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Arcadi Espada: «El nacionalismo es una idea maligna que no debe triunfar»

La reedición, veinte años después, de uno de sus libros más importantes, ‘Contra Catalunya’, precoz radiografía de una sombría realidad política que algunos solo han querido advertir cuando ya parece demasiado tarde, fue un buen pretexto para hablar de Cataluña y de España, del franquismo y del nacionalismo y de la verdad con Espada, figura solitaria, intelectual del periodismo contra una profesión entregada por lo general a la propaganda. Una entrevista de JULIO VALDEÓN

Arcadi EspadaMarta Pérez / EFE

Arre­ciaba la revo­lu­ció dels som­riu­res. El pre­si­dente de la Gene­ra­li­tat, Joa­quim Torra, soñaba her­mo­sas manio­bras nor­co­rea­nas. Pros­pe­raba la lla­mada gue­rra de los lazos entre quie­nes aspi­ran a aco­tar para sí mis­mos el espa­cio público y quie­nes, en aten­ción a la juris­pru­den­cia del Tri­bu­nal Supe­rior de Jus­ti­cia de Cata­luña y el Tri­bu­nal Supremo, recla­ma­ban que fuera polí­ti­ca­mente neu­tral. En sep­tiem­bre, ade­más, llegó la reedi­ción, post­fa­cio incluido, de Con­tra Cata­lunya. La cró­nica más impor­tante publi­cada en España en estos últi­mos veinte años. El informe forense de un tiempo y un país que sigue ganando bata­llas dos déca­das más tarde. Mien­tras, avanza la gan­grena xenó­foba y parece que esta­mos cerca de cons­ti­tuir la ingrata excep­ción que con­fir­ma­ría las tesis de Ste­ven Pin­ker. Ese raro país de Occi­dente donde el ona­nismo cle­ri­cal y la reac­ción con ropa­jes cool triun­fa­ron sobre los idea­les ilustrados. 

Con­tra Cata­lunya nació cuando Arcadi Espada (Bar­ce­lona, 1957) tenía 40 años, publi­caba colum­nas y entre­vis­tas en El País y estaba cerca de inau­gu­rar un blog tre­men­da­mente influ­yente. No mucho des­pués, y en com­pa­ñía de otros libres e igua­les, alen­taba la crea­ción de un par­tido polí­tico en Cata­luña. Enfren­tado al relato uná­nime y ultra­mon­tano de los par­ti­da­rios de crear nacio­nes basa­das en lo iden­ti­ta­rio, boi­nas y lágri­mas. Pero todo tiene un pre­cio. Se paga por escri­bir a la con­tra. Por no aca­tar los dic­te­rios tri­ba­les. Por dis­cu­tir las cali­da­des epis­té­mi­cas del cuento reac­cio­na­rio. En el caso de Arcadi Espada, y de otros inte­lec­tua­les igual­mente admi­ra­bles, como Fer­nando Sava­ter, el atroz pim pam pum cre­ció en los últi­mos años. No diga­mos ya tras la publi­ca­ción de Un buen tío, el libro que Espada dedicó al asom­broso caso de Fran­cisco Camps y El País, toda­vía reciente cuando hici­mos esta entrevista.

¿No cansa un poco? Me refiero a encon­trarse per­ma­nen­te­mente seña­lado.
Estoy acos­tum­brado. No me impre­siona. Un escri­tor no puede pen­sar en quién lo lee o cómo enca­jará su discurso.

