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	<title>Revista leer &#187; Marta Sanz</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Galdós: un gigante a la sombra de sí mismo</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2020 09:20:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fosilizado, enterrado bajo la enormidad de su propia obra y el peso de una serie de equívocos y malentendidos</strong>. Espontáneos o perpetrados por gentes y fuerzas diversas, de <strong>Valle-Inclán</strong> a <strong>Juan Benet</strong> pasando por el nacionalcatolicismo. El escritor sin estilo. El «garbancero». El realista que se limitó a practicar en España la verdadera originalidad de <strong>Dickens</strong> y <strong>Balzac</strong>.</p>
<p>La colección de tópicos quizá ayude a entender la indiferencia oficial y editorial con que se ha llegado al centenario de la muerte de <strong>Benito Pérez Galdós (1843–1920)</strong>. Pero resulta que su obra está en el sustrato, que se le lee discreta y espontáneamente, más de lo que cabría suponer. Y el interés generado por la efemérides ha eclosionado, y ha habido que improvisar programaciones y títulos para satisfacerlo.</p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>La Transición le regaló el billete unitario de mil pesetas</strong>, puesto en circulación en 1982. Papel moneda, papel mojado. Institucionalmente ha sido uno más entre los autores del XIX. «Durante mucho tiempo Galdós estuvo fuera de los libros de texto», explica a LEER <strong>Yolanda Arencibia</strong>, la catedrática canaria que vela por su figura en la patria chica desde la <a href="http://catedraperezgaldos.ulpgc.es/" target="_blank">cátedra Pérez Galdós</a> de su <a href="http://www.casamuseoperezgaldos.com/" target="_blank">casa-museo</a> y la Universidad de Las Palmas, y que ahora publica <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-galdos-una-biografia/311092" target="_blank">una biografía</a> bendecida de antemano por el premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias de Tusquets. Durante el franquismo, «por cada cuatro páginas que se le dedicaban a Menéndez Pelayo o a Pereda, Galdós, reducido a la condición del anticlerical autor de los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios Nacionales</span></i><span style="font-weight: 400;">, apenas merecía una. Eso se trasladó a nuestra universidad, la de los primeros años de la democracia, formada por una generación que se educó en aquella escuela y que ha tenido un desconocimiento absoluto de Galdós. <strong>No sólo no se le había leído sino que se daba por hecho de oídas que no había que leerlo</strong>».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«La losa del franquismo se ha hecho notar», confirma <strong>Francisco Cánovas</strong>, autor de una difundida biografía –</span><a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Benito Pérez Galdós: Vida, obra y compromiso</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (Alianza)– publicada el pasado mes de noviembre; libro que recibió en solitario un centenario que prometía ser tan gris como el de su nacimiento en 1943, cuando <strong>el franquismo pardo de la primera posguerra quiso obliterar al prócer laico y republicano</strong> (republicano a ratos, como veremos). «La dictadura le descalifica y no le conmemora. Desde ópticas católicas y falangistas se le cuestiona y rechaza. Y <strong>de todo ello hay un eco en las objeciones de gente posterior como Benet o Umbral</strong>, que van a decir que Galdós no es un buen escritor, que su realismo es en el mejor de los casos mera sociología y no literatura».</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">La manera de despreciarle sin leerlo, de tratar de ignorar la tutela simbólica de la pálida esfinge esculpida por Victorio Macho, ya era antes de la Guerra la pose más adecuada</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Qué paradójica alianza de criterio entre los maestros de la escuela franquista y los aventajados alumnos de vocación progresista, los estilistas de la nueva literatura española. «Cuando le preguntaron a Benet acerca del porqué de su odio a Galdós, <strong>la única explicación que supo dar fue que lo había heredado de Baroja</strong>. No había una razón», nos cuenta <strong>Germán Gullón</strong>, heredero intelectual de la generación de galdosistas expatriados de la que formó parte su padre, el gran Ricardo Gullón, y comisario de </span><a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Benito Pérez Galdós. La verdad humana</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, la exposición del centenario organizada por la Biblioteca Nacional, Acción Cultural Española y el Gobierno de Canarias. «Pero esa herencia personal de Benet y otros escritores se ha trasladado al ambiente, y por eso no ha habido una influencia institucional favorable a Galdós». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El aprecio de Benet, en sus propias palabras, por aquel escritor «de segunda fila» era en efecto «muy escaso, solamente comparable –en términos cuantitativos– al desconocimiento que tengo de su obra, a la que en los últimos años me he acercado para cerciorarme de su total carencia de interés para mí», reconocía en la carta abierta que envió a Pedro Altares como respuesta a la invitación para participar en el número de </span><i><span style="font-weight: 400;">Cuadernos para el Diálogo </span></i><span style="font-weight: 400;">de homenaje a Galdós de 1970. Bien </span><i><span style="font-weight: 400;">castizo</span></i><span style="font-weight: 400;"> este orgulloso desprecio preconcebido de lo que se ignora.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La escritora <strong>Marta Sanz</strong>, que de la mano de la poeta y ex directora general del Libro <strong>Olvido García Valdés</strong> se unió a Gullón en el diseño de la exposición del centenario, abunda y contextualiza. «La nueva narrativa española tuvo la virtud de ventilar la casa. Incorporó una mirada cosmopolita, no estrictamente nacional sobre la literatura y se empezó a valorar mucho más a escritores que venían de fuera». Pero eso mismo derivó en cierta sacralización de una literatura alejada de las cosas comunes de la vida y de lo local entendido «como algo que la ensucia, que la mancha o que la convierte en algo reducido y de andar por casa», así como en «el <strong>abandono o minusvaloración de las que habían sido nuestras fuentes literarias autóctonas</strong>. La repugnancia que generaba cierto casticismo hizo que no se mirara con la generosidad que merecía el trabajo de un escritor tan magnífico, de una riqueza prodigiosa como Galdós, que logró que su impulso de reflejar la realidad, y de construir la realidad a través de la novela, se proyectara en su evolución estilística. Pocos escritores han tenido la capacidad de Galdós para reflexionar sobre su propia manera de escribir».</span></p>
<h5><b>«El Garbancero»</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">El malentendido de su consideración literaria lleva irremediablemente a <strong>la elevación a categoría de la anécdota de </strong></span><strong><i>Luces de bohemia</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong>, publicada en 1920</strong>,<strong> con el cuerpo de Galdós todavía tibio</strong>. «Precisamente ahora está vacante el sillón de Don Benito el Garbancero»: dicho por boca de Dorio de Gadex, el esperpéntico integrante del Parnaso modernista de San Ginés que pretende </span><i><span style="font-weight: 400;">elevar</span></i><span style="font-weight: 400;"> a la Real Academia a Max Estrella, lo de </span><i><span style="font-weight: 400;">garbancero</span></i><span style="font-weight: 400;"> –siguiendo el diccionario académico, dícese de aquella «persona o cosa ordinaria y vulgar»– es referencia oportuna y oportunista, pero en cualquier caso ficcional, del genio malicioso que fue Valle-Inclán. El mismo que hasta su choque con Galdós en 1913, explicado más adelante en este mismo número de LEER, había encomiado el «abuso de facultades creadoras» del </span><i><span style="font-weight: 400;">maestro</span></i><span style="font-weight: 400;"> de quien tanto había aprendido. No son pocos quienes encuentran el germen del esperpento en el irónico desencanto con que Galdós retrata a algunos de sus personajes más característicos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Lo cierto es que, hasta la hora de su muerte, Galdós no sólo fue el escritor más popular de España, sino que <strong>mereció de manera más o menos continuada el reconocimiento de sus colegas escritores</strong>; de los coetáneos y los de la generación llamada a sucederle. «Cuando en 1901», explica Gullón, «aparece </span><i><span style="font-weight: 400;">Electra</span></i><span style="font-weight: 400;">, la primera revista modernista bautizada precisamente en honor de su gran acontecimiento teatral, ¿quién pone el prólogo? Galdós. Cuando en 1903 aparece </span><i><span style="font-weight: 400;">Alma española</span></i><span style="font-weight: 400;">, ¿quién escribe aquel artículo inaugural, “Soñemos, alma, soñemos”? Galdós. Un autor como <strong>Unamuno</strong>, en una carta sorprendente que descubrí hace unos años, <strong>reconoce cuánto le había inspirado </strong></span><strong><i>El amigo Manso</i>, una novela de acción interior, a la hora de prefigurar su idea de <i>nivola</i></strong><span style="font-weight: 400;">. Y por eso es tan triste lo que muchos de ellos llegan a escribir años después». Ante la noticia de su muerte, en palabras publicadas al día siguiente en </span><i><span style="font-weight: 400;">El Liberal</span></i><span style="font-weight: 400;">, Unamuno sentencia desde su cátedra de Salamanca que «apenas hay en la obra novelesca y dramática de Galdós una robusta y poderosa personalidad individual» sino «alguna psicología elemental y poquísimo complicada» y que «no refleja una sociedad, sino una muchedumbre». Pero algo dijo al menos el atrabiliario titán </span><i><span style="font-weight: 400;">bilbaino</span></i><span style="font-weight: 400;">; porque nada escribió ese día en su </span><i><span style="font-weight: 400;">ABC</span></i><span style="font-weight: 400;"><strong> Azorín</strong>, que <strong>pasó de la admiración juvenil al desdén de la madurez</strong>. Y qué decir de un Baroja que, como señala Yolanda Arencibia, le había escrito cartas «pidiendo recomendaciones cuando va a Madrid» y después lo tratará con gran desprecio, por ejemplo en sus memorias, </span><i><span style="font-weight: 400;">Desde la última vuelta del camino</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1944), refiriéndose a él como un «hombre un poco lioso y hasta trapacero» cuya «falta de sensibilidad ética» hace que sus libros no estén a la altura de sus pares europeos: «No hay llama. No hay el hervor generoso de un espíritu». Probablemente <strong>Baroja no hacía entonces sino adherirse mezquinamente al descrédito ambiente que se respiraba contra Galdós en la España de posguerra</strong>.</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">Hasta su choque con Galdós en 1913, el mismo Valle-Inclán que acuñará el calificativo de «garbancero» había encomiado el «abuso de facultades creadoras» del ‘maestro’</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">«Los escritores del 98», opina Francisco Cánovas, «bascularon entre el amor y el odio, pero es una típica dinámica de relevo generacional en la que hay que </span><strong><i>matar</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong> al maestro para afianzar el nuevo proyecto</strong>. De cuando en cuando le critican, lamentan su estilo presuntamente descuidado, pero por otra parte abundan los testimonios de admiración. Y <strong>frente a ellos se sitúan pesos pesados de la cultura española</strong>. Luis Cernuda reconoce que en el exilio lee a Galdós para aplacar la nostalgia y le dedica su poema “Bien está que fuera tu tierra”. <strong>Para Cernuda, Galdós escribe como quiere escribir</strong> y no hay ningún otro autor español contemporáneo que haya conseguido una escritura tan eficaz. <strong>Aleixandre y Lorca se hicieron amigos comentando los </strong></span><strong><i>Episodios Nacionales</i></strong><span style="font-weight: 400;">. Y este último, que le había escuchado de niño en un mitin republicano en Granada, dirá que era la voz más profunda y verdadera de España».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Pero esta actitud positiva fue minoritaria entre la llamada generación del 27</strong>; la joven literatura arracimada en torno a </span><i><span style="font-weight: 400;">La Gaceta Literaria</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Giménez Caballero, «núcleo de renovación no solo en las letras, sino en el cine, en la pintura, en las artes todas, en todo un estilo deportivo, aséptico, alegre y “antigaldosiano”, hubieran dicho si entonces hubieran leído a Galdós», describió años después una galdosiana de pro como María Zambrano, citada por Andrés Trapiello en </span><i><span style="font-weight: 400;">Las armas y las letras</span></i><span style="font-weight: 400;">. Esa manera de despreciar sin haber leído, de tratar de ignorar la tutela simbólica representada por la pálida esfinge sedente esculpida por Victorio Macho en el Retiro madrileño, ya era antes de la Guerra la pose más adecuada.</span></p>
