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	<title>Revista leer &#187; Literatura</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Si mais non, Simenon</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Sep 2019 08:45:24 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Óscar Caballero]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="p1">Ambigüedad normal en un escritor de misterios, nunca se pudo saber si el escritor que se jactaba de haber redactado una obra tan vasta con solo 600 palabras nació un 12 o un 13 de febrero de 1903. La madre, supersticiosa, habría pedido a la partera que, dado que apenas habían entrado en la madrugada del 13, lo apuntara hacia las 23 y 30 del 12. Pero el propio Simenon cambió el relato un par de veces.</p>
<p class="p1"><strong>Una versión dice que Maigret fue bocetado en algún cuento de 1929</strong>, cuando Simenon tiene 26 años y al mismo tiempo que su compatriota Hergé alumbra Tintín.</p>
<p class="p1"><strong>Pero hay otra</strong>: el gran Joseph Kessel encarga a Simenon, en 1930, unos cuentos para la revista <i>Détective</i> y por ahí habría metido el morro, bueno, la pipa, el comisario.</p>
<p class="p1">Es seguro, en cambio, que <strong>la primera novela con el comisario en carne y tinta es de febrero de 1931</strong>: Fayard publica <i>Monsieur Gallet, décédé</i> y <i>Le pendu de Saint-Pholien</i> (y, en mayo, <i>Pietr-le-Letton</i>).</p>
<p class="p1">Simenon diseña <strong>un hombre en la cuarentena, «de aspecto plebeyo, enorme y huesudo</strong>. Los músculos se dibujaban bajo la chaqueta y deformaban rápidamente los pantalones nuevos». Tenía «sobre todo una forma de plantarse en todas partes, muy suya, que podía molestar incluso a los colegas. Era algo más fuerte que la seguridad en sí mismo, que sin embargo no denotaba orgullo. Aquel hombre parecía de un solo bloque. Y daba la impresión de que todo lo que chocara con ese bloque, se quebraría. Daba igual que avanzara o se quedara plantado sobre sus piernas, siempre algo separadas. La pipa seguía entre sus labios, aunque estuviera en el Majestic. ¿Sería en el fondo una vulgaridad deliberada, demostración de la confianza en sí mismo?».</p>
<p class="p1">Arthème Fayard, al frente de una editorial pionera en la masificación del libro –cinco millones de ejemplares de la serie Fantômas y alineada en la derecha nacionalista y monárquica–, podía sin embargo ser miope.</p>
<p class="p1">«Vuestras novelas policíacas», escribe a Simenon, «no lo son…Vuestros personajes no son francamente simpáticos ni francamente antipáticos. Las novelas no terminan ni bien ni mal. ¡Desastroso! No hay joven protagonista ni bella heroína. Y terminan mal porque no hay boda. <strong>No tendrá usted ni mil lectores</strong>». Cientos de miles: la fama, como los grandes tirajes, fueron inmediatos.</p>
<p class="p1">En 2003, cuando Gallimard –su segunda editorial, a la que fue a buscar prestigio, abandonada por Simenon cuando se marchó, por piernas, a Estados Unidos y dejó toda su obra a Sven Nielsen, fundador de Presses de la Cité– le otorgó consagración póstuma con obra completa en La Pléiade, hubo pequeño tour de prensa.</p>
<p class="p1">En Lieja, ciudad natal del autor, el periodista descubre el hotel Si Mais Non. Se lee <i>Simenon</i>; se traduce <i>sí, pero no</i>.</p>
<p class="p1">Relato del propietario: «Cuando abrí el hotel quise rendir homenaje al escritor del pueblo y lo llamé Hotel Simenon. El hijo me puso juicio. Quise negociar y no hubo caso. Pero, como usted debe saber, los belgas jugamos mucho con el idioma. Y, claro, al hijo le fastidia que mi hotel se llame Si Mais Non, pero no puede hacer nada».</p>
