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	<title>Revista leer &#187; Cataluña</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Arcadi Espada: «El nacionalismo es una idea maligna que no debe triunfar»</title>
		<link>https://revistaleer.com/2019/02/arcadi-espada-el-nacionalismo-es-una-idea-maligna-que-no-debe-triunfar/</link>
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		<pubDate>Sun, 17 Feb 2019 10:23:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julio Valdeón Blanco]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Arreciaba la revolució dels somriures. El presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, soñaba hermosas maniobras norcoreanas. Prosperaba la llamada guerra de los lazos entre quienes aspiran a acotar para sí mismos el espacio público y quienes, en atención a la jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y el Tribunal Supremo, reclamaban que fuera políticamente neutral. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Arreciaba la </span><i><span style="font-weight: 400;">revolució dels somriures</span></i><span style="font-weight: 400;">. El presidente de la Generalitat, <strong>Joaquim Torra</strong>, soñaba hermosas maniobras norcoreanas. Prosperaba la llamada </span><i><span style="font-weight: 400;">guerra de los lazos</span></i><span style="font-weight: 400;"> entre quienes aspiran a acotar para sí mismos el espacio público y quienes, en atención a la jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y el Tribunal Supremo, reclamaban que fuera políticamente neutral. En septiembre, además, llegó la reedición, </span><i><span style="font-weight: 400;">postfacio</span></i><span style="font-weight: 400;"> incluido, de </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-contra-catalunya/271151" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i></a><span style="font-weight: 400;">. <strong>La crónica más importante publicada en España en estos últimos veinte años.</strong> El informe forense de un tiempo y un país que sigue ganando batallas dos décadas más tarde. Mientras, avanza la gangrena xenófoba y parece que estamos cerca de constituir la ingrata excepción que confirmaría las tesis de <strong>Steven Pinker</strong>. <strong>Ese raro país de Occidente donde el onanismo clerical y la reacción con ropajes </strong></span><strong><i>cool</i> triunfaron sobre los ideales ilustrados. </strong></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i><span style="font-weight: 400;"> nació cuando <strong>Arcadi Espada</strong> (Barcelona, 1957) tenía 40 años, publicaba columnas y entrevistas en </span><a href="https://elpais.com/autor/arcadi_espada/a" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> y estaba cerca de inaugurar <a href="http://www.arcadiespada.es/" target="_blank">un blog tremendamente influyente</a>. No mucho después, y en compañía de otros libres e iguales, alentaba la creación de un partido político en Cataluña. Enfrentado al relato unánime y ultramontano de los partidarios de crear naciones basadas en lo identitario, boinas y lágrimas. <strong>Pero todo tiene un precio. Se paga por escribir a la contra.</strong> Por no acatar los dicterios tribales. Por discutir las calidades epistémicas del cuento reaccionario. En el caso de Arcadi Espada, y de otros intelectuales igualmente admirables, como <strong>Fernando Savater</strong>, el atroz pim pam pum creció en los últimos años. No digamos ya tras la publicación de </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-un-buen-tio/263016" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Un buen tío</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, el libro que Espada dedicó al asombroso caso de <strong>Francisco Camps</strong> y </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;">, todavía reciente cuando hicimos esta entrevista.</span></p>
<p><em><strong>¿No cansa un poco? Me refiero a encontrarse permanentemente señalado.</strong></em><br />
Estoy acostumbrado. No me impresiona. Un escritor no puede pensar en quién lo lee o cómo encajará su discurso.</p>
<p><b><em>Yo vivo Estados Unidos, y fue llegar a España el pasado verano y descubrir que Franco está en la tele a todas horas. ¿Cómo es posible que cuarenta años después de su muerte Franco sea todavía uno de los principales temas de conversación periodística de este país.</em><br />
</b>¿Periodística? Bueno, más bien televisiva, ¿no? En cualquier caso hay una circunstancia objetiva, muy importante, que a veces olvidamos. En este país hubo una Guerra Civil. Juan Antonio Samaranch, con el que acabé teniendo una relación muy estrecha después de haber sido su biógrafo, me decía un día, poco antes de morir, «Mire Espada, realmente las guerras civiles no se olvidan nunca. Los alemanes y los franceses, bueno, es verdad, se invadieron, etc., pero esas heridas curan muy rápido. Las heridas de una guerra civil curan mucho más tarde, si es que curan». Eso tiene una explicación lógica y natural, porque esas heridas se producen en el seno de una comunidad, los vecinos se matan, pero es que luego tienen que seguir viviendo juntos. Qué es lo que está pasando con la mini guerra civil en el País Vasco. Bueno, en realidad no fue una guerra civil. Allí solo mató un bando. Pero claro, los asesinos viven al lado de las víctimas. Ese es el primer suelo que la gente olvida. Nos dejamos llevar por la pasión política de un lado o de otro y no atendemos al hecho objetivo fundamental, la Guerra Civil.</p>
<p><b><em>Y su larga sombra…</em><br />
</b>Hablamos de una guerra que duró muchos años. No se saldó en 1939 con un pacto entre vencedores y vencidos, o no solo. Después hubo cuarenta años de dictadura. Son muchos años. Hay implicadas tres generaciones, por seguir la cronología de Ortega. También sucede que la Guerra Civil es la principal industria cultural de España. Incluso en el extranjero, donde la compran maravillosamente. La compran como consumen los mitos del torero o festejan el flamenco. Al fin, ya sabe, los españoles, esa gente sanguínea y colérica que se mata cada cincuenta años. Por lo demás a la izquierda le resulta beneficiosa la utilización de la figura de Franco. Le permite trazar un perímetro moral donde sentirse superior. Es superior porque fue vencida. Además, considera que la Guerra Civil todavía la puede ganar. Todo lo que hace la izquierda española en este asunto, una izquierda que perdió la Guerra Civil y perdió la dictadura, es tratar de remediar estos dos hechos, irremediables, y como sigue intentado de forma obstinada cambiar el pasado, ganar la guerra, derrotar a Franco, pues la guerra reaparece de forma cíclica. Sea a manos del juez Garzón, de Zapatero o de este presidente por accidente.</p>
<blockquote><p>«El nacionalismo español no existe a día de hoy, pero eso no quiere decir que no existiera ayer, o que parte de nuestros problemas no vengan de ahí»</p></blockquote>
<p><b><em>Aquello que contaba César Alonso de los Ríos en el prólogo de uno de sus libros, cuando un crítico literario vinculado al régimen se extraña porque Max Aub, que acababa de volver del exilio, se mostrase tan emocionado de estar de vuelta. Su incapacidad para entender que el escritor había perdido la guerra, pero no había perdido a España.</em><br />
</b>Existe otra explicación derivada de la Guerra Civil, y que tiene que ver con el discurso más letal de los vencedores. El de la Anti-España. Que permite colocar a una serie de españoles, centenares de miles, fuera del contorno de lo aceptable, de lo que en su opinión te permitía ser español. El concepto de Anti-España lo inventan los franquistas. Curiosamente  no lo aplican solo contra los nacionalistas catalanes, vascos, etc. No, lo aplican, sobre todo, a los rojos. Contra los rojos. La Anti-España del franquismo, y hablo especialmente de la represión del primer franquismo, marca a unos ciudadanos por tener una ideología determinada. A continuación los expulsa del perímetro político y moral del país.</p>
<p><b><em>Una vez expulsado ya resulta mucho más fácil la eliminación física.</em><br />
</b>Yo suelo ser bastante incorrecto con estos temas, pero hay que tener cuidado con la incorrección. Sobre todo si implica olvidar y/o condonar hechos que están en el sustrato de estas cosas. La Anti-España, que insisto en que es un concepto que se disuelve a medida que el franquismo se convierte en una suerte de régimen paternalista, cruel hasta el final, ojo, pero paternalista, la Anti-España señaló a mucha gente, expulsándola. Conviene fijarse en hasta qué punto hay paralelismos entre la idea de la Anti-España, furibundamente nacionalista, y el concepto nacionalista del autoodio. Ese con el que muchos dirigentes y responsables de la cultura nacionalista en Cataluña nos llaman a nosotros.</p>
<p><b><i>Contra Catalunya</i></b><b>.<br />
</b><span style="font-weight: 400;">Cuando yo escribo </span><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i><span style="font-weight: 400;"> lo hago para denunciar eso. Yo no trato de la discrepancia entre comunidades o ciudadanos. No, habló de la expulsión. Eso es lo que importa. La clave. Cuando los alemanes le dicen a los judíos, usted no es alemán. Cuando los franquistas le dicen a los republicanos, usted no puede ser español. O cuando los nacionalistas le dicen a los críticos, a sus críticos, usted, Espada, usted no puede ser catalán.</span></p>
<p><b><em>¿Cree que en España se percibe con claridad ese mecanismo, de origen fascista?</em><br />
</b>Yo no diría de origen fascista. Diría, más bien, por precisar, nacionalista. Lo primero que hace el nacionalista es decir, mire, en este marco ustedes son, y fuera no. Fuera del marco no son.</p>
<p><b><em>Finalmente el nacionalismo deriva hacia el fascismo cuando exacerba los mecanismos de exclusión, y claro, los franquistas se llamaban a sí mismos los ‘nacionales’…</em><br />
</b>Evidentemente, porque para consolidar su legitimidad necesitaban que la República no fuera algo nacional. La República sería entonces un injerto. Toda la retórica del extranjero, Rusia es culpable, etc., camina siempre en la dirección de señalar como ajena cualquier posición que no sea favorable al nacionalismo, en ese caso franquista. Tampoco estoy inventando nada. Resulta bastante obvio. Aunque supongo que debemos recordarlo. El nacionalismo español hoy no existe. El nacionalismo español es la Constitución del 78. O sea, el país más comprensivo con sus propios conflictos internos que hay en el mundo. Pero que no exista el nacionalismo español a día de hoy no quiere decir que no existiera ayer, o que parte de nuestros problemas no vengan de ahí.</p>
<p><b><em>La izquierda española, buena parte de la izquierda, tampoco entiende que contraponer un discurso ilustrado al relato nacionalista no hace de ti un nacionalista de signo contrario. Para ellos, serás nacionalista o no serás. ¿Esto no es una perversión?</em><br />
</b>La perversión fundamental. El nacionalismo no vive sin el otro. Para sobrevivir necesita la falacia del hombre de paja. Construir un enemigo imaginario y acosarlo. Un enemigo que no se corresponde en absoluto con la realidad.</p>
<p><b><em>Todos nacionalistas, y al mismo tiempo dos equipos, nosotros, los buenos, los pata negra, y ellos, los impostores, los de fuera, los que se odian, los impuros…</em><br />
</b>Por eso la única posición respetable ante el tribalismo es la posición ilustrada, racional, y es desde ahí que nos enfrentamos al franquismo en su día la gente de mi generación. Bueno, en fin, ¡de una manera ya muy crepuscular! ¡Cuando el franquismo ya no era nada o al menos tenía muy poco que ver con el franquismo de la posguerra! Pero hablamos de la misma posición desde la que algunas personas nos hemos enfrentado a los catalanistas. Contra quienes niegan la posibilidad de que haya algo más que una manera de ser en la vida. Contra quienes están convencidos que en esta vida hay que militar en la tribu.</p>
<blockquote><p>«A la izquierda le resulta beneficiosa la utilización de la figura de Franco. Le permite trazar un espacio moral donde sentirse superior. Es superior porque fue vencida»</p></blockquote>
<p><b><em>Ayer mismo, en un acto, escuchaba a la vicepresidenta del Gobierno hablar de libertad y justicia. Pero hablaba en abstracto. No parece consciente del calado de la operación política que está teniendo lugar en Cataluña. ¿Cómo pueden emocionarse con la libertad, la igualdad, la justicia, e ignorar el atropello contra la libertad y la igualdad que supone la exclusión de la mitad de la población de Cataluña y el que unos pocos rompan el pacto de todos?</em><br />
