Madrid en la fil: indignados y posmodernos

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Se quiere “lle­var la efer­ves­cen­cia” actual de Madrid –en pala­bras de Luis Cueto, coor­di­na­dor gene­ral de la Alcal­día– a la 31ª edi­ción de la Feria Inter­na­cio­nal del Libro de Gua­da­la­jara (FIL). Si el Madrid de los 80 tras­ladó a la crea­ción artís­tica su sexo sin mie­dos y su reac­ción a la cri­sis, la con­tes­ta­ción a los recor­tes de los últi­mos años se ha visto más en las calles y menos en los gari­tos. “Es un movi­miento –dice Ernesto Cas­tro, mode­ra­dor de la mesa redonda Acción y reac­ción. Madrid al límite (26 de noviem­bre) y par­ti­ci­pante del encuen­tro Cul­tura e indig­na­ción (28 de noviem­bre), ambos en el pabe­llón madri­leño de la FIL– que desde el comienzo estaba ins­pi­rado en la lite­ra­tura, aun­que sea pseu­do­en­sayo, como es el caso de Stép­hane Hes­sel. No ha habido movi­miento social en Europa que haya tenido tanto res­paldo inte­lec­tual de todo tipo como el caso del 15-M, ni la Nuit debout ni lo que suce­dió en la plaza Syntagma”.

Quizá fue esa la pro­testa que rehu­ye­ron los artis­tas de la Movida, defen­dida desde las fotos de Miguel Tri­llo y denos­tada por quie­nes vie­ron en ella un expe­ri­mento de seda­ción pro­mo­vido desde las ins­ti­tu­cio­nes públi­cas. Rebel­día des­ca­fei­nada, enfun­dada en los ropa­jes exce­si­vos de Tino Casal. Ya ha pasado el tiempo nece­sa­rio para des­mi­ti­fi­carlo, como hizo La Fel­guera Edi­cio­nes con La Movida Moder­nosa, y ha dejado de ser peli­grosa su reivin­di­ca­ción, tanto como para que Cris­tina Cifuen­tes quiera resu­ci­tar su espí­ritu en un nuevo cen­tro cul­tu­ral. Sobre si existe un relato cul­tu­ral recu­pe­ra­ble, más allá del petar­deo, Ernesto nos aclara: “La Movida es el ejer­ci­cio pleno de la pos­mo­der­ni­dad como la rup­tura de todo canon y la pro­li­fe­ra­ción de poé­ti­cas indi­vi­dua­les que no son posi­bles de sub­su­mir bajo una misma cate­go­ría. En ese sen­tido habría que cele­brarlo, por­que no fue la cons­truc­ción de un para­digma que todo lo engloba, como la poe­sía de la expe­rien­cia, la Gene­ra­ción del 27 y todo ese tipo de gene­ra­cio­nes que crean como una som­bra con­tra la cual deben luchar los segui­do­res. El rechazo a la Movida es ins­ti­tu­cio­nal, aca­dé­mico y más bien polí­tico que de tipo cul­tu­ral o de índole lite­ra­ria”. Su padre, el crí­tico de arte Fer­nando Cas­tro Fló­rez, comi­sa­rio asi­mismo en esta FIL, ase­gura: “Para gente como yo que por edad vivió la Movida he com­pro­bado que en España nos parece que es una gran cur­si­lada des­ca­li­fi­carla com­ple­ta­mente como una cul­tura ins­ti­tu­cio­na­li­zada o sub­ven­cio­nada polí­ti­ca­mente por el Ayun­ta­miento de Enri­que Tierno Gal­ván y, sin embargo, en el extran­jero se con­si­dera un fenó­meno digno de ana­li­zar. Hay muchí­sima biblio­gra­fía ame­ri­cana sobre la Tran­si­ción, sobre lo que supuso la Movida, sobre qué había de polí­tico y de des­po­li­ti­zado en ella y en qué medida fue una espe­cie de momento pop en que la ciu­dad de Madrid da su ver­sión par­ti­cu­lar del pop. Lo hace con tres déca­das de déca­lage, es decir, el pop ya está más que asu­mido ins­ti­tu­cio­nal­mente en todo el ámbito inter­na­cio­nal, pero la ano­ma­lía del fran­quismo hace que la cul­tura juve­nil y popu­lar lle­gue en los años 80”.

