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	<title>Revista leer &#187; Dickens</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>V.C. Andrews: La juventud es una víbora</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Mar 2017 12:28:19 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Ada del Moral]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[V.C. Andrews tal vez sea la peor escritora del mundo. O la menos comprendida por la crítica sesuda. Las adaptaciones cinematográficas y televisivas de sus historias tampoco le han hecho un favor. Los puristas y algún que otro genio vivo del terror detestan sus argumentos, una mezcla de Tennessee Williams y Faulkner pasada por los [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong>V.C. Andrews</strong> tal vez sea la peor escritora del mundo. O la menos comprendida por la crítica sesuda. Las adaptaciones cinematográficas y televisivas de sus historias tampoco le han hecho un favor. Los puristas y algún que otro genio vivo del terror detestan sus argumentos, una mezcla de <strong>Tennessee Williams</strong> y <strong>Faulkner</strong> pasada por los bailes de <em>hula hoop</em> con sus picores debajo de la falda; su estilo: plano, cursi, tópico hasta el delirio; sus personajes: tan contradictorios como retorcidos e infectados de una moralina insultante; sus desenlaces: imposibles, reaccionarios y surrealistas a partes igual. <strong>Ed Wood</strong> y cuantos artistas perseveran en pasiones que no les corresponden son sus hermanos. La diferencia reside en que <strong>ella consiguió la gloria cuando parecía condenada a su artrosis reumatoide y a la fusión espinal que la dejó impedida</strong>. Para Virginia Cleo Andrews el futuro terminó a los quince años.<a href="/wp-content/uploads/2017/03/TRES.jpg"><img class=" wp-image-6641 alignleft" src="/wp-content/uploads/2017/03/TRES-673x1024.jpg" alt="TRES" width="345" height="525" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Desde entonces estuvo atada a una silla de ruedas en una posición similar a la de los astronautas a punto de despegar y sus puntos de vista y anhelos quedaron fosilizados en una adolescencia eterna. <strong>En sus obras, nadie alcanza la madurez, llega a viejo o concibe después de los dieciséis</strong>. Bajo los secos cuidados su madre, que odiaba los libros, sedienta de amor y empachada de frustraciones empezó a escribir y se obró el milagro.</p>
<h5 style="text-align: left;"><strong>Reina bajo tierra</strong></h5>
<p style="text-align: left;">Aquella mujer, adornada como una muñeca repollo con ropas y lazos en tonos pastel, encerrada en su sencilla casa de un arrabal virginiano, se convirtió en leyenda <em>trash</em>. Y aún reina bajo tierra. Porque murió en 1986 pero el grueso de su obra lo ha finalizado el escritor fantasma más rico y famoso de la historia: <strong>Andrew Neiderman</strong>, autor de más de cien novelas, un pulp venido a más con una desvergüenza de tahúr y un ingenio de charlatán del oeste a quienes muchos conocerán como el autor de <em>Pactar con el diablo</em>, esa fábula burlona protagonizada por <strong>Keanu Reeves</strong>, <strong>Charlize Theron</strong> y un <strong>Al Pacino</strong> en estado de gracia que encarna a un diablo que se define como “el último humanista”. Neiderman sabe mucho de almas y contratos.</p>
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<p style="text-align: left;"><em>Flores en el ático</em> es un <em>awful classic</em>: artefacto literario defectuoso con la fuerza suficiente para engancharte. Parece inofensivo hasta que te metes en sus entretelas</p>
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<p style="text-align: left;">En general suele meterse en el cuerpo y la mente de adolescentes hermosas y calenturientas desde hace tantos años que, bien podríamos asegurar, que es el primer escritor transgénero: nunca antes un varón había representado tantos papeles femeninos. Hay algo obsceno en las sagas perpetradas por uno y otro. No sólo por la rara sintonía entre la escritora muerta y el <strong>Señor Valdemar</strong> que la revive, obra a obra, primero usando sus argumentos y después los propios en una espiral que ya ha devenido en el puro esperpento. Pero empecemos por el principio. <em>Flores en el ático</em> es un “awful classic”: artefacto literario defectuoso con la fuerza suficiente para engancharte. Parece inofensivo hasta que te metes en sus entretelas y entonces… bienvenido al psicodélico universo de los cuatro muñecos de Dresde, los hermanos <strong>Dollanganger</strong>, tan rubios y perfectos como los hijos de Satanás. Así les llama su abuela, la imponente <strong>Olivia</strong> de <strong>Foxworth Hall</strong> a la que pronto conocerán cuando, a la muerte de su padre, tío de su madre Corrine -<em>barbie</em> inútil que, a fuerza de vagancia, es más mala que la peste-, ésta vuelva, cual cordera al redil, a pedir el perdón de sus fanáticos padres por haber cometido incesto.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">Aquella mujer adornada como una muñeca repollo con ropas y lazos en tonos pastel, encerrada en su casa de arrabal virginiano, se convirtió en leyenda <em>trash</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;">El horror no ha hecho más que empezar para los niños. Encerrados en el ático de la inmensa mansión familiar que nunca heredarán, ya que el abuelo no puede saber que su única hija se ha reproducido con su hermanastro pequeño, <strong>Kathy</strong> y <strong>Christopher</strong> construyen un jardín de flores de papel para sus hermanitos, <strong>Carrie</strong> y <strong>Cory</strong> quienes, sin la luz del sol, empiezan a parecer enanos albinos y raquíticos, mientras los dos mayores, en plena adolescencia, acosados por su abuela que les considera el fruto maldito de una unión indigna y les exhorta a no tocarse, desarrollan una intensidad más de novios que de hermanos. Mientras que la hermosa <strong>Corrine</strong> se va olvidando de su prole a la que deja en manos de esta abuela loba, capaz de llevar a sus nietos donuts cubiertos de arsénico. <strong>Incesto. Canibalismo. Infanticidio. Envidia. Psicopatía. Irresponsabilidades imperdonables y situaciones increíbles en mansiones antiguas</strong>, chalets inmaculados, sociedades pueblerinas y horteras dueñas de una estética chillona a camino entre el cinemascope de los cincuenta y el gótico de la <strong>Hammer</strong>. Todo esto se produce a lo largo de la saga Dollanganger: <strong><em>Flores en el ático</em></strong>, <strong><em>Semillas del Ayer</em></strong>, <strong><em>Pétalos al viento</em></strong>, <strong><em>Si hubiera espinas</em></strong> y <strong><em>Jardín Sombrío</em></strong>, terminado por <strong>Niederman</strong> –y vaya si se nota, ay-. Los originales americanos tienen unas portadas alargadas y negras estilo ataúd, con los cantos amarillo sudario e ilustraciones de portada que producen risa si estás en un guateque y escalofríos si te acabas de bajar en un autobús en pleno extrarradio.</p>
<figure id="attachment_6644" style="width: 945px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-6644 size-full" src="/wp-content/uploads/2017/03/UNO.jpg" alt="UNO" width="945" height="709" /><figcaption class="wp-caption-text">Algunos objetos personales de V. C. Andrews selecionados por la editorial Simon &amp; Schuster en homenaje a la autora.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;">En realidad Virginia Cleo, que empezó a publicar a los cincuenta y seis años y murió de un cáncer de pecho no tratado a los sesenta y tres –vacaciones eternas lejos de su madre, al fin-, terminó siete libros: <strong><em>Flores en el ático</em></strong>, <strong><em>Pétalos al viento</em></strong>, <strong><em>Si hubiera espinas</em> </strong>y <strong><em>Semillas del ayer</em></strong>; los dos primeros volúmenes de la <strong>saga Casteel</strong>: <strong><em>Heaven Leigh</em></strong> y <strong><em>Ángel Negro</em></strong>, <strong><em>Mi dulce Audrina </em></strong>y las inéditas <strong><em>Dioses de la Montaña Verde</em> </strong>(ciencia ficción) y un novelón medieval <strong><em>Los malditos del castillo</em></strong>.</p>