</b>Yo toda palabra que salga de la boca de la vicepresidente del Gobierno, sin ánimo de ofender más allá de lo necesario, no puedo comentarla. La vicepresidenta es una persona cuya capacidad cognitiva es muy limitada y referirse a lo que ella diga… Ahora, puedo hablar en general. Y no la izquierda, también la derecha ha sido inconsciente respecto a la gravedad del asunto. Ni la izquierda ni la derecha han defendido su país. Cuando digo su país hablo de su país moral. Porque a mí, a diferencia de lo que dijo el presidente Rajoy en su discurso de despedida del PP, lo que me importa es la soberanía vinculada a la Constitución. Pero no una soberanía previa. Me importa y defiendo la soberanía que nace con la Constitución y se articula en la Constitución. Lo contrario, aceptar que existe una soberanía anterior, una España mítica, equivale a aceptar que también existen los derechos históricos de los españoles, que es lo mismo, exactamente lo mismo, que aceptar que hay derechos históricos de los catalanes, de los vascos, etc.</p>
<p><b><em>Pues hay quienes para discutir a los nacionalistas agitan la bandera de la soberanía previa.</em><br />
</b>Una de las características esenciales de la reacción al nacionalismo es la confusión. Confusión política, intelectual y moral. El nacionalismo tiene mucho de pulpo echando tinta. Está especializado en confundir las palabras, oscurecer los significados y disfrazar las estrategias. En ese sentido el nacionalismo catalán y vasco ha sido muy hábil. Ha contado con la indiferencia, la indigencia intelectual y los complejos de la izquierda y la derecha, de los dos. Esto destaca cuando indagas en los comportamientos de cada presidente de Gobierno ante el desafío.</p>
<p><b><em>Hablando de eso, cuando Rajoy hace lo que hace, y se va al restaurante, y no dimite, parece que está pensando como un hombre de partido y no de Estado, y que antepone la recuperación electoral del PP a la hipótesis de dar alas a Ciudadanos, por más que favoreciera a los golpistas.</em><br />
</b>¿Qué tendría que haber hecho Rajoy?</p>
<p><b><em>Dimitir.</em><br />
</b>La convocatoria electoral, una vez que había sido presentada la moción de censura, ya no era posible, con lo que el resultado hubiera sido el mismo. Y estaba garantizado que se pondrían de acuerdo, habría dado igual, pues el único sentido de esa moción era la erosión del Estado. Para los nacionalistas supuso la oportunidad de tener a un presidente cogido por la entrepierna. La cosa más terrible que les pudo pasar a los nacionalistas catalanes fue el 155. Comprobar que por primera vez los dos grandes partidos nacionales se ponían de acuerdo para destituir al gobierno de Cataluña. Por eso perdieron el pulso. Por eso, de forma análoga, lo más terrible que le podía suceder a los españoles es que esa unión se perdiera, cosa que ocurre gracias a la ambición y la falta de escrúpulos de este pequeño hombre que ahora tenemos como presidente.</p>
<p><b><em>Provoca cierto cansancio, por decirlo finamente, la comprensión que suscitan las ideas nacionalistas…</em><br />
</b>A veces me preguntan, pero vamos a ver, cuál es el fondo de tu oposición a todo esto. Yo mismo lo pienso. La conclusión es que el nacionalismo es una idea maligna que no debe triunfar. Es decir, no hay una cuestión más profunda o importante que esta. El nacionalismo no pude ganar. Los nacionalistas no pueden ganar. Porque si ganan significa que gana el mal. Que gana aquello que disgrega. Aquello que miente. Aquello que ha llevado a la ruina sistemática a las sociedades humanas durante muchos milenios. No hablamos solo de Europa. El nacionalismo es el responsable máximo, junto con la religión, que es su complemento, de la ruina humana. El principal escollo para que los hombres avancen es el tribalismo. De ahí, por ejemplo, mi oposición a la estupidez esta de que las lenguas sean patrimonio de la humanidad y chorradas así. Las lenguas son esenciales a la hora de limitar la participación humana en los asuntos globales.</p>
<p><b><em>Sin embargo cuando uno discute esto, y cuestiona la calidad de ciertas tesis, se te echan encima con una ferocidad… Igual, por ejemplo, que si planteas alguna objeción a la versión del feminismo que parece imponerse.</em><br />
</b>Ya, pero eso, aunque sea muy vistoso, tiene poco misterio. Los insultos… Estoy muy acostumbrado a recibir los insultos de los comunitaristas. Quizá porque no hay ninguna diferencia entre el identitarismo feminista y el nacionalista. Y respecto al tribalismo hay una cuestión que debemos tener muy en cuenta. El tribalismo es muchas cosas. Pero hay una de la que se habla poco, y me encanta haberla visto, soberbiamente descrita, en el último libro de Steven Pinker, que estoy leyendo ahora. Cuando explica que el indentitarismo, la política de la identidad, no es solamente el elemento político que ha llevado a la izquierda a su ruina intelectual, tampoco que en el caso de la derecha haya provocado tragedias espantosas, sino que además es un freno intelectual, un freno de tipo cognitivo. La persona que piensa en términos identitarios es alguien que no comprende bien el mundo, que no advierte, o sí pero con mucha mayor dificultad, los sesgos de su punto de vista. Esto es crucial, porque el principal problema que tenemos las personas para entender el mundo son nuestros sesgos. Estamos obligados a vencerlos. Las personas inmersas en un marco absolutamente rígido de creencias, e indiscutible, y que fuera del marco no se avienen a la discusión, sino que expulsan del marco a quien no piense como ellas, esas personas, aparte de la inmoralidad de su razonamiento, sufren un impedimento técnico para comprender el mundo. Son víctimas de la seducción tribal, o tribalesca, y tienen mucho más crudo cumplir con aquel maravilloso consejo de Francis Bacon a sus discípulos, contemplad el mundo…</p>
<p><b><em>Eso sí, arruinarán el feminismo.</em><br />
</b>Por fortuna el número de mujeres inteligentes, valientes y cultas es muy alto, y por supuesto también esa lucha la ganaremos.</p>
<blockquote><p>«La persona que piensa en términos identitarios es alguien que no comprende bien el mundo, que no advierte, o lo hace con dificultad, los sesgos de su punto de vista»</p></blockquote>
<p><em><b>No hemos hablado de su penúltimo libro, ‘Un buen tío’. Recuerdo esa frase de Stephen Frears que siempre cita, ‘El periodismo se ocupa de la gente en un momento muy corto de sus vidas’. Me sorprende que ‘El País’, objeto de su estudio en un momento muy determinado de su historia, no haya reaccionado.<br />
</b></em><span style="font-weight: 400;">¿Y por qué le sorprende? Pero si esa es la confirmación exacta, casi científica, de que tengo razón. La miseria deontológica que supone que </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;"> ni siquiera haya nombrado mi libro, lo único que hace es confirmar la precisión, la bondad y la justicia del libro.</span></p>
<p><b><em>Quizá calla porque lo que cuenta resulta espeluznante. 169 portadas para cuatro trajes que encima este hombre se paga de su bolsillo.</em><br />
</b><span style="font-weight: 400;">Lo es, espeluznante. De ahí que cuando en la tele o en las radios me piden que describa en tres minutos el libro tengo ya una cosa preparada, mire, este libro trata del caso de un hombre que protagonizó 169 portadas del mejor diario español, el periódico de referencia, etc., por haberse comprado cuatro trajes en la afamada tienda Milano. Ese es el </span><i><span style="font-weight: 400;">lead</span></i><span style="font-weight: 400;"> del libro.</span></p>
<p><b><em>Camps era inocente, no lo digo yo, lo sentenció el Tribunal Supremo, pero incluso aunque hubiera sido culpable… 169 portadas son más que las dedicadas a los atentados de las Torres Gemelas. No sorprende que el propio Camps, y determinados periodistas, crean que detrás hay una conspiración. Usted, en cambio, lo achaca a una mezcla de amarillismo y acidia, esa palabra maravillosa.</em><br />
</b>Nunca me interesó mucho quién mató a Kennedy. A ver, tampoco me chupo el dedo. Sé que hay cosas que suceden en el sótano de la vida y de las que tenemos una información fragmentaria. Pero para escribir sobre eso hay que juntar pruebas o como mínimo indicios. Yo lo he intentado, porque además Camps siempre ha creído que esa conspiración existió, después de tantos años atacándole, etc., y lo investigué en la medida de lo posible. Bien, pues diga lo que diga la víctima, y diga lo que diga el ambiente intelectual conspiranoide, lo siento pero no encontré trazas de eso.</p>
<p><b><em>Pero sí de otra cosa…</em><br />
</b>Sí, de algo infinitamente más inquietante, y es que para destruir a un hombre como Camps no hacen falta conspiraciones. Basta con la pereza, el sectarismo y la acidia.</p>
<p><b><em>Y ese remar a favor de tus propios prejuicios…</em><br />
</b>Cuando escribes a favor de lo que piensas vas suelto. Ya sabe, como cuando te sale un buen artículo y te vas a pasear por la tarde, y sabes que has escrito una cosa estupenda, y te comes el mundo… y no, no vale. Es peligroso. Escribir afloja los controles. Afloja la prudencia. En cambio, cuando escribes cuesta arriba, en mi caso por ejemplo sobre Camps, cuyas convicciones en multitud de aspectos no son las mías, bueno, quizá no en tantos, pero no diría que encajemos ni mucho menos en el mismo perfil, pues eso provoca que pongas muchísima atención, porque vas cuesta arriba. Ahora, la gente está tan poco dispuesta… Esto me lo dicen mucho, incluso gente muy próxima, en plan, ¿Pero, ah, ahora te pones a defender a Camps? Pues no, miren, yo no defiendo a Camps. Yo, en la medida de mis posibilidades, trato de defender la verdad allí donde creo que está sometida a la manipulación, la tergiversación y el pisoteo, y me da igual que esa verdad se llame Camps, se llame Raval, se llame fascistas, me da igual… Juanjo Jambrina dijo una vez que yo me he dedicado a escribir y a defender a los pobres y a los pisoteados, y creo que tiene razón. Entre Camps y los niños del Raval no hay ninguna diferencia. No la hay. Tampoco con las personas que en Cataluña son objeto de discriminación. ¿Eso lo hago porque soy un buen hombre? No. Lo hago porque soy un periodista, y los periodistas antes, por lo menos antes, desconfiaban de la policía, de los fiscales, de los jueces y de la verdad instituida.</p>
<p><b><em>Eso me lleva a varias conclusiones desoladoras…</em><br />
</b>Pero el mundo va bien…</p>
<p><em><b>¿Cómo?<br />
</b></em>Sí, no pierda de vista que el mundo va bien.</p>
<p><b><em>Sí, lo dice Pinker. Y sus conclusiones vienen sostenidas por un abrumador despliegue de datos. Abrumador en cantidad y calidad. Pero. Que Camps y algunos periodistas crean en la existencia de una mano negra enlaza con algo sobre los que usted ha escrito mucho, a saber, que el periodismo trabaja con verdades precarias, y puesto que el ser humano busca sentidos y la realidad puede ser muy dura, e insoportable de puro mecánica o ciega, entonces la ficción se entromete en el periodismo. Otorgaría un sentido, y un plus novelesco, y un acabado poético,  nuestras vidas, permitiendo que durmamos mejor… y todo esto, no sé si me explico, pero este ansia por encontrar guías del futuro en el firmamento, o en las vísceras de las aves, esta pulsión irracional, que viene de la prehistoria y sigue vigente, apuntaría a que no todo es susceptible de mejorar.</em><br />
</b>Esa búsqueda de sentido, sea mediante el periodismo, sea, por ejemplo, gracias a la religión, es responsable de muchas de las tragedias que sufrimos y, de nuevo, dificulta nuestros intentos para comprender el mundo.</p>
<p><b><em>Mucha gente me dice, después de discutir un buen rato, Bien, es posible que Camps fuera inocente de ese delito concreto, pero hombre, habiendo tanta gente que sufre en el mundo, ¿Espada no podía haber escrito sobre otro? La reflexión que me hago entonces es si para ellos existen inocentes de distintas categorías. Más o menos merecedores de respeto, compasión y justicia en función de si son de derechas o de izquierdas, religiosos o laicos, de mi cuerda o de la otra, sea cual sea.</em><br />
</b>No lo sé, no sé por qué dicen lo que dicen, pero es que además en este caso negaría la mayor. A mí el sufrimiento de Camps… Yo no escribo libros sentimentales. No por nada. No porque no me gusten. Pero, de momento, no es mi género. Puede comprobarse, en este libro, que yo no escribí sobre Camps, quiero decir, no está su testimonio, y el enorme sufrimiento humano que ha padecido solo puede rastrearse entre líneas. Camps lleva nueve años imputado, y todas sus imputaciones no es que sean injustas, son directamente grotescas. Un inocente situado sistemáticamente en contra de su inocencia por parte del ambiente político y mediático, yo no despreciaría el sufrimiento, al contrario, pero ya digo que yo en este libro no lo doy, se sobreentiende, pero no lo doy.</p>
<p><b><em>Al fondo asoma el sectarismo. Siempre decimos que el sectarismo parece muy español. Pero ahí está el manifiesto de Chomsky y otros, donde repiten las consignas nacionalistas. Chomsky, que escribió con tanta perspicacia de la manipulación informativa, compra sin sonrojarse la propaganda  independentista. O sea, que tenemos el sectarismo y, de nuevo, la vagancia.</em><br />