Yo vivo Esta­dos Uni­dos, y fue lle­gar a España el pasado verano y des­cu­brir que Franco está en la tele a todas horas. ¿Cómo es posi­ble que cua­renta años des­pués de su muerte Franco sea toda­vía uno de los prin­ci­pa­les temas de con­ver­sa­ción perio­dís­tica de este país.
¿Perio­dís­tica? Bueno, más bien tele­vi­siva, ¿no? En cual­quier caso hay una cir­cuns­tan­cia obje­tiva, muy impor­tante, que a veces olvi­da­mos. En este país hubo una Gue­rra Civil. Juan Anto­nio Sama­ranch, con el que acabé teniendo una rela­ción muy estre­cha des­pués de haber sido su bió­grafo, me decía un día, poco antes de morir, «Mire Espada, real­mente las gue­rras civi­les no se olvi­dan nunca. Los ale­ma­nes y los fran­ce­ses, bueno, es ver­dad, se inva­die­ron, etc., pero esas heri­das curan muy rápido. Las heri­das de una gue­rra civil curan mucho más tarde, si es que curan». Eso tiene una expli­ca­ción lógica y natu­ral, por­que esas heri­das se pro­du­cen en el seno de una comu­ni­dad, los veci­nos se matan, pero es que luego tie­nen que seguir viviendo jun­tos. Qué es lo que está pasando con la mini gue­rra civil en el País Vasco. Bueno, en reali­dad no fue una gue­rra civil. Allí solo mató un bando. Pero claro, los ase­si­nos viven al lado de las víc­ti­mas. Ese es el pri­mer suelo que la gente olvida. Nos deja­mos lle­var por la pasión polí­tica de un lado o de otro y no aten­de­mos al hecho obje­tivo fun­da­men­tal, la Gue­rra Civil.

Y su larga som­bra…
Habla­mos de una gue­rra que duró muchos años. No se saldó en 1939 con un pacto entre ven­ce­do­res y ven­ci­dos, o no solo. Des­pués hubo cua­renta años de dic­ta­dura. Son muchos años. Hay impli­ca­das tres gene­ra­cio­nes, por seguir la cro­no­lo­gía de Ortega. Tam­bién sucede que la Gue­rra Civil es la prin­ci­pal indus­tria cul­tu­ral de España. Incluso en el extran­jero, donde la com­pran mara­vi­llo­sa­mente. La com­pran como con­su­men los mitos del torero o fes­te­jan el fla­menco. Al fin, ya sabe, los espa­ño­les, esa gente san­guí­nea y colé­rica que se mata cada cin­cuenta años. Por lo demás a la izquierda le resulta bene­fi­ciosa la uti­li­za­ción de la figura de Franco. Le per­mite tra­zar un perí­me­tro moral donde sen­tirse supe­rior. Es supe­rior por­que fue ven­cida. Ade­más, con­si­dera que la Gue­rra Civil toda­vía la puede ganar. Todo lo que hace la izquierda espa­ñola en este asunto, una izquierda que per­dió la Gue­rra Civil y per­dió la dic­ta­dura, es tra­tar de reme­diar estos dos hechos, irre­me­dia­bles, y como sigue inten­tado de forma obs­ti­nada cam­biar el pasado, ganar la gue­rra, derro­tar a Franco, pues la gue­rra reapa­rece de forma cíclica. Sea a manos del juez Gar­zón, de Zapa­tero o de este pre­si­dente por accidente.

«El nacio­na­lismo espa­ñol no existe a día de hoy, pero eso no quiere decir que no exis­tiera ayer, o que parte de nues­tros pro­ble­mas no ven­gan de ahí»

Aque­llo que con­taba César Alonso de los Ríos en el pró­logo de uno de sus libros, cuando un crí­tico lite­ra­rio vin­cu­lado al régi­men se extraña por­que Max Aub, que aca­baba de vol­ver del exi­lio, se mos­trase tan emo­cio­nado de estar de vuelta. Su inca­pa­ci­dad para enten­der que el escri­tor había per­dido la gue­rra, pero no había per­dido a España.
Existe otra expli­ca­ción deri­vada de la Gue­rra Civil, y que tiene que ver con el dis­curso más letal de los ven­ce­do­res. El de la Anti-España. Que per­mite colo­car a una serie de espa­ño­les, cen­te­na­res de miles, fuera del con­torno de lo acep­ta­ble, de lo que en su opi­nión te per­mi­tía ser espa­ñol. El con­cepto de Anti-España lo inven­tan los fran­quis­tas. Curio­sa­mente  no lo apli­can solo con­tra los nacio­na­lis­tas cata­la­nes, vas­cos, etc. No, lo apli­can, sobre todo, a los rojos. Con­tra los rojos. La Anti-España del fran­quismo, y hablo espe­cial­mente de la repre­sión del pri­mer fran­quismo, marca a unos ciu­da­da­nos por tener una ideo­lo­gía deter­mi­nada. A con­ti­nua­ción los expulsa del perí­me­tro polí­tico y moral del país.

