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	<title>Revista leer &#187; Cervantes</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Leer 296: Especial Galdós</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2020 10:06:08 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Galdós se nos aparece como una figura imponente pero borrosa.</strong> Esto tiene en parte que ver con su proverbial discreción en vida. Visto desde hoy, que con pudor no se llega a ningún sitio, su éxito sin primera persona tiene un mérito añadido. Pero borroso también Galdós por las distorsiones y carencias interpretativas padecidas por el personaje y su obra. La categoría más indiscutible –el escritor realista– es también la más discutida en este número de LEER dedicado a Galdós. Porque poco explica y mucho hurta: el peso de la imaginación en su escritura, la variedad evolutiva de su estilo, la novedad de la psicología en sus novelas. Su polifonía social queda reducida a un casticismo que él rechazó política y literariamente. Y consolida la idea de que fue un escritor elemental y sin recursos. Difundida prolijamente por quienes, como <strong>Juan Benet</strong> y otros autores de la nueva narrativa española, <strong>presumieron de no leerle</strong>.</p>
<p><strong>A base de tópicos «a Galdós le han robado la universalidad», lamenta Germán Gullón</strong>, comisario de la <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank">exposición del centenario</a> en la Biblioteca Nacional con la que ha querido contribuir a cambiar el paradigma de lo que se entiende por Galdós. El objetivo es<strong> liberarle de la rigidez y la pobreza de los esquemas críticos que le han fosilizado y alejado de los lectores.</strong> Este número de LEER pretende contribuir modestamente a ese propósito.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8963" src="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg" alt="portadaLEER296" width="900" height="1215" /></a></p>
<p>El director de LEER, <strong>Borja Martínez</strong>, <a href="/2020/06/galdos2020/" target="_blank">introduce la cuestión</a> después de conversar con Gullón y <strong>Marta Sanz</strong>, compañera de tarea en la muestra de la BNE, así como con <strong>Francisco Cánovas Sánchez</strong>, autor de la biografía <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank"><em>Benito Pérez Galdós. Vida, obra y compromiso</em></a>, que recibió casi en solitario un Año Galdós que parece haber cogido a tantos con el pie cambiado, y <strong>Yolanda Arencibia</strong>, la catedrática canaria que vela por su figura en la patria chica de Las Palmas y que está a punto de publicar una <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-galdos-una-biografia/311092" target="_blank">biografía</a> bendecida por el Premio Comillas.</p>
<p>Uno de los grandes galdosistas españoles, el profesor <strong>Francisco Caudet</strong>, contrasta las sucesivas maneras narrativas de Galdós con sus ideas sobre la modernización de España. Influida por <strong>Cervantes</strong> y la picaresca tanto como por la novela contemporánea europea, la prosa galdosiana va evolucionando en respuesta a los acontecimientos del país. <strong>Álvaro Cortina</strong> reflexiona sobre el desencanto de Galdós con la burguesía, la clase social que alimenta su novela. Y <strong>Paloma Hernández</strong> –creadora del canal <em><a href="http://www.nodulo.org/forja/index.htm" target="_blank">¡Qué m… de país</a></em> y ponente de una <a href="https://youtu.be/mNAHgJn4wCI" target="_blank">conferencia reciente</a> sobre Galdós en la Escuela de Filosofía de Oviedo–, analiza su idea de España, con frecuencia oscurecida por interpretaciones apresuradas o malintencionadas.</p>
<p>Su fama de republicano y anticlerical le colocó en mala posición, incluso después de muerto, en la España de posguerra. A cambio, el exilio académico propició el surgimiento en Estados Unidos del fenómeno del galdosismo internacional coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor en 1943. <strong>Alan Smith</strong>, profesor de la Boston University y director de <a href="https://www.bu.edu/analesgaldosianos/" target="_blank"><em>Anales Galdosianos</em></a>, revista de la <a href="http://www.galdosistas.org/" target="_blank">Asociación Internacional de Galdosistas</a> con sede en EEUU, escribe de todo ello en LEER.</p>
<p>«Es muy difícil traducir a Galdós por culpa de Galdós», de su vibrante y variadísimo español, afirma Smith, y eso quizá explique la escasa difusión de su obra en ámbitos como el anglosajón o el francés. <strong>Óscar Caballero</strong> escribe la crónica de una ausencia, la de Galdós en Francia, más allá de la efímera popularidad por el escándalo de <em>Electra</em>. Aquel gran fenómeno internacional fue el éxito más resonante del repertorio teatral galdosiano, más de una veintena de títulos a los que se aproxima <strong>Javier Huerta</strong>, crítico con el exceso de «ideología y didactismo» de su dramaturgia.</p>
<p>Pese a la desconsideración oficial y literaria de algunos, la obra de Galdós sigue en el sustrato, se le lee más de lo que cabría suponer, y es precisamente ese interés espontáneo lo que ha obligado a improvisar programaciones y títulos con que estar a la altura del centenario. Un ejemplo de lector espontáneo es <strong>Weldon Penderton</strong>, <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/colecci%C3%B3n-asterisco/salvemos-la-jarapa" target="_blank">escritor</a> y <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/nosotros?authuser=0" target="_blank">editor</a>, que cuenta para LEER cómo atravesó la secundaria sin tocar a Galdós y cómo a sus 25, leyéndolo por su cuenta recién llegado a Madrid, se convirtió a la fe galdosiana hasta confesar: «Yo me hice madrileño leyendo <em>Fortunata y Jacinta</em>».</p>
<p>La visión de Galdós de <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> y el contraste de <em>Tristana</em> con la adaptación de Buñuel, analizada por <strong>Noemí Sabugal</strong>, completan una aproximación en la que no podía faltar la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, que se cita con don Benito en el Congreso de los Diputados donde ejerció como tal: «Hay que ser generoso, como yo lo fui. Eso también lo aprendí de Cervantes, el más grande y más bueno de todos nosotros, a quien tanto homenaje rendí». Una comentarista entusiasta de Galdós como <strong>María Zambrano</strong> le hermanó con Cervantes a partir de dos ingredientes clave en la novela: la piedad y la ironía. Germán Gullón lo expresa de otro modo: en Galdós <strong>«el elemento humano siempre va por delante de la expresión artística»</strong>, y por ahí se llega a su grandeza, pero también al malentendido de la insuficiencia estilística. Uno de tantos malentendidos que se someten a crítica en este número de LEER, disponible en quioscos y librerías.</p>
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		<title>Algunos buenos libros (iii)</title>
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		<pubDate>Fri, 08 Feb 2019 10:40:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Algunos Buenos Libros]]></category>
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		<description><![CDATA[César Aira cumple 60 años el próximo 23 de febrero, y Literatura Random House lo celebra con dos libros que gustarán mucho a sus lectores. En Ariel Magnus, Ideario Aira ofrece… No, perdón: en Ideario Aira, Ariel Magnus ofrece un curioso repertorio de las ideas que aparecen en las ficciones del escritor argentino. Ocurrencias, píldoras, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>César Aira</strong> <strong>cumple 60 años</strong> el próximo 23 de febrero, y <strong>Literatura Random House</strong> lo celebra con dos libros que gustarán mucho a sus lectores. En <em>Ariel Magnus</em>, Ideario Aira ofrece… No, perdón: en <a href="https://www.megustaleer.com/libros/ideario-aira/MAR-016092" target="_blank"><em>Ideario Aira</em></a>, <strong>Ariel Magnus</strong> ofrece <strong>un curioso repertorio de las ideas que aparecen en las ficciones del escritor argentino</strong>. Ocurrencias, píldoras, intuiciones, caprichos de la imaginación que aparecen durante el proceso de escritura y que no duda en dejar caer en sus textos aunque nada tengan que ver con lo que viene contando, como a quien le urge anotar algo para no olvidarlo, solo que en este caso ante el sorprendido lector. Y un lector devoto que también es escritor como Ariel Magnus, que en 2007 ganó el premio La Otra Orilla con <em>Un chino en bicicleta </em>y Aira como presidente del jurado, se ha empeñado en recolectarlas, refundirlas y ofrecerlas alfabéticamente para hacer este diccionario que les da «la autonomía que su genialidad merece». Y en el que quizá podría figurar la fantasía sobre la confusión de un autor y un título que nos ha sugerido el diseño de la portada del libro y que torpemente hemos esbozado más arriba. En la P de Perdón.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/ideario-aira/MAR-016092"><img class="aligncenter size-full wp-image-8434" src="/wp-content/uploads/2019/02/RH34987-e1549621749349.jpg" alt="RH34987" width="300" height="511" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.megustaleer.com/libros/ideario-aira/MAR-016092" target="_blank">IDEARIO AIRA</a></strong></em><br />
<strong>Ariel Magnus</strong><br />
Literatura Random House</p>
<p> </p>
<p>Seguro que <em>Magnus Ideario </em>ha gustado y mucho a <a href="https://twitter.com/villalobosjpe" target="_blank"><strong>Juan Pablo Villalobos</strong></a>, uno de los grandes entusiastas de Aira, aunque su relación comenzara de manera un tanto <em>airada</em> (…). En 2001 el escritor mexicano estudiaba Letras en la Universidad Veracruzana. Cuando le quedaban pocas páginas para terminar la primera novela que leyó del argentino, la arrojó violentamente contra una pared. Aquello <strong>desafiaba el orden y las convenciones de la literatura que le había gustado hasta la fecha</strong> y que le había llevado a estudiar Letras y querer ser escritor. Pero sólo un año después Villalobos era becario de un proyecto de investigación sobre la obra de Aira. <strong>La repulsión había mutado en veneración</strong> y enseguida en una verdadera obsesión por encontrar todas sus obras, por breves e inaccesibles que fueran. Ahora Villalobos ve premiada esa dedicación seleccionando y prologando <a href="https://www.megustaleer.com/libros/diez-novelas-de-csar-aira/MES-105573" target="_blank"><em>Diez novelas de César Aira</em></a>, algunas descatalogadas y de difícil acceso, para celebrar a este maestro argentino tan ajeno a la tradición del Boom que había alentado al joven Villalobos, deudor de las vanguardias, deseoso ante todo de «escribir algo nuevo» contra el imperativo de «escribir bien» («Buscar lo nuevo y lo raro en la obra artística no es la tarea frívola y vanidosa que parece ser, en primer lugar porque no se trata de buscar sino de haber encontrado», escribe Aira, y cita Villalobos, en <a href="https://www.megustaleer.com/libros/cumpleanos/MES-007759" target="_blank"><em>Cumpleaños</em></a>. Y con esa idea podría participar <em>airasamente </em>en ese recurrente debate realismo/experimentalismo que hace poco ha reactivado<strong> Jekyll &amp; Jill</strong> con la edición de la brillante diatriba de <strong>Ben Marcus</strong> <em><a href="http://jekyllandjill.com/shop/la-literatura-experimental-amenaza-destruir-la-edicion-jonathan-franzen-la-vida-tal-la-conocemos/" target="_blank">Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos</a> </em>seguida de un frenético texto que es casi un caso práctico de la cuestión a cargo de <strong>Rubén Martín Giráldez</strong>).</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/diez-novelas-de-csar-aira/MES-105573"><img class="aligncenter size-full wp-image-8435" src="/wp-content/uploads/2019/02/ERH35403-e1549621795983.jpg" alt="ERH35403" width="300" height="505" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.megustaleer.com/libros/diez-novelas-de-csar-aira/MES-105573" target="_blank">DIEZ NOVELAS DE CÉSAR AIRA</a></strong></em><br />
<strong>César Aira</strong><br />
Literatura Random House</p>
<p> </p>
<p><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/los-secretos-de-san-gervasio/" target="_blank"><em>Los secretos de San Gervasio</em></a> era una aventura desconocida de Sherlock Holmes hasta que en 1994 le fue revelada a <strong>Carlos Pujol</strong>. Su caso barcelonés –¿quién mató al señor Turull?– es <strong>el único fracaso en el expediente del detective más famoso de la historia de la literatura</strong>. Por eso Holmes rogó al doctor Watson que no lo incluyera en sus crónicas. Aunque la pareja volvió a Baker Street sin esclarecer el caso, dejó material abundante para que un novelista local, el mismo que les había atraído a la Ciudad Condal, don Alejo Casavella, pergeñara uno de sus libros. «El primer autor español de novelas de sucesos misteriosos» deseaba que fuera Holmes quien resolviera el crimen de la novela que estaba escribiendo, aun a riesgo de convertir al detective en personaje de ficción. Pero en tanto que unos y otros resuelven su condición de personas o personajes aparece el fiambre de Turull cerca del Tibidabo. «Pujol, como <strong>Cervantes</strong> con las de caballería, hace <strong>una parodia de todas las novelas de detectives</strong>, pero no renuncia en <em>Los secretos de San Gervasio</em> a hacer una de ellas, y echa mano de rocambolescas circunstancias, increíbles deducciones o camelísticas coincidencias para ridiculizar a su gusto los excesos del género», cuenta <strong>Andrés Trapiello</strong> en el prólogo de este divertimento exquisito que Menoscuarto recupera 25 años después de su primera publicación, con un artículo del propio Pujol, a modo de epílogo, sobre la novela policíaca, publicado en 1973 en <a href="http://www.elciervo.es" target="_blank"><em>El Ciervo</em></a>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/los-secretos-de-san-gervasio/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8436" src="/wp-content/uploads/2019/02/978841574056-e1549621851771.jpg" alt="cub_SANGERVASIO_MaquetaciÛn 1" width="300" height="450" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://www.menoscuarto.es/libro/los-secretos-de-san-gervasio/" target="_blank">LOS SECRETOS DE SAN GERVASIO</a></strong></em><br />
<strong>Carlos Pujol</strong><br />
Menoscuarto</p>
<p> </p>
<p><strong>Marcos Ordóñez</strong> es un escritor valioso, cristalino y versátil, autor de novelas y de <em>noficciones</em> excelentes, su excepcional <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-big-time-la-gran-vida-de-perico,1273" target="_blank"><em>Big Time</em></a>, hijo a su vez de <a href="https://elpais.com/cultura/2006/01/25/actualidad/1138143601_850215.html" target="_blank"><em>Beberse la vida</em></a>, libro sobre los años españoles de <strong>Ava Gardner</strong> que retrata el Madrid de su época con una riqueza, una sutileza y una honestidad de las que <a href="https://ardemadrid.movistarplus.es" target="_blank">esa serie reciente</a> tan estética carece. Ahora publica <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/una-cierta-edad/9788433998699/NH_620" target="_blank">este dietario</a> de entre 2011 y 2016. Se decide a hacerlo con la esperanza de que cumpla lo que él como lector gusta de encontrar: variedad y libertad. Sus motivos: «Tratar de sujetar lo que escapa del paso de los días, pensar con un poco de calma, y correr en libertad, jugando con tonos y géneros»: una definición plausible de dietario. No encontrará el lector <em>verdades</em> aforísticas –«me resultan pomposas y, peor, absolutistas»– ni maliciosos ataques personales, con o sin sigla –«no me seducen los ajustes de cuentas, enmendarle la plana a este o al otro»–. Sí algunos textos que nacieron en el dietario y acabaron en el diario, <em>El País</em> en este caso. Ordóñez llevó un cuaderno a primeros de los 90 y otro en la segunda mitad de los 2000 que nunca han visto la luz. A la tercera va la vencida y se atreve a compartirlo. Quizá la decisión forme parte de la constatación que da título y comienzo al libro.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/una-cierta-edad/9788433998699/NH_620"><img class="aligncenter size-full wp-image-8437" src="/wp-content/uploads/2019/02/ae4c1fd7c68518b830e7cc092b1adc9b738d4955-e1549621901297.jpg" alt="ae4c1fd7c68518b830e7cc092b1adc9b738d4955" width="300" height="470" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/una-cierta-edad/9788433998699/NH_620" target="_blank">UNA CIERTA EDAD</a></strong></em><br />
