<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Revista leer &#187; El mundo del libro</title>
	<atom:link href="/seccion/el-mundo-del-libro/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://revistaleer.com</link>
	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
	<lastBuildDate>Thu, 23 Dec 2021 15:03:25 +0000</lastBuildDate>
	<language>es-ES</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=4.1.34</generator>
	<item>
		<title>Francia, la república del libro</title>
		<link>https://revistaleer.com/2019/03/francia-la-republica-del-libro/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2019/03/francia-la-republica-del-libro/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 27 Mar 2019 15:03:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Óscar Caballero]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[El mundo del libro]]></category>
		<category><![CDATA[Antoine Blondin]]></category>
		<category><![CDATA[Apostrophes]]></category>
		<category><![CDATA[Aurélie Filippetti]]></category>
		<category><![CDATA[Azzedine Alaïa]]></category>
		<category><![CDATA[Baroque sarabande]]></category>
		<category><![CDATA[Bernard Pivot]]></category>
		<category><![CDATA[Bibliofilía]]></category>
		<category><![CDATA[BNF]]></category>
		<category><![CDATA[bouquinistes]]></category>
		<category><![CDATA[Chanel]]></category>
		<category><![CDATA[Christiane Taubira]]></category>
		<category><![CDATA[Delamain]]></category>
		<category><![CDATA[Delphine Bouétard]]></category>
		<category><![CDATA[Élodie Mielczareck]]></category>
		<category><![CDATA[Emmanuel Carrère]]></category>
		<category><![CDATA[Emmanuel Macron]]></category>
		<category><![CDATA[Femina]]></category>
		<category><![CDATA[Francia]]></category>
		<category><![CDATA[François Busnel]]></category>
		<category><![CDATA[François Hollande]]></category>
		<category><![CDATA[Françoise Mitterrand]]></category>
		<category><![CDATA[Gallimard]]></category>
		<category><![CDATA[Goncourt]]></category>
		<category><![CDATA[Ici]]></category>
		<category><![CDATA[Interallié]]></category>
		<category><![CDATA[Jack Lang]]></category>
		<category><![CDATA[Jean d'Omersson]]></category>
		<category><![CDATA[Jean Prouvé]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Lagerfeld]]></category>
		<category><![CDATA[Karl Marx]]></category>
		<category><![CDATA[La Hune]]></category>
		<category><![CDATA[Les Inrockuptibles]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Codet]]></category>
		<category><![CDATA[Louis Vuitton]]></category>
		<category><![CDATA[Lucette Destouches]]></category>
		<category><![CDATA[Manuel Valls]]></category>
		<category><![CDATA[Marcel Aymé]]></category>
		<category><![CDATA[Marcel Proust]]></category>
		<category><![CDATA[Maurice Latrâche]]></category>
		<category><![CDATA[Médicis]]></category>
		<category><![CDATA[Michel Houellebecq]]></category>
		<category><![CDATA[Nelly Kaprièlian]]></category>
		<category><![CDATA[Patrick Besson]]></category>
		<category><![CDATA[Pierre Bergé]]></category>
		<category><![CDATA[Renaudot]]></category>
		<category><![CDATA[Robert Darnton]]></category>
		<category><![CDATA[Un homme dans la poche]]></category>
		<category><![CDATA[Un Tour de France littéraire]]></category>
		<category><![CDATA[Virginie Despentes]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=8599</guid>
		<description><![CDATA[La religión del libro es francesa. Si Richard Ford, viajero inglés del siglo XIX, lamentó que la burguesía española careciera en sus mansiones de biblioteca y bodega, cuando una copla se jactaba de que «Madrid, ciudad bravía / tiene 300 tabernas / y ninguna librería», Francia en general, y París en particular, hacen de biblioteca [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La religión del libro es francesa.</strong> Si <strong>Richard Ford</strong>, viajero inglés del siglo XIX, lamentó que la burguesía española careciera en sus mansiones de biblioteca y bodega, cuando una copla se jactaba de que «Madrid, ciudad bravía / tiene 300 tabernas / y ninguna librería», Francia en general, y París en particular, hacen de biblioteca y bodega signos internos de riqueza. Y de las librerías polos culturales, en París como en pueblos aislados, donde ofician a veces de café y centro de recepción de correo y paquetes.</p>
<p>El libro mueve en Francia 4.000 millones de euros, con pico a fin de año gracias a que entre noviembre y diciembre son proclamados los más importantes entre los 2.500 premios literarios anuales. Y a que los <a href="https://www.academiegoncourt.com" target="_blank"><strong>Goncourt</strong></a>, <strong>Renaudot</strong>, <strong>Médicis</strong>, <strong>Femina</strong>, <strong>Interallié</strong> –lauros a libro publicado, <strong>venden de 30.000 a 350.000 ejemplares</strong>– cuelgan del árbol. Porque un libro es el regalo más usual de la Navidad francesa.</p>
<p>En el Metro de París hay ojos clavados en mini pantallas; pero también abundan lectores de libros. De todas las edades. El Centro Nacional del Libro divulgó en junio de 2018 el resultado de <a href="https://www.centrenationaldulivre.fr/fr/actualites/aid-1363/j_avais_20_ans_et_je_ne_laisserai_personne_dire_que_je_ne_lisais_pas" target="_blank">una encuesta sobre «lectura de los franceses de 15 a 25 años»</a>. El 86 por ciento de los entrevistados leía <strong>una media de 13 libros al año</strong>.</p>
<p>«Si son muchos quienes leen en el marco de sus estudios, la mayor parte de los jóvenes lo hace también por gusto personal». (Ahí ganan las chicas). Entre las lecturas favoritas, géneros muy franceses: historieta, fantástico, ciencia ficción y policial. Sin olvidar que son los mayores lectores europeos de mangas. Los jóvenes son los propios prescriptores de sus lecturas. Para los adultos, revistas literarias de quiosco (<a href="https://www.nouveau-magazine-litteraire.com" target="_blank"><em>Magazine Littéraire</em></a>, <a href="https://www.nouvelle-quinzaine-litteraire.fr" target="_blank"><em>La Quinzaine</em></a>, <a href="https://www.books.fr" target="_blank"><em>Books</em></a>, <a href="https://www.lire.fr" target="_blank"><em>Lire</em></a>), suplementos y páginas de periódicos y revistas, incluidas las llamadas femeninas. Y la televisión, que tras las dos décadas de reinado de <strong>Bernard Pivot</strong> (<em>Apostrophes </em>y otras), cuenta hoy con otro vendedor de libros, <strong>François Busnel</strong> y su programa semanal <a href="https://www.france.tv/france-5/la-grande-librairie/" target="_blank"><em>La Grande Librairie</em></a>.</p>
<p>Recién elegido presidente, <strong>Emmanuel Macron</strong> convocó dos funerales nacionales. Si el primero se justificaba por la popularidad del difunto –<strong>Johnny Hallyday</strong>, la mayor estrella del rock francés–, el segundo sorprendió fuera de su país. Un adiós a <strong>Jean d’Ormesson</strong>, estrella… literaria. En Invalides, donde es más frecuente despedir héroes de guerra, Macron revisó la obra del escritor, consagrado en vida por <a href="http://www.la-pleiade.fr/Auteur/Jean-d-Ormesson" target="_blank">La Pléiade</a>, la colección de Gallimard que imprime carácter. Y depositó un lápiz sobre el ataúd, un detalle amplificado por todas las televisiones.</p>
