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	<title>Revista leer &#187; Nacionalismo</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Arcadi Espada: «El nacionalismo es una idea maligna que no debe triunfar»</title>
		<link>https://revistaleer.com/2019/02/arcadi-espada-el-nacionalismo-es-una-idea-maligna-que-no-debe-triunfar/</link>
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		<pubDate>Sun, 17 Feb 2019 10:23:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Julio Valdeón Blanco]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Arreciaba la revolució dels somriures. El presidente de la Generalitat, Joaquim Torra, soñaba hermosas maniobras norcoreanas. Prosperaba la llamada guerra de los lazos entre quienes aspiran a acotar para sí mismos el espacio público y quienes, en atención a la jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y el Tribunal Supremo, reclamaban que fuera políticamente neutral. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Arreciaba la </span><i><span style="font-weight: 400;">revolució dels somriures</span></i><span style="font-weight: 400;">. El presidente de la Generalitat, <strong>Joaquim Torra</strong>, soñaba hermosas maniobras norcoreanas. Prosperaba la llamada </span><i><span style="font-weight: 400;">guerra de los lazos</span></i><span style="font-weight: 400;"> entre quienes aspiran a acotar para sí mismos el espacio público y quienes, en atención a la jurisprudencia del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña y el Tribunal Supremo, reclamaban que fuera políticamente neutral. En septiembre, además, llegó la reedición, </span><i><span style="font-weight: 400;">postfacio</span></i><span style="font-weight: 400;"> incluido, de </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-contra-catalunya/271151" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i></a><span style="font-weight: 400;">. <strong>La crónica más importante publicada en España en estos últimos veinte años.</strong> El informe forense de un tiempo y un país que sigue ganando batallas dos décadas más tarde. Mientras, avanza la gangrena xenófoba y parece que estamos cerca de constituir la ingrata excepción que confirmaría las tesis de <strong>Steven Pinker</strong>. <strong>Ese raro país de Occidente donde el onanismo clerical y la reacción con ropajes </strong></span><strong><i>cool</i> triunfaron sobre los ideales ilustrados. </strong></p>
<p><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i><span style="font-weight: 400;"> nació cuando <strong>Arcadi Espada</strong> (Barcelona, 1957) tenía 40 años, publicaba columnas y entrevistas en </span><a href="https://elpais.com/autor/arcadi_espada/a" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> y estaba cerca de inaugurar <a href="http://www.arcadiespada.es/" target="_blank">un blog tremendamente influyente</a>. No mucho después, y en compañía de otros libres e iguales, alentaba la creación de un partido político en Cataluña. Enfrentado al relato unánime y ultramontano de los partidarios de crear naciones basadas en lo identitario, boinas y lágrimas. <strong>Pero todo tiene un precio. Se paga por escribir a la contra.</strong> Por no acatar los dicterios tribales. Por discutir las calidades epistémicas del cuento reaccionario. En el caso de Arcadi Espada, y de otros intelectuales igualmente admirables, como <strong>Fernando Savater</strong>, el atroz pim pam pum creció en los últimos años. No digamos ya tras la publicación de </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-un-buen-tio/263016" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Un buen tío</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, el libro que Espada dedicó al asombroso caso de <strong>Francisco Camps</strong> y </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;">, todavía reciente cuando hicimos esta entrevista.</span></p>
<p><em><strong>¿No cansa un poco? Me refiero a encontrarse permanentemente señalado.</strong></em><br />
Estoy acostumbrado. No me impresiona. Un escritor no puede pensar en quién lo lee o cómo encajará su discurso.</p>
<p><b><em>Yo vivo Estados Unidos, y fue llegar a España el pasado verano y descubrir que Franco está en la tele a todas horas. ¿Cómo es posible que cuarenta años después de su muerte Franco sea todavía uno de los principales temas de conversación periodística de este país.</em><br />
</b>¿Periodística? Bueno, más bien televisiva, ¿no? En cualquier caso hay una circunstancia objetiva, muy importante, que a veces olvidamos. En este país hubo una Guerra Civil. Juan Antonio Samaranch, con el que acabé teniendo una relación muy estrecha después de haber sido su biógrafo, me decía un día, poco antes de morir, «Mire Espada, realmente las guerras civiles no se olvidan nunca. Los alemanes y los franceses, bueno, es verdad, se invadieron, etc., pero esas heridas curan muy rápido. Las heridas de una guerra civil curan mucho más tarde, si es que curan». Eso tiene una explicación lógica y natural, porque esas heridas se producen en el seno de una comunidad, los vecinos se matan, pero es que luego tienen que seguir viviendo juntos. Qué es lo que está pasando con la mini guerra civil en el País Vasco. Bueno, en realidad no fue una guerra civil. Allí solo mató un bando. Pero claro, los asesinos viven al lado de las víctimas. Ese es el primer suelo que la gente olvida. Nos dejamos llevar por la pasión política de un lado o de otro y no atendemos al hecho objetivo fundamental, la Guerra Civil.</p>
<p><b><em>Y su larga sombra…</em><br />
</b>Hablamos de una guerra que duró muchos años. No se saldó en 1939 con un pacto entre vencedores y vencidos, o no solo. Después hubo cuarenta años de dictadura. Son muchos años. Hay implicadas tres generaciones, por seguir la cronología de Ortega. También sucede que la Guerra Civil es la principal industria cultural de España. Incluso en el extranjero, donde la compran maravillosamente. La compran como consumen los mitos del torero o festejan el flamenco. Al fin, ya sabe, los españoles, esa gente sanguínea y colérica que se mata cada cincuenta años. Por lo demás a la izquierda le resulta beneficiosa la utilización de la figura de Franco. Le permite trazar un perímetro moral donde sentirse superior. Es superior porque fue vencida. Además, considera que la Guerra Civil todavía la puede ganar. Todo lo que hace la izquierda española en este asunto, una izquierda que perdió la Guerra Civil y perdió la dictadura, es tratar de remediar estos dos hechos, irremediables, y como sigue intentado de forma obstinada cambiar el pasado, ganar la guerra, derrotar a Franco, pues la guerra reaparece de forma cíclica. Sea a manos del juez Garzón, de Zapatero o de este presidente por accidente.</p>