<h5><b>Exilio post mortem</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Mandado al desván por sus colegas, rechazado por la España clerical que impuso su rígido catecismo cultural a partir de 1939, se podría decir que <strong>Galdós marchó al exilio aun después de muerto</strong>. <strong>Quedó borrado del canon nacional</strong>. Cuando en 1948 Pedro Laín Entralgo intenta esclarecer en su ensayo </span><i><span style="font-weight: 400;">España como problema</span></i><span style="font-weight: 400;"> el panorama cultural finisecular español marcado por la tensión entre progresismo y tradicionalismo, con Menéndez Pelayo como figura dominante, Galdós no aparece por ningún lado. Ni siquiera al referirse a los literatos de su tiempo, entre los que Laín menciona a «Doña Emilia Pardo Bazán, </span><i><span style="font-weight: 400;">Clarín</span></i><span style="font-weight: 400;">, Palacio Valdés y el Padre Coloma». Sólo cuando afronta su reivindicación de la generación del 98 lo cita de pasada junto a Costa y Macías Picavea como quienes </span><i><span style="font-weight: 400;">inventaron</span></i><span style="font-weight: 400;"> el tema de la regeneración. Tampoco más adelante, con la progresiva apertura, Galdós será susceptible de ser reivindicado, frente a los </span><i><span style="font-weight: 400;">excluyentes</span></i><span style="font-weight: 400;">, por los </span><i><span style="font-weight: 400;">comprensivos</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Ridruejo, en tanto que por razones cronológicas obvias no había tenido la </span><i><span style="font-weight: 400;">oportunidad</span></i><span style="font-weight: 400;"> de ser un represaliado directo de la intolerancia de posguerra. Y enseguida llegó el veto estilístico de la nueva narrativa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Galdós es entonces aparcado por no estar lo suficientemente </span><i><span style="font-weight: 400;">comprometido</span></i><span style="font-weight: 400;">, de un lado u otro, con la tradición maniquea española, o por clamar contra el recurrente cainismo español, un tema constante, sobre todo en sus </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. <strong>«Nadie entonó como Galdós el lamento por la bipolarización ideológica de las dos Españas», afirma el historiador Ricardo García Cárcel</strong> en </span><i><span style="font-weight: 400;">La herencia del pasado</span></i><span style="font-weight: 400;">; y lo ilustra con un elocuente fragmento del primer </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio</span></i><span style="font-weight: 400;"> de la segunda serie, </span><i><span style="font-weight: 400;">El equipaje del rey José</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1875): «Si en el santo polvo a que se reduce la carne y los huesos de tantos hombres arrastrados a la muerte por el fanatismo y los rencores políticos quedase un resto de vida, ¡cuántas íntimas reconciliaciones, cuántos tiernos reconocimientos, cuántos perdones no calentarían el seno helado de la fosa donde el insensato cuerpo nacional ha arrojado parte de sus miembros, como si le estorbasen para vivir!». </span></p>
<blockquote><p>«Él no fue un republicano, ni siquiera cuando entra en las filas del republicanismo» a partir de 1907, asegura Yolanda Arencibia. «Él ante todo fue un gran liberal»</p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">La lectura anacrónica de algunas de las respuestas que Galdós fue planteando ante la coyuntura española propicia <strong>otro malentendido, en este caso político</strong>. «Él no fue un republicano, ni siquiera cuando entra en las filas del republicanismo» a partir de 1907, asegura Yolanda Arencibia. «Él fue un gran liberal. En aquel momento le entusiasmó el programa de Melquíades Álvarez y de otros políticos republicanos. Y puesto a entrar en política fue lo más cercano que encontró, porque el espectro político estaba dividido y polarizado, no había una opción intermedia. Llegó a presidente de la Conjunción porque era una voz respetada, una autoridad moral, tenía mano izquierda para consensuar y no suponía un riesgo para los políticos profesionales. Pero <strong>también el republicanismo terminó decepcionándole</strong>. Cualquier partido político, con sus rencillas y egoísmos, le hubiera desencantado. Y ese desencanto se ve en su obra, especialmente en los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. En aquel momento sentía mucha admiración personal por Pablo Iglesias, y llegó a decir en un momento determinado que el socialismo era el futuro. Pero <strong>su idea del socialismo no es lo que nosotros entendemos por socialismo</strong>». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aquel fue sólo el último de sus posicionamientos; «su vida política fue muy larga», aclara Gullón. «Cuando mueren Sagasta y su liberalismo, y Ferreras, que le había llevado a política, comienza a darse cuenta de que el conservadurismo español no ha conseguido cumplir lo que se había propuesto, aunque reconoce algunos logros de la Restauración. En todos sus escritos políticos, de todas las épocas, hay una idea básica, y es que <strong>cuando algo sale mal en política no te puedes limitar a echarle la culpa al adversario</strong>, sino que hay una responsabilidad colectiva. Es la idea gineriana de la armonía. Cuando él ve en 1907 que su amigo Maura y los conservadores no cumplen con lo que habían prometido, y que el Gobierno se pone muy duro con el movimiento obrero, se hace republicano, pero sigue siendo bastante moderado y <strong>en el fondo no deja de apoyar la monarquía</strong>. Porque él era un republicano de los de Castelar, que creía que la monarquía daba estabilidad a España». </span></p>
<h5><b>Galdós en América</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">El hispanista norteamericano <strong>John W. Kronik</strong> dejó dicho que <strong>lo único bueno del apagón franquista sobre la figura de Galdós fue la eclosión galdosista en Estados Unidos</strong> animada por profesores exiliados y sus discípulos. Habla Francisco Cánovas: «En 1943, año del centenario de su nacimiento, estaban trabajando en universidades norteamericanas personajes de altísimo nivel como Luis Cernuda, Joaquín Casalduero, Francisco García Lorca, José Fernández Montesinos o Ángel del Río. Y en torno a ellos y a su función docente, muchos de sus alumnos se hicieron galdosistas. De ahí salió una generación de una veintena de estudiosos de primerísimo nivel, igual o mayor que en España, como Kronik, Peter Bly, Hans Hinterhäuser o William Shoemaker. Un </span><i><span style="font-weight: 400;">boom</span></i><span style="font-weight: 400;"> que se tradujo en ediciones en inglés de </span><i><span style="font-weight: 400;">Fortunata</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, las novelas de </span><i><span style="font-weight: 400;">Torquemada</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">El Abuelo</span></i><span style="font-weight: 400;">. Este proceso se alimentó luego con los hispanos, los hijos de emigrantes estudiantes de literatura o filología. Y por eso la <a href="http://www.galdosistas.org/" target="_blank">Asociación Internacional de Galdosistas</a> y los </span><a href="https://www.bu.edu/analesgaldosianos/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Anales de Estudios Galdosianos</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> tienen su sede en Estados Unidos. Allí se mantuvo el nivel académico hasta que a partir de los 60 y los 70 aparece en España una nueva generación que va a reivindicar a Galdós».</span></p>
<figure id="attachment_8984" style="width: 500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/06/Galdos_retrato4-e1592385002404.jpg"><img class="wp-image-8984 size-full" src="/wp-content/uploads/2020/06/Galdos_retrato4-e1592385097460.jpg" alt="Retrato de Galdós por Pablo Audouard." width="500" height="751" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Retrato de Galdós por Pablo Audouard.</figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400;">Germán Gullón, profesor en EEUU buena parte de su vida, está en condiciones de certificar en primera persona el florecimiento de aquel galdosismo norteamericano. «En el exilio, donde incluyo a gente como Casalduero o mi padre, que no son propiamente exiliados sino gente que se marcha de España por razones entre políticas, económicas y académicas, Galdós renace. <strong>Durante un tiempo los mejores libros sobre Galdós se escriben allí</strong>, entre ellos la biografía que todavía hoy más respeto y que incomprensiblemente nunca ha sido traducida al español, </span><i><span style="font-weight: 400;">Pérez Galdós, Spanish Liberal Crusader</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Chonon Berkowitz. Cuando nos reuníamos allí hablábamos de Galdós. Porque lo habíamos leído, porque conocíamos muy bien su obra y sus personajes. En España había desaparecido pero allí Galdós estaba vivo». Y no era sólo cosa de españoles nostálgicos </span><i><span style="font-weight: 400;">en tierra extraña</span></i><span style="font-weight: 400;">. Gullón recuerda un encuentro en Austin, Texas, a comienzos de los 70 con Dionisio Ridruejo y Octavio Paz, durante el cual el gran escritor mexicano le demostró que se sabía de memoria el comienzo de </span><i><span style="font-weight: 400;">Trafalgar</span></i><span style="font-weight: 400;">, aprendido en su infancia con una edición ilustrada de los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;"> («Yo solía leer de niño los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios Nacionales</span></i><span style="font-weight: 400;"> y me olvidaba hasta de comer», confiesa otro mexicano como Alfonso Reyes en </span><i><span style="font-weight: 400;">Tertulia de Madrid</span></i><span style="font-weight: 400;">). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«<strong>La proyección de Galdós en Hispanoamérica fue muy grande», insiste Gullón</strong>. «Ireneo Paz escribió sus trece </span><i><span style="font-weight: 400;">Leyendas históricas</span></i><span style="font-weight: 400;"> mexicanas inspirado en los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. En Chile, Baldomero Lillo tiene muchas obras inspiradas por Galdós. La </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Bárbara</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Rómulo Gallegos es </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, de la que precisamente se hace una película en 1918 en Estados Unidos, donde Clara Bell había traducido varias de sus novelas». </span></p>
<h5><strong>Más allá del realismo</strong></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Una proyección hoy olvidada; Gullón lamenta que <strong>«a Galdós le han robado la universalidad»</strong>. Quizá por la dimensión española tan fuerte que tuvo su figura, primer intelectual moderno nacional, que abarcó medio siglo de la historia y la literatura en España, desde la publicación de </span><i><span style="font-weight: 400;">La Fontana de Oro</span></i><span style="font-weight: 400;"> en 1870 a su muerte en 1920. Y de ese medio siglo, al menos treinta años, entre 1885 y 1915, en el centro de la vida pública española. Una presencia constante representada en el recorrido de la exposición del centenario. Protegidos en vitrinas, manuscritos y ediciones se suceden en paralelo al contexto, las inquietudes y evoluciones del escritor canario y su impacto en una sociedad en trance de doliente modernización. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Gullón ha querido aprovechar la ocasión del centenario para contribuir con el discurso expositivo de </span><i><span style="font-weight: 400;">La verdad humana</span></i><span style="font-weight: 400;"> a <strong>ensanchar el marco teórico que en España se ha dado tradicionalmente al legado galdosiano</strong>. He aquí otro malentendido. El que relaciona directamente la obra de Galdós con las categorías académicas que le han fosilizado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«A muchos críticos les ha molestado que en la exposición se hable de </span><i><span style="font-weight: 400;">maneras</span></i><span style="font-weight: 400;"> narrativas. ¿Por qué llamas </span><i><span style="font-weight: 400;">primera manera</span></i><span style="font-weight: 400;"> a las novelas de tesis? Porque <strong>hablar de novelas de tesis es tener en cuenta únicamente su aspecto ideológico</strong>. Y en ese momento Galdós está montando la arquitectura de la novela. A </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, que es una respuesta a </span><i><span style="font-weight: 400;">Pepita Jiménez</span></i><span style="font-weight: 400;">, le puso cuatro finales diferentes. Enseguida cambia el final folletinesco con que aparece en la </span><i><span style="font-weight: 400;">Revista de España</span></i><span style="font-weight: 400;">. Lo mismo cabe decir de </span><i><span style="font-weight: 400;">Gloria</span></i><span style="font-weight: 400;"> y de </span><i><span style="font-weight: 400;">La familia de León Roch</span></i><span style="font-weight: 400;">, que merece esa maravillosa reseña de Giner de los Ríos» que tan en cuenta tendrá Galdós a la hora de abandonar la senda de la narrativa ideológica </span>(de Galdós a la Residencia de Estudiantes: cuando se habla de estos años clave que desembocarán en la Edad de Plata por cualquier lado aparece Giner. El mismo que alentó a Galdós a que se decantara por la novela en favor del teatro).</p>
<p><span style="font-weight: 400;">«Y luego», continúa Gullón, «llegan las novelas </span><i><span style="font-weight: 400;">naturalistas</span></i><span style="font-weight: 400;">. Pero ¿por qué no </span><i><span style="font-weight: 400;">psicológicas</span></i><span style="font-weight: 400;">, como en el caso de Dostoievski, si </span><i><span style="font-weight: 400;">La desheredada</span></i><span style="font-weight: 400;">, que es probablemente la primera novela psicológica española, ocurre la mayor parte del tiempo en la mente de Isidora? <strong>A Galdós se le han puesto muchas cinchas, y eso tiene que ver con la pobreza de nuestra cultura crítica.</strong> La universidad española ha despreciado la corriente de pensamiento crítico humanístico español que representaron Clarín, Giner, Reyes, Ayala o Paz, una corriente de humanismo moderno que crea conocimiento literario relevante a base de ideación innovadora frente a otra que se limita a ver en qué fecha se escribió esto o lo otro. Hablar de realismo, cuando el realismo ha existido siempre, desde el Cid, no explica realmente nada. A Galdós se le ha troceado para meterlo en todos estos compartimentos». </span></p>
<blockquote><p>«Hablar de realismo no explica realmente nada. A Galdós se le han puesto muchas cinchas, y eso tiene que ver con la pobreza de nuestra cultura crítica» (Ricardo Gullón)</p></blockquote>
