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	<title>Revista leer &#187; Mario Vargas Llosa</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>La belleza del horror en el jardín de Bomarzo</title>
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		<pubDate>Mon, 24 Apr 2017 17:08:58 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Manuel Mujica Lainez y Alberto Ginastera colaboraron estrechamente en la adaptación operística de la novela del primero, “Bomarzo”, que hoy se estrena en el Teatro Real de Madrid. Blas Matamoro, que se ha aproximado a ambos en su reciente libro ‘Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina’, desentraña su colaboración artística y el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">M<strong><em>anuel</em> </strong><em><strong>Mujica Lainez</strong> y <strong>Alberto Ginastera</strong> colaboraron estrechamente en la adaptación operística de la novela del primero, <strong>“Bomarzo”, que hoy se estrena en el Teatro Real de Madrid</strong>. <strong>Blas Matamoro</strong>, que se ha aproximado a ambos en su reciente libro ‘Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina’, desentraña su colaboración artística y el escándalo que la obra suscitó en la pacata Argentina de la dictadura de <strong>Onganía</strong>.</em></p>
<p style="text-align: left;">Siguiendo una línea dominante en la ópera del siglo XX, tal vez de herencia wagneriana, Alberto <strong>Ginastera siempre recurrió a la literatura como base verbal de sus dramas escénicos</strong>: <strong>Alejandro Casona</strong> para <em>Don Rodrigo</em>, <strong>Alberto Girri</strong> para <em>Beatrix Cenci</em> y Manuel Mujica Lainez para <em>Bomarzo</em>. En este caso, lo literario era de doble sesgo pues la ópera se refiere a una novela transformada en libreto por el propio novelista. Cabe recordar que <em>Manucho</em>, apodo por el cual se lo menciona habitualmente, aunque narrador y biógrafo, también incursionó en el verso: <em>Canto a Buenos Aires</em>, traducciones de los sonetos de <strong>Shakespeare</strong> y textos teatrales del mismo Shakespeare, <strong>Molière</strong> y <strong>Racine</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">La novela <em>Bomarzo</em> fue <strong>publicada en 1962, en las orillas del fenómeno editorial conocido como <em>boom</em></strong> de la literatura latinoamericana. Digo orillas porque Manucho no era, por entonces, una novedad y<strong> llevaba casi treinta años de carrera. Tampoco simpatizaba con la revolución cubana</strong>, todo lo contrario, y esto fue, de movida, decisivo para entrar o no en el club <em>boomista</em>. Pero el libro tuvo éxito, mereció traducciones y premios gracias, en cierta medida, al nuevo clima del gusto lector. <strong>Lo latinoamericano se pudo de moda</strong> y en ella cabían desde el realismo de <strong>Fuentes</strong> y <strong>Vargas Llosa</strong> hasta las geometrías intelectuales de <strong>Borges</strong> y los barroquismos de <strong>Carpentier</strong> y <strong>Lezama Lima</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Mujica Lainez ocupaba su lugar desde tiempo atrás como un <strong>heredero de la novela modernista</strong> que, en la Argentina, había dado su ejemplo más canónico con <em>La gloria de Don Ramiro</em> de <strong>Enrique Larreta</strong> en 1908. La España renacentista que en ella aparece coincide con la Italia renacentista que da marco a <em>Bomarzo</em>. Desde luego, los extremos de goticismo y sinceridad sexual de Manucho no se los habría permitido don Enrique pero la tendencia a la iluminación colorista y la narración como puesta en escena reúne a ambos escritores, pertenecientes a la misma buena sociedad porteña y hasta vecinos de barrio.</p>
<h5><strong>‘Tableau vivant’</strong></h5>
<p style="text-align: left;">En efecto, <em>Bomarzo</em> es una novela modernista y esta cualidad debió interesar a Ginastera, ya que<strong> la estética modernista tiene mucho del oropel y la estudiada y escultórica gesticulación de un buen espectáculo operístico.</strong> Hay momentos de extensa descripción que juegan a la pintura de género y ambientan la aparición de personajes ataviados para un <em>tableau vivant</em>: el patio del palacio con su mezcla de gentes y animales, la llegada del <em>David</em> de Miguel Ángel a la Loggia dei Lanzi florentina, la batalla de Lepanto, el gabinete de Paracelso con sus artes mánticas.</p>
<p style="text-align: left;">Item más. Si bien la historia del protagonista, el duque Pier Francesco Orsini, es inventada, <strong>el lugar es realmente existente: Bomarzo, cerca de Viterbo y no lejos de Roma. El Jardín de los Monstruos también</strong> existe y perteneció a un Orsini. Desde luego, un itinerario iniciático con una serie de estatuas gigantescas de seres mitológicos e inscripciones crípticas que remata en una máscara titánica con la boca abierta que da entrada a un supuesto infierno; todo ello parece un decorado de ópera. A él corresponde la principal figura que da título a la obra.</p>
<p style="text-align: left;">Manucho aceptó la sugestión de un cuadro de <strong>Lorenzo Lotto</strong>, un hombre de noble pinta pero giboso. Le atribuyó a Orsini no sólo un parecido con Rigoletto sino la muerte del padre por artes nigrománticas, la de un hermano que es empujado por la abuela a un abismo –las familias modernistas dan para todo–, una escena de impotencia sexual con una cortesana, una amistad más que tierna con un esclavo negro que acaba acuchillando a su otro hermano, una escena de travestismo bendecida por un falso cura y un matrimonio de aquella manera. Desde luego,<strong> la trama gótica, la variedad del elenco y el fondo del escenario estaban servidos para el operático entusiasmo de Ginastera.</strong></p>
<p style="text-align: left;">Según se va viendo, el personaje, sin duda <strong>el más complejo y mejor elaborado de todo Manucho</strong>, da abundante juego escénico no sólo por su espesa aventura personal sino por su aspiración a la vida como una hermosa obra de arte, que se concreta en un jardín de bellos monstruos y esa Boca del Infierno donde ansía eternizarse bebiendo una pócima que acaso no pase de ser letal. La hermosura como forma sensible del bien hace del arte un camino de perfección moral y el desfile de los monstruos, auténtico camino de imperfección, se vuelve iniciático y redentor.</p>
<figure id="attachment_6952" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-6952 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/04/Bomarzo-6384-e1493052273594-1024x553.jpg" alt="Bomarzo 6384" width="690" height="373" /><figcaption class="wp-caption-text">El tenor británico John Daszak interpreta al duque de Bomarzo en la versión de la ópera de Alberto Ginastera que se presenta en el Teatro Real hasta el 7 de mayo. Al fondo, la contralto galesa Hilary Summers en el papel de Diana Orsini, abuela del duque. Todas las fotos son del ensayo general del 22 de abril de 2017. / © Javier del Real — Teatro Real</figcaption></figure>
<p> </p>
<h5><strong>‘Bomarzo affair’</strong></h5>
<p style="text-align: left;">Esta es la historia curricular de la ópera. Tiene otra, donde aparecen más sombras monstruosas, las del militarismo clerical argentino. <strong>El estreno mundial tuvo lugar en Washington en 1967</strong>. Desde el año anterior presidía la Argentina el general <strong>Juan Carlos Onganía</strong>, impuesto por un golpe de Estado que contó con la opinión contraria de los Estados Unidos, al revés que el tópico habitual. El gobierno apoyó el estreno y los diplomáticos del caso lo elogiaron como un triunfo de la cultura nacional.</p>
<p style="text-align: left;">Pero al programarse en 1968 en el teatro Colón de Buenos Aires, una fulminante amenaza de suspender la temporada seguida de un decreto prohibitorio, lo impidieron. <strong>Se invocaron “elementales principios morales en materia de pudor sexual”</strong>. La memez del asunto llegó a convertirse en el <em>Bomarzo affair</em>, como lo llamó el embajador norteamericano <strong>Edward Martin</strong>, dada la escandalera periodística que produjo. Por un lado, el abusivo peso del peor catolicismo, encarnado en el cardenal <strong>Caggiano</strong>, partidario de imponer una “moral objetiva” a todo el mundo y considerar al gobierno norteamericano como favorecedor del comunismo (conste que Caggiano había mediado entre el Vaticano y la Argentina en la posguerra para salvar el pellejo a los nazis retenidos en Italia). Recuerdo –tengo edad para ello– que <strong>se habló hasta de bestialismo sexual porque alguien creyó que Orsini (<em>orsino</em>: osito en italiano) demostraba que el giboso duque era bestialista sexual</strong> porque mantenía relaciones con un oso. Lo único bueno de este esperpento fue que se pudo escuchar, en lugar de Ginastera, al <strong>Monteverdi</strong> del <em>Vespro della Beata Vergine</em>, en la versión <strong>Ghedini</strong> y dirigido por <strong>Fernando Previtali</strong>. En 1972, otro dictador, <strong>Alejandro Lanusse</strong>, más moderno y astuto que su antecesor, menos timorato y menos tonto, levantó la prohibición y así restañó la ofensa causada a un par de ilustres ciudadanos, correctamente conservadores, que podían mostrar su obra en todo el mundo salvo en el propio país. Desde luego, <strong>con los criterios expuestos, la mitad de las óperas deberían haberse prohibido desde siempre.</strong> Y todo por no ver al pequeño tenor <strong>Novoa</strong> en brazos del robusto bailarín <strong>Agüero</strong>. En fin, la ópera se repuso en 1984 y permanece en el repertorio habitual del teatro citado. Ginastera, después de todo, no deja de ser el compositor que una abundante crítica especializada considera el mayor de América.</p>
<h5><strong>Refinado artefacto</strong></h5>
<p style="text-align: left;"><strong>El dispositivo escénico de la obra es complejo:</strong> dos actos y quince cuadros separados/unidos por los respectivos interludios, de modo que la acción no pierda su novelística y, si se prefiere, cinematográfica unidad. En efecto, la estructura de la historia teatral que se despliega ante el espectador es, en síntesis, <strong>un instante en la memoria del protagonista</strong>, que rememora su vida en el momento en que bebe la pócima de la eternidad sin saber que es veneno. Así se dan el primer y el último cuadro de la ópera.</p>
<p style="text-align: left;">Entre medias, la acción se divide en dos actos. El primero llega hasta el cuadro octavo, el que describe el encuentro de Bomarzo con el pintor Lotto que habrá de retratarlo en una pintura que, según quedó dicho, sugirió a Mujica Lainez su identificación con Orsini. Es el momento crucial de la historia, cuando él <strong>entiende que es la máscara de un demonio que lo habita y decide destrozar el espejo que le devuelve la imagen de aquella máscara.</strong></p>
<p style="text-align: left;">En el primer acto se ven desfilar la infancia del duque, las burlas de sus dos hermanos, ostensiblemente bellos y viriles; el horóscopo que le traza el astrólogo y que define la vida del protagonista como una deriva fatal, trazada de antemano, obra de unas fuerzas fascinantes y siniestras; el encuentro con la cortesana Pantasilea, que intenta vanamente excitarlo, más la figura diabólica que se interfiere en todos los actos importantes de su vida; luego, con la colaboración de su abuela Orsini, mata a su hermano Girolamo, en un lugar donde la invocación de los antepasados juega como un elemento más de la fatalidad general; Bomarzo es entronizado duque en una ceremonia solemne; una fiesta orgiástica anima la corte ducal dando lugar a danzas y entreveros de los invitados. El acto se cierra con el mencionado cuadro del retrato.</p>
<p style="text-align: left;">El segundo acto empieza con el cortejo de Julia Farnese, a quien el duque ama pero que, en verdad, está enamorada y liada con su hermano Marval, según ha podido ver en algún momento de su entronización ducal. Enseguida hay una escena nupcial, interrumpida por la presencia diabólica, tal como ocurrió con Pantasilea. Hay un cuadro pesadillesco en que ambos cónyuges son acechados por arcaicas divinidades etruscas que surgen de las honduras del lugar. Otro encuentro mitológico sucede entre el duque y una estatua del Minotauro, que cobra vida y, de algún modo, le sugiere y le ordena la construcción del Jardín de los Monstruos, un seguro de inmortalidad y de siniestra hermosura. Tras un encuentro de Julia y Marval, éste es asesinado por el esclavo negro del duque, muerte cuya venganza correrá a cargo del hijo de Marval, quien echará veneno en la pócima supuestamente inmortalizadora del alquimista. El duque lo visita y decide ingerir el prodigioso brebaje, cuyo efecto, el delirio de la inmortalidad en la Boca del Infierno del monstruoso jardín, se pone en escena durante el cuadro que da fin a la obra.</p>
<figure id="attachment_6955" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-6955 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/04/Bomarzo-5859-e1493052825650-1024x630.jpg" alt="Bomarzo 5859" width="690" height="425" /><figcaption class="wp-caption-text">«Bomarzo» llega al Real en coproducción con De Nationale Opera de Ámsterdam bajo la dirección musical de David Afkham, dirección de escena de Pierre Audi y escenografía de Urs Schönebaum. / © Javier del Real — Teatro Real</figcaption></figure>
<p> </p>
<h5><strong>Soluciones para un reto</strong></h5>
<p style="text-align: left;">Varios desafíos: propuso convertir la novela en libreto y el libreto en música. <strong>Llevar a la escena todo el enmarañado recorrido del libro era imposible</strong> y hubo que quitar episodios irrepresentables en un teatro como los recordados de la batalla de Lepanto y la instalación del <em>David</em> de Miguel Ángel. Por otra parte, <strong>una novela es un curso que fluye y no un tejido con nudos sucesivos según ocurre en el clásico teatro de ópera.</strong> <strong>La solución</strong> fue, conforme he adelantado, <strong>cinematográfica</strong>: una escena que abre y cierra el espectáculo y, entre medias, trece episodios a manera de <em>flashbacks</em> del recuerdo, que van dando lugar a consecuentes episodios que surgen de la sombra del olvido y vuelven a ella. Es como si, en el momento de morir, el personaje pudiera rememorar toda su historia y apoderarse finalmente de ella, ya que no tendrá más secuencias.</p>
