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	<title>Revista leer &#187; Spinoza</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Algunos buenos libros (iv)</title>
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		<pubDate>Fri, 15 Feb 2019 14:37:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Luis Alberto de Cuenca (LAC) ha escrito a lo largo de su trayectoria un buen puñado de piezas que encajan métrica (5/7/5) y filosóficamente en la horma del haiku. Y un entusiasta de su poesía como Antonio Benicio Huerga ha querido que una de las primeras referencias de su sello Los Libros del Mississippi sea una recopilación de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> (LAC) ha escrito a lo largo de su trayectoria un buen puñado de piezas que encajan métrica (5/7/5) y filosóficamente en la horma del haiku. Y un entusiasta de su poesía como <strong>Antonio Benicio Huerga</strong> ha querido que una de las primeras referencias de su sello <a href="https://twitter.com/libmississippi" target="_blank"><strong>Los Libros del Mississippi</strong></a> sea una recopilación de esas piezas desperdigadas. Ambos presentaron el librito el pasado miércoles en La Casa Encendida ante una numerosa audiencia infiltrada de <em>haijines</em>, que no es una secta islamista sino aquellos que practican esta composición poética de origen nipón. LAC leyó algunos de sus haikus, diversos como el aliento poético de su autor. Culturalistas, metafísicos, pop. Susceptibles algunos de ser <a href="https://versosalpaso.madrid.es" target="_blank"><em>stencilizados</em> en pasos de peatones</a> o impresos en tazas de café y cuadritos decorativos. Uno de sus haikus más populares, titulado «Contigo» –asonantarlos, encadenarlos o titularlos son algunas de las licencias que se permite LAC con los haikus–, ha padecido ese tipo de apropiación. <strong>«Viajar a Marte / o al cuarto de la plancha. / Pero contigo»</strong>. Un día lo encontró en un popular bazar madrileño en forma de láminas para enmarcar. Cuando se puso en contacto con los responsables, lo más que consiguió es que le enviaran un lote de ellas. Prueben de hecho a <a href="https://www.google.com/search?q=contigo+viajar+a+marte+o+al+cuarto+de+la+plancha&amp;oq=contigo+viajar+a+marte+o+al+cuarto+de+la+plancha" target="_blank">googlear <em>Contigo</em></a> y encontrarán variaciones, apropiaciones e interpretaciones diversas y de dudoso gusto. La fogata de la aldea global proyecta sombras grotescas…</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://harpolibros.com/home/haikus-completos-1972-2018.html"><img class="aligncenter size-full wp-image-8471" src="/wp-content/uploads/2019/02/haikus-completos-1972-2018-e1550238204413.png" alt="haikus-completos-1972-2018" width="300" height="387" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://harpolibros.com/home/haikus-completos-1972-2018.html" target="_blank"><strong><em>HAIKUS COMPLETOS (1972–2018)</em></strong></a><br />
<strong>Luis Alberto de Cuenca</strong><br />
Los Libros del Mississippi</p>
<p> </p>
<p>«Alguien comparó la escritura japonesa con la lluvia». Es el primer <em>aerolito</em> de los reunidos en la última colección de aforismos de <strong>Carlos Edmundo de Ory</strong> (1923–2010) que <a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/aforismos/aerolitos/" target="_blank">acaba de publicar La isla de Siltolá</a>, con edición al cuidado de <strong>José Ramón Ripoll</strong>. Estos «brotes del corazón» que comparten con el haiku su brevedad, la precisión y cierta inspiración oriental no son poemas, aunque hayan aparecido sistemáticamente en las antologías y libros poéticos del autor desde que comenzó a desgranarlos allá por los 60, primero en francés. Tampoco son greguerías, pues las píldoras ramonianas son estampas de un mundo pensado por el escritor, y los aerolitos son, según Ripoll, indicaciones con vistas al vacío y el silencio. Pero vemos paradojas –«Soy el vocero del Silencio»–, malentendidos verbales–«Todo es huevo bajo el sol»–, juego, e imágenes –«El piano azul de Duke Ellington»– y metáforas surrealistas –«Las rosas son radiografías de esqueletos de ángeles»– inequívocamente poéticas. Estos aerolitos aparecen como los meteoros que surgen de la oscuridad para iluminar brevemente el firmamento; los mejores caen a plomo y dejan huella en el entendimiento del lector. Una belleza.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/aforismos/aerolitos/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8472" src="/wp-content/uploads/2019/02/Cubierta-Aerolitos-e1550238344242.jpg" alt="Cubierta Aerolitos" width="300" height="420" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://laisladesiltola.es/catalogo/aforismos/aerolitos/" target="_blank"><em><strong>AEROLITOS</strong></em></a><br />
<strong>Carlos Edmundo de Ory</strong><br />
La isla de Siltolá</p>
<p> </p>
<p>De las revistas de historia militar pasaron a los libros del mismo género, y aunque han sacado los pies del nicho con títulos prodigiosos como <a href="https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/teenage-la-invencion-de-la-juventud-1875-1945-jon-savage/" target="_blank"><em>Teenage. La invención de la juventud 1875–1945</em></a> de <strong>Jon Savage</strong>, <a href="https://www.despertaferro-ediciones.com" target="_blank"><strong>Desperta Ferro</strong></a>, que este año cumple diez años, sigue sobre todo dando nueva vida a un género historiográfico hasta hace poco estigmatizado y cautivo de aficionados. Una de sus últimas aportaciones es <a href="https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/plata-sangre-conquista-imperio-inca-guerras-civiles-peru/" target="_blank"><em>Plata y Sangre. La conquista del imperio inca y las guerras civiles del Perú</em></a>, del catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona <strong>Antonio Espino</strong>. Una aproximación actualizada, desde la óptica de la nueva historia militar, a unos hechos extraordinarios, la conquista del Estado más poderoso de América por Pizarro, Almagro y poco más de un centenar de soldados, y las peripecias y enfrentamientos posteriores entre ellos por el dominio del territorio, auténticas guerras civiles que diezmaron a la primera generación de conquistadores.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/plata-sangre-conquista-imperio-inca-guerras-civiles-peru/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8473" src="/wp-content/uploads/2019/02/Plataysangre-portada-e1550238521176.jpg" alt="Plataysangre-portada" width="300" height="457" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.despertaferro-ediciones.com/revistas/numero/plata-sangre-conquista-imperio-inca-guerras-civiles-peru/" target="_blank"><em><strong>PLATA Y SANGRE</strong></em></a><br />
<strong>Antonio Espino López</strong><br />
Desperta Ferro</p>
<p> </p>
<p>La escritora irlandesa <strong>Maggie O’Farrell</strong> es autora de tantas novelas como vidas tiene el gato, pero tiene muchas más vidas que las proverbiales siete de nuestro querido felino doméstico. Hasta diecisiete «roces con la muerte» describe en este originalísimo <a href="http://www.librosdelasteroide.com/-sigo-aqui" target="_blank"><em>Sigo aquí</em></a> que ofrece Libros del Asteroide en traducción de <strong>Concha Cardeñoso</strong>. Una grave enfermedad infantil y los efectos de sus secuelas neurológicas; un chapuzón adolescente que casi termina en ahogamiento o un baño que parecía plácido en las revueltas aguas de una playa del Índico; un rato vertiginoso como voluntaria de un lanzador de cuchillos, el casi atropello de un camión, un golpe fatal de maletero esquivado por la mínima, un asalto a punta de machete en Chile, un encuentro con un excursionista asesino, un vuelo a Hong Kong que parecía abocado a estrellarse, una cesárea complicada, un aborto… ¿Increíble? Pero cierto. No sabemos si O’Farrell tiene un magnetismo particular para las experiencias cercanas a la muerte o simplemente la capacidad de reconocerlas, aislarlas y componer con ellas esta suerte de autobiografía forense de una superviviente caminando por el abismo. Ella se reconoce a sí misma en sus encuentros, afortunadamente frustrados, con el acabose, e invita al lector a reflexionar sobre sus propios momentos críticos y abrazarse a la vida con nuevos bríos.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.librosdelasteroide.com/-sigo-aqui"><img class="aligncenter size-full wp-image-8474" src="/wp-content/uploads/2019/02/Sigo-aquii-e1550238611589.jpg" alt="Sigo aquii" width="300" height="481" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.librosdelasteroide.com/-sigo-aqui" target="_blank"><em><strong>SIGO AQUÍ</strong></em></a><br />
