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	<title>Revista leer &#187; Planeta</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>El peso de los años y de los muertos</title>
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		<pubDate>Thu, 11 Jun 2020 10:56:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura española]]></category>
		<category><![CDATA[Narrativa]]></category>
		<category><![CDATA[Planeta]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Maria Sardà]]></category>

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				<content:encoded><![CDATA[<p>No esperen los seguidores de <strong>Rosa Maria Sardà</strong> encontrar en este tardío debut narrativo una aplicación literaria de su extraordinaria vis cómica. <strong>La actriz se cambia de máscara y ofrece el reverso amargo de su proverbial ironía</strong>, una de sus grandes herramientas interpretativas. Esta «verídica historia» con presumibles trazas autobiográficas es una melancólica constatación del peso de los años y los muertos. Las vicisitudes del pasado afloran como <strong>arrugas en la memoria y el corazón</strong> trazadas por el recuerdo de los ausentes. Ellos son la única compañía cuando la soledad, que siempre estuvo ahí, acechando, se enseñorea del todo; cuando para hablar, para recibir las cartas, ya sólo quedan quienes no están para responder. Lo dice María, el personaje dominante de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-un-incidente-sin-importancia/302098" target="_blank"><em>Un incidente sin importancia</em></a>, al final de su vida: «De cada uno de mis muertos llevo una partícula en la piel. Tengo noticia de ellos en mis manos, en mis ojos, en mi voz, en mi forma de comportarme, de amar. ¡Soy un estrambótico puzle de todos ellos, de tanto añorarlos, de no soportar que ya no existan!».</p>
<p>Los episodios de <em>Un incidente sin importancia</em> transcurren <strong>antes y después de la guerra entre una ciudad y la colonia de trabajadores de una cementera</strong> junto al mar. Se intuye que, aunque innominada, la ciudad es Barcelona, y que la cementera, que representa el cementerio de las ilusiones y las ambiciones de la familia protagonista, es Vallcarca, enclave industrial hoy abandonado a la sombra del Garraf, tan cerca y tan lejos de la balnearia Sitges. Aunque buena parte del encanto sombrío de esta historia, despiezada en capítulos que funcionan como relatos, reside precisamente en la ambigüedad del espacio.</p>
<p><strong>La cementera es cementerio</strong> porque los dos personajes más luminosos de la historia, María y Pepito, acaban allí sus días hasta que la muerte los separa. Se conocieron antes de la guerra. Él la rescató de una viudez prematura con hijos, ella recuperó junto a él su juvenil vocación como actriz. La guerra lo trunca todo. Como trunca directa e indirectamente la vida de la hija de María. Ella rechazará la vida y la profesión de su madre, pero la transmitirá al último eslabón de la historia, su hija, la que será feliz veraneando a la sombra de la cementera y que, presumiblemente, narra hoy con amargura las desdichas de los seres queridos que ya no están.</p>
<p>Sardà tiene la prosa pulcra de una lectora concienzuda, y eso le permite asumir con garantías razonables la escritura de este libro breve pero ambicioso. Que parece delatar por momentos su condición de actriz, por su gusto por la sugerencia y por un capítulo, el que da título al libro, que es un auténtico entremés que el lector se imagina perfectamente representado, incluso, elipsis mediante, con su amargo final.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Borja Martínez</strong></p>
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		<title>#leer294: Rafael Borràs, el último editor</title>
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		<pubDate>Sun, 21 Jul 2019 08:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Forma parte de una estirpe extinguida, la de los editores de la edad de oro del libro, cuando en las grandes empresas del ramo <strong>las ideas no estorbaban al negocio</strong>. Dirigió el criterio literario de <strong>Planeta</strong> durante <strong>las mejores dos décadas de la editorial que ahora cumple 70 años</strong>, y ayudó a esclarecer la historia y la memoria contemporánea del país con la colección <strong>Espejo de España</strong>. Después de publicar sus memorias en tres abundantes tomos, <strong>Rafael Borràs</strong> entrega ahora <strong><em>La subasta </em></strong>(<a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=4360" target="_blank">Berenice</a>). Su segunda <em>casi-novela</em> ofrece la oportunidad de reivindicar a través de su figura ese «oficio de caballeros» que desapareció <em>usurpado</em> por los gestores.</p>
<p>No se ofendan los muchos buenos editores de hoy. Si Borràs es «el último», siguiendo el titular de LEER, es porque representa una especie desaparecida de la que proceden los que en el presente, casi siempre desde un registro independiente, sostienen la dignidad del oficio. La especie de <strong>quienes conformaron para las grandes casas editoriales catálogos consistentes, sostenidos con criterios literarios e intelectuales sin descuidar la exigencia de beneficio </strong>del empresario de turno. Lo cual no es una quimera ni una ingenuidad: <strong>una industria cultural que prescinde de las ideas está apostando por su autodestrucción</strong>. El tiempo coloca nombres como el de Borràs en la trastienda donde trabajan historiadores y especialistas, pero él, al contrario que la mayoría de sus colegas, se ha empeñado en escribir. Sus citadas memorias son un registro insustituible de medio siglo de historia intelectual y editorial de España. Tras su primera incursión en la <em>casi-ficción</em>, <a href="https://www.edhasa.es/libros/1018/cuando-tu-ya-estes-muerto" target="_blank"><em>Cuando tú ya estés muerto</em></a> (Edhasa), <em>La subasta</em> es <strong>una divertida sátira del mundo editorial ambientada en la Feria del Libro de Frankfurt</strong>. <strong>Borja Martínez</strong> ha conversado con él sobre su libro, su oficio, sus colegas, y personajes controvertidos como <strong>Carmen Balcells</strong>, la todopoderosa Agente, muy presente en <em>La subasta</em> y en la vida profesional de Borràs. Además, <strong>David Escobar Laplana</strong>, autor de <a href="https://www.trea.es/books/una-coleccion-para-la-transicion-espejo-de-espana-de-la-editorial-planeta-1973-1978" target="_blank">una tesis doctoral y un libro</a> dedicados a Espejo de España, traza una certera semblanza de quien por encima de todo ha ambicionado «explicar la España contemporánea a un lector/ciudadano que solo había accedido a una historia tergiversada o a un relato lenitivo y truncado» de la misma.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/08/pdfportada294-e1567529868437.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8788" src="/wp-content/uploads/2019/08/pdfportada294-e1567529868437.jpg" alt="pdfportada294" width="1200" height="1608" /></a></p>
<p>Por irradiación aparecen otros editores en el último número de LEER. <strong>Max Lacruz</strong>, editor de <a href="http://www.funambulista.net" target="_blank">Funambulista</a>, hablando de su padre, el histórico <strong>Mario Lacruz</strong>, un hacedor de bibliotecas a la altura de Borràs; <strong>Paco Ignacio Taibo II</strong> explicando su particular revolución al frente de <strong>Fondo de Cultura Económica</strong>, el gigante editorial público mexicano; o <strong>Servando Rocha</strong> revelando los secretos de <a href="https://lafelguera.net" target="_blank"><strong>La Felguera</strong></a>, el más emblemático sello contracultural español de los últimos años. Incluso el artículo de <strong>Óscar Caballero</strong> dedicado a <strong>Georges Simenon</strong> en el trigésimo aniversario de su muerte podría tener una explicación borrasiana en tan borrasiano número de LEER. Ávido lector de la obra del belga, Borràs le cita oportunamente en el arranque de sus memorias: «Lo difícil, cuando uno intenta recordar, es separar lo importante de lo que no importa».</p>
<p>Siguen un esclarecimiento a través de los libros, de <strong>Vasari</strong> a <strong>Didi-Huberman</strong>, de los misterios de la obra de <strong>Fra Angelico</strong>, uno de los protagonistas del bicentenario de El Prado con una <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/fra-angelico-y-los-inicios-del-renacimiento-en/c8c45536-59a2-5e3a-9615-6daf8c3ef9e9" target="_blank">exposición antológica</a>; una reflexión de la obra crepuscular de los escritores partiendo del último libro de <strong>J. M. Coetzee</strong>, <em>La muerte de Jesús</em>; el análisis de <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-lira-de-las-masas/" target="_blank"><em>La lira de las masas</em></a>, el libro de <strong>Martín Rodríguez-Gaona</strong>, último Premio Málaga de Ensayo, que pincha la burbuja de la nueva poesía <em>poptardoadolescente</em>, pero que no deja de desnudar las vergüenzas del establecimiento poético precedente; entrevistas a <strong>Isabel Burdiel </strong>(<a href="https://www.megustaleer.com/libros/emilia-pardo-bazan-coleccion-espanoles-eminentes/MES-070325" target="_blank"><em>Emilia Pardo Bazán</em></a>), <strong>Socorro Venegas </strong>(<a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-memoria-donde-ardia/" target="_blank"><em>La memoria donde ardía</em></a>), <strong>Gregorio Morán</strong> (<a href="https://www.akal.com/libro/memoria-personal-de-cataluna_50831/" target="_blank"><em>Memoria personal de Cataluña</em></a>), <strong>Dolores Payás </strong>(<em>Solo sombras</em>), <strong>Leyre Khyal y Un Tío Blanco Hetero </strong>(<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-prohibir-la-manzana-y-encontrar-la-serpiente/292866" target="_blank"><em>Prohibir la manzana y encontrar la serpiente</em></a>) y <strong>Alejandro Baer</strong>; además de las secciones habituales y otros muchos contenidos, entre ellos uno de los nuevos relatos de <strong>Patricia Esteban Erlés</strong>, <em>De culos y manzanas</em>, incluidos en <em>Manderley en venta y otros cuentos</em> (Páginas de Espuma).</p>
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		<title>Manuel Vázquez Montalbán: «Soy un mestizo de lo popular y de lo culto»</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 12:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Márquez Reviriego]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Anna Sallés]]></category>
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		<description><![CDATA[En la habitación donde estamos veo un collage «estilo cochambre» del propio Luis, colgado en la pared (el colgado es el cuadro, no Luis, sentado con las piernas en postura de asana de yoga, fruto de sus años japoneses)… El joven matrimonio me agradece la amistosa reseña que publiqué tiempo atrás de Una educación sentimental, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="EstiloBORJA">En la habitación donde estamos veo un collage «estilo cochambre» del propio Luis, colgado en la pared (el colgado es el cuadro, no Luis, sentado con las piernas en postura de asana de yoga, fruto de sus años japoneses)… El joven matrimonio me agradece la amistosa reseña que publiqué tiempo atrás de <strong><i>Una educación sentimental</i></strong>, primer libro poético de Manolo, editado por <strong>José Batlló</strong> en El Bardo. El libro me había llegado, vía <strong>César Alonso de los Ríos</strong>, con esta dedicatoria: «A Víctor Márquez, desconocido amigo. Manolo. 10-IX-67».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">De Vázquez yo había leído antes otra obra: <strong><i>Informe sobre la información</i></strong>, editorial Fontanella, 1963, con prólogo de <strong>Antonio Jutglar</strong>.</span></p>