<blockquote><p>«El nacionalismo español no existe a día de hoy, pero eso no quiere decir que no existiera ayer, o que parte de nuestros problemas no vengan de ahí»</p></blockquote>
<p><b><em>Aquello que contaba César Alonso de los Ríos en el prólogo de uno de sus libros, cuando un crítico literario vinculado al régimen se extraña porque Max Aub, que acababa de volver del exilio, se mostrase tan emocionado de estar de vuelta. Su incapacidad para entender que el escritor había perdido la guerra, pero no había perdido a España.</em><br />
</b>Existe otra explicación derivada de la Guerra Civil, y que tiene que ver con el discurso más letal de los vencedores. El de la Anti-España. Que permite colocar a una serie de españoles, centenares de miles, fuera del contorno de lo aceptable, de lo que en su opinión te permitía ser español. El concepto de Anti-España lo inventan los franquistas. Curiosamente  no lo aplican solo contra los nacionalistas catalanes, vascos, etc. No, lo aplican, sobre todo, a los rojos. Contra los rojos. La Anti-España del franquismo, y hablo especialmente de la represión del primer franquismo, marca a unos ciudadanos por tener una ideología determinada. A continuación los expulsa del perímetro político y moral del país.</p>
<p><b><em>Una vez expulsado ya resulta mucho más fácil la eliminación física.</em><br />
</b>Yo suelo ser bastante incorrecto con estos temas, pero hay que tener cuidado con la incorrección. Sobre todo si implica olvidar y/o condonar hechos que están en el sustrato de estas cosas. La Anti-España, que insisto en que es un concepto que se disuelve a medida que el franquismo se convierte en una suerte de régimen paternalista, cruel hasta el final, ojo, pero paternalista, la Anti-España señaló a mucha gente, expulsándola. Conviene fijarse en hasta qué punto hay paralelismos entre la idea de la Anti-España, furibundamente nacionalista, y el concepto nacionalista del autoodio. Ese con el que muchos dirigentes y responsables de la cultura nacionalista en Cataluña nos llaman a nosotros.</p>
<p><b><i>Contra Catalunya</i></b><b>.<br />
</b><span style="font-weight: 400;">Cuando yo escribo </span><i><span style="font-weight: 400;">Contra Catalunya</span></i><span style="font-weight: 400;"> lo hago para denunciar eso. Yo no trato de la discrepancia entre comunidades o ciudadanos. No, habló de la expulsión. Eso es lo que importa. La clave. Cuando los alemanes le dicen a los judíos, usted no es alemán. Cuando los franquistas le dicen a los republicanos, usted no puede ser español. O cuando los nacionalistas le dicen a los críticos, a sus críticos, usted, Espada, usted no puede ser catalán.</span></p>
<p><b><em>¿Cree que en España se percibe con claridad ese mecanismo, de origen fascista?</em><br />
</b>Yo no diría de origen fascista. Diría, más bien, por precisar, nacionalista. Lo primero que hace el nacionalista es decir, mire, en este marco ustedes son, y fuera no. Fuera del marco no son.</p>
<p><b><em>Finalmente el nacionalismo deriva hacia el fascismo cuando exacerba los mecanismos de exclusión, y claro, los franquistas se llamaban a sí mismos los ‘nacionales’…</em><br />
</b>Evidentemente, porque para consolidar su legitimidad necesitaban que la República no fuera algo nacional. La República sería entonces un injerto. Toda la retórica del extranjero, Rusia es culpable, etc., camina siempre en la dirección de señalar como ajena cualquier posición que no sea favorable al nacionalismo, en ese caso franquista. Tampoco estoy inventando nada. Resulta bastante obvio. Aunque supongo que debemos recordarlo. El nacionalismo español hoy no existe. El nacionalismo español es la Constitución del 78. O sea, el país más comprensivo con sus propios conflictos internos que hay en el mundo. Pero que no exista el nacionalismo español a día de hoy no quiere decir que no existiera ayer, o que parte de nuestros problemas no vengan de ahí.</p>
<p><b><em>La izquierda española, buena parte de la izquierda, tampoco entiende que contraponer un discurso ilustrado al relato nacionalista no hace de ti un nacionalista de signo contrario. Para ellos, serás nacionalista o no serás. ¿Esto no es una perversión?</em><br />
</b>La perversión fundamental. El nacionalismo no vive sin el otro. Para sobrevivir necesita la falacia del hombre de paja. Construir un enemigo imaginario y acosarlo. Un enemigo que no se corresponde en absoluto con la realidad.</p>
<p><b><em>Todos nacionalistas, y al mismo tiempo dos equipos, nosotros, los buenos, los pata negra, y ellos, los impostores, los de fuera, los que se odian, los impuros…</em><br />
</b>Por eso la única posición respetable ante el tribalismo es la posición ilustrada, racional, y es desde ahí que nos enfrentamos al franquismo en su día la gente de mi generación. Bueno, en fin, ¡de una manera ya muy crepuscular! ¡Cuando el franquismo ya no era nada o al menos tenía muy poco que ver con el franquismo de la posguerra! Pero hablamos de la misma posición desde la que algunas personas nos hemos enfrentado a los catalanistas. Contra quienes niegan la posibilidad de que haya algo más que una manera de ser en la vida. Contra quienes están convencidos que en esta vida hay que militar en la tribu.</p>
<blockquote><p>«A la izquierda le resulta beneficiosa la utilización de la figura de Franco. Le permite trazar un espacio moral donde sentirse superior. Es superior porque fue vencida»</p></blockquote>
<p><b><em>Ayer mismo, en un acto, escuchaba a la vicepresidenta del Gobierno hablar de libertad y justicia. Pero hablaba en abstracto. No parece consciente del calado de la operación política que está teniendo lugar en Cataluña. ¿Cómo pueden emocionarse con la libertad, la igualdad, la justicia, e ignorar el atropello contra la libertad y la igualdad que supone la exclusión de la mitad de la población de Cataluña y el que unos pocos rompan el pacto de todos?</em><br />