<strong>Marcos Ordóñez</strong><br />
Anagrama</p>
<p> </p>
<p>Nos asomamos al interior de <em><a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=155&amp;controller=product" target="_blank">El romántico incurable</a> </em>con el temor inconfesable de encontrar pautas de comportamiento reconocibles en sus diez <em>historias de locura y deseo</em>. <strong>Frank Tallis</strong>, prestigioso psicólogo clínico y escritor británico de artículos y monografías sobre la materia, es también autor de novelas. En este libro funde ambas identidades para relatar esta <strong>colección de casos clínicos reales donde el amor se expresa en términos patológicos</strong>. Es el caso de Paul, el romántico incurable del título, que se aferra al amor por la mujer que le ha dejado porque aquello le hacía creerse inmortal, o de la paciente que se enamora obsesivamente de su dentista después de una operación, o del hombre casado que se acostó con 3.000 prostitutas por el placer del cortejo, de la anciana enamorada del espectro de su esposo o el <em>buen pedófilo</em> que nunca lleva a cabo su pulsión enfermiza. Enseguida pensamos en algunos libros de <strong>Oliver Sacks</strong>. A veces el amor puede ser un paseo por el abismo de la locura, y quizá estos casos extremos nos prevengan de nuestras propias visitas al precipicio.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=155&amp;controller=product"><img class="aligncenter size-full wp-image-8438" src="/wp-content/uploads/2019/02/338-e1549621945567.jpg" alt="338" width="300" height="453" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://aticodeloslibros.com/index.php?id_product=155&amp;controller=product" target="_blank">EL ROMÁNTICO INCURABLE</a></strong></em><br />
<strong>Frank Tallis</strong><br />
Ático de los Libros</p>
<p> </p>
<p>En 1857, un <strong>Herman Melville</strong> desalentado por los sinsabores de la vida, asociados casi todos al fracaso de <em>Moby Dick</em>, <strong>emprende viaje a Jerusalén.</strong> En su escala en Liverpool visita a <strong>Nathaniel Hawthorne</strong>, que en su diario deja testimonio del estado de ánimo de su amigo: «Está mucho más sombrío que la última vez». Y acerca de sus sentimientos religiosos: «<strong>No puede ni creer ni hallar sosiego en el hecho de no creer</strong>. Y es demasiado honesto y valiente como para no tratar de hacer ni una cosa ni la otra». Igual que anticipó la novela moderna, Melville anuncia la angustia y las contradicciones del ser humano en la era de la muerte de Dios. Las de un «lector consumado de la Biblia y habitante de una religiosidad escéptica», en palabras de <a href="http://www.fjavierexpositolorenzo.es" target="_blank"><strong>Francisco Javier Expósito</strong></a>, que muy oportunamente ha trenzado el viaje de Melville con su propia peregrinación a Tierra Santa en marzo de 2017 acompañado de dos carmelitas y una heterogénea decena de peregrinos con motivaciones de lo más diversas. El resultado es <em><a href="https://www.lahuertagrande.com/publicacion/somos-tierra-santa-la-paz-de-meville/" target="_blank"><strong>¡Somos tierra santa! La paz de Melville</strong></a> </em>(<strong>La Huerta Grande</strong>), un original libro de viajes que reconstruye el periplo interior y exterior de Melville y los episodios de la historia sagrada acaecidos en lugares como Jaifa, Muhraka, Nazaret, el Lago Tiberiades, el desierto de Judea, Belén o Jerusalén desde la honda y particular espiritualidad de Expósito. <strong>Un excelente pórtico para adentrarse en el bicentenario del nacimiento de Melville</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.lahuertagrande.com/publicacion/somos-tierra-santa-la-paz-de-meville/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8439" src="/wp-content/uploads/2019/02/Portada-583x814-e1549621998610.jpg" alt="somostierrasanta" width="300" height="419" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><strong><a href="https://www.lahuertagrande.com/publicacion/somos-tierra-santa-la-paz-de-meville/" target="_blank">¡SOMOS TIERRA SANTA! LA PAZ DE MELVILLE</a></strong><br />
<strong>Francisco Javier Expósito Lorenzo</strong><br />
La Huerta Grande</p>
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		<title>#leer292: Vázquez Montalbán, lo popular y lo culto</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 17:51:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Vuelve Manuel Vázquez Montalbán. Con la reedición de Galindez y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo el mismo 14 de junio de 1939 que Ramón Serrano Suñer se paseaba en coche descubierto por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelve <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>. Con la reedición de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/galindez/9788433998668/NH_615" target="_blank"><em>Galindez</em></a> y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo <a href="/wp-content/uploads/2019/02/LVG19390615-001.pdf" target="_blank">el mismo 14 de junio de 1939</a> que <strong>Ramón Serrano Suñer</strong> se paseaba en coche descubierto por Barcelona, en una suerte de definitiva toma de posesión de la ciudad indómita después de la entrada de las tropas de <strong>Yagüe</strong> el 26 de enero. El régimen mantenía entonces en prisión a <strong>Evaristo Vázquez</strong>, militante del PSUC y padre de la criatura, a la espera de ser juzgado en consejo de guerra. <strong>La coincidencia cronológica parecía anticipar las férreas convicciones del escritor</strong> barcelonés y su compromiso con la memoria del progenitor.</p>
<p>Novedades y efemérides nos hacen volver a buscar a Vázquez Montalbán. <strong>Jordi Corominas</strong> lo hace a través de Barcelona, y le esclarece más allá de las novelas policíacas que para muchos son la lucrativa anécdota en una obra rica y abundante, que se desparrama en la poesía, en la crónica sentimental y el ensayo. «Una suerte de <strong>Camus</strong> o <strong>Pasolini</strong>» español «por ir a la contra en cualquier tesitura». <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> le conoció bien. Le editó mucho en <a href="http://www.triunfodigital.com/resbcombinada.php?autor=V%E1zquez%20Montalb%E1n,%20Manuel,%201939-2003&amp;inicio=0&amp;paso=10&amp;orden=Titulo" target="_blank"><em>Triunfo</em></a>, y sobre recuerdos y lecturas construye su icónica y Auténtica Entrevista Falsa. La habitual ilustración a cargo de <strong>David Pintor</strong> salta en esta ocasión a la portada: el brillante retrato del escritor, sol y sombra, en una calle del Raval lo merecía. Para rematar, <strong>Carlos Zanón</strong> explica cómo ha sido ponerse en la piel de MVM para escribir la nueva entrega de Carvalho,<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-carvalho-problemas-de-identidad/283950" target="_blank"><em> Problemas de identidad</em></a>. Y por último, pese a la relativa omisión que en las novelas del ciclo padece el boyante circo musical que poblaba la Barcelona de la época, <strong>Marcos Gendre</strong> ensaya una banda sonora de la ciudad mestiza.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8451" src="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada-e1550070186741.jpg" alt="LEER_292_portada" width="400" height="543" /></a></p>
<p>Se pregunta Jordi Corominas en su artículo «<strong>qué diría Manolo</strong>». Nos gustaría saberlo; de muchas cosas. <strong>Qué diría de la República nonata, de la novela negra realmente existente, del Carvalho de Zanón</strong>, claro. <strong>Y de los avatares del cadáver del caudillo a quien <em>autobiografió</em></strong>. Sobre Franco ha escrito <strong>Enrique Moradiellos</strong> una síntesis excelente editada por <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">Turner</a>, proyectada para el lector anglosajón pero que también resulta apta para el español, porque el dictador y su legado resultan hoy igual de ajenos para uno que para otro. En vísperas del penúltimo acto del sainete de su exhumación, Moradiellos ofrece un puñado de valiosas lecciones de historia en su conversación con el director de LEER. Sobre la naturaleza de la dictadura –<strong>«El franquismo no fue un fascismo»</strong>–, la memoria histórica –«Pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina a un mero adjetivo, <em>histórica</em>, de un sustantivo, <em>memoria</em>»– y la crisis secesionista –«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»–.</p>
<p><strong>A principios del XVIII <em>gótico</em> era sinónimo de bárbaro y grosero.</strong> Pero con el tiempo la reputación del término mejoró, y lo que empezó como reverso lúdico, estético, del ideal ilustrado encontrará en el romanticismo un contexto más propicio, para más adelante proyectarse vigoroso en la sensibilidad contemporánea. Del fundador de la novela gótica, <strong>Horace Walpole</strong>, a su sublimador al otro lado del Atlántico, <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Álvaro Cortina</strong> realiza un estimulante recorrido por el género, completado de la mano de <strong>William Beckford</strong>, <strong>E. T. A. Hoffmann</strong> y <strong>Mary Shelley</strong>, que llega hasta nuestros días a través de una fuerte impronta en la cultura popular. Y también en las ficciones masivas que apelan a la nostalgia y la seguridad de las ambientaciones de época. Gótica y victoriana, la superventas <strong>Kate Morton</strong> ha despachado una última novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-hija-del-relojero/MES-088332" target="_blank"><em>La hija del relojero</em></a>, repleta de referencias al universo romántico de raiz gótica. <strong>Sara Puerto</strong> ha conversado con Morton, y <strong>Ada del Moral</strong> pone el contrapunto sometiendo a crítica los pastiches de nuevo cuño. Y de nuevo Cortina rescata la figura de un epígono de la tradición gótica, <strong>Arthur Machen</strong>, padre del cuento de terror contemporáneo, de actualidad gracias a dos ediciones recientes, a cargo de <strong>Reino de Redonda</strong> y <a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=875&amp;osCsid=" target="_blank"><strong>Valdemar</strong></a>, de algunos de sus mejores relatos.</p>
<figure id="attachment_8463" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8463" src="/wp-content/uploads/2019/02/B_caidacasausher60010-e1550079405413.jpg" alt="La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica 'House of Usher' (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman." width="1500" height="1180" /><figcaption class="wp-caption-text">La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica “House of Usher” (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman.</figcaption></figure>
<p><strong>Gabriel Albiac</strong> ha presentado su edición de los <a href="https://www.tecnos.es/ficha.php?id=3918850" target="_blank"><em>Pensamientos</em></a> completos de <strong>Blaise Pascal</strong>, una monumental obra que indaga en las raíces del legado filosófico del pensador y matemático para deshacer un malentendido histórico: que no estamos propiamente ante un libro, sino ante un conjunto de anotaciones que Pascal utilizaba como fichas de trabajo y que por tanto carecen de una estructura preestablecida. <strong>Fernando Palmero analiza la relevancia del legado filosófico del autor francés.</strong> La clave de los <em>Pensamientos</em> lo es también de los dilemas del Barroco.</p>
<p>Fruto de su dilatada trayectoria profesional y de su pasión por los viajes, el periodista de <em>El País</em> <strong>Guillermo Altares</strong> ha publicado recientemente <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-una-leccion-olvidada/274823" target="_blank"><em>Una lección olvidada</em></a>, un libro que comienza hace 45.000 años, recorre cientos de ciudades y se detiene en <strong>veinte momentos cruciales de la historia europea</strong>, con el propósito de ayudar a «construir una identidad colectiva», porque «el pasado de este continente se podría dibujar como una inmensa tela de araña que une decenas de miles de pequeños hilos para crear una estructura con sentido». Fernando Palmero ha conversado con él sobre la historia de Europa –«La paz es uno de los pocos valores absolutos y buenos, y para todos los europeos que no hemos conocido la guerra es algo que no tiene precio»– y la crisis del régimen democrático español –«Si personas que estuvieron en la cárcel y el exilio no tuvieron problema en aceptar el pacto de la Transición, ¿quiénes somos nosotros para decir que fue inaceptable?»–.</p>
<figure id="attachment_8455" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8455 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/02/PaneroFB-e1550078634917.jpg" alt="PaneroFB" width="1500" height="847" /><figcaption class="wp-caption-text">Aparecen los cuentos de Felicidad Blanc. / E. T.</figcaption></figure>
<p>Parece tópico, pero a la vez inevitable, <strong>volver periódicamente a los Panero</strong> en tanto que nuevas generaciones se asoman a su existencia, más a través del documento dramático de <em>El desencanto</em> que de la poesía. Así lo hizo el escritor y periodista <strong>Aaron Shulman</strong>, que publica ahora en Estados Unidos en clave literaria <a href="https://www.harpercollins.com/9780062484192/the-age-of-disenchantments/" target="_blank">The Age of Disenchantments</a>. Coincide en el tiempo con la edición por Renacimiento de <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/narrativa/2129-la-ventana-sobre-el-jardin.html" target="_blank">los cuentos de Felicidad Blanc</a> y algunos <a href="https://www.udllibros.com/libro-los_papeles_de_ibiza_35-2310030012" target="_blank">inéditos de Leopoldo María</a>. <strong>Vicente Araguas</strong> prosigue con ellos su serie <strong>Estirpes de Papel</strong>, y de paso <strong>Javier Mendoza</strong> comenta la obra de la matriarca del clan, reflejo de «la búsqueda de una felicidad de naturaleza efímera de la que, en el mejor de los casos, solo queda un doloroso recuerdo al que poder regresar».</p>
<p>En la era de la posverdad, quienes se aferran a la lógica de valores y sentido que este fenómeno se empeña en refutar corren el riesgo de pasar por raros, inadaptados o locos. <strong>Un mecanismo viejo como el mundo: el hombre libre tachado de enfermo, con o sin razón, ante la apisonadora del pensamiento colectivo.</strong> En ese registro la literatura –de <strong>Cervantes</strong> a <strong>Kafka</strong>– y el resto de las artes han sabido construir edificantes piezas de consuelo estético e intelectual, contribuyendo a mantener viva la llama de la inteligencia en las más oscuras épocas. <strong>Jose Valenzuela</strong>, autor del reciente <a href="http://www.editorialuoc.cat/todos-nacemos-locos" target="_blank"><em>Todos nacemos locos</em></a>, explora la relevancia del extrañamiento asociado a la locura en la historia de la literatura.</p>
<p>En España cierran librerías emblemáticas como <strong>Los Portadores de Sueños</strong> de Zaragoza; en Francia, sin embargo, se rinde culto al libro con el respaldo de una política de estado pionera y coherente. <strong>Emmanuel Macron</strong> inyecta más de 370 millones de euros en las instituciones culturales francesas para mejorar su proyección internacional; nuestro gobierno destina un millón para atender ese mismo objetivo. En las páginas del último número de LEER <strong>Santiago Muñoz Machado </strong>denuncia la desidia pública respecto al tejido cultural del país en una de sus primeras entrevistas como director de la RAE, y <strong>Óscar Caballero</strong> explica desde París las claves del inmarcesible amor de los franceses por la lectura. Consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos, mueve 4.000 millones anuales, está en los medios, en el debate político, y sostiene un parque notable de librerías independientes.</p>
<figure id="attachment_8460" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png"><img class="size-full wp-image-8460" src="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png" alt="Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de 'Breath'. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress." width="1500" height="1000" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de “Breath”. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress.</figcaption></figure>