<strong>Maggie O’Farrell</strong><br />
Libros del Asteroide</p>
<p> </p>
<p>Leemos <strong>Spinoza</strong> y <em>best seller</em> en una misma portada, la de este <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-milagro-spinoza/288278" target="_blank"><em>El milagro Spinoza</em></a> de <strong>Frédéric Lenoir</strong> editado por Ariel, y parece un milagro en sí mismo. Lo que no consigan los franceses… –lo cuenta <strong>Óscar Caballero</strong> en un amplio reportaje para <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">el último número de LEER</a>: el libro sigue siendo una religión en Francia–. El título es una provocación, en tanto que no hay milagros para Spinoza: su obra consagra la razón como argumento universal. Pero lo de Spinoza es <em>milagroso</em> para Lenoir porque fue capaz de producir una obra revolucionaria en una vida muy corta, y presentar una ruptura radical con el pensamiento anterior en un contexto poco propicio. Superó el pesado legado teológico, pero también a su maestro Descartes. Fue una osadía intelectual atreverse a integrar bajo el imperio de la razón ética y metafísica, lo material y lo espiritual. «Tomando la razón como único criterio de la verdad, se coloca de golpe en lo universal y lo intemporal», dice Lenoir, y <strong>su capacidad para iluminar nuestra inteligencia y aplacar nuestro corazón sigue vigente</strong>. Proclamar el orden de lo real fundó el futuro. Y su legado es digno de ser esgrimido hoy –cuando, por ejemplo, la expresión colectiva de los sentimientos y las pasiones amenaza la convivencia–. Es lo que hace Lenoir con este libro, una nueva referencia en lo que ya es todo un subgénero, la filosofía de los grandes autores compendiada, y en ocasiones aplicada a las contradicciones del mundo actual. Reemplazo plausible de la autoayuda.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-milagro-spinoza/288278"><img class="aligncenter size-full wp-image-8476" src="/wp-content/uploads/2019/02/9788434429666-e1550239419991.jpg" alt="9788434429666" width="300" height="460" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-milagro-spinoza/288278" target="_blank"><em><strong>EL MILAGRO SPINOZA</strong></em></a><br />
<strong>Frédéric Lenoir</strong><br />
Ariel</p>
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		<title>En el humilde palacete de Krahe</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Jul 2015 15:36:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><em>La publicación conjunta de su disco ‘Toser y cantar’ y de un riguroso estudio filológico sobre las formas poéticas y las influencias literarias y filosóficas en sus canciones a cargo de <strong>Miguel Tomás-Valiente</strong> sirvieron de pretexto a <strong>Fernando Palmero</strong> y <strong>Ana Lisis</strong> para colarse, a finales de 2010, en la casa de<strong> Javier Krahe, fallecido el pasado domingo en Zahara de los Atunes</strong>, Cádiz, y husmear entre sus libros. <strong>Fue la ‘Biblioteca Fantástica’ del número de febrero de 2011 de LEER.</strong></em></p>
<p>En una de sus actuaciones, Javier Krahe confesó que uno de los trucos que tiene cuando no se le ocurre ningún tema para una canción es recurrir a la literatura. “Tengo unas estanterías con muchos libros clásicos, que no he leído, pero que me gusta tenerlos ahí porque me tranquiliza y digo, si quiero los leo”. Y efectivamente, en la entrada de su <em>humilde palacete</em> está la estantería, “una herencia de mi mujer, todos libros franceses, pero la inmensa mayoría no los he leído, porque a quién le apetece leer a <strong>Montaigne</strong>”.</p>
<p>El resto los tiene en otras dos bibliotecas, una en el salón, la principal, y otra en la habitación de su hija. No son muchos, los suficientes, porque no es Krahe un hombre de excesos (o sí) y porque no siempre las sombras se desvelan hurgando entre los libros. A veces, aunque <em>spinozista</em> confeso (“si acaso, me parecería válido el dios de <strong>Spinoza</strong>, que existe para explicar el hecho de que existan cosas, pero como Spinoza dice”, remata Krahe en <em>Charlas con un vago burlón</em>, ese dios “no tiene nada que ver con nosotros, no se preocupa en absoluto de si eres un asesino en serie o un santo”), a veces, digo/decía, Krahe lo ve todo mucho más claro en la <em>taberna de Platón</em>, donde “las sombras alzan vasos de sombra”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;">Por sus canciones pasan Cervantes, Borges, Kafka, Homero, Fernando de Rojas, Valle-Inclán, Gerardo Diego, Jorge Manrique, Marcuse o Shakespeare</p>
</blockquote>
<p>A los que sólo conozcan al Krahe de las más irónicas canciones de su primera etapa y no hayan seguido toda su trayectoria, les extrañará encontrar en sus canciones de madurez una gavilla de autores con los que mantiene un fértil diálogo que le ha permitido firmar algunos de sus textos más brillantes. Por sus canciones pasan <strong>Cervantes</strong> (<em>Encefalogramas</em>), <strong>Borges</strong> (<em>Matilde Urbach</em>), <strong>Kafka</strong> (“Metamorfosis”), <strong>Homero</strong> (<em>Como Ulises</em>), Fernando de Rojas (<em>Cuerpo de Melibea</em>), <strong>Valle-Inclán</strong> (<em>Sonata de otoño</em>), <strong>Gerardo Diego</strong> (<em>El ciprés</em>),<strong> Jorge Manrique</strong> (<em>Asco de siglo</em>), <strong>Marcuse</strong> (<em>Eros y civilización</em>) o <strong>Shakespeare</strong> (<em>Abajo el alzheimer</em>); personajes bíblicos como Jacob, María Magdalena, Salomé o Esaú; hay homenajes a escritores suicidas como <strong>Woolf</strong>, <strong>Storni</strong>, <strong>Hemingway</strong> o <strong>Larra</strong> (<em>Nembutal</em>)… Y por supuesto sus queridos <strong>Lope de Vega</strong>, <strong>Quevedo</strong> y <strong>Gil Vicente</strong>.</p>
<p><em>Revista LEER: De los autores que pululan por sus canciones, ¿a cuál de todos ellos se siente más cercano?</em></p>
<p>Javier Krahe: A Jenofonte.</p>
<p><em>RL: Tomás-Valiente cita a Quevedo como uno de sus preferidos.</em></p>
<p>JK: No sé qué decir, poesía de Quevedo he leído bastante y prosa también, pero no es con el que yo más disfruto, quizá algunos poemas, sí, de los que más, pero me gusta más Góngora.</p>
<p><em>RL: Quizá sus canciones sean más quevedescas que gongorinas.</em></p>
<p>JK: Es que Quevedo, aparte de que algunas cosas le salían de forma insuperable, se atrevía a decir cada cosa a la que ahora mismo no se atreve nadie.</p>
<p><em>RL: Bueno, a usted le ha costado caro decir algunas cosas.</em></p>
<p>JK: Pero yo no he dicho ni la mitad que Quevedo. Y hay que tener en cuenta que él estuvo cuatro años en la cárcel en San Marcos de León, en una celda en la que el agua le llegaba hasta casi las rodillas. Así se quedó cojo para siempre. Fíjate, en el soneto al pedo de Quevedo, no es que hable del pedo, es que dice: “Cágome en el blasón de los monarcas / que se precian, cercados de tudescos, / de dar la vida y dispensar las Parcas. / Pues en el tribunal de sus greguescos, / con aflojar y comprimir las arcas, / cualquier culo lo hace con dos cuescos”. Es decir, se caga en el blasón de los Borbones y en su Corte alemana, eso hoy no lo dice nadie. Y esas cosas que se le ocurrían a Quevedo tan floridas: “La voz del ojo, que llamamos pedo / ruiseñor de los putos”. Esos hallazgos cómo no me van a gustar, además por el valor de publicarlo, porque había Inquisición, había un Rey, había Santa Hermandad, había de todo.</p>
<p><em>RL: ¿Y Lope de Vega?</em></p>
<p>JK: Junto con un par de poemas de Gil Vicente, uno de mis preferidos es de Lope: “Pobre barquilla mía / entre peñascos rota / sin velas, desvelada /, y entre las olas sola”. Y esos cuatro versos de Lope me gustan más que todo Quevedo. Ya me gustaría a mí haber escrito esa coplilla.</p>
<figure id="attachment_4317" style="width: 500px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-4317" src="/wp-content/uploads/2015/07/Foto-4.jpg" alt="Foto 4" width="500" height="606" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ricardo Torres.</figcaption></figure>
<p><em>RL: Dice Tomás-Valiente que la mayoría de sus canciones de amor son de amor desdichado.</em></p>
