<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Revista leer &#187; Nobel</title>
	<atom:link href="/temas/nobel/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://revistaleer.com</link>
	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
	<lastBuildDate>Wed, 04 Sep 2019 15:54:11 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.1.27</generator>
	<item>
		<title>Dylan, la forja del alma americana</title>
		<link>https://revistaleer.com/2018/03/dylan-la-forja-del-alma-americana/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2018/03/dylan-la-forja-del-alma-americana/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 26 Mar 2018 09:50:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[#leer277]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Dylan]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=7963</guid>
		<description><![CDATA[El chiste era inevitable: al premio Nobel le dieron el Bob Dylan. Lo explicó Leonard Cohen durante la presentación de su último y magnífico disco, You Want It Darker: premiar al autor de Idiot Wind equivale a condecorar al Everest por ser la montaña más alta. Una decisión acaso inútil por obvia. ¿Qué tal si en 2017 premiamos a la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">El chiste era inevitable: al premio Nobel le dieron el Bob Dylan. Lo explicó <strong>Leonard Cohen</strong> durante la presentación de su último y magnífico disco, </span><i><span style="font-weight: 300;">You Want It Darker</span></i><span style="font-weight: 300;">: premiar al autor de </span><a href="https://youtu.be/w8DylAtPF0I" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Idiot Wind</span></i></a><span style="font-weight: 300;"> equivale a condecorar al Everest por ser la montaña más alta. Una decisión acaso inútil por obvia. ¿Qué tal si en 2017 premiamos a la Gran Muralla China? Claro que la obviedad no fue tal para muchos, desconcertados, desmelenados a favor y en contra de un premio cuyos márgenes (en puridad) sólo corresponde acotar a los académicos suecos. ¿Es literatura la escritura de <strong>David Simon</strong> en </span><i><span style="font-weight: 300;">The Wire</span></i><span style="font-weight: 300;"> o la de <strong>David Milch</strong> en </span><i><span style="font-weight: 300;">Deadwood</span></i><span style="font-weight: 300;">? ¿Periodistas como <strong>Ryszard Kapu</strong></span><strong>ściń</strong><span style="font-weight: 300;"><strong>ski</strong> o <strong>Gay Talese</strong> hubieran podido ganarlo? ¿Sería un disparate haber premiado en su día a <strong>Nelson Cavaquinho</strong>, <strong>Santos Discépolo</strong> o <strong>José Alfredo Jiménez</strong>?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Con independencia de lo que opine cada uno, qué hilaridad, qué vergüenza ajena, qué rubor y qué ternura, qué honda tristeza provocaba la lectura de los aspavientos que proliferaron en los medios de comunicación españoles. Que si <strong>Philip Roth</strong> o <strong>Haruki Murakami</strong> lo merecían más, y no por su condición de escribas convencionales frente a la heterodoxia de celebrar a un compositor, sino porque su obra es culturalmente más relevante. O porque son, uf, alta cultura, cultura con pedigrí, cultura para gente culta que respira y mea cultismos, frente a la cultura de baja estofa, la cultura de la chusma, la cultura de uñas azules… la cultura popular.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">En serio, ¿qué desayuna esta gente? </span><span style="font-weight: 300;">¡Quiero probar sus drogas!</span> <span style="font-weight: 300;">Quiero sentarme frente al teclado deslenguado, desinhibido, desharrapado y desencuadernado cual niño celeste y facturar textos como lo suyos, puro dadaísmo, <strong>Burroughs</strong></span><span style="font-weight: 400;"> </span><span style="font-weight: 300;">automático para pontificar con la audacia que otorga la ignorancia y obviar cuestiones tan básicas como que, un suponer, <strong>Roth trató el naufragio de los 60 en </strong></span><strong><i>Pastoral americana</i></strong><span style="font-weight: 300;"><strong>, mientras que Bob Dylan fue uno sus principales desencadenantes</strong>. Es admirable retratar con ojo insuperable una época, pero amigo, que tus palabras fueran las responsables, siquiera en parte, de que esa época evolucionara de una u otra forma, y que los cambios a los que nos referimos tengan que ver con la lucha por los derechos civiles o la revolución sexual, pues, en fin, digamos que separa a unos y otros.  </span></p>
<h5 style="text-align: left;"> Poderoso médium</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><strong>Richard Ford</strong>, a su llegada a España para recoger el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2016, calificó la decisión del Nobel de “maravillosa”, al tiempo que destacó que “Dylan influyó en todos nosotros”. Algo que podría suscribir <strong>Sam Shepard</strong>, que coescribió junto a Dylan la canción </span><i><span style="font-weight: 300;">Brownsville Girl</span></i><span style="font-weight: 300;"> (aunque recomiendo encarecidamente que busquen la primera demo, titulada </span><i><span style="font-weight: 300;">New Danville Girl</span></i><span style="font-weight: 300;">, fechada en 1984, y muy superior a la versión que apareció en 1986), siguió al trovador durante la gira de 1975, la legendaria </span><i><span style="font-weight: 300;">Rolling Thunder Revue</span></i><span style="font-weight: 300;">, y publicó un libro,<a href="http://www.sam-shepard.com/rollingthunder.html" target="_blank"> </a></span><strong><a href="http://www.sam-shepard.com/rollingthunder.html" target="_blank"><i>The Rolling Thunder Logbook</i></a></strong><span style="font-weight: 300;">, donde leemos que “el mito es un médium poderoso porque se dirige a las emociones en vez de al cerebro. Nos arrastra a zonas de misterio. <strong>Es peligroso creer en algunos mitos, pero otros tienen la capacidad de cambiarnos por dentro</strong>, aunque sólo sea por un minuto o dos. Dylan crea una atmósfera mítica en la tierra que nos rodea. La tierra que caminamos a diario y que no vemos hasta que alguien es capaz de mostrárnosla”.  “Es un trovador al viejo estilo”, escribe <strong>Colm Tóibín</strong> nada más conocer la noticia, “un cantor de la verdad, una voz lírica. Es inteligente, siempre está listo para cambiar, es sabio y listo. Sus rimas suelen ser sublimes, tiene actitud. <strong>Es la América real, y Walt Whitman, Emily Dickinson y Wallace Stevens estarían encantados</strong>. Por no hablar de Woody Guthrie”. El crítico y poeta <strong>Craig Morgan Teicher</strong>, en las páginas del </span><i><span style="font-weight: 300;">New Republic</span></i><span style="font-weight: 300;">, afirma que su “comentario favorito sobre el Nobel a Dylan es del poeta <strong>Matthew Zapruder</strong>, que en respuesta a la gente que protestaba porque Dylan no es un poeta escribió en Facebook: «Ok, estoy de acuerdo, no es poesía, pero es que ¡ESTO NO ES EL PREMIO NOBEL DE POESÍA!»”.</span></p>
<figure id="attachment_7969" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-7969" src="/wp-content/uploads/2018/03/dylan_planet-waves_age_francis-1024x651.jpg" alt="Dylan retratado en 1975 por Ken Regan durante el Rolling Thunder Tour que Sam Shepard recogió en forma de libro, publicado en España por Anagrama con el título de ‘Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera’. " width="690" height="439" /><figcaption class="wp-caption-text">Dylan retratado en 1975 por Ken Regan durante el Rolling Thunder Tour que Sam Shepard recogió en forma de libro, publicado en España por Anagrama con el título de ‘Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera’.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong>Ah, la procelosa discusión respecto a qué es y qué no es literatura.</strong> La Academia, en la voz de su secretaria permanente, <strong>Sara Danius</strong>, dejó muy claro que le concedió el premio por “por haber creado nuevas formas de expresión poética en la gran tradición de la canción americana”. “¿Bob Dylan es un poeta?”, se pregunta Morgan, “No, no lo creo. Pero su trabajo es literatura. Sí, absolutamente, y de eso trata el Nobel. Su producción artística figura entre los hitos literarios de nuestro tiempo, y eso incluye la música para acompañar las letras, puesto que las letras, exentas, no son poesía”. Poco después lo compara con Homero. Algo que también ha hecho <strong>Salman Rushdie</strong>: en el principio la poesía nació para ser cantada, y muchos de los mecanismos internos del poema en papel, ritmo, métrica, etcétera, delatan sus orígenes.</p>
<p style="text-align: left;">Nadie puede discutir la cataclismática influencia de Bob Dylan, y no sólo social e histórica (“tal vez ningún artista vivo ha forjado el alma americana, o explorado sus profundidades, tan profundamente”, Morgan Teicher), sino puramente musical y, sí, literaria.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Musical: <strong>puso en órbita el llamado </strong></span><strong><i>folk</i></strong><span style="font-weight: 300;"><strong>, bebiendo de Woody Guthrie y Leadbelly; del blues de Robert Johnson y el country de Hank Williams</strong>; a su vera nació el </span><i><span style="font-weight: 300;">folk </span></i><span style="font-weight: 300;">rock (muchos de los grandes éxitos de Peter, Paul &amp; Mary y, atención, los Byrds son versiones de canciones suyas); publicó el primer disco doble de la historia (</span><i><span style="font-weight: 300;">Blonde on Blonde</span></i><span style="font-weight: 300;">); espoleó a los Beatles (</span><i><span style="font-weight: 300;">Sgt. Peppers</span></i><span style="font-weight: 300;">) y los Beach Boys (</span><i><span style="font-weight: 300;">Pet Sounds</span></i><span style="font-weight: 300;">) a explorar las oportunidades del vinilo, que a partir de </span><i><span style="font-weight: 300;">Blonde on Blonde</span></i><span style="font-weight: 300;"> pasaba a ser algo más que un mero recopilatorio de canciones; facilitó el acercamiento entre las tribus del rock y el </span><i><span style="font-weight: 300;">country</span></i><span style="font-weight: 300;">, con lo que abona el terreno para mil aventuras y el nacimiento del </span><i><span style="font-weight: 300;">country-rock</span></i><span style="font-weight: 300;">; es el responsable máximo de que <strong>Leonard Cohen, Neil Young, Tom Waits, Bruce Springsteen, Joni Mitchell y Townes Van Zandt</strong>, y <strong>Francesco de Gregori</strong>, y <strong>Joaquín Sabina</strong>, y mil más, cogieran una guitarra; la llamada </span><i><span style="font-weight: 300;">Americana</span></i><span style="font-weight: 300;">, ese género a caballo del rock, el blues y el </span><i><span style="font-weight: 300;">country</span></i><span style="font-weight: 300;">, hoy floreciente, también tiene un padre, Bob Dylan, y un disco madre, las </span><i><span style="font-weight: 300;">Basement Tapes</span></i><span style="font-weight: 300;">, las </span><i><span style="font-weight: 300;">cintas del sótano</span></i><span style="font-weight: 300;">, que grabó junto a The Band en 1967; suyo es el que considera mejor disco de la era rock dedicado a una ruptura sentimental, </span><i><span style="font-weight: 300;">Blood on the Tracks</span></i><span style="font-weight: 300;">, de 1974; sus trabajos de la etapa cristiana, en especial </span><i><span style="font-weight: 300;">Slow Train Coming</span></i><span style="font-weight: 300;">, de 1978, sembraron el desconcierto entre no pocos de sus fans, poco amigos del adoctrinamiento religioso, y hoy son considerados como clásicos indisputables del </span><i><span style="font-weight: 300;">gospel</span></i><span style="font-weight: 300;">, bien que un </span><i><span style="font-weight: 300;">gospel</span></i><span style="font-weight: 300;"> sui géneris… </span></p>