<p class="p1">Si aquella Pléiade fue la consagración literaria (que Simenon anticipó ya en 1939 cuando <strong>André Gide lo proclamó gran novelista, «el mayor, tal vez, de la literatura francesa de hoy»</strong>), los 90 años de su comisario depararon este año un impresionante <i>Tout Maigret</i>. Los diez tomos, con sus 75 novelas y 28 cuentos, a 28 euros cada uno, salieron entre enero y abril en Omnibus.</p>
<p class="p1">Otra demostración del músculo comercial del autor belga: Omnibus, colección de Presses de la Cité, se independizó en 1988, precisamente con una primera publicación de las obras de Simenon. En 2012, digitalizó íntegramente Maigret y en enero de este año empezó a destilar los diez tomos.</p>
<p class="p1">Cada uno –todos con cubiertas del ilustrador Jacques de Loustal– lleva prólogo de un escritor, de un actor o un director de cine, alusión a otra característica del belga: «Simenon es <strong>el autor más adaptado en el mundo, tanto al cine como a la televisión</strong>», según explica, en el prefacio al primer tomo, Pierre Assouline, novelista y biógrafo de Simenon.</p>
<p class="p1">En 1934, Gide lo hace entrar a Gallimard y Simenon decide ponerse una máscara. Le da vacaciones a Maigret. La vida encierra muchos <i>si</i>. <i>Si</i> no hubiera habido guerra… Pero la hubo. Simenon, que no en vano había crecido en una Bélgica muy de derechas, no la sufre. Tiene domicilio fuera de París y en París, edita y sobre todo vende guiones a la Continental Films, productora del Ocupante.</p>
<p class="p1">Curioso: Jean Gabin, uno de los seis Maigret de la pantalla, no solo se sumó a las fuerzas aliadas, porque en lugar de animación eligió el frente, sino que fue de los primeros en partir de la Francia ocupada. Y sin embargo, o más bien por eso mismo, lo tuvo crudo al regresar. Como el amor de su vida, Marlene Dietrich. Y como Michèle Morgan, Jean-Michel Aumont o Simone Simon, que también se marcharon. Fue como si los que se habían quedado –una tropa nutrida, de Picasso, Sartre y Camus a Harry Baur (intérprete de Maigret, por cierto) y Pierre Fresnay– los vieran como un recordatorio de su propia cobardía.</p>
<p class="p1">A Simenon le hacen presagiar un juicio, con desenlace incierto, cuando las depuraciones mezclaban justicia, celos y mezquinas venganzas. No puede reposar en Gallimard<b>, </b>que tras haber sido una editorial del Ocupante fue <i>liberada</i> y debe subrayarlo. Opta por Presses de la Cité, fundada en 1942 por Nielsen, hijo y nieto de libreros, y especializada en traducciones.</p>
<p class="p1">Simenon será su primer autor francés, en 1946, con <i>Je me souviens</i>, primera parte de <i>Pedigree</i>. Nielsen se convierte en una especie de <i>agenteditor</i> de Simenon, quien a cambio le concede la explotación de toda su obra. Y además, recupera a su Maigret.</p>
<p class="p1"><strong>Entre el 19 y el 27 de septiembre de 1950, Simenon escribe un libro decisivo</strong>, eso que hoy se llamaría una <i>mise en abyme</i>: encarnado por Sim, uno de sus heterónimos, aparecen las <i>Mémoires de Maigret</i>, publicadas en 1951 por Presses de la Cité. Los lectores franceses reencuentran a su comisario. Y Simenon –que depende de las transferencias de Nielsen para sus primeros años americanos– retoma el hilo.</p>
<p class="p1">Pero le tenía celos a Maigret por ser casi más famoso que él. Más aún, <strong>pensaba que Maigret le había impedido ganar el Goncourt e incluso el Nobel</strong>. Lo cierto es que, a pesar de que en 1972 se retiró como novelista, nunca <i>mató</i> al comisario.</p>
<figure id="attachment_8800" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8800" src="/wp-content/uploads/2019/09/GS1957-e1567586316959.jpg" alt="Belga de París, Simenon se asoma a los Campos Elíseos desde un balcón del Hotel Claridge en 1957. De sus 192 novelas, 124 tienen la capital francesa como escenario." width="800" height="940" /><figcaption class="wp-caption-text">Belga de París, Simenon se asoma a los Campos Elíseos desde un balcón del Hotel Claridge en 1957. De sus 192 novelas, 124 tienen la capital francesa como escenario.</figcaption></figure>