<p>JK: Claro que hay muchas más canciones de amor desdichado, porque es más emocionante escribirlas. En poesía ocurre lo mismo, ¿qué poeta hay alegre? Alguno en algún momento, como Jorge Guillén, pero tampoco es el que más ha destacado. O Baltasar de Alcázar, en el XVI. Los boleros o los tangos son todos desdichados también, los que tienen mucha letra, claro, los que tienen sólo música son muy divertidos. La mayoría de la gente no ha conocido a una chica a los 15 años y se ha pasado con ella toda su vida hasta morirse de viejecito, habrá conocido a más, digo yo, por lo tanto tiene que haber desdicha, aunque sea la de dejar a alguien, que es muy penoso… y que te dejen, ni te digo. Si uno ha conocido a más de una mujer en su vida tiene que haberle sucedido todo eso. Y eso hace una canción de amor desdichada, pero pasa el tiempo y lo que queda es un balance que puede ser muy dichoso. <em>El vals del perdón</em>, en este disco, ¿habla de amor desdichado? Y sin embargo ahí se refleja que ha habido de todo y que el amor se convierte también en otra cosa, porque no voy a sentir lo mismo a los 30 que a los 18, ni a los 30 que a los 50, y a saber lo que sentiré yo a los 80.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>No conocí a Brassens ni lo he visto cantar, pero a través de sus canciones es una de las personas que mejor he conocido en mi vida. Sé mucho mejor cómo era Brassens que cómo era mi padre</em></p>
</blockquote>
<p><em>RL: Ahora que cita esa canción, ¿le ha influido Leonard Cohen lo mismo que Brassens?</em></p>
<p>JK: En <em>El vals del perdón</em> digo, como Cohen, “este vals, este vals, este vals…”, por supuesto, pero las formas musicales de Cohen yo no las manejo, no sé cantar en sus tiempos. Como letrista, aunque no tanto como Brassens, me encanta, y al fin y al cabo eso es lo que acaba influyendo, que te guste muchísimo.</p>
<p><em>RL: ¿Su más clara deuda musical es con Georges Brassens?</em></p>
<p>JK: Sí, con diferencia de todo lo demás que yo pueda medir. Yo lo conocí, me refiero a su música, con 25 años, cuando ya debía de tener yo muchas influencias anteriores. Siempre digo que la primera canción que escuché fue <em>Cinco lobitos tiene la loba</em>, y supongo que es la que más me ha influido. De todas formas, antes de conocer a Brassens ya había escrito dos o tres canciones que eran <em>brasansianas</em>, pero yo no lo sabía. Estuve durante tres años estudiándolo una hora diaria y me impregné por completo.</p>
<p><em>RL: ¿Nunca lo conoció?</em></p>
<p>JK: No, ni lo he visto cantar, pero para mí Brassens está en los discos. No me importa nada, porque conocer a las personas es una lotería, igual te gustan o igual no te gustan nada, y sin embargo lo que han hecho sí que te gusta. O igual tiene un mal día porque le duele una muela y te manda a la mierda. Pero a través de sus canciones es una de las personas que mejor he conocido en mi vida. Sé mucho mejor cómo era Brassens que cómo era mi padre.</p>
<p><em>RL: Y también le ha quedado de él ese rechazo por el mundo de la política: “Morir por las ideas, sí, pero de muerte lenta”.</em></p>
<p>JK: Vitalmente para mí también es un maestro, lo que pasa es que yo soy consciente de dónde venían sus influencias vitales y de dónde traigo yo las mías. Él era de un pueblo, de padre albañil, y de chavalín debía de ser muy listo, porque a los 18 años se larga a París, se lee toda la literatura francesa y tiene una vida de obrero, casi de <em>clochard</em>. Bueno, pues eso es inimaginable para mí y eso tiene que marcar mucho. Yo vengo de una familia bien, soy de ciudad desde que nací. Brassens todavía me influye mucho pero ya sin pensar, porque como lo incorporé… De hecho, combato esa influencia a menudo, no del todo, pero a menudo hago canciones que no son nada <em>brasansianas</em>. Este último disco, sin embargo, sí tiene mucho de <em>brasansiano</em>.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>Hay dos formas de escribir, como hay dos formas de pintar, que son muchísimas más; pero están los que desparraman y los que, al revés, hacen más orfebrería, los que contienen</em></p>
</blockquote>
<p><em>RL: Escribió Javier Rioyo que usted es el “hijo natural, ilegal y díscolo de un imposible matrimonio entre Brassens y Boris Vian”.</em></p>
<p>JK: De Boris Vian yo diría que no. Conozco sus cosas y me han divertido sus canciones, pero no creo que me haya influido nada. Me ha influido más Concha Piquer que Boris Vian. O Renato Carosone, porque de Boris Vian, aparte de las novelas, que son interesantes, lo suyo con las canciones es de un ingenio enorme, y de una indulgencia también enorme. Todas sus canciones tienen una idea muy interesante y la desarrolla, pero a trancas y barrancas, cosa que es lógica, porque escribía las canciones generalmente en dos horas. Se iba a un estudio de grabación con su amigo el músico, que le decía “he hecho esta música”; y Boris Vian se sentaba en el estudio, escribía una letra y la grababa. Teniendo en cuenta todas sus actividades, lo veo muy lógico. Yo, a estas alturas, entre las que he tirado y las que no he tirado, habré escrito 220 o así, no sé bien, no creo que lleguen a 250, pero he grabado sólo unas 130. Boris Vian hizo 400 y además escribía novela, obras de teatro, óperas y tocaba la trompeta en una orquesta de <em>jazz</em>. Pero es que además corría <em>rallyes</em> automovilísticos, trabajaba de ingeniero para una gran empresa que construía diques en Holanda y tiene la patente de un neumático. Además, ligaba, se pasaba de tertulia casi todas las tardes y murió muy joven. ¡Qué barbaridad, de dónde sacaría el tiempo! Yo creo que hay dos formas de escribir, como hay dos formas de pintar, que son muchísimas más, pero están los que desparraman y los que, al revés, hacen más orfebrería, los que contienen. Para mí Picasso es de los que desparraman, y sin embargo es mi pintor favorito; Bob Dylan desparrama; Leonard Cohen contiene. Y encuentro que las dos formas son válidas porque dependen del resultado. En el caso de Boris Vian, que desparrama, me parto de la risa cuando veo versos malísimos que ha puesto para completar la canción, la típica faena de aliño. El personaje me seduce mucho, pero no cómo escribe las canciones.</p>
<figure id="attachment_4327" style="width: 455px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-4327" src="/wp-content/uploads/2015/07/Foto-3-736x1024.jpg" alt="Foto 3" width="455" height="633" /><figcaption class="wp-caption-text">Un rincón de la biblioteca de Krahe.</figcaption></figure>
<p><em>RL: Tomás-Valiente relaciona algunos juegos disparatados de sus canciones con George Perec, como en ‘Las antípodas’.</em></p>
<p>JK: Sí, pero no sé por qué justo con esa canción.</p>
<p><em> RL: </em><em>Por utilizar sólo esdrújulas.</em></p>
<p>JK: Pero eso es muy poco <em>perequiano</em>. Si te fijas en la zarzuela <em>El Rey que rabió</em>, el coro de doctores canta: “Juzgando por los síntomas / Que tiene el animal, / Que puede estar hidrófobo, / O puede no lo estar”. Casi hay uno por verso. Siempre se ha jugado con esdrújulas. Precisamente, la esdrújula no tiene dificultad ninguna, y lo que se propone Perec siempre es muy dificultoso. Yo he hecho bastantes palíndromos, que eso sí presenta dificultad; poner esdrújulas, ninguna.</p>
<p><em>RL: ¿Pero está de acuerdo con su referencia a Perec?</em></p>
<p>JK: Sí, me gusta, pero he leído pocos libros de él. El que más me ha gustado es <em>La vida. Instrucciones de uso.</em> Me quedé exhausto, y me dije “vamos a dejar un poco a este Perec”. Luego me leí el librito <em>El gran palíndromo</em> y me pareció un juego disparatado. Yo no sé si Miguel lo sabe, lo que pasa es que lo habré mencionado alguna vez, porque el OuLiPo siempre me fascinó… bueno, no, porque generalmente las cosas a mí no me fascinan, pero me interesó lo suficiente en un tiempo. Al OuLiPo (Ouvroir de Littérature Potentielle) iban bastantes escritores, como Raymond Queneau, y jugaban, y a eso le llamaban literatura potencial, de forma que si tú te obligas a algo, la dificultad de encontrar soluciones te permite algunos hallazgos.</p>
<p><em>RL: Sí, como los versos pentasílabos de “Pues… nada, hombre”, o en “Minimal de amor”, donde los versos tienen sólo tres sílabas.</em></p>
<p>JK: Y ésa es la dificultad, decir una frase y que sea correcta, cosa que a Perec le da lo mismo. Yo he disfrutado más con Salgari, que no se planteaba esas cosas.</p>
<p><em>RL: ¿Hay una referencia a Kavafis en ‘Como Ulises’?</em></p>
<p>JK: No, es una referencia a <em>La Odisea</em> directamente, y si acaso tiene una referencia nada explícita a Kazantzakis, que tiene una odisea en la que el personaje vuelve a Ítaca y cuando lleva tres meses está aburridísimo y se va.</p>
<p><em>RL: ¿Le gusta Kavafis?</em></p>
<p>JK: Sí, pero no para escribir canciones. Una vez intenté escribir una canción inspirada en uno de sus poemas, el de los bárbaros, porque había leído en un periódico que había no sé qué asteroide monstruoso que a lo mejor un día se estrellaba contra la Tierra y nos destruía, y como en su poema Kavafis dice que los bárbaros no entienden de retórica, pensé: el asteroide tampoco entiende de retórica. Pero resulta que manteniendo lo del asteroide la canción salía muy aburrida.</p>
