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	<title>Revista leer &#187; Franquismo</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Enrique Moradiellos: «Decir que Franco era inteligente no te hace franquista»</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2019 11:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay, de un tiempo a esta parte, en <strong>Enrique Moradiellos</strong> (Oviedo, 1961) <strong>una voluntad de estar en el foro público</strong>, de contribuir con un poco de «luz racional e histórica» al debate de las cosas. Y el historiador asturiano, catedrático de la Universidad de Extremadura, autor de importantes libros, biógrafo de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-negrin/200193" target="_blank">Negrín</a> y ahora de Franco –con una obra escrita para el público británico y publicada aquí por Turner, <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank"><em>Franco. Anatomía de un dictador</em></a>–, lo hace sin miedo a pelear el sentido de las palabras, a meterse en los charcos agarrado a la enseña de la Historia, aun a riesgo de ser malinterpretado en clave política. <strong>Ejerciendo «un tipo de práctica de la razón histórica que va explorando sus límites»</strong>, que es lo que le pide y exige su profesión.</p>
<p><strong><em>El libro comienza con un análisis detallado de la memoria de Franco, «incómodo espectro del pasado», en la España democrática.<br />
</em></strong>Es una de las partes más comprometidas del libro, porque hay más vuelo filosófico y obliga a tomar posición. Lo otro es pura acción historiográfica. Está planteada con una voluntad explícita de señalar que la rareza española de la Transición, el pacto del olvido, es en realidad lo más normal del mundo. Lo que se va a aplicar, si es posible, en Colombia, en Venezuela cuando caiga esta dictadura, o Cuba. No era, no es posible hacer tabula rasa.</p>
<p><em><strong>Hablas del «mal llamado pacto del olvido».<br />
</strong></em>Se trata más bien de un pacto de silencio. Lo explica Henry Rousso en <a href="http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/numero-5/traducciones/para-una-historia-de-la-memoria-colectiva-el-post-vichy" target="_blank"><em>El síndrome de Vichy</em></a>. Los franceses no olvidaron la Ocupación y la colaboración, pero prefirieron no hablar públicamente de ello y no utilizarlo como estigma. Si De Gaulle hubiera utilizado la Ocupación como estigma, Mitterrand nunca hubiera sido siquiera candidato a la presidencia de la República porque fue un enorme colaboracionista, al menos hasta el 43. Ningún prefecto de Francia dimitió de su cargo cuando se firmó el armisticio. Ningún mariscal de Francia, ningún capitán general, ningún general de división. Sólo un general de brigada, De Gaulle, se marcha a Londres a continuar la guerra. Y los comunistas tampoco lucharon hasta 1941, porque tras la firma del pacto germano soviético el PCF había llamado al derrotismo revolucionario. Constatar que Sartre y Beauvoir se quedaron en París, que Febvre siguió haciendo <em>Annales </em>en París mientras su compañero Marc Bloch se unía a la Resistencia y era fusilado al final de la guerra, es constatar que hubo una colaboración generalizada. No es un juicio moral; las sociedades son así. De ahí lo del pacto de silencio. No utilizamos en público el pasado de cada uno, aunque es algo que sigue ahí; el silencio no es olvido. Por eso se hablaba en su momento del famoso techo oculto de Fraga, que operó también contra los comunistas históricos como Carrillo o Pasionaria y a favor de los socialistas <em>renovados</em>.</p>
<p><strong><em>Quizá era la constatación tranquila de que aquellas ya eran posiciones políticas obsoletas, y que su identificación con las actuales carecía, y carece, de sentido.</em><br />
</strong>Cito en el libro a Francisco Ayala: en el fondo ninguno nos sentíamos solidarios de las versiones extremas de aquella época. Era un anacronismo. Es como si las asociaciones feministas o LGTBI revisaran hoy los discursos de los partidos comunistas; dirían que son <em>fachas</em>. Se tiende a asociar con el franquismo realidades que son anteriores y posteriores al régimen, y que tienen que ver con culturas políticas muy machistas, quizá muy mediterráneas. Pero es que entonces <em>fachas </em>eran los asirios y los neandertales. Es un mal uso de los términos tan flagrante que en calidad de historiador no puedes quedarte callado.</p>
<p><strong><em>Haces hincapié en la banalización de los términos cuando hablas de la definición del Régimen.</em><br />
</strong>Si te niegas, como es mi caso, a decir que el franquismo fue un totalitarismo, también corres el riesgo de que te llamen <em>facha</em>. Provoca una suerte de reflejo de Pavlov. ¿Fue el franquismo un fascismo español? No, no lo fue. Un régimen en proceso de fascistización truncada es lo que yo defendería. Pero fascismo, no.</p>
<p><strong><em>¿Hay historiadores que han contribuido al uso frívolo de los términos?</em><br />
</strong>Sí. Hay autores que consideran que es la misión histórica, la función social de la dictadura, y no la forma política lo que categoriza un régimen. Sin reparar en que la función y la misión histórica de estabilización del capitalismo une a regímenes tan dispares como la socialdemocracia sueca de Olof Palme y la dictadura de Pinochet. Con eso, para el llamado marxismo de la llamada RDA, eran tan fascistas Willy Brandt como Hitler, porque ambos, según las condiciones, establecen la dictadura terrorista del capital sobre los trabajadores y extraen plusvalía. Pero eso es un uso político abusivo, no puede ser una lógica explicativa histórica, porque recurre a una visión binaria de la historia que no atiende al matiz. Muchos historiadores dicen que en la época de entreguerras, ante la crisis y el colapso del capitalismo, sólo había dos soluciones posibles, la solución socialista o la solución fascista. Eso es falso. Churchill te diría, entre estos dos estamos nosotros. Y Roosevelt. ¿Y qué pasaba con los movimientos de independencia y anticoloniales? ¿Se puede ser democracia y estar contra las democracias porque son las metrópolis imperiales? Sabemos que sí: ahí está Nehru, y lleva adelante su programa en aquel mismo momento sin echarse en brazos de Japón o de la URSS.</p>
<blockquote><p>«Yo no quiero hacer antifranquistas retrospectivos porque lean mi libro. Sea usted franquista, antifranquista o indiferente. Me da igual. Yo quiero comprender»</p></blockquote>
<p><strong><em>Esa lógica binaria parece insuperable incluso entre los historiadores a la hora de abordar episodios de nuestra historia reciente como el franquismo o la democracia.</em><br />
</strong>Es preocupante. Yo he participado en muchos debates, y hay corrientes. Hay contemporaneístas como <a href="/2019/01/gutmaro-gomez-bravo-el-valle-de-los-caidos-es-una-anomalia-absoluta/" target="_blank">Gutmaro Gómez Bravo</a> o Javier Rodrigo que lo están haciendo bien. No tiene nada que ver con lo que hacen otros autores de la corriente memorialista histórica. Gente como Francisco Moreno, que ya en los 70 tenía un libro sobre la represión franquista en Córdoba que ahora se ha convertido en <em>El genocidio franquista en Córdoba</em>. Esta evolución de los términos ya te dice algo del cambio de paradigma que se ha producido.</p>
<p><strong><em>¿La imprecisión terminológica tiene que ver con la ideología?</em><br />
</strong>Con la voluntad ideológica de demonización de un régimen. Pero el problema de la demonización es que el que odia está incapacitado para entender. El odio es muy legítimo en la vida privada, incluso en la política, porque con el odio puedes levantar pasiones y en el fondo la lucha política no es moral. Pero los historiadores no podemos hacer eso, porque entonces no hay historia. Se cargan la disciplina. Y aparece entonces una propaganda más o menos edulcorada. Yo sostengo, y además creo que es demostrable, que hay una disciplina que intenta comprender sin odio, <em>sine ira</em>, como diría Tácito. Yo no quiero hacer antifranquistas retrospectivos porque lean mi libro. Sea franquista, sea antifranquista o sea indiferente. Es que me da igual. Yo quiero comprender. Lo primero que escribe Hannah Arendt después del Holocausto, cuando sabe lo que le ha pasado a una parte de su familia, cuando ya sabe lo que han hecho Heidegger y muchos de sus amigos, es que no los quiere condenar moralmente. Quiere comprender cómo gente que no era así se convirtió en eso. Cómo llegaron a admirar y apoyar el régimen de Hitler. Y quiere hacerlo por necesidad intelectual de explicarse el mundo, no de establecer condenas morales desde una superioridad incierta.</p>
<p><strong><em>En el caso del franquismo no se trata sólo de la comprensión de un régimen, sino del comportamiento de toda una sociedad que en 1975 todavía está en condiciones de adherirse a él, aunque fuera pasivamente, y que un año y medio después vota con entusiasmo la Reforma política.</em><br />
</strong>Y que no secundó la huelga general de noviembre de 1976, la operación de Carrillo para intentar detener la Reforma. Y cuando llega el referéndum se aprueba la Reforma, y el <em>No </em>se asoció con Fuerza Nueva, con lo que quedaba del <em>búnker</em>. Y cuando llegan las elecciones de 1977 la representación electoral es tan genuina que en vez de haber una reforma mínima del franquismo se abre un periodo constituyente. A veces parece que no hubiera habido periodo constituyente en España después del franquismo. ¿Entonces qué tuvimos? Las elecciones del 77 no eran inicialmente constituyentes, pero resultaron constituyentes. ¿Por qué? Por sus resultados. Y por eso se aprobó de inmediato la ponencia constitucional. Y en el paquete iba la forma de Estado, es decir, la monarquía. Quienes dicen que la monarquía no se votó en referéndum se olvidan de que hubo referéndum constitucional. Pero es un olvido interesado, al menos entre historiadores bien versados. Sin embargo, la Constitución de 1931 nunca se sometió a referéndum. Se aprobó por una mayoría recortada en las Cortes. Y por tanto la República fue resultado del abandono del monarca tras las elecciones municipales. Aquí te das cuenta del uso político de la historia según conviene. Una disciplina crítica está para señalar este tipo de incoherencias.</p>
<p><strong><em>¿Está la Historia reformulando sus términos en paralelo a la ruptura de esa amnistía tácita, de ese pacto de silencio, que parece que está teniendo lugar en el seno de la sociedad y en la política?</em><br />
</strong>Sí. Y es un cambio que tiene que ver con al menos dos grandes fenómenos. Uno es el reemplazo generacional. En los estamentos de poder de la estructura social han entrado personas que como mucho tenían cinco años cuando acabó la dictadura. Están en cargos de gestión, en los medios, en la academia, en la política. Pedro Sánchez, Albert Rivera, Casado o Iglesias no tenían 15 años cuando murió Franco, ni jugaron al futbolín en la OJE. Esto es muy importante. Sus visiones del pasado son mediadas, lo que les contaron, lo que leyeron, y sobre todo la literatura, el cine y la televisión, grandes agentes de formación de la conciencia histórica que no son necesariamente ajenos al maniqueísmo y la simplificación, a veces porque su propio formato lo exige. Y volvemos a la lógica binaria. El otro factor tiene que ver con la caída del Muro. Ha producido un cambio radical en el mundo, y ha obligado a las izquierdas a mirar nostálgicamente a un pasado glorioso en busca de referentes.</p>
<p><strong><em>Por ahí volvemos al peso de la memoria.</em><br />