Una vez expul­sado ya resulta mucho más fácil la eli­mi­na­ción física.
Yo suelo ser bas­tante inco­rrecto con estos temas, pero hay que tener cui­dado con la inco­rrec­ción. Sobre todo si implica olvi­dar y/o con­do­nar hechos que están en el sus­trato de estas cosas. La Anti-España, que insisto en que es un con­cepto que se disuelve a medida que el fran­quismo se con­vierte en una suerte de régi­men pater­na­lista, cruel hasta el final, ojo, pero pater­na­lista, la Anti-España señaló a mucha gente, expul­sán­dola. Con­viene fijarse en hasta qué punto hay para­le­lis­mos entre la idea de la Anti-España, furi­bun­da­mente nacio­na­lista, y el con­cepto nacio­na­lista del auto­odio. Ese con el que muchos diri­gen­tes y res­pon­sa­bles de la cul­tura nacio­na­lista en Cata­luña nos lla­man a nosotros.

Con­tra Cata­lunya.
Cuando yo escribo Con­tra Cata­lunya lo hago para denun­ciar eso. Yo no trato de la dis­cre­pan­cia entre comu­ni­da­des o ciu­da­da­nos. No, habló de la expul­sión. Eso es lo que importa. La clave. Cuando los ale­ma­nes le dicen a los judíos, usted no es ale­mán. Cuando los fran­quis­tas le dicen a los repu­bli­ca­nos, usted no puede ser espa­ñol. O cuando los nacio­na­lis­tas le dicen a los crí­ti­cos, a sus crí­ti­cos, usted, Espada, usted no puede ser catalán.

¿Cree que en España se per­cibe con cla­ri­dad ese meca­nismo, de ori­gen fas­cista?
Yo no diría de ori­gen fas­cista. Diría, más bien, por pre­ci­sar, nacio­na­lista. Lo pri­mero que hace el nacio­na­lista es decir, mire, en este marco uste­des son, y fuera no. Fuera del marco no son.

Final­mente el nacio­na­lismo deriva hacia el fas­cismo cuando exa­cerba los meca­nis­mos de exclu­sión, y claro, los fran­quis­tas se lla­ma­ban a sí mis­mos los ‘nacio­na­les’…
Evi­den­te­mente, por­que para con­so­li­dar su legi­ti­mi­dad nece­si­ta­ban que la Repú­blica no fuera algo nacio­nal. La Repú­blica sería enton­ces un injerto. Toda la retó­rica del extran­jero, Rusia es cul­pa­ble, etc., camina siem­pre en la direc­ción de seña­lar como ajena cual­quier posi­ción que no sea favo­ra­ble al nacio­na­lismo, en ese caso fran­quista. Tam­poco estoy inven­tando nada. Resulta bas­tante obvio. Aun­que supongo que debe­mos recor­darlo. El nacio­na­lismo espa­ñol hoy no existe. El nacio­na­lismo espa­ñol es la Cons­ti­tu­ción del 78. O sea, el país más com­pren­sivo con sus pro­pios con­flic­tos inter­nos que hay en el mundo. Pero que no exista el nacio­na­lismo espa­ñol a día de hoy no quiere decir que no exis­tiera ayer, o que parte de nues­tros pro­ble­mas no ven­gan de ahí.

La izquierda espa­ñola, buena parte de la izquierda, tam­poco entiende que con­tra­po­ner un dis­curso ilus­trado al relato nacio­na­lista no hace de ti un nacio­na­lista de signo con­tra­rio. Para ellos, serás nacio­na­lista o no serás. ¿Esto no es una per­ver­sión?
La per­ver­sión fun­da­men­tal. El nacio­na­lismo no vive sin el otro. Para sobre­vi­vir nece­sita la fala­cia del hom­bre de paja. Cons­truir un enemigo ima­gi­na­rio y aco­sarlo. Un enemigo que no se corres­ponde en abso­luto con la realidad.

Todos nacio­na­lis­tas, y al mismo tiempo dos equi­pos, noso­tros, los bue­nos, los pata negra, y ellos, los impos­to­res, los de fuera, los que se odian, los impu­ros…
Por eso la única posi­ción res­pe­ta­ble ante el tri­ba­lismo es la posi­ción ilus­trada, racio­nal, y es desde ahí que nos enfren­ta­mos al fran­quismo en su día la gente de mi gene­ra­ción. Bueno, en fin, ¡de una manera ya muy cre­pus­cu­lar! ¡Cuando el fran­quismo ya no era nada o al menos tenía muy poco que ver con el fran­quismo de la pos­gue­rra! Pero habla­mos de la misma posi­ción desde la que algu­nas per­so­nas nos hemos enfren­tado a los cata­la­nis­tas. Con­tra quie­nes nie­gan la posi­bi­li­dad de que haya algo más que una manera de ser en la vida. Con­tra quie­nes están con­ven­ci­dos que en esta vida hay que mili­tar en la tribu.