<p><em>RL: Y cuando todo da lo mismo, “por qué no hacer alpinismo”…</em></p>
<p>JK: Aparte de la canción del Himalaya, he escrito otra, que no está en el disco porque la he escrito este verano, con la que estoy muy satisfecho. Empieza diciendo: “Sólo simbólicamente aún emprendo escaladas…”.</p>
<p> </p>
<h4>Reflexiones sobre ‘De mil amores’</h4>
<p><a href="/wp-content/uploads/2015/07/De-mil-amores.jpg"><img class="alignleft wp-image-4329" src="/wp-content/uploads/2015/07/De-mil-amores.jpg" alt="De mil amores" width="350" height="478" /></a>En alguna ocasión, Javier Krahe se ha <em>quejado</em> de que se tomen demasiado en serio sus canciones o de que incluso las consideren poemas. En <em>Charlas con un vago burlón</em>, una conversación con Paloma Leyra editada por 18 Chulos Records, afirma que “las canciones entretienen, forman parte de la cultura del ocio”; y concluye: “La canción es un género frívolo y me parece muy bien que sea así”. Frívolo o no, género mayor o menor, el caso es que Miguel Tomás-Valiente ha considerado la obra de Krahe (unas 130 canciones grabadas, muchas de las cuales están recogidas en un tomo  editado por Visor) lo suficientemente literaria como para diseccionarla con su bisturí de filólogo, descubrir los juegos de rimas y estrofas y buscar los referentes ocultos que se esconden bajo la apariencia de la sencillez y el efectismo. Y el resultado, como siempre que un trabajo está hecho con rigor y minuciosidad, es sorprendente. “En cuanto comencé –reconoce Tomás-Valiente en el prólogo–, la gran cantidad de sugerencias que encierran las canciones de Krahe; la profusión de referencias a otros autores, personajes, lugares…; la exuberancia de juegos de palabras, metáforas e ironías; la exquisita selección de cada palabra… hicieron imposible que el trabajo quedase en liviano”. No podía ser de otra forma, porque cada una de las canciones de Krahe está trabajada, o <em>acariciada</em> como le gusta él decir, hasta el extremo. Por eso, reiterando que él no es poeta, reivindica la dignidad de la canción como género literario.</p>
<p><em>RL: Miguel en su libro dice que usted es poeta.</em></p>
<p>JK: Está empeñado, sí, pero si uno puede apreciar la poesía es porque le puede causar unas emociones de un nivel muy alto, y eso la canción también lo da. No veo por qué los poetas se adjudican una superioridad sobre los letristas de canciones. Yo lo hablé con Ángel González y me dijo: “Tienes toda la razón, la poesía no es canción y la canción no es poesía. Yo he intentado escribir canciones y no me salen”. Pero claro, como son parientes, luego puede venir Paco Ibáñez y hacer unas canciones muy bonitas con los poemas, pero en general, se nota que son poemas. Además, yo no escribiría como escribo si hiciera poesía, no soporto la rima, a estas alturas del siglo XX… Aún no podemos decir XXI, porque estamos empezando.</p>
<p><em>RL: A algunas de sus canciones Miguel las llama canciones-teatro. ¿Está de acuerdo?</em></p>
<p>JK: Sí, porque creo que además lo demuestra. Yo apenas había pensado en eso, pero al leerlo me di cuenta de que tiene razón Miguel, son canciones que están planteadas como obras de teatro. La más explícita es <em>Orfidal</em>, pero también <em>Pues… nada hombre</em>, y otras muchas, porque como él lo ha estudiado a fondo lo sabe mejor que yo. Pero os diré que estoy absolutamente disconforme con la interpretación de <em>La perversa Leonor</em>, porque como en la canción se dice que “algunas veces acaricio y mimo su ropa interior”, Miguel se atreve a decir que yo me pongo ropa interior femenina, pero ni se me pasó por la cabeza, tocarla sí, pero ponérmela… Estoy muy disconforme, porque en mí sería una aberración.</p>
<p>Quizá por eso, cuando nos vio aparecer con el libro se puso en guardia. “Si queréis saber algo del libro le preguntáis a él, que lo ha escrito. Yo ya me lo encontré hecho y con las ilustraciones, no tuve arte ni parte. Un día me llegó Miguel y me dijo: ‘Mira, entre Octavio [Colis] y yo hemos hecho esto para ti, haz lo que quieras con él’. ‘¿Y esto qué es?’. Y me dijo: ‘No, es que como tengo insomnio, y como para entretenerme en las vacaciones escuchaba tus canciones, me dije voy a estudiarlas, y me salió un libro’. Y lo pensé y dije vale, me lo quedo yo y estoy muy contento de tenerlo, pero como tengo algunos seguidores, no demasiados, que les interesan esas cosas, me decidí a publicarlo”.</p>
<p> </p>
<p>(<em>De mil amores. Reflexiones sobre las canciones de Javier Krahe</em>, de Miguel Tomás-Valiente y Octavio Colis. Edita <a href="http://www.18chulos.com/" target="_blank">18 Chulos Records</a>).</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>FERNANDO PALMERO / ANA LISIS</em></strong></p>
<p style="text-align: left;"><em>La Biblioteca Fantástica de Javier Krahe fue publicada originalmente en el número de febrero de 2011, 219, de la Revista LEER.</em></p>
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		<title>Elogio del libertino</title>
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		<pubDate>Thu, 18 Sep 2014 16:12:54 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El concepto de libertinismo, más allá de toda duda razonable, es complejo. Y extraño”. Sucede, en general cuando un término se construye, desde el inicio, como epíteto descalificador de algo que jamás se ha dado a sí mismo nombre propio. “Libertino” <strong>fue inventado como vituperio</strong>, primero, en la segunda mitad del siglo XVI, <strong>para dar razón de un envenenado enfrentamiento interno a la Reforma</strong>, y especialmente al calvinismo ginebrino. Fue <strong>desplazado,</strong> <strong>desde el inicio del XVII, al ámbito católico para fulminar sin contemplaciones a los primeros discípulos radicales de Maquiavelo</strong>, en quienes, muy especialmente la Compañía de Jesús, pero de modo más general todo el medio eclesiástico, sobre todo el francés, veía el riesgo mayor de definir un Estado que impusiera su potestad al margen, o incluso por encima, de la Iglesia. <strong>Sólo a partir de los dos decenios finales del XVII, pasará a designar una cierta actitud disipada en el ámbito de las costumbres</strong>, y muy especialmente en el de las costumbres sexuales, sobre el cual se alzará, en el siglo XVIII, toda la narrativa francesa que prefigura al <strong>Marqués de Sade</strong>.</p>
<p>El trabajo que <strong>Pedro Lomba Falcón</strong> acaba de publicar sobre el magma que en torno al término “libertino” se teje, marca una época en los estudios sobre ese huidizo concepto, a lo largo de cuyas metamorfosis se gesta completo el horizonte del pensar moderno. <em>Márgenes de la modernidad. Libertinismo y filosofía en el siglo XVII</em> (Escolar y Mayo, 2014) <strong>es un libro indispensable, académicamente indispensable.</strong></p>
<p>La tarea de Lomba ha sido la de acotar la fluidez de esas metamorfosis del término. E<strong> intentar dar con las constantes que rigen su trastrueque.</strong> Desde una hipótesis que, a partir del libro clásico de <strong>René Pintard</strong>, es central en los estudios sobre la formación del pensamiento moderno: el libertinismo constituiría <strong>el referente polémico de lo que, a partir de Descartes, configura la filosofía moderna.</strong> <strong>Contra él se ha elaborado todo</strong>, a lo largo de un siglo. Y también en alianza con él, aun cuando siempre alianza enmascarada. En lo académico, el libro de Lomba es el trabajo más minucioso, más exhaustivo, desde aquel de Pintard que está en los orígenes del interés historiográfico en esa permanente paradoja libertina.</p>
<p>De los “libertinos espirituales”, a los que fulmina <strong>Calvino</strong> en su obra <em>Contra la secta fantástica y furiosa de los libertinos</em> del año 1545, a los “libertinos eruditos” duramente reprimidos en la Francia del XVII, <strong>Lomba traza un mapa minucioso, hasta hoy inexistente.</strong> Un mapa que supone la relectura de esas indigestas y prolijas refutaciones, a las cuales ha sido habitual hasta hoy referirse de modo somero y aproximativo. Afrontar en detalle los centenares de páginas de las tres diatribas antilibertinas del padre <strong>Garasse</strong> y las cuatro, menos necias, pero no menos prolijas, del corresponsal de Descartes <strong>Marinus Mersenne</strong>, requiere un trabajo paciente y una consagración de años.</p>
<blockquote><p>Pedro Lomba traza un mapa minucioso del huidizo concepto “libertino”, en torno a cuyas metamorfosis se gesta completo el horizonte del pensar moderno</p></blockquote>