</strong>Si la memoria y el testimonio de la víctima es sacrosanto y no se puede poner en cuestión, ¿dónde queda la historia? Yo pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina, que tiene ya 2.500 años de existencia, a un mero adjetivo de un sustantivo. Del cual, por ser adjetivo, es mero atributo. Memoria histórica. ¿Por qué? Para los historiadores, un testimonio nunca puede ser la última palabra. Porque hay que cotejarlo, hay que cribarlo, hay que ponerlo en cuestión, es sistemáticamente revisable por otros puntos de vista y el cotejo de documentos. La memoria histórica, además, incumple su propio precepto cuando por ejemplo quiere tirar determinados monumentos históricos. Preservar la memoria histórica aplicando la <em>damnatio memoriae </em>es un sinsentido. Resignifíquese, explíquese, como la <a href="https://www.museumsportal-berlin.de/es/museos/topographie-des-terrors/" target="_blank">Topografía del Terror</a> en Berlín. Será además la mejor escuela de historia. Pero déjese ahí. Si se destruye como si nada hubiera pasado, nadie sabrá lo que ha sido porque ha desaparecido. A mí me parece una barbaridad.</p>
<blockquote><p>«¿Fue el franquismo un fascismo español? No, no lo fue. Un régimen en proceso de fascistización truncada es lo que yo defendería. Pero fascismo, no»</p></blockquote>
<p><em> </em><strong><em>¿Verías posible, como se está pidiendo desde algunas instancias, una suspensión del corpus de condenas del franquismo? ¿Es compatible con la Amnistía del 77?</em><br />
</strong>Hay que tener mucha prudencia con querer enmendar el pasado a fuerza de declaraciones simbólicas del presente. Primero por el alcance que puede tener. Pero también porque moralmente es un poco vergonzoso. Se dice que es con la intención de restablecer la dignidad de las víctimas, pero primero, la dignidad nunca la perdieron, porque la dignidad no va con el hecho de ser vencedor o vencido. Hay mucho indigno entre los vencedores y había muy indigno entre los vencidos. Y porque hay víctimas en ambos lados. Una democracia, que debe mirar al pasado con ojos abiertos y no sectarios ni revanchistas ni vengativos, ni tampoco simplificadores ni maniqueos, lo que debe hacer es tratar con equidad a sus ciudadanos, a los actuales y a los anteriores, y si se decide que las condenas del franquismo debieran suspenderse, yo entiendo que una democracia debería suspender también las condenas de los tribunales populares, que fueron manifiestamente antidemocráticas y por tanto inmorales. ¿Qué garantías jurídicas había? Ninguna. Y hubo 55.000 paseados y muertos sentenciados por tribunales de ese tipo. Si hubiera la posibilidad de reclamar compensación económica por la nulidad de esas sentencias entonces el Estado podría quebrar. Eso no se ha hecho ni con la caída del comunismo. Es imposible de asumir.</p>
<p><strong><em>En el libro estableces la diferencia entre la amnistía española y lo que ha pasado en otros lugares. Lo que hubo aquí no fue una ley de punto y final.</em><br />
</strong>No tuvo nada que ver. Aquí con la Ley de Amnistía salieron los asesinos del atentado de la calle Correo, que causó 12 muertos y setenta heridos. No fue una ley creada para que Billy el Niño se escapara. Fue una ley que también cerró el expediente sobre Paracuellos, 2.400 muertos. Y muchas cosas más.</p>
<figure id="attachment_8642" style="width: 900px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8642 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/04/Captura-de-pantalla-2019-04-01-a-las-13.30.11-e1554118665421.png" alt="emweb" width="900" height="507" /><figcaption class="wp-caption-text">Enrique Moradiellos.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><strong><em>Has pasado de Negrín a Franco como objeto de estudio. De un lado al otro del espectro político de la Guerra pero sin abandonarla. ¿Cómo comenzó tu interés por el tema?</em><br />
</strong>La Guerra Civil siempre me ha parecido el acontecimiento más divergente de la historia española reciente respecto al entorno de Europa occidental. Mi familia no tuvo una especial vinculación con la Guerra, así que yo no quiero reivindicar la memoria del abuelo <em>facha </em>o el abuelo <em>progre</em>, porque no lo eran. Casi todos los españoles tenemos dos abuelos, e incluso la abuela republicana solía ser muy católica. Era lo más normal del mundo en la época. A mí me parecía que la Guerra Civil era lo más llamativo de España. Hasta entonces no nos diferenciábamos en nada del resto del sur de Europa. Perdemos un imperio, igual que Portugal, estamos en la periferia sur de la modernización, con una industrialización un poco retardataria y un régimen liberal oligárquico como la Italia de entonces, una crisis militar… Pero de repente la Guerra sí difiere. Del mismo modo, la singularidad del régimen salido de la victoria de la Guerra era lo más anacrónico que había en aquella Europa en la que estábamos. Quise estudiarlo. Y dentro de aquello, en el plano internacional, lo que me parecía más llamativo era por qué las democracias no ayudaron a la República si era una democracia. Mi tesis versó sobre la política de no intervención. Le pedí a Paul Preston que me la dirigiera, y estuve cuatro años y medio en Londres trabajando en ello. Y quien empieza estudiando la Guerra Civil en fuentes diplomáticas descubre que, pese a que los grandes hombres de la República eran Largo, Prieto o Azaña, Negrín aparece de manera muy positiva en la documentación británica. Cuando está ya en el exilio tiene acceso directo a Clement Attlee, se cartea con Churchill durante la Guerra Mundial, es invitado a formar parte de la Sociedad Fabiana. Es un hombre muy reconocido. ¿En calidad de qué, cómo es posible? Es una figura muy llamativa y me dio a entender que ahí había materia. Además, en Gran Bretaña descubrí la fuerza de la biografía histórica, esa hija espuria de la novela y un poco hijastra de la historiografía. Yo en España había tenido una formación muy estructural, que a veces pasa por marxiana pero que en realidad era puro funcionalismo, y de repente descubrí el acercamiento a los fenómenos históricos a través de la vida de los individuos. En aquel tiempo leí algunas obras notables. Ian Kershaw presentaba su primer volumen de Hitler, y sobre Hitler precisamente leí el libro de Eberhard Jäckel, <em>La cosmovisión de Hitler</em>. En apenas 150 páginas entendí el nazismo mejor que en cualquier manual estructural según el cual las singularidades humanas no hacen nada y Hitler era el gran capital. Te da una perspectiva a ras de suelo de algo que a mí filosóficamente me parece clarísimo: que nada está escrito, y que este hombre pudo hacer esto o aquello, establecer una alianza o no hacerlo.</p>
<p><strong><em>En el caso de Franco es algo muy claro. Construye un régimen alrededor de su persona y sus decisiones van marcando el devenir del país.</em><br />
</strong>Recuerdo algo que decía Raymond Carr: la mayor incógnita de un estudioso sobre Franco es saber por qué decidió no hacer como George Monck. En 1660 es el general de la guerra civil, de los que condenaron y ejecutaron a Carlos I, y a la muerte de Cromwell decide que venga la restauración. Después de que el ejército, porque es una dictadura militar, no puede heredarse en el hijo de Cromwell, hay que llamar al hijo del rey. Hay que restaurarle. Pero pone condiciones. Una, la amnistía. The Oblivion Act. Ley del olvido, pero que es una ley de perdón. Es la amnistía la que pone en marcha el gobierno monárquico parlamentario en Gran Bretaña. Y es el general Monck quien decide llamar al pretendiente. Franco no quiso serlo, yo creo que porque era dictador soberano, no dictador comisario, y eso no es baladí. Es quien instituye el Régimen. Y no tiene que ver sólo con la ambición de poder, que la tenía, sino con que probablemente creía que el rey que volviera no duraría mucho.</p>
<blockquote><p>«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»</p></blockquote>
<p><strong><em>Durante la Guerra, Franco rechaza que Don Juan se incorpore a su causa porque, y lo dice, no quiere que el futuro rey quede vinculado a uno de los dos bandos. En el libro citas un memorando de Carrero de 1959, urgiéndole a poner en orden las leyes de sucesión, en el cual el almirante le dice que él es caudillo «porque funda monarquía».</em><br />
</strong>Hay muchos de estos elementos que están saliendo que matizan y hacen cambiar la imagen sobre Franco. No es lo mismo conocer a una persona a través de los libros que meterse en sus papeles. Tratándose de Franco a uno le sorprende a veces su cerrilidad dogmática, pero otras la astucia tan aguda. Antes solía decir que Franco era astuto, ahora digo que Franco era inteligente, si es que por astucia rebajamos el valor de la inteligencia. Decir que Franco era inteligente no te hace franquista. Me indigna, de hecho, que se diga que Franco era tonto. Cómo va a ser tonto un gobernante que dura 40 años en el poder absoluto, superando contextos complicadísimos de guerra civil, la peor guerra mundial y la peor posguerra. Es un principio absurdo. La inteligencia no es exclusiva de los demócratas ni de las izquierdas.</p>
<p><strong><em>El mito de Franco va parejo al de su suerte. Quizá prefería pasar por afortunado o por tonto.</em><br />
</strong>Girón dijo que una de sus grandes virtudes era saber hacerse el bobo, escuchar y no dar pie a saber lo que pensaba. Don Juan Carlos dijo tanto a Vilallonga como a Preston y Charles Powell que Franco era un maestro de los silencios. Arrese cuenta en sus memorias que se lanzó a la operación de institucionalización de la Falange del 56 porque el general Franco le había dado el visto bueno, pero no era verdad. Le explicaba durante horas lo que se iba a hacer y él miraba y parecía muy complacido. Hasta que le llama y le dice, esto no va a ser así. Y dimite, claro.</p>
<p><strong><em>Hay una frase que pronuncia en un discurso en 1963, recogida en su ‘Pensamiento político’ y que tú citas, que abunda en ese posibilismo conservador y camaleónico: «No hemos pasado de totalitarios a liberales porque no somos ninguna de las dos cosas».</em><br />
</strong>O en otro momento, cuando reconoce que a lo largo de estos años «hemos adaptado la norma a los tiempos que nos ha tocado vivir». Es una declaración de pragmatismo. Eso no te lo encuentras en otros dictadores, por supuesto ni en Mussolini ni en Hitler.</p>
<p><strong><em>Cuando se abre la posibilidad de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado del Eje, ¿fue Marruecos una tentación imperial para un africanista como él?<br />
</em></strong>Él había sido comandante de las Baleares y de Canarias, había estado en el protectorado. Y antes de ir a la entrevista con Hitler en Hendaya tenía ya el informe del ministro de Marina, el almirante Moreno, y del entonces jefe de operaciones de la Armada, Carrero Blanco, que constataba que entrar en guerra sería una locura. Sólo con declararla se perderían Baleares, Canarias y la única refinería de petróleo. «Una receta para el desastre». Y añade que sólo cabría intervenir cuando Alemania ocupara Suez y Gibraltar. O lo que es lo mismo: cuando hubiera ganado la guerra. A la hora de los últimos tiros, como quien dice.</p>
<p><strong><em>¿Esas experiencias militares previas le sirvieron para su conversión en hombre político?<br />
</em></strong>Sí, porque hay un principio de pragmatismo en un buen militar. Hay militares doctrinarios y enloquecidos, pero lo que sabemos por ejemplo del alto mando alemán es que los buenos militares son los que luego se enfrentan a Hitler. Guderian, Rommel, Franz Halder, eran tan nazis como el que más, pero eran pragmáticos. Lo que tiene Franco detrás es gente muy pragmática, Salvador Moreno, el almirante Carrero Blanco, Martínez de Campos, Kindelán, generales que tenían una carrera, no los chusqueros. Ellos intervinieron y dieron los avisos oportunos.</p>
<p><strong><em>En el libro sugieres que después de ceder al Plan de Estabilización se produce una suerte de inhibición política, un principio de retirada que culmina en el 63, cuando cumple 70 años. ¿Eso fue así?<br />
</em></strong>En la acción política, sí. Se va retirando a ocupaciones más placenteras. Deja de estar tan al día. López Rodó comenta que los Consejos de Ministros a partir de 1963 son muy cortos, cuando antes podían durar dos días. La comisión delegada que se reúne antes con Carrero lo avanza todo y Franco progresivamente está ya moderando, dando la última palabra, dirimiendo como árbitro final, pero menos al día. El accidente de caza de 1961 yo creo que lo promueve en parte. Como diría un inglés, Franco conoce ahí <em>the intimation of mortality</em>.</p>