<p>Son sólo algunos de los muchos contenidos del número de LEER, que se completa con las habituales secciones y reseñas, entrevistas a <strong>Jorge Volpi</strong> –acerca de la <strong>Generación del Crack</strong> y de los cuentos de <strong>Ignacio Padilla</strong> que ha editado para <a href="http://paginasdeespuma.com/especial/micropedia-de-ignacio-padilla/" target="_blank">Páginas de Espuma</a>– y <strong>Paloma Robles</strong> –su novela <a href="http://tienda.alreveseditorial.com/es/libros/det/Fangfang/223.html" target="_blank"><em>Fangfang</em></a> se acerca a la comunidad china en España–, un viaje a los secretos herméticos de la napolitana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Capilla_Sansevero" target="_blank">Cappella Sansevero</a> de la mano de <strong>Álvaro Bermejo</strong>, un desahogo de <strong>Javier Rioyo</strong> contra la falsificación de la plural cultura catalana… Y que se abre y se cierra con el homenaje a <strong>Celan</strong> de <strong>Edmund de Waal</strong>. El artista y escritor británico <a href="http://www.ivorypress.com/es/art/breath/" target="_blank">llega a Ivorypress con <em>Breath</em></a>, un proyecto que es exposición y un libro de artista, una investigación sobre la naturaleza de los libros, su percepción y presencia en el mundo.</p>
<p><strong>El número 292 de LEER está disponible en quioscos y librerías de toda España.</strong></p>
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		<title>Gomá “Inconsolable”</title>
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		<pubDate>Wed, 28 Jun 2017 19:52:15 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Del otoño de la Edad Media española sobreviven tres grandes monumentos de literatura funeral: la Danza general de la Muerte, el planto de Pleberio en La Celestina y, sobre todo, las Coplas a la muerte de su padre, de Jorge Manrique. Han pasado los siglos, y el valor de las Coplas permanece inalterable, a salvo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Del otoño de la Edad Media española sobreviven tres grandes monumentos de literatura funeral: la <em><strong>Danza general de la Muerte</strong></em>, el planto de <strong>Pleberio</strong> en <em><strong>La Celestina</strong></em> y, sobre todo, las <strong><em>Coplas</em></strong> a la muerte de su padre, de <strong>Jorge Manrique</strong>. Han pasado los siglos, y el valor de las <em>Coplas</em> permanece inalterable, a salvo de modas y contingencias, redivivas entre nuestros contemporáneos, desde <strong>Antonio Machado</strong> a <strong>José Hierro</strong>, <strong>Antonio Colinas</strong> o <strong>Amancio Prada</strong>, que no hace mucho las musicó felizmente. Javier Gomá vuelve a ponerlas de actualidad en su último libro, <em><strong>La imagen de tu vida</strong></em>, donde ha reunido varios ensayos y un monólogo, <strong><em>Inconsolable</em></strong>, que, publicado con anterioridad en las páginas de <em>El Mundo</em>, se representa en el <a href="http://cdn.mcu.es/espectaculo/inconsolable/" target="_blank"><strong>Centro Dramático Nacional</strong></a> (<strong>CDN</strong>). Es esta la primera tentativa dramática del autor, empeñado en restituir a la filosofía al lugar de donde quizá nunca debió salir: la poesía, la literatura y, ¿por qué no?, el teatro.</p>
<p style="text-align: left;">Sin los complejos de tantos otros colegas suyos, G<strong>omá no ha llorado nunca por la ausencia entre nosotros de una filosofía pura</strong>, es decir, pretendidamente científica, lo cual no quiere decir que no exista en España una tradición filosófica solo que al hispánico modo. <strong>Un modo que ha sido esencialmente literario</strong>, de suerte que el pensamiento ha ido siempre acompañado por la belleza de la imaginación y la palabra, lo que no está nada mal, pues eso le ha dado un plus de divulgación que no han tenido los grandes tratados filosóficos, accesibles solo a las minorías: “Nuestras vidas son los ríos que van a dar al mar, que es el morir”, “la vida es sueño”, “el mundo es un teatro”, “todo pasa y nada queda”… Un completo repertorio de ideas y sentencias podría extraerse de nuestros clásicos: <strong>Santa Teresa</strong>, <strong>Quevedo</strong>, <strong>Gracián</strong>, <strong>Calderón</strong>, <strong>Cervantes</strong>… Gracias a ellos y otros escritores posteriores levantó <strong>José Luis Abellán</strong> su colosal <strong><em>Historia crítica del pensamiento español</em></strong>.</p>
<h5><strong>La filosofía a escena</strong></h5>
<p style="text-align: left;">Ahora da Gomá un paso adelante en su carrera, y tienta el género dramático, propicio desde los griegos a la meditación grave y no por ello incompatible con el atractivo de una historia sugerente. <strong>Fiel seguidor de la vida teatral, en alguna ocasión ha planteado la posibilidad de una “filosofía en escena”</strong>, acaso animado por el éxito de algunas piezas recientes, como las de <strong>Jean-Claude Brisville</strong> en Francia –<em>La cena</em>, <em>Encuentro entre Descartes y el joven Pascal</em>– o las de <strong>Juan Mayorga</strong>, entre nosotros, abundosas en referencias a los grandes pensadores: <strong>Kant</strong>, <strong>Kierkegaard</strong>,<strong> Benjamin</strong>, <strong>Arendt</strong>… Al fin y al cabo, como ya advirtiera <strong>Ortega</strong> al hiperactivo novelista que fue <strong>Baroja</strong>, el pensamiento no es sino una forma radical de acción, y, por lo que al teatro se refiere, solo necesita de talento para materializarse en conflicto y suscitar el interés del público.</p>
<p style="text-align: left;">Para ello <strong>Gomá se vale de la fórmula cervantina, que –según él– consiste en la feliz combinación de tres ingredientes básicos.</strong> En primer lugar, la cortesía, frente a la que él llama “literatura maleducada” de nuestros días, con su obscena tendencia al confesionalismo egotista tan característico de las memorias y autobiografías al uso. En segundo lugar, el humor o el ingenio –como más precisamente diría Cervantes–, cuya presencia es el antídoto mejor contra el aburrimiento y la pedantería. Y, en tercer lugar, el idealismo, que obviamente choca con las tendencias nihilistas y escépticas tan presentes hoy en la mirada posmoderna del mundo. Tales serían las claves no solo de una literatura ejemplar como la de Cervantes sino también de la vida humana en su más honda plenitud.</p>
<h5><strong>Sentido moral</strong></h5>
<p style="text-align: left;">La ejemplaridad, eje en torno al cual gira toda la producción ensayística de Gomá, es también el núcleo de este <em>Inconsolable</em>, surgido a raíz de la muerte del padre y en la edad crítica en que el autor alcanza el <em>mezzo del cammin</em>. La literatura de todas las épocas está llena de acercamientos a este asunto fascinante que <strong>Freud</strong> considerara <strong>el acontecimiento más importante en la vida de la persona</strong>. Pero los enfoques son, claro, muy variados y hasta contrarios. Frente al apologético (véase la bella colección de <em>Tu sangre en mis venas. Poemas al padre en la poesía hispánica moderna</em>, reunida recientemente por <strong>Enrique García-Máiquez</strong>, Renacimiento, 2017), está también el reprobatorio que quizá tenga en la <em><strong>Carta al padre</strong></em>, de<strong> Kafka</strong>,  su más célebre ascendiente contemporáneo.</p>
<p style="text-align: left;">No hay más que fijarse en <a href="/wp-content/uploads/2017/07/9788416252121.jpg" target="_blank">la cubierta de <em>La imagen de tu vida</em></a>, con una fotografía que se proyecta en la misma representación del monólogo –el padre abrazando al hijo–, para saber por cuál de las dos posturas toma partido Gomá. Y es aquí donde de nuevo se yergue Manrique como paradigma de esa ejemplaridad en la vida y en la obra, al escribir “las <em>Coplas</em> que han mantenido vivos en los siglos siguientes, no ya su nombre, sino la entera imagen de su vida, fijada en una secuencia de estrofas tan bellas como exactas”, afirma Gomá en uno de los ensayos preliminares. Y, por supuesto, en el monólogo, en el que su voz es más necesaria aún para poner el sobrecogedor punto final: “Y aunque la vida murió, / nos dejó harto consuelo / su memoria”.</p>
<h5><strong>Un monólogo dialógico</strong></h5>
<p style="text-align: left;">El peligro de un monólogo –género dignísimo pero harto banalizado en nuestros días– es caer en lo monológico, valga la paradoja. Me refiero a la acepción que del término da <strong>Bajtín</strong>, es decir, toda palabra que aboca al sermón o a la prédica y que, en consecuencia, incumple las reglas de lo dramático, que ha de ser ante todo lucha, tensión… Por ello, el monólogo debe ser esencialmente dialógico –confrontación con el otro, asunción de voces y mundos dispares– para llegar a ser, más que exposición de certezas, planteo de incertidumbres, aunque el autor, cuya identificación con el personaje es casi absoluta, no oculte sus ideas, en verdad poco complacientes con el sistema: “La crítica de convenciones sociales y la actual liberación de costumbres han vaciado de contenido buena parte de los grandes conflictos morales de nuestra tradición artística”. En otras ocasiones, <strong>el humor sobre sí mismo es un buen instrumento para rebajar la tensión</strong>: así, por ejemplo, el protagonista se pregunta si no habrá caído en el mismo vicio que criticaba al comienzo de su soliloquio, esto es, en esa literatura maleducada, tan propicia al desahogo de todas las miserias, pero se contesta con ironía: “Presenté un ideal literario, nunca dije que yo lo encarnase”.</p>
<p style="text-align: left;">Con toda seguridad, el actor <strong>Fernando Cayo</strong>, dirigido por Ernesto Caballero, sabrá exprimir estos matices y algunos más al monólogo de Javier Gomá, que ha de ser sobre las tablas del <strong>María Guerrero</strong> toda una fiesta del pensamiento en escena, un ejercicio literario de gran calado en torno a “la muerte como lugar de la verdad”.</p>
<p style="text-align: right;"> <strong><em>JAVIER HUERTA CALVO</em></strong></p>
<p> </p>
<figure id="attachment_7312" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-7312" src="/wp-content/uploads/2017/06/thumbnail_Inconsolable_final_1-portada-e1499241223850.jpg" alt="Fernando Cayo protagoniza 'Inconsolable' en el María Guerrero (fotos: marcosGpunto). " width="690" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Fernando Cayo protagoniza “Inconsolable” en el María Guerrero (fotos: marcosGpunto).</figcaption></figure>
<p> </p>
<h6><strong>Entrevista / Ernesto Caballero</strong></h6>
<h3><em><strong>Un personaje “arrojado”</strong></em></h3>
<p style="text-align: left;"><strong>Borja Martínez</strong></p>
<p style="text-align: left;">El premio <strong>Valle-Inclán</strong> por su <em><strong>Laberinto mágico</strong></em> ha coincidido con la renovación por tres años más de Ernesto Caballero al frente del Centro Dramático Nacional, que cierra etapa o abre la próxima con <em>Inconsolable</em>, la última obra de la temporada (del 28 de junio al 23 de julio) en el <a href="http://cdn.mcu.es/programacion/temporada-actual/maria-guerrero/">María Guerrero</a>. “<strong>Lo leí y me conmocionó</strong>, entre otras cosas por su potencialidad teatral. Y aunque ya habíamos anunciado la temporada teníamos un hueco y lo programamos. <strong>De cara a mi nueva etapa en el CDN quiero introducir ese elemento de pensamiento en escena</strong>, para lo que el monólogo de Gomá me pareció un buen prólogo”.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>Estamos ante el lamento funeral por un padre, señor notario, cabeza de familia numerosa y poco menos que perfecta, con una sola sombra en su pasado que el espectador espera que será explicitada y reprochada en algún momento; pero termina predominando una “piedad filial” de inspiración romana hacia un señor que casualmente recordaba a “un antiguo patricio”.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Una de las cosas que más me atrajo del texto es que <strong>logra trascender la circunstancia personal de la muerte del padre</strong> y no incurrir, que hubiese sido lo fácil, en una suerte de catarsis individual. Vemos a alguien con el afán de encontrar una explicación a lo inexplicable, que comparte el pasmo de la muerte con el público o el lector de una manera honesta, lúcida, muy autoirónica, en ese sentido muy cervantina, pero con cierta objetividad muy de agradecer.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>Hay en el texto una suerte de mensaje ‘de orden’ respecto a la vida en general y la resolución de la muerte del padre en particular. En lugar de acogerse al tópico de ‘matar al padre’, el personaje opta por “matar a la muerte” como forma de seguir adelante. Y hay una frase, “hay que adaptarse”, que el padre dijo al hijo, que ha articulado su vida y que vuelve ahora para dar sentido al trance. </em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Es lo que precisamente yo he querido trabajar con el actor, ese eslabón. Hay un momento apolíneo, de voluntad de establecer un orden racional y de combatir. Pero de pronto el personaje se encuentra arrojado, utilizando la metáfora calderoniana. <strong>Es un Segismundo: “Sólo quisiera saber para apurar mis desvelos…”.</strong> Ese querer saber, en Calderón, y en Segismundo de manera clarísima, está llevado al cuerpo. Se produce una desestructuración casi física, y eso es lo que quiero trabajar. En su búsqueda por explicarse lo inexplicable, el personaje está expuesto a un itinerario vertiginoso, una suerte de sumidero que puede llevar a momentos de ruptura de lo convencional. Verse arrojado a un lugar de incertidumbre que no acepta: es para mí el motor del personaje.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>Pero al final llega el reposo. La satisfacción viene dada en un momento dado por una suerte de revelación ecuménica, no una aparición, sino un sueño, propicia a cualquier sensibilidad.</em></strong></p>
<p style="text-align: left;">Eso también es muy interesante, al final llega ese momento de una deliberada ambigüedad, que no indeterminación. Pasa algo, y la gracia, no sé si divina, de repente aquieta el ánimo del personaje. Una especie de <em>deus ex machina</em> de dudosa procedencia. Yo mantengo esa ambigüedad en la puesta en escena, que creo que es muy productiva.</p>
<p style="text-align: left;"><img class="alignleft size-full wp-image-7209" src="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA283-e1496740449406.jpg" alt="PORTADA283" width="150" height="202" /><br />
<em>Una versión de este reportaje aparece publicada originalmente en el <a href="/2017/05/leer-en-junio-viaje-a-portugal/" target="_blank">número de <strong>junio de 2017</strong></a>, 283, de la <strong>edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span></strong><span class="caps">.</span></em></p>
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		<title>Leer en marzo: tiempo de incertidumbre</title>
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		<pubDate>Fri, 03 Mar 2017 06:59:51 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Llega marzo con la incertidumbre por bandera, izada por acontecimientos recientes y por venir (el <em>advenimiento</em> de <strong>Donald Trump</strong>, el <a href="/2016/06/brexit-como-aldabonazo/"><strong>Brexit</strong></a>, elecciones de resultado incierto en Europa) y sostenida por otros cambios profundos que siguen alimentando esta sensación de vértigo sin precedentes. ¿Es 2017 el año «del cisne negro» (<a href="@nntaleb"><strong>Nassim Taleb</strong></a>, 2007) ¿Se agotó la regularidad del primer mundo? ¿Estamos hoy más que nunca en manos del azar? ¿Va a ahogarnos la liquidez formalizada por <strong>Zygmunt Bauman</strong>? Al hilo de las conclusiones del recientemente fallecido sociólogo polaco y de otros teóricos del desasosiego contemporáneo, LEER interpela a un puñado de autores españoles –<strong>Agustín Fernández Mallo</strong>, <strong>Fernando Broncano</strong>, <strong>David Sánchez Usanos</strong>, <strong>Eloy Fernández Porta,</strong> <strong>Iván de la Nuez, Marina Garcés, Santiago Alba Rico y Antonio Muñoz Molina</strong>– para dilucidar si estamos ante un momento excepcional o si se trata de un episodio más de una condición permanente.<img class="alignleft wp-image-6688" src="/wp-content/uploads/2017/03/PORTADA280.jpg" alt="PORTADA280" width="345" height="460" /></p>
