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Gutmaro Gómez Bravo: «El Valle de los Caídos es una anomalía absoluta»

Profesor de Historia Contemporánea en la UCM, pertenece a una nueva generación de investigadores que llevan años trabajando para renovar los estudios sobre la Guerra Civil y el franquismo. Desencantado con la deriva política de la cátedra de la Memoria Histórica, demanda la apertura de los archivos bloqueados por el Estado, la eliminación del espacio público de los símbolos de la dictadura y la anulación de las sentencias de los tribunales militares dictadas por el régimen.

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El objeto del revi­sio­nismo en España, escribe Gut­maro Gómez Bravo (Toledo, 1975), ha sido «bana­li­zar los aspec­tos repre­si­vos del fran­quismo y poten­ciar los posi­ti­vos, espe­cial­mente en torno al cre­ci­miento eco­nó­mico de los años 60». Lo per­ni­cioso, explica, «no son sus argu­men­tos, pla­ga­dos de miti­fi­ca­cio­nes y ter­gi­ver­sa­cio­nes de los hechos, sino las inquie­tan­tes fun­cio­nes que cum­plen en la socie­dad actual (…). Una de ellas, quizá la más impor­tante, sea la de seguir man­te­niendo deter­mi­na­dos epi­so­dios del pasado reciente en una cons­tante cere­mo­nia de la con­fu­sión». Esta con­clu­sión, incluida en Puig Antich: La Tran­si­ción inaca­bada (Tau­rus, 2014), quizá su libro con mayor pro­yec­ción, sin­te­tiza la inquie­tud de un grupo de jóve­nes his­to­ria­do­res, dis­cí­pu­los y here­de­ros del legado inte­lec­tual del cate­drá­tico de la Com­plu­tense Julio Arós­te­gui, por diluir los espa­cios de som­bra que incom­pren­si­ble­mente exis­ten aún sobre el periodo más sinies­tro de la reciente His­to­ria de España, cuya natu­ra­leza auto­ri­ta­ria y ase­sina no se cir­cuns­cri­bió a la inme­diata pos­gue­rra sino que, como pone de mani­fiesto el expe­diente del joven anar­quista eje­cu­tado por garrote vil en 1974, con­si­de­rado aún mate­ria reser­vada, man­tuvo intacto y ope­ra­tivo hasta el final el apa­rato repre­sivo sobre el que se con­so­lidó la dic­ta­dura más larga de Europa occidental.

Con títu­los como El exi­lio inte­rior (Tau­rus, 2009), en el que des­cribe el sis­tema peni­ten­cia­rio que con­vir­tió en los años 40 a dece­nas de miles de espa­ño­les en «des­te­rra­dos, vigi­la­dos y explo­ta­dos», o el reciente Geo­gra­fía humana de la repre­sión fran­quista. Del Golpe a la Gue­rra de ocupación,1936–1941 (Cáte­dra, 2017), Gómez Bravo ha ido cons­tru­yendo una obra des­ti­nada a carac­te­ri­zar una dic­ta­dura, cuyo modelo de Estado y un uso de la vio­len­cia cen­trado en la obse­sión por el enemigo inte­rior la hacen muy dife­rente a los regí­me­nes fas­cista ita­liano o nacio­nal socia­lista ale­mán. El Nuevo Estado salido de la Gue­rra Civil cimentó su poder en «la subor­di­na­ción de la jus­ti­cia civil a la mili­tar», pero otor­gando una «apa­rien­cia de lega­li­dad de la coer­ción y la repre­sión». Aún hoy, en España, los con­de­na­dos por el régi­men siguen siendo ofi­cial­mente cul­pa­bles de deli­tos que actual­mente son dere­chos polí­ti­cos y socia­les asu­mi­dos. «Con­tri­buir a que esta situa­ción ter­mine», explica Gómez Bravo al inicio de su última obra, «y se revi­sen las sen­ten­cias de los tri­bu­na­les mili­ta­res de la dic­ta­dura forma parte del com­pro­miso moral del his­to­ria­dor con su presente».