</b>Yo toda palabra que salga de la boca de la vicepresidente del Gobierno, sin ánimo de ofender más allá de lo necesario, no puedo comentarla. La vicepresidenta es una persona cuya capacidad cognitiva es muy limitada y referirse a lo que ella diga… Ahora, puedo hablar en general. Y no la izquierda, también la derecha ha sido inconsciente respecto a la gravedad del asunto. Ni la izquierda ni la derecha han defendido su país. Cuando digo su país hablo de su país moral. Porque a mí, a diferencia de lo que dijo el presidente Rajoy en su discurso de despedida del PP, lo que me importa es la soberanía vinculada a la Constitución. Pero no una soberanía previa. Me importa y defiendo la soberanía que nace con la Constitución y se articula en la Constitución. Lo contrario, aceptar que existe una soberanía anterior, una España mítica, equivale a aceptar que también existen los derechos históricos de los españoles, que es lo mismo, exactamente lo mismo, que aceptar que hay derechos históricos de los catalanes, de los vascos, etc.</p>
<p><b><em>Pues hay quienes para discutir a los nacionalistas agitan la bandera de la soberanía previa.</em><br />
</b>Una de las características esenciales de la reacción al nacionalismo es la confusión. Confusión política, intelectual y moral. El nacionalismo tiene mucho de pulpo echando tinta. Está especializado en confundir las palabras, oscurecer los significados y disfrazar las estrategias. En ese sentido el nacionalismo catalán y vasco ha sido muy hábil. Ha contado con la indiferencia, la indigencia intelectual y los complejos de la izquierda y la derecha, de los dos. Esto destaca cuando indagas en los comportamientos de cada presidente de Gobierno ante el desafío.</p>
<p><b><em>Hablando de eso, cuando Rajoy hace lo que hace, y se va al restaurante, y no dimite, parece que está pensando como un hombre de partido y no de Estado, y que antepone la recuperación electoral del PP a la hipótesis de dar alas a Ciudadanos, por más que favoreciera a los golpistas.</em><br />
</b>¿Qué tendría que haber hecho Rajoy?</p>
<p><b><em>Dimitir.</em><br />
</b>La convocatoria electoral, una vez que había sido presentada la moción de censura, ya no era posible, con lo que el resultado hubiera sido el mismo. Y estaba garantizado que se pondrían de acuerdo, habría dado igual, pues el único sentido de esa moción era la erosión del Estado. Para los nacionalistas supuso la oportunidad de tener a un presidente cogido por la entrepierna. La cosa más terrible que les pudo pasar a los nacionalistas catalanes fue el 155. Comprobar que por primera vez los dos grandes partidos nacionales se ponían de acuerdo para destituir al gobierno de Cataluña. Por eso perdieron el pulso. Por eso, de forma análoga, lo más terrible que le podía suceder a los españoles es que esa unión se perdiera, cosa que ocurre gracias a la ambición y la falta de escrúpulos de este pequeño hombre que ahora tenemos como presidente.</p>
<p><b><em>Provoca cierto cansancio, por decirlo finamente, la comprensión que suscitan las ideas nacionalistas…</em><br />
</b>A veces me preguntan, pero vamos a ver, cuál es el fondo de tu oposición a todo esto. Yo mismo lo pienso. La conclusión es que el nacionalismo es una idea maligna que no debe triunfar. Es decir, no hay una cuestión más profunda o importante que esta. El nacionalismo no pude ganar. Los nacionalistas no pueden ganar. Porque si ganan significa que gana el mal. Que gana aquello que disgrega. Aquello que miente. Aquello que ha llevado a la ruina sistemática a las sociedades humanas durante muchos milenios. No hablamos solo de Europa. El nacionalismo es el responsable máximo, junto con la religión, que es su complemento, de la ruina humana. El principal escollo para que los hombres avancen es el tribalismo. De ahí, por ejemplo, mi oposición a la estupidez esta de que las lenguas sean patrimonio de la humanidad y chorradas así. Las lenguas son esenciales a la hora de limitar la participación humana en los asuntos globales.</p>
<p><b><em>Sin embargo cuando uno discute esto, y cuestiona la calidad de ciertas tesis, se te echan encima con una ferocidad… Igual, por ejemplo, que si planteas alguna objeción a la versión del feminismo que parece imponerse.</em><br />
</b>Ya, pero eso, aunque sea muy vistoso, tiene poco misterio. Los insultos… Estoy muy acostumbrado a recibir los insultos de los comunitaristas. Quizá porque no hay ninguna diferencia entre el identitarismo feminista y el nacionalista. Y respecto al tribalismo hay una cuestión que debemos tener muy en cuenta. El tribalismo es muchas cosas. Pero hay una de la que se habla poco, y me encanta haberla visto, soberbiamente descrita, en el último libro de Steven Pinker, que estoy leyendo ahora. Cuando explica que el indentitarismo, la política de la identidad, no es solamente el elemento político que ha llevado a la izquierda a su ruina intelectual, tampoco que en el caso de la derecha haya provocado tragedias espantosas, sino que además es un freno intelectual, un freno de tipo cognitivo. La persona que piensa en términos identitarios es alguien que no comprende bien el mundo, que no advierte, o sí pero con mucha mayor dificultad, los sesgos de su punto de vista. Esto es crucial, porque el principal problema que tenemos las personas para entender el mundo son nuestros sesgos. Estamos obligados a vencerlos. Las personas inmersas en un marco absolutamente rígido de creencias, e indiscutible, y que fuera del marco no se avienen a la discusión, sino que expulsan del marco a quien no piense como ellas, esas personas, aparte de la inmoralidad de su razonamiento, sufren un impedimento técnico para comprender el mundo. Son víctimas de la seducción tribal, o tribalesca, y tienen mucho más crudo cumplir con aquel maravilloso consejo de Francis Bacon a sus discípulos, contemplad el mundo…</p>
<p><b><em>Eso sí, arruinarán el feminismo.</em><br />
</b>Por fortuna el número de mujeres inteligentes, valientes y cultas es muy alto, y por supuesto también esa lucha la ganaremos.</p>
<blockquote><p>«La persona que piensa en términos identitarios es alguien que no comprende bien el mundo, que no advierte, o lo hace con dificultad, los sesgos de su punto de vista»</p></blockquote>