</b>El sectarismo y la vagancia, pero asociadas a la vanidad. Porque en el fondo lo que hay en Chomsky y compañía es esa pulsión por estar siempre en el lado bueno de la vida, soleado, irreprochable, esas cosas, en plan los demócratas decimos, o bien, esto es lo hay que votar, etc. Una manera de ir por la vida que, claro, requeriría un trabajo constante. ¡Caray, yo mismo! Opinamos de demasiadas cosas. Nos pasamos el día opinando sobre comportamientos privados y públicos para los cuales no siempre tenemos toda la información. Yo, que voy a la televisión, a las tertulias, primero por dinero, y luego por otras cosas que también tienen interés para mí, pero bueno, claro, el nivel de mi preparación sobre las cosas que opino, aunque sea superficial y rápido, no es el mismo que cuando escribo una columna, y mucho menos que cuando escribo un libro. Hay niveles, y todos deberíamos reconocer que para hablar de las cosas es preciso un cierto nivel de información profunda. Pero claro, entonces seríamos mucho más pobres, y seríamos mucho menos queridos… ¡y odiados!, que en el fondo son las dos caras de una misma moneda.</p>
<p><b><em>Una última cuestión. Hace años, cuando presentabas ‘Diarios’, mostraba mucho interés por una herramienta, el link, que tenía grandes posibilidades. Últimamente, en cambio, le noto menos optimista…</em><br />
</b>La vida de internet ha resultado ser mucho más banal y limitada. Por ejemplo, el link, cuya evolución ha sido patética. No hay más que ver, al cabo de 20 años, cómo seguimos leyendo los libros digitales, y las circunstancias de indigencia práctica, y los problemas que surgen cuando tratas de hacer uno, la complejidad absurda, los problemas de software. Supongo que fue culpa mía, por haber hecho una previsión que no estaba basada en la realidad. Creí que efectivamente, desde el punto de vista de la creación, de las posibilidades culturales, las cosas iban a ir mucho más rápido y a mejor. Es probable que todo esto sea consecuencia de la dificultad de organizar negocios a través de lo digital, y evidentemente la ruina en la que se encuentra nuestro sistema cultural influye, pero en aquella época pionera proyecté un optimismo que no se ha visto correspondido con lo que luego sucedió.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2018/10/libros-para-leonor/" target="_blank">número 291</a>, Otoño 2018</p>
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		<title>Pla, un vencedor derrotado</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Dec 2014 12:29:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[CUANDO OIGO DECIR que ya es hora de empezar a estudiar el franquismo sin apasionamientos, reprimo un hondo suspiro de melancolía. Ya sería hora, sí, en un país normal: no en uno que revive cada día el espantajo del dictador para justificar un delirio identitario o una eterna revolución pendiente, conceder medallas retrospectivas, practicar un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>CUANDO OIGO DECIR que ya es hora de empezar a estudiar el franquismo sin apasionamientos, reprimo un hondo suspiro de melancolía. Ya sería hora, sí, en un país normal: no en uno que revive cada día el espantajo del dictador para justificar un delirio identitario o una eterna revolución pendiente, conceder medallas retrospectivas, practicar un revisionismo absurdamente nostálgico y, en general, <strong>ganarse la vida del intelectual sesgado con sinecura ideológica, que es el modelo inmaduro de la industria cultural española.</strong></p>
<p>Pero a veces topamos con trabajos rigurosos, laboriosamente editados y valientemente prologados, muy alejados del sectarismo que alienta en la colonización cultural (enjuiciar las posiciones éticas de los biografiados en tiempos bélicos desde la confortable óptica de la prosperidad posmoderna) como <strong>este libro del periodista Josep Guixà, obra luminosa sobre la relación ambigua entre Pla y otros catalanistas moderados con el franquismo.</strong> A diferencia de lo que se ha tratado de hacer con <a title="Reseña de 'El marqués y la esvástica'" href="/2014/09/con-mas-tinta-que-verdad/" target="_blank"><strong>Ruano</strong></a>, reduciéndolo a nazi sin comprender su picaresca estructural (y sí: amoral, pero nunca fanática ni criminal), este libro describe <strong>con proliferación de documentos y esfuerzo de comprensión la polémica evolución ideológica del gran escritor</strong> y de algunos colegas, desde su crianza burguesa hasta su coqueteo juvenil con el radicalismo izquierdista de <strong>Macià</strong>; siguiendo por el definitivo deslumbramiento ante <strong>Cambó</strong> y el regionalismo pactista de la Lliga (posición conservadora que ya nunca abandonará); continuando por su labor de espionaje desde Francia para el bando de <strong>Franco</strong> durante la guerra, cuya elucidación precisa es la mayor aportación de este libro; y <strong>terminando por la desconfianza amarga con que unos y otros</strong> (catalanistas y franquistas, e incluso catalanistas franquistas, condición mucho más mayoritaria de lo que vende el mito nacionalista y que Guixà documenta con lujo) <strong>pagaron sus servicios.</strong></p>
<blockquote><p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie</p></blockquote>
<p>Antes que monje de las letras, Pla fue <strong>un hombre comprometido hasta las cachas en las pasiones políticas de un tiempo letal.</strong> Nunca se sintió españolista (despreciaba la idea de Castilla que enamoraba al 98), pero practicó siempre que pudo un doble juego muy <em>camboniano</em>: buscar alianzas en Madrid con la derecha –fuera monárquica, republicana, falangista o dictatorial– con tal de evitar que Cataluña cayera en el desorden criminal anarcosindicalista, como en efecto terminó sucediendo. Así se entiende que el autor de <em>El cuaderno gris</em> perteneciera a la <em>corte literaria</em> de <strong>José Antonio</strong>, a quien trató y visitó en la Modelo, y escribiera en <em>Arriba</em> y en <em>Falange Española</em>. Más tarde tomó partido por el moderantismo de la CEDA, y todo ello lo compaginó con los artículos regionalistas para <em>La Veu</em><em> de Catalunya</em>. Tiene líneas en favor de los movimientos de liberación nacional europeos y contra la debilidad de la democracia liberal, <strong>queda seducido por Mussolini e incluso profesa tímido interés por Hitler, pero su coqueteo con el fascismo es fugaz</strong>, como duradera su aversión a la izquierda revolucionaria. Cuando el Frente Popular gana las elecciones, el ya famoso periodista abandona su corresponsalía en Madrid y se recluye en Llofriu, adonde iría a buscarle un comité rojo de Barcelona presumiblemente para darle el <em>paseo</em>. Lo salvará un jefe local de la CNT, por razones de pura familiaridad, y <strong>cuando Pla se ve a salvo en Francia, se echa a llorar ante un plato de bullabesa.</strong></p>
<p>En Marsella, puerto de guerra estratégico, Cambó nombra a Pla agente número 10 del Servicio de Espionaje de la Frontera del Nordeste de España (SIFNE), agencia montada por el propio Cambó a la manera de una eficiente empresa familiar y puesta al servicio de la junta de Burgos, que valoraba mucho la claridad (planiana) de los escritos del SIFNE. El agente número 10 informaba de los barcos que salían para Valencia (zona roja) o de las tareas de reclutamiento que en Marsella organizaba la Komintern, pero nada tuvo que ver con el barco hundido con armamento para la República que alguna historiadora ha querido cargar sobre la conciencia de Pla. <strong>Se trataba de informes sobre la internacionalización del conflicto hacia 1937, más que otra cosa</strong>, en cantidad propia de un grafómano y de una calidad indisimulada de estilista. El SIFNE presionaba para que Franco entrara ya en Cataluña y acortase la guerra, pero nunca logró semejante influencia sobre el dictador. Y <strong>cuando llegó 1939, las suspicacias de Pla por su pasado “rojo-separatista” se confirmaron: su puesto como director de <em>La Vanguardia</em> duró un mes.</strong> Le sustituyó un catalanista franquista homologado por <strong>Serrano Suñer</strong> con el beneplácito entusiasta de <strong>Godó</strong>: <strong>Luis de Galinsoga</strong>.</p>
<p>Pla no fue un héroe, pero fue demasiado sutil en una época de militancias ciegas y por eso no logró hacerse confiable para nadie. <strong>Solo le quedó entonces el refugio de la literatura.</strong> Y ahí empezó la verdadera gesta: la refundación del lenguaje literario catalán.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORGE BUSTOS</strong></em></p>
<address><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/"><img class="alignleft wp-image-3184" src="/wp-content/uploads/2014/12/978-84-15174-98-11-635x1024.jpg" alt="espias-cubierta.indd" width="150" height="242" /></a><a href="http://forcolaediciones.com/producto/espias-de-franco-josep-pla-y-francesc-cambo/" target="_blank">ESPÍAS DE FRANCO</a>. JOSEP PLA y FRANCESC CAMBÓ</address>
<address><strong>Josep Guixà</strong></address>
<address>Fórcola. Madrid, 2014</address>
<address>520 páginas. 26,50 euros</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cultural</a> de ARCE (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
<p> </p>
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		<title>Una patria literaria</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 11:34:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.   EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><em>Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.</em></address>
<address> </address>
<p>EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un tiempo largo <strong>sin acabar nunca de echar raíces en ninguna parte.</strong> Para colmo no he vuelto a <em>casa</em> más que por breves periodos vacacionales y eso ha comportado un creciente alejamiento y desarraigo. Me doy cuenta de que a mis cincuenta y cinco años y pico soy, de hecho, ya<strong> más <em>de fuera</em> que <em>de dentro</em>; algo que quizás no me da demasiada autoridad para interferir ni opinar en nada de <em>casa nostra</em>.</strong> Me ayuda, eso sí, a poder sobrellevar con estoicismo la lectura de la prensa diaria de mi tierra y a seguir los reportajes que se emiten por sus emisoras de radio y canales televisivos, interponiendo parecida pantalla anímica –un italiano cuenta con el lujo verbal de poder recurrir al sustantivo <em>estraneità</em>, concepto que no acierto nunca a trasvasar a <em>mi</em> lengua– a la que interpondría al asomarme, con un océano de por medio, a las menudas vicisitudes de las poblaciones de la remota isla de Groenlandia.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2863" src="/wp-content/uploads/2014/11/978843224814-673x1024.jpg" alt="978843224814" width="300" height="456" />Por el camino he ido perdiéndoles la pista a numerosos parientes y conocidos con los que ya no tenía nada de qué hablar, ni tampoco nada de que discutir. Y aun así <strong>he llegado a envidiar su entusiasmo, esa capacidad festiva para adherirse a las consignas patrióticas</strong> y fundirse de ese modo con la colectividad. En mi caso <strong>no lo he conseguido</strong>. Ni tampoco logro ahora desembarazarme de ese lastre de pesimismo que me agobia al enredarme una y mil veces en el cliché tramposo de la “decadencia de los tiempos actuales”. Pero cómo no caer en lugares comunes cuando evoco, por evocar una de las realidades que a mi más próxima me resultaba hasta hace poco tiempo, el barrio de la Sagrada Familia de antaño y compararlo con el que contemplo en este otoño plomizo de 2014. Al barrio se le conocía entonces, ocho años antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, con el nombre de <em>poblet </em>y ese apelativo (por añadidura con cariñoso diminutivo, un rasgo morfológico infrecuente en catalán) lo dice prácticamente todo; es hoy, en cambio, un distrito de mercenarios y contrabandistas al servicio de la <em>pela </em>foránea. Nada que objetar, pues tal vez sea el dinero un objetivo existencial tan digno como alcanzar la fama o perseguir memoria póstuma.</p>
<blockquote><p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me amarra al Trentino adoptivo</p></blockquote>