<figure id="attachment_8605" style="width: 500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8605 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/03/macron-e1553694629993.jpg" alt="macron" width="500" height="761" /><figcaption class="wp-caption-text">Emmanuel Macron honrando a D’Ormesson. Funeral de Estado para el escritor y académico.</figcaption></figure>
<h5><strong>Biodiversidad librera</strong></h5>
<p>Como d’Ormesson murió académico y la <a href="http://www.academie-francaise.fr" target="_blank">Academia</a> está en el Quai de Conti, foco sobre un gremio propio de París: los <em><a href="https://es.parisinfo.com/shopping-es/73937/Les-bouquinistes-de-Paris" target="_blank">bouquinistes</a> </em>(<em>bouquin</em>es libro en lenguaje familiar). Exactamente 210 libreros de viejo que comercializan unos 300.000 libros de ocasión.</p>
<p>Sintomático: en los grandes bulevares acaba de abrir <a href="https://www.icigrandsboulevards.fr" target="_blank">Ici</a>, con sus 500 metros cuadrados y 70.000 volúmenes <strong>la mayor librería independiente de la capital</strong>. Fenómeno inusual en la era Amazon, de donde proviene una de las dos propietarias. Y porque además «esta vez una librería reemplaza una tienda de ropa y no lo contrario», como subraya <strong>Delphine Bouétard</strong>, la otra protagonista de la aventura y a su vez ex de Virgin, otra mega librería, cerrada el 2013 en los Campos Elíseos.</p>
<p>Pero si Francia cuenta 3.300 librerías independientes es porque bajo <strong>Mitterrand</strong> (lector empedernido, amplió la Biblioteca nacional con cuatro torres que hoy llevan su nombre) <strong>Jack Lang</strong>, ministro de Cultura, instituyó la ley del precio único del libro. Alemania, que la copió poco después, es el único país europeo que comparte con Francia esa buena salud de la librería independiente.</p>
<p>Músculo para guerrear con Amazon, gracias a su <a href="https://www.librairiesindependantes.com" target="_blank"><em>librairiesindependantes.com</em></a>, que promete «en un click, 700 librerías y 20 millones de libros a dos pasos». Independiente y añeja es <a href="https://www.librairie-delamain.com" target="_blank"><strong>Delamain</strong></a>, en el 155 rue Saint-Honoré, frente a la plazoleta Colette. Inaugurada en 1708 observa, benévola, a la también emblemática <a href="http://www.la-hune.com" target="_blank">La Hune</a>. Fundada en 1949, desplazada el 2015 de su legendaria esquina de Saint-Germain-des-Prés por una marca de lujo, reabrió metros más allá. El 16 de noviembre del 2016 fue devastada por un incendio, pero ha vuelto en 2018.</p>
<blockquote><p>«Cuanto más se impone la desmaterialización, más fuerte es la carga simbólica del libro en Francia», explicó a ‘Le Monde’ la semióloga Élodie Mielczareck</p></blockquote>
<p><strong>El libro es en Francia consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos. Por eso las marcas de lujo lo respetan.</strong> Si Louis Vuitton edita cuidadas <a href="https://es.louisvuitton.com/esp-es/hombre/city-guides/_/N-1ahw1gfZ1aeerxj/to-2" target="_blank"><em>city guides</em></a>, su compañero de nivel y de grupo, Loewe, se ha lanzado a la edición bajo el lema <a href="https://www.loewe.com/eur/es/loewe-classics?country=ES" target="_blank"><em>taketimetoread</em></a>: tómese tiempo para leer. Lo anuncian en sus carteles el actor Josh O’Connor y la modelo <strong>Stella Tennant</strong>, absortos en la lectura de <em>Don Quijote </em>y <em>Madame Bovary</em>, dos de los seis clásicos que reedita la marca, por una vez, española.</p>
<p>En julio pasado, en el <a href="https://youtu.be/e9ujHJJWb5w" target="_blank">desfile Chanel otoño-invierno</a>, el recientemente fallecido <strong>Karl Lagerfeld</strong>, que cuenta con <a href="http://www.librairie7l.com" target="_blank">librería propia</a>, reconstruyó la Academia Francesa y puestos de <em>bouquinistes </em>llenos de falsos libros de y sobre <strong>Coco Chanel</strong>. Otras marcas prestigiosas recurren al libro –las cubiertas blancas con títulos rojos de <a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Blanche" target="_blank">La Blanche de Gallimard</a>, por ejemplo– como decorado que realza productos. «Cuanto más se impone la desmaterialización, más fuerte es la carga simbólica del libro en Francia», explicó a <em>Le Monde </em>la semióloga <strong>Élodie Mielczareck</strong>. Porque «los libros simbolizan un movimiento <em>slow life</em>».</p>
<p>El 13 de diciembre, récord mundial en París: una primera edición de <em>Por el camino de Swann </em>(1913), de <strong>Marcel Proust</strong>, salió por millón y medio de euros en la subasta de la biblioteca de <strong>Pierre Bergé</strong>, pilar de la moda. Como el modista <strong>Jean Prouvé</strong>, antes, o el también fallecido <strong>Azzedine Alaïa</strong>, quien dejó instrucciones para que su tienda del Marais <a href="https://goo.gl/maps/s7Abi6GNpiP2" target="_blank">se convirtiera en librería</a>, Bergé incurrió en bibliofilia. Rentable porque <strong>lo invertido vuelve en billetes o en prestigio</strong>. Como la subasta de los 683 volúmenes de la biblioteca personal de Mitterrand, que dejó millón y medio de euros pero innumerables páginas cultas. Otro récord, en subasta capital: la del contrato de edición de <strong>Karl Marx</strong>, para el primer tomo de <em>Le Capital</em>, publicado el 14 de septiembre de 1867 por <strong>Maurice Latrâche</strong>. Con una estimación de 25.000 euros el contrato arrancó 121.600. Y 160.000 las cartas de Marx al editor, que revelan que el autor exigía «un precio módico para que el libro esté al alcance de gente con pocos medios». Ironías de la historia, cartas y contrato baten récords en ese deporte de ricos.</p>
<figure id="attachment_8614" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8614" src="/wp-content/uploads/2019/03/00-story-alaia-e1553698535619.jpg" alt="La tienda del Marais del modista Azzedine Alaïa convertida en librería." width="800" height="534" /><figcaption class="wp-caption-text">La tienda del Marais del modista Azzedine Alaïa convertida en librería.</figcaption></figure>
<h5><strong>Política ilustrada</strong></h5>