«A la izquierda le resulta bene­fi­ciosa la uti­li­za­ción de la figura de Franco. Le per­mite tra­zar un espa­cio moral donde sen­tirse supe­rior. Es supe­rior por­que fue vencida»

Ayer mismo, en un acto, escu­chaba a la vice­pre­si­denta del Gobierno hablar de liber­tad y jus­ti­cia. Pero hablaba en abs­tracto. No parece cons­ciente del calado de la ope­ra­ción polí­tica que está teniendo lugar en Cata­luña. ¿Cómo pue­den emo­cio­narse con la liber­tad, la igual­dad, la jus­ti­cia, e igno­rar el atro­pe­llo con­tra la liber­tad y la igual­dad que supone la exclu­sión de la mitad de la pobla­ción de Cata­luña y el que unos pocos rom­pan el pacto de todos?
Yo toda pala­bra que salga de la boca de la vice­pre­si­dente del Gobierno, sin ánimo de ofen­der más allá de lo nece­sa­rio, no puedo comen­tarla. La vice­pre­si­denta es una per­sona cuya capa­ci­dad cog­ni­tiva es muy limi­tada y refe­rirse a lo que ella diga… Ahora, puedo hablar en gene­ral. Y no la izquierda, tam­bién la dere­cha ha sido incons­ciente res­pecto a la gra­ve­dad del asunto. Ni la izquierda ni la dere­cha han defen­dido su país. Cuando digo su país hablo de su país moral. Por­que a mí, a dife­ren­cia de lo que dijo el pre­si­dente Rajoy en su dis­curso de des­pe­dida del PP, lo que me importa es la sobe­ra­nía vin­cu­lada a la Cons­ti­tu­ción. Pero no una sobe­ra­nía pre­via. Me importa y defiendo la sobe­ra­nía que nace con la Cons­ti­tu­ción y se arti­cula en la Cons­ti­tu­ción. Lo con­tra­rio, acep­tar que existe una sobe­ra­nía ante­rior, una España mítica, equi­vale a acep­tar que tam­bién exis­ten los dere­chos his­tó­ri­cos de los espa­ño­les, que es lo mismo, exac­ta­mente lo mismo, que acep­tar que hay dere­chos his­tó­ri­cos de los cata­la­nes, de los vas­cos, etc.

Pues hay quie­nes para dis­cu­tir a los nacio­na­lis­tas agi­tan la ban­dera de la sobe­ra­nía pre­via.
Una de las carac­te­rís­ti­cas esen­cia­les de la reac­ción al nacio­na­lismo es la con­fu­sión. Con­fu­sión polí­tica, inte­lec­tual y moral. El nacio­na­lismo tiene mucho de pulpo echando tinta. Está espe­cia­li­zado en con­fun­dir las pala­bras, oscu­re­cer los sig­ni­fi­ca­dos y dis­fra­zar las estra­te­gias. En ese sen­tido el nacio­na­lismo cata­lán y vasco ha sido muy hábil. Ha con­tado con la indi­fe­ren­cia, la indi­gen­cia inte­lec­tual y los com­ple­jos de la izquierda y la dere­cha, de los dos. Esto des­taca cuando inda­gas en los com­por­ta­mien­tos de cada pre­si­dente de Gobierno ante el desafío.

Hablando de eso, cuando Rajoy hace lo que hace, y se va al res­tau­rante, y no dimite, parece que está pen­sando como un hom­bre de par­tido y no de Estado, y que ante­pone la recu­pe­ra­ción elec­to­ral del PP a la hipó­te­sis de dar alas a Ciu­da­da­nos, por más que favo­re­ciera a los gol­pis­tas.
¿Qué ten­dría que haber hecho Rajoy?