<h5 class="p1"><strong>Un policía de París</strong></h5>
<p class="p1"><strong>De las 192 novelas de Simenon, 124 tienen a París como escenario</strong>. De hecho, Simenon se pateó París. Y lo incorporó a sus novelas, desde Batignolles, el primer barrio que habitó –el hotel en el que se alojó a su llegada, en 1922– hasta el Bal Nègre del distrito 15, en cuyos camerinos tuvo su primera relación con Joséphine Baker.</p>
<p class="p1">Ironías del GPS urbano, el inefable <a href="https://goo.gl/maps/5mWrpgtzPLNHZBim8" target="_blank">36, quai des Orfèvres</a>, en donde terminaron por ponerle Maigret al vidrio esmerilado de una puerta, en homenaje al escritor que hizo mítica la brigada, se ha mudado con armas –nunca mejor escrito– y bagajes a una calle de aquella Batignolles que recibió al joven belga. Comisaría central en los 1930 y estado mayor de la policía judicial más tarde, el mítico 36 recibió a Jules Maigret al final de la <i>Première enquête de Maigret</i> (1949). Mudado al distrito 17 hace año y medio, <a href="https://goo.gl/maps/qkEYijYvVMYJfUZQ8" target="_blank">han puesto simbólicamente el 36 ante la entrada</a>, hoy llena de controles digitales, de la brigada.</p>
<p class="p1"><i>Figaroscope</i>, un suplemento semanal del <i>Figaro</i>, especie de guía del ocio, trazó un recorrido por <a href="http://www.lefigaro.fr/sortir-paris/2019/01/30/30004-20190130ARTFIG00082-le-paris-du-commissaire-maigret-ou-l-annee-simenon-celebree-avec-panache.php" target="_blank">el París de Simenon</a>.</p>
<p class="p1">«Hacia el 1929 del nacimiento de Maigret, al llegar el crepúsculo, ya liberado de la máquina de escribir, una copa en <a href="https://goo.gl/maps/1UxF5mNxXTMojHbq9" target="_blank">La Coupole</a>, de Montparnasse. Luego, atravesaba el boulevard para cenar en <a href="https://goo.gl/maps/VWJWgJfCb2obsmWz7" target="_blank">La Rotonde</a>, en donde tal vez se cruzaba con León Trotsky. Pasada la medianoche, los cabarets de la rue Delambre o de la rue Huyghens».</p>
<p class="p1">Casualidad o destino, esa calle es hoy la de la editorial Albin Michel, la de Amélie Nothomb, con b de belga y de <i>best seller</i>, como él. Y quien le ha sucedido en el sillón de la Real Academia de la Lengua y Literatura Francesa de Bélgica.</p>
<p class="p1">Un desvío al <a href="https://goo.gl/maps/a61p57wT7iAnKqmPA" target="_blank">5, rue Sébastien Bottin</a>, domicilio de Gallimard, sueño del joven belga que ve rechazados en 1928, allí, dos manuscritos. Pero, relación directa con Gaston Gallimard mediante, en 1935 le publican <i>Les Pitard</i>. Seguirán <i>Les inconnus dans la maison</i> (1940), <i>La Veuve Couderc</i> y <i>La vérité sur Bebé Donge</i> (1942), todas consideradas obras maestras del belga.</p>
<p class="p1">¿Y Maigret? El 20 de febrero de 1931, en el <a href="https://goo.gl/maps/EMSVen7uedaXABq99" target="_blank">33, rue Vavin</a>, enfrente del taller del escultor Bartholdi, el de la estatua de la libertad de Nueva York con réplica en París, el cabaret La Boule Blanche fue rodeado por la policía. Era un montaje de Simenon que festejaba de esa manera la publicación de <i>Monsieur Gallet, décédé</i> y <i>Le pendu de Saint-Pholien</i>. Falsos policías verificaban las invitaciones, impresas como fichas de información. Aquel <i>Bal Anthropométrique</i> quedó en la historia de la literatura francesa.</p>
<p class="p1">En febrero de 1931, Simenon se instala en el Hotel l’Aiglon (el de Buñuel, el de los Pontvianne), que sigue ahí, en el <a href="https://goo.gl/maps/vcsvNW3pCmfEYY2LA" target="_blank">232 bd Raspail</a>. En su habitación, con vistas al cementerio de Montparnasse, Simenon redactó <i>La Tête d’un homme</i>, que saldrá en septiembre. Al ritmo suyo: 80 folios diarios.</p>
