernando Lara</strong>, el libro que le había encargado para el premio Espejo de España 1994 quedaba a última hora apeado del galardón (un año después, despido improcedente mediante, Borràs salía de Planeta, adonde tras su paso por Plaza &amp; Janés volvería en 2005 para dirigir la colección España Escrita, heredera de Espejo de España). «Se ejerza por cuenta propia o ajena, <strong>no siempre el oficio de editor, pese a las magnificaciones de la leyenda, es <em>un oficio de caballeros</em></strong>, y cuando se desempeña a beneficio de terceros el papel de ayudante del verdugo es el más desairado de la representación», escribía ahí Borràs. «Mario Lacruz, que conocía el paño, escribió una novela en clave muy ilustrativa al respecto, cuyo protagonista reflexionaba: “Si yo no hacía mi trabajo, otro lo haría en mi lugar. Es el razonamiento clásico de todos los que pactan con la iniquidad”. Su conclusión era obvia: “Sólo hay un ser más despreciable que el verdugo, y es su ayudante”». Hay otro suceso narrado en <em>La subasta</em>, la contratación de un editor de la competencia para conseguir a sus autores y luego despedirlo, cuya veracidad Borràs confirma y que abunda en esa práctica extrema y dudosa de la lealtad corporativa.</p>
<figure id="attachment_8831" style="width: 1499px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8831" src="/wp-content/uploads/2019/10/semprun-e1572457292780.jpg" alt="Con Jorge Semprún (Barcelona, 1977). " width="1499" height="1065" /><figcaption class="wp-caption-text">Con Jorge Semprún (Barcelona, 1977).</figcaption></figure>
<h5><strong>Todo por el catálogo</strong></h5>
<p>Las maniobras de persuasión utilizadas por Borràs para enriquecer la oferta de Planeta –para conformar ese «catálogo editorial bien pensado y compuesto» que debe perseguir todo buen editor según regla de <strong>Laín Entralgo</strong> que Rafael ha hecho suya– eran diversas. La aproximación indirecta siempre ha sido una buena idea. Un ejemplo. A finales de los 80 concibe un par de libros de cuentos, entre ellos <em>El fin del milenio</em>, donde autores más comerciales como <strong>Juan Eslava Galán</strong> conviven con otros más literarios, como <strong>Pombo</strong>, <strong>Tomeo</strong>, <strong>Marsé</strong> o <strong>Puértolas</strong>. «Les pedía un cuento. Además muy bien pagado. Ellos te lo dan. Luego les convences de que su obra merece una mayor y mejor difusión… Ese es el maletín» del que habla Herralde.</p>
<p>Otro de los escritores presentes en aquel libro de cuentos, Juan Marsé, es mencionado por Borràs en <em>La subasta</em> a propósito de sus quejas sobre el montaje del Planeta, reveladas primero por <strong>Josep Maria Cuenca</strong> en su biografía de Marsé, <em>Mientras llega la felicidad</em> (2015) y más tarde por el propio escritor en un artículo de <em>El País</em> de 2017 en el que relató su «nefasta experiencia como jurado» en 2004 y 2005, que le obligó a dimitir tras comprobar que «el negocio editorial primaba sobre la literatura».</p>
<p>—Eso es que no se acuerda de cómo lo ganó él en 1978 —responde Borràs—. Él estaba en Seix Barral, cuando Seix Barral no era de Planeta. Me llama un día y quedamos en Bocaccio. Marsé tenía una tarjeta que daba <strong>Oriol Regàs</strong> a un grupo de <em>vips</em> para tener el local lleno de gente <em>bien</em>, para invitar, aunque sólo a la primera consumición. Me dijo que quería ganar el Planeta y que lo quería ganar así, directamente. ¿Hubiese protestado si el jurado no se lo hubiese dado alegando que había otra obra con mayores méritos literarios?</p>
<p><strong><em>¿Había un sentido de superioridad por parte de los editores independientes respecto a los que trabajabais para las grandes empresas?</em><br />
</strong>Una vez, lo cuento en el libro, me quejé amargamente a una agente, <strong>Mercedes Casanovas</strong>, de que le hubiese dado una novela de <strong>José Ferrater Mora</strong> a Seix Barral y no a Planeta. Su respuesta fue que Planeta no publicaba buenos libros, solo libros comerciales. Pero yo había publicado en la colección Ensayo a Ferrater Mora <em>El ser y la muerte</em>, que supongo era menos comercial que la novela que le acababa de dar a Seix Barral. En esa colección yo había publicado a <strong>Pepe Bergamín</strong>, a <strong>Celaya</strong>, a <strong>Giménez Caballero</strong>, a <strong>Pasolini</strong>… De mí lo único que ha quedado como algo positivo es Espejo de España, pero nadie se acuerda de las colecciones literarias.</p>
<p>(Lo cierto es que Borràs dio al catálogo literario de Planeta una solidez y una coherencia de las que carecía antes de su llegada y que después fue perdiendo hasta desaparecer, quizá en favor de los sellos que el grupo ha ido incorporando a su estructura; desde la salida de Borràs no ha vuelto a haber una dirección literaria como tal. Él elude comentar la evolución de Planeta tras su salida: «La verdad es que no lo he seguido muy de cerca, y no quisiera hacer un juicio injusto que seguramente no sería objetivo». El último caballero del oficio).</p>
<p><strong><em>¿Jugaban los autores y los agentes a estar entre lo lucrativo con Planeta y el prestigio supuesto que daban otras editoriales para conseguir una cosa y la otra?</em><br />
</strong>Supongo que sí.</p>
<p> </p>
<h5><strong>La Agente</strong></h5>
<p>Y entre los agentes, La Agente. <strong>Una de las grandes atracciones de <em>La subasta</em></strong>, uno de sus grandes atrevimientos también, es <strong>el retrato que hace Borràs, de manera directa e indirecta, de Carmen Balcells</strong>. «El editor de Ridruejo enciende un pitillo y con aire soñador nos explica que, en cierta ocasión, invitó a cenar en su piso, con otras gentes, a la Balcells y a su marido y a <strong>Mercedes Salisachs</strong>. La Balcells le comentó, supone que en broma, aunque con ella nunca se sabe, que ella no triunfaría en la vida hasta que Mercedes no la invitase a su casa. Pasaron los años y la ocasión se presentó, con motivo de una cena informal que organizó Mercedes en honor del editor de Ridruejo, ya no recuerda el motivo –o prefiere no mentarlo–. Pero la Balcells se pasó toda la velada sentada entre otras dos personas, y con Mercedes sólo cruzó la palabra al llegar y al despedirse. ¿Orgullo? No lo cree. Seguramente inseguridad, nos dice».</p>
<p><strong><em>¿Hasta qué punto el personaje Balcells, su agencia y su forma de trabajar transformaron las relaciones entre autores y editoriales?</em><br />
</strong>A mí me parece un mito. Defender los derechos de los autores me parece muy bien, pero esto lo tiene que hacer cualquier agente. Hace poco se emitió un reportaje en televisión, <a href="https://www.ccma.cat/tv3/alacarta/sense-ficcio/la-clausula-balcells/video/5657290/" target="_blank"><em>La cláusula Balcells</em></a>, con guion del periodista <strong>Xavi Ayen</strong>. Me llamaron para intervenir. Vinieron a casa, les eché de beber, me movieron los muebles. Dije algunas de las cosas que cuento en las memorias. Muy bien. Pasan las semanas, se emite el programa y ni rastro. Le puse una tarjeta a Ayén felicitándole. Se sintió obligado a llamarme para disculparse. «No nos cupo».</p>
<p><strong><em>Tú debiste de cerrar muchos tratos con ella.</em><br />
</strong>Algunas veces sí. Y otras no. Por ejemplo, <strong>el Planeta de Cela</strong>. Fui a ver a Camilo a Guadalajara y se lo propuse. Cuando volví a Barcelona me llamó la Balcells. “Qué contenta estoy de que hayas tenido esta idea”. En realidad la podías haber tenido tú, que para eso cobras la comisión a don Camilo. Y a continuación me dice, “no se lo cuentes a Lara, pero es que Cela en estos momentos no vende”. Pues con todo, la Balcells <strong>fue directamente a ver a Lara padre y le sacó el doble de anticipo</strong>; si el premio eran 100 millones le sacó 200. Lara padre tenía entonces un poco síndrome del rey Lear. Veía que se le mermaba el poder y de repente hacía machadas como esta, y si la Balcells le pedía que doblase, doblaba. Con lo cual perdieron hasta la camisa. Dos años antes, en 1992, pocas horas antes de que se fallara el Planeta para <strong>Sánchez Dragó</strong> por <em>La prueba del laberinto</em>, el premio estuvo a punto de irse al traste. <strong>A la mujer de Lara le parecía que Fernando era <em>poco católico</em></strong>. La víspera fue un via crucis, con Sánchez Dragó ya en Barcelona desesperado en el hotel y <strong>Antonio Prieto</strong> (miembro del jurado) y yo intentando resolver la situación. Al final le dijimos, sales seguro. Te lo confirmará Fernando Lara. Llamamos a Fernando Lara y le dijo a Sánchez Dragó, textualmente: <strong>“No te preocupes, Fernando, tú ganas y esto no volverá a pasar porque dentro de poco inhabilitaré a mi padre”</strong>.</p>
<figure id="attachment_8827" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8827" src="/wp-content/uploads/2019/10/Salisasch-e1572456275615.jpg" alt="En la cena del Premio Planeta 1975 con la ganadora, Mercedes Salisachs, por &quot;La gangrena&quot;. / Archivo Rafael Borràs" width="1500" height="1104" /><figcaption class="wp-caption-text">En la cena del Premio Planeta 1975 con la ganadora, Mercedes Salisachs, por «La gangrena». / Archivo Rafael Borràs</figcaption></figure>
<p>Borràs, gesto imperturbable, es hombre de pocas palabras. Quizá es el mecanismo de defensa desarrollado por quien durante seis décadas de desempeño profesional ha pagado caro decir una palabra o hacer un gesto de más ante colegas sin escrúpulos, compañeros arribistas, jefes dictatoriales y autores oportunistas. Consigue incluso inhibir el ya de por sí débil celo interrogador de su interlocutor, que felizmente anestesiado por el afecto de Rafael e Isabel termina hablando de sí mismo y se va por donde ha venido con muchas preguntas sin formular y otras tantas respondidas a medias. Afortunadamente hay 2.000 páginas de memorias, además de libros como <em>La subasta</em>, para responderlas. Hablan los libros.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/07/leer294-rafael-borras-el-ultimo-editor/" target="_blank">número 294</a>.</p>
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		<title>Manuel Vázquez Montalbán: «Soy un mestizo de lo popular y de lo culto»</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 12:16:36 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="EstiloBORJA">En la habitación donde estamos veo un collage «estilo cochambre» del propio Luis, colgado en la pared (el colgado es el cuadro, no Luis, sentado con las piernas en postura de asana de yoga, fruto de sus años japoneses)… El joven matrimonio me agradece la amistosa reseña que publiqué tiempo atrás de <strong><i>Una educación sentimental</i></strong>, primer libro poético de Manolo, editado por <strong>José Batlló</strong> en El Bardo. El libro me había llegado, vía <strong>César Alonso de los Ríos</strong>, con esta dedicatoria: «A Víctor Márquez, desconocido amigo. Manolo. 10-IX-67».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">De Vázquez yo había leído antes otra obra: <strong><i>Informe sobre la información</i></strong>, editorial Fontanella, 1963, con prólogo de <strong>Antonio Jutglar</strong>.</span></p>
<p class="EstiloBORJA">La solapa editorial decía así: «Nació en Barcelona en donde ha residido casi siempre a excepción de un año pasado en Madrid y otro en Lérida. Graduado en Periodismo en 1960 por la Escuela Oficial de Periodismo, ejerció inmediatamente la profesión en diversos periódicos y revistas de Barcelona y Madrid, con carácter cotidiano en alguno de ellos hasta mayo de 1962. Actualmente reside en Barcelona donde realiza estudios de quinto curso de Filosofía y Letras y se dedica profesionalmente a trabajos editoriales. En el curso universitario 1959–60 fue Jefe Nacional de Propaganda del S.U.T. (Servicio Universitario del Trabajo). Es autor de obra narrativa y poética inédita y prepara un libro de ensayo sobre la poesía Cívica Española Actual».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">Todo es verdad. Si detallamos más, habrá que decir que la residencia en Lérida fue pagada por el mayúsculo Régimen llamado anterior, tras haber sido hospedado en la Modelo de Barcelona. Compartió cárcel con <strong>Salvador Clotas</strong>, futuro político socialista («Salvador tenía muy buen criterio literario. Yo escribía como un poseso, y luego él leía lo escrito y opinaba: fue mi crítico de cámara, un lujo digno de Luis II de Baviera».</span></p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">No me irás a decir que la cárcel fue tan divertida como un Erasmus.<br />
</span></i></b>Claro que no. Pero, años después, un pijo de Barcelona pasó algún tiempo preso por líos fiscales, y al salir dijo que había sido una experiencia «fantástica»… Pues no, pero sí te diré que casi aprendí allí más que en la Universidad. Eran dieciocho horas al día hablando de política, de literatura, de historia, de economía… Además de Salvador y yo estaban otros dos estudiantes, uno de Físicas y otro de Económicas… En la cárcel de Lérida escribí <i>Informe sobre la información</i>, que salió sin mi segundo apellido, para despistar; y también Jutglar, en el prólogo, añadía tras su nombre «del Instituto Católico de Estudios Sociales». Además, iba dedicado a una Godó… La experiencia carcelaria no fue tan fantástica como la del pijo defraudador, pero sí fue muy importante y muy instructiva.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y deja huellas en lo escrito por ti…<br />
</span></i></b>He escrito tanto que no se notará mucho (no es que uno sea Silvio Pellico, el de <i>Mis prisiones</i>, aunque estuve casi dos años). También escribí allí muchos poemas, yo soy un poeta, y esa presencia está en alguno. Como la de Ulises, aquel anarquista que había andado con Durruti por el Bajo Aragón. O en <a href="http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/movimientos-sin-exito/" target="_blank"><i>Movimientos sin éxito</i></a>, con un poema dedicado a Ángel Abad («Tal vez admitas que te ponen triste / cerrojos y ordenanzas, las dianas / de mañana levántate y el toque / leve del silencio al anochecer»).</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Para Abad fue también aquel artículo de fines de 1969 en ‘Triunfo’, que por obvios motivos salió sin su nombre.<br />
</span></i></b>Ángel estaba en la cárcel, y el trabajo se tituló «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=395&amp;imagen=27&amp;fecha=1969-12-27" target="_blank">1969. De la excepción a la amnistía</a>», porque el año empezó con la muerte de Enrique Ruano y el Estado de Excepción, aunque no remató en la amnistía… Aquel verano, César y tú conseguisteis meterme en la revista con la serie «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=380&amp;imagen=30&amp;fecha=1969-09-13" target="_blank">Crónica sentimental de España</a>».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hubo suerte.<br />
</span></i></b>Lo que hubo fue debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, algún obstáculo interno hubo que superar. Se dijo que la serie no valía por motivos de edad («José Ángel, ¿qué va a saber este chico que nunca estuvo en Riscal?»). En realidad los motivos eran territoriales, de ocupación de páginas. Tú eras un competidor; y ya lo habías sido antes, desde fuera, en ‘Siglo 20’, aquel estupendo semanario, con tus crónicas de política internacional. Pero José Ángel (Ezcurra, director y dueño de ‘Triunfo’) entendió nuestros argumentos y se dio cuenta de que tú valías mucho, aunque tuvieras pocos años y no hubieras comido paella en Riscal, aquella famosa terraza del ‘Madrid la nuit’.<br />
</span></i></b>El caso es que yo me sentía viejo, quizá por la persistencia de la memoria. Eso me llevaba a ser dueño de un pasado, que más que haberlo vivido conocía de oídas… Nunca mejor dicho, pues al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa… Los libros llegaron después, y fueron para mí como incorporar otra existencia más. Claro, llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad (como cantaba aquella copla). Tenía dentro de mí la memoria de mi madre y su paisaje de patios interiores de aquella calle Botella, y la de mi padre, que me conoció al salir de la cárcel, cuando yo con mis tres años jugaba en la escalera y no sabíamos ni él ni yo quién era el otro.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa y que llegarían después, incorporando otra existencia»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Y cómo conviven entre sí esas experiencias sumadas?<br />
</span></i></b>Con el mestizaje. En mí la cultura popular, tan presente en lo que escribo, no es una impostura, un añadido. Es algo natural, vivido. Soy un mestizo de lo popular y de lo culto. Contemporáneo de John Lennon, yo tenía a Conchita Piquer en mis raíces como una impronta de esa subcultura que a mis gentes le había sido tan necesaria. Como a otros haberse formado con Garcilaso o Shakespeare… Algo así le ocurría a Juan Marsé. O ahora a tu amigo Javier Pérez Andújar, que no necesita inventarse nada para escribir <i>Paseos con mi madre</i>.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">También eso se nota en tus poemas.<br />