Dimi­tir.
La con­vo­ca­to­ria elec­to­ral, una vez que había sido pre­sen­tada la moción de cen­sura, ya no era posi­ble, con lo que el resul­tado hubiera sido el mismo. Y estaba garan­ti­zado que se pon­drían de acuerdo, habría dado igual, pues el único sen­tido de esa moción era la ero­sión del Estado. Para los nacio­na­lis­tas supuso la opor­tu­ni­dad de tener a un pre­si­dente cogido por la entre­pierna. La cosa más terri­ble que les pudo pasar a los nacio­na­lis­tas cata­la­nes fue el 155. Com­pro­bar que por pri­mera vez los dos gran­des par­ti­dos nacio­na­les se ponían de acuerdo para des­ti­tuir al gobierno de Cata­luña. Por eso per­die­ron el pulso. Por eso, de forma análoga, lo más terri­ble que le podía suce­der a los espa­ño­les es que esa unión se per­diera, cosa que ocu­rre gra­cias a la ambi­ción y la falta de escrú­pu­los de este pequeño hom­bre que ahora tene­mos como presidente.

Pro­voca cierto can­san­cio, por decirlo fina­mente, la com­pren­sión que sus­ci­tan las ideas nacio­na­lis­tas…
A veces me pre­gun­tan, pero vamos a ver, cuál es el fondo de tu opo­si­ción a todo esto. Yo mismo lo pienso. La con­clu­sión es que el nacio­na­lismo es una idea maligna que no debe triun­far. Es decir, no hay una cues­tión más pro­funda o impor­tante que esta. El nacio­na­lismo no pude ganar. Los nacio­na­lis­tas no pue­den ganar. Por­que si ganan sig­ni­fica que gana el mal. Que gana aque­llo que dis­grega. Aque­llo que miente. Aque­llo que ha lle­vado a la ruina sis­te­má­tica a las socie­da­des huma­nas durante muchos mile­nios. No habla­mos solo de Europa. El nacio­na­lismo es el res­pon­sa­ble máximo, junto con la reli­gión, que es su com­ple­mento, de la ruina humana. El prin­ci­pal esco­llo para que los hom­bres avan­cen es el tri­ba­lismo. De ahí, por ejem­plo, mi opo­si­ción a la estu­pi­dez esta de que las len­guas sean patri­mo­nio de la huma­ni­dad y cho­rra­das así. Las len­guas son esen­cia­les a la hora de limi­tar la par­ti­ci­pa­ción humana en los asun­tos globales.

Sin embargo cuando uno dis­cute esto, y cues­tiona la cali­dad de cier­tas tesis, se te echan encima con una fero­ci­dad… Igual, por ejem­plo, que si plan­teas alguna obje­ción a la ver­sión del femi­nismo que parece impo­nerse.
Ya, pero eso, aun­que sea muy vis­toso, tiene poco mis­te­rio. Los insul­tos… Estoy muy acos­tum­brado a reci­bir los insul­tos de los comu­ni­ta­ris­tas. Quizá por­que no hay nin­guna dife­ren­cia entre el iden­ti­ta­rismo femi­nista y el nacio­na­lista. Y res­pecto al tri­ba­lismo hay una cues­tión que debe­mos tener muy en cuenta. El tri­ba­lismo es muchas cosas. Pero hay una de la que se habla poco, y me encanta haberla visto, sober­bia­mente des­crita, en el último libro de Ste­ven Pin­ker, que estoy leyendo ahora. Cuando explica que el inden­ti­ta­rismo, la polí­tica de la iden­ti­dad, no es sola­mente el ele­mento polí­tico que ha lle­vado a la izquierda a su ruina inte­lec­tual, tam­poco que en el caso de la dere­cha haya pro­vo­cado tra­ge­dias espan­to­sas, sino que ade­más es un freno inte­lec­tual, un freno de tipo cog­ni­tivo. La per­sona que piensa en tér­mi­nos iden­ti­ta­rios es alguien que no com­prende bien el mundo, que no advierte, o sí pero con mucha mayor difi­cul­tad, los ses­gos de su punto de vista. Esto es cru­cial, por­que el prin­ci­pal pro­blema que tene­mos las per­so­nas para enten­der el mundo son nues­tros ses­gos. Esta­mos obli­ga­dos a ven­cer­los. Las per­so­nas inmer­sas en un marco abso­lu­ta­mente rígido de creen­cias, e indis­cu­ti­ble, y que fuera del marco no se avie­nen a la dis­cu­sión, sino que expul­san del marco a quien no piense como ellas, esas per­so­nas, aparte de la inmo­ra­li­dad de su razo­na­miento, sufren un impe­di­mento téc­nico para com­pren­der el mundo. Son víc­ti­mas de la seduc­ción tri­bal, o tri­ba­lesca, y tie­nen mucho más crudo cum­plir con aquel mara­vi­lloso con­sejo de Fran­cis Bacon a sus dis­cí­pu­los, con­tem­plad el mundo…