<p style="text-align: left;">Para resolver el envite, Ginastera tenía varias opciones. Una era encomendar un libreto tradicional, con sus recitativos, arias, coros y números de conjunto. Para ello hacía falta un libretista y Manucho no lo era. Por lo demás, si no es dentro de los límites de la música tonal, resolver todas esas fórmulas es prácticamente imposible.</p>
<p style="text-align: left;">Otra alternativa era la historicista. Puesto que la acción transcurre en la Italia del siglo XVI, evocar con una música del siglo XX pero impregnada de citas arcaizantes el mundo pintado –por así decirlo– en la novela. Al alcance de la mano había ejemplos que podían jugar como referencias: <em>Pulcinella</em> de <strong>Stravinsky</strong> y <em>El retablo de Maese Pedro</em> de <strong>Manuel de Falla</strong>. Nadie menos reminiscente en música que Ginastera a quien, por lo que hace a sus usos folclorizantes, en especial los de su etapa nacionalista, nada le valían a la hora de evocar el Renacimiento italiano.</p>
<p style="text-align: left;">Por fin, dueño de numerosos recursos del lenguaje musical contemporáneo, el compositor se decidió por hacer una ópera de finales del siglo XX que no debiera retratar este siglo sino valer para <strong>una evocación modernista, con trazos de novela gótica, que aunara lo espeluznante y lo sensual de un mundo hecho para el placer y el crimen</strong>. En suma: una ópera de aquellas que tú me sabes.</p>
<figure id="attachment_6957" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-6957" src="/wp-content/uploads/2017/04/Bomarzo-6517-e1493053225628-764x1024.jpg" alt="Girolamo, el hermano mayor del duque de Bomarzo interpretado por el barítono Germán Olvera, yace sobre una roca tras ser asesinado por su abuela. / © Javier del Real - Teatro Real" width="690" height="925" /><figcaption class="wp-caption-text">Girolamo, el hermano mayor del duque de Bomarzo interpretado por el barítono Germán Olvera, yace sobre una roca tras ser asesinado por su abuela. / © Javier del Real — Teatro Real</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong>Ginastera utiliza la atonalidad pero lo hace libremente, sin ajustarse a las exigencias seriales.</strong> Hay momentos de microtonalismo y apertura de aleatoriedad (música improvisada entre dos secuencias de partitura). No se recurre a citar música de época pero, por ejemplo en la <em>Canción del triste amor</em> cabe oír una suave reminiscencia de madrigal, así como el ballet orgiástico con ritmo de doble ternario (6/8), muy frecuente en Ginastera, nos lleva a danzas populares hispánicas, desde el fandango andaluz hasta la chacarera argentina o la cueca chilena.</p>
<p style="text-align: left;">La escritura vocal es muy clásica, pues hay papeles para tenor (Gian Francesco Orsini, duque de Bomarzo), barítono (Silvio de Narni, astrólogo), bajo (Gian Corrado Orsini, padre del duque), soprano (Julia Farnese), mezzo (Pantasilea), y contralto (la abuela). Un lugar sonoramente especial ocupa <strong>el coro, que se instala en el foso de la orquesta</strong> y no ejercita un papel de personaje en la acción sino que la comenta y le vale de ambientación, de <strong>ultramundo sonoro</strong>, además de fusionarse con la masa orquestal.</p>
<p style="text-align: left;">Ginastera ha sido un dechado de redactor musical, capaz de escribir para toda suerte de dispositivos y de investigar toda suerte de sonoridades. En <em>Bomarzo</em> <strong>la exuberancia orquestal, unida a la cuidada solución armónica de cada cuadro, es de brillante efecto.</strong> Inseparable de ella resulta la composición de los intervalos que separan a la vez que unen los cuadros, preparando su atmósfera mientras resuelven y diluyen el clima del cuadro precedente. El discurso de la ópera cobra de esta manera una completa unidad.</p>
<p style="text-align: left;">Otro detalle estructural es el esquema sobre el cual se desarrollan los cuadros y que es clásico y tripartito: exposición, crisis y resolución. De tal modo, como el relato tiene una itinerancia de novela, para dar tensión dramática a la obra se recurre a mostrarla en cada cuadro como un elemento autónomo, de modo que no sea siempre la misma tensión que exija la misma distensión. Se evita, con estos recursos debidos al texto y unidos a la libertad compositiva del músico, que la obra se sumerja en la monotonía y la grisura que caracterizan a las obras atonales de larga duración. Sin duda, en este aspecto, Ginastera se aproxima más a <strong>Alban Berg</strong> que a <strong>Arnold Schönberg</strong>. Y más a sí mismo que a ningún otro.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BLAS MATAMORO</strong> es ensayista, novelista y crítico literario y musical. Entre sus últimos libros destacan “<a href="http://forcolaediciones.com/producto/nietzsche-y-la-musica/" target="_blank">Nietzsche y la música</a>” (Fórcola, 2015) y “<a href="http://forcolaediciones.com/producto/con-ritmo-de-tango/" target="_blank">Con ritmo de tango. Un diccionario personal de la Argentina</a>” (Fórcola, 2017). Este artículo se publica por cortesía de la <a href="http://www.amigosoperamadrid.es/" target="_blank">Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid</a>.</em></p>
<p style="text-align: left;"><a href="/wp-content/uploads/2017/04/PORTADA281.jpg"><img class="alignleft wp-image-6805" src="/wp-content/uploads/2017/04/PORTADA281-761x1024.jpg" alt="PORTADA281" width="150" height="202" /></a><br />
<em>Una versión de este artículo <strong><a href="/2017/04/leer-en-abril-opera-una-sublimacion-literaria/" target="_blank">aparece publicada en el número de abril de 2017, 28</a>1</strong>, de la edición impresa de la Revista LEER.</em></p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> </p>
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		<title>#LEERsinprisa entre mujeres</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2016 08:25:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tan estimulante resultó la velada literaria en el programa “Preferiría No Hacerlo” de Aragón Radio de la que participamos ayer por cortesía de Sergio del Molino e Iguázel Elhombre, que hoy continuamos celebrando esa delicada inclinación hacia lo femenino de nuestro mimado número de marzo. Con una edición sorpresa de #LEERsinprisa, iniciamos la conmemoración del que hemos bautizado [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tan estimulante resultó la velada literaria en <strong><a href="http://www.aragonradio.es/podcast/emision/137572/">el programa </a>“Preferiría No Hacerlo” </strong>de <a href="http://www.aragonradio.es/"><strong>Aragón Radio</strong></a> de la que participamos ayer por cortesía de <a href="http://sergiodelmolino.com/"><strong>Sergio del Molino</strong></a> e <strong>Iguázel Elhombre</strong>, que hoy continuamos celebrando esa delicada inclinación hacia lo femenino de nuestro mimado <a href="/2016/03/leer-en-marzo-cherchez-la-femme/"><strong>número de marzo</strong></a>. Con una edición sorpresa de <strong>#LEERsinprisa</strong>, iniciamos la conmemoración del que hemos bautizado en la casa como el Día de la Mujer Escritora, una jornada que culminará en <a href="/espacio-leer/"><strong>Espacio LEER</strong></a> esta tarde con <a href="/evento/dia-de-la-mujer-escritora/"><strong>una convocatoria muy especial</strong></a>.</p>
<p>¡Al ataque, las chicas al poder!</p>
<p><strong>M: </strong>Aguardamos ilusionados la llegada de <a href="http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/biblioteconomia_documentacion/profesores/ppozuelo"><strong>Paz Martín-Pozuelo</strong></a>, motor del coloquio en torno las historias de <strong><em>El más hermoso de los milagros y otros cuentos de mujeres</em></strong> (<strong>Playa de Ákaba</strong>), “un libro lleno de mujeres que sufren, que tiemblan, que aguardan, que sueñan, que pasean juntas, que viven, sin tiempo para la tristeza”. En el sofá rojo, a las 19 horas, la autora conversará con la editora, y también poeta, <a href="http://noemitrujillo.blogspot.com.es/"><strong>Noemí Trujillo</strong></a>, y las escritoras <a href="http://viudasenred.blogspot.com.es/"><strong>Lea Vélez</strong></a> y <strong>Carmen Arche</strong>. Un encuentro de ellas, con ellas y por ellas. Para hablar de lo femenino en la escritura y de la escritura en femenino, “de la sensibilidad de hacer grande lo pequeño y de cómo escribir puede, literalmente, salvarte la vida”. De la condición de escritora, aquí y ahora.</p>
<p><strong>B: </strong>No sé si por casualidad, estos días han aparecido un buen puñado de estupendos libros escritos por mujeres. Con traducción de <strong>Jon Bilbao</strong> y postfacio –en realidad un prólogo que va al final– de <strong>Rodrigo Fresán</strong>, <strong>Impedimenta </strong>nos brinda una nueva joya inédita hasta ahora en castellano de <strong>Iris Murdoch</strong>, la autora británica encomiada sobre todos sus contemporáneos por <strong>Harold Bloom</strong>. <strong><em>El libro y la hermandad</em> </strong>se publicó originalmente en 1987 y fue finalista del <strong>premio Booker</strong>. La reunión, una noche de verano, de un grupo de antiguos alumnos de Oxford hermanados hace años en torno al patrocinio del libro de uno de ellos implosiona de manera imprevista e imprevisible. Ahí queda eso.</p>
<p><strong>M:</strong> Jefe, recojo el guante mientras sigo como buena anfitriona con los preparativos de esta tarde que jugamos en casa. Porque no podemos dejar de recomendar las publicaciones de este par de invitadas: <em><strong>Suzanne </strong></em>(<strong>Turpial)</strong>, primera novela de Noemí Trujillo; y la inolvidable <strong><em>El jardín de la memoria</em></strong><em> </em>(<strong>Galaxia Gutenberg</strong>)<strong><em> </em></strong>de Lea Vélez.</p>
<p><strong>B:</strong><em> Carol</em>, la preciosa y preciosista película de <strong>Todd Haynes</strong>, ha puesto a huevo la última reedición de la homónima novela de <strong>Patricia Highsmith</strong>, la única de amor de su autora, que la publicó con seudónimo y otro título en 1952. Cuando la escribió, recién terminada <strong><em>Extraños en un tren</em></strong>, Highsmith trabajaba en la sección de juguetes de unos grandes almacenes. La visión resplandeciente de una clienta rubia envuelta en un abrigo de visón le inspiró la historia del heterodoxo romance de Therese y Carol, que ahora han cobrado vida gracias a las prodigiosas interpretaciones de Rooney Mara y Cate Blanchett. Siguiendo en <strong>Anagrama</strong> no me resisto a mencionar un último <strong>Premio Herralde</strong> con nombre de mujer, <strong>Marta Sanz </strong>y su <strong><em>Farándula</em></strong>, protagonista de una de las entrevistas del <strong>número de marzo de LEER</strong>; y la recuperación de <strong><em>Dúo</em> </strong>de <strong>Colette </strong>con prólogo de <strong>Milena Busquets</strong>.</p>
<p><strong>M:</strong> Añado <em><strong>Se busca mujer perfecta</strong></em> (<strong>Reservoir Books</strong>). No puedo resistirme a una de sus frases de presentación: «No sé si existe la mujer perfecta. Pero sí sé lo que es un amor perfecto». Tiene toda la pinta de ser uno de mis escogidos y conocidos <em>guilty pleasures</em>, protagonizado por la artista visual y fotógrafa Émilienne, quien ronda los cuarenta años, y cuyo nuevo proyecto consiste en fotografiar mujeres perfectas con la aspiración de ganar un prestigioso concurso en Arles. Realizará un periplo a la caza de la perfección femenina que comenzará por el retrato de su vecina Julie, y la conducirá por Francia e Italia donde no sólo se enfrentará a diferentes visiones y versiones de la mujer moderna, sino que también tendrá que hace frente a un amor inesperado y huidizo con el que se topará en el camino. Oh, sí, me apetece mucho leer este libro.</p>
<p><strong>B:</strong> “En mi infancia siempre oía historias de mujeres, historias que nunca vi en los libros”. Lo dice <strong>Svetlana Alexiévich </strong>y lo recoge <strong>Alicia González </strong>en el reportaje sobre la <strong>premio Nobel de Literatura</strong> 2015 que publicamos en nuestro muy femenino <strong>número de marzo de LEER</strong>. El galardón nos está ofreciendo una  proliferación de traducciones de su obra que compensa el vacío previo. Si en las páginas de nuestra revista <strong>Joaquín Armada</strong> comenta <strong><em>El fin del “Homo sovieticus”</em> </strong>editado por <strong>Acantilado</strong>, nos acaba de llegar <strong>Los muchachos del zinc. voces soviéticas de la guerra de Afganistán </strong>(<strong>Debate</strong>).</p>
<p><strong>M: </strong>No podría faltarnos este 8 de marzo <em><strong>De mar a mar</strong></em>, la correspondencia (sesenta y siete cartas, para ser exactos) entre <strong>Rosa Chacel</strong> y<strong> Ana María Moix</strong> tan bien editada por la editorial<strong> Comba </strong>(edición de <strong>Ana Rodríguez Fischer</strong>). <strong>Juan Bautista Durán</strong> nos contó en su visita a Espacio LEER que el epistolario se disfruta como una novela en la que se funde una doble trama vital: de un lado, la historia de una joven de dieciocho años, Ana María Moix, que tras leer <em>Teresa</em> decide escribir a su autora, convencida de que una conversación atenta con ella «es de las que cambia, o mejor, da sentido a unas inquietudes y las encamina»; del otro, el pensamiento de una mujer exiliada en Brasil, Rosa Chacel, que encuentra a una interlocutora lo suficientemente estimulante para hacerle trocar su soliloquio en diálogo, a pesar del enorme océano que las separa.</p>