</span></i></b>Mi poesía es inexplicable si no se tiene en cuenta el mestizaje cultural que asumo. De la cultura popular (llamada subcultura) y la cultura académica (la convencional, la <i>culta</i>), la que aprendí en los libros. Yo soy más de uno.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y eres muchos más con tus infinitos seudónimos, ¿o son heterónimos?<br />
</span></i></b>Que lo digan los preceptistas… No suele haber unidad en la persona. Uno es siempre muchos. Y están también las vidas posibles que no tuve y que pude haber tenido. A lo mejor están en esos como heterónimos (ninguno como los de Pessoa o los machadianos Juan de Mairena y Abel Martín), donde además hay algo mío vivo, porque la literatura se construye con materiales de derribo y no poco reciclaje, si es de verdad.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Materiales de derribo?<br />
</span></i></b>Al salir de la cárcel no encontraba trabajo. Cuando lo tuve fue en la revista <i>Hogares Modernos</i>. Allí usé por primera vez un seudónimo: Jack el decorador… Y algunas cosas publicadas en esa revista han pasado luego a poemas de <i>Una educación sentimental </i>o al <i>Manifiesto Subnormal</i>… No sé cómo los entenderían los lectores de una revista de decoración, pero yo sí que los sentía muy bien, porque estaban escritos para mí mismo: eran como el mensaje en la botella lanzado por el náufrago… Después surgió <i>Siglo 20 </i>y fui rescatado, pero el Ministerio del ramo (y de la estaca) liquidó la revista antes de aprobarse la Ley de Prensa. Por fortuna, nuestro <i>Triunfo </i>pudo seguir, y ahí estuvimos. En mi vida, como confesé en el póstumo programa de Epílogo, <i>Triunfo </i>está por encima de todo.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hombre, de tu familia no.<br />
</span></i></b>¡Claro! Quería decir en la escritura. Nuestro común amigo Rafael Borràs –al que tanto queremos y tanto le debemos– publicó en LEER (noviembre de 2013) una página titulada «Manolo», y cuenta esto que copiarás: «El peor arroz que mi mujer y yo hemos comido en nuestra vida –peor aún que los que sirven en Valencia, que ya es decir– lo tomamos en su casa del Empordà, un fin de semana. Manolo cocinaba, y nosotros dos asistíamos a la ceremonia, en la que él se ofrecía como espectáculo. Pero su mujer, Anna Sallés, y su hijo, Dani, un crío aún, habían salido en barco a navegar, y no volvían. Desde la cocina, donde se avistaba el mar, a Manolo, nervioso por la tardanza, se le pasó el arroz. Pero tanto Isabel como yo celebramos que por encima de sus pretendidas dotes para la gastronomía hubiese imperado su condición de esposo y padre, intranquilo por los suyos. Hoy más que nunca echamos en falta el optimismo de su voluntad, atenuado por el pesimismo de su inteligencia»… También en esa página dice Rafael que el seudónimo que mejor me cuadraba era el de Manolo V el Empecinado. Por mi capacidad de resistencia. Eso que ahora llaman resiliencia, creo. Es doctrina de nuestro querido doctor Negrín: «Resistir es vencer». Cela lo hizo suyo con «Aquí el que resiste, gana».</p>
<figure id="attachment_8692" style="width: 1200px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8692" src="/wp-content/uploads/2019/04/VazquezMontalban-e1555930490124.jpg" alt="Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER. " width="1200" height="1620" /><figcaption class="wp-caption-text">Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER.</figcaption></figure>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Como don Juan Negrín amplió estudios en Alemania, lo tomaría de Nietzsche de ‘El crepúsculo de los ídolos’: «Lo que no me mata me hace más fuerte».<br />
</span></i></b>Lo hago mío.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Yo no lo aprendí de Nietzsche. En mi pueblo huelvano de Castillejos se decía en aquellos años del hambre: «Lo que no mata, engorda». Y puedo asegurarte que allí, entonces, no éramos habituales lectores de Nietzsche… Y ¿qué más escribe Borràs?<br />
</span></i></b>Esto: «Manolo, pese a los muchos palos recibidos y a la dureza de las condiciones con que tuvo que enfrentarse para no quedar anegado en el lumpen, no guardó ningún resentimiento, que a veces puede esterilizar los mejores esfuerzos: era no sólo un hombre bueno sino bondadoso…».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Eso es muy verdad, y soy testigo de mayor cuantía. Miraste para otro lado ante faenas, y sé de lo mucho que ayudaste a otros, y de tu generosidad, como cuando perdonaste los atrasos de ‘La Calle’, el semanario comunista, al ganar el Planeta. Y recuerdo tus llamadas insistentes para que publicara cosas de gente recomendadas por ti. O como cuando, en 1971, hablaste con Rosa Regàs para que sacara en Edhasa ‘El infierno y la brisa’, aquella novela de José María Vaz de Soto. O cuando recomendaste muy secretamente a Manuel Campo Vidal para que cubriera la corresponsalía en Barcelona, tras irte tú con César a ‘La Calle’.<br />
</span></i></b>Otro debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Resuelto muy bien. Ezcurra entendió mi argumento a favor del segundo Manolo, Campo Vidal, cuando dije del primer Manolo, o sea, tú: «Se le puede suceder, pero no se le puede sustituir». Y así era: ¿cómo igualar La Capilla Sixtina?… A propósito: ¿cómo surgió?<br />
</span></i></b>Más o menos remotamente me inspiré en aquella columna de Art Buchwald.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Esa sección la publicaba ‘The Washington Post’ y una agencia la distribuía en España. Ya traducida, pero en un lenguaje extraño, que yo llamaba caribeño. Así que en ‘Triunfo’ había que reescribirla. Solía hacerlo Jesús García de Dueñas, y cuando yo entré de novato en 1965 me la encasquetaron a mí. ¿Cómo nacían tus seudónimos?<br />
</span></i></b>En muchos casos por una primera exigencia editorial de no repetir la firma, que es algo feo. O sea, que te sirven. Pero, luego, en no pocos casos, los seudónimos, además de servirte, también te mandan. Sobre todo los que como Sixto Cámara pronto adquieren una personalidad propia. Lo cual, a su vez, me llevó a la necesidad de crear a Encarna. Digamos la vieja izquierda de don Sixto, como un progresista decimonónico, y la izquierda naciente, menos racional y más vital, más suelta… Eso me vino muy bien. Yo mismo podía ser de una forma y de otra… En fin, como dijo Salvador Pániker del detective Carvalho, que con él me había ahorrado psicoanalizarme.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Fue así?<br />
</span></i></b>Pues no lo sé. Pero si de niño has tenido que comer lentejas con bicho, supongo que de mayor no necesitarás psicoanalizarte. Además, en lo que dura eso me escribía un Carvalho.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad. Llevaba dentro de mí la memoria de mis padres»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿No escribiste demasiado?<br />
</span></i></b>El amigo Gregorio Morán, que me quería tanto y me veía como a un hermano mayor, escribió en una sabatina póstuma que alguno de mis últimos libros eran demasiado esclavos de las prisas editoriales… Y a ti te dije una vez que también Balzac –con perdón– era esclavo de esos compromisos y producía a golpes de café. No sé… Sí sé que tenía que escribir, y no sólo por el dinero, aunque éste pudo ser una forma de venganza sobre la historia.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">En la medida en que el nomenclátor callejero sea también una especie de desquite histórico, quiero que sepas que en la actual Comunidad de Madrid tienes dos calles, una en el mismo Madrid y otra en Rivas. Y sin dejar el centro peninsular otra en Illescas, Toledo. Además, de nuevo en la capital, hay una bien nutrida biblioteca pública que lleva tu nombre… Por cierto, lo puso un alcalde de derechas, que rebautizó otra como Saramago y antes, en jerarquía presidencial, una como Rafael Alberti. La izquierda suele ser más sectaria.<br />
</span></i></b>A veces no le queda otra cosa.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, tú de dinero no saliste mal (tu trabajo te costó, claro).<br />
</span></i></b>Sí, con esto del mestizaje me veo como el cruce de un proletario de los años 40 y un pequeño burgués consumista de los 70.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Por algo inventaste aquello de la «holandesa catalana».<br />
</span></i></b>Eso no lo recuerdo…</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Sí, hombre, como en la revista pagaban por folio, tú los escribías con unos márgenes tan anchos que aquello parecía verso en vez de prosa. El gerente –nuestro estupendo Aramburu– llamó la atención y tú respondiste: «Es que así es la holandesa catalana»… Y por eso de nuestro filocatalanismo se acabó la discusión.<br />
</span></i></b>Ahora sí que caigo… Defender el dinero de nuestro trabajo es defender la dignidad de nuestro trabajo y del trabajo de todos. Acuérdate de aquello de Quiñones.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">El que no recuerda ahora soy yo… ¿Qué Quiñones? ¿Aquel dirigente del partido que tan mal acabó?<br />
</span></i></b>No, él no (aparte de que acabar mal siendo dirigente comunista es como una redundancia histórica), sino nuestro amigo Fernando Quiñones, el escritor gaditano. Fue cuando quedó finalista por segunda vez en el Planeta con <i>La canción del pirata</i>… Después del fallo, aquella noche, os llevé a ti y a él a tomar una copa fuera de los habituales jaleos del Hotel Princesa Sofía… Quiñones estaba tan feliz que yo le dije: «Fernando, como Lara te vea tan contento con quedarte finalista no vas a ganar nunca el premio».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Es verdad, es verdad… Es que Fernando aquel año andaba «tieso», como él decía. Se había pasado un tiempo en los archivos gaditanos para documentarse… Y sí, nunca ganó el Planeta. Una pena, con lo bien que escribía. En su primera novela finalista, ‘Las mil noches de Hortensia Romero’, la prostituta legionaria, Fernando logra la hazaña de que el andaluz prosódico pasado a ortográfico suene bien y no resulte estomagante como sucede siempre… Esa primera vez fue en 1979, cuando ganaste tú el premio con ‘Los mares del Sur’, donde Carvalho investiga el asesinato del millonario Stuart Pedrell. Una novela triste en el fondo.<br />
</span></i></b>Como la vida misma, que dicen los sabios. Aunque nos atraiga tanto. Ahí están los versos de Jaime Gil de Biedma, que alguna vez te recordé: «…Pero también / la vida nos sujeta porque precisamente / no es como la esperábamos».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y, para terminar, ¿qué cabe esperar de esta vida española tan liada, tan liosa, tan liante?<br />
</span></i></b>Pues que con el tiempo no habrá supremacismos, porque todos seremos mestizos. Y también mestizos de sangre, no sólo culturales. Ni siquiera los alienígenas lo serán, porque ya se habrán mezclado con nosotros.</p>
<p class="EstiloBORJA" style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, invierno 2019</p>
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		<title>Algunos buenos libros (vi)</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Mar 2019 16:42:44 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El pasado miércoles, en la librería Nakama de Madrid, Juan Soto Ivars presentó Ola de frío (Tres hermanas), la última novela de Diego Pita. Hace unos años, Juan trabajó en El Bandido Doblemente Armado, la pionera librería bar que Diego había montado con su madre, Soledad Puértolas, en la también madrileña calle Apodaca. Asistió, de hecho, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado miércoles, en la librería <a href="https://www.facebook.com/nakamalib/" target="_blank">Nakama</a> de Madrid, <strong>Juan Soto Ivars</strong> presentó <a href="https://treshermanas.bigcartel.com/product/ola-de-frio" target="_blank"><em>Ola de frío</em></a> (Tres hermanas), la última novela de <strong>Diego Pita</strong>. Hace unos años, Juan trabajó en <a href="https://elpais.com/diario/2002/05/17/madrid/1021634682_850215.html" target="_blank">El Bandido Doblemente Armado</a>, la pionera librería bar que Diego había montado con su madre, <strong>Soledad Puértolas</strong>, en la también madrileña calle Apodaca. Asistió, de hecho, como empleado al cierre de la librería hace ahora siete años, y el miércoles reconoció que había distraído algunos ejemplares en ese trance final, lo cual mereció la exclamación de Puértolas, sentada entre el público. Y fue la más venial de las confesiones de Soto. Se habló mucho de El Bandido y de los recuerdos compartidos en aquel lugar, porque<strong> la presentación fue también reencuentro</strong>, pero de lo que se trataba sobre todo era de hablar de esta breve pero densa novela que narra <strong>el descenso a los abismos de la adicción en un Madrid reconocible</strong> de su protagonista, un Javier Lacalle, librero circunstancial en trance de rehabilitación. En su ansia de diluirse queda reflejada la actitud propia de una generación, la de Pita, anestesiada por el bienestar y sorprendida por la crisis, por las crisis por venir. Un poeta en potencia apagado por la adicción que solo se libera en sus sueños, dando en el orden de lo onírico la medida de lo que podría haber sido. Según Soto, la descripción de lo que es una fiesta de cocaína contenida en <em>Ola de frío</em> es de lo mejor y más preciso que ha leído al respecto en ese subgénero adictivo que es la literatura de la adicción. <strong>La fiesta de la cocaína, o perseguir algo que no se alcanza nunca</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://treshermanas.bigcartel.com/product/ola-de-frio"><img class="alignnone wp-image-8525 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/03/9788494843570_L34_04-e1551446820343.jpg" alt="9788494843570_L34_04" width="300" height="460" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>OLA DE FRÍO</strong></em><br />
<strong>Diego Pita</strong><br />
<a href="https://treshermanas.bigcartel.com/product/ola-de-frio" target="_blank">Tres hermanas</a></p>
<p> </p>
<p>En la vasta obra de <strong>G. K. Chesterton</strong>, su colaboración semanal para el semanario gráfico <a href="https://www.britishnewspaperarchive.co.uk/titles/illustrated-london-news" target="_blank"><em>The Illustrated London News</em></a> a lo largo de más de 30 años, entre 1905 y 1936, fue su compromiso periodístico más duradero. Con los <a href="https://www.edicionesencuentro.com/libro/el-fin-de-una-epoca/" target="_blank">artículos correspondientes a 1905 y 1906</a>, inéditos hasta la fecha en castellano, Ediciones Encuentro comienza el proyecto de publicación de su obra completa periodística. Una iniciativa del <strong>Club Chesterton</strong> de la <strong>Universidad CEU San Pablo</strong> que pretende desarrollarse a volumen por año. Dicen en la introducción sus editores, <strong>Pablo Gutiérrez</strong> y <strong>María Isabel Abradelo</strong>, que en los artículos de Chesterton, verdaderos ensayos, pequeñas piezas ejemplares de su estilo y filosofía, «encontramos los temas centrales que constituyen la peculiar visión del mundo» y «la evolución de muchos de los conceptos que fraguarían en algunas de sus obras cumbre como <a href="http://www.acantilado.es/catalogo/ortodoxia/" target="_blank"><em>Ortodoxia</em></a> o <a href="https://www.edicionescristiandad.es/product/el-hombre-eterno/" target="_blank"><em>El hombre eterno</em></a>». Se nos antoja una forma excelente para el lector curioso de introducirse en el universo chestertoniano. Un libro delicioso donde el autor destila, a partir de la observación de la actualidad, su talento para la reflexión a base de humor e inteligencia. Repleto de píldoras que anuncian el desarrollo espiritual del siglo XX –<strong>«Si no queremos tener religión, nos vemos abocados a la necesidad más molesta de tener religiones»</strong>– o anticipan cosas más ligeras, como el escepticismo hacia el turismo –«Hay una razón muy clara y lógica de por qué no hay necesidad de visitar los lugares interesantes en el extranjero y es, sencillamente, que en toda Europa los lugares interesantes son exactamente iguales»– o el lenguaje inclusivo –«Siempre me ha llamado la atención el hecho de que al colectivo de la raza humana se le asigne el término “Hombre”. Se acercaría más a la verdad si se denominara “Mujer”»– por razones que merece la pena buscar en el libro. <strong>O el papel del provocador en tiempos de uniformización</strong>; así, a cuenta de una de las polémicas públicas de <strong>Bernard Shaw</strong>: «En un mundo tan lleno de secretos y corrupción, suelo ponerme del lado de quien comienza una pelea; verdaderamente, comenzar una pelea es el preludio esencial para hacer cualquier cosa».</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.edicionesencuentro.com/libro/el-fin-de-una-epoca/"><img class="alignnone size-full wp-image-8526" src="/wp-content/uploads/2019/03/9788490559529-2-e1551446916158.jpg" alt="9788490559529-2" width="300" height="460" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>EL FIN DE UNA ÉPOCA</strong></em><br />
<strong>G. K. Chesterton</strong><br />
<a href="https://www.edicionesencuentro.com/libro/el-fin-de-una-epoca/" target="_blank">Ediciones Encuentro</a></p>
<p> </p>