<p><em><b>No hemos hablado de su penúltimo libro, ‘Un buen tío’. Recuerdo esa frase de Stephen Frears que siempre cita, ‘El periodismo se ocupa de la gente en un momento muy corto de sus vidas’. Me sorprende que ‘El País’, objeto de su estudio en un momento muy determinado de su historia, no haya reaccionado.<br />
</b></em><span style="font-weight: 400;">¿Y por qué le sorprende? Pero si esa es la confirmación exacta, casi científica, de que tengo razón. La miseria deontológica que supone que </span><i><span style="font-weight: 400;">El País</span></i><span style="font-weight: 400;"> ni siquiera haya nombrado mi libro, lo único que hace es confirmar la precisión, la bondad y la justicia del libro.</span></p>
<p><b><em>Quizá calla porque lo que cuenta resulta espeluznante. 169 portadas para cuatro trajes que encima este hombre se paga de su bolsillo.</em><br />
</b><span style="font-weight: 400;">Lo es, espeluznante. De ahí que cuando en la tele o en las radios me piden que describa en tres minutos el libro tengo ya una cosa preparada, mire, este libro trata del caso de un hombre que protagonizó 169 portadas del mejor diario español, el periódico de referencia, etc., por haberse comprado cuatro trajes en la afamada tienda Milano. Ese es el </span><i><span style="font-weight: 400;">lead</span></i><span style="font-weight: 400;"> del libro.</span></p>
<p><b><em>Camps era inocente, no lo digo yo, lo sentenció el Tribunal Supremo, pero incluso aunque hubiera sido culpable… 169 portadas son más que las dedicadas a los atentados de las Torres Gemelas. No sorprende que el propio Camps, y determinados periodistas, crean que detrás hay una conspiración. Usted, en cambio, lo achaca a una mezcla de amarillismo y acidia, esa palabra maravillosa.</em><br />
</b>Nunca me interesó mucho quién mató a Kennedy. A ver, tampoco me chupo el dedo. Sé que hay cosas que suceden en el sótano de la vida y de las que tenemos una información fragmentaria. Pero para escribir sobre eso hay que juntar pruebas o como mínimo indicios. Yo lo he intentado, porque además Camps siempre ha creído que esa conspiración existió, después de tantos años atacándole, etc., y lo investigué en la medida de lo posible. Bien, pues diga lo que diga la víctima, y diga lo que diga el ambiente intelectual conspiranoide, lo siento pero no encontré trazas de eso.</p>
<p><b><em>Pero sí de otra cosa…</em><br />
</b>Sí, de algo infinitamente más inquietante, y es que para destruir a un hombre como Camps no hacen falta conspiraciones. Basta con la pereza, el sectarismo y la acidia.</p>
<p><b><em>Y ese remar a favor de tus propios prejuicios…</em><br />
</b>Cuando escribes a favor de lo que piensas vas suelto. Ya sabe, como cuando te sale un buen artículo y te vas a pasear por la tarde, y sabes que has escrito una cosa estupenda, y te comes el mundo… y no, no vale. Es peligroso. Escribir afloja los controles. Afloja la prudencia. En cambio, cuando escribes cuesta arriba, en mi caso por ejemplo sobre Camps, cuyas convicciones en multitud de aspectos no son las mías, bueno, quizá no en tantos, pero no diría que encajemos ni mucho menos en el mismo perfil, pues eso provoca que pongas muchísima atención, porque vas cuesta arriba. Ahora, la gente está tan poco dispuesta… Esto me lo dicen mucho, incluso gente muy próxima, en plan, ¿Pero, ah, ahora te pones a defender a Camps? Pues no, miren, yo no defiendo a Camps. Yo, en la medida de mis posibilidades, trato de defender la verdad allí donde creo que está sometida a la manipulación, la tergiversación y el pisoteo, y me da igual que esa verdad se llame Camps, se llame Raval, se llame fascistas, me da igual… Juanjo Jambrina dijo una vez que yo me he dedicado a escribir y a defender a los pobres y a los pisoteados, y creo que tiene razón. Entre Camps y los niños del Raval no hay ninguna diferencia. No la hay. Tampoco con las personas que en Cataluña son objeto de discriminación. ¿Eso lo hago porque soy un buen hombre? No. Lo hago porque soy un periodista, y los periodistas antes, por lo menos antes, desconfiaban de la policía, de los fiscales, de los jueces y de la verdad instituida.</p>
<p><b><em>Eso me lleva a varias conclusiones desoladoras…</em><br />
</b>Pero el mundo va bien…</p>
<p><em><b>¿Cómo?<br />
</b></em>Sí, no pierda de vista que el mundo va bien.</p>
<p><b><em>Sí, lo dice Pinker. Y sus conclusiones vienen sostenidas por un abrumador despliegue de datos. Abrumador en cantidad y calidad. Pero. Que Camps y algunos periodistas crean en la existencia de una mano negra enlaza con algo sobre los que usted ha escrito mucho, a saber, que el periodismo trabaja con verdades precarias, y puesto que el ser humano busca sentidos y la realidad puede ser muy dura, e insoportable de puro mecánica o ciega, entonces la ficción se entromete en el periodismo. Otorgaría un sentido, y un plus novelesco, y un acabado poético,  nuestras vidas, permitiendo que durmamos mejor… y todo esto, no sé si me explico, pero este ansia por encontrar guías del futuro en el firmamento, o en las vísceras de las aves, esta pulsión irracional, que viene de la prehistoria y sigue vigente, apuntaría a que no todo es susceptible de mejorar.</em><br />
</b>Esa búsqueda de sentido, sea mediante el periodismo, sea, por ejemplo, gracias a la religión, es responsable de muchas de las tragedias que sufrimos y, de nuevo, dificulta nuestros intentos para comprender el mundo.</p>
<p><b><em>Mucha gente me dice, después de discutir un buen rato, Bien, es posible que Camps fuera inocente de ese delito concreto, pero hombre, habiendo tanta gente que sufre en el mundo, ¿Espada no podía haber escrito sobre otro? La reflexión que me hago entonces es si para ellos existen inocentes de distintas categorías. Más o menos merecedores de respeto, compasión y justicia en función de si son de derechas o de izquierdas, religiosos o laicos, de mi cuerda o de la otra, sea cual sea.</em><br />
</b>No lo sé, no sé por qué dicen lo que dicen, pero es que además en este caso negaría la mayor. A mí el sufrimiento de Camps… Yo no escribo libros sentimentales. No por nada. No porque no me gusten. Pero, de momento, no es mi género. Puede comprobarse, en este libro, que yo no escribí sobre Camps, quiero decir, no está su testimonio, y el enorme sufrimiento humano que ha padecido solo puede rastrearse entre líneas. Camps lleva nueve años imputado, y todas sus imputaciones no es que sean injustas, son directamente grotescas. Un inocente situado sistemáticamente en contra de su inocencia por parte del ambiente político y mediático, yo no despreciaría el sufrimiento, al contrario, pero ya digo que yo en este libro no lo doy, se sobreentiende, pero no lo doy.</p>