<p style="text-align: left;">El resto es puro Neiderman, un negocio entre la familia, Neiderman y el monstruo editorial <a href="http://www.simonandschuster.com/authors/V-C-Andrews/4466"><strong>Simon and Schuster</strong> </a>que ha generado mucha pasta a base de pervertir la esencia literaria de una mujer con más de hermana <strong>Brönte</strong> que de novela rosa de supermercado. <strong>El secreto de que V.C. Andrews no se caiga de las manos, la razón de que su mundo perturbado, oscuro y noño sea capaz de dejarnos tocados reside en su profunda y desasosegante verdad</strong>. <strong>Dickens</strong> tenía el mismo toque capaz de dar vida a lo más folletinesco y Andrews es una de sus herederas.</p>
<h5 style="text-align: left;"><strong>Sangre sobre ‘chiffon’ rosa</strong></h5>
<p style="text-align: left;">La saga de <em>Flores en el Ático</em>, la de Heaven Leigh Casteel, la chica<em> hillbilly</em> de las montañas Willies vendida por su padre, y <strong>hasta <em>Mi dulce Audrina</em>, tal vez la novela más claustrofóbica, febril y absurda jamás escrita, están basadas en hechos reales</strong>. No es sólo que las protagonistas nunca lleguen a una edad más o menos adulta, pues para eso su creadora se quedó estancada debido a su enfermedad y su limitada condición económica, sino que <strong>la atmósfera de opresión y amenaza, el terrible sentimiento de cautividad, el abuso parental y la violencia sexual se palpan, nos cortan</strong>. Todas desean ser otra. Audrina la primera y mejor Audrina que murió violada; <strong>Heaven Leigh</strong>, su madre muerta de quien conserva una muñeca retrato de la famosa marca <strong>Tatterton</strong>; Cathy encajar con su apariencia de porcelana inofensiva. Recordemos que su autora fue prisionera de una enfermedad terrible y de su rígida madre. Jamás tuvo un romance y los únicos hombres a su alcance fueron sus médicos. Su primer manuscrito, rechazado por veinticuatro editoriales, llegó en su formato más exiguo, noventa y ocho páginas, a las manos de una jovencísima editora, <strong>Ann Patty</strong>, que se atrevió a pedirle una versión más amplia.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">La razón de que su mundo perturbado, oscuro y noño sea capaz de dejarnos tocados reside en su profunda y desasosegante verdad</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;">Un mes más tarde le remitió nada menos que seiscientas páginas de una de las numerosas versiones de su historia. Patty ni se imaginaba qué iba a encontrarse en aquella modesta y hasta vulgar suburbia de <strong>Michael Lane</strong> en <strong>Portsmouth</strong>, <strong>Virginia</strong>, donde la dama sureña aguardaba su visita. Era un luminoso día se septiembre cuando aparcó junto a aquella humilde construcción de ladrillo. Sin árboles, flores ni arbustos, en el porche también desnudo, la aguardaba una mujer de edad con el rostro marcado por hondas arrugas que, lejos de revelar, humor, demostraban una gran sequedad de carácter.</p>
<p style="text-align: left;">-¿Virginia?, indagó la joven cuya mano quedó en el aire.</p>
<p style="text-align: left;">–No. Soy Lillian, su madre. Ella está dentro. Estamos muy sorprendidas de tu visita.</p>
<p style="text-align: left;">A la editora le impresionó hallar, en mitad de aquella austeridad puritana –y en las novelas de V. C. las taras religiosas se comen crudas y frías– a una mujer mucho más joven de lo que imaginaba en una silla de ruedas, rodeada de cojines, semitumbada e igual de derecha que si estuviera a punto de despegar, vestida con un llamativo vestido de <em>chiffon</em> rosa. A sus piernas atrofiadas las apresaban medias del mismo color. Su rubia melena, cuidadosamente arreglada, aureolaba un rostro de la misma palidez de sus protagonistas. En definitiva, mostraba en su atuendo el gusto rebuscado que inunda sus páginas mientras que las ventanas desiertas y el césped amarillento del raquítico jardín, se asemejaban a su desnuda prosa. El cansancio asomaba a sus ojos azules. Quizás ya fuera algo tarde para nadar en la abundancia soñada tras años donde lo más interesante eran las partidas de backgammon y las amables visitas familiares de sus hermanos y cuñadas.</p>
<p style="text-align: left;">–Siéntate, dijo la madre. Voy a preparar unos refrescos.</p>
<p style="text-align: left;">No podía ser de otra manera en un hogar sureño. Y ese fue el comienzo del meteoro Andrews que ha encandilado miles de lectores, sobre todo adolescentes, pues <strong>si existe alguien que de veras captó la presión de un cuerpo que cambia, la angustia de la incomprensión, las hormonas revolucionadas, la perversión de las atracciones fue, sin duda, una escritora que, como mujer, anheló mucho</strong> y sólo se pudo realizar a través de una obra que tiene el pulso firme de lo que se ha escrito con sangre.</p>
<p style="text-align: right;"><strong> <em>ADA DEL MORAL </em></strong></p>
<p><img class="alignleft wp-image-6560" src="/wp-content/uploads/2017/02/16298874_1583732341642679_786286985521627816_n.jpg" alt="16298874_1583732341642679_786286985521627816_n" width="150" height="200" /><em><i>Una versión de este reportaje aparece publicada originalmente en el <a href="/2017/02/las-letras-salvajes/" target="_blank">número de <strong>febrero de 2017</strong></a>, 279, de la <strong>edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span></strong></i></em></p>
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		<title>Atrapamos el pez dorado</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Apr 2016 16:40:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>M: </strong>¿Lo oyes, jefe? Dos semanas después todavía se escucha música en el aire… ¡Qué estimulante sesión de Club LEER la vivida con <strong>Alexander Zárate</strong> y sus <em>peakies</em>! <strong>Carlos Tejeda</strong>, <strong>Israel Paredes</strong>, <strong>Mariló García</strong> y <strong>Paz Olivares</strong> en el <strong>#sofárojo</strong> y otros tantos camuflados entre el público (<strong>Celso Hoyo</strong>, <strong>José Ángel Barrueco</strong>, <strong>Héctor López</strong>…). Fueron nuestros Dantes en la bajada, más bien ascenso, al «pluriverso» de<strong> David Lynch</strong>, ¡divino vértigo! Rebosante de apasionados lyncheanos, el Espacio se convirtió en nuestra habitación roja particular y albergó un animadísimo coloquio con punto culminante en las elucubraciones sobre los derroteros que estará tomando el nuevo rodaje de David Lynch. Más espiritual y, a la vez, más oscuro, vaticinó <strong>Paz Olivares</strong>. Nos gustó muchísimo su intervención, y no podríamos estar más de acuerdo con ella. La lectura de esta interesante colección de ensayos (<em><strong>Twin Peaks, 25 años después todavía se escucha música en el aire</strong></em>, <strong>Innisfree</strong>) de sensibilidad arrebatadoramente noventera, como corresponde este mes, ha dirigido mis ojos, (ah, y mis consciencia) a un librito maravilloso que guardo en un cajoncito como oro en paño: <em><strong>Atrapa el pez dorado. Meditación, conciencia y creatividad</strong></em>. ¡Y sí, lo pescamos, aquí dejamos la prueba!</p>
<p><iframe src="https://www.youtube-nocookie.com/embed/gnBzVmVMJiw?rel=0" width="690" height="388" frameborder="0" allowfullscreen="allowfullscreen"></iframe></p>