En tu con­cepto de ‘Tran­si­ción inaca­bada’ tiene un papel con­sus­tan­cial la revi­sión de las con­de­nas fran­quis­tas. ¿Por qué?
La revi­sión de las sen­ten­cias es la pieza clave, por­que la repre­sión fran­quista se hace desde arriba, una vez con­quis­tado el apa­rato del Estado, de tal forma que los que están con­tra el fran­quismo están con­tra el Estado, y eso da una apa­rien­cia de lega­li­dad a la repre­sión con­tra los enemi­gos desig­na­dos por el pro­pio Estado. Jurí­di­ca­mente eso no ha cam­biado. La Tran­si­ción se hace de la ley a la ley pero no ter­mina de des­mon­tar la legis­la­ción puni­tiva del fran­quismo. Para hablar de una Tran­si­ción aca­bada, eso habría que solu­cio­narlo. Las víc­ti­mas y sus fami­lia­res ya no exi­gen una repa­ra­ción eco­nó­mica. Lo que quie­ren es que se pro­clame su inocen­cia, por­que la mayor parte de ellas fue cul­pa­bi­li­zada y cri­mi­na­li­zada por ir a la gue­rra o por tener fami­lia­res de ideo­lo­gía dis­tinta a la del régi­men. Quie­ren un papel que diga que su padre o su tío fue­ron injus­ta­mente sepa­ra­dos de su puesto, de car­tero o de dipu­tado de la Repú­blica, una repa­ra­ción sim­bó­lica; tam­bién en el espa­cio público, por­que aque­llo se hizo con nom­bres y ape­lli­dos. En la Uni­ver­si­dad, por ejem­plo, se sabe quié­nes se tuvie­ron que ir y quié­nes se que­da­ron, y toda­vía esta­mos pug­nado con la gente que man­tiene una tribu cerrada en algu­nos depar­ta­men­tos. Pero para repa­rar a las víc­ti­mas pri­mero habría que dejar de reco­no­cer que aque­llo era el orden ins­ti­tu­cio­nal vigente, como lo defi­nen los autos cuando denie­gan la revi­sión de las sen­ten­cias. Por­que ese orden ins­ti­tu­cio­nal vigente no era legí­timo, se ins­ti­tu­cio­na­lizó por la vio­len­cia, y sin embargo queda pro­te­gido por la Ley de Amnis­tía, que es en lo que se ampa­ran hoy los jue­ces. La jus­ti­cia uni­ver­sal está por encima de eso, por­que esta­mos hablando de crí­me­nes de lesa huma­ni­dad, que no pres­cri­ben. Ocu­rrió lo mismo en Ale­ma­nia y se inició un pro­ceso de des­na­zi­fi­ca­ción. Es una cues­tión jurí­dica que se man­tiene interesadamente.

Pero sí hay quie­nes quie­ren encon­trar cul­pa­bles, como demues­tra la causa que hay abierta en Argen­tina. ¿Qué opi­nión te merece?
Jurí­di­ca­mente no te puedo decir, pero la clave es la Ley de Amnis­tía, que impide que se pidan res­pon­sa­bi­li­da­des pena­les sobre cual­quier aspecto de la dic­ta­dura. Cuando eso se intentó sor­tear nos encon­tra­mos con una ano­ma­lía más, como es que el juez que pone en mar­cha el pro­ceso de memo­ria his­tó­rica acaba tam­bién san­cio­nado, si bien es cierto que por otras razo­nes, pero se le aparta de la carrera judi­cial y la que­re­lla tiene que lle­varse a Argen­tina. Eso tiene una lec­tura muy nega­tiva como país. Yo, sin embargo, no creo que pueda hablarse de «geno­ci­dio», pri­mero por­que no se sos­tiene que un geno­ci­dio pueda durar cua­tro déca­das y segundo, por­que no está pen­sado ni se llevó a la prác­tica como tal.

