Ajoblanco 3.0: utopía contra el miedo

Presentacion_ajoblanco_20junio2017_Madrid_veronicagranado_photography_Calidad_Alta_00005

Que­dar a char­lar con Pepe Ribas en el Café Gijón puede pare­cer un con­tra­sen­tido. La mañana ante­rior ha pre­sen­tado en el Tea­tro del Barrio, uno de los bas­tio­nes del Lava­piés insur­gente, la ter­cera encar­na­ción de su Ajo­blanco acom­pa­ñado de Caro­lina Espi­noza, com­pa­ñera de aven­tura edi­to­rial. Con sus cafés a 3,90, el vetusto Gijón no repre­senta pre­ci­sa­mente la ima­gen de la con­tra­cul­tura que una vez más viene Ribas a defen­der y difun­dir. Pero la vida es con­tra­dic­ción y las apa­rien­cias enga­ñan, y a estas mesas de már­mol se ha sen­tado per­so­nal de todo pelaje. Y ahí sigue ade­más, entrando a mano dere­cha, en placa y retrato, la figura tute­lar de Alfonso, “ceri­llero y anar­quista” y pres­ta­mista de los ludó­pa­tas de Madrid hasta su muerte en 2006.

“Me han pasado muchas cosas”, ade­lanta enig­má­tico Ribas para expli­car el regreso del Ajo. Antes de des­pe­dir­nos me con­tará lo de su rara enfer­me­dad diges­tiva, que pri­mero se diag­nos­ticó ter­mi­nal y luego trajo de cabeza a los más repu­tados espe­cia­lis­tas de Bar­ce­lona; antes de que, des­pués de mucho tra­siego de prue­bas y mues­tras, tres sema­nas de peni­ci­lina bas­ta­ran para aca­bar con la bac­te­ria que se lo estaba comiendo por den­tro. La ines­pe­rada cura­ción coin­ci­dió con el lan­za­miento de su último libro, la novela Encuen­tro en Ber­lín, y en la pre­sen­ta­ción cono­ció a su pareja de hoy, y feliz de seguir vivo fue cua­jando la idea de vol­ver con su icó­nica revista para expli­car estos tiem­pos raros en los que de repente el punto de vista liber­ta­rio quizá se antoja la más plau­si­ble apro­xi­ma­ción a nues­tra reali­dad cani­bal. Para ello, a la usanza de los vie­jos tiem­pos, con gran tirada y ambi­ción ibe­roa­me­ri­cana, vuelve el Ajo.

Y lo hace en edi­ción impresa como una apuesta ética. “No es cierto que el papel no esté fun­cio­nando”, ase­gura Ribas. “En Fran­cia, en Ale­ma­nia, en Gran Bre­taña, en EEUU fun­ciona, por­que son paí­ses nor­ma­li­za­dos, con una prensa crí­tica e inde­pen­diente del poder. Aquí esto no ha pasado. Todo está al ser­vi­cio del par­tido que manda, que se ha inven­tado la his­to­ria de España que más le ha con­ve­nido, o la his­to­ria de Cata­luña que más le ha con­ve­nido. Y este es el gran pro­blema: que la his­to­ria, la memo­ria, está secues­trada por el poder, y esto hay que rom­perlo. Y sólo se puede rom­per con papel. No se rom­perá nunca desde las pan­ta­llas, por­que las pan­ta­llas no tie­nen influen­cia, u ofre­cen influen­cias efí­me­ras, como la de Pablo Igle­sias, que por mucho que se mueva ya está en deca­den­cia, y durará cua­tro días”.

Pero esto no es Ber­lín, París o Nueva York, donde hay muchos kios­cos, mucho papel… y mucho texto. Aquí parece que en papel sólo fun­ciona el estilo de vida…

Por­que aquí hay que empe­zar de cero y crear cul­tura crí­tica, y ade­más decir muy cla­ra­mente y con mucha valen­tía que medios de cabe­cera como El País o La Van­guar­dia han dejado de tener sen­tido por­que durante 35 años han sido poder, punto, no han sido perio­dismo, y han con­fi­gu­rado una opi­nión pública enferma que ahora hay que sanear como sea. La decep­ción de Pode­mos y del post 15M nos está ayu­dando mucho a poder sanar esa con­fi­gu­ra­ción de la opi­nión pública, por­que la gente ya no se cree nada. Si el papel no vende en España es por­que desde hace 35 años la prensa escrita ha sido total­mente vam­pi­ri­zada por lo ins­ti­tu­cio­nal y todo este clan que empieza por Gon­zá­lez, y que ha seguido el PP, y que de alguna manera se llama Cul­tura de la Transición.

