Revista leer
Entremeses

Editores y libreros independientes en Leer

Emilio Sánchez (Libros del K.O.), Guillermo Enríquez (Cave Canem) y Donatella Iannuzzi (Gallo Nero) en Espacio LEER.Emilio Sánchez (Libros del K.O.), Guillermo Enríquez (Cave Canem) y Donatella Iannuzzi (Gallo Nero) en Espacio LEER.

Esta semana arranca en el Par­que del Retiro la 73ª edi­ción de la Feria del Libro de Madrid, y con ese motivo LEER reunió el lunes a un puñado de edi­to­res y libre­ros inde­pen­dien­tes para con­ver­sar y dis­cu­tir en torno al para­digma que los unos repre­sen­tan y los otros prescriben.

Mien­tras gran­des edi­to­ria­les, con gran­des cos­tes y gran­des estruc­tu­ras, ento­nan lamen­tos de inten­si­dad varia­ble –por la cri­sis, por las con­se­cuen­cias de la revo­lu­ción digi­tal y por la reduc­ción de már­ge­nes–, ensa­yan fusio­nes y con­cen­tra­cio­nes y (algu­nos) demues­tran su ner­vio­sismo con errá­ti­cas polí­ti­cas edi­to­ria­les, a unos cuan­tos sellos peque­ños (y media­nos) veni­mos escu­chán­do­les pala­bras de pru­dente satis­fac­ción. Así fue el pasado mes de octu­bre, durante un encuen­tro con edi­to­res inde­pen­dien­tes madri­le­ños en la última edi­ción del salón LIBER; así hace unas sema­nas en con­ver­sa­ción con San­tiago Fer­nán­dez de Caleya, res­pon­sa­ble de Tur­ner, reciente pre­mio nacio­nal a la Mejor Labor Edi­to­rial: entre 2011 y 2013 sus ven­tas en libre­rías han cre­cido un 40%.

Esta y otras his­to­rias de éxito vie­nen a resar­cir a una figura, la del edi­tor, mal­tra­tada desde hace tiempo en algu­nas gran­des edi­to­ria­les, some­ti­dos a la tira­nía de los eje­cu­ti­vos de cuen­tas y los res­pon­sa­bles de marketing.

Pre­ci­sa­mente uno de los aspec­tos irre­nun­cia­bles de la estra­te­gia de Tur­ner es su trato cons­tante con el librero. Cons­cien­tes de su fun­ción pres­crip­tora, reco­rren España para cono­cer­les y pre­sen­tar­les sus nove­da­des, aun reco­no­ciendo que su situa­ción, que ya viene siendo muy difí­cil, pro­mete serlo aún más.

¿Qué pue­den apren­der las libre­rías de sus cole­gas los edi­to­res inde­pen­dien­tes? ¿Cómo pue­den recon­ver­tirse y encon­trar un modelo sos­te­ni­ble? Con estas pre­mi­sas, las de dos acto­res del sec­tor del libro estre­cha­mente rela­cio­na­dos pero en coyun­tu­ras dis­tin­tas, qui­si­mos reunir en Espa­cio LEER a peque­ños edi­to­res y libre­ros. Emi­lio Sán­chez Media­vi­lla, de Libros del K.O., y Dona­te­lla Ian­nuzzi de Gallo Nero; Gui­llermo Enrí­quez, socio de la recién nacida Cave Canem, ver­da­dera libre­ría de autor, y María Herráez, librera de Machado Libros, una de las libre­rías de fondo más impor­tan­tes de Madrid.

La dis­ten­dida con­ver­sa­ción (a la que se incor­po­ra­ron otros edi­to­res como Samuel Alonso Ome­ñaca de Libros del Zorro Rojo o David M. Copé de Sexto Piso) arrojó con­clu­sio­nes intere­san­tes; algu­nas curio­sa­mente con­ver­gen­tes con las de los deba­tes en torno a la edu­ca­ción que LEER ha con­vo­cado antes y des­pués de su número de mayo; por ejem­plo, que la lec­tura es un hábito de liber­tad y de con­cien­cia ciu­da­dana tan nece­sa­rio como defi­ciente en nues­tra socie­dad, en el seno de las fami­lias e incluso en la comu­ni­dad educativa.

Abrió fuego con entu­siasmo y locua­ci­dad Dona­te­lla Ian­nuzzi, de Gallo Nero –cuyas dos últi­mas refe­ren­cias son el exce­lente La esta­ción del sol de Shin­taro Ishihara, una suerte de Menos que cero de la juven­tud japo­nesa de fina­les de los 50, y R. Crumb. Entre­vis­tas y cómics– esta­ble­ciendo algu­nas exi­gen­cias de la pequeña edi­ción: des­ta­carse entre una oferta “mareante” por can­ti­dad y cali­dad, espe­cial­mente en narra­tiva, con pro­pues­tas atrac­ti­vas y muy cui­da­das en forma y con­te­nido y pelear libre­ría por libre­ría para ganarse la aten­ción y el inte­rés de los libre­ros, topando en oca­sio­nes con la incom­pren­sión de algu­nos de ellos. No obs­tante, Ian­nuzzi se con­gra­tuló de que incluso en las peque­ñas libre­rías de pro­vin­cia some­ti­das al movi­miento de nove­da­des impuesto por los gran­des sellos, muchos libre­ros dis­pon­gan peque­ñas mesas a modo de tras­tienda alter­na­tiva para aten­der las pro­pues­tas de los edi­to­res inde­pen­dien­tes. Y es que “el librero apre­cia el libro hecho con cariño”.