El Gobierno, a ins­tan­cias de Pode­mos, ha dicho que va a anu­lar las sen­ten­cias del fran­quismo. ¿Cómo se puede hacer eso?
Es muy com­pli­cado, sobre todo por el volu­men. Si es algo sim­bó­lico, lo nor­mal sería que las anu­lase todas a la vez. Pero para eso hay que dero­gar, en pri­mer lugar, la Ley de Amnis­tía y luego todo el orde­na­miento común del fran­quismo. El pro­blema es el encaje de deter­mi­na­dos gru­pos que for­ma­ron el Estado fran­quista y que per­ma­ne­cie­ron en el poder en la demo­cra­cia, como la judi­ca­tura, el Ejér­cito, la Igle­sia o los cuer­pos de segu­ri­dad, por­que la nuli­dad de las sen­ten­cias cam­bia­ría jurí­di­ca­mente el esta­tus del ver­dugo y de la víctima.

Uno de los mitos que des­mon­tas en tu último libro es la equi­pa­ra­ción de la vio­len­cia fran­quista a la del fas­cismo o la del nazismo. ¿Cuál es esa natu­ra­leza pro­pia de la dic­ta­dura de Franco?
Por un lado, la legi­ti­ma­ción es sagrada. Por parte de la Igle­sia cató­lica se habla de gue­rra santa, de una cru­zada, y ese apoyo no lo tiene ni el fas­cismo ni el nazismo, donde el Estado es la reli­gión. Y por otro lado, la agre­si­vi­dad en España se dirige hacia un enemigo inte­rior, no solo durante la Gue­rra Civil, sino a lo largo de toda la dic­ta­dura. Mien­tras que en Ale­ma­nia, Ita­lia o Por­tu­gal, en menor medida, la agre­si­vi­dad de los auto­ri­ta­ris­mos es hacia fuera, hacia un enemigo racial, y en el caso sovié­tico hacia un enemigo de clase, o de pue­blo. Aquí se actúa con­tra lo que per­so­na­jes como Vallejo-Nájera cali­fi­can de la Anti­es­paña, algo que está ya en la carta colec­tiva de los obis­pos de abril del 37, en la que jus­ti­fi­can por qué los cató­li­cos pue­den matar, por qué esa gue­rra está jus­ti­fi­cada. Eso no tiene paran­gón en Europa. Fas­cismo, nazismo y fran­quismo ten­drán un obje­tivo pare­cido pero tie­nen una direc­ción muy dis­tinta. Aquí se ins­taura una dic­ta­dura mili­tar muy bien planificada.

«Mucha gente se acerca a la lec­tura de los tra­ba­jos de his­to­ria con­tem­po­rá­nea con un pre­jui­cio ya for­mado, con ánimo no de cono­ci­miento sino de refor­zar sus convicciones»

Al fran­quismo lo hemos visto siem­pre como un Ejér­cito chus­quero, bruto, sin coor­di­na­ción, que iba a caño­na­zos, y no. Esta­mos hablando de mili­ta­res que han estu­diado con Pétain en la Escuela de Gue­rra de París, que son todos diplo­ma­dos de Estado Mayor y for­ma­dos en el manejo de los ser­vi­cios de infor­ma­ción y de la comu­ni­ca­ción, en el encrip­tado y en todo lo que sig­ni­fica la gue­rra moderna que se impone des­pués de la Pri­mera Gue­rra Mun­dial. Eso abre unas pers­pec­ti­vas de con­flicto muy dis­tinto, que no lo hace menos terri­ble, al revés, por­que los mili­ta­res fran­quis­tas tie­nen la capa­ci­dad de dibu­jar sobre el mapa de la Penín­sula ibé­rica qué pobla­cio­nes hay qué bom­bar­dear y cuá­les no, a cuá­les hay que some­ter antes o des­pués, y qué colec­ti­vos van a ser cla­si­fi­ca­dos de una o de otra manera. Actúan con una racio­na­li­dad moderna bas­tante des­truc­tiva, desde que toman el Estado y crean un efi­caz apa­rato repre­sivo. Recuerdo que Arós­te­gui decía que en el terri­to­rio repu­bli­cano se mató más, pero se mató peor. Si la com­pa­ra­mos, ini­cial­mente la vio­len­cia de las mili­cias es masiva, con­tra los cató­li­cos, por ejem­plo, pro­vo­can casi 6.000 muer­tos durante el verano del 36, pero la inci­den­cia mili­tar que tuvie­ron esas muer­tes, el riesgo que supo­nían para la Repú­blica, era ínfimo com­pa­rado con la capa­ci­dad de selec­ción que tenía el ser­vi­cio secreto español.