Una cul­tura ‘intransitiva’

Si a media­dos de los 70 el pri­mer Ajo­blanco pre­ten­día dar “voz a esa juven­tud que está harta de lo que hay”, repre­sen­tado enton­ces por los noví­si­mos o la Gau­che Divine, el lo que hay de hoy quizá sea el ester­tor de la Cul­tura de la Tran­si­ción men­cio­nada por Ribas y for­ma­li­zada crí­ti­ca­mente por Gui­llem Mar­tí­nez. Aque­lla cuya fun­da­ción expli­caba Gre­go­rio Morán a LEER en 2014 con motivo de la publi­ca­ción de su último libro irre­dento, El cura y los man­da­ri­nes: “El PSOE vino a ilus­trar, y su polí­tica ilus­trada es abso­lu­ta­mente memo­ra­ble. Por pri­mera vez hay un Gobierno que invierte en com­prar inte­li­gen­cia y com­pra a prác­ti­ca­mente la tota­li­dad de la inte­li­gen­cia española”.

En esta línea de aná­li­sis abunda Ribas: “Esa cul­tura domes­ti­cada por el socia­lismo, ins­ti­tu­cio­na­li­zada, sobre todo a par­tir del refe­rén­dum de la OTAN, ha sido capi­ta­neada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha que­rido domi­nar el cine, los libros, la pro­duc­ción de lite­ra­tura y de ensayo, la opi­nión, la radio; ha inten­tado domi­narlo todo, seña­lando a los bue­nos y a los malos. Y creó una clase inte­lec­tual depen­diente de las direc­tri­ces de Gon­zá­lez y Cebrián. Estos dos seño­res han pro­vo­cado un cata­clismo, por­que ter­mi­na­ron con las revis­tas inde­pen­dien­tes de cine, con las revis­tas inde­pen­dien­tes de lite­ra­tura, de cual­quier cosa. Ellos fun­da­ron ese canon, que es lo que Gui­llem Mar­tí­nez ha lla­mado la Cul­tura de la Tran­si­ción. Pero lo que Gui­llem Mar­tí­nez ha olvi­dado es que ha habido mucha cul­tura intran­si­tiva, como dice Cons­tan­tino Bér­tolo, y en esa cul­tura intran­si­tiva ha estado Ajo­blanco y otra mucha gente que ha que­rido resis­tir a ese mono­po­lio. Mono­po­lio que hace que en este momento haya indus­tria cul­tu­ral pero no haya cul­tura. Por­que no hay crí­tica inde­pen­diente y por­que nadie cree nada”.

Ante esto se rebela de nuevo Ajo­blanco con ánimo intré­pido. “No sabe­mos muy bien cuál es el camino. De momento hemos abierto una bre­cha. En diciem­bre inau­gu­ra­mos el Espa­cio Ajo­blanco (Santa Teresa 3, Bar­ce­lona) para encon­trar­nos… y nos hemos encon­trado más o menos. Hemos encon­trado a las nue­vas gene­ra­cio­nes, y nos hemos dado cuenta de que care­cen de algo fun­da­men­tal: no saben con­tex­tua­li­zar, por­que la edu­ca­ción reci­bida es total­mente frag­men­ta­ria y par­cial, que los hace téc­ni­cos de algo, pero no saben ver el mundo. Y esto es muy pro­ble­má­tico por­que es pasto de cual­quier dema­go­gia, de cual­quier nuevo fas­cismo, sea de dere­chas o de izquier­das. Esto es muy peli­groso por­que la gente no está armada. No tiene cul­tura y por lo tanto no tiene cri­te­rio pro­pio. Hace falta rees­truc­tu­rar el sec­tor cul­tu­ral a par­tir del sis­tema edu­ca­tivo. Y ya no hablo de la uni­ver­si­dad sino de los ins­ti­tu­tos de ense­ñanza media, que es lo que en el pri­mer Ajo­blanco se movi­lizó, no las uni­ver­si­da­des, lo cual se ha olvi­dado. Se han olvi­dado dema­sia­das cosas”.