Eso sí, arrui­na­rán el femi­nismo.
Por for­tuna el número de muje­res inte­li­gen­tes, valien­tes y cul­tas es muy alto, y por supuesto tam­bién esa lucha la ganaremos.

«La per­sona que piensa en tér­mi­nos iden­ti­ta­rios es alguien que no com­prende bien el mundo, que no advierte, o lo hace con difi­cul­tad, los ses­gos de su punto de vista»

No hemos hablado de su penúl­timo libro, ‘Un buen tío’. Recuerdo esa frase de Step­hen Frears que siem­pre cita, ‘El perio­dismo se ocupa de la gente en un momento muy corto de sus vidas’. Me sor­prende que ‘El País’, objeto de su estu­dio en un momento muy deter­mi­nado de su his­to­ria, no haya reac­cio­nado.
¿Y por qué le sor­prende? Pero si esa es la con­fir­ma­ción exacta, casi cien­tí­fica, de que tengo razón. La mise­ria deon­to­ló­gica que supone que El País ni siquiera haya nom­brado mi libro, lo único que hace es con­fir­mar la pre­ci­sión, la bon­dad y la jus­ti­cia del libro.

Quizá calla por­que lo que cuenta resulta espe­luz­nante. 169 por­ta­das para cua­tro tra­jes que encima este hom­bre se paga de su bol­si­llo.
Lo es, espe­luz­nante. De ahí que cuando en la tele o en las radios me piden que des­criba en tres minu­tos el libro tengo ya una cosa pre­pa­rada, mire, este libro trata del caso de un hom­bre que pro­ta­go­nizó 169 por­ta­das del mejor dia­rio espa­ñol, el perió­dico de refe­ren­cia, etc., por haberse com­prado cua­tro tra­jes en la afa­mada tienda Milano. Ese es el lead del libro.

Camps era inocente, no lo digo yo, lo sen­ten­ció el Tri­bu­nal Supremo, pero incluso aun­que hubiera sido cul­pa­ble… 169 por­ta­das son más que las dedi­ca­das a los aten­ta­dos de las Torres Geme­las. No sor­prende que el pro­pio Camps, y deter­mi­na­dos perio­dis­tas, crean que detrás hay una cons­pi­ra­ción. Usted, en cam­bio, lo achaca a una mez­cla de ama­ri­llismo y aci­dia, esa pala­bra mara­vi­llosa.
Nunca me interesó mucho quién mató a Ken­nedy. A ver, tam­poco me chupo el dedo. Sé que hay cosas que suce­den en el sótano de la vida y de las que tene­mos una infor­ma­ción frag­men­ta­ria. Pero para escri­bir sobre eso hay que jun­tar prue­bas o como mínimo indi­cios. Yo lo he inten­tado, por­que ade­más Camps siem­pre ha creído que esa cons­pi­ra­ción exis­tió, des­pués de tan­tos años ata­cán­dole, etc., y lo inves­ti­gué en la medida de lo posi­ble. Bien, pues diga lo que diga la víc­tima, y diga lo que diga el ambiente inte­lec­tual cons­pi­ra­noide, lo siento pero no encon­tré tra­zas de eso.

Pero sí de otra cosa…
Sí, de algo infi­ni­ta­mente más inquie­tante, y es que para des­truir a un hom­bre como Camps no hacen falta cons­pi­ra­cio­nes. Basta con la pereza, el sec­ta­rismo y la acidia.

