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Algunos buenos libros (ii)

Un poemario esencial, una rompedora colección de ficciones y artículos de un hombre-blanco-hetero contra la heteronormatividad, los cuentos de una premio Nobel alternativa, dos novelas sobre sendos pasados de delación y la última y monumental biografía de Geoffrey Parker. Otra selección de libros recién llegados a LEER.

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Subido a un cho­rro de magma pro­fé­tico, el hálito de risa y oro del perro de fuego nietzs­cheano, Ale­jan­dro Mar­tín Nava­rro honra a Jorge Man­ri­que con su último poe­ma­rio, galar­do­nado con el Pre­mio Inter­na­cio­nal de Poe­sía que lleva el nom­bre del poeta de las Coplas, orga­ni­zado por la Dipu­tación de Palen­cia y el Ayun­ta­miento de Pare­des de la Nava y publi­cado por Cálamo. Nos subimos a la expe­rien­cia, y empe­za­mos con un amor fun­dido con la natu­ra­leza y la eter­ni­dad, como arena que se arras­tra en el regazo del cos­mos. Siguen ver­sos de subli­ma­ción, cla­ros, de lirismo embri­dado y equi­li­brado, con los que el poeta vuelve al hogar y a los padres, recreán­dose en los atis­bos coti­dia­nos de la natu­ra­leza, en el recuerdo de los cami­nos agrie­ta­dos por los que dis­cu­rren los vera­nos de la infan­cia, de los jue­gos y el amor entre oli­vos que sos­tie­nen el tiempo y la memo­ria «para que no se hun­dan sin reme­dio / en la tie­rra bal­día». Mar­tín Nava­rro escribe siem­pre en pre­sen­cia de la «tur­bia mate­ria» que está ahí fuera y en noso­tros a la vez, en el ori­gen y el final, cons­ciente de, y ani­mado por, el deseo esté­ril de vivir. Poe­sía que esti­mula, que des­pierta. Que dia­loga con nues­tros sen­ti­mien­tos en lugar de acom­pa­ñar­nos ton­ta­mente como la auto­ayuda ver­si­fi­cada que vende miles. Poe­sía esen­cial para lim­piar­nos del trá­fago. Por­que «ape­nas tie­nes tiempo. Date prisa».

Cub_Eloro_PoesÌaEL ORO Y LA RISA
Ale­jan­dro Mar­tín Nava­rro
Cálamo

 

La Game Boy del título de este libro, pri­mero de Caba­llo de Troya 2019 con Luna Miguel y Anto­nio J. Rodrí­guez como edi­to­res invi­ta­dos, es el regalo que a modo de pre­mio y cal­mante adi­cio­nal reci­bió Víc­tor Par­kas (Sant Boi de Llo­bre­gat, 1990) el día de su ope­ra­ción de fimo­sis. Al salir del hos­pi­tal, toda­vía bajo la eufo­ria de la anes­te­sia, el pequeño Víc­tor, 7 añi­tos, ignoró la reco­men­da­ción de pasar antes por la far­ma­cia e impuso a sus padres la visita inme­diata al cen­tro comer­cial para cobrarse el regalo. Para cuando lle­ga­ban a la tienda ya se retor­cía de dolor, y entre lágri­mas eli­gió el color de la con­sola y el juego que deseaba. Retros­pec­ti­va­mente, para Par­kas aque­llo no fue el sim­ple esper­pento pro­vo­cado por el rui­doso capri­cho de un niño. Aquel día le die­ron «las cla­ves de lo que era ser un hom­bre». Apren­dió «cómo la tes­tos­te­rona puede impo­nerse a la sen­sa­tez. Interio­ricé que, de ahora en ade­lante, el mundo iba a brin­dár­seme así: en forma de esca­pa­rate, del que yo sólo tenía que seña­lar aque­llo que que­ría y espe­rar a que me lo baja­ran». Todos los artícu­los y rela­tos del libro están opor­tu­na­mente enhe­bra­dos por esa cer­teza mal­dita, una cul­pa­bi­li­dad mili­tante aso­ciada a la con­vic­ción de que la natu­ra­leza del hom­bre hete­ro­se­xual, blanco que no «tran­sita» está mar­cada por el pri­vi­le­gio y el deseo de humi­lla­ción. Todos los hom­bres son igua­les. «Yo no soy dis­tinto a un vio­la­dor. Yo no soy dis­tinto a un mal­tra­ta­dor. Yo no soy dis­tinto a un pro­xe­neta». Si el noví­simo femi­nismo es la última tribu urbana, dice Par­kas citando a Ernesto Cas­tro, la nueva acti­tud del hom­bre sólo puede ser el reco­no­ci­miento de una con­di­ción tan fatal como el pecado ori­gi­nal. Esta nega­ción del libre albe­drío nos pre­ve­nía y disua­día antes de tomar el libro por sus boni­tas tapas rosas. Pero Víc­tor Par­kas escribe muy bien, y su pro­puesta se sobre­pone a las impo­si­cio­nes de su pen­sa­miento. Como él, o su per­so­naje, cuando se folla a la dipu­tada fes­ti­va­lera de dere­chas en un terra­plén del Pri­ma­vera Sound.

