Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”

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El libro del día ha sido el libro del mes de octu­bre… pese a no haber sido publi­cado. La deci­sión de Pla­neta de can­ce­lar el lan­za­miento “El cura y los man­da­ri­nes”, una de las gran­des nove­da­des del otoño, ha sido la noti­cia cul­tu­ral de la “ren­trée”. Antes de la polé­mica y el escán­dalo, LEER fue el pri­mer medio que habló de la obra con su autor. La entre­vista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO MORÁN publi­cada en nues­tro número de octu­bre ha sido la fuente pri­mera y nece­sa­ria para enten­der lo suce­dido. El 13 de sep­tiem­bre con­ver­sa­mos con Morán (Oviedo, 1947) en el des­pa­cho de su ático bar­ce­lo­nés, fumando y hablando de una obra en la que ha inver­tido diez años de estu­dio y que define como un “un ajuste de cuen­tas” con su gene­ra­ción; una inda­ga­ción en las pro­mis­cuas rela­cio­nes de los inte­lec­tua­les con el poder desde la madu­rez del fran­quismo hasta el ocaso del feli­pismo, siguiendo la incle­mente línea de ‘El maes­tro en el erial’ pero cam­biando a Ortega por Jesús Agui­rre como figura ver­te­bral. Final­mente lo publi­cará Akal. Entre­tanto, aquí está el resul­tado de aquel encuen­tro, cua­jado de decla­ra­cio­nes y reve­la­cio­nes explosivas.
 

Este es otro de esos libros en los que cuen­tas cosas que nadie quiere escuchar?

Posi­ble­mente sí. En este caso creo que el que más, por­que es un ajuste de cuen­tas. Es quizá el más duro y más bru­tal de todos los que he escrito. De alguna manera es un relato que, sin vani­dad alguna, sólo podía hacer yo, por­que tenía ganas de hacerlo y por­que es mi gene­ra­ción. Ade­más yo no entré en el PSOE y antes de la lega­li­za­ción del PCE ya estaba fuera… Pero tam­bién es una con­ti­nua­ción del libro de OrtegaEl maes­tro en el erial (Tus­quets, 1998)–, por­que el libro de Ortega es una expli­ca­ción de la bar­ba­rie en la cual naci­mos. Por eso es posi­ble que este libro no exista, que no salga en los pape­les como se intentó con el de Ortega… Es el único favor que le debo a Var­gas Llosa. El grupo Prisa había deci­dido no publi­car ni una sola refe­ren­cia, pero el direc­tor de Tus­quets, Anto­nio López Lama­drid, que ya falle­ció, le mandó un ejem­plar a Var­gas Llosa, que estaba en Ber­lín en una de esas genia­li­da­des (dos años de beca) que con­si­guen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las con­se­cuen­cias que tenía aque­llo, hizo un artículo para El País, que nadie se atre­vió a levan­tar, abso­lu­ta­mente impre­sio­nante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.

‘El cura y los man­da­ri­nes’ tiene como hilo con­duc­tor a Jesús Agui­rre

Sí, pero la his­to­ria es más com­pleja. Están los Pra­dera, los Gil de Biedma, los Cas­te­llet… Los man­da­ri­nes de la época que con­si­de­ra­ron que el hecho más impor­tante de sus vidas fue ver a Jesu­sito con­ver­tido en duque de Alba. Eso dice mucho. Agui­rre es un per­so­naje com­plejo e impor­tan­tí­simo en esos años. No olvi­des que es él quien pre­senta en socie­dad a Felipe Gon­zá­lez cuando el PSOE aún no es legal. En la pre­sen­ta­ción de un libro sobre Bes­teiro de Gui­llermo Solana, que ahora es direc­tor del Thys­sen y que antes estaba vin­cu­lado al PSOE y a Tierno Gal­ván, ante el tout Madrid, Jesu­sito Agui­rre, direc­tor de Tau­rus, dice: ‘ese hom­bre tan citado que la gente llama Isi­doro, yo lo tengo que pre­sen­tar aquí, se llama Felipe Gon­zá­lez’. Te podría con­tar de estas anéc­do­tas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Agui­rre es un per­so­naje secun­da­rio, sí, pero está allí. Es como Forrest Gump, con la dife­ren­cia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.