<p>Arencibia coincide con Gullón en desacreditar este encasillamiento. «Realismo, modernismo, naturalismo, son etiquetas que no sirven para alguien en cuya primera novela hay un personaje que se baja de un cuadro».</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la obra a la que se refiere Arencibia, </span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1866–1867), el protagonista está convencido de que su mujer está siendo seducida por el personaje de una pintura mitológica. Ya se manifiesta un rasgo que lejos de ser un <em>pecado</em> de juventud será una constante: <strong>la metódica oscilación entre lo real y lo fantástico</strong>. «El sueño –la imaginación– se ha instalado en medio de la realidad», explica <strong>Andrés Amorós</strong> en “</span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;">: realidad e imaginación” (</span><i><span style="font-weight: 400;">Cuadernos Hispanoamericanos</span></i><span style="font-weight: 400;">, 1971). Hasta el punto que <strong>«la realidad confirma lo imaginado»</strong>, del mismo modo que mucho después, en </span><i><span style="font-weight: 400;">Misericordia</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicada el año de su ingreso en la Real Academia Española, 1897, el cura Romualdo imaginado por Benina tomará cuerpo real. Así pues, el realismo galdosiano, a la manera cervantina, «es expresión de una realidad que excede lo puramente externo e incluye lo psicológico: las obsesiones, las ideas fijas, los sueños de los personajes».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">(Acerca de </span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;">, el profesor Francisco Ynduráin encontró su proyección implícita en el </span><i><span style="font-weight: 400;">Museo de reproducciones</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Ramón Gómez de la Serna, y en la </span><i><span style="font-weight: 400;">La manzana</span></i><span style="font-weight: 400;">, poema cinematográfico y obra de teatro que León Felipe reconoce directamente inspirada por el relato juvenil de Galdós. Y de aquí, si nos ponemos, llegamos a San Francisco y nos encontramos a Kim Novak ensimismada ante el retrato de Carlota Valdés… Y no diríamos que nada de esto, del Ramón de Buenos Aires a </span><i><span style="font-weight: 400;">Vértigo</span></i><span style="font-weight: 400;"> pasando por el exilio mexicano de León Felipe, es precisamente </span><i><span style="font-weight: 400;">realista</span></i><span style="font-weight: 400;">).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>La dialéctica entre realidad e imaginación es una constante de la obra de Galdós.</strong> «Optó por buscar, en la mayor parte de su producción literaria, un punto de encuentro entre ambos extremos», escribe otro especialista como <strong>Francisco Caudet</strong> en su estudio preliminar de </span><i><span style="font-weight: 400;">Tormento</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Akal, 2002). Y lo ilustra con dos novelas separadas en el tiempo como la propia </span><i><span style="font-weight: 400;">Tormento</span></i><span style="font-weight: 400;"> y, de nuevo, </span><i><span style="font-weight: 400;">Misericordia</span></i><span style="font-weight: 400;">, en las que «se esfuman las fronteras de lo real y lo irreal, de lo vivido y lo imaginado o soñado. Las dos son por igual novelas decididamente realistas. Acaso porque lo imaginado/soñado es un ingrediente –así lo pensaba Galdós– de lo real».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Y dónde queda la realidad y dónde empieza la imaginación? «La respuesta no es fácil», reconoce Caudet. Será «su obsesión, su caballo de batalla» de principio a fin. <strong>Según María Zambrano</strong>, el aparente conflicto queda resuelto por el prodigio de la mirada creadora del genio. <strong>Galdós ve la realidad para luego engendrar visiones verídicas</strong>, dirá la pensadora malagueña en </span><i><span style="font-weight: 400;">La España de Galdós</span></i><span style="font-weight: 400;">. Y esa síntesis la alcanza por medio de la novela, vehículo útil, vigente y necesario en tanto que ofrece la posibilidad de revelar el misterio de la realidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Alfonso Reyes explica a su manera, en el texto sobre Galdós de </span><i><span style="font-weight: 400;">Tertulia de Madrid</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1949), el concurso de lo imaginado/soñado en su literatura. «No necesita Galdós descoyuntar el argumento para hacernos aceptar <strong>lo inverosímil práctico, que nos presenta con la naturalidad de lo obvio</strong>. Un soplo sobrenatural pasa por las páginas de </span><i><span style="font-weight: 400;">Miau</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Nazarín</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">La primera República</span></i><span style="font-weight: 400;">, título que es por sí solo una profecía. No necesita esforzar el ingenio para que el hombre y el fantasma se enfrenten». </span></p>
<h5><b>Piedad e ironía</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Habla Reyes de la «ironía dulce y terrible a la manera del </span><i><span style="font-weight: 400;">Quijote</span></i><span style="font-weight: 400;">» de las novelas contemporáneas de Galdós. Cervantes, una y otra vez, aparece como referente de su proyecto narrativo y piedra de toque para su valoración. Frente a los que hasta hoy relativizan su valía, sus más decididos partidarios lo ponen directamente tras la estela cervantina. Para María Zambrano, uno y otro ofrecen los dos mundos novelísticos «que el español tiene para contemplarse». Marcados ambos por dos rasgos sin los cuales ella entiende que no hay novela: la piedad y la ironía.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«La ironía es una gran herramienta» galdosiana, observa Yolanda Arencibia, que le sirve para endulzar la amargura o la tristeza de lo que describe. Ante una realidad angustiosa, como el panorama terrible del cesante de </span><i><span style="font-weight: 400;">Miau</span></i><span style="font-weight: 400;">, consigue hacer sonreír al lector. </span><span style="font-weight: 400;">Cánovas confirma: «Cervantes está en toda su obra hasta el final. Desde que era joven y escribe </span><i><span style="font-weight: 400;">Un viaje redondo, por el bachiller Sansón Carrasco</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1861) hay personajes, temáticas y una ironía muy cervantinos. Nazarín, que se echa a los caminos a predicar el evangelio genuino, es mitad Quijote mitad Cristo. Esto para él era un motivo de orgullo y un modo de enganchar con la mejor tradición española. Poco antes de morir,<strong> Clarín escribe que Galdós es como Miguel de Cervantes por dentro; Azorín dijo que es el otro Cervantes»</strong>.</span></p>
<p><strong>Cómo no pensar en el <i>Quijote</i> leyendo <i>Prim</i></strong><span style="font-weight: 400;">, penúltimo </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio </span></i><span style="font-weight: 400;">de la cuarta serie, en el que su protagonista, el impetuoso Santiago Íbero, la imaginación recalentada por las lecturas de las hazañas de Hernán Cortés, se convence de que el caudillo de Reus viaja a México para reconquistar aquellas tierras y se escapa de casa para unirse a sus tropas, y de esta confusión nace su aventura liberal y un quijotesco deambular por los paisajes diversos de la Península. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Más allá de debates superficiales y coreográficos, del mero posicionamiento estético –¿es </span><i><span style="font-weight: 400;">bueno</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">tan bueno</span></i><span style="font-weight: 400;">?, como acertadamente formula <strong>Álvaro Cortina</strong> en este mismo <a href="/2020/05/leer-296-especial-galdos/" target="_blank">número galdosiano de LEER</a>–, la obra de Galdós se abre camino por sus propios medios y sigue siendo leída. Quizá porque cualquier prosa contemporánea parece anémica al lado de su generosa verbosidad. Buscamos al azar en la página abierta en el atril, último </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio</span></i><span style="font-weight: 400;"> de la cuarta serie, </span><i><span style="font-weight: 400;">La de los tristes destinos</span></i><span style="font-weight: 400;">: «Más allá de El Escorial, cuando el tren acometía con pujanza y ardiente resuello las abruptas moles de la divisoria, redobló Polop sus patrióticas invectivas, acalorando su ánimo con sorbos frecuentes de un generoso coñac que llevaba». Con qué colorido la fumarola de la locomotora, las coníferas y el granito del Guadarrama se aparecen en la imaginación del lector acompañando la etílica efusividad revolucionaria del conductor del ferrocarril del norte, «venturoso escape hacia el mundo europeo, divina brecha para la civilización». No apetece apearse.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/05/leer-296-especial-galdos/" target="_blank">número 296</a>, especial Galdós</em></p>
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		<title>Leer 296: Especial Galdós</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2020 10:06:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Galdós se nos aparece como una figura imponente pero borrosa.</strong> Esto tiene en parte que ver con su proverbial discreción en vida. Visto desde hoy, que con pudor no se llega a ningún sitio, su éxito sin primera persona tiene un mérito añadido. Pero borroso también Galdós por las distorsiones y carencias interpretativas padecidas por el personaje y su obra. La categoría más indiscutible –el escritor realista– es también la más discutida en este número de LEER dedicado a Galdós. Porque poco explica y mucho hurta: el peso de la imaginación en su escritura, la variedad evolutiva de su estilo, la novedad de la psicología en sus novelas. Su polifonía social queda reducida a un casticismo que él rechazó política y literariamente. Y consolida la idea de que fue un escritor elemental y sin recursos. Difundida prolijamente por quienes, como <strong>Juan Benet</strong> y otros autores de la nueva narrativa española, <strong>presumieron de no leerle</strong>.</p>
<p><strong>A base de tópicos «a Galdós le han robado la universalidad», lamenta Germán Gullón</strong>, comisario de la <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank">exposición del centenario</a> en la Biblioteca Nacional con la que ha querido contribuir a cambiar el paradigma de lo que se entiende por Galdós. El objetivo es<strong> liberarle de la rigidez y la pobreza de los esquemas críticos que le han fosilizado y alejado de los lectores.</strong> Este número de LEER pretende contribuir modestamente a ese propósito.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8963" src="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg" alt="portadaLEER296" width="900" height="1215" /></a></p>
<p>El director de LEER, <strong>Borja Martínez</strong>, <a href="/2020/06/galdos2020/" target="_blank">introduce la cuestión</a> después de conversar con Gullón y <strong>Marta Sanz</strong>, compañera de tarea en la muestra de la BNE, así como con <strong>Francisco Cánovas Sánchez</strong>, autor de la biografía <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank"><em>Benito Pérez Galdós. Vida, obra y compromiso</em></a>, que recibió casi en solitario un Año Galdós que parece haber cogido a tantos con el pie cambiado, y <strong>Yolanda Arencibia</strong>, la catedrática canaria que vela por su figura en la patria chica de Las Palmas y que está a punto de publicar una <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-galdos-una-biografia/311092" target="_blank">biografía</a> bendecida por el Premio Comillas.</p>
<p>Uno de los grandes galdosistas españoles, el profesor <strong>Francisco Caudet</strong>, contrasta las sucesivas maneras narrativas de Galdós con sus ideas sobre la modernización de España. Influida por <strong>Cervantes</strong> y la picaresca tanto como por la novela contemporánea europea, la prosa galdosiana va evolucionando en respuesta a los acontecimientos del país. <strong>Álvaro Cortina</strong> reflexiona sobre el desencanto de Galdós con la burguesía, la clase social que alimenta su novela. Y <strong>Paloma Hernández</strong> –creadora del canal <em><a href="http://www.nodulo.org/forja/index.htm" target="_blank">¡Qué m… de país</a></em> y ponente de una <a href="https://youtu.be/mNAHgJn4wCI" target="_blank">conferencia reciente</a> sobre Galdós en la Escuela de Filosofía de Oviedo–, analiza su idea de España, con frecuencia oscurecida por interpretaciones apresuradas o malintencionadas.</p>
<p>Su fama de republicano y anticlerical le colocó en mala posición, incluso después de muerto, en la España de posguerra. A cambio, el exilio académico propició el surgimiento en Estados Unidos del fenómeno del galdosismo internacional coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor en 1943. <strong>Alan Smith</strong>, profesor de la Boston University y director de <a href="https://www.bu.edu/analesgaldosianos/" target="_blank"><em>Anales Galdosianos</em></a>, revista de la <a href="http://www.galdosistas.org/" target="_blank">Asociación Internacional de Galdosistas</a> con sede en EEUU, escribe de todo ello en LEER.</p>
<p>«Es muy difícil traducir a Galdós por culpa de Galdós», de su vibrante y variadísimo español, afirma Smith, y eso quizá explique la escasa difusión de su obra en ámbitos como el anglosajón o el francés. <strong>Óscar Caballero</strong> escribe la crónica de una ausencia, la de Galdós en Francia, más allá de la efímera popularidad por el escándalo de <em>Electra</em>. Aquel gran fenómeno internacional fue el éxito más resonante del repertorio teatral galdosiano, más de una veintena de títulos a los que se aproxima <strong>Javier Huerta</strong>, crítico con el exceso de «ideología y didactismo» de su dramaturgia.</p>
<p>Pese a la desconsideración oficial y literaria de algunos, la obra de Galdós sigue en el sustrato, se le lee más de lo que cabría suponer, y es precisamente ese interés espontáneo lo que ha obligado a improvisar programaciones y títulos con que estar a la altura del centenario. Un ejemplo de lector espontáneo es <strong>Weldon Penderton</strong>, <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/colecci%C3%B3n-asterisco/salvemos-la-jarapa" target="_blank">escritor</a> y <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/nosotros?authuser=0" target="_blank">editor</a>, que cuenta para LEER cómo atravesó la secundaria sin tocar a Galdós y cómo a sus 25, leyéndolo por su cuenta recién llegado a Madrid, se convirtió a la fe galdosiana hasta confesar: «Yo me hice madrileño leyendo <em>Fortunata y Jacinta</em>».</p>
<p>La visión de Galdós de <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> y el contraste de <em>Tristana</em> con la adaptación de Buñuel, analizada por <strong>Noemí Sabugal</strong>, completan una aproximación en la que no podía faltar la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, que se cita con don Benito en el Congreso de los Diputados donde ejerció como tal: «Hay que ser generoso, como yo lo fui. Eso también lo aprendí de Cervantes, el más grande y más bueno de todos nosotros, a quien tanto homenaje rendí». Una comentarista entusiasta de Galdós como <strong>María Zambrano</strong> le hermanó con Cervantes a partir de dos ingredientes clave en la novela: la piedad y la ironía. Germán Gullón lo expresa de otro modo: en Galdós <strong>«el elemento humano siempre va por delante de la expresión artística»</strong>, y por ahí se llega a su grandeza, pero también al malentendido de la insuficiencia estilística. Uno de tantos malentendidos que se someten a crítica en este número de LEER, disponible en quioscos y librerías.</p>