Y ese remar a favor de tus pro­pios pre­jui­cios…
Cuando escri­bes a favor de lo que pien­sas vas suelto. Ya sabe, como cuando te sale un buen artículo y te vas a pasear por la tarde, y sabes que has escrito una cosa estu­penda, y te comes el mundo… y no, no vale. Es peli­groso. Escri­bir afloja los con­tro­les. Afloja la pru­den­cia. En cam­bio, cuando escri­bes cuesta arriba, en mi caso por ejem­plo sobre Camps, cuyas con­vic­cio­nes en mul­ti­tud de aspec­tos no son las mías, bueno, quizá no en tan­tos, pero no diría que enca­je­mos ni mucho menos en el mismo per­fil, pues eso pro­voca que pon­gas muchí­sima aten­ción, por­que vas cuesta arriba. Ahora, la gente está tan poco dis­puesta… Esto me lo dicen mucho, incluso gente muy pró­xima, en plan, ¿Pero, ah, ahora te pones a defen­der a Camps? Pues no, miren, yo no defiendo a Camps. Yo, en la medida de mis posi­bi­li­da­des, trato de defen­der la ver­dad allí donde creo que está some­tida a la mani­pu­la­ción, la ter­gi­ver­sa­ción y el piso­teo, y me da igual que esa ver­dad se llame Camps, se llame Raval, se llame fas­cis­tas, me da igual… Juanjo Jam­brina dijo una vez que yo me he dedi­cado a escri­bir y a defen­der a los pobres y a los piso­tea­dos, y creo que tiene razón. Entre Camps y los niños del Raval no hay nin­guna dife­ren­cia. No la hay. Tam­poco con las per­so­nas que en Cata­luña son objeto de dis­cri­mi­na­ción. ¿Eso lo hago por­que soy un buen hom­bre? No. Lo hago por­que soy un perio­dista, y los perio­dis­tas antes, por lo menos antes, des­con­fia­ban de la poli­cía, de los fis­ca­les, de los jue­ces y de la ver­dad instituida.

Eso me lleva a varias con­clu­sio­nes desola­do­ras…
Pero el mundo va bien…

¿Cómo?
Sí, no pierda de vista que el mundo va bien.

Sí, lo dice Pin­ker. Y sus con­clu­sio­nes vie­nen sos­te­ni­das por un abru­ma­dor des­plie­gue de datos. Abru­ma­dor en can­ti­dad y cali­dad. Pero. Que Camps y algu­nos perio­dis­tas crean en la exis­ten­cia de una mano negra enlaza con algo sobre los que usted ha escrito mucho, a saber, que el perio­dismo tra­baja con ver­da­des pre­ca­rias, y puesto que el ser humano busca sen­ti­dos y la reali­dad puede ser muy dura, e inso­por­ta­ble de puro mecá­nica o ciega, enton­ces la fic­ción se entro­mete en el perio­dismo. Otor­ga­ría un sen­tido, y un plus nove­lesco, y un aca­bado poé­tico,  nues­tras vidas, per­mi­tiendo que dur­ma­mos mejor… y todo esto, no sé si me explico, pero este ansia por encon­trar guías del futuro en el fir­ma­mento, o en las vís­ce­ras de las aves, esta pul­sión irra­cio­nal, que viene de la prehis­to­ria y sigue vigente, apun­ta­ría a que no todo es sus­cep­ti­ble de mejo­rar.
Esa bús­queda de sen­tido, sea mediante el perio­dismo, sea, por ejem­plo, gra­cias a la reli­gión, es res­pon­sa­ble de muchas de las tra­ge­dias que sufri­mos y, de nuevo, difi­culta nues­tros inten­tos para com­pren­der el mundo.

Mucha gente me dice, des­pués de dis­cu­tir un buen rato, Bien, es posi­ble que Camps fuera inocente de ese delito con­creto, pero hom­bre, habiendo tanta gente que sufre en el mundo, ¿Espada no podía haber escrito sobre otro? La refle­xión que me hago enton­ces es si para ellos exis­ten inocen­tes de dis­tin­tas cate­go­rías. Más o menos mere­ce­do­res de res­peto, com­pa­sión y jus­ti­cia en fun­ción de si son de dere­chas o de izquier­das, reli­gio­sos o lai­cos, de mi cuerda o de la otra, sea cual sea.
No lo sé, no sé por qué dicen lo que dicen, pero es que ade­más en este caso nega­ría la mayor. A mí el sufri­miento de Camps… Yo no escribo libros sen­ti­men­ta­les. No por nada. No por­que no me gus­ten. Pero, de momento, no es mi género. Puede com­pro­barse, en este libro, que yo no escribí sobre Camps, quiero decir, no está su tes­ti­mo­nio, y el enorme sufri­miento humano que ha pade­cido solo puede ras­trearse entre líneas. Camps lleva nueve años impu­tado, y todas sus impu­tacio­nes no es que sean injus­tas, son direc­ta­mente gro­tes­cas. Un inocente situado sis­te­má­ti­ca­mente en con­tra de su inocen­cia por parte del ambiente polí­tico y mediá­tico, yo no des­pre­cia­ría el sufri­miento, al con­tra­rio, pero ya digo que yo en este libro no lo doy, se sobre­en­tiende, pero no lo doy.