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GAME BOY
Víc­tor Par­kas
Caba­llo de Troya

 

A falta de Nobel de Lite­ra­tura, la Nueva Aca­de­mia impul­sada por la perio­dista greco sueca Ale­xan­dra Pas­ca­li­dou reco­no­cía en octu­bre a la escri­tora gua­da­lu­peña Maryse Condé (1937) con un pre­mio de nuevo cuño que ense­guida ha sido bau­ti­zado como Nobel alter­na­tivo. Así figura en la faja con que Impe­di­menta nos trae el pri­mero de los títu­los que edi­tará de la autora anti­llana. Cora­zón que ríe, cora­zón que llora apa­rece en España veinte años des­pués de su publi­ca­ción en Fran­cia, y es la «mejor puerta de entrada al uni­verso con­deano» a jui­cio de Martha Asun­ción Alonso. La poeta espa­ñola, pre­mio Ado­náis, Pre­mio Nacio­nal de Poe­sía Joven Miguel Her­nán­dez, entre otros, se doc­toró en Filo­lo­gía Fran­cesa con una tesis sobre la obra de Maryse Condé. Es, pues, la intro­duc­tora y tra­duc­tora ideal de esta vete­rana autora. Cora­zón que ríe, cora­zón que llora es una colec­ción de cuen­tos que miran a su niñez anti­llana desde su mismo naci­miento como la menor de los ocho hijos de una fami­lia de la flo­re­ciente bur­gue­sía de Pointe-à-Pitre. Las lagu­nas de la memo­ria se com­pen­san con una ima­gi­na­ción expre­sada con un len­guaje exu­be­rante, pre­ñado de ora­li­dad y de crio­llis­mos con que Condé pellizca cari­ño­sa­mente el idioma metro­po­li­tano, y que Alonso sirve al lec­tor con esmero y alguna nota expli­ca­tiva. Anun­cia Impe­di­menta que pró­xi­ma­mente publi­cará Desirada (1997), rees­cri­tura en clave cari­beña de Cum­bres borras­co­sas. Una de tan­tas nove­las de Condé mar­ca­das por el estigma de la escla­vi­tud, del colo­nia­lismo, pla­ga­das todas de «mujeres-junco» –que como diría el Dúo Diná­mico se doblan pero siem­pre siguen en pie–, tér­mino acu­ñado en esta oca­sión por el poeta Daniel Maxi­min para defi­nir los per­so­na­jes feme­ni­nos de Condé y que se ajusta tam­bién a su apa­sio­nante vida entre Gua­da­lupe, Fran­cia, África y Esta­dos Unidos.

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CORAZÓN QUE RÍE, CORAZÓN QUE LLORA
Maryse Condé
Impedimenta

 