<p><b><em>Al fondo asoma el sectarismo. Siempre decimos que el sectarismo parece muy español. Pero ahí está el manifiesto de Chomsky y otros, donde repiten las consignas nacionalistas. Chomsky, que escribió con tanta perspicacia de la manipulación informativa, compra sin sonrojarse la propaganda  independentista. O sea, que tenemos el sectarismo y, de nuevo, la vagancia.</em><br />
</b>El sectarismo y la vagancia, pero asociadas a la vanidad. Porque en el fondo lo que hay en Chomsky y compañía es esa pulsión por estar siempre en el lado bueno de la vida, soleado, irreprochable, esas cosas, en plan los demócratas decimos, o bien, esto es lo hay que votar, etc. Una manera de ir por la vida que, claro, requeriría un trabajo constante. ¡Caray, yo mismo! Opinamos de demasiadas cosas. Nos pasamos el día opinando sobre comportamientos privados y públicos para los cuales no siempre tenemos toda la información. Yo, que voy a la televisión, a las tertulias, primero por dinero, y luego por otras cosas que también tienen interés para mí, pero bueno, claro, el nivel de mi preparación sobre las cosas que opino, aunque sea superficial y rápido, no es el mismo que cuando escribo una columna, y mucho menos que cuando escribo un libro. Hay niveles, y todos deberíamos reconocer que para hablar de las cosas es preciso un cierto nivel de información profunda. Pero claro, entonces seríamos mucho más pobres, y seríamos mucho menos queridos… ¡y odiados!, que en el fondo son las dos caras de una misma moneda.</p>
<p><b><em>Una última cuestión. Hace años, cuando presentabas ‘Diarios’, mostraba mucho interés por una herramienta, el link, que tenía grandes posibilidades. Últimamente, en cambio, le noto menos optimista…</em><br />
</b>La vida de internet ha resultado ser mucho más banal y limitada. Por ejemplo, el link, cuya evolución ha sido patética. No hay más que ver, al cabo de 20 años, cómo seguimos leyendo los libros digitales, y las circunstancias de indigencia práctica, y los problemas que surgen cuando tratas de hacer uno, la complejidad absurda, los problemas de software. Supongo que fue culpa mía, por haber hecho una previsión que no estaba basada en la realidad. Creí que efectivamente, desde el punto de vista de la creación, de las posibilidades culturales, las cosas iban a ir mucho más rápido y a mejor. Es probable que todo esto sea consecuencia de la dificultad de organizar negocios a través de lo digital, y evidentemente la ruina en la que se encuentra nuestro sistema cultural influye, pero en aquella época pionera proyecté un optimismo que no se ha visto correspondido con lo que luego sucedió.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2018/10/libros-para-leonor/" target="_blank">número 291</a>, Otoño 2018</p>
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		<title>Una patria literaria</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 11:34:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.   EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><em>Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.</em></address>
<address> </address>
<p>EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un tiempo largo <strong>sin acabar nunca de echar raíces en ninguna parte.</strong> Para colmo no he vuelto a <em>casa</em> más que por breves periodos vacacionales y eso ha comportado un creciente alejamiento y desarraigo. Me doy cuenta de que a mis cincuenta y cinco años y pico soy, de hecho, ya<strong> más <em>de fuera</em> que <em>de dentro</em>; algo que quizás no me da demasiada autoridad para interferir ni opinar en nada de <em>casa nostra</em>.</strong> Me ayuda, eso sí, a poder sobrellevar con estoicismo la lectura de la prensa diaria de mi tierra y a seguir los reportajes que se emiten por sus emisoras de radio y canales televisivos, interponiendo parecida pantalla anímica –un italiano cuenta con el lujo verbal de poder recurrir al sustantivo <em>estraneità</em>, concepto que no acierto nunca a trasvasar a <em>mi</em> lengua– a la que interpondría al asomarme, con un océano de por medio, a las menudas vicisitudes de las poblaciones de la remota isla de Groenlandia.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2863" src="/wp-content/uploads/2014/11/978843224814-673x1024.jpg" alt="978843224814" width="300" height="456" />Por el camino he ido perdiéndoles la pista a numerosos parientes y conocidos con los que ya no tenía nada de qué hablar, ni tampoco nada de que discutir. Y aun así <strong>he llegado a envidiar su entusiasmo, esa capacidad festiva para adherirse a las consignas patrióticas</strong> y fundirse de ese modo con la colectividad. En mi caso <strong>no lo he conseguido</strong>. Ni tampoco logro ahora desembarazarme de ese lastre de pesimismo que me agobia al enredarme una y mil veces en el cliché tramposo de la “decadencia de los tiempos actuales”. Pero cómo no caer en lugares comunes cuando evoco, por evocar una de las realidades que a mi más próxima me resultaba hasta hace poco tiempo, el barrio de la Sagrada Familia de antaño y compararlo con el que contemplo en este otoño plomizo de 2014. Al barrio se le conocía entonces, ocho años antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, con el nombre de <em>poblet </em>y ese apelativo (por añadidura con cariñoso diminutivo, un rasgo morfológico infrecuente en catalán) lo dice prácticamente todo; es hoy, en cambio, un distrito de mercenarios y contrabandistas al servicio de la <em>pela </em>foránea. Nada que objetar, pues tal vez sea el dinero un objetivo existencial tan digno como alcanzar la fama o perseguir memoria póstuma.</p>
<blockquote><p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me amarra al Trentino adoptivo</p></blockquote>