<p>Vivimos en un mundo conformado por la literatura. Es la intuición inicial que da pie a <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-poder-de-las-historias/273093" target="_blank"><em>El poder de las historias</em></a>, un viaje físico e intelectual en busca de los relatos que han ahormado la experiencia humana y las civilizaciones en que se ha desenvuelto. <a href="http://www.martinpuchner.com" target="_blank"><strong>Martin Puchner</strong></a>, catedrático de Literatura y Teatro en la Universidad de Harvard, defiende que cuando las historias orales se cruzaron con la escritura, los textos se convirtieron en los verdaderos «códigos fuente» de las culturas. Fueran desarrolladas por escribas celosos de su monopolio, maestros carismáticos que desafiaron la autoridad sacerdotal, los primeros autores individuales inspirados en los viejos textos o la masa alfabetizada que escribe y publica en medios impresos de acceso universal, han sido <em>Gilgamesh</em>, <em>La Ilíada</em>, la Biblia, <em>Las mil y una noches</em>, <em>La novela de Genji</em>, el <em>Quijote</em> o <em>El manifiesto comunista</em> los mimbres de un mundo «en el que las religiones se basan en libros y las narraciones se fundamentan en textos, un mundo en el que conversamos habitualmente con voces procedentes del pasado e imaginamos que podemos dirigirnos a los lectores del futuro». Contra el pesimismo a que invita el dominio del lenguaje binario y visual del mundo digital, Puchner <strong>reivindica la vigencia de las historias que han vertebrado la Historia</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-poder-de-las-historias/273093"><img class="alignnone size-full wp-image-8527" src="/wp-content/uploads/2019/03/portada_el-poder-de-las-historias_martin-puchner_201902111021-e1551446971907.jpg" alt="portada_el-poder-de-las-historias_martin-puchner_201902111021" width="300" height="444" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>EL PODER DE LAS HISTORIAS</strong></em><br />
<strong>Martin Puchner</strong><br />
<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-poder-de-las-historias/273093" target="_blank">Crítica</a></p>
<p> </p>
<p>Acaba de llegar. <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-noche-fenomenal/9788433998712/NH_622" target="_blank"><em>La noche fenomenal</em></a>, de <strong>Javier Pérez Andújar</strong>, uno de los autores predilectos de la casa. Las primeras páginas ya nos sumergen en una Barcelona en extinción, entre la realidad y la ficción, poblada de bares y librerías reales y de personajes que existieron o no. Nos acordamos de <strong>Casavella</strong>, en parte porque Anagrama reeditó hace poco <em><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/el-secreto-de-las-fiestas/9788433998583/NH_609" target="_blank">El secreto de las fiestas</a> </em>y sus capítulos arrancan con un versículo, como hace aquí Pérez Andújar con mucha gracia y en verso. Y estamos deseando sumergirnos en la lectura de este libro sobre un grupo de inadaptados aficionados a las ciencias ocultas, colaboradores de un programa de televisión sobre el asunto, bestiario insólito tras cuyos pasos queremos ir desde el primer momento. Nueva aportación al peculiar realismo mágico de Barcelona que ya cultivaron <strong>Casavella</strong> y <strong>Mendoza</strong> y <strong>Pujol</strong> (<strong>Carlos</strong>) y otros muchos, y que tan bien funciona siempre, sea <a href="/2019/02/algunos-buenos-libros-iii/" target="_blank">trayendo a Holmes</a> a resolver un misterio en Sant Gervasi o haciendo adoptar a <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-sin-noticias-de-gurb/12657" target="_blank">un extraterrestre</a> perdido en la Ciudad Condal la apariencia de <strong>Marta Sánchez</strong> o el <strong>conde duque de Olivares</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-noche-fenomenal/9788433998712/NH_622"><img class="alignnone size-full wp-image-8528" src="/wp-content/uploads/2019/03/726172a1eda0f1d6487fdf964cd04eae76526f18-e1551447029908.jpg" alt="726172a1eda0f1d6487fdf964cd04eae76526f18" width="300" height="512" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>LA NOCHE FENOMENAL</strong></em><br />
<strong>Javier Pérez Andújar</strong><br />
<a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-noche-fenomenal/9788433998712/NH_622" target="_blank">Anagrama</a></p>
<p> </p>
<p>He aquí una novela hermosa desde su título, <em>Two on a tower</em>, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4594921&amp;id_col=100500&amp;id_subcol=100501" target="_blank"><em>Dos en una torre</em></a>, inédita en castellano hasta ahora, que la brinda Alianza con traducción de <a href="https://www.alianzaeditorial.es/autores.php?id=100007698&amp;tipo=traductor/a" target="_blank"><strong>Miguel Ángel Pérez Pérez</strong></a>. Con el cometa de 1881 como trasfondo astronómico, <strong>Thomas Hardy</strong> trabó esta historia de amor en la que la mujer, una vez más en su obra, desafía las estrechas convenciones victorianas. «Este romance de liviana composición resultó del deseo de <strong>contrastar la historia emocional de dos vidas infinitésimas con el formidable trasfondo del universo estelar</strong>, y de transmitir a los lectores el sentir de que, entre tan distintas magnitudes, la más pequeña pudiera ser la que como personas les resultase más grande», escribe el propio Hardy en el prefacio. El hastío lleva a una dama a punto de cumplir la treintena a fijarse por primera vez en una torre aislada sobre una colina arbolada que pertenece a la heredad de su marido en el suroeste de Inglaterra. Allí encuentra a un joven astrónomo que no ha cumplido los 20. Es el comienzo de un amor sometido a los inconvenientes de la diferencia de edad y de clase, y a la condición de casada de la dama. Una historia clásica contada de manera distinta a la luz del talento de Hardy de de las nebulosas del cosmos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4594921&amp;id_col=100500&amp;id_subcol=100501"><img class="aligncenter size-full wp-image-8529" src="/wp-content/uploads/2019/03/978849181356-e1551447108761.jpg" alt="978849181356" width="300" height="462" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>DOS EN UNA TORRE</strong></em><br />
<em>Thomas Hardy</em><br />
<a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=4594921&amp;id_col=100500&amp;id_subcol=100501" target="_blank">Alianza</a></p>
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		<title>#leer292: Vázquez Montalbán, lo popular y lo culto</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 17:51:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Vuelve Manuel Vázquez Montalbán. Con la reedición de Galindez y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo el mismo 14 de junio de 1939 que Ramón Serrano Suñer se paseaba en coche descubierto por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelve <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>. Con la reedición de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/galindez/9788433998668/NH_615" target="_blank"><em>Galindez</em></a> y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo <a href="/wp-content/uploads/2019/02/LVG19390615-001.pdf" target="_blank">el mismo 14 de junio de 1939</a> que <strong>Ramón Serrano Suñer</strong> se paseaba en coche descubierto por Barcelona, en una suerte de definitiva toma de posesión de la ciudad indómita después de la entrada de las tropas de <strong>Yagüe</strong> el 26 de enero. El régimen mantenía entonces en prisión a <strong>Evaristo Vázquez</strong>, militante del PSUC y padre de la criatura, a la espera de ser juzgado en consejo de guerra. <strong>La coincidencia cronológica parecía anticipar las férreas convicciones del escritor</strong> barcelonés y su compromiso con la memoria del progenitor.</p>
<p>Novedades y efemérides nos hacen volver a buscar a Vázquez Montalbán. <strong>Jordi Corominas</strong> lo hace a través de Barcelona, y le esclarece más allá de las novelas policíacas que para muchos son la lucrativa anécdota en una obra rica y abundante, que se desparrama en la poesía, en la crónica sentimental y el ensayo. «Una suerte de <strong>Camus</strong> o <strong>Pasolini</strong>» español «por ir a la contra en cualquier tesitura». <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> le conoció bien. Le editó mucho en <a href="http://www.triunfodigital.com/resbcombinada.php?autor=V%E1zquez%20Montalb%E1n,%20Manuel,%201939-2003&amp;inicio=0&amp;paso=10&amp;orden=Titulo" target="_blank"><em>Triunfo</em></a>, y sobre recuerdos y lecturas construye su icónica y Auténtica Entrevista Falsa. La habitual ilustración a cargo de <strong>David Pintor</strong> salta en esta ocasión a la portada: el brillante retrato del escritor, sol y sombra, en una calle del Raval lo merecía. Para rematar, <strong>Carlos Zanón</strong> explica cómo ha sido ponerse en la piel de MVM para escribir la nueva entrega de Carvalho,<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-carvalho-problemas-de-identidad/283950" target="_blank"><em> Problemas de identidad</em></a>. Y por último, pese a la relativa omisión que en las novelas del ciclo padece el boyante circo musical que poblaba la Barcelona de la época, <strong>Marcos Gendre</strong> ensaya una banda sonora de la ciudad mestiza.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8451" src="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada-e1550070186741.jpg" alt="LEER_292_portada" width="400" height="543" /></a></p>
<p>Se pregunta Jordi Corominas en su artículo «<strong>qué diría Manolo</strong>». Nos gustaría saberlo; de muchas cosas. <strong>Qué diría de la República nonata, de la novela negra realmente existente, del Carvalho de Zanón</strong>, claro. <strong>Y de los avatares del cadáver del caudillo a quien <em>autobiografió</em></strong>. Sobre Franco ha escrito <strong>Enrique Moradiellos</strong> una síntesis excelente editada por <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">Turner</a>, proyectada para el lector anglosajón pero que también resulta apta para el español, porque el dictador y su legado resultan hoy igual de ajenos para uno que para otro. En vísperas del penúltimo acto del sainete de su exhumación, Moradiellos ofrece un puñado de valiosas lecciones de historia en su conversación con el director de LEER. Sobre la naturaleza de la dictadura –<strong>«El franquismo no fue un fascismo»</strong>–, la memoria histórica –«Pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina a un mero adjetivo, <em>histórica</em>, de un sustantivo, <em>memoria</em>»– y la crisis secesionista –«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»–.</p>
<p><strong>A principios del XVIII <em>gótico</em> era sinónimo de bárbaro y grosero.</strong> Pero con el tiempo la reputación del término mejoró, y lo que empezó como reverso lúdico, estético, del ideal ilustrado encontrará en el romanticismo un contexto más propicio, para más adelante proyectarse vigoroso en la sensibilidad contemporánea. Del fundador de la novela gótica, <strong>Horace Walpole</strong>, a su sublimador al otro lado del Atlántico, <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Álvaro Cortina</strong> realiza un estimulante recorrido por el género, completado de la mano de <strong>William Beckford</strong>, <strong>E. T. A. Hoffmann</strong> y <strong>Mary Shelley</strong>, que llega hasta nuestros días a través de una fuerte impronta en la cultura popular. Y también en las ficciones masivas que apelan a la nostalgia y la seguridad de las ambientaciones de época. Gótica y victoriana, la superventas <strong>Kate Morton</strong> ha despachado una última novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-hija-del-relojero/MES-088332" target="_blank"><em>La hija del relojero</em></a>, repleta de referencias al universo romántico de raiz gótica. <strong>Sara Puerto</strong> ha conversado con Morton, y <strong>Ada del Moral</strong> pone el contrapunto sometiendo a crítica los pastiches de nuevo cuño. Y de nuevo Cortina rescata la figura de un epígono de la tradición gótica, <strong>Arthur Machen</strong>, padre del cuento de terror contemporáneo, de actualidad gracias a dos ediciones recientes, a cargo de <strong>Reino de Redonda</strong> y <a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=875&amp;osCsid=" target="_blank"><strong>Valdemar</strong></a>, de algunos de sus mejores relatos.</p>
<figure id="attachment_8463" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8463" src="/wp-content/uploads/2019/02/B_caidacasausher60010-e1550079405413.jpg" alt="La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica 'House of Usher' (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman." width="1500" height="1180" /><figcaption class="wp-caption-text">La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica “House of Usher” (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman.</figcaption></figure>
<p><strong>Gabriel Albiac</strong> ha presentado su edición de los <a href="https://www.tecnos.es/ficha.php?id=3918850" target="_blank"><em>Pensamientos</em></a> completos de <strong>Blaise Pascal</strong>, una monumental obra que indaga en las raíces del legado filosófico del pensador y matemático para deshacer un malentendido histórico: que no estamos propiamente ante un libro, sino ante un conjunto de anotaciones que Pascal utilizaba como fichas de trabajo y que por tanto carecen de una estructura preestablecida. <strong>Fernando Palmero analiza la relevancia del legado filosófico del autor francés.</strong> La clave de los <em>Pensamientos</em> lo es también de los dilemas del Barroco.</p>
<p>Fruto de su dilatada trayectoria profesional y de su pasión por los viajes, el periodista de <em>El País</em> <strong>Guillermo Altares</strong> ha publicado recientemente <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-una-leccion-olvidada/274823" target="_blank"><em>Una lección olvidada</em></a>, un libro que comienza hace 45.000 años, recorre cientos de ciudades y se detiene en <strong>veinte momentos cruciales de la historia europea</strong>, con el propósito de ayudar a «construir una identidad colectiva», porque «el pasado de este continente se podría dibujar como una inmensa tela de araña que une decenas de miles de pequeños hilos para crear una estructura con sentido». Fernando Palmero ha conversado con él sobre la historia de Europa –«La paz es uno de los pocos valores absolutos y buenos, y para todos los europeos que no hemos conocido la guerra es algo que no tiene precio»– y la crisis del régimen democrático español –«Si personas que estuvieron en la cárcel y el exilio no tuvieron problema en aceptar el pacto de la Transición, ¿quiénes somos nosotros para decir que fue inaceptable?»–.</p>
<figure id="attachment_8455" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8455 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/02/PaneroFB-e1550078634917.jpg" alt="PaneroFB" width="1500" height="847" /><figcaption class="wp-caption-text">Aparecen los cuentos de Felicidad Blanc. / E. T.</figcaption></figure>
<p>Parece tópico, pero a la vez inevitable, <strong>volver periódicamente a los Panero</strong> en tanto que nuevas generaciones se asoman a su existencia, más a través del documento dramático de <em>El desencanto</em> que de la poesía. Así lo hizo el escritor y periodista <strong>Aaron Shulman</strong>, que publica ahora en Estados Unidos en clave literaria <a href="https://www.harpercollins.com/9780062484192/the-age-of-disenchantments/" target="_blank">The Age of Disenchantments</a>. Coincide en el tiempo con la edición por Renacimiento de <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/narrativa/2129-la-ventana-sobre-el-jardin.html" target="_blank">los cuentos de Felicidad Blanc</a> y algunos <a href="https://www.udllibros.com/libro-los_papeles_de_ibiza_35-2310030012" target="_blank">inéditos de Leopoldo María</a>. <strong>Vicente Araguas</strong> prosigue con ellos su serie <strong>Estirpes de Papel</strong>, y de paso <strong>Javier Mendoza</strong> comenta la obra de la matriarca del clan, reflejo de «la búsqueda de una felicidad de naturaleza efímera de la que, en el mejor de los casos, solo queda un doloroso recuerdo al que poder regresar».</p>
<p>En la era de la posverdad, quienes se aferran a la lógica de valores y sentido que este fenómeno se empeña en refutar corren el riesgo de pasar por raros, inadaptados o locos. <strong>Un mecanismo viejo como el mundo: el hombre libre tachado de enfermo, con o sin razón, ante la apisonadora del pensamiento colectivo.</strong> En ese registro la literatura –de <strong>Cervantes</strong> a <strong>Kafka</strong>– y el resto de las artes han sabido construir edificantes piezas de consuelo estético e intelectual, contribuyendo a mantener viva la llama de la inteligencia en las más oscuras épocas. <strong>Jose Valenzuela</strong>, autor del reciente <a href="http://www.editorialuoc.cat/todos-nacemos-locos" target="_blank"><em>Todos nacemos locos</em></a>, explora la relevancia del extrañamiento asociado a la locura en la historia de la literatura.</p>