¿Por qué crees que sus­cita aún polé­mica la exhu­ma­ción de los res­tos de Franco del Valle de los Caí­dos?
Supongo que hemos lle­gado tarde a algu­nas cues­tio­nes y en el momento actual nunca parece ser el momento pro­pi­cio para hacerlo, pero desde un punto de vista his­tó­rico com­pa­rado es una ano­ma­lía abso­luta. Si no me equi­voco, es el único mau­so­leo man­te­nido públi­ca­mente donde des­cansa un dic­ta­dor de Europa occi­den­tal. La Igle­sia, que fue la esen­cia del pri­mer fran­quismo, no se ha opuesto sin embargo a la exhu­ma­ción y en ese sen­tido ha sido más rea­lista. Otros sec­to­res igual sí, pero la Igle­sia no tiene ya complejos.

¿Serías par­ti­da­rio de ‘resig­ni­fi­car’ el Valle de los Caí­dos?
Antes de resig­ni­fi­car habría que des­ac­ti­var algu­nas cla­ves. Y hay una muy clara. A par­tir de los lla­ma­dos 25 años de Paz (1964) el dis­curso pater­na­lista lo invade todo. Ya no se habla de la gue­rra, se habla de inte­grar a los caí­dos de ambos ban­dos e ir hacia una España feliz de desa­rro­llo y cre­ci­miento eco­nó­mico. Y eso es lo que ha calado. La gente que sigue yendo al Valle pro­cede de esa España, están sen­ti­men­tal­mente uni­dos a esa España. Se nos anto­ja­ría muy difí­cil que alguien en Ale­ma­nia se sin­tiera iden­ti­fi­cado con el nazismo feliz, que tam­bién dis­frutó de un momento de recu­pe­ra­ción eco­nó­mica, por otras cir­cuns­tan­cias, pero aquí es así. Sin tener que ir en con­tra de ellos, habría que hacer peda­go­gía para decir­les que mien­tras usted estaba pasán­dolo bien había gente que no lo estaba pasando tan bien, no solo por la repre­sión, sino por la emi­gra­ción eco­nó­mica y por el ham­bre. Pero lo que tam­poco se puede hacer es man­te­ner un dis­curso revan­chista fron­tal, por­que las cla­ves ope­ra­ti­vas emo­cio­na­les por ambos sitios siguen estando intactas.

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«La Tran­si­ción se hace de la ley a la ley pero no des­monta la legis­la­ción puni­tiva del fran­quismo. Y para hablar de una Tran­si­ción aca­bada eso habría que solucionarlo»

 

¿Pero por qué si han pasado 80 años desde que ter­minó la Gue­rra y 40 desde que murió el dic­ta­dor?
Por­que la gene­ra­ción que ha abierto una demanda de cono­ci­miento, que es la de los nie­tos, o la de los biz­nie­tos, ha dicho que nece­si­tan saber, algo fácil de enten­der, y la homó­nima dice que no lo nece­sita, que esta­mos bien así. Es más fácil recor­dar las cosas posi­ti­vas, pero noso­tros no esta­mos hablando solo de recor­dar, esta­mos hablando de cono­cer y comprender.