<p><strong>B:</strong> De entre los muchos centenarios literarios de este año cabe destacar el de <strong>Natalia Ginzburg</strong>. Editora, traductora, crítica y escritora, fue catalizador clave de la cultura italiana del XX. Lanza <strong>Lumen</strong> de una tacada tres obras, todas ellas prologadas por <strong>Elena Medel</strong>: <strong><em>Léxico familiar</em></strong>, que aunque se presenta como novela es la historia de su propia familia, judía y antifascista, y del contexto en el que se desenvolvió, un Turín convulsionado entre los 30 y los 50; la que pasa por ser la mejor novela de <strong>Ginzburg</strong>, <strong><em>Todos nuestros ayeres</em></strong>, versión novelada del anterior a juicio de <strong>Italo Calvino</strong>; y la colección <strong><em>Las tareas de casa y otros ensayos</em></strong>. <strong>Oscar Tusquets Blanca</strong> ha ilustrado la cubierta de los tres libros, y pintó un cuadro expresamente para <em>Léxico familiar.</em></p>
<p><strong>M: </strong>Finalmente dejamos sobre la mesa este tema: «con el término <strong>Generación del 27</strong> se conoce al que seguramente es el grupo de literatos y artistas más influyentes y conocidos de la cultura española. Su legado es ampliamente conocido siempre y cuando hablemos de ELLOS. ¿Pero qué sucede con ELLAS? ¿Es que acaso no había mujeres?» Nada más lejos de la realidad, nos dice este libro. Para darnos a conocer que «dentro del Grupo del 27 existieron, crearon y triunfaron una generación de mujeres pintoras, poetas, novelistas, ilustradoras, escultoras y pensadoras, de inmenso talento que no sólo gozaron en su tiempo de éxito nacional e internacional, sino que a través de su arte y activismo desafiaron y cambiaron las normas sociales y culturales de la España de los años 20 y 30″. Ahí es nada.</p>
<p><strong>B: </strong>Y acabamos con un escritor. Hombre, se entiende: <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. Que como todo el mundo sabe acaba de publicar una nueva novela que arranca con el inesperado encuentro erótico de Chabela y Marisa. Dos mujeres de la elite limeña que nos invitan desde las primeras páginas a la lectura de <strong><em>Cinco esquinas</em></strong> (<strong>Alfaguara</strong>).  Una nueva oportunidad para reflexionar sobre la construcción de personajes femeninos por escritores varones. Tema recurrente desde Bovary…</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>B&amp;M #LEERsinprisa</em></strong></p>
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		<title>Cincuenta libros para el verano</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jul 2015 15:11:08 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hace 30 años, <a href="/?p=4205" target="_blank">el primer número de LEER</a> llegaba a los quioscos preñado de estimulantes reportajes y sugerencias, muchos de los cuales revisamos, actualizamos o refutamos en el <a href="/2015/07/30-anos-de-leer/" target="_blank">Extra de Verano 2015</a> de nuestro 30 aniversario que ya está en la calle. Aquel número 1 de LEER comenzaba con <a href="http://issuu.com/revistaleer/docs/leern1web_749cd127a8e42b/7?e=7744725/13995525" target="_blank">una selección de ’50 libros para leer este verano”</a>, «significativa, múltiple y sugerente» a juicio de quienes la realizaron. Hoy, como ayer, y también <strong>bajo la advocación de este óleo lector de María Blanchard</strong>, hacemos lo propio y ofrecemos nuestra propia cata, que en parte tiene que ver con lo que ha sido LEER en la primera mitad de 2015. Es, pues, repertorio de sugerencias y también un poco balance de un semestre pleno de contenidos y experiencias culturales en Espacio LEER. «Que usted adquiera y lea los cincuenta propuestos puede ser excesivo, aunque jamás sería pernicioso, pero más imperdonable resultará que no se decida a leer algunos de ellos», advertía el redactor con entrañable tono de galeno rural. Lo suscribimos. LEER vuelve en septiembre con más y mejores propuestas, y muchas ganas de seguir celebrando por todo lo alto 30 años de periodismo cultural.</p>
<p>- A punto de cumplirse un año de <a href="/2014/08/lo-que-interesa-de-houellebecq/">nuestro encuentro con <strong>Michel Houellebecq</strong></a>, el <em>enfant terrible</em> de las letras francesas ha seguido acaparando titulares en todo el mundo. Respecto a <strong><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/PN_893"><em>Sumisión</em></a></strong> (<strong><a href="http://www.anagrama-ed.es/">Anagrama</a></strong>), del que se ocupó con detalle <strong>Aurelio Loureiro</strong> en el <a href="/2015/06/leer-en-junio-leer-la-arquitectura/">número de junio</a>, cunde la sensación en la redacción de que flaco favor le hacen las polémicas y escándalos extraliterarios que no hacen sino eclipsar los verdaderos valores narrativos de la obra y su autor. Por cierto,<strong> Óscar Caballero </strong>cuenta en el Extra de Verano que, con el lanzamiento de la traducción flamenca, Houellebecq <em>se puso flamenco</em>: «Empiezo a estar hasta las narices de este libro».</p>
<p>-  Libros de la difusión y aceptación de <em>El nombre de la rosa</em> son capaces de confundir al lector sobre el autor al que se enfrenta. <strong>Umberto Eco</strong> es un ensayista de fuste que, de vez en cuando, se descuelga con una buena novela. <strong><em>Número cero </em></strong>(<a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/lumen/LU"><strong>Lumen</strong></a>) podría seguir aquella máxima de un tipo de comunicación que ha hecho estragos en determinadas circunstancias: Que la verdad no te estropee una buena noticia. También es una novela sobre el fracaso.</p>
<p>- Con los rigores de este julio, apetece refugiarse en el recuerdo fresquito del invierno, una época de efervescencia editorial con actos de relumbre como <a href="/2015/02/ofrenda-a-la-diosa-de-graves/" target="_blank">la presentación</a> en la <a href="https://www.libreriaalberti.com/" target="_blank"><strong>librería Alberti</strong></a> de una obra colosal en todos los sentidos para la que es necesario, y merece mucho la pena, un bolso XXL este verano:<strong> </strong><a href="http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=3038521&amp;id_col=100508"><strong><em>La Diosa Blanca</em> </strong></a>de<a href="http://www.robertgraves.org/" target="_blank"><strong> Robert Graves</strong></a> (<strong><a href="http://www.alianzaeditorial.es/">Alianza</a></strong>).</p>
<p>- No puede faltar un autor de culto que, además, también conserva la escarcha invernal de la fecha de su lanzamiento. La esperada novela <em><strong>Mercurius o el matrimonio del Cielo y la Tierra</strong></em> de <a href="http://www.harpur.org/patrick.htm" target="_blank"><strong>Patrick Harpur</strong></a> (<a href="http://www.edicionesatalanta.com/"><strong>Atalanta</strong></a>) llegó cuando debía, tras los apasionantes ensayos <em>Realidad daimónica</em>, <em>El fuego secreto de los filósofos</em> y<em> La tradición oculta del alma </em>para completar la panorámica de un autor carismático cuyo hermetismo causa uno de esos extrañamientos maravillosos llamados a calar muy hondo, perdurar e, incluso, crear escuela.</p>
<p>- <em><strong>Órdenes sagradas</strong></em>. <strong>Benjamin Black</strong> (<strong>Alfaguara</strong>). <strong>John Banville</strong>, al igual que otrora hiciera <strong>Boris Vian</strong>, no hace mucho que empezó a utilizar un <a href="http://www.benjaminblackbooks.com/" target="_blank">seudónimo</a> para firmar muchas de sus novelas. A su predecesor lo comió el seudónimo, pues con  el nombre de <strong>Vernon Sullivan </strong>escribió sus mejores novelas. Sin ánimo de esconderse, quizá por juego, quizá por enredarse con el misterio, Banville se muestra igual de fascinante en las que no firma. Por cierto, este escritor irlandés suena para el Nobel. Estaría gracioso que se lo dieran a Benjamin Black.</p>
<p>- El pasado mes de febrero nos dejaba la <a href="http://www.nytimes.com/2015/02/13/business/media/david-carr-media-equation-columnist-for-the-times-is-dead-at-58.html?_r=0" target="_blank">noticia</a> de la muerte del periodista estadounidense <strong>David Carr</strong>, prestigioso columnista de <a href="http://www.nytimes.com/"><em><strong>The New York Times</strong></em></a>. En la <strong>Carta <em>desde Nueva York</em></strong> que recibíamos de <strong>Julio Valdeón</strong>, nos contaba que Carr se desplomaba a las nueve de la noche del jueves 12 de febrero en la redacción, tras moderar, apenas un par de horas antes, un debate en la misma sede del periódico, dedicado al documental <em>Citizenfour</em> que protagoniza <strong>Edward Snowden</strong>. Valdeón destacaba en el artículo sus «sorprendentes memorias» del libro autobiográfico <strong><a href="http://www.barnesandnoble.com/w/night-of-the-gun-david-carr/1012533813?ean=9781416541530"><em>The Night of the Gun</em></a></strong>, que, insólitamente, aún no tienen traducción en el mercado editorial español. En estas páginas, «ajustó cuentas con una terrible dependencia del acohol, la cocaína y el crack». De hecho, el título se refiere a «la noche en que un amigo, ciego perdido de estupefacientes, como Carr, acabó apuntándole al pecho o la cabeza con una automática, y resultó que no, que Carr entrevistó al amigo y fue él, el Carr que recordaba el miedo de cotemplar la boca del cañón a un palmo de distancia, quien en realidad apuntó al amigo»…</p>
<p>- Los aniversarios suelen traer curiosidades debajo del brazo. En el caso de un nombre tan imponente como <strong>Orson Welles</strong> (se celebra el centenario de su nacimiento) no podía ser menos. <strong><em>Mr. Arkadin </em></strong>(<a href="http://www.anagrama-ed.es/"><strong>Anagrama</strong></a>) es una novela, nada menos, deudora del mundo de obsesiones del cineasta, los magnates, el poder del dinero, el misterio que envuelve a esos personajes que parecen hechos de papel. El propio Welles encarnó a Mr. Arkadin en la película que se hizo entre 1954 y 1955.</p>
<p>-  En el <a href="/2015/03/leer-en-marzo-vuelve-el-ajedrez/">número de marzo</a>, <strong><a href="https://twitter.com/maica_rivera">Maica Rivera</a> </strong>contaba cómo el <strong>Premio Nadal 2015</strong> estaba siendo festejado honesta y genuinamente desde el corazón del mundo cultural, “Biarritz era una fiesta” y el galardonado <a href="http://www.josecvales.com/" target="_blank"><strong>José C. Vales</strong> </a>se empeñaba en subrayar que lo más importante era «celebrarlo con los lectores y los amigos». Lo seguimos haciendo, alzamos las copas en honor de <strong><em>Cabaret Biarritz</em></strong> (<strong><a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-ediciones-destino-7.html">Destino</a></strong>) una vez más: es un imprescindible este verano. En sus páginas, el crimen de una joven aprendiz de librera es la excusa para profundizar en temas como la recuperación del amor perdido y recrearse en los felices años veinte. Sólo una advertencia: se trata de una lectura muy exigente… porque hace al lector cómplice absoluto del juego literario.</p>
<p>- También en el <a href="/2015/03/leer-en-marzo-vuelve-el-ajedrez/">número de marzo</a>, <strong>Marta Caballero</strong> conversaba con <a href="http://jorgecarrion.net/" target="_blank"><strong>Jorge Carrión</strong></a> sobre <em><strong>Los turistas</strong> </em>(<a href="http://www.galaxiagutenberg.com/"><strong>Galaxia Gutenberg</strong></a>). El «versátil hiperescritor catalán», que un mes antes quedaba incluido en la <a href="/2015/01/g30leer/"><strong>#G30LEER</strong></a>, ponía con esta obra el broche de oro a su trilogía <em><strong>Las huellas</strong>, «un verdadero experimento que desafía los límites de la novela, con su complejo tejido de conexiones y formatos ajenos a la literatura». </em>Y dejó su declaración de intenciones, perfecta para abrir boca: «Tengo claro que hay que contar historias de un modo inconformista. Desde Cervantes, la hibridación en la novela es muy común».</p>
<p>- <strong>Nuria Barrios</strong> es escritora tenaz y de largo aliento que ya cuenta con un buen número de obras que demuestran el importante lugar que cuenta entre nuestras autoras. No hay misterio en sus proposiciones: once, en <strong><em><a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/ocho-centimetros/" target="_blank">Ocho centímetros</a> </em></strong><em>(</em><strong>Páginas de Espuma</strong><em>)</em>, un libro de relatos unificado de principio a fin, donde logra explicar lo que no se ve a simple vista de la vida o se confunde con trivialidades.</p>
<p>- Que desde hace un par de años, el <strong>Papa</strong> <strong>Francisco</strong> venga aconsejando la lectura de una distopía, sigue sorprendiendo y hace saltar muchos radares, despertando incluso más inquietudes que curiosidades. El 28 de noviembre de 2013, comentó que <strong><em>Señor del mundo</em></strong> de <strong>Robert H. Benson </strong>(<strong><a href="http://www.editorialstellamaris.com/es">Stella Maris</a></strong>), «casi como una profecía, imagina qué sucederá». Después, el 4 de septiembre de 2014, ensalzó el carácter profético de la obra: «lo que va a venir está también en ese libro». Y el pasado 22 de enero, insistió:  «les recomiendo que lo lean, y leyéndolo entenderán a qué me refiero con la colonización ideológica». Por supuesto, en cualquier caso,  sobran las razones para acercarse <em>motu proprio</em> a las páginas de  Desde las primeras páginas, engancha. Y la escalofriante portada nos provoca ganas de revisar la película <em>El exorcista</em>…</p>
<p>- La aparición de  <strong><em>La marca del editor </em></strong>(<strong><a href="http://www.anagrama-ed.es/">Anagrama</a></strong>) de <strong>Roberto Calasso </strong>invita a la reflexión sobre un oficio bajo sospecha en tiempos de Amazon y autoedición. En marzo, <strong>P. Unamuno</strong> habló en LEER de <em>Hombres fuertes para tiempos blandos, </em>arrojando conclusiones contundentes desde estas páginas: «Para Calasso, el desprestigio generalizado de los mediadores de toda clase ha redundado en cierta desconfianza hacia la figura del editor». Cunde la sensación de que no se le ha terminado de sacar todo el provecho a esta obra, que pide relecturas y más debate.</p>
<p>- Apadrinado por <strong><a href="http://colinduriez.macmate.me/inwriting/Home.html">Colin Duriez</a></strong>, <strong>Club LEER</strong> comenzó su andadura un jueves, como manda la más genuina tradición de los oxonianos <strong>Inklings</strong>. Fue el pasado 9 de abril, tras las vacaciones de Semana Santa, cuando nos reuníamos en torno a <strong><a href="http://www.javiersierra.com/">Javier Sierra</a> </strong>para hablar de su despertar vocacional como contador de historias y sus rituales como escritor, todo ello ilustrado con divertidas anécdotas y, por supuesto, de fondo la nueva edición de su obra <em><a href="http://www.javiersierra.com/w/libros/en-busca-de-la-edad-de-oro/" target="_blank"><strong>En busca de la Edad de Oro</strong></a> </em>(<strong><a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-booket-22.html">Booket</a></strong>).</p>