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		<title>Galdós, el novelista de la mujer</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Mar 2020 09:46:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Catalina Cavandi]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">En este 2020, <strong>cuando se cumplen 100 años de la muerte de Benito Pérez Galdós</strong>, la indiscutible figura del más importante novelista español moderno cobra nuevas dimensiones a la luz de las inquietudes actuales. Es bien conocida la calidad de su prosa, el interés histórico de sus <em>Episodios Nacionales</em>, la penetración social y psicológica de sus novelas contemporáneas. Y también</span><b> la importancia de sus personajes femeninos, que le convierten, a ojos de algunos críticos, en un verdadero precursor del feminismo.</b><span style="font-weight: 400;"> Así lo cree el historiador <strong>Francisco Cánovas</strong>, autor de <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank">la más reciente biografía de Galdós</a>. «Él defendía que la regeneración de la sociedad española pasaba por que la mujer se empoderase y ocupase el lugar que le correspondía en la vida pública», explica.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Galdós fue ante todo un escritor comprometido con España y empeñado en señalar los problemas que impedían que la sociedad prosperase. Y sus personajes femeninos –<strong>son mujeres las protagonistas de sus grandes novelas</strong>: Fortunata, Marianela, Isidora, Benina, Tristana…– le permiten desde el principio subrayar algunos de los males de la anquilosada sociedad de la época, víctima de una poderosa oligarquía y un rígido clericalismo. </span><b>Un estado de cosas en el que la mujer, atada de pies y manos, era la que siempre tenía las de perder. </b></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«¡Ay!, don Agustín, dichoso el que es dueño de sí mismo, como usted», lamenta en <strong><em>Tormento</em></strong> (1884) Amparo Sánchez ante el hombre al que aspira, el indiano Agustín Caballero. «¡En qué condición tan triste estamos las pobres mujeres que no tenemos padres, ni medios de ganar la vida, ni familia que nos ampare, ni seguridad de cosa alguna como no sea de que al fin, al fin, habrá un hoyo para enterrarnos». Víctima del chantaje de un clérigo renegado, que la amenaza con revelar su pasado, y redimida por un hombre de fortuna hecho a sí mismo en América, <strong>Amparo es para el estudioso galdosista Joaquín Casalduero una perfecta alegoría de la España de la época.</strong> Ya en <strong><em>Gloria</em></strong> (1877), Galdós había expuesto las desgracias que la intransigente sociedad española podía depararle a una joven de una buena familia de provincias enamorada de un hombre extranjero y judío, lo que le granjeó al escritor canario la censura de los sectores tradicionalistas, incluida la de su amigo José María de Pereda. En esa misma época, </span><b>su novela <em>Doña Perfecta</em> (1876) había resonado como un verdadero aldabonazo contra el asfixiante código moral que obstaculizaba la libertad española y, en especial, la de las mujeres. </b><span style="font-weight: 400;">Una labor de denuncia de la superstición y el fanatismo que culminará con el estreno de <em>Electra</em> en 1901, cuya repercusión cruzará las fronteras españolas. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En <strong><em>Tristana</em></strong> (1892), inspirada por uno de los amores de la vida de Galdós, la aspirante a actriz <strong>Concepción Morell</strong>, y que para otra compañera y amiga de don Benito como <strong>Emilia Pardo Bazán </strong></span><b>trata de «la esclavitud moral de la mujer en el siglo XIX»</b><span style="font-weight: 400;">, la criada Saturna responde así a su sobrina cuando Tristana le dice que quiere ser «libre»:</span></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">«¿Sabe la señorita cómo llaman a las que sacan los pies del plato? Pues las llaman, por buen nombre, libres (…). Si tuviéramos oficios y carreras las mujeres, como los tienen esos bergantes de hombres, anda con Dios. Pero fíjese, sólo tres carreras pueden seguir las que visten faldas: a casarse que carrera es, o el teatro…, vamos, ser cómica, que es buen modo de vivir, o… no quiero nombrar lo otro. Figúreselo». </span></i></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En su excelente ensayo <strong><em>La España de Galdós</em></strong> (1960), <strong>María Zambrano</strong> reflexiona sobre la presencia femenina en la obra del escritor canario. Para la filósofa malagueña, hasta la fecha, la mujer había aparecido en la literatura española de manera arquetípica, sin individualidad; cuando un personaje femenino «alcanza estatura heroica es casi siempre reina o madre, o ambas cosas juntas». </span><b>Según Zambrano, Galdós «es el primer escritor español que introduce a todo riesgo las mujeres en su mundo. </b><span style="font-weight: 400;">Las mujeres, múltiples y diversas; las mujeres reales y distintas, «ontológicamente» iguales al varón. Y ésta es la novedad, ésa la deslumbrante conquista. Existen como el hombre, tienen el mismo género de realidad, es lo decisivo y lo primero que se da a ver». Y sobre todas las mujeres galdosianas, Benigna, luz y eje de su novela <strong><em>Misericordia</em></strong> (1897), la gran heroína entre las «desheredadas» de Galdós, caracterizadas todas ellas por un rasgo en común: «una resistencia sin límite frente a la adversidad». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La escritora <strong>Marta Sanz</strong>, comisaria, junto con <strong>Germán Gullón</strong>, de <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank">la gran exposición del centenario de Galdós</a> organizada por la Biblioteca Nacional de España, confirma esta cualidad de las mujeres galdosianas. «Se me vienen a la cabeza las tres hermanas de una obra interesantísima como <strong><em>Lo prohibido</em></strong> (1884–1885)», presentadas en la novela desde la perspectiva de su primo, el narrador de la historia. La cerebral –y algo sabihonda– María Juana; Eloísa, «una mujer que quiere hacer negocios y es condenada por ello», visibilizando una insólita vocación femenina por el capitalismo emergente; y Camila, «que cumple sus objetivos a través de la maternidad». Para Sanz, el aspecto más reseñable del enfoque de Galdós sobre la mujer fue «</span><b>su interés por visibilizar figuras femeninas complejas pertenecientes a diversas clases sociales que, por el mundo en el que viven, están en franca desventaja.</b><span style="font-weight: 400;"> Galdós ilumina a Fortunata, la mujer desfavorecida condenada a vivir en el filo por los cánones de la sociedad, pero también a la acomodada Jacinta. Al describir el ansia de figurar de la Rosalía de <strong><em>La de Bringas</em></strong> (1884) está dibujando un modelo femenino que de alguna manera resulta también damnificado por los cánones de la sociedad».</span></p>
<p><b>Si los vicios y deseos del hombre ilustran los males de la sociedad y la patria, las mujeres parecen llamadas a la redención de ambas.</b><span style="font-weight: 400;"> Mujer es la alegórica Madre que aparece con frecuencia en la obra de madurez de Galdós encarnando a Mariclío, su personal versión de Clío, la musa de la Historia, y que trata de guiar a los personajes desconcertados ante el atrabiliario rumbo de la historia española. Y mujer es también Floriana, la maestra ideal de </span><strong><i>La Primera República</i></strong><span style="font-weight: 400;"> (1911), cuarto de la última serie de los </span><strong><i>Episodios Nacionales</i></strong><span style="font-weight: 400;">. Tito Liviano, </span><em><span style="font-weight: 400;">alter ego</span></em><span style="font-weight: 400;"> de Galdós, visita la imaginaria escuela de Floriana acompañado de un mitológico «divino forjador» que, inflamado del idealismo inspirador de la Revolución Gloriosa, proclama un futuro de esplendor gracias a su unión con ella: «Las divinidades que gobiernan el mundo han dispuesto que el Fuego plasmador se una en coyunda estrecha con la Feminidad graciosa y fecunda, para engendrar la felicidad de los pueblos futuros. Antes que acabe esta generación se ha de ver en pos de Floriana un enjambre de mil niñas, que al llegar a la edad juvenil encarnarán la belleza, la ternura, la gracia y sutileza educativa que has admirado en la excelsa regidora de esa humilde escuela. Cada una de esas mil criaturas, hijas de Floriana, dará al mundo otras mil. Ya puedes comprender que </span><b>con un millón de maestras como esta que has visto, tu patria y las patrias adyacentes serán regeneradas</b><span style="font-weight: 400;">, ennoblecidas y espiritualizadas hasta consumar la perfecta revolución social». </span></p>
<p>El futuro será femenino o no será, parece decir Galdós. Cien años después de su muerte parece que la sociedad, por fin, lo ha comprendido.</p>
<p> </p>
<h3><b>Santander, líder mundial en igualdad de género</b></h3>
<p><span style="font-weight: 400;">Muchas cosas han cambiado desde que Galdós caracterizara a sus personajes femeninos. Las mujeres ya acceden en pie de igualdad a los «oficios y carreras» que hace siglo y medio les estaban vedados. Pero aún queda camino por recorrer, y, por eso, <strong>la plena igualdad entre hombres y mujeres es una de las prioridades de la cultura corporativa de Banco Santander.</strong> Entre los diez objetivos de banca responsable que Santander se ha fijado para 2025, tres de ellos tienen que ver con la igualdad de género: alcanzar la equidad salarial, contar con al menos un 30 por ciento de mujeres en cargos directivos y, ya para 2021, garantizar la presencia en su Consejo de entre un 40 –objetivo ya alcanzado– y un 60 por ciento de mujeres. Pero, aunque en el caso del Santander los números ayuden –el 55 por ciento de la plantilla está ya integrada por mujeres–, no se trata solo de cuotas, sino de <strong>propiciar un verdadero cambio de mentalidad</strong>. Por eso, Banco Santander ha puesto en marcha numerosos programas de equidad en todos los mercados donde opera. En España, el proyecto </span><a href="https://www.bancosantander.es/es/particulares/generacion-81" target="_blank"><b><i>Generación 81</i></b></a><span style="font-weight: 400;">, bautizado así en conmemoración del año en que se reconoció la plena igualdad entre hombres y mujeres en la gestión de las finanzas, apuesta por la ruptura de estereotipos, visibilizando modelos de referencia femeninos y fomentando la formación y el emprendimiento entre las mujeres. Dentro de este proyecto, el programa </span><b><i>Mujeres con S</i></b><span style="font-weight: 400;"> trata de promover el liderazgo femenino en el ámbito empresarial, ofreciendo herramientas y asesoramiento personal y profesional. Estos y otros proyectos, como los programas de microcréditos e inclusión financiera </span><a href="https://www.santander.com.br/campanhas/microcredito" target="_blank"><b>Prospera</b></a><span style="font-weight: 400;"> en Brasil y </span><a href="https://www.tuiio.com.mx/" target="_blank"><b>Tuiio</b></a><span style="font-weight: 400;"> en México, o las plataformas de formación y liderazgo </span><b>Inspira</b><span style="font-weight: 400;"> (Argentina), </span><b>Accelerating You</b><span style="font-weight: 400;"> (Reino Unido) y </span><b>Female Side of Business</b><span style="font-weight: 400;"> (Polonia), han hecho que Banco Santander, única entidad financiera española presidida por una mujer, encabece en 2020 el <a href="https://www.bloomberg.com/latam/blog/indice-de-igualdad-de-bloomberg-2020-se-amplia-para-incluir-325-companias-publicas-a-nivel-mundial/" target="_blank">Índice Bloomberg de Igualdad de Género</a>, para cuya elaboración se evaluaron a 6.000 empresas de 84 países (finalmente se incluyeron en él 322 empresas). </span></p>
<p>Un contenido elaborado por Revista Leer en colaboración con Banco Santander.</p>
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		<title>La biblioteca de Pilar Adón</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Apr 2017 10:40:50 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Cuenta <strong>Pilar Adón</strong> que <strong>hay tres bibliotecas en su casa, una al lado de otra, contiguas y distintas, pero con ese aire de familiaridad</strong> que acaba provocando la convivencia, cada una con sus normas, laxas a veces, o estrictas, y sus secretas claves y vicisitudes.</p>
<p>Hay una en el salón, de aspecto airoso, moderno y funcional, común, bonita, de la que ella se encarga; <strong>los libros, parecerían vestidos de uniforme, ordenados por editoriales</strong>: <strong>Anagrama</strong>, <a href="http://www.librosdelasteroide.com/"><strong>Asteroide</strong></a>, <strong>Alianza</strong>, <a href="https://www.planetadelibros.com/editorial/tusquets-editores/59"><strong>Tusquets</strong></a>, que se ven en las baldas con aire de parada o de desfile. Otra, en una de las habitaciones, al fondo, privativa de su pareja, el editor <strong>Enrique Redel</strong>, de libros que se cruzan y se acodan y que chocan unos con otros, transversales como dientes de sierra.</p>
<figure id="attachment_6877" style="width: 3264px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2017/04/Imagen-041.jpg"><img class="wp-image-6877 size-full" src="/wp-content/uploads/2017/04/Imagen-041.jpg" alt="Imagen 041" width="3264" height="2448" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Pilar Adón recomienda conn entusiasmo a Fleur Jaeggy, una de sus escritoras favoritas.</figcaption></figure>
<p>Y una tercera, suya, tranquila y apacible, limpios los lomos, rectos y alineados, con una precisión de ingeniería civil, de tiralíneas, al borde de las baldas, sin apenas figuras, ni recuerdos, ni piedras, ni postales que interfieran la vista, más allá de ese friso de títulos y autores; <strong>Tolstói</strong> y <strong>Chéjov</strong>, <strong>Eliot</strong>, <strong>Katherine Mansfield</strong>… Un escenario de pulcritud casi resplandeciente, paredes blancas, y el sosiego de las mañanas soleadas, en casa, de patios de vecindad en los que prevalece ropa tendida y olores de comida y el sonido lejano, pertinaz, de una radio, una voz, un timbre de teléfono del que a veces tiene que protegerse con unos cascos, grandes y aparatosos, homologados, que le permiten trabajar en ese silencio total del que precisa.</p>