<h5 style="text-align: left;">El ‘Big Bang’ del rock</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">¿Y lo literario? Hasta que él llegó el rock y el pop trataban, en general, de cuitas amorosas y/o usaban unos medios expresivos demasiado pobres. “Me quiere / no me quiere”. “</span><i><span style="font-weight: 300;">She loves you, yeah, yeah, yeah</span></i><span style="font-weight: 300;">”. A partir de sus discos, del 63 en adelante, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Big Bang</span></i><span style="font-weight: 300;">: <strong>el rock descubre que existe toda una panoplia de asuntos que tratar, que en las canciones puede convivir la indagación amorosa con el lenguaje político, el experimentalismo o las vanguardias</strong>. No sólo el rock. La música popular al completo, del llamado </span><i><span style="font-weight: 300;">American Songbook</span></i><span style="font-weight: 300;"> –que la irrupción de Dylan entierra– al flamenco (Veneno, Pata Negra) recibirá su influjo. Es la distancia que va de la, por otro lado espléndida, </span><i><span style="font-weight: 300;">I’ve Got You Under My Skin</span></i><span style="font-weight: 300;">, de <strong>Cole Porter</strong>:</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Te llevo bajo mi piel /</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">tan profundo en mi corazón </span></i><i><span style="font-weight: 300;">/ </span></i><i><span style="font-weight: 300;">que realmente eres parte de mí</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">He tratado de no ceder</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">me he dicho que esta relación nunca terminará bien</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">así que por qué debería de resistirme, cuando bien sé querida</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">que te llevo bajo mi piel.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">La distancia, decía, que va de ahí a </span><i><span style="font-weight: 300;">A hard rain’s a-gonna fall</span></i><span style="font-weight: 300;">: (uso aquí la estupenda traducción de <strong>Javier Ortiz</strong> para una imprescindible conferencia que dio sobre Dylan):</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Regreso antes de que la lluvia empiece a caer,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">caminaré hasta lo más hondo del bosque más abrupto y sombrío,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde abunda la gente con las manos vacías,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde las bolas de veneno inundan las aguas,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el hogar del valle parece una sucia y húmeda prisión,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el rostro del verdugo está siempre bien tapado,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el hambre es odiosa, donde las almas están olvidadas,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el color el negro y el número nada,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y lo diré, y lo pensaré, y lo hablaré, y lo respiraré,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y lo mostraré desde la montaña para que todas las almas lo vean,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y luego me asentaré en el océano hasta que comience a hundirme,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">pero, antes de cantarla, me aprenderé bien mi canción,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y es que es fuerte, muy fuerte,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">es muy fuerte la lluvia que va a descargarse.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Sir <strong>Christopher Ricks</strong>, catedrático jubilado de la universidad de Oxford autor de </span><i><span style="font-weight: 300;">Bob Dylan’s Visions of Sin</span></i><span style="font-weight: 300;">, un abrumador tratado sobre las letras del cantautor, y también de reconocidos ensayos sobre Milton, Keats y Eliot, no duda en situarlo a la altura de estos. También alerta del peligro que encierra equiparar la letra de una canción con un poema: “El arte dylanita, como el de cualquiera que se dedique a escribir canciones, necesita de la partitura y la interpretación para desarrollar todo su potencial. Interprete genial, Dylan está en el negocio y el juego de enfrentar el tempo y la rima. Las cadencias, la forma de cantar, el drapeado rítmico, no hacen superior a la canción sobre el poema: sólo sitúan en otros rincones sus poderes”.</span></p>
<h5 style="text-align: left;">No es (solo) poesía</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">De ahí que tampoco salgan bien parados los comentaristas extáticos, los fans acríticos ¡y los colegas de oficio! que se felicitaron por el premio y no ven ningún problema en que hablemos de Bob Dylan como poeta y dejemos fuera sus otros poderes. Gente que celebra el galardón y baila sobre las excelsas virtudes del letrista por antonomasia, mientras ignora de forma consciente las advertencias del propio Dylan: “En cualquier caso lo único que importa es la canción, no el sonido. Sólo me importa la musicalidad. Las letras sólo las considero en tanto que pueda cantarlas. <strong>Es la música contra la que cantas las palabras la que realmente importa.</strong> Escribo letras porque necesito algo para cantar. Es la diferencia entre las palabras en el papel y la canción. La canción desaparece en el aire, el papel permanece” (</span><i><span style="font-weight: 300;">Newsweek</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1968). Pero Bob no sería Bob, la esfinge, el gran burlón, si no hubiera afirmado también esto: “Me considero un poeta, y sólo después un músico” (</span><i><span style="font-weight: 300;">Melody Maker</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1978). O bien, “Las melodías no importan, tío, importan las palabras” (entrevistado por <strong>Anthony Scaduto</strong> para su seminal libro </span><i><span style="font-weight: 300;">Bob Dylan</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1971).</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Resumiendo: <strong>Bob Dylan no es un poeta, por más que su escritura reviente de hallazgos poéticos de primer orden.</strong> Aunque sus metáforas sean de una originalidad y una fuerza que aplastan. Aunque sus textos viajen a lomos de una alucinante capacidad rítmica y tiren coces multicolores de mula eléctrica. Aunque en sus canciones haya referencias constantes, enseñanzas, relecturas, guiños, </span><i><span style="font-weight: 300;">collages </span></i><span style="font-weight: 300;">y puestas al día de Homero y Safo, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Eclesiastés </span></i><span style="font-weight: 300;">y los </span><i><span style="font-weight: 300;">Evangelios</span></i><span style="font-weight: 300;">, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Apocalipsis</span></i><span style="font-weight: 300;"> y la </span><i><span style="font-weight: 300;">Torá</span></i><span style="font-weight: 300;">, <strong>Shakespeare</strong> y <strong>Verlaine</strong> y <strong>Baudelaire</strong>, los discursos de <strong>Lincoln</strong> y los viejos periódicos que daban cuenta de la Guerra de Secesión; aunque, por poner un ejemplo, sólo en una canción suya, cualquiera, la breve y menor </span><i><span style="font-weight: 300;">I Dreamed I Saw St. Augustine</span></i><span style="font-weight: 300;">, el estudioso <strong>Alessandro Carrera</strong>, profesor de la Universidad de Houston, encuentre versos que aluden a <strong>San Agustín</strong>, aunque podría tratarse de <strong>Agustín de Canterbury</strong>, a <strong>Big Brown</strong>, un mendigo que interpretaba monólogos en Washington Square en el Greenwich Village, a principios de los 60, a </span><i><span style="font-weight: 300;">Joe Hill</span></i><span style="font-weight: 300;">, la canción de 1936 de <strong>Earl Robinson </strong>y <strong>Alfred Hayes</strong> que honraba a <strong>Joe Hill</strong>, el sindicalista de Workers of the World fusilado en 1915, a Marcos 5,41 y Lucas 8,54, a la primera </span><i><span style="font-weight: 300;">Epístola a los Corintios</span></i><span style="font-weight: 300;"> 13,12… y, ya digo, hablamos de una cancioncita menor, y aunque en realidad el laberíntico y endemoniado juego de referencias cruzadas, que puede pasar de la épica construcción de la presa Hoover al Santo Job y de un clásico oscuro del </span><i><span style="font-weight: 300;">rythm and blues</span></i><span style="font-weight: 300;"> a una expresión del sur, una alusión a la fundación del país, un pasaje de <strong>Petrarca</strong> o una línea de <strong>Chuck Berry</strong>, nunca caiga en el simple funambulismo. <strong>Dylan sabe cómo emocionar y, a menudo, sus textos resuenan con el eco de campana de un desatado Whitman</strong>. Son letras, además, sazonadas de humor. A veces delicado y otras grueso. Y a medida que quemaba etapas han pasado de mostrar la huella de los </span><i><span style="font-weight: 300;">beats</span></i><span style="font-weight: 300;"> y la ascendencia simbolista a la intrincada sencillez de las </span><i><span style="font-weight: 300;">Basement Tapes</span></i><span style="font-weight: 300;">, pura arqueología, o las técnicas cubistas de </span><i><span style="font-weight: 300;">Tangled Up in Blue</span></i><span style="font-weight: 300;">, que cuenta una historia de amor y pérdida mezclando los planos temporales.</span></p>