<p><strong>Siento, con todo, un desasosiego que me abruma al saber que las cosas pudieran haber sido hoy muy distintas.</strong> Para constatarlo bastaría montarse en el primer vuelo con destino a Londres, metrópoli cuyas neblinas apestan intensamente a libra esterlina, y callejear de un extremo a otro de la capital. Me asusta entonces pensar qué hubiéramos sido capaces de proyectar con barrios como el de Bloomsbury y con recoletos parques urbanos como el de St. George’s Gardens. Lo adivino, pues para algo me ha servido haber visto cómo las han gastado durante décadas nuestros urbanistas en la costa catalana, en las ciudades y en los pueblos rurales del interior que, como dice un buen amigo, sólo han logrado conservar la belleza de sus antiguos topónimos.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2864" src="/wp-content/uploads/2014/11/la-lluvia-amarilla-599x1024.jpg" alt="la-lluvia-amarilla" width="300" height="512" />Mis amigos catalanes… se cuentan hoy con los dedos de una sola mano. Cuando pongo pie en Barcelona no tengo ni necesidad de echar mano de agenda, pues me sé de memoria aquel par de números de teléfono. Admiro su capacidad de resistencia, pues <strong>de haber permanecido allí tal vez yo hubiera sido de los que se sumaron a la bandada desde la primera hora.</strong> Temo que a estas alturas de mi vida estaría la barandilla del balcón de mi apartamento envuelta en la <em>senyera</em>, colgaría una bufanda con los colores <em>blaugrana</em> en el perchero que hay en el vestíbulo de entrada y, en la puerta trasera del automóvil, luciría gallarda la pegatina que reproduce el consabido borriquillo.</p>
<p>A menudo me he parado a pensar a qué disciplina, a que modalidad de ejercicios espirituales hubiera debido someterme para lograr permanecer pegado a la orilla y evitar así ser engullido por el remolino. Me veo entonces recién levantado de la cama, legañoso y despeinado, todavía en pijama, infundiéndome ánimos delante del espejo y repitiendo en voz alta una especie de cantinela que ojala que poseyera la magia de un sortilegio: “No. Hoy tampoco sucumbiré”.</p>
<p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me mantiene amarrado al Trentino adoptivo. Pero no me siento solo, ni tampoco desorientado. Poco a poco, palabra tras palabra, línea tras línea, página tras página, volumen tras volumen, ha ido creciendo mi vecindad alternativa. En dicha Republica literaria, <strong>las celdas contiguas se han ido poblando y animando a remolque de las afinidades electivas.</strong> <em>La lluvia</em> <em>amarilla </em>ha terminado emparejándose con <em>Pedro Páramo</em>. El Alburquerque de <em>El balcón en</em> <em>invierno </em>comparte ahora espacio estanteril con el Erto de <em>Fantasmas de piedra</em>. Procedente de los rellanos más altos rueda por las escaleras ese <em>lied </em>schubertiano que, de manera ininterrumpida, el pelmazo de Hans Castorp escucha hasta la saciedad. Y agravan mi persistente dolor de cabeza los consiguientes golpetazos que Ulrich –que tanto debiera empeñarse ahora en cumplir con los objetivos de la Acción Paralela que le marcaron las autoridades de Kakania― da con los nudillos en la pared divisoria para intentar persuadir a su vecino de que, de una vez por todas, debiera bajar el volumen del gramófono. Y todo ello ante el pasmo del sinólogo Peter Kien, incapaz de concentrarse esta madrugada en conjeturar una hipótesis plausible que le permita reemplazar la cadena de sinsentidos textuales y variantes erróneas que ha documentado para cierto lugar critico de un manuscrito anónimo cuya transmisión arranca en la dinastía Tang. Mientras tanto se que el teniente Giovanni Drogo permanecerá impasible en su puesto, contemplando desde la azotea la quieta línea del horizonte a la luz de la luna llena, velando por todos nosotros.</p>
<blockquote><p>Aspiro a compartir el Paraíso con la extravagante vecindad alternativa de mi República literaria, ajenos a fanfarrias patrioteras y a la esclavitud de las lenguas</p></blockquote>
<p><strong><a href="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg"><img class="alignright wp-image-2865" src="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg" alt="9788497936781" width="300" height="457" /></a>Constituyen estos inquilinos extravagantes y solitarios mi única parentela.</strong> Son los que me han formado, bajo cuya tutela he ido madurando y quienes han logrado impedir, hasta el día de hoy, que sucumbiera a la fuerza de la bandada que remonta el vuelo para caer acto seguido sobre un nuevo campo de trigo que poder esquilmar. Aspiro un día a merecer el privilegio de compartir el Paraíso con<strong> Elías Canetti</strong>, <strong>Julio Llamazares</strong>, <strong>Dino Buzzati</strong>, <strong>Robert Musil</strong>, <strong>Mauro Corona</strong>, <strong>Luis Landero</strong>, <strong>Juan Rulfo</strong> y<strong> Thomas Mann</strong>. Indiferentes a las fanfarrias patrioteras y liberados por fin de la esclavitud de las lenguas. Pero me temo que ni el Paraíso, ni el Infierno, ni el Purgatorio, ni el Limbo existen y que tan solo me quedará, en los días finales, el consolatorio goce de estar triste. Ojala que para entonces las modestas ambiciones que agitan a quienes viven en las poblaciones de la remota isla de Groenlandia, y a las que hoy en día tanto espacio conceden los medios de información de mi tierra, no hayan sido más que <strong>una mala pesadilla que se repitió pertinaz durante unas pocas noches, pero que al cabo fue humo y quedo en nada.</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORDI CANALS PIÑAS</strong> es profesor agregado en el departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Trento.</em></p>
<p> <a href="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</em></p>
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		<title>La eternidad mediterránea de Josep Pla</title>
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		<pubDate>Mon, 15 Sep 2014 10:07:17 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En el mes de una ‘Diada’ del Tricentenario incendiada de reclamaciones buscamos la paz en la prosa del mayor escritor catalán del siglo XX, “nuestro Pascal mediterráneo” en palabras de JORGE BUSTOS, autor de esta rigurosa y apasionada elucidación de Pla.   Doblan las campanas anunciando que Destino publicará en noviembre tres dietarios inéditos en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>En el mes de una ‘Diada’ del Tricentenario incendiada de reclamaciones buscamos la paz en la prosa del mayor escritor catalán del siglo XX, “nuestro Pascal mediterráneo” en palabras de JORGE BUSTOS, autor de esta rigurosa y apasionada elucidación de Pla.</address>
<address> </address>
<p>Doblan las campanas anunciando que Destino publicará en noviembre tres dietarios inéditos en castellano de <strong>Josep Pla</strong>, agrupados bajo un título irreprochablemente planiano:<em> La vida lenta</em>. Aquellos que un atónito día de universidad chocamos –eso sí es un <a href="https://duckduckgo.com/?q=choque+trenes+catalu%C3%B1a+espa%C3%B1a" target="_blank">choque de trenes</a>– con la escritura de Pla, y carecemos por desgracia de competencia lectora en lengua catalana, sabemos que no importará cuál sea nuestro nivel de renta en el mes de noviembre: gastaremos lo que nos pida la Casa del Libro por una nueva dosis del genio de Palafrugell.</p>
<p>Que Destino fije noviembre –en el 9 de cuyo mes, no sé si se habrán enterado, hay convocado un referéndum ilegal que persigue la independencia de Cataluña– para tan esperado lanzamiento no obedece, sospecho, a la casualidad o a la inocencia. En la decisión de la benemérita casa editorial, que tantos autores catalanes descubrió al resto de españoles y viceversa, adivinamos un intento plausible, desesperado, por introducir algo de <em>seny</em> en un debate cultural lamentable y completamente contaminado por el encono político.</p>
<p> </p>
<h5><strong>Desengaños políticos</strong></h5>
<p>Ahora bien. Tampoco debiéramos cargar sobre las irreductibles, solitarias espaldas de Josep Pla i Casadevall ninguna encomienda extraliteraria. Eso supondría, de hecho, la mayor de las traiciones a su legado que, <strong>como gran literatura que es, repele cualquier uso propagandístico</strong>, unívoco o banderizo. Que se lo digan al pobre autor, que pasó los últimos años de su vida esperando en vano el Premio de Honor de las Letras Catalanas, galardón que merecía más que nadie desde <strong>Ausias March</strong> pero cuya adjudicación dependía del criterio crecientemente sectario y revanchista de Ómnium Cultural, donde apenas <a href="/2014/02/recuerdos-de-castellet/" target="_blank">el llorado <strong>Castellet</strong></a> apoyaba la candidatura del maestro ampurdanés. Así se le hacía pagar su táctica connivencia con la <em>intelligentsia</em> franquista no menos que sus diatribas libérrimas contra el ya intocable <strong>Jordi Pujol</strong>, a quien apodaba el “<em>milhombres</em>”. Y eso que no sabía lo de las cuentas en Andorra.</p>
<blockquote><p>En sus últimos años se le hizo pagar su táctica connivencia con la <em>intelligentsia</em> franquista y sus diatribas contra Jordi Pujol</p></blockquote>
<p><strong>Tampoco se puede olvidar la militancia consciente de Pla en el nacionalismo</strong> –fue diputado de la Lliga de <strong>Cambó</strong>, coqueteó con el radicalismo de <strong>Macià</strong>–, que bloquea su reivindicación como estandarte españolista en Cataluña, si bien muy pronto la República y no digamos la Guerra le curarían de arrebatos rupturistas con coartada patriótica. Pla se sentía básicamente catalán pero aborrecía el victimismo; <strong>confesaba un desdén agrio (y bastante tópico) hacia la Castilla real y la simbólica</strong>, pero odiaba el catalanismo político –“No he compartido nunca las ilusiones del patrioterismo catalán”– y <strong>la propuesta en serio de la independencia le parecía un disparate.</strong> Tras muchas páginas leídas de él y sobre él, yo he llegado a la conclusión de que Pla fue un desengañado prematuro de toda ideología o credo, pues había testimoniado como corresponsal demasiados desastres que le convencieron (por puro cálculo) de que siempre resulta preferible el <em>statu quo</em> al aventurerismo, y de que la independencia es mal negocio porque “los catalanes podemos hacer muchos calzoncillos pero no tenemos tantos culos”.</p>
<figure id="attachment_2373" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-2373" src="/wp-content/uploads/2014/09/0614-730x1024.jpg" alt="0614" width="345" height="484" /><figcaption class="wp-caption-text">Josep Pla en Calella de Palafrugell hacia 1918 (Colección Vergés / Fundación Josep Pla).</figcaption></figure>
<p>En sus obras va fijando toda una nueva norma literaria del catalán al tiempo que deplora sus insuficiencias expresivas, y el término “este país” sirve exclusivamente para acotar el trozo de tierra del Bajo Ampurdán que se erizaba con la tramontana, que se incendiaba en los atardeceres cárdenos del Mediterráneo y que moría hermosamente en las orillas de Calella o Palamós. <strong>El paisaje, la buena mesa, la rutina invariable de la vida payesa: he aquí la única verdad mediterránea e inmutable</strong>, el moderado epicureísmo que constituye la única militancia permitida al hombre cuerdo.</p>
<p>Otra cosa es que de la lectura atenta de la <em>Obra Completa</em> de Pla –¡más de 30.000 páginas, la mayoría por traducir!– se sigan necesariamente lecciones morales y estéticas que le marcan a uno para siempre; que explican ese choque epifánico del que hablaba antes y que levantan ante nuestra sensibilidad <strong>el monumento colosal de un carácter, de un estilo, de una ética compositiva que ya no olvidamos jamás.</strong> Esto es lo que nos importa en este artículo.</p>
<p> </p>
<h5><strong>Cruzada antirretórica</strong></h5>
<p>Pocos escritores de no ficción –“literatura de observación frente a la de imaginación”, como él prefería definir su quehacer, aunque luego veremos que tal frontera era en él más artificial, más porosa de lo que estaría dispuesto a admitir– resultan tan reconocibles en cualquier página tomada al azar. Pocos también ocultaron tan astutamente el metódico esfuerzo que esa proeza aparentemente naturalísima comporta. <strong>Hay un modo de adjetivar específicamente planiano</strong>, un uso recurrente del sintagma trimembre (adjetivo + sustantivo + adjetivo, o bien sustantivo + tres adjetivos seguidos separados por comas), un manejo inconfundible del matiz adverbial y del sufijo calificativo en <em>–ble</em> (“ineluctable”, “indefectible”, “inenarrable”), una insistencia en la oración simple copulativa, <strong>una capacidad mágica para llenar de sentido términos tan vulgares como “total” o “normal”.</strong></p>
<p>Desde muy joven, el escritor ampurdanés identificó el barroquismo y la pedantería como sus enemigos literarios. Se dio cuenta de la honda huella que el barroco ha dejado en la lengua castellana –y en la catalana por contagio– y tomó partido enseguida por la novela picaresca frente a las sutilezas calderonianas o quevedescas. Confundió, a mi juicio, el barroco con el barroquismo, que ciertamente ha deparado –y depara aún– infumables pastiches donde brilla y se enrosca “la voluta castellana”, ese fraseo proclive a la subordinada cuya finalización sintáctica, según Pla, dibuja la imagen de una cola de pescado. Frente a esa corriente dominante, <strong>Pla reivindica la simpleza casi rudimentaria del catalán y a los autores castellanos que se atreven a ser directos y sencillos</strong>, como <strong>Baroja</strong> o <strong>Azorín</strong>. El autor de <em>El cuaderno gris</em> se tomó su vida –su obra– como una cruzada contra la cursilería y el retoricismo, contra los cuales forjó con mucho trabajo <strong>un estilo alternativo en pos de dos valores absolutos: la inteligibilidad y la amenidad.</strong> Un escritor, por canónico que fuera, merecía su respeto solo si sus frases resultaban inteligibles y sus argumentos claros, y además lograban entretener al lector. Todo oscurantismo debía ser aclarado; toda hinchazón, pinchada.</p>