No sé si este ‘Ajo­blanco’ es como un ter­cer movi­miento que fil­tra la expe­rien­cia del pri­mero (1974–1980), el más liber­ta­rio, y del segundo (1987–1999), que quizá bus­caba inte­grarse, o con­tri­buir a recon­du­cir la cul­tura del régi­men del 78. ¿Qué hay de uno y de otro?

El segundo Ajo fue muy de espal­das al pri­mero por­que no se quiso vol­ver a lo liber­ta­rio. Era ya la era del yo: del artista, del filó­sofo, del direc­tor de cine. Del pro­ta­go­nista. De repente la cul­tura se con­vir­tió en una cosa de pro­ta­go­nis­tas. Yo creo que ahora esto ya no vale, por­que toda aque­lla gente, aque­llos pro­ta­go­nis­tas están que­ma­dos. Ha vuelto la cul­tura del noso­tros, o de lo común, que no es exac­ta­mente lo mismo. Ahora hay que revi­ta­li­zar la cul­tura desde el rigor, desde la serie­dad. Cuando a los jóve­nes que vie­nen al Espa­cio les pre­gun­tas si leen libros te dicen que sí, pero que no siguen la actua­li­dad. Con lo cual ya se han dis­tan­ciado de la indus­tria. Y a mí eso me ilu­siona mucho. La indus­tria exige actua­li­dad y nove­dad. La cul­tura, pro­fun­di­dad y pasión. Del segundo Ajo­blanco han que­dado muchas cosas: la aper­tura a otras cul­tu­ras, a otras músi­cas, a tener gus­tos com­bi­na­dos, dis­tin­tos… Creo que nos hemos vuelto más inter­na­cio­na­les. Nos hemos abierto. Y el segundo Ajo­blanco tiene mucho que ver con esto. Ahora tene­mos que vol­ver a la iden­ti­dad de cada uno, la que se forma, y por eso insisto en la edu­ca­ción y la cul­tura todo el rato. Lo que hay que ofre­cer son ele­men­tos bue­nos, que te pue­dan apa­sio­nar y con los que te pue­das sen­tir identificado.

La ace­le­ra­ción de la expe­rien­cia pro­pi­ciada por la revo­lu­ción digi­tal nos ha pillado sin refe­ren­tes y en esa falta de edu­ca­ción de la que hablas. Y ahí adquiere un valor espe­cial el pla­ni­llo de este pri­mer ‘Ajo­blanco’ 3.0, por­que no hay tema o artículo o repor­taje que no ayude al lec­tor a situarse de otra manera en el mundo de hoy.

Esa es nues­tra intención…

…empe­zando por Josep Maria Esqui­rol: el artículo de Andrea Palau­da­rias y tu entre­vista. Su pro­puesta filo­só­fica es opor­tu­ní­sima y conecta de manera directa con las nece­si­da­des del ciu­da­dano de hoy. Es Pre­mio Nacio­nal de Ensayo y no sale en nin­gún sitio.

Es que el Esqui­rol es el gran filó­sofo del pre­sente en este país. Y es fas­ci­nante haberlo encon­trado, por­que él no se pro­diga… La entre­vista de Javier Este­ban a Clau­dio Naranjo tam­bién me parece bien. Y la de Niño de Elche. Se la hizo Ica­ro­La­via, una blo­guera de 21 años. Les ence­rra­mos en un espa­cio muchas horas, por­que ella al prin­ci­pio iba a derra­par, pero al estar tanto tiempo jun­tos se sedu­je­ron, cam­bia­ron, y cam­bió todo.

Hay mucho perio­dismo en el nuevo ‘Ajo­blanco’. Algo que recha­za­bas en la pri­mera época, aun­que ya no en la segunda. En este número se leen cosas que no se encuen­tran en nin­gún otro sitio.

Es que tam­bién hemos apren­dido… Ya somos mayo­res. Ade­más mi com­pa­ñero Fer­nando Mir es un gran edi­tor, lo ha sido en Pla­neta durante los últi­mos 20 años. Yo estoy con­tento. Ahora, es un expe­ri­mento, y tene­mos que ver cuá­les son las con­se­cuen­cias del experimento.

La apuesta mixta revista-espacio me parece par­ti­cu­lar­mente opor­tuna y nece­sa­ria en un lugar des­truido en muchos sen­ti­dos como es Bar­ce­lona. ¿Cómo está meta­bo­li­zando la ciu­dad su muta­ción en ‘ciu­dad de vacaciones’?