<p>En España cierran librerías emblemáticas como <strong>Los Portadores de Sueños</strong> de Zaragoza; en Francia, sin embargo, se rinde culto al libro con el respaldo de una política de estado pionera y coherente. <strong>Emmanuel Macron</strong> inyecta más de 370 millones de euros en las instituciones culturales francesas para mejorar su proyección internacional; nuestro gobierno destina un millón para atender ese mismo objetivo. En las páginas del último número de LEER <strong>Santiago Muñoz Machado </strong>denuncia la desidia pública respecto al tejido cultural del país en una de sus primeras entrevistas como director de la RAE, y <strong>Óscar Caballero</strong> explica desde París las claves del inmarcesible amor de los franceses por la lectura. Consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos, mueve 4.000 millones anuales, está en los medios, en el debate político, y sostiene un parque notable de librerías independientes.</p>
<figure id="attachment_8460" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png"><img class="size-full wp-image-8460" src="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png" alt="Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de 'Breath'. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress." width="1500" height="1000" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de “Breath”. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress.</figcaption></figure>
<p>Son sólo algunos de los muchos contenidos del número de LEER, que se completa con las habituales secciones y reseñas, entrevistas a <strong>Jorge Volpi</strong> –acerca de la <strong>Generación del Crack</strong> y de los cuentos de <strong>Ignacio Padilla</strong> que ha editado para <a href="http://paginasdeespuma.com/especial/micropedia-de-ignacio-padilla/" target="_blank">Páginas de Espuma</a>– y <strong>Paloma Robles</strong> –su novela <a href="http://tienda.alreveseditorial.com/es/libros/det/Fangfang/223.html" target="_blank"><em>Fangfang</em></a> se acerca a la comunidad china en España–, un viaje a los secretos herméticos de la napolitana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Capilla_Sansevero" target="_blank">Cappella Sansevero</a> de la mano de <strong>Álvaro Bermejo</strong>, un desahogo de <strong>Javier Rioyo</strong> contra la falsificación de la plural cultura catalana… Y que se abre y se cierra con el homenaje a <strong>Celan</strong> de <strong>Edmund de Waal</strong>. El artista y escritor británico <a href="http://www.ivorypress.com/es/art/breath/" target="_blank">llega a Ivorypress con <em>Breath</em></a>, un proyecto que es exposición y un libro de artista, una investigación sobre la naturaleza de los libros, su percepción y presencia en el mundo.</p>
<p><strong>El número 292 de LEER está disponible en quioscos y librerías de toda España.</strong></p>
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		<title>Ajoblanco 3.0: utopía contra el miedo</title>
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		<pubDate>Mon, 07 Aug 2017 19:25:37 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Quedar a charlar con Pepe Ribas en el Café Gijón puede parecer un contrasentido. La mañana anterior ha presentado en el Teatro del Barrio, uno de los bastiones del Lavapiés insurgente, la tercera encarnación de su Ajoblanco acompañado de Carolina Espinoza, compañera de aventura editorial. Con sus cafés a 3,90, el vetusto Gijón no representa [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Quedar a charlar con <strong>Pepe Ribas</strong> en el Café Gijón puede parecer un contrasentido. La mañana anterior ha presentado en el Teatro del Barrio, uno de los bastiones del Lavapiés </span><i><span style="font-weight: 400;">insurgente</span></i><span style="font-weight: 400;">, la tercera encarnación de su </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> acompañado de <strong>Carolina Espinoza</strong>, compañera de aventura editorial. Con sus cafés a 3,90, el vetusto Gijón no representa precisamente la imagen de la contracultura que una vez más viene Ribas a defender y difundir. Pero la vida es contradicción y las apariencias engañan, y a estas mesas de mármol se ha sentado personal de todo pelaje. Y ahí sigue además, entrando a mano derecha, en placa y retrato, la figura tutelar de <strong>Alfonso</strong>, “cerillero y anarquista” y prestamista de los ludópatas de Madrid hasta su muerte en 2006.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><strong>“Me han pasado muchas cosas”, adelanta enigmático</strong> Ribas para explicar el regreso del </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajo</span></i><span style="font-weight: 400;">. Antes de despedirnos me contará lo de su rara enfermedad digestiva, que primero se diagnosticó terminal y luego trajo de cabeza a los más reputados especialistas de Barcelona; antes de que, después de mucho trasiego de pruebas y muestras, tres semanas de penicilina bastaran para acabar con la bacteria que se lo estaba comiendo por dentro. La inesperada curación coincidió con el lanzamiento de su último libro, la novela </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-encuentro-en-berlin/91907" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Encuentro en Berlín</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, y en la presentación conoció a su pareja de hoy, y feliz de seguir vivo fue cuajando la idea de <strong>volver con su icónica revista para explicar estos tiempos raros</strong> en los que de repente el punto de vista libertario quizá se antoja la más plausible aproximación a nuestra realidad canibal. Para ello, <strong>a la usanza de los viejos tiempos, con gran tirada y ambición iberoamericana, vuelve el </strong></span><strong><i>Ajo</i></strong><span style="font-weight: 400;">.</span></p>
<p style="text-align: left;">Y lo hace en edición <strong>impresa como una apuesta ética</strong>. “No es cierto que el papel no esté funcionando”, asegura Ribas. “En Francia, en Alemania, en Gran Bretaña, en EEUU funciona, porque son países normalizados, con una prensa crítica e independiente del poder. Aquí esto no ha pasado. Todo está al servicio del partido que manda, que se ha inventado la historia de España que más le ha convenido, o la historia de Cataluña que más le ha convenido. Y este es el gran problema: que la historia, la memoria, está secuestrada por el poder, y esto hay que romperlo. Y sólo se puede romper con papel. No se romperá nunca desde las pantallas, porque las pantallas no tienen influencia, u ofrecen influencias efímeras, como la de <strong>Pablo Iglesias</strong>, que por mucho que se mueva ya está en decadencia, y durará cuatro días”.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Pero esto no es Berlín, París o Nueva York, donde hay muchos kioscos, mucho papel… y mucho texto. Aquí parece que en papel sólo funciona el estilo de vida…</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Porque aquí hay que empezar de cero y crear cultura crítica, y además decir muy claramente y con mucha valentía que medios de cabecera como </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">La Vanguardia</span></i><span style="font-weight: 400;"> han dejado de tener sentido porque <strong>durante 35 años han sido poder, punto, no han sido periodismo, y han configurado una opinión pública enferma</strong> que ahora hay que sanear como sea. La decepción de Podemos y del post 15M nos está ayudando mucho a poder sanar esa configuración de la opinión pública, porque la gente ya no se cree nada. Si el papel no vende en España es porque desde hace 35 años la prensa escrita ha sido totalmente vampirizada por lo institucional y todo este clan que empieza por González, y que ha seguido el PP, y que de alguna manera se llama Cultura de la Transición.</span></p>
<h5 style="text-align: left;"><b>Una cultura ‘intransitiva’</b></h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Si a mediados de los 70 el primer </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> pretendía dar “voz a esa juventud que está harta de lo que hay”, representado entonces por los novísimos o la </span><i><span style="font-weight: 400;">Gauche Divine</span></i><span style="font-weight: 400;">, el </span><i><span style="font-weight: 400;">lo que hay</span></i><span style="font-weight: 400;"> de hoy quizá sea el estertor de la <a href="http://www.megustaleer.com/libro/ct-o-la-cultura-de-la-transicion/ES0114463" target="_blank"><strong>Cultura de la Transición</strong></a> mencionada por Ribas y formalizada críticamente por <strong>Guillem Martínez</strong>. Aquella cuya fundación <a href="/2014/10/moran-este-es-mi-libro-mas-duro-y-mas-brutal/" target="_blank">explicaba <strong>Gregorio Morán</strong> a LEER en 2014</a> con motivo de la publicación de su último libro irredento, </span><i><span style="font-weight: 400;">El cura y los mandarines</span></i><span style="font-weight: 400;">: “El PSOE vino a </span><i><span style="font-weight: 400;">ilustrar</span></i><span style="font-weight: 400;">, y su política ilustrada es absolutamente memorable. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">En esta línea de análisis abunda Ribas: “Esa cultura domesticada por el socialismo, institucionalizada, sobre todo a partir del referéndum de la OTAN, ha sido capitaneada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha querido dominar el cine, los libros, la producción de literatura y de ensayo, la opinión, la radio; ha intentado dominarlo todo, señalando a los buenos y a los malos. Y creó una clase intelectual dependiente de las directrices de <strong>González</strong> y <strong>Cebrián</strong>. Estos dos señores han provocado un cataclismo, porque terminaron con las revistas independientes de cine, con las revistas independientes de literatura, de cualquier cosa. Ellos fundaron ese canon, que es lo que Guillem Martínez ha llamado la Cultura de la Transición. Pero lo que Guillem Martínez ha olvidado es que ha habido mucha cultura </span><i><span style="font-weight: 400;">intransitiva</span></i><span style="font-weight: 400;">, como dice <strong>Constantino Bértolo</strong>, y en esa cultura intransitiva ha estado </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> y otra mucha gente que ha querido resistir a ese monopolio. Monopolio que hace que en este momento haya industria cultural pero no haya cultura. Porque no hay crítica independiente y porque nadie cree nada”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Ante esto se rebela de nuevo </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> con ánimo intrépido. “<strong>No sabemos muy bien cuál es el camino. De momento hemos abierto una brecha</strong>. En diciembre inauguramos el <a href="https://www.ajoblanco.org/blog/espacio-ajoblanco-2" target="_blank"><strong>Espacio Ajoblanco</strong></a> (Santa Teresa 3, Barcelona) para encontrarnos… y nos hemos encontrado más o menos. Hemos encontrado a <strong>las nuevas generaciones</strong>, y nos hemos dado cuenta de que carecen de algo fundamental: <strong>no saben contextualizar, porque la educación recibida es totalmente fragmentaria</strong> y parcial, que los hace técnicos de algo, pero no saben ver el mundo. Y esto es muy problemático porque es pasto de cualquier demagogia, de cualquier nuevo fascismo, sea de derechas o de izquierdas. Esto es muy peligroso porque la gente no está armada. No tiene cultura y por lo tanto no tiene criterio propio. Hace falta reestructurar el sector cultural a partir del sistema educativo. Y ya no hablo de la universidad sino de los institutos de enseñanza media, que es lo que en el primer </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> se movilizó, no las universidades, lo cual se ha olvidado. Se han olvidado demasiadas cosas”.</span></p>
<p><iframe style="border: none; overflow: hidden;" src="https://www.facebook.com/plugins/post.php?href=https%3A%2F%2Fwww.facebook.com%2FRevistaAjoblanco%2Fposts%2F1269565379809347%3A0&amp;width=690&amp;show_text=true&amp;height=601&amp;appId" width="690" height="601" frameborder="0" scrolling="no"></iframe></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>No sé si este ‘Ajoblanco’ es como un tercer movimiento que filtra la experiencia del primero (1974–1980), el más libertario, y del segundo (1987–1999), que quizá buscaba integrarse, o contribuir a reconducir la cultura del régimen del 78. ¿Qué hay de uno y de otro?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El segundo </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajo</span></i><span style="font-weight: 400;"> fue muy de espaldas al primero porque no se quiso volver a lo libertario. Era ya la era del <em>yo</em>: del artista, del filósofo, del director de cine. Del protagonista. <strong>De repente la cultura se convirtió en una cosa de protagonistas. Yo creo que ahora esto ya no vale</strong>, porque toda aquella gente, aquellos protagonistas están quemados. Ha vuelto la cultura del nosotros, o de lo común, que no es exactamente lo mismo. Ahora hay que revitalizar la cultura desde el rigor, desde la seriedad. Cuando a los jóvenes que vienen al Espacio les preguntas si leen libros te dicen que sí, pero que no siguen la actualidad. Con lo cual ya se han distanciado de la industria. Y a mí eso me ilusiona mucho. <strong>La industria exige actualidad y novedad. La cultura, profundidad y pasión</strong>. Del segundo </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> han quedado muchas cosas: la apertura a otras culturas, a otras músicas, a tener gustos combinados, distintos… Creo que nos hemos vuelto más internacionales. Nos hemos abierto. Y el segundo </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> tiene mucho que ver con esto. Ahora tenemos que volver a la identidad de cada uno, la que se forma, y por eso insisto en la educación y la cultura todo el rato. Lo que hay que ofrecer son elementos buenos, que te puedan apasionar y con los que te puedas sentir identificado.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>La aceleración de la experiencia propiciada por la revolución digital nos ha pillado sin referentes y en esa falta de educación de la que hablas. Y ahí adquiere un valor especial <a href="https://www.ajoblanco.org/revista-2017" target="_blank">el planillo de este primer ‘Ajoblanco’ 3.0</a>, porque no hay tema o artículo o reportaje que no ayude al lector a situarse de otra manera en el mundo de hoy.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Esa es nuestra intención…</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>…empezando por Josep Maria Esquirol: el artículo de Andrea Palaudarias y tu entrevista. Su propuesta filosófica es oportunísima y conecta de manera directa con las necesidades del ciudadano de hoy. Es Premio Nacional de Ensayo y no sale en ningún sitio.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Es que </span><i><span style="font-weight: 400;">el</span></i><span style="font-weight: 400;"> Esquirol es el gran filósofo del presente en este país. Y es fascinante haberlo encontrado, porque él no se prodiga… La entrevista de <strong>Javier Esteban</strong> a <strong>Claudio Naranjo</strong> también me parece bien. Y la de <a href="http://www.ninodeelche.net/" target="_blank"><strong>Niño de Elche</strong></a>. Se la hizo <a href="https://icarolavia.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>IcaroLavia</strong></a>, una bloguera de 21 años. Les encerramos en un espacio muchas horas, porque ella al principio iba a </span><i><span style="font-weight: 400;">derrapar</span></i><span style="font-weight: 400;">, pero al estar tanto tiempo juntos se sedujeron, cambiaron, y cambió todo.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Hay mucho periodismo en el nuevo ‘Ajoblanco’. Algo que rechazabas en la primera época, aunque ya no en la segunda. En este número se leen cosas que no se encuentran en ningún otro sitio.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Es que también hemos aprendido… Ya somos mayores. Además mi compañero <strong>Fernando Mir</strong> es un gran editor, lo ha sido en Planeta durante los últimos 20 años. Yo estoy contento. Ahora, es un experimento, y tenemos que ver cuáles son las consecuencias del experimento.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>La apuesta mixta revista-espacio me parece particularmente oportuna y necesaria en un lugar destruido en muchos sentidos como es Barcelona. ¿Cómo está metabolizando la ciudad su mutación en ‘ciudad de vacaciones’?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El proceso en Barcelona es muy complejo. Es una ciudad muy confusa, muy plural, que no sabe adónde va. La <strong>Colau</strong> ha traído un cambio de aires, pero no sé si tiene un plan. <strong>Barcelona está muriendo de éxito y el ciudadano común está viviendo muy mal</strong>, porque estamos totalmente invadidos. Te tienes que retirar a los barrios. Y allí te encuentras a los </span><i><span style="font-weight: 400;">pakis</span></i><span style="font-weight: 400;">, a los chinos, a los sudamericanos. Es una nueva realidad. Y por otro lado está el </span><i><span style="font-weight: 400;">procés</span></i><span style="font-weight: 400;"> y el independentismo, y mucha gente pasa de todo y es como no existiese nada, ni el turismo ni el </span><i><span style="font-weight: 400;">procés</span></i><span style="font-weight: 400;"> ni el independentismo…</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Barcelona os daría para un monográfico, pero abrís este primer ‘Ajoblanco’ con el artículo de Bernardo Gutiérrez sobre el Madrid insurgente post 15M.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;">En este momento Madrid cuenta con un movimiento alternativo más cohesionado. Es la ciudad del 15M, y por nuestra parte es también un homenaje a la ciudad donde todo aquello empezó. Así como en los 70 Barcelona empezó muchas cosas, a partir del 2000 ha sido Madrid la que lo ha hecho. Es un reconocimiento. En esto sí que no hay que hacer periodismo en sentido estricto, sino buscar experiencias y estar atentos a ellas. Ahora mismo no existe un sistema alternativo al capitalismo actual. Pero en la medida que haya gente que construya espacios de libertad y experimentación, la puerta a que algún día pueda haber una alternativa al sistema sigue abierta. <strong>La izquierda en este momento no tiene discurso, por mucho que se empeñen en que lo tienen.</strong> El discurso de lo social y del reparto está muy bien, pero no ofrece una alternativa al capitalismo. Más bien lo regenera, que es lo que hizo la socialdemocracia con el capitalismo después de la Segunda Guerra Mundial. Todo el discurso de lo social ha hecho posible la evolución hasta este neoliberalismo atroz.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>De repente la aproximación libertaria a la realidad cobra un nuevo sentido porque sintoniza con las necesidades de mucha gente.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Esto es esencial. Igual que en los 70 tuvo lugar un choque de generaciones con sensibilidades muy distintas, yo creo que ahora no. Está por una lado la gente integrada en el sistema, que además no queda más remedio que estar integrado, porque si no no comes, y luego está la gente que sobrevive como puede.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Y lo hace de manera transversal. Cuando Podemos surgió y se dijo heredero del 15M presumió de cierta transversalidad que en el momento de ocupar un espacio político se ha demostrado falsa. Ese rasgo genuino de lo libertario sería algo en lo que merecería hacer hincapié.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Es que lo libertario debe trabajar en ese sentido. Lo que pasa es que <strong>no hay pensadores. Por eso digo que hay que generarlo todo. Hay que atreverse.</strong> Perderle el miedo a plantear lo que estás planteando. No queremos el poder, queremos transformar la sociedad porque se está viniendo abajo.</span></p>