<p>Pero subastas, lectores y bibliófilos aportan la evidencia de que <strong>nadie pasa a la historia, en Francia, sin exhibir biblioteca</strong> –e incluso, como Mitterrand, ensayos con su firma–. «La libra es una buena moneda. El libro también. La prueba: la mayor parte de los políticos publican uno. Sobre todo cuando han perdido su empleo por un desastre electoral. Antes no tenían tiempo: su negro –ahora se llama <em>pluma</em>, por corrección– debía redactarles discursos», ironiza el novelista <strong>Patrick Besson</strong>. De hecho, <strong>François Hollande</strong>, cuyo hundimiento en las encuestas le hizo desistir de buscar una segunda elección –primera renuncia de ese tipo en la V República–, bate récords de venta con su <em><a href="https://www.editions-stock.fr/livres/essais-documents/les-lecons-du-pouvoir-9782234084971" target="_blank">Les leçons du pouvoir</a> </em>(<em>Lecciones del poder</em>). Y congrega multitudes en cada firma de ejemplares.</p>
<p>Ex ministra de Justicia, <strong>Christiane Taubira</strong> suele mechar sus discursos, entrevistas y conversaciones con citas de sus <em>amigos</em>, como los llama: <strong>Toni Morrison</strong>, <strong>René Char</strong>, <strong>Aimé Césaire</strong>, <strong>Antonio Machado</strong>, algunos de los autores «que me ayudan a conservar la esperanza frente a la estupidez en armas». Y los congrega en su libro <a href="https://www.pasajeslibros.com/libros/baroque-sarabande/9782848766959/" target="_blank"><em>Baroque sarabande </em></a>(<em>Zarabanda barroca</em>). Otra ministra de Hollande, <strong>Aurélie Filippetti</strong>, descendiente de inmigrantes italianos como su apellido indica, aureolada por explícitas escenas sexuales de su primera novela, <em><a href="https://www.editions-stock.fr/livres/la-bleue/un-homme-dans-la-poche-9782234059054" target="_blank">Un homme dans la poche</a> </em>(<em>Un hombre en el bolsillo</em>; 2007), cuando llegó al ministerio que dejaría con portazo a Hollande y a su primer ministro, <strong>Manuel Valls</strong>, reincidió con <a href="https://www.fayard.fr/litterature-francaise/les-ideaux-9782213709444" target="_blank"><em>Les Idéaux</em></a>. Esos ideales heredados del abuelo minero articulan, en más de quinientas páginas, una novela que es, también, una crítica del poder.</p>
<p>Leer es deporte antiguo en Francia. En <em><a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/NRF-Essais/Un-tour-de-France-litteraire" target="_blank">Un Tour de France littéraire</a> </em>(Gallimard, 2018) el norteamericano <strong>Robert Darnton</strong> evoca los editores, libreros y vendedores ambulantes de libros que llenaban las bibliotecas de las Luces. <strong>Robespierre</strong> mama virtud republicana en <strong>Montesquieu</strong>. Y <strong>Rousseau</strong> le inspira «la voluntad general». Desde Suiza, la Société typographique de Neuchâtel difundía en los 1760 las obras de <strong>Voltaire</strong> y <strong>Diderot</strong> y las novelas «ilícitas y/o subversivas» de <strong>Choderlos de Laclos</strong> o <strong>Restif de la Bretonne</strong>. A caballo, su representante, <strong>Jean-François Favarger</strong>, recorría librerías de todo Francia. Es el imperio de las letras que impregna los capítulos parisinos de <a href="http://www.perezreverte.com/libro/639/hombres-buenos/" target="_blank"><em>Hombres buenos</em></a>, de <strong>Arturo Pérez-Reverte</strong>.</p>
<blockquote><p>Tras las dos décadas de reinado de Bernard Pivot, la televisión cuenta hoy con otro ‘vendedor de libros’, François Busnel y su programa semanal ‘La Grande Librairie’</p></blockquote>
<p>En el siglo XIX el escritor se convierte en institución. «Los periódicos fueron esenciales para profesionalizar al escritor gracias a los folletones, que arrancan en 1836» (con uno de <strong>Balzac</strong>, por cierto). Y si <strong>Dumas</strong> o Balzac huyen a menudo de sus acreedores es porque han ganado, y despilfarrado, millones. Los procesos a <strong>Flaubert</strong> por <em>Madame Bovary</em>, a <strong>Baudelaire</strong> por <em>Las Flores del Mal</em>, dividen a Francia. El escritor como voz autorizada gana sus galones gracias al <em>Yo acuso</em>, de <strong>Zola</strong>, en primera plana del diario, el 13 de enero de 1898. Medio siglo más tarde, en el semanario <em>L’Express</em>, <strong>François Mauriac</strong> denuncia la tortura que practicaban los paracaidistas franceses en Argelia. Si, a la derecha, <em>Le Figaro </em>contó entre sus decenas de firmas de escritores la de <strong>Marcel Proust</strong> y <strong>Jean d’Ormesson</strong> dirigió el periódico, a la izquierda, <em>Libération </em>contó con el paraguas protector de <strong>Jean-Paul Sartre</strong>. El semanario <em><strong>Les Inrockuptibles</strong> </em>logró sus mejores ventas con los números que confió a <a href="https://www.lesinrocks.com/sommaire/1121/" target="_blank"><strong>Virginie Despentes</strong></a> o a <a href="https://www.lesinrocks.com/sommaire/1073/" target="_blank"><strong>Michel Houellebecq</strong></a>. Además de complacerse en «subrayar una obviedad: los escritores saben escribir», <strong>Nelly Kaprièlian</strong>, directora de las páginas literarias, les encuentra otras virtudes. Por ejemplo, «saben construir un relato en el que la idea es un hilo rojo, están a gusto en los formatos largos y aportan una mirada, una reflexión personal, subjetiva». Y el primer <em>mook </em>–cruce de <em>magazine </em>y <em>book</em>, libro–, <a href="http://www.revue21.fr" target="_blank"><em>XXI</em></a>, confió varios reportajes de fondo a <strong>Emmanuel Carrère</strong>.</p>
<figure id="attachment_8618" style="width: 600px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/03/1074-couvpremium-e1553698789151.jpg"><img class="size-full wp-image-8618" src="/wp-content/uploads/2019/03/1074-couvpremium-e1553698789151.jpg" alt="'Les Inrockuptibles' supervendió el número 'dirigido' por Houellebecq." width="600" height="800" /></a><figcaption class="wp-caption-text">“Les Inrockuptibles” supervendió el número “dirigido” por Houellebecq.</figcaption></figure>
<h5><strong>Santuarios literarios</strong></h5>
<p>El culto exige templos. El que fuera domicilio de <strong>Victor Hugo</strong>, en la <a href="http://www.maisonsvictorhugo.paris.fr/es" target="_blank">Place des Vosges</a>, y aquel en el que Balzac vivió siete años bajo un falso nombre para despistar acreedores, son hoy sus museos. <strong>Jacques Prévert</strong> y <strong>Boris Vian</strong> son vecinos de memoria sobre el Moulin Rouge. En las afueras de la capital hay mansiones museo de Proust, Zola, <strong>Alphonse Daudet</strong>, <strong>Mallarmé</strong>, <strong>Chateaubriand</strong>, <a href="https://www.maison-triolet-aragon.com" target="_blank"><strong>Elsa Triolet/Louis Aragon</strong></a>. En 1846 Dumas construyó un castillo en Port Marly. Lo bautizó lógicamente Monte Cristo. Antes, de 1757 a 1762, Jean-Jacques Rousseau redactó <em>El contrato social </em>en la casa suburbana que hoy lo venera, mientras que a <strong>Cocteau</strong> se le recuerda en su mansión de <a href="http://www.maisoncocteau.net" target="_blank">Milly-la-Fôret</a>, cuyo espacio y jardines lo consolaban de la exigüidad de su <em>dos piezas </em>parisino. No será museo, en cambio, la casona de Meudon, al sur de París, en la que <strong>Lucette Destouches</strong> (106 añitos) sobrevive al sulfuroso <strong>Céline</strong>, muerto allí en 1961. Ninguna institución pública se atrevió a comprar la casa, finalmente adquirida, en noviembre pasado, por un vecino.</p>
