José Jiménez: «El arte es un descubrimiento cultural»

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Cate­drá­tico de Esté­tica en la Uni­ver­si­dad Autó­noma de Madrid, crí­tico, comi­sa­rio de expo­si­cio­nes de arte con­tem­po­rá­neo y espe­cia­lista en Mar­cel Duchamp, acaba de rees­cri­bir, 30 años des­pués, una de sus obras teó­ri­cas más rele­van­tes, Imá­ge­nes del hom­bre (Tec­nos), una reivin­di­ca­ción de la Esté­tica como filo­so­fía prác­tica que nos ayuda a des­ve­lar el carác­ter antro­po­ló­gico de las imá­ge­nes pro­du­ci­das por la huma­ni­dad a lo largo de la historia.

¿El libro es un defensa de la Esté­tica como dis­ci­plina, frente a aque­lla decla­ra­ción de Adorno de había que­dado anticuada?

Sí, Adorno es un punto de refe­ren­cia en el inicio del libro, pre­ci­sa­mente para seña­lar que eso que él decía tenía que ver con las difi­cul­ta­des para iden­ti­fi­car el esta­tus teó­rico de la Esté­tica. Lo que he inten­tado hacer es una fun­da­men­ta­ción filo­só­fica de la Esté­tica que no fuera ni meta­fí­sica ni mera­mente sen­sua­lista. Lo que cons­ti­tuye el núcleo de mi con­cep­ción es la teo­ría de la ima­gen, enten­dida como una cons­truc­ción sim­bó­lica en deter­mi­na­dos ámbi­tos de la cul­tura, por lo tanto es una con­cep­ción filo­só­fica pero en el marco de la antro­po­lo­gía, por­que mi plan­tea­miento es que en todos los gru­pos huma­nos exis­ten repre­sen­ta­cio­nes sim­bó­li­cas sen­si­bles y con­cep­tua­les que impli­can imá­ge­nes de ple­ni­tud o de con­tra­ple­ni­tud, es decir, aque­llo que alude a lo que qui­sié­ra­mos ser si pudié­ra­mos o aque­llo que de nin­gún modo qui­sié­ra­mos lle­gar a ser nunca. Y eso tiene un carác­ter esté­tico, lo cual no quiere decir que en todas las cul­tu­ras huma­nas haya arte. Para mí el arte es el resul­tado de un des­cu­bri­miento cultural.

¿Qué dife­ren­cia hay entre lo sim­bó­lico y lo artístico?

Mien­tras las cons­truc­cio­nes sim­bó­li­cas de la ima­gen no artís­ti­cas van aso­cia­das a for­mas de comu­ni­ca­ción, de reme­mo­ra­ción, o de cere­mo­nia, en el caso del arte lo que hay es una cons­truc­ción de imá­ge­nes sim­bó­li­cas en un espa­cio de fic­ción. La idea del espa­cio de fic­ción tiene que ver con la abs­trac­ción pero tiene que ver tam­bién con la auto­cons­cien­cia de que eso no tiene una reali­dad prag­má­tico mate­rial, sino que puede ser o no ser. Y por eso el arte nos cues­tiona acerca de lo que somos y nos plan­tea tam­bién inte­rro­gan­tes acerca de qué podría­mos lle­gar a ser o no.

Imágenes del hombre, de José Jiménez¿Cómo se con­cre­ta­ría hoy la con­tra­po­si­ción entre lo bello y lo sublime de la que hablas en el libro?

Para mí es bási­ca­mente un con­traste entre dos for­mas de con­ce­bir la ple­ni­tud esté­tica. Mien­tras que lo bello tiene sobre todo un cri­te­rio de arti­cu­la­ción for­mal y de orden, lo sublime tiene bási­ca­mente un cri­te­rio de trans­gre­sión, de ir más allá, pero aquí mismo, no apun­tando al cielo, adonde no lle­ga­mos. Esto estaba como sus­trato en mi pri­mer libro, El ángel caído, una inves­ti­ga­ción sobre una ima­gen que expresa el deseo humano de ele­va­ción, que está muy rela­cio­nado con el modo en el que yo entiendo lo sublime: que­re­mos ser ánge­les, pero como no tene­mos alas, nos caemos.