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<p style="text-align: center;">Desde muy joven, el escritor ampurdanés identificó el barroquismo y la pedantería como sus enemigos literarios</p>
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<p>Sin embargo, este criterio a priori tan operativo siempre está sujeto en sus textos críticos –recomiendo el <em>Diccionario Pla de literatura</em> compilado por <strong>Valentí Puig</strong>– a la olímpica interpretación personal; solo así se explica su entusiasmo por el realismo que observaba en el <em>Ulises</em> de <strong>Joyce</strong> y las arcadas que le arrancaba la obra entera de <strong>Dostoievski</strong>, siendo así que tantos lectores encallan en la prosa enredosa y artificial de Joyce mientras disfrutan de los conflictos psicológicos que transparentan los personajes de Dostoievski.</p>
<p>En realidad hay en Pla una sospecha constante sobre la psicología y el verbalismo: constantemente usa lo que podríamos llamar <strong>la estrategia del payés</strong>, que consiste en <strong>hacerse pasar por una mente popular</strong>, empírica, para ganar nuestra simpatía <strong>cuando en realidad estamos ante uno de los intelectuales mejor formados del siglo XX europeo.</strong> En la forma como en el fondo, Pla parece obsesionado con causarnos la impresión de un modesto notario de aldea, pero eso es porque se había pasado media vida frecuentando salones de intelectuales, artistas y políticos y había desarrollado una sensibilidad muy fina para detectar la impostura. Nada le atemorizaba más que ser tomado por otro fachendoso del país, en palabra muy suya. Pero pese a sus esfuerzos, la abrumadora erudición, la viajadísima experiencia de mundo, la sofisticación conceptual subyace inevitable a cada matiz de su depurada prosa, a cada giro sorpresivo, a cada perspicaz distinción.</p>
<p>Desde que empecé a leerle, noté <strong>una incongruencia entre la teoría de estilo que reivindicaba y su ejecución material</strong>. Por eso celebré la coincidencia con su amigo íntimo <strong>Baltasar Porcel</strong>, que explicaba así esa desviación entre su ideal de pulcritud realista y la gravitación final, irresistible, hacia lo elaborado: “Pla sostenía que su estilo era preciso, notarial, pero el impulso que lo inducía a escribir era tan complejo y poderoso que lo traicionaba y su frase se volvía sinuosa, la adjetivación adquiría cromatismo, las ideas se le incrustaban admonitorias. Luego todo junto formaba un estilo entre abarrocado y de mucho relieve, una sensorial y detonante retórica que a la vez se distanciaba de lo que trataba y lo penetraba. Así Pla se convirtió en uno de los grandes escritores y memorialistas del siglo XX”.</p>
<p>El inevitable refinamiento de la pluma de Pla impide que confundamos sus lienzos con fotografías, y <strong>en esa creatividad irreprimible se le cuela a Pla la loca de la casa: la imaginación.</strong> Que en realidad es la premisa de la precisión: la que causa la desautomatización del lenguaje común anquilosado, por decirlo a la manera del formalismo ruso, y abre el venero de lo literario. Pla elogiaba la perfección de la frase “La puerta es verde”; pero ese tipo de frase es precisamente el que no se encuentra en la obra de Pla. Les sucede a otros muchos autores bien avisados contra los cantos de sirena barrocos que sin embargo no son capaces de resistirse al genio profundo y laberíntico del idioma castellano. Le sucede en nuestros días a un planiano de pro como <strong>Arcadi Espada</strong>, que reniega del tropo anticientífico estando él mismo excepcionalmente dotado para la metáfora y el conceptismo.</p>
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<p style="text-align: center;">Pese a los tiempos muertos en pos del adjetivo adecuado, la escritura planiana se desata con una engañosa fluencia que nunca cesa</p>
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<p><strong>Sin esa tensión entre la sutileza adquirida en mil lecturas y la pretensión de casticismo no habría estilo Pla.</strong> Su magnetismo único, sospecho, deriva de esa convivencia original entre el apunte racionalista y la fraseología de pueblo, la verdad del barquero con la alta filosofía, la perogrullada y la frase hecha matizando la observación propia inolvidablemente esculpida; todo en el mismo párrafo. Repetía que todo el quehacer literario se reducía al problema del adjetivo, y hay que entender adjetivo en sentido amplio: se trata del problema de la expresividad, del relieve. Así describe por ejemplo la manera de versificar de <strong>Salvat</strong>: “Era una poesía a caballo entre el sollozo y la iracundia, entre la vociferación y la humedad de los ojos en blanco delante de un plato de habichuelas con butifarra”. El purista se escandalizará de semejante utillaje crítico, pero leyendo esa frase todos entendemos enseguida los defectos estilísticos de Salvat. Importa ser muy plásticos y amenos, y por eso se requiere <strong>la audacia calificativa del maestro del lenguaje y desde luego el humor</strong>, la ironía, no pocas veces el afilado sarcasmo de la sátira social. Porque en Pla –creo que no se insiste lo justo en esto– hay una vena de humorismo casi tan antonomásica como en <strong>Camba</strong> o en <strong>Mark Twain</strong>.</p>
<p>Con todo, y pese a los tiempos muertos concedidos a la búsqueda del adjetivo adecuado, <strong>la escritura planiana se desata con una engañosa fluencia</strong>, un empuje torrencial que nunca cesa, envolviendo al lector en su corriente de opiniones y descripciones, de pensamientos y retratos, de máximas sapienciales y ataques a terceros. Todos estos ingredientes constituyen la materia de la que está hecha una obra singularísima de la que cabría decir, como se dice de la de <strong>Borges</strong>, que edifica toda una literatura. En el caudal libre de la prosa de Pla no es inusual encontrar francas contradicciones de juicio, pero <strong>las constantes conservadoras son indudables</strong>: “Las cuatro desgracias empiezan por R: Reforma, <strong>Rousseau</strong>, Revolución y Romanticismo. El mundo de nuestros días”.</p>
<p> </p>
<h5><strong>El viejo humanismo</strong></h5>
<p>En efecto, Pla renuncia al mundo de nuestros días y se enclaustra en el Mas Pla –la vieja masía familiar de Llofriu– para leer y escribir, beber whisky, salir a pasear y recibir a los amigos. Pero no nos engañemos: <strong>esa “vida lenta” solo adviene tras décadas de agitada actividad periodística</strong>, de corresponsalías europeas, de compromiso en la fiebre política de la época. Era la pura experiencia –traumas como el de su cobertura de la hiperinflación alemana de entreguerras, germen del nazismo, cuando una barra de pan costaba en Berlín un ¡billón! de marcos– la que le llevaba a declarar ante <strong>Soler Serrano</strong>, en <a href="http://vimeo.com/70246556" target="_blank">impagable entrevista</a> del programa <em>A fondo</em> de TVE: “Cuando les das el poder a los virtuosos, todo el mundo se muere de hambre”. Lo decía y a continuación el falso payés apretaba la mandíbula, los ojos duros, la boina calada, los dedos enzarzados en torno a un cigarrillo de liar.</p>
<p><iframe src="//player.vimeo.com/video/70246556?byline=0&amp;portrait=0&amp;color=1ba69a" width="690" height="518" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p>Frente al mesías del proletariado o el carismático de la nueva patria, <strong>Pla reivindica al burgués adocenado e inofensivo</strong> que el pintor <strong>Rusiñol</strong> fustigaba en sus novelas satíricas protagonizadas por el señor Esteve: “El señor Esteve es un patán, un poco ramplón, vulgarísimo, pero paga religiosamente sus deudas y hace honor a sus compromisos. No es juerguista, ni chismoso, ni es un aprovechado, ni un tipo que acostumbre a dar gato por liebre. Es vulgar, pero serio. Es insignificante, pero positivo, no es genial, pero sí eficaz. Es grotesco, pero respetable, y chabacano sin ser mala persona. Etcétera. Sobre el señor Esteve –sobre los millones de señores Esteve que pueblan la Tierra– se ha construido ese poco de libertad que puede conseguirse en este mundo, ese trocito de tolerancia que hace posible la existencia humana, los progresos obtenidos y el escaso bienestar que este país –y los otros– ha dado de sí”. Sabía lo que decía.</p>
<p>Ahora que vuelven la convulsión, la urgencia histórica y los salvapatrias de de barricada o barretina, uno encuentra la paz releyendo a nuestro <strong>Pascal</strong> mediterráneo, que definía las revoluciones como “diarreas históricas colectivas a las que suelen propender los pueblos sin mucha entidad”. Pla se sentía heredero del moralismo francés –<strong>Boileau</strong>, <strong>Chamfort</strong>, <strong>La Rochefoucauld</strong>, <strong>La Bruyére</strong>, <strong>Montaigne</strong>– y en 1942 publicó su célebre teoría de la propina, de la que uno procura no apartarse demasiado desde que la descubrió citada por <strong>Xavier Pericay</strong>: “El hombre que consciente o inconscientemente suponga o crea que éste es el mejor de los mundos posibles vivirá rabioso y frenético, mientras que quien parta de la idea de que <strong>esto es un valle de lágrimas corregido por un sistema de propinas</strong>, vivirá resignado y tranquilo”.</p>
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<p style="text-align: center;">Es el suyo un conservadurismo pagano, de raíz clásica, eterno como las máximas de Epicteto y los caldos de ave de la gastronomía popular</p>
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<p>El viejo ideal humanista –un humanismo escéptico, cierto, pero con toda su serenidad individualista; “metafísico cabreo” lo llamó <strong>Pániker</strong>– late en el fondo de este <strong>pesimismo programático que no se ciega ante los problemas pero que extrema la prudencia con las (improbables) soluciones.</strong> Por esta vía llegó Pla al descrédito de la “emoción nacionalista” y de todo misticismo contrario al progreso científico y al suave hedonismo latino capaz de combinar lo epicúreo y lo estoico. Es el suyo un conservadurismo pagano, de raíz clásica, eterno como las máximas de <strong>Epicteto</strong> y los caldos de ave de la gastronomía popular, y su prosa se beneficia de esa textura espiritual tensada entre los polos de lo científico y lo poético.</p>
<p> </p>
<h5><strong>Pla novelista y reportero</strong></h5>
<p>Josep Pla <strong>se creyó siempre poco dotado para la fabulación narrativa.</strong> Se sabía bendecido por el don de la observación, que canalizó y perfeccionó (y a menudo adornó) en la pulida plasticidad de sus descripciones –“yo me subía a un monte, me ponía delante de un pino y me pasaba horas ensayando su descripción exacta”–, y desconfiaba de que esa facultad fuera suficiente para armar una gran novela. Sin embargo tiene al menos dos que, sin ser cumbres del canon novelístico de siglo XX español, deparan <strong>hitos de verdadera maestría en alguien tan reacio a la “literatura de imaginación”.</strong> Se trata de <a href="http://www.planetadelibros.com/la-calle-estrecha-libro-992.html" target="_blank"><em>La calle Estrecha</em></a> y de <a href="http://www.planetadelibros.com/nocturno-de-primavera-libro-49440.html" target="_blank"><em>Nocturno de primavera</em></a>. En la primera se sirvió del alter ego de un médico rural para aplicar la teoría stendhaliana del espejo, paseando su escrupuloso azogue por los tipos humanos y los paisajes de un pueblecito ampurdanés. El resultado es de una piedad balzaquiana conmovedora. En <em>Nocturno de primavera</em>, en cambio, el espejo que usa es deformante, casi esperpéntico, y el retrato social omnisciente que allí compone vehicula una feroz misantropía, una minuciosa embestida contra el arquetipo burgués del municipio con feria, pozo de tedio y mezquindad asfixiantes documentado en el rural catalán de posguerra pero a la vez universal y eterno.</p>
<p><strong>En dichas novelas se constata además la divertida falta de oído de Pla para el diálogo</strong>: todos sus personajes, aun los más menestrales, hablan como Pla, adjetivan como Pla, expresan los mismos prejuicios con las mismas palabras que el Pla canónico, dietarista. Por eso digo que Pla es una literatura en sí mismo, pero no por su variedad sino por su terca consistencia: tanto da abrir sus reportajes que sus páginas de memorialismo o sus relatos para hallar un diapasón único, un tono inconfundible, un mismo compás de serenata fluvial, privada, personalísima.</p>