<p><em><strong>En la primera página del libro citas a Eduardo Mendoza, que en ‘</strong><strong>Qué está pasando en Cataluña’ </strong><strong>se lamenta de los esfuerzos inútiles por explicar a sus amigos extranjeros que la España de hoy no tiene nada que ver con el franquismo.<br />
</strong></em>Me pareció una cita muy oportuna, porque yo explico a Franco a ese mismo público, aunque esa mentalidad se puede aplicar ya a los españoles, y por eso este libro se publica en español. Durante los últimos años se ha asistido al uso instrumental del franquismo para ilustrar una España dominadora, conquistadora, expoliadora y depredadora, el nacionalismo ha recreado esa imagen para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco. Yo mismo me he encontrado en la obligación de explicarle a compañeros anglófonos o alemanes que esto es otra cosa y no puede verse en esa clave, alertando del anacronismo de asociar la España constitucional con la España franquista.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, Invierno 2019</p>
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		<title>#leer292: Vázquez Montalbán, lo popular y lo culto</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 17:51:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Vuelve Manuel Vázquez Montalbán. Con la reedición de Galindez y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo el mismo 14 de junio de 1939 que Ramón Serrano Suñer se paseaba en coche descubierto por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelve <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>. Con la reedición de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/galindez/9788433998668/NH_615" target="_blank"><em>Galindez</em></a> y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo <a href="/wp-content/uploads/2019/02/LVG19390615-001.pdf" target="_blank">el mismo 14 de junio de 1939</a> que <strong>Ramón Serrano Suñer</strong> se paseaba en coche descubierto por Barcelona, en una suerte de definitiva toma de posesión de la ciudad indómita después de la entrada de las tropas de <strong>Yagüe</strong> el 26 de enero. El régimen mantenía entonces en prisión a <strong>Evaristo Vázquez</strong>, militante del PSUC y padre de la criatura, a la espera de ser juzgado en consejo de guerra. <strong>La coincidencia cronológica parecía anticipar las férreas convicciones del escritor</strong> barcelonés y su compromiso con la memoria del progenitor.</p>
<p>Novedades y efemérides nos hacen volver a buscar a Vázquez Montalbán. <strong>Jordi Corominas</strong> lo hace a través de Barcelona, y le esclarece más allá de las novelas policíacas que para muchos son la lucrativa anécdota en una obra rica y abundante, que se desparrama en la poesía, en la crónica sentimental y el ensayo. «Una suerte de <strong>Camus</strong> o <strong>Pasolini</strong>» español «por ir a la contra en cualquier tesitura». <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> le conoció bien. Le editó mucho en <a href="http://www.triunfodigital.com/resbcombinada.php?autor=V%E1zquez%20Montalb%E1n,%20Manuel,%201939-2003&amp;inicio=0&amp;paso=10&amp;orden=Titulo" target="_blank"><em>Triunfo</em></a>, y sobre recuerdos y lecturas construye su icónica y Auténtica Entrevista Falsa. La habitual ilustración a cargo de <strong>David Pintor</strong> salta en esta ocasión a la portada: el brillante retrato del escritor, sol y sombra, en una calle del Raval lo merecía. Para rematar, <strong>Carlos Zanón</strong> explica cómo ha sido ponerse en la piel de MVM para escribir la nueva entrega de Carvalho,<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-carvalho-problemas-de-identidad/283950" target="_blank"><em> Problemas de identidad</em></a>. Y por último, pese a la relativa omisión que en las novelas del ciclo padece el boyante circo musical que poblaba la Barcelona de la época, <strong>Marcos Gendre</strong> ensaya una banda sonora de la ciudad mestiza.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8451" src="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada-e1550070186741.jpg" alt="LEER_292_portada" width="400" height="543" /></a></p>
<p>Se pregunta Jordi Corominas en su artículo «<strong>qué diría Manolo</strong>». Nos gustaría saberlo; de muchas cosas. <strong>Qué diría de la República nonata, de la novela negra realmente existente, del Carvalho de Zanón</strong>, claro. <strong>Y de los avatares del cadáver del caudillo a quien <em>autobiografió</em></strong>. Sobre Franco ha escrito <strong>Enrique Moradiellos</strong> una síntesis excelente editada por <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">Turner</a>, proyectada para el lector anglosajón pero que también resulta apta para el español, porque el dictador y su legado resultan hoy igual de ajenos para uno que para otro. En vísperas del penúltimo acto del sainete de su exhumación, Moradiellos ofrece un puñado de valiosas lecciones de historia en su conversación con el director de LEER. Sobre la naturaleza de la dictadura –<strong>«El franquismo no fue un fascismo»</strong>–, la memoria histórica –«Pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina a un mero adjetivo, <em>histórica</em>, de un sustantivo, <em>memoria</em>»– y la crisis secesionista –«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»–.</p>
<p><strong>A principios del XVIII <em>gótico</em> era sinónimo de bárbaro y grosero.</strong> Pero con el tiempo la reputación del término mejoró, y lo que empezó como reverso lúdico, estético, del ideal ilustrado encontrará en el romanticismo un contexto más propicio, para más adelante proyectarse vigoroso en la sensibilidad contemporánea. Del fundador de la novela gótica, <strong>Horace Walpole</strong>, a su sublimador al otro lado del Atlántico, <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Álvaro Cortina</strong> realiza un estimulante recorrido por el género, completado de la mano de <strong>William Beckford</strong>, <strong>E. T. A. Hoffmann</strong> y <strong>Mary Shelley</strong>, que llega hasta nuestros días a través de una fuerte impronta en la cultura popular. Y también en las ficciones masivas que apelan a la nostalgia y la seguridad de las ambientaciones de época. Gótica y victoriana, la superventas <strong>Kate Morton</strong> ha despachado una última novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-hija-del-relojero/MES-088332" target="_blank"><em>La hija del relojero</em></a>, repleta de referencias al universo romántico de raiz gótica. <strong>Sara Puerto</strong> ha conversado con Morton, y <strong>Ada del Moral</strong> pone el contrapunto sometiendo a crítica los pastiches de nuevo cuño. Y de nuevo Cortina rescata la figura de un epígono de la tradición gótica, <strong>Arthur Machen</strong>, padre del cuento de terror contemporáneo, de actualidad gracias a dos ediciones recientes, a cargo de <strong>Reino de Redonda</strong> y <a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=875&amp;osCsid=" target="_blank"><strong>Valdemar</strong></a>, de algunos de sus mejores relatos.</p>
<figure id="attachment_8463" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8463" src="/wp-content/uploads/2019/02/B_caidacasausher60010-e1550079405413.jpg" alt="La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica 'House of Usher' (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman." width="1500" height="1180" /><figcaption class="wp-caption-text">La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica “House of Usher” (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman.</figcaption></figure>
<p><strong>Gabriel Albiac</strong> ha presentado su edición de los <a href="https://www.tecnos.es/ficha.php?id=3918850" target="_blank"><em>Pensamientos</em></a> completos de <strong>Blaise Pascal</strong>, una monumental obra que indaga en las raíces del legado filosófico del pensador y matemático para deshacer un malentendido histórico: que no estamos propiamente ante un libro, sino ante un conjunto de anotaciones que Pascal utilizaba como fichas de trabajo y que por tanto carecen de una estructura preestablecida. <strong>Fernando Palmero analiza la relevancia del legado filosófico del autor francés.</strong> La clave de los <em>Pensamientos</em> lo es también de los dilemas del Barroco.</p>
<p>Fruto de su dilatada trayectoria profesional y de su pasión por los viajes, el periodista de <em>El País</em> <strong>Guillermo Altares</strong> ha publicado recientemente <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-una-leccion-olvidada/274823" target="_blank"><em>Una lección olvidada</em></a>, un libro que comienza hace 45.000 años, recorre cientos de ciudades y se detiene en <strong>veinte momentos cruciales de la historia europea</strong>, con el propósito de ayudar a «construir una identidad colectiva», porque «el pasado de este continente se podría dibujar como una inmensa tela de araña que une decenas de miles de pequeños hilos para crear una estructura con sentido». Fernando Palmero ha conversado con él sobre la historia de Europa –«La paz es uno de los pocos valores absolutos y buenos, y para todos los europeos que no hemos conocido la guerra es algo que no tiene precio»– y la crisis del régimen democrático español –«Si personas que estuvieron en la cárcel y el exilio no tuvieron problema en aceptar el pacto de la Transición, ¿quiénes somos nosotros para decir que fue inaceptable?»–.</p>
<figure id="attachment_8455" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8455 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/02/PaneroFB-e1550078634917.jpg" alt="PaneroFB" width="1500" height="847" /><figcaption class="wp-caption-text">Aparecen los cuentos de Felicidad Blanc. / E. T.</figcaption></figure>
<p>Parece tópico, pero a la vez inevitable, <strong>volver periódicamente a los Panero</strong> en tanto que nuevas generaciones se asoman a su existencia, más a través del documento dramático de <em>El desencanto</em> que de la poesía. Así lo hizo el escritor y periodista <strong>Aaron Shulman</strong>, que publica ahora en Estados Unidos en clave literaria <a href="https://www.harpercollins.com/9780062484192/the-age-of-disenchantments/" target="_blank">The Age of Disenchantments</a>. Coincide en el tiempo con la edición por Renacimiento de <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/narrativa/2129-la-ventana-sobre-el-jardin.html" target="_blank">los cuentos de Felicidad Blanc</a> y algunos <a href="https://www.udllibros.com/libro-los_papeles_de_ibiza_35-2310030012" target="_blank">inéditos de Leopoldo María</a>. <strong>Vicente Araguas</strong> prosigue con ellos su serie <strong>Estirpes de Papel</strong>, y de paso <strong>Javier Mendoza</strong> comenta la obra de la matriarca del clan, reflejo de «la búsqueda de una felicidad de naturaleza efímera de la que, en el mejor de los casos, solo queda un doloroso recuerdo al que poder regresar».</p>
<p>En la era de la posverdad, quienes se aferran a la lógica de valores y sentido que este fenómeno se empeña en refutar corren el riesgo de pasar por raros, inadaptados o locos. <strong>Un mecanismo viejo como el mundo: el hombre libre tachado de enfermo, con o sin razón, ante la apisonadora del pensamiento colectivo.</strong> En ese registro la literatura –de <strong>Cervantes</strong> a <strong>Kafka</strong>– y el resto de las artes han sabido construir edificantes piezas de consuelo estético e intelectual, contribuyendo a mantener viva la llama de la inteligencia en las más oscuras épocas. <strong>Jose Valenzuela</strong>, autor del reciente <a href="http://www.editorialuoc.cat/todos-nacemos-locos" target="_blank"><em>Todos nacemos locos</em></a>, explora la relevancia del extrañamiento asociado a la locura en la historia de la literatura.</p>