¿Hay algo de com­plejo en el hecho de que polí­ti­cos jóve­nes como Pablo Casado o Albert Rivera se resis­tan a con­de­nar públi­ca­mente el fran­quismo y no voten a favor de la exhu­ma­ción de los res­tos del dic­ta­dor?
Ellos gene­ra­cio­nal­mente no ten­drían que tener nin­gún com­plejo, pero por cálculo elec­to­ral atien­den a quie­nes lo ven como una cesión al revan­chismo. Esa clave sigue estando activa. Si estos polí­ti­cos, que están ase­so­ra­dos por soció­lo­gos, lo per­ci­ben, será por­que está ahí. Y está ahí por­que mucha de la gente que se acerca a la lec­tura de los tra­ba­jos de his­to­ria con­tem­po­rá­nea va con un pre­jui­cio ya for­mado. Hace mucho daño verlo todo en tér­mi­nos de bon­dad o mal­dad, de quié­nes son los bue­nos y quié­nes son los malos y exis­ten muchas difi­cul­ta­des para indu­cir a un cono­ci­miento real, por­que la gente lo que quiere es refor­zar su dis­curso y sus con­vic­cio­nes. Ade­más, los medios han per­pe­tuado un espe­jismo de memo­ria enfren­tada por­que interesa, pero yo creo que en reali­dad eso no existe. Hay este­reo­ti­pos que han per­sis­tido e impi­den que cale un cono­ci­miento más com­plejo, más homo­gé­neo. La ideo­lo­gía se coloca por encima de todo, una pecu­lia­ri­dad muy común en España.

El pro­blema es que cuando hablas de la Ley de Amnis­tía alguien nom­bra a Carri­llo. ¿Sería posi­ble superar esa deter­mi­na­ción ideo­ló­gica y crear una suerte de gran pro­yecto nacio­nal de repa­ra­ción?
Creo que sí, lo que ocu­rre es que hay que inte­grar tam­bién a los con­ser­va­do­res, por­que si no vol­ve­mos siem­pre al mismo relato de la Gue­rra, a Para­cue­llos y a los fusi­la­dos en el 75. El caso del Valle de los Caí­dos es claro, no se puede hacer sin con­tar con todos, con el PP y con Ciu­da­da­nos tam­bién, no puede haber opo­si­ción, tiene que haber un con­senso amplio, y en eso la Tran­si­ción sí que ha ense­ñado algo: que las leyes que fue­ron moto­res del cam­bio estu­vie­ron pac­ta­das y acordadas.

¿Estás de acuerdo con la enmienda a la tota­li­dad que hace Pode­mos al decir que la Tran­si­ción fue una estafa y que habría que ir a un nuevo pro­ceso cons­ti­tu­yente?
Pri­mero ten­drían que acla­rar qué es un pro­ceso cons­ti­tu­yente. Pero lo esen­cial es que par­ten de un error his­tó­rico que es ir de atrás hacia delante. Como sabe­mos cómo acabó, hace­mos una crí­tica pre­sen­tista. Y hay que situarse en el año 73, en el año 76, en el 78, en el 81… Lo que no se puede es anti­ci­par el final del relato y dar por sen­tado que aque­llo estaba pac­tado y dise­ñado. Eso es total­mente incierto. La Tran­si­ción fue un momento his­tó­rico com­plejo y me parece mal que se haga una crí­tica fron­tal con­tra un pro­ceso que tuvo éxito y es reco­no­cido inter­na­cio­nal­mente. Esto no quiere decir que no sea nece­sa­ria una crí­tica polí­tica o que se diga que todo fue inma­cu­lado. Al con­tra­rio, yo lo he cali­fi­cado de inaca­bado, por la falta de revi­sión de las sen­ten­cias, entre otras cosas.