<p>El libro ahora publicado es, en primer lugar,<strong> una guía que no tiene precio para los historiadores del siglo “de la razón”.</strong> Y en cuyo apéndice textual se incluyen textos de otro modo casi inaccesibles a quien no posea el tiempo y los medios indispensables para encerrarse en las bibliotecas más especializadas en literatura clandestina.</p>
<p>Es también, y sobre todo, <strong>un exacto trazado de las lógicas que llevan desde la crisis reformada hasta el estallido del pensar barroco</strong>, cuya consecuencia más extrema será Spinoza; la emergencia de una crisis del pensamiento moral y político que Lomba sintetiza en un axioma afortunado: “Tal es la nueva moral libertina: una extraña moral que se reduce a la constatación de que la verdad y el bien –si se puede seguir utilizando este último término– están sólo en la negación de lo que hace posible toda moral: voluntad individual y ley. Su contenido queda sustanciado en un principio fundamental: <strong>no percibir el pecado, ignorarlo, pues percibirlo y no ignorarlo es índice irrefutable de que se permanece en él</strong>”.</p>
<p>Del “espiritual” <strong>Pocque</strong> al fascinante bibliotecario del Cardenal <strong>Mazarino</strong> que teorizó por primera vez los “golpes de Estado”, <strong>Gabriel Naudé</strong>, Pedro Lomba va reconstruyendo una tela de araña de lógicas implacables. Que lleva a la plenitud maquiaveliana de ese Naudé que pone los más venerables clásicos al servicio de un maquiavelismo político sin máscaras: “La plebe es inferior a las bestias, peor que las bestias y cien veces más necia que las mismas bestias, porque las bestias están privadas de razón y se dejan llevar por el instinto que la naturaleza les da como regla de vida… Mientras que la plebe (entiendo por esta palabra la turbamulta, la escoria popular, la gente que por uno u otro motivo resulte ser de baja estofa, servil y de condición baja), estando dotada de razón, abusa de ella de mil maneras… En resumen, <strong>todo aquello que la plebe dice es falso y absurdo</strong>, todo lo que desaprueba es bueno, y todo cuanto hace y emprende no es sino pura locura”.</p>
<p><strong>Montaigne</strong> y <strong>Charron</strong> asentarán los fundamentos del “erudito” libertinismo escéptico del diecisiete. <strong>La Mothe Le Vayer</strong>, <strong>Théophyle de Viau</strong> y el anónimo autor del <em>Theophrastus redivivus</em> consumarán el trayecto. <strong>Mersenne</strong> y Garasse los llamarán ateos. Pero, ¿qué significa “ateo” en la pluma de un escritor del siglo XVII? Sólo con <strong>Spinoza</strong> se abrirá la edad moderna a la respuesta definitiva.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>GABRIEL ALBIAC</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"><a href="http://escolarymayo.wordpress.com/2014/05/30/pensamiento-libertino/"><img class="alignleft wp-image-2406" src="/wp-content/uploads/2014/09/Lomba_Margenes2-666x1024.jpg" alt="Lomba_Margenes[2]" width="150" height="231" /></a><a href="http://escolarymayo.wordpress.com/2014/05/30/pensamiento-libertino/" target="_blank">MÁRGENES DE LA MODERNIDAD. LIBERTINISMO Y FILOSOFÍA EN EL SIGLO XVII</a></address>
<address style="text-align: left;"><strong>Pedro Lomba Falcón</strong></address>
<address style="text-align: left;">Escolar y Mayo. Madrid, 2014</address>
<address style="text-align: left;">282 páginas. 19 euros</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"><em>Una ver­sión de esta reseña ha sido publi­cada en el <a href="/2014/09/leer-en-septiembre/" target="_blank">número de septiem­bre de 2014, 255</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco y en libre­rías selec­cio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>)</em></address>
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		<title>Bueno: «Nunca encontré sentido a estudiar Filosofía»</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2014 10:45:30 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Hoy GUSTAVO BUENO cumple 90 años y es una ocasión inmejorable para rescatar la visita que la pasada primavera LEER realizó al filósofo riojano en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes. La suya fue La Biblioteca Fantástica de nuestro <a href="/2014/05/leer-en-mayo/" target="_blank">número de mayo</a>. La conversación con ANA LISIS y FERNANDO PALMERO sobre los libros que atesora derivó hacia su etapa de estudiante, su paso por Salamanca, el descubrimiento de la Escolástica, las primeras lecturas e influencias intelectuales, de Freud a Linneo pasando por Spinoza… </address>
<address> </address>
<p>El bosque atlántico de <strong>Gustavo Bueno</strong> es ahora, también, <em>el bosque sagrado</em> de Llanes, porque esa es la etimología más probable de Niembro, como le contó a <strong>Marvin Harris</strong> en el verano del 85, <em>nemus, nemoris</em>, dice, bosque consagrado a alguna divinidad que remite al lago Nemis, en los montes albanos, donde había un templo dedicado a la diosa romana Diana, la Artemisa griega, y que por eso le llamaban <em>Diana Nemorensis</em>, y así se llamarían también los habitantes del lugar, nemorenses o niembrenses, y le explicó al sorprendido antropólogo que seguramente donde hoy se alza la iglesia cristiana junto al cementerio marino, debió haber un templo dedicado a Diana Cazadora, y en recuerdo de aquel derruido templo a la divinidad, fuese o no la historia verdadera, sus hijos le regalaron una figura de la diosa, con las flechas y el arco, como se suponía que iba también la arquera Artemisa cuando salía a cazar con su hermano Apolo, y desde entonces está ahí la diosa, que no es de mármol, pero está adornada con una pátina de moho por la humedad que lo disimula, y que tampoco está en un bosque mediterráneo sino en uno atlántico, entre gigantescos helechos mexicanos que uno de sus hijos, <strong>Álvaro</strong>, conservador de las colecciones botánicas del Jardín Atlántico de Gijón, ha trasplantado en Niembro, donde conviven con el boj, con robles y encinas, que muy probablemente crecían hacía siglos en estos cuetos costeros antes de la llegada de los eucaliptos, y paseando por el bosque con los dos filósofos (padre e hijo), creyendo uno que lo hacía por una de esas campiñas que aman los sabios, como decía <strong>Diógenes Laercio</strong> que decía <strong>Epicuro</strong>, llegamos al final del camino, a un promontorio en el que hay una reja vieja que parece colocada a modo de púlpito, pero que no es tal, sino que acota un pequeño espacio en cuyo centro hay un banco de piedra sobre el cual, apoyado en una tabla, confiesa Gustavo Bueno que escribió <em>El mito de la cultura</em>, porque en aquel retiro podía refugiarse del calor del verano y del ruido de los veraneantes.</p>
<blockquote><p>Mi interés de estudiante, como ahora, no era la Filosofía. Yo leía sobre todo a Freud, que se estudiaba en Medicina</p></blockquote>
<p>Y tras contarnos esto nos lleva a su biblioteca que afortunadamente no es un establo con una vaca descuartizada como nos cuenta que hizo <strong>Descartes</strong> cuando recibió a unos visitantes que querían ver sus libros, sino que nos conduce a una estancia amplia, bien iluminada y cubierta de librerías de madera del suelo al techo y en el centro, un escritorio alargado con un atril, como ante el que leía <strong>San Jerónimo</strong> en su celda, tal y como la concibiera el joven <strong>Durero</strong> en su célebre grabado, aunque no vimos por allí ninguna <em>vanitas</em>, ni ningún león, ni ninguna ternera abierta como las que pintaría luego <strong>Francis Bacon</strong> en uno de sus retratos de Inocencio X, pero esta anécdota cartesiana de la vaca le sirve para iniciar la conversación y nos muestra un ejemplar de la edición de 1749 (la primera es de doscientos años antes) del <em>Antoniana Margarita</em>:</p>
<p>“<strong>Gómez Pereira</strong>, un médico y filósofo de Medina del Campo, dice: he escrito este libro y como no sé cómo titularlo, teniendo en cuenta que mi padre se llama Antonio y madre Margarita, lo llamo así por la causa eficiente. Sostiene una tesis revolucionaria, nueva, que el hombre es una máquina y los animales también, y que cuando un perro está mirando u oliendo, no mira, ni huele, decir eso sería un antropomorfismo, porque el perro no siente, es una autómata que cuando recibe un estímulo repite un patrón de comportamiento. Reduce la biología a mecánica o a química. Los argumentos de Gómez Pereira en su ‘teoría del automatismo de las bestias’ tuvieron una influencia extraordinaria, y Descartes lo leyó seguramente pero se lo calló. Esto es materialismo puro, aunque Gómez Pereira partiese de unos principios espiritualistas, porque concibe al hombre como un espíritu puro, ni siquiera como un animal racional, al modo de los escolásticos. Descartes, cuando dice “Pienso luego existo”, está calcando a Gómez Pereira, que había dicho: “Todo el que conoce es. Luego, yo soy”. En el año 52 o 53, con <strong>Trujillo Marín</strong>, que estaba de profesor en Salamanca, hicimos un laboratorio de psicología y fisiología experimental titulado Gómez Pereira, con un reglamento y todo, era una cosa puramente desiderativa, quiero decir que yo el interés por Gómez Pereira lo he tenido siempre».</p>