<p>- «<em>Laocoontianos</em> somos y en el camino nos encontraremos», profetiza <strong><a href="http://corominasijulian.blogspot.com.es/">Jordi Corominas</a></strong> en uno de sus últimos avances de nueva temporada<em> loopoética</em>, para dar cuenta de que su carismático <em>show</em> tiene nuevas fechas confirmadas que le llevarán el 10 de septiembre a la Fnac Triangle de Barcelona, el 18 de septiembre <em>Les tres àmfores</em> de Lérida y el 24 de septiembre a la <a href="http://berbiriana.com/" target="_blank"><strong>librería Berbiriana</strong></a> de La Coruña. Hasta entonces, hay tiempo de repasar <a href="http://www.versosyreversos.com/?p=4896" target="_blank"><em><strong>Laocoonte</strong> </em></a>(<strong>Versos&amp;Reversos</strong>) y calentar motores con el recuerdo de su <a href="/2015/05/laocoonte-live/">presentación madrileña esta primavera</a>.</p>
<p>- <a href="http://www.planetadelibros.com/desaprendizajes-libro-191951.html"><em><strong>Desaprendizajes</strong> </em></a>(<a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-seix-barral-9.html"><strong>Seix Barral</strong></a>) es la sorpresa que dio este año <a href="http://www.cervantes.es/bibliotecas_documentacion_espanol/creadores/caballero_bonald_jose_manuel.htm" target="_blank"><strong>José Manuel Caballero Bonald</strong></a>, después de que anunciase a los medios en 2012 que <em>Entreguerras</em> iba a ser su último título. “De repente me ha brotado una energía nueva que me está haciendo escribir más que nunca”, contó en <a href="/espacio-leer/" target="_blank"><strong>Espacio Leer</strong></a> el Premio Cervantes durante la presentación de este poemario que pretende ser un “apéndice testamentario” y una suerte de trinchera poética desde donde Bonald critica la realidad contemporánea y la sobrevenida destrucción de la cultura antigua, con un lenguaje que trata de despojarse “de lo consabido y los lugares comunes” por la necesidad del poeta de “aprender de nuevo”.</p>
<p>- <em><strong>Con el cielo a cuestas</strong></em> (<a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/literatura-random-house/MD"><strong>Literatura Random House</strong></a>), por mucho que se lo conozca y se sepa de sus requiebros argumentales, <a href="http://www.imdb.com/name/nm0840779/" target="_blank"><strong>Gonzalo Suárez</strong></a> nos vuelve a sorprender. Con los años y el ejercicio de la narración (en cine o en literatura), lo rocambolesco se ha transformado en lo normal cotidiano. Desde que leímos aquella primera frase, “Negros nubarrones se cernían sobre el horizonte”, supimos que la ficción se había convertido en la única realidad creíble.</p>
<p>- Argentino de múltiples territorios, decir <a href="http://elhuevoizquierdodeltalento.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Carlos Salem</strong></a> es decir novela negra y humor. Muchos son los premios que ha recibido y, sin duda, recibirá, pues sus adeptos se multiplican. La ocurrencia de sus argumentos juega a su favor. El de <strong><em>En el cielo no hay cerveza (<strong>Navona Negra</strong>)</em></strong>, un asesino en serie que se dedica a matar a conocidos presentadores de <em>tele-basura</em>, muchos lo firmarían.</p>
<p>- <strong>Marguerite Duras</strong> era una escritora con razones de sobra para el desaliento y en sus obras se refleja, quizá porque su vida, en algunos casos vestida de oropeles, está en ella con suavidad y firmeza con la seda a la piel. La soledad, con un toque de existencialismo providencial, aparece en la novela <strong><em>El parque </em></strong>(<a href="http://www.menoscuarto.es/"><strong>Menoscuarto</strong></a>) teñida de una nostalgia conmovedora.</p>
<p>- Como otros periodistas, <a href="http://fernandoolmeda.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Fernando Olmeda</strong></a> no ha resistido el tirón de la novela y lo cierto es que no empezó mal, pues ganó el ganó el <a href="http://www.ateneodevalladolid.org/category/premios/premios-de-novela/" target="_blank"><strong>Premio Ateneo-Ciudad de Valladolid</strong></a>, con <em>Contraseñas íntimas</em>. <strong><em>A seis pasos de ti </em></strong>(<a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-espasa-5.html" target="_blank"><strong>Espasa</strong></a>) maneja un puzle cuyas piezas son elementos consustanciales de la literatura: la intriga, el amor y la venganza. Cuando las junta, Olmeda consigue el efecto que quiere y abre nuevos caminos, quizá para la futura novela.</p>
<p>-  1851–1931, casi ochenta años dedicado a los libros, en papel y encuadernados, repujados, con olor a libros y memoria, tal como aún se les conoce y recuerda, a pesar de los vientos contradictorios que nos azotan, <strong>Octave Uzanne</strong> ya predijo hace siglo y medio que vendrían máquinas para sustituir a los libros y, contando con que era uno de los bibliófilos más reconocidos, pensaba que eso no era un drama, pues, cosa que también pensamos muchos en la actualidad, se publicaba mucha bazofia. <strong><em>El fin de los libros y otros cuentos para bibliófilos</em></strong> (<strong>Trama</strong>) es un libro que no conviene perder de vista; ideal para el debate necesario.</p>
<p>- ¿Se acuerdan de aquel Gregor Samsa que se convirtió en insecto para alertar de los males que asolarían al siglo XX? Pues bien, este año se cumple un centenario de su metamorfosis, aunque su autor, un tal Kafka que las veía venir al vuelo, prefería llamarla “transformación”, quizá porque Ovidio se había anticipado con su <em>Metamorfosis</em>. El escritor zaragozano <strong>Lorenzo Ariza</strong>  brinda en <strong><em>Samsa</em></strong> (<a href="http://www.editorialpezdeplata.com/"><strong>Pez de plata</strong></a>) un homenaje moderno, equilibrado y con tino de narrador al insecto que en muchos aspectos cambió la historia de la literatura. Quizá él nos desentrañe qué tipo de insecto era el viejo Samsa: ¿escarabajo o margarita?</p>
<p>- La conmemoración de los cincuenta años de la muerte de <strong>T. S. Eliot </strong>en este 2015 se organiza básicamente en torno a<strong><em> La tierra baldía</em></strong> (<strong><a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/lumen/LU">Lumen</a></strong>), una edición a cargo del crítico <strong>Andreu Jaume</strong> que ha supuesto uno de los grandes acontecimientos editoriales del curso. Todos los fastos se quedan cortos respecto a la gran figura del poeta pero, de momento –y sólo de momento-, estamos servidos.</p>
<p>- Bonito y sugerente título el de <strong>Aidan Higgins</strong>, autor irlandés de la estirpe de Joyce, Beckett y compañía. Como buen libro de autoficción, <strong><em>Recuerdos de un pasado que se desvanece</em></strong> (<strong><a href="http://www.editorialperiferica.com/">Periférica</a>)</strong> revela las contradicciones íntimas de un muchacho (trasunto del propio Higgins) que nace y crece en el seno de una familia católica irlandesa entre las convulsiones nada venales del siglo XX.</p>
<p>- Que se presente <em><strong>Música para feos</strong> </em>(<strong><a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-ediciones-destino-7.html">Destino</a></strong>) de <strong><a href="http://www.lorenzo-silva.com/index_espanol.htm">Lorenzo Silva</a></strong> como «una novela de amor a contracorriente» es suficiente para despertar las ganas de leerla en este tiempo de estío. No por casualidad Silva volvió a ser el mes pasado uno de nuestros autores más queridos y reclamados en las casetas de la Feria del Libro de Madrid.</p>
<p>- Argentina de 1976, <strong>Andrea Stefanoni</strong> se adentra en las montañas de León, concretamente en el pueblo minero de Boeza para buscar las raíces familiares de su abuela, minera ella también desde casi niña, casada con un perdedor de la Guerra Civil, perseguidos y obligados a emigrar. <strong><em>La abuela civil española</em></strong> (<a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-seix-barral-9.html" target="_blank"><strong>Seix Barral</strong></a>) ofrece una historia común en nuestra Historia, con matices, pero no por ello menos interesante y emotiva.</p>
<p>- <strong><em>Contra las cuerdas (volumen II) </em></strong>de <a href="http://www.chalaura.com/lo-mas-popular/pablo-san-nicasio/" target="_blank"><strong>Pablo San Nicasio</strong></a> (Óscar Herrero Ediciones) culmina una laboriosa obra en dos entregas, reivindicativa y muy personal, que brinda un acercamiento muy exclusivo e íntimo a grandes maestros de la guitarra flamenca contemporánea porque se realiza desde la perspectiva comprometida de un guitarrista que ejerce el periodismo. Por estas páginas desfilan, de forma amena y fluida, nombres como los de <a href="http://www.rafael-riqueni.com/" target="_blank"><strong>Riqueni</strong></a>, <strong>Cañizares</strong>, <a href="http://www.vicenteamigo.com/" target="_blank"><strong>Vicente Amigo</strong></a>, <a href="http://josemiguelcarmona.blogspot.com.es/2007/11/biografa-jose-miguel-carmona.html" target="_blank"><strong>Josemi Carmona</strong></a>… pero, indiscutiblemente, las piezas estrella son dos entrevistas a <strong>Paco de Lucía</strong> del año 1971 y 1986, una inédita y la otra, recuperada del olvido. Ha de recordarse que el libro se completa con un primer volumen que incluye confidencias de artistas como <a href="http://www.tomatito.com/" target="_blank"><strong>Tomatito</strong></a>, <strong>Pepe Habichuela</strong>, <strong>Serranito</strong> y <strong>Manolo Sanlúcar</strong>.</p>
<p>- Si se habla de periodismo cultural (un género que resucita de vez en cuando a pesar de no haber muerto nunca) es inevitable citar al crítico de <a href="http://www.lavanguardia.com/index.html"><em>La Vanguardia</em></a> <strong>Sergio Vila-Sanjuán</strong>, hombre de palabra y para la palabra. <a href="http://www.publicacions.ub.edu/ficha.aspx?cod=08207"><em><strong>Una crónica del periodismo cultural</strong></em></a> (<strong>Universidad de Barcelona</strong>), como reza el título, es una crónica, no una historia; dado lo cual, aunque no lo abarque todo, lo que trata lo hace con criterio y soltura.</p>
<p>-<a href="http://www.rae.es/academicos/luis-goytisolo-gay"> <strong>Luis Goytisolo</strong></a>, académico de la lengua, es un escritor lo suficiente conocido y apreciado como para que interese saber los intríngulis de su quehacer literario. En <strong><em>El sueño de San Luis</em></strong> (<a href="http://www.anagrama-ed.es/"><strong>Anagrama</strong></a>), que sale en la colección Argumentos, aportando una significación premeditada, rastrea en sus obras la influencia del subconsciente y la pulsión sexual como elementos sustanciales del proceso creativo.</p>
<p>-  <strong><em>Tarzán. Héroe de celuloide y papel </em></strong>(<a href="http://www.cinemitos.com/tbeditores/Paginas/home.asp"><strong>T&amp;B editores</strong></a>) es un imprescindible para los seguidores del mito televisivo, Tarzán de los monos, en sus diferentes versiones; también para los que piensan que se trata de un prototipo trasnochado, pues se darán cuenta que la pervivencia de Tarzán no consiste en el personaje sino en ese grito que desde la lejanía de una selva imaginaria hasta nuestros sueños actuales. <strong>Eduardo Galán Blanco</strong> hace un recorrido apasionado por los distintos episodios emocionales del personaje que se reflejan en una pantalla que, por mucho que cambien las cosas, nunca variará para nuestra mirada.</p>
<p>- Tras disfrutar de la obra <strong><em>Haz clic aquí</em></strong> de <strong>José Padilla <a href="/2015/01/g30leer/">#G30LEER</a> </strong>sobre las tablas, <a href="/2014/10/padilla-da-en-el-clic/" target="_blank">en cuya recomendación no se escatimaron energías</a><strong> </strong>desde LEER, queda la gran oportunidad (<strong><a href="http://www.mecd.gob.es/cultura-mecd/areas-cultura/artesescenicas.html">Inaem</a></strong>) de retomar la experiencia de otra forma no menos interesante y enriquecedora con el texto editado en papel. Siguiendo las propias indicaciones del dramaturgo canario, que lo tiene muy claro y así declaró a LEER: «el teatro no sólo vive efímeramente en los escenarios, también debe leerse».</p>
<p>- Para esas acaloradas noches estivales de insomnio, se prescribe <a href="http://satoriediciones.com/libros/en-el-japon-fantasmal/" target="_blank"><strong><em>En el Japón fantasmal</em> </strong></a>de <strong>Lafcadio Hearn</strong> (<a href="http://www.satoriediciones.com/" target="_blank"><strong>Satori</strong></a>), un clásico para disfrutar del folclore japonés tradicional y su particular idiosincrasia espectral. Una lectura que bien podría acompañarse, en genuino ritual, de la revisión de la magnífica cinta <em>Más allá</em> (1964) de <strong>Masaki Kobayashi</strong>.</p>
<p>- Esta primavera experimentamos un flechazo con los clásicos de <a href="http://www.planetadelibros.com/coleccion-austral-singular-0010119529.html" target="_blank"><strong>Austral Singular</strong></a> y sus nuevos ropajes, auténtico amor a primera vista que ahora es buen momento de trocar en romance estival. El título perfecto y más genuino para ello es <em><strong>Moby Dick</strong> </em>de <strong>Herman</strong> <strong>Melville</strong>, a la ansiosa espera del estreno de la película <a href="http://www.imdb.com/title/tt1390411/"><em>En el corazón del mar</em></a> de <strong>Ron Howard</strong> que se retrasó hasta el mes de diciembre.</p>
<p>- En el<a href="/2015/04/leer-en-abril-como-ser-miguel-de-cervantes/"> número de abril</a>, <strong>Javier Morales</strong> descubría cómo <a href="http://escrituracreativa.com/" target="_blank"><strong>Clara Obligado </strong></a>exploraba de nuevo los límites entre el cuento y la novela en <strong><em>La muerte juega a los dados</em></strong> (<strong><a href="http://paginasdeespuma.com/">Páginas de Espuma</a></strong>). Se trata de una atractiva lectura de verano, también sugerida al lector más exigente por las elogiosas palabras de <a href="http://www.rae.es/academicos/jose-maria-merino"><strong>José María Merino</strong></a>: «en este libro el lenguaje es un personaje importante que tensa con acierto sus dieciocho excelentes textos».</p>