<figure id="attachment_7435" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/08/Presentacion_ajoblanco_20junio2017_Madrid_veronicagranado_photography_Calidad_Web_00015.jpg"><img class="size-large wp-image-7435" src="/wp-content/uploads/2017/08/Presentacion_ajoblanco_20junio2017_Madrid_veronicagranado_photography_Calidad_Web_00015-1024x682.jpg" alt="Carolina Espinoza y Pepe Ribas durante la presentación de Ajoblanco en el Teatro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Verónica Granado" width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Carolina Espinoza y Pepe Ribas durante la presentación de Ajoblanco en el Teatro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Verónica Granado</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Todo esto 40 años después de las <a href="https://www.ajoblanco.org/blog/jornadas-libertarias" target="_blank">Jornadas Libertarias</a>. Has dicho y escrito mucho sobre aquello, pero ¿cómo ha evolucionado desde entonces tu percepción de los acontecimientos?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Estuvimos muy cerca de acceder a un sistema alternativo porque la sociedad era mucho menos compleja. Había más economía de proximidad, había tejido productivo, en Italia estaba pasando lo mismo, había perspectivas utópicas claras, posibles. Las Jornadas Libertarias se plantearon como un gran encuentro de todas las corrientes antiautoritarias. Fue también el desahogo de los exiliados y los libertarios que habían ido a la cárcel. Pero a nivel teórico fue un fracaso porque <strong>no se supo encontrar el procedimiento para que el movimiento libertario pudiera integrarse en el anarcosindicalismo</strong>, que fue la apuesta que hicimos los independientes libertarios y la revista, y lo que estaba nutriendo a la CNT de miles y miles de jóvenes.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Me parece importante que señales esto porque desde el presente puede dar la impresión de que aquello no fue más que la última gran fiesta sin reglas antes de que la Transición se pasara a limpio en la Constitución.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Por un lado fue lo que tú dices, una fiesta, la fiesta de la libertad. El parque Güell, de repente, <strong>Jaume Sisa</strong> lo dice muy claro, fue el paraíso de Adán y Eva. Y todo el mundo hizo lo que le dio la gana. Muchísima gente perdió la virginidad allí porque hubo una especie de orgía mental de libertad. Pero es que pasaron más cosas. El reto era unificar el anarcosindicalismo con el movimiento libertario emergente, que en aquel momento era enorme. <a href="https://vimeo.com/6242800" target="_blank">El mitin de la <strong>Federica</strong> [<strong>Montseny</strong>] y <strong>Peirats</strong></a> el 2 de julio del 77 en Montjuic fue <strong>el más multitudinario de la Transición</strong>, con más de 250.000 personas. Esto causó un impacto tremendo. Tres semanas después, más de medio millón de personas acuden a las <a href="http://manuelhuerga.com/jornadas-libertarias/" target="_blank"><strong>Jornadas Libertarias</strong></a>. Y en septiembre hay una huelga de gasolineras capitaneada por CNT que paraliza Barcelona. Sólo circulan los coches que la CNT quiere. <strong>Esto recordó al año 36 y asustó mucho a la derecha. Por eso trajeron a Tarradellas corriendo.</strong> ¿Para qué? Para que el problema social se convirtiera en un problema sentimental. Esto fue una jugada muy bien pensada. Ahora en Cataluña vuelve a haber un problema parecido. Hay una izquierda radical muy importante, y <strong>el independentismo es la vacuna para que esta izquierda no progrese y se mantenga dividida</strong>, porque en ella hay gente independentista y gente que no lo es, o que no se lo plantea porque no le interesa. Pero en el 77 se estuvo muy cerca de que en Cataluña hubiera una revolución. Y una revolución libertaria, no marxista. Pero la CNT no supo llevar la huelga de gasolineras, porque no supo negociar. Y se asustaron, y la CNT se llenó de topos que la radicalizaron. <a href="https://www.ajoblanco.org/index.php?option=com_k2&amp;view=item&amp;id=101:transicion-espanola-caso-scala&amp;Itemid=269" target="_blank"><strong>Y llegó Scala</strong></a>, un caso de terrorismo de Estado clarísimo, probablemente no de Estado sino de la OTAN, porque tiene que ver con la <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Operaci%C3%B3n_Gladio" target="_blank">Operación Gladio</a>, como muchas de las cosas que pasaron en los 70 en España, y esto se ha estudiado muy poco…</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Hay hechos que han sido desacreditados porque el discurso dominante los ha confinado al territorio de la conspiración o de la paranoia de sus protagonistas.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">La libertad te da una determinada capacidad de análisis. Muchas cosas que nosotros en </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajoblanco</span></i><span style="font-weight: 400;"> hemos contado y que en su momento nos decían que era conspiranoia luego han ido confirmándose o cumpliéndose. Con lo cual los que ahora se están desprestigiando son aquellos historiadores sociales o de universidades que decían que eran paranoias. Gente como <strong>Jordi Gracia</strong>, que hacen congresos de la Transición, ya no tienen ninguna credibilidad.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Pero son los que salen en los papeles.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Pero como la gente ya no presta atención a esos papeles, han perdido la clientela. Ya no venden libros. Son intelectuales orgánicos.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Tú crees que el ‘establecimiento’ es consciente de esa devaluación?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Sí. La sienten en sus bolsillos. Ya no ganan lo que ganaban. Ya no les pagan lo que les pagaban. Esa es la justificación de Cebrián para decir que el papel ya no vende. Y por eso es interesante que el </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajo</span></i><span style="font-weight: 400;"> diga que el papel es importante.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Mencionabas el caso del 77 con Tarradellas: disolver un problema político desde lo sentimental. La sentimentalización de la política es una de las claves de su degradación, en estrecha correspondencia con la falta de rudimentos de la ciudadanía para interpretar la realidad.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Es exactamente así. Por ejemplo, se está usando la corrupción desde un punto de vista genérico. Por eso es importante lo que ha hecho gente como <strong>Simona Levi</strong> –</span><a href="http://capitanswing.com/libros/votar-y-cobrar/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Votad y cobrar. La impunidad como forma de gobierno</span></i></a><span style="font-weight: 400;"><a href="http://capitanswing.com/libros/votar-y-cobrar/" target="_blank">, Capitán Swing</a>– con el caso Bankia para exponer el proceso, cómo se comportan los elementos corruptos, cómo funciona el sistema. Creo que es muy bueno que todo esto se ponga boca arriba, que la gente vea este proceso, y que incluso lo vea en un teatro –</span><a href="https://xnet-x.net/hazte-banquero/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Hazte banquero</span></i></a><span style="font-weight: 400;">–.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Pese a todo, el capitalismo ‘realmente existente’ parece más fuerte que nunca. La caída del socialismo real lo galvanizó de tal modo que ni siquiera ha sido puesto socialmente en cuestión con la última crisis. Y una herramienta teórica valiosa como el marxismo sigue pagando la enorme factura del socialismo real… En el aniversario de ‘El Capital’, ¿puede el marxismo formar parte de un corpus teórico libertario para el futuro?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El marxismo ofrece un análisis de la realidad desde el punto de vista de la economía y la estadística. Tiene vigencia, es un gran libro para comprender el desarrollo económico del mundo, occidental sobre todo, pero <strong>no tiene en cuenta la espiritualidad, los placeres, que nos movemos por muchas cosas que ha sabido desarrollar muy bien el capitalismo, que es toda la cultura del ocio</strong>, algo impensable hace 150 años. El marxismo te sirve para algunas cosas pero no para todo. Lo que sí está claro es que si seguimos por este camino el sistema se cargará a la mitad de la población, porque sobra, porque es basura. No sé lo que puede pasar, es muy difícil saberlo porque el capitalismo, la tecnología, el desarrollo se han vuelto monstruosos… Antes había una economía de escala, ahora no. Ahora la escala es planetaria. Yo creo que Occidente tiene, sobre todo Europa y Latinoamérica, una responsabilidad de saber ofrecer una alternativa post capitalista. Personalmente creo que hay que recuperar muchas cosas. La economía de la proximidad. La artesanía. El artesano como tal, no como </span><i><span style="font-weight: 400;">artista</span></i><span style="font-weight: 400;">. Y en todos los campos, desde las artes gráficas a la madera. Hay centros de experimentación que son esenciales para poder dar una alternativa al sistema, que si se da no se hará desde el poder, sino de abajo arriba. Lo importante: educación, cultura, transformación.</span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>BORJA MARTÍNEZ GUTIÉRREZ</em></strong></p>
<p style="text-align: left;"><a href="/wp-content/uploads/2017/07/PORTADA284-1-001-e1502133486831.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7336" src="/wp-content/uploads/2017/07/PORTADA284-1-001-e1502133486831.jpg" alt="PORTADA284-(1)-001" width="150" height="201" /></a><br />
<em>Una versión de este artículo aparece publicada en el <a href="/2017/07/leer-en-verano-vanidades-y-revoluciones/" target="_blank"><strong>Extra de Verano 2017</strong>, número 284, de la Revista LEER</a>. </em></p>
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		<title>Matabosch: «solo un pésimo libreto puede ser literatura»</title>
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		<pubDate>Thu, 27 Apr 2017 13:34:32 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">H<em>ombre de múltiples saberes –músico titulado en piano, canto y armonía, licenciado en Ciencias de la Información, incluso estudiante de Sociología– <strong>Joan Matabosch</strong> (Barcelona, 1962) llegó a Madrid en 2013 para hacerse cargo de la dirección artística del Real tras hacer lo propio en el Liceo de su ciudad natal desde 1997, y ahora afronta los fastos del doble aniversario del Real de Madrid –200 años de su fundación por Fernando VII, veinte de su reapertura– en el ecuador de su mandato. Matabosch habla para LEER de ‘<a href="/2017/04/la-belleza-del-horror-en-el-jardin-de-bomarzo/" target="_blank"><strong>Bomarzo</strong></a>’ y de la relación de la literatura con la ópera, “la más compleja confluencia de todas las artes al servicio de la expresión” (fotografía: Javier del Real / Teatro Real).</em></p>
<p style="text-align: left;"><em>¿Por qué ‘Bomarzo’ para el Real?</em></p>
<p style="text-align: left;">Porque es<strong> una de las grandes óperas del repertorio iberoamericano</strong> y porque, por su relación privilegiada con Latinoamérica, corresponde al Teatro Real reivindicarla y facilitar su acceso a las temporadas de los teatros europeos. De hecho, las tres óperas de <strong>Alberto Ginastera</strong> son obras maestras. Tanto <em>Bomarzo</em> (1966) como <em>Don Rodrigo</em> (1964) y <em>Beatrix Cenci</em> (1971) merecerían ser mucho más conocidas y representadas. <em>Bomarzo</em> tuvo en su momento una historia muy accidentada. Al ser calificada de inmoral y prohibirse su representación en Buenos Aires, pero autorizarse libremente la difusión de la novela, <strong>Mujica Lainez</strong> llegó a la conclusión, con su ácida sorna habitual, de que lo que los censores argentinos consideraban inmoral era, sin duda, la música. <em>Bomarzo</em> llegó finalmente al Teatro Colón en 1972 sin lograr deshacerse de la polémica que siempre la ha rodeado.</p>
<p style="text-align: left;"><em>Da la impresión de que en la inspiración italiana de la novela, ‘Bomarzo’ ya gozaba de una prefiguración operística. ¿Es así, o al menos así lo reconoció Ginastera?</em></p>
<p style="text-align: left;">El propio Mujica Lainez adaptó su novela a libreto de ópera. Tomó algunas decisiones muy pertinentes como <strong>invertir completamente la estructura narrativa de la obra literaria.</strong> En cuanto a Ginastera, su inspiración no es tanto la ópera italiana, por mucho que pueda haber una evidente inspiración italiana en la novela, como el modelo del <em>Wozzeck</em> de <strong>Alban Berg</strong>. Ginastera opta por una escritura <strong>serial, postweberiana, microsonidos, melodías tonales, canto virtuosístico y <em>Sprechgesang</em></strong> (canción hablada) que, a la manera de <em>Wozzeck</em>, reposan sobre <em>géneros</em> tradicionales como la <em>villanelle</em>, la <em>musette</em>, el madrigal, <em>ariettas</em>, etcétera.</p>
<p style="text-align: left;"><em><strong>Auden</strong> dijo, lo cita <strong>Tomás Marco</strong> en <a href="/2017/04/leer-en-abril-opera-una-sublimacion-literaria/" target="_blank">este número de LEER</a>, que la ópera es último refugio de la poesía épica. ¿Hay en ese insospechado ‘monopolio’ un paradójico valor y actualidad del género para el público del siglo XXI?</em></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Julian Barnes</strong> ha explicado cómo, en la ópera, el argumento tiene la función de “liberar a los personajes lo más rápido posible para que puedan cantar sus emociones más hondas. <strong>La ópera va directa al grano: igual que la muerte</strong>”. Es un arte en el cual “la emoción virulenta, aplastante, histérica y destructiva es la norma; un arte que busca, más obviamente que los demás, partirte el corazón”. En el siglo XXI, desde luego que la ópera se va a adaptar a este mundo digitalizado y global. Esto no le va a resultar difícil. <strong>La ópera se anticipó en siglos a la explosión tecnológica que ha provocado un mundo globalizado</strong>: en el siglo XVIII el mercado de grandes compositores y cantantes ya era único en toda Europa. La ópera apenas ha conocido fronteras nacionales: ha sido siempre un arte globalizado. Lo que tanto sorprende en otras disciplinas artísticas ha sido, desde siempre, lo más natural en la ópera.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7000" src="/wp-content/uploads/2017/04/“En-la-ópera-el-texto-tiene-una-función-denotativa-es-decir-identificadora-de-la-situación.-Es-la-música-la-que-tiene-toda-la-función-connotativa”-1.png" alt="“En la ópera el texto tiene una función denotativa, es decir, identificadora de la situación. Es la música la que tiene toda la función connotativa” (1)" width="690" height="120" /></p>