<figure id="attachment_7971" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-7971" src="/wp-content/uploads/2018/03/AR-AO305_Dylan_M_20161013174323-1024x682.jpg" alt="Dylan y Allen Ginsberg ante la tumba de Kerouac en Lowell, Massachusetts, en 1975.  / Ken Regan" width="690" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Dylan y Allen Ginsberg ante la tumba de Kerouac en Lowell, Massachusetts, en 1975. / Ken Regan</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Pero son y siguen siendo canciones. <strong>¿Literatura? Sí, claro, por supuesto. Pero literatura que brilla y quema mucho más al acercarse al micrófono: porque, y esa otra, nadie frasea como Bob Dylan.</strong> El dueño de un portentoso </span><i><span style="font-weight: 300;">decidor</span></i><span style="font-weight: 300;">, por usar la afortunada expresión de Sabina, con el que revolucionó los parámetros de la canción popular a principios de los 60, al demostrar que lo de menos era estar en posesión de una voz, digamos, bonita, y que hoy, con la garganta arrasada por décadas de nicotina y conciertos, entrega dos discos en los que versionea a <strong>Frank Sinatra</strong>, </span><i><span style="font-weight: 300;">Shadows in the Night</span></i><span style="font-weight: 300;"> y </span><i><span style="font-weight: 300;">Fallen Angels</span></i><span style="font-weight: 300;">, y, tahúr de tahúres, no sólo sale vivo del empeño sino que lo hace suyo de tal forma que reduce a ceniza todos esos discos preciosistas en los que los <strong>Rod Stewart</strong> y las <strong>Diana Krall </strong>del mundo han dilapidado el repertorio de Bing Crosby y Cía. a base de inyectarle melaza y recursos mil veces vistos.</span></p>
<h5 style="text-align: left;">Incomprensión patria</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">A uno, en fin, no le queda otro remedio que rematar hablando de España. Ya sabemos que aquí las circunstancias históricas conspiraron contra la llegada del </span><i><span style="font-weight: 300;">rock and roll</span></i><span style="font-weight: 300;">. En los 60 era imposible conseguir discos de Dylan en España. Durante años, el jefe de la delegación de su disquera, o sea, el tipo que decía qué se importaba y qué no, era un famoso presentador de televisión especializado en copla. También es legendaria la anécdota que explica los antecedentes profesionales del crítico de rock más influyente que tenemos, <strong>Diego A. Manrique</strong>. Lo contaba él mismo en <a href="http://www.jotdown.es/2012/02/diego-manrique-en-espana-las-descargas-jamas-seran-rentables/" target="_blank">una entrevista que le hicieron <strong>Julio Tovar</strong> y <strong>Ricardo Jonás G.</strong> para </a></span><a href="http://www.jotdown.es/2012/02/diego-manrique-en-espana-las-descargas-jamas-seran-rentables/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Jot Down</span></i></a><span style="font-weight: 300;">:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"> –</span><i><span style="font-weight: 300;">¿Cómo llegas a colaborar en ‘Triunfo’?</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;"> </span></i><span style="font-weight: 300;">–</span><i><span style="font-weight: 300;">¡Pues mandando una carta! Es absolutamente asombrosa la inocencia de aquellos tiempos. En el año 72 empezaron a publicar bastantes artículos sobre la contracultura a raíz de un viaje que organizó Bocaccio a California con toda la Gauche Divine.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;"> </span></i><span style="font-weight: 300;">– </span><i><span style="font-weight: 300;">Es difícil imaginar a Rosa Regàs hippie.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">– No sé si fue Regàs, pero Montalbán</span></i><i><span style="font-weight: 400;"> </span></i><i><span style="font-weight: 300;">y otros escribían sobre la contracultura en California y era asombroso, acojonante, no tenían ni puta idea. Entonces mandé una carta a ‘Triunfo’ diciendo que era una vergüenza que este movimiento (el rock) no estuviera siendo cubierto de una forma seria. Me respondieron con una carta diciendo “Si Vd. puede hacerlo mejor, mándenos un artículo“. Y así fue, directamente.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Dirán que transcurrieron cuarenta años, que de aquella indigencia cultural viajamos a una cierta normalidad que nos homogeniza con el resto de Europa, que del tipismo español y la larga noche franquista quedan jirones y que cualquiera con un mínimo de curiosidad puede acceder no ya a los discos de Bob Dylan sino también a una panoplia de traducciones de sus letras, biografías, revistas especializadas y ensayos. Es posible, pero <strong>cómo no sonrojarse leyendo las memeces de unos columnistas apopléjicos en cuanto alguien menciona al cantautor de Duluth.</strong> Cómo no pellizcarse ante los rebuznos de unos contertulios que, literalmente, no tienen ni puta idea de lo que hablan. Enternece la facilidad con la que pontifican e imaginamos que va en el sueldo. Hay que barrer lo que el jefe del programa ordene, rebañar la noticia, fardar y repartir rebuznos. Da igual que el orden del día incluya el último partido del Real Madrid, la confirmación de las ondas gravitacionales o, sí, la concesión del premio Nobel de Literatura a un tipo que en 1965 publicó una canción, </span><i><span style="font-weight: 300;">Ballad of a Thin Man</span></i><span style="font-weight: 300;">, que les encaja como guante a medida o falo acoplado a sus blancas y blandas posaderas.</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Has estado con catedráticos</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Y a todos ellos les gustaba tu aspecto</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Con grandes abogados</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">debatiste sobre leprosos y criminales / Te has empapado de todos</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">los libros de F. Scott Fitzgerald / Eres un buen lector</span></i><span style="font-weight: 300;">, t</span><i><span style="font-weight: 300;">odo el mundo lo sabe</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Pero algo está pasando y tú no sabes qué es / ¿Verdad, Mr. Jones?</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Olvidemos la miseria de unos cronistas que vienen a ser el equivalente de aquellos listos que decían que el cine no es arte, o esos otros que crucificaban a <strong>Alfred Hitchcock</strong> por comercial y a <strong>John Ford</strong> por reaccionario. Especulemos con la razón última por la que el Nobel recayó en un tipo tan huraño como genial, y tan audaz como a menudo incomprensible. Hubiera quedado raro premiar en su día a <strong>Picasso</strong>. Por mucho que con su arte crease “nuevas formas de expresión poética en la gran tradición de la pintura”. Tampoco colaba dárselo a <strong>Chaplin</strong>, que vale, sí, escribía sus guiones, pero al que recordamos, primeramente, como héroe del cine mudo. Perdieron el tren de <strong>Borges</strong>, <strong>Kafka</strong>, <strong>Proust</strong> y <strong>Joyce</strong>. Del siglo XX, y a esa semejante altura sólo quedaba nuestro hombre. Si en tantas ocasiones hicieron el ridículo, y si su premio aspira a entronizar gigantes, con Bob Dylan encontraron su última bala. Bien es cierto que de un calibre tan grueso que supera en mucho la dimensión del premio, pero eso lo saben ellos: poesía o canción, literatura o </span><i><span style="font-weight: 300;">rock and roll</span></i><span style="font-weight: 300;">, pasarán mil años y del Nobel no se acordarán ni las cucarachas. Los discos de Dylan, por el contrario, seguirán ahí. Como </span><i><span style="font-weight: 300;">En busca del tiempo</span></i><span style="font-weight: 300;"> </span><i><span style="font-weight: 300;">perdido</span></i><span style="font-weight: 300;">, las grabaciones de <strong>Louis Armstrong</strong> o </span><i><span style="font-weight: 300;">La quimera del oro</span></i><span style="font-weight: 300;">. Sopla un sol helado y el viento abrasador arranca las medallas allá arriba, en la cumbre del Everest.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JULIO VALDEÓN BLANCO</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"> <iframe src="https://open.spotify.com/embed/user/revistaleer/playlist/4DQL8miVpMm3RallBBFMzQ" width="300" height="380" frameborder="0"></iframe></p>
<p> </p>
<p><em><a href="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6147" src="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277-223x300.jpg" alt="portada277" width="223" height="300" /></a> Una versión de este artículo fue publicada en el <a href="/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/" target="_blank">número de noviembre de 2016, 277, de la Revista LEER</a>. </em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2018/03/dylan-la-forja-del-alma-americana/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El extremo centro</title>
		<link>https://revistaleer.com/2016/12/el-extremo-centro/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2016/12/el-extremo-centro/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 30 Dec 2016 11:03:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[Albert Camus]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Lucas]]></category>
		<category><![CDATA[Arturo Pérez-Reverte]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Dylan]]></category>
		<category><![CDATA[Dario Fo]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Íñigo Lomana]]></category>
		<category><![CDATA[Joan Maragall]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas]]></category>
		<category><![CDATA[Jorge Bustos]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Tallón]]></category>
		<category><![CDATA[Loopoesía]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Jabois]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Philip Roth]]></category>
		<category><![CDATA[prosa cipotuda]]></category>