<p>De la casa al hotel. En el Barrio Latino abrió el año pasado <a href="https://www.hotelmontecristoparis.com" target="_blank">le Monte Cristo</a>, decorado con objetos de época y con un bar, <a href="https://www.hotelmontecristoparis.com/club-1802" target="_blank">Le 1802</a>, con gran selección de rones «porque los antepasados de Dumas tuvieron destilería en Santo Domingo». No lejos de allí, <a href="https://www.l-hotel.com/rooms/oscar-wilde-suite/" target="_blank">L’Hôtel</a>, residencia preferida de Borges en sus visitas parisinas, basa su publicidad en un huésped, Oscar Wilde, que murió «por encima de sus posibilidades». Es decir, sin pagar. Se lo han cobrado con creces con la publicidad. Además, el hoy hotel de lujo era por entonces una pensión infecta. Y si el restaurante del hotel <a href="https://lecinqcodet.com/es/" target="_blank">Le Cinq Codet</a>, abierto en diciembre del 2018, se llama Chiquette, es por <em>La Petite Chiquette</em>, editado por <strong>Gaston Gallimard</strong> en 1925, de <strong>Louis Codet</strong>, quien da nombre a la calle del hotel.</p>
<p>Más minucioso, el <a href="https://hotel-litteraire-marcel-ayme.com" target="_blank">Hôtel Littéraire Marcel Aymé</a>, en Montmartre, con habitaciones a nombre de escritores. Como la <strong>Antoine Blondin</strong>, con vistas de 360º de París. También están dedicadas a literatos las 26 <em>chambres </em>(una por cada letra del alfabeto) de <a href="http://www.pavillondeslettres.com/es/" target="_blank">Le Pavillon des Lettres</a>. Y el pasajero encuentra, en la mesa de noche, un libro del autor que designa la suya.</p>
<p>Hasta una cadena internacional como Best Western intuyó la tendencia: en un <a href="https://www.hotel-leswann.com" target="_blank">edificio parisino premiado</a> por su arquitectura en la exposición universal de 1898 plantó biblioteca con 500 libros de Marcel Proust, en francés, pero también inglés, japonés, alemán, español, italiano. Y dotó de una biblioteca similar, pero con obra de Flaubert, al hotel que le dedicó en <a href="https://www.hotelgustaveflaubert.com" target="_blank">Rouen</a>, la ciudad en la que nació y pasó gran parte de su vida. <strong>¿La habitación Emma Bovary estará reservada a mujeres de farmacéuticos?</strong></p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, Invierno 2018–2019</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2019/03/francia-la-republica-del-libro/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Viaje a las catacumbas de la literatura amateur</title>
		<link>https://revistaleer.com/2019/02/viaje-a-las-catacumbas-de-la-literatura-amateur/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2019/02/viaje-a-las-catacumbas-de-la-literatura-amateur/#comments</comments>
		<pubDate>Tue, 05 Feb 2019 11:38:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Anxo F. Couceiro]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[El mundo del libro]]></category>
		<category><![CDATA[#LEER290]]></category>
		<category><![CDATA[Anxo F. Couceiro]]></category>
		<category><![CDATA[Archive of Our Own]]></category>
		<category><![CDATA[Cibrán Tenreiro]]></category>
		<category><![CDATA[crossovers]]></category>
		<category><![CDATA[Drarry]]></category>
		<category><![CDATA[Fan Fiction]]></category>
		<category><![CDATA[fandom]]></category>
		<category><![CDATA[fanfics]]></category>
		<category><![CDATA[Hans Robert Jauss]]></category>
		<category><![CDATA[Harold Bloom]]></category>
		<category><![CDATA[Harry Potter]]></category>
		<category><![CDATA[Larry Shipers]]></category>
		<category><![CDATA[One Direction]]></category>
		<category><![CDATA[Wattpad]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=8420</guid>
		<description><![CDATA[Ni siquiera el escritor más alérgico a los tópicos evita sucumbir de vez en cuando a ese lugar común que identifica la literatura como un espacio de libertad. A diferencia de otras disciplinas artísticas, como el cine, donde cada decisión expresiva ha de atravesar un enmarañado proceso de negociaciones, quien escribe ostenta siempre el cetro [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Ni siquiera el escritor más alérgico a los tópicos evita sucumbir de vez en cuando a ese lugar común que identifica la literatura como un espacio de libertad. A diferencia de otras disciplinas artísticas, como el cine, donde cada decisión expresiva ha de atravesar un enmarañado proceso de negociaciones, <strong>quien escribe ostenta siempre el cetro divino</strong> que diseña espacio, tiempo, acción, personajes y recorrido emocional a sus historias.</p>
<p>En principio no existe democracia alguna en los libros, más allá de la que puedan aplicar caprichosamente los lectores en ese epílogo post-coital de la lectura ansiosa (así <strong>Conan Doyle</strong> resucitando a Holmes, o <strong>J. K. Rowling</strong> adaptando la biografía de sus personajes al termómetro social del momento). <strong>Ese statu quo lo ha venido a invertir el mismo actor etéreo, tentacular y voraz que lo ha cambiado todo en los últimos veinte años: Internet.</strong></p>
<p>El manoseado sintagma que engloba en dos temibles palabras («opinión pública») todo lo bueno y malo de lo que es capaz el ser humano cuando se organiza y actúa vive una era de perpetuas transformaciones en la batidora digital. Por eso las redes sociales son hoy una asamblea mutante donde se despachan asuntos de justicia con rigor ateniense, pero también las más abyectas vilezas con furor romano. Todo ello envuelto en una estática ruidosa de disfrutabilísimas chorradas, frivolidad adictiva y, a menudo, detritus estético y moral. Semejante campo magnético afecta también al diálogo cultural que los consumidores mantienen con las obras de arte que nutren su interés, hasta el punto de reclamarse ellos mismos como posibles autores; interventores alternativos en la miasma de sus ficciones favoritas.</p>
<p>Cada obra es un río en el que resulta imposible bañarse dos veces, como imposible es que existan dos lectores o dos espectadores iguales. Incluso las historias más canónicas en su plano narrativo, aparentemente inexpugnables ante disquisiciones chifladas, acaban desarrollando evangelios electivos en el pergamino <em>online</em> de los foros construidos por fans. Cualquier fórmula de tres actos, cualquier ficcioncilla modesta que cumple todos los puntos cumplibles y acaba a las 11 en casa con un clímax aburrido donde el asesino es el mayordomo y los enamorados se casan, es susceptible de arborarse en cien mil dilucidaciones perturbadas en manos de los fans más inquietos. Porque a lo mejor no eran esos dos los que deberían enamorarse y a lo mejor el héroe debería haberse sacrificado de otra forma, diga <a href="https://www.uv.es/uvweb/unidad-cultura-cientifica-innovacion-catedra-divulgacion-ciencia/es/novetats/vladimir-propp-estudioso-cuentos-1285899375231/Novetat.html?id=1286039504273" target="_blank"><strong>Vladimir Propp</strong></a> lo que diga.</p>