<p>A eso se suman las consideraciones en clave literaria de Jordi Corominas, con <strong>Judt</strong>, lo último de <strong>Talese</strong> y la nueva novela de <strong>Álvaro Colomer </strong>como piedras de toque; la reflexión al respecto de <strong>Aurelio Loureiro</strong>, y una taxonomía de la incertidumbre literaria esbozada por <strong>Jose Valenzuela</strong>, a cuyo juicio la mejor literatura ensaya un tipo de incerteza que, como motor del acto mismo de leer, sirve para ejercitar un pensamiento crítico y afrontar las paradojas del mundo real. En este marco reflexivo, se repasan obras y autores, de <strong>Cervantes</strong> a <strong>Coetzee</strong> pasando por <a href="/2015/09/leer-en-septiembre-kafka-en-el-laberinto/"><strong>Kafka</strong></a> o nuestra <strong>Carmen Martín Gaite</strong>, que han hecho de la incertidumbre un rudimento imprescindible, con la tesis de que, «como vacuna, la literatura nos inocula un poco del mal que nos aterroriza precisamente para inmunizarnos frente a este» (lo que explicaría que lecturas como <em>1984</em> de <strong>George Orwell</strong> hayan disparado sus ventas a raíz de los últimos acontecimientos sociopolícitos, mundos distópicos que presentan sociedades cada vez más cercanas).</p>
<p>No olvida el número de marzo que a comienzos de año nos dejaba <strong>Gonzalo Puente Ojea</strong>, el ensayista y diplomático. Se reencuentra con él <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> en la Auténtica Entrevista Falsa del mes para hablar de religión y política, y dejarnos un largo listado de lecturas. Completa la semblanza del «ateo de España» <a href="@fer_palmero"><strong>Fernando Palmero</strong></a>. Por otro lado, asistimos al pistoletazo de salida de los fastos por el nacimiento de <strong>Gloria</strong> <strong>Fuertes</strong>,<strong> </strong>con la publicación de la antología <a href="http://www.blackiebooks.org/abraza-a-gloria-fuertes-abre-el-libro-de-gloria-fuertes/"><em>El libro de Gloria Fuertes</em></a> (<strong>Blackie Books</strong>).</p>
<figure id="attachment_6692" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-6692" src="/wp-content/uploads/2017/03/GonzaloPuenteOjea.jpg" alt="GonzaloPuenteOjea" width="345" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Gonzalo Puente Ojea por David Pintor.</figcaption></figure>
<p>Como colofón, dos propuestas de vanguardia. La primera se corresponde con uno de los acontecimientos culturales más importantes del año en España: la muestra de Escher en la capital. Diseñamos un recorrido particular por la obra del holandés <strong>Maurits Cornelis Escher</strong>, arquitecto de lo imposible y gurú de incertidumbres, cuya retrospectiva se expone hasta junio en el madrileño <strong>Palacio de Gaviria</strong>. Y con rumbo a Barcelona, un macroevento en ciernes: <strong><a href="http://kosmopolis.cccb.org/es/">Kosmópolis 17</a></strong>.<strong> </strong>La novena edición del festival de literatura amplificada, del 22 al 26 de marzo, explorará las consecuencias socioculturales del cambio climático, con el ocaso del antropocentrismo, de la mano de <strong>Timothy Norton</strong>, <strong>Lynne Segal</strong>, <a href="http://www.wernerherzog.com/"><strong>Werner Herzog</strong> </a>o <a href="http://www.anagrama-ed.es/autor/echenoz-jean-332"><strong>Jean Echenoz</strong></a>. La hoja de ruta para no perdernos en el <strong>K17</strong> nos la dejan <a href="https://twitter.com/MatiasNespolo"><strong>Matías Néspolo</strong> </a>y <strong>Ana Merino</strong> en materia específica de cómic.<strong> </strong></p>
<p>Además, LEER se presenta en estas páginas preprimaverales como medio colaborador de dos fiestas literarias en auge. El festival <a href="http://tenerifenoir.com/2016/avance-tfn-2017/"><strong>Tenerife Noir</strong></a>, que en su segunda edición viene a consolidarse como referente imprescindible del incombustible género negro en nuestro país; y la <strong>Feria del Libro de Trujillo</strong>, cuya sexta convocatoria inaugura la intensa época feriante que se avecina.</p>
<p>Desde las estanterías y los escaparates de la actualidad, aterrizan otras muchas sugerencias de muy diversa índole. Ficciones que nos llegan a pares: las de <strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong> y <strong>Javier Cercas</strong> con <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-derecho-natural/245083"><em>Derecho natural </em></a>y<a href="http://www.megustaleer.com/libro/el-monarca-de-las-sombras/ES0139497"> <em>El monarca de las sombras</em></a>, respectivamente, en un fresco confeccionado por <a href="http://corominasijulian.blogspot.com.es/"><strong>Jordi Corominas</strong></a>; o las obras distinguidas de <strong>Isabel Bono</strong>, con el <strong>Premio Café Gijón 2016 </strong>(<a href="http://www.siruela.com/catalogo.php?id_libro=3290"><em>Una casa en Bleturge</em></a>), y de <strong><a href="http://www.caresantos.com/" target="_blank">Care Santos</a></strong>, con el <strong>Premio Nadal</strong> (<strong><em><a href="http://www.planetadelibros.com/libro-media-vida/242831">Media vida</a></em></strong>). Y ficciones internacionales. Como <strong>Joan Didion</strong>, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/segun-venga-el-juego/ES0082905" target="_blank"><em>Según venga el juego </em></a>y <strong>Bohumil Hrabal</strong>, <a href="http://www.planetadelibros.com/libro-trenes-rigurosamente-vigilados/230512" target="_blank"><em>Trenes rigurosamente vigilados</em></a>, hasta alcanzar la no ficción con <strong>Javier Mendoza </strong>y su libro doble con <strong>Bartleby</strong> para recoger la palabra escrita del último de los <strong>Panero</strong>, <strong>Michi</strong>: <em>Funerales vikingos/El desconcierto</em>. Entre medias, una amplia variedad de títulos para no perderse.</p>
<p>Son solo algunos de los muchos contenidos de un número de marzo de LEER <strong>disponible en quioscos y librerías españolas</strong>, y que por muy poco puedes recibir mensualmente en tu casa <a title="SUSCRÍBETE" href="/suscribete/" target="_blank">suscribiéndote</a>.</p>
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		<title>Proyecto Bieses con premio</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Jan 2017 13:25:03 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El reportaje de portada del pasado mes de marzo de LEER dedicado al Proyecto Bieses («En busca de las escritoras olvidadas») ha sido galardonado con el Premio Carmen Goes 2016, un certamen creado para ensalzar aquellas publicaciones periodísticas que defienden y difunden los valores vinculados a la igualdad de sexos y la promoción del papel [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>El reportaje de portada del pasado <strong><a href="/2016/03/leer-en-marzo-cherchez-la-femme/">mes de marzo de LEER </a></strong>dedicado al <strong>Proyecto Bieses</strong> (<strong>«En busca de las escritoras olvidadas»</strong>) ha sido galardonado con el <a href="ttps://www.melilla.es/melillaportal/contenedor.jsp?seccion=s_fpro_d4_v1.jsp&amp;contenido=13573&amp;nivel=1400&amp;tipo=3&amp;codResi=1&amp;language=es&amp;codMenu=60&amp;codMenuPN=602&amp;codMenuSN=607"><strong>Premio Carmen Goes 2016</strong></a>, un certamen creado para ensalzar aquellas publicaciones periodísticas que defienden y difunden los valores vinculados a la igualdad de sexos y la promoción del papel de la mujer en la sociedad. Investigado y redactado por nuestra colaboradora <strong>Alicia González</strong>, lo rescatamos ahora con motivo de la muy celebrada noticia en la redacción.</p>
<p><em>¿Acaso los narradores de la guerra de la Independencia, opinan como Tucídides que de la mujer no debe hablarse ni bien ni mal?</em></p>
<p style="text-align: center;"><em> Las heroínas catalanas</em>, Concepción Gimeno de Flaquer</p>
<p>El discurso fúnebre de Pericles sobre el autor de <em><strong>L</strong><strong>a guerra del Peloponeso</strong></em> sentenciaba de muerte a las mujeres, al menos en el espacio público. Un silencio conveniente para ellas –por el necesario recato– y para ellos –no necesitados de competidores en la disputa del intelecto– y que los siglos no han conseguido remediar. Basta preguntar en el <strong>monasterio de San Pablo</strong> de <strong>Valladolid</strong>…</p>
<p>–Quisiera saber si en el claustro hay alguna placa que señale la lápida de <strong>Beatriz Bernal</strong>, la novelista.</p>
<p>–Pues no le puedo decir, llame usted a las seis a ver si algún padre le puede dar razón.</p>
<p>…para percatarse de que las excelencias de la primera novelista tardomedieval o renacentista, sepultada en el crucero de la iglesia junto a su hija <strong>Juana de Gatos</strong> –a la sazón responsable de su fama–, son prescindibles para los responsables de la memoria histórica menos propalada, la de las mujeres. En realidad siempre ha sido así, pues conocemos el <em><strong>Cristalián</strong></em> de España no porque la De Gatos quisiera engrandecer el nombre de la madre ya fallecida –que puede que también–, sino prioritariamente por las penurias que atravesaba.  De no ser por los apuros económicos de la hija, esta Historia de los invictos y magnánimos caballeros <strong>don Cristalián de España</strong>, <strong>Príncipe de Trapisonda</strong>, y del <strong>Infante Lucescanio</strong> su hermano, hijos del famosísimo <strong>Emperador Lindedel de Trapisonda</strong>, habría quedado en el olvido o desaparecida en las guardas de cualquier libro cuando los aprietos demandaran papel inútil. Con ello, se habría perdido el testimonio de una escritora que pone en pie de igualdad a su heroína, <strong>Minerva</strong>, y a Cristalián. Y no porque en desigual combate se enfrenten, sino porque, como indica <strong>Montserrat Piera</strong> en su estudio sobre la obra, “Minerva se disfraza y actúa como un hombre porque quiere, no para seguir a su amante o vengar su honra, como hacen otras heroínas en obras de la época”. Toda una novedad en un universo como el caballeresco, donde las damas son seres menesterosos, algo que no falta en esta obra, inusualmente poblada de doncellas en la trama principal, más de setenta, “todas ellas, claro está, necesitadas de ayuda ante las diversas fechorías de jayanes, caballeros desalmados o monstruos descomunales”. <strong>Páginas que evidencian la cojera de un humanismo donde las mujeres no tenían cabida, porque su voz pública era casi una forma de desnudez y un indicio de su peligrosidad</strong>.</p>
<blockquote><p>En 2003, un proyecto con nombre de costura retoma el espacio discursivo usurpado por una historiografía monopolizada por los hombres</p></blockquote>
<p>Así lo confirma <strong>Nieves Baranda Leturio</strong>, responsable del <strong>proyecto BIESES (acrónimo de Bibliografía de Escritoras Españolas</strong>) y catedrática de Literatura Española de la <a href="http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,1&amp;_dad=portal&amp;_schema=PORTAL"><strong>UNED</strong></a> quien, no obstante, explica que en otros países como <strong>Italia</strong> o <strong>Francia</strong> “la escritura femenina se vuelve aceptable mucho antes. En todo caso es cierto que <strong>la imagen difundida del humanismo como una corriente que fomenta la educación de las mujeres ha sido magnificada</strong>, ya que se defendía la educación, sí, pero no para sobrepasar a través de esa formación las funciones sociales que la tradición les tenía asignadas a las mujeres. <strong>Educación para ser más sumisas, tener una religiosidad más ortodoxa, apoyar mejor al marido y educar mejor a los hijos</strong>”.</p>
<p> </p>
<p><strong>Once mil escritoras</strong></p>
<p>Pero eran muchas las que torcían el camino llevadas por el afán de saber –la propia Minerva “jamás quiso tomar marido, porque nadie tuviese mando ni señorío sobre ella”–. Tantas que, <strong>en 2003, un proyecto con nombre de costura se plantea la necesidad de retomar el espacio discursivo usurpado por una historiografía hegemónica monopolizada por los hombres</strong>. En realidad, ya en el siglo XIX se había empezado a entender que, en el relato de los aconteceres, faltaba la visión femenina, y se elaboraron bibliografías de autoras entre los siglos XV y XVII a las que difícilmente se podía acceder hasta que BIESES generó una base de datos <em>online</em> en abierto que ya alcanza las 11.000 entradas.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-6268" src="/wp-content/uploads/2017/01/carmen_9_920x602-222x300.jpg" alt="carmen_9_920x602" width="345" height="466" /></p>
<p>Un trabajo que nos muestra <strong>una “literatura en los márgenes de la comunicación privada”</strong>: “Estamos sacando a la luz”, explica Nieves Baranda, “<strong>todo tipo de obras de escritoras hasta el siglo XVIII​. Algunas son del ámbito privado o semiprivado, por ejemplo los escritos de monjas</strong> para sus confesores o para otras hermanas de convento. Otras muchas son obras perfectamente públicas: unas impresas y otras manuscritas. <strong>El problema de su conocimiento no es que no existieran o fueran totalmente ignoradas, sino que críticamente no se mencionaban</strong>. Ahora, al recuperarlas <strong>en conjunto y desde una perspectiva de género</strong>, se aplica una metodología de estudio u organización de materiales que les da visibilidad y los integra en la historia cultural del periodo. Por ejemplo, hubo cientos de mujeres que participaron en concursos poéticos de la época, con un poema la mayoría. Esas recopilaciones de fiestas se conocen y estudian desde finales del XIX, pero la mención de las mujeres es siempre como de un fenómeno curioso. Ahora bien, si se catalogan y se clasifican por sí mismas, en tanto que poemas de mujeres, podemos ver que fue un ejercicio muy constante, que sirvió para que las mujeres poetas tuvieran posibilidad de llegar al público. Además, podemos establecer en qué fechas y lugares hubo más participantes o qué fiestas preferían, y entender mejor el fenómeno de las escritoras”.</p>
<p> </p>
<p><strong>Adelantada De Guevara</strong></p>
<p>¿Quedamos entonces en que estas <strong>“fatigadas mujeres”</strong> eran básicamente diletantes con afición por los florilegios, como <strong>Margarita Lumbreras</strong> con su <em><strong>Justa poética en defensa de la pureça de la Inmaculada Concepción de la Virgen Sanctíssima</strong></em>? No, casi siempre. Baste leer el vívido relato que hace <strong>Isabel de Guevara</strong> en una carta a doña <strong>Juana de Austria</strong> sobre las hazañas expedicionarias de los conquistadores del <strong>Río de la Plata</strong>.  Soldados sí, cientos de ellos, pero enflaquecidos y azotados por un invierno que minaba sus fuerzas, mientras ellas les conminaban “con palabras varoniles: que no se dejasen morir, que presto darían en tierra de comida, metiéndolos a cuestas en los bergantines con tanto amor como si fueran sus propios hijos. Porque todos los servicios del navío los tomaban ellas tan a pecho que se tenía por afrentada la que menos hacía que otra”. A falta de fornidos brazos masculinos son s<strong>iete febles mujeres las que, sin otro adiestramiento que el propio ingenio, aprenden a “marear la vela y gobernar el navío y sondar de proa</strong> y tomar el remo al soldado que no podía bogar y desagotar el navío…”. Y mientras ellos se reponen de sus esforzados servicios a la patria, nos encontramos con que la mujer, en el asentamiento ya definitivo de Asunción, como si estuviera haciendo memoria de aquellas labores de recolectora que ya hiciera <em>in illo tempore</em>, se dedica a carpir, sembrar y recoger el bastimento “sin ayuda de nadie”. De haber nacido hombres, la heroicidad en el <strong>Paraguay</strong> de las siete damiselas habría dado para una secuela de <em><strong>Los siete contra Tebas</strong></em>, pero siendo mujer la <strong>De Guevara</strong> tuvo que conformarse con reclamar a la Corona para los suyos una porción de ese reparto en las Indias que tan justamente había peleado.</p>
<p><img class=" wp-image-6271 alignright" src="/wp-content/uploads/2017/01/Aparición-de-Cristo-crucificado-a-santa-Teresa-de-Jesús_Alonso-Cano-450x1024.jpg" alt="aparicion-de-cristo-crucificado-a-santa-teresa-de-jesus_alonso-cano" width="345" height="786" /></p>