<figure id="attachment_2193" style="width: 690px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7711.jpg"><img class="wp-image-2193 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7711-1024x682.jpg" alt="IMG_7711" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><em>¿Qué otras lecturas recuerda de los años que pasa en Salamanca como catedrático de Instituto entre 1949 y 1960?</em></p>
<p>Sobre todo recuerdo el frío espantoso que hacía en el Colegio Mayor en el que estuve hasta que me casé en el año 53. Poníamos un ladrillo caliente en la habitación porque no teníamos calefacción y allí, como era grande, tenía a un lado las obras que había descubierto yo en Salamanca, los <em>Principia Mathematica</em> de <strong>Bertrand Russell</strong> y las cosas de <strong>Rudolf Carnap</strong> y del Círculo de Viena, y al otro lado los libros de Escolástica que la directora de la biblioteca, que era hija del famoso <strong>Artigas</strong> director de la Biblioteca Menéndez Pelayo, me dejaba llevarme. Igual que cuando entras en una catedral y ves un armónium te pones a tocar a ver cómo suena, cuando vi aquella hilera de infolios en la biblioteca, por pura curiosidad me puse a ver lo que decían, no porque a mí me interesasen, sino a ver qué decían aquellos frailes, y resulta que decían muchas cosas, sutilísimas, y eso me influyó muchísimo y me convertí en un experto. Allí leí <em>Los dones del Espíritu Santo</em> de <strong>Juan de Santo Tomás</strong>, a los Conimbricenses, los Complutenses, los Salmanticenses… Salamanca fue para mí, sobre todo, conocer la Escolástica. Es más, siempre he creído que lo que debía estudiarse los primeros cursos en las facultades de Filosofía es Escolástica en serio. La Escolástica no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas y su influencia, por ejemplo en <strong>Kant</strong>, es total y no digamos en <strong>Heidegger</strong>. La gran conmoción que provocó en el año 27 cuando publicó <em>Ser y tiempo</em>, fue porque la gente no sabía escolástica y estaban leyendo a un autor que había sido jesuita, que tenía una tesis sobre <strong>Duns Scoto</strong> y que era un escolástico de arriba abajo.</p>
<blockquote><p>La Escolástica no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas. Su influencia en Kant es total, y no digamos en Heidegger</p></blockquote>
<p><em>Ha dicho en alguna ocasión que en Salamanca concibió la Teoría del Cierre Categorial, ¿fue leyendo a los autores del Círculo de Viena?</em></p>
<p>No. En el colegio mayor había muchos catedráticos de Medicina, de esos que estaban allí un par de años y luego se marchaban, y yo iba al laboratorio de fisiología que había en la Facultad antigua de Medicina y tenía la costumbre de estudiar los instrumentos que utilizaban. Y allí es donde se me ocurrió la idea de un conjunto de operaciones que había que mantenerlas dentro de aquel plano sin salirse de él y que cualquier otra operación externa no podía ser introducida. Fue una intuición, una descripción de lo que yo veía en aquellos laboratorios.</p>
<p><em>Sus primeros libros también fueron de medicina, de la biblioteca de su padre. </em></p>
<p>Yo estaba destinado a ser médico, toda mi familia lo era, mi padre, que había sido discípulo de <strong>Ramón y Cajal</strong>, mis abuelos materno y paterno, pero a mí me gustaba la biología, que antes no existía, los biólogos de entonces, empezando por <strong>Ochoa</strong>, eran todos médicos. Mi padre me llevaba a visitar a los enfermos y a ver las autopsias y eso me entretenía pero yo no quería estar toda la vida viendo enfermos. Mi interés entonces, como ahora, no era la Filosofía, para mí estudiar Filosofía era una cosa administrativa, burocrática, porque lo que yo leía en Zaragoza en esos años, te estoy hablando del 41–42, era sobre todo a <strong>Freud</strong>, que no se estudiaba en Filosofía, sino en Medicina, e íbamos a la clase de un catedrático de psiquiatría y nos explicaba a Freud, a <strong>Jung</strong> y a <strong>Darwin</strong>. En la Facultad de Filosofía había grandes controversias con un cura que tenía un libro que se llamaba <em>Tole Lege</em> y que decía que eso de que el hombre venía del mono eran tonterías. Pero aparte de los de Medicina, los libros que yo leía en casa eran los que mi padre tenía escondidos en un armarito en su despacho de la clínica. Cuando encontré la llave y lo abrí me encontré a <strong>Spinoza</strong>, <strong>Anatole France</strong>, sobre todo cosas francesas, y cosas de Darwin. Se los sacaba, los leía y los metía otra vez. Eran libros de la juventud de mi padre cuando estuvo en México.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2198" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7823-1024x682.jpg" alt="IMG_7823" width="690" height="459" /></p>
<p> </p>
<p><em>Esa fue la primera vez que leyó a Spinoza?</em></p>
<p>Yo tenía un conocimiento muy mundano de Spinoza, para mí era un judío que decía que <strong>Moisés</strong> no podía haber escrito el Pentateuco, porque ahí se contaba su muerte. Yo iba a misa, claro, tenía que ir por razones sociales. Cuando me marchaba con algunos amigos, mi madre me decía no hagas el ridículo, cosa que entonces me parecía ridícula pero hoy le doy la razón, tú no puedes dejar de ir a misa donde todo el mundo va a misa, porque haces el ridículo. Mucho más tarde, en Salamanca, cuando con mis compañeros, que tampoco iban a misa, discutíamos sobre la libertad humana yo les decía: así como la mariposa caligo cuando ve a un búho extiende sus alas para no ser devorada por los predadores, así nosotros extendemos los brazos en cruz para no ser devorados por los sacerdotes, pero todo esto lo hablábamos en absoluto secreto. El que quiere ser sincero tiene dos opciones, o bien separarse o bien descreérselo y mantener esa doble vida, ahora hay que hacer lo mismo, aunque dicen que estamos en libertad. Pero estaba hablando de Spinoza. Yo iba a misa de 12, a la catedral de Santo Domingo de la Calzada, y allí lo pasaba muy bien, porque me sentaba en los bancos de la nave central, frente a un retablo de <strong>Forment</strong> y leía el Tratado Teológico-Político que había metido en un devocionario muy <em>ad hoc</em> de mi tía Ángeles, que era muy beata, la típica mujer solterona que tocaba muy bien el piano y que daba mítines de la CEDA. Y el notario del pueblo, que me miraba de reojo y veía latinajos en el libro, le decía luego a mi padre: tu hijo me gusta mucho, va para cura.</p>
<blockquote><p>Durante una temporada grande, años 40, leí muchas novelas, sobre todo a Thomas Mann, pero luego me aburrí y ahora las aborrezco</p></blockquote>
<p><em>¿Las novelas o la poesía no formaron parte de su formación?</em></p>
<p>En Zaragoza era <em>obligatorio</em>, no sé por qué, en los años 40–42, leer a <strong>Dostoievski</strong> y a todos los rusos, era una moda entre los estudiantes, no sé cómo surgió, pero cuando estabas hablando en un café o donde fuera, tenías que hablar de <strong>Turgeniev</strong> y de <strong>Raskolnikov</strong>, el protagonista de <em>Crimen y Castigo</em>, era como hablar ahora de <strong>Rubalcaba</strong>, así que durante una temporada grande leí muchas novelas, sobre todo a <strong>Thomas Mann</strong>, pero luego me aburrí y ahora las aborrezco. Con los libros hay que tener cuidado. Cuando se pondera tanto a <strong>Gutenberg</strong> habría que ver los libros que publicó en su imprenta, eran mucho peores que los de los escolásticos, la cantidad de majaderías que publicó. En el pergamino y el papiro había que afinar más, porque había que escribir letra por letra, pero cuando las letras las hace la máquina… La imprenta supone, primero, la posibilidad de repetir estupideces y de ponerlas al mismo nivel de lo que no son estupideces. Y eso pasa con las novelas de ahora. Sin embargo, es cierto que me reconcilié con la novela cuando escribí una, que no llegué a publicar, la rompí como he contado alguna vez, pero me sirvió de mucho porque era la primera vez, desde el punto de vista literario, que yo empecé a pensar no en abstracto sino dramáticamente, es decir, poniendo cara a las cosas, y ese fue un cambio muy importante, para bien o para mal, pero cambió radicalmente mi forma de enfocar las cuestiones. De poesía, en tiempos me gustaba mucho leer a los clásicos, las odas de <strong>Horacio</strong>, a <strong>Catulo</strong> y a <strong>Virgilio</strong>. Yo tenía amigos poetas, pero me metía mucho con ellos y con los filólogos en Salamanca, como cuando hicieron premio Nobel a <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> y recordaban eso de <em>Dios está azul</em>. Eso es una tontería, una idiotez completa decía yo, no está ni azul ni rojo, eso a lo sumo será un fragmento de la polémica sobre si Júpiter era el firmamento o era una persona. Recuerdo un seminario de la Universidad de Salamanca donde estaban ponderando no sé qué imagen de <strong>Fray Luis de León</strong> que decía que el mundo surgió cuando Dios estaba tocando una lira, qué bello, decían, y efectivamente eran versos muy bonitos, pero lo bello, decía yo, está en la forma de la lira. Si dices Dios creó el mundo tocando un trombón, se acabó la belleza.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2200" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7802-1024x682.jpg" alt="IMG_7802" width="690" height="459" /></p>