<p>Si Twitter es el ágora rabiosa donde discutir los nuevos protocolos de la diversidad, cuestionar el pasado de un ministro o caricaturizar la actualidad sobre el molde de unos memes recién horneados, la literatura amateur encuentra sus propios canales de expresión en plataformas como <a href="https://www.wattpad.com/" target="_blank">Wattpad</a> o <a href="https://archiveofourown.org/" target="_blank">ArchiveofOurOwn</a>. En estas webs es posible encontrar <strong>historias completamente originales escritas por autores no profesionales</strong>, así como<strong> variaciones y mutaciones diversas que parten de novelas</strong> (o películas, o series) muy populares, proponiendo así secuelas y adaptaciones.</p>
<p><strong>Esto último es lo que se conoce como <em>fan fiction</em></strong>, un fenómeno que bebe de la frustración de lectores a los que el marco oficial de un libro se les queda corto. Tal vez Harry Potter no debería haberse liado con ese personaje tan soso, sino con este otro; o puede que en el fondo Heathcliff fuera bisexual. <strong>Hay novelas enteras escritas desde la pasión en Internet, y a veces también desde el rencor.</strong> No son pocos los fans que se vuelven contra las sagas de su niñez cuando, en las entregas más recientes, que les pillan ya talluditos, detectan una traición a las esencias. No en vano, <strong>toda la <em>fan fiction </em>podría entenderse como una prolongación de la infancia</strong>. ¿Cuántos dibujos preescolares imaginan aventuras alternativas para Indiana Jones, o <em>crossovers</em> imposibles entre personajes de distintas franquicias? En la habitación de un niño, los héroes de la Marvel y de DC pueden formar parte del mismo equipo de muñecos articulados, ya que éstos no dejan de ser sino avatares de la imaginación. <strong>En Wattpad y demás redes sociales literarias, el juego continúa.</strong></p>
<p>Allí los autores cuelgan sus obras e <strong>intercambian <em>likes </em>con otros <em>numerarios </em>del <em>fandom </em>al que se dirigen</strong>. Esta dinámica es una de las cosas que más desencantan a <strong>Laura Díez</strong>, usuaria de ArchiveOfOurOwn y <a href="https://www.fanfiction.net/" target="_blank">FanFiction.net</a>. Tiene 35 años y me contacta tras anunciar en mi perfil de Twitter que estaba escribiendo un reportaje sobre el tema. Le pregunto si, como lectora, pone por encima la pasión de los autores antes que el estilo literario. «Hay textos de muchísimos <em>likes </em>con errores de escritura básicos, como repetir la misma palabra cada dos por tres», se lamenta. «Las metáforas también suelen ser extremadamente simples. Por eso me resulta tan complicado encontrar <em>fanfics </em>que me gusten, porque los <em>likes </em>que reciben no suelen estar relacionados con la calidad literaria».</p>
<blockquote><p>Los ‘fanfics’ que se encuentran en Internet, tecleados por furiosos novatos, participan del proceso dialéctico que cimienta la creación como fenómeno universal</p></blockquote>
<p><strong>Raúl tiene 32 años. Es profesor de literatura en un instituto de secundaria y lector ávido de estas creaciones aficionadas.</strong> Comparte la opinión de Laura, si bien aporta un matiz. «Uno no va a la literatura amateur buscando calidad de página, del mismo modo que en películas caseras de metraje encontrado no persigues una composición de plano perfecta.<strong> Lo conmovedor es ver una florecilla brotar entre la basura</strong>, que la hay, y mucha».</p>
<p>Parece que la literatura amateur, estandarizada como una red social por sí misma, e hibridada en múltiples formas de ficción derivativa, <strong>es útil no sólo como entretenimiento, sino como herramienta para desencriptar las nuevas relaciones que se dan entre público y autores</strong>. Existe una cierta tiranía de las masas cuando se tocan sus franquicias favoritas, hasta tal punto que la tendencia rebasa el campo de la literatura y llega a otras disciplinas. <a href="https://twitter.com/cibrantenreiro?lang=es" target="_blank"><strong>Cibrán Tenreiro</strong></a>, doctor en Comunicación e Información Contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela, centra su trabajo en el estudio de las dinámicas que se crean entre el <em>fandom </em>y la cultura popular, particularmente la música. «Cuando la industria crea sus productos prevé un marco de interpretación» dice. «<strong>Las comunidades de fans representan un publico ideal para la industria cultural porque son consumidores muy fieles</strong> y dispuestos a invertir mucho tiempo y dinero. Lo que sucede es que su recepción es autorreflexiva. Es decir, está basada en su propia vida y sus propias experiencias. Por tanto, al haber una implicación emocional más intensa reescriben la manera en la que esos personajes están configurados».</p>
<figure id="attachment_8426" style="width: 300px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="https://www.deviantart.com/noodlerface" target="_blank"><img class="wp-image-8426 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/02/drarry-e1549366330983.png" alt="Las plataformas de ‘fanfic’ han propiciado identidades culturales de nuevo cuño como ‘Drarry’, la ‘diócesis’ de los creyentes en el amor entre Harry Potter y su enemigo natural, Draco Mallfoy. / ‘Fan art’ de noodlerface.deviantart.com" width="300" height="541" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Las plataformas de ‘fanfic’ han propiciado identidades culturales de nuevo cuño como ‘Drarry’, la ‘diócesis’ de los creyentes en el amor entre Harry Potter y su enemigo natural, Draco Mallfoy. / ‘Fan art’ de noodlerface.deviantart.com</figcaption></figure>
<p>Durante la elaboración de su tesis, Tenreiro ha llegado a encontrar relatos de ficción en plataformas como las antes mencionadas donde <strong>los fans de One Direction alteran la vida sentimental y sexual de sus componentes</strong> (los <a href="https://www.seventeen.com/celebrity/a10350811/louis-tomlinson-confirms-that-larry-shippers-ruined-his-deep-friendship-with-harry-styles/" target="_blank"><em>Larry Shippers</em></a>, que defienden la unión entre <strong>Harry Styles</strong> y <strong>Louis Tomlinson</strong>), siguiendo la estela de los fundadores de identidades culturales de nuevo cuño como <a href="https://www.wattpad.com/stories/drarry/hot" target="_blank"><em>Drarry</em></a>, la diócesis de los creyentes en el amor entre Harry Potter y su enemigo natural, Draco Mallfoy. <strong>Según Tenreiro, no deberíamos minusvalorar el poder evocador de este tipo de experimentos.</strong> «Tiene que ver con los límites de la industria cultural. <strong>Adorno</strong> hablaba de la cultura de masas como algo que rebaja y alinea al público, pero en realidad la industria cultural no es capaz de ejercer un control absoluto. Por eso en la resexualización o la recalificación de la identidad de género de algunos personajes populares puede haber un componente tal vez no subversivo, pero sí enriquecedor, como mínimo, con respecto a las limitaciones de los relatos más institucionales».</p>