<p><strong>Siento, con todo, un desasosiego que me abruma al saber que las cosas pudieran haber sido hoy muy distintas.</strong> Para constatarlo bastaría montarse en el primer vuelo con destino a Londres, metrópoli cuyas neblinas apestan intensamente a libra esterlina, y callejear de un extremo a otro de la capital. Me asusta entonces pensar qué hubiéramos sido capaces de proyectar con barrios como el de Bloomsbury y con recoletos parques urbanos como el de St. George’s Gardens. Lo adivino, pues para algo me ha servido haber visto cómo las han gastado durante décadas nuestros urbanistas en la costa catalana, en las ciudades y en los pueblos rurales del interior que, como dice un buen amigo, sólo han logrado conservar la belleza de sus antiguos topónimos.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2864" src="/wp-content/uploads/2014/11/la-lluvia-amarilla-599x1024.jpg" alt="la-lluvia-amarilla" width="300" height="512" />Mis amigos catalanes… se cuentan hoy con los dedos de una sola mano. Cuando pongo pie en Barcelona no tengo ni necesidad de echar mano de agenda, pues me sé de memoria aquel par de números de teléfono. Admiro su capacidad de resistencia, pues <strong>de haber permanecido allí tal vez yo hubiera sido de los que se sumaron a la bandada desde la primera hora.</strong> Temo que a estas alturas de mi vida estaría la barandilla del balcón de mi apartamento envuelta en la <em>senyera</em>, colgaría una bufanda con los colores <em>blaugrana</em> en el perchero que hay en el vestíbulo de entrada y, en la puerta trasera del automóvil, luciría gallarda la pegatina que reproduce el consabido borriquillo.</p>
<p>A menudo me he parado a pensar a qué disciplina, a que modalidad de ejercicios espirituales hubiera debido someterme para lograr permanecer pegado a la orilla y evitar así ser engullido por el remolino. Me veo entonces recién levantado de la cama, legañoso y despeinado, todavía en pijama, infundiéndome ánimos delante del espejo y repitiendo en voz alta una especie de cantinela que ojala que poseyera la magia de un sortilegio: “No. Hoy tampoco sucumbiré”.</p>
<p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me mantiene amarrado al Trentino adoptivo. Pero no me siento solo, ni tampoco desorientado. Poco a poco, palabra tras palabra, línea tras línea, página tras página, volumen tras volumen, ha ido creciendo mi vecindad alternativa. En dicha Republica literaria, <strong>las celdas contiguas se han ido poblando y animando a remolque de las afinidades electivas.</strong> <em>La lluvia</em> <em>amarilla </em>ha terminado emparejándose con <em>Pedro Páramo</em>. El Alburquerque de <em>El balcón en</em> <em>invierno </em>comparte ahora espacio estanteril con el Erto de <em>Fantasmas de piedra</em>. Procedente de los rellanos más altos rueda por las escaleras ese <em>lied </em>schubertiano que, de manera ininterrumpida, el pelmazo de Hans Castorp escucha hasta la saciedad. Y agravan mi persistente dolor de cabeza los consiguientes golpetazos que Ulrich –que tanto debiera empeñarse ahora en cumplir con los objetivos de la Acción Paralela que le marcaron las autoridades de Kakania― da con los nudillos en la pared divisoria para intentar persuadir a su vecino de que, de una vez por todas, debiera bajar el volumen del gramófono. Y todo ello ante el pasmo del sinólogo Peter Kien, incapaz de concentrarse esta madrugada en conjeturar una hipótesis plausible que le permita reemplazar la cadena de sinsentidos textuales y variantes erróneas que ha documentado para cierto lugar critico de un manuscrito anónimo cuya transmisión arranca en la dinastía Tang. Mientras tanto se que el teniente Giovanni Drogo permanecerá impasible en su puesto, contemplando desde la azotea la quieta línea del horizonte a la luz de la luna llena, velando por todos nosotros.</p>
<blockquote><p>Aspiro a compartir el Paraíso con la extravagante vecindad alternativa de mi República literaria, ajenos a fanfarrias patrioteras y a la esclavitud de las lenguas</p></blockquote>
<p><strong><a href="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg"><img class="alignright wp-image-2865" src="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg" alt="9788497936781" width="300" height="457" /></a>Constituyen estos inquilinos extravagantes y solitarios mi única parentela.</strong> Son los que me han formado, bajo cuya tutela he ido madurando y quienes han logrado impedir, hasta el día de hoy, que sucumbiera a la fuerza de la bandada que remonta el vuelo para caer acto seguido sobre un nuevo campo de trigo que poder esquilmar. Aspiro un día a merecer el privilegio de compartir el Paraíso con<strong> Elías Canetti</strong>, <strong>Julio Llamazares</strong>, <strong>Dino Buzzati</strong>, <strong>Robert Musil</strong>, <strong>Mauro Corona</strong>, <strong>Luis Landero</strong>, <strong>Juan Rulfo</strong> y<strong> Thomas Mann</strong>. Indiferentes a las fanfarrias patrioteras y liberados por fin de la esclavitud de las lenguas. Pero me temo que ni el Paraíso, ni el Infierno, ni el Purgatorio, ni el Limbo existen y que tan solo me quedará, en los días finales, el consolatorio goce de estar triste. Ojala que para entonces las modestas ambiciones que agitan a quienes viven en las poblaciones de la remota isla de Groenlandia, y a las que hoy en día tanto espacio conceden los medios de información de mi tierra, no hayan sido más que <strong>una mala pesadilla que se repitió pertinaz durante unas pocas noches, pero que al cabo fue humo y quedo en nada.</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORDI CANALS PIÑAS</strong> es profesor agregado en el departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Trento.</em></p>
<p> <a href="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</em></p>
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		<title>Secesionismo y naturaleza humana</title>
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		<pubDate>Wed, 10 Sep 2014 10:12:23 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>¿Qué nos dice eso que los independentistas llaman “proceso” (pero que es un paseo circular por el sinsentido) sobre la naturaleza humana? Para empezar, que <strong>el espíritu tribal es un rasgo típico de nuestra especie que nos llega de los demás primates</strong> y cuyos ecos se escuchan desde mucho más allá. Favorecer a los propios es un rasgo de supervivencia. Pero, como dice <a href="http://sitemaker.umich.edu/satran/home" target="_blank"><strong>Scott Atran</strong></a>, “hace 2.000 años, en cuatro imperios diferentes, se desarrolló una red de intercambios materiales y en esta apertura al comercio se intercambiaron también ideas. Fue el origen de las grandes religiones universales”.</p>