<p>En España cierran librerías emblemáticas como <strong>Los Portadores de Sueños</strong> de Zaragoza; en Francia, sin embargo, se rinde culto al libro con el respaldo de una política de estado pionera y coherente. <strong>Emmanuel Macron</strong> inyecta más de 370 millones de euros en las instituciones culturales francesas para mejorar su proyección internacional; nuestro gobierno destina un millón para atender ese mismo objetivo. En las páginas del último número de LEER <strong>Santiago Muñoz Machado </strong>denuncia la desidia pública respecto al tejido cultural del país en una de sus primeras entrevistas como director de la RAE, y <strong>Óscar Caballero</strong> explica desde París las claves del inmarcesible amor de los franceses por la lectura. Consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos, mueve 4.000 millones anuales, está en los medios, en el debate político, y sostiene un parque notable de librerías independientes.</p>
<figure id="attachment_8460" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png"><img class="size-full wp-image-8460" src="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png" alt="Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de 'Breath'. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress." width="1500" height="1000" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de “Breath”. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress.</figcaption></figure>
<p>Son sólo algunos de los muchos contenidos del número de LEER, que se completa con las habituales secciones y reseñas, entrevistas a <strong>Jorge Volpi</strong> –acerca de la <strong>Generación del Crack</strong> y de los cuentos de <strong>Ignacio Padilla</strong> que ha editado para <a href="http://paginasdeespuma.com/especial/micropedia-de-ignacio-padilla/" target="_blank">Páginas de Espuma</a>– y <strong>Paloma Robles</strong> –su novela <a href="http://tienda.alreveseditorial.com/es/libros/det/Fangfang/223.html" target="_blank"><em>Fangfang</em></a> se acerca a la comunidad china en España–, un viaje a los secretos herméticos de la napolitana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Capilla_Sansevero" target="_blank">Cappella Sansevero</a> de la mano de <strong>Álvaro Bermejo</strong>, un desahogo de <strong>Javier Rioyo</strong> contra la falsificación de la plural cultura catalana… Y que se abre y se cierra con el homenaje a <strong>Celan</strong> de <strong>Edmund de Waal</strong>. El artista y escritor británico <a href="http://www.ivorypress.com/es/art/breath/" target="_blank">llega a Ivorypress con <em>Breath</em></a>, un proyecto que es exposición y un libro de artista, una investigación sobre la naturaleza de los libros, su percepción y presencia en el mundo.</p>
<p><strong>El número 292 de LEER está disponible en quioscos y librerías de toda España.</strong></p>
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		<title>Algunos buenos libros (ii)</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 13:46:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Subido a un chorro de magma profético, el hálito de risa y oro del perro de fuego nietzscheano, Alejandro Martín Navarro honra a Jorge Manrique con su último poemario, galardonado con el Premio Internacional de Poesía que lleva el nombre del poeta de las Coplas, organizado por la Diputación de Palencia y el Ayuntamiento de Paredes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Subido a un chorro de magma profético, el hálito de risa y oro del perro de fuego nietzscheano, <strong>Alejandro Martín Navarro</strong> honra a Jorge Manrique con <a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/" target="_blank">su último poemario</a>, galardonado con el Premio Internacional de Poesía que lleva el nombre del poeta de las <em>Coplas</em>, organizado por la Diputación de Palencia y el Ayuntamiento de Paredes de la Nava y publicado por <strong>Cálamo</strong>. Nos subimos a la experiencia, y <strong>empezamos con un amor fundido con la naturaleza y la eternidad, como arena que se arrastra en el regazo del cosmos.</strong> Siguen versos de sublimación, claros, de lirismo embridado y equilibrado, con los que el poeta vuelve al hogar y a los padres, recreándose en los atisbos cotidianos de la naturaleza, en el recuerdo de los caminos agrietados por los que discurren los veranos de la infancia, de los juegos y el amor entre olivos que sostienen el tiempo y la memoria «para que no se hundan sin remedio / en la tierra baldía». Martín Navarro escribe siempre en presencia de la «turbia materia» que está ahí fuera y en nosotros a la vez, en el origen y el final, consciente de, y animado por, el deseo estéril de vivir. Poesía que estimula, que despierta. Que dialoga con nuestros sentimientos en lugar de acompañarnos tontamente como la autoayuda versificada que vende miles. <strong>Poesía esencial para limpiarnos del tráfago. Porque «apenas tienes tiempo. Date prisa».</strong></span></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8375" src="/wp-content/uploads/2019/02/978841674214-e1549022363268.jpg" alt="Cub_Eloro_PoesÌa" width="300" height="450" /></a><strong><em><a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/" target="_blank">EL ORO Y LA RISA<br />
</a></em></strong><strong>Alejandro Martín Navarro<br />
</strong>Cálamo</p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;">La <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Game_Boy_Pocket" target="_blank">Game Boy</a> del título de este libro, primero de <strong>Caballo de Troya</strong> 2019 con <strong>Luna Miguel</strong> y <strong>Antonio J. Rodríguez</strong> como editores invitados, es el regalo que a modo de premio y calmante adicional recibió <a href="https://twitter.com/victorparkas?lang=es" target="_blank"><strong>Víctor Parkas</strong></a> (Sant Boi de Llobregat, 1990) el día de su operación de fimosis. Al salir del hospital, todavía bajo la euforia de la anestesia, el pequeño Víctor, 7 añitos, ignoró la recomendación de pasar antes por la farmacia e impuso a sus padres la visita inmediata al centro comercial para cobrarse el regalo. Para cuando llegaban a la tienda ya se retorcía de dolor, y entre lágrimas eligió el color de la consola y el juego que deseaba. Retrospectivamente, para Parkas aquello no fue el simple esperpento provocado por el ruidoso capricho de un niño. Aquel día le dieron «las claves de lo que era ser un hombre». Aprendió «cómo la testosterona puede imponerse a la sensatez. Interioricé que, de ahora en adelante, el mundo iba a brindárseme así: en forma de escaparate, del que yo sólo tenía que señalar aquello que quería y esperar a que me lo bajaran». Todos los artículos y relatos del libro están oportunamente enhebrados por<strong> esa certeza maldita, una culpabilidad militante asociada a la convicción de que la naturaleza del hombre heterosexual, blanco que no «transita» está marcada por el privilegio y el deseo de humillación.</strong> Todos los hombres son iguales. «Yo no soy distinto a un violador. Yo no soy distinto a un maltratador. Yo no soy distinto a un proxeneta». Si el novísimo feminismo es la última tribu urbana, dice Parkas citando a <strong>Ernesto Castro</strong>, la nueva actitud del hombre sólo puede ser el reconocimiento de una condición tan fatal como el pecado original. Esta negación del libre albedrío nos prevenía y disuadía antes de tomar el libro por sus bonitas tapas rosas. Pero Víctor Parkas escribe muy bien, y su propuesta se sobrepone a las imposiciones de su pensamiento. Como él, o su personaje, cuando se folla a la diputada festivalera de derechas en un terraplén del <strong>Primavera Sound</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/game-boy-caballo-de-troya-2019-1/MES-058352"><img class="aligncenter size-full wp-image-8377" src="/wp-content/uploads/2019/02/ECT17048-e1549024115948.jpg" alt="ECT17048" width="300" height="462" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><b><i><a href="https://www.megustaleer.com/libros/game-boy-caballo-de-troya-2019-1/MES-058352" target="_blank">GAME BOY</a><br />
</i>Víctor Parkas<i><br />
</i></b>Caballo de Troya</p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;">A falta de Nobel de Literatura, la Nueva Academia impulsada por la periodista greco sueca <a href="https://twitter.com/pascalidou" target="_blank"><strong>Alexandra Pascalidou</strong></a> reconocía en octubre a la escritora guadalupeña <strong>Maryse Condé</strong> (1937) con un premio de nuevo cuño que enseguida ha sido bautizado como Nobel alternativo. Así figura en la faja con que <strong>Impedimenta</strong> nos trae el primero de los títulos que editará de la autora antillana. <a href="http://impedimenta.es/libros.php/corazon-que-rie-corazon-que" target="_blank"><em>Corazón que ríe, corazón que llora</em></a> aparece en España veinte años después de su publicación en Francia, y es la «mejor puerta de entrada al universo condeano» a juicio de <strong>Martha Asunción Alonso</strong>. La poeta española, premio Adonáis, Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, entre otros, se doctoró en Filología Francesa con una tesis sobre la obra de Maryse Condé. Es, pues, la introductora y traductora ideal de esta veterana autora. <em>Corazón que ríe, corazón que llora</em> es una colección de cuentos que miran a su niñez antillana desde su mismo nacimiento como la menor de los ocho hijos de una familia de la floreciente burguesía de Pointe-à-Pitre. Las lagunas de la memoria se compensan con una imaginación expresada con <strong>un lenguaje exuberante, preñado de oralidad y de criollismos con que Condé pellizca cariñosamente el idioma metropolitano</strong>, y que Alonso sirve al lector con esmero y alguna nota explicativa. Anuncia Impedimenta que próximamente publicará <em>Desirada</em> (1997), reescritura en clave caribeña de <em>Cumbres borrascosas</em>. Una de tantas novelas de Condé marcadas por el estigma de la esclavitud, del colonialismo, plagadas todas de «mujeres-junco» –que como diría el <strong>Dúo Dinámico</strong> se doblan pero siempre siguen en pie–, término acuñado en esta ocasión por el poeta <strong>Daniel Maximin</strong> para definir los personajes femeninos de Condé y que se ajusta también a su apasionante vida entre Guadalupe, Francia, África y Estados Unidos.</span></p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/corazon-que-rie-corazon-que"><img class="aligncenter size-full wp-image-8385" src="/wp-content/uploads/2019/02/9788417115999_CORAZON-QUE-RIE_CONDE_RGB_900-e1549025032441.jpg" alt="9788417115999_CORAZON QUE RIE_CONDE_RGB_900" width="300" height="461" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>CORAZÓN QUE RÍE, CORAZÓN QUE LLORA</strong></em><br />
<strong>Maryse Condé</strong><br />
Impedimenta</p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Las dictaduras duraderas no se sostienen en el aire</strong>, aunque cuando finalmente caen pareciera que así hubiera sido. Operaron la fuerza, la coerción, el asentimiento pasivo y la cooperación. Depuración de responsabilidades aparte, después se firmará el correspondiente pacto de silencio, estrategia que periódicamente activan las sociedades para seguir adelante. Un día el escritor y artista húngaro <strong>András Forgách</strong> supo que había aparecido un expediente. En él había información abundante sobre las actividades de su adorada madre como espía del régimen húngaro. Había proporcionado información de sus propios hijos. A partir de aquello Forgách ha armado <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-expediente-de-mi-madre/9788433980205/PN_993" target="_blank"><em>El expediente de mi madre</em></a>, una novela de gran éxito en su país, vendida a catorce países y que ahora publica en España Anagrama. <strong>El éxito de libros como este demuestra que el silencio no dura para siempre.</strong> Aquí tenemos el <a href="http://www.funambulista.net/2018/entre-hienas/" target="_blank"><em>Entre hienas</em></a> de <strong>Loreto Urraca Luque</strong>. Cuando en 2008 un artículo de prensa desveló la verdadera identidad de su abuelo, <strong>Pedro Urraca Rendueles</strong>, policía franquista encargado de perseguir en Francia a republicanos notables durante la ocupación nazi, la nieta se impuso la tarea de liberarse del lastre impuesto por aquel apellido. Urraca Rendueles llegó a ser condenado a muerte en Francia en 1948, denunciado por la pintora judía <strong>Antoinette Sachs</strong>. Animada por la necesidad de «reparar tanto daño, de restablecer la dignidad de tantas personas a quienes les habían arruinado la vida». Loreto Urraca <a href="http://www.pedrourraca.info" target="_blank">creó una web</a> donde recopiló los nombres y la documentación de algunos de los perseguidos por su abuelo. Y en «un acto atormentado, un viaje interior» recorriendo la memoria de Pedro Urraca para «restablecer la dignidad» de sus víctimas, ha escrito <em>Entre hienas</em>, un libro importante y conmovedor que además apunta aspectos poco conocidos de la colaboración entre el franquismo y el régimen nazi durante la Ocupación.</span></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/Diseño-sin-título-2.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-8401" src="/wp-content/uploads/2019/02/Diseño-sin-título-2.png" alt="Diseño sin título-2" width="647" height="456" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-expediente-de-mi-madre/9788433980205/PN_993" target="_blank"><em><strong>EL EXPEDIENTE DE MI MADRE</strong></em></a><br />