Movida y removida

¿Y cómo se le explica al público mexi­cano lo que sig­ni­ficó la Movida, un movi­miento con­ce­bido para con­tra­de­cir todo lo esta­tuido sobre lo que se podía crear, en todos los ámbi­tos frente a la abu­rri­ción de la can­ción pro­testa? ¿Interesa tanto allí cómo y a quién le saca­ban la len­gua en los esce­na­rios? Pues parece que sí. Más allá de la extra­or­di­na­ria vigen­cia de la música de la Movida en toda Amé­rica Latina o de que en México Pablo Igle­sias fuera en su momento “una rock star y haya fenó­me­nos polí­ti­cos a la manera de Pode­mos”, como afirma el autor de Esté­tica a golpe de like, nos siguen de cerca y con inte­rés. “España y México –nos cuenta Ernesto Cas­tro– se pare­cen mucho más de lo que uno cree a pri­mera vista, sobre todo teniendo en cuenta la her­man­dad que hubo tras la Gue­rra Civil moti­vada por el exi­lio repu­bli­cano, la impor­tan­cia que se con­cede allí a los filó­so­fos exi­lia­dos como José Gaos, María Zam­brano y el aná­li­sis o la lite­ra­tura que se ha gene­rado a par­tir de movi­mien­tos socia­les como perio­dos revolucionarios”.

Pero para sor­presa de quien no conozca los gus­tos mexi­ca­nos, el segui­miento de nues­tros héroes de la Movida no es cosa de nos­tál­gi­cos o estu­dio­sos de la pos­mo­der­nez, pues su espí­ritu sigue vivo en las calles. Ernesto nos con­fiesa que el único hotel en el que ha escu­chado por el hilo musi­cal Maquí­llate de Mecano fue en Gua­na­juato, lo que le hizo pen­sar que la Movida madri­leña está más viva en México que en Madrid: “Del mismo modo que en España hubo un domi­nio cul­tu­ral del fran­quismo durante cua­renta años, ellos tuvie­ron la cul­tura ofi­cial del PRI, y sobre todo en el ámbito de la pin­tura empie­zan a sur­gir per­so­na­jes que tie­nen plan­tea­mien­tos dis­tin­tos. La esté­tica, o por lo menos el uso inter­me­dial de las téc­ni­cas pic­tó­ri­cas, escul­tó­ri­cas, artís­ti­cas, es rela­ti­va­mente simi­lar a lo que podría ser Ouka Lele. Con sus mati­ces se pro­du­je­ron tanto en España como en México fenó­me­nos artís­ti­cos, en reali­dad de segundo nivel o de muy poco valor esté­tico, pero que no obs­tante supu­sie­ron una rup­tura y tuvie­ron una rele­van­cia por lo menos interna impor­tante en la aper­tura de posibilidades”.

Esas otras for­mas de hacer ciu­dad de los rebel­des que copa­ron las salas de ensayo, los bares, en Madrid tenían mucho de lúdico. Ni Fabio ni Pedro ni Kaka de Luxe, o Los Zom­bies con su esté­tica estri­dente y ecléc­tica, juga­ron a otra cosa que no fuera la rup­tura de códi­gos. Una per­mi­si­vi­dad medioam­bien­tal que per­mi­tió la con­vi­ven­cia de Los Nikis y La Polla Records, en las antí­po­das ideo­ló­gi­cas, que hoy enmien­dan los repre­sen­tan­tes de la indig­na­ción, más afi­nes a la decan­ta­ción que al cante, salvo excep­cio­nes como la de Mone­dero y sus fandanguillos.