<p>- Desde que nos regalamos una buena sesión de <a href="/2014/12/hadas-y-cuentos-por-navidad/">Hadas y cuentos por Navidad</a>, estas criaturas fantásticas no han dejado de revolotear por las páginas de LEER, virtuales y en papel. Rematando el juego de palabras, <strong>Ada del Moral</strong> se quedó fascinada ante la más reciente edición de los <strong><em>Cuentos de hadas </em></strong>de  <strong>Hans Christian Andersen</strong> (<a href="/2015/04/libros-del-zorro-rojo-el-arte-de-editar/"><strong>Libros del Zorro Rojo</strong></a>) que no cesamos de admirar.</p>
<p>- Que llegara acompañado a <a href="/espacio-leer/" target="_blank">Espacio LEER</a> por <strong>Marian Womack</strong> <a href="/2015/01/g30leer/"><strong>#G30LEER</strong></a> y que el prólogo de su novela venga firmado por <strong><a href="http://www.felixjpalma.com/" target="_blank">Félix J. Palma</a></strong> ya serían suficientes garantías para asegurar una lectura estival que merece la pena, si a estas alturas un experto en el género como <strong>Ángel Luis Sucasas </strong>lo necesitara. Hacemos seguimiento de<strong> <em>La tercera cara de la luna</em></strong> (<strong><a href="http://edicionesnevsky.com/">Nevsky</a></strong>), tras la <a href="/2015/02/la-tercera-cara-de-la-luna/" target="_blank">enriquecedora conversación</a> sobre el fantástico que mantuvimos con autor y editora, y festejar después la segunda edición de la obra.</p>
<p>- Inclinar la cabeza y llorar casi en silencio. Da el tono del libro. Es la frase clave que se destacó en el <a href="/2015/04/leer-en-abril-como-ser-miguel-de-cervantes/" target="_blank">número de abril</a> para introducir la entrevista a <strong>Pablo Ramos</strong> sobre<strong> <a href="http://malpasoed.com/tienda/es/ficcion/85-la-ley-de-la-ferocidad-9788415996620.html">La ley de la ferocidad</a></strong> (<strong><a href="http://malpasoed.com/">Malpaso</a></strong>). Prosa de precisión, limpia y directa, en respuesta al anuncio de la muerte del padre. Atención porque es un texto disparado a bocajarro. Promete un viaje sin retorno: el autor asegura no ser el mismo tras la experiencia de estas páginas y el lector sensible a la temática cuenta con todas las papeletas para experimentar una intensidad semejante en el abordaje de la obra. Recordemos que <strong>Laura Restrepo</strong> dijo que Ramos inventó el <em>realismo místico</em>, ahí es nada.</p>
<p>- En el mismo reportaje, <em>De pie frente a la muerte</em>, fue <a href="http://www.dospassos.es/autores/detalle/45/lea-velez/"><strong>Lea Vélez</strong></a> el  principal hilo conductor con <strong><em>El jardín de la memoria</em> </strong>(<strong><a href="http://www.galaxiagutenberg.com/">Galaxia Gutenberg</a></strong>), un libro «del que hay que apreciar el gran mérito de un largo recorrido, privilegio muy infrecuente» teniendo en cuenta la vertiginosa velocidad con la que los títulos pasan por las mesas de novedades, fomentando un tránsito estéril e intrascendente de demasiados libros. Como <strong>Joan Didion</strong> (<em>El año del pensamiento mágico</em>), Vélez es periodista y encara el fallecimiento de su marido, pero la diferencia fundamental entre ambas es que ésta última no hace «literatura de duelo», en rigor, sino de acompañamiento».</p>
<p>- <strong>Harper Lee </strong>forma parte de esa minoría de plumas que ha alcanzado el éxito con una sola novela. <em>Matar a un ruiseñor</em>, publicada en 1960, se convirtió en obra de culto en Estados Unidos y Lee consiguió el Pulitzer. Más de medio siglo después, tenemos <a href="http://www.harlequiniberica.com/Libro-Romantico.aspx?Serie=HarperCollins&amp;Libro-Romantico=Ve-y-pon-un-centinela" target="_blank"><strong><em>Ve y pon un centinela</em></strong></a> (<a href="http://www.harpercollinsiberica.com/"><strong>Harper Collins Ibérica</strong></a>), la segunda novela de la afamada escritora, el manuscrito que fue el germen de su exitoso clásico que hubo de reescribir porque su editor le pidió que contara la historia desde el punto de vista de la protagonista cuando era niña. La narración original permaneció perdida hasta el otoño pasado. Con <strong><em>Go Set a Watchman</em> </strong>volvemos a la ciudad ficticia de Maycomb, en la década de los 50, con una Scout adulta que visita a su padre. Aunque esta cita aparenta ser una de las habituales, los cambios de la realidad política y social que se hacen difíciles de asimilar provocan irremediablemente que el viaje y la narración entren de lleno en el mundo de los adultos y se deje atrás la niñez y los recuerdos, sin abandonar los pasajes conmovedores y emocionantes, pese a la dureza que esconden.</p>
<p>- Dijo <a href="https://twitter.com/Albertorum_"><strong>Alberto Sánchez Medina</strong></a> en el <a href="/2015/06/leer-en-junio-leer-la-arquitectura/" target="_blank">número de junio de LEER</a> que el recorrido que propone el filósofo Félix de Azúa, <a href="http://www.rae.es/noticias/elegido-el-escritor-felix-de-azua-para-ocupar-la-silla-h-de-la-rae" target="_blank">reciente silla H de la RAE</a>, en<em> <strong>La invención de Caín </strong></em>(<a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/debate/DB/"><strong>Debate</strong></a>) por algunas de las más idiosincráticas ciudades europeas (más Nueva York) «es un viaje tanto físico como emocional». Nada más adecuando para la fecha, teniendo en cuenta el dato para los más puntillosos: «en esta obra, una revisión de la publicada en el año 2000, Azúa ha eliminado algunos capítulos y añadido bastantes más, para enmarcar el libro en el siglo XXI».</p>
<p>- En el mismo sello, en el mismo número de la revista (incluso dando réplica en página impar) pero de la mano de <a href="http://forcolaediciones.com/project/ignacio-peyro/" target="_blank"><strong>Ignacio Peyró</strong></a>  en esta ocasión, tuvimos un primer acercamiento a  <em><strong>Cuando los hechos cambian</strong> </em>(<a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/taurus/TU/"><strong>Taurus</strong></a>) de <strong>Tony Judt</strong>. El exhaustivo artículo <em>Escribir lo que debes escribir</em> completa la lectura de esta obra «donde las fijaciones del Judt historiador convergen en la necesidad de volver a pensar el siglo XX en un momento en que olvidamos más que recordamos, negamos la continuidad e insistimos con vehemencia en el que el pasado no tiene nada que enseñar».</p>
<p>- LEER es lo que es gracias a colaboradores de la talla de <strong>Ana Merino</strong>. Directora del Master de Escritura Creativa en español de la Universidad de Iowa, poeta, escritora de teatro, experta en cómics, de los que habla todos los meses en LEER, acaba de salir muy bien parada en el polémico canon abierto (<a href="http://www.visor-libros.com/tienda/" target="_blank"><strong>Visor</strong></a>) de última poesía en español de <strong>Remedios Sánchez García</strong>, tiene precisamente poemario reciente, <strong><em>Los buenos propósitos</em></strong>, también en este mismo sello, y en clave infantil y juvenil, y es lo que nos ocupa aquí, <a href="http://www.leeresunbuenplan.es/libro/el-viaje-del-vikingo-sonador/" target="_blank"><em><strong>El viaje del vikingo soñador</strong> </em></a>(<strong>Alfaguara</strong>), <a href="https://www.youtube.com/watch?v=xD8evjvrwfY" target="_blank">un precioso cuento en verso</a> con ilustraciones de <a href="http://www.maxbardin.com/index_cast.html" target="_blank"><strong>Max</strong></a>, que “atrapa con sus versos apasionados y sencillos”, tal y como señala Ada del Moral en el Extra de Verano de LEER.</p>
<p>- Se nos antoja un momento extraordinario para releer a <strong>James Salter</strong>, recientemente fallecido, y a quien Julio Valdeón dedica su última <em>Carta desde Nueva York</em>. “Su prosa fulgurante, anudada a tragos cortos, feroz en su limpieza, poseía la extraña capacidad de morder sin casi pretenderlo”, señala nuestro corresponsal en los USA. En la redacción <a href="/2015/06/salter-paisajes-y-pasiones/" target="_blank">compartimos el entusiasmo</a> y recomendamos particularmente<em><strong> Juego y distracción</strong> </em>y la imponente <em><strong>Años luz</strong></em>.</p>
<p>- No apareció a tiempo de tratarlo en nuestro número de abril, dedicado a <strong>Cervantes</strong> anticipando el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote: la adaptación realizada por <a href="http://www.andrestrapiello.com/" target="_blank"><strong>Andrés Trapiello</strong></a>, un trabajo de muchos años, ha aparecido bendecida por el establecimiento académico y cultural. “En la versión de Trapiello la obra de Cervantes se ha rejuvenecido y actualizado sin dejar se der ella misma, poniéndose al alcance de muchos lectores”, asegura <strong>Mario Vargas Llosa</strong> desde el extracto del prólogo que aparece en la faja promocional del volumen (<a href="http://www.planetadelibros.com/editorial-ediciones-destino-7.html" target="_blank"><strong>Destino</strong></a>). Unas pocas líneas que contienen todos los puntos de la potencial polémica que no termina de fraguarse en torno al proyecto del escritor leonés. Apenas un apunte: ¿para qué leer el cervantino teniendo el de Trapiello? Ahí queda dicho. Un libro, en cualquier caso, importante, que hay que leer, valorar y discutir.</p>
<p>- <a href="http://www.depuñoyletra.es/autores/78-juan-fernandez-miranda.html" target="_blank"><strong>Juan Fernández-Miranda</strong> </a>es periodista, joven pero de dilatada trayectoria, que a día de hoy se desarrolla en la sección de Nacional del diario <a href="http://www.abc.es/" target="_blank"><strong>ABC</strong></a>. Su apellido –y cierto parecido en los rasgos de su rostro– delatan su vinculación familiar con el que fue uno de los principales artífices de la Transición, <strong>Torcuato Fernández-Miranda</strong>. En <em><strong>El guionista de la Transición</strong> </em>(<a href="http://www.megustaleer.com/editoriales/plaza-janes/PJ/" target="_blank"><strong>Plaza&amp;Janés</strong></a>), su sobrino nieto resuelve la carencia de una biografía de referencia en torno al preceptor del <strong>Rey Juan Carlos</strong> e ideólogo de la Ley para la Reforma Política en el centenario de su nacimiento, con prólogo, ni más ni menos, del rey emérito.</p>
<p>- Por partida triple recomendaríamos a <a href="http://manuelvilas.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Manuel Vilas</strong></a>, uno de nuestros prosistas favoritos y que este año está particularmente de actualidad: Premio Generación del 27 de poesía por su conmovedor poemario <em><strong>El hundimiento</strong> </em>y Premio Llanes de Viajes con el relato de un fan tras los pasos de Lou Reed en <em><strong>Wild Side España</strong></em>, instamos encarecidamente a la lectura de <a href="http://www.megustaleer.com/libros/setecientos-millones-de-rinocerontes/AL03632" target="_blank"><em><strong>Setecientos millones de rinocerontes</strong></em> </a>(<strong>Alfaguara</strong>), un excelente botón de muestra de la literatura de Vilas, con su humor sin par, su talento literario y su capacidad para el extrañamiento con-sentido.</p>
<p>- En coedición de <a href="http://www.siruela.com/" target="_blank"><strong>Siruela</strong></a>, <a href="http://www.fondodeculturaeconomica.com/" target="_blank"><strong>Fondo de Cultura Económica</strong> </a>y <strong>UNAM</strong> aparece en España la colección de <em><strong>Cuentos populares mexicanos</strong> </em>editada por el narrador y poeta <strong>Fabio Morábito</strong> tras un exhaustivo trabajo de investigación y recopilación. Más de 125 relatos de las regiones más diversas del país centroamericano, que nos hablan del sincretismo y riqueza de sus tradiciones, y de los mitos comunes que articulan la literatura universal y la fijan a la noche de los tiempos.</p>
<p>- De <a href="http://www.fondodeculturaeconomica.com/" target="_blank"><strong>FCE</strong></a>, un librito especial (esperada novedad en reimpresión) de cálida recepción en la reciente <a href="http://www.ferialibromadrid.com/">Feria del Libro de Madrid</a>: <a href="https://www.fcede.es/site/es/libros/detalleslibro.asp?IDL=2431"><em><strong>La intuición del instante</strong></em></a> de <strong>Gaston Bachelard</strong>. De <strong>Henri Bergson</strong> a <strong>Albert Einstein</strong>, una pieza deliciosa del intelectual francés, cuya edición original data de 1932, en un formato perfecto, precioso y práctico, muy manejable.</p>
<p>- Cada vez con más frecuencia tenemos la suerte de que cierto tipo de ensayos literarios norteamericanos sean traducidos al castellano, lo que demuestra un interés objetivo de los lectores por este tipo de obras tan características del ámbito cultural anglosajón. <strong>Debate</strong> trae ahora a España una colección de piezas publicadas a lo largo de los años en publicaciones como <a href="http://www.newyorker.com/" target="_blank"><strong><em>The New Yorker</em> </strong></a>o NYRB por <strong>Janet Malcolm</strong>, <strong>premio PEN</strong> de biografía gracias a su <em><strong>Gertrude y Alice</strong> </em>(2009). Cuarenta y un intentos fallidos. Ensayos sobre escritores y artistas, ofrece numerosas y originales claves y sugerencias sobre <strong>Salinger</strong>, el<strong> grupo de Bloomsbury</strong>, <strong>Diane Arbus</strong>, <strong>Edward Weston</strong> y otros artistas y escritores… Incluso acerca de la serie <a href="http://www.imdb.com/title/tt0397442/" target="_blank"><strong><em>Gossip Girl</em></strong></a>.</p>
<p>-  El profesor de la <strong><a href="https://www.ucm.es/">UCM</a> </strong><strong>Martín Ortega</strong> <strong>Carcelén</strong>, cultivador también de ensayo y poesía, presenta en su novela<strong> </strong><em><strong> Camino del aire </strong></em>(<strong><a href="http://www.cuadernosdelaberinto.com/">Cuadernos del Laberinto</a>)</strong> el viaje iniciático de unos niños que le sirve de trasfondo para brindar un retrato desdenfadado de la política y la sociedad. El esforzado carácter jovial se trasluce desde la propia estética de las cubiertas, cuya viveza</p>