<p><strong>B:</strong> Me dices Lynch (¿<em>peakies</em>? WTF…) y automáticamente rememoro la película suya que más me gusta, <em>Mulholland Drive</em>. Veo a <strong>Naomi Watts</strong> y <strong>Laura Harring</strong> abrazadas <a href="https://youtu.be/O4fHaDM9FQA" target="_blank">en el patio de butacas del Club Silencio</a>. Y recuerdo la inquietante aparición de <strong>Ann Miller</strong>, la estrella del cine musical reconvertida en sombrío reverso de la danzarina estampa de su juventud. El imaginario femenino de Hollywood es una pieza importante del acervo iconográfico lyncheano. Y hablando de chicas y celuloide entra en mi campo visual <strong><em>Mujeres de Cine. Ecos de Hollywood en España, 1914–1936</em></strong>,<em> </em>el bonito volumen editado por la <a href="http://www.aecid.es/ES"><strong>Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo</strong></a> que nos llegó hace unos días. Un trabajo coral que analiza el impacto de la imagen femenina proyectada desde el poderoso foco del cine en la progresiva emancipación de la mujer antes de la Guerra Civil, y que, excelentemente equipado de fotos provenientes de diversos archivos, recuerda a las primeras mujeres más o menos fatales del lienzo de plata.</p>
<p><strong> M: </strong>Casi me pierdo eso tan bonito que dijiste al final, «lienzo de plata»…  ¿Por qué? Ah, porque me quedé clavada ante «la mirada perdida de la figura de cera de la señora Manning en el museo londinense de <a href="https://www2.madametussauds.com/"><strong>Madame Tussauds</strong>,</a> que resultó ser todo un imán para el público victoriano». ¡Qué repelús! Es el pie de foto correspondiente al capítulo «Sobre la vulgaridad de los fantasmas» del libro <em><strong>La historia de los fantasmas. 500 años buscando pruebas</strong> </em>(<a href="http://www.siruela.com/"><strong>Siruela</strong></a>) de <strong>Roger Clarke </strong>(sí, ese, ese, el crítico cinematográfico de <a href="http://www.independent.co.uk/"><em><strong>The Independent</strong></em></a>), relativo a esa doncella suiza, asesina confesa, a quien <strong>Dickens</strong> inmortalizaría como la Hortense de <em><strong>Casa desolada</strong></em>. Unas páginas más adelante, el autor (que en previas aventuras editoriales de esta naturaleza misteriosa llegó a contar con el respaldo de <a href="https://www.roalddahl.com/"><strong>Roald Dahl</strong></a>) nos regala otra imagen más escalofriante aún si cabe: «Un grabado contemporáneo del fantasma de Hammersmith luciendo un sudario». Dice Clarke que era el espíritu errante de un hombre al que habían cortado el cuello, que comenzó a rondar el oeste de Londres a comienzos de diciembre de 1803, un ambiente relativamente rural donde residía el pinto suizo <strong>Philip de Loutherbourg</strong>, el escenógrafo del <strong>Drury Lane Theatre</strong> de <strong>David Garrick</strong>, quien tenía un profundo interés por lo oculto y tal vez se interesase por este caso. Toma, toma el libro, que quiero leerlo este fin de semana pero mejor lo guardas tú en tu mochila. Ay.</p>
<p><strong>B:</strong> No, maja, aquí cada cual gestiona sus (para)filias… Y escribo eso y casi me quiero creer <strong>Luis Eduardo Aute</strong> deformando, moldeando, tallando palabras para sus <em>poemigas</em>. <a href="http://www.luiseduardoaute.com/index.html" target="_blank">Nuestro artista total</a> –<em>nuestro</em> por amigo, <em>total</em> porque pocas disciplinas escapan a su curiosidad, talento y perseverancia<strong>–</strong> recoge los últimos en su nuevo libro, <strong><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-el-sexto-animal/207968" target="_blank"><em>El SEXtO ANIMAL</em></a> publicado al calor de EspasaEsPoesía</strong>, la colección auspiciada por el sello de Planeta para alimentar el creciente interés lector por la lírica –acerca del cual reflexionaremos muy pronto–. «Con todo mi afecto estas fugaces ocurrencias animales con el mejor de mis ánimos… Un abracadabrazo», me dedica Luis Eduardo, acompañado de su icónica firma-beso, un libro en cuya solapa aparece <a href="http://www.planetadelibros.com/autor/luis-eduardo-aute/000020352" target="_blank">cruzando un paso de cebra</a> cercano a su casa de Fuente del Berro con la mujer pez que ilustra la cubierta a tamaño natural bajo el brazo. Él ya lo atrapó, amiga.</p>
<p><strong>M:</strong> ¡Y <a href="http://corominasijulian.blogspot.com.es/"><strong>Jordi Corominas</strong></a>! <a href="https://www.youtube.com/watch?v=Q3cdjcvMSoI">¿Quién lo duda?</a> Una vez tuve que definir su <a href="/2015/05/laocoonte-live/"><strong>Loopoesía</strong></a>. Y lo hice así: «es el arte del verso kamikaze, un acto de creación salvaje por entregas que renace sobre cada escenario de cara a una poética libérrima de fogonazo y derribo para el siglo XXI que sólo rinda cuentas ante la tradición eliotiana y la sociedad de su tiempo». Su nueva entrega, el poemario <em><strong>Mecánica de la sombra</strong> </em>(<a href="http://www.versosyreversos.com/"><strong>Versos &amp; Reversos</strong></a>), ya está <em>on the road</em>. Las primeras sensaciones son de un todo muy compacto, una redondez serena sin estridencias: la madurez de un ambicioso proyecto macerado a fuego lento con los años. Fíjate, a mí el comienzo ya me enamora. <strong>Surrealismo. Hopper en cada milímetro. Y Elvis. Y Perkins</strong>. Cuando me reconozco de la secta loopoética es por estas cosas. Y por Madame Sosostris, <em>famous clairvoyante</em>. Casi me muero cuando me atacó ese verso. De amor total. Y lo de «texpertos», qué gran hallazgo. Y los «viejos afanes en nuevas sensaciones», me encanta eso. Y «si rasgas el muro, caerá tiza». Muy bueno, muy bueno. Las maneras de Jordi han crecido sobremanera, válgame la redundancia, hacia lo no figurativo que diríamos en pintura, y ahorra los referentes como nunca. ¿Qué siento cuando leo estos versos? Que, una vez más, se trata de un reto de primera división. Y ese guante es mío. Creo que así lo sentirá y tomará el fiel de Loopoesía. Como siempre, de la lectura en papel, lo que más me fascina es cuando «el texto empieza a correr». Estás en un fragmento y de repente notas que el ritmo no lo estás marcando tú sino «que te llevan» y te aceleras. Sobre el escenario, Jordi es simplemente BRUTAL. ¡Muchas ganas de que regrese, como mandan los cánones y las buenas costumbres, a su cita en la <strong>Fnac de Callao</strong> (Madrid) en primavera, será el próximo 13 de mayo.</p>
<p><strong>B:</strong> <em>Coro</em> tiene bula en esta casa desde que <a href="https://www.instagram.com/p/xznDjyobOI/" target="_blank">agitó nuestra higuera</a>… Hace un par de semanas hablábamos <a href="/2016/04/abril-loco/" target="_blank">aquí</a> del último libro de Imre Kertész que ha llegado a España de manera póstuma. Y he aquí un póstumo de verdad de otro nobel, este <em>De la finitud</em> que acaba de publicar Alfaguara con <strong>lo que escribió y dibujó Günter Grass durante los últimos años de su vida y hasta apenas tres días antes de morir</strong>. <a href="http://www.elmundo.es/cultura/2016/04/15/570fbd1aca4741c6678b468b.html" target="_blank">Lo cuenta muy bien contado hoy</a> <strong>Luis Alemany</strong> en <em>El Mundo</em>. Nos llevamos a casa este «hilo de poemas, recuerdos y dibujos» de un hombre «frágil pero risueño ante los presagios de la muerte», para llevarlo leído a la presentación-homenaje que tendrá lugar el próximo lunes 18 de abril a las 19:30 horas <a href="https://www.goethe.de/ins/es/es/ver.cfm?fuseaction=events.detail&amp;event_id=20719540" target="_blank">en el Goethe-Institut Madrid</a>, con su traductor de siempre, el académico <strong>Miguel Sáenz</strong> –LEER visitó hace tiempo su biblioteca-, <strong>José Luis Gómez</strong> leyendo algunos fragmentos, y <strong>Juan Cruz</strong>.</p>
<p><strong>M: </strong>Mi último libro para el fin de semana no lo meto en la mochila sino que no lo saco de ella: <em><strong>Segundas personas</strong></em> de <strong>Félix Chacón</strong>. Te explico: ahí lo tengo desde la velada de ayer en la<strong> librería Bubok</strong>, bien colocadito, para darle prioridad como próxima lectura. Claro, es el <strong>VIII Premio de Creación Literaria Bubok — Lengua de Trapo</strong>. Allí, en el fallo, estuve anoche, un ratito muy agradable con <strong>Isabel Ávila</strong> y también <strong>Fernando Varela</strong> (<a href="http://www.lenguadetrapo.com/"><strong>Lengua de Trapo</strong></a>), a quien esperamos poder tener el placer de acoger el próximo 22 de abril en nuestra <a href="/evento/la-noche-de-los-libros-generacion-kronen-veinte-anos-despues/"><strong>Noche de los Libros, “Generación Kronen, veinte años después”</strong></a>.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>B&amp;M #LEERsinprisa</em></strong></p>