		<category><![CDATA[T. S. Eliot]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=6246</guid>
		<description><![CDATA[Un puñado de controversias literarias que han marcado el final de 2016 reflejan, en opinión de Jordi Corominas, el preocupante estado del debate público y la ausencia de una ‘densidad’ intelectual particularmente necesaria en tiempos inciertos. A mediados de octubre Barcelona vivió una polémica de hondo calado simbólico. Con motivo de una exposición dedicada a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>U<em>n puñado de controversias literarias que han marcado el final de 2016 reflejan, en opinión de <strong>Jordi Corominas</strong>, el preocupante estado del debate público y la ausencia de una ‘densidad’ intelectual particularmente necesaria en tiempos inciertos.<br />
</em></p>
<p><strong>A mediados de octubre</strong> Barcelona vivió una <a href="https://duckduckgo.com/?q=franco+born+estatua&amp;ia=web" target="_blank">polémica</a> de hondo calado simbólico. Con motivo de <a href="http://elbornculturaimemoria.barcelona.cat/activitat/franco-victoria-republica-2/" target="_blank">una exposición</a> dedicada a estudiar la significación de dos estatuas de la dictadura en el espacio público se ubicó una ecuestre de <strong>Francisco Franco</strong> en la antesala del Mercado del Born, santuario patriótico para los que cultivan el discurso dominante en Cataluña.</p>
<p>La supuesta afrenta derivó en bochorno cuando una noche la derribaron con premeditación y alevosía sin que se persiguiera a los agresores porque no era una medida políticamente correcta. Los días previos la presencia del golpista decapitado había suscitado un debate que en realidad era una lucha entre dos visiones políticas. La primera argumentaba que exponer al <em>ganador</em> de la Guerra Civil era una provocación sin sentido, mientras la segunda –defendida desde el Ayuntamiento– justificaba la muestra por <strong>la necesidad de recuperar la memoria de un pasado que el poder ha borrado deliberadamente</strong> durante cuatro décadas para generar una tabula rasa y una nación de ignorantes sometida a la amnesia de lo pretérito.</p>
<p><strong>Existían <a href="http://www.eldiario.es/catalunya/opinions/estatuas-franquistas_6_547755226.html" target="_blank">muchas posibilidades</a> de crear un debate enriquecedor</strong> que contribuyera a mejorar los postulados del presente a partir del intercambio de ideas y el ejercicio de la autocrítica, pero esta loable hipótesis sucumbió ante el habitual vertido de chascarrillos y eslóganes de poca monta y a una nula voluntad de entrar en el meollo de cuestiones acuciantes. Y así es como <strong>desperdiciamos oportunidades de construir desde temas fundamentales</strong> para corroborar mediocridades más que preocupantes y un absoluto derroche de talento.</p>
<h5><strong>Tres ¿polémicas?<br />
</strong></h5>
<p><strong>Lo mismo sucedió a lo largo de estos últimos meses en el campo literario.</strong> La terna de discusiones debutó un jueves de octubre a la una del mediodía con el anuncio de la concesión del <a href="/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/" target="_blank">Premio Nobel de Literatura a <strong>Bob Dylan</strong></a>. Consideré la decisión un gran acierto, y así lo hice saber al universo, como todo hijo de vecino, a través de <a href="https://www.facebook.com/jordicorominasijulian/posts/10154574738889935" target="_blank">mi muro de Facebook</a>. Escribí que desde mi punto de vista galardonar a Robert Allen Zimmerman era un logro fenomenal porque desde los años 60 la literatura normativa ha dilapidado, en parte porque el medio es el mensaje, su influencia en beneficio del folk o el pop, inigualables en su magnetismo para marcar la época y representarla mediante melodías y canciones de largo recorrido que aún recordamos y tarareamos con entusiasmo. Para culminar mi opinión, válida en su instantaneidad, argumenté que desde sus orígenes la lógica de la poesía era acompañarse de música, por lo que el triunfo del bardo de Minnesota suponía reivindicar una fórmula que, desde lo antiguo, ha modernizado la lírica, tan anquilosada en sus formatos de siempre por el sopor con que muchos escritores de versos perpetúan motivos sin alma para innovar y revolucionar el panorama.</p>
<p>Creo, de otro modo no la sostendría, que mi opinión fundamentada prevalecerá, y lo creo entre otras cosas porque es la que aplico a <a href="/2015/05/laocoonte-live/" target="_blank">Loopoesía</a>, pero esa es otra historia. <strong>Las redes sociales, eso con tanta tendencia a arder, se desataron con una miríada de palabrería repleta de idioteces</strong> que iban desde el <em>yo se lo hubiera dado a Cohen </em>hasta el cabreo de muchos autores que van de iconoclastas porque ninguna editorial quiere sus manuscritos. Lo peor llegó con los <strong>escritores más o menos consagrados, enfadadísimos desde una absurda moral de gremio</strong> que contempla la injusticia desde diferentes perspectivas. Unos criticaban el veredicto de la Academia sueca por perjudicar a literatos que llevaban una vida, pienso en <strong>Philip Roth</strong>, esperando el galardón, o personas a las que les iría mucho mejor el dinero. Otros, afectados por una esperpéntica sinvergonzonería, se rebelaban desde el sofá de su casa mientras comentaban que Dylan canta mal y que lo suyo no es literatura y por lo tanto no merece elevarse a tan preciados altares. <strong>T. S. Eliot</strong> se reía, y otros ganadores de distintos géneros alucinaban por el bajo nivel exhibido por individuos de los que se presumen dotes para armar tesis con un mínimo de coherencia. <strong>Dario Fo</strong>, fallecido la misma jornada del fallo, se revolvía en la antesala del cementerio.</p>
<blockquote><p>Hemos puesto en un pedestal la opinión olvidando que es efímera e inconsistente, y consistencia necesitamos para robustecer los debates ineludibles de nuestro tiempo</p></blockquote>
<p>Las otras dos controversias están entrelazadas íntimamente. La bronca entre académicos protagonizada por <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/13/actualidad/1476377157_913599.html" target="_blank"><strong>Francisco Rico</strong></a> y <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/10/17/actualidad/1476709450_482804.html" target="_blank"><strong>Arturo Pérez-Reverte</strong></a> no pasa de ser un fuego artificial con un buen canal de difusión que, sin embargo, abrió la veda para la siguiente fase que abordaremos en el próximo párrafo. La riña de ilustres plumas desplegó el abanico de risas y se relacionó con la inminente promoción de <em>Falcó </em>(Alfaguara). Pese a todo, creo que más bien se enmarca en la actitud de un escritor que desde hace años vende <strong>una imagen pública muy concreta que el micrófono de Twitter ha exaltado hasta el paroxismo.</strong></p>
<p>De las quijotadas de uno y otro saltamos a un joven columnista al que le dio por inventar <strong>una nueva expresión muy propia del espíritu de nuestra era: <em>prosa cipotuda</em></strong>;  tan novel que el corrector de Word me apremia para que la cambie por <em>capotuda</em>. Según <strong>Iñigo Lomana</strong>, autor del <a href="http://www.elespanol.com/cultura/libros/20161021/164863513_13.html" target="_blank">artículo</a>, la prosa cipotuda tiene como padre a Pérez-Reverte, destaca por su masculinidad, por un contenido bastante hueco que suele repetirse semana tras semana y se vende como la panacea de una supuesta ruptura que no es tal por un grupo de escritores <em>jóvenes </em>con mucho apoyo en las redes, entre los que menciona a <strong>Manuel Jabois</strong>, <strong>Juan Tallón</strong>, <strong>Antonio Lucas</strong> y <strong>Jorge Bustos</strong>.<strong> Sus opiniones, siempre según Lomana, se enmarcan políticamente en la placidez del extremo centro</strong> mientras se acarician su propio ombligo y los/las fans les jalean con devoción.</p>
<p>El artículo desató ríos de tinta y una retahíla de reacciones hilarantes, sobre todo porque resultó muy sencillo identificar a otros <em>cipotudos </em>que en sus estados de Facebook rechazaban el concepto, con lo que de manera involuntaria se quitaban la careta para adscribirse al mismo, refutado desde posiciones más simplistas riéndose del neologismo de marras. Hubiera sido mucho más productivo aprovechar la ocasión para esbozar un debate sobre los motivos que han encumbrado a la velocidad del sonido a los nombres enmarcados en la categoría y preguntarse si “extremo centro” no es un eufemismo de falsa progresía, porque lo cierto es que el cuarteto que Lomana saca a colación se promociona desde <strong>una perspectiva de aire fresco que para muchos es una especie de gatopardismo contemporáneo mediante un simple cambio de caras y firmas</strong>. Eso pensaron los que celebraron el tono irónico y de desenmascaramiento de la columna publicada en <em>El Español</em>, como si la cuestión fuera el típico ajuste de cuentas entre envidias y resentimientos.</p>
<h5><strong>El compromiso incómodo</strong></h5>
<p>Desde mi humilde opinión <strong>lo más interesante de todo el asunto era la mención de ese </strong><em><strong>extremo centro</strong></em>, muy posmoderno y apolítico en apariencia. Pero <strong>el auténtico centro literario es el del compromiso objetivo</strong>, y ninguno de los citados lo ostenta. <strong>Lo ejercieron con verdadera lucidez dos nombres olvidados en su esencia</strong>. El primero de ellos era catalán y se recuerda más a su nieto por motivos obvios.<strong> Joan Maragall</strong> tenía todo para posicionarse hacia la derecha por clase social y posición económica. En 1909, tras los sucesos que la Historia denominó Semana Trágica, escribió una trilogía de artículos donde discutía la actitud de la clase dirigente durante el conflicto. El último se titulaba <strong><em>La ciudad del perdón</em></strong>, reclamaba que los ricos de la Ciudad Condal escucharan a la clase obrera para <strong>abolir la esquizofrenia de dos Barcelonas en una</strong>, algo que aún subsiste. Maragall murió en 1911 y empezaron los homenajes en forma de estatuas, paseos y falsos elogios. El texto, escondido en un cajón por <strong>Enric Prat de la Riba</strong>, director de <em>La veu de Catalunya</em> y futuro presidente de la Mancomunitat, no vio la luz hasta 1932.</p>
<blockquote><p>Maragall y Camus encarnaron el extremo centro y la valentía de no esconderse ni amilanarse, desarrollando polémicas útiles que nunca evitaban la política, porque todo es política</p></blockquote>