El anverso de la cul­tura des­preo­cu­pada de los 80 lo tene­mos en los pro­ta­go­nis­tas de las sen­ta­das en las pla­zas públi­cas, de ahí que Fer­nando Cas­tro, res­pon­sa­ble de expo­si­cio­nes como La extraña comu­ni­dad de la columna, haya optado por enfren­tar en la FIL dos tipos de rebel­día, la ama­ble, his­trió­nica, cutre y glam, frente a la “trans­caspa de ten­den­cia vie­juna”: Madrid “tiene esa cosa de ser un espa­cio cul­tu­ral­mente muy con­tra­dic­to­rio. Recor­dar la Movida y los indig­na­dos no es para hacer la cró­nica de dos fra­ca­sos, sino de dos momen­tos de inten­si­dad y tam­bién para enten­der qué está pasando hoy. Lo que me intere­saba de lle­var­los al mismo tiempo es que uno cri­tica al otro, por­que evi­den­te­mente el movi­miento de los indig­na­dos, entre otras cosas, es un cues­tio­na­miento de la cul­tura de la Tran­si­ción. Mi gene­ra­ción es la de los nihi­lis­tas hedo­nis­tas o lúdi­cos o de los nietzs­chea­nos dio­ni­sía­cos, la pri­mera que se con­so­lida des­pués de la Tran­si­ción. Somos con­tem­pla­dos por los indig­na­dos como unos cíni­cos, gente que buscó ins­ta­larse en la ins­ti­tu­ción cul­tu­ral, que aban­donó toda posi­ción crítico-política en bene­fi­cio del mer­cado”. Si su gene­ra­ción, la de los 80, le pare­ció “diver­tida, aun­que cul­tu­ral, sim­bó­li­ca­mente, pic­tó­ri­ca­mente me pare­cía escan­da­lo­sa­mente floja, cuando no deli­be­ra­da­mente cursi o abso­lu­ta­mente kitsch, el movi­miento de los indig­na­dos me sigue pare­ciendo muy reve­la­dor, un fenó­meno que, menos mal, sacó al país de una ato­nía en la que no pasaba nada, que es la forma en la que la polí­tica corrupta puede con­ti­nuar. Los here­de­ros de la Movida son tan funes­tos como los capi­ta­li­za­do­res del 15-M; la lec­tura de que el 15-M es Pode­mos me parece una de las usur­pa­cio­nes más gran­des que ha podido existir”.

De pala­fre­nes y opositores

¿Quié­nes esta­rán al pasar lista, quién falta en la FIL? ¿Son los moto­res eco­nó­mi­cos o la ideo­lo­gía los que han dejado en tie­rra a fir­mas cono­ci­das de la lite­ra­tura? “Sí sé que cons­ti­tuir la dele­ga­ción madri­leña no ha sido fácil. Ha habido muchos que no que­rían ir y la opción que se ha tomado incluye mucha gente joven que no tiene mucho que ver con esas diná­mi­cas un poco extra­ñas. Los big names como Marías y todos estos no han bajado al arroyo; parece ser que para ellos via­jar a la FIL no es impor­tante, que su impor­tan­cia tiene, creo yo”, reco­noce Fer­nando Cas­tro. Le pre­gun­ta­mos abier­ta­mente si en ese no que­rer ir hay algo de no que­rer ir con este (recal­ca­mos) Ayun­ta­miento: “Pues tal vez. En el caso de Marías, a lo mejor tiene que ver con que no hay pala­fre­ne­ros, que no lo lle­van en un palan­quín, que yo creo que si pudiera ir desde aquí hasta allí trans­por­tado en una alfom­bra roja inter­mi­na­ble que sur­cara por encima del Atlán­tico y fuera reci­bido con cla­ri­nes como si fuera el retorno de Rubén Darío, pues segu­ra­mente iría. Hay per­so­na­jes en la lite­ra­tura y en la cul­tura espa­ñola que son de un atra­bi­lia­rio que fli­pas”, dice soca­rrón. Aun­que para Ernesto, autor de Con­tra la pos­mo­der­ni­dad, la deser­ción de seme­jante cita es ante todo la pér­dida de una opor­tu­ni­dad: “Si uno tuviera que medir la impor­tan­cia cul­tu­ral de un país en tér­mi­nos demo­grá­fi­cos, evi­den­te­mente la cabeza cul­tu­ral de la his­pa­ni­dad es México. Gua­da­la­jara es ade­más mucho más que México, con la impor­tan­cia que tiene ser la segunda feria des­pués de Frank­furt. Es una espe­cie de nodo de todo lo que se va a publi­car en Ibe­roa­mé­rica y donde España cum­ple un papel esen­cial, por­que se puede decir que el boom lite­ra­rio de los 60 es una inven­ción de Seix Barral como el siguiente de Bolaño, Villoro y com­pa­ñía es una inven­ción de Anagrama. Hay que recor­dar que esto no es tam­poco otra cosa que una feria y que al fin y al cabo lo que va a hacer cada cual de una manera más o menos velada es inten­tar colo­car su pas­tel. Allí van a con­tar la novela que aca­ban de escri­bir o que están a punto de publi­car. Es un mer­ca­di­llo más que una gran expo­si­ción uni­ver­sal donde Madrid se pre­senta al mundo”.