<p>Quizá estos egotextos se concebían como un ejercicio de poder… Para Nieves Baranda, “el concepto egotexto o escritura del yo se refiere a todo tipo de escrito que se basa en la experiencia del que escribe, aunque el objetivo del escrito puede ser de tipo muy distinto. No es lo mismo una carta que una autobiografía religiosa o una relación de méritos para presentarla a la Corona. <strong>Tener la palabra, ya sea oral o por escrito, es una forma de poder, ya que permite proyectar la propia visión del mundo</strong>, lo que puede significar subrayar la agentividad de quien está hablando. El mismo hecho de que un escrito llegara a la imprenta o que se haya transmitido en un manuscrito es testimonio de esa voluntad de poder a través de la escritura.​ Eso sí lo observamos cuando tenemos escritos de hombres y mujeres en torno a los mismos hechos, ya que cada sujeto hablante (o escritor) subraya su propia acción y perspectiva”.</p>
<p> </p>
<p><strong>Otro punto de vista</strong></p>
<p>Incluso en casos de mujeres conservadoras, como <strong>Sofía Casanova</strong>, que marcha a cubrir la revolución rusa en calidad de corresponsal, su óptica diverge de la comúnmente aceptada, haciendo <em>storytelling </em>antes de que se pusiera de moda. “Sí, claro. Ella está de enfermera en una estación curando gente y en el fondo contando lo que ve. Hace desde su crónica humanitaria, aunque parece que ya no se lleven estas palabras, una crítica a la guerra. Y también es una mujer valiente, pues da una conferencia en el Ateneo, delante de todos los militares hablando en contra de las guerras como principio”, nos comenta <strong>Asunción Bernárdez</strong>, directora del <a href="https://www.ucm.es/investigacionesfeministas/"><strong>Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense</strong></a>. “Un buen periodista masculino quizá borraba un poco más las marcas de subjetividad, pero la escritura del mundo es una estrategia con signos para ellos como para ellas. Todos construimos una realidad, sólo que las claves con las que se construye son elección de cada cual. Las escritoras hablan más de su experiencia, pero porque en el fondo se están sintiendo en conflicto. Sienten que están haciendo algo que no era lo permitido a las mujeres… por eso muchas buscaban seudónimos masculinos. <strong>Cecilia Böhl de Faber</strong> utilizaba el de <strong>Fernán Caballero</strong>, porque en el fondo escribir es asumir un punto de vista que no es propio, sino un personaje desde el que se escribe y claro, siempre es más cómodo el punto de vista masculino”, dice la responsable de <strong>Instifem</strong>.</p>
<blockquote><p>El problema de estas autoras no es que no existieran o fueran ignoradas, sino que críticamente no se mencionaban</p></blockquote>
<p>“Más allá de nombres concretos”, añade Bernárdez, “ignorar a las mujeres cuando hacemos historia es uno de los mecanismos que tiene el sistema para que pensemos que somos pioneras siempre. En aquellos años, muchas de las cabeceras organizadas por hombres ofrecieron toda una plataforma para que las mujeres pudieran publicar. Resulta difícil distinguir entonces lo que hoy llamamos periodismo de la literatura. En el fondo para muchas mujeres <strong>la salida literaria estaba en ese tipo de publicaciones periódicas dedicadas a mujeres donde se ofrecía un espacio para hacer reflexiones sobre la realidad, publicar poesía, cuentos, hablar sobre salud o moda</strong>, etcétera. Un ejemplo muy importante fue <strong>Rosalía de Castro</strong>”.</p>
<p>Aparte de participar en publicaciones galantes, las periodistas del XIX se atrevieron a hablar de temas vetados no sólo a las mujeres. “Especialmente valiente”, dice Bernárdez, “fue <strong>Carmen de Burgos</strong>, una mujer medianamente burguesa que se situó en un lugar complicado para una mujer de principios de siglo, porque se divorcia y se viene a Madrid con una hija pequeña a buscarse trabajo y ver cómo puede vivir, como maestra, como periodista, y empieza a publicar. Su trabajo es ingente: hace muchísimas traducciones de libros que estaban de moda en <strong>Europa</strong>, se dice que es la primera reportera de guerra en <strong>Marruecos</strong>, organiza un debate público sobre el divorcio en prensa y funda una de las primeras asociaciones de mujeres sufragistas en España. Es un personaje de una relevancia impresionante. Su caso fue emblemático en el ámbito de la izquierda, no de lo que era la prensa más burguesa, más católica, que ha tenido un peso muy grande en España. Desde el anarquismo estuvo, por ejemplo, la<strong><em> revista de Mujeres Libres</em></strong>, aunque duró muy poco, antes de la <strong>Guerra Civil</strong>”.</p>
<blockquote><p>Al recuperarlas en conjunto, desde una perspectiva de género y con una metodología, recuperan visibilidad y se integran en la historia cultural</p></blockquote>
<p>Una senda, la del activismo, que ya entre 1606 y 1612 había recorrido <strong>Luisa de Carvajal</strong> en lo que entonces cabía significarse, la defensa de la fe, que le lleva a maniobrar hasta convencer a los jesuitas de emprender una cruzada misionera contra los infieles de la Inglaterra cismática. Mujer de arrestos, sin duda, pues, pese a su linaje aristocrático, prefirió el misionado contra la herejía a la vida sosegada, fuera en una orden monacal o aceptando un matrimonio convenido. En unos tiempos en que las creencias se mezclaban con la política,<strong> sor Catalina del Espíritu Santo</strong> narra su huída de la Alemania Baja tras la muerte de los mártires de <strong>Gorkum</strong> a manos de los mendigos del mar, porque la piratería entonces en el Flandes independentista era cosa de protestantes, y escribe la crónica de los prolongados padecimientos del <strong>fraile lego Engelberto</strong>. Aun así, <strong>Dom H. Leclercq</strong> afirma en <em><strong>Los mártires</strong></em> que “la historia de su martirio fue escrita por un teólogo de gran mérito, William Estius, cuya obra sigue siendo la principal y casi única fuente de los acontecimientos históricos que se cumplieron en Gorcum y <strong>Brielle</strong> en 1572”, prescindiendo del escalofriante testimonio de la monja, perseguida ella misma por ser propagandista de una fe asociada al imperio español.</p>
<p> </p>
<p><strong>¿Valor o vanidad?</strong></p>
<p>¿Por qué estas mujeres se arriesgaban a contravenir los estereotipos, superando ese veto atávico del decir, e incluso en tiempos a sobreponerse a los castigos de la Inquisición? En opinión de Nieves Baranda, “esa prohibición ancestral fue desafiada desde <strong>Safo</strong> hasta la actualidad en todos los campos del arte y del pensamiento. Las mujeres, como los hombres, sentían la necesidad de expresarse y de proyectarse a través de la escritura, si bien es cierto que su posición en el campo cultural y de poder era muy distinta, y ello les exigía estrategias diferentes.  <strong>Lo que confirman las investigaciones y la sistematización bibliográfica de BIESES es que fueron muchas las que se saltaron esa prohibición. ​El papel de la Inquisición, por ejemplo, ha sido muy magnificado</strong>. A la Inquisición no le preocupaban mujeres que escribieran, porque eso eran normas sociales, no religiosas. A la Inquisición le preocupaba la heterodoxia religiosa, e incluso podía aceptar que una mujer dijera lo que podrían considerarse tonterías o inconvenientes. El problema era si esas tonterías entraban en el terreno de la herejía y si la mujer empezaba a alcanzar cierto renombre, influencia o poder. <strong>Santa Teresa de Jesús</strong> no les interesó porque fuera escritora, sino porque su tipo de espiritualidad era cuestionable, se parecía mucho a la de los alumbrados (herejía juzgada y condenada y con muchas mujeres entre sus miembros) y sus escritos podían enseñar a otras personas simples (no eruditos o estudiosos con formación escolar y universitaria) que podían seguir un camino equivocado. Todo en el terreno religioso. Además tenía prestigio entre parte de la é​lite”.</p>
<blockquote><p>Nieves Baranda: “El hábil equilibrio entre la trasgresión y el orden del sistema permitió durante siglos a las mujeres escribir”</p></blockquote>
<p>A pesar de que los manuales de literatura proscribieran la mayoría de los nombres de mujer, muchas tuvieron oportunidad de alcanzar renombre ya en vida. Habla, de nuevo, Nieves Baranda: “<strong>A Santa Teresa de Jesús se la reconocía como una mujer carismática, y los nobles se disputaban sus escritos y su presencia</strong>. Fueron muchas las mujeres que gozaron de este tipo de fama, por ejemplo, <strong>sor María de Jesús de Ágreda</strong> y muchas otras. En vida eran famosas, pero sus escritos sólo se publicaban, si lo hacían, después de que hubieran muerto. Entre las seglares o las escritoras de obras no visionarias o no inspiradas por Dios hay de todo. María de Zayas fue muy conocida en los círculos literarios madrileños desde los años 20 del siglo XVII y sus obras (colecciones de novelas cortas, dos libros con un total de veinte novelas, publicadas en 1637 y 1647) tuvieron un gran éxito y fueron incluso  traducidas al francés. <strong>Ana Caro</strong> era conocida en <strong>Sevilla</strong> y en <strong>Madrid</strong>, le encargaron obras dramáticas que le pagaban y escribía relatos de festejos por encargo de los nobles, también bien pagados. <strong>La Condesa de Aranda, Luisa María de Padilla</strong>, publicó entre 1637 y 1644 varios tratados. <strong>Catalina Clara Ramírez de Guzmán</strong>, poeta extremeña que vivió durante el siglo XVII, también era bien conocida en su entorno y en círculos de Sevilla… De hecho, parte de la información recogida en nuestra base de datos proviene de las menciones que los coetáneos hacen de las autoras para valorar su fama y la difusión de sus escritos”.</p>
<p><strong>¿Había algo, en lo que Baranda define como “textual selfies”, de exhibicionismo?</strong> Para la investigadora, “los egotextos o autobiografías laicas no son exhibicionistas en su mayor parte, ya que son documentos privados y claramente funcionales. Otra cosa son los que se escriben sabiendo que se van a difundir públicamente (por ejemplo, el prólogo de <strong>Juliana Morell</strong>), donde la imagen que se quiere proyectar se somete a un cuidadoso control… Como lo hacían los autores varones cuando publicaban sus obras. ¿O acaso<strong> Cervantes</strong> en los preliminares del <strong>Quijote</strong> no quiere proyectar​ una determinada imagen de sí mismo? Debemos recordar que existe una línea de estudios que se conocen como self-fashioning y que analiza cómo proyectan los individuos una imagen de sí mismos. Esto se ha empleado con interesantes resultados para toda la literatura europea”. De todas formas, siempre quedaba el resquicio del anonimato o el argumento de autoridad con el que evitaban ser acusadas de creerse sabias en un mundo de roles masculinos. “Son las grietas del sistema”, puntualiza la experta, “las que permiten que tengan voz los grupos subalternos. La norma no es única: <strong>¿Es más importante la máxima de san Pablo de que las mujeres no deben escribir o la obediencia a tu confesor que te manda poner tus visiones por escrito?</strong> En estas grietas, los grupos subalternos pueden escoger cuál de las normas obedecer y, acogiéndose a una ley, es posible saltarse la otra sin romper con el sistema. El estudio individual de estos textos es el que va arrojando luz sobre el hábil equilibrio entre la transgresión y el orden del sistema, que es el que permite a las mujeres escribir”.</p>
<p> </p>
<p><strong>Refugio epistolar</strong></p>
<p>A ello se suma <strong>la consagrada división entre lo público y lo privado que, en opinión de Asunción Bernárdez, “es muy burguesa y yo diría que incluso muy masculina</strong>”. Y que se franqueó recurriendo a géneros como el epistolar, medio de escritura favorita entre las mujeres por doméstica y sentimental y, seguramente, por ajena al control de los hombres. Cartas que, por su catalogación como documentos privados, no se consideraban trasgresores del statu quo. La condena moral venía cuando al texto se le quería dar publicidad. “<strong>A Santa Teresa de Jesús se la cuestiona por su autobiografía o sus tratados, pero nunca por sus cartas. ¿Sometidas al control de los hombres?</strong> No mientras fueran documentos privados, pero sí cuando pretendían hacerse públicos. Por ejemplo, sus cartas se publican muy expurgadas casi 100 años después de su muerte. Eso no significa calificarlas como escritura doméstica o sentimental. Las mujeres escriben como los hombres para fines muy variados: negocios, redes de poder, redes familiares, ejercer influencia, promocionar la propia agenda, chismorrear o intercambiar información valiosa, aconsejar… Otra cosa es que las convenciones del género esperen ciertas formas de expresión en hombres o en mujeres y que éstas últimas las respeten, de modo que una dama puede declararse humilde servidora de, o recordar el afecto que tiene para obtener sus fines y como parte de una retórica eficaz. En las muchas cartas de damas y monjas que he leído, lo más importante es la relación que une a los corresponsales, que determina el tipo de contenidos”.</p>
<blockquote><p>Muchas escritoras encontraron en las primeras publicaciones periódicas femeninas un espacio para dar salida a su vocación literaria</p></blockquote>
<p>Si en las primeras autoras de autobiografías citadas en BIESES, sobre todo aquellas 300 mujeres dedicadas a la vida contemplativa que menciona <strong>Isabelle Poutrin</strong>, toda una excepción en Europa, observamos el empleo del argumento de autoridad –se habla por boca divina para evitar el atrevimiento de hacerlo por la propia–, más adelante se acogen al personaje femenino como colectivo. No hay más que ver a las protofeministas: “Al fin y al cabo la individualidad es importante, pero también surge en ellas una conciencia de lo colectivo”, señala Bernárdez. “<strong>Mary Wollstonecraft</strong>, cuando escribe la Vindicación de los derechos de las mujeres, se da cuenta de que no es su problema personal, sino algo que les pasa a las mujeres por el hecho de serlo”.</p>
<p>Entre esas cosas que pasaban y que siguen pasando, aparte de la política de dejar caer en el olvido los escritos de mujeres, no hay que descartar una política activa de eliminarlos. ¿O sí? “No que sepamos de forma generalizada. Con las religiosas sí se procuró un control estricto de su escritura. <strong>Muchas obras autobiográficas, biografías y crónicas, en lugar de transmitirlas directamente al público, se entregaban a un fraile o a un hombre para que con ellas construyera un escrito propio</strong>. En otros casos, se observa falta de citas o de una valoración positiva, pero no eliminación como tal. Lo interesante es estudiar qué mecanismos sociales y culturales mantenían contenida esa escritura en los márgenes del mercado editorial.</p>
<blockquote><p>Las cartas fueron el medio de escritura predilecto entre las mujeres, por doméstica y sentimental, y por quedar al margen del control de los hombres</p></blockquote>
<p><strong>Los mecanismos no son muy distintos a los que operan en la actualidad. No basta con que la información permanezca entre especialistas, sino que debe llegar a un público más amplio para que cambie la perspectiva de la historia</strong> y se produzca un equilibrio de género adecuado. Con este objetivo, el año próximo se publicará a la vez en inglés y en español por la <strong>editorial ​Ashgate</strong> un volumen de estudios sobre las escritoras españolas del Siglo de Oro, realizado por especialistas de varios países, que será una muestra de hasta qué punto nuestra visión del tema se ha modificado. Eso, en buena medida, se debe a BIESES y a la capacidad que la base de datos y el proyecto ha desarrollado”, concluye Baranda.​ Y, porque hay quien siempre ve más allá, para los descreídos de los esfuerzos por incorporar la mirada de género, sólo mencionar que el último <strong>Premio Málaga de Novela</strong> en 2015 recayó en <strong>Herminia Luque</strong>, por reconstruir el universo de dos escritoras de nuestro <strong>Barroco</strong>, <strong>María de Zayas</strong> y <strong>Ana Caro</strong>, gracias a investigaciones como las de BIESES.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Alicia González</strong> (@jaberbock)</p>