<p><strong>Maragall era incómodo, como también lo fue Albert Camus</strong>, quien desde unos principios éticos irreprochables en la esfera pública agitó el avispero condenando los extremos tan propios de la Guerra Fría. Cuando juzgaba que acertaba la izquierda, más afín a su ideario, lo decía, pero si ésta incurría en errores los evidenciaba para enfado de la mayoría, incapaz de entender la postura de un hombre con una conciencia tan prístina, <em>rara avis</em> ayer, hoy y siempre.</p>
<p>Estas dos figuras encarnan, perdonen que repita tantas veces la expresión, el extremo centro y <strong>la valentía de no esconderse ni amilanarse, desarrollando polémicas útiles</strong> <strong>que en ningún momento prescindían de la política</strong>, presente en todos y cada uno de los estratos que engloban los cinco sentidos. Es como cuando el Matto de <em>La Strada</em> de <strong>Federico Fellini</strong> anima a Gelsomina diciéndole que hasta un guijarro tiene su función en el universo. Me puse demasiado poético antes de la conclusión. El centro verdadero es progresista porque invita al cambio y la mejora, y <strong>mientras las palabras sean vacuas no se producirá ningún avance</strong>. Hemos puesto en un pedestal la opinión olvidando que es huidiza y efímera, inconsistente, y consistencia necesitamos para robustecer los necesarios e imprescindibles debates para entender nuestro tiempo, captar sus enfermedades y resolverlas. Porque <strong>con bonitos broches y ocurrencias de ciento cuarenta caracteres no cambiaremos nada</strong>, y esa risa podrida que resuena hasta evaporarse por su pésima calidad prevalecerá mientras la oscuridad sigue instalada sin nadie que la ilumine.</p>
<p style="text-align: right;"><b><i>JORDI COROMINAS i JULIÁN (<a href="https://twitter.com/jordicorominas" target="_blank">@jordicorominas</a>)</i></b></p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><i><a href="/wp-content/uploads/2016/12/PORTADA278.jpg"><br />
<img class="alignleft wp-image-6211" src="/wp-content/uploads/2016/12/PORTADA278-768x1024.jpg" alt="portada278" width="150" height="200" /></a>Este artículo ha sido publicado originalmente en el <a href="/2016/12/leer-en-navidad-extra-2016/" target="_blank">Extra de Navidad</a> Diciembre 2016-Enero 2017, número 278, de la edición impresa de la Revista LEER. </i></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2016/12/el-extremo-centro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Leer en noviembre: Dylan, la hora del trovador</title>
		<link>https://revistaleer.com/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 03 Nov 2016 10:48:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[Alfaguara]]></category>
		<category><![CDATA[Ana S. Pareja]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Colinas]]></category>
		<category><![CDATA[Asamblea Ordinaria]]></category>
		<category><![CDATA[Caitlin Moran]]></category>
		<category><![CDATA[CCCB]]></category>
		<category><![CDATA[Cixin Liu]]></category>
		<category><![CDATA[Clara Obligado]]></category>
		<category><![CDATA[Clara Sánchez]]></category>
		<category><![CDATA[Colm Tóibín]]></category>
		<category><![CDATA[David Pintor]]></category>
		<category><![CDATA[Dylan]]></category>
		<category><![CDATA[EEUU]]></category>
		<category><![CDATA[Elvira Lindo]]></category>
		<category><![CDATA[Elvira Navarro]]></category>
		<category><![CDATA[Feminismo]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Sánchez Dragó]]></category>
		<category><![CDATA[Folk]]></category>
		<category><![CDATA[Francisco robles]]></category>
		<category><![CDATA[Hipólito. G. Navarro]]></category>
		<category><![CDATA[Homero]]></category>
		<category><![CDATA[Jordi Corominas]]></category>
		<category><![CDATA[José María Merino]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Carlos Mestre]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Fajardo]]></category>
		<category><![CDATA[Julio Valdeón Blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Lara Moreno]]></category>
		<category><![CDATA[Laura Freixas]]></category>
		<category><![CDATA[Libros del Asteroide]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Caballero]]></category>
		<category><![CDATA[Marta Sanz]]></category>
		<category><![CDATA[Mitford]]></category>
		<category><![CDATA[Musa Décima]]></category>
		<category><![CDATA[Música]]></category>
		<category><![CDATA[Navona]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Palmira Márquez]]></category>
		<category><![CDATA[Ramon Llull]]></category>
		<category><![CDATA[Richard Ford]]></category>
		<category><![CDATA[Rock]]></category>
		<category><![CDATA[Rosa Montero]]></category>
		<category><![CDATA[Salman Rushdie]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Morante]]></category>
		<category><![CDATA[Solar de Samaniego]]></category>
		<category><![CDATA[Thomas Mann]]></category>
		<category><![CDATA[Vicente Araguas]]></category>
		<category><![CDATA[Víctor Márquez Reviriego]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=6163</guid>
		<description><![CDATA[Estaba en las quinielas, pero a la vista de las reacciones nadie parecía creer que la Academia Sueca tiraría por el camino de la heterodoxia reconociendo a un autor no convencional. El Nobel a Dylan premia a quien representa como pocos el aliento literario de la mejor música popular y su influjo decisivo en la cultura contemporánea. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Estaba en las quinielas, pero a la vista de las reacciones nadie parecía creer que la Academia Sueca tiraría por el camino de la heterodoxia reconociendo a un autor no convencional. El <a href="https://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/2016/index.html" target="_blank">Nobel a Dylan</a> premia a quien <strong>representa como pocos el aliento literario de la mejor música popular</strong> y su influjo decisivo en la cultura contemporánea.</p>
<p><strong>LEER reacciona al polémico veredicto dedicando a Dylan su portada de noviembre.</strong> Desde Nueva York, escenario fundacional del mito, <strong>Julio Valdeón Blanco</strong> argumenta sin disimulo a su favor haciéndose acompañar de <strong>Salman Rushdie</strong>, <strong>Richard Ford</strong> o <strong>Colm Tóibín</strong>, escritores <i>puros</i> que lejos de sentirse agraviados han celebrado la nueva: »¿Literatura? sí, claro, por supuesto. Pero literatura que brilla y quema mucho más al acercarse al micrófono: porque, y esa es otra, nadie frasea como Bob Dylan». Valdeón <strong>escruta la vida y la obra del músico para demostrar la oportunidad del galardón</strong> y explicar el estatuto ambiguo de la creación dylaniana; pese a estar preñada de hallazgos poéticos y engrosar el acervo de un género que nació en la noche de los tiempos para ser cantado, no es (solo) poesía.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277.jpg"><img class="alignleft wp-image-6147" src="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277-760x1024.jpg" alt="portada277" width="345" height="465" /></a>Una idea en la que abunda <strong>Vicente Araguas</strong>. <strong>Autor de la primera tesis defendida en España sobre <em>el mundo poético de Bob Dylan</em></strong> y que pronto verá la luz en forma de libro, complementa en LEER la defensa del Nobel equipado de erudición y referencias, desde <em>Mio Cid</em> a los <em>beats</em>. «Es tan <strong>Homero</strong> como que un <strong>Schliemann </strong>del futuro tendrá que echar mano de su música para reconstruir esta América que es Troya».</p>
<p>Y para rematar, uno de los más conspicuos seguidores españoles de Dylan, <strong>Javier Rioyo</strong>, pone una Coda que es crónica sentimental y desagravio de quien «ya está donde nunca estuvieron <strong>Whitman</strong>, <strong>Lorca</strong>, <strong>Borges</strong> o <strong>Joyce</strong>».</p>
<h5><strong>Feminismo: del pudor a la moda</strong></h5>
<p>«Está a la orden del día y ha entrado de manera tajante en las letras. Ha emergido de las universidades americanas para instalarse en las novelas, en los ensayos literarios, en los medios generalistas». Es el otro gran tema del número de noviembre de LEER: un nuevo feminismo que se manifiesta en series de televisión como <em>Girls</em> o en autoras superventas como <strong>Caitlin Moran</strong>. <strong>Marta Caballero</strong> analiza este supuesto auge de un nuevo feminismo literario con diez mujeres del <em>mundillo </em>(escritoras, editoras y agentes): <strong>Rosa Montero, Elvira Navarro, Laura Freixas, Clara Sánchez, Lara Moreno, Clara Obligado, Ana S. Pareja, Palmira Márquez, Marta Sanz y Elvira Lindo</strong>. Además, <strong>Alicia González</strong> escribe sobre tres antologías recientes de poesía de mujeres, todo ello con el toque visual de una de las ilustradoras más importantes del panorama español actual, <strong>Sara Morante</strong>.</p>
<figure id="attachment_6179" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-6179" src="/wp-content/uploads/2016/11/RamonLLul-768x1024.jpg" alt="" width="345" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Ramon Llull por David Pintor.</figcaption></figure>
<p>Otro gran artista de la ilustración, <strong>David Pintor</strong>, concurre cada mes en las páginas de LEER iluminando la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, que esta vez se cita con <strong>Ramon Llull</strong>, el sabio mallorquín de cuya muerte se cumplen este año siete siglos, y que es protagonista de <a href="http://www.cccb.org/es/exposiciones/ficha/la-maquina-de-pensar/223672" target="_blank">una exposición antológica en el CCCB</a>.</p>
<p><strong>José María Merino</strong> acaba de publicar <em>Musa Décima</em> (Alfaguara), novela que rescata la controvertida figura renacentista de Oliva Sabuco, y abre el completo catálogo de entrevistas del número de noviembre de LEER, donde convive con <strong>Hipólito G. Navarro</strong>, <strong>Juan Carlos Mestre</strong> y <strong>Fernando Sánchez Dragó</strong>. Además, la crónica del II Premio Internacional de Novela Solar de Samaniego (<em>La maldición de los Montpensier</em> de <strong>Francisco Robles</strong>) llega acompañada con sugerencias de alto contraste como la <em>Asamblea ordinaria</em> de <strong>Julio Fajardo</strong>, que según Jordi Corominas «afronta con rigor el reto de sumergirse en el presente sin naufragar en el intento como la mayoría de las precedentes <em>novelas de crisis</em>», la ciencia ficción china de <strong>Cixin Liu</strong>, las memorias poéticas de <strong>Antonio Colinas</strong> y obras de entreguerras que coinciden ahora en las librerías como los inéditos <em>Textos críticos</em> de <strong>Thomas Mann</strong> publicados por Navona o las cartas de las hermanas <strong>Mitford</strong> (Tres Hermanas).</p>