<p>No son muchos los libros en su estudio –en la mesa, apenas el portátil, un ratón, un bote de bolígrafos– porque tiene <strong>otra biblioteca, una más, en la casa del pueblo, a la que cada vez va menos y donde a veces, en busca de sosiego, se ha encerrado a escribir</strong>.</p>
<p>Allí guarda buena parte de sus libros de infancia y adolescencia, todos los del colegio, y las primeras lecturas escolares: <em><strong>La Celestina</strong></em>, el <em><strong>Lazarillo</strong></em>, <em><strong>El sí de las niñas</strong></em>… “Todos esos libros los tengo en la casa del pueblo de mis padres, donde íbamos de pequeños en verano, y algunos fines de semana” recuerda. “Mis padres se vinieron a vivir a Madrid, se instalaron en Alcorcón, y recuerdo que, durante años Madrid era, casi, hacer una excursión, muchas cosas que escribo están relacionadas con el pueblo, con la naturaleza”.</p>
<h5> <strong>Un libro o un biquini</strong></h5>
<p>En su estudio, los libros de los que quiere rodearse, casi como una superstición: clásicos y ediciones de bolsillo –<strong>Roald Dahl</strong>, <strong>David Lodge</strong> o <strong>Jane Austen</strong>–, diccionarios y libros de consulta, ordenados de forma en apariencia caprichosa: <em><strong>Animal Farm</strong>,</em> de <strong>Orwell</strong>, en inglés, al lado de La princesa y el guisante, de Andersen; y <a href="http://www.siruela.com/novedades.php?id_libro=1968"><em><strong>Biografía del silencio</strong></em></a>, de <strong>Pablo d’Ors</strong>, junto al<em><strong> Elogio del caminar</strong></em>, de <strong>Le Breton</strong>. Arriba, una balda completa de <strong>Iris Murdoch</strong>: <em><strong>El sueño de Bruno</strong></em>, <em><strong>Amigos y amantes</strong></em>, <em><strong>El castillo de arena</strong></em>… Una de sus escritoras imprescindibles, que lee cada verano, y que marca y subraya con discretas, sutilísimas llamadas. “Antes no era nada habitual que escribiera en los libros, pero con el tiempo les he ido perdiendo el respeto, aunque lo hago con lápiz, con cuidado, y <strong>tengo la manía, eso sí, de escribir, al final, en la última página en blanco</strong>, sobre el libro y cuando lo he leído, y soy muy loca con los comentarios”.</p>
<p><em>Termino de leer este libro –se lee en <strong>La negra noche</strong>, de <strong>Murdoch</strong>–el día 4 de agosto de 2016, jueves. Por la noche, tarde, a eso de la 1 de la mañana después de haber cenado en el japonés de Begur…</em></p>
<p>El texto, letra espigada, de regusto escolar, caligrafía cuidada, ligeramente inclinada a la derecha, termina: Begur, Vacaciones 2016, leído después de <strong><em>El príncipe negro</em></strong>, y antes de…. Y ahí lo dejó, en blanco, para las vacaciones de este año, porque le gusta con los libros, a veces, crear una cronología, un mapa de lecturas que comunica para siempre unos con otros como si compusiera un puzle.</p>
<p>Enfrente, en otra estantería, también ordenada como para una exposición, para un registro, debajo de unos cascos, <strong>Mastretta</strong> y <strong>Tanizaki</strong>, <strong>Murakami</strong> y <strong>Paul Bowles</strong>, <em><strong>Memorias de un nómada</strong></em>, en <strong>Grijalbo</strong>, que compró en junio del 90 en la Feria del Libro del Retiro, en lugar del biquini que había venido a comprarse a Madrid.</p>
<blockquote><p>La tercera biblioteca, la suya, es tranquila y apacible, limpios los lomos, rectos y alineados, con una precisión de ingeniería civil</p></blockquote>
<p>Dentro, en la página de cortesía, su firma entonces, Pili, escrita a lápiz, y un hallazgo, entre las páginas, persistente, de papeles y papelitos, servilletas y entradas de cine, postales y recortes de periódicos: el anuncio de un curso de formación de actores del Ayuntamiento de Madrid, para el que no la seleccionaron, y una nota del hotel Lisboa Plaza, cuatro estrellas, que fue el premio que ganó en un certamen literario.</p>
<p>También hay en sus libros billetes, de metro y cercanías y la Sepulvedana  –<strong>Alcorcón</strong>, <strong>Talavera</strong>– porque durante años leía en trenes y autobuses. “Iría leyendo”, dice, cuando encuentra uno de ellos.<br />
Al lado, poesía, <strong>Carlos Pardo</strong>, <strong>Maillard</strong>, <strong>Ana María Moix</strong>, <strong>Philip Larkin</strong>, y aquellos libros de bolsillo en los que leyó a los clásicos: <strong>Graham Greene</strong>, <strong>Heinrich Böll</strong>, <strong>Ibsen</strong>, <strong>Mailer</strong> o <strong>Conrad</strong>. “Aquí es donde acudo cuando algo va mal; me acerco y hojeo estos libros”.</p>
<h5><strong>Los libros en un banco</strong></h5>
<p>En un rincón, abajo, otra de sus escritoras favoritas, <strong>Fleur Jaeggy</strong>, que  recomienda con entusiasmo, y cerca Turgueniev, aquel libro, Primer amor,  una vieja edición ilustrada, de Bruguera, <strong>colección Todolibro</strong>, que fue el primero que la hizo llorar.</p>
<p>Cada uno diríase en su sitio preciso y predilecto:<strong> Carver</strong>, <em><strong>Catedral</strong></em>; <strong>Mann</strong>, <strong><em>La muerte en Venecia</em></strong>; <strong>Fitzgerald</strong>, <em><strong>Suave es la noche</strong></em>; <em><strong>Frankenstein</strong></em>, de <strong>Mary Shelley</strong>; <strong>Kundera</strong>,<em><strong> La despedida</strong></em>… “Hubo un momento en que guardaba todo, tenía auténtica veneración por los libros, los forraba, nunca los escribía, pero cada vez me gusta andar más ligera de equipaje, de modo que últimamente guardo sólo los imprescindibles. He vivido recientemente lo que ocurre con las cosas de una persona que fallece, y no tengo ganas de incordiar acumulando, de modo que he decidido tener cada vez menos ropa, menos objetos, menos libros, y conservar sólo los importantes. Cuando hay que abrir huecos en los estantes, cada vez me cuesta menos dejar los que no me caben en un banco para que alguien los coja, sin más dolor”.</p>
<p>En otra librería, todo <strong>Virginia Woolf</strong>, todo <strong>Duras</strong>, la Duras de la mirada clara y los labios color cereza, <strong>Beckett</strong>, <strong>Carson McCullers</strong>… Y de vuelta al salón, y por editoriales, <strong>Amis</strong> y <strong>Lodge</strong>, en ese amarillo tibio de Anagrama; <strong>Longares</strong>, enmarcado en el rojo de <strong>Galaxia</strong> y <strong>Héctor Abad</strong>, aquel inolvidable libro, <strong><em>El olvido que seremos</em></strong>, en el blanco de <a href="https://www.planetadelibros.com/editorial/seix-barral/9"><strong>Seix Barral</strong></a>, que tiene dedicado: “Para Pilar”, se lee, “y su pelo corto”.</p>
<figure id="attachment_6886" style="width: 2682px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2017/04/uno2.jpg"><img class="wp-image-6886 size-full" src="/wp-content/uploads/2017/04/uno2.jpg" alt="uno" width="2682" height="2448" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Pilar Adón con su perro Terry.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p>También aquí <strong>DeLillo</strong>, <strong>Torrente Ballester</strong>, <strong>Peter Süskind</strong> o <strong>Proust</strong>, en la edición, blanca y negra, de <strong>Alianza</strong>, y <strong>Salinger</strong>, cuyos lomos roza con los dedos mientras dice: “No me los he llevado al estudio porque también le gustan a <strong>Redel</strong>”. Todo, mientras Terry nos sigue. El perro que fue cazador y que ha acabado siendo editor, blanco y marrón, ojos de color miel, que la mira arrobado y le empuja la mano con el hocico, como si quisiera dejar constancia de que a él también le gusta el viejo, el esquinado Salinger. Me mira y ladra.</p>
<h5><strong>TRES ESCOGIDOS</strong></h5>
<p><em>Primer amor</em>. <strong>Turgueniev</strong>. Bruguera</p>
<p>“Todavía conservo el ejemplar en el que lo leí, hace años. Fue el libro que me hizo querer ser escritora, y el primer libro que me hizo llorar, pero no de tristeza, sino por puro deleite estético”.</p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/el-mes-mas-cruel"><em>El mes más cruel</em></a>. <strong>Pilar Adón</strong>. Impedimenta</p>
<p>“Es el libro de relatos que marcó la diferencia entre temas previos a él y los que han venido después. Y también creo que es importante y reseñable, en este libro, el tratamiento del lenguaje”.</p>
<p><a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/cuatro-por-cuatro/9788433997562/NH_509"><em>Cuatro por cuatro</em></a>. <strong>Sara Mesa</strong>. Anagrama</p>
<p>“Me gusta mucho Sara Mesa, y este libro en concreto porque trata algunos de mis temas literarios favoritos, un internado, y con un uso del lenguaje que me fascina, al servicio de los personajes y de la historia”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JESÚS MARCHAMALO </strong></em>(<a href="https://twitter.com/jmarchamalo?lang=es"><span dir="ltr">@jmarchamalo</span></a>)</p>
<p>El <strong>ciclo de Bibliotecas de escritores</strong> organizado por la <strong><a href="http://www.ayto-fuenlabrada.es/index.do?MP=1&amp;MS=53&amp;MN=3">Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Fuenlabrada</a> </strong>se desarrolla en dos ciclos anuales, en noviembre y abril-mayo, hasta 2018. El coloquio sobre la biblioteca de Pilar Adón tuvo lugar el pasado mes de noviembre en el<a href="http://www.ayto-fuenlabrada.es/index.do?MP=2&amp;MS=15&amp;MN=2&amp;TR=C&amp;IDR=198"> <strong>Centro de Arte Tomás y Valiente</strong></a><b> </b>(calle Leganés, 51), que acogerá los encuentros en torno a las bibliotecas de <strong>Marta Sanz</strong> (18 de abril) y <strong>Javier Reverte</strong> (20 de abril). Ambos autores conversarán con <strong>Jesús Marchamalo</strong> a partir de las 18 horas.</p>
<p><em><i><img class="alignleft wp-image-6780" src="/wp-content/uploads/2017/04/0001-e1491226724893.jpg" alt="0001" width="150" height="202" />Una versión de este reportaje aparece publicada originalmente en el <a href="/2017/04/leer-en-abril-opera-una-sublimacion-literaria/" target="_blank">número de <strong>abril de 2017</strong></a>, 281, de la <strong>edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span></strong></i></em></p>
<p style="text-align: right;">
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		<title>Leer en abril: ópera, una sublimación literaria</title>
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		<pubDate>Mon, 03 Apr 2017 16:33:20 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>En este tiempo en que lo digital aparece como el gran vórtice donde todo confluye y que toda atención atrapa, hay un puñado de viejos inventos y estrategias que demuestran que <strong>lo venerable no es sinónimo de obsoleto</strong>. Uno de ellos es la ópera. Aunque las espectaculares escenografías actuales se beneficien de la última tecnología, los mimbres básicos del espectáculo apenas han variado. <strong>La ópera representa una de las más acabadas convergencias de las diversas artes</strong>, y en este arranque del XXI goza de un extraordinario momento de calidad artística y acogida popular.</p>
<p>En tanto que teatro, la ópera necesita escritores. Y ahí entra la <strong>literatura, materia prima de la ópera desde su origen</strong>: primero la poesía como <em>portavoz</em> de los mitos clásicos y vernáculos, luego el propio teatro y finalmente, a partir del XIX, la novela.</p>
<p><strong>El <a href="http://www.teatro-real.com/bicentenario/bicentenario.html" target="_blank">doble aniversario</a> del Teatro Real de Madrid</strong> –veinte años de su reapertura, doscientos de su fundación– y<strong> </strong>el <a href="http://www.teatro-real.com/es/temporada-16-17/opera/bomarzo/" target="_blank"><strong>estreno de <em>Bomarzo</em></strong></a>, la ópera de <strong>Alberto Ginastera</strong> para la que <strong>Manuel Mujica Lainez</strong> hizo libreto a partir de su propia novela, ofrece el pretexto para abordar la evolución de los términos de este<strong> feraz encuentro de letra y música</strong>.</p>
<figure id="attachment_6780" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-6780" src="/wp-content/uploads/2017/04/0001-e1491226724893.jpg" alt="Portada LEER 281" width="345" height="463" /><figcaption class="wp-caption-text">Portada del número de abril, 281, de LEER, con fotografía de Javier del Real de El holandés errante presentado en el Teatro Real de Madrid en 2016.</figcaption></figure>
<p><strong>Ópera y Literatura</strong>: su relación, o la confluencia de una en otra, protagonizan el número de abril de LEER. <strong>Tomás Marco</strong> reflexiona sobre un vínculo que se remonta al origen del género dramático musical, mientras <strong>Blas Matamoro</strong>, que se ha aproximado a <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Mujica_L%C3%A1inez" target="_blank"><em>Manucho</em></a> y Ginastera en su reciente libro, <a href="http://forcolaediciones.com/producto/con-ritmo-de-tango/" target="_blank"><em>Con ritmo de tango</em></a>, <strong>desentraña su colaboración artística y el escándalo</strong> que la obra suscitó en la pacata Argentina de la dictadura de <strong>Onganía</strong>. Sobre <em>Bomarzo</em> hecha libreto, la relación de la literatura con la ópera y los aniversarios del Real <strong>conversamos también con Joan Matabosch, director artístico del coliseo madrileño.</strong></p>
<p><em>Bomarzo</em> tendrá <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2017/Bomarzo-donde-los-monstruos-no-mueren.html" target="_blank">exposición en la Biblioteca Nacional</a> en torno a la novela y su trasfondo temático, la Italia del <em>Cinquecento</em>. Pero ahora en la Nacional hay una <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2017/BarbieriMusicafuegoydiamantes/Index.html" target="_blank">extraordinaria muestra</a> dedicada al gran renovador de la lírica hispana, <strong>Francisco Asenjo Barbieri</strong>. Una figura imponente que resurge como merece gracias al trabajo de uno de sus grandes conocedores, el musicólogo <strong>Emilio Casares</strong>, que pone el contrapunto al despliegue operístico con un esclarecedor artículo sobre el creador de la zarzuela moderna.</p>
<figure id="attachment_6788" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2017/04/Campoamor.jpg"><img class="wp-image-6788" src="/wp-content/uploads/2017/04/Campoamor.jpg" alt="Campoamor" width="345" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Ramón de Campoamor, interpretado por David Pintor.</figcaption></figure>