El pro­ceso en Bar­ce­lona es muy com­plejo. Es una ciu­dad muy con­fusa, muy plu­ral, que no sabe adónde va. La Colau ha traído un cam­bio de aires, pero no sé si tiene un plan. Bar­ce­lona está muriendo de éxito y el ciu­da­dano común está viviendo muy mal, por­que esta­mos total­mente inva­di­dos. Te tie­nes que reti­rar a los barrios. Y allí te encuen­tras a los pakis, a los chi­nos, a los sud­ame­ri­ca­nos. Es una nueva reali­dad. Y por otro lado está el pro­cés y el inde­pen­den­tismo, y mucha gente pasa de todo y es como no exis­tiese nada, ni el turismo ni el pro­cés ni el independentismo…

Bar­ce­lona os daría para un mono­grá­fico, pero abrís este pri­mer ‘Ajo­blanco’ con el artículo de Ber­nardo Gutié­rrez sobre el Madrid insur­gente post 15M.

En este momento Madrid cuenta con un movi­miento alter­na­tivo más cohe­sio­nado. Es la ciu­dad del 15M, y por nues­tra parte es tam­bién un home­naje a la ciu­dad donde todo aque­llo empezó. Así como en los 70 Bar­ce­lona empezó muchas cosas, a par­tir del 2000 ha sido Madrid la que lo ha hecho. Es un reco­no­ci­miento. En esto sí que no hay que hacer perio­dismo en sen­tido estricto, sino bus­car expe­rien­cias y estar aten­tos a ellas. Ahora mismo no existe un sis­tema alter­na­tivo al capi­ta­lismo actual. Pero en la medida que haya gente que cons­truya espa­cios de liber­tad y expe­ri­men­ta­ción, la puerta a que algún día pueda haber una alter­na­tiva al sis­tema sigue abierta. La izquierda en este momento no tiene dis­curso, por mucho que se empe­ñen en que lo tie­nen. El dis­curso de lo social y del reparto está muy bien, pero no ofrece una alter­na­tiva al capi­ta­lismo. Más bien lo rege­nera, que es lo que hizo la social­de­mo­cra­cia con el capi­ta­lismo des­pués de la Segunda Gue­rra Mun­dial. Todo el dis­curso de lo social ha hecho posi­ble la evo­lu­ción hasta este neo­li­be­ra­lismo atroz.

De repente la apro­xi­ma­ción liber­ta­ria a la reali­dad cobra un nuevo sen­tido por­que sin­to­niza con las nece­si­da­des de mucha gente.

Esto es esen­cial. Igual que en los 70 tuvo lugar un cho­que de gene­ra­cio­nes con sen­si­bi­li­da­des muy dis­tin­tas, yo creo que ahora no. Está por una lado la gente inte­grada en el sis­tema, que ade­más no queda más reme­dio que estar inte­grado, por­que si no no comes, y luego está la gente que sobre­vive como puede.

Y lo hace de manera trans­ver­sal. Cuando Pode­mos sur­gió y se dijo here­dero del 15M pre­su­mió de cierta trans­ver­sa­li­dad que en el momento de ocu­par un espa­cio polí­tico se ha demos­trado falsa. Ese rasgo genuino de lo liber­ta­rio sería algo en lo que mere­ce­ría hacer hincapié.

Es que lo liber­ta­rio debe tra­ba­jar en ese sen­tido. Lo que pasa es que no hay pen­sa­do­res. Por eso digo que hay que gene­rarlo todo. Hay que atre­verse. Per­derle el miedo a plan­tear lo que estás plan­teando. No que­re­mos el poder, que­re­mos trans­for­mar la socie­dad por­que se está viniendo abajo.

Carolina Espinoza y Pepe Ribas durante la presentación de Ajoblanco en el Teatro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Verónica Granado

Caro­lina Espi­noza y Pepe Ribas durante la pre­sen­ta­ción de Ajo­blanco en el Tea­tro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Veró­nica Granado

Todo esto 40 años des­pués de las Jor­na­das Liber­ta­rias. Has dicho y escrito mucho sobre aque­llo, pero ¿cómo ha evo­lu­cio­nado desde enton­ces tu per­cep­ción de los acontecimientos?

