Riechmann y la obra bien hecha

Es vox populi el argu­mento de la archi­pre­miada serie Brea­king Bad: un pro­fe­sor de ins­ti­tuto que imparte quí­mica es diag­nos­ti­cado de cán­cer. Al no poder cos­tearse el tra­ta­miento, decide mon­tar junto a un ex alumno un labo­ra­to­rio de metan­fe­ta­mina para sufra­gar los cos­tes médi­cos de su bata­lla con­tra la enfer­me­dad. En Kaf­kiano, uno de los capí­tu­los de la popu­lar serie, el tera­peuta encar­gado de la clí­nica de des­in­to­xi­ca­ción en la que ingresa el joven ayu­dante de Wal­ter White, Jesse Pink­man, le pre­gunta a este que a qué le gus­ta­ría dedi­carse de no tener que preo­cu­parse por el dinero. Tras titu­bear, Jesse le res­ponde que “haría algo con las manos”, y reme­mora un taller de car­pin­te­ría al que acu­dió en el ins­ti­tuto. Pink­man tenía que hacer una caja de madera, tarea que llevó a cabo rápido y mal “para salir del paso” y poder así sal­tarse el taller. El maes­tro le miró y le dijo: “¿Eso es lo mejor que saber hacer?”. Herido en su orgu­llo, Jesse se puso se puso a hacer cajas, una tras otra, hasta que logró hacer una caja dis­tinta. “Era de nogal peruano con incrus­ta­cio­nes a mano. Era arte­sa­nal, sin cla­vos. La lijé a tope hasta que quedó como un espejo. Luego unté toda la madera con aceite de linaza para oscu­re­cerla. Hasta olía bien. Podías res­pi­rar… Era perfecta».

En el último libro de Jorge Rie­ch­mann ¡Peli­gro! Hom­bres tra­ba­jando (Los libros de la Cata­rata, 2013), para refe­rirse a este esfuerzo de Jesse por hacer las cosas bien, el pro­fe­sor de Filo­so­fía Moral de la Uni­ver­si­dad Autó­noma de Madrid trae a cola­ción la pala­bra por­tu­guesa jeito: “Una pala­bra impres­cin­di­ble que el nove­lista Luis Lan­dero (oriundo, por cierto, de Albur­quer­que, la pacense, no la Albu­quer­que de Nuevo México donde está ambien­tada la serie) ha reivin­di­cado en repe­ti­das oca­sio­nes: hacer las cosas bien por el gusto de hacer­las bien; esfuerzo por cum­plir nues­tras obli­ga­cio­nes; esfuerzo por auto­cons­truir­nos como socie­da­des decen­tes y como per­so­nas que val­gan la pena; esfuerzo, pre­ci­sa­mente, por mini­mi­zar el dolor y el daño que son evitables”.

¡Peligro! Hombres trabajando (Catarata)

Con el sub­tí­tulo de “El tra­bajo en la era de la cri­sis ecológico-social” esta anto­lo­gía de tex­tos de varios auto­res, pre­ce­dida por una intro­duc­ción del filó­sofo, poeta y ensa­yista, exa­mina el con­cepto de tra­bajo en toda su dimen­sión, no sólo como tra­bajo asa­la­riado, sino como la acti­vi­dad repro­duc­tiva y pro­duc­tiva que cons­ti­tuye una de las for­mas fun­da­men­ta­les de vínculo social y la media­ción esen­cial entre el mundo que cons­truye los seres huma­nos y la natu­ra­leza. En el con­texto de la cri­sis socio­eco­ló­gica glo­bal, los tex­tos selec­cio­na­dos tra­tan de dar res­puesta a las dis­yun­ti­vas que plan­tea el pro­ceso de des­com­po­si­ción del capi­ta­lismo: ¿Debe­mos res­trin­gir el con­cepto de manera que sólo incluya las acti­vi­da­des rea­li­za­das con una con­tra­pres­ta­ción mone­ta­ria? ¿Debe­ría­mos abo­lirlo, en tal pers­pec­tiva? ¿Lo asu­mi­mos y sufri­mos como un yugo o un cas­tigo bíblico, como alie­na­ción y opre­sión, o bien pode­mos pen­sarlo –en una socie­dad pos­ca­pi­ta­lista– como un lugar de auto­rrea­li­za­ción? Tex­tos pro­ce­den­tes de clá­si­cos del pen­sa­miento crí­tico como Karl Marx, André Gorz, William Morris o Wal­ter Ben­ja­min que que­dan mati­za­dos o supe­ra­dos a la luz de la cri­sis civi­li­za­to­ria actual por los de con­tem­po­rá­neos como Fer­nán­dez Buey, Manuel Sacris­tán, Mary Mellor,  Susan George o Paul Lafar­gue. Todo un think tank puesto manos a la obra con­tra la subor­di­na­ción del tra­bajo, la des­truc­ción de la natu­ra­leza, la suje­ción de las muje­res y la mer­can­ti­li­za­ción de la exis­ten­cia. En esta opor­tuna publi­ca­ción, Rie­ch­mann vuelve a aler­tar­nos de que el tiempo se nos acaba, el espa­cio se estre­cha y las opcio­nes se sim­pli­fi­can. Nos toca deci­dir: o un mundo de igua­les, o un mundo de explo­ta­do­res y explo­ta­dos. Tra­bajo como acti­vi­dad “crea­tiva, gene­ra­dora de coope­ra­ción y vínculo social”, o tra­bajo “impuesto, subal­terno, ahor­mado por el domi­nio del capi­tal”. O el labo­ra­to­rio de metan­fe­ta­mina o la caja de madera. O Wal­ter White o Jesse Pinkman.

ALBERTO SÁNCHEZ MEDINA (@Albertorum_)

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