<h6>Son solo algunos de los muchos contenidos de un número de noviembre de LEER <strong>disponible en quioscos y librerías españolas</strong>, y que por muy poco puedes recibir mensualmente en tu casa <a title="SUSCRÍBETE" href="/suscribete/" target="_blank">suscribiéndote</a>.</h6>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>3</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Juan Ramón o la memoria de las olas</title>
		<link>https://revistaleer.com/2015/03/juan-ramon-o-la-memoria-de-las-olas/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2015/03/juan-ramon-o-la-memoria-de-las-olas/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 06 Mar 2015 10:27:54 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entremeses]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Fernández Jiménez]]></category>
		<category><![CDATA[Antonio Gonzalo]]></category>
		<category><![CDATA[Carlos Álvarez-Nóvoa]]></category>
		<category><![CDATA[Cine]]></category>
		<category><![CDATA[Gregorio Martínez Sierra]]></category>
		<category><![CDATA[Huelva]]></category>
		<category><![CDATA[Juan Ramón Jiménez]]></category>
		<category><![CDATA[La luz con el tiempo dentro]]></category>
		<category><![CDATA[Machado]]></category>
		<category><![CDATA[Magenta Films]]></category>
		<category><![CDATA[Marc Clotet]]></category>
		<category><![CDATA[Moguer]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Platero]]></category>
		<category><![CDATA[Poesía]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto Rico]]></category>
		<category><![CDATA[Ramón Gómez de la Serna]]></category>
		<category><![CDATA[Sorolla]]></category>
		<category><![CDATA[Tamara Arias]]></category>
		<category><![CDATA[Teresa Calo]]></category>
		<category><![CDATA[Valle-Inclán]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=3802</guid>
		<description><![CDATA[De entre todas las escenas de La luz con el tiempo dentro hay una, breve e intensa como un poema, que destaca por encima del resto: un paisaje marino inunda la pantalla del cine mientras la voz profunda de Carlos Álvarez-Nóvoa, en el papel de un ajado Juan Ramón Jiménez, va recitando mansamente: tus olas [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">De entre todas las escenas de <a href="http://laluzconeltiempodentro.com/" target="_blank"><em>La luz con el tiempo dentro</em></a> hay una, breve e intensa como un poema, que destaca por encima del resto: un paisaje marino inunda la pantalla del cine mientras la voz profunda de <strong>Carlos Álvarez-Nóvoa</strong>, en el papel de un ajado <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>, va recitando mansamente: <em>tus olas van, como mis pensamientos, / y vienen, van y vienen</em>, / <em>besándose, apartándose, / en un eterno conocerse, / mar, y desconocerse.</em> La idea del poema es también el latir de<strong> la primera película de ficción sobre el Nobel de Literatura</strong> producida por Magenta Films y que se estrena hoy: un Juan Ramón Jiménez anciano que trata de rememorar los hechos capitales de su vida. El director <strong>Antonio Gonzalo</strong>, con guión de <strong>Teresa Calo</strong>, nos sumerge en la tormenta lírica y marina que es la mente y el corazón del poeta onubense.</p>
<p style="text-align: left;">Vestida de <strong>Sorolla</strong> (el pintor valenciano también aparece en el largometraje), y de azulejos andaluces y caleidoscópicos, la historia está narrada en primera persona por el propio Juan Ramón Jiménez <strong>en su última etapa de exiliado en Puerto Rico</strong>, ya enfermo y poco antes de fallecer. Narra, o se narran, <strong>los pasajes que van llegando, como olas, a su memoria</strong>, desde un lenguaje preciso y elaborado, como si hablara en verso sobre las tablas de un teatro. Es en realidad una conversación consigo mismo, en la que en un momento determinado aparece en su habitación incluso otro Juan Ramón Jiménez más joven (<strong>Marc Clotet</strong>) con el que establece una dialéctica sobre <a href="/2014/03/sazon-de-juan-ramon/" target="_blank">su vida</a>, la vida de ambos. Y dejando hablar a sus memorias, estallan <em>flashbacks</em> repentinos y fugaces, como esa escena en la que de repente ha muerto su padre, <strong>Víctor Jiménez</strong>, y el joven Juan Ramón camina hacia él temblando y le cierra los ojos con las palmas de sus manos. Imágenes que por su plasticidad perduran a lo largo de una vida; escenas capitales pero efímeras en la memoria de una personalidad poética que propende irremediablemente a la melancolía, que es lo que trata de curarse cuando ingresa en el sanatorio donde se fraguó la revista literaria <em>Helios </em>y recibió las visitas de <strong>Villaespesa</strong> y <strong>Machado</strong>, <strong>Valle-Inclán</strong> o <strong>Gómez de la Serna</strong>.</p>
<p style="text-align: left;"><em>La luz con el tiempo dentro</em>, verso que el autor de <em>Platero y yo</em> (1914) creó para referirse a su Moguer natal, logra transmitir algo realmente complejo de captar por las cámaras: la sensibilidad del poeta. Tanto Clotet como Álvarez-Nóvoa no tienen de Juan Ramón Jiménez solo la barba blanca o negra, la alopecia más o menos pronunciada; <strong>en los ojos de ambos, en el andar, en el llorar, o hasta en el golpear en el lomo de Platero, está latente una visión del mundo, un caminar con la persona lírica a cuestas.</strong> En busca del ideal de mujer, quizá sustentado en su “mamá pura” (Ana Fernández), JRJ lo encontró finalmente en <strong>Zenobia Camprubí</strong> (interpretada por <strong>Tamara Arias</strong>), a quien Juan Ramón dedica su <em>Diario de un poeta recién casado</em> (1917), donde consigue <em>esclarecer / tu verdad con la mía; / pues que tú me has dejado, / con tu oculto fluir, / para tu sonreír / como un iluminado</em>. Las sonrisas de Tamara Arias reflejan con frescura esa idea de independencia, inusual para una mujer de aquel tiempo, que paseaba Zenobia. Una Zenobia que cuando Juan Ramón se perdía en su mundo de palabras y hablaba casi como si estuviera siempre recitando no se cortaba al reprenderle: “¡No hable usted de esa manera!”, “¡Es usted un triste!”, o “¡Ya salió el poeta lastimero! ¡Trasnochado!”. Porque ella quería verle sonreír, quería curarle la tristeza.</p>
<p><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/iMJOqCN2Cqg?rel=0" width="690" height="388" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p style="text-align: left;">La imagen prevalente del Juan Ramón de <em>La luz con el tiempo dentro</em> es la del poeta viejo y moribundo, como mecido por las olas, recordando a tantos que ya partieron, recordándose con treinta años, arrebujado en un poncho, bajo un parral, escribiendo con tiritar enfermizo en Fuentepiña, donde, a pesar de mandar cartas a su amigo <strong>Gregorio Martínez Sierra</strong>, que siempre empezaban con “Estoy mal, muy mal”, un burrito llamado Platero y la vida al aire libre le dieron un hálito de vida y calmaron su tendencia destructiva a la tristeza.</p>
<p style="text-align: left;">Le mantienen vivo, al cabo, la voz de Zenobia grabada en un magnetofón y todo lo que le recuerde lo que miraron los ojos de su infancia: en una de las primeras escenas de esta entrañable y delicada película aparece el poeta de niño mirando su inseparable caleidoscopio. Su madre llega y le dice: “¿Qué haces tanto tiempo ahí?”. Y él responde: “Miro”. Es lo mismo que le dice a su enfermera muchos años después, en Puerto Rico, ya cercano a la muerte. Mirar, mirarse, para comprenderse. Hablarse, hablarnos para que le comprendamos. Como olas que <em>vienen, van y vienen</em>, / <em>besándose, apartándose, / en un eterno conocerse, / mar, y desconocerse</em>. <strong><em>La luz con el tiempo dentro</em> es el homenaje de poesía visual que se merecía el poeta.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>ANTONIO FERNÁNDEZ JIMÉNEZ</em></strong></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2015/03/juan-ramon-o-la-memoria-de-las-olas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>El cura y los mandarines: historia de un libro nonato</title>
		<link>https://revistaleer.com/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 17:12:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Extensiones digitales]]></category>
		<category><![CDATA[Camilo José Cela]]></category>
		<category><![CDATA[Carmen Balcells]]></category>
		<category><![CDATA[Crítica]]></category>
		<category><![CDATA[El cura y los mandarines]]></category>
		<category><![CDATA[El maestro en el Erial]]></category>
		<category><![CDATA[El País]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Palmero]]></category>
		<category><![CDATA[Gil de Biedma]]></category>
		<category><![CDATA[Gregorio Morán]]></category>
		<category><![CDATA[Javier Pradera]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Aguirre]]></category>
		<category><![CDATA[Jesús Gil y Gil]]></category>
		<category><![CDATA[José María Castellet]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Vargas Llosa]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Ortega y Gasset]]></category>
		<category><![CDATA[Planeta]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=2573</guid>
		<description><![CDATA[EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de El cura y los mandarines gracias a Víctor Márquez Reviriego, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de Gregorio Morán. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, Víctor nos anticipó la inminente publicación de un libro [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de <em>El cura y los mandarines</em> gracias a <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de <strong>Gregorio Morán</strong>. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, <strong>Víctor nos anticipó la inminente publicación de un <em>libro bomba</em></strong> en el que el controvertido escritor asturiano afincado en Barcelona venía trabajando desde hacía cerca de diez años.</p>