<p>Todo ello nos lleva a ampliar el objetivo. <strong>¿Hasta qué punto muchos artistas consagrados no empezaron estableciendo un diálogo directo con las obras de sus referentes?</strong> ¿Son las Meninas de <strong>Picasso</strong> <em>fan fiction</em>, por ejemplo? En <em>Historia de la literatura como una provocación a la ciencia literaria</em>, <strong>Hans Robert Jauss</strong> expone que todo escritor es, antes de nada, lector. Y <strong>Harold Bloom</strong>, recuerda Tenreiro en su tesis, habla de la relación entre poetas fuertes como una necesidad de algunos autores de desvincularse de sus predecesores; intento que parte de un revisionismo no demasiado lejano al que habita en Wattpad, al menos si atendemos al hilo conector de ambos impulsos: una mala lectura necesaria.</p>
<p>De ahí que los <em>fanfics </em>que se encuentran en Internet, tecleados por furiosos novatos, participen también del proceso dialéctico que cimienta la creación como fenómeno universal. De esa espeleología de intensidades puede surgir algo estimulante, más allá de lo pintorescos que puedan parecer la dispersión de pornografía leprosa o el <em>wishful reading </em>adolescente. <strong>Al fin y al cabo, ¿qué es la literatura, sino un espacio de libertad?</strong></p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2018/08/parques-nacionales-el-relato-de-la-naturaleza/" target="_blank">número 290</a>, Verano 2018</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2019/02/viaje-a-las-catacumbas-de-la-literatura-amateur/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>María Osorio: «Hay que romper la barrera entre adultos y niños»</title>
		<link>https://revistaleer.com/2018/11/maria-osorio-hay-que-romper-la-barrera-entre-adultos-y-ninos/</link>
		<comments>https://revistaleer.com/2018/11/maria-osorio-hay-que-romper-la-barrera-entre-adultos-y-ninos/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 23 Nov 2018 16:58:31 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[José Fajardo]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[El mundo del libro]]></category>
		<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[Ana Garralón]]></category>
		<category><![CDATA[Babel Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Bogotá]]></category>
		<category><![CDATA[Bolonia]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[FIL Guadalajra]]></category>
		<category><![CDATA[Iberomérica]]></category>
		<category><![CDATA[LIJ]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura Infantil y Juvenil]]></category>
		<category><![CDATA[María Osorio]]></category>
		<category><![CDATA[Sara Bertrand]]></category>

		<guid isPermaLink="false">https://revistaleer.com/?p=8302</guid>
		<description><![CDATA[María Osorio no comprende que se prohíba a los niños leer ciertas cosas. «Es absurdo encerrarlos en una burbuja, ellos viven en nuestro mundo y entienden la realidad igual que los adultos», dice la editora colombiana, que este año recibirá en la FIL Guadalajara un justo reconocimiento a su labor al frente de Babel Libros, [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1"><strong>María Osorio no comprende que se prohíba a los niños leer ciertas cosas.</strong> «Es absurdo encerrarlos en una burbuja, ellos viven en nuestro mundo y entienden la realidad igual que los adultos», dice la editora colombiana, que este año recibirá en la FIL Guadalajara un justo reconocimiento a su labor al frente de <a href="http://babellibros.com.co/" target="_blank">Babel Libros</a>, fundada en 2001 para <strong>enaltecer y visibilizar la literatura infantil y juvenil</strong> (LIJ).</p>
<p class="p1">Aunque en sus inicios se centró en las labores de <strong>distribución y librería, hoy también es editorial y desde 2011 una de las bibliotecas del género de referencia en Bogotá</strong>, adonde los usuarios (los menores, pero también sus padres) acuden para descubrir joyas ocultas. «Nuestro compromiso principal es publicar libros de alta calidad estética y literaria, algunos de los cuales han sido rescatados del olvido», reza su lema.</p>
<p class="p1">«La edición de libros para niños es tan joven que yo la he vivido toda», asegura Osorio, arquitecta de formación. En los 70 trabajó en proyectos de urbanismo en Bogotá y desde 1986 se ha centrado en su pasión, los libros infantiles, a la cabeza de distintos organismos. En este tiempo se ha convertido en una voz <strong>respetada internacionalmente gracias a sus originales ideas de negocio, su excelente gusto a la hora de construir catálogos y un espíritu reivindicativo</strong>.</p>
<p class="p1">Si se habla de LIJ en la actualidad hay que hablar de Babel. <strong>En 2017 ganó en la Feria de Bolonia</strong>, la feria del libro infantil más importante del mundo, <strong>el premio BOP a la mejor editorial para niños en Sur y Centroamérica</strong>. «Estos reconocimientos deben servir para que se nos tome más en serio. No tenemos el prestigio de la literatura para adultos. Se ha perdido la visión social por culpa de la manera salvaje en que se pide al Estado que compre libros para escuelas y bibliotecas públicas, pero somos mucho más que eso», reivindica Osorio.</p>
<p class="p1"><b><em>¿Qué libros interesan en Babel?</em><br />
</b>Apostamos por voces que no se escuchan. El mercado ha impuesto lugares comunes, una camisa de fuerza. Ser independientes nos permite esa libertad, apartarnos de lo comercial. <strong>El 90 por ciento de la LIJ que se publica es chatarra, sólo busca que el lector compre por impulso.</strong> Hay que romper la barrera entre adultos y niños, no tratarles como tontos. ¿Por qué existen tantos editores independientes reeditando títulos que las grandes compañías han olvidado? Hay literatura buenísima que se pierde.</p>
<p class="p1"><b><em>¿Qué importancia juegan las ilustraciones en el universo de la LIJ?</em><br />
</b>No me gusta la<b> </b>imagen por la imagen, estamos en un mundo donde se ha renegado de las palabras. Me molesta que se esté usando el diseño para decorar y atraer al consumidor. Hay libros que se compran sólo porque son bonitos, leerlos ya no es tan importante y se quedan en casa olvidados como un objeto decorativo.</p>
<p class="p1"><em><b>Pero en el catálogo de Babel hay ejemplos donde el matrimonio entre texto e ilustraciones funciona. ‘La mujer de la guarda’ de las chilenas Sara Bertrand y Alejandra Acosta, de vuestra colección Frontera ilustrada, ha sido premiado en Bolonia.<br />