<strong>András Forgách</strong><br />
Anagrama</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.funambulista.net/2018/entre-hienas/" target="_blank"><em><strong>ENTRE HIENAS</strong></em></a><br />
<strong>Loreto Urraca Luque</strong><br />
Funambulista</p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><span style="text-align: left;">Recientemente, </span><strong style="text-align: left;">Enrique Moradiellos</strong><span style="text-align: left;"> explicaba a LEER que en su época de estudiante de Historia, después de tener en España una formación muy estructural, descubrió en Gran Bretaña, mientras preparaba su tesis sobre la política de no intervención, «la fuerza de la biografía histórica, esa hija espuria de la novela y un poco hijastra de la historiografía» pero con una capacidad insustituible para comprender los fenómenos históricos a través de la vida de un individuo. Si Moradiellos pasó de </span><strong style="text-align: left;">Negrín</strong><span style="text-align: left;"> a </span><strong style="text-align: left;">Franco</strong><span style="text-align: left;">, de quien a finales del año pasado publicaba </span><a style="text-align: left;" href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">una excelente síntesis</a><span style="text-align: left;">, </span><strong style="text-align: left;">Geoffrey Parker</strong><span style="text-align: left;"> ha transitado de </span><strong style="text-align: left;">Felipe II</strong><span style="text-align: left;">, </span><a style="text-align: left;" href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-rey-imprudente/254331" target="_blank">desmontando el mito del rey prudente</a><span style="text-align: left;">, a su padre, el emperador </span><strong style="text-align: left;">Carlos V</strong><span style="text-align: left;">. Un libro monumental, frisando las 1.000 páginas, casi 300 de fuentes, notas y bibliografía. Parker es sabedor, con <strong>Freud</strong>, de que la verdad biográfica no existe. En el caso de Carlos V, personaje esquivo, empeñado en ser lo que quería parecer, es aún más complicado, teniendo además en cuenta la vastedad de la documentación existente en torno a un personaje tan importante, que firmó más de 100.000 documentos en seis idiomas, y cuyas cartas en francés o español abarcan miles de folios desperdigados por toda Europa. «¿Cómo puede un plebeyo de Nottingham entender el mundo de un emperador guerrero de hace cinco siglos?», se pregunta Parker con encantadora sorna británica. «¿Necesita verdaderamente el mundo otro libro sobre él?». Nuestro autor, valiente, cree que sí, y </span><strong style="text-align: left;">se ha propuesto escribir la biografía más completa y exhaustiva hasta la fecha con la información disponible</strong><span style="text-align: left;">, con el propósito de «arrojar luz sobre tres asuntos clave»: cómo tomó Carlos sus decisiones; si sus errores y fracasos se debieron a sus limitaciones personales o las carencias estructurales de su imperio, y cómo era el mundo que rodeaba al emperador. </span></p>
<p><a href="https://www.planetadelibros.com/autor/geoffrey-parker/000019843"><img class="aligncenter size-full wp-image-8403" src="/wp-content/uploads/2019/02/portada_carlos-v_geoffrey-parker_201811261034-e1549026746626.jpg" alt="portada_carlos-v_geoffrey-parker_201811261034" width="300" height="416" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>CARLOS V</strong></em><br />
<strong>Geoffrey Parker</strong><br />
Planeta</p>
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		<title>Gutmaro Gómez Bravo: «El Valle de los Caídos es una anomalía absoluta»</title>
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		<pubDate>Tue, 29 Jan 2019 11:07:35 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
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		<category><![CDATA[No Ficción]]></category>
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		<category><![CDATA[Universidad Complutense de Madrid]]></category>
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		<description><![CDATA[El objeto del revisionismo en España, escribe Gutmaro Gómez Bravo (Toledo, 1975), ha sido «banalizar los aspectos represivos del franquismo y potenciar los positivos, especialmente en torno al crecimiento económico de los años 60». Lo pernicioso, explica, «no son sus argumentos, plagados de mitificaciones y tergiversaciones de los hechos, sino las inquietantes funciones que cumplen [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El objeto del revisionismo en España, escribe <strong>Gutmaro Gómez Bravo</strong> (Toledo, 1975), ha sido «<strong>banalizar los aspectos represivos del franquismo y potenciar los positivos</strong>, especialmente en torno al crecimiento económico de los años 60». Lo pernicioso, explica, «no son sus argumentos, plagados de mitificaciones y tergiversaciones de los hechos, sino las inquietantes funciones que cumplen en la sociedad actual (…). Una de ellas, quizá la más importante, sea la de seguir manteniendo determinados episodios del pasado reciente en una constante ceremonia de la confusión». Esta conclusión, incluida en <em><a href="https://www.megustaleer.com/libros/puig-antich/MES-067302" target="_blank">Puig Antich: La Transición inacabada</a> </em>(Taurus, 2014), quizá su libro con mayor proyección, sintetiza la inquietud de un grupo de jóvenes historiadores, discípulos y herederos del legado intelectual del catedrático de la Complutense <strong>Julio Aróstegui</strong>, por diluir los espacios de sombra que incomprensiblemente existen aún sobre el periodo más siniestro de la reciente Historia de España, cuya naturaleza autoritaria y asesina no se circunscribió a la inmediata posguerra sino que, como pone de manifiesto el expediente del joven anarquista ejecutado por garrote vil en 1974, considerado aún materia reservada, mantuvo intacto y operativo hasta el final el aparato represivo sobre el que se consolidó la dictadura más larga de Europa occidental.</p>
<p>Con títulos como <em><a href="https://www.megustaleer.com/libros/el-exilio-interior/MES-061816" target="_blank">El exilio interior</a> </em>(Taurus, 2009), en el que describe el sistema penitenciario que convirtió en los años 40 a decenas de miles de españoles en «desterrados, vigilados y explotados», o el reciente <em><a href="https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=171115" target="_blank">Geografía humana de la represión franquista. Del Golpe a la Guerra de ocupación,1936–1941</a> </em>(Cátedra, 2017), Gómez Bravo ha ido construyendo <strong>una obra destinada a caracterizar una dictadura</strong>, cuyo modelo de Estado y un uso de la violencia centrado en la obsesión por el <em>enemigo interior </em>la hacen muy diferente a los regímenes fascista italiano o nacional socialista alemán. El Nuevo Estado salido de la Guerra Civil cimentó su poder en «la subordinación de la justicia civil a la militar», pero otorgando una «apariencia de legalidad de la coerción y la represión». Aún hoy, en España, los condenados por el régimen siguen siendo oficialmente culpables de delitos que actualmente son derechos políticos y sociales asumidos. «Contribuir a que esta situación termine», explica Gómez Bravo al inicio de su última obra, «y se revisen las sentencias de los tribunales militares de la dictadura forma parte del compromiso moral del historiador con su presente».</p>
<p><strong><em>En tu concepto de ‘Transición inacabada’ tiene un papel consustancial la revisión de las condenas franquistas. ¿Por qué?</em><br />
</strong>La revisión de las sentencias es la pieza clave, porque la represión franquista se hace desde arriba, una vez conquistado el aparato del Estado, de tal forma que los que están contra el franquismo están contra el Estado, y eso da una apariencia de legalidad a la represión contra los <em>enemigos </em>designados por el propio Estado. Jurídicamente eso no ha cambiado. La Transición se hace de la ley a la ley pero no termina de desmontar la legislación punitiva del franquismo. Para hablar de una <em>Transición acabada</em>, eso habría que solucionarlo. Las víctimas y sus familiares ya no exigen una reparación económica. Lo que quieren es que se proclame su inocencia, porque la mayor parte de ellas fue culpabilizada y criminalizada por ir a la guerra o por tener familiares de ideología distinta a la del régimen. Quieren un papel que diga que su padre o su tío fueron injustamente separados de su puesto, de cartero o de diputado de la República, una reparación simbólica; también en el espacio público, porque aquello se hizo con nombres y apellidos. En la Universidad, por ejemplo, se sabe quiénes se tuvieron que ir y quiénes se quedaron, y todavía estamos pugnado con la gente que mantiene una tribu cerrada en algunos departamentos. Pero para reparar a las víctimas primero habría que dejar de reconocer que aquello era <em>el orden institucional vigente</em>, como lo definen los autos cuando deniegan la revisión de las sentencias. Porque ese <em>orden institucional vigente </em>no era legítimo, se institucionalizó por la violencia, y sin embargo queda protegido por la Ley de Amnistía, que es en lo que se amparan hoy los jueces. La justicia universal está por encima de eso, porque estamos hablando de crímenes de lesa humanidad, que no prescriben. Ocurrió lo mismo en Alemania y se inició un proceso de desnazificación. Es una cuestión jurídica que se mantiene interesadamente.</p>
<p><strong><em>Pero sí hay quienes quieren encontrar culpables, como demuestra la causa que hay abierta en Argentina. ¿Qué opinión te merece?</em><br />
</strong>Jurídicamente no te puedo decir, pero la clave es la Ley de Amnistía, que impide que se pidan responsabilidades penales sobre cualquier aspecto de la dictadura. Cuando eso se intentó sortear nos encontramos con una anomalía más, como es que el juez que pone en marcha el proceso de memoria histórica acaba también sancionado, si bien es cierto que por otras razones, pero se le aparta de la carrera judicial y la querella tiene que llevarse a Argentina. Eso tiene una lectura muy negativa como país. Yo, sin embargo, no creo que pueda hablarse de «genocidio», primero porque no se sostiene que un genocidio pueda durar cuatro décadas y segundo, porque no está pensado ni se llevó a la práctica como tal.</p>
<p><strong><em>El Gobierno, a instancias de Podemos, ha dicho que va a anular las sentencias del franquismo. ¿Cómo se puede hacer eso?</em><br />
</strong>Es muy complicado, sobre todo por el volumen. Si es algo simbólico, lo normal sería que las anulase todas a la vez. Pero para eso hay que derogar, en primer lugar, la Ley de Amnistía y luego todo el ordenamiento común del franquismo. El problema es el encaje de determinados grupos que formaron el Estado franquista y que permanecieron en el poder en la democracia, como la judicatura, el Ejército, la Iglesia o los cuerpos de seguridad, porque la nulidad de las sentencias cambiaría jurídicamente el estatus del verdugo y de la víctima.</p>