Mate­ria­les con los que tra­baja en Cave Canem Gui­llermo Enrí­quez, que en Espa­cio LEER dejó claro desde el prin­ci­pio que hay edi­to­ria­les que no tras­pa­san sus puer­tas; un veto inte­lec­tual que tiene que ver tanto con las con­di­cio­nes “leo­ni­nas” que algu­nas de ellas impo­nen como con la rigu­rosa pro­puesta ética y esté­tica de la libre­ría que regenta con Ale­jan­dro Sch­wartz. Gui­llermo reco­no­ció que su nego­cio es sos­te­ni­ble por­que ambos tie­nen otro tra­bajo. Una libre­ría lucra­tiva exi­gi­ría un movi­miento que la suya no puede tener. Tam­poco se plan­tean la res­pe­ta­ble alter­na­tiva de otros com­pa­ñe­ros, el café-librería, por­que no tie­nen licen­cia… y por­que no quie­ren ser cama­re­ros. La expe­rien­cia, no obs­tante, merece la pena, aun­que “el librero ya no puede sen­tarse a leer y espe­rar. Hay que desa­rro­llar músculo de difu­sión”, prác­ti­cas casi de ges­tión cultural.

El modelo de Machado Libros es dis­tinto. Esta­mos ante una libre­ría de fondo con­so­li­dada, pero obli­gada a ampliar su acti­vi­dad con talle­res lite­ra­rios o pre­sen­ta­cio­nes para man­te­ner su enti­dad y su iden­ti­dad, y a cola­bo­rar e inter­ac­cio­nar con nue­vas reali­da­des como los blogs lite­ra­rios. Nave­ga­mos de nuevo, aun­que en otra clave, por lo derro­te­ros de la ges­tión cul­tu­ral para com­ba­tir un esce­na­rio adverso con­fi­gu­rado por “engen­dros orwe­llia­nos”, pala­bras de María Herráez, como Ama­zon. Pese a todo nues­tra librera se mos­tró pru­den­te­mente opti­mista en cuanto a la dis­po­si­ción de la gente a seguir leyendo y dejarse ase­so­rar por el librero para sumer­girse en uni­ver­sos lec­to­res que a priori les resul­tan aje­nos. Así seño­ras de mediana edad que se afi­cio­nan George R. R. Mar­tin, o que en los talle­res de poe­sía se dejan sedu­cir por lec­tu­ras hard­core tipo Gins­berg, tal y como señaló su com­pa­ñero de Machado Álex Por­tero, quien sub­rayó que al final todo sigue teniendo que ver con una litur­gia, la del libro-objeto, que per­ma­nece vigente.

Así lo corro­bo­ra­ron Laura San­do­val y Daniel Álva­rez Pren­des de Hoja de Lata, edi­to­res inde­pen­dien­tes radi­ca­dos en Astu­rias que apro­ve­cha­ron su visita a Madrid para pasarse por el acto de LEER con su última nove­dad en la mano, el muy ape­te­ci­ble Memo­ria del vacío de Mar­celo Fois. Ambos refu­ta­ron pre­jui­cios como que en pro­vin­cias se lee poco o lo exclu­si­va­mente masivo e ilus­tra­ron la idea de que “leer es sexy” con la man­zana de cafés-librería sur­gida recien­te­mente en Gijón y en las que las peque­ñas edi­to­ria­les son las protagonistas.

DSC_0013
Laura San­do­val y Daniel Álva­rez Pren­des, de Hoja de Lata.

Sellos que, ade­más del rigor de su pro­puesta, alcan­zan cierta difu­sión y popu­la­ri­dad gra­cias a una buena ima­gen con la que cons­tru­yen una base de lec­to­res más o menos esta­ble abo­nada a sus nove­da­des. En esas coor­de­na­das se mue­ven los Libros del K.O. de Alberto Sáez, Gui­llermo López, Álvaro Llorca y Emi­lio Sán­chez Media­vi­lla, que con su perio­dismo en forma de libro han con­so­li­dado en menos de tres años una repu­tación deu­dora tanto de su buen hacer como de su ati­nada difu­sión. Como hace un año en nues­tra sec­ción del papel Los Otros Edi­to­res, Emi­lio con­firmó que para un sello como el suyo y en un mer­cado como el espa­ñol, el digi­tal sigue siendo mar­gi­nal –en el entorno del 2%–.

Y en vís­pe­ras de la Feria de Madrid fue de los que se mos­tró más entu­siasta res­pecto al cer­ta­men madri­leño. La expe­rien­cia del año pasado, el pri­mero de Libros del K.O., fue muy buena. Por “el pla­cer de jugar a ser librero” por unos días, por la opor­tu­ni­dad de encon­trarse y hablar con la gente –y es que el tra­bajo de edi­tor inde­pen­diente es muy soli­ta­rio…– y, por supuesto, por lo que tiene de inyec­ción económica.

En la Feria, un año más, libre­ros y edi­to­res inde­pen­dien­tes serán los que obten­gan el favor del público lec­tor; no aquel que acude a las fir­mas de los per­so­na­jes tele­vi­si­vos que ponen su ros­tro y su nom­bre a un objeto encua­der­nado. Un fenó­meno que por la dimen­sión que ha adqui­rido ya va nece­si­tando un espa­cio aparte para que las aglo­me­ra­cio­nes que con­lleva no con­di­cio­nen la acti­vi­dad de auto­res y libre­ros de ver­dad.

Inde­pen­dien­tes como los reuni­dos en LEER repre­sen­tan el espa­cio de resis­ten­cia de la cul­tura del libro cuando esta parece des­a­pa­re­cida de los dis­cur­sos masi­vos o se mani­fiesta de manera reblan­de­cida. Su tra­bajo invita a que el libro vuelva a ser objeto de con­ver­sa­ción. Vol­va­mos a hablar de libros. ¡Feliz Feria del Libro!