Al fondo asoma el sec­ta­rismo. Siem­pre deci­mos que el sec­ta­rismo parece muy espa­ñol. Pero ahí está el mani­fiesto de Chomsky y otros, donde repi­ten las con­sig­nas nacio­na­lis­tas. Chomsky, que escri­bió con tanta pers­pi­ca­cia de la mani­pu­la­ción infor­ma­tiva, com­pra sin son­ro­jarse la pro­pa­ganda  inde­pen­den­tista. O sea, que tene­mos el sec­ta­rismo y, de nuevo, la vagan­cia.
El sec­ta­rismo y la vagan­cia, pero aso­cia­das a la vani­dad. Por­que en el fondo lo que hay en Chomsky y com­pa­ñía es esa pul­sión por estar siem­pre en el lado bueno de la vida, soleado, irre­pro­cha­ble, esas cosas, en plan los demó­cra­tas deci­mos, o bien, esto es lo hay que votar, etc. Una manera de ir por la vida que, claro, reque­ri­ría un tra­bajo cons­tante. ¡Caray, yo mismo! Opi­na­mos de dema­sia­das cosas. Nos pasa­mos el día opi­nando sobre com­por­ta­mien­tos pri­va­dos y públi­cos para los cua­les no siem­pre tene­mos toda la infor­ma­ción. Yo, que voy a la tele­vi­sión, a las ter­tu­lias, pri­mero por dinero, y luego por otras cosas que tam­bién tie­nen inte­rés para mí, pero bueno, claro, el nivel de mi pre­pa­ra­ción sobre las cosas que opino, aun­que sea super­fi­cial y rápido, no es el mismo que cuando escribo una columna, y mucho menos que cuando escribo un libro. Hay nive­les, y todos debe­ría­mos reco­no­cer que para hablar de las cosas es pre­ciso un cierto nivel de infor­ma­ción pro­funda. Pero claro, enton­ces sería­mos mucho más pobres, y sería­mos mucho menos que­ri­dos… ¡y odia­dos!, que en el fondo son las dos caras de una misma moneda.

Una última cues­tión. Hace años, cuando pre­sen­ta­bas ‘Dia­rios’, mos­traba mucho inte­rés por una herra­mienta, el link, que tenía gran­des posi­bi­li­da­des. Últi­ma­mente, en cam­bio, le noto menos opti­mista…
La vida de inter­net ha resul­tado ser mucho más banal y limi­tada. Por ejem­plo, el link, cuya evo­lu­ción ha sido paté­tica. No hay más que ver, al cabo de 20 años, cómo segui­mos leyendo los libros digi­ta­les, y las cir­cuns­tan­cias de indi­gen­cia prác­tica, y los pro­ble­mas que sur­gen cuando tra­tas de hacer uno, la com­ple­ji­dad absurda, los pro­ble­mas de soft­ware. Supongo que fue culpa mía, por haber hecho una pre­vi­sión que no estaba basada en la reali­dad. Creí que efec­ti­va­mente, desde el punto de vista de la crea­ción, de las posi­bi­li­da­des cul­tu­ra­les, las cosas iban a ir mucho más rápido y a mejor. Es pro­ba­ble que todo esto sea con­se­cuen­cia de la difi­cul­tad de orga­ni­zar nego­cios a tra­vés de lo digi­tal, y evi­den­te­mente la ruina en la que se encuen­tra nues­tro sis­tema cul­tu­ral influye, pero en aque­lla época pio­nera pro­yecté un opti­mismo que no se ha visto corres­pon­dido con lo que luego sucedió.

Revista LEER, número 291, Otoño 2018