Los man­da­ri­nes de la época con­si­de­ra­ron que el hecho más impor­tante de sus vidas fue ver a “Jesu­sito” con­ver­tido en duque de Alba. Eso dice mucho

El libro arranca en 1962…

Hay años en la his­to­ria de la Huma­ni­dad donde se con­cen­tran los acon­te­ci­mien­tos. Y el 62 es uno de ellos. La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan Don Juan Car­los y Doña Sofía; se pro­duce la gran huelga minera astu­riana y se declara el estado de excep­ción; tiene lugar el Con­tu­ber­nio de Múnich; no sólo apa­re­cen Nosal­tres, els valen­cians, de Joan Fus­ter, y una edi­to­rial muy potente, Edi­cio­nes 62, sino que Mar­tín San­tos hace la novela más impor­tante de la pos­gue­rra espa­ñola y de la segunda mitad del siglo XX, Tiempo de Silen­cio… Es ade­más el final de una etapa del fran­quismo muy dura que desem­boca en el estado de excep­ción del 69 pro­vo­cado por el ase­si­nato de Enri­que Ruano. Yo recojo algu­nos datos poco cono­ci­dos. Por ejem­plo, los nom­bres de los tres poli­cías que lo ase­si­na­ron, a los que se les dio unas meda­llas y fue­ron ascen­di­dos por el pri­mer minis­tro de Inte­rior socia­lista, Barrio­nuevo. La reac­ción frente a aquel cri­men pro­voca en el movi­miento estu­dian­til una vio­len­cia enorme, que apro­ve­cha el fran­quismo, y con­cre­ta­mente Carrero Blanco, para pre­pa­rar el nom­bra­miento de Juan Car­los como suce­sor. Y Franco liquida a Fraga Iri­barne, por­que éste echa un pulso al régi­men pen­sando que Franco en el momento que des­cu­bra que tiene unos cho­ri­zos como minis­tros los va a echar. Se equi­vo­caba. Evi­den­te­mente, Franco los asciende.

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Últi­mas prue­bas de “El cura y los mandarines”.

Ese año 69 es deci­sivo y es tam­bién cuando Max Aub con­si­gue venir a España con un visado de tres meses, uti­li­zando como tapa­dera su libro sobre Buñuel, por­que no le habían con­ce­dido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capí­tulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gra­cias a mi buena rela­ción con una hija de Max Aub, que era mili­tante del PCE de enton­ces, he podido entrar en los archi­vos y ver, por ejem­plo, el manus­crito de La gallina ciega. Ese libro es capi­tal para enten­der lo que era el 69. Hay quie­nes dicen, como Mano­lito Aznar, que se equi­vo­caba Max por­que aquí había gru­pos de lucha­do­res… Aquí no había nada, lo puedo cons­ta­tar yo con mi expe­rien­cia. Éra­mos cua­tro, y cuando ocu­rría algún inci­dente grave des­a­pa­re­cía todo el mundo. Noso­tros no vivi­mos el 68, vivi­mos el 69, que a algu­nos nos afectó per­so­nal­mente más que a otros. Cuando algún gra­cioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.

Y el final del periodo que abar­cas es el año 96.

Sí, es el final del PSOE. Hay un capí­tulo entero dedi­cado a esto, en el cual juego con Adorno, para desa­rro­llar una teo­ría de la ilus­tra­ción: el PSOE viene a ilus­trar y su polí­tica ilus­trada es abso­lu­ta­mente memo­ra­ble. La situa­ción eco­nó­mica no es que fuera buena pero tam­poco es la de ahora. Por pri­mera vez hay un Gobierno que invierte en com­prar inte­li­gen­cia y com­pra a prác­ti­ca­mente la tota­li­dad de la inte­li­gen­cia espa­ñola, con cosas diver­ti­dí­si­mas, como una expo­si­ción de aba­ni­cos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acom­paña a cada aba­nico. El que des­en­mas­cara todo esto es Sán­chez Fer­lo­sio en el artículo más agudo sobre aque­lla época, donde incluye una frase memo­ra­ble que decía algo así: Si Goeb­bels (no lo había dicho él, pero se le atri­buye) cada vez que oía la pala­bra cul­tura sacaba la pis­tola, el PSOE ha cam­biado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cul­tura sacan la chequera.