<p class="EstiloBORJA">La solapa editorial decía así: «Nació en Barcelona en donde ha residido casi siempre a excepción de un año pasado en Madrid y otro en Lérida. Graduado en Periodismo en 1960 por la Escuela Oficial de Periodismo, ejerció inmediatamente la profesión en diversos periódicos y revistas de Barcelona y Madrid, con carácter cotidiano en alguno de ellos hasta mayo de 1962. Actualmente reside en Barcelona donde realiza estudios de quinto curso de Filosofía y Letras y se dedica profesionalmente a trabajos editoriales. En el curso universitario 1959–60 fue Jefe Nacional de Propaganda del S.U.T. (Servicio Universitario del Trabajo). Es autor de obra narrativa y poética inédita y prepara un libro de ensayo sobre la poesía Cívica Española Actual».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">Todo es verdad. Si detallamos más, habrá que decir que la residencia en Lérida fue pagada por el mayúsculo Régimen llamado anterior, tras haber sido hospedado en la Modelo de Barcelona. Compartió cárcel con <strong>Salvador Clotas</strong>, futuro político socialista («Salvador tenía muy buen criterio literario. Yo escribía como un poseso, y luego él leía lo escrito y opinaba: fue mi crítico de cámara, un lujo digno de Luis II de Baviera».</span></p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">No me irás a decir que la cárcel fue tan divertida como un Erasmus.<br />
</span></i></b>Claro que no. Pero, años después, un pijo de Barcelona pasó algún tiempo preso por líos fiscales, y al salir dijo que había sido una experiencia «fantástica»… Pues no, pero sí te diré que casi aprendí allí más que en la Universidad. Eran dieciocho horas al día hablando de política, de literatura, de historia, de economía… Además de Salvador y yo estaban otros dos estudiantes, uno de Físicas y otro de Económicas… En la cárcel de Lérida escribí <i>Informe sobre la información</i>, que salió sin mi segundo apellido, para despistar; y también Jutglar, en el prólogo, añadía tras su nombre «del Instituto Católico de Estudios Sociales». Además, iba dedicado a una Godó… La experiencia carcelaria no fue tan fantástica como la del pijo defraudador, pero sí fue muy importante y muy instructiva.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y deja huellas en lo escrito por ti…<br />
</span></i></b>He escrito tanto que no se notará mucho (no es que uno sea Silvio Pellico, el de <i>Mis prisiones</i>, aunque estuve casi dos años). También escribí allí muchos poemas, yo soy un poeta, y esa presencia está en alguno. Como la de Ulises, aquel anarquista que había andado con Durruti por el Bajo Aragón. O en <a href="http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/movimientos-sin-exito/" target="_blank"><i>Movimientos sin éxito</i></a>, con un poema dedicado a Ángel Abad («Tal vez admitas que te ponen triste / cerrojos y ordenanzas, las dianas / de mañana levántate y el toque / leve del silencio al anochecer»).</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Para Abad fue también aquel artículo de fines de 1969 en ‘Triunfo’, que por obvios motivos salió sin su nombre.<br />
</span></i></b>Ángel estaba en la cárcel, y el trabajo se tituló «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=395&amp;imagen=27&amp;fecha=1969-12-27" target="_blank">1969. De la excepción a la amnistía</a>», porque el año empezó con la muerte de Enrique Ruano y el Estado de Excepción, aunque no remató en la amnistía… Aquel verano, César y tú conseguisteis meterme en la revista con la serie «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=380&amp;imagen=30&amp;fecha=1969-09-13" target="_blank">Crónica sentimental de España</a>».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hubo suerte.<br />
</span></i></b>Lo que hubo fue debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, algún obstáculo interno hubo que superar. Se dijo que la serie no valía por motivos de edad («José Ángel, ¿qué va a saber este chico que nunca estuvo en Riscal?»). En realidad los motivos eran territoriales, de ocupación de páginas. Tú eras un competidor; y ya lo habías sido antes, desde fuera, en ‘Siglo 20’, aquel estupendo semanario, con tus crónicas de política internacional. Pero José Ángel (Ezcurra, director y dueño de ‘Triunfo’) entendió nuestros argumentos y se dio cuenta de que tú valías mucho, aunque tuvieras pocos años y no hubieras comido paella en Riscal, aquella famosa terraza del ‘Madrid la nuit’.<br />
</span></i></b>El caso es que yo me sentía viejo, quizá por la persistencia de la memoria. Eso me llevaba a ser dueño de un pasado, que más que haberlo vivido conocía de oídas… Nunca mejor dicho, pues al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa… Los libros llegaron después, y fueron para mí como incorporar otra existencia más. Claro, llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad (como cantaba aquella copla). Tenía dentro de mí la memoria de mi madre y su paisaje de patios interiores de aquella calle Botella, y la de mi padre, que me conoció al salir de la cárcel, cuando yo con mis tres años jugaba en la escalera y no sabíamos ni él ni yo quién era el otro.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa y que llegarían después, incorporando otra existencia»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Y cómo conviven entre sí esas experiencias sumadas?<br />
</span></i></b>Con el mestizaje. En mí la cultura popular, tan presente en lo que escribo, no es una impostura, un añadido. Es algo natural, vivido. Soy un mestizo de lo popular y de lo culto. Contemporáneo de John Lennon, yo tenía a Conchita Piquer en mis raíces como una impronta de esa subcultura que a mis gentes le había sido tan necesaria. Como a otros haberse formado con Garcilaso o Shakespeare… Algo así le ocurría a Juan Marsé. O ahora a tu amigo Javier Pérez Andújar, que no necesita inventarse nada para escribir <i>Paseos con mi madre</i>.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">También eso se nota en tus poemas.<br />
</span></i></b>Mi poesía es inexplicable si no se tiene en cuenta el mestizaje cultural que asumo. De la cultura popular (llamada subcultura) y la cultura académica (la convencional, la <i>culta</i>), la que aprendí en los libros. Yo soy más de uno.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y eres muchos más con tus infinitos seudónimos, ¿o son heterónimos?<br />
</span></i></b>Que lo digan los preceptistas… No suele haber unidad en la persona. Uno es siempre muchos. Y están también las vidas posibles que no tuve y que pude haber tenido. A lo mejor están en esos como heterónimos (ninguno como los de Pessoa o los machadianos Juan de Mairena y Abel Martín), donde además hay algo mío vivo, porque la literatura se construye con materiales de derribo y no poco reciclaje, si es de verdad.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Materiales de derribo?<br />
</span></i></b>Al salir de la cárcel no encontraba trabajo. Cuando lo tuve fue en la revista <i>Hogares Modernos</i>. Allí usé por primera vez un seudónimo: Jack el decorador… Y algunas cosas publicadas en esa revista han pasado luego a poemas de <i>Una educación sentimental </i>o al <i>Manifiesto Subnormal</i>… No sé cómo los entenderían los lectores de una revista de decoración, pero yo sí que los sentía muy bien, porque estaban escritos para mí mismo: eran como el mensaje en la botella lanzado por el náufrago… Después surgió <i>Siglo 20 </i>y fui rescatado, pero el Ministerio del ramo (y de la estaca) liquidó la revista antes de aprobarse la Ley de Prensa. Por fortuna, nuestro <i>Triunfo </i>pudo seguir, y ahí estuvimos. En mi vida, como confesé en el póstumo programa de Epílogo, <i>Triunfo </i>está por encima de todo.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hombre, de tu familia no.<br />
</span></i></b>¡Claro! Quería decir en la escritura. Nuestro común amigo Rafael Borràs –al que tanto queremos y tanto le debemos– publicó en LEER (noviembre de 2013) una página titulada «Manolo», y cuenta esto que copiarás: «El peor arroz que mi mujer y yo hemos comido en nuestra vida –peor aún que los que sirven en Valencia, que ya es decir– lo tomamos en su casa del Empordà, un fin de semana. Manolo cocinaba, y nosotros dos asistíamos a la ceremonia, en la que él se ofrecía como espectáculo. Pero su mujer, Anna Sallés, y su hijo, Dani, un crío aún, habían salido en barco a navegar, y no volvían. Desde la cocina, donde se avistaba el mar, a Manolo, nervioso por la tardanza, se le pasó el arroz. Pero tanto Isabel como yo celebramos que por encima de sus pretendidas dotes para la gastronomía hubiese imperado su condición de esposo y padre, intranquilo por los suyos. Hoy más que nunca echamos en falta el optimismo de su voluntad, atenuado por el pesimismo de su inteligencia»… También en esa página dice Rafael que el seudónimo que mejor me cuadraba era el de Manolo V el Empecinado. Por mi capacidad de resistencia. Eso que ahora llaman resiliencia, creo. Es doctrina de nuestro querido doctor Negrín: «Resistir es vencer». Cela lo hizo suyo con «Aquí el que resiste, gana».</p>
<figure id="attachment_8692" style="width: 1200px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8692" src="/wp-content/uploads/2019/04/VazquezMontalban-e1555930490124.jpg" alt="Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER. " width="1200" height="1620" /><figcaption class="wp-caption-text">Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER.</figcaption></figure>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Como don Juan Negrín amplió estudios en Alemania, lo tomaría de Nietzsche de ‘El crepúsculo de los ídolos’: «Lo que no me mata me hace más fuerte».<br />
</span></i></b>Lo hago mío.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Yo no lo aprendí de Nietzsche. En mi pueblo huelvano de Castillejos se decía en aquellos años del hambre: «Lo que no mata, engorda». Y puedo asegurarte que allí, entonces, no éramos habituales lectores de Nietzsche… Y ¿qué más escribe Borràs?<br />
</span></i></b>Esto: «Manolo, pese a los muchos palos recibidos y a la dureza de las condiciones con que tuvo que enfrentarse para no quedar anegado en el lumpen, no guardó ningún resentimiento, que a veces puede esterilizar los mejores esfuerzos: era no sólo un hombre bueno sino bondadoso…».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Eso es muy verdad, y soy testigo de mayor cuantía. Miraste para otro lado ante faenas, y sé de lo mucho que ayudaste a otros, y de tu generosidad, como cuando perdonaste los atrasos de ‘La Calle’, el semanario comunista, al ganar el Planeta. Y recuerdo tus llamadas insistentes para que publicara cosas de gente recomendadas por ti. O como cuando, en 1971, hablaste con Rosa Regàs para que sacara en Edhasa ‘El infierno y la brisa’, aquella novela de José María Vaz de Soto. O cuando recomendaste muy secretamente a Manuel Campo Vidal para que cubriera la corresponsalía en Barcelona, tras irte tú con César a ‘La Calle’.<br />
</span></i></b>Otro debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Resuelto muy bien. Ezcurra entendió mi argumento a favor del segundo Manolo, Campo Vidal, cuando dije del primer Manolo, o sea, tú: «Se le puede suceder, pero no se le puede sustituir». Y así era: ¿cómo igualar La Capilla Sixtina?… A propósito: ¿cómo surgió?<br />
</span></i></b>Más o menos remotamente me inspiré en aquella columna de Art Buchwald.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Esa sección la publicaba ‘The Washington Post’ y una agencia la distribuía en España. Ya traducida, pero en un lenguaje extraño, que yo llamaba caribeño. Así que en ‘Triunfo’ había que reescribirla. Solía hacerlo Jesús García de Dueñas, y cuando yo entré de novato en 1965 me la encasquetaron a mí. ¿Cómo nacían tus seudónimos?<br />
</span></i></b>En muchos casos por una primera exigencia editorial de no repetir la firma, que es algo feo. O sea, que te sirven. Pero, luego, en no pocos casos, los seudónimos, además de servirte, también te mandan. Sobre todo los que como Sixto Cámara pronto adquieren una personalidad propia. Lo cual, a su vez, me llevó a la necesidad de crear a Encarna. Digamos la vieja izquierda de don Sixto, como un progresista decimonónico, y la izquierda naciente, menos racional y más vital, más suelta… Eso me vino muy bien. Yo mismo podía ser de una forma y de otra… En fin, como dijo Salvador Pániker del detective Carvalho, que con él me había ahorrado psicoanalizarme.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Fue así?<br />