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		<title>La corrupción, abono literario</title>
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		<pubDate>Fri, 16 Jan 2015 19:08:36 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>En los últimos meses la sociedad española asiste conmocionada a la revelación cotidiana de escándalos políticos, cayéndose por enésima vez del guindo de una corrupción institucionalizada tan antigua como el hombre. <strong>De Tucídides a Jorge Zepeda, último premio Planeta</strong>, pasando por el canon picaresco, <strong>JORGE BUSTOS</strong> traza en el último número de LEER un itinerario personal –y ejemplar– por la expresión literaria de la corrupción.</address>
<address> </address>
<p>L<strong>a corrupción goza en España de una excelente salud.</strong> Abre los periódicos, alimenta el <em>share</em> de las tertulias de la tele, monopoliza las redes sociales y ya hasta ha colonizado las conversaciones de autobús y de ascensor, antaño dominio exclusivo de la climatología. Este año incluso le han dado el Premio Planeta a la corrupción, tratada por <strong>Jorge Zepeda</strong> en su más negra acepción mexicana.</p>
<p>Lo que sorprende un poco es que tema tan antiguo provoque un escándalo tan nuevo. <strong>Aristóteles</strong> <strong>definió la corrupción como un “estancamiento” que pudre las aguas de la democracia</strong>, degenerando en ciénaga de demagogos <strong>que abona el terreno para la irrupción del tirano</strong>. El mecanismo es tan conocido, y tan indefectible, que causa estupefacción la facilidad con la que los humanos –también los altivos demócratas de la Europa posmoderna– nos precipitamos a cumplir el mismo guión milenario que fijó <strong>Tucídides</strong> en su <em>Historia de las guerras del Peloponeso</em>. Es la primera descripción en Occidente de un caso de corrupción y sucedió en Corcira en el siglo V a. C. La cita es larga pero su precisión resulta de una escalofriante actualidad:</p>
<p>“La audacia irreflexiva pasó a ser considerada un valor fundado en la lealtad al partido; la vacilación prudente se consideró cobardía disfrazada; la moderación, máscara para encubrir la falta de hombría; y la inteligencia capaz de entenderlo todo, incapacidad total para la acción; la precipitación alocada se asoció a la condición viril, y el tomar precauciones con vistas a la seguridad se tuvo por un bonito pretexto para eludir el peligro. Estas asociaciones no se constituían de acuerdo con las leyes establecidas con vistas al beneficio público, sino al margen del orden instituido y al servicio de la codicia. Y<strong> las garantías de recíproca fidelidad no se basaban tanto en la ley cuanto en la transgresión perpetrada en común</strong>”.</p>
<h5>Precursor Luciano</h5>
<p>Por los mismos años escribió <strong>Aristófanes</strong> su <em>Pluto</em>, ácida comedia contra el desigual reparto de la riqueza que los gobernantes prometen mientras la practican en exclusiva. La reciente puesta en escena de esta obra en el festival de Mérida serviría a algunos adanistas para descubrir que el <strong>discurso contra la plutocracia no es precisamente una genialidad de Podemos</strong>. Mención especial merece <strong>Luciano de Samosata</strong> (siglo II d. C.), quizá el primer genio satírico de la historia, un antidogmático radical y descacharrante cuyos textos asombrosos leíamos en Clásicas como el iniciado que penetra en Delfos y descubre el mayor burdel de Europa. <strong>La tradición lucianesca es la que relanzan Jonathan Swift</strong> y nuestro Quevedo con sus <em>Sueños</em>, entre tantos otros. Y qué decir de Roma, donde se idearon todos los vicios y todas las soluciones, desde el tribuno de la plebe al pan y circo. De los muchos escritores que eligieron la corrupción como tema literario –la galería de infames de <strong>Tácito</strong>, los epigramas afilados de <strong>Marcial</strong>, las sátiras implacables de <strong>Juvenal</strong> y <strong>Persio</strong>– <strong>yo me quedo con el taimado</strong> <strong>Salustio</strong>, que hizo un carrerón al elegir el bando correcto del divino <strong>Julio</strong>, rapiñó todo lo que pudo en el año y medio en que César le confió el gobierno de los númidas,<strong> fue acusado por el Senado de exacción ilegal en el ejercicio de cargo público y acabó reinventándose como historiador moralista alejado de las vanidades del mundo… en una mansión que los emperadores le expropiarían a su muerte</strong>, muertos de envidia. A este precursor tan latino del fraile después de cocinero debemos la sofisticada trama de vileza de <em>La conjuración de Catilina</em>.</p>
<blockquote><p>Como advirtió Aristóteles, la corrupción pudre las aguas de la democracia y anticipa la irrupción del tirano</p></blockquote>
<p>Hay en la Edad Media toda una literatura goliarda que fustiga los vicios del poder, ya ocupara este el estamento noble o el eclesiástico, y cuya tradición llega a las chirigotas gaditanas. Pero <strong>debemos a los renacentistas algo parecido a un tratamiento sistematizado –casi un género ensayístico– de la corrupción, con Erasmo, Moro y Maquiavelo como faros de costa de la moralidad pública.</strong> Los partidos (gobierno de los grandes) generan oligarquía. Bien común. “Los hombres son malos todos, y el áncora del bien público está toda entera en la bondad de las leyes, la cual consiste en hacer que los hombres se abstengan, más por necesidad que por voluntad, de obrar mal”, escribe el autor de <em>El</em> <em>príncipe</em> con irrefutable realismo. El gran crítico soviético <strong>Bajtín</strong> extrae del <em>Gargantúa</em> de <strong>Rabelais</strong> el concepto de lo carnavalesco como subversión reglada del orden establecido: es decir, como desahogo del pueblo sometido a un régimen opresivo que se perpetúa precisamente gracias a la válvula de escape que supone el carnaval, el negativo lúdico de la revolución.</p>
<h5>El espejo picaresco</h5>
<p>Así se van sentando las bases de <strong>una de las grandes aportaciones hispanas a la literatura mundial, y a los propios paraísos fiscales: la picaresca.</strong> Ni el autor del <em>Lazarillo</em> ni <strong>Mateo Alemán</strong> en su <em>Guzmán de Alfarache</em> ni mucho menos <strong>Quevedo</strong> en su <em>Don Pablos</em> idealizan lo que cuentan: sencillamente eliminan el filtro de la hipocresía social y lo que queda es la condición humana en pelotas. Una sociedad corrupta, donde el pobre no carga contra la corrupción de los aristócratas por indignación moral sino porque a él se le excluya de ese banquete. <strong>El criterio ético del bien común lo salvaron cronistas patrios del XVII</strong> –verdaderos periodistas del Siglo de Oro– como <strong>Pellicer</strong>, <strong>Saavedra Fajardo</strong> (“La murmuración es argumento de la libertad de la república, porque en la tiranizada no se permite”, escribe, reflejando el clima social de la España de <strong>Felipe IV</strong>) o <strong>Jerónimo de Barrionuevo</strong>. Todos ellos levantan acta del desgobierno de la monarquía y reflejan la carestía reinante. Los pasquines críticos infestan las esquinas de Madrid y la queja general contra el “menoscabo de la Real Hacienda” convive con los arrestos sumarísimos por delito de sedición.</p>
<p>¿Y dónde dejamos, por cierto, a don <strong>Miguel de Cervantes</strong>, que fue condenado por irregularidades recaudatorias en el desempeño de su cargo? No deja de ser idiosincrásico que la mayor gloria de las letras españolas cediese en vida a la tentación de la picaresca. <strong>Si nos ponemos estrictos, señores, Cervantes fue también un corrupto</strong>. Habrá que estar atentos a esos papeles que al parecer <strong>Bárcenas</strong> está escribiendo en Soto del Real.</p>
<blockquote><p>Hay en la Edad Media toda una literatura goliarda que fustiga los vicios del poder y cuya tradición llega a las chirigotas gaditanas</p></blockquote>