El PSOE vino a ilus­trar y su polí­tica ilus­trada fue memo­ra­ble. Por pri­mera vez un Gobierno invir­tió en com­prar inte­li­gen­cia, y com­pró a prác­ti­ca­mente la tota­li­dad de la inte­li­gen­cia española

En ‘Los espa­ño­les que deja­ron de serlo’ hablas del ‘sín­drome Maeztu’ para refe­rirte a los inte­lec­tua­les vas­cos que cam­bia­ron de dis­curso sin tener que dar explicaciones.

Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Con­greso Cul­tu­ral de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reedi­tar) se queda turu­lato, yo no sabía que había en España tan­tos inte­lec­tua­les revo­lu­cio­na­rios por metro cua­drado, dice, por­que fue­ron como 300 o 400. Y todos fir­ma­ron una decla­ra­ción a favor de la lucha armada de los pue­blos frente a las dic­ta­du­ras, que era una cosa abso­lu­ta­mente surrea­lista para unos tíos como Félix Grande, que luego venía a España y ejer­cía como secre­ta­rio de una revista ofi­cial como Cua­der­nos His­pa­noa­me­ri­ca­nos. Yo recuerdo per­so­nas, podría decir hasta los nom­bres, me acuerdo per­fec­ta­mente, pero hoy sería un escán­dalo, que se iban a hacer prác­tica de lucha armada a la sie­rra… de Gua­da­rrama. Eso lo viví yo. Y el cura Agui­rre era tam­bién par­ti­da­rio de la lucha armada.

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El cura estaba en el ‘Felipe’

Sí pero el Felipe [FLP, Frente de Libe­ra­ción Popu­lar] se disuelve antes del 69. Jaime Pas­tor, que es uno de los prin­ci­pa­les, se va a los tros­kos, y Julio Cerón se retira al cas­ti­llo del Péri­gord, un cas­ti­llo con puente leva­dizo. Hay unos bue­nos apar­ta­dos sobre el inefa­ble Cerón, que era real­mente un tipo de psi­quia­tra, ade­más de ser un cató­lico… Todo el grupo del FLP estaba muy afec­tado por el cato­li­cismo, salie­ron del semi­na­rio para entrar en el Felipe, como César Alonso de los Ríos, uno de los que cruza todo el ciclo espa­ñol entero: sale de un semi­na­rio de un pue­blo de Valla­do­lid y va direc­ta­mente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa par­ti­ci­pa­ción; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de Solana en Cul­tura, y de ahí al PP, extrema dere­cha, ade­más, no la fac­ción más mode­rada. Lo de Maeztu… eso es una broma, por­que en Maeztu no había el aspecto cho­rizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entra­ron donde entra­ron siem­pre por dinero. Toda esa gene­ra­ción entró por dinero. Por ejem­plo, Juan Benet par­ti­cipa en un libro, Cien espa­ño­les y la OTAN, de Víc­tor Már­quez Revi­riego, donde dice que no fir­mará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.

Sin rubor intelectual…

Mira, el carác­ter falaz de la cul­tura de la época está en unas car­tas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferra­ter, dos patums de la socie­dad bar­ce­lo­nina, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído La Regenta? La acabo de empe­zar y es increí­ble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impre­sio­nante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resu­men de lo que sig­ni­fica el libro, o de lo que sig­ni­fica para mí al menos como autor, es la con­clu­sión de que la quie­bra de la Gue­rra Civil, inte­lec­tual­mente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Tran­si­ción no sig­ni­ficó borrón y cuenta nueva. Eso no es ver­dad. El exi­lio fue impla­ca­ble, sobre todo con los que tie­nen que esca­par de aquí durante y al final de la Gue­rra. Por­que la de los otros, los que se van en los años 60, como López Pacheco a Canadá o Ángel Gon­zá­lez a EEUU, es otra his­to­ria dife­rente, que evi­den­te­mente trato, pero es dife­rente. Los de aquel exi­lio se tira­ron seis o siete años sin des­ha­cer las male­tas, pen­sando que vol­vían. Terri­ble. Y luego no los dejan vol­ver. No a todos. Max Aub vuelve com­ple­ta­mente lúcido, pero sólo unos meses. Juan Goy­ti­solo, que es poco dado a la auto­crí­tica, me contó una cosa que yo intro­duzco en el libro: ‘¡Qué mal nos por­ta­mos con Max!’, me dijo. ‘Él leía todo lo nues­tro y noso­tros nunca leí­mos sus libros’. Es bestial.