<p> </p>
<p><em>¿Para usted hacer filosofía ha sido hacer política?</em></p>
<p>Yo nunca he hecho filosofía. Me hace mucha gracia cuando salen los profesores con pancartas diciendo que sin la filosofía no se puede pensar, hombre no me diga tonterías. ¿Qué quieren decir, que nosotros no pensamos? El pensamiento no está en la filosofía académica. Yo creo que aquí padecemos, y yo incluido, un error gremial. Por eso cuando <strong>Manuel Sacristán</strong> salió con aquello del papel de la Filosofía yo entré al trapo porque me pareció una cuestión mal planteada. Yo nunca le encontré sentido a estudiar Filosofía, porque ¿qué dice la Filosofía? No dice nada, dice cuestiones muy diferentes, es como la democracia, hay muchas clases de democracia, la orgánica, la representativa… Lo que llamamos Filosofía es un análisis de segundo grado, pero por sí misma no tiene entidad ninguna si no está sostenida por los materiales que analiza. En cierto modo, Sacristán tenía unas ideas parecidas, pero las distorsionó a mi juicio porque no sabía nada de escolástica y creía que todo era lenguaje. Pero el principal error, como decía, es el gremial. Como ocurre en la televisión, donde el público está dividido por especialidades, aunque esté todo lleno de impostores, sobre todo en La 2, que es un nido de gente del PSOE, en las facultades son los gremios los que mandan, el gremio de los filósofos, de los paleontólogos, de los medievalistas, y si no eres del gremio no tienes nada que hacer, te acusan de intrusismo, como cuando he dado unas conferencias tomando como punto de partida la décima edición del <em>Sistema Natural</em> de <strong>Linneo</strong>, un personaje que aparece completamente eliminado de la filosofía moderna. Aparecen <strong>Copérnico</strong>, Descartes, Galileo, luego Darwin, pero Linneo nunca, lo consideran un botánico, pero tiene una importancia de primer orden, porque habla de la naturaleza con tres reinos, el reino mineral, el vegetal y el animal y mete, por primera vez, al hombre en el reino animal. Claro eso era un escándalo para los cartesianos, porque el hombre es espíritu, como decía Gómez Pereira, el de animal es simplemente un traje que tiene y que lo tira cuando se cansa de él, porque el hombre pertenece al reino de los espíritus. El embrollo de Linneo es que dice que las especies son eternas y han sido creadas por Dios y define al hombre como Homo Sapiens. A mí me gusta más la definición de <strong>Hesíodo</strong>: “El hombre es un animal que come pan”, porque ¿qué es eso de Sapiens? Yo me acordaba de Gómez Pereira, ¿la sabiduría del hombre en qué consiste? Yo creo que la escritura en la evolución es un estadio mucho más importante que el habla. Los chimpancés, por lo menos los de <strong>Premack</strong>, aprendieron a hablar, pero no escribían, de manera que la escritura es un cambio totalmente distinto, que, por de pronto, nos libera de los antepasados inmediatos. Nosotros sabemos mucho más de <strong>Tutankamon</strong> que lo que sabía <strong>Herodoto</strong>, por ejemplo. La escritura supone un cambio distinto del modo de pensar, no el lenguaje, la escritura, cuando se empieza a saber lo que es el sujeto y el predicado.</p>
<h3 style="text-align: center;">—-&amp;—-</h3>
<h3><strong>Una celebración de Bueno</strong></h3>
<p>La clausura de los Encuentros de Filosofía que anualmente celebra la <a href="http://www.fgbueno.es/" target="_blank">Fundación Gustavo Bueno</a> en su sede de Oviedo tuvieron este año un final emotivo. Tras la conferencia con la que Gustavo Bueno cerró la <a href="http://www.fgbueno.es/act/act043.htm" target="_blank">decimonovena edición</a> el 12 de abril con el título <em>El ‘Systema naturae’ de Linneo y la revolución lógica de Darwin</em>, se presentó un libro de homenaje al catedrático emérito. <em>Gustavo Bueno: 60 visiones sobre su obra</em> es un volumen colectivo editado por Pentalfa, coordinado por <strong>Raúl Angulo</strong>, <strong>Rubén Franco</strong> e <strong>Iván Vélez</strong> y en el que han participado 60 personas, entre amigos, profesores, filósofos e investigadores que respondieron a tres preguntas: cómo lo conocieron, cuál de sus obras les influyó más, y cuáles son a su entender las principales aportaciones de sus sistema filosófico.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/09/FOTO-PORTADA-LIBRO1.jpg"><img class="alignleft wp-image-2205" src="/wp-content/uploads/2014/09/FOTO-PORTADA-LIBRO1-646x1024.jpg" alt="FOTO PORTADA LIBRO" width="250" height="396" /></a>La excusa, si es que hiciera falta alguna, es, como diría el filósofo, material y, por lo tanto, necesaria. Gustavo Bueno, nacido en Santo Domingo de la Calzada en 1924, cumple 90 años. Y por esa razón nadie ha querido perderse la oportunidad de reconocer el determinante trabajo de uno de los principales filósofos de nuestra Historia. Casi 50 años de edad separan al mayor, <strong>Vidal Peña</strong> (1941), del más joven de los colaboradores, <strong>Julen Robledo</strong> (1988), prueba de la vitalidad de la obra de Bueno. Entre los participantes, también se encuentran <strong>Gabriel Albiac</strong>, <strong>Felicísimo Valbuena</strong>, <strong>Fernando López-Laso</strong>, <strong>José Sánchez Tortosa</strong>, <strong>Pedro Insua</strong> o <strong>Montserrat Abad</strong>, entre otros. Tan interesante es la participación de su nieto, <strong>Lino Camprubí</strong>, como extraña e inexplicable la ausencia de su hijo Gustavo.</p>
<address><img class="alignright wp-image-1152" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /><em>Una ver­sión de este artículo fue publi­cada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco, en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> o, mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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		<title>Ewers, el Lovecraft alemán</title>
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		<pubDate>Tue, 22 Jul 2014 11:51:38 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Así fue definido <strong>Hanns Heinz Ewers</strong> (1871–1943) por <strong>Louis Pauwels</strong> y <strong>Jacques Bergier</strong>. No en vano, el propio Lovecraft, en <em>El horror sobrenatural en la literatura</em>, indicó que el autor germano –visionario del horror nazi con relatos como “El Horror” y la novela <em>Alraune</em>, continuador del romanticismo negro y del decadentismo <em>fin de siècle–</em> era <strong>el representante por antonomasia del género de terror en Alemania.</strong></p>
<p>Ewers adoptó una posición colaboracionista con el III Reich –conoció el horror de primera mano y se anticipó a él– porque vio en el nacionalsocialismo “la más fuerte expresión de los poderes negros”. Esta filiación se llevó al extremo de recibir e<strong>l encargo del propio <em>Führer</em> de escribir la novela manifiesto del régimen, </strong><em><strong>Horst Wessel. Un destino alemán</strong>, </em>que paradójicamente fue prohibida en 1934 –probablemente por su inclinación a defender un mundo germano-judío y no mostrarse abiertamente antisemita– y que suponía un canto al “mártir” del nazismo, el estudiante de Derecho fallecido en un atentado supuestamente comunista –aunque en realidad todo apunta a que fue una venganza personal, pues el tal Wessel era, como Ewers, otro <em>pieza</em> de cuidado–<em>.</em></p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/07/laaraña.jpg"><img class="alignleft wp-image-1977" src="/wp-content/uploads/2014/07/laaraña.jpg" alt="laaraña" width="320" height="502" /></a>Influido por la filosofía de <strong>Spinoza</strong>, <strong>Nietzsche</strong> y, sobre todo, <strong>Max Stirner</strong> –en especial de <em>El único y su propiedad</em> (1844)<em>,</em> una crítica radical de la sociedad prusiana y una reafirmación del ego–, Ewers compartió con Stirner que la única instancia suprema, frente al mundo y la tradición humanista occidental, era el ego. De ahí al culto a la individualidad de la cultura supranacional… hubo un paso. <strong>Elitista, mal estudiante, mujeriego, racista, viajero, dipsómano, nudista, anarquista</strong>, duelista, espiritista y frecuentador de burdeles, Ewers tenía todas las papeletas para convertirse en el proscrito y perseguido que finalmente fue.</p>