Estu­vi­mos muy cerca de acce­der a un sis­tema alter­na­tivo por­que la socie­dad era mucho menos com­pleja. Había más eco­no­mía de pro­xi­mi­dad, había tejido pro­duc­tivo, en Ita­lia estaba pasando lo mismo, había pers­pec­ti­vas utó­pi­cas cla­ras, posi­bles. Las Jor­na­das Liber­ta­rias se plan­tea­ron como un gran encuen­tro de todas las corrien­tes anti­au­to­ri­ta­rias. Fue tam­bién el desahogo de los exi­lia­dos y los liber­ta­rios que habían ido a la cár­cel. Pero a nivel teó­rico fue un fra­caso por­que no se supo encon­trar el pro­ce­di­miento para que el movi­miento liber­ta­rio pudiera inte­grarse en el anar­co­sin­di­ca­lismo, que fue la apuesta que hici­mos los inde­pen­dien­tes liber­ta­rios y la revista, y lo que estaba nutriendo a la CNT de miles y miles de jóvenes.

Me parece impor­tante que seña­les esto por­que desde el pre­sente puede dar la impre­sión de que aque­llo no fue más que la última gran fiesta sin reglas antes de que la Tran­si­ción se pasara a lim­pio en la Constitución.

Por un lado fue lo que tú dices, una fiesta, la fiesta de la liber­tad. El par­que Güell, de repente, Jaume Sisa lo dice muy claro, fue el paraíso de Adán y Eva. Y todo el mundo hizo lo que le dio la gana. Muchí­sima gente per­dió la vir­gi­ni­dad allí por­que hubo una espe­cie de orgía men­tal de liber­tad. Pero es que pasa­ron más cosas. El reto era uni­fi­car el anar­co­sin­di­ca­lismo con el movi­miento liber­ta­rio emer­gente, que en aquel momento era enorme. El mitin de la Fede­rica [Mon­tseny] y Pei­rats el 2 de julio del 77 en Mont­juic fue el más mul­ti­tu­di­na­rio de la Tran­si­ción, con más de 250.000 per­so­nas. Esto causó un impacto tre­mendo. Tres sema­nas des­pués, más de medio millón de per­so­nas acu­den a las Jor­na­das Liber­ta­rias. Y en sep­tiem­bre hay una huelga de gaso­li­ne­ras capi­ta­neada por CNT que para­liza Bar­ce­lona. Sólo cir­cu­lan los coches que la CNT quiere. Esto recordó al año 36 y asustó mucho a la dere­cha. Por eso tra­je­ron a Tarra­de­llas corriendo. ¿Para qué? Para que el pro­blema social se con­vir­tiera en un pro­blema sen­ti­men­tal. Esto fue una jugada muy bien pen­sada. Ahora en Cata­luña vuelve a haber un pro­blema pare­cido. Hay una izquierda radi­cal muy impor­tante, y el inde­pen­den­tismo es la vacuna para que esta izquierda no pro­grese y se man­tenga divi­dida, por­que en ella hay gente inde­pen­den­tista y gente que no lo es, o que no se lo plan­tea por­que no le interesa. Pero en el 77 se estuvo muy cerca de que en Cata­luña hubiera una revo­lu­ción. Y una revo­lu­ción liber­ta­ria, no mar­xista. Pero la CNT no supo lle­var la huelga de gaso­li­ne­ras, por­que no supo nego­ciar. Y se asus­ta­ron, y la CNT se llenó de topos que la radi­ca­li­za­ron. Y llegó Scala, un caso de terro­rismo de Estado cla­rí­simo, pro­ba­ble­mente no de Estado sino de la OTAN, por­que tiene que ver con la Ope­ra­ción Gla­dio, como muchas de las cosas que pasa­ron en los 70 en España, y esto se ha estu­diado muy poco…

Hay hechos que han sido des­acre­di­ta­dos por­que el dis­curso domi­nante los ha con­fi­nado al terri­to­rio de la cons­pi­ra­ción o de la para­noia de sus protagonistas.

La liber­tad te da una deter­mi­nada capa­ci­dad de aná­li­sis. Muchas cosas que noso­tros en Ajo­blanco hemos con­tado y que en su momento nos decían que era cons­pi­ra­noia luego han ido con­fir­mán­dose o cum­plién­dose. Con lo cual los que ahora se están des­pres­ti­giando son aque­llos his­to­ria­do­res socia­les o de uni­ver­si­da­des que decían que eran para­noias. Gente como Jordi Gra­cia, que hacen con­gre­sos de la Tran­si­ción, ya no tie­nen nin­guna credibilidad.