Las dic­ta­du­ras dura­de­ras no se sos­tie­nen en el aire, aun­que cuando final­mente caen pare­ciera que así hubiera sido. Ope­ra­ron la fuerza, la coer­ción, el asen­ti­miento pasivo y la coope­ra­ción. Depu­ra­ción de res­pon­sa­bi­li­da­des aparte, des­pués se fir­mará el corres­pon­diente pacto de silen­cio, estra­te­gia que perió­di­ca­mente acti­van las socie­da­des para seguir ade­lante. Un día el escri­tor y artista hún­garo András For­gách supo que había apa­re­cido un expe­diente. En él había infor­ma­ción abun­dante sobre las acti­vi­da­des de su ado­rada madre como espía del régi­men hún­garo. Había pro­por­cio­nado infor­ma­ción de sus pro­pios hijos. A par­tir de aque­llo For­gách ha armado El expe­diente de mi madre, una novela de gran éxito en su país, ven­dida a catorce paí­ses y que ahora publica en España Anagrama. El éxito de libros como este demues­tra que el silen­cio no dura para siem­pre. Aquí tene­mos el Entre hie­nas de Loreto Urraca Luque. Cuando en 2008 un artículo de prensa des­veló la ver­da­dera iden­ti­dad de su abuelo, Pedro Urraca Ren­due­les, poli­cía fran­quista encar­gado de per­se­guir en Fran­cia a repu­bli­ca­nos nota­bles durante la ocu­pa­ción nazi, la nieta se impuso la tarea de libe­rarse del las­tre impuesto por aquel ape­llido. Urraca Ren­due­les llegó a ser con­de­nado a muerte en Fran­cia en 1948, denun­ciado por la pin­tora judía Antoi­nette Sachs. Ani­mada por la nece­si­dad de «repa­rar tanto daño, de res­ta­ble­cer la dig­ni­dad de tan­tas per­so­nas a quie­nes les habían arrui­nado la vida». Loreto Urraca creó una web donde reco­piló los nom­bres y la docu­men­ta­ción de algu­nos de los per­se­gui­dos por su abuelo. Y en «un acto ator­men­tado, un viaje inte­rior» reco­rriendo la memo­ria de Pedro Urraca para «res­ta­ble­cer la dig­ni­dad» de sus víc­ti­mas, ha escrito Entre hie­nas, un libro impor­tante y con­mo­ve­dor que ade­más apunta aspec­tos poco cono­ci­dos de la cola­bo­ra­ción entre el fran­quismo y el régi­men nazi durante la Ocupación.

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EL EXPEDIENTE DE MI MADRE
András For­gách
Anagrama

ENTRE HIENAS
Loreto Urraca Luque
Funambulista

 

Recien­te­mente, Enri­que Mora­die­llos expli­caba a LEER que en su época de estu­diante de His­to­ria, des­pués de tener en España una for­ma­ción muy estruc­tu­ral, des­cu­brió en Gran Bre­taña, mien­tras pre­pa­raba su tesis sobre la polí­tica de no inter­ven­ción, «la fuerza de la bio­gra­fía his­tó­rica, esa hija espu­ria de la novela y un poco hijas­tra de la his­to­rio­gra­fía» pero con una capa­ci­dad insus­ti­tui­ble para com­pren­der los fenó­me­nos his­tó­ri­cos a tra­vés de la vida de un indi­vi­duo. Si Mora­die­llos pasó de Negrín a Franco, de quien a fina­les del año pasado publi­caba una exce­lente sín­te­sis, Geof­frey Par­ker ha tran­si­tado de Felipe II, des­mon­tando el mito del rey pru­dente, a su padre, el empe­ra­dor Car­los V. Un libro monu­men­tal, fri­sando las 1.000 pági­nas, casi 300 de fuen­tes, notas y biblio­gra­fía. Par­ker es sabe­dor, con Freud, de que la ver­dad bio­grá­fica no existe. En el caso de Car­los V, per­so­naje esquivo, empe­ñado en ser lo que que­ría pare­cer, es aún más com­pli­cado, teniendo ade­más en cuenta la vas­te­dad de la docu­men­ta­ción exis­tente en torno a un per­so­naje tan impor­tante, que firmó más de 100.000 docu­men­tos en seis idio­mas, y cuyas car­tas en fran­cés o espa­ñol abar­can miles de folios des­per­di­ga­dos por toda Europa. «¿Cómo puede un ple­beyo de Not­tingham enten­der el mundo de un empe­ra­dor gue­rrero de hace cinco siglos?», se pre­gunta Par­ker con encan­ta­dora sorna bri­tá­nica. «¿Nece­sita ver­da­de­ra­mente el mundo otro libro sobre él?». Nues­tro autor, valiente, cree que sí, y se ha pro­puesto escri­bir la bio­gra­fía más com­pleta y exhaus­tiva hasta la fecha con la infor­ma­ción dis­po­ni­ble, con el pro­pó­sito de «arro­jar luz sobre tres asun­tos clave»: cómo tomó Car­los sus deci­sio­nes; si sus erro­res y fra­ca­sos se debie­ron a sus limi­ta­cio­nes per­so­na­les o las caren­cias estruc­tu­ra­les de su impe­rio, y cómo era el mundo que rodeaba al emperador. 

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CARLOS V
Geof­frey Par­ker
Planeta