</span></i></b>Pues no lo sé. Pero si de niño has tenido que comer lentejas con bicho, supongo que de mayor no necesitarás psicoanalizarte. Además, en lo que dura eso me escribía un Carvalho.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad. Llevaba dentro de mí la memoria de mis padres»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿No escribiste demasiado?<br />
</span></i></b>El amigo Gregorio Morán, que me quería tanto y me veía como a un hermano mayor, escribió en una sabatina póstuma que alguno de mis últimos libros eran demasiado esclavos de las prisas editoriales… Y a ti te dije una vez que también Balzac –con perdón– era esclavo de esos compromisos y producía a golpes de café. No sé… Sí sé que tenía que escribir, y no sólo por el dinero, aunque éste pudo ser una forma de venganza sobre la historia.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">En la medida en que el nomenclátor callejero sea también una especie de desquite histórico, quiero que sepas que en la actual Comunidad de Madrid tienes dos calles, una en el mismo Madrid y otra en Rivas. Y sin dejar el centro peninsular otra en Illescas, Toledo. Además, de nuevo en la capital, hay una bien nutrida biblioteca pública que lleva tu nombre… Por cierto, lo puso un alcalde de derechas, que rebautizó otra como Saramago y antes, en jerarquía presidencial, una como Rafael Alberti. La izquierda suele ser más sectaria.<br />
</span></i></b>A veces no le queda otra cosa.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, tú de dinero no saliste mal (tu trabajo te costó, claro).<br />
</span></i></b>Sí, con esto del mestizaje me veo como el cruce de un proletario de los años 40 y un pequeño burgués consumista de los 70.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Por algo inventaste aquello de la «holandesa catalana».<br />
</span></i></b>Eso no lo recuerdo…</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Sí, hombre, como en la revista pagaban por folio, tú los escribías con unos márgenes tan anchos que aquello parecía verso en vez de prosa. El gerente –nuestro estupendo Aramburu– llamó la atención y tú respondiste: «Es que así es la holandesa catalana»… Y por eso de nuestro filocatalanismo se acabó la discusión.<br />
</span></i></b>Ahora sí que caigo… Defender el dinero de nuestro trabajo es defender la dignidad de nuestro trabajo y del trabajo de todos. Acuérdate de aquello de Quiñones.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">El que no recuerda ahora soy yo… ¿Qué Quiñones? ¿Aquel dirigente del partido que tan mal acabó?<br />
</span></i></b>No, él no (aparte de que acabar mal siendo dirigente comunista es como una redundancia histórica), sino nuestro amigo Fernando Quiñones, el escritor gaditano. Fue cuando quedó finalista por segunda vez en el Planeta con <i>La canción del pirata</i>… Después del fallo, aquella noche, os llevé a ti y a él a tomar una copa fuera de los habituales jaleos del Hotel Princesa Sofía… Quiñones estaba tan feliz que yo le dije: «Fernando, como Lara te vea tan contento con quedarte finalista no vas a ganar nunca el premio».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Es verdad, es verdad… Es que Fernando aquel año andaba «tieso», como él decía. Se había pasado un tiempo en los archivos gaditanos para documentarse… Y sí, nunca ganó el Planeta. Una pena, con lo bien que escribía. En su primera novela finalista, ‘Las mil noches de Hortensia Romero’, la prostituta legionaria, Fernando logra la hazaña de que el andaluz prosódico pasado a ortográfico suene bien y no resulte estomagante como sucede siempre… Esa primera vez fue en 1979, cuando ganaste tú el premio con ‘Los mares del Sur’, donde Carvalho investiga el asesinato del millonario Stuart Pedrell. Una novela triste en el fondo.<br />
</span></i></b>Como la vida misma, que dicen los sabios. Aunque nos atraiga tanto. Ahí están los versos de Jaime Gil de Biedma, que alguna vez te recordé: «…Pero también / la vida nos sujeta porque precisamente / no es como la esperábamos».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y, para terminar, ¿qué cabe esperar de esta vida española tan liada, tan liosa, tan liante?<br />
</span></i></b>Pues que con el tiempo no habrá supremacismos, porque todos seremos mestizos. Y también mestizos de sangre, no sólo culturales. Ni siquiera los alienígenas lo serán, porque ya se habrán mezclado con nosotros.</p>
<p class="EstiloBORJA" style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, invierno 2019</p>
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		<title>Algunos buenos libros (ii)</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 13:46:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Subido a un chorro de magma profético, el hálito de risa y oro del perro de fuego nietzscheano, Alejandro Martín Navarro honra a Jorge Manrique con su último poemario, galardonado con el Premio Internacional de Poesía que lleva el nombre del poeta de las Coplas, organizado por la Diputación de Palencia y el Ayuntamiento de Paredes [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Subido a un chorro de magma profético, el hálito de risa y oro del perro de fuego nietzscheano, <strong>Alejandro Martín Navarro</strong> honra a Jorge Manrique con <a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/" target="_blank">su último poemario</a>, galardonado con el Premio Internacional de Poesía que lleva el nombre del poeta de las <em>Coplas</em>, organizado por la Diputación de Palencia y el Ayuntamiento de Paredes de la Nava y publicado por <strong>Cálamo</strong>. Nos subimos a la experiencia, y <strong>empezamos con un amor fundido con la naturaleza y la eternidad, como arena que se arrastra en el regazo del cosmos.</strong> Siguen versos de sublimación, claros, de lirismo embridado y equilibrado, con los que el poeta vuelve al hogar y a los padres, recreándose en los atisbos cotidianos de la naturaleza, en el recuerdo de los caminos agrietados por los que discurren los veranos de la infancia, de los juegos y el amor entre olivos que sostienen el tiempo y la memoria «para que no se hundan sin remedio / en la tierra baldía». Martín Navarro escribe siempre en presencia de la «turbia materia» que está ahí fuera y en nosotros a la vez, en el origen y el final, consciente de, y animado por, el deseo estéril de vivir. Poesía que estimula, que despierta. Que dialoga con nuestros sentimientos en lugar de acompañarnos tontamente como la autoayuda versificada que vende miles. <strong>Poesía esencial para limpiarnos del tráfago. Porque «apenas tienes tiempo. Date prisa».</strong></span></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8375" src="/wp-content/uploads/2019/02/978841674214-e1549022363268.jpg" alt="Cub_Eloro_PoesÌa" width="300" height="450" /></a><strong><em><a href="http://www.edicionescalamo.es/libro/el-oro-y-la-risa/" target="_blank">EL ORO Y LA RISA<br />
</a></em></strong><strong>Alejandro Martín Navarro<br />
</strong>Cálamo</p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;">La <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Game_Boy_Pocket" target="_blank">Game Boy</a> del título de este libro, primero de <strong>Caballo de Troya</strong> 2019 con <strong>Luna Miguel</strong> y <strong>Antonio J. Rodríguez</strong> como editores invitados, es el regalo que a modo de premio y calmante adicional recibió <a href="https://twitter.com/victorparkas?lang=es" target="_blank"><strong>Víctor Parkas</strong></a> (Sant Boi de Llobregat, 1990) el día de su operación de fimosis. Al salir del hospital, todavía bajo la euforia de la anestesia, el pequeño Víctor, 7 añitos, ignoró la recomendación de pasar antes por la farmacia e impuso a sus padres la visita inmediata al centro comercial para cobrarse el regalo. Para cuando llegaban a la tienda ya se retorcía de dolor, y entre lágrimas eligió el color de la consola y el juego que deseaba. Retrospectivamente, para Parkas aquello no fue el simple esperpento provocado por el ruidoso capricho de un niño. Aquel día le dieron «las claves de lo que era ser un hombre». Aprendió «cómo la testosterona puede imponerse a la sensatez. Interioricé que, de ahora en adelante, el mundo iba a brindárseme así: en forma de escaparate, del que yo sólo tenía que señalar aquello que quería y esperar a que me lo bajaran». Todos los artículos y relatos del libro están oportunamente enhebrados por<strong> esa certeza maldita, una culpabilidad militante asociada a la convicción de que la naturaleza del hombre heterosexual, blanco que no «transita» está marcada por el privilegio y el deseo de humillación.</strong> Todos los hombres son iguales. «Yo no soy distinto a un violador. Yo no soy distinto a un maltratador. Yo no soy distinto a un proxeneta». Si el novísimo feminismo es la última tribu urbana, dice Parkas citando a <strong>Ernesto Castro</strong>, la nueva actitud del hombre sólo puede ser el reconocimiento de una condición tan fatal como el pecado original. Esta negación del libre albedrío nos prevenía y disuadía antes de tomar el libro por sus bonitas tapas rosas. Pero Víctor Parkas escribe muy bien, y su propuesta se sobrepone a las imposiciones de su pensamiento. Como él, o su personaje, cuando se folla a la diputada festivalera de derechas en un terraplén del <strong>Primavera Sound</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/game-boy-caballo-de-troya-2019-1/MES-058352"><img class="aligncenter size-full wp-image-8377" src="/wp-content/uploads/2019/02/ECT17048-e1549024115948.jpg" alt="ECT17048" width="300" height="462" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><b><i><a href="https://www.megustaleer.com/libros/game-boy-caballo-de-troya-2019-1/MES-058352" target="_blank">GAME BOY</a><br />
</i>Víctor Parkas<i><br />
</i></b>Caballo de Troya</p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;">A falta de Nobel de Literatura, la Nueva Academia impulsada por la periodista greco sueca <a href="https://twitter.com/pascalidou" target="_blank"><strong>Alexandra Pascalidou</strong></a> reconocía en octubre a la escritora guadalupeña <strong>Maryse Condé</strong> (1937) con un premio de nuevo cuño que enseguida ha sido bautizado como Nobel alternativo. Así figura en la faja con que <strong>Impedimenta</strong> nos trae el primero de los títulos que editará de la autora antillana. <a href="http://impedimenta.es/libros.php/corazon-que-rie-corazon-que" target="_blank"><em>Corazón que ríe, corazón que llora</em></a> aparece en España veinte años después de su publicación en Francia, y es la «mejor puerta de entrada al universo condeano» a juicio de <strong>Martha Asunción Alonso</strong>. La poeta española, premio Adonáis, Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández, entre otros, se doctoró en Filología Francesa con una tesis sobre la obra de Maryse Condé. Es, pues, la introductora y traductora ideal de esta veterana autora. <em>Corazón que ríe, corazón que llora</em> es una colección de cuentos que miran a su niñez antillana desde su mismo nacimiento como la menor de los ocho hijos de una familia de la floreciente burguesía de Pointe-à-Pitre. Las lagunas de la memoria se compensan con una imaginación expresada con <strong>un lenguaje exuberante, preñado de oralidad y de criollismos con que Condé pellizca cariñosamente el idioma metropolitano</strong>, y que Alonso sirve al lector con esmero y alguna nota explicativa. Anuncia Impedimenta que próximamente publicará <em>Desirada</em> (1997), reescritura en clave caribeña de <em>Cumbres borrascosas</em>. Una de tantas novelas de Condé marcadas por el estigma de la esclavitud, del colonialismo, plagadas todas de «mujeres-junco» –que como diría el <strong>Dúo Dinámico</strong> se doblan pero siempre siguen en pie–, término acuñado en esta ocasión por el poeta <strong>Daniel Maximin</strong> para definir los personajes femeninos de Condé y que se ajusta también a su apasionante vida entre Guadalupe, Francia, África y Estados Unidos.</span></p>