<p><strong>Vélez de Guevara</strong> levantó los techos de la hipocresía social de la sociedad barroca en su <em>Diablo Cojuelo</em>, y aun tuvo que dulcificar el tono en la segunda parte del libro porque <strong>comprendió que su manutención dependía del mecenazgo de aquellos estamentos a los que atacaba.</strong></p>
<p>Será el absolutismo el sistema que venga a aplacar el temperamento crítico de la sociedad barroca, y será el abuso de poder de los reyes absolutos el que justifique la doctrina del contrato social de <strong>Rousseau</strong>, cuya ruptura define precisamente el fenómeno de la corrupción. El concepto de voluntad general del autor del <em>Emilio</em> es el germen del democratismo moderno, pero también será el chivo expiatorio más invocado por los futuros populistas para encubrir sus propias corruptelas.</p>
<p>La vocación pedagógica de los ilustrados produjo una rica veta de ensayismo didáctico, de intención moralizante. <strong>Feijóo, Jovellanos y el viperino Moratín tienen páginas sobre la viciada maquinaria de la administración que ha permanecido inexpugnable a la democracia. </strong>Una misma sensación de tiempo perdido que nos despierta el Madrid galdosiano de <em>¡Miau!</em>, verdadera radiografía de lo que el gran novelista llamó “el panfuncionarismo burocrático”, cuyos frutos más consabidos eran el nepotismo de corte, el caciquismo localista y el revolucionario de salón. Pero <strong>caeríamos de nuevo en el papanatismo aldeano si creyéramos que nuestra situación, pese a su proverbial atraso teocrático, era mucho peor en lo tocante a corrupción política que la de otros europeos.</strong> Los franceses encontraron su espejo en los burgueses corruptos de <strong>Balzac</strong> y <strong>Maupassant</strong>; en los infinitos engranajes del Imperio británico se escondían los arribistas victorianos de <strong>Dickens</strong> y <strong>Thackeray</strong>. Y en Italia, entretanto, la semilla de picaresca sembrada por los españoles durante el virreinato de Nápoles y Sicilia germinaba en ramificaciones mafiosas que andando el tiempo llegarían a consolidar una vertiente endémica de la novela negra que encuentra en <strong>Sciascia</strong> su culminación.</p>
<h5>España como problema</h5>
<p>No olvidemos la tesis ya clásica de <strong>Enzensberger</strong> y otros que han señalado el origen español de la Camorra como un sistema paralelo y clandestino de distribución de recursos que florece allí donde ciertas funciones sociales no están suficientemente atendidas por el Estado capitalista, que tampoco puede o quiere imponer la ley del todo. Luego los italoamericanos exportaron el modelo de negocio a Chicago, Nueva York, Atlantic City o Nueva Jersey con el éxito conocido en novelas, películas memorables y series de HBO. Fuera del subgénero mafioso, pero sin salir de Estados Unidos, cabe recordar que la gran aportación –aparte de la estilística– de <strong>Hammett</strong> y <strong>Chandler</strong> al canon detectivesco consistió precisamente en la introducción de<strong> un propósito de denuncia</strong>, pues las víctimas no son ya únicamente de un asesino más o menos sofisticado sino de todo un entramado social injusto que premia con el medro la corrupción de policías, políticos y empresarios, mientras que mantener un código ético solo reporta soledad personal y penuria económica.</p>
<p>Un fenómeno parecido ocurría entretanto al otro lado del Atlántico. El genial aforista colombiano <strong>Nicolás Gómez Dávila</strong>, frente al indigenismo incipiente, <strong>no culpaba a España de haber colonizado el vergel suramericano, sino de haberlo colonizado tan mal</strong>: “La mejor crítica de la colonización española son las repúblicas suramericanas”. Y comparaba los resultados en limpieza cívica que exhibían los países de la Commonwealth, por donde había pisado la bota británica, con la yuxtaposición de satrapías en las que se habla el español. No es una visión demasiado amable con España, pero el hecho de que la novela de dictador –con el precedente canónico que según la crítica sienta el <em>Tirano</em> <em>Banderas</em> de <strong>Valle</strong>– se convirtiese en un género casi autóctono desde Panamá hasta Tierra de Fuego parece refrendar su amarga constatación. De toda la narrativa de <strong>Vargas Llosa</strong>, un autor que ha consagrado a la degeneración de la política buena parte de su obra de ficción, acaso sea <em>Conversación en La Catedral </em>la novela que mejor nos pasea por las simas de general indignidad que propicia todo régimen tiránico y corrompido.</p>
<blockquote><p>Es significativo que Cervantes, la mayor gloria de las letras españolas, cediese en vida a la tentación de la picaresca</p></blockquote>
<p><strong>La descomposición de toda superestructura política suele abonar una exuberante floración literaria.</strong> Sea porque el fin de la censura suelta las lenguas reprimidas, sea porque en el fango se revela con más plasticidad la naturaleza humana, no podemos olvidar las gestas narrativas de heroicos disidentes soviéticos como <strong>Solzhenitsyn</strong> o <strong>Vasili Grossman</strong> desde la óptica realista, o las de <strong>Bulgákov</strong> o <strong>Voinóvich</strong> desde la paródica. No se trata solo literatura testimonial, sino de <strong>verdaderos informes sobre la vivencia humana bajo el máximo grado de corrupción</strong> (lingüística, económica, ética, estética…) jamás alcanzado. Con parecida chapucería aunque menor crueldad cursó el estertor entre elegíaco y bufo del Imperio austrohúngaro, tan formidablemente retratado por <strong>Joseph Roth</strong>, o por el desopilante <strong>Jaroslav Hašek</strong> de <em>Las aventuras del buen soldado Švejk</em>. Y la literatura poscolonial ha seguido arrojando frutos de denuncia escalofriante en Oriente Medio y en África.</p>
<p><strong>Nuestro país afronta, si no una genuina descomposición, como poco una olorosa catarsis</strong>, y nadie puede discutir la oportunidad de conceder a <strong>Rafael Chirbes</strong>, novelista ácido del pelotazo inmobiliario, el último Nacional de Narrativa (¡y sin devolverlo!). Lo que está claro es que la corrupción, <strong>como buen excremento, resulta un abono excelente para la fertilidad de la imaginación.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>JORGE BUSTOS </em></strong><em>(<a href="https://twitter.com/JorgeBustos1" target="_blank">@jorgebustos1</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;">En la imagen superior, un momento del montaje de “Pluto” representado en el Festival de Mérida 2014, en versión de Emilio Hernández dirigida por Magüi Mira (foto: Festival de Mérida / Jero Morales).</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;">Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el <strong>Extra de Navi­dad 2014, número <a href="/2014/12/leer258-de-castilla-a-las-fuentes-del-amazonas/" target="_blank">258</a></strong>, de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/502-leer-n-258.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> (<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
<p> </p>
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		<title>Leer en noviembre</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Nov 2014 17:20:47 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El recorrido histórico y literario a plagas y epidemias realizado por <strong>David Felipe Arranz</strong> al calor de la actualidad del azote del Ébola <a href="/2014/11/leer257-epidemias-literarias/" target="_blank">ocupa la portada</a> de un número de noviembre de 2014 de LEER <strong>repleto de otros contenidos.</strong></p>