<p>- El verano es para las <strong><a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=2926&amp;edi=2" target="_blank"><em>Sirenitas</em></a> (Berenice, grupo Almuzara),</strong> las<strong> </strong>de <strong>Louisa May Alcott </strong>que presenta la impecable edición de <strong>Óscar Mariscal</strong>, con quien tuvimos el placer de compartir la última sesión de temporada de <strong>Club LEER</strong>. En el icónico <strong>sofá rojo</strong>, charlamos sobre la peculiaridad de la autora como escritora de género gótico, las seductoras contradicciones que vienen planteando a los lectores estas criaturas extraordinarias y la fascinación que siguen provocando a causa de una larga tradición mítica de compleja evolución a lo largo de los tiempos. ¡Feliz zambullida en los mares literarios!</p>
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		<title>La corrupción, abono literario</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2015 19:08:36 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>En los últimos meses la sociedad española asiste conmocionada a la revelación cotidiana de escándalos políticos, cayéndose por enésima vez del guindo de una corrupción institucionalizada tan antigua como el hombre. <strong>De Tucídides a Jorge Zepeda, último premio Planeta</strong>, pasando por el canon picaresco, <strong>JORGE BUSTOS</strong> traza en el último número de LEER un itinerario personal –y ejemplar– por la expresión literaria de la corrupción.</address>
<address> </address>
<p>L<strong>a corrupción goza en España de una excelente salud.</strong> Abre los periódicos, alimenta el <em>share</em> de las tertulias de la tele, monopoliza las redes sociales y ya hasta ha colonizado las conversaciones de autobús y de ascensor, antaño dominio exclusivo de la climatología. Este año incluso le han dado el Premio Planeta a la corrupción, tratada por <strong>Jorge Zepeda</strong> en su más negra acepción mexicana.</p>
<p>Lo que sorprende un poco es que tema tan antiguo provoque un escándalo tan nuevo. <strong>Aristóteles</strong> <strong>definió la corrupción como un “estancamiento” que pudre las aguas de la democracia</strong>, degenerando en ciénaga de demagogos <strong>que abona el terreno para la irrupción del tirano</strong>. El mecanismo es tan conocido, y tan indefectible, que causa estupefacción la facilidad con la que los humanos –también los altivos demócratas de la Europa posmoderna– nos precipitamos a cumplir el mismo guión milenario que fijó <strong>Tucídides</strong> en su <em>Historia de las guerras del Peloponeso</em>. Es la primera descripción en Occidente de un caso de corrupción y sucedió en Corcira en el siglo V a. C. La cita es larga pero su precisión resulta de una escalofriante actualidad:</p>
<p>“La audacia irreflexiva pasó a ser considerada un valor fundado en la lealtad al partido; la vacilación prudente se consideró cobardía disfrazada; la moderación, máscara para encubrir la falta de hombría; y la inteligencia capaz de entenderlo todo, incapacidad total para la acción; la precipitación alocada se asoció a la condición viril, y el tomar precauciones con vistas a la seguridad se tuvo por un bonito pretexto para eludir el peligro. Estas asociaciones no se constituían de acuerdo con las leyes establecidas con vistas al beneficio público, sino al margen del orden instituido y al servicio de la codicia. Y<strong> las garantías de recíproca fidelidad no se basaban tanto en la ley cuanto en la transgresión perpetrada en común</strong>”.</p>
<h5>Precursor Luciano</h5>
<p>Por los mismos años escribió <strong>Aristófanes</strong> su <em>Pluto</em>, ácida comedia contra el desigual reparto de la riqueza que los gobernantes prometen mientras la practican en exclusiva. La reciente puesta en escena de esta obra en el festival de Mérida serviría a algunos adanistas para descubrir que el <strong>discurso contra la plutocracia no es precisamente una genialidad de Podemos</strong>. Mención especial merece <strong>Luciano de Samosata</strong> (siglo II d. C.), quizá el primer genio satírico de la historia, un antidogmático radical y descacharrante cuyos textos asombrosos leíamos en Clásicas como el iniciado que penetra en Delfos y descubre el mayor burdel de Europa. <strong>La tradición lucianesca es la que relanzan Jonathan Swift</strong> y nuestro Quevedo con sus <em>Sueños</em>, entre tantos otros. Y qué decir de Roma, donde se idearon todos los vicios y todas las soluciones, desde el tribuno de la plebe al pan y circo. De los muchos escritores que eligieron la corrupción como tema literario –la galería de infames de <strong>Tácito</strong>, los epigramas afilados de <strong>Marcial</strong>, las sátiras implacables de <strong>Juvenal</strong> y <strong>Persio</strong>– <strong>yo me quedo con el taimado</strong> <strong>Salustio</strong>, que hizo un carrerón al elegir el bando correcto del divino <strong>Julio</strong>, rapiñó todo lo que pudo en el año y medio en que César le confió el gobierno de los númidas,<strong> fue acusado por el Senado de exacción ilegal en el ejercicio de cargo público y acabó reinventándose como historiador moralista alejado de las vanidades del mundo… en una mansión que los emperadores le expropiarían a su muerte</strong>, muertos de envidia. A este precursor tan latino del fraile después de cocinero debemos la sofisticada trama de vileza de <em>La conjuración de Catilina</em>.</p>
<blockquote><p>Como advirtió Aristóteles, la corrupción pudre las aguas de la democracia y anticipa la irrupción del tirano</p></blockquote>
<p>Hay en la Edad Media toda una literatura goliarda que fustiga los vicios del poder, ya ocupara este el estamento noble o el eclesiástico, y cuya tradición llega a las chirigotas gaditanas. Pero <strong>debemos a los renacentistas algo parecido a un tratamiento sistematizado –casi un género ensayístico– de la corrupción, con Erasmo, Moro y Maquiavelo como faros de costa de la moralidad pública.</strong> Los partidos (gobierno de los grandes) generan oligarquía. Bien común. “Los hombres son malos todos, y el áncora del bien público está toda entera en la bondad de las leyes, la cual consiste en hacer que los hombres se abstengan, más por necesidad que por voluntad, de obrar mal”, escribe el autor de <em>El</em> <em>príncipe</em> con irrefutable realismo. El gran crítico soviético <strong>Bajtín</strong> extrae del <em>Gargantúa</em> de <strong>Rabelais</strong> el concepto de lo carnavalesco como subversión reglada del orden establecido: es decir, como desahogo del pueblo sometido a un régimen opresivo que se perpetúa precisamente gracias a la válvula de escape que supone el carnaval, el negativo lúdico de la revolución.</p>
<h5>El espejo picaresco</h5>
<p>Así se van sentando las bases de <strong>una de las grandes aportaciones hispanas a la literatura mundial, y a los propios paraísos fiscales: la picaresca.</strong> Ni el autor del <em>Lazarillo</em> ni <strong>Mateo Alemán</strong> en su <em>Guzmán de Alfarache</em> ni mucho menos <strong>Quevedo</strong> en su <em>Don Pablos</em> idealizan lo que cuentan: sencillamente eliminan el filtro de la hipocresía social y lo que queda es la condición humana en pelotas. Una sociedad corrupta, donde el pobre no carga contra la corrupción de los aristócratas por indignación moral sino porque a él se le excluya de ese banquete. <strong>El criterio ético del bien común lo salvaron cronistas patrios del XVII</strong> –verdaderos periodistas del Siglo de Oro– como <strong>Pellicer</strong>, <strong>Saavedra Fajardo</strong> (“La murmuración es argumento de la libertad de la república, porque en la tiranizada no se permite”, escribe, reflejando el clima social de la España de <strong>Felipe IV</strong>) o <strong>Jerónimo de Barrionuevo</strong>. Todos ellos levantan acta del desgobierno de la monarquía y reflejan la carestía reinante. Los pasquines críticos infestan las esquinas de Madrid y la queja general contra el “menoscabo de la Real Hacienda” convive con los arrestos sumarísimos por delito de sedición.</p>
<p>¿Y dónde dejamos, por cierto, a don <strong>Miguel de Cervantes</strong>, que fue condenado por irregularidades recaudatorias en el desempeño de su cargo? No deja de ser idiosincrásico que la mayor gloria de las letras españolas cediese en vida a la tentación de la picaresca. <strong>Si nos ponemos estrictos, señores, Cervantes fue también un corrupto</strong>. Habrá que estar atentos a esos papeles que al parecer <strong>Bárcenas</strong> está escribiendo en Soto del Real.</p>
<blockquote><p>Hay en la Edad Media toda una literatura goliarda que fustiga los vicios del poder y cuya tradición llega a las chirigotas gaditanas</p></blockquote>
<p><strong>Vélez de Guevara</strong> levantó los techos de la hipocresía social de la sociedad barroca en su <em>Diablo Cojuelo</em>, y aun tuvo que dulcificar el tono en la segunda parte del libro porque <strong>comprendió que su manutención dependía del mecenazgo de aquellos estamentos a los que atacaba.</strong></p>
<p>Será el absolutismo el sistema que venga a aplacar el temperamento crítico de la sociedad barroca, y será el abuso de poder de los reyes absolutos el que justifique la doctrina del contrato social de <strong>Rousseau</strong>, cuya ruptura define precisamente el fenómeno de la corrupción. El concepto de voluntad general del autor del <em>Emilio</em> es el germen del democratismo moderno, pero también será el chivo expiatorio más invocado por los futuros populistas para encubrir sus propias corruptelas.</p>
<p>La vocación pedagógica de los ilustrados produjo una rica veta de ensayismo didáctico, de intención moralizante. <strong>Feijóo, Jovellanos y el viperino Moratín tienen páginas sobre la viciada maquinaria de la administración que ha permanecido inexpugnable a la democracia. </strong>Una misma sensación de tiempo perdido que nos despierta el Madrid galdosiano de <em>¡Miau!</em>, verdadera radiografía de lo que el gran novelista llamó “el panfuncionarismo burocrático”, cuyos frutos más consabidos eran el nepotismo de corte, el caciquismo localista y el revolucionario de salón. Pero <strong>caeríamos de nuevo en el papanatismo aldeano si creyéramos que nuestra situación, pese a su proverbial atraso teocrático, era mucho peor en lo tocante a corrupción política que la de otros europeos.</strong> Los franceses encontraron su espejo en los burgueses corruptos de <strong>Balzac</strong> y <strong>Maupassant</strong>; en los infinitos engranajes del Imperio británico se escondían los arribistas victorianos de <strong>Dickens</strong> y <strong>Thackeray</strong>. Y en Italia, entretanto, la semilla de picaresca sembrada por los españoles durante el virreinato de Nápoles y Sicilia germinaba en ramificaciones mafiosas que andando el tiempo llegarían a consolidar una vertiente endémica de la novela negra que encuentra en <strong>Sciascia</strong> su culminación.</p>
<h5>España como problema</h5>
<p>No olvidemos la tesis ya clásica de <strong>Enzensberger</strong> y otros que han señalado el origen español de la Camorra como un sistema paralelo y clandestino de distribución de recursos que florece allí donde ciertas funciones sociales no están suficientemente atendidas por el Estado capitalista, que tampoco puede o quiere imponer la ley del todo. Luego los italoamericanos exportaron el modelo de negocio a Chicago, Nueva York, Atlantic City o Nueva Jersey con el éxito conocido en novelas, películas memorables y series de HBO. Fuera del subgénero mafioso, pero sin salir de Estados Unidos, cabe recordar que la gran aportación –aparte de la estilística– de <strong>Hammett</strong> y <strong>Chandler</strong> al canon detectivesco consistió precisamente en la introducción de<strong> un propósito de denuncia</strong>, pues las víctimas no son ya únicamente de un asesino más o menos sofisticado sino de todo un entramado social injusto que premia con el medro la corrupción de policías, políticos y empresarios, mientras que mantener un código ético solo reporta soledad personal y penuria económica.</p>
<p>Un fenómeno parecido ocurría entretanto al otro lado del Atlántico. El genial aforista colombiano <strong>Nicolás Gómez Dávila</strong>, frente al indigenismo incipiente, <strong>no culpaba a España de haber colonizado el vergel suramericano, sino de haberlo colonizado tan mal</strong>: “La mejor crítica de la colonización española son las repúblicas suramericanas”. Y comparaba los resultados en limpieza cívica que exhibían los países de la Commonwealth, por donde había pisado la bota británica, con la yuxtaposición de satrapías en las que se habla el español. No es una visión demasiado amable con España, pero el hecho de que la novela de dictador –con el precedente canónico que según la crítica sienta el <em>Tirano</em> <em>Banderas</em> de <strong>Valle</strong>– se convirtiese en un género casi autóctono desde Panamá hasta Tierra de Fuego parece refrendar su amarga constatación. De toda la narrativa de <strong>Vargas Llosa</strong>, un autor que ha consagrado a la degeneración de la política buena parte de su obra de ficción, acaso sea <em>Conversación en La Catedral </em>la novela que mejor nos pasea por las simas de general indignidad que propicia todo régimen tiránico y corrompido.</p>
<blockquote><p>Es significativo que Cervantes, la mayor gloria de las letras españolas, cediese en vida a la tentación de la picaresca</p></blockquote>
<p><strong>La descomposición de toda superestructura política suele abonar una exuberante floración literaria.</strong> Sea porque el fin de la censura suelta las lenguas reprimidas, sea porque en el fango se revela con más plasticidad la naturaleza humana, no podemos olvidar las gestas narrativas de heroicos disidentes soviéticos como <strong>Solzhenitsyn</strong> o <strong>Vasili Grossman</strong> desde la óptica realista, o las de <strong>Bulgákov</strong> o <strong>Voinóvich</strong> desde la paródica. No se trata solo literatura testimonial, sino de <strong>verdaderos informes sobre la vivencia humana bajo el máximo grado de corrupción</strong> (lingüística, económica, ética, estética…) jamás alcanzado. Con parecida chapucería aunque menor crueldad cursó el estertor entre elegíaco y bufo del Imperio austrohúngaro, tan formidablemente retratado por <strong>Joseph Roth</strong>, o por el desopilante <strong>Jaroslav Hašek</strong> de <em>Las aventuras del buen soldado Švejk</em>. Y la literatura poscolonial ha seguido arrojando frutos de denuncia escalofriante en Oriente Medio y en África.</p>