A ese reduc­cio­nismo his­tó­rico al que hacías refe­ren­cia con­tri­buye sin duda la impo­si­bi­li­dad de acce­der a archi­vos que per­ma­ne­cen cerra­dos. ¿A qué se debe esto?
No tengo la res­puesta téc­nica, lo fácil sería decir que por una cues­tión ideo­ló­gica, pero yo creo que se han ido cerrando por­que a medida que hay más his­to­ria­do­res inves­ti­gando con mayor rigor ha ido aflo­rando un cono­ci­miento que ha asus­tado a deter­mi­na­dos sec­to­res. Curio­sa­mente está cerrado el acceso a los apa­ra­tos admi­nis­tra­ti­vos de con­trol de la dic­ta­dura: Exte­rio­res, Defensa e Inte­rior. Eso hace que ten­ga­mos aún unas lagu­nas enor­mes y faci­lita que mucha gente pueda seguir man­te­niendo un dis­curso acien­tí­fico y haciendo afir­ma­cio­nes sin mos­trar las fuen­tes. No se puede decir que los archi­ve­ros ten­gan la culpa, pero desde luego no hay volun­tad por parte de la Admi­nis­tra­ción. Ade­más, está la ano­ma­lía de la Fun­da­ción Fran­cisco Franco, donde la fami­lia del dic­ta­dor cus­to­dia unos docu­men­tos que han sido cata­lo­ga­dos por un medie­va­lista, lo que no parece lo más apro­piado, con todo mi res­peto hacia los medievalistas.

Pero la Fun­da­ción Fran­cisco Franco ase­gura que ha digi­ta­li­zado sus fon­dos y que son públi­cos…
Sí, lo que ocu­rre es que cuando se cotejó el fondo se detectó que fal­ta­ban más de 3.000 docu­men­tos, que corres­pon­den a los infor­mes de la audi­to­ría del Tri­bu­nal de Cuen­tas al Gene­ra­lí­simo. Es una cues­tión impor­tante, no solo para cono­cer el patri­mo­nio de la fami­lia, que tam­bién, sino sobre todo por­que esta­mos hablando de las cuen­tas de la Jefa­tura del Estado durante muchí­si­mos años. Y eso nos impide estu­diar a la figura clave del régimen.

Sobre todo por­que hay un tópico vigente sobre la aus­te­ri­dad del Cau­di­llo…
Efec­ti­va­mente. Supongo que se acos­ta­ría pronto, no lo dudo, pero tam­poco que le gus­taba el dinero. Ya desde la Gue­rra tenía fuera un patri­mo­nio grande. Para mí, sin embargo, es más impor­tante la ges­tión de los favo­res a los ami­gos, por­que se tardó mucho tiempo en esta­ble­cer unas rela­cio­nes basa­das en el capi­ta­lismo. La eco­no­mía del régi­men tenía una estruc­tura ante­rior incluso al siglo XIX, donde man­da­ban las gran­des fami­lias, esa aris­to­cra­cia donde se mete la Falange nueva, donde cre­cen muchos apo­yos y donde muy poca gente con­trola real­mente el país. Si eso lo com­bi­na­mos con la san­gría de la Gue­rra, de la repre­sión, del exi­lio, de la emi­gra­ción eco­nó­mica, del ham­bre, que fue devas­ta­dora, las enfer­me­da­des… La socie­dad espa­ñola sufre un bajón vital impor­tante y hasta el año 56 no se iguala el PIB del 36, 20 años que a nivel humano y gene­ra­cio­nal supo­nen una invo­lu­ción muy seria. Y repito, no se trata de encon­trar cul­pa­bles y pedir res­pon­sa­bi­li­da­des, pero no tiene sen­tido que esas cla­ves se man­ten­gan ocul­tas a los historiadores.