</b></em>La imagen me parece interesante cuando enriquece al texto. <strong>Reivindicamos las ilustraciones que dicen algo y hacen pensar.</strong> Existe la idea de que cuanto menor sea el niño más imagen hay que darle y según va creciendo los dibujos desaparecen y el texto se hace más y más chiquito. Es un error, como ya ha demostrado el mercado. No hay que negar a los niños las palabras ni los dibujos a los adultos.</p>
<p class="p1"><b><em>Alguna vez has criticado las sagas para adolescentes como ‘Harry Potter’.</em><br />
</b>Existen fantasías complejas que hablan del mundo real. En <i>El señor de los anillos</i> Tolkien propone un mundo que va más allá de los bosques y los acantilados, tiene una lógica. Pero títulos como <i>Harry Potter</i> muestran un universo ideal en el que si necesito que el personaje escape abro una puerta mágica. No van más allá de lo anecdótico. A partir de su éxito el mercado se volcó en buscar productos similares, entonces llegaron las historias de vampiros… No los quiero estigmatizar, no digo que tengan que desaparecer. En mi época existía la saga de <i>Los Cinco</i>, cosas que sirven para pasarla bien. El problema es que se ha creado la idea de que la literatura juvenil sólo es eso. La última generación de autores recurre al sexo y la acción, trata de imitar a la televisión. Ya no se apela a la imaginación, no se genera debate, yo prefiero textos más profundos y literarios.</p>
<p class="p1"><b><em>Babel ha agitado el sector de la LIJ en Latinoamérica distribuyendo obras de calidad de toda la región, pero también de editoriales independientes de España como Media Vaca, El Jinete Azul, Thule y A Buen Paso. ¿Cómo funciona este diálogo?</em><br />
</b>Empezamos a traer libros de estas cuatro editoriales amigas que piensan como nosotros. En marzo de 2017 abrió la <a href="https://librerialafabulosa.es/" target="_blank">librería La Fabulosa</a> en Madrid (Santa Ana, 3) gracias a la editora española <a href="https://anatarambana.com/ana-garralon/" target="_blank">Ana Garralón</a>, especialista en literatura infantil, que ha viajado y conoce bien el mercado latinoamericano. Allá se encuentran obras del resto de editoriales con las que colaboramos de Venezuela, México y Argentina. Además tenemos amigos libreros en distintas ciudades de España, como <a href="http://abracadabrallibres.com/" target="_blank"><i>Abracadabra</i></a> del colombiano Ricardo Rendón en Barcelona y <a href="https://elbosquedelamagacolibri.es/site/" target="_blank"><i>El Bosque de la Maga Colibrí</i></a> de Lara Meana en Gijón, en un espacio hermoso frente al mar. Gracias a estas relaciones circulan nuestros libros. Ni nos interesa ni podemos ser masivos pero es bonito tener cierta presencia. La prioridad es el propio territorio y después lanzar alguna tirada al extranjero.</p>
<figure id="attachment_8307" style="width: 1024px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="http://www.fundacionlafuente.cl/maria-osorio-las-idas-y-vueltas-de-una-editora-punketa/"><img class="size-large wp-image-8307" src="/wp-content/uploads/2018/11/Madrid-La-Fabulosa-1024x768.jpg" alt="Ana Garralón, la autora Sara Bertrand y María Osorio ante la librería La Fabulosa de Madrid. / Sara Bertrand - Fundación La Fuente" width="1024" height="768" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Ana Garralón, la autora Sara Bertrand y María Osorio ante la librería La Fabulosa de Madrid. / Sara Bertrand — Fundación La Fuente</figcaption></figure>
<p class="p1"><b><em>En el anterior número de LEER <a href="/2018/09/treinta-y-nueve-novisimos/" target="_blank"><span style="text-decoration: underline;">la editora colombiana Margarita Valencia hablaba</span></a> de superar la necesidad que ha tenido históricamente la literatura latinoamericana de ser visible en España para tener impacto en el mercado internacional. ¿Sucede lo mismo con la LIJ?</em><br />
</b>La circulación de nuestros libros es más compleja. Las barreras no son ideológicas ni de lenguaje, o por el prestigio del autor o el aval que tenga. Los autores no tienen esas cosas de ser exclusivos de Planeta o de Random, son autores de LIJ y ya está. La principal barrera es la dificultad de la circulación. Mover de un país a otro los libros ilustrados es muy costoso. En Babel empezamos como distribuidora en Latinoamérica, los libros españoles ya tenían una presencia enorme en la región. Tras la crisis en Venezuela, miramos a España y <strong>descubrimos que es más fácil traer un libro de Barcelona que de Buenos Aires</strong>. Antes pensábamos que en España era donde había que estar para ser visibles. Y es cierto, eso pasa con la literatura de adultos, pero no en nuestro caso. Los editores españoles entendieron mejor que nosotros mismos la importancia que tiene el mercado latinoamericano.</p>
<p class="p1"><b><em>Una de tus frases más recurrentes es «no se pueden editar libros sin saber cómo venderlos». ¿Es sostenible este negocio?</em><br />
</b>Antes de Babel estuve 15 años trabajando en la promoción de la lectura. Conocía a los autores y a los libros, pero no sabía cómo funcionaba el mercado. Quería tener una editorial pero sabía que lo primero era saber vender. Ya estaba crecidita para esa idea utópica de “qué bonito es hacer libros”. <strong>Una vez que aprendimos a vender, empezamos a editar.</strong> El editor por lo general es esa figura de alguien muy joven que llena su casa de cajas con libros y no sabe qué hacer con ellas. Ser librería, distribuidora y editorial nos permite conocer al público, saber lo que sucede en el mercado y cómo trabajan los colegas editores. Esa cadena es necesaria para que sea sostenible, si quitamos cualquiera de las patas haría tambalear el negocio. En 17 años Babel tiene un fondo de 700 títulos, 60 de ellos propios, y tenemos a 10 personas trabajando. Deberíamos ser más y cobrar mejor pero no se puede pedir tanto a los libros para niños.</p>
<p class="p1"><b><em>¿Hasta qué punto depende vuestro sector de los recursos que aporta el Estado a través de las escuelas y las bibliotecas públicas?</em><br />
</b>El libro infantil en Latinoamérica circula a través de la red pública, es una pesadilla. <strong>Las compras públicas hicieron crecer el sector pero a la vez lo aisló</strong>, como ha sucedido en Argentina y ahorita en Brasil, donde debajo de cada piedra había una editorial y ahora no hay nada en literatura infantil. La LIJ en Colombia vive de las ventas directas y de la compra pública para escuelas y bibliotecas. En nuestro país se publican entre 50 y 80 libros al año como los que hacemos en Babel. Hace 10 años formamos la <a href="https://www.aclilibrerosindependientes.com/" target="_blank">Asociación de Libreros</a> porque las librerías grandes trataban las obras infantiles como si fueran parte de una cadena industrial. Y hace 12 años creamos el Festival del Libro Infantil para sacarlo a la calle, que sea público y no esté encerrado en un nicho. El problema es que <strong>hay demasiadas colecciones pensadas en exclusiva para los colegios</strong>. Cuando los maestros ven esas temáticas complejas, como la de una madre soltera con niños problemáticos, empiezan a querer controlar los temas de los cuentos.</p>