<p>Es el argumento principal de <strong>un número de abril de LEER abundante en propuestas</strong> y sugerencias. <strong>Víctor Márquez Reviriego </strong>se encuentra para su Auténtica Entrevista Falsa<strong> con Ramón de Campoamor</strong> en el centenario del nacimiento del poeta, político e historiador, un todoterreno vilipendiado por <strong>Azorín</strong> que fue espejo de la Restauración. Y <strong>en clave </strong>infantil y<strong> juvenil, Ada del Moral recopila la mejor literatura en torno a los lobos</strong>, depredador implacable y nobilísimo animal que en su ambivalencia ha fascinado desde siempre al ser humano.</p>
<p>En las páginas de recomendaciones analizamos <strong>el último Goncourt</strong>, la <a href="http://www.cabaretvoltaire.es/index.php?id=274" target="_blank"><em>Canción dulce</em></a> de <strong>Leila Slimani</strong> que acaba de editar en España Cabaret Voltaire; y entre otros muchos la <em>Sylvia</em> de <strong>Celso Castro</strong>, el Premio Málaga de <strong>María Tena</strong>, la correspondencia <strong>Fortún-Laforet</strong>, los versos completos de <strong>Elizabeth Bishop</strong> y <strong>Alejandra Pizarnik</strong>, los Diarios de <strong>Francisco Candel</strong>… Además, el traductor y académico <strong>Miguel Sáenz</strong> habla de <a href="http://www.funambulista.net/2017/territorio/" target="_blank"><em>Territorio</em></a>, recreación de su infancia y juventud en Ifni; entrevisamos a <strong>Silvia Herreros de Tejada</strong>, que en <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-la-mano-izquierda-de-peter-pan/231203" target="_blank"><em>La mano izquierda de Peter Pan</em></a> reivindica a <strong>Barrie</strong> como oráculo de una sociedad en crisis; y <strong>Marcello Fois</strong> explica la vigencia y virtudes de la novela río a propósito de <a href="http://www.hojadelata.net/tienda/estirpe/" target="_blank"><em>Estirpe</em></a>, primera entrega de sutrilogía sobre la saga sarda de los Chironi que publica en España Hoja de Lata.</p>
<p>Después de años curioseando en bibliotecas de escritores, lo que ha dado frutos como su reciente libro <a href="http://www.siruela.com/novedades.php?&amp;id_libro=3197" target="_blank"><em>Los reinos de papel</em></a>,<strong> Jesús Marchamalo</strong> recala en LEER y se estrena en nuestras páginas visitando la de la escritora <strong>Pilar Adón</strong>. Estas bibliotecas que publicaremos en adelante son reflejo del<strong> <a href="http://www.ayto-fuenlabrada.es/index.do?MP=2&amp;MS=15&amp;MN=2&amp;TR=C&amp;IDR=3186" target="_blank">ciclo de encuentros</a></strong> que Marchamalo celebra <strong>en el Centro Tomás y Valiente para el Ayuntamiento de Fuenlabrada</strong>, y que tendrá sus próximas citas los días 18 y 20 de abril con <strong>Marta Sanz</strong> y <strong>Javier Reverte</strong>, respectivamente.</p>
<figure id="attachment_6784" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/04/uno.jpg"><img class="wp-image-6784" src="/wp-content/uploads/2017/04/uno.jpg" alt="uno" width="690" height="518" /></a><figcaption class="wp-caption-text">La escritora Pilar Adón en su biblioteca, por Jesús Marchamalo.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p>Todo esto y mucho más en un número de abril de LEER que también<strong> anticipa la próxima edición de La Noche de los Libros</strong>. Por cuarto año consecutivo participamos en el programa promovido por la Comunidad de Madrid, y lo hacemos <strong>en clave <em>sediciosa</em> y clandestina</strong>. Nos hemos acordado de <em>La Fiera Literaria</em>, el libelo que, entre los últimos 90 y primeros 2000 y desde la aparente insignificancia, desempolvó los usos de las viejas querellas literarias y consiguió alterar los ánimos de buena parte de los escritores españoles del <em>establecimiento</em>. <strong>En homenaje a aquella aventura reflexionaremos sobre la crítica literaria radical y los riesgos de ejercerla en nuestro país.</strong> Os esperamos en nuestra casa el próximo 21 de abril.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2017/04/0001-e1491226724893.jpg"><img class="alignleft wp-image-6780" src="/wp-content/uploads/2017/04/0001-e1491226724893.jpg" alt="0001" width="150" height="202" /></a>Busca el número de abril de LEER en <strong>quioscos de toda España</strong> <strong>y librerías</strong> seleccionadas, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank"><strong>suscríbete</strong></a>.</p>
<p> </p>
<p> </p>
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		<title>Leer en noviembre: Dylan, la hora del trovador</title>
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		<pubDate>Thu, 03 Nov 2016 10:48:39 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba en las quinielas, pero a la vista de las reacciones nadie parecía creer que la Academia Sueca tiraría por el camino de la heterodoxia reconociendo a un autor no convencional. El <a href="https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2016/index.html" target="_blank">Nobel a Dylan</a> premia a quien <strong>representa como pocos el aliento literario de la mejor música popular</strong> y su influjo decisivo en la cultura contemporánea.</p>
<p><strong>LEER reacciona al polémico veredicto dedicando a Dylan su portada de noviembre.</strong> Desde Nueva York, escenario fundacional del mito, <strong>Julio Valdeón Blanco</strong> argumenta sin disimulo a su favor haciéndose acompañar de <strong>Salman Rushdie</strong>, <strong>Richard Ford</strong> o <strong>Colm Tóibín</strong>, escritores <i>puros</i> que lejos de sentirse agraviados han celebrado la nueva: »¿Literatura? sí, claro, por supuesto. Pero literatura que brilla y quema mucho más al acercarse al micrófono: porque, y esa es otra, nadie frasea como Bob Dylan». Valdeón <strong>escruta la vida y la obra del músico para demostrar la oportunidad del galardón</strong> y explicar el estatuto ambiguo de la creación dylaniana; pese a estar preñada de hallazgos poéticos y engrosar el acervo de un género que nació en la noche de los tiempos para ser cantado, no es (solo) poesía.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277.jpg"><img class="alignleft wp-image-6147" src="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277-760x1024.jpg" alt="portada277" width="345" height="465" /></a>Una idea en la que abunda <strong>Vicente Araguas</strong>. <strong>Autor de la primera tesis defendida en España sobre <em>el mundo poético de Bob Dylan</em></strong> y que pronto verá la luz en forma de libro, complementa en LEER la defensa del Nobel equipado de erudición y referencias, desde <em>Mio Cid</em> a los <em>beats</em>. «Es tan <strong>Homero</strong> como que un <strong>Schliemann </strong>del futuro tendrá que echar mano de su música para reconstruir esta América que es Troya».</p>
<p>Y para rematar, uno de los más conspicuos seguidores españoles de Dylan, <strong>Javier Rioyo</strong>, pone una Coda que es crónica sentimental y desagravio de quien «ya está donde nunca estuvieron <strong>Whitman</strong>, <strong>Lorca</strong>, <strong>Borges</strong> o <strong>Joyce</strong>».</p>
<h5><strong>Feminismo: del pudor a la moda</strong></h5>
<p>«Está a la orden del día y ha entrado de manera tajante en las letras. Ha emergido de las universidades americanas para instalarse en las novelas, en los ensayos literarios, en los medios generalistas». Es el otro gran tema del número de noviembre de LEER: un nuevo feminismo que se manifiesta en series de televisión como <em>Girls</em> o en autoras superventas como <strong>Caitlin Moran</strong>. <strong>Marta Caballero</strong> analiza este supuesto auge de un nuevo feminismo literario con diez mujeres del <em>mundillo </em>(escritoras, editoras y agentes): <strong>Rosa Montero, Elvira Navarro, Laura Freixas, Clara Sánchez, Lara Moreno, Clara Obligado, Ana S. Pareja, Palmira Márquez, Marta Sanz y Elvira Lindo</strong>. Además, <strong>Alicia González</strong> escribe sobre tres antologías recientes de poesía de mujeres, todo ello con el toque visual de una de las ilustradoras más importantes del panorama español actual, <strong>Sara Morante</strong>.</p>
<figure id="attachment_6179" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-6179" src="/wp-content/uploads/2016/11/RamonLLul-768x1024.jpg" alt="" width="345" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Ramon Llull por David Pintor.</figcaption></figure>
<p>Otro gran artista de la ilustración, <strong>David Pintor</strong>, concurre cada mes en las páginas de LEER iluminando la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, que esta vez se cita con <strong>Ramon Llull</strong>, el sabio mallorquín de cuya muerte se cumplen este año siete siglos, y que es protagonista de <a href="http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/la-maquina-de-pensar/223672" target="_blank">una exposición antológica en el CCCB</a>.</p>
<p><strong>José María Merino</strong> acaba de publicar <em>Musa Décima</em> (Alfaguara), novela que rescata la controvertida figura renacentista de Oliva Sabuco, y abre el completo catálogo de entrevistas del número de noviembre de LEER, donde convive con <strong>Hipólito G. Navarro</strong>, <strong>Juan Carlos Mestre</strong> y <strong>Fernando Sánchez Dragó</strong>. Además, la crónica del II Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego (<em>La maldición de los Montpensier</em> de <strong>Francisco Robles</strong>) llega acompañada con sugerencias de alto contraste como la <em>Asamblea ordinaria</em> de <strong>Julio Fajardo</strong>, que según Jordi Corominas «afronta con rigor el reto de sumergirse en el presente sin naufragar en el intento como la mayoría de las precedentes <em>novelas de crisis</em>», la ciencia ficción china de <strong>Cixin Liu</strong>, las memorias poéticas de <strong>Antonio Colinas</strong> y obras de entreguerras que coinciden ahora en las librerías como los inéditos <em>Textos críticos</em> de <strong>Thomas Mann</strong> publicados por Navona o las cartas de las hermanas <strong>Mitford</strong> (Tres Hermanas).</p>
<h6>Son solo algunos de los muchos contenidos de un número de noviembre de LEER <strong>disponible en quioscos y librerías españolas</strong>, y que por muy poco puedes recibir mensualmente en tu casa <a title="SUSCRÍBETE" href="/suscribete/" target="_blank">suscribiéndote</a>.</h6>
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		<title>#LEERsinprisa entre mujeres</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Mar 2016 08:25:06 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Tan estimulante resultó la velada literaria en el programa “Preferiría No Hacerlo” de Aragón Radio de la que participamos ayer por cortesía de Sergio del Molino e Iguázel Elhombre, que hoy continuamos celebrando esa delicada inclinación hacia lo femenino de nuestro mimado número de marzo. Con una edición sorpresa de #LEERsinprisa, iniciamos la conmemoración del que hemos bautizado [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tan estimulante resultó la velada literaria en <strong><a href="http://www.aragonradio.es/podcast/emision/137572/">el programa </a>“Preferiría No Hacerlo” </strong>de <a href="http://www.aragonradio.es/"><strong>Aragón Radio</strong></a> de la que participamos ayer por cortesía de <a href="http://sergiodelmolino.com/"><strong>Sergio del Molino</strong></a> e <strong>Iguázel Elhombre</strong>, que hoy continuamos celebrando esa delicada inclinación hacia lo femenino de nuestro mimado <a href="/2016/03/leer-en-marzo-cherchez-la-femme/"><strong>número de marzo</strong></a>. Con una edición sorpresa de <strong>#LEERsinprisa</strong>, iniciamos la conmemoración del que hemos bautizado en la casa como el Día de la Mujer Escritora, una jornada que culminará en <a href="/espacio-leer/"><strong>Espacio LEER</strong></a> esta tarde con <a href="/evento/dia-de-la-mujer-escritora/"><strong>una convocatoria muy especial</strong></a>.</p>
<p>¡Al ataque, las chicas al poder!</p>
<p><strong>M: </strong>Aguardamos ilusionados la llegada de <a href="http://portal.uc3m.es/portal/page/portal/biblioteconomia_documentacion/profesores/ppozuelo"><strong>Paz Martín-Pozuelo</strong></a>, motor del coloquio en torno las historias de <strong><em>El más hermoso de los milagros y otros cuentos de mujeres</em></strong> (<strong>Playa de Ákaba</strong>), “un libro lleno de mujeres que sufren, que tiemblan, que aguardan, que sueñan, que pasean juntas, que viven, sin tiempo para la tristeza”. En el sofá rojo, a las 19 horas, la autora conversará con la editora, y también poeta, <a href="http://noemitrujillo.blogspot.com.es/"><strong>Noemí Trujillo</strong></a>, y las escritoras <a href="http://viudasenred.blogspot.com.es/"><strong>Lea Vélez</strong></a> y <strong>Carmen Arche</strong>. Un encuentro de ellas, con ellas y por ellas. Para hablar de lo femenino en la escritura y de la escritura en femenino, “de la sensibilidad de hacer grande lo pequeño y de cómo escribir puede, literalmente, salvarte la vida”. De la condición de escritora, aquí y ahora.</p>
<p><strong>B: </strong>No sé si por casualidad, estos días han aparecido un buen puñado de estupendos libros escritos por mujeres. Con traducción de <strong>Jon Bilbao</strong> y postfacio –en realidad un prólogo que va al final– de <strong>Rodrigo Fresán</strong>, <strong>Impedimenta </strong>nos brinda una nueva joya inédita hasta ahora en castellano de <strong>Iris Murdoch</strong>, la autora británica encomiada sobre todos sus contemporáneos por <strong>Harold Bloom</strong>. <strong><em>El libro y la hermandad</em> </strong>se publicó originalmente en 1987 y fue finalista del <strong>premio Booker</strong>. La reunión, una noche de verano, de un grupo de antiguos alumnos de Oxford hermanados hace años en torno al patrocinio del libro de uno de ellos implosiona de manera imprevista e imprevisible. Ahí queda eso.</p>
<p><strong>M:</strong> Jefe, recojo el guante mientras sigo como buena anfitriona con los preparativos de esta tarde que jugamos en casa. Porque no podemos dejar de recomendar las publicaciones de este par de invitadas: <em><strong>Suzanne </strong></em>(<strong>Turpial)</strong>, primera novela de Noemí Trujillo; y la inolvidable <strong><em>El jardín de la memoria</em></strong><em> </em>(<strong>Galaxia Gutenberg</strong>)<strong><em> </em></strong>de Lea Vélez.</p>