<p class="p1">«<strong>En París quise conocer al hombre, y a Francia</strong>. Nada mejor que hacerlo a través de los ríos y los canales. La verdadera cara de París son las orillas del Sena», explicó Simenon en 1975. Y el puente de Austerlitz es uno de los que aparecen con frecuencia en los Maigret.</p>
<p class="p1">En 1924, tras dos años en hoteles, Simenon y su flamante esposa, Régine Renchon, Tigy, alquilan apartamento en el <a href="https://goo.gl/maps/AfYP9cZjQtbuRkbp9" target="_blank">21, Place des Vosges</a>, un decaído palacete por el que pasaron un descendiente de Richelieu, la gran duquesa de Toscana y Alfonso Daudet (en los números pares, en el 6, vivió Victor Hugo y desde 1902 es su museo, que el vecino Simenon, aún sediento de gloria, habrá visitado).</p>
<p class="p1">Y si el Quai de Valmy se ha convertido hoy en epicentro del París <i>bobo</i> (burgués bohemio), con un bar o restaurante al lado del otro y mucha juerga, era sombrío y pobre en los 1950. Pero seguramente a Simenon, hombre del norte, le recordaba los canales. En su <i>Maigret et le corps sans tête</i>, pone a meditar a su comisario en la <a href="https://goo.gl/maps/TaaTriBKqdWsUoAH7" target="_blank">Écluse des Recollets</a>, esclusa situada a la altura del 86, quai de Valmy, mientras ve pasar el reflejo de los sospechosos por las oscuras aguas del canal Saint Martin.</p>
<p class="p1">A Simenon le gustaba Montmartre. Pero si el Teatro de l’Atelier, «parecido a un juguete o a un decorado» (<i>Maigret et le client du samedi</i>; 1962), está siempre allí, la «comisaría de la rue des Abbesses», citada en <i>Maigret et la jeune morte</i> (1954), es <strong>fruto de la imaginación del autor. Igual que la omnipresente Brasserie Dauphine, en la hermosa plaza del mismo nombre</strong>, en la que tuvieron apartamento Simone Signoret e Yves Montand, a dos pasos del 36, quai des Orfèvres. Allí Maigret comía su <i>andouillette</i> con patatas fritas. O encargaba un bocata y una cerveza cuando no podía dejar el despacho.</p>
<p class="p1"><i>Ici vécut le commissaire Maigret</i>. Aquí vivió el comisario Maigret, dice la placa del <a href="https://goo.gl/maps/w8s4rD3PjjKSBSqB9" target="_blank">132 bd Richard Lenoir</a>, para corroborar lo que Simenon precisa en <i>Maigret et son mort</i> (1947). Es el reino de Madame Maigret, donde le prepara <i>quiches</i> (<i>Chez les Flamands</i>, 1932) o un <i>cassoulet</i> (<i>Maigret hésite</i>, 1968) al marido.</p>
<p class="p1"><strong>Pura ficción, naturalmente. Pero ¿cómo no peregrinar hasta ahí, si uno es simenoniano?</strong></p>
<p class="p1">«El solo punto luminoso de los Champs Elysées, en mis jóvenes años, era <a href="https://goo.gl/maps/oyknvVXcdLR8RPpY7" target="_blank">Fouquet’s</a>». Ahí sigue, hoy, en la intersección con la avenida George V. Legendario punto de encuentro de gente de cine, <strong>era un buen lugar para empezar la noche cuando Simenon –Maigret mediante– fue rico y célebre</strong>.</p>
<p class="p1">En 1988, allí como en otros restaurantes eternizados en los Maigret, una mesa, la que Simenon tenía siempre reservada, fue distinguida con una pequeña placa: «Homenaje a George Simenon. Esta mesa es la del comisario principal Jules Maigret, huésped de honor de esta casa».</p>
<p class="p1">Para seguir la huella de comidas y cenas del comisario, una buena guía, <a href="http://www.alexandrines.fr/paris-de-simenon/" target="_blank"><i>Le Paris de Simenon</i></a> (Éditions Alexandrines, 2016), de Jean-Baptiste Boronian, su compatriota y también académico belga.</p>
<p class="p1"><strong>Aunque cambiados, a veces hasta de nombre, algunos bistrots son todavía comestibles</strong>. Por ejemplo La Ferme des Mathurins, hoy Chez Cécile, 17, rue Vignon, junto a la Madeleine. En el distrito VII, Le Petit Tonneau (20, rue Surcouf) guarda incluso el nombre. Si apetece, como a Maigret, un sólido <i>cassoulet</i>, hay que pedirlo chez Philippe en Auberge Pyrénées-Cévennes (siempre en el 106, rue de la Folie-Méricourt, XI).</p>