Cela es excep­cio­nal por haber escrito ‘La Col­mena’, pero luego está el trepa, y desde Que­vedo no ha habido uno como él

Pero hablas tam­bién de los que se quedaron…

Claro. Hay un capí­tulo entero dedi­cado a Cela que es memo­ra­ble. No creo que haya en la His­to­ria de la Lite­ra­tura Espa­ñola desde Que­vedo un trepa con tanto talento para tre­par. Y que supiese de lite­ra­tura. Cual­quier acto, cual­quier deci­sión que toma siem­pre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excep­cio­nal por haber escrito un libro capi­tal, que es La Col­mena. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 un libro por encargo de la dic­ta­dura vene­zo­lana de Mar­cos Pérez Jimé­nez, La Catira. Como Cela era un figu­rón de la cul­tura espa­ñola, le ven­dió la moto al dic­ta­dor y escri­bió un libro que era una mierda (los tér­mi­nos vene­zo­la­nos, por ejem­plo, esta­ban todos equi­vo­ca­dos), pero eso sí, él había cobrado por ade­lan­tado tal can­ti­dad de dinero que se cons­truye una casa en Mallorca, la casa de Son Arma­dans. Enton­ces Vene­zuela era una dic­ta­dura sinies­tra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años des­pués, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repe­tir la jugada, por­que nece­si­taba nume­ra­rio para cons­truirse una casa en el Jarama. Y le hace una pro­po­si­ción a su agente, Car­men Bal­ce­lls, que ésta trans­mite al Ayun­ta­miento de Mar­be­lla, es decir, a Gil y Gil: escri­bir un libro sobre Mar­be­lla que se lla­mase Mar­be­lla Paraíso, o algo así, una cosa golfa, por 100 millo­nes. Hasta a Gil y Gil, que no tenía nin­gún rubor, aun­que no fuera la lite­ra­tura lo suyo, le pare­ció exce­sivo. Si le llega a salir, hubiera sido como La Catira. Cela no tenía nin­gún pro­blema de prin­ci­pios. Es la repre­sen­ta­ción genuina del escri­tor del fran­quismo. Era listo, no era un escri­tor de fondo (los poe­mas que hizo se pue­den tirar todos a la basura) y ade­más publi­caba mucho, estoy seguro de que ni corre­gía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchí­simo dinero. En el libro no entro en cómo con­si­guió el Nobel, pero doy las pis­tas para enten­derlo. Muerto Franco en noviem­bre del 75, habiendo reci­bido todos los pre­mios y siendo sena­dor real de aque­llos que nom­bró Juan Car­los, ¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede sal­tar de la Alca­rria al mundo? Fácil. ¿Qué orga­ni­za­ción no exis­tía en España enton­ces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de Max Mazin. Des­pués del Holo­causto aquí estoy yo, dice. Es el pre­si­dente de la aso­cia­ción his­pano israelí en un momento en el que no hay rela­cio­nes diplo­má­ti­cas entre España e Israel. Eso es talento. Reco­rrió todos los cen­tros judíos del mundo dando con­fe­ren­cias y se trans­formó en una figura inter­na­cio­nal. Sin el sio­nismo no lo hubiera con­se­guido. Eso es Cela.

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Foto­gra­fías: Ana Lisis.

Vol­viendo a Agui­rre, ¿por qué se casó Caye­tana con él sabiendo que era homosexual?