<p><strong><em>Uno de los mitos que desmontas en tu último libro es la equiparación de la violencia franquista a la del fascismo o la del nazismo. ¿Cuál es esa naturaleza propia de la dictadura de Franco?</em><br />
</strong>Por un lado, la legitimación es sagrada. Por parte de la Iglesia católica se habla de guerra santa, de una cruzada, y ese apoyo no lo tiene ni el fascismo ni el nazismo, donde el Estado es la religión. Y por otro lado, la agresividad en España se dirige hacia un enemigo interior, no solo durante la Guerra Civil, sino a lo largo de toda la dictadura. Mientras que en Alemania, Italia o Portugal, en menor medida, la agresividad de los autoritarismos es hacia fuera, hacia un enemigo racial, y en el caso soviético hacia un enemigo de clase, o de pueblo. Aquí se actúa contra lo que personajes como Vallejo-Nájera califican de <em>la Antiespaña</em>, algo que está ya en la carta colectiva de los obispos de abril del 37, en la que justifican por qué los católicos pueden matar, por qué esa guerra está justificada. Eso no tiene parangón en Europa. Fascismo, nazismo y franquismo tendrán un objetivo parecido pero tienen una dirección muy distinta. Aquí se instaura una dictadura militar muy bien planificada.</p>
<blockquote><p>«Mucha gente se acerca a la lectura de los trabajos de historia contemporánea con un prejuicio ya formado, con ánimo no de conocimiento sino de reforzar sus convicciones»</p></blockquote>
<p>Al franquismo lo hemos visto siempre como un Ejército chusquero, bruto, sin coordinación, que iba a cañonazos, y no. Estamos hablando de militares que han estudiado con Pétain en la Escuela de Guerra de París, que son todos diplomados de Estado Mayor y formados en el manejo de los servicios de información y de la comunicación, en el encriptado y en todo lo que significa la guerra moderna que se impone después de la Primera Guerra Mundial. Eso abre unas perspectivas de conflicto muy distinto, que no lo hace menos terrible, al revés, porque los militares franquistas tienen la capacidad de dibujar sobre el mapa de la Península ibérica qué poblaciones hay qué bombardear y cuáles no, a cuáles hay que someter antes o después, y qué colectivos van a ser clasificados de una o de otra manera. Actúan con una racionalidad moderna bastante destructiva, desde que toman el Estado y crean un eficaz aparato represivo. Recuerdo que Aróstegui decía que en el territorio republicano se mató más, pero se mató peor. Si la comparamos, inicialmente la violencia de las milicias es masiva, contra los católicos, por ejemplo, provocan casi 6.000 muertos durante el verano del 36, pero la incidencia militar que tuvieron esas muertes, el riesgo que suponían para la República, era ínfimo comparado con la capacidad de selección que tenía el servicio secreto español.</p>
<p><strong><em>¿Por qué crees que suscita aún polémica la exhumación de los restos de Franco del Valle de los Caídos?</em><br />
</strong>Supongo que hemos llegado tarde a algunas cuestiones y en el momento actual nunca parece ser el momento propicio para hacerlo, pero desde un punto de vista histórico comparado es una anomalía absoluta. Si no me equivoco, es el único mausoleo mantenido públicamente donde descansa un dictador de Europa occidental. La Iglesia, que fue la esencia del primer franquismo, no se ha opuesto sin embargo a la exhumación y en ese sentido ha sido más realista. Otros sectores igual sí, pero la Iglesia no tiene ya complejos.</p>
<p><strong><em>¿Serías partidario de ‘resignificar’ el Valle de los Caídos?</em><br />
</strong>Antes de <em>resignificar </em>habría que desactivar algunas claves. Y hay una muy clara. A partir de los llamados <em>25 años de Paz </em>(1964) el discurso paternalista lo invade todo. Ya no se habla de la guerra, se habla de integrar a los caídos de ambos bandos e ir hacia una España feliz de desarrollo y crecimiento económico. Y eso es lo que ha calado. La gente que sigue yendo al Valle procede de esa España, están sentimentalmente unidos a esa España. Se nos antojaría muy difícil que alguien en Alemania se sintiera identificado con el <em>nazismo feliz</em>, que también disfrutó de un momento de recuperación económica, por otras circunstancias, pero aquí es así. Sin tener que ir en contra de ellos, habría que hacer pedagogía para decirles que mientras usted estaba pasándolo bien había gente que no lo estaba pasando tan bien, no solo por la represión, sino por la emigración económica y por el hambre. Pero lo que tampoco se puede hacer es mantener un discurso revanchista frontal, porque las claves operativas emocionales por ambos sitios siguen estando intactas.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/01/gutmaro4-e1548759514807.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8368" src="/wp-content/uploads/2019/01/gutmaro4-e1548759514807.jpg" alt="gutmaro4" width="900" height="900" /></a></p>
<blockquote><p>«La Transición se hace de la ley a la ley pero no desmonta la legislación punitiva del franquismo. Y para hablar de una Transición acabada eso habría que solucionarlo»</p></blockquote>
<p> </p>
<p><strong><em>¿Pero por qué si han pasado 80 años desde que terminó la Guerra y 40 desde que murió el dictador?</em><br />
</strong>Porque la generación que ha abierto una demanda de conocimiento, que es la de los nietos, o la de los biznietos, ha dicho que necesitan saber, algo fácil de entender, y la homónima dice que no lo necesita, que estamos bien así. Es más fácil recordar las cosas positivas, pero nosotros no estamos hablando solo de recordar, estamos hablando de conocer y comprender.</p>
<p><strong><em>¿Hay algo de complejo en el hecho de que políticos jóvenes como Pablo Casado o Albert Rivera se resistan a condenar públicamente el franquismo y no voten a favor de la exhumación de los restos del dictador?</em><br />
</strong>Ellos generacionalmente no tendrían que tener ningún complejo, pero por cálculo electoral atienden a quienes lo ven como una cesión al revanchismo. Esa clave sigue estando activa. Si estos políticos, que están asesorados por sociólogos, lo perciben, será porque está ahí. Y está ahí porque mucha de la gente que se acerca a la lectura de los trabajos de historia contemporánea va con un prejuicio ya formado. Hace mucho daño verlo todo en términos de bondad o maldad, de quiénes son los buenos y quiénes son los malos y existen muchas dificultades para inducir a un conocimiento real, porque la gente lo que quiere es reforzar su discurso y sus convicciones. Además, los medios han perpetuado un espejismo de memoria enfrentada porque interesa, pero yo creo que en realidad eso no existe. Hay estereotipos que han persistido e impiden que cale un conocimiento más complejo, más homogéneo. La ideología se coloca por encima de todo, una peculiaridad muy común en España.</p>
<p><strong><em>El problema es que cuando hablas de la Ley de Amnistía alguien nombra a Carrillo. ¿Sería posible superar esa determinación ideológica y crear una suerte de gran proyecto nacional de reparación?</em><br />
</strong>Creo que sí, lo que ocurre es que hay que integrar también a los conservadores, porque si no volvemos siempre al mismo relato de la Guerra, a Paracuellos y a los fusilados en el 75. El caso del Valle de los Caídos es claro, no se puede hacer sin contar con todos, con el PP y con Ciudadanos también, no puede haber oposición, tiene que haber un consenso amplio, y en eso la Transición sí que ha enseñado algo: que las leyes que fueron motores del cambio estuvieron pactadas y acordadas.</p>
<p><strong><em>¿Estás de acuerdo con la enmienda a la totalidad que hace Podemos al decir que la Transición fue una estafa y que habría que ir a un nuevo proceso constituyente?</em><br />
</strong>Primero tendrían que aclarar qué es un proceso constituyente. Pero lo esencial es que parten de un error histórico que es ir de atrás hacia delante. Como sabemos cómo acabó, hacemos una crítica presentista. Y hay que situarse en el año 73, en el año 76, en el 78, en el 81… Lo que no se puede es anticipar el final del relato y dar por sentado que aquello estaba pactado y diseñado. Eso es totalmente incierto. La Transición fue un momento histórico complejo y me parece mal que se haga una crítica frontal contra un proceso que tuvo éxito y es reconocido internacionalmente. Esto no quiere decir que no sea necesaria una crítica política o que se diga que todo fue inmaculado. Al contrario, yo lo he calificado de inacabado, por la falta de revisión de las sentencias, entre otras cosas.</p>
<p><strong><em>A ese reduccionismo histórico al que hacías referencia contribuye sin duda la imposibilidad de acceder a archivos que permanecen cerrados. ¿A qué se debe esto?</em><br />
</strong>No tengo la respuesta técnica, lo fácil sería decir que por una cuestión ideológica, pero yo creo que se han ido cerrando porque a medida que hay más historiadores investigando con mayor rigor ha ido aflorando un conocimiento que ha asustado a determinados sectores. Curiosamente está cerrado el acceso a los aparatos administrativos de control de la dictadura: Exteriores, Defensa e Interior. Eso hace que tengamos aún unas lagunas enormes y facilita que mucha gente pueda seguir manteniendo un discurso acientífico y haciendo afirmaciones sin mostrar las fuentes. No se puede decir que los archiveros tengan la culpa, pero desde luego no hay voluntad por parte de la Administración. Además, está la anomalía de la Fundación Francisco Franco, donde la familia del dictador custodia unos documentos que han sido catalogados por un medievalista, lo que no parece lo más apropiado, con todo mi respeto hacia los medievalistas.</p>
<p><strong><em>Pero la Fundación Francisco Franco asegura que ha digitalizado sus fondos y que son públicos…</em><br />
</strong>Sí, lo que ocurre es que cuando se cotejó el fondo se detectó que faltaban más de 3.000 documentos, que corresponden a los informes de la auditoría del Tribunal de Cuentas al Generalísimo. Es una cuestión importante, no solo para conocer el patrimonio de la familia, que también, sino sobre todo porque estamos hablando de las cuentas de la Jefatura del Estado durante muchísimos años. Y eso nos impide estudiar a la figura clave del régimen.</p>
<p><strong><em>Sobre todo porque hay un tópico vigente sobre la austeridad del Caudillo…</em><br />
</strong>Efectivamente. Supongo que se acostaría pronto, no lo dudo, pero tampoco que le gustaba el dinero. Ya desde la Guerra tenía fuera un patrimonio grande. Para mí, sin embargo, es más importante la gestión de los favores a los amigos, porque se tardó mucho tiempo en establecer unas relaciones basadas en el capitalismo. La economía del régimen tenía una estructura anterior incluso al siglo XIX, donde mandaban las grandes familias, esa aristocracia donde se mete la Falange nueva, donde crecen muchos apoyos y donde muy poca gente controla realmente el país. Si eso lo combinamos con la sangría de la Guerra, de la represión, del exilio, de la emigración económica, del hambre, que fue devastadora, las enfermedades… La sociedad española sufre un bajón vital importante y hasta el año 56 no se iguala el PIB del 36, 20 años que a nivel humano y generacional suponen una involución muy seria. Y repito, no se trata de encontrar culpables y pedir responsabilidades, pero no tiene sentido que esas claves se mantengan ocultas a los historiadores.</p>
<p><strong><em>Hay un elemento poco estudiado y que tú resaltas en tus libros como son los traspasos de propiedad y las empresas que se beneficiaron de los favores del régimen.</em><br />