Esa cate­go­ri­za­ción del hom­bre como pro­duc­tor de imá­ge­nes te obliga a hacer refe­ren­cia al len­guaje y a la idea de Witt­gens­tein de la ico­ni­ci­dad del pen­sa­miento humano, de que al pen­sar cons­trui­mos y ope­ra­mos con imágenes.

Sí. La idea de los posi­ti­vis­mos lógi­cos o la idea de una rela­ción uní­voca entre len­guaje y sig­ni­fi­cado no tiene sen­tido desde un punto de vista antro­po­ló­gico. Los dis­tin­tos len­gua­jes expre­san varia­cio­nes a la hora de trans­mi­tir sen­tido y sig­ni­fi­ca­dos. A mí me gusta mucho la idea del último Witt­gens­tein, el de Inves­ti­ga­cio­nes filo­só­fi­cas, de que el len­guaje tiene siem­pre un ámbito de repre­sen­ta­ción, y pone como ejem­plo lo que hace un niño. Para un niño, un sofá puede ser un cas­ti­llo. Juga­mos cuando esta­ble­ce­mos sig­ni­fi­ca­cio­nes, la cues­tión es que esas sig­ni­fi­ca­cio­nes estén o no com­par­ti­das. Y por lo tanto no hay rela­ción uní­voca entre forma lin­güís­tica y sig­ni­fi­cado, sino que depende de los cam­pos semán­ti­cos y de las estruc­tu­ras del entorno cul­tu­ral donde se for­jan. Es una cues­tión de com­par­tir las pau­tas y los cri­te­rios de representación.

Como decía Spi­noza, la belleza no está en el objeto sino en los ojos de quien lo mira…

Sí, pero yo creo que lo bello está tam­bién en las carac­te­rís­ti­cas del objeto. Pero esas carac­te­rís­ti­cas del objeto sur­gen en un ámbito com­par­tido de qué cosas con­ce­bi­mos como bellas y cuá­les no. Es muy intere­sante ver cómo hay artis­tas des­a­pa­re­ci­dos que con el tiempo aca­ban recu­pe­rán­dose. El ejem­plo más claro es el Greco. Tres siglos olvi­dado. Todas las pro­pues­tas artís­ti­cas tie­nen que pasar la prueba del tiempo. Duchamp fue prác­ti­ca­mente igno­rado hasta los últi­mos años de su vida y es un per­so­naje deci­sivo, por­que des­cu­bre muy pronto cómo el cam­bio tec­no­ló­gico implica no una desa­pa­ri­ción pero sí un des­pla­za­miento del arte. El arte tenía que situarse en un plano dis­tinto de donde se había situado durante casi cua­tro siglos. Duchamp es el pri­mer artista que piensa en pro­fun­di­dad lo que supone la expan­sión de la tec­no­lo­gía en la moder­ni­dad y la pro­li­fe­ra­ción de for­mas, que es algo que tiene que ver con la pro­li­fe­ra­ción de imá­ge­nes en nues­tros días, y en ese sen­tido es un anticipador.

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¿Las van­guar­dias pro­du­cen la sepa­ra­ción del arte y la belleza?

No, en las van­guar­dias la belleza sigue viva; lo que se rompe de algún modo es la con­cep­ción idea­lista de la belleza como algo tras­cen­dente. El pri­mero que habla de una cri­sis de la cate­go­ría belleza y que anti­cipa los pen­sa­mien­tos teó­ri­cos sobre el cam­bio que se pro­duce con la moder­ni­dad es Bau­de­laire, que plan­tea la dife­ren­cia entre una dimen­sión per­ma­nente de la belleza y una dimen­sión cam­biante. En Las flo­res del mal escribe un poema a una mujer que pasa: “¡Oh belleza fugi­tiva, no te vol­veré ya a ver sino en la eter­ni­dad!”. En esa mujer que pasa existe el bri­llo de la belleza del que hablaba Pla­tón, que tiene un tras­fondo eró­tico, pero es inal­can­za­ble. Por eso dice “no te vol­veré ya a ver sino en la eter­ni­dad”, es decir, hay un juego entre lo coti­diano, lo que está aquí mismo, y aque­llo que se nos escapa y adonde no pode­mos llegar.