Posi­ble­mente con ella no lo fuera. No sería el pri­mer caso. Tam­poco me pare­ció ella una per­sona espe­cial­mente apa­sio­nada, pero ¿quién de noso­tros no conoce homo­se­xua­les casa­dos? A ella le fas­ci­naba. Agui­rre se lle­vaba bien con todos los hijos de Caye­tana menos con Jacobo, por­que era un com­pe­ti­dor, y él no admi­tía com­pe­ti­do­res. Jesu­sito tenía que ser siem­pre el más bri­llante. En el entie­rro pri­vado, según con­taba Pra­dera, no lloró nin­guno de los hijos. La única per­sona que lloró fue Caye­tana, y lloró de ver­dad, por­que le que­ría. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homo­se­xual no creo que tuviera la más mínima impor­tan­cia. Es más, a ella le sor­pren­de­ría. Y eso que él siguió con una vida más bien irre­gu­lar en esos cam­pos, era un homo­se­xual con una rela­ción nota­ble… Su final, sin embargo, es terri­ble, enlo­quece, por­que es un duque de Alba que se abu­rre. Siendo un hom­bre tan frí­volo llegó al puesto más impor­tante de España, ni el Rey es tan impor­tante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han reti­rado, aún no sabe­mos quién y tar­da­re­mos tiempo en cono­cer los deta­lles de la cons­pi­ra­ción, pero a un duque no lo pue­den reti­rar. Y sin embargo se abu­rre. Al final del libro explico que somos una gene­ra­ción abso­lu­ta­mente fra­ca­sada, nin­guno de sus obje­ti­vos se cum­plió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.

Bueno, y de muchos de esos mandarines…

Sí, pero lle­ga­ron con unos pea­jes terri­bles. Esos man­da­ri­nes no son los man­da­ri­nes de Simone de Beau­voir, no son los man­da­ri­nes fran­ce­ses, aquí el peaje son los 40 años de fran­quismo, que pare­cía que no se aca­baba nunca. Y cuando acabó… En un capí­tulo del libro trato de las rela­cio­nes entre los inte­lec­tua­les y el enton­ces prín­cipe Juan Car­los, inte­lec­tual impor­tante donde los haya.

Entre él y Suá­rez se leye­ron tres libros…

No, Suá­rez no leyó nin­guno y el Rey tam­poco. Suá­rez empezó Papi­llon y lo dejó por­que le pare­cía muy denso. ¿El Rey? Hay una anéc­dota, que tiene tras­cen­den­cia, durante la inau­gu­ra­ción de la pri­mera Feria del Libro del post­fran­quismo. Están paseando Juan Car­los y Sofía por las case­tas y alguien le enseña a la Reina un ejem­plar de El Prin­ci­pito de Saint-Exupéry. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira El Prin­ci­pito, como nues­tro hijo’. Lo de la cul­tura de la Reina es otra mito­lo­gía. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.

FERNANDO PALMERO

Maquetación 1Una ver­sión de este artículo fue publi­cada en el número de octu­bre de 2014, 256, de la edi­ción impresa de la Revista LEER. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, sus­críbete.

Hay 4 comentarios

  • […] objeto de polé­mica tras la deci­sión de Pla­neta de no publi­carlo, con­vir­tió aque­llas pági­nas en un pre­ciado docu­mento para enten­der la noti­cia editorial […]

  • Responder marzo 22, 2017

    Blanca Andreu

    » Toda esa gene­ra­ción entró por dinero. Por ejem­plo, Juan Benet (…) » Este embus­tero, que afirma en su libro que Juan Benet se fue a cenar con­migo el día en que se sui­cido su pri­mera mujer, cuando en reali­dad en esa fecha yo era una niña de catorce años interna en un cole­gio de Ali­cante ( no conocí a Benet hasta los vein­ti­tres) miente al decir que a Juan era un codi­cioso o un corrupto. Con su tra­bajo como inge­niero de cami­nos ( Direc­tor Gene­ral de A. E. en MZOV-Cubiertas y Teja­dos) ganaba lo sufi­ciente para vivir estu­pen­da­mente. Y aun­que no hubiera sido así, era un hom­bre desin­te­re­sado y hon­rado a carta cabal.

  • Responder marzo 22, 2017

    Blanca Andreu

    By the way: el Rey emé­rito me comentó en una recep­ción con motivo del pre­mio Cer­van­tes, al saber que yo escri­bía poe­sía, que a él lo que le gus­taba era la novela negra. Luego eso de que no ha leído ni un libro es otra falacia

  • […] y for­ma­li­zada crí­ti­ca­mente por Gui­llem Mar­tí­nez. Aque­lla cuya fun­da­ción expli­caba Gre­go­rio Morán a LEER en 2014 con motivo de la publi­ca­ción de su último libro irre­dento, El cura y los mandarines: […]

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