</strong>Sí, y esa es otra de las razones por las que no se puede hablar de régimen fascista, porque no es el Estado el único beneficiario. Aquí hubo muchos, empezando por la banca y por las empresas que utilizaron presos, que cuando quedaban en libertad provisional se convertían en libertos patrocinados, como en una sociedad precapitalista del siglo XVIII. Esa es la España que se instaura, la de las relaciones de subordinación, no la de clases sociales, algo que se ve muy bien en la España rural donde está muy claro el dominio de los vencedores sobre los vencidos, como reflejan películas como <em>Los Santos Inocentes</em>. Y hay otro aspecto que hace referencia a lo que tuvo que hacer mucha gente para sobrevivir y que es la causa de que muchos callaran luego. No lo hicieron solo por miedo, sino por vergüenza, por haber delatado, por haberse quedado con las propiedades de los demás, incluidos los niños, cosas bastante vergonzantes. Afortunadamente eso ya no está operativo. Pasaron muchas cosas y durante mucho tiempo lejos del frente, en la retaguardia, cosas que hay que explicar e incorporar a los planes de estudio, porque aún hoy, por ejemplo, en Toledo, a los niños se les explica lo del Alcázar como una hazaña heroica. Y si coges cualquier manual de bachillerato verás que muy pocos incorporan la represión o el gobierno de la República en el exilio, por decirte dos cosas que pertenecen a la historia política y que habría que contar sin ningún tipo de sesgo.</p>
<p><strong><em>Formas parte de una nueva generación de historiadores que pretende revertir esa situación, a partir de la creación de los estudios de memoria histórica que puso en marcha Julio Aróstegui. ¿Cómo definirías esa metodología?</em><br />
</strong>Como venía de la enseñanza media, Julio Aróstegui tenía una cosa muy clara y es que había que empezar por la nomenclatura. En lugar de Geografía e Historia, decía, había que hablar de Historia y Geografía, porque si no la Historia quedaría subordinada al espacio. Yo creo que con la memoria pasa lo mismo, pero decir Historia Memoria quedaría mal. La Historia es una ciencia social y tiene que ser objetiva, mientras que la Memoria forma parte del recuerdo, que está condicionado por cómo le fue a cada uno o por lo que le hayan trasmitido. Y hay que mantener esos dos polos, como repetía concienzudamente Aróstegui. El mejor homenaje que se puede hacer a una víctima es explicar su contexto, porque así la devuelves a su historia. Lo demás queda en el plano íntimo y familiar.</p>
<p><strong><em>Sin embargo, a la memoria histórica se la acusa de revanchista</em>.<br />
</strong>Lo que pasa es que hemos tenido que llenar un vacío historiográfico que existía, aunque si se nos ve como revanchistas es porque algo ha fallado, algo hemos hecho mal. La memoria histórica es una metodología que integra testimonios individuales y recuerdos colectivos que se contraponen luego con la documentación de los archivos.</p>
<p><strong><em>¿Qué te parece la forma en que se ha realizado el cambio de nombre de algunas calles en Madrid?</em><br />
</strong>La forma en que se ha hecho no tiene base metodológica y significa utilizar el pasado como arma arrojadiza. Esto hace un flaco favor a los investigadores y favorece a la gente que ve estos procesos como una revancha. Hay que hacer pedagogía, pero respaldada con datos, no con sentimientos ni con partidismos. Creo que fue un error. Como suelen decir los arqueólogos: si no puedes excavarlo no lo saques, porque vas a producir el efecto contrario. Que la política intente ocupar los espacios vacíos que han quedado sentimentalmente en muchas víctimas es miserable.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2018/10/libros-para-leonor/" target="_blank">número 291</a>, Otoño 2018</p>
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		<title>Perico Vidal en dos movimientos</title>
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		<pubDate>Mon, 19 Jan 2015 17:08:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>DURANTE la preparación del que sería su libro <strong><em>Beberse la vida. Ava Gardner en España</em></strong> (Agular, 2006), <strong>Marcos Ordóñez</strong> conoció a <strong>Perico Vidal</strong>, a quien entrevistó en busca de datos sobre la estancia de la actriz en nuestro país. Durante sus encuentros, las preguntas y las respuestas fueron creciendo hasta que <strong>Ordóñez descubrió que la vida de Vidal bien merecía una atención mayor.</strong> Tras su fallecimiento, fue publicando aquellas transcripciones en prensa, y ahora las ordena y amplía en forma de libro en <em>Big Time: la gran vida de Perico Vidal</em>, estructurado en dos partes, <em>La parte de Perico</em> y <em>La parte de Alana</em>, cuya intención recuerda vagamente a <em>Los detectives salvajes </em>de <strong>Roberto Bolaño</strong>.</p>
<p><strong>Libro de memorias, novela encubierta, testimonio o biografía de un hombre y de una época</strong>, el libro es ante todo una apasionante aventura a través de la vida de Perico Vidal narrada en propia voz. Así, el lector podrá encontrarse con una visión de la España de los años 50 y 60 muy particular y personal, pero también (re)vivir de la mano de Vidal sus andanzas con <strong>Frank Sinatra</strong>, <strong>David Lean</strong> y otros famosos actores y directores con quienes colaboró en una época que acaba emergiendo de forma transversal,<strong> a veces con su propia banda sonora de jazz, la gran pasión musical de Perico Vidal.</strong> Pero tras estas historias, que dan una idea convenientemente fragmentaria del personaje –al fin y al cabo es él quien se narra y quien decide qué contar o qué no–, viene <strong>una segunda parte más personal y dura</strong>, un complemento perfecto a la primera, en la que <strong>su hija Alana revela la parte más emocional y convulsa de un hombre que, hasta ese momento, se nos ha aparecido como un personaje irreal.</strong> Una construcción entre el mito y la leyenda que, de repente, se alza como de carne y hueso, porque aquellos huecos que Perico deja en blanco ella se encarga de rellenarlos a veces incluso con crudeza, casi siempre con emoción. En la vida de Perico no todo fueron luces; también existieron unas sombras amargas que ella relata sin tapujos, como la propia época y los personajes que durante su vida le acompañaron.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>ISRAEL PAREDES</strong></em></p>
<address><a href="http://www.librosdelasteroide.com/-big-time-la-gran-vida-de-perico,1273"><img class="alignleft wp-image-3427" src="/wp-content/uploads/2015/01/9788416213030_24.jpg" alt="9788416213030_24" width="150" height="240" /></a><a href="http://www.librosdelasteroide.com/-big-time-la-gran-vida-de-perico,1273" target="_blank">BIG TIME: LA GRAN VIDA DE PERICO VIDAL</a></address>
<address><strong>Marcos Ordóñez</strong></address>
<address>Libros del Asteroide. Madrid, 2014</address>
<address>288 páginas. 18,95 euros</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el <strong>Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a></strong>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
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		<title>Pla, un vencedor derrotado</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2014 12:29:33 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>CUANDO OIGO DECIR que ya es hora de empezar a estudiar el franquismo sin apasionamientos, reprimo un hondo suspiro de melancolía. Ya sería hora, sí, en un país normal: no en uno que revive cada día el espantajo del dictador para justificar un delirio identitario o una eterna revolución pendiente, conceder medallas retrospectivas, practicar un revisionismo absurdamente nostálgico y, en general, <strong>ganarse la vida del intelectual sesgado con sinecura ideológica, que es el modelo inmaduro de la industria cultural española.</strong></p>
<p>Pero a veces topamos con trabajos rigurosos, laboriosamente editados y valientemente prologados, muy alejados del sectarismo que alienta en la colonización cultural (enjuiciar las posiciones éticas de los biografiados en tiempos bélicos desde la confortable óptica de la prosperidad posmoderna) como <strong>este libro del periodista Josep Guixà, obra luminosa sobre la relación ambigua entre Pla y otros catalanistas moderados con el franquismo.</strong> A diferencia de lo que se ha tratado de hacer con <a title="Reseña de 'El marqués y la esvástica'" href="/2014/09/con-mas-tinta-que-verdad/" target="_blank"><strong>Ruano</strong></a>, reduciéndolo a nazi sin comprender su picaresca estructural (y sí: amoral, pero nunca fanática ni criminal), este libro describe <strong>con proliferación de documentos y esfuerzo de comprensión la polémica evolución ideológica del gran escritor</strong> y de algunos colegas, desde su crianza burguesa hasta su coqueteo juvenil con el radicalismo izquierdista de <strong>Macià</strong>; siguiendo por el definitivo deslumbramiento ante <strong>Cambó</strong> y el regionalismo pactista de la Lliga (posición conservadora que ya nunca abandonará); continuando por su labor de espionaje desde Francia para el bando de <strong>Franco</strong> durante la guerra, cuya elucidación precisa es la mayor aportación de este libro; y <strong>terminando por la desconfianza amarga con que unos y otros</strong> (catalanistas y franquistas, e incluso catalanistas franquistas, condición mucho más mayoritaria de lo que vende el mito nacionalista y que Guixà documenta con lujo) <strong>pagaron sus servicios.</strong></p>
<blockquote><p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie</p></blockquote>
<p>Antes que monje de las letras, Pla fue <strong>un hombre comprometido hasta las cachas en las pasiones políticas de un tiempo letal.</strong> Nunca se sintió españolista (despreciaba la idea de Castilla que enamoraba al 98), pero practicó siempre que pudo un doble juego muy <em>camboniano</em>: buscar alianzas en Madrid con la derecha –fuera monárquica, republicana, falangista o dictatorial– con tal de evitar que Cataluña cayera en el desorden criminal anarcosindicalista, como en efecto terminó sucediendo. Así se entiende que el autor de <em>El cuaderno gris</em> perteneciera a la <em>corte literaria</em> de <strong>José Antonio</strong>, a quien trató y visitó en la Modelo, y escribiera en <em>Arriba</em> y en <em>Falange Española</em>. Más tarde tomó partido por el moderantismo de la CEDA, y todo ello lo compaginó con los artículos regionalistas para <em>La Veu</em><em> de Catalunya</em>. Tiene líneas en favor de los movimientos de liberación nacional europeos y contra la debilidad de la democracia liberal, <strong>queda seducido por Mussolini e incluso profesa tímido interés por Hitler, pero su coqueteo con el fascismo es fugaz</strong>, como duradera su aversión a la izquierda revolucionaria. Cuando el Frente Popular gana las elecciones, el ya famoso periodista abandona su corresponsalía en Madrid y se recluye en Llofriu, adonde iría a buscarle un comité rojo de Barcelona presumiblemente para darle el <em>paseo</em>. Lo salvará un jefe local de la CNT, por razones de pura familiaridad, y <strong>cuando Pla se ve a salvo en Francia, se echa a llorar ante un plato de bullabesa.</strong></p>
<p>En Marsella, puerto de guerra estratégico, Cambó nombra a Pla agente número 10 del Servicio de Espionaje de la Frontera del Nordeste de España (SIFNE), agencia montada por el propio Cambó a la manera de una eficiente empresa familiar y puesta al servicio de la junta de Burgos, que valoraba mucho la claridad (planiana) de los escritos del SIFNE. El agente número 10 informaba de los barcos que salían para Valencia (zona roja) o de las tareas de reclutamiento que en Marsella organizaba la Komintern, pero nada tuvo que ver con el barco hundido con armamento para la República que alguna historiadora ha querido cargar sobre la conciencia de Pla. <strong>Se trataba de informes sobre la internacionalización del conflicto hacia 1937, más que otra cosa</strong>, en cantidad propia de un grafómano y de una calidad indisimulada de estilista. El SIFNE presionaba para que Franco entrara ya en Cataluña y acortase la guerra, pero nunca logró semejante influencia sobre el dictador. Y <strong>cuando llegó 1939, las suspicacias de Pla por su pasado “rojo-separatista” se confirmaron: su puesto como director de <em>La Vanguardia</em> duró un mes.</strong> Le sustituyó un catalanista franquista homologado por <strong>Serrano Suñer</strong> con el beneplácito entusiasta de <strong>Godó</strong>: <strong>Luis de Galinsoga</strong>.</p>