<p class="p1"><b><em>¿Cómo funciona vuestro proyecto social de préstamo gratuito en Bogotá?</em><br />
</b>Teníamos una bodega en la casa donde está la librería. La idea inicial era poner una cafetería pero cuando teníamos la instalación de luz y agua, decidimos que iba a ser una biblioteca. Nos dijeron: “¿Estáis locos? Lo que deberíais hacer es vender libros, no prestarlos”. Nuestra estrategia es acercar gente a la librería, quitarle el problema de la compra. Cuando viene a la tienda el papá con su hijo, este siempre va a agarrar el libro más caro. Los padres nos miran con ojos de auxilio. Les llevamos a la biblioteca y eligen un libro en préstamo. Al día siguiente vuelven y lo compran: “Es barato comparado con lo que nos divertimos ayer”, dicen. <strong>Se trata de crear una relación: ya no se les ocurre comprar en otro sitio que no sea Babel.</strong> Uno de nuestros primeros clientes ahora tiene 19 años y estudia literatura en París. Al cumplir 18 vino a trabajar con nosotros un tiempo a la biblioteca. Hemos vivido historias personales muy bonitas en torno a los libros.</p>
<p class="p1"><em><b>¿Cuáles son los retos del sector compartidos entre Latinoamérica y España?<br />
</b></em>Hay cada vez más acercamiento porque coincidimos en la Feria de Bolonia o en la FIL de Guadalajara, pero todavía quedan muchas cosas sobre las que hay que discutir en cuanto a relaciones y mercados, sobre lo que ayuda o lo que se convierte en una piedra en el zapato. El reto sería <strong>pensar un mercado común, colaborativo y no invasor, un mercado que reconozca las cualidades de cada uno</strong>, nuestras diferencias y nuestras oportunidades. Un mercado no mediado exclusivamente por la posibilidad de negocio, no solo atractivo por la compra masiva. Un mercado inteligente, pero no sé si las palabras <i>mercado</i> e <i>inteligencia</i> se pueden usar juntas.</p>
<figure id="attachment_8309" style="width: 1024px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-8309" src="/wp-content/uploads/2018/11/Ilustración-La-mujer-de-la-guarda-1024x592.jpg" alt="Ilustración de ‘La mujer de la guarda’, libro de las chilenas Sara Bertrand y Alejandra Acosta editado por Babel y premiado en Bolonia." width="1024" height="592" /><figcaption class="wp-caption-text">Ilustración de ‘La mujer de la guarda’, libro de las chilenas Sara Bertrand y Alejandra Acosta editado por Babel y premiado en Bolonia.</figcaption></figure>
<h3 class="p1"><b>Censura y doble moral</b></h3>
<p class="p1">«En Babel <strong>hemos recibido insultos de libreros, maestros y padres de familia diciendo que en nuestro catálogo hay títulos peligrosos para sus hijos</strong>. Nos han llegado peticiones de usuarios y defensores del lector presionándonos para que dejemos de vender ciertas obras. El problema es que <strong>hay muchos adultos que se interponen entre los libros y los niños</strong>», decía María Osorio en un conversatorio sobre la censura en la literatura infantil y juvenil celebrado este año en la librería especializada en ilustración Libros Mr. Fox de Bogotá.</p>
<p class="p1">«Resulta aberrante que suceda esto con los libros, parece que tengamos que poner un cartel que diga “Zona de Conflicto” para vender nuestro catálogo. Es increíble que haya mamás que en 2018 vean un peligro en los libros que leen sus hijos, no tengo palabras para algo así. Sienten miedo de esto y no ven el mundo que tienen alrededor», lamenta la editora bogotana.</p>
<p class="p1">María Osorio cuenta que algunos padres no quieren «dañar la inocencia e ingenuidad de sus hijos» con las obras que leen. «Como dice el editor español Antonio Ventura, <strong>no hay temas perversos para niños sino adultos que pervierten esos temas</strong>. Los pequeños se enganchan fácilmente a cualquier historia, no están prevenidos para pensar cosas malas».</p>
<p class="p1">Esta censura se ha hecho explícita en algunas obras del catálogo de Babel. En este particular Índice de la LIJ contemporánea, Osorio cita obras como <strong><i>No comas renacuajos</i></strong> y <strong><i>Tengo Miedo</i></strong>, de los colombianos <strong>Francisco Montaña</strong> e <strong>Ivar da Coll</strong>, respectivamente.</p>
<p class="p1">«Son dos obras que tocan temas como la violencia, los desastres, el miedo, todo eso que ocurre en Colombia y está relacionado con el conflicto interno. Nosotros no estamos pensando “vamos a hacer libros difíciles que tengan que ver con la guerra”, es algo que va sucediendo».</p>
<p class="p1">La editora colombiana <strong>se sorprende de que entre los autores <i>conflictivos</i> aparezca el nombre de Christian Bruel, que empezó a escribir en los 70.</strong> «Ha sido un adelantado a su época, sus obras siempre me han parecido inofensivas». El autor francés plantea en sus libros para niños historias de personajes que se salen de los corsés biempensantes, sus protagonistas no encajan en la normalidad y por eso resultan tan humanos. «<strong><i>Julia, la niña que tenía sombra de chico</i></strong> se vende muy bien, le sirve a los padres para explicar la sexualidad a sus hijos. Se ha tildado de apología de la homosexualidad pero no tiene nada que ver, sólo está mostrando diversos tipos más allá de los estereotipos de género. Con <strong><i>Cosquillas</i></strong> sí hemos tenido más problemas: la mente del adulto ve escenas de sexo donde no las hay. Son sólo dos niños jugando en la cama, lo demás lo pone la mirada del adulto. Nos han devuelto los libros, nos han amenazado con revisar todo nuestro catálogo».</p>
<p class="p1">La fundadora de Babel Libros denuncia una doble moral. «Los libros que se leen en las escuelas tienen que ser <i>limpios</i>, existe esa necesidad de protección y de encerrar la mente del niño en una urna de cristal. Mientras en las librerías comerciales lo que más se vende son las sagas de violencia y sexo para adolescentes».</p>
<p class="p1">Entre las temáticas que más perturban a los censores de la moral en la LIJ están la violencia, la muerte, la sensualidad y el miedo. «<strong>Se les olvidó que la literatura infantil siempre ha tocado esos temas, empezando por Hans Christian Andersen.</strong> Ahora los niños leen textos asépticos y de ahí pasan a las sagas juveniles comerciales y después a la literatura de adultos. Se pierden la oportunidad de leer <i>Pinocho</i>, <i>El Mago de Oz</i>, <i>Peter Pan</i> y otros muchos clásicos populares». / J. F.</p>
<p class="p1" style="text-align: right;"><em>Un artículo publicado originalmente en el número de <a href="/2018/10/libros-para-leonor/" target="_blank">Otoño de 2018, 291</a>, de la Revista LEER.</em></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>https://revistaleer.com/2018/11/maria-osorio-hay-que-romper-la-barrera-entre-adultos-y-ninos/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>0</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>