<p><strong>Nuestro país afronta, si no una genuina descomposición, como poco una olorosa catarsis</strong>, y nadie puede discutir la oportunidad de conceder a <strong>Rafael Chirbes</strong>, novelista ácido del pelotazo inmobiliario, el último Nacional de Narrativa (¡y sin devolverlo!). Lo que está claro es que la corrupción, <strong>como buen excremento, resulta un abono excelente para la fertilidad de la imaginación.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>JORGE BUSTOS </em></strong><em>(<a href="https://twitter.com/JorgeBustos1" target="_blank">@jorgebustos1</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;">En la imagen superior, un momento del montaje de “Pluto” representado en el Festival de Mérida 2014, en versión de Emilio Hernández dirigida por Magüi Mira (foto: Festival de Mérida / Jero Morales).</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;">Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el <strong>Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a></strong>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
<p> </p>
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		<title>Hijos de la crueldad</title>
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		<pubDate>Tue, 16 Dec 2014 08:00:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El Salón de Grados de la Facultad de Filosofía de la UCM acoge desde ayer y hasta el próximo viernes 19 de diciembre el Congreso “El placer más antiguo de la Humanidad: Jornadas sobre literatura de la crueldad”. Una iniciativa que da pie a ALBERTO SÁNCHEZ MEDINA a comentar el reciente libro de Joan-Carles Mèlich [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>El Salón de Grados de la Facultad de Filosofía de la UCM acoge desde ayer y hasta el próximo viernes 19 de diciembre el Congreso “El placer más antiguo de la Humanidad: <a href="https://seminarionietzscheucm.wordpress.com/2014/12/05/el-placer-mas-antiguo-de-la-humanidad-jornadas-sobre-literatura-de-la-crueldad/" target="_blank">Jornadas sobre literatura de la crueldad</a>”. Una iniciativa que da pie a ALBERTO SÁNCHEZ MEDINA a comentar el reciente libro de <strong>Joan-Carles Mèlich</strong> “Lógica de la crueldad” (Herder).</address>
<address> </address>
<p>ES POSIBLE UNA MORAL SIN CRUELDAD? Joan-Carles Mèlich, profesor de Filosofía de la Educación en la Universitat Autònoma de Barcelona, niega tal posibilidad en su ensayo <a href="http://www.herdereditorial.com/novedades/5544/logica-de-la-crueldad/" target="_blank"><em>Lógica de la crueldad </em></a>(Herder, 2014). Para el filósofo <strong>no hay moral sin lógica, ni lógica sin crueldad.</strong> Cuando, verbigracia, una comisión judicial, protegida por varias unidades de antidisturbios de la Policía, ejecuta <a href="http://ccaa.elpais.com/ccaa/2014/11/21/madrid/1416597148_584689.html" target="_blank">el desahucio de Carmen</a>, una anciana de 85 años que hipotecó su vivienda en Vallecas a través de un prestamista particular, lo que opera es una lógica de la crueldad. Si la Alemania nazi reducía a los judíos a meros <a href="http://www.holocaustresearchproject.org/holoprelude/deruntermensch.html" target="_blank"><em>untermensch</em></a> (subhumanos) y legitimaba así su exterminio, <strong>el neoliberalismo reduce a los ciudadanos a clientes.</strong> Si bien el contenido varía, la lógica es la misma. Para Mèlich, “existen lógicas de la crueldad más sutiles que siguen vigentes en nuestras sociedades”. Por tal motivo, es un error –y un peligro– pensar que la crueldad pertenece al pasado, que no queda nada de Auschwitz entre nosotros. “Auschwitz es la muestra más terrible de esta lógica, su símbolo más perverso. Según esta lógica, <strong>en Auschwitz no mueren ‘seres humanos’</strong>, seres con nombre propio, seres corpóreos, seres que nacen, que aman, que sufren. No son exterminados nombres propios en el <em>Lager</em> <strong>sino números, figuras, y nadie debería tener mala conciencia por ello</strong>”. La moral es un mecanismo totalizante de inclusión/exclusión, algo que “protege, tranquiliza y normaliza pero también legitima, excluye y extermina”. Por eso Mèlich insistirá: <strong>el totalitarismo nazi no era inmoral, sino todo lo contrario, era <em>exclusivamente</em> mora</strong>l: “El auténtico horror de Auschwitz es su extrema y absoluta moralidad […]. Aunque el campo de Auschwitz-Birkenau fue liberado por el ejército rojo a finales de enero de 1945, su lógica, sin embargo, todavía sigue presente. Ella es <em>lo que queda</em> de Auschwitz, su resto de crueldad”.</p>
<p>En <em>Ira y tiempo</em>, <strong>Peter Sloterdijk</strong> apuntaba a la ira del primer verso de la <em>Ilíada</em> como la primera palabra de la tradición europea (<em>La ira canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,  / maldita, que causó a los aqueos incontables dolores…</em>). <strong>Mèlich juzga al joven Nietzsche de <em>El nacimiento de la tragedia</em> como el etiólogo de la crueldad occidental</strong>, cuyo origen también sitúa en la Grecia clásica. “Heredero de <strong>Sócrates</strong> y <strong>Platón</strong>, por una parte, y del cristianismo, por otra, Occidente ha generado un sentimiento que es, a la vez, de <em>deuda</em> y de <em>culpa</em>, y que se convertirá, en último término, en crueldad hacia uno mismo”.</p>
<p>De aquellos polvos metafísico-morales, de esa lógica dualista o “de lo real y su doble” (<a href="http://clementrosset.com/" target="_blank"><strong>C. Rosset</strong></a>), estos lodos de crueldad donde anidan unos autoinfligidos sufrimientos que se prolongan hasta nuestra posmodernidad: “Hemos sido formados en una cultura en la que se ha fomentado como virtud la crueldad hacia uno mismo. La autodisciplina, la autovigilancia, la autosuperación, el autocastigo, <strong>la autohumillación son virtudes propias de la tradición socrático-platónica que tienen un hondo calado en el cristianismo”.</strong></p>
<blockquote><p>Para Mèlich, la cacareada época de crisis de valores morales no es más que una falacia para ocultar lo que no es más que un exceso de moral, que conlleva necesariamente un exceso de crueldad</p></blockquote>
<p>Mèlich desarrolla en su obra la enigmática frase nietzschziana presente en <em>Crepúsculo de los ídolos</em> según la cual todavía <strong>“no podemos desembarazarnos de Dios porque seguimos creyendo en la gramática”</strong>. Luchar contra una gramática que se erige en soberana de lo que podemos pensar, decir o hacer, que distingue lo que es normal de lo patológico, al sano del enfermo, al loco del cuerdo. El filósofo advierte el peligro de esta moral cruel que clasifica en categorías universales –<strong>“el imperativo categórico huele a crueldad”</strong>, nos dice Nietzsche–, que se atreve a delimitar qué es un ser humano (y, por tanto, qué no lo es), y que con esta operación <em>lógica</em> convierte a lo “único” en lo “uno”, con el riesgo de que <strong>Hurbinek</strong> –el niño de Auschwitz al que se refiere <strong>Primo Levi</strong> en <em>La tregua</em>– pase a ser un <em>mero</em> “judío”.</p>
<p><iframe src="//www.youtube.com/embed/7x_N8cX2zTc?rel=0" width="640" height="360" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Mèlich lleva a cabo una labor de desestructuración de este conjunto de categorías, marcos normas y procedimientos y nos enseña que “<em>lo humano sería lo que escapa a cualquier definición</em> o, mejor todavía, <em>lo humano es la relación que uno establece con lo “no humano”</em>, con lo que ha sido <em>excluido</em> de la definición”. <strong>El mérito de su ensayo reside en desentrañar los sutiles mecanismos que operan en lo más íntimo de la forja de la identidad</strong> y en nuestra manera de relacionarnos en sociedad con los demás, desde el sentimiento de culpa que provoca el dedo acusador del superyó freudiano a la moral libertina y sin escrúpulos del <strong>marqués de Sade</strong>. Para Mèlich, la cacareada época de crisis de valores morales no es más que una falacia para ocultar lo que no es más que un exceso de moral, que conlleva necesariamente un exceso de crueldad al modo del <em>Divino Marqués</em>, algo que también <a href="http://elpais.com/elpais/2014/10/31/opinion/1414772209_990933.html" target="_blank">ha señalado recientemente</a> <strong>Mario Vargas Llosa</strong> tras su visita a <a href="http://www.musee-orsay.fr/fr/evenements/expositions/au-musee-dorsay/presentation-generale/article/sade-41230.html?tx_ttnews[backPid]=254&amp;cHash=3f6f98c92b" target="_blank"><em>Attaquer le soleil </em></a>(<em>Atacar al sol</em>), la muestra del Museo de Orsay con motivo del bicentenario de su muerte. Para entender esta identificación con lo cruel, <strong>el filósofo barcelonés define la lógica moral como un lobo con piel de cordero</strong>, porque se nos presenta “como una capa protectora cuando realmente <em>solo</em> protege a los que encuentran cobijo bajo su propio manto categorial, mientras que <em>legitima</em> la eliminación de los que han sido excluidos de ese mismo manto”. Pese a que, como repite a lo largo de todo el ensayo, nadie existe sin moral, si bien “nacemos en una gramática que es y siempre será ineludiblemente moral” y es imposible vivir al margen de esta moral, Mèlich encuentra una manera de neutralizarla “en sus márgenes”<em>.</em> <strong>En los límites difuminados de la moral, allí donde pugnan la tiranía del significado con la libre producción de sentido, se abre el espacio de la ética y se posibilita la acción transgresora y solidaria.</strong> La decisión de  club de fútbol Rayo Vallecano, según la cual se comprometió a suministrar a Carmen una renta durante el resto de su vida es un ejemplo de respuesta ética al mandato una moral cruel convertida en ley. Esta es la valiosa lección de esta <em>Lógica de la crueldad</em>, obra que conforma una tetralogía junto con <em>Filosofía de la finitud</em>, <em>Ética de la compasión</em> y una próxima <em>Crítica del</em> <em>perdón.</em></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>ALBERTO SÁNCHEZ MEDINA</strong></em></p>
<address><a href="http://www.herdereditorial.com/novedades/5544/logica-de-la-crueldad/"><img class="alignleft wp-image-3139" src="/wp-content/uploads/2014/12/Melich_Logica-crueldad.jpg" alt="Melich_Logica-crueldad" width="150" height="230" /></a><a href="http://www.herdereditorial.com/novedades/5544/logica-de-la-crueldad/" target="_blank">LÓGICA DE LA CRUELDAD</a></address>
<address><strong>Joan-Carles Mèlich</strong></address>
<address>Herder. Barcelona, 2014</address>
<address>264 páginas. 19,80 euros</address>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>El cura y los mandarines: historia de un libro nonato</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 17:12:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de <em>El cura y los mandarines</em> gracias a <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de <strong>Gregorio Morán</strong>. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, <strong>Víctor nos anticipó la inminente publicación de un <em>libro bomba</em></strong> en el que el controvertido escritor asturiano afincado en Barcelona venía trabajando desde hacía cerca de diez años.</p>
<p>Morán, que firma cada fin de semana en <em>La Vanguardia</em> unas implacables “<a href="http://hemeroteca.lavanguardia.com/search.html?fromISO=true&amp;q=%2522SABATINAS%2520INTEMPESTIVAS%2522&amp;aux=%22SABATINAS+INTEMPESTIVAS%22&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1881&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2014&amp;x=0&amp;y=0" target="_blank">Sabatinas intempestivas</a>”, es sobre todo <strong>autor de un puñado de libros muy importantes</strong>: <em>Miseria y grandeza del Partido Comunista de España</em>, el libro de referencia sobre el PCE que le publicara <strong>Rafael Borràs</strong> en la Colección Espejo de España de Planeta en 1986 y hoy inencontrable; la anterior y excelente biografía <em>Adolfo Suárez, historia de una ambición</em>, y su prolongación en <em>Adolfo Suárez. Ambición y destino</em> (Debate, 2009); o <em><strong>El maestro en el erial</strong>. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo</em>, publicado por Tusquets en 1998, <strong>retrato demoledor de la cultura española de la inmediata posguerra</strong> a través de la figura de su gran referente intelectual, desde su regreso a España en 1945 hasta su muerte diez años después.</p>
<p><strong>En esas mismas coordenadas se nos anticipaba <em>El cura y los mandarines</em>, una suerte de continuación de <em>El maestro en el erial</em></strong> en tanto que elucidación de la cultura oficial española, pero que llegaría hasta la transición democrática y más allá y que en esta ocasión tomaría a <strong>Jesús Aguirre como hilo conductor.</strong> Y así lo confirmó el propio Gregorio Morán cuando el pasado 13 de septiembre recibió a <strong>Fernando Palmero</strong> en su domicilio de Barcelona para hablar del que iba a ser su próximo, inminente libro. “<strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación”, afirma en el arranque de la conversación, y <strong>así se recoge en la larga entrevista que publicamos en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octubre de LEER.</a></strong></p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741.jpg"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Gregorio Morán durante la entrevista concedida a LEER (fotos: Ana Lisis).</figcaption></figure>