<p style="text-align: left;"><em>Quizá la ópera, “obra de arte total” en definición wagneriana, cuenta con una cualidad que hoy se diría ‘transmedia’ y que propicia su asunción por un público expuesto a las nuevas formas de entretenimiento… Y por ahí tal vez sea vehículo privilegiado para la difusión de la música culta y de los mitos que suelen articular sus historias.</em></p>
<p style="text-align: left;">El mito es, como dice <strong>Marie-France Castarède</strong>, un objeto de transición colectivo en el sentido de que se ha creado un consenso a su alrededor. Los personajes míticos se sitúan en la intersección del dentro y el fuera psíquicos. <strong>Los mitos forman parte de nuestros fantasmas y de nuestros sueños individuales; pero al mismo tiempo pertenecen a la realidad exterior</strong> porque forman parte de una historia que los ha situado en un determinado escenario. La música no hace más que reforzar su estatus porque, en realidad, precede al lenguaje, a la representación de las palabras. Expresa lo universal porque desconoce la racionalidad del discurso que determina la cronología de una historia. Nos sumerge en la temporalidad específica del inconsciente. <strong>Thomas Mann</strong> decía que el mito, para <strong>Wagner</strong>, era sinónimo de ingenuidad, simplicidad, dignidad y pureza.</p>
<p style="text-align: left;"><em>Volviendo a Auden, el poeta que escribía libretos: ¿Un libreto es literatura?</em></p>
<p style="text-align: left;">Solo un pésimo libreto puede ser literatura. Lo que no quiere decir que un buen libreto no pueda tener cualidades literarias. Es fundamental comprender la estructura de sentido de la ópera como forma de arte para analizar con conocimiento de causa los libretos y las partituras. <strong>En la ópera, la música no es un mero subrayado del texto literario. Ni el texto literario es un mero soporte –un pretexto, o una excusa– para escuchar música</strong>. En la ópera, el texto tiene una función denotativa, es decir, identificadora de la situación. Es la música la que tiene toda la función connotativa. Por eso no estamos hablando de una colaboración complementaria entre dos artes sino de <strong>un producto nuevo y diferente</strong>, en el que las palabras tienen la función de figuración del objeto –y, por eso, esencial– mientras que a la música le corresponde la función de convertir ese objeto en materia de expresión. O, dicho de otra manera, <strong>percibimos el arte en el texto; pero se trata de un arte que ha sido creado por la música</strong>. Por eso hay que ser cauteloso cuando se escuchan afirmaciones del estilo de que “los libretos de ópera son malos”, o que “no tienen calidad literaria”. Evidentemente que hay libretos buenos y malos, pero lo que suele haber detrás de este tipo de afirmaciones es una flagrante incomprensión de lo que es la estructura de sentido de la ópera. <strong>El análisis del libreto operístico como obra de arte no tiene el más mínimo sentido.</strong> Simplemente no es pertinente: es un disparate. El texto es el recipiente que da forma al líquido (es decir, es fundamental) pero no es el líquido mismo. El texto identifica el sentimiento, identifica el objeto, pero el arte viene creado por la música. Es la música la que convierte ese objeto en materia expresiva. Un buen libreto de ópera no es nunca aquel que ya contiene las connotaciones del objeto que identifica. Eso puede ser quizás un buen texto literario, pero como libreto de ópera es un desastre.</p>
<p style="text-align: left;"><em>¿Es entonces imprescindible la base literaria?</em></p>
<p style="text-align: left;">No solo es imprescindible la base literaria, sino que también son cruciales otros elementos: el texto dramático; también el tejido musical que construyen la orquesta, el coro y las voces de los cantantes; y también las formas, los colores y las sombras de la escenografía, el vestuario y la iluminación; los cuerpos y la gestualidad de los personajes; y a veces también la danza. Lo importante no es tanto que los ingredientes sean muchos y muy diversos sino que<strong> ese canto, esa dramaturgia, esa escenografía y esa orquesta forma una estructura de sentido.</strong> Esta es la singularidad de la ópera: su complejidad formal y, por lo tanto, su complejidad potencial de sentido.<strong> La ópera es la más compleja confluencia de todas las artes al servicio de la expresión.</strong> Pero “complejo” no quiere decir “confuso”, ni como decía <strong>Jorge Luis Borges</strong> a propósito de <strong>Góngora</strong> para desenmascarar la falsa complejidad “su texto no es complejo, sino solo complicado”. Complejo quiere decir que aquello de lo que nos habla una obra –la decepción amorosa, la felicidad, la traición, la lealtad, el sacrificio generoso o la mezquindad humana– no se simplifica unívocamente, como sucede con los folletones, a un solo aspecto de ese sentimiento o de esa experiencia: una bondad angélica sin matices, o una maldad igualmente monolítica. El hecho de ser un sentimiento complejo implica que el receptor no solo puede identificar ese sentimiento sino que puede también enriquecerlo. Eso sucede en la ópera y también en cualquier otro arte. Con la ópera sucede que sus recursos específicos permiten expresar algo que es singular y que es excepcional. <strong>Es en esencia como cualquier otro arte, pero amplificado.</strong> Por esto cuando una representación de ópera es excepcional puede generar una de las experiencias más intensas que se pueden llegar a sentir en el ámbito del arte.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7002" src="/wp-content/uploads/2017/04/sumario2.png" alt="sumario2" width="690" height="120" /></p>
<p style="text-align: left;"><em>No sé si cabe decir que con la ópera sucede a veces como en el cine: que rara vez la gran literatura, o al menos la gran novela, ha inspirado óperas indiscutibles, quizá porque son obras que alcanzaron su plenitud en su forma original.</em></p>
<p style="text-align: left;">Desde luego que es difícil adaptar para el cine o para la ópera obras literarias que alcanzaron su plenitud en su forma original. No es extraño que estas adaptaciones sean satisfactorias cuando el director de cine o el compositor son capaces de entender que el proceso pasa por sacrificar muchas de las anécdotas a través de las que el escritor nos transmite la esencia de su discurso, para encontrar precisamente en la especificidad del lenguaje de cada arte esa misma esencia. Es muy didáctico el ejercicio de comparar <em>La dama de las camelias</em>, la novela de <strong>Alexandre Dumas</strong> hijo, con la versión teatral que escribió el mismo Dumas; y también con el libreto de <strong>Francesco Maria Piave</strong> para <em>La Traviata</em>; y finalmente con la ópera de <strong>Giuseppe Verdi</strong>. Es didáctico porque se trata de un caso en el que hay una novela, una obra de teatro, un libreto y una ópera, de forma que podemos reseguir el proceso de adaptación con gran precisión. <strong>El paso de la novela al teatro y del teatro al libreto implica, de forma muy evidente, la pérdida progresiva de recursos textuales.</strong> De hecho, respecto a la novela, el libreto de Piave parece una indicación simple, conceptual y ordenada de lugares, hechos y acciones de los personajes. Por ejemplo, la felicidad de los jóvenes amantes en el refugio de las afueras de París en la novela se explica con la metáfora de unos nadadores que bucean bajo el agua y salen a la superficie apenas un momento para coger aire y volverse a sumergir nuevamente. Esa imagen de la impaciencia, de la pasión, de la urgencia, en el libreto de la ópera desaparece completamente y, de hecho, transcurre en el descanso entre el primer y el segundo acto, mientras el público se toma una copa en el foyer. Pero en el momento en el que a ese libreto se le inyecta la música de Verdi, la cosa cambia radicalmente. Y resulta que cuando Violetta canta “<a href="https://youtu.be/2G3bLB5LVIY" target="_blank">Amami Alfredo</a>!”, con una frase amplia y desesperada,<strong> aquella información sobre la felicidad y la pasión de los amantes estalla</strong> con una plenitud que trasciende con mucho lo que únicamente las palabras o únicamente la música son capaces de aportar. De alguna manera, la música ha restituido aquella información de la obra literaria original que el libreto había eliminado. Y lo ha hecho construyendo una forma nueva mucho más intensa, mucho más turbadora.</p>
<p style="text-align: left;"><em>¿Música teatral o teatro musical?</em></p>
<p style="text-align: left;">Las etiquetas importan poco. <strong>La frontera entre el teatro musical y la ópera es difusa</strong> y no sirve de mucho intentar encontrarla cuando algunas de las grandes óperas de los siglos XX y XXI han querido situarse, precisamente, en esta zona fronteriza. ¿No es mucho más interesante identificar las obras maestras, sean cuales sean las etiquetas que los musicólogos o los críticos les hayan reservado? Quienes quieran convencerse de lo absurdo de las etiquetas les recomiendo que no se pierdan la nueva producción de<a href="http://www.teatro-real.com/es/temporada-17-18/opera/street-scene/" target="_blank"> <em>Street Scene</em> de <strong>Kurt Weill</strong></a> de la próxima temporada del Teatro Real.<strong> ¿Es una ópera o es un musical? ¿Realmente importa? Es una de las obras maestras del teatro musical del siglo XX</strong>, casi desconocida precisamente porque no es asimilable a ninguno de los géneros canónicos de su época.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7004" src="/wp-content/uploads/2017/04/sumario3.png" alt="sumario3" width="690" height="120" /></p>
<p style="text-align: left;"><em>Uno de sus objetivos al frente del Liceo fue hacer accesible la ópera a todos los públicos, desmentir su naturaleza elitista. ¿Cómo lleva esta misión en Madrid? ¿Qué peculiaridades ha encontrado en el público de esta ciudad y su nuevo viejo teatro?</em></p>
<p style="text-align: left;"><strong>La ópera tiene que ser rescatada del monopolio de las élites</strong> sociales y de los viejos aficionados. Para romper este monopolio es crucial tener una estrategia: hace falta <strong>que el teatro se sitúe en medio del debate cultural</strong> de la comunidad, junto a las otras grandes instituciones culturales, abierto y colaborando con ellas tanto como sea posible. El sentido profundo de esta estrategia es fomentar que la ópera sea menos una afición que un hábito cultural. Con todo el respeto por los aficionados, desde luego. Se trata de lograr que quienes invierten su ocio en leer, asistir a conciertos, teatro, exposiciones o cine, no puedan dejar de lado la ópera. Por cierto, <strong>los jóvenes de hasta 35 años</strong> pueden adquirir <a href="http://www.teatro-real.com/es/ninos-y-jovenes/espacio-joven/menores-35/" target="_blank">cualquier entrada del Teatro Real, incluidas las mejores, a una tarifa plana de 19 euros</a>. Les recomiendo que se informen al respecto porque muchos lugares comunes se desmienten por sí mismos en cuanto uno se molesta en conocer la realidad. En cuanto a las características del Teatro Real frente al Gran Teatre del Liceu la diferencia básica radica en la existencia de una tradición operística ininterrumpida en Barcelona, frente a una historia mucho más accidentada en Madrid. Ambos teatros se inauguraron casi simultáneamente, pero el Teatro Real ha permanecido cerrado o convertido en sala de conciertos durante una gran parte de su historia. En cuanto al público, <strong>comparten las características de otros países del sur de Europa. Por ejemplo, una tradición muy centrada en el culto al divo.</strong> Afortunadamente, las gestiones artísticas del Real y del Liceu han favorecido un cambio de perspectiva en las últimas décadas. Que conste que no tengo nada contra los divos, pero <strong>una temporada de ópera es mucho más que una sucesión de títulos con cantantes mediáticos.</strong> Los responsables debemos tener claro que estamos defendiendo una forma de arte que expresa experiencias humanas y que activa nuestra capacidad de sentir porque, como el gran arte, permite que contemplemos fuera de nosotros nuestra experiencia común. El arte es el único lenguaje que transmite la complejidad de la experiencia no como algo cerrado al reducto de nuestra subjetividad sino como una realidad creada justamente para ser compartida por muchos. Una sociedad culta es una sociedad rica en sentimientos y en ideas, capaz de ser sensible a los demás, capaz de escuchar, capaz de expresar y capaz de compartir. Por esto necesitamos que existan instituciones como el Teatro Real.</p>
<p style="text-align: left;"><em>¿Cuáles son los puntos fuertes del <a href="http://www.teatro-real.com/bicentenario/" target="_blank">bicentenario / 20 aniversario del Real</a> desde el punto de vista artístico?</em></p>
<p style="text-align: left;">La conmemoración va a favorecer la apertura del repertorio de las próximas temporadas a algunas de las óperas más importantes de la historia que, por motivos diversos, todavía no han accedido a su escenario. En cooperación con los teatros internacionales más relevantes, con los que el Teatro Real colabora en una serie de coproducciones, <strong>una parte del repertorio de las próximas temporadas va a poner su acento en la novedad</strong>: nuevos estilos, nuevas estéticas, nuevos compositores y obras todavía inéditas en Madrid. Todo ello con el convencimiento de que el concepto de repertorio no es algo estático sino que cambia y evoluciona. Y contribuir a esta evolución es una de las funciones irrenunciables de la programación de un teatro como el Real.</p>
<p style="text-align: right;"><b><i>BORJA MARTÍNEZ</i></b></p>
<p style="text-align: left;"><em><a href="/wp-content/uploads/2017/04/PORTADA281.jpg"><img class="alignleft wp-image-6805" src="/wp-content/uploads/2017/04/PORTADA281-761x1024.jpg" alt="PORTADA281" width="150" height="202" /></a><br />
Una ver­sión de este artículo <strong><a href="/2017/04/leer-en-abril-opera-una-sublimacion-literaria/" target="_blank">apa­rece publi­cada en el número de abril de 2017, 28</a>1</strong>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>.</em></p>
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		<title>Sharon Olds, premio Leteo 2015</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Dec 2015 10:52:38 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>P<em>oeta indispensable de las letras estadounidenses, comprometida, desde lo cotidiano, con su creación y el mundo, y con su tiempo a través de lo creado, esta semana <strong>Sharon Olds</strong> será galardonada con el <strong>XV Premio Leteo</strong>, una iniciativa que en los últimos años ha llevado a León a autores de la categoría de Paul Auster, Amélie Nothomb, John Banville, Michel Houellebecq, Martin Amis, Enrique Vila-Matas, Juan Gelman o Adonis, y que desde esta edición cuenta con el respaldo de LEER. La cita, este fin de semana en el MUSAC de León.  </em></p>
<h3><strong><br />
Naturalidad y crudeza </strong></h3>
<h5>Por Marta Caballero</h5>
<p>Probablemente nadie ha declinado jamás una invitación de una Primera Dama con la militante elegancia con la que lo hizo Sharon Olds (San Francisco, 1942) en 2005: “Muchísimos norteamericanos que sintieron orgullo por nuestro país ahora sienten angustia y vergüenza por este régimen vigente de sangre, heridas y fuego. Pienso en el lino limpio de tu mesa, los cuchillos brillantes y las llamas de las velas, y no podría digerirlo”. Estas palabras enviadas en una carta abierta se las dedicó a Laura Bush negándole su asistencia a los actos del <strong>Festival Nacional del Libro en Washington</strong>, y hablan muy bien de qué tipo de persona es la remitente. Poeta tardía, maestra en la autoindagación, feminista, honda y clara a la vez, intensa, llena de fuerza, la autora, uno de los pilares de la poesía norteamericana contemporánea y considerada una de las voces más importantes de este país, estará en <strong>León</strong> para recibir el<strong> Premio Leteo</strong>, una visita que representa una oportunidad única para que los lectores españoles se acerquen a su obra, según sostiene el también poeta Óscar Curieses, que actualmente está traduciendo para el sello Bartleby su libro <em>The Gold Cell</em>.</p>
<blockquote><p>Poeta tardía, maestra en la autoindagación, feminista, honda y clara a la vez, es uno de los pilares de la poesía norteamericana contemporánea</p></blockquote>
<p>El director de la Colección de Poesía de la misma editorial, <strong>Manuel Rico</strong>, destaca de la producción del Olds el apego a la cotidianidad, “a la realidad familiar, a lo que algunos críticos y traductores han llamado el exteriorismo”. Y añade: “Sus poemas abordan el dolor y la experiencia familiar con realismo pero sin desatender esas zonas misteriosas que lo cotidiano nos presenta”. Olds, que nació diez años después que<strong> Sylvia Plath</strong> y 14 después que <strong>Anne Sexton</strong>, engarza con una tradición que, como amplía Rico, mantiene un denominador común, “el canto a lo más próximo y vivido, la apelación a la memoria, el enfrentamiento del drama familiar y de la muerte con la naturalidad y la distancia emocionada de una poeta realista”. En la misma línea, su traductor ensalza el contraste entre la crudeza y la violencia con la ternura, especialmente en <em><strong>El padre</strong></em>, estremecedor libro, un verdadero exorcismo que está considerado su obra maestra y que en <strong>España</strong> también editó Bartleby, un poemario que se llena de amor para hablar de maltrato.</p>