¿Por qué fra­ca­sa­ron las vanguardias?

Las van­guar­dias, que eran a la vez un pro­yecto de eman­ci­pa­ción humana y de trans­for­ma­ción de la socie­dad a tra­vés del arte, se reclu­ye­ron luego en una prác­tica de códi­gos lin­güís­ti­cos muy expe­ri­men­ta­les que la gente no tenía capa­ci­dad para com­pren­der. Hoy día, está todo muy inte­grado y nos resul­tan fami­lia­res todas las for­mas de expre­sión de las van­guar­dias, pero durante déca­das la gente no enten­dió el len­guaje artís­tico de la van­guar­dia. Ade­más, cada movi­miento desa­rro­llaba un código lin­güís­tico y unos ele­men­tos de repre­sen­ta­ción dife­ren­tes, frente al código uni­ta­rio de repre­sen­ta­ción que había fun­cio­nado hasta enton­ces. Había que haber ense­ñado en las escue­las a com­pren­der hacia donde iba el arte en la moder­ni­dad. Y esto sigue vigente hoy como nece­si­dad. En el sis­tema edu­ca­tivo actual a la vez que se ense­ñan mate­má­ti­cas, muy nece­sa­rias, o len­guas habría que ense­ñar el arte como un pro­ceso de cono­ci­miento, por­que el arte actual tam­bién es muy com­plejo y difí­cil de enten­der. Toda­vía hasta los años 70 del siglo pasado se hablaba de movi­mien­tos en el arte, pero ahora ya no se puede hablar de movi­mien­tos, ahora los plan­tea­mien­tos artís­ti­cos son indi­vi­dua­les. Si antes era difí­cil ver en cada movi­miento las dife­ren­cias que había entre su código de repre­sen­ta­ción y los de otro, ahora el pro­blema es que cada artista tiene su pro­pio código individual.

¿El arte como expe­rien­cia cul­tu­ral está en riesgo?

Lo que se ha pro­du­cido en estos momen­tos, que tiene mucho que ver con la tran­si­ción a una cul­tura de comu­ni­ca­ción a base de redes digi­ta­les, es una expan­sión de la ima­gen masiva nunca antes cono­cida en la his­to­ria de la huma­ni­dad. El gran pro­blema que hay es una inme­dia­tez de la ima­gen que hace muy difí­cil el pen­sa­miento por­que no per­mite la abs­trac­ción y el cono­ci­miento. Ante esto, deter­mi­na­dos teó­ri­cos, como Boris Groys, dicen que el arte ha muerto. Yo eso no lo admito, por­que el arte como abs­trac­ción de la forma es una de las dimen­sio­nes más pro­fun­das de la huma­ni­dad. Y la capa­ci­dad para sin­gu­la­ri­zar y dife­ren­ciar la ima­gen haciendo posi­ble la abs­trac­ción es lo que man­tiene vivo al arte. Cuando pongo a leer a mis alum­nos de filo­so­fía en público, me doy cuenta de que prác­ti­ca­mente no entien­den lo que leen, por­que esta­mos empe­zando a caer en un con­tacto con el len­guaje inme­diato, que es el que te dan los telé­fo­nos lis­tos (me niego a lla­mar­los inte­li­gen­tes) o cual­quier tipo de pan­ta­llas. Y eso te impide pen­sar. Yo tengo la acti­tud posi­tiva de creer que la gente joven va a encon­trar una salida, por­que los cam­bios tec­no­ló­gi­cos no son rever­si­bles. No pode­mos renun­ciar a los sopor­tes digi­ta­les y debe­mos seguir uti­li­zán­do­los, pero hay que encon­trar una línea de tra­bajo en la que las dis­tin­tas artes sean capa­ces de intro­du­cir dis­tan­cia­miento, y con ello dife­ren­ciar entre ima­gen masiva e ima­gen que enri­quece y pro­duce capa­ci­dad de interrogar.

FERNANDO PALMERO (@fer_palmero)

PORTADA280
Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el número de marzo de 2017, 280, de la edi­ción impresa de la Revista LEER.

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