<p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie. <strong>Solo le quedó entonces el refugio de la literatura.</strong> Y ahí empezó la verdadera gesta: la refundación del lenguaje literario catalán.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORGE BUSTOS</strong></em></p>
<address><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/"><img class="alignleft wp-image-3184" src="/wp-content/uploads/2014/12/978-84-15174-98-11-635x1024.jpg" alt="espias-cubierta.indd" width="150" height="242" /></a><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/" target="_blank">ESPÍAS DE FRANCO</a>. JOSEP PLA y FRANCESC CAMBÓ</address>
<address><strong>Josep Guixà</strong></address>
<address>Fórcola. Madrid, 2014</address>
<address>520 páginas. 26,50 euros</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cultural</a> de ARCE (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
<p> </p>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>Boyer, el hombre que sabía demasiado</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Sep 2014 11:22:27 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>En el día de la muerte de MIGUEL BOYER de una embolia pulmonar a los 75 años, se hace necesario revisar la biografía que del ex ministro de Economía socialista publicó quien fuera editor y refundador de LEER, JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ, en 1991. “Miguel Boyer. El hombre que sabía demasiado” (Temas de Hoy) es un exhaustiva y apasionante elucidación de la personalidad y trayectoria de Boyer, que ofrece interesantes claves del pasado reciente e incluso del momento actual que vive España. Reproducimos a continuación un fragmento del prólogo del libro.</address>
<address> </address>
<p>LA BIOGRAFÍA del principal protagonista de este libro, la explicación de <strong>Miguel Boyer Salvador</strong>, aparece forzosa,<strong> incesante y dramáticamente condicionada por la historia</strong>, desde la contemplación de los viejos daguerrotipos y las desvaídas fotografías de los antepasados de su linaje y tradición ideológica –<strong>Espartero</strong>, <strong>Práxedes Mateo Sagasta</strong>, <strong>Azaña</strong>, <strong>Amós Salvador</strong>…– hasta la dolorosa experiencia vivida por su familia tras la Guerra Civil, su condición de <strong>niño nacido en el seno de la “España ausente”</strong> del exilio republicano en una clínica francesa de San Juan de Luz.</p>
<p>Un segundo aspecto ha movido al autor a adentrarse en la elaboración de este elucidario de Miguel Boyer: su condición de protagonista notorio de la historia reciente de nuestro país, desde su posición de <strong>histórico dirigente del Partido Socialista Obrero Español</strong> –treinta años de recalcitrante militancia, con los breves paréntesis de 1968, año en el que <strong>fue expulsado del PSOE por Rodolfo Llopis</strong>, entonces secretario general del partido en el exilio, y su salida voluntaria, <a href="http://elpais.com/diario/1977/09/24/espana/243900019_850215.html" target="_blank">durante escasos meses</a>, en 1977–, hasta su condición de “primer arquitecto”, de <strong>diseñador de las grandes pautas de la política económica de los gabinetes de Felipe González</strong>, con sus dos años y medio como <em>superministro</em> de Economía, Hacienda y Comercio del primer gobierno socialista. <strong>Sin desdeñar el ascendiente intelectual y político ejercido por él sobre otros dirigentes del PSOE</strong>, incluido González, y su influencia en el progresivo deslizamiento hacia la moderación del PSOE renovado, que inicia su andadura colectiva en el congreso de Suresnes de 1974.</p>
<p>Este no es un libro “económico”, en el sentido literal –ni siquiera lato– de la palabra. En primer lugar, por la condición de simple aficionado a la materia del autor y, sobre todo, porque la personalidad intelectual y política de su principal protagonista trasciende con mucho los concretos y reducidos ámbitos de la economía. <strong>Su silueta de estudioso, de político, convierten su condición de experto en economía en un aspecto más –si bien importante– de su personalidad intelectual.</strong></p>
<p>A la hora de indagar en la vida de Boyer Salvador, el autor no ha tenido que arrostrar las dificultades con las que se topan los biógrafos al tratar de reconstruir, con la paciente minuciosidad que requiere un puzzle, la vida de personajes ya desaparecidos; ni siquiera tuvo que forcejear con las cuarenta toneladas de documentos que agobiaron a <strong>Frank Friedel</strong> al emprender la extenuante tarea que supuso <a href="http://www.nytimes.com/1993/01/26/us/frank-freidel-biographer-of-fdr-is-dead-at-76.html" target="_blank">escribir la biografía</a> del Presidente de los Estados Unidos <strong>Franklin Delano Roosevelt</strong>. Sí se topó, en cambio, con <strong>montañas de material hemerográfico en un terreno ciertamente inesperado</strong>, que, dada la personalidad de Boyer, nadie hubiera imaginado antes de 1982: la llamada prensa del corazón. Su espectacular y estruendoso idilio y posterior matrimonio con <strong>Isabel Preysler</strong> tuvo algo que ver con ello.</p>
<p>El físico, el estudioso de la filosofía de la ciencia, el economista, el ideólogo, el personaje público, el hombre, en suma, <strong>se vio progresivamente inmerso en un mundo despiadado</strong> –el de la política– que ha suscitado en él sentimientos de estupor, de recelo más tarde, y finalmente de desdén, cansancio y extenuación intelectual, que en parte explican el <strong>largo rosario de abandonos y dimisiones que jalonan su biografía.</strong> Tampoco estaba Boyer Salvador preparado para soportar el incesante acoso de la prensa, la persecución a la que ha sido y es cometido por parte de los informadores políticos o de los animosos e incansables reporteros y <em>paparazzi</em> que abastecen con su trabajo los planillos de las llamadas revistas del corazón. Si la actual clase política española –y más concretamente, gran parte de los dirigentes socialistas de hoy– fue descrita por un conocido novelista como “la culminación del medio pelo”, no hay duda de que la figura de Boyer <strong>destaca sobre la media de nuestros políticos contemporáneos.</strong> Boyer Salvador es una especie de recreación, en clave político-intelectual, de <em>El hombre que sabía demasiado</em>, y al igual que el provinciano y atribulado estomatólogo atrapado en un diabólico laberinto norteafricano –protagonista del homónimo y <a href="http://youtu.be/Ft2smpFxJgY" target="_blank">legendario filme</a> de <strong>Alfred Hitchcock</strong> <em>The Man Who Knew Too Much</em>–, <strong>se vio repentinamente sumergido en un universo hostil y vertiginoso que tardó en llegar a comprender</strong> (…).</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>JOSÉ LUIS GUTIÉRREZ</em></strong></p>
<address style="text-align: left;"><a href="/wp-content/uploads/2014/09/boyer.jpg"><img class="alignleft wp-image-2470" src="/wp-content/uploads/2014/09/boyer-611x1024.jpg" alt="boyer" width="150" height="251" /></a>MIGUEL BOYER. EL HOMBRE QUE SABÍA DEMASIADO</address>
<address style="text-align: left;"><strong>José Luis Gutiérrez</strong></address>
<address> Temas de Hoy. Madrid, 1991</address>
<address>461 páginas</address>
<p> </p>
<p>“El hombre que sabía demasiado” <a href="http://www.iberlibro.com/servlet/SearchResults?an=Jos%E9+Luis+Guti%E9rrez&amp;sts=t&amp;tn=El+hombre+que+sab%EDa+demasiado" target="_blank">en Iberlibro</a>.</p>
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		<title>Tardofranquismo naturalista</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Sep 2014 16:05:12 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[#LEER255]]></category>
		<category><![CDATA[Canta solo para mí]]></category>
		<category><![CDATA[Franquismo]]></category>
		<category><![CDATA[Madrid]]></category>
		<category><![CDATA[Nativel Preciado]]></category>
		<category><![CDATA[Novela]]></category>
		<category><![CDATA[Planeta]]></category>
		<category><![CDATA[Premio Fernando Lara]]></category>
		<category><![CDATA[Transición]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Araguas]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con <em>Canta sólo para mí </em><strong>Nativel Preciado</strong>, veterana corredora de fondo de la literatura y el periodismo (a bordo del dinamitado <em>Madrid</em>, del que se hace apología en el libro, solo que con el nombre de <em>El Hispano</em>), ha obtenido el Premio Fernando Lara 2014. Una novela que tiene mucho de <strong>crónica de un tiempo esperanzado pero también dogmático</strong> (con ciertas actitudes sectarias que conllevan un punto de tic dictatorial pese a ir dirigidas, precisamente, contra una dictadura, así la de Franco, que contextualiza históricamente el argumento de la historia desarrollada por Preciado). Malik, hijo de la reportera gráfica Muriel y un politizado palestino, intenta reconstruir los azares biográficos de su madre en el Madrid del tardofranquismo. Muriel se ve enredada en una historia de amor con el <em>progre</em> Estanislao, Tanis, aunque termine envuelta en un arrebato sentimental que la lleva a los brazos de Bashir, muy comprometido con la liberación de Palestina, vía la OLP, por entonces más que consentida por un franquismo refractario a Israel.</p>
<p>El libro trata, pues, de<strong> la deriva amorosa de Muriel, siempre enamorada del hombre equivocado</strong>, o eso nos dice Nativel en el epílogo-agradecimiento de la novela donde aclara que esta mujer <strong>existió en verdad y fue compañera de redacción.</strong> Preciado ha echado mano de su propia experiencia, y esto es uno de los valores de la novela. <strong>Las páginas dedicadas al Café Gijón y aledaños, cerillero Alfonso incluido, son todo un documento.</strong> Como lo es la aparición del “payador” argentino <strong>Atahualpa Yupanqui</strong> en Madrid y en París, siendo así que la propia Nativel llegó a glosarlo en alguno de sus libros. El intérprete de <em>Los ejes de mi carreta</em> queda aquí en su dimensión humana justa, también cuando intenta besuquear a Muriel a bordo de un taxi. Y naturalista resulta la descripción del primer encuentro amoroso entre Muriel y Tanis, con la sorprendente aparición de unos extraños bichejos en la parte pilosa más íntima de la protagonista de la historia.</p>
<p>Naturalismo puro y duro, por tanto, en una novela donde no falta la reflexión política sobre un tiempo ya caduco pero que se resistía precisamente a eso, a caer. <strong>Tierno, también, y un tanto inmisericorde el retrato de la progresía de la época, un poco “tigres de papel”</strong>, como en la película de <strong>Fernando Colomo</strong>, que aún tardaría unos pocos años en aparecer, pero dejándonos ver con ternura áspera ese sector social que no terminaba de ser tan moderno como pretendía porque su progresismo venía lastrado, tal vez, por aquello que combatía. Una historia, la que nos cuenta Nativel Preciado, de indagación, deductiva, muy acertada en todo caso, con estilo eficaz y concepto certero, que disfrutarán quienes gusten de novelas realistas en estado puro, <strong>con su aquel documental y un sentimiento un punto neorromántico</strong>, y por lo tanto exacerbado.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>VICENTE ARAGUAS</em></strong></p>
<address><img class="alignleft wp-image-2347" src="/wp-content/uploads/2014/09/canta-solo-para-mi_9788408128847-681x1024.jpg" alt="C_ canta solo para mi .indd" width="150" height="225" />CANTA SOLO PARA MÍ</address>
<address><strong>Nativel Preciado</strong></address>
<address>Planeta. Barcelona, 2014</address>
<address>285 páginas. 20€</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address> </address>
<address><em>Una ver­sión de esta reseña ha sido publi­cada en el <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de sep­tiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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