<p><strong>B:</strong><em> Carol</em>, la preciosa y preciosista película de <strong>Todd Haynes</strong>, ha puesto a huevo la última reedición de la homónima novela de <strong>Patricia Highsmith</strong>, la única de amor de su autora, que la publicó con seudónimo y otro título en 1952. Cuando la escribió, recién terminada <strong><em>Extraños en un tren</em></strong>, Highsmith trabajaba en la sección de juguetes de unos grandes almacenes. La visión resplandeciente de una clienta rubia envuelta en un abrigo de visón le inspiró la historia del heterodoxo romance de Therese y Carol, que ahora han cobrado vida gracias a las prodigiosas interpretaciones de Rooney Mara y Cate Blanchett. Siguiendo en <strong>Anagrama</strong> no me resisto a mencionar un último <strong>Premio Herralde</strong> con nombre de mujer, <strong>Marta Sanz </strong>y su <strong><em>Farándula</em></strong>, protagonista de una de las entrevistas del <strong>número de marzo de LEER</strong>; y la recuperación de <strong><em>Dúo</em> </strong>de <strong>Colette </strong>con prólogo de <strong>Milena Busquets</strong>.</p>
<p><strong>M:</strong> Añado <em><strong>Se busca mujer perfecta</strong></em> (<strong>Reservoir Books</strong>). No puedo resistirme a una de sus frases de presentación: «No sé si existe la mujer perfecta. Pero sí sé lo que es un amor perfecto». Tiene toda la pinta de ser uno de mis escogidos y conocidos <em>guilty pleasures</em>, protagonizado por la artista visual y fotógrafa Émilienne, quien ronda los cuarenta años, y cuyo nuevo proyecto consiste en fotografiar mujeres perfectas con la aspiración de ganar un prestigioso concurso en Arles. Realizará un periplo a la caza de la perfección femenina que comenzará por el retrato de su vecina Julie, y la conducirá por Francia e Italia donde no sólo se enfrentará a diferentes visiones y versiones de la mujer moderna, sino que también tendrá que hace frente a un amor inesperado y huidizo con el que se topará en el camino. Oh, sí, me apetece mucho leer este libro.</p>
<p><strong>B:</strong> “En mi infancia siempre oía historias de mujeres, historias que nunca vi en los libros”. Lo dice <strong>Svetlana Alexiévich </strong>y lo recoge <strong>Alicia González </strong>en el reportaje sobre la <strong>premio Nobel de Literatura</strong> 2015 que publicamos en nuestro muy femenino <strong>número de marzo de LEER</strong>. El galardón nos está ofreciendo una  proliferación de traducciones de su obra que compensa el vacío previo. Si en las páginas de nuestra revista <strong>Joaquín Armada</strong> comenta <strong><em>El fin del “Homo sovieticus”</em> </strong>editado por <strong>Acantilado</strong>, nos acaba de llegar <strong>Los muchachos del zinc. voces soviéticas de la guerra de Afganistán </strong>(<strong>Debate</strong>).</p>
<p><strong>M: </strong>No podría faltarnos este 8 de marzo <em><strong>De mar a mar</strong></em>, la correspondencia (sesenta y siete cartas, para ser exactos) entre <strong>Rosa Chacel</strong> y<strong> Ana María Moix</strong> tan bien editada por la editorial<strong> Comba </strong>(edición de <strong>Ana Rodríguez Fischer</strong>). <strong>Juan Bautista Durán</strong> nos contó en su visita a Espacio LEER que el epistolario se disfruta como una novela en la que se funde una doble trama vital: de un lado, la historia de una joven de dieciocho años, Ana María Moix, que tras leer <em>Teresa</em> decide escribir a su autora, convencida de que una conversación atenta con ella «es de las que cambia, o mejor, da sentido a unas inquietudes y las encamina»; del otro, el pensamiento de una mujer exiliada en Brasil, Rosa Chacel, que encuentra a una interlocutora lo suficientemente estimulante para hacerle trocar su soliloquio en diálogo, a pesar del enorme océano que las separa.</p>
<p><strong>B:</strong> De entre los muchos centenarios literarios de este año cabe destacar el de <strong>Natalia Ginzburg</strong>. Editora, traductora, crítica y escritora, fue catalizador clave de la cultura italiana del XX. Lanza <strong>Lumen</strong> de una tacada tres obras, todas ellas prologadas por <strong>Elena Medel</strong>: <strong><em>Léxico familiar</em></strong>, que aunque se presenta como novela es la historia de su propia familia, judía y antifascista, y del contexto en el que se desenvolvió, un Turín convulsionado entre los 30 y los 50; la que pasa por ser la mejor novela de <strong>Ginzburg</strong>, <strong><em>Todos nuestros ayeres</em></strong>, versión novelada del anterior a juicio de <strong>Italo Calvino</strong>; y la colección <strong><em>Las tareas de casa y otros ensayos</em></strong>. <strong>Oscar Tusquets Blanca</strong> ha ilustrado la cubierta de los tres libros, y pintó un cuadro expresamente para <em>Léxico familiar.</em></p>
<p><strong>M: </strong>Finalmente dejamos sobre la mesa este tema: «con el término <strong>Generación del 27</strong> se conoce al que seguramente es el grupo de literatos y artistas más influyentes y conocidos de la cultura española. Su legado es ampliamente conocido siempre y cuando hablemos de ELLOS. ¿Pero qué sucede con ELLAS? ¿Es que acaso no había mujeres?» Nada más lejos de la realidad, nos dice este libro. Para darnos a conocer que «dentro del Grupo del 27 existieron, crearon y triunfaron una generación de mujeres pintoras, poetas, novelistas, ilustradoras, escultoras y pensadoras, de inmenso talento que no sólo gozaron en su tiempo de éxito nacional e internacional, sino que a través de su arte y activismo desafiaron y cambiaron las normas sociales y culturales de la España de los años 20 y 30″. Ahí es nada.</p>
<p><strong>B: </strong>Y acabamos con un escritor. Hombre, se entiende: <strong>Mario Vargas Llosa</strong>. Que como todo el mundo sabe acaba de publicar una nueva novela que arranca con el inesperado encuentro erótico de Chabela y Marisa. Dos mujeres de la elite limeña que nos invitan desde las primeras páginas a la lectura de <strong><em>Cinco esquinas</em></strong> (<strong>Alfaguara</strong>).  Una nueva oportunidad para reflexionar sobre la construcción de personajes femeninos por escritores varones. Tema recurrente desde Bovary…</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>B&amp;M #LEERsinprisa</em></strong></p>
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		<title>Leer en marzo: Cherchez la femme!</title>
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		<pubDate>Tue, 01 Mar 2016 13:07:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Primavera literaria temprana en LEER. Con <a href="http://www.bieses.net/"><strong>BIESES</strong></a>: un proyecto que parece secreto sin tener vocación de serlo. Sí, como tantos que se desarrollan en la <strong>Universidad</strong> española. Ahora, con éste, en páginas fundamentales de la revista, hacemos de la necesidad, virtud. Porque BIESES desea rescatar la existencia y la obra de miles de mujeres que escribieron antes de tiempo; antes de que hubiera escritoras. Autoras aficionadas como <strong>Amalia de Llano</strong>, la <strong>condesa de Vilches</strong> inmortalizada por <strong>Federico de Madrazo</strong> –cuyo magnífico retrato puede verse en el <a href="https://www.museodelprado.es/"><strong>Museo del Prado</strong> </a>e ilustra nuestra portada–, forman parte de la base de datos de libre consulta de BIESES, que entre otros objetivos pretende facilitar la inclusión de estas mujeres en la Historia, haciendo accesible a los investigadores la documentación existente sobre ellas y su legado. La idea de búsqueda asociada con BIESES nos devolvía necesariamente un resultado fulgurante: la expresión acuñada por <strong>Dumas</strong>, con otro sentido bien distinto, en su novela <em><strong>Los mohicanos</strong> </em>de París: <strong>Cherchez la femme</strong>!</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2016/03/PORTADA270.jpg"><img class=" wp-image-5196 alignright" src="/wp-content/uploads/2016/03/PORTADA270-760x1024.jpg" alt="PORTADA270" width="345" height="465" /></a>Un titular irresistible, despojado de su original significado criminológico, para un número dedicado a la mujer por calendario –el 8 de marzo es el <strong>Día de la Mujer</strong>; antes Trabajadora y hoy a secas, porque es pleonasmo–, por convicción y por oportunidad. No en vano el último <strong>premio Nobel de Literatura</strong> ha sido para una mujer, <strong>Svetlana Alexiévich</strong>, y <strong>Carme Riera</strong> ha recibido en 2015 el <strong>Premio Nacional de las Letras Españolas</strong>. Una tibia compensación del destino a lo que <strong>Cristina Fallarás</strong> subraya en La Riña Literaria de este mes: la ausencia de mujeres en los principales palmareses literarios. Por cierto, en plano distinto pero complementario, <strong>Ada del Moral </strong>también aporta sus reflexiones sobre el concepto equívoco y problemático de <strong>«literatura femenina» </strong>este mes en esta sección.</p>
<p>Además del proyecto BIESES, por tanto, Alexiévich y Riera, a quien visitamos en su casa barcelonesa de la mano de <strong>Fernando Palmero</strong> <strong>#comandoLEER</strong> para hablar de libros y recuerdos. También una pionera como<strong> Clara Campoamor</strong>, objeto de la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>. Y otras muchas, entre las que se encuentran <strong>Marta Sanz</strong>, último<strong> premio Herralde de Novela</strong> con <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_553"><em><strong>Farándula</strong></em></a>, la superventas <a href="http://www.mariaduenas.es/"><strong>María Dueñas</strong></a>, la cuentista norteamericana <a href="http://kellylink.net/"><strong>Kelly Link</strong> </a>o <a href="http://www.espidofreire.com/"><strong>Espido Freire</strong></a>; todas objeto de entrevista. Cuatro excelentes escritoras ocasional y voluntariamente sometidas al <em>nom de plume </em>de <a href="http://escrituracreativa.com/las-microlocas/"><strong>Microlocas</strong></a> nos adelantan de la mano de su editor, <strong>Juan Casamayor</strong>, de <a href="http://paginasdeespuma.com/"><strong>Páginas de Espuma</strong></a>, un precioso libro ilustrado de microrrelatos en clave femenina que saldrá en mayo con el título de <em><strong>Pelos</strong></em>. Y el broche lo pone un señor, el escritor mexicano<a href="http://www.angelfire.com/ar2/libros/000.html"><strong> Alberto Ruy Sánchez</strong></a>, que, 30 años después de explorar el deseo femenino en su novela <em><strong>Los nombres del aire</strong></em>, se acerca a la figura de la artista <strong>Remedios Varo</strong>, protagonista de un <a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=113">esperadísimo libro </a>editado en España por <a href="http://www.edicionesatalanta.com/"><strong>Atalanta</strong></a>.</p>
<p>Todo esto y mucho más, predominantemente femenino pero no solo, en las páginas de este número de LEER que ya está dis­po­ni­ble en quios­cos y <a href="/librerias-2/" target="_blank">libre­rías</a>. Tam­bién pue­des <a href="/suscribete/">sus­cri­birte</a>.</p>
<p><em>Imagen: “Condesa de Vilches” de Federico Madrazo. Museo Nacional del Prado.</em></p>
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		<title>Cervantes y Compañía: Malasaña lee</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Nov 2015 13:41:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[#LEER261]]></category>
		<category><![CDATA[Cervantes y Compañía]]></category>
		<category><![CDATA[El escritor y su librero]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Oscar Tobías]]></category>

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		<description><![CDATA[En el número de abril de 2015, consagrado a Cervantes en el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote, LEER dedicó la sección EL ESCRITOR Y SU LIBRERO a Marta Sanz, hoy flamante Premio Herralde de novela, y a la librería Cervantes y Compañía de Madrid.    En 2012, Óscar Tobías bautizaba su proyecto librero en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>E<em>n el número de <a href="/2015/04/leer-en-abril-como-ser-miguel-de-cervantes/" target="_blank">abril de 2015</a>, consagrado a <strong>Cervantes</strong> en el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote, LEER dedicó la sección EL ESCRITOR Y SU LIBRERO a <strong>Marta Sanz</strong>, hoy flamante Premio Herralde de novela, y a la librería Cervantes y Compañía de Madrid. </em></p>
<p> </p>
<p>En 2012, <strong>Óscar Tobías</strong> bautizaba su proyecto librero en Madrid adaptando al canon hispánico la fórmula empleada en 1919 por <strong>Sylvia Beach</strong> para la mundialmente conocida <a href="http://shakespeareandcompany.com/" target="_blank">Shakespeare and Company</a>. Tres años después de su apertura, <strong><a href="http://cervantesycia.com/" target="_blank">Cervantes y Compañía</a></strong> ha cambiado su ubicación original en el número 23 de la calle Manuela Malasaña por un local más amplio en la cercana Pez. “Nace como una librería general, con cierta inclinación a cuidar un poco más los libros escritos en la lengua de Cervantes”, explica Tobías. “Está pensada para ser un espacio donde no solo se ofrezcan libros, sino experiencias relacionadas con la cultura, lecturas dramatizadas, exposiciones de pintura… Nos gusta mezclarlo todo.</p>
<p><em>¿A qué atribuyes la declinante evolución del mercado del libro?</em></p>
<p>A la falta de curiosidad, a las escasas campañas de fomento de la lectura, a que el libro no está habitualmente en boca de quien debiera y podría potenciarlo fácilmente: políticos, deportistas, intelectuales… Cuando vea esa implicación, creeré que empiezan a cambiar las cosas. No es la falta de dinero o la crisis, es falta de interés.</p>
<p><em>¿Qué ha sido más perjudicial, la crisis o la irrupción de las nuevas tecnologías y el crecimiento de la piratería? Las últimas estadísticas aseguran que casi el 90% del consumo cultural en internet es ilegal… </em></p>
<p>Las nuevas tecnologías ya se han incorporado a nuestra vida diaria y les dedicamos un tiempo que antes se podía dedicar a la lectura. Reconozcamos que el aburrimiento (no solo la curiosidad o el placer por la lectura) ha hecho mucho por la lectura, y ahora la tecnología ocupa en parte ese espacio. En cuanto a la piratería, el peligro no es el lector digital; al menos es lector, y es sabido que muy pocos lectores leen exclusivamente en digital.</p>
<p><em>¿Se han perdido lectores o han cambiado sus hábitos?</em></p>
<p>Ambas cosas. Creo que las nuevas tecnologías han afectado más a los <em>bestseller</em> que a los libros más literarios. Respecto a los hábitos de lectura, el nivel de exigencia de los ciudadanos que leen ha subido. Estamos más instruidos que hace 30 o 20 años, y se nota. Hay un cierto aumento del ensayo divulgativo y de corte político-social, y me parece una buena señal.</p>
<blockquote><p>Cervantes y Compañía es un espacio donde no solo se ofrecen libros, sino experiencias relacionadas con la cultura</p></blockquote>
<p><em>¿Y el libro en papel? ¿Tendrá que aportar algo más para convertirse en un objeto preciado y sobrevivir?</em></p>