<p><a href="http://impedimenta.es/libros.php/corazon-que-rie-corazon-que"><img class="aligncenter size-full wp-image-8385" src="/wp-content/uploads/2019/02/9788417115999_CORAZON-QUE-RIE_CONDE_RGB_900-e1549025032441.jpg" alt="9788417115999_CORAZON QUE RIE_CONDE_RGB_900" width="300" height="461" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>CORAZÓN QUE RÍE, CORAZÓN QUE LLORA</strong></em><br />
<strong>Maryse Condé</strong><br />
Impedimenta</p>
<p> </p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Las dictaduras duraderas no se sostienen en el aire</strong>, aunque cuando finalmente caen pareciera que así hubiera sido. Operaron la fuerza, la coerción, el asentimiento pasivo y la cooperación. Depuración de responsabilidades aparte, después se firmará el correspondiente pacto de silencio, estrategia que periódicamente activan las sociedades para seguir adelante. Un día el escritor y artista húngaro <strong>András Forgách</strong> supo que había aparecido un expediente. En él había información abundante sobre las actividades de su adorada madre como espía del régimen húngaro. Había proporcionado información de sus propios hijos. A partir de aquello Forgách ha armado <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-expediente-de-mi-madre/9788433980205/PN_993" target="_blank"><em>El expediente de mi madre</em></a>, una novela de gran éxito en su país, vendida a catorce países y que ahora publica en España Anagrama. <strong>El éxito de libros como este demuestra que el silencio no dura para siempre.</strong> Aquí tenemos el <a href="http://www.funambulista.net/2018/entre-hienas/" target="_blank"><em>Entre hienas</em></a> de <strong>Loreto Urraca Luque</strong>. Cuando en 2008 un artículo de prensa desveló la verdadera identidad de su abuelo, <strong>Pedro Urraca Rendueles</strong>, policía franquista encargado de perseguir en Francia a republicanos notables durante la ocupación nazi, la nieta se impuso la tarea de liberarse del lastre impuesto por aquel apellido. Urraca Rendueles llegó a ser condenado a muerte en Francia en 1948, denunciado por la pintora judía <strong>Antoinette Sachs</strong>. Animada por la necesidad de «reparar tanto daño, de restablecer la dignidad de tantas personas a quienes les habían arruinado la vida». Loreto Urraca <a href="http://www.pedrourraca.info" target="_blank">creó una web</a> donde recopiló los nombres y la documentación de algunos de los perseguidos por su abuelo. Y en «un acto atormentado, un viaje interior» recorriendo la memoria de Pedro Urraca para «restablecer la dignidad» de sus víctimas, ha escrito <em>Entre hienas</em>, un libro importante y conmovedor que además apunta aspectos poco conocidos de la colaboración entre el franquismo y el régimen nazi durante la Ocupación.</span></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/Diseño-sin-título-2.png"><img class="aligncenter size-full wp-image-8401" src="/wp-content/uploads/2019/02/Diseño-sin-título-2.png" alt="Diseño sin título-2" width="647" height="456" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/panorama-de-narrativas/el-expediente-de-mi-madre/9788433980205/PN_993" target="_blank"><em><strong>EL EXPEDIENTE DE MI MADRE</strong></em></a><br />
<strong>András Forgách</strong><br />
Anagrama</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.funambulista.net/2018/entre-hienas/" target="_blank"><em><strong>ENTRE HIENAS</strong></em></a><br />
<strong>Loreto Urraca Luque</strong><br />
Funambulista</p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><span style="text-align: left;">Recientemente, </span><strong style="text-align: left;">Enrique Moradiellos</strong><span style="text-align: left;"> explicaba a LEER que en su época de estudiante de Historia, después de tener en España una formación muy estructural, descubrió en Gran Bretaña, mientras preparaba su tesis sobre la política de no intervención, «la fuerza de la biografía histórica, esa hija espuria de la novela y un poco hijastra de la historiografía» pero con una capacidad insustituible para comprender los fenómenos históricos a través de la vida de un individuo. Si Moradiellos pasó de </span><strong style="text-align: left;">Negrín</strong><span style="text-align: left;"> a </span><strong style="text-align: left;">Franco</strong><span style="text-align: left;">, de quien a finales del año pasado publicaba </span><a style="text-align: left;" href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">una excelente síntesis</a><span style="text-align: left;">, </span><strong style="text-align: left;">Geoffrey Parker</strong><span style="text-align: left;"> ha transitado de </span><strong style="text-align: left;">Felipe II</strong><span style="text-align: left;">, </span><a style="text-align: left;" href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-rey-imprudente/254331" target="_blank">desmontando el mito del rey prudente</a><span style="text-align: left;">, a su padre, el emperador </span><strong style="text-align: left;">Carlos V</strong><span style="text-align: left;">. Un libro monumental, frisando las 1.000 páginas, casi 300 de fuentes, notas y bibliografía. Parker es sabedor, con <strong>Freud</strong>, de que la verdad biográfica no existe. En el caso de Carlos V, personaje esquivo, empeñado en ser lo que quería parecer, es aún más complicado, teniendo además en cuenta la vastedad de la documentación existente en torno a un personaje tan importante, que firmó más de 100.000 documentos en seis idiomas, y cuyas cartas en francés o español abarcan miles de folios desperdigados por toda Europa. «¿Cómo puede un plebeyo de Nottingham entender el mundo de un emperador guerrero de hace cinco siglos?», se pregunta Parker con encantadora sorna británica. «¿Necesita verdaderamente el mundo otro libro sobre él?». Nuestro autor, valiente, cree que sí, y </span><strong style="text-align: left;">se ha propuesto escribir la biografía más completa y exhaustiva hasta la fecha con la información disponible</strong><span style="text-align: left;">, con el propósito de «arrojar luz sobre tres asuntos clave»: cómo tomó Carlos sus decisiones; si sus errores y fracasos se debieron a sus limitaciones personales o las carencias estructurales de su imperio, y cómo era el mundo que rodeaba al emperador. </span></p>
<p><a href="https://www.planetadelibros.com/autor/geoffrey-parker/000019843"><img class="aligncenter size-full wp-image-8403" src="/wp-content/uploads/2019/02/portada_carlos-v_geoffrey-parker_201811261034-e1549026746626.jpg" alt="portada_carlos-v_geoffrey-parker_201811261034" width="300" height="416" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>CARLOS V</strong></em><br />
<strong>Geoffrey Parker</strong><br />
Planeta</p>
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		<title>Escribir la naturaleza</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Feb 2017 16:11:22 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Llevo ya un rato sentado en este tronco muerto, con las botas semihundidas en el barro y la mirada pendiente de un brillo diminuto y opaco en la orilla opuesta del embalse. A simple vista es apenas una mota en la sombra invernal del bosque. Acerco un ojo al ocular de mi telescopio y observo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Llevo ya un rato sentado en este tronco muerto, con las botas semihundidas en el barro y la mirada pendiente de un brillo diminuto y opaco en la orilla opuesta del embalse. A simple vista es apenas una mota en la sombra invernal del bosque. Acerco un ojo al ocular de mi telescopio y observo su pecho blanco, el antifaz oscuro de su rostro, sus garras casi azuladas, su mirada amarilla y tensa. Es un águila pescadora. También ella alterna la atención por algún detalle con la contemplación del paisaje como un todo: lo presiento en sus gestos. Juego a interpretarlos. Aspiro en particular a anticiparme al instante en que el destello de una trucha active de manera definitiva su instinto y le haga abandonar su atalaya para pescar ante mí. <strong>Quiero describirlo. Pero no en términos científicos, ni didácticos, sino literarios</strong>. Quiero explorar ese momento a través de su mirada y la mía, de mi intención y la suya, de la equidistancia entre nuestros apetitos. También a través de esta hora en este lugar. La brisa acaricia cada poco el ancho espejo de agua que nos separa. La superficie vibra como una página a punto de ser pasada. Mientras aguardo, repaso otras páginas. Las que me han traído hasta aquí.</p>
<p>En la sección de mi biblioteca dedicada a ese tipo de obras se alinean <strong>biografías, memorias, ensayos, manifiestos, poemarios, relatos de viajes, novelas, diarios, textos epistolares y de divulgación científica y hasta libros de humor</strong>. Aunque no mezclados. Desde hace tiempo reservo los dos estantes superiores a lo que los anglosajones denominan <em>Nature Writing</em>, un género aún tan por asentar en España que se deben de contar con los dedos las librerías que le destinan un anaquel propio. ¿Qué etiqueta le iban a poner? Ahí va una idea: <strong>Literatura de naturaleza</strong>. Es mucho mejor que disgregar estas obras por el local, o ponerlas junto a los textos de <em>Historia Natural</em>. Claro que, <strong>¿cómo identificar el género? Muy sencillo: es el que responde la llamada de la naturaleza con auténtica literatura</strong>.</p>
<p>Allá al norte se ha definido el <em>Nature Writing</em> como una prosa ajena a la ficción y nutrida tanto por información científica y descripciones del mundo natural como por reflexiones personales e incluso autobiográficas, que aspira a vincular emocionalmente al lector con los paisajes y ecosistemas que trata, incidiendo además en la necesidad de su conservación. Me ceñiré hoy a este criterio. Tanto como a la observación del águila.</p>
<blockquote><p>La Literatura de naturaleza aspira a vincular emocionalmente al lector con los paisajes y ecosistemas que trata incidiendo en la necesidad de su conservación</p></blockquote>
<p>Se rasca bajo un ala y se permite luego un estremecimiento de gustirrinín. Casi como yo cuando por fin tuve en mis manos hace dos años la cuidada primera edición en castellano de <strong><em>La historia natural de Selborne</em></strong>, obra fundacional del reverendo <strong>Gilbert White</strong>. Publicada por <a href="http://www.librosdeljata.com/">Libros del Jata</a>, llegaba con 227 años de retraso. Y con una sorpresa inesperada en sus primeras páginas. Su editor, <strong>Ismael Revilla</strong>, nos regalaba a los lectores castellanos una amena introducción a esas cartas en las que White compartió con dos amigos su curiosidad por la naturaleza de la campiña que rodeaba su hogar.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-6663" src="/wp-content/uploads/2017/02/andrea-wulf.jpg" alt="andrea wulf" width="345" height="551" />Vino poco después <strong>Humboldt</strong>, como nos acaba de recordar <strong>Andrea Wulf</strong> en <a href="http://www.megustaleer.com/libro/la-invencion-de-la-naturaleza/ES0147005"><strong><em>La invención de la naturaleza </em></strong></a>(<strong>Taurus</strong>), la extensa, magnífica y muy entretenida biografía que le ha dedicado. Sin Humboldt (lean el capítulo 19) no habría existido Thoreau. Es decir, que sin la inspiración de la obra de Alexander, Henry David no habría abandonado el confort de su hogar para pasar dos años, dos meses y dos días en una cabaña minúscula junto a un estanque que se helaba en invierno. Bueno, sin Humboldt, y sin la escuela trascendentalista que, con <strong>Ralph Waldo Emerson</strong> a la cabeza y en la estela de <strong>Kant</strong>, proponía una exploración de la naturaleza que trascendiera lo empírico. <strong>¿No es esta suficiente razón para alejarse hacia lo salvaje, y buscar?</strong></p>