<p>Morán, que firma cada fin de semana en <em>La Vanguardia</em> unas implacables “<a href="http://hemeroteca.lavanguardia.com/search.html?fromISO=true&amp;q=%2522SABATINAS%2520INTEMPESTIVAS%2522&amp;aux=%22SABATINAS+INTEMPESTIVAS%22&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1881&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2014&amp;x=0&amp;y=0" target="_blank">Sabatinas intempestivas</a>”, es sobre todo <strong>autor de un puñado de libros muy importantes</strong>: <em>Miseria y grandeza del Partido Comunista de España</em>, el libro de referencia sobre el PCE que le publicara <strong>Rafael Borràs</strong> en la Colección Espejo de España de Planeta en 1986 y hoy inencontrable; la anterior y excelente biografía <em>Adolfo Suárez, historia de una ambición</em>, y su prolongación en <em>Adolfo Suárez. Ambición y destino</em> (Debate, 2009); o <em><strong>El maestro en el erial</strong>. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo</em>, publicado por Tusquets en 1998, <strong>retrato demoledor de la cultura española de la inmediata posguerra</strong> a través de la figura de su gran referente intelectual, desde su regreso a España en 1945 hasta su muerte diez años después.</p>
<p><strong>En esas mismas coordenadas se nos anticipaba <em>El cura y los mandarines</em>, una suerte de continuación de <em>El maestro en el erial</em></strong> en tanto que elucidación de la cultura oficial española, pero que llegaría hasta la transición democrática y más allá y que en esta ocasión tomaría a <strong>Jesús Aguirre como hilo conductor.</strong> Y así lo confirmó el propio Gregorio Morán cuando el pasado 13 de septiembre recibió a <strong>Fernando Palmero</strong> en su domicilio de Barcelona para hablar del que iba a ser su próximo, inminente libro. “<strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación”, afirma en el arranque de la conversación, y <strong>así se recoge en la larga entrevista que publicamos en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octubre de LEER.</a></strong></p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741.jpg"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Gregorio Morán durante la entrevista concedida a LEER (fotos: Ana Lisis).</figcaption></figure>
<p>“También es una continuación del libro de Ortega, porque el libro de Ortega es <strong>una explicación de la barbarie en la cual nacimos. Por eso es posible que este libro no exista</strong>, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega”. Con estas palabras Morán <strong>anticipaba para <em>El cura y los mandarines</em> un velo de silencio equivalente</strong> al que rodeó a <em>El maestro en el erial</em>, –en aquella ocasión inadvertidamente roto por el <a href="http://elpais.com/diario/1998/03/01/opinion/888706803_850215.html" target="_blank">entusiasta comentario de <strong>Mario Vargas Llosa</strong></a> en páginas habitualmente poco propicias para Morán como las de <em>El País</em>–. Finalmente <strong>el velo de silencio ha sido innecesario; el libro, al menos de momento, ni siquiera existe en sentido estricto.</strong></p>
<p>Un libro con Aguirre como figura y reclamo, pero cuya “historia es más compleja. <strong>Están los Pradera, los Gil de Biedma, los Castellet… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba</strong>”.</p>
<figure id="attachment_2584" style="width: 200px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-2584" src="/wp-content/uploads/2014/10/el-cura-y-los-mandarines_9788498927443.jpg" alt="el-cura-y-los-mandarines_9788498927443" width="200" height="292" /><figcaption class="wp-caption-text">Portada de un libro “nonato”.</figcaption></figure>
<p>El relato comienza en 1962; porque “hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos”, justifica su autor. Y llega hasta 1996, año de la primera derrota electoral socialista después de su <em>landslide</em> del 82; un triunfo que se manifestó verdaderamente aplastante en materia cultural. En palabras de Morán, <strong>“el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable (…). Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</strong></p>
<p>De esto y mucho más; de cómo, según él, <strong>Camilo José Cela</strong> –“no creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar”– consiguió el Nobel; <strong>del pasado de muchos intocables de la cultura progresista</strong>, y del comportamiento de algunos de ellos con figuras del exilio como <strong>Max Aub</strong>; de personajes en apariencia tan distantes como <strong>Carmen Balcells</strong> y <strong>Jesús Gil y Gil</strong> <strong>habla Gregorio Morán en el número de octubre de LEER como probablemente no lo haga hasta que logre ver publicado en otra editorial <em>El cura y los mandarines</em>.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"><a href="/2014/10/leer-en-octubre/"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><strong>Lee la entrevista a Gregorio Morán</strong> sobre “El cura y los mandarines” en el <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">número de octubre de 2014</a> de la Revista LEER. Pídelo en quioscos y librerías seleccionados o <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>.</address>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>9</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Realismo “high class”</title>
		<link>https://revistaleer.com/2014/09/realismo-high-class/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2014/09/realismo-high-class/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 22 Sep 2014 16:27:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[#LEER255]]></category>
		<category><![CDATA[El mono blanco]]></category>
		<category><![CDATA[Fleur Forsyte]]></category>
		<category><![CDATA[Joaquín Sorolla]]></category>
		<category><![CDATA[John Galsworthy]]></category>
		<category><![CDATA[La cuchara de plata]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Reino de Cordelia]]></category>
		<category><![CDATA[Susana Carral]]></category>
		<category><![CDATA[Un cortejo silencioso]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=2420</guid>
		<description><![CDATA[Tiene razón Susana Carral, traductora (buena) y autora del prefacio del libro objeto de este comentario cuando dice que John Galsworthy, autor preterido por el personal high-brow ante los escritores del grupo Bloomsbury, entre otras cosas por el éxito televisivo de La saga de los Forsyte, ha terminado imponiéndose por el poderío de su realismo, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Tiene razón <strong>Susana Carral</strong>, traductora (buena) y autora del prefacio del libro objeto de este comentario cuando dice que <strong>John Galsworthy</strong>, autor preterido por el personal <em>high-brow</em> ante los escritores del grupo Bloomsbury, entre otras cosas por el <a href="http://www.imdb.com/title/tt0061253/" target="_blank">éxito televisivo</a> de <em>La saga de los Forsyte</em>, ha terminado imponiéndose por el poderío de su realismo, victoriano en un principio, hoy ya despojado de cualquier etiqueta que no sea su calidad intrínseca. La que atesora este tomo, en edición cuidadosísima de Reino de Cordelia (con retrato de <strong>Joaquín Sorolla</strong> en la sobrecubierta), que nos habla de la relación matrimonial de Fleur Forsyte y Michael Mont, miembro de la Cámara de los Comunes tras haber dejado su trabajo como editor. Una novela casi costumbrista si no fuera porque Galsworthy, <strong>Premio Nobel de Literatura en 1932</strong>, impregna su pluma de penetración sociológica sin dejar de mano ese realismo documentadísimo que es marca de la casa y sello de la Inglaterra del período de entreguerras. Acompaña <em>La cuchara de plata</em> una novelita de transición, <em>Un cortejo silencioso</em>, escrita entre aquella y su predecesora, <em>El mono blanco</em>, que nos cuenta cómo y cuándo fue el primer amor de Fleur Forsyte, todo un carácter. Una entrega, pues, pura delicatessen.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>VICENTE ARAGUAS</em></strong></p>
<address><em><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=144"><img class="alignleft wp-image-2421" src="/wp-content/uploads/2014/09/La-cuchara-de-plata-663x1024.jpg" alt="La cuchara de plata" width="150" height="231" /></a><a href="http://www.reinodecordelia.es/libro.php?id=144" target="_blank">LA CUCHARA DE PLATA</a></em></address>
<address><strong><em>John Galsworthy</em></strong></address>
<address>Reino de Cordelia. Madrid, 2014</address>
<address>480 páginas. 25,95 euros</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address><em>Una ver­sión de esta reseña ha sido publi­cada en el <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de septiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>)</em></address>
<address> </address>
<p>Para saber más:</p>
<ul>
<li><em>John Galsworthy, <a href="http://www.nobelprize.org/nobel_prizes/literature/laureates/1932/galsworthy-bio.html" target="_blank">premio Nobel en 1932</a>.</em></li>
<li>Obras de Galsworthy en <a href="http://www.gutenberg.org/browse/authors/g#a850" target="_blank">Proyecto Gutenberg</a>.</li>
</ul>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2014/09/realismo-high-class/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Un curry de paradojas</title>
		<link>https://revistaleer.com/2014/05/un-curry-de-paradojas/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2014/05/un-curry-de-paradojas/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 13 May 2014 15:58:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
		<category><![CDATA[Amartya Sen]]></category>
		<category><![CDATA[Economía]]></category>
		<category><![CDATA[India]]></category>
		<category><![CDATA[Jean Drèze]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=1246</guid>
		<description><![CDATA[La India tiene a sus espaldas una secular historia, con figuras carismáticas como Gandhi, y es poseedora de una civilización que ha despertado la imaginación de muchos occidentales. Recordemos, por ejemplo, la extraordinaria novela Pasaje a la India, de E. M. Forster –llevada al cine en una no menos excelente película por David Lean–, en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La India tiene a sus espaldas una secular historia, con figuras carismáticas como Gandhi, y es poseedora de una civilización que ha despertado la imaginación de muchos occidentales. Recordemos, por ejemplo, la extraordinaria novela <em>Pasaje a la India</em>, de E. M. Forster –llevada al cine en una no menos excelente película por David Lean–, en la que el <strong>choque intercultural</strong> aparece tratado en toda su complejidad. El país que refleja el relato de Forster se encuentra todavía en su etapa colonial, una etapa que finaliza en agosto de 1947, y culmina a comienzos del año siguiente, cuando una nueva Constitución entra en vigor.  A partir de ese momento en el que <strong>la India</strong><strong> se libera de la tutela británica</strong> y, sobre todo, en los últimos tiempos, comienza un camino lleno de logros que ha asombrado al mundo. Hoy, el país asiático, el segundo más poblado de la tierra, sigue inmerso en <strong>grandes transformaciones, que lo han convertido en una de las naciones con más rápido desarrollo económico</strong>, casi a la par que China.</p>