Pero son los que salen en los papeles.

Pero como la gente ya no presta aten­ción a esos pape­les, han per­dido la clien­tela. Ya no ven­den libros. Son inte­lec­tua­les orgánicos.

Tú crees que el ‘esta­ble­ci­miento’ es cons­ciente de esa devaluación?

Sí. La sien­ten en sus bol­si­llos. Ya no ganan lo que gana­ban. Ya no les pagan lo que les paga­ban. Esa es la jus­ti­fi­ca­ción de Cebrián para decir que el papel ya no vende. Y por eso es intere­sante que el Ajo diga que el papel es importante.

Men­cio­na­bas el caso del 77 con Tarra­de­llas: disol­ver un pro­blema polí­tico desde lo sen­ti­men­tal. La sen­ti­men­ta­li­za­ción de la polí­tica es una de las cla­ves de su degra­da­ción, en estre­cha corres­pon­den­cia con la falta de rudi­men­tos de la ciu­da­da­nía para inter­pre­tar la realidad.

Es exac­ta­mente así. Por ejem­plo, se está usando la corrup­ción desde un punto de vista gené­rico. Por eso es impor­tante lo que ha hecho gente como Simona LeviVotad y cobrar. La impu­ni­dad como forma de gobierno, Capi­tán Swing– con el caso Ban­kia para expo­ner el pro­ceso, cómo se com­por­tan los ele­men­tos corrup­tos, cómo fun­ciona el sis­tema. Creo que es muy bueno que todo esto se ponga boca arriba, que la gente vea este pro­ceso, y que incluso lo vea en un tea­tro –Hazte ban­quero–.

Pese a todo, el capi­ta­lismo ‘real­mente exis­tente’ parece más fuerte que nunca. La caída del socia­lismo real lo gal­va­nizó de tal modo que ni siquiera ha sido puesto social­mente en cues­tión con la última cri­sis. Y una herra­mienta teó­rica valiosa como el mar­xismo sigue pagando la enorme fac­tura del socia­lismo real… En el aniver­sa­rio de ‘El Capi­tal’, ¿puede el mar­xismo for­mar parte de un cor­pus teó­rico liber­ta­rio para el futuro?

El mar­xismo ofrece un aná­li­sis de la reali­dad desde el punto de vista de la eco­no­mía y la esta­dís­tica. Tiene vigen­cia, es un gran libro para com­pren­der el desa­rro­llo eco­nó­mico del mundo, occi­den­tal sobre todo, pero no tiene en cuenta la espi­ri­tua­li­dad, los pla­ce­res, que nos move­mos por muchas cosas que ha sabido desa­rro­llar muy bien el capi­ta­lismo, que es toda la cul­tura del ocio, algo impen­sa­ble hace 150 años. El mar­xismo te sirve para algu­nas cosas pero no para todo. Lo que sí está claro es que si segui­mos por este camino el sis­tema se car­gará a la mitad de la pobla­ción, por­que sobra, por­que es basura. No sé lo que puede pasar, es muy difí­cil saberlo por­que el capi­ta­lismo, la tec­no­lo­gía, el desa­rro­llo se han vuelto mons­truo­sos… Antes había una eco­no­mía de escala, ahora no. Ahora la escala es pla­ne­ta­ria. Yo creo que Occi­dente tiene, sobre todo Europa y Lati­noa­mé­rica, una res­pon­sa­bi­li­dad de saber ofre­cer una alter­na­tiva post capi­ta­lista. Per­so­nal­mente creo que hay que recu­pe­rar muchas cosas. La eco­no­mía de la pro­xi­mi­dad. La arte­sa­nía. El arte­sano como tal, no como artista. Y en todos los cam­pos, desde las artes grá­fi­cas a la madera. Hay cen­tros de expe­ri­men­ta­ción que son esen­cia­les para poder dar una alter­na­tiva al sis­tema, que si se da no se hará desde el poder, sino de abajo arriba. Lo impor­tante: edu­ca­ción, cul­tura, transformación.

BORJA MARTÍNEZ GUTIÉRREZ

PORTADA284-(1)-001
Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Verano 2017, número 284, de la Revista LEER

Hay un comentario

Escribe una respuesta

el milagro original del leer

resucitar

Adriana Hidalgo

Lucia Berlin

vervuert

navona

dracena

canalla

cazador de ratas

tan poca vida

el innombrable