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		<title>Leer en verano: la comedia humana de El Bosco</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2016 18:24:52 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Q<strong>UINIENTOS AÑOS DESPUÉS</strong> de su muerte, la inconfundible iconografía moralizante creada por <strong>Jeroen van Aken</strong> (Bolduque, 1450–1516) se presenta ante el espectador del siglo XXI con una hipnótica capacidad de seducción. La comedia humana que anima su extraordinaria obra pictórica <strong>protagoniza el Extra de Verano 2016 de LEER coincidiendo con la <a href="https://www.museodelprado.es/actualidad/exposicion/el-bosco-la-exposicion-del-centenario/f049c260-888a-4ff1-8911-b320f587324a" target="_blank">exposición del centenario</a> organizada por el Museo del Prado</strong>.</p>
<p>La celebración de El Bosco ofrece una irresistible ocasión de explorar <strong>su mundo, la Europa en trance decisivo de transformación entre el Medievo y el Renacimiento</strong>. Contemporáneo de <strong>Erasmo</strong>, su <a href="https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/triptico-del-carro-de-heno/7673843a-d2b6-497a-ac80-16242b36c3ce" target="_blank"><em>Tríptico del carro de heno</em></a>, que ilustra la portada estival de LEER, fue prácticamente simultáneo al <em>Elogio de la locura</em> del humanista de Rotterdam. La abigarrada imaginería de tradición medieval convive con el desperezar intelectual que propiciará cambios radicales en Europa, y ambas realidades dibujan<strong> un contexto apasionante que analizamos en este número de LEER</strong>.</p>
<p><strong>Viajamos a su <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Bolduque" target="_blank">Den Bosch</a> natal tras el tenue rastro de un hombre piadoso, respetado y admirado</strong> por sus contemporáneos. Tratamos de esclarecer algunos de los misterios de sus pinturas, muchos de los cuales no son tales sino apenas desconocimiento de las claves literarias, filosóficas y culturales de un pintor que <strong>en vida nunca fue acusado de hereje, más bien todo lo contrario</strong>. Será con el protestantismo cuando el mundo de creencias que conoció El Bosco saltará por los aires y su pintura perseguida, destruida… y salvada por la obsesión estética y religiosa del campeón de la Contrarreforma, <strong>Felipe II</strong>. Pero no aspiren a resolver todos los enigmas que plantea una obra que suscita asombro por su extraordinaria identificación con el imaginario moderno. <strong>«El arte siempre es un misterio, y el gran arte siempre es más misterioso que el pequeño»</strong>, asegura a LEER <strong>José Luis López-Linares</strong>, realizador del recién estrenado documental <a href="https://vimeo.com/160096829" target="_blank"><strong><em>El jardín de los sueños</em></strong></a>, en torno a una de las más populares obras de El Bosco, <em>El jardín de las delicias</em>.</p>
<h5>Sin Camilo 2016</h5>
<p><strong>Camilo José Cela</strong> hubiera cumplido <strong>100 años</strong> en mayo de este 2016. Fue durante medio siglo el escritor español con mayúsculas –por obra, y sobre todo por personalidad y relevancia–, pero hoy pocos le leen y ha quedado en el recuerdo como un histrión de procelosa biografía. En vísperas de uno de los acontecimientos centrales de su centenario, la inauguración de <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/exposiciones2016/CaminoJoseCela/" target="_blank">una muestra antológica en la Biblioteca Nacional</a>, buscamos respuestas a la obliteración del último Nobel español con <strong>Francisco García Marquina</strong>, amigo, colaborador, albacea, que acaba de publicar una nueva versión de la <a href="http://aache.com/cela_biografia/" target="_blank"><strong>biografía</strong></a> de Cela que publicara hace una década; y con <strong>Rafael Flórez <em>El Alfaqueque</em></strong>, personaje sin par del Madrid literario que en los 90 le dedicó un libro travieso, <em>Camilo de Camilos.</em> Y para acabar <strong>nos echamos al camino en el 70 aniversario de uno de sus libros más importantes, <em>Viaje a la Alcarria</em></strong>.</p>
<figure id="attachment_5914" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2016/07/ValleInclan.jpg"><img class="wp-image-5914" src="/wp-content/uploads/2016/07/ValleInclan.jpg" alt="ValleInclan" width="345" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Valle-Inclán, interpretado por David Pintor para la Auténtica Entrevista Falsa de LEER.</figcaption></figure>
<p>Otro genio de las letras hispánicas nunca suficientemente ponderado, <strong>Ramón María del Valle-Inclán</strong>, se aparece en el Extra de Verano de LEER. El autor de <em>Luces de bohemia </em>celebra su 150 cumpleaños con Víctor Márquez Reviriego en una nueva Auténtica Entrevista Falsa. Además, el escritor <strong>Alfredo Conde</strong> recuerda a quien fuera uno de los grandes amigos de Valle, el “cacique bueno” Estanislao Pérez Artime, <em>Tanis. </em></p>
<p>El número estival de LEER viene repleto de sugerencias lectoras. Trae entrevistas con <strong>Antonio Gamoneda,</strong> <strong>Rafael Argullol</strong>, <strong>Edgardo Cozarinsky</strong>, <strong>Jesús Ruiz Mantilla</strong>, <strong>Cristina Losada</strong> y <strong>Montse Morata</strong>; una selección de libros que, coincidiendo con la controvertida publicación en Alemania del <em>Mein Kampf</em> tras años de proscripción, ayudan a comprender el horror del régimen nazi; el regreso por partida triple (nueva entrega de diarios, una novela y un poemario) de <strong>un Cervantes de primera, José Jiménez Lozano, de la mano de Ignacio Peyró</strong>; el aclamado <em>Magistral</em> de <strong>Rubén Martín Giraldez</strong> esclarecido por <strong>Jordi Corominas</strong>, y <strong>Fernando Arrabal</strong> por uno de sus editores españoles, <strong>Raúl Herrero</strong>, de Libros del Innombrable. La <em>trilogía bananera</em> de <strong>Miguel Ángel Asturias</strong> rediviva gracias a la editorial Drácena, una generosa colección de favoritos <em>noir,</em> la faceta ambiental del <em>beat</em> <strong>Gary Snyder</strong>, Thoreau del siglo XX, en nuestras Páginas Verdes con <em><a href="http://www.varasekediciones.es/la-practica-de-lo-salvaje/" target="_blank">La práctica de lo salvaje</a> </em>(Varasek Ediciones), o el reto de explicar a los niños la muerte a través de los libros son algunas de las muchas propuestas incluidas en las páginas del último LEER,<strong> disponible en quioscos de toda España y librerías</strong> (también puedes <a href="/suscribete/" target="_blank">suscribirte</a>).</p>
<p><em>Precisamente a tres librerías, las que conforman <strong>La Conspiración de la Pólvora</strong> y han recibido el último <strong>Premio Nacional de Fomento de la Lectura</strong>, dedicamos este mes un reportaje muy especial. <strong>La Puerta de Tannhäuser</strong> en Plasencia, <strong>Letras Corsarias</strong> en Salamanca e <strong>Intempestivos</strong> en Segovia representan lo mejor de un oficio que se reinventa y se demuestra posible y necesario en un contexto poco propicio para la cultura del libro. Enhorabuena.</em></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2016/07/LEER-portada-274.jpg"><img class="aligncenter wp-image-5933 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/07/LEER-portada-274-759x1024.jpg" alt="LEER portada 274" width="690" height="931" /></a></p>
<p> </p>
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		<title>Las dos vidas de Manolo</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Jun 2016 17:49:01 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Manuel Gutiérrez Aragón: entre el cine y la literatura’ es el título del curso que Manuel Hidalgo dirige en El Escorial desde hoy, 27 de junio, para rendir homenaje a un creador que tras una vida dedicada a hacer películas decidió reinventarse como novelista. El pasado mes de enero leyó su discurso de ingreso en la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>M</strong><em><strong>anuel Gutiérrez Aragón: entre el cine y la literatura</strong>’ es el título del <a href="https://www.ucm.es/data/cont/media/www/pag-13625/71110.pdf" target="_blank">curso</a> que <strong>Manuel Hidalgo</strong> dirige en El Escorial desde hoy, 27 de junio, para rendir homenaje a un creador que tras una vida dedicada a hacer películas decidió reinventarse como novelista. El pasado mes de enero leyó su discurso de ingreso en la <strong>RAE</strong>, ‘En busca de la escritura fílmica’, y ahora desde LEER, entre la escritura y la imagen, rescatamos y compartimos la <strong>entrevista</strong> que le realizamos para nuestro número de junio.</em></p>
<p>Si decimos que la vida profesional, pero también la intelectual y, en fin, la vida misma de un escritor de provincias que lo era antes de escribir nada y se tropezó irremediablemente en la Facultad de Filosofía y Letras de la Complutense con las células clandestinas del <strong>PCE</strong>, y en la <strong>Escuela Oficial de Cine</strong> con un lenguaje complejo y desconocido que tuvo que aprender apresuradamente para contar todo lo que traía atesorado de su Torrelavega natal y lo nuevo que fue descubriendo en <strong>Madrid</strong>, que fue mucho, si decimos, decíamos, que eso a lo que llamamos vida ha sido en el caso de <strong>Manuel Gutiérrez Aragón</strong>, y aún hoy lo es, en su condición recién estrenada de <strong>académico</strong>, una búsqueda de la “plenitud” narrativa a través de un intrincado confluir y alejarse del cine y la literatura, es decir, de las imágenes y las palabras, no descubrimos nada nuevo.</p>
<p>Lo ha explicado en muchas de sus intervenciones públicas. La última, en su <strong>discurso de ingreso en la RAE</strong>, hace apenas seis meses, que lleva el revelador título de <a href="http://www.rae.es/mediateca/discurso-de-ingreso-en-la-rae-de-manuel-gutierrez-aragon" target="_blank"><em>En busca de la escritura fílmica</em></a>, donde confiesa que el “oficio de narrar” lo traía aprendido de la literatura, pero que para hacer cine había que aprender un nuevo lenguaje. Mucho más “inflexible”, sólo que a veces sus códigos “son tan invisibles que pasan desapercibidos”. Pero en ambos mundos, dice parafraseando a <strong>Wittgenstein</strong>, “los límites de lo posible son los límites de lo que puede ser contado”. Y cada relato puede serlo de formas muy diferentes. “La diégesis fílmica”, ha escrito en alguna ocasión, “privilegia la acción sobre la descripción y el retrato psicológico, empujando al narrador a dejarse de rodeos e ir al grano. Es como un niño impaciente que exige que el cuento siga y siga, sin detenerse jamás”, porque “en el cine, el tiempo lo marca la proyección, y no la visión del espectador, como sucede en la lectura de un texto”.</p>
<figure id="attachment_5866" style="width: 324px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2016/06/DSC_0737.jpg"><img class="wp-image-5866" src="/wp-content/uploads/2016/06/DSC_0737-683x1024.jpg" alt="DSC_0737" width="324" height="486" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Manuel Gutiérrez Aragón entre sus libros (Foto: B. M.).</figcaption></figure>
<p><strong>Y luego están los</strong> <strong>actores</strong>. A ellos ha dedicado un ensayo que, como casi todo lo que hace Gutiérrez Aragón, no se atiene estrictamente al género y esconde mucho más de lo que su título –<a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/ebooks/a-los-actores/9788433936264/EB_423" target="_blank"><em>A los actores</em></a>, precisamente– dice. Se trata en realidad de una gavilla de textos, aparentemente deslavazados, a medio camino <strong>entre el</strong> <strong>álbum de recuerdos</strong> <strong>y la</strong> <strong>(meta)reflexión</strong> sobre el cine a partir de sus guiones (los que escribió para él y los que hizo para otros, como <em>Furtivos</em>, para <strong>Borau</strong>); sus películas (no todas, pero sí las más relevantes: <em>Habla mudita</em>, <em>El corazón del bosque</em>, <em>Maravillas</em>, <em>Demonios en el jardín</em>, <em>La noche más hermosa</em>, <em>La mitad del cielo</em>, <em>El rey del río</em>, los dos <em>Quijotes</em>, <em>La vida que te espera</em> y <em>Todos estamos invitados</em>); y sus lecturas, que son muchas y muy distintas, de <strong>Aristóteles </strong>a<strong> Roland Barthes, </strong>de<strong> Sartre </strong>a<strong> Pessoa</strong>, pasando por<strong> Shakespeare, Cervantes</strong>, por supuesto,<strong> Eco</strong>,<strong> Gubern, Julio Cabrera</strong>,<strong> Balzac</strong> y sus reflexiones sobre la pintura, <strong>Schiller</strong>, el <em>Kaspar</em> de <strong>Peter Handke</strong>, el debate entre <strong>Stanislavski</strong> y <strong>Meyerhold</strong>, resuelto por <strong>Stalin</strong>, explica, “a favor de la interioridad e incluso del sentimentalismo”… Todo, para desvelar y desvelarse como <strong>un creador que necesita comprender y comprenderse antes de coger la cámara o cargar la pluma</strong>. “Llegados aquí”, dice casi al final de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/a-los-actores/9788433997975/NH_550" target="_blank"><em>A los actores</em></a> (Anagrama, 2015), “conviene manifestar mi creencia de que <strong>la palabra y la imagen pertenecen a mundos distintos</strong>, y que por muchos esfuerzos de fusión que se hicieran entre los dos, no pasarían de una cohabitación obligada si no fuera gracias a que en medio están los actores (…). La ambivalencia”, había explicado unos capítulos más arriba, “llega al relato fílmico sobre todo por la mano de los actores, que hacen coexistir emociones diversas”.</p>
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<p style="text-align: right;"><em>Nunca quise quitarle al cine el protagonismo que tenía en mi vida ni ser escritor de veranos o domingos </em></p>
</blockquote>
<p>Y con esa angustia de ver cómo los personajes que iba creando le eran arrebatados por “unos cuerpos vivientes” que le daban un carácter inesperado, fue haciendo guiones y películas. “El sentimiento de pérdida y nostalgia que tenía respecto al hecho de aparcar la literatura”, confiesa, “lo recuperaba <em>escribiendo</em> emociones con los actores, más cerca de la vida, y lejos ‘del viento fugitivo y la columna arrinconada’ de la escritura”.</p>
<p>Pero ocurrió que en la película que más tenía que ver con su infancia, <em>Demonios en el jardín</em> (1982), se dio cuenta de que “el cine no reproduce eficazmente a las personas que se quiere retratar (…) los personajes adquieren una dimensión extraordinaria, se desbordan. Tienen un <em>plus</em> de vida por cuenta propia”. Vamos, que no reconoció a ninguno de sus <em>demonios</em>, ni siquiera al niño enfermo de tisis que fue y que durante los seis meses que pasó en la cama se divertía leyendo los once volúmenes de <em>El Tesoro de la Juventud</em> (una enciclopedia anglosajona traducida al español antes de la Guerra llena de narraciones extraordinarias), e intentando imaginar las películas que le contaban su tía y su abuela.</p>
<p>Consciente de que la película no era lo que había pensado, supuso que la historia, su historia, resultaría mejor como novela. Y comenzó a escribirla. <strong>“La fluidez de la tinta”, confiesa, “me devolvía a la dulce enfermedad de la escritura, a mi primera vocación</strong> de contar sin maquinaria ni estridencias, a las anillas en espiral que sujetan las palabras y las ideas”. Aquel relato, sin embargo, quedó aparcado y muchos años después, cuando ya había decidido dejar de hacer cine (su última película, <em>Todos estamos invitados</em>, es de 2007) para dedicarse sólo a escribir (con su primera novela, <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/la-vida-antes-de-marzo/9788433972002/NH_462" target="_blank"><em>La vida antes de marzo</em></a>, ganó el Premio Herralde en 2009), la publicó con el platónico título de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/cuando-el-frio-llegue-al-corazon/9788433997661/NH_519" target="_blank"><em>Cuando el frío llegue al corazón</em></a> (Anagrama, 2013). Y ahí quedan, relato y película, como ejemplo de ese doble navegar, a veces esquizofrénico, entre el cine y la literatura que es toda la obra de Gutiérrez Aragón.</p>
<p><em>¿Eres un escritor que hace películas o un director que escribe?</em></p>