<p>El relato de las vivencias de <strong>Thoreau</strong> junto a aquel estanque de Massachusetts es uno de los libros de no ficción más leídos en su país. Y se considera, bien es sabido, la piedra angular de este tipo de literatura. Hasta el punto de que a<strong>lgunos críticos bromean con que toda obra del género debe incluir al menos una cita de <em>Walden</em></strong>. Hay un puñado de ediciones en castellano. También varias traducciones de otras obras suyas.</p>
<p>Parto un trozo de rama seca de este mismo tronco y lo arrojo al agua. Flota sin alejarse ni acercarse, dibujando con pereza círculos concéntricos. ¿Lo habrá advertido el águila desde su atalaya distante? Ella no tiene telescopio, pero sí una vista mucho mejor que la mía. Vuelvo a pegar mi ojo al ocular. Su indiferencia por esta orilla es absoluta. ¿Qué le interesa? ¿Cómo percibe cuanto yo interpreto como un paisaje hermoso?</p>
<p>¿Por qué lo interpreto yo así, y no de otra manera? Si su lugar lo ocupase un especulador inmobiliario, por ejemplo, mi mirada sería otra. De hecho, ya lo es, por haber reparado en esa posibilidad. <strong>No existe espacio natural, por mucho que lo proteja la ley, ajeno a la amenaza</strong> de la rapacidad de algunos de esos individuos, o a sus consecuencias indirectas.</p>
<h5><strong>Después de Thoreau </strong></h5>
<p>Aunque la primera obra de impacto acerca de las consecuencias de la destrucción de la biodiversidad se la debemos al norteamericano <strong>George Perkins Marsh</strong>, también inspirado por sus lecturas de Humboldt, es el escocés <strong>John Muir</strong> quien termina por convertir la Literatura de naturaleza en un arma cargada de futuro. Siendo aún muy joven tuvo que cambiar su Dunbar natal, en la costa del Mar del Norte, por los Estados Unidos. Su destino final fue California. Más en concreto, las sierras del interior de ese estado.</p>
<p>Sus populares artículos en prensa primero, y después los enardecidos libros que les dedicó, cimentaron en aquella nación aún joven la convicción de que ese patrimonio común que son los espacios naturales debía ser protegido. El modelo de Parques Nacionales (descrito por <strong>Wallace Stegner</strong> como “la mejor idea de América”) fue después emulado por el resto de naciones. También la Literatura de naturaleza comenzaba a consolidarse.</p>
<figure id="attachment_6664" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-6664 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/02/perkinsmuir-1024x768.png" alt="perkinsmuir" width="690" height="518" /><figcaption class="wp-caption-text">George Perkins Marsh y John Muir, pioneros de la escritura de naturaleza.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p>Se publicaban cada vez más guías de fauna y flora, y de rutas, mientras proliferaban las asociaciones de excursionistas y de conservación del patrimonio natural. Al mismo tiempo que <strong>Willa Cather</strong> o <strong>Henry Beston</strong> tomaban el relevo en Estados Unidos, el género brotaba también en Rusia de la mano de <strong>Vladimir Arséniev</strong> y su <em><strong>Dersu Uzala</strong> </em>(<strong>Grijalbo</strong>) o en las memorias argentinas de <strong>W. H. Hudson</strong>. Hasta la década de los 70 del siglo pasado se escribieron algunas de las obras que hoy se consideran canónicas, como <strong><em>La primavera silenciosa</em> </strong>de Rachel Carson (Crítica) o algunos textos de Aldo Leopold.</p>
<p>Ha visto algo. Mira bajo sí con curiosidad. Busco qué puede ser. Dos nutrias. Aparecen y desaparecen bajo la superficie del embalse. Juegan a perseguirse mientras avanzan hacia el bosque. Una vez en la orilla, zarandean sus largos cuerpos para sacudirse el agua y se internan en la espesura con un trote que provoca mi sonrisa.</p>
<h5 style="text-align: left;"><strong>El género en España</strong></h5>
<p>En nuestro país, a pesar del inicial empuje de esa nueva actitud hacia los paisajes de la mano de la <strong>Generación del 98</strong> primero, y de la <strong>Institución Libre de Enseñanza</strong> después, los largos años de la dictadura franquista coincidieron con una indiferencia general por la naturaleza viva que contrastaba con lo que sucedía afuera. Sólo al final de ese período, y en coincidencia con el éxito de los documentales de <a href="http://www.rtve.es/television/30-anos-sin-felix/"><strong>Félix Rodríguez de la Fuente</strong></a> en <a href="http://www.rtve.es/"><strong>TVE</strong></a>, comienza a activarse el interés social por el resto de criaturas y sus hábitats, así como la creciente preocupación por su conservación. Numerosas editoriales ponen entonces en el mercado textos divulgativos para mayores y niños, guías de identificación, enciclopedias o álbumes de fotografía, la mayoría fruto de traducciones, a la vez que se fundan infinidad de entidades ecologistas y empiezan a cobrar fuerza las ya existentes.</p>
<blockquote><p>Tras el norteamericano George Perkins Marsh, es el escocés John Muir quien termina por convertir la Literatura de naturaleza en un arma cargada de futuro</p></blockquote>
<p>En 2008 la revista literaria británica <a href="https://granta.com/issues/granta-102-the-new-nature-writing/" target="_blank"><strong><em>Granta</em></strong></a> publicó un número especial dedicado a lo que denominó <em>New NatureWriting</em>: la revitalización del género a través de la obra de diversos autores jóvenes tanto británicos como norteamericanos. Aquel mismo año comenzaba a publicar en Valencia <strong>Tundra Ediciones</strong>, una iniciativa de <strong>Víctor J. Hernández</strong>. Desde entonces ha editado 81 títulos de Historia Natural, entre ellos varios de Literatura de naturaleza, sobre todo de autores españoles. Destacan en su catálogo obras como la fascinante <a href="http://www.tundraediciones.es/index.php?option=com_virtuemart&amp;view=productdetails&amp;virtuemart_product_id=89&amp;virtuemart_category_id=25&amp;lang=es"><strong><em>Los bosques que llevo dentro</em></strong></a>, de<strong> Juan Goñi</strong>, un retrato muy personal de los bosques de Navarra, <a href="http://tundraediciones.es/index.php?option=com_virtuemart&amp;view=category&amp;virtuemart_category_id=25&amp;virtuemart_manufacturer_id=143&amp;categorylayout=0&amp;showcategory=0&amp;showproducts=1&amp;productsublayout=0&amp;latest=0&amp;topten=0&amp;recent=0&amp;Itemid=148&amp;lang=es"><strong><em>Caminaturando</em></strong></a>, de <strong>Juan Rodríguez Laguía</strong>, o <strong><em>La sonata del bosque</em></strong>, del prolífico <strong>Joaquín Araújo</strong>, sin duda el autor y comunicador de referencia en cuanto a publicaciones de carácter medioambiental en nuestro país. Este mismo invierno ha salido además <strong><em>Encuentros con lobos</em></strong>, colección de vivencias personales de campo de 38 naturalistas e investigadores. También <a href="http://tundraediciones.es/index.php?option=com_virtuemart&amp;view=productdetails&amp;virtuemart_product_id=133&amp;virtuemart_category_id=25&amp;lang=es"><strong><em>Guiri pajarero suelto</em></strong></a>, memorias del ornitólogo británico <strong>Andy Paterson</strong>, afincado en Málaga desde hace décadas. Yo mismo he publicado en Tundra tres obras, pero hoy sólo deseo hablar de las de los amigos.</p>
<p>La tradición literaria española era hasta poco antes escasa en textos que se puedan asignar al género que nos ocupa. Estaban por ejemplo las memorias de <strong>José Antonio Valverde</strong> (Editorial Quercus) y su formidable <strong><em>Los lobos de Morla</em></strong>, firmado al alimón con <strong>Salvador Teruelo</strong> (Al-Andalus Ediciones). También <strong><em>De la sierra al llano</em></strong>, de <strong>Jesús Garzón</strong>, y diversos textos de <strong>Miguel Delibes</strong>, <strong>José María Castroviejo,</strong> <strong>Eugenio Morales Agacino</strong>, Rodríguez de la Fuente, el mencionado Araújo…</p>
<p>Tampoco eran demasiadas, por otro lado, las traducciones al castellano de obras consideradas ya entonces clásicos absolutos. Gracias a <strong>Alianza Editorial</strong>, por ejemplo, descubrimos aquí <a href="http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=2559208&amp;id_col=100521" target="_blank"><strong><em>Mi familia y otros animales</em></strong></a> y el resto de la obra de <strong>Gerald Durrell</strong>. <em>Sueños Árticos,</em> de <strong>Barry Lopez</strong>, vio la luz en <strong>Planeta</strong> primero y en <strong>Península</strong> después. A <strong>Siruela</strong> debemos varias ediciones de <a href="http://www.siruela.com/novedades.php?id_libro=2815" target="_blank"><em>El leopardo de las nieves</em></a> de <strong>Peter Matthiessen</strong>, otra joya.</p>
<p>Por suerte, con el cambio de siglo las cosas empezaron a cambiar. Y muy rápido. La lista de autores ibéricos comenzaba a crecer según muchos naturalistas veteranos consideraban llegado el momento de compartir sus experiencias. Es el caso de <strong>Ramón Folch i Guillèn, Martí Boada</strong>, <strong>Ramón Grande del Brío</strong>,<strong> Joan Mayol</strong> o <strong>Pancho Purro </strong>y con su amena <a href="https://www.edilesa.es/producto/el-leopardo-del-atlas-salsero-y-otras-andanzas/"><strong><em>El leopardo del Atlas</em></strong> </a>(Edilesa), entre otros.</p>
<p> </p>
<h5><strong>Novedades clásicas</strong></h5>
<p>Desde afuera, además de Gilbert White, otros autores han llegado estos últimos años a poblar ese espacio hasta ahora en exceso despejado de nuestras librerías. De hecho, son de repente tantas las novedades que resulta imposible relacionarlas todas. Algunas, eso sí, son imprescindibles. Es el caso de <a href="http://tundraediciones.es/index.php?option=com_virtuemart&amp;view=productdetails&amp;virtuemart_product_id=97&amp;virtuemart_category_id=25&amp;lang=es"><em>Los lobos también lloran</em></a>, de <strong>Farley Mowat</strong> (Tundra), relato de la experiencia del autor observando lobos en Canadá. También de <a href="http://capitanswing.com/libros/el-solitario-del-desierto/"><strong><em>El solitario del desierto</em></strong></a>, de <strong>Edward Abbey</strong> (Capitán Swing), una pieza briosa e inolvidable que nos describe el inicio del saqueo de los áridos paisajes de Utah por parte del turismo de masas a finales de los años 60. O de<a href="http://erratanaturae.com/libro/mis-anos-grizzly/"><strong><em> Mis años grizzly</em></strong></a>, de <strong>Doug Peacock</strong> (Errata Naturae), autor en quien se basó precisamente Abbey para crear uno de los personajes de su desternillante novela <a href="http://grupoalmuzara.com/a/fichalibro.php?libro=1946&amp;edi=2" target="_blank"><em><strong>La banda de la tenaza</strong></em></a> (<strong>Berenice</strong>).</p>
<blockquote><p>Sin la inspiración de Humboldt, Thoreau no habría abandonado el confort de su hogar para pasar dos años, dos meses y dos días en el bosque</p></blockquote>
<p>La colección Libros Salvajes de Errata Naturae incluye, además de esa historia de redención en busca de osos, otros títulos muy recomendables. Debemos además a Hoja de Lata la recuperación de <a href="http://www.hojadelata.net/tienda/535/"><strong><em>El círculo de agua clara</em></strong></a>, relato delicioso de 1960 en el que <strong>Gavin Maxwell</strong> narra su retiro a una cala de las islas Hébridas en la sola compañía de una nutria. Y a <strong>Impedimenta</strong> la de <a href="http://impedimenta.es/libros.php/el-arbol"><strong><em>El árbol</em></strong></a>, de <strong>John Fowles</strong>, pura magia botánica espléndidamente traducida por <strong>Pilar Adón</strong>. De <strong>Philip Hoare</strong> Ático de los Libros ha editado <a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=65&amp;controller=product"><strong><em>Leviatan o la ballena</em></strong></a> y <a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=89&amp;controller=product"><strong><em>El mar interior</em></strong></a>.</p>