<p>Coincidiendo con la conmemoración del <strong>25 aniversario de la caída del Muro</strong>, acontecimiento capital que puso broche al <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/El_corto_siglo_XX" target="_blank">corto siglo XX</a> acuñado por <strong>Hobsbawm</strong>, <strong>Gabriel Albiac</strong>, testigo de excepción en Berlín de aquellas jornadas históricas, <strong>reflexiona sobre el sentido político de lo sucedido aquel otoño de 1989</strong> desde la experiencia de la militancia abandonada . “Yo tuve la fortuna de verlo caer. No. De ver cómo lo tiraban abajo. A modestos golpes de martillo, multiplicados por miles de pequeñas hormigas que no podían entender cómo estaban acometiendo aquel acto sacrílego: <strong>destruir a un Dios, desmigajar en arena un absoluto</strong>”, arranca Albiac su <strong>indispensable crónica del ciclo histórico del comunismo</strong>, “una teología que se dice política” que impuso “el peso indiscutible de sus certezas sobre la historia”. Además, <strong>Fernando Palmero</strong> charla con<strong> José María Carrascal</strong>, autor reciente de <a href="http://www.planetadelibros.com/el-mundo-visto-a-los-80-anos-libro-131607.html" target="_blank"><em>El mundo visto a los 80 años</em></a> (Espasa), y corresponsal en Berlín durante la construcción del Muro desde 1961.</p>
<p><strong>Marta Caballero</strong> <strong>ensaya la más rigurosa aproximación a la vigesimotercera edición del Diccionario de la Lengua Española de la RAE</strong>, la del tricentenario de la institución. Junto a las populares <em>tuitero</em> o <em>tableta</em>, el nuevo Diccionario, el más atento al presente de cuantos se hayan presentado, ya recoge la palabra <em>digitalizar</em>. Y digitalizado será a comienzos de año. <strong>¿Alteran las actualizaciones en línea la naturaleza de estas obras de consulta? ¿Cómo será su futuro? Darío Villanueva</strong>, secretario de la Academia, <strong>Pedro Álvarez de Miranda</strong>, director académico de la edición, <strong>José Manuel Blecua</strong>, director de la RAE, y <strong>Ana Rosa Semprún</strong>, directora de Espasa, reflexionan sobre las novedades de la obra. A modo de acompañamiento,<strong> Víctor Márquez Reviriego</strong> <strong>dedica su Auténtica Entrevista Falsa a Fernando Lázaro Carreter</strong>, <a href="http://www.rae.es/academicos/fernando-lazaro-carreter-0" target="_blank">uno de los grandes directores</a> modernos de la RAE, de cuya muerte se cumplen ahora diez años.</p>
<figure id="attachment_2851" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2851 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/11/LazaroCarreter-868x1024.jpg" alt="LazaroCarreter" width="690" height="814" /><figcaption class="wp-caption-text">Fernando Lázaro Carreter, dardo en mano, por David Pintor para LEER.</figcaption></figure>
<p>En un trabajo de referencia, <strong>Ada del Moral realiza un exhaustivo repaso a la literatura de internados.</strong> Desde las postrimerías del siglo de las Luces, colegios y academias, hospicios y residencias han sido <strong>carne de literatura.</strong> Del tormento al éxtasis, de la soledad a la corrupción, del aislamiento a la camaradería y del celibato a la promiscuidad, son <strong>inmejorables microcosmos del mundo exterior</strong> del que separan –o protegen– a sus internos. <strong>Dickens</strong>, las <strong>Brönte</strong>, <strong>Enid Blyton</strong> o la saga de <strong>Harry Potter</strong> son solo algunas de las más conocidas referencias de un catálogo inabarcable que repasamos con tiento y conocimiento. También Ada, en nuestra sección de <strong>Infantil y Juvenil</strong>, presenta el catálogo de la editorial <a href="http://www.palabrasaladas.com/" target="_blank">Palabras Aladas</a>, especializada en la transmisión de valores y la educación sentimental y ciudadana de los niños.</p>
<p>Más: acudimos al noroeste para conocer los proyectos de <a href="http://www.editorialgalaxia.es/" target="_blank"><strong>Galaxia</strong></a>, el gran sello gallego dirigido por <strong>Víctor F. Freixanes</strong>, que inicia aventuras globales con su nueva marca Mar Maior. Protagoniza nuestra sección <strong>Los Otros Editores</strong>. Desde su catedrático conocimiento, <strong>Ramón Tamames radiografía el libro de Thomas Piketty <em>El capital en el siglo XXI</em></strong>, que Fondo de Cultura Económica lanzará en castellano a finales del mes de noviembre y que después de su éxito anglosajón viene marcando desde hace meses el debate económico mundial sobre las crisis y la desigualdad.</p>
<p><strong>Todo ello acom­pa­ñado de la habitual cobertura de novedades</strong><strong>  y de nuestras secciones</strong> estables: las Car­tas desde Nueva York y París de <strong>Julio Val­deón Blanco</strong> y <strong>Oscar Caba­llero –</strong><strong>que recoge el impacto del Nobel a Modiano y comenta su último libro–</strong>, la página de Pen­sa­miento de <strong>Gabriel Albiac</strong><strong> –dedicada al comentado libro de Esteban Hernández <a href="http://www.claveintelectual.com/index.php/titulos/el-fin-de-la-clase-media/" target="_blank"><em>El fin de la clase media</em></a>–</strong>, el Cómic de <strong>Ana Merino</strong> y <strong>Luis Conde</strong>, los libros de temá­tica ambien­tal de <strong>Pedro Cáce­res</strong> y sus <strong>Pági­nas Ver­des</strong>… Y un mon­tón de suge­ren­cias con las que acu­dir a nues­tra libre­ría favo­rita; este mes, en nues­tra sec­ción <em>El escri­tor y su librero</em>, <strong>Héc­tor Esco­bar</strong> acude a <a href="http://www.lacentral.com/web/librerias/Callao/" target="_blank"><strong>La Central de Callao</strong></a>, librería y enclave cultural de referencia en Madrid que acaba de cumplir dos años de la mano del académico <strong>José María Merino</strong>, que hace muy poco presentó allí su último libro, <a href="http://paginasdeespuma.com/catalogo/la-trama-oculta/" target="_blank"><em>La trama oculta</em></a> (Páginas de Espuma); objeto, por cierto, del comentario de nuestro director, <strong>Aurelio Loureiro</strong>…</p>
<p><strong><img class="alignleft wp-image-2810" src="/wp-content/uploads/2014/11/PORTADA-257-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="LEER 251" width="150" height="200" />Todo esto y mucho más en el número de noviembre de LEER, ya dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías selec­cio­na­das. Tam­bién pue­des sus­cri­birte <a href="/suscribete/">aquí</a>.</strong></p>
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		<title>Jilguero de verano</title>
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		<pubDate>Mon, 20 Oct 2014 14:42:37 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>LA ESTIVAL ES UNA ÉPOCA PROPICIA PARA LA LECTURA. Es un placer casi primario pasear por la Feria del Libro de cualquier localidad costera, o no costera, o entrar en una librería a la vieja usanza. Demorarse en y con los libros. Dejarse seducir por un título, por una cubierta, por un autor, por una historia. Un lujo al alcance de la mano. Vacaciones. Ensoñación. Mundos que jamás habitaremos fuera de unas páginas concretas. Porque el ocio vacío de contenido acaba siendo tan tedioso como la espera en un aeropuerto o una estación ante un retraso capaz de arruinar la paciencia de cualquiera.</p>
<p><strong>Así me encontré cara a cara con Donna Tartt, de la que no había oído hablar antes del zafarrancho promocional de primavera.</strong> Seducida por el reclamo del Pulitzer 2014 estampado en la cubierta. En el mostrador de una feria de una localidad veraniega. Tal como descubrí a <strong>Carson</strong> <strong>McCullers</strong> en una mesa de novedades de la Casa del Libro de la Gran Vía madrileña cuando empezaba la universidad. Una nueva edición de una obra de 1940 de la que no tenía noticias. Un título contundente: <em>El corazón es un cazador solitario.</em> Y el libro se vino conmigo a casa.</p>
<p><em>El jilguero</em> no hubiera corrido la misma suerte en otra estación que no fuera la veraniega. Por una razón muy simple. Su número de páginas, 1152. Sólo me animé a comprarlo por tener todo el mes de agosto y parte de septiembre por delante para demorarme con él.</p>