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<p style="text-align: center;">Se creyó siempre poco dotado para la fabulación narrativa, pero <em>La</em> <em>calle estrecha</em> y <em>Nocturno de primavera </em>deparan hitos de verdadera maestría en alguien tan reacio a la “literatura de imaginación”</p>
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<p>Entre sus obras afortunadamente traducidas yo destacaría además su librito sobre el escultor catalán <strong>Manuel Hugué</strong>, primorosamente editado por Libros del Asteroide. <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-vida-de-manolo" target="_blank"><em>Vida de Manolo </em></a>es una breve biografía escrita en 1927 que por entonces el poeta <strong>Ridruejo</strong> –traductor normativo de <em>El cuaderno gris</em>– <strong>juzgó el mejor libro publicado en España en los últimos treinta años.</strong> El autor conoció a Hugué en 1919, y enseguida descubrió en su biografía picaresca y genial un filón literario donde ensayar sus dotes de retratista. <strong>Su modelo</strong> (remedado ya desde el título con modestia irónica marca de la casa) <strong>no es otro que la <em>Vida</em><em> de Johnson</em> de Boswell</strong>, la cumbre del género literario biográfico de todos los tiempos. Un Pla treintañero se muestra aquí fiel a la técnica instituida por el británico: retratar al biografiado a partir de su conversación (con las acotaciones de ambiente imprescindibles), logrando el máximo efecto de autenticidad, de presencia del protagonista, en tanto que el autor se ciñe a la función de mero transcriptor de unos testimonios formidables. En esta obrita Pla <strong>anticipa los métodos compositivos del Nuevo Periodismo sin ninguna necesidad de proclamarlo</strong>: manejando con sabiduría el artificio de la distancia justa para conferir dimensión mítica –magnética– al dicharachero escultor, un pícaro simpático y talentoso que se movió en el lumpen barcelonés de fines del XIX y en la bohemia parisina de principios de siglo, donde se codeó con <strong>Picasso</strong>, <strong>Moréas</strong>, <strong>Albéniz</strong>, <strong>Apollinaire</strong> o Santiago Rusiñol. Posteriormente aquilataría su pulso de retratista antológico en los estupendos <em>Homenots</em>, donde sin embargo se despega del enfoque notarial del reportero puro.</p>
<figure id="attachment_2371" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-2371" src="/wp-content/uploads/2014/09/llofriu-1024x685.jpg" alt="Llofriu, el paisaje ampurdanés de la 'vida lenta' de Pla, tras una tormenta de verano (2014)." width="690" height="461" /><figcaption class="wp-caption-text">Llofriu, el paisaje ampurdanés de la “vida lenta” de Pla, tras una tormenta de verano (2014).</figcaption></figure>
<p>“Siempre me ha parecido que aquellos que dicen que la cabeza es la parte más importante del ser humano están equivocados. Probablemente las partes más importantes del hombre son las rodillas y los músculos del brazo”. Por estas sentencias tan serias en su aparente comicidad, por la vocación quirúrgica –indesmayable– con que diseccionó el mundo y su representación, por su sacerdocio agnóstico pero abnegadísimo en el altar diario de la escritura, por su ética innegociable de lo concreto y de la mera tranquilidad frente a los altos llamamientos de los embaucadores, por su subjetividad monumental y casi agresiva de resistente, amamos a Josep Pla. <strong>El maestro que nos enseñó definitivamente a no fiarnos de los idealistas y a no separarnos nunca de las cosas mismas: la eterna fenomenología mediterránea.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>JORGE BUSTOS (<a href="https://twitter.com/JorgeBustos1" target="_blank">@JorgeBustos1</a>)</em></p>
<p><img class="alignleft wp-image-2176" src="/wp-content/uploads/2014/08/CUBIERTA-255-SIN-CODIGO-768x1024.jpg" alt="" width="150" height="200" /></p>
<p><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en el número de <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">septiembre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></p>
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		<title>Pla: «Mi país es el Ampurdán y Cataluña y España y Occidente»</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Sep 2014 12:23:27 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>VÍCTOR MÁRQUEZ REVIRIEGO (Huelva, 1936), una de las figuras señeras del periodismo español contemporáneo, vuelca desde hace un decenio en las páginas de LEER los frutos de una carrera de más de 50 años y su vasta cultura a través de sus AUTÉNTICAS ENTREVISTAS FALSAS. Sus encuentros ficticios, siempre magníficamente ilustrados por DAVID PINTOR, con personalidades de la cultura y la literatura universales son ya un género en sí mismo, objeto mes a mes del favor de nuestros lectores y de una antología publicada en 2011 en forma de libro. Hoy compartimos por primera vez en nuestra web una de estas piezas maestras de talento y erudición: la auténtica entrevista falsa con JOSEP PLA que publicamos en nuestro <a href="/2014/09/leer255-honorable-pla/" target="_blank">número de septiembre</a>.</address>
<address> </address>
<p>N<strong>OS VEMOS EN MADRID, Hotel Palace</strong>, sentados en «una de las rotondas más acogedoras que existen en el mundo». Y me añade: “El hall del Palace es el microcosmos de la vida española y de una gran parte de la vida catalana”. Así será. En otro tiempo, hace ya casi cuarenta años, veía uno por aquí a <strong>Pujol</strong>, a <strong>Roca</strong>, a <strong>Trías Fargas</strong>; ahora, a <strong>Duran i Lleida</strong>, al que no conozco, y sí a <strong>Sánchez Llibre</strong>, con el que hablo del gran guardameta <strong>Martorell</strong> y del elegante medio centro <strong>Parra</strong>, aquellos héroes blanquiazules de mi santa infancia… Pero con Pla no hablamos de fútbol, sino de la tertulia del Palace en sus primeros días madrileños (los de Pla), al comienzo de los años veinte:</p>
<p>“Era una tertulia de mucho interés, bastante más que esas de ahora en la televisión. Yo no faltaba nunca. Venía gente de <strong>Cambó</strong> y de <strong>March</strong> y de <strong>Lerroux</strong>, y casi de los tres… Estaba el mallorquín <strong>Estelrich</strong>, con el que luego hice como de espía franquista, cuando la guerra y pagado por Cambó. Estaba <strong>Emiliano Iglesias</strong>, que vivía en este mismo hotel del que era accionista. Y un colega suyo, o sea nuestro, de usted y mío, pariente del músico, <strong>Víctor Ruiz Albéniz</strong>, que también era médico, aunque no sé si todavía ejercía…</p>
<p><em>Al menos luego, en los años cuarenta, sí. Me lo contaba <strong>Eduardo Haro Tecglen</strong>, que trabajó con él en ‘Informaciones’. Ruiz Albéniz estaba encargado de unas inspecciones médicas, pero como era un pluriempleado –para poder mantener a sus dos familias– enviaba al joven Haro para que las hiciera en su lugar… Para hacer el paripé, claro.</em></p>
<p>Este Ruiz Albéniz, abuelo del ministro <strong>Gallardón</strong>, era de la total confianza de March. El millonario tenía reserva permanente en el Palace, y acudía a la tertulia, siempre de pie, con el puro en la boca y una copa de coñac que jamás pagaba.</p>
<p><em>Usted también trabajó para don Juan March.</em></p>
<p>Yo he trabajado para mucha gente. En este pícaro oficio, como en el de puta, no hay que mirarle el diente al cliente, sino el bolsillo. Con March trabajé en un periódico suyo, <em>El Día</em>… <strong>Él se equivocó comprando periódicos, y tuvo varios. Es más económico comprar periodistas.</strong> Como el propio March diría años más tarde de los ministros: no hay que empeñarse en hacerlos; es mejor comprarlos ya hechos.</p>
<blockquote><p>Yo he trabajado para mucha gente. En este pícaro oficio, como en el de puta, no hay que mirarle el diente al cliente, sino el bolsillo.</p></blockquote>
<p><em>¿Por qué se dedicó usted al periodismo?</em></p>
<p><strong>Mi familia del Ampurdán cometió el error de no enseñarme a labrar y a cultivar la tierra.</strong> Yo iba a estudiar Medicina, pero hice Derecho, que no me interesaba. Me gustaba leer. He leído mucho, sin orden y sin plan, de todo, por pura afición y gusto… Iba en Barcelona al Ateneo y a la tertulia del doctor <strong>Borralleres</strong>, al que pedí consejo y ayuda. Me dijo: “El periodismo es un mal oficio y yo le aconsejo que, una vez le haya sacado el jugo, se salga de él. Pero el periodismo es útil porque obliga a ver las cosas directamente y a describirlas de una manera clara y sencilla. Se tendrá que contentar con lo que le den, que será bien poca cosa. Quizá no pueda pagar la pensión”.</p>
<p><em>¿Pudo pagarla?</em></p>
<p>Aquel año, 1919, yo hice esta anotación en el cuaderno gris donde llevaba mi dietario: “Tengo veintiún años y aun no he comido ninguna ostra. Soy un desgraciado”. Era el 19 de enero, y estaba con mi hermano Pere en el café Suizo, y ante nosotros pasó el camarero con una magnífica fuente de ostras, que no eran para nosotros…</p>
<p><em>Usted es de buen comer.</em></p>
<p>Sí, pero no en mucha cantidad, ¿me comprende usted? <strong>Procuro tomar alimentos que sean siempre de temporada. Lo otro es una muestra de esnobismo y de pedantería</strong>, algo impropio de la gente de campo, del payés, que entiende de eso porque ha criado lo que come… Volvamos a su pregunta. A primeros de junio volví a Barcelona con cincuenta duros que me dio mi padre, y me mudé de una modesta pensión de la calle Pelayo a una casa de huéspedes con ciertas pretensiones de la Rambla de Cataluña. El 1 de julio entré en <em>Las Noticias</em> por recomendación del doctor Borralleres… Empezaba en el periodismo, esa extraña aventura… Pero estábamos con la comida, ¿usted de dónde es?</p>
<p><em>Soy de Huelva.</em></p>
<p>Ahí tienen muy buenas gambas, aunque en el diccionario de la Academia <a href="http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=gamba" target="_blank">se decía</a> de este crustáceo que «habita en el Mediterráneo»… Por fortuna para todos, habitan (no los académicos sino las gambas, que son mucho más inteligentes que los académicos) en muchos más lugares… Pero en su tierra de usted, y perdone que se lo diga, como en todo el país, estropean las gambas haciéndolas a la plancha.</p>
<p><em>–Entonces, ¿sólo hervidas?</em></p>
<p><strong>Los crustáceos ni hervidos ni a la plancha. Hay que hacerlos a la brasa. Sobre todo el bogavante, el mejor de todos</strong>, y la langosta, que es menos importante aunque cueste más. Y hay que hacerlos a la brasa no sólo porque esa es la manera de sacarle a su carne todas las cualidades que tiene, sino porque el tostado del caparazón contribuye de una manera decisiva a ensalzar el sabor de su sustancia. Este olor abre el apetito y se llegan a obtener así cualidades de elevada categoría: he aquí un modestísimo consejo, que yo me atrevo a dar en relación con todos los crustáceos, tanto los pequeños como las gambas como los de volumen superior… Y atención a las salsas: la verdadera salsa del crustáceo es el crustáceo mismo con el perfume de su caparazón tostado al fuego. Podría añadirse, todo lo más, una sumaria vinagreta: unas gotas de aceite puro de oliva y una ligera presencia, muy leve, de vinagre. <strong>Maltratar con gustos extravagantes lo que por sí mismo posee cualidades únicas constituye, a mi modo de ver, una equivocación manifiesta…</strong> Lo que ocurre es que la gente no lee a <strong>Goethe</strong>, y desconoce la importancia de la limitación.</p>
<blockquote><p>Mi país es el Ampurdán y Cataluña y España y Europa y lo que llamamos Occidente. Según. Lo que se vive, donde se vive, donde se come y se caga. Donde se anda. Lo que se pisa. Eso somos…</p></blockquote>
<p><em>Antes, a cuenta de las gambas, habló usted del país. ¿A qué país se refiere?</em></p>
<p>Mi país es el Ampurdán y Cataluña y España y Europa y lo que llamamos Occidente. Según. No lo es el Oriente, porque no lo conozco. Lo que se vive, donde se vive, donde se come y se caga. Donde se anda. Lo que se pisa. Eso somos… Mire lo que decía <strong>Montaigne</strong> en su último ensayo, sobre la experiencia: “En vano nos encaramamos sobre unos zancos, pues aun con zancos hemos de andar con nuestras propias piernas”. Y, esto es importante, remata así. “<em>Au plus eslevé throne du monde, si ne sommes asses que sus nostre cul</em>”. Eso es así. Todos nos sentamos sobre nuestro culo. Igual el rey en su trono que el súbdito en su váter.</p>
<p><em>Le gusta a usted Montaigne.</em></p>
<p>Nunca me canso de leer sus <em>Ensayos</em>, y cuanto más los releo mejor resultan.</p>
<p><em>Usted está muy influido por la cultura francesa.</em></p>