<p>Para mí destaca entre todas ellas <em>E<strong>l peregrino</strong></em>, de <strong>J. A. Baker</strong>, traducida por <strong>Marcelo Cohen</strong> para la editorial argentina Sigilo. Muchos la consideran no ya la obra más perfecta de <em>Nature Writing</em> jamás escrita, sino una de las obras maestras de la literatura británica del siglo pasado. Diario del seguimiento a lo largo un invierno de dos halcones peregrinos en la costa de Essex, ha terminado por convertirse en una obra de culto. No se la pierdan.</p>
<h5><strong>¿Hacia dónde volar? </strong></h5>
<p>Algo cambia en su expresión. Sus plumas se ciñen. Tensa sus garras en torno a la rama. Abre las alas y salta. Unas cornejas graznan en la lejanía, dando aviso. También los patos se alteran. La sigo a través de mi telescopio. Gana altura con varios aleteos firmes. Dibuja a continuación un giro amplio y luego se desliza contra la brisa. Su mirada permanece fija bajo sí, atenta a la superficie. ¿Contemplará su propio reflejo a la vez que decide cuál será su presa?</p>
<p>Hace un año la revista británica <strong><em>New Statesman</em> fue escenario de un estimulante intercambio de opiniones</strong> entre dos de los más destacados autores de <em>Nature Writing</em> de aquel país. Por un lado, <a href="http://www.newstatesman.com/culture/2015/06/death-naturalist-why-new-nature-writing-so-tame"><strong>Mark Cocker</strong></a> (sin obra traducida) se <strong>lamentaba de que demasiados autores de lo que allí ya se califica de fenómeno editorial ignorasen los problemas de conservación</strong> de la biodiversidad para limitarse a describir sus experiencias personales, o dedicarse al simple paisajismo.</p>
<figure id="attachment_6669" style="width: 690px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-6669 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/02/rubioGinercossio-1024x650.jpg" alt="rubioGinercossio" width="690" height="438" /><figcaption class="wp-caption-text">Francisco Giner de los Ríos entre sus sucesores en la Institución Libre de Enseñanza Ricardo Rubio y Manuel Bartolomé Cossío, tempranos valedores de la apreciación de la naturaleza en España (Fundación Giner de los Ríos).</figcaption></figure>
<p> </p>
<p>Ponía como ejemplo extremo <em><a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=64&amp;controller=product&amp;search_query=h+de+halcon&amp;results=1"><strong>H de halcón</strong></a> </em>(<strong>Ático de los Libros</strong>), el premiado y exitoso relato de cómo <strong>Helen Macdonald</strong> superó una la depresión tras muerte de su padre mediante el entrenamiento de un azor para cetrería. <a href="http://www.newstatesman.com/culture/nature/2015/09/robert-macfarlane-why-we-need-nature-writing" target="_blank">Le respondía el mediático profesor de Cambridge <strong>Robert Macfarlane</strong></a> (<strong><em>Las montañas de la mente. Historia de una fascinación</em></strong>; Alba Editorial), referencia del género en Reino Unido y aludido directamente por Cocker como principal impulsor de esa actitud. Su tesis era que <strong>todo encuentro entre arte y naturaleza es beneficioso y fértil para ambos mundos.</strong> Y que no debe existir una única manera de indagar desde las letras la relación personal con el paisaje y lo vivo. De paso, <strong>acusaba a Cocker de pretender instrumentalizar el <em>Nature Writing</em> para un único fin.</strong> Lo que ambos debatían, al fin y al cabo, es cuál debe ser el papel de la literatura en la respuesta a la crisis ecológica que vivimos.</p>
<p>Cómo puede contribuir a que, además de saber que formamos parte inseparable del tejido de lo vivo, lo experimentemos. A que comprendamos no sólo desde un punto de vista intelectual, sino también emocional y sensorial, la importancia capital de esa parte tan a menudo olvidada de nuestra condición. Y a que actuemos para rescatarla. Para rescatarnos.</p>
<p>Las águilas pescadoras comenzaron a ser rescatadas hace 60 años, cuando en Escocia sólo quedaba una pareja y en el resto de Europa menos que nunca hasta entonces. Hoy están fuera de peligro, y se han convertido en modelo de muchos proyectos de conservación de especies amenazadas. Son<strong> un buen puñado los libros que cuentan esta historia de resiliencia, empeño personal, creciente apoyo social y optimismo</strong>.</p>
<p>Ahí va. Adelanta las garras y la cabeza. Echa hacia atrás las alas. Desciende en oblicuo a la superficie, sin darme tiempo más que a mirar y maravillarme, por muchas veces que lo haya presenciado. Se precipita en el embalse, emerge en seguida de su propio chapoteo y echa a volar con su presa. La trucha, enorme, colea inútilmente en sus garras. <strong>De sus escamas y de las plumas del águila se van derramando gruesas gotas que van trazando en el agua el tipo de mensaje que necesito descifrar.</strong></p>
<p style="text-align: right;"> <em><strong>ANTONIO SANDOVAL REY</strong> </em>(<a class="ProfileHeaderCard-screennameLink u-linkComplex js-nav" href="https://twitter.com/asandovalrey?lang=es">@<span class="u-linkComplex-target">ASandovalRey</span></a>)</p>
<p style="text-align: right;"><em><i><img class=" wp-image-6560 alignleft" src="/wp-content/uploads/2017/02/16298874_1583732341642679_786286985521627816_n.jpg" alt="16298874_1583732341642679_786286985521627816_n" width="150" height="200" />Una versión de este artículo aparece publicada originalmente en el <a href="/2017/02/las-letras-salvajes/" target="_blank">número de <strong>febrero de 2017</strong></a>, 279, de la <strong>edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span></strong>.</i></em></p>
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		<title>El Umbral que susurraba a los micrófonos</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Feb 2015 16:49:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[Diario de un noctámbulo]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Umbral]]></category>
		<category><![CDATA[Luis Mateo Díez]]></category>
		<category><![CDATA[Planeta]]></category>

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		<description><![CDATA[CUENTA Y DA FE Anna Caballé en su biografía de Francisco Umbral El frío de una vida (2004) que el joven escritor que hacía versos empezó a darles realce y protagonismo en su prosa noctívaga de la radio. En un tono de confidencia, casi como susurrando en los oídos de sus oyentes, con la misma [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>CUENTA Y DA FE <strong>Anna Caballé</strong> en su biografía de <strong>Francisco Umbral</strong> <em>El frío de una vida</em> (2004) que el joven escritor que hacía versos empezó a darles realce y protagonismo en su <strong>prosa noctívaga de la radio</strong>. En un <strong>tono de confidencia, casi como susurrando en los oídos</strong> <strong>de sus oyentes</strong>, con la misma delicadeza de un soplo materno que entorna los ojos de quien lo recibe, Francisco Umbral –que a finales de los cincuenta del pasado siglo todavía firmaba como Francisco Pérez– <strong>daba las buenas noches leyendo sus artículos en <em>La voz de León</em></strong>, “una emisora en una ciudad de provincias donde la precaria juventud tenía muy pocos alicientes y, sin embargo, notables intereses y curiosidades”, expresa el escritor leonés <strong>Luis Mateo Díez</strong> en el prólogo de <strong><em>Diario de un noctámbulo</em> (Planeta)</strong>, segundo libro póstumo de Francisco Umbral –el primero fue <em><strong>Carta a mi mujer</strong>,</em> en 2008–, que recopila aquellos artículos inéditos que suponen el anticipo y la revelación del gran escritor que llegaría a ser. Que ya era.</p>
<p>De recuerdo “más o menos vagoroso”, Mateo Díez evoca la voz de un Umbral veinteañero, cuando compaginaba su trabajo de locutor con aquel <em>El Norte de Castilla</em> donde Miguel Delibes le había acogido junto a <strong>Jiménez Lozano</strong>, <strong>Javier Pérez Pellón</strong>, <strong>Miguel Ángel Pastor</strong>, <strong>César Alonso de los Ríos</strong>, <strong>el padre Martín Descalzo</strong>, <strong>Manu Leguineche</strong>… Aquella generación de grandes periodistas y escritores, la escuela de <em><strong>El Norte</strong></em>, en la que Umbral debutó con su artículo <strong>“Tres actitudes de la lírica contemporánea”</strong> el 21 de marzo de 1957. Fue su primera incursión en el papel, <strong>una primera borrachera “de letra impresa y tipógrafo dormido”</strong>, cuya resaca le duró toda la vida, escribió él mismo con motivo del 135 aniversario del periódico vallisoletano.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2015/02/diario-de-un-noctambulo_9788408135319.jpg"><img class="alignleft wp-image-3622" src="/wp-content/uploads/2015/02/diario-de-un-noctambulo_9788408135319-676x1024.jpg" alt="diario-de-un-noctambulo_9788408135319" width="300" height="455" /></a></p>
<p>Los artículos recogidos en la primera parte de <em>Diario de un noctámbulo</em>, titulada <em><strong>Buenas noches (1958)</strong></em>, revelan una voz muy personal e íntima, que anuncia: “Aquí estamos para ponerle al tiempo su estribillo, su centinela de miel o de vinagre a los días que pasan, al tiempo que no queda, a la vida”. Se oiría una sintonía y luego él, Umbral, saludando a los oyentes, que son concretos. Decía: “Buenas noches”, seguido de un vocativo con una metáfora. Hay arranques brillantes: “Buenas noches, seductor, galante vampiro y embustero”; o a un bebedor, “locuaz y violáceo bebedor”; también a sujetos etéreos: “Buenas noches, nostalgia, postura lánguida del alma”; a la ciudad, “alta respuesta del hombre a la montaña”; a los colegiales, de los que siente una nostalgia “tierna y voluntaria de un primer y mágico pasado que para ti es y está siendo presente”. Una melancolía infantil que Umbral conservó hasta el final: en 2003 confesaba a <strong>Carlos Dávila</strong> en una entrevista televisiva que había escrito <strong><em>Mortal y rosa</em> </strong>(1975) antes de que muriera su hijo “porque es en los ojos de un niño donde uno contempla su propia infancia”.</p>
<p>Con ritmo flemático, el ojo del lector se recrea mansamente en estos <strong>primeros artículos, líricos y filosóficos</strong>, de <em>Diario de un noctámbulo</em>. Van flotando las palabras engarzando las sorpresas poéticas del estilo umbraliano, como cuando el autor se dirige a una muñeca, “como a un perro, o a la luna, cándidos destinatarios de las peores confidencias de la humanidad…”.</p>
<p>Pero Umbral no sólo se dedicaba a dar las buenas noches. En <em>El piano del pobre</em>, la segunda tanda de artículos incluidos en <em>Diario de un noctámbulo</em>, hay un ambiente más diáfano, un aire costumbrista de un Umbral observador de “los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa”, o sea, maestro Juan de Mairena: “lo que pasa en la calle”. De ese León provinciano habla Umbral como desde el punto de vista de un organillero de la esquina, al que “ya nadie arroja calderilla […] ya no llueven de los altos miradores los céntimos generosos”. Pero también habla de la cultura del momento que va llegando de fuera: el cine de Cantinflas, “con el que uno se ríe a gusto, se ríe a lo loco”; el <em>rock and roll</em> de Elvis Presley, por aquel entonces ya militar que donaba sangre a la Cruz Roja y del que dice Umbral: “Muy hermoso el gesto, pero no sabremos decir si absolutamente aceptable, porque él tiene probada la temperatura revolucionaria de su sangre, el ritmo disparatado de su corazón”.</p>
<blockquote><p><em>Lo que se publicó al siguiente día de su muerte en “El Mundo” fue una columna vacía, solo con su firma, su foto y el título</em></p></blockquote>
<p>Del saxo de Sidney Bechet a la bailaora Carmen Amaya, estos artículos suenan a joven, a un Umbral de su tiempo, moderno aunque atemporal, en aquellos tiempos en que comenzaba la revolución sexual y él <strong>se permitía hablar de las últimas modas de París, de la vuelta a la costura de las medias, de la falda corta, de las “un poco olvidadas rodillas femeninas</strong>”, del cruce de piernas de las señoras, con el atrevimiento de expresarlo “en una España procesional y devota”. Sin duda respiraba ya su querencia erótica, el <em>vouyerismo </em>que pronto desarrollaría en sus libros y artículos.</p>