<p>En 1943 publica la colección de cuentos <em>Las manos más bellas del mundo, </em>y en ella aparecen recogidos los mejores relatos de Ewers, narrativa que ahora resucita –cual muerto– la editorial Valdemar en <em><strong>La araña y otros cuentos macabros y siniestros</strong>, </em>en excelente traducción de <strong>José Rafael Hernández Arias</strong>, quien se ocupa también del informativo prólogo biográfico. Para los amantes del género, ideologías políticas aparte, el libro resulta imprescindible y <strong>garantía de un verdadero verano terrorífico.</strong> No es de extrañar que de una mente tan tenebrosa, negro artífice de los designios del mal mucho antes que nazi, nazcan relatos tan macabros como “La salsa de tomate” –ambientada en España, con el trasfondo de las corridas de toros–, “La Mamaloi” –reina sacerdotisa del culto vudú– o “La peor traición” –con espeluznante visita al osario de un cementerio repleto de cadáveres–.</p>
<p>También este volumen es trasunto de su periplo vital, pues abarca relatos escritos a comienzos del siglo XX, muchos de ellos redactados en el país que en ese momento visitaba. La mayoría están teñidos de una tenebrosa inspiración local y, en ese sentido, Ewers resulta un imprescindible guía de los demonios que pudo conocer en sus incansables viajes.</p>
<p style="text-align: right;"><em>DAVID FELIPE ARRANZ</em></p>
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		<title>Leer en mayo</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2014 10:11:25 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La educación, sus problemas y soluciones, es el principal argumento de nuestro número de mayo, pero hay otros muchos. El próximo mes de septiembre Gustavo Bueno cumple 90 años, y la fantástica biblioteca que el polémico filósofo atesora en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes, es la Biblioteca Fantástica de este [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La educación, sus problemas y soluciones, es <a href="/2014/04/leer252-que-educacion/" target="_blank">el principal argumento de nuestro número de mayo</a>, pero hay otros muchos. El próximo mes de septiembre <strong>Gustavo Bueno</strong> cumple 90 años, y la fantástica biblioteca que el polémico filósofo atesora en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes, es <strong>la Biblioteca Fantástica de este mes.</strong> La conversación sobre sus libros deriva a su etapa de estudiante, su paso por Salamanca, el descubrimiento de la Escolástica («no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas»), <strong>las primeras lecturas e influencias intelectuales, de Freud a Linneo pasando por Spinoza.</strong></p>
<p>Sorprendidos <a href="/2014/04/gabo-1927-2014/" target="_blank">en pleno cierre</a> por el fallecimiento de <strong>Gabriel García Márquez</strong>, ensayamos <strong>un homenaje urgente</strong> al inmortal autor de <em>Cien Años de Soledad</em>. Nuestro director, <strong>Aurelio Loureiro</strong>, calibra el impacto de la prosa de Gabo en el imaginario de varias generaciones, y <strong>David Felipe Arranz</strong> analiza la geografía de Macondo. Además, <strong>Julio Valdeón Blanco</strong>, en su <strong>Carta desde Nueva York</strong>, recoge el enorme impacto de la noticia en Estados Unidos.</p>
<figure id="attachment_1168" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-1168 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/05/Milan-Kundera-1024x680.jpg" alt="Milan Kundera." width="690" height="458" /><figcaption class="wp-caption-text">Milan Kundera.</figcaption></figure>
<p>Otra Carta, la de París de <strong>Óscar Caballero</strong>, da noticia de las últimas y notables novedades editoriales en Francia: <a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Blanche/La-fete-de-l-insignifiance" target="_blank"><em>La fête de l’insignifiance</em></a>, lo último de <strong>Milan Kundera</strong>, la antología poética de <strong>Michel Houellebecq</strong>, <em>Non reconcilié</em>, o <a href="http://www.gallimard.fr/Media/Gallimard/Entretien-ecrit/Pierre-Assouline.-Sigmaringen" target="_blank"><em>Sigmaringen</em></a>, la novela de <strong>Pierre Assouline</strong> sobre «el pecado inexpiable de Francia que fue el colaboracionismo».</p>
<p>Desde la Feria del Libro de Londres, <strong>Paula Corroto</strong>, periodista y editora de <a href="http://www.encubierta.com/" target="_blank"><em>EnCubierta</em></a> (publicación premiada en aquel certamen con el YCE Award del British Council a la mejor idea de edición digital 2014), nos trae <strong>las novedades y tendencias del siempre adelantado mercado anglosajón.</strong> El desarrollo de las aplicaciones editoriales y el auge de la autopublicación son algunas de ellas. «El mantra es la creación de comunidad, saber dar con el nicho de lectores. ¿Hablamos de libros o de coches? Hablamos de negocio».</p>
<figure id="attachment_1170" style="width: 350px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-1170" src="/wp-content/uploads/2014/05/IMG_4356-760x1024.jpg" alt="J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres)." width="350" height="472" /><figcaption class="wp-caption-text">J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>Además de nuestras habituales reseñas y recomendaciones, ofrecemos entrevistas con <a href="http://hkkmr.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Alberto Olmos</strong></a> (autor de la reciente <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/ERH28887/alabanza" target="_blank"><em>Alabanza</em></a>, «lo mejor que he escrito en mi vida»), <a href="http://www.sergibellver.com/" target="_blank"><strong>Sergi Bellver</strong></a> (a propósito de su libro de relatos <em>Agua dura</em>), <a href="http://www.jjbenitez.com/" target="_blank"><strong>J.J. Benítez</strong></a> (por la publicación de <em>Estoy bien</em> y en el 30º aniversario de <em>Caballo de Troya</em>), <strong>Juan Arnau</strong> (autor de <a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=97" target="_blank"><em>Manual de filosofía portátil</em></a> en Atalanta), <strong>Ramón Pernas</strong> (último premio Azorín con <a href="http://www.planetadelibros.com/hotel-paradiso-libro-117959.html" target="_blank"><em>Hotel Paradiso</em></a>), <strong>Javier Urra</strong> (sobre su <em>Psicohigiene</em> en Aguilar) o <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> (que habla con Alicia González de su último poemario, <em>Cuaderno de vacaciones</em>, en Visor).</p>
<p><strong>En torno a la figura de</strong> <strong>Adolfo Suárez</strong> hablamos con <strong>Abel Hernández</strong>, autor reciente del libro <a href="http://www.plazayvaldes.es/libro/secretos-de-la-transicion/1530/" target="_blank"><em>Secretos de la transición</em></a>, y <strong>Pilar Urbano</strong>, protagonista, con su libro <a href="http://www.planetadelibros.com/la-gran-desmemoria-libro-117678.html" target="_blank"><em>La gran desmemoria</em></a>, de una de las más fenomenales polémicas en torno a la relación del Rey con el ex presidente y las claves ocultas del 23-F.</p>
<p>En sus <strong>Páginas Verdes</strong>, <strong>Pedro Cáceres</strong> glosa la figura impresionante del recientemente desaparecido <strong>Peter Matthiessen</strong>. <strong>Gabriel Albiac</strong> dedica su sección de <strong>Pensamiento</strong> al último libro de <strong>Javier Sádaba</strong>, <a href="http://www.planetadelibros.com/etica-erotica-libro-114389.html" target="_blank"><em>Ética erótica</em></a> (Península), y <strong>Ramón Tamames</strong> ofrece las claves de su libro recién aparecido <em>¿Adónde vas, Cataluña?</em></p>
<p><strong>La brillante aproximación literaria de Raúl Minchinela a la misteriosa desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines</strong> cierra un número de LEER pleno de propuestas de orden diverso. Selva varia, como siempre, y más que nunca en este florido mayo.</p>
<p> </p>
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