Y el modo de hacerlo es a tra­vés de su pro­duc­ción lite­ra­ria, pues como afirmó Manuela Car­mena “los libros expli­can por qué la ciu­dad es como es”. Para saber leer las raí­ces de la ges­ta­ción del nuevo Madrid que nació con la Movida, el des­ta­ca­mento cul­tu­ral madri­leño en Gua­da­la­jara se apoya en los que retra­ta­ron esa ciu­dad que quiso, en los años locos, con­quis­tar la luz, para cam­biar el mundo, vol­viendo a León Felipe, que con su Gana­rás la luz enmarca la pre­sen­cia de Madrid como ciu­dad invi­tada en la FIL. Nada más actual que sus ver­sos de Espa­ñol del éxodo y del llanto: “Ya no hay patria. La hemos matado entre todos: / Los de aquí y los de allá”.

ALICIA GONZÁLEZ

Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017.

Inter­ven­ción del colec­tivo madri­leño Boa Mis­tura en la Colo­nia Uni­dad Habi­ta­cio­nal Inde­pen­den­cia de Gua­da­la­jara con motivo de la FIL 2017.

De Pata Negra

Borja Mar­tí­nez

¿Otra vez, toda­vía, la Movida? Quizá tenga sen­tido, teniendo en cuenta la genea­lo­gía mexi­cana del tér­mino que con docu­men­tada intui­ción for­muló el año­rado edi­tor de LEER José Luis Gutié­rrez en un pasaje de su libro Días de Papel: “Parece como si la fija­ción freu­diana de algu­nos diri­gen­tes socia­lis­tas con el fenó­meno del PRI mexi­cano, que Var­gas Llosa defi­niera como la dic­ta­dura per­fecta (…), les lle­vara a adop­tar algu­nas de las expre­sio­nes y señas de iden­ti­dad de los mexi­ca­nos, como la frase céle­bre El que se mueve no sale en la foto, una de las más cono­ci­das de todas las acu­ña­das por el agudo sen­tido del humor de los azte­cas. Por­que la pala­bra movida tam­bién es de pro­ce­den­cia mexi­cana y su pri­mera apa­ri­ción cono­cida en España se pro­duce en sen­dos monó­lo­gos de Mario Moreno, Can­tin­flas, en una de sus pelí­cu­las, El señor fotó­grafo, estre­nada el año 1958, vein­ti­cinco años antes de que la expre­sión eclo­sio­nara en la pri­ma­vera socia­lista madrileña”.

Aquel invento, y este es un punto en el que se ponen de acuerdo los crí­ti­cos de la lla­mada Cul­tura de la Tran­si­ción, fue uno de los pun­ta­les del pro­yecto de domi­na­ción cul­tu­ral con el que el PSOE se pre­sentó a la hora de tomar el poder, tal y como ha dejado dicho, entre otros, Gre­go­rio Morán, que en su libro El cura y los man­da­ri­nes enun­ciaba su par­ti­cu­lar Teo­ría de la ilus­tra­ción: “El PSOE viene a ilus­trar y su polí­tica ilus­trada es abso­lu­ta­mente memo­ra­ble. Por pri­mera vez hay un Gobierno que invierte en com­prar inte­li­gen­cia y com­pra a prác­ti­ca­mente la tota­li­dad de la inte­li­gen­cia española”.

Y en eso abun­daba Pepe Ribas, redi­vivo él y su Ajo­blanco, en con­ver­sa­ción con LEER este verano: “Esa cul­tura domes­ti­cada por el socia­lismo, ins­ti­tu­cio­na­li­zada, sobre todo a par­tir del refe­rén­dum de la OTAN, ha sido capi­ta­neada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha que­rido domi­nar el cine, los libros, la pro­duc­ción de lite­ra­tura y de ensayo, la opi­nión, la radio; ha inten­tado domi­narlo todo”.