<p>En un extraño salto <strong>de lo erótico a lo político</strong>, en <em>El tiempo y su estribillo </em>(1960–61), tercera y última parte del libro, aparecen sus inquietudes sociales y políticas. “Paz, amor y fantasía. Éstas pudieran ser las premisas de la justicia social. Pan, amor, y fantasía; bienestar, dignidad y cultura puede ser la traducción”. Pero hay más reflexión personal y teoría política que mención a los políticos, poco inspiradores entonces (las circunstancias de la dictadura) para Umbral, quien más tarde se convertiría en un apasionado del género político y en uno de los más importantes columnistas de la segunda mitad del siglo XX, que llegó a afirmar, en <em>Un ser de lejanías </em>(2001), que “los políticos son la épica de nuestro tiempo, héroes de traje marengo, capaces de decir algo nuevo todos los días, o que suene a nuevo siendo tan viejo”.</p>
<p>El Umbral más periodista se refleja también en estos últimos artículos, donde se percibe un tono más informativo, aunque siempre confundido con la primera persona de su mirada. “Esta tarde, en el Círculo Medina, dará una conferencia <strong>Miguel Delibes</strong> […]. <strong>Yo, que apenas leo novelas, siempre releo las de Miguel Delibes</strong>, y no ya por personal y particular acercamiento, sino porque su arte de la contención supone para mí todo un aprendizaje  literario”.</p>
<p>Antes de marchar a León para redactar sus artículos radiofónicos, el Umbral vallisoletano colocaba su máquina de escribir en una mesa de la redacción de <em>El Norte </em>y le brotaban los temas mientras ametrallaba la hoja con “una capacidad y una gracia en la escritura” propia del “maestro del lenguaje” que llegaría a ser, recordaba Leguineche aquel día de finales de agosto de 2007 en que se conoció la noticia de que Umbral había ya cerrado “aquellos grandes ojos oscuros, golosamente infantiles, límpidos, que te miraban sin escrutar, sólo tanteando el terreno […], aquella mirada de unicornio”, según el recuerdo de Ada del Moral en LEER, rememorando su último encuentro con Umbral, quien, en la agonía de su muerte, todavía <strong>quería sujetarse a la vida con las palabras, dictándole a su mujer las frases de un último artículo</strong> que no llegaría a terminar, en un intento inútil por sobrevivir. Lo que se publicó al siguiente día de su muerte en <em>El Mundo </em>fue una columna vacía, solo con su firma, su foto y el título que sí llegó a copiar María España: “Las uvas del deseo”. Ya no había inicio ni final, ni curvas eróticas del lenguaje. Era un blanco de ausencia, como una infantil lápida límpida de papel. Tenía razón Delibes. Ante todo, “Umbral era un esteta”.</p>
<p style="text-align: right;"><b><i>ANTONIO FERNÁNDEZ JIMÉNEZ</i></b> <em>(<span style="text-decoration: underline;"><span style="color: #4c1130;">@</span><span class="u-linkComplex-target"><span style="color: #4c1130;">FernndezJi</span></span></span>)</em></p>
<p> </p>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>Napoleón en Egipto</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Oct 2014 13:14:45 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[EN 1798 Napoleón Bonaparte convenció al Directorio para invadir Egipto. Ese mismo verano llevó a cabo el desembarco de más de 30.000 soldados galos cuyo objetivo oficial era el de expulsar a los turcos del delta del Nilo y tomar una posición estratégica en la ruta del imperio británico. Pero Napoleón guardaba otros planes relacionados [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>EN 1798 <strong>Napoleón Bonaparte</strong> convenció al Directorio para invadir Egipto. Ese mismo verano llevó a cabo el desembarco de más de 30.000 soldados galos cuyo objetivo <em>oficial</em> era el de expulsar a los turcos del delta del Nilo y tomar una posición estratégica en la ruta del imperio británico. Pero Napoleón guardaba otros <strong>planes relacionados con la búsqueda de la vida eterna</strong>, para los cuales se llevó consigo a un centenar de académicos, historiadores y sabios. Si en algún lugar del Planeta podía descansar la clave para profundizar en el más allá y visitar el país de los muertos ese era el interior de las pirámides.</p>
<p>En el plano de la ficción el periodista y novelista estadounidense <strong>William Dietrich</strong> se acercó a estos hechos través de una magnífica dilogía: <em>Las pirámides de Napoleón </em>(2006) y <em>La clave Rosetta </em>(2008). La trama del primer título parte del hallazgo que hace el protagonista, en 1798 y en París, de un singular medallón que perteneció a <strong>Cleopatra</strong>. El precioso objeto parece contener la llave que conduce al Libro de Thot y con ese fin, junto a las tropas napoleónicas, viaja a Egipto, donde verá comprometida su seguridad. En <em>La clave Rosetta</em> huye de Egipto en un globo para salvar su vida y en el Mediterráneo oriental es recogido por un buque inglés y posteriormente enviado a la ciudad de Jaffa, donde reanudará de nuevo la búsqueda del libro sagrado.</p>
<p>Magnífico y complementario resulta el ensayo <em>Las claves de Egipto. La carrera por leer los jeroglíficos</em> (Debate), de <strong>Lesley</strong> y <strong>Roy Adkins</strong>, que estudian de forma pormenorizada el proceso que llevó a cabo precisamente al equipo de los arqueólogos que llevó consigo Bonaparte. Especialmente atractiva es la descripción que hacen ambos historiadores de la continuación de aquella campaña –menos explotada por la narrativa por lo que tiene de exclusivamente académica y poco aventurera–: cuando en 1822 el filólogo y egiptólogo <strong>Jean-François Champollion</strong>, un adicto a Egipto, se sirve de todos los hallazgos del grupo de los sabios que viajó en 1798 y dedica su vida hasta que presenta, tras muchas dificultades y ante la Academia de Inscripciones de París, la célebre <em>Carta para M. Dacier relativa al alfabeto fonético jeroglífico utilizado por los egipcios</em>.</p>
<p>Ahora <strong>Javier Sierra</strong> relanza revisado uno de sus <em>bestseller,</em> <em>El secreto egipcio de Napoleón</em>, que ya había publicado en 2004 en La Esfera de los Libros, con el título <em>La pirámide inmortal.</em> Sierra <strong>mezcla a dosis iguales documentación histórica e imaginativas propuestas</strong>: en la novela los cristianos y musulmanes cruzan sus caminos y guardan los secretos de los arquitectos de las pirámides, que a su vez ocultan uno mayor: el misterio de todos, el de la inmortalidad, conocimiento al que tal vez tuvo acceso el mismísimo <strong>Jesús de Nazaret</strong>. La acción trepidante está perfectamente contextualizada en una de las flotas bélicas más grandes jamás armada: Alejandría, Rosetta y Damieta constituyen la base para la batalla que dio fin a tres siglos de dominio otomano en Egipto. Pero en la trastienda, Napoleón lleva a cabo su planeada “agenda secreta”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>DAVID FELIPE ARRANZ</strong></em></p>
<address><img class="alignleft wp-image-2733" src="/wp-content/uploads/2014/10/la-piramide-inmortal_9788408131441.jpg" alt="la-piramide-inmortal_9788408131441" width="150" height="228" />LA PIRÁMIDE INMORTAL</address>
<address><strong>Javier Sierra</strong></address>
<address>Planeta. Barcelona, 2014</address>
<address>352 páginas. 20 euros</address>
<p> </p>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
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		<title>Lo que J. J. Benítez esconde</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2014 10:31:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Relecturas]]></category>
		<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[#LEER252]]></category>
		<category><![CDATA[Booket]]></category>
		<category><![CDATA[Caballo de Troya]]></category>
		<category><![CDATA[J.J. Benítez]]></category>
		<category><![CDATA[Jerusalén]]></category>
		<category><![CDATA[Maica Rivera]]></category>
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		<description><![CDATA[¿Por qué ese tirón editorial? ¿Por qué muchos de sus libros levantan polvareda? Se cumplen tres décadas de “Caballo de Troya”, o lo que es lo mismo, del choque entre fieles lectores y enconados detractores desde la primera entrega del popular ‘bestseller’ de J. J. BENÍTEZ hasta su última obra, “Estoy bien” (Planeta). Con ocasión [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>¿Por qué ese tirón editorial? ¿Por qué muchos de sus libros levantan polvareda? Se cumplen <strong>tres décadas de “Caballo de Troya”</strong>, o lo que es lo mismo, del choque entre fieles lectores y enconados detractores desde la primera entrega del popular ‘bestseller’ de J. J. BENÍTEZ hasta su última obra, “<em>Estoy bien”</em> (Planeta). Con ocasión del 30 aniversario de la primera entrega, “Jerusalén”,  Booket publica una edición limitada con la cubierta original. El 14 de octubre, fecha de su lanzamiento, <strong>LEER sortea cinco ejemplares entre aquellos seguidores en España de <a href="https://twitter.com/RevistaLeer" target="_blank">nuestra cuenta de</a></strong><a href="https://twitter.com/RevistaLeer" target="_blank"> <strong>Twitter</strong></a> que nos cuenten, bajo el hashtag #LEERCaballodeTroya, su experiencia como lectores de la saga. Una excelente ocasión para recuperar la entrevista de MAICA RIVERA que publicamos en nuestro número de mayo.</address>
<address> </address>
<p>Bastan unos minutos de conversación con <strong>Juan José Benítez</strong> para caer en sus redes. Tiene <strong>un magnetismo que remite a ese halo de misterio característico de su mejor narrativa</strong>, sumamente revelador de los éxitos cosechados. A estas alturas de tan prolífica trayectoria consagrada al mundo de los grandes enigmas, está muy claro el pacto con el lector, que ha de asumir las luces y las sombras de su particular implicación con el objeto de estudio y recreación. Benítez ha forjado su propia leyenda, ha acuñado su propio género con espíritu periodístico pero también con incombustible pasión literaria. Ante esta peculiaridad es necesario aceptar que <strong>difícilmente seremos capaces de valorar el alcance de su obra si mantenemos el único empeño ciego de establecer <em>a priori</em> nuestros propios límites a sus escritos.</strong> Para los más reticentes ante su bibliografía, cabría subrayar una matización importante, tal vez decisiva: no, disfrutar de su universo no requiere comulgar hasta el final con sus reglas del juego pero sí abrirse a contemplar la posibilidad de otros códigos.</p>
<p>No puede negarse que la controvertida naturaleza de su producción le ha ido revistiendo, en efecto, de cierta aura legendaria. Tampoco que el veterano escritor es, por excelencia, uno de nuestros <em>bestsellers </em>más carismáticos. “¿Eres un provocador?”, le preguntamos en el reciente encuentro. “Tal vez sí”, contesta a LEER, “porque<strong> trato de inyectar esperanza en esta época dura y difícil, necesitada de oxígeno y optimismo</strong>”. Comunicar que la vida continúa tras la muerte y que al otro lado hay luz es el objetivo de <em>Estoy bien</em> (Planeta), una nueva vuelta de tuerca en el recorrido del autor que, lejos de pensar en retirarse y colgar la pluma, nos promete que no será la última.</p>
<p>Ha sido una sorpresa conocer que las investigaciones sobre “resucitados” para esta publicación fueron iniciadas por J.J. Benítez en 1968, mucho antes de sus pesquisas sobre el fenómeno ovni (en las últimas páginas apunta una conexión entre ambas temáticas, imposible de captar para quienes no estén familiarizados con su narrativa). De entre ellas, desarrolladas en constantes periplos, ha seleccionado 160 casos “al sur de la razón” como muestra representativa de experiencias relacionadas con la vida después de la muerte que “van un paso más allá de las ECM, pues describen vivencias con familiares o amigos que se encuentran muertos y enterrados”. Asume que la acusada estigmatización que sufren tanto los testigos como los investigadores de ECM se radicalizará, por tanto, en esta ocasión. Pero no le preocupa porque “la intencionalidad no es convencer sino transmitir el exhaustivo trabajo de campo realizado en silencio durante 46 años con la recopilación de testimonios de personas que dicen la verdad, que a pesar de proceder de geografías muy dispares (EEUU, Europa, América del Sur…) manifiestan constantes comunes en sus declaraciones”.</p>