<p>Y es que al contrario que su paisana sureña, que escribía corto e intenso,<strong> a Tartt le gusta tirar a todo lo que se mueve. Tiene balas en la recámara, de eso no hay duda, pero las dispara a discreción.</strong> A mi juicio le convendría seleccionar, cribar y podar. Afinar una narración que tiende al <em>noir</em>, como ella misma lo llama, solo que el <em>noir </em>resultante esta falto de pertinencia. Imaginemos las series <em>The Wire</em> o <em>Breaking Bad</em> escritas por guionistas ajenos al mundo de la delincuencia y la droga, de memoria como si dijéramos, simple enumeración de lugares comunes cuando estas series, si algo tienen, es la verdad que encierran sus tremendas historias, reales como la vida misma. Al contrario, Tartt repite hasta la saturación las veces y las sustancias que Boris, Theo <em>e altri</em> ingieren. Camellos de pacotilla, delincuentes de <em>atrezzo</em>, todo muy voluntarioso e ingenuo. Un relato que está en el grueso de la narración durante páginas y páginas; hay tramas que se entrecruzan pero esta es la única realmente transversal. Las demás se van sucediendo de manera discontinua. Como la de la tienda de antigüedades, fraude incluido, del local que Theo pasa a regentar cuando acaba la carrera por gentileza de su propietario, un restaurador de primera llamado Hobart, o la del cuadro que está en el arranque de la historia, o la historia subyacente de amor sostenido a lo largo del tiempo. Una llama que no deja de arder. Que no se consume ni se consuma, a pesar de los sentimientos recíprocos. Hay otras relaciones amorosas, sí, un compromiso que acaba en boda, cierto, pero sin la intensidad de estos primeros amores que todo lo incendian. De título, de pretexto y desenlace el cuadro de <strong>Carel Fabritius</strong> que da título a esta, la última, novela de Donna Tartt. La escritora de Misisipi se dio a conocer con <em>El secreto</em> (1992); once años después, cuando parecía que sería autora de una única novela, se publicaba <em>Un juego de niños</em> (2003); y ahora, transcurridos de nuevo once años, la que nos ocupa, cuando la autora, a lo que parece, domina las claves del <em>bestseller</em>.</p>
<p>Ha confesado Tartt, <strong>compañera de generación y de andanzas de Brett Easton Ellis</strong>, sentirse literariamente deudora de <strong>Dickens</strong> y <strong>Stevenson</strong>. De hecho esta novela aborda las peripecias de Theodore Decker –13 años–, que al morir su madre en un atentado en un centro artístico, durante un periodo de su vida mucho más largo de lo que quisiera, se encuentra con que madurar es una dura pelea entre sobrevivir o dejar que la corriente te engulla. Un Oliver Twist escrito con soltura y fluidez, con buen manejo de ambientes y atmósferas varios, de comportamientos, caracteres y tics sociales propios de las clases media y alta que encierran numerosos guiños para <em>connaisseurs</em> de ciudades –Nueva York, Las Vegas, Ámsterdam– y referencias musicales, pictóricas y literarias múltiples para aderezar la travesía de una lectura a ratos extenuante por la información meramente instrumental que aflora aun sin necesidad.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>MILAGROS FRÍAS</em></strong></p>
<p> </p>
<address><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/H422439/el-jilguero"><img class="alignleft wp-image-2724" src="/wp-content/uploads/2014/10/El-jilguero-de-Donna-Tartt.jpg" alt="El-jilguero-de-Donna-Tartt" width="150" height="230" /></a><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/H422439/el-jilguero" target="_blank">EL JILGUERO</a></address>
<address><strong>Donna Tartt</strong></address>
<address>Traducción de <strong>Aurora Echevarría</strong></address>
<address>Lumen. Barcelona, 2014</address>
<address>1152 páginas. 24,90 €</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/486-leer-n-256.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> o, mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
<p> </p>
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		<title>Venegas Superstar</title>
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		<pubDate>Mon, 30 Jun 2014 11:29:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Es una de las personalidades más estimulantes del mundo de la edición visual. Anticipa tendencias y quizá modelos de negocio. Su celebrado “<strong><a href="http://byluisvenegas.com/candy/" target="_blank">Candy</a></strong>” no hace más que <strong>explicitar una querencia que se verifica universal: la de vestirnos de lo que no somos, o de lo que queremos ser.</strong> Y además ha leído. ¡Bastante! Este fin de semana el diario “El Mundo” lo incluía en su ranking de <a href="http://www.elmundo.es/album/loc/2014/06/28/53adc34922601d85328b456c_39.html" target="_blank">los 50 gays más influyentes</a> de España. BORJA MARTÍNEZ estuvo con <strong>Luis Venegas</strong> hablando de sus proyectos y sus libros favoritos y así lo ha contado en nuestro número de <a href="/2014/05/leer253-cultura-gay/" target="_blank">Cultura Gay</a>.</address>
<address> </address>
<p style="text-align: left;">Nos citamos con Luis Venegas (Vitoria, 1979) la mañana de San Isidro, festivo en Madrid. Y llegamos a su luminoso pisito del barrio de Malasaña <strong>con la emoción de quien va a encontrarse con una estrella del pop</strong>. Desde su pequeña casa-estudio –recomendamos a los curiosos de los espacios domésticos que visiten el blog de <strong>Tod Selby</strong><em> theselby.com</em> y busquen <a href="http://theselby.com/galleries/luis-venegas-at-home-in-madrid/" target="_blank">la entrada dedicada a Venegas</a>– ha edificado un emporio individual de irradiación mundial. Ya es tópico que con cada nuevo <em>Candy</em>, una de las publicaciones que edita, dirige, coordina y supervisa con mimo, su nombre y su trabajo merezcan la atención de los medios de todo el mundo. Recientemente con la apabullante doble <em>cover</em> del último número, y van siete: <strong>Lady Gaga</strong> a la diestra, <strong>Marilyn Manson</strong> a la siniestra. Como <strong>siempre estrellas sometidas a sorprendente transformación</strong>; sucumbiendo a la irresistible fantasía del travestismo en su versión más sofisticada.</p>
<p style="text-align: left;">Antes de acudir a la cita hojeamos por enésima vez el penúltimo <em>Candy</em>, con el hoy oscarizado <strong>Jared Leto</strong> travestido en la portada y dejándose hacer de todo dentro por estilistas, maquilladores y el fotógrafo <strong>Terry Richardson</strong>. Es el más evidente de los muchos logros de un número de<em> the first transversal style magazine</em> lleno de contenidos estimulantes: asombrosa producción de homenaje a <em>Yentl</em> y el rabino<em> tranStreisand</em>; <strong>Greg Gorman</strong> retratando a la<em> superstar</em> warholiana <strong>Holly Woodlawn</strong> en conversación con <strong>Udo Kier</strong> y <strong>Paul Morrissey</strong>; una historia ilustrada de El Molino y otros locales históricos del transformismo barcelonés, o la elegante transformación del mediático estilista <strong>Josie</strong> en <strong>Edith Head</strong>, la gran diseñadora del Hollywood dorado, ante el objetivo de <strong>Xevi Muntané</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">“Lo raro es que no se nos ocurran más cosas”, responde Venegas con genuina sencillez cuando expresamos nuestra admiración por<em> Candy</em>. “Cuando le conté a <strong>Jordi Labanda</strong> el proyecto me dijo que la aparición de un travesti en televisión provoca siempre picos de audiencia”. <strong>El transformismo es el argumento irrenunciable de cada número</strong>, lujosa decantación del estilo Venegas: edición limitada de 1.500 ejemplares, colaboradores de talla mundial. Grandes nombres, grandes ideas. Y factura de gran grupo editorial. Es una de las tres publicaciones –de momento; anda preparando otras dos– de<em> Venegas Enterprises</em>: las otras son<em> Fanzine137</em>, con el que hace ahora 10 años se inició en el mundo de la publicación, y<a href="http://eymagateen.byluisvenegas.com/" target="_blank"><em> EY! Magateen</em></a>, un homenaje a la belleza adolescente<em> around the world</em> cuyo número nueve, fastuoso volumen XL dedicado a los chicos de Nueva York con fotografías de <strong>Steve Klein</strong>, acaba de salir.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-1624 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0043-1024x678.jpg" alt="DSC_0043" width="690" height="456" /></p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><strong>HARD / WORK</strong></p>