<p>El feminismo es otra de sus constantes, una actitud que, sostiene Rico, conecta con el progresismo estadounidense de los sesenta, con las movilizaciones por los derechos civiles y contra la guerra de Vietnam. “Sus poemas reivindican a la mujer como sujeto integral independiente, como defensora de sus condición de ser humano en todas las circunstancias. Hay composiciones suyas como «El aborto» y «Conflictos», en las que su canto es un alegato contra el sufrimiento de las mujeres, contra su marginación histórica. En lo colectivo y en lo personal”.</p>
<blockquote><p>Sus poemas abordan el dolor y la experiencia familiar con realismo pero sin desatender las zonas misteriosas de lo cotidiano</p></blockquote>
<p>Poderosamente influenciada por <strong>Whitman</strong>, Olds, que es conocida en los círculos poéticos patrios, tiene pendiente, sin embargo, un encuentro mayor con los lectores del país. “Quien haya leído con gusto a Plath o a Sexton no puede obviar a Olds”, sentencia Rico, que reconoce que fue precisamente aquella edición de <em>El padre</em> en 2004 la que propició una audiencia mayor a su producción, de la que también han editado <em>Los muertos y los vivos</em> en 2006. Curieses aporta que en la actualidad es un referente de las nuevas poetas españolas: “Aborda temas poco expresados en la literatura de mujeres. El cuerpo es una figura recurrente en su obra, la materialidad del ser humano. Frente a las autoras confesionales, sus referencias son más cercanas para los lectores, elementos como la violencia o la amenaza de violencia, las relaciones paternofiliales… No es una diva ni una activista radical pero imparte talleres de creación literaria tanto en la<a href="http://www.columbia.edu/"><strong> Universidad de Columbia</strong></a>, donde se doctoró, como a enfermos en hospitales, esos contrastes hablan mucho de su mundo y de sus libros”.</p>
<p> </p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2015/12/olds.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-5042" src="/wp-content/uploads/2015/12/olds-1024x576.jpg" alt="olds" width="690" height="388" /></a></p>
<p> </p>
<h3>Sharon Olds: «Mientras sea fiel a mi lado salvaje todo me parece bien»</h3>
<h5>Una entrevista de Ana Merino</h5>
<p><em>En Secundaría leyó a <strong>Auden</strong>, <strong>E.E. Cummings</strong>, Whitman y <strong>Shakespeare</strong>, raíces de su amor por la poesía. ¿De qué manera relee a sus autores y en qué forma los versos le siguen impactando? ¿Puede darnos retrospectiva de su formación como lectora de poemas y de cómo estos le afectaron en diferentes momentos de tu vida?</em></p>
<p>De niña acudía a los servicios de la Iglesia Protestante Calvinista, esa religión donde ya está decidido antes de que uno nazca si se va al Infierno, con su fuego eterno, o no. Yo quería creer que estaba entre los no condenados mientras escuchaba los maravillosos<em><strong> Salmos</strong></em> y cantaba los Himnos de deliciosa armonía y aburrida letra. De este modo los domingos me encontraba expuesta al arte bueno y al arte malo; y a la metáfora representada por la verdad literal de la transubstanciación, de ese pan y de ese vino que eran la carne y la sangre de Jesús. A los catorce años comencé a leer las obras de teatro y los sonetos de Shakespeare. Y me sumergí en su vocabulario y en su gramática. Descubrí que pronunciarlo y deletrearlo era tan placentero que se sentía como un masaje en el cerebro.</p>
<p>Luego estaban algunos versos de <strong>Ezra Pound</strong>, terribles en su ideología pero hermosos; los que escribió cuando estaba prisionero en una celda, en una auténtica jaula de metal en Pisa. Se le acusaba de traición por haber hecho propaganda fascista en la radio durante la Segunda Guerra Mundial. Por lo que yo muchas veces me decía a mi misma: “What thou lovest well remains, the rest is dross” (“Lo que bien amas, perdura; lo demás es escoria”).</p>
<p><img class="alignleft wp-image-5032" src="/wp-content/uploads/2015/12/csm_10.22.15._Readings.Poetry.SharonOlds.headshot_52fd569d24-781x1024.jpg" alt="csm_10.22.15._Readings.Poetry.SharonOlds.headshot_52fd569d24" width="400" height="524" /></p>
<p>Después leí a muchos otros poetas estadounidenses como <strong>Gwendolyn Brooks</strong> o a <strong>Philip Levine</strong>, con esos poemas sobre la Guerra Civil Española que me impresionaron profundamente.</p>
<p><em>¿Cree que el contexto social y ser testigo de diferentes momentos históricos marca de forma clara la construcción de su yo poético? Su tiempo y su sociedad se reflejan muy bien en su obra…</em></p>
<p>Estoy de acuerdo en que los tiempos en los que vivimos se reflejan en la creación del artista. El amor sexual, el sexismo, la guerra contra las mujeres, todo eso son lugares de los que parten mis poemas. La mujer como un mero objeto doméstico, el riesgo de abuso contra el cuerpo femenino, o nuestras propias experiencias sexuales y las de otros, me han parecido temas sugerentes. Mi próximo libro, que se publicará en septiembre de 2016, es de odas. Incluye una oda al himen, una oda al clítoris, una oda al pene, una oda al tampón, una oda al condón; pero también una oda a mi blancura, a las cosas de las chicas, a los bigotes, a las estrías o a los últimos árboles de la ciudad de Nueva York.</p>
<p><em>¿De qué manera construye sus libros? En algunas ocasiones ha explicado que, de pronto, sus poemas se agrupan y forman un libro. Que muchos de sus libros no surgen de un plan preconcebido.</em></p>
<p>Efectivamente, no escribo libros, escribo poemas. Entonces, cada cuatro o cinco años, busco los que funcionan mejor, los extiendo por el suelo y trato de encontrar afinidades.</p>
<p><em>¿De qué forma piensa en un título cuando tiene todos esos poemas juntos? ¿Cuál resultó el más difícil e intenso? ¿Fue “El padre”?</em></p>
<p>La verdad es que “El padre” no me resultó duro de ordenar, puse esos poemas cronológicamente. Ya había experimentado antes con divisiones formales cuando organicé “los poemas para los muertos” y “los poemas para los vivos”; y ahora con las <strong>“Odas”</strong> trato de alcanzar un orden variado de forma que los poemas sobre el cuerpo no estén todos amontonados y evitar una saturación que pueda resultar desagradable.</p>
<p><em>Hay una tendencia a pensar que la poesía es una experiencia de la juventud efervescente, pero usted debutó a los treinta y ocho años. Es decir, llegó al espacio de los lectores con una voz tan madura y potente que ha hecho que cada uno de sus libros poéticos sea fabuloso. ¿Piensa que comenzar a publicar a esa edad hizo que su poesía fuera más sólida? Cuando uno mira sus libros descubre una voz única y muy auténtica, como si ya hubiera filtrado el sonido de otras voces en libros que nunca publicó.</em></p>
<p>Gracias por sus amables palabras. Tenía treinta años cuando comencé a dedicarme de lleno a la escritura, mientras ejercía como madre todo el día. Mi primer libro apareció cuando cumplí los treinta y siete. Todavía por aquel entonces era joven y salvaje. Ahora soy vieja y salvaje. Mientras sea fiel a mi lado salvaje todo me parece bien. Lo que ocurre es que, a diferencia de <strong>Louise Glück</strong> o <strong>Adrienne Rich</strong>, yo no había escrito nada que mereciera la pena hasta que apareció mi primera obra.</p>
<p><em>Siempre hay gente que le pide consejos para los jóvenes poetas. ¿Puede darnos consejos para los viejos?</em></p>
<p>Lo mismo que les digo a los jóvenes poetas. Toma vitaminas, baila, nada. No bebas mucho vino. No tomes drogas. Háblate a ti mismo con dulzura y protege tu corazón (eso lo he visto escrito en las aceras de Nueva York).</p>
<p><em>Su primer libro <strong>‘Satán dice’</strong> fue un comienzo clave que tenía una mirada contundente. Sus escritos ofrecen una voz llena de precisión que va desde lo biográfico a la invención literaria y fabrican pura poesía con imágenes muy explícitas…</em></p>
<p>Siento intensamente al hombre y a la mujer, los temas de género y raza, o cómo tratan los padres a los hijos. Tengo muchas cosas que elogiar: el amor, el sexo, los hijos. Amo las palabras y tengo la suerte de que los símiles llegan a mí, a mi brazo y a mi bolígrafo, y que mi habilidad intuitiva va más allá de las estructuras tradicionales. Me encanta saltarme la estructura de los versos tradicionales: ponme un límite dibujando una raya en la arena y me lo saltaré.</p>
<blockquote><p>Toma vitaminas, baila, nada. No bebas mucho vino. No tomes drogas. Háblate a ti mismo con dulzura y protege tu corazón. Son mis consejos para el poeta</p></blockquote>
<p><em>¿Qué puede contar sobre su proyecto <strong>Goldwater</strong>? ¿De qué forma entiende la responsabilidad de los creadores con el mundo?</em></p>
<p>Aquellos que hemos sido privilegiados por la educación, las circunstancias, el tiempo y el lugar en el que nacimos, somos muy afortunados. Además poseemos un talento en el que nuestro corazón, nuestra mente, nuestra alma y pensamiento político pueden danzar, y los programas de escritura creativa son lugares perfectos para repartir esa suerte que tenemos. El compromiso de la Universidad de Nueva York ha estado activo a través de los años en una prisión de mujeres, en escuelas secundarias especiales y en una unidad oncológica infantil. Nuestros estudiantes del MFA ayudan a que los niños, algunos de ellos terminales, y sus padres escriban juntos. Nuestro programa de talleres más antiguo es el del <strong>Hospital Isador Goldwater Memorial</strong>, un hospital estatal de novecientas camas para gente gravemente limitada. Algunos de los escritores de esa clase no pueden moverse o hablar. Ese programa ha estado funcionando durante casi treinta años, y los talleres de escritura para veteranos de <strong>Afganistán</strong> o<strong> Irán</strong> llevan funcionando seis años. La amistad entre “maestros” y “estudiantes” en esas comunidades es igual de enriquecedora para ambas partes. Tres de nuestros estudiantes graduados enseñan en Goldwater durante el otoño y otros tres durante la primavera.</p>
<p><em>¿Cree en el futuro?</em></p>
<p>No lo sé. Me preocupan demasiado los niños, las mujeres y hombres jóvenes, la libertad, la opresión, la intolerancia, los árboles, las flores, los pájaros, el aire, la Tierra.</p>
<h3 style="text-align: center;">-&amp;-</h3>
<p> </p>
<h3 style="text-align: center;"><strong>Yo también soy Leteo</strong></h3>
<h5 style="text-align: center;">Por Rafael Saravia</h5>
<p style="text-align: left;">Resulta que en el norte de España, en una pequeña ciudad como es <strong>León</strong>, se celebra desde principios de siglo un encuentro muy especial en torno a la literatura. Unas jornadas culturales que en este año cumplen su XV aniversario. Esto tal vez no debería ser especialmente reseñable si no fuera porque estas jornadas, organizadas por una asociación sin ánimo de lucro, y actualmente sin ningún respaldo institucional, han convocado en esta ciudad, León, a lo más granado de la literatura internacional.</p>
<p style="text-align: left;"><a href="/club-leteo/"><img class="alignright wp-image-5031" src="/wp-content/uploads/2015/12/yo-tb-soy-LETEO-1-724x1024.jpg" alt="yo tb soy LETEO (1)" width="400" height="566" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Las <strong>Jornadas Leteo</strong> nacen por iniciativa de un grupo de jóvenes escritores de León que se dan cuenta de que la gran programación literaria en España se centralizaba en <strong>Madrid</strong> y <strong>Barcelona</strong>, frente a otras escenas literarias importantes pero sin los medios ni las ganas de desarrollar una programación de primer orden. En aquel momento –hablamos de 2001– no existían festivales tan importantes como <a href="http://www.cosmopoetica.es/"><strong>Cosmopoética</strong> </a>en Córdoba o el <a href="https://www.hayfestival.com/segovia/es-index.aspx?skinid=4&amp;localesetting=es-ES&amp;currencysetting=EUR&amp;resetfilters=true"><strong>Hay Festival </strong></a>de<strong> Segovia</strong>, y las <strong>I Jornadas Leteo</strong> nacen con un afán muy concreto: acercar y dar a conocer lo mejor de la literatura mundial a los lectores del noroeste español. Siempre desde la perspectiva de un grupo de escritores veinteañeros con hambre de aprender y descubrir.</p>
<p style="text-align: left;">El primer galardonado fue un poeta. Uno de los grandes, aunque todavía no había sido encumbrado y popularizado con el <strong>Premio Cervantes</strong> o el <strong>Reina Sofía</strong>.<strong> Antonio Gamoneda</strong> abría una vía por la que circularon muchos más. Por nuestra ciudad pasaron año tras año escritores de la talla de <strong>Belén Gopegui</strong>, <strong>Gonzalo Rojas</strong>, <strong>Fernando Arrabal</strong>, <strong>Michel Houellebecq</strong>,<strong> Amélie Nothomb</strong>, <strong>Martin Amis</strong>, <strong>Adonis</strong>, <strong>Paul Auster</strong>, <strong>Enrique Vila-Matas</strong>, <strong>Ledo Ivo</strong>, <strong>Juan Gelman</strong>, <strong>John Banville</strong> o <strong>Erri de Luca</strong> –que no pudo acudir pero lo hará en breve–. Este año, el XV Premio Leteo recae en la mejor poeta viva estadounidense, Sharon Olds.</p>
<p style="text-align: left;">Además de traer a una ciudad como León a estas personalidades literarias, el <strong>Club Leteo</strong> quiso generar una cultura de base realizando cada año encuentros, lecturas y, sobre todo, un sello editorial que apostase por el riesgo y la calidad. Más de 40 publicaciones atestiguan nuestro buen hacer. Con textos difíciles de grandes autores como <strong>Ildefonso Rodríguez</strong>, <strong>Miguel Suárez</strong> o <strong>Eduardo Milán</strong>, o de jóvenes inéditos como <strong>Carlos Loreiro</strong>, que acabó ganando el <strong>Premio Nacional de Poesía Joven</strong> con el libro publicado en Ediciones Leteo en el 2013.</p>
<blockquote><p>Leteo nace hace 15 años con un afán muy concreto: acercar y dar a conocer lo mejor de la literatura mundial a los lectores del noroeste español</p></blockquote>
<p style="text-align: left;">En nuestra andadura nos han acompañado lo mejor de la literatura de nuestro país. <strong>Juan Carlos Mestre</strong>, <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong>, <strong>Ray Loriga</strong>, <strong>Alberto Olmos</strong>, <strong>Juan Barja</strong>, <strong>Rodrigo Fresán</strong>, <strong>Félix Grande</strong>, <strong>Jesús Hilario Tundidor</strong>, <strong>Agustín Fernández Mallo</strong>, <strong>Jorge Riechman</strong>, Manuel Rico y un larguísimo etcétera. O de la ilustración, como <strong>Toño Benavides</strong>, <strong>Martín</strong>, <strong>Raúl Allén</strong>, <strong>Modesto Llamas</strong>, <strong>Paula Escanciano</strong>, Dadanoias, Guzpeña, el artífice de nuestro premio <strong>Amancio González</strong> y otro sin fin de artistas plásticos.</p>
<p style="text-align: left;">Ahora, en el año que celebramos tres lustros, necesitamos más que nunca que tú seas parte de este proyecto. Contamos con el apoyo de LEER como patrocinador oficial, además del apoyo de la <a href="http://www.fundacionmonteleon.es/"><strong>Fundación Monteleón</strong> </a>y la <a href="http://www.fundacioncerezalesantoninoycinia.org/"><strong>Fundación Cerezales Antonino y Cinia</strong></a>. También de muchos ciudadanos como tú que ya se han querido sumar a este proyecto para que la literatura de primer orden pueda seguir disfrutarse en ciudades pequeñas como León. Por eso comenzamos la campaña <strong>Yo también apoyo Leteo</strong>, a través de la cual podrás hacerte Amigo de Leteo por tan sólo 50 euros al año. Con Esta aportación, haces posible que grandes escritores como Sharon Olds puedan charlar y dialogar con sus lectores del noroeste español, pero también podrás conseguir unos beneficios fantásticos en torno a la literatura, como por ejemplo una suscripción anual a LEER. Además de las publicaciones de cada año del Club Leteo y un descuento del 50% en el fondo de catálogo de Ediciones Leteo. Puedes informarte en la página de Leteo en LEER, <em><a href="/club-leteo/" target="_blank">revistaleer.com/club-leteo/</a></em>, o escribiendo a <a href="mailto:leteo@clubleteo.com">leteo@clubleteo.com</a>.</p>
<p style="text-align: left;">Creemos que la gran literatura no debe ser monopolio de las grandes metrópolis. Con tu aportación, seas de la ciudad que seas, respaldas esta filosofía y esta manera de entender una cultura plural.</p>
<h3 style="text-align: center;">-&amp;-</h3>
<p> </p>
<h3 style="text-align: center;">Programación de las Jornadas Leteo 2015</h3>
<ul>
<li><span style="color: #003366;"><em><strong><a href="/wp-content/uploads/2015/12/cartel-leteo-2015.pdf" target="_blank"><img class="alignright wp-image-5058" src="/wp-content/uploads/2015/12/0001-731x1024.jpg" alt="0001" width="300" height="420" /></a>Sábado 19 de diciembre</strong><br />