Sirva este largo preám­bulo de citas enca­de­na­das  para escla­re­cer el bicho, la leva­dura si se quiere, que con­di­ciona la receta del pro­grama madri­leño en la FIL. Por las razo­nes que sea –esca­sez de recur­sos huma­nos, insu­fi­cien­cia del millón de euros pre­su­pues­tado, pre­mura en los pla­zos– el Ayun­ta­miento del cam­bio no ha podido esca­par de la iner­cia y le ha salido un pro­grama “clá­sico”, en pala­bras de la pro­pia alcal­desa, que lógi­ca­mente no puede ser más explí­cita. A noso­tros se nos ocu­rre otra defi­ni­ción más grá­fica: el resul­tado es un pro­grama pata negra. La nómina Prisa tiene una repre­sen­ta­ción y un peso abru­ma­do­res: esta­rán con papel des­ta­cado el exdi­rec­tor de El País Jesús Cebe­rio, el direc­tor en ejer­ci­cio, Anto­nio Caño, el inevi­ta­ble Juan Cruz, y tam­bién Javier Rodrí­guez Mar­cos y Manuel Rodrí­guez Rivero, por no citar (están más abajo) a los auto­res con mayor o menor vin­cu­la­ción con la casa que tam­bién pisa­rán Gua­da­la­jara, casi todos con méri­tos lite­ra­rios sufi­cien­tes, todo sea dicho. Pero el pre­do­mi­nio es alta­mente sos­pe­choso, y tiene momen­tos este­la­res como el mano a mano Luis Gar­cía Mon­tero-Almu­dena Gran­des, bajo el título Poe­sía y prosa, amor y matri­mo­nio, que haría las deli­cias del comando irre­dento de La Fiera Lite­ra­ria. Tam­poco es casual que el arqui­tecto del pabe­llón madri­leño, el por otro lado nota­ble Alberto Campo Baeza, sea el mismo que pro­yectó la casa madri­leña del comi­sa­rio gene­ral de Madrid en la Feria, Paco de Blas, que ya como res­pon­sa­ble de Cul­tura del Cer­van­tes de Chicago le orga­nizó allá por 2003 una expo­si­ción antológica.

Sirva todo esto para ilus­trar algo que nos viene preo­cu­pando en LEER, y que no es otra cosa que la con­tu­ma­cia de ese modelo cul­tu­ral que ni siquiera las fuer­zas del cam­bio del Ayun­ta­miento de Madrid, ni las más radi­ca­les ni las bie­nin­ten­cio­na­das, han sido capa­ces de desactivar.

El resul­tado es un pro­grama que a costa de lle­var a Gua­da­la­jara a algu­nos de los de siem­pre –ni siquiera a todos, y muchos de los mejo­res se han que­dado fuera– ha des­apro­ve­chado, a nues­tro jui­cio, la opor­tu­ni­dad de pro­fun­di­zar, no solo en la rica his­to­ria lite­ra­ria de Madrid y en sus señas de iden­ti­dad cul­tu­ra­les, sino en los víncu­los con México, que encuen­tran par­ti­cu­lar­mente en el exi­lio repu­bli­cano un lazo de oro. Por la infi­ni­dad de escri­to­res extra­or­di­na­rios como León Felipe (que ins­pira el lema de Madrid en la Feria, Gana­rás la luz, y poco más), Max Aub o la Zam­brano, por citar algu­nos, que enri­que­cie­ron desde el país her­mano la cul­tura ibe­roa­me­ri­cana del siglo XX, pero tam­bién gra­cias a figu­ras como Rafael Gimé­nez Siles, el mala­gueño fun­da­dor de la Feria del Libro de Madrid que a par­tir del 39 fun­da­ría en su nueva patria un ver­da­dero impe­rio edi­to­rial y librero, así como la Feria del Libro de México.

Ape­nas un encuen­tro de cin­cuenta minu­tos –la dura­ción están­dar de todos ellos– orga­ni­zado (30 de noviem­bre) por la Cáte­dra Var­gas Llosa de Armas Mar­celo, con clá­si­cos como Pepe Este­ban y Abe­lardo Lina­res, o la sesión sobre la Resi­den­cia de Estu­dian­tes (26 de noviem­bre) abor­da­rán directa o indi­rec­ta­mente la cues­tión. Un comité cien­tí­fico hubiera per­mi­tido que esa y otras posi­bi­li­da­des aflo­ra­ran. Se me ocu­rre, por ejem­plo, lo que un Gon­zalo San­tonja hubiera podido apor­tar. San­tonja pre­ci­sa­mente formó parte del con­tin­gente que en el año 2000, cuando España fue el país invi­tado de la FIL, viajó a Gua­da­la­jara. La nómina es más corta –la exi­gen­cia del pro­grama ha cre­cido desde enton­ces tanto como la impor­tan­cia de la Feria– pero aun así se nos antoja más com­pleta y equi­li­brada que la que final­mente lle­vará Madrid. Por citar solo a algu­nos: Car­los Gar­cía Gual, José Enri­que Ruiz-Domènech, José María Merino, Juan Manuel de Prada, Enri­que Vila-Matas, Felipe Bení­tez Reyes, Fran­cisco Bri­nes, Paloma Díaz-Mas, Anto­nio Gómez Rufo, María Luisa Bal­seiro, Eus­ta­quio Bar­jau, José Luis Pardo, Fer­mín Cabal, Pedro Villora o Juan Mayorga, ade­más de los ya falle­ci­dos Clau­dio Gui­llén, Car­los Casa­res, Manuel Váz­quez Mon­tal­bán, Euge­nio Trías, Ángel Gon­zá­lez y José Hie­rro. De aque­lla expe­di­ción solo repite Gar­cía Montero.