<p>Paralelamente, ha sabido consolidar la democracia y se aprecian señales, como la libertad de prensa y la abundancia de periódicos –a diferencia de lo que ocurre en muchos otros lugares aquejados de una gran crisis en el sector–, que nos remiten a su buena salud democrática. Sin olvidar tampoco, por ejemplo, que <strong>la expectativa de vida en la India actual dobla a la de la década de los cincuenta</strong>, estando hoy en torno a los 66 años, lo que en relación con la media occidental es bastante menor, pero que resulta un gran adelanto si se compara con la que había, cifrada en unos 32 años. O el descenso de la mortalidad infantil, ahora un cuarenta y cuatro por mil nacimientos, en contraste con ciento ochenta en la década de los cincuenta.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/05/Portada-Una-gloria-incierta.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1247" src="/wp-content/uploads/2014/05/Portada-Una-gloria-incierta.jpg" alt="Portada Una gloria incierta" width="320" height="510" /></a>De todos los avances de la India se nos habla en <strong><em>Una gloria incierta</em>. <em>India y sus contradicciones</em> (Taurus), escrito por el economista Jean Drèze,</strong> nacido en Bélgica, pero ciudadano de la India, donde vive desde 1979 y cuya nacionalidad obtuvo en 2002, y <strong>Amartya Sen (Shantinketen, India, 1933), Premio Nobel de Economía</strong> en 1998. Así certifican: “Durante los últimos veinte años, la economía india lo ha hecho muy bien en materia de crecimiento del producto interior bruto (PIB): cerca del 6 por ciento anual en términos reales en la década de 1990 y más del 7 por ciento en la última década”. No tiene, sin embargo, nada de complaciente este trabajo con ese avance. Aunque sus autores reconocen el éxito de su país, les interesa muy especialmente, y este es el centro de su obra, poner de manifiesto que no es oro todo lo que reluce y que estaríamos ciegos si solo contemplásemos la parte más positiva. Ciegos y, sobre todo, insensibles ante una realidad atravesada por numerosas paradojas, en no pocos casos lacerantes. Y ello porque, apuntan, “mientras la India ha ascendido rápidamente en el índice de las tasas de crecimiento económico, <strong>ha descendido en la escala de los indicadores sociales de las condiciones de vida,</strong> incluso en comparación con países a los cuales la India aventaja en materia de crecimiento económico”.</p>
<p>Drèze y Sen se preguntan “hasta qué punto han sido erradicados los viejos problemas de la India” y llevan a cabo un exhaustivo recorrido por <strong>los déficits que acumula el país</strong> a los que se debe encontrar soluciones con urgencia. Por ejemplo, la pobreza, pues, pese al desarrollo económico, <strong>millones de hindúes viven prácticamente en la miseria</strong>, o la <strong>lentísima implantación de la educación</strong>, elemento esencial para el verdadero progreso, recordando Dréze y Sen la apreciación  de Tagore al señalar: “En mi opinión, la imponente torre de miseria que hoy permanece en el corazón de la India tiene su fundamento en la falta de educación”.  Diagnóstico que, si bien les parece un tanto exagerado, juzgan certero y todavía vigente. De igual forma, <strong>muy defectuoso es el sistema sanitario</strong>, ya que, explican, el gasto público en sanidad se ha movido alrededor del 1 % del PIB en los últimos veinte años, lo que hace de la India uno de los países que menos gastan en este campo, imprescindible para los ciudadanos.</p>
<p>Pero, quizá una de las mayores y más hirientes rémoras que permanece en la India sea la de <strong>una terrible desigualdad que se manifiesta en prácticamente todos los ámbitos</strong>: “Todos los países del mundo –señalan Drèze y Sen– tienen desigualdades de varias clases. La India, sin embargo, tiene una mezcla única de divisiones y disparidades letales. Pocos países tienen que enfrentarse a tan extremas desigualdades en tantas dimensiones, incluidas grandes <strong>desigualdades económicas y disparidades de casta, de clase y de género</strong>”. Una desigualdad que, por ejemplo en el caso de la de género, está en la base de la violencia contra las mujeres, que tiene en las violaciones en grupo una de sus exhibiciones más repugnantes.</p>
<p>Este ensayo, sin duda, contribuye a una mejor comprensión de un país repleto de contrastes, un auténtico curry de paradojas, que debe afrontar múltiples desafíos, y ha de establecer <strong>una sociedad más justa, igualitaria y solidaria por la que apuestan sus autores.</strong> De no ser así, como reza el sugestivo título de la obra –un gran hallazgo haberlo tomado de un pasaje de la pieza shakespereana <em>Los dos hidalgos de Verona</em>–, la “alabada gloria de la India” sumará cada vez mayor incertidumbre. Ahora mismo ya hay, advierten Jean Drèze y Amartay Sen, “oscuros nubarrones y torrenciales aguaceros en acción”.</p>
<p style="text-align: right;"><em>CARMEN R. SANTOS</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2014/05/un-curry-de-paradojas/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Paz, lecturas y buenas intenciones</title>
		<link>https://revistaleer.com/2014/03/paz-lecturas-y-buenas-intenciones/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2014/03/paz-lecturas-y-buenas-intenciones/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 31 Mar 2014 21:17:16 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Entremeses]]></category>
		<category><![CDATA[José Luis Gutiérrez]]></category>
		<category><![CDATA[LEER]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>
		<category><![CDATA[Octavio Paz]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=870</guid>
		<description><![CDATA[En el prólogo al volumen III de las Obras Completas (Generaciones y semblanzas, Sor Juana Inés de la Cruz) preparadas por el mismo autor y que Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores puso a nuestra disposición de manera tan esmerada y pulcra, Octavio Paz escribía: “Se dice y repite que las obras literarias son la expresión de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p dir="ltr"><span style="line-height: 1.5em;">En el prólogo al volumen III de las Obras Completas (<em>Generaciones y semblanzas, Sor Juana Inés de la Cruz</em>) preparadas por el mismo autor y que Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores puso a nuestra disposición de manera tan esmerada y pulcra, Octavio Paz escribía: “Se dice y repite que las obras literarias son la expresión de la sociedad y la época en que fueron compuestas. Habría que matizar esta sumaria afirmación señalando que la literatura expresa a la sociedad no sólo cuando pasivamente la refleja sino sobre todo cuando la contradice o la trasciende, la escarnece o la transfigura. Casi todas las obras literarias se han hecho frente, contra o de espaldas a la sociedad”. El Nobel mexicano proseguía con una pesimista afirmación: “Los pueblos hispánicos no son aficionados a la lectura”.</span></p>
<p dir="ltr" style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-large wp-image-873" alt="Paz Obras Completas" src="/wp-content/uploads/2014/03/la-foto1-1024x764.jpg" width="690" height="514" /></p>
<p dir="ltr">Viene esto a cuento cuando se cumplen cien años del nacimiento de Paz y celebramos el reto que persiguió durante su vida, haciéndose escritor de múltiples voces y osadías: poner nombre a las sombras que surgen de todas partes, incluso como amenazas de esa sociedad que te da la espalda. Un reto que sus palabras no desmienten. Impresiona contemplar reunidos los volúmenes de esa gran obra completa y poder intuir cuántas páginas han logrado cumplir el formulario de ese deseo y cuántas sombras encontraron la luz entre sus páginas.</p>
<p dir="ltr">A poco hará dieciséis años que la Revista LEER empezaba su Nueva Época y lo hacía con dos protagonistas, al margen del Quijote que lo abarcaba todo desde la portada: Octavio Paz y José Luis Gutiérrez.</p>
<p dir="ltr">El primero, porque recién muerto ya se estaban disputando su testamento. Ya se sabe que hay niños que vienen con un pan debajo del brazo. Lo que no se sabe es adónde van a parar las migas que no se han comido las palomas. La crueldad de las herencias que se batallan sobrepasa a la literatura. El segundo porque, además de publicar <em>Veinte años no es nada</em>, libro revelador también de unas intenciones muy parecidas a las esgrimidas más arriba para con la sociedad y la actualidad de aquel momento, y, pese a la opinión de Paz sobre la escasa afición a la lectura, se atrevió a intentar que no zozobrara, precisamente, una revista dedicada a la información y crítica de libros como LEER.</p>
<p dir="ltr">Dicho quede que Octavio Paz, en el prólogo ya citado, afirmaba que las revistas y los suplementos literarios eran, a un tiempo, los canales de transmisión de la nueva literatura y los centros de discusión y crítica. Casi dieciséis años después, gracias a ellos, celebramos el centenario de Octavio Paz y contemplamos todavía embelesados la hogaza de sus obras completas y, en breve, celebraremos la primera edición del Premio de Periodismo Cultural José Luis Gutiérrez, cuyo plazo de presentación concluye precisamente hoy. Y lo hacemos, hoy, desde la extensión digital de las páginas donde un día coincidieron dos plumas polifacéticas y de claras intenciones. Lo que demuestra que el reto no estuvo mal y que a veces no hay que hacer mucho caso a la sociedad para que las cosas funcionen.</p>
<p dir="ltr">Aún nos quedan cuatro años para cumplir los veinte de esta nueva época de LEER y sabemos que veinte años no es nada, pero en la nada cabe todo.</p>
<p dir="ltr" style="text-align: right;"><em>AURELIO LOUREIRO</em></p>
<p> </p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2014/03/paz-lecturas-y-buenas-intenciones/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