</em>Entrega XV Premio Leteo a Sharon Olds,</span><br />
<span style="color: #003366;">con lectura de sus poemas</span><br />
<span style="color: #003366;">Interviene <strong>Oscar Curieses<br />
</strong>MUSAC. 20:30 horas</span></li>
<li><span style="color: #003366;"><em><strong>Domingo 20 de diciembre</strong><br />
</em>Mesa redonda <em>Los muertos y los vivos</em>. Panorama de la poesía de Olds en España</span><br />
<span style="color: #003366;">MUSAC. 12:30 horas</span></li>
<li><span style="color: #003366;"><em><strong>Lunes 21 de diciembre</strong><br />
</em>Presentación de la novela <em><strong>Una historia de Anar Khan</strong> </em>(Ediciones Leteo) de <strong>Alfonso Barguñó Viana</strong></span><br />
<span style="color: #003366;">Librería Artemis. 20:30 horas</span></li>
<li><span style="color: #003366;"><em><strong>Martes 22 de diciembre</strong><br />
</em>Presentación del poemario<em><strong> Impajaritable</strong> </em>de <strong>Julio Obeso González</strong> (Ediciones Leteo)</span><br />
<span style="color: #003366;">CaféRistán 20:30 horas</span></li>
<li><span style="color: #003366;"><em><strong>Martes 29 de diciembre</strong><br />
</em>Noches de R. Burns</span><br />
<span style="color: #003366;">Clausura de las Jornadas Leteo con la poeta <strong>Ruth Miguel Alonso</strong></span><br />
<span style="color: #003366;">Chelsea British Bar. 21:00 horas</span></li>
</ul>
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		<title>Pla, un vencedor derrotado</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2014 12:29:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[CUANDO OIGO DECIR que ya es hora de empezar a estudiar el franquismo sin apasionamientos, reprimo un hondo suspiro de melancolía. Ya sería hora, sí, en un país normal: no en uno que revive cada día el espantajo del dictador para justificar un delirio identitario o una eterna revolución pendiente, conceder medallas retrospectivas, practicar un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>CUANDO OIGO DECIR que ya es hora de empezar a estudiar el franquismo sin apasionamientos, reprimo un hondo suspiro de melancolía. Ya sería hora, sí, en un país normal: no en uno que revive cada día el espantajo del dictador para justificar un delirio identitario o una eterna revolución pendiente, conceder medallas retrospectivas, practicar un revisionismo absurdamente nostálgico y, en general, <strong>ganarse la vida del intelectual sesgado con sinecura ideológica, que es el modelo inmaduro de la industria cultural española.</strong></p>
<p>Pero a veces topamos con trabajos rigurosos, laboriosamente editados y valientemente prologados, muy alejados del sectarismo que alienta en la colonización cultural (enjuiciar las posiciones éticas de los biografiados en tiempos bélicos desde la confortable óptica de la prosperidad posmoderna) como <strong>este libro del periodista Josep Guixà, obra luminosa sobre la relación ambigua entre Pla y otros catalanistas moderados con el franquismo.</strong> A diferencia de lo que se ha tratado de hacer con <a title="Reseña de 'El marqués y la esvástica'" href="/2014/09/con-mas-tinta-que-verdad/" target="_blank"><strong>Ruano</strong></a>, reduciéndolo a nazi sin comprender su picaresca estructural (y sí: amoral, pero nunca fanática ni criminal), este libro describe <strong>con proliferación de documentos y esfuerzo de comprensión la polémica evolución ideológica del gran escritor</strong> y de algunos colegas, desde su crianza burguesa hasta su coqueteo juvenil con el radicalismo izquierdista de <strong>Macià</strong>; siguiendo por el definitivo deslumbramiento ante <strong>Cambó</strong> y el regionalismo pactista de la Lliga (posición conservadora que ya nunca abandonará); continuando por su labor de espionaje desde Francia para el bando de <strong>Franco</strong> durante la guerra, cuya elucidación precisa es la mayor aportación de este libro; y <strong>terminando por la desconfianza amarga con que unos y otros</strong> (catalanistas y franquistas, e incluso catalanistas franquistas, condición mucho más mayoritaria de lo que vende el mito nacionalista y que Guixà documenta con lujo) <strong>pagaron sus servicios.</strong></p>
<blockquote><p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie</p></blockquote>
<p>Antes que monje de las letras, Pla fue <strong>un hombre comprometido hasta las cachas en las pasiones políticas de un tiempo letal.</strong> Nunca se sintió españolista (despreciaba la idea de Castilla que enamoraba al 98), pero practicó siempre que pudo un doble juego muy <em>camboniano</em>: buscar alianzas en Madrid con la derecha –fuera monárquica, republicana, falangista o dictatorial– con tal de evitar que Cataluña cayera en el desorden criminal anarcosindicalista, como en efecto terminó sucediendo. Así se entiende que el autor de <em>El cuaderno gris</em> perteneciera a la <em>corte literaria</em> de <strong>José Antonio</strong>, a quien trató y visitó en la Modelo, y escribiera en <em>Arriba</em> y en <em>Falange Española</em>. Más tarde tomó partido por el moderantismo de la CEDA, y todo ello lo compaginó con los artículos regionalistas para <em>La Veu</em><em> de Catalunya</em>. Tiene líneas en favor de los movimientos de liberación nacional europeos y contra la debilidad de la democracia liberal, <strong>queda seducido por Mussolini e incluso profesa tímido interés por Hitler, pero su coqueteo con el fascismo es fugaz</strong>, como duradera su aversión a la izquierda revolucionaria. Cuando el Frente Popular gana las elecciones, el ya famoso periodista abandona su corresponsalía en Madrid y se recluye en Llofriu, adonde iría a buscarle un comité rojo de Barcelona presumiblemente para darle el <em>paseo</em>. Lo salvará un jefe local de la CNT, por razones de pura familiaridad, y <strong>cuando Pla se ve a salvo en Francia, se echa a llorar ante un plato de bullabesa.</strong></p>
<p>En Marsella, puerto de guerra estratégico, Cambó nombra a Pla agente número 10 del Servicio de Espionaje de la Frontera del Nordeste de España (SIFNE), agencia montada por el propio Cambó a la manera de una eficiente empresa familiar y puesta al servicio de la junta de Burgos, que valoraba mucho la claridad (planiana) de los escritos del SIFNE. El agente número 10 informaba de los barcos que salían para Valencia (zona roja) o de las tareas de reclutamiento que en Marsella organizaba la Komintern, pero nada tuvo que ver con el barco hundido con armamento para la República que alguna historiadora ha querido cargar sobre la conciencia de Pla. <strong>Se trataba de informes sobre la internacionalización del conflicto hacia 1937, más que otra cosa</strong>, en cantidad propia de un grafómano y de una calidad indisimulada de estilista. El SIFNE presionaba para que Franco entrara ya en Cataluña y acortase la guerra, pero nunca logró semejante influencia sobre el dictador. Y <strong>cuando llegó 1939, las suspicacias de Pla por su pasado “rojo-separatista” se confirmaron: su puesto como director de <em>La Vanguardia</em> duró un mes.</strong> Le sustituyó un catalanista franquista homologado por <strong>Serrano Suñer</strong> con el beneplácito entusiasta de <strong>Godó</strong>: <strong>Luis de Galinsoga</strong>.</p>
<p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie. <strong>Solo le quedó entonces el refugio de la literatura.</strong> Y ahí empezó la verdadera gesta: la refundación del lenguaje literario catalán.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORGE BUSTOS</strong></em></p>
<address><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/"><img class="alignleft wp-image-3184" src="/wp-content/uploads/2014/12/978-84-15174-98-11-635x1024.jpg" alt="espias-cubierta.indd" width="150" height="242" /></a><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/" target="_blank">ESPÍAS DE FRANCO</a>. JOSEP PLA y FRANCESC CAMBÓ</address>
<address><strong>Josep Guixà</strong></address>
<address>Fórcola. Madrid, 2014</address>
<address>520 páginas. 26,50 euros</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cultural</a> de ARCE (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
<p> </p>
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		<title>Una patria literaria</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 11:34:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[#LEER256]]></category>
		<category><![CDATA[Barcelona]]></category>
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		<description><![CDATA[Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.   EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><em>Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.</em></address>
<address> </address>
<p>EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un tiempo largo <strong>sin acabar nunca de echar raíces en ninguna parte.</strong> Para colmo no he vuelto a <em>casa</em> más que por breves periodos vacacionales y eso ha comportado un creciente alejamiento y desarraigo. Me doy cuenta de que a mis cincuenta y cinco años y pico soy, de hecho, ya<strong> más <em>de fuera</em> que <em>de dentro</em>; algo que quizás no me da demasiada autoridad para interferir ni opinar en nada de <em>casa nostra</em>.</strong> Me ayuda, eso sí, a poder sobrellevar con estoicismo la lectura de la prensa diaria de mi tierra y a seguir los reportajes que se emiten por sus emisoras de radio y canales televisivos, interponiendo parecida pantalla anímica –un italiano cuenta con el lujo verbal de poder recurrir al sustantivo <em>estraneità</em>, concepto que no acierto nunca a trasvasar a <em>mi</em> lengua– a la que interpondría al asomarme, con un océano de por medio, a las menudas vicisitudes de las poblaciones de la remota isla de Groenlandia.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2863" src="/wp-content/uploads/2014/11/978843224814-673x1024.jpg" alt="978843224814" width="300" height="456" />Por el camino he ido perdiéndoles la pista a numerosos parientes y conocidos con los que ya no tenía nada de qué hablar, ni tampoco nada de que discutir. Y aun así <strong>he llegado a envidiar su entusiasmo, esa capacidad festiva para adherirse a las consignas patrióticas</strong> y fundirse de ese modo con la colectividad. En mi caso <strong>no lo he conseguido</strong>. Ni tampoco logro ahora desembarazarme de ese lastre de pesimismo que me agobia al enredarme una y mil veces en el cliché tramposo de la “decadencia de los tiempos actuales”. Pero cómo no caer en lugares comunes cuando evoco, por evocar una de las realidades que a mi más próxima me resultaba hasta hace poco tiempo, el barrio de la Sagrada Familia de antaño y compararlo con el que contemplo en este otoño plomizo de 2014. Al barrio se le conocía entonces, ocho años antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, con el nombre de <em>poblet </em>y ese apelativo (por añadidura con cariñoso diminutivo, un rasgo morfológico infrecuente en catalán) lo dice prácticamente todo; es hoy, en cambio, un distrito de mercenarios y contrabandistas al servicio de la <em>pela </em>foránea. Nada que objetar, pues tal vez sea el dinero un objetivo existencial tan digno como alcanzar la fama o perseguir memoria póstuma.</p>
<blockquote><p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me amarra al Trentino adoptivo</p></blockquote>
<p><strong>Siento, con todo, un desasosiego que me abruma al saber que las cosas pudieran haber sido hoy muy distintas.</strong> Para constatarlo bastaría montarse en el primer vuelo con destino a Londres, metrópoli cuyas neblinas apestan intensamente a libra esterlina, y callejear de un extremo a otro de la capital. Me asusta entonces pensar qué hubiéramos sido capaces de proyectar con barrios como el de Bloomsbury y con recoletos parques urbanos como el de St. George’s Gardens. Lo adivino, pues para algo me ha servido haber visto cómo las han gastado durante décadas nuestros urbanistas en la costa catalana, en las ciudades y en los pueblos rurales del interior que, como dice un buen amigo, sólo han logrado conservar la belleza de sus antiguos topónimos.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2864" src="/wp-content/uploads/2014/11/la-lluvia-amarilla-599x1024.jpg" alt="la-lluvia-amarilla" width="300" height="512" />Mis amigos catalanes… se cuentan hoy con los dedos de una sola mano. Cuando pongo pie en Barcelona no tengo ni necesidad de echar mano de agenda, pues me sé de memoria aquel par de números de teléfono. Admiro su capacidad de resistencia, pues <strong>de haber permanecido allí tal vez yo hubiera sido de los que se sumaron a la bandada desde la primera hora.</strong> Temo que a estas alturas de mi vida estaría la barandilla del balcón de mi apartamento envuelta en la <em>senyera</em>, colgaría una bufanda con los colores <em>blaugrana</em> en el perchero que hay en el vestíbulo de entrada y, en la puerta trasera del automóvil, luciría gallarda la pegatina que reproduce el consabido borriquillo.</p>
<p>A menudo me he parado a pensar a qué disciplina, a que modalidad de ejercicios espirituales hubiera debido someterme para lograr permanecer pegado a la orilla y evitar así ser engullido por el remolino. Me veo entonces recién levantado de la cama, legañoso y despeinado, todavía en pijama, infundiéndome ánimos delante del espejo y repitiendo en voz alta una especie de cantinela que ojala que poseyera la magia de un sortilegio: “No. Hoy tampoco sucumbiré”.</p>
<p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me mantiene amarrado al Trentino adoptivo. Pero no me siento solo, ni tampoco desorientado. Poco a poco, palabra tras palabra, línea tras línea, página tras página, volumen tras volumen, ha ido creciendo mi vecindad alternativa. En dicha Republica literaria, <strong>las celdas contiguas se han ido poblando y animando a remolque de las afinidades electivas.</strong> <em>La lluvia</em> <em>amarilla </em>ha terminado emparejándose con <em>Pedro Páramo</em>. El Alburquerque de <em>El balcón en</em> <em>invierno </em>comparte ahora espacio estanteril con el Erto de <em>Fantasmas de piedra</em>. Procedente de los rellanos más altos rueda por las escaleras ese <em>lied </em>schubertiano que, de manera ininterrumpida, el pelmazo de Hans Castorp escucha hasta la saciedad. Y agravan mi persistente dolor de cabeza los consiguientes golpetazos que Ulrich –que tanto debiera empeñarse ahora en cumplir con los objetivos de la Acción Paralela que le marcaron las autoridades de Kakania― da con los nudillos en la pared divisoria para intentar persuadir a su vecino de que, de una vez por todas, debiera bajar el volumen del gramófono. Y todo ello ante el pasmo del sinólogo Peter Kien, incapaz de concentrarse esta madrugada en conjeturar una hipótesis plausible que le permita reemplazar la cadena de sinsentidos textuales y variantes erróneas que ha documentado para cierto lugar critico de un manuscrito anónimo cuya transmisión arranca en la dinastía Tang. Mientras tanto se que el teniente Giovanni Drogo permanecerá impasible en su puesto, contemplando desde la azotea la quieta línea del horizonte a la luz de la luna llena, velando por todos nosotros.</p>
<blockquote><p>Aspiro a compartir el Paraíso con la extravagante vecindad alternativa de mi República literaria, ajenos a fanfarrias patrioteras y a la esclavitud de las lenguas</p></blockquote>
<p><strong><a href="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg"><img class="alignright wp-image-2865" src="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg" alt="9788497936781" width="300" height="457" /></a>Constituyen estos inquilinos extravagantes y solitarios mi única parentela.</strong> Son los que me han formado, bajo cuya tutela he ido madurando y quienes han logrado impedir, hasta el día de hoy, que sucumbiera a la fuerza de la bandada que remonta el vuelo para caer acto seguido sobre un nuevo campo de trigo que poder esquilmar. Aspiro un día a merecer el privilegio de compartir el Paraíso con<strong> Elías Canetti</strong>, <strong>Julio Llamazares</strong>, <strong>Dino Buzzati</strong>, <strong>Robert Musil</strong>, <strong>Mauro Corona</strong>, <strong>Luis Landero</strong>, <strong>Juan Rulfo</strong> y<strong> Thomas Mann</strong>. Indiferentes a las fanfarrias patrioteras y liberados por fin de la esclavitud de las lenguas. Pero me temo que ni el Paraíso, ni el Infierno, ni el Purgatorio, ni el Limbo existen y que tan solo me quedará, en los días finales, el consolatorio goce de estar triste. Ojala que para entonces las modestas ambiciones que agitan a quienes viven en las poblaciones de la remota isla de Groenlandia, y a las que hoy en día tanto espacio conceden los medios de información de mi tierra, no hayan sido más que <strong>una mala pesadilla que se repitió pertinaz durante unas pocas noches, pero que al cabo fue humo y quedo en nada.</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORDI CANALS PIÑAS</strong> es profesor agregado en el departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Trento.</em></p>
<p> <a href="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</em></p>
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