<blockquote><p>Benítez ha forjado su propia leyenda, ha acuñado su propio género con espíritu periodístico pero también con incombustible pasión literaria</p></blockquote>
<p>Lo cierto es que hallamos un inesperado elemento recurrente en <em>Estoy bien</em>: las referencias de entrevistados a la primera entrega de <em>Caballo de Troya</em>. Este gran éxito literario de los años 80 marcó una época con <strong>la narración del viaje de dos astronautas americanos a la Palestina de Jesús de Nazaret</strong>, constituyó un fenómeno sin precedentes y permaneció en lo más alto de las listas de ventas durante doscientas semanas. Todo esto se resiste a caer en el olvido y no es casualidad que el volumen (<em>Jerusalén</em>) sea oportunamente reeditado por Booket junto a los ocho tomos restantes que le sucedieron (edición revisada por el autor); <strong>un total de 5.386 páginas sobre la vida de Jesucristo leídas por más de veinte millones de lectores</strong> (más de cinco millones de ejemplares vendidos) y para cuya escritura el autor empleó 27 años y quince viajes a Israel, Jordania, Egipto y territorio estadounidense.</p>
<figure id="attachment_2625" style="width: 340px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_4337.jpg"><img class="wp-image-2625" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_4337.jpg" alt="IMG_4337" width="340" height="465" /></a><figcaption class="wp-caption-text">J. J. Benítez durante la conversación con LEER (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>“Es un libro mágico en el que yo no tengo nada que ver”, reivindica J.J. Benítez. Insiste mucho en ello, dejando entrever que no es una novela porque <strong>siempre ha defendido haberse basado en una documentación real</strong>, depositada hace años en EEUU (“será el futuro, como sucedió con <strong>Julio Verne</strong>, quien pondrá de manifiesto si este relato fue o no verídico…”). Se dice que, en total, las fuentes informativas que ha consultado ascienden a 14.000 (arqueológicas, botánicas, físicas, sociales, religiosas…) pero que la más relevante de todas aún no ha sido desvelada. “A veces cuesta muy caro ser fiel y honesto con las revelaciones pero no me importa el alto precio, voy a cumplir 50 años de periodismo activo en 2016 y he aprendido a guardar silencio”, nos dice con gravedad. Se permite invitarnos, eso sí, a descubrir que “hay mensajes debajo de secuencias numéricas de algunos <em>Caballos</em>”, de los que, por cierto, no se hace responsable.</p>
<p>Este tipo de comentarios suelen ser los que generan más polémica a su alrededor, un hecho que él enmarca en un caldo de cultivo adverso: “Más que la falta de financiación es la incomprensión el gran inconveniente para el desarrollo de investigaciones como las mías en España, que es un país de cainitas”. Zanja el tema con serenidad: “Estoy acostumbrado a ello y sigo mi camino”. En concreto, denuncia “ser <strong>odiado y denostado a la menor oportunidad por círculos próximos a sectores religiosos muy conservadores o a la Ciencia mal interpretada</strong>, por personas a quienes les falta información”.</p>
<blockquote><p>La primera entrega de <em>Caball</em>o<em> de Troya </em>constituyó un fenómeno sin precedentes y permaneció en lo más alto de las listas de ventas durante doscientas semanas</p></blockquote>
<p><img class="alignleft wp-image-2627" src="/wp-content/uploads/2014/10/Jerusalén.-Caballo-de-Troya-1.jpg" alt="Jerusalén. Caballo de Troya 1" width="300" height="455" />Tomando como referencias clave el significativo <em>Caballo de Troya 1 </em>y su última publicación, nos preguntamos si podrían sobrevenirle parte de estos conflictos porque el lector acabe perdiendo pie en los niveles de ficción (amén de la susceptibilidad innata por lo delicado de los temas que aborda, evidentemente). No parece descabellado cuestionarse el problema en estos términos, en base a un concepto revelador que se repite en <em>Estoy bien</em>. Se trata de la expresión “puro teatro” que Benítez atribuye a las manifestaciones sobrenaturales que registra en sus páginas, refiriéndose a que “los mensajes de los <em>resucitados</em>, necesarios para establecer contacto, son irrelevantes en sí mismos, probablemente ni siquiera sean ciertos, la única verdad que revelan con ellos es la de su propia existencia, es decir, el hecho irrefutable de que están vivos <em>al otro lado</em>”. ¿Acaso es esto una pista que concede para que nos fabriquemos una hermenéutica y entender el verdadero peso de lo veraz y lo alegórico en su obra? Entonces, sus libros acabarían resultando sumamente exigentes para el lector, incluso herméticos para los menos intuitivos…</p>
<p>Imbatible, J.J. Benítez nos seguirá proporcionando nuevos desafíos. La lectura de <em>Estoy bien</em> deja patente ser la antesala de otro proyecto. Al hacérselo notar, recibimos una rotunda corroboración: “Está terminado el libro que sigue a éste como consecuencia directa, <em>Pactos y señales</em>, mucho más íntimo, donde daré otro paso para anunciar que hay un orden maravilloso al que estamos sujetos…”. Si no es antes por esta próxima publicación, hemos acordado volver a citarnos en el plazo máximo de dos años porque sabemos que su aniversario periodístico nos deparará más novedades, como insinúa. “Nunca hablo gratuitamente y cuando doy mi palabra, la cumplo siempre”, nos asegura. Le damos nuestro voto de confianza.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>MAICA RIVERA</strong></em></p>
<address style="text-align: left;">Una versión de este artículo fue publicada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista LEER (<a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">cómprala</a>, o mejor aún <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>).</address>
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		<title>El cura y los mandarines: historia de un libro nonato</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 17:12:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de <em>El cura y los mandarines</em> gracias a <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de <strong>Gregorio Morán</strong>. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, <strong>Víctor nos anticipó la inminente publicación de un <em>libro bomba</em></strong> en el que el controvertido escritor asturiano afincado en Barcelona venía trabajando desde hacía cerca de diez años.</p>
<p>Morán, que firma cada fin de semana en <em>La Vanguardia</em> unas implacables “<a href="http://hemeroteca.lavanguardia.com/search.html?fromISO=true&amp;q=%2522SABATINAS%2520INTEMPESTIVAS%2522&amp;aux=%22SABATINAS+INTEMPESTIVAS%22&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1881&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2014&amp;x=0&amp;y=0" target="_blank">Sabatinas intempestivas</a>”, es sobre todo <strong>autor de un puñado de libros muy importantes</strong>: <em>Miseria y grandeza del Partido Comunista de España</em>, el libro de referencia sobre el PCE que le publicara <strong>Rafael Borràs</strong> en la Colección Espejo de España de Planeta en 1986 y hoy inencontrable; la anterior y excelente biografía <em>Adolfo Suárez, historia de una ambición</em>, y su prolongación en <em>Adolfo Suárez. Ambición y destino</em> (Debate, 2009); o <em><strong>El maestro en el erial</strong>. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo</em>, publicado por Tusquets en 1998, <strong>retrato demoledor de la cultura española de la inmediata posguerra</strong> a través de la figura de su gran referente intelectual, desde su regreso a España en 1945 hasta su muerte diez años después.</p>
<p><strong>En esas mismas coordenadas se nos anticipaba <em>El cura y los mandarines</em>, una suerte de continuación de <em>El maestro en el erial</em></strong> en tanto que elucidación de la cultura oficial española, pero que llegaría hasta la transición democrática y más allá y que en esta ocasión tomaría a <strong>Jesús Aguirre como hilo conductor.</strong> Y así lo confirmó el propio Gregorio Morán cuando el pasado 13 de septiembre recibió a <strong>Fernando Palmero</strong> en su domicilio de Barcelona para hablar del que iba a ser su próximo, inminente libro. “<strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación”, afirma en el arranque de la conversación, y <strong>así se recoge en la larga entrevista que publicamos en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octubre de LEER.</a></strong></p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741.jpg"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Gregorio Morán durante la entrevista concedida a LEER (fotos: Ana Lisis).</figcaption></figure>
<p>“También es una continuación del libro de Ortega, porque el libro de Ortega es <strong>una explicación de la barbarie en la cual nacimos. Por eso es posible que este libro no exista</strong>, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega”. Con estas palabras Morán <strong>anticipaba para <em>El cura y los mandarines</em> un velo de silencio equivalente</strong> al que rodeó a <em>El maestro en el erial</em>, –en aquella ocasión inadvertidamente roto por el <a href="http://elpais.com/diario/1998/03/01/opinion/888706803_850215.html" target="_blank">entusiasta comentario de <strong>Mario Vargas Llosa</strong></a> en páginas habitualmente poco propicias para Morán como las de <em>El País</em>–. Finalmente <strong>el velo de silencio ha sido innecesario; el libro, al menos de momento, ni siquiera existe en sentido estricto.</strong></p>
<p>Un libro con Aguirre como figura y reclamo, pero cuya “historia es más compleja. <strong>Están los Pradera, los Gil de Biedma, los Castellet… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba</strong>”.</p>
<figure id="attachment_2584" style="width: 200px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-2584" src="/wp-content/uploads/2014/10/el-cura-y-los-mandarines_9788498927443.jpg" alt="el-cura-y-los-mandarines_9788498927443" width="200" height="292" /><figcaption class="wp-caption-text">Portada de un libro “nonato”.</figcaption></figure>
<p>El relato comienza en 1962; porque “hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos”, justifica su autor. Y llega hasta 1996, año de la primera derrota electoral socialista después de su <em>landslide</em> del 82; un triunfo que se manifestó verdaderamente aplastante en materia cultural. En palabras de Morán, <strong>“el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable (…). Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</strong></p>
<p>De esto y mucho más; de cómo, según él, <strong>Camilo José Cela</strong> –“no creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar”– consiguió el Nobel; <strong>del pasado de muchos intocables de la cultura progresista</strong>, y del comportamiento de algunos de ellos con figuras del exilio como <strong>Max Aub</strong>; de personajes en apariencia tan distantes como <strong>Carmen Balcells</strong> y <strong>Jesús Gil y Gil</strong> <strong>habla Gregorio Morán en el número de octubre de LEER como probablemente no lo haga hasta que logre ver publicado en otra editorial <em>El cura y los mandarines</em>.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"><a href="/2014/10/leer-en-octubre/"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><strong>Lee la entrevista a Gregorio Morán</strong> sobre “El cura y los mandarines” en el <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">número de octubre de 2014</a> de la Revista LEER. Pídelo en quioscos y librerías seleccionados o <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>.</address>
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