<p style="text-align: left;">El aspecto <strong>dulce y aniñado</strong> de Venegas contrasta con<strong> dos llamativos tatuajes</strong>, ambos dorsos de las manos marcados a tinta al modo de los nudillos del <strong>Robert Mitchum</strong> de<em> La noche del cazador</em>, aunque con un mensaje menos terrible que aquellos. Izquierda / derecha, <em>H-A-R-D / W-O-R-K</em>. Dos palabras que explican el milagro de este editor-orquesta: “<strong>Si estoy despierto estoy trabajando.</strong> Los fines de semana no existen”.</p>
<p style="text-align: left;">Mucho trabajo, muchos mails, mucho entusiasmo y pasión por lo que hace. Una declaración de principios que responde parcialmente a la pregunta que surge casi inmediatamente al contemplar sus logros y saber que proceden de un editor solitario –pero muy bien rodeado–: <strong>¿Cómo lo haces?</strong> “No sé cuál es el secreto. <strong>Hay que intentar las cosas. El no ya lo tienes.</strong> Supongo que ha habido una progresión… Cuando llamas a alguien y ve quiénes han colaborado contigo está más dispuesto. Ya hay una red de relaciones creadas. Es además gente que hace lo que hace porque le gusta, y saben que el resultado también va a ser distinto a lo habitual”.</p>
<p style="text-align: left;">No tener una periodicidad fija le permite esperar a tener el material adecuado y cuidarlo mucho en todos los aspectos, desde la dirección creativa a la gráfica. “El hecho de que se trate de ediciones limitadas también genera un interés adicional”. Luis supervisa personalmente la distribución de sus publicaciones en establecimientos selectos y librerías especializadas de todo el mundo. Él mismo lleva sus<em> Candy</em> al único quiosco convencional de Madrid donde siempre se encuentra, Barquillo esquina con Augusto Figueroa.</p>
<p style="text-align: left;">Cuando<em> Vogue</em> España presume de hacer posible lo imposible a cuenta de su<em> cover</em> de junio, <strong>Cristiano Ronaldo</strong> desnudo tras su novia <strong>Irina Shayk</strong> retratados por <strong>Mario Testino</strong>, uno piensa irremediablemente en que Luis Venegas viene anticipando tendencias con unos contenidos que se encuentran en los márgenes de lo comercial: vistiendo de despampanante mujer a <strong>James Franco</strong> en el segundo<em> Candy</em> bajo el titular “<a href="http://byluisvenegas.com/candy/candy-2nd-issue/#34" target="_blank"><em>Viva Franco</em></a>”; dando carta de naturaleza a esa irresistible pulsión del travestismo. Dirigiendo con enorme sensibilidad artística ya muy influyentes publicaciones.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0088.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-1633" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0088-1024x678.jpg" alt="DSC_0088" width="690" height="456" /></a></p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><strong>El niño lector</strong></p>
<p style="text-align: left;">Detrás del Venegas visual y creativo hay <strong>un lector temprano y voraz</strong> que desde bien jovencito se aplicó febrilmente con los más variados clásicos, quizá anticipando que en unos años, alienados por las aplicaciones móviles, nuestro tiempo para la lectura se vería drásticamente reducido. <strong>“Disfrutaba mucho de tener un libro gordo conmigo, sobre todo en verano”.</strong> La Iliada, La Odisea, <strong>Dumas</strong>, <strong>Julio Verne</strong>, los rusos, el <strong>Dickens</strong> de<em> Los papeles del Club Pickwick</em>, las historias cortas de <strong>Roald Dahl</strong>, su<em> Mi tío Oswald</em>… Se echó en brazos del <strong>Galdós</strong> de<em> Fortunata y Jacinta</em> después de ver la serie de TV protagonizada por su admirada <strong>Ana Belén</strong>. También el cine le llevó a leer<em> Las amistades peligrosas</em>.</p>
<p style="text-align: left;">Los libros y su enorme colección de revistas amenazan con echar de casa a Luis, que <strong>fantasea con una mudanza que pueda poner orden a su ingente biblio-hemeroteca</strong>, los volúmenes identificables y alineados en una sola fila. Es lector de gustos refinados y variados. Ha disfrutado del ciclo de la<em> Fundación</em> de <strong>Asimov</strong> y lo hace con los maestros contemporáneos americanos, de<strong> Tom Wolfe</strong> a <strong>John Irving</strong>, pasando por la inevitable y póstuma<em> Conjura de los necios</em> de <strong>John Kennedy Toole</strong>. Y <strong>Warhol</strong>: Venegas valora como se merece la prodigiosa capacidad narrativa, la particular manera de contar las cosas del genial artista.</p>
<p style="text-align: left;">Aun discriminando lo que es una cosa o la otra, Venegas disfruta con las lecturas sublimes y con las que no lo son tanto. <strong>Le gustan mucho las biografías, “autorizadas o no”</strong>, y las memorias. Nos muestra las de la sofisticada <strong>Fleur Cowles</strong>, la modelo <strong>Jean Shrimpton</strong>, la directora de<em> Harper’s Bazaar</em> <strong>Liz Tilberis</strong> y de<em> Vogue</em> USA, <strong>Grace Mirabella</strong>. Destaca<em> Los años de Downing Street</em> de <strong>Margaret Thatcher</strong>, y en clave distinta la reciente<em> Fabiografía</em> de <strong>McNamara</strong> a cargo de <strong>Mario Vaquerizo</strong>,<em> La espía que vestía de rojo</em> de la sin par <strong>Aline Griffith</strong> o incluso las del doctor <strong>Iglesias Puga</strong>. Una sensibilidad<em> pop</em> que ilustra su amplitud de intereses y la multiplicidad de referencias de su trabajo.</p>
<p style="text-align: right;"><em>BORJA MARTÍNEZ</em></p>

<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0080/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0080-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0080" /></a>
<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0093/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0093-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0093" /></a>
<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0103-2/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_01031-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0103" /></a>
<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0098/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0098-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0098" /></a>
<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0050/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0050-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0050" /></a>
<a href='/2014/06/venegas-superstar/dsc_0088/'><img width="150" height="150" src="/wp-content/uploads/2014/06/DSC_0088-150x150.jpg" class="attachment-thumbnail" alt="DSC_0088" /></a>

<address data-wpview-pad="1">Fotografías: Fernando García Mozo (<a href="https://twitter.com/bulletpark" target="_blank">@bulletpark</a>)</address>
<address data-wpview-pad="1"> </address>
<address data-wpview-pad="1"><a href="/wp-content/uploads/2014/05/PORTADA-253-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft wp-image-1342" src="/wp-content/uploads/2014/05/PORTADA-253-SIN-CODIGO-224x300.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a>Una versión de este artículo fue publicada en el número de junio de 2014, 253, de la Revista LEER (disponible en kioscos y librerías y en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/466-leer-n-253.html" target="_blank">Quiosco Cultural</a> de ARCE. También lo puedes pedir <a href="mailto:leer@revistaleer.com" target="_blank">aquí</a> o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">suscribirte</a>).</address>
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