<p>“También es una continuación del libro de Ortega, porque el libro de Ortega es <strong>una explicación de la barbarie en la cual nacimos. Por eso es posible que este libro no exista</strong>, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega”. Con estas palabras Morán <strong>anticipaba para <em>El cura y los mandarines</em> un velo de silencio equivalente</strong> al que rodeó a <em>El maestro en el erial</em>, –en aquella ocasión inadvertidamente roto por el <a href="http://elpais.com/diario/1998/03/01/opinion/888706803_850215.html" target="_blank">entusiasta comentario de <strong>Mario Vargas Llosa</strong></a> en páginas habitualmente poco propicias para Morán como las de <em>El País</em>–. Finalmente <strong>el velo de silencio ha sido innecesario; el libro, al menos de momento, ni siquiera existe en sentido estricto.</strong></p>
<p>Un libro con Aguirre como figura y reclamo, pero cuya “historia es más compleja. <strong>Están los Pradera, los Gil de Biedma, los Castellet… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba</strong>”.</p>
<figure id="attachment_2584" style="width: 200px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-2584" src="/wp-content/uploads/2014/10/el-cura-y-los-mandarines_9788498927443.jpg" alt="el-cura-y-los-mandarines_9788498927443" width="200" height="292" /><figcaption class="wp-caption-text">Portada de un libro “nonato”.</figcaption></figure>
<p>El relato comienza en 1962; porque “hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos”, justifica su autor. Y llega hasta 1996, año de la primera derrota electoral socialista después de su <em>landslide</em> del 82; un triunfo que se manifestó verdaderamente aplastante en materia cultural. En palabras de Morán, <strong>“el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable (…). Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</strong></p>
<p>De esto y mucho más; de cómo, según él, <strong>Camilo José Cela</strong> –“no creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar”– consiguió el Nobel; <strong>del pasado de muchos intocables de la cultura progresista</strong>, y del comportamiento de algunos de ellos con figuras del exilio como <strong>Max Aub</strong>; de personajes en apariencia tan distantes como <strong>Carmen Balcells</strong> y <strong>Jesús Gil y Gil</strong> <strong>habla Gregorio Morán en el número de octubre de LEER como probablemente no lo haga hasta que logre ver publicado en otra editorial <em>El cura y los mandarines</em>.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"><a href="/2014/10/leer-en-octubre/"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><strong>Lee la entrevista a Gregorio Morán</strong> sobre “El cura y los mandarines” en el <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">número de octubre de 2014</a> de la Revista LEER. Pídelo en quioscos y librerías seleccionados o <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>.</address>
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		<title>Historia de un puñetazo</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Apr 2014 15:02:16 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En 2007, coincidiendo con el 80 cumpleaños de Gabriel García Márquez, vieron la luz unas viejas fotografías realizadas en 1976 por Rodrigo Moya, testimonio de un puñetazo propinado por Mario Vargas Llosa al escritor colombiano. A aquella revelación gráfica y al misterio que siempre ha rodeado la riña entre ambos escritores dedicó José Luis Gutiérrez [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>En 2007, coincidiendo con el 80 cumpleaños de Gabriel García Márquez, vieron la luz unas viejas fotografías realizadas en 1976 por Rodrigo Moya, testimonio de un puñetazo propinado por Mario Vargas Llosa al escritor colombiano. A aquella revelación gráfica y al misterio que siempre ha rodeado la riña entre ambos escritores dedicó José Luis Gutiérrez su Carta del Editor de mayo de 2007. </address>
<address> </address>
<p>C<b>ontroversias, riñas, duelos, peleas de escritores y literatos. Nada nuevo bajo el sol</b>, cuando el brazo de uno de nuestros más esclarecidos autores –el manco <b>Valle-Inclán</b>– hubo de ser amputado como consecuencia del bastonazo que le propinó el novelista <b>Manuel Bueno</b>, por oscuros y difusos motivos que aún se dilucidan. Más próxima en el tiempo, es conocida la tendencia a la reacción violenta del Nobel <b>Camilo J. Cela</b>, ya desaparecido. En el terreno internacional, son numerosos los casos de enfrentamientos entre escritores que han trasladado su rivalidad literaria al terreno de los puños o al de los enfrentamientos y polémicas en libros de memorias o en los medios de comunicación. Es hasta cierto punto normal que artistas, creadores literarios, escritores, periodistas, que trabajan con <b>un material tan altamente inestable, inflamable y explosivo como son las pasiones humanas</b>, vean en ocasiones sus controversias desbordadas hacia los terrenos de la violencia física. Yo mismo, en alguna ocasión, he sentido la fuerte tentación –que he logrado contener, y no sin esfuerzo– de suministrarle a algún majadero un par de guantazos. Sin embargo, ninguno de tales enfrentamientos ha provocado tanto ruido mediático como el que, hace escasas semanas, suscitó una vieja pelea (física) de hace nada menos que 31 años entre dos colosos de las letras hispanoamericanas.</p>
<p>Internet, en estos días, ofrece, con gran relieve tipográfico, cientos de informaciones y comentarios de periódicos, revistas, columnistas, agencias de noticias, <i>blogs</i>, etcétera, sobre <b>un célebre puñetazo rescatado ahora</b>, tres décadas después, con todo lujo de detalles, <b>incluidas sus dosis de misterio y su carga fuertemente literaria</b> y, sobre todo, con <b>unas inesperadas y espectaculares fotografías.</b></p>
<p>Y, paradójicamente, tan abrumador <i>tsunami </i>informativo –aparecido en el entorno de la celebración, en Cartagena de Indias, del IV Congreso Internacional de la Lengua Española, en el que se rindió homenaje al Nobel <b>García Márquez</b> por su 80 cumpleaños– <b>ha sido acompañado de un sorprendente, y parece que nada casual, silencio informativo en España.</b></p>
<p>Los responsables del ruido, un fotógrafo mexicano amigo de García Márquez, <b>Rodrigo Moya</b>, un periódico azteca, <i>La Jornada</i> y, finalmente, <i>The New York Times</i>, que el pasado 29 de marzo hizo de estruendoso altavoz y dedicó en su sección de libros <a href="http://www.nytimes.com/2007/03/29/books/29marq.html" target="_blank">una detallada crónica</a> para relatar la singular y muy literaria historia, titulada: “<b>El ojo morado de García Márquez finaliza sus 31 años de silencio</b>”.</p>
<p>El poderoso rotativo neoyorkino, a través de la firma de Noam Cohen, recogía la historia, con una entradilla ciertamente inusual para un rotativo de su prestigio: “La pelea entre el escritor colombiano García Márquez y el escritor peruano Mario Vargas Llosa, que tiempo atrás habían sido grandes amigos, contiene todos los ingredientes de un clásico de la literatura: acusaciones de traición, celos y adulterio, y un choque brutal hace 31 años que se convirtió en algo sangriento”.</p>
<p>El diario incluía, además, una gran exclusiva fotográfica, una imagen, nunca publicada hasta hoy –puede verse en este número de LEER–, de un juvenil y sonriente García Márquez con una herida en la hinchada nariz y un ojo visiblemente morado, que atribuía al periódico mexicano <i>La Jornad</i>a y al fotógrafo Rodrigo Moya.</p>
<p>Nunca, en mis numerosos y siempre amistosos y amigables encuentros con los Vargas Llosa –Mario y su mujer <b>Patricia</b>, protagonista involuntaria de esta historia–, se me ocurrió preguntarles por tales hechos, por entender que no debía resultar precisamente de su agrado recordar el suceso. Ciertamente, <b>era conocida la ausencia de contactos, la enemistad entre ambos escritores</b>, mantenida durante 31 años, aunque en el homenaje de Cartagena de Indias a García Márquez muchos intentaran reconciliar a los dos novelistas.</p>
<p>Un periódico mexicano, <i>El Universal</i>, desmentía el acercamiento, y <i>El Tiempo</i> de Bogotá lo atribuía a un “malentendido” por el prólogo de Vargas Llosa a la edición conmemorativa de</p>
<p><i>Cien años de soledad</i>. El texto del hispano-peruano sólo eran fragmentos de un ensayo de Vargas Llosa de 1971, <i>Historia de un deicidio</i>. Otro periódico atribuiría<i> </i>a García Márquez las palabras<i> </i>“no me opongo a que se publique<i> </i>[el texto del peruano], pero<i> </i>yo no se lo voy a pedir”, y a Vargas Llosa: “No me opongo a que se publique, pero yo no lo voy a ofrecer”.</p>
<p>Vargas Llosa y García Márquez habían sido grandes amigos desde 1967 –aunque, periodistas ambos, habían coincidido años antes en París–, hasta el punto de que llegaron a considerar la novela a cuatro manos, y Vargas Llosa convertirse en un estudioso de la obra de García Márquez.</p>
<p>En febrero de 1976, tras una pase privado en la ciudad de México de la película de <b>René Cardona</b> <i>Los supervivientes de los Andes</i>,<i> </i>y ver García Márquez a Vargas Llosa, le gritó un amistoso “¡Mario!” mientras se acercaba a él para darle un abrazo. La respuesta del novelista hispano-peruano fue un puñetazo que dio con <i>Gabo </i>en el suelo y sangrando, semiinconsciente. <b>Elena Poniatowsk</b>a, la periodista y novelista mexicana, presente en el estreno, relató al diario <i>El Universal</i> cómo, al ver el estado en el que se encontraba el que años después sería Premio Nobel, <b>“le fui a traer un filete de carne a García Márquez (para ponérselo en el ojo y aliviar la gran hinchazón), porque al lado estaba una tienda que se llamaba Cielo de Hamburguesas…”.</b> Similar versión a la del fotógrafo Moya, que atribuye una frase a <b>Mercedes</b>, esposa de García Márquez: <b>“Es que Mario es un celoso estúpido”.</b></p>
<h4><b>Interrogantes</b></h4>
<p><b>¿Por qué sucedió?</b> Un asunto de celos, según las versiones menos creíbles. Otras, sin embargo, como la de <i>El Heraldo</i> de Barranquilla (Colombia), aseguran que tras desavenencias surgidas entre Mario y su esposa Patricia, García Márquez, quizá aconsejado por su propia esposa Mercedes, aconsejó a su vez a Patricia iniciar los trámites de divorcio. Testigos del puñetazo señalan que Vargas Llosa, al golpearle, le dijo: por “lo que le dijiste a Patricia en Barcelona”. Rodrigo Moya, el fotógrafo, escribió en <i>La Jornada</i> un largo artículo –<a href="http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2014/04/17/la-terrifica-historia-de-un-ojo-morado-5836.html" target="_blank">“La terrífica historia de un ojo morado”</a>– en el que relata los orígenes de su gran amistad con <i>Gabo</i>, que se remontan a los años sesenta. A su estudio acudió en 1966 García Márquez para que le fotografiara con su famosa chaqueta a cuadros, e ilustrar la solapa de la edición argentina de <i>Cien años de soledad</i>.</p>
<figure id="attachment_1079" style="width: 414px;" class="wp-caption alignleft"><img class=" wp-image-1079    " src="/wp-content/uploads/2014/04/Fotos-Gabo-ojo-morado-804x1024.jpg" alt="Foto: Rodrigo Moya / La Jornada." width="414" height="527" /><figcaption class="wp-caption-text">Foto: Rodrigo Moya / La Jornada.</figcaption></figure>
<p>“Diez años más tarde –escribe Moya–, el 14 de febrero de 1976, Gabriel García Márquez volvía a tocar el timbre de mi casa…”, con “el tremendo hematoma en el ojo izquierdo y una herida en la nariz, causada por el puñetazo que dos días antes le había propinado su colega y hasta ese momento gran amigo, Mario Vargas Llosa. <b>El <i>Gabo </i>quería una constancia de aquella agresión y yo era el fotógrafo amigo y de confianza para perpetuarla… ‘Guarda las fotos y mándame unas copias’, me dijo <i>Gabo </i>antes de irse”.</b></p>
<p>La pregunta brota: ¿Por qué sale a la luz ahora? <b>Hablo con Patricia</b>, la mujer de Mario Vargas Llosa, que no oculta su educada contrariedad y su disgusto, al tiempo que se hace la misma pregunta: ¿Por qué sale a la luz todo esto ahora? La respuesta del responsable, el periodista y fotógrafo mexicano –y también escritor, casado con una inglesa, <b>Susan Flaherty</b>–, es clara: “Las guardé treinta años y ahora creí llegado el momento de publicarlas, cuando él cumple 80 años y 40 años de <i>Cien años</i> <i>de soledad</i>…”.</p>
<p>¿Acaso alguien estaba interesado en que la reconciliación no se produjera? ¿<b>Alguien quizá trató de impedir que una posible reconciliación rompiera el interesado reduccionismo de las imágenes publicadas de ambos</b>, García Márquez (de izquierdas) y Vargas Llosa (de derechas: incluso el NY Times le define como <i>free marketeer</i>, neoliberal, partidario del mercado libre, a pesar de su actual proximidad política a los socialistas)? Es para algunos significativo que el periódico que publica la fotografía (en la portada de un suplemento literario) de García Márquez con el ojo morado es <i>La Jornada</i>, un conocido diario de izquierdas mexicano, que tiene entre sus periódicos colaboradores, con su edición digital, la del diario <i>Gara</i> –del que ofrece un <i>link</i>– de la izquierda abertzale vasca, portavoz oficioso de ETA.</p>
<p><b>Hablo telefónicamente con Rodrigo Moya</b> en su domicilio actual de <b>Cuernavaca</b> (la hermosa capital de Morelos, el estado de Emiliano Zapata, la bellísima <i>Ciudad</i> <i>de la Eterna Primavera</i>, <b>donde viví tiempos inolvidables hace hace ya varias glaciaciones</b>), hombre tan encantador, culto y amable como su esposa Susan, que pone a disposición de LEER las dos fotografías famosas (<i>Gabo</i> con su hematoma, con gesto serio, y otra foto en la que aparece sonriendo, reproducidas ambas por LEER), e insiste en su versión escrita: <b>“Creí oportuno en su 80 cumpleaños hacerlas públicas”</b>. Y desmiente todos los rumores: <b>“<i>Gabo </i>me lo ha asegurado varias veces, no hubo nada con Patricia”</b>. Fin de la historia. Al menos por ahora.</p>
<p style="text-align: right;"> <em><strong>JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"><a href="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-182.jpg"><img class="alignleft  wp-image-1087" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-182-224x300.jpg" alt="PORTADA 182" width="134" height="180" /></a>Este artículo se publicó originalmente en el número 182, correspondiente al mes de mayo de 2007, de la Revista LEER.</address>
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