Hay un ele­mento poco estu­diado y que tú resal­tas en tus libros como son los tras­pa­sos de pro­pie­dad y las empre­sas que se bene­fi­cia­ron de los favo­res del régi­men.
Sí, y esa es otra de las razo­nes por las que no se puede hablar de régi­men fas­cista, por­que no es el Estado el único bene­fi­cia­rio. Aquí hubo muchos, empe­zando por la banca y por las empre­sas que uti­li­za­ron pre­sos, que cuando que­da­ban en liber­tad pro­vi­sio­nal se con­ver­tían en liber­tos patro­ci­na­dos, como en una socie­dad pre­ca­pi­ta­lista del siglo XVIII. Esa es la España que se ins­taura, la de las rela­cio­nes de subor­di­na­ción, no la de cla­ses socia­les, algo que se ve muy bien en la España rural donde está muy claro el domi­nio de los ven­ce­do­res sobre los ven­ci­dos, como refle­jan pelí­cu­las como Los San­tos Inocen­tes. Y hay otro aspecto que hace refe­ren­cia a lo que tuvo que hacer mucha gente para sobre­vi­vir y que es la causa de que muchos calla­ran luego. No lo hicie­ron solo por miedo, sino por ver­güenza, por haber dela­tado, por haberse que­dado con las pro­pie­da­des de los demás, inclui­dos los niños, cosas bas­tante ver­gon­zan­tes. Afor­tu­na­da­mente eso ya no está ope­ra­tivo. Pasa­ron muchas cosas y durante mucho tiempo lejos del frente, en la reta­guar­dia, cosas que hay que expli­car e incor­po­rar a los pla­nes de estu­dio, por­que aún hoy, por ejem­plo, en Toledo, a los niños se les explica lo del Alcá­zar como una hazaña heroica. Y si coges cual­quier manual de bachi­lle­rato verás que muy pocos incor­po­ran la repre­sión o el gobierno de la Repú­blica en el exi­lio, por decirte dos cosas que per­te­ne­cen a la his­to­ria polí­tica y que habría que con­tar sin nin­gún tipo de sesgo.

For­mas parte de una nueva gene­ra­ción de his­to­ria­do­res que pre­tende rever­tir esa situa­ción, a par­tir de la crea­ción de los estu­dios de memo­ria his­tó­rica que puso en mar­cha Julio Arós­te­gui. ¿Cómo defi­ni­rías esa meto­do­lo­gía?
Como venía de la ense­ñanza media, Julio Arós­te­gui tenía una cosa muy clara y es que había que empe­zar por la nomen­cla­tura. En lugar de Geo­gra­fía e His­to­ria, decía, había que hablar de His­to­ria y Geo­gra­fía, por­que si no la His­to­ria que­da­ría subor­di­nada al espa­cio. Yo creo que con la memo­ria pasa lo mismo, pero decir His­to­ria Memo­ria que­da­ría mal. La His­to­ria es una cien­cia social y tiene que ser obje­tiva, mien­tras que la Memo­ria forma parte del recuerdo, que está con­di­cio­nado por cómo le fue a cada uno o por lo que le hayan tras­mi­tido. Y hay que man­te­ner esos dos polos, como repe­tía con­cien­zu­da­mente Arós­te­gui. El mejor home­naje que se puede hacer a una víc­tima es expli­car su con­texto, por­que así la devuel­ves a su his­to­ria. Lo demás queda en el plano íntimo y familiar.

Sin embargo, a la memo­ria his­tó­rica se la acusa de revan­chista.
Lo que pasa es que hemos tenido que lle­nar un vacío his­to­rio­grá­fico que exis­tía, aun­que si se nos ve como revan­chis­tas es por­que algo ha fallado, algo hemos hecho mal. La memo­ria his­tó­rica es una meto­do­lo­gía que inte­gra tes­ti­mo­nios indi­vi­dua­les y recuer­dos colec­ti­vos que se con­tra­po­nen luego con la docu­men­ta­ción de los archivos.

¿Qué te parece la forma en que se ha rea­li­zado el cam­bio de nom­bre de algu­nas calles en Madrid?
La forma en que se ha hecho no tiene base meto­do­ló­gica y sig­ni­fica uti­li­zar el pasado como arma arro­ja­diza. Esto hace un flaco favor a los inves­ti­ga­do­res y favo­rece a la gente que ve estos pro­ce­sos como una revan­cha. Hay que hacer peda­go­gía, pero res­pal­dada con datos, no con sen­ti­mien­tos ni con par­ti­dis­mos. Creo que fue un error. Como sue­len decir los arqueó­lo­gos: si no pue­des exca­varlo no lo saques, por­que vas a pro­du­cir el efecto con­tra­rio. Que la polí­tica intente ocu­par los espa­cios vacíos que han que­dado sen­ti­men­tal­mente en muchas víc­ti­mas es miserable.

Revista LEER, número 291, Otoño 2018