Mar­wan repre­sen­tando esos nue­vos cami­nos de la poe­sía que tanto espa­cio están dejando últi­ma­mente al gato por lie­bre o la pre­sen­cia del super­ven­tas Blue Jeans con el encuen­tro Los lec­to­res del futuro ya están aquí –la for­mu­la­ción omi­nosa del título a lo Pol­ter­geist quizá no sea inocente– son otros dos ejem­plos de que había mar­gen para hacer las cosas mejor.

Aún así, el pro­grama cuenta con citas intere­san­tes. Están los dos encuen­tros (26 de noviem­bre y 1 de diciem­bre) con escri­to­res mexi­ca­nos e ibe­roa­me­ri­ca­nos –Jorge F. Her­nán­dez, Juan Car­los Chi­ri­nos, María Luisa Cape­lla, Emi­li­ano Monge y Anto­nio Ortuño– que han cono­cido o resi­dido en Madrid, o las mesas con­se­cu­ti­vas de Reali­dad y relato, mode­ra­das por Adolfo Gar­cía Ortega (30 de noviem­bre) con Andrés Ibá­ñez y Luis Magrinyá y Car­los Pardo y Ray Loriga, res­pec­ti­va­mente. Tam­bién las citas mono­grá­fi­cas pro­ta­go­ni­za­das por Rosa Mon­tero (29 de noviem­bre) Olvido Gar­cía Val­dés y Lorenzo Silva, este último en con­ver­sa­ción con Marta Sanz (30 de noviem­bre), o el mano a mano de Elena Ponia­towska y Sole­dad Puér­to­las sobre la mujer en la novela actual (29 de noviem­bre). O la mesa de tra­duc­ción, den­tro de la sec­ción de encuen­tros pro­fe­sio­na­les, con Miguel Sáenz, Pilar Adón y Car­los For­tea (27 de noviem­bre). Mar­cos Giralt, Vicente Molina Foix, Luisgé Mar­tín, Andrés Barba, Mer­ce­des Cebrián, Ser­gio del Molino, José Car­los Mai­ner o Anto­nio Ore­judo son los auto­res que com­ple­tan la nómina de relevantes.

En un pro­grama lite­ra­rio débil gana peso el ciclo de Fer­nando Cas­tro Fló­rez Algo más que pala­bras, que “refleja las posi­cio­nes crítico-artísticas de los crea­do­res más radi­ca­les y lúci­dos del pano­rama madri­leño”, y ver­da­de­ra­mente reúne bue­nos nom­bres en una pro­puesta más pro­pia de una bie­nal artís­tica: José Mal­do­nado, el colec­tivo Demo­cra­cia, Car­los Aires, Los Torrez­nos, la reciente pre­mio Veláz­quez Con­cha Jerez, Cabe­llo y Car­ce­ler o Car­los Garai­coa. Tam­bién pro­me­ten las tres char­las del ciclo Pen­sando la ciu­dad orga­ni­zado por Mar­cos Gar­cía de Media­Lab Prado y Anto­nio Lafuente del CSIC. O la pro­gra­ma­ción de cine, divi­dida en sesio­nes his­tó­ri­cas y con­tem­po­rá­neas. En el que de nuevo se echa de menos una pro­fun­di­za­ción en los víncu­los de ambas cine­ma­to­gra­fías. Buñuel aparte, no hubiera estado mal ver algo de su estre­cho cola­bo­ra­dor Luis Alco­riza. El direc­tor de la hila­rante Mecá­nica nacio­nal vol­vió a España en los 80 para hacer una inquie­tante pelí­cula, Tac Tac (1982), que esta­mos con­ven­ci­dos que Almo­dó­var vio antes de escri­bir La piel que habito. Otra vez la Movida, nomás. Se cerra­ría el círculo.

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Una ver­sión de estos artícu­los apa­rece en el número de noviem­bre de 2017, 287, de la edi­ción impresa de la Revista LEER.

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