<p>Lo que tiene que aportar es calidad. El sector del libro reacciona lento, pero ya lo está haciendo, por necesidad, y empieza a ser más selectivo en el número y tipo de publicaciones. En cuanto al formato, creo que hay libros que deben ser editados en papel, y otros que pueden tener mejor difusión si se publican en digital. La tecnología en este caso suma. ¿Por qué se siguen editando discos en vinilo? Es una cuestión emocional, igual que el libro en papel.</p>
<p><em>¿Cómo han de cambiar las librerías de cara al futuro? </em></p>
<p>Adaptándose a los nuevos gustos, entendiendo la librería como un espacio multicultural, no solo relacionado con el libro.</p>
<p><em>¿Se edita mucho en España? ¿Afectan los nuevos modelos, más accesibles, a la calidad editorial?</em></p>
<p>Sí, pero paradójicamente ha mejorado notoriamente. Tenemos editores muy prometedores que ya están haciendo el relevo generacional, y la crisis ha hecho que poco a poco ajusten número de publicaciones y de ejemplares.</p>
<p><em>¿Son útiles las asociaciones gremiales o están demasiado institucionalizadas?</em></p>
<p>Sirven y son muy necesarias, y más en estos tiempos. Son foros de debate profesional y permiten una mayor interlocución y presión a las administraciones y poderes públicos.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><i>HÉCTOR ESCOBAR</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://cervantesycia.com/"><img class="alignleft wp-image-4825" src="/wp-content/uploads/2015/11/logo_web.jpg" alt="logo_web" width="63" height="150" /></a><br />
<strong>CERVANTES Y COMPAÑÍA </strong><br />
<a title="Cervantes y Cia. en Google Maps." href="https://goo.gl/maps/6hz1RBrVvq52" target="_blank">Pez, 27</a>. Madrid<br />
<a href="http://cervantesycia.com/" target="_blank">cervantesycia.com<br />
</a>910118037 / <a href="mailto:info@cervantesycia.com" target="_blank">info@cervantesycia.com<br />
</a>Facebook: <a href="https://www.facebook.com/CervantesYCia/" target="_blank">CervantesyCia</a> / Twitter: <a href="https://twitter.com/CervantesyCia" target="_blank">@Cervantesycia</a></p>
<figure id="attachment_4814" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-4814 size-large" src="/wp-content/uploads/2015/11/005-1024x728.jpg" alt="005" width="690" height="491" /><figcaption class="wp-caption-text">De izquierda a derecha, Silvia, Óscar Tobías y María, de Cervantes y Compañía, y la escritora Marta Sanz, en la librería madrileña de la calle Pez (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p> </p>
<h3>Marta Sanz: «No conviene espectacularizar las librerías»</h3>
<h6>por Héctor Escobar</h6>
<p><em>¿Qué es para ti una librería?</em></p>
<p>Básicamente el librero que la habita. Como la concha y el caracol.</p>
<p><em>¿Cómo serán las librerías del futuro?</em></p>
<p>No tengo ni idea. Con que sean espacios reales y no exclusivamente virtuales me conformo. Me gusta también la posibilidad, romántica y reaccionaria, de que sean ambulantes, como la del libro de Christopher Morley que publicó Periférica.</p>
<p><em>¿Deben los diversos actores de la cadena del libro (autores, editores, distribuidores y libreros) intensificar su relación para revitalizar el sector?</em></p>
<p>Creo que estas propuestas suenan muy bien, pero son ingenuas y no responden a la realidad, porque al final en este mundo unos ganan a costa de los otros. Hay una lógica comercial de porcentajes que posiblemente debería ser revisada, peso no parece viable en nuestra actual sociedad de mercado. También hay que recordar que algunas veces el librero no es el dueño de la librería. En cuanto al vínculo del autor con las librerías no sé si es sano: corremos el riesgo de que se intensifique el <em>Hyde</em> comercial de ese escritor excesivamente atento a sus ventas. Esa patología es el resultado de la necesidad imperiosa de que las liquidaciones sean positivas como condición para poder seguir escribiendo lo que uno supuestamente quiere escribir.</p>
<p><em>¿Se ha sucumbido a propuestas poco profesionales como la autoedición o la edición digital para publicar a toda costa?</em></p>
<p>Para mí, la legitimación de algunos editores y críticos es fundamental. Sigo creyendo en ciertas formas positivas del principio de autoridad, no creo que todo valga ni que la democracia sea lo mismo que la demagogia. Pero al mismo tiempo me parece que esos filtros de intermediación a menudo se han pervertido, y resulta lógico que los que se han quedado fuera busquen, desde los márgenes, procedimientos para ocupar la centralidad del campo literario. Y la Red es una herramienta ideal para llevar a cabo ese tipo de iniciativas que no son tan anti-sistémicas como parece a priori: en último término se busca la legitimación del papel y la misma feria de las vanidades. Los textos de la red, conscientes del valor de lo cuantitativo, pueden llegar a ser muy complacientes con el lector-consumidor.</p>
<p><em>Los libros primorosos conviven con las malas ediciones, fruto de una crisis que ha fomentando usos casi de economía de guerra… </em></p>
<p>A mí no me importa leer un buen libro en una edición de bolsillo, con mal papel y casi sin márgenes para ahorrar. En algunos países se lleva a cabo ese tipo de edición para llegar a mucha gente y no tengo nada en contra. Aunque también me gustan los libros “bonitos”, no sé hasta qué punto el fetichismo del libro constituye la salvación del sector o es el primer paso para convertirlo en un ámbito snob y elitista.</p>
<blockquote><p>Me da mucha pena que libreros altamente cualificados tengan que inventarse cada día una historieta para ‘vender’ un libro</p></blockquote>
<p><em>¿Cómo hay la revolución digital que afrontarlos para que la experiencia empiece a ser rentable y positiva?</em></p>
<p>Sin histerias. Encontrando el punto medio entre el talante apocalíptico y el integrado. Sin pensar que lo digital es el demonio, pero tampoco la panacea. Creo que hay que aplicar el sentido crítico y, más allá de la fascinación tecnológica, reflexionar sobre cómo también la red está cargada de ideología, no es aséptica. Es un panóptico altamente sofisticado concebido, en gran medida, para el control y el consumo, y que muchas veces se camufla bajo la máscara del capitalismo filantrópico. Por otra parte, yo estoy deseando que aparezcan nuevos géneros literarios a partir del modo especial de intermediación de las redes y su forma peculiar de transmitir la información. Y creo que sería fundamental procurar que las nuevas generaciones compatibilicen una forma de procesamiento de la información marcada por lo veloz y lo fragmentario, desarrollada a partir del consumo de internet, con una destreza de comprensión lectora que los ayude a disfrutar de textos extensos, no explicativos y caracterizados por su espesor connotativo. Compatibilizar la velocidad y la lentitud, la superficie con la profundidad. Disfrutar de las dos formas de aprendizaje. No renegar de ninguna.</p>
<p><em>¿Cómo cree que deberían reinventarse las librerías?</em></p>
<p>No me gusta la palabra “reinventarse”. Ni la república independiente de tu casa. Ni las superficies comerciales. Ni el emprendimiento empresarial. Ni las <em>gentrificaciones</em>. Ni las tiendas de cigarrillos electrónicos. Me gustan las librerías que están llenas de libros y son regentadas por libreros que saben de lo que hablan. Nada más. No sé si conviene «espectacularizar» las librerías convirtiéndolas en algo circense. Como mucho, las librerías deberían ser puntos de encuentro para hablar de libros, hacer presentaciones, tertulias, debates… Me da mucha lástima que libreros altamente cualificados tengan que inventarse cada día una historieta y hacer de maestros de ceremonias para “vender” un libro… Deberíamos retornar a la utopía de que los libros pudiesen venderse solos y la librería fuera el espacio donde el lector informado se encuentra con lo que anda buscando.</p>
<p><em> ¿Cuál puede ser el papel del escritor para potenciar la lectura y su consumo?</em></p>
<p>En primer lugar, rehuir de la idea de que la lectura es una forma más de consumo y de que los lectores son clientes. Escribir con honestidad sobre las cosas que pasan y que nos pasan. Tener ambición y rigor. Ser exigente con uno mismo y respetuoso con los lectores.</p>
<p><em>(Una versión de este artículo fue publicada en el número de abril de 2015, 261, de la Revista LEER).</em></p>
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		<title>La confesión de Marta Sanz</title>
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		<pubDate>Wed, 02 Jul 2014 12:34:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[Anagrama]]></category>
		<category><![CDATA[La lección de anatomía]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Rafael Chirbes]]></category>

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		<description><![CDATA[Marta Sanz apuesta fuerte… y gana. Desde que se diera a conocer en 1995 con la novela El frío (Debate), reeditada hace un par de años en Caballo de Troya, ha seguido una trayectoria rubricada por la brillantez y la coherencia, y desplegada en la narrativa, el ensayo y la poesía, sin olvidar sus colaboraciones [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">M<strong>arta Sanz</strong> apuesta fuerte… y gana. Desde que se diera a conocer en 1995 con la novela <em>El frío </em>(Debate), reeditada hace un par de años en Caballo de Troya, ha seguido <strong>una trayectoria rubricada por la brillantez y la coherencia</strong>, y desplegada en la narrativa, el ensayo y la poesía, sin olvidar sus colaboraciones en varios medios. Después de novelas como <em>Susana y los viejos</em> (Destino) –finalista del Premio Nadal–, <em>Black, black, black</em> (Anagrama) y <em>Un buen detective no se casa jamás</em> (Anagrama) –en las que incursiona en el género policíaco y crea al original detective Arturo Zarco–, <em>Daniela Astor y la caja negra</em> (Anagrama) –galardonada recientemente con los premios Tigre Juan y Cálamo–, poemarios como <em>Perra mentirosa / Hardcore</em> y<em> Vintage </em>–ambos enBartleby–, o <em>Metalingüísticos y sentimentales: antología de la poesía española (1966–2000). 50 poetas hacia el nuevo siglo</em> (Biblioteca Nueva) –que incluye un imprescindible y documentado estudio introductorio sobre el asunto–, en 2014 Marta Sanz incrementa su producción, dando a la imprenta paralelamente el ensayo <em>No tan incendiario</em> (Períferica) –lúcido examen de insoslayables cuestiones literarias y culturales que es preciso debatir en estos problemáticos momentos–, y las novelas <em>Amour fou</em> (La Pereza Ediciones) –estimulante visión de las relaciones amorosas– y <strong><em>La lección de anatomía</em> (Anagrama).</strong></p>
<p style="text-align: left;"><img class="alignleft wp-image-1685" src="/wp-content/uploads/2014/07/NH530_G-651x1024.jpg" alt="NH530_G" width="320" height="503" />Marta Sanz (Madrid, 1967) publicó en 2008, en RBA, una primera versión de <em>La lección de anatomía</em> que tuvo buena acogida. Ahora aparece una segunda, que es mucho más que una mera reedición y que Sanz considera definitiva. La escritora madrileña <strong>revisa, reestructura y amplía con dos nuevos capítulos esta novela, que se enriquece con un sugerente prólogo de Rafael Chirbes</strong>. Al igual que en el célebre e impactante cuadro de Rembrandt, <em>La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp</em>, Marta Sanz aplica aquí un fino escalpelo para presentarnos un <strong>relato de carácter autobiográfico</strong>, donde la autora maneja el género con especial maestría. Porque a partir de sus propias vivencias construye un personaje, Marta Sanz, que nos habla en primera persona y nos confiesa <strong>íntimos secretos</strong>. Configura así un autorretrato, incluso físico, muy detallado, un análisis de sí misma y de muchas de las personas que han desempeñado un papel esencial en su existencia –su madre, a quien dedica la novela, su abuela Juanita, su tía Maribel…– repleto de valentía, y en muchos casos tamizado por un sentido del humor y una <strong>saludable ironía</strong> que contribuyen a una grata lectura. Impagable, por ejemplo en este último aspecto, su descripción de sus primeros pasos como profesora de español para extranjeros con su alumno, en clases <em>one to one</em>, Mr. Jonathan Cohen, un corredor de Bolsa británico.</p>
<p style="text-align: left;">La obra, tras un breve pero significativo capítulo titulado “Aprender a leer el reloj”, se divide en tres partes. En la primera, “Vallar el jardín”, rememora su infancia, la de esa pequeña Marta que desde niña, nos dice, toma conciencia de sus deberes y de sus derechos, y va al colegio, donde sufre a profesoras como doña Carmen, que, no obstante, apunta, “<strong>me ayudó a bajar del guindo</strong> y me robó la ingenuidad”, y a los cines de verano con su tía Maribel. La segunda, “Los gusanos de seda”, aborda su etapa adolescente, en la que en octavo de EGB descubre que tiene <strong>enamorados en la sombra</strong>, y que los chicos le han puesto tres motes, aunque ninguno le parece humillante: <em>caballo percherón</em> –“porque les da envidia la velocidad de mi carrera”–, <em>plato de lentejas</em> –“porque un antifaz de pecas sigue cubriéndome la cara”–, y <em>Demelza</em>, el que más le gusta, la menuda y pecosa mujer de Poldark, protagonista de una serie televisiva –“cada vez que me llaman Demelza me transportan a la Inglaterra del siglo XVIII”–. En la tercera, “Desnudo”, se refiere a la juventud y a la edad adulta, prácticamente hasta hoy.</p>
<p style="text-align: left;"><em>La lección de anatomía</em> resulta, pues, una <strong>singular novela de aprendizaje</strong>, donde brotan recuerdos, sentimientos e ideas: “A los niños hay que pasearlos por la casa diciéndoles que son príncipes. Después ellos solos se convencen de que no y, al salir al exterior, tienen la oportunidad de ser modestos, de darse cuenta de que <strong>la vida es ir perdiendo poco a poco</strong> –se van gastando las monedas, las fuerzas y la salud– y de que ganar a cualquier precio no sirve de nada, aunque siempre es necesario conservar esas ilusiones que llegan a destiempo o no llegan”.  ¿Conocemos mejor a Marta Sanz al terminar de leer <em>La lección de anatomía</em>? Quizá sí. O quizá no. “El ser humano es su máscara. Ya he mostrado mi máscara”, dirá al final del libro. En realidad, es lo que menos importa. Nos queda, sobre todo, un ejercicio, no de autocomplacencia, sino de excelente literatura en ese <strong>juego de realidad y ficción</strong> que marca muchas de sus mejores muestras. En ese juego muy serio de, en feliz expresión de <strong>Mario Vargas Llosa</strong>, “la verdad de las mentiras”.</p>
<p style="text-align: right;"><em>CARMEN R. SANTOS</em></p>
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