<p>Mire usted, yo vivo al lado. He estado en París. He leído mucho en francés… La cultura maorí, por ejemplo, creo que no me ha influido nada… A propósito, lea usted a <strong>Samuel Butler</strong>, me refiero al contemporáneo; un inglés tan original que nunca perteneció a ningún club. La lectura de su <em>Erewhon or over range</em> le complacerá mucho… Pero estábamos con la cultura francesa. Claro que me influyó. ¿Cómo no me iba a influir la lectura de <strong>Fustel de Coulanges</strong>? <em>La Cité antique</em>, escrita con poco más de treinta años, es un prodigio de saber y de conocimiento, y sobre todo de intuición y de observación, y de precisión. Eso no lo olvide. <strong>La precisión, como la adjetivación justa, y la búsqueda de la verdad, algo fundamental…</strong> Los franceses son buenos escritores y yo he disfrutado mucho leyéndolos. A los del siglo XVIII y XIX sobre todo. <strong>Montesquieu</strong> es formidable, pero también <strong>Barrés</strong>. O el saboyano <strong>De Maistre</strong>. Lea usted <em>Les Soirées de Saint-Petersbourg</em>. O lea al maestro de los polemistas, a <strong>Daudet</strong>.</p>
<p><em>El de “Tartarín”.</em></p>
<p>No. Ese es el padre, <strong>Alphonse</strong>, también magnífico, un escritor de la tierra, irónico y nada pomposo. Yo me refería a <strong>Leon Daudet</strong>, un exponente de cierta derecha francesa, casi toda ella muy culta, sea reaccionaria, conservadora o liberal. Y no como en este país, con tanta propensión a la ignorancia como la izquierda.</p>
<blockquote><p>España es un país de fanáticos, de onanistas y de perturbados. Yo he vivido mucho y me he adaptado a las circunstancias, casi todas malas, procurando buscar las menos adversas</p>
<p> </p></blockquote>
<figure id="attachment_2329" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-2329" src="/wp-content/uploads/2014/09/Pla-1024x971.jpg" alt="Josep Pla interpretado por David Pintor." width="690" height="654" /><figcaption class="wp-caption-text">Josep Pla interpretado por David Pintor.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><em>¿Usted, qué es? ¿Franquista, nacionalista catalán, conservador, liberal, reaccionario?</em></p>
<p>Yo soy de Palafrugell y del Mas Pla en Llofriu. <strong>He sido periodista, casi a la fuerza. Escritor, por una especie de ineluctable manía diabólica. Payés de vivienda y de vivencia, de comida</strong> (tengo vacas, gallinas, cereal, olivos, vino, hortalizas…). Y, sí, fui como un espía de <strong>Franco</strong>, aunque no creo parecerme a James Bond, y agente de Cambó, negociador con Lerroux, aquel político tan admirado por los españoles que gozaban de queridas, estuve a punto de dirigir <em>La Vanguardia Española</em>, tras <strong>Manuel Aznar</strong>, el abuelo del presidente, y prefirieron a <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Luis_de_Galinsoga" target="_blank">un fanático</a>… Ya sabrá usted, a su edad, que España es un país de fanáticos, de onanistas y de perturbados. Yo he vivido mucho y me he adaptado a las circunstancias, casi todas malas, procurando buscar las menos adversas. En el verano de 1936, unos cenetistas fueron a matarme y un paisano anarquista pudo evitarlo, por fortuna. Luego,<strong> Jaume Miravitlles</strong>, al que usted trató, que entonces era prohombre de la situación y además nacido en Figueres, me ayudó a salir de España. En aquellos momentos, al menos para mí, el fanatismo izquierdista era peor que el otro. El 19 de julio de 1936, desde un pequeño monte de los alrededores del pueblo, de mi Palafrugell, yo vi arder las siete pequeñas iglesias de otros siete pueblos. Yo presencié el espectáculo de esa destrucción, impotente. Y no como el lunes 11 de mayo de 1931, cuando la gente del pueblo de Madrid veía quemar los conventos con cierto aire de curiosidad, con un churro en la mano y con una sonrisa de fiesta en la cara… No fue luego mi caso. Junto a esas iglesias de mi tierra, había unos minúsculos cementerios con viejos y agudos cipreses sobre sus paredes doradas y antiguas. Y en esos cementerios estaban enterrados mis antepasados, mi memoria familiar. ¿Por qué aquellos hombres hicieron aquello? <strong>Las utopías son peligrosas, incluso las de mejor intención, porque los tópicos del humanitarismo más vehemente llevan con frecuencia a la inhumanidad.</strong> Antes hemos hablado de la derecha francesa culta, valga la redundancia. Joseph de Maistre decía que la historia era la política experimental. Esto es importante. No se puede decir mejor, aunque él tendiera a la teocracia. Otra utopía. La pureza utópica causa estragos. La inteligencia, la observación, llevan al realismo, fruto de la mirada experimentada. <strong>Maquiavelo</strong>, en la dedicatoria de <em>Il Principe</em>, nos da la clave del entendimiento político: “Una lunga esperienzia delle cose moderne et una continua lezione delle antique”. El bueno de Maquiavelo, tan grande y tan inteligente, no fue muy listo para él mismo. Fue un perdedor. Como yo.</p>
<blockquote><p>La gloria es esa señora gorda de bronce o de mármol o de granito subida en los pedestales de los monumentos… Perdone que se lo diga: la gloria mejor en vida y en carne, no en bronce ni en piedra</p></blockquote>
<p><em>Hombre, señor Pla, ¿cómo puede usted creer eso? ¡Con toda su gloria! </em></p>
<p>Mire usted, joven, la gloria es esa señora gorda de bronce o de mármol o de granito subida en los pedestales de los monumentos. A burro muerto cebada al rabo, que dicen ustedes… Perdone que se lo diga, la gloria mejor en vida y en carne, no en bronce ni en piedra. Una Gloria, una Marieta, una Consuelo, una Aurora, una Adi –una <a href="http://aly-herscovitz.blogspot.com.es/" target="_blank">Aly</a>–, una Lilian, aquella «cara bambina» suiza… Así que vamos a jorobarnos o a consolarnos y a disfrutar de esta admirable rotonda y de este saludable whisky escocés. Ya sabe lo que decía <strong>Joubert</strong>, tan razonable que tiene un sentido común muy superior a la lógica: “A cierta edad el espíritu se apaga, pero hay que alimentar el fuego con otra leña”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>VÍCTOR MÁRQUEZ REVIRIEGO</strong></em></p>
<p><img class="alignleft wp-image-2176" src="/wp-content/uploads/2014/08/CUBIERTA-255-SIN-CODIGO-768x1024.jpg" alt="" width="150" height="200" /></p>
<p style="text-align: left;"><em>Una ver­sión de esta <strong>Auténtica Entrevista Falsa</strong> ha sido publi­cada en el <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de sep­tiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></p>
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		<title>Retablo de maravillas: Boadella y el caso Pujol</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Sep 2014 07:00:52 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En la marejada periodística que ha levantado, durante estas semanas pasadas, la <em>confesión</em> de <strong>Jordi Pujol</strong>, no han faltado patéticas declaraciones de duelo y consternación por parte de unos y otros sobre quien ha sido en los años de la democracia el gran adalid del nacionalismo catalán. Incluso una antigua representante de la izquierda nacionalista, ahora tertuliana lenguaraz, <a href="https://twitter.com/RaholaOficial/status/494144884883079168" target="_blank">ha llegado a pedir perdón</a> al exdirector del periódico que denunció las corruptelas de la familia Pujol por haber puesto en duda e incluso negado esas informaciones cuando se publicaron. Bien está, desde luego, que se le reconozcan al periodismo independiente sus méritos, pero no estará de más recordar que <strong>no fue en las páginas de los periódicos donde por vez primera se airearon los manejos del antes <em>molt honorable president </em></strong>de la Generalitat y ahora confeso delincuente fiscal, <strong>sino en los escenarios, en el teatro, sí, en el teatro.</strong></p>
<p>Acababa Pujol de tomar posesión del Palau de la plaza de Sant Jaume cuando <strong>Albert Boadella</strong>, al frente de El Joglars, estrenó <em>Operación Ubú, </em>una ácida sátira del primer gobierno de Convergència i Unió, primera de una serie que hacía honor al modelo en que se inspiraba: el <em>Ubu rey</em> de <strong>Alfred Jarry</strong>. Corría el año 1981 y hubo entonces división de opiniones: <strong>los nacionalistas tomaron aquello como una afrenta intolerable</strong> en el sentido literal del término, y la izquierda lo recibió con cierta complicidad ante el enemigo común a batir.</p>
<p>Catorce años después, en 1995, Boadella volvía a la carga, adaptando la criatura de Jarry a los nuevos tiempos. Ahora la obra se titulaba <em><a href="http://www.elsjoglars.com/produccion.php?idPag=ubu" target="_blank">Ubú president</a>. </em>El tiempo no había pasado en balde, y la megalomanía de Pujol, reforzada tras haber salido indemne del fiasco de Banca Catalana, había calado en una gran parte de Cataluña, cada vez más abducida por los mitos atávicos del nacionalismo. En 2001 se cumplían los veinte años de Pujol en el poder, y el bufón (Boadella lleva a gala ese título) volvió a retocar su pieza, ahora titulada <em><a href="http://www.elsjoglars.com/produccion.php?idPag=trilogia_ubu" target="_blank">Ubú presidente o los últimos días de Pompeya</a>.</em> En ella no solo aparecía el carismático líder –encarnado siempre por el genial <strong>Ramon Fontserè</strong>– sino también <strong>Pasqual Maragall</strong> (aquí Pascual Maramágnum) y el que terminaría heredando el sillón presidencial, un tal Arturito Mas. En este caso las opiniones no se dividieron tanto, y la izquierda fue poco a poco apartándose de Boadella y los suyos. <strong>El mensaje libertario y antinacionalista de esta tercera entrega no dejaba títere con cabeza</strong>: artistas como <strong>Josep Maria Flotats</strong> (aunque este fuera también una <a href="http://elpais.com/diario/1997/09/24/cultura/875052001_850215.html" target="_blank">víctima del sectarismo</a> y tuviera que emigrar a Madrid) y <strong>Montserrat Caballé</strong>; empresarios de hoteles como <strong>Joan Gaspart</strong>, alias Gaspar Husa, escritores como <strong>Baltasar Porcel</strong>, la Sagrada Familia, la Moreneta… ¿Consecuencias? Las subvenciones se esfumaron, los teatros donde Els Joglars actuaban se fueron quedando vacíos, y <strong>al poco Boadella hubo de tomar las de Villadiego</strong>: adiós, Catalunya, <em>adeu.</em></p>
<blockquote><p>Embebida por las maravillas del fantasioso retablo levantado por políticos corruptos, la sociedad catalana ignoró la palabra libre del bufón</p></blockquote>
<p>Pues bien, han pasado treinta y tres, diecinueve, y trece años de los tres <em>Ubús</em> boadellescos, y <strong>habrá que reconocerle a su creador que tenía razón; que supo ver y denunciar antes que nadie el nivel de corrupción instituido por el presidente Pujol.</strong> Quienes vieron la última entrega recordarán las escenas más hilarantes de la farsa: por ejemplo, cuando el Excels era entrevistado por unos periodistas de <em>Telestrés</em>, y aparecían sus hijos, los Excelsitos, <strong>llevando una serie de maletines repletos de euros.</strong> Los que no tuvieron la oportunidad de disfrutar de aquel espectáculo, ofrecido –en forma de trilogía– junto a <em>La increíble historia del Dr. Floit y Mr. Pla </em>y<em> Daalí, </em><strong>pueden leer el texto en la estupenda edición de Milagros Sánchez Arnosi (Cátedra)</strong>: “Escuchad –les decía un Excels más real que su modelo, compendio de virtudes éticas, a sus vástagos–, no os peleéis por el dinero que hay cosas más importantes en la vida, ¿eh?”, para algo más adelante decirle orgulloso a su esposa, la Excelsa: “Con estos chavales tendremos una buena jubilación, ¿eh?, tendremos una buena jubilación”.</p>
<p>En el siglo XVII, <strong>Cervantes</strong> <strong>se valió de dos comediantes –Chanfalla y Chirinos– para desvelar en <em>El retablo de las maravillas</em> la podredumbre moral a que había llegado una sociedad obsesionada por la limpieza de sangre y el fanatismo religioso.</strong> A lo largo de sus más de cincuenta años de actividad profesional, Boadella no ha hecho otra que seguir el ejemplo cervantino y valerse del teatro como el mejor modo de revelar toda hipocresía e impostura. Y no otra cosa hizo Jarry cuando se enfrentó al público de su tiempo. La primera palabra –una voluntaria errata– que pronuncia el padre Ubú es “merdre”. <strong>El escatológico exabrupto define bien la situación actual a la que ha llegado el país de Josep Pla</strong> (otro chivo expiatorio del pujolismo): no son las pelas contantes y sonantes que al extranjero se han llevado presuntamente Pujol, su familia y sus secuaces políticos lo que peor huele, sino el clima de descomposición moral e intelectual de una gran parte de la sociedad catalana que, embebida por las maravillas del fantasioso retablo levantado por políticos corruptos, ha dejado de escuchar la palabra libre y valiente de bufones como Boadella.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JAVIER HUERTA CALVO</strong>, catedrático de Literatura de la Universidad Complutense de Madrid.</em></p>