<p>A medida que los contactos con los demás se amplían y se escoge el modelo del intercambio cultural y económico antes que el de la guerra, cuando el mundo se dirige a la globalización, se requieren nuevas filosofías o nuevas maneras de entender el mundo cada vez más integradoras. <strong>Los nacionalistas</strong> –españoles, europeos o de cualquier lugar del mundo donde el marco es democrático y de libertad– <strong>van en contra del signo de la historia y demuestran un gran desconocimiento de los procesos de los que el mundo no puede escapar si quiere avanzar hacia el progreso y la paz.</strong> La misma Unión Europea parte de la idea de que los estados cedan soberanía y se incorporen como iguales en un conjunto con un desplazamiento jerárquico hacia arriba. Esta futura confederación sería la culminación de un proyecto ilustrado e internacionalista de voluntad de entendimiento en lo común que lleva siglos progresando a pesar de las dificultades. Es la idea opuesta a los planes de los independentistas.</p>
<p>Como ya escribí en un artículo para el diario <em>ABC</em>, durante la Guerra de los Treinta Años había en Europa alrededor de 500 unidades políticas, que en los años 50 del siglo XX se habían reducido a menos de 30. El Sacro Imperio Romano Germánico era un enorme conglomerado de más de 400 estados que ocupaba la mayor parte de Europa central, la mayoría de los cuales finalmente se unirían a Alemania. Estudiosos como <strong>Steven Pinker</strong> sugieren que <strong>esa disminución de estados tiene relación con el declive en la cifra de guerras en un sentido global.</strong></p>
<p>Efectivamente, se observa una tendencia a la integración en organizaciones supranacionales. Aunque después de ambas guerras mundiales el mapa político europeo osciló en el número de estados –que se vieron incrementados sobre todo a partir de la desintegración de la Unión Soviética y de las desestabilizaciones de los países del Pacto de Varsovia–, asistimos a una progresiva y drástica disminución de los mismos.</p>
<p>Hay una  sangrante paradoja en el hecho de que una región perteneciente a un país europeo fuerce su independencia para luego seguir formando parte de la misma Europa. <strong>¿Cómo solicitar la admisión en un club de miembros muy distintos cuando se acaba de abandonar otro de muy iguales?</strong> ¿Cómo explicarlo cuando las virtudes que se requieren son exactamente las mismas en las que se ha fracasado? El coste de esa independencia es el descalabro de la propensión moderna en la búsqueda de lo que nos une. <strong>No detener las pulsiones secesionistas es favorecer el hundimiento del proyecto de integración supranacional.</strong> <strong>Es el fracaso de la misma Europa.</strong></p>
<p>El hecho de que la colaboración humana a gran escala se construya sobre materiales ancestrales de sentido ferozmente contrario y que evolucionaron cuando el mundo era muy pequeño hace que las tentaciones de regresar a estadios primitivos potencialmente letales sean más o menos permanentes. Efectivamente, existe una lógica terrible que nos dice que <strong>el cosmopolitismo librará una eterna lucha contra el etnicismo</strong> porque nunca podrá contrarrestar las ventajas inmediatas y tangibles de favorecer a quienes se parecen más a nosotros. No hay que olvidarlo jamás y debería formar parte inexcusable de la educación de los jóvenes.</p>
<p><strong>La secesión en un país consolidado representa la demolición de una red de afectos y complicidades</strong>, muy costosas de conseguir, que han requerido centurias para establecerse, y su prevención debería ser cuestión prioritaria en los programas de los gobernantes europeos. La secesión es la destrucción de un rico sistema ecológico de personas, costumbres, sentimientos y tradiciones que no queda incólume. <strong>El primatólogo <a href="http://www.psychology.emory.edu/nab/dewaal/" target="_blank">Frans de Waal</a> asegura que no hay gente que se odie más que quienes acaban de separarse.</strong></p>
<p>Una región que se separe de un país miembro no debería ser admitida en Europa. Si un Rius considera que un García es un extraño que no merece su solidaridad, ¿qué no dirá cuando le pida dinero un Redecker o un Horthy? <strong>Quien no ha podido tolerar a los suyos lleva la peor tarjeta de presentación para un club de muy distintos.</strong> Es una bomba de relojería y un ejemplo letal. No puede integrarse en Europa quien en 500 años no ha tenido tiempo de asumir a los propios como propios.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>Mª TERESA GIMÉNEZ BARBAT</strong> es antropóloga y editora de <a href="http://www.terceracultura.net/tc/" target="_blank">Tercera Cultura</a> (su blog: <a href="http://mujer-pez.blogspot.com.es/" target="_blank">Mujer-Pez</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;"><img class="alignleft wp-image-2176" src="/wp-content/uploads/2014/08/CUBIERTA-255-SIN-CODIGO-768x1024.jpg" alt="" width="150" height="200" /><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en la sec­ción “Tercera Cultura” del <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de sep­tiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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		<title>Una mujer en Moncloa</title>
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		<pubDate>Wed, 16 Jul 2014 11:05:19 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[¿Qué ocurriría en España si una mujer fuese elegida por el pueblo como presidenta del Gobierno? Hagamos un poco de política ficción con el autor de esta novela: el martes 28 de junio de 2011, en el Congreso sito en la plaza de las Cortes de Madrid, la primera oradora sube al estrado y presenta [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>¿Qué ocurriría en España si una mujer fuese elegida por el pueblo como presidenta del Gobierno?</strong> Hagamos un poco de política ficción con el autor de esta novela: el martes 28 de junio de 2011, en el Congreso sito en la plaza de las Cortes de Madrid, la primera oradora sube al estrado y presenta un discurso audaz y combativo, “¡Vamos a por ellos!”