<p>El cine y la literatura son para mí <strong>dos vidas distintas</strong>, por eso siempre he procurado que no se parecieran mis novelas y mis películas. Teniendo yo más vocación de escritor que de director de cine, al principio, todos me decían que escribiera entre película y película, pero nunca quise ser un escritor de veranos o de domingos. No quería quitarle al cine el protagonismo que tenía en mi vida. Hay mucha gente que lo hace compatible. Yo no. Y ahora que he decidido no volver a hacer películas, cuando pienso en una novela, la escribo de tal manera que jamás pueda ser llevada al cine. Porque a mí, de la literatura, me gusta sobre todo la escritura. Del propio <strong><em>Quijote</em></strong>, del que he hecho dos adaptaciones, aparte de las anécdotas y las locuras, me parece fascinante la forma en la que está escrita. Sabemos que lo más importante en una película son el guión y los actores, sí, pero a mí lo que me gustaba del cine era la escritura fílmica, que es la puesta en escena. Y de una novela, cómo está escrita. Cuando de niño leí el <em>Quijote</em>, me subyugó, y creo que <strong>Cervantes influyó mucho en mi manera de escribir y de hacer cine</strong>. Sobre todo me fascina esa forma en la que Cervantes apura la realidad hasta sus límites, pero nunca los traspasa, con una técnica realista, en la que al final terminas viendo encantadores.</p>
<figure id="attachment_5865" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/06/DSC_0725.jpg"><img class="wp-image-5865 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/06/DSC_0725-1024x683.jpg" alt="DSC_0725" width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Foto: B. M.</figcaption></figure>
<p><em>Salvo las del ‘Quijote’ nunca has hecho adaptaciones, ¿por qué?</em></p>
<p>Porque he tenido algunos <strong>fracasos</strong>. Uno fue con <em>El lápiz del carpintero</em>, y eso que <strong>Manolo Rivas</strong> se portó muy bien conmigo y me pasó la novela antes de que estuviese publicada. Pero conforme la leía, me daban ganas de <strong>cambiarlo todo</strong>, porque había, como es lógico, muchas cosas que el novelista daba por supuestas y porque lo bonito de la novela es ese guardia civil que les persigue como si fuera una sombra dañina. ¿Pero cómo haces una sombra dañina? <strong>La novela me derrotó</strong>, me parecía que estaba por encima de lo que yo podía hacer a partir de ella.</p>
<p>Otro fracaso fue <em>Trazo de tiza</em>, un cómic de <strong>Miguelanxo Prado</strong>, que como ya de por sí tenía mucho de puesta en escena, al reconvertirlo en un guión para luego devolverlo otra vez a la puesta en escena quedaba por debajo de lo que había hecho el dibujante.</p>
<p>Y la tercera fue con <em>El embrujo de Shanghai</em> de <strong>Juan</strong> <strong>Marsé</strong>. A mí me parece que Marsé es de los novelistas más influidos por el cine, porque la construcción de sus novelas se parece a veces a la del cine negro americano. Y como <em>El embrujo de Shanghai</em> tiene mucho de eso, devolver al cine algo que está ya influido por el cine <strong>no podía funcionar</strong>. En la novela está muy bien tejida tanto la parte realista y testimonial de la Barcelona de los años 40 como el Shanghai imaginado o contado, pero en la película se iba a notar mucho que aquello era diferente. Cuando se la dieron a <strong>Víctor Erice</strong>, me pregunté, ¿qué habrá hecho con Shanghai? Y me dijeron, lo ha quitado. Claro, Víctor también se dio cuenta de que aquello no empastaba. La novela, en ese aspecto, es mucho más libre.</p>
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<p style="text-align: right;"><em>Cuando pienso en una novela, ahora que he decidido no hacer más películas, la escribo de tal manera que no pueda ser llevada al cine</em></p>
</blockquote>
<p><em>¿Hay mucha diferencia entre escribir guiones y escribir novelas? </em></p>
<p>Sí. El guión será un género literario, no digo que no, porque si no es literatura ¿qué es? Pero el guión el único <em>género</em> que tiene es la película. <strong>Una novela</strong>, aunque luego no se publique, <strong>es algo acabado</strong> y <strong>un guión no es nada hasta que no está la película</strong>. Yo siempre le decía a <strong>Luis Megino</strong>, que es con el que más películas he hecho, que no había que escribir el guión, que había que escribir la película. La prueba es que en los guiones, por lo menos en los míos, las cosas sólo están apuntadas, porque el resto hay que <strong>guardarlo</strong> para la puesta en escena. Cuando leí el guión de <em>Viridiana</em> me di cuenta de que hay grandes películas que tienen guiones muy simples. En el guión estaba todo, <strong>Buñuel</strong> no se inventó nada. La escena de la cena de los mendigos estaba escrita, pero no se notaba, estuvo después en la película, en el guión se decía que había unos mendigos que comían, unos se colocaban a la derecha, otros en este lado, el ciego en el medio, la otra hacía la foto… pero no se decía que se recreaba el cuadro de Leonardo da Vinci, porque la película, realmente, la haces en el plató.</p>
<p><em>Desde que lo dijera Vázquez Montalbán nadie duda de tu condición de cronista de la Transición, ¿pero lo hacías conscientemente?</em></p>
<p>No. Creo que si fui o he sido cronista de la Transición es porque <strong>nunca lo quise ser</strong>. Cuando haces una película queriendo hacer periodismo, malo. Es justamente cuando haces otra cosa, cuando todo queda fijado. <strong>Balzac</strong> seguramente fue un crítico terrible de la burguesía naciente porque era un legitimista y no quería hacer aquello. Como dijo <strong>Marx</strong> le salía mejor la crónica social a Balzac que a Zola, porque <strong>Zola</strong> quiso hacer periodismo con las novelas. <em>Maravillas</em> (1980), por ejemplo, es una película sobre una chica muy especial, distinta a todas, que vive con un padre fotógrafo, pero no una crónica de chicos delincuentes y drogadictos, aunque ese mundo esté muy presente. Pienso que salen mejor las cosas cuando no intentas reducirlas a un hecho sociológico, sino que de alguna manera atrapas el <strong>espíritu</strong> de la época casi sin darte cuenta. No había en mi caso nada intencional.</p>
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<p style="text-align: right;"><em>El guión será un género literario, no digo que no, porque si no es literatura ¿qué es? Pero el único ‘género’ que tiene el guión es la película</em></p>
</blockquote>
<p><em>¿Tampoco en ‘Camada negra’?</em></p>
<p>A <em>Camada negra</em> (1977) se le reprochó que no era, como otras que se hicieron, una crónica de los Guerrilleros de Cristo Rey o de la extrema derecha. Una de las cosas que me criticaban es que no se sabía quién manejaba a los protagonistas, porque se manejaban <strong>a sí mismos</strong>. Hay una especie de <strong>componente biológico</strong> a lo largo de la historia que hace surgir el fascismo en momentos de debilidad democrática, pero yo no intentaba concatenar los hechos y hacer un relato histórico, sino dejar que aquellos fascistas hablasen por sí mismos, dar las razones del lobo. La izquierda no aceptó la película porque no era una película militante, y entonces se hacía mucho<strong> cine militante</strong>.</p>
<p><em>Algo parecido se te reprochó en tu última película, ‘Todos estamos invitados’.</em></p>
<p>Sí, dijeron que no se contaban las causas primeras de por qué había surgido <strong>ETA</strong>. Yo pienso que eso es una trampa y que el <strong>terrorismo</strong> tiene que ser reflejado como un hecho en sí mismo. Hacer historia del terrorismo es otra cosa, eso lo dejo a los historiadores, pero lo que yo creo que hay que criticar son los <strong>hechos</strong> y los <strong>resultados</strong>. Por muchos esfuerzos que hice para explicar que <em>Camada negra</em> y esta última película estaban emparentadas, nunca quisieron verlo, pero los terroristas de <em>Todos estamos invitados</em> son parientes de aquellos otros.</p>
<p><em>El terrorismo está presente también en ‘Sonámbulos’ (1978), y en tu primera novela aparece el 11-M…</em></p>
<p>Es curioso mi espíritu <strong>contradictorio</strong>, porque me repugna hablar del terrorismo y me da rabia hablar de algo que no me gusta. Debe de ser el miedo que me da. Seguramente lo hago para <strong>conjurar mis fantasmas</strong>.</p>
<p style="text-align: right;"><em> <strong>Fernando Palmero (<a href="https://twitter.com/fer_palmero" target="_blank">@fer_palmero</a>)</strong></em></p>
<p style="text-align: justify;"><em><a href="/wp-content/uploads/2016/06/Portada2731.jpg"><img class="alignleft wp-image-5682 " src="/wp-content/uploads/2016/06/Portada2731-768x1024.jpg" alt="Portada273" width="149" height="198" /></a><br />
Una versión de este artículo fue publicada en el número de junio de 2016, 273, de la Revista LEER. </em></p>
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		<title>En el humilde palacete de Krahe</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 15:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La publicación conjunta de su disco ‘Toser y cantar’ y de un riguroso estudio filológico sobre las formas poéticas y las influencias literarias y filosóficas en sus canciones a cargo de Miguel Tomás-Valiente sirvieron de pretexto a Fernando Palmero y Ana Lisis para colarse, a finales de 2010, en la casa de Javier Krahe, fallecido [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><em>La publicación conjunta de su disco ‘Toser y cantar’ y de un riguroso estudio filológico sobre las formas poéticas y las influencias literarias y filosóficas en sus canciones a cargo de <strong>Miguel Tomás-Valiente</strong> sirvieron de pretexto a <strong>Fernando Palmero</strong> y <strong>Ana Lisis</strong> para colarse, a finales de 2010, en la casa de<strong> Javier Krahe, fallecido el pasado domingo en Zahara de los Atunes</strong>, Cádiz, y husmear entre sus libros. <strong>Fue la ‘Biblioteca Fantástica’ del número de febrero de 2011 de LEER.</strong></em></p>
<p>En una de sus actuaciones, Javier Krahe confesó que uno de los trucos que tiene cuando no se le ocurre ningún tema para una canción es recurrir a la literatura. “Tengo unas estanterías con muchos libros clásicos, que no he leído, pero que me gusta tenerlos ahí porque me tranquiliza y digo, si quiero los leo”. Y efectivamente, en la entrada de su <em>humilde palacete</em> está la estantería, “una herencia de mi mujer, todos libros franceses, pero la inmensa mayoría no los he leído, porque a quién le apetece leer a <strong>Montaigne</strong>”.</p>
<p>El resto los tiene en otras dos bibliotecas, una en el salón, la principal, y otra en la habitación de su hija. No son muchos, los suficientes, porque no es Krahe un hombre de excesos (o sí) y porque no siempre las sombras se desvelan hurgando entre los libros. A veces, aunque <em>spinozista</em> confeso (“si acaso, me parecería válido el dios de <strong>Spinoza</strong>, que existe para explicar el hecho de que existan cosas, pero como Spinoza dice”, remata Krahe en <em>Charlas con un vago burlón</em>, ese dios “no tiene nada que ver con nosotros, no se preocupa en absoluto de si eres un asesino en serie o un santo”), a veces, digo/decía, Krahe lo ve todo mucho más claro en la <em>taberna de Platón</em>, donde “las sombras alzan vasos de sombra”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">Por sus canciones pasan Cervantes, Borges, Kafka, Homero, Fernando de Rojas, Valle-Inclán, Gerardo Diego, Jorge Manrique, Marcuse o Shakespeare</p>
</blockquote>
<p>A los que sólo conozcan al Krahe de las más irónicas canciones de su primera etapa y no hayan seguido toda su trayectoria, les extrañará encontrar en sus canciones de madurez una gavilla de autores con los que mantiene un fértil diálogo que le ha permitido firmar algunos de sus textos más brillantes. Por sus canciones pasan <strong>Cervantes</strong> (<em>Encefalogramas</em>), <strong>Borges</strong> (<em>Matilde Urbach</em>), <strong>Kafka</strong> (“Metamorfosis”), <strong>Homero</strong> (<em>Como Ulises</em>), Fernando de Rojas (<em>Cuerpo de Melibea</em>), <strong>Valle-Inclán</strong> (<em>Sonata de otoño</em>), <strong>Gerardo Diego</strong> (<em>El ciprés</em>),<strong> Jorge Manrique</strong> (<em>Asco de siglo</em>), <strong>Marcuse</strong> (<em>Eros y civilización</em>) o <strong>Shakespeare</strong> (<em>Abajo el alzheimer</em>); personajes bíblicos como Jacob, María Magdalena, Salomé o Esaú; hay homenajes a escritores suicidas como <strong>Woolf</strong>, <strong>Storni</strong>, <strong>Hemingway</strong> o <strong>Larra</strong> (<em>Nembutal</em>)… Y por supuesto sus queridos <strong>Lope de Vega</strong>, <strong>Quevedo</strong> y <strong>Gil Vicente</strong>.</p>
<p><em>Revista LEER: De los autores que pululan por sus canciones, ¿a cuál de todos ellos se siente más cercano?</em></p>
<p>Javier Krahe: A Jenofonte.</p>
<p><em>RL: Tomás-Valiente cita a Quevedo como uno de sus preferidos.</em></p>
<p>JK: No sé qué decir, poesía de Quevedo he leído bastante y prosa también, pero no es con el que yo más disfruto, quizá algunos poemas, sí, de los que más, pero me gusta más Góngora.</p>
<p><em>RL: Quizá sus canciones sean más quevedescas que gongorinas.</em></p>
<p>JK: Es que Quevedo, aparte de que algunas cosas le salían de forma insuperable, se atrevía a decir cada cosa a la que ahora mismo no se atreve nadie.</p>
<p><em>RL: Bueno, a usted le ha costado caro decir algunas cosas.</em></p>
<p>JK: Pero yo no he dicho ni la mitad que Quevedo. Y hay que tener en cuenta que él estuvo cuatro años en la cárcel en San Marcos de León, en una celda en la que el agua le llegaba hasta casi las rodillas. Así se quedó cojo para siempre. Fíjate, en el soneto al pedo de Quevedo, no es que hable del pedo, es que dice: “Cágome en el blasón de los monarcas / que se precian, cercados de tudescos, / de dar la vida y dispensar las Parcas. / Pues en el tribunal de sus greguescos, / con aflojar y comprimir las arcas, / cualquier culo lo hace con dos cuescos”. Es decir, se caga en el blasón de los Borbones y en su Corte alemana, eso hoy no lo dice nadie. Y esas cosas que se le ocurrían a Quevedo tan floridas: “La voz del ojo, que llamamos pedo / ruiseñor de los putos”. Esos hallazgos cómo no me van a gustar, además por el valor de publicarlo, porque había Inquisición, había un Rey, había Santa Hermandad, había de todo.</p>
<p><em>RL: ¿Y Lope de Vega?</em></p>
<p>JK: Junto con un par de poemas de Gil Vicente, uno de mis preferidos es de Lope: “Pobre barquilla mía / entre peñascos rota / sin velas, desvelada /, y entre las olas sola”. Y esos cuatro versos de Lope me gustan más que todo Quevedo. Ya me gustaría a mí haber escrito esa coplilla.</p>
<figure id="attachment_4317" style="width: 500px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-4317" src="/wp-content/uploads/2015/07/Foto-4.jpg" alt="Foto 4" width="500" height="606" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ricardo Torres.</figcaption></figure>
<p><em>RL: Dice Tomás-Valiente que la mayoría de sus canciones de amor son de amor desdichado.</em></p>
<p>JK: Claro que hay muchas más canciones de amor desdichado, porque es más emocionante escribirlas. En poesía ocurre lo mismo, ¿qué poeta hay alegre? Alguno en algún momento, como Jorge Guillén, pero tampoco es el que más ha destacado. O Baltasar de Alcázar, en el XVI. Los boleros o los tangos son todos desdichados también, los que tienen mucha letra, claro, los que tienen sólo música son muy divertidos. La mayoría de la gente no ha conocido a una chica a los 15 años y se ha pasado con ella toda su vida hasta morirse de viejecito, habrá conocido a más, digo yo, por lo tanto tiene que haber desdicha, aunque sea la de dejar a alguien, que es muy penoso… y que te dejen, ni te digo. Si uno ha conocido a más de una mujer en su vida tiene que haberle sucedido todo eso. Y eso hace una canción de amor desdichada, pero pasa el tiempo y lo que queda es un balance que puede ser muy dichoso. <em>El vals del perdón</em>, en este disco, ¿habla de amor desdichado? Y sin embargo ahí se refleja que ha habido de todo y que el amor se convierte también en otra cosa, porque no voy a sentir lo mismo a los 30 que a los 18, ni a los 30 que a los 50, y a saber lo que sentiré yo a los 80.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>No conocí a Brassens ni lo he visto cantar, pero a través de sus canciones es una de las personas que mejor he conocido en mi vida. Sé mucho mejor cómo era Brassens que cómo era mi padre</em></p>
</blockquote>
<p><em>RL: Ahora que cita esa canción, ¿le ha influido Leonard Cohen lo mismo que Brassens?</em></p>
<p>JK: En <em>El vals del perdón</em> digo, como Cohen, “este vals, este vals, este vals…”, por supuesto, pero las formas musicales de Cohen yo no las manejo, no sé cantar en sus tiempos. Como letrista, aunque no tanto como Brassens, me encanta, y al fin y al cabo eso es lo que acaba influyendo, que te guste muchísimo.</p>
<p><em>RL: ¿Su más clara deuda musical es con Georges Brassens?</em></p>