<address style="text-align: left;"><img class="alignleft wp-image-2176" src="/wp-content/uploads/2014/08/CUBIERTA-255-SIN-CODIGO-768x1024.jpg" alt="" width="150" height="200" /><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en el <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de sep­tiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></p>
</address>
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		<title>Secesionismo y naturaleza humana</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2014 10:12:23 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué nos dice eso que los independentistas llaman “proceso” (pero que es un paseo circular por el sinsentido) sobre la naturaleza humana? Para empezar, que <strong>el espíritu tribal es un rasgo típico de nuestra especie que nos llega de los demás primates</strong> y cuyos ecos se escuchan desde mucho más allá. Favorecer a los propios es un rasgo de supervivencia. Pero, como dice <a href="http://sitemaker.umich.edu/satran/home" target="_blank"><strong>Scott Atran</strong></a>, “hace 2.000 años, en cuatro imperios diferentes, se desarrolló una red de intercambios materiales y en esta apertura al comercio se intercambiaron también ideas. Fue el origen de las grandes religiones universales”.</p>
<p>A medida que los contactos con los demás se amplían y se escoge el modelo del intercambio cultural y económico antes que el de la guerra, cuando el mundo se dirige a la globalización, se requieren nuevas filosofías o nuevas maneras de entender el mundo cada vez más integradoras. <strong>Los nacionalistas</strong> –españoles, europeos o de cualquier lugar del mundo donde el marco es democrático y de libertad– <strong>van en contra del signo de la historia y demuestran un gran desconocimiento de los procesos de los que el mundo no puede escapar si quiere avanzar hacia el progreso y la paz.</strong> La misma Unión Europea parte de la idea de que los estados cedan soberanía y se incorporen como iguales en un conjunto con un desplazamiento jerárquico hacia arriba. Esta futura confederación sería la culminación de un proyecto ilustrado e internacionalista de voluntad de entendimiento en lo común que lleva siglos progresando a pesar de las dificultades. Es la idea opuesta a los planes de los independentistas.</p>
<p>Como ya escribí en un artículo para el diario <em>ABC</em>, durante la Guerra de los Treinta Años había en Europa alrededor de 500 unidades políticas, que en los años 50 del siglo XX se habían reducido a menos de 30. El Sacro Imperio Romano Germánico era un enorme conglomerado de más de 400 estados que ocupaba la mayor parte de Europa central, la mayoría de los cuales finalmente se unirían a Alemania. Estudiosos como <strong>Steven Pinker</strong> sugieren que <strong>esa disminución de estados tiene relación con el declive en la cifra de guerras en un sentido global.</strong></p>
<p>Efectivamente, se observa una tendencia a la integración en organizaciones supranacionales. Aunque después de ambas guerras mundiales el mapa político europeo osciló en el número de estados –que se vieron incrementados sobre todo a partir de la desintegración de la Unión Soviética y de las desestabilizaciones de los países del Pacto de Varsovia–, asistimos a una progresiva y drástica disminución de los mismos.</p>
<p>Hay una  sangrante paradoja en el hecho de que una región perteneciente a un país europeo fuerce su independencia para luego seguir formando parte de la misma Europa. <strong>¿Cómo solicitar la admisión en un club de miembros muy distintos cuando se acaba de abandonar otro de muy iguales?</strong> ¿Cómo explicarlo cuando las virtudes que se requieren son exactamente las mismas en las que se ha fracasado? El coste de esa independencia es el descalabro de la propensión moderna en la búsqueda de lo que nos une. <strong>No detener las pulsiones secesionistas es favorecer el hundimiento del proyecto de integración supranacional.</strong> <strong>Es el fracaso de la misma Europa.</strong></p>
<p>El hecho de que la colaboración humana a gran escala se construya sobre materiales ancestrales de sentido ferozmente contrario y que evolucionaron cuando el mundo era muy pequeño hace que las tentaciones de regresar a estadios primitivos potencialmente letales sean más o menos permanentes. Efectivamente, existe una lógica terrible que nos dice que <strong>el cosmopolitismo librará una eterna lucha contra el etnicismo</strong> porque nunca podrá contrarrestar las ventajas inmediatas y tangibles de favorecer a quienes se parecen más a nosotros. No hay que olvidarlo jamás y debería formar parte inexcusable de la educación de los jóvenes.</p>
<p><strong>La secesión en un país consolidado representa la demolición de una red de afectos y complicidades</strong>, muy costosas de conseguir, que han requerido centurias para establecerse, y su prevención debería ser cuestión prioritaria en los programas de los gobernantes europeos. La secesión es la destrucción de un rico sistema ecológico de personas, costumbres, sentimientos y tradiciones que no queda incólume. <strong>El primatólogo <a href="http://www.psychology.emory.edu/nab/dewaal/" target="_blank">Frans de Waal</a> asegura que no hay gente que se odie más que quienes acaban de separarse.</strong></p>
<p>Una región que se separe de un país miembro no debería ser admitida en Europa. Si un Rius considera que un García es un extraño que no merece su solidaridad, ¿qué no dirá cuando le pida dinero un Redecker o un Horthy? <strong>Quien no ha podido tolerar a los suyos lleva la peor tarjeta de presentación para un club de muy distintos.</strong> Es una bomba de relojería y un ejemplo letal. No puede integrarse en Europa quien en 500 años no ha tenido tiempo de asumir a los propios como propios.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT</strong> es antropóloga y editora de <a href="http://www.terceracultura.net/tc/" target="_blank">Tercera Cultura</a> (su blog: <a href="http://mujer-pez.blogspot.com.es/" target="_blank">Mujer-Pez</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;"><img class="alignleft wp-image-2176" src="/wp-content/uploads/2014/08/CUBIERTA-255-SIN-CODIGO-768x1024.jpg" alt="" width="150" height="200" /><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en la sec­ción “Tercera Cultura” del <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de sep­tiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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		<title>Leer en mayo</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2014 10:11:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La educación, sus problemas y soluciones, es el principal argumento de nuestro número de mayo, pero hay otros muchos. El próximo mes de septiembre Gustavo Bueno cumple 90 años, y la fantástica biblioteca que el polémico filósofo atesora en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes, es la Biblioteca Fantástica de este [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La educación, sus problemas y soluciones, es <a href="/2014/04/leer252-que-educacion/" target="_blank">el principal argumento de nuestro número de mayo</a>, pero hay otros muchos. El próximo mes de septiembre <strong>Gustavo Bueno</strong> cumple 90 años, y la fantástica biblioteca que el polémico filósofo atesora en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes, es <strong>la Biblioteca Fantástica de este mes.</strong> La conversación sobre sus libros deriva a su etapa de estudiante, su paso por Salamanca, el descubrimiento de la Escolástica («no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas»), <strong>las primeras lecturas e influencias intelectuales, de Freud a Linneo pasando por Spinoza.</strong></p>
<p>Sorprendidos <a href="/2014/04/gabo-1927-2014/" target="_blank">en pleno cierre</a> por el fallecimiento de <strong>Gabriel García Márquez</strong>, ensayamos <strong>un homenaje urgente</strong> al inmortal autor de <em>Cien Años de Soledad</em>. Nuestro director, <strong>Aurelio Loureiro</strong>, calibra el impacto de la prosa de Gabo en el imaginario de varias generaciones, y <strong>David Felipe Arranz</strong> analiza la geografía de Macondo. Además, <strong>Julio Valdeón Blanco</strong>, en su <strong>Carta desde Nueva York</strong>, recoge el enorme impacto de la noticia en Estados Unidos.</p>
<figure id="attachment_1168" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-1168 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/05/Milan-Kundera-1024x680.jpg" alt="Milan Kundera." width="690" height="458" /><figcaption class="wp-caption-text">Milan Kundera.</figcaption></figure>
<p>Otra Carta, la de París de <strong>Óscar Caballero</strong>, da noticia de las últimas y notables novedades editoriales en Francia: <a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Blanche/La-fete-de-l-insignifiance" target="_blank"><em>La fête de l’insignifiance</em></a>, lo último de <strong>Milan Kundera</strong>, la antología poética de <strong>Michel Houellebecq</strong>, <em>Non reconcilié</em>, o <a href="http://www.gallimard.fr/Media/Gallimard/Entretien-ecrit/Pierre-Assouline.-Sigmaringen" target="_blank"><em>Sigmaringen</em></a>, la novela de <strong>Pierre Assouline</strong> sobre «el pecado inexpiable de Francia que fue el colaboracionismo».</p>
<p>Desde la Feria del Libro de Londres, <strong>Paula Corroto</strong>, periodista y editora de <a href="http://www.encubierta.com/" target="_blank"><em>EnCubierta</em></a> (publicación premiada en aquel certamen con el YCE Award del British Council a la mejor idea de edición digital 2014), nos trae <strong>las novedades y tendencias del siempre adelantado mercado anglosajón.</strong> El desarrollo de las aplicaciones editoriales y el auge de la autopublicación son algunas de ellas. «El mantra es la creación de comunidad, saber dar con el nicho de lectores. ¿Hablamos de libros o de coches? Hablamos de negocio».</p>
<figure id="attachment_1170" style="width: 350px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-1170" src="/wp-content/uploads/2014/05/IMG_4356-760x1024.jpg" alt="J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres)." width="350" height="472" /><figcaption class="wp-caption-text">J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>Además de nuestras habituales reseñas y recomendaciones, ofrecemos entrevistas con <a href="http://hkkmr.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Alberto Olmos</strong></a> (autor de la reciente <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/ERH28887/alabanza" target="_blank"><em>Alabanza</em></a>, «lo mejor que he escrito en mi vida»), <a href="http://www.sergibellver.com/" target="_blank"><strong>Sergi Bellver</strong></a> (a propósito de su libro de relatos <em>Agua dura</em>), <a href="http://www.jjbenitez.com/" target="_blank"><strong>J.J. Benítez</strong></a> (por la publicación de <em>Estoy bien</em> y en el 30º aniversario de <em>Caballo de Troya</em>), <strong>Juan Arnau</strong> (autor de <a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=97" target="_blank"><em>Manual de filosofía portátil</em></a> en Atalanta), <strong>Ramón Pernas</strong> (último premio Azorín con <a href="http://www.planetadelibros.com/hotel-paradiso-libro-117959.html" target="_blank"><em>Hotel Paradiso</em></a>), <strong>Javier Urra</strong> (sobre su <em>Psicohigiene</em> en Aguilar) o <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> (que habla con Alicia González de su último poemario, <em>Cuaderno de vacaciones</em>, en Visor).</p>
<p><strong>En torno a la figura de</strong> <strong>Adolfo Suárez</strong> hablamos con <strong>Abel Hernández</strong>, autor reciente del libro <a href="http://www.plazayvaldes.es/libro/secretos-de-la-transicion/1530/" target="_blank"><em>Secretos de la transición</em></a>, y <strong>Pilar Urbano</strong>, protagonista, con su libro <a href="http://www.planetadelibros.com/la-gran-desmemoria-libro-117678.html" target="_blank"><em>La gran desmemoria</em></a>, de una de las más fenomenales polémicas en torno a la relación del Rey con el ex presidente y las claves ocultas del 23-F.</p>
<p>En sus <strong>Páginas Verdes</strong>, <strong>Pedro Cáceres</strong> glosa la figura impresionante del recientemente desaparecido <strong>Peter Matthiessen</strong>. <strong>Gabriel Albiac</strong> dedica su sección de <strong>Pensamiento</strong> al último libro de <strong>Javier Sádaba</strong>, <a href="http://www.planetadelibros.com/etica-erotica-libro-114389.html" target="_blank"><em>Ética erótica</em></a> (Península), y <strong>Ramón Tamames</strong> ofrece las claves de su libro recién aparecido <em>¿Adónde vas, Cataluña?</em></p>
<p><strong>La brillante aproximación literaria de Raúl Minchinela a la misteriosa desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines</strong> cierra un número de LEER pleno de propuestas de orden diverso. Selva varia, como siempre, y más que nunca en este florido mayo.</p>
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