. Las sesiones se han terminado con motivo de la llegada del verano y<strong> el secretario general de los socialistas, Blas Penagos, aborda a la primera política honrada que se cruza en su camino</strong> mientras se dirige a reunirse con sus hijos en la calle Ortega y Gasset: la esperan para comer y para ella son lo más importante en su vida. “Mis hijos y mi marido van por delante de cualquier cosa, aunque también me debo al servicio del país desde que acepté servir como diputada”, contestación que la protagonista le da a Penagos y que sirve al lector para situarse rápidamente con respecto a esta<strong> mujer, hecha de otra pasta, construida del metal de la honradez</strong>. Y eso desconcierta a la casta.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/07/GermanGullónPortada-e1405507694547.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1946" src="/wp-content/uploads/2014/07/GermanGullónPortada-e1405507694547.jpg" alt="0202_CUB_Moncloa.indd" width="400" height="582" /></a><em>Moncloa. Una mujer hace historia</em> (<em><a href="http://www.vivelibro.com" target="_blank">Vivelibro</a>,</em> 2014), de <strong>Germán Gullón</strong>, supone un oportuno aldabonazo a las conciencias sociales de una España que ha sufrido muchos cambios y que ha sido testigo de los desmanes chulescos de una clase política cuya ética se les va, como dirían en el Siglo de Oro, como agua por banasto. Emerge así la líder de un partido periférico, Ciudadanos Independientes:<strong> Pepa Benavides, profesora titular de inglés en la Universidad</strong>, lanza un inteligente discurso que impacta como un torpedo en los abrevaderos de la aborregada clase política española y a unos les da un vuelco de corazón y a otros ganas de cerrarle la boca, de la que salen tantas palabras que amenazan con acabar con sus privilegios. Un grupo de personas que sufre <strong>hartazgo de la esclerosis de corrupción hispánica</strong> conecta con la sensibilidad de Pepa Benavides: se trata de personas con conciencia que la ayudan a poner en marcha <strong>un plan de acción política que acabe de una vez por todas con el bipartidismo</strong>. La realidad plural de España, deja traslucir Gullón, no puede reducirse tan solo a dos opiniones: en la vida real existen muchas más sensibilidades políticas –como Ciudadanos, UPyD, Izquierda Unida y la sorpresa de Podemos– que retratan otros colores del espectro social y <strong>otros intereses que a día de hoy ni el PP y ni el PSOE representan</strong>.</p>
<p>También las fuerzas políticas tientan a Pepa Benavides –ejercicio natural en agrupaciones que viven y medran a la sombra del cambalache y de las puertas giratorias–, propuestas que Pepa esquiva con criterios éticos, descubriendo con cada negativa, la <strong>monumental corrupción silenciosa que funciona en muchos ámbitos del mundo político</strong>. Estos dos grupos antagónicos que tiran, cada uno por su lado, de Pepa Benavides, son retratados por Germán Gullón con<strong> la elegante crítica de quien conoce los entresijos del Poder</strong>, que funcionan igual en la vida académica y que él mismo ha tenido que sufrir.</p>
<p>Plantea Gullón una idea sumamente atractiva: <strong>probablemente una mujer gobernase nuestro país con mayor capacidad</strong>, con una tranquilidad y un poso reflexivo acumulados en el observatorio de excepción que le han obligado siglos de poder masculino. Pero lo más importante es que esta mujer ideal que perfila sabiamente Gullón <strong>está dispuesta a cambiar el escenario político en su dimensión moral</strong>. Los intestinos de la política exterior y los almuerzos donde se ofrecen prebendas de poder a cambio de alianzas puntuales conforman el telón de fondo de esta excelente novela en la que conservadores y socialistas quieren ganar ventaja a cualquier costa.</p>
<p>Hemos de destacar también el papel que juegan en Moncloa desde la primera página los medios de comunicación y que en España se han amoldado al bipartidismo, a la doble opinión –liberal y progresista–: sin embargo, <strong>la variedad de publicaciones digitales ayuda a que haya más voces</strong>, porque los periódicos ya establecidos ofrecen las mismas opiniones y la juventud está harta. Los lobbies, los grupos de poder, negocian con los partidos políticos y promueven un maridaje de los medios con la casta política. De modo que <strong>los jóvenes ya no siguen la vida política y reciben otra inspiración en las redes sociales</strong>, donde hay variedad, porque ya no se fían –con razón– de las cabeceras.</p>
<p>En Moncloa <strong>se pacta una legislatura más corta, de dos años</strong>: cuatro años es casi insoportable para cualquier país europeo, según Gullón. El conocido “rodillo” en tiempo del dominio socialista, para airear todo lo que ha sido taponado, ya no es viable. También <strong>la crisis influye en el modo de hacer política</strong> y las presiones monetarias de los nacionalistas catalanes y vascos, que copian el estilo del miniprograma electoral del Partido Ciudadanos Independientes, ya no surte el mismo efecto: cuando <strong>el país se enfrenta a una crisis económica de dimensiones mundiales</strong>, las reivindicaciones económicas nacionalistas no parecen oportunas. Esta cuestión que nos desune en España, la del nacionalismo, es invención germánica del siglo XIX, una “creación” de alambique que ha traído a Alemania y a Europa muchas catástrofes. El escritor hace <strong>una firme apuesta por la libertad del individuo, frente al nacionalismo de vía estrecha</strong>. Para Germán Gullón<strong> la democracia para los españoles es ese traje que aún nos queda grande</strong> y por eso hemos de acudir frecuentemente al sastre para que nos lo arregle.</p>
<p><a href="https://twitter.com/GGullon" target="_blank">Germán Gullón</a>, catedrático de literatura profundamente humano, es <strong>maestro de hispanistas</strong> y <strong>pasa la mitad de su vida en Holanda</strong>. Por eso le chocan las diferencias existentes entre la prensa holandesa y la española: en el país del tulipán hay una diversidad mucho mayor. También por eso –además de por su innegable talento–, por el privilegio del observador que vive en dos mundos, esta aventura novelesca le ha salido redonda.</p>
<p style="text-align: right;"><em>DAVID FELIPE ARRANZ <a href="https://twitter.com/MarcapaginasGR" target="_blank">@MarcapaginasGR </a><br />
</em></p>
<p style="text-align: right;">
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