<p>JK: Sí, con diferencia de todo lo demás que yo pueda medir. Yo lo conocí, me refiero a su música, con 25 años, cuando ya debía de tener yo muchas influencias anteriores. Siempre digo que la primera canción que escuché fue <em>Cinco lobitos tiene la loba</em>, y supongo que es la que más me ha influido. De todas formas, antes de conocer a Brassens ya había escrito dos o tres canciones que eran <em>brasansianas</em>, pero yo no lo sabía. Estuve durante tres años estudiándolo una hora diaria y me impregné por completo.</p>
<p><em>RL: ¿Nunca lo conoció?</em></p>
<p>JK: No, ni lo he visto cantar, pero para mí Brassens está en los discos. No me importa nada, porque conocer a las personas es una lotería, igual te gustan o igual no te gustan nada, y sin embargo lo que han hecho sí que te gusta. O igual tiene un mal día porque le duele una muela y te manda a la mierda. Pero a través de sus canciones es una de las personas que mejor he conocido en mi vida. Sé mucho mejor cómo era Brassens que cómo era mi padre.</p>
<p><em>RL: Y también le ha quedado de él ese rechazo por el mundo de la política: “Morir por las ideas, sí, pero de muerte lenta”.</em></p>
<p>JK: Vitalmente para mí también es un maestro, lo que pasa es que yo soy consciente de dónde venían sus influencias vitales y de dónde traigo yo las mías. Él era de un pueblo, de padre albañil, y de chavalín debía de ser muy listo, porque a los 18 años se larga a París, se lee toda la literatura francesa y tiene una vida de obrero, casi de <em>clochard</em>. Bueno, pues eso es inimaginable para mí y eso tiene que marcar mucho. Yo vengo de una familia bien, soy de ciudad desde que nací. Brassens todavía me influye mucho pero ya sin pensar, porque como lo incorporé… De hecho, combato esa influencia a menudo, no del todo, pero a menudo hago canciones que no son nada <em>brasansianas</em>. Este último disco, sin embargo, sí tiene mucho de <em>brasansiano</em>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>Hay dos formas de escribir, como hay dos formas de pintar, que son muchísimas más; pero están los que desparraman y los que, al revés, hacen más orfebrería, los que contienen</em></p>
</blockquote>
<p><em>RL: Escribió Javier Rioyo que usted es el “hijo natural, ilegal y díscolo de un imposible matrimonio entre Brassens y Boris Vian”.</em></p>
<p>JK: De Boris Vian yo diría que no. Conozco sus cosas y me han divertido sus canciones, pero no creo que me haya influido nada. Me ha influido más Concha Piquer que Boris Vian. O Renato Carosone, porque de Boris Vian, aparte de las novelas, que son interesantes, lo suyo con las canciones es de un ingenio enorme, y de una indulgencia también enorme. Todas sus canciones tienen una idea muy interesante y la desarrolla, pero a trancas y barrancas, cosa que es lógica, porque escribía las canciones generalmente en dos horas. Se iba a un estudio de grabación con su amigo el músico, que le decía “he hecho esta música”; y Boris Vian se sentaba en el estudio, escribía una letra y la grababa. Teniendo en cuenta todas sus actividades, lo veo muy lógico. Yo, a estas alturas, entre las que he tirado y las que no he tirado, habré escrito 220 o así, no sé bien, no creo que lleguen a 250, pero he grabado sólo unas 130. Boris Vian hizo 400 y además escribía novela, obras de teatro, óperas y tocaba la trompeta en una orquesta de <em>jazz</em>. Pero es que además corría <em>rallyes</em> automovilísticos, trabajaba de ingeniero para una gran empresa que construía diques en Holanda y tiene la patente de un neumático. Además, ligaba, se pasaba de tertulia casi todas las tardes y murió muy joven. ¡Qué barbaridad, de dónde sacaría el tiempo! Yo creo que hay dos formas de escribir, como hay dos formas de pintar, que son muchísimas más, pero están los que desparraman y los que, al revés, hacen más orfebrería, los que contienen. Para mí Picasso es de los que desparraman, y sin embargo es mi pintor favorito; Bob Dylan desparrama; Leonard Cohen contiene. Y encuentro que las dos formas son válidas porque dependen del resultado. En el caso de Boris Vian, que desparrama, me parto de la risa cuando veo versos malísimos que ha puesto para completar la canción, la típica faena de aliño. El personaje me seduce mucho, pero no cómo escribe las canciones.</p>
<figure id="attachment_4327" style="width: 455px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-4327" src="/wp-content/uploads/2015/07/Foto-3-736x1024.jpg" alt="Foto 3" width="455" height="633" /><figcaption class="wp-caption-text">Un rincón de la biblioteca de Krahe.</figcaption></figure>
<p><em>RL: Tomás-Valiente relaciona algunos juegos disparatados de sus canciones con George Perec, como en ‘Las antípodas’.</em></p>
<p>JK: Sí, pero no sé por qué justo con esa canción.</p>
<p><em> RL: </em><em>Por utilizar sólo esdrújulas.</em></p>
<p>JK: Pero eso es muy poco <em>perequiano</em>. Si te fijas en la zarzuela <em>El Rey que rabió</em>, el coro de doctores canta: “Juzgando por los síntomas / Que tiene el animal, / Que puede estar hidrófobo, / O puede no lo estar”. Casi hay uno por verso. Siempre se ha jugado con esdrújulas. Precisamente, la esdrújula no tiene dificultad ninguna, y lo que se propone Perec siempre es muy dificultoso. Yo he hecho bastantes palíndromos, que eso sí presenta dificultad; poner esdrújulas, ninguna.</p>
<p><em>RL: ¿Pero está de acuerdo con su referencia a Perec?</em></p>
<p>JK: Sí, me gusta, pero he leído pocos libros de él. El que más me ha gustado es <em>La vida. Instrucciones de uso.</em> Me quedé exhausto, y me dije “vamos a dejar un poco a este Perec”. Luego me leí el librito <em>El gran palíndromo</em> y me pareció un juego disparatado. Yo no sé si Miguel lo sabe, lo que pasa es que lo habré mencionado alguna vez, porque el OuLiPo siempre me fascinó… bueno, no, porque generalmente las cosas a mí no me fascinan, pero me interesó lo suficiente en un tiempo. Al OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle) iban bastantes escritores, como Raymond Queneau, y jugaban, y a eso le llamaban literatura potencial, de forma que si tú te obligas a algo, la dificultad de encontrar soluciones te permite algunos hallazgos.</p>
<p><em>RL: Sí, como los versos pentasílabos de “Pues… nada, hombre”, o en “Minimal de amor”, donde los versos tienen sólo tres sílabas.</em></p>
<p>JK: Y ésa es la dificultad, decir una frase y que sea correcta, cosa que a Perec le da lo mismo. Yo he disfrutado más con Salgari, que no se planteaba esas cosas.</p>
<p><em>RL: ¿Hay una referencia a Kavafis en ‘Como Ulises’?</em></p>
<p>JK: No, es una referencia a <em>La Odisea</em> directamente, y si acaso tiene una referencia nada explícita a Kazantzakis, que tiene una odisea en la que el personaje vuelve a Ítaca y cuando lleva tres meses está aburridísimo y se va.</p>
<p><em>RL: ¿Le gusta Kavafis?</em></p>
<p>JK: Sí, pero no para escribir canciones. Una vez intenté escribir una canción inspirada en uno de sus poemas, el de los bárbaros, porque había leído en un periódico que había no sé qué asteroide monstruoso que a lo mejor un día se estrellaba contra la Tierra y nos destruía, y como en su poema Kavafis dice que los bárbaros no entienden de retórica, pensé: el asteroide tampoco entiende de retórica. Pero resulta que manteniendo lo del asteroide la canción salía muy aburrida.</p>
<p><em>RL: Y cuando todo da lo mismo, “por qué no hacer alpinismo”…</em></p>
<p>JK: Aparte de la canción del Himalaya, he escrito otra, que no está en el disco porque la he escrito este verano, con la que estoy muy satisfecho. Empieza diciendo: “Sólo simbólicamente aún emprendo escaladas…”.</p>
<p> </p>
<h4>Reflexiones sobre ‘De mil amores’</h4>
<p><a href="/wp-content/uploads/2015/07/De-mil-amores.jpg"><img class="alignleft wp-image-4329" src="/wp-content/uploads/2015/07/De-mil-amores.jpg" alt="De mil amores" width="350" height="478" /></a>En alguna ocasión, Javier Krahe se ha <em>quejado</em> de que se tomen demasiado en serio sus canciones o de que incluso las consideren poemas. En <em>Charlas con un vago burlón</em>, una conversación con Paloma Leyra editada por 18 Chulos Records, afirma que “las canciones entretienen, forman parte de la cultura del ocio”; y concluye: “La canción es un género frívolo y me parece muy bien que sea así”. Frívolo o no, género mayor o menor, el caso es que Miguel Tomás-Valiente ha considerado la obra de Krahe (unas 130 canciones grabadas, muchas de las cuales están recogidas en un tomo  editado por Visor) lo suficientemente literaria como para diseccionarla con su bisturí de filólogo, descubrir los juegos de rimas y estrofas y buscar los referentes ocultos que se esconden bajo la apariencia de la sencillez y el efectismo. Y el resultado, como siempre que un trabajo está hecho con rigor y minuciosidad, es sorprendente. “En cuanto comencé –reconoce Tomás-Valiente en el prólogo–, la gran cantidad de sugerencias que encierran las canciones de Krahe; la profusión de referencias a otros autores, personajes, lugares…; la exuberancia de juegos de palabras, metáforas e ironías; la exquisita selección de cada palabra… hicieron imposible que el trabajo quedase en liviano”. No podía ser de otra forma, porque cada una de las canciones de Krahe está trabajada, o <em>acariciada</em> como le gusta él decir, hasta el extremo. Por eso, reiterando que él no es poeta, reivindica la dignidad de la canción como género literario.</p>
<p><em>RL: Miguel en su libro dice que usted es poeta.</em></p>
<p>JK: Está empeñado, sí, pero si uno puede apreciar la poesía es porque le puede causar unas emociones de un nivel muy alto, y eso la canción también lo da. No veo por qué los poetas se adjudican una superioridad sobre los letristas de canciones. Yo lo hablé con Ángel González y me dijo: “Tienes toda la razón, la poesía no es canción y la canción no es poesía. Yo he intentado escribir canciones y no me salen”. Pero claro, como son parientes, luego puede venir Paco Ibáñez y hacer unas canciones muy bonitas con los poemas, pero en general, se nota que son poemas. Además, yo no escribiría como escribo si hiciera poesía, no soporto la rima, a estas alturas del siglo XX… Aún no podemos decir XXI, porque estamos empezando.</p>
<p><em>RL: A algunas de sus canciones Miguel las llama canciones-teatro. ¿Está de acuerdo?</em></p>
<p>JK: Sí, porque creo que además lo demuestra. Yo apenas había pensado en eso, pero al leerlo me di cuenta de que tiene razón Miguel, son canciones que están planteadas como obras de teatro. La más explícita es <em>Orfidal</em>, pero también <em>Pues… nada hombre</em>, y otras muchas, porque como él lo ha estudiado a fondo lo sabe mejor que yo. Pero os diré que estoy absolutamente disconforme con la interpretación de <em>La perversa Leonor</em>, porque como en la canción se dice que “algunas veces acaricio y mimo su ropa interior”, Miguel se atreve a decir que yo me pongo ropa interior femenina, pero ni se me pasó por la cabeza, tocarla sí, pero ponérmela… Estoy muy disconforme, porque en mí sería una aberración.</p>
<p>Quizá por eso, cuando nos vio aparecer con el libro se puso en guardia. “Si queréis saber algo del libro le preguntáis a él, que lo ha escrito. Yo ya me lo encontré hecho y con las ilustraciones, no tuve arte ni parte. Un día me llegó Miguel y me dijo: ‘Mira, entre Octavio [Colis] y yo hemos hecho esto para ti, haz lo que quieras con él’. ‘¿Y esto qué es?’. Y me dijo: ‘No, es que como tengo insomnio, y como para entretenerme en las vacaciones escuchaba tus canciones, me dije voy a estudiarlas, y me salió un libro’. Y lo pensé y dije vale, me lo quedo yo y estoy muy contento de tenerlo, pero como tengo algunos seguidores, no demasiados, que les interesan esas cosas, me decidí a publicarlo”.</p>
<p> </p>
<p>(<em>De mil amores. Reflexiones sobre las canciones de Javier Krahe</em>, de Miguel Tomás-Valiente y Octavio Colis. Edita <a href="http://www.18chulos.com/" target="_blank">18 Chulos Records</a>).</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>FERNANDO PALMERO / ANA LISIS</em></strong></p>
<p style="text-align: left;"><em>La Biblioteca Fantástica de Javier Krahe fue publicada originalmente en el número de febrero de 2011, 219, de la Revista LEER.</em></p>
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		<title>leer en abril: Cómo ser Miguel de Cervantes</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Apr 2015 12:27:23 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Cervantes]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El pasado 17 de marzo, durante la presentación en <strong>Espacio LEER</strong> de <em>Desaprendizajes</em>, su último poemario, <strong>José Manuel Caballero Bonald</strong> valoraba, a preguntas de los periodistas, el presunto hallazgo de los restos de<strong> Cervantes</strong> que a esa misma hora se anunciaba en rueda de prensa y concitaba todo el interés informativo. <strong>“Lo importante es hacer justicia a la persona, no a sus restos”</strong>, consideraba con sensatez el premio Cervantes 2012.</p>
<p>En vísperas de señalados aniversarios –<strong>cuatro siglos de la segunda parte del Quijote, y en 2016 del Persiles y de su muerte</strong>–, las operaciones forenses en las Trinitarias ponen de actualidad al primer escritor español. Algo que dice mucho de las prioridades políticas en año electoral y de cierta sospechosa necrofilia de unos medios y una sociedad que por lo general, al margen de los tópicos quijotescos, viven de espaldas a la verdad profunda de la imponente obra de Cervantes.</p>
<p>En este contexto, y con la intención de someter la realidad y el paisaje cultural de la España de hoy a algo parecido al penetrante escrutinio cervantino, desde LEER nos preguntamos <strong>¿cómo sería, qué escribiría el genio si viviera aquí y ahora?</strong> Nos ponemos con la esperanza de contagiarnos de su lucidez y espíritu crítico; y se la tendemos a un puñado de destacados escritores que se han prestado a un juego que sintoniza con la chamánica afición cervantina a las máscaras y sus dionisíacos efectos señala <strong>David Hernández de la Fuente</strong> en un excelente artículo que publicamos en las siguientes páginas, e interpreta gráficamente <strong>David Pintor</strong> en su magnífica ilustración de portada y en la máscara recortable que ofrecemos en páginas interiores. Uno de los muchos de este número consagrado a quien sigue marcando la creación literaria en castellano, ahora incluso como tema: así lo demuestran <a href="http://www.juaneslavagalan.com/"><strong>Juan Eslava Galán</strong> </a>en su última novela, <em>Misterioso asesinato en casa de Cervantes</em>, <a href="http://www.planetadelibros.com/premios-premio-primavera-de-novela-17.html"><strong>Premio Primavera 2015</strong></a>, y <strong>Luis García Jambrina</strong> en<a href="http://www.edicionesb.com/catalogo/autor/luis-garcia-jambrina/1102/libro/la-sombra-del-otro_3324.html"><em> La sombra de otro</em></a>, ejemplos de literatura popular de calidad que se acoge a la fascinación por los claroscuros del apaleado autor. Todo ello sin olvidar que<strong> también este año, como señala Javier Huerta</strong> <strong>en su encomio del Cervantes dramaturgo, se cumplen cuatro siglos de la publicación de <em>Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados</em></strong>.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2015/04/PORTADA_LEER_2611.jpg"><img class="alignleft wp-image-3961" src="/wp-content/uploads/2015/04/PORTADA_LEER_2611-768x1024.jpg" alt="PORTADA_LEER_261" width="345" height="460" /></a>Es la ofrenda de LEER a Cervantes –complementada con otros muchos temas y las secciones habituales– en el mes del <strong>Día del Libro</strong>, que por décimo año será <strong>La Noche de los Libros en Madrid</strong>. La revista se suma una vez más a la ingente programación con un encuentro en Espacio LEER que reunirá a algunos de los autores de la llamada <strong>#G30LEER</strong>, la nómina de escritores en la treintena que protagonizó nuestra <a href="/2015/01/g30leer/">portada de febrero</a>. <strong>Nos vemos el día 23 de abril</strong>. <strong>Entretanto, disfruten de LEER. </strong></p>
<p><strong>*El número 261 de LEER correspondiente al mes de abril de 2015 ya está en quioscos y librerías de toda España, pero también pueden </strong><a href="/contacto/"><strong>solicitarlo</strong></a><strong> o, mejor aún, </strong><a href="/suscribete/"><strong>suscribirse</strong><strong>. </strong></a></p>
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