<p class="p1">Cerca de la Place des Vosges que Simenon habitó, Maigret tenía servilleta en L’Impasse (hoy Gorille Blanc), 4, impasse Guéménée. En fin, más gastronómico, hoy en manos de Alain Ducasse, Benoît (20, rue Saint-Martin) es el único bistrot de París con estrella Michelin. Más sencillos, Chez Fred (190 Bd Péreire, a dos pasos de la Porte Maillot) y Chez Léon, 32, rue Légendre, en el distrito XVII.</p>
<p class="p1">Si la Brasserie Dauphine no existió nunca, en los parajes del 36, quai des Orfèvres sigue firme, y muy real hasta por su nombre, la Taverne Henri IV (13, place du Pont Neuf), en medio del puente. Aunque ya no esté Robert Cointepas, su mítico patrón, tal vez el primer importador de finos de Jerez, lo que provocaba líquidas conversaciones con el periodista. Interrumpidas cuando Cointepas cogía una llamada e invariablemente respondía: «Aquí Enrique IV».</p>
<p class="p1">En fin, si al lector le quedan piernas, más París del comisario en <a href="https://www.bibliocite.fr/maigret-traversees-de-paris/" target="_blank"><i>Maigret Traversée de Paris. Les 120 lieux parisiens du commissaire</i></a> (<i>Travesía de París, los 120 lugares parisinos del comisario</i>), de Michel Carly, en la muy maigretiana Éditions Omnibus.</p>
<figure id="attachment_8798" style="width: 1600px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8798" src="/wp-content/uploads/2019/09/GSbaker-e1567586135876.jpg" alt="Simenon entre mujeres: su primera esposa Régine Renchon, Tigy, y su amada y amante Joséphine Baker hacia 1928." width="1600" height="1062" /><figcaption class="wp-caption-text">Simenon entre mujeres: su primera esposa Régine Renchon, Tigy, y su amada y amante Joséphine Baker hacia 1928.</figcaption></figure>
<h3 class="p1"><b>Comprender sin juzgar</b></h3>
<p class="p1">Otro prologuista de la serie Maigret de Omnibus, el director de cine Bertrand Tavernier, lo tiene claro: «Maigret es una proyección respetable del mundo de Simenon; eran personajes opuestos. <strong>Simenon amaba el lujo, la poligamia. Maigret lleva una vida espartana</strong>. Coinciden en la mesa, eso sí: a los dos le gustan cocidos y guisados».</p>
<p class="p1">Cinéfilo y encargado de prensa de varios filmes, <strong>Tavernier debutó como director en 1974 con <i>L’Horloger de Saint Paul</i>, donde adapta un Maigret</strong>. Su coguionista entonces, Jean Aureche, postulaba que «Maigret es, más que un policía, un novelista que se impregna de la vida de la gente».</p>
<p class="p1"><strong>Assouline subraya que los temas del escritor son siempre «el amor, el odio, los celos, la mentira, el pesar, la vergüenza»</strong>. Y que su genialidad es «la de transformar al lector en personaje: las grandes novelas nos explican lo que nos ocurre mejor que lo haríamos nosotros mismos. Lo que cuenta en los Maigret son las situaciones, no la investigación. <strong>Simenon no cesa de susurrarle al lector: el próximo culpable será tal vez usted</strong>. Nadie está predestinado a ser criminal. Hasta el punto de que Simenon aseguraba que si no hubiera escrito los Maigret, acaso habría matado».</p>
<p class="p1">Y sigue: «Simenon es un intuitivo. Y vivió. A los 16 años era periodista. A Fellini le confesó haberse acostado con más de 10.000 mujeres. Viajó en barcaza por todo Francia. Recorrió de sur a norte y de este a oeste los Estados Unidos. Todo lo convertía en novela. Y no estaría de más que mucha gente adoptara la divisa de Maigret, de Simenon seguramente: ‘comprender, no juzgar’».</p>
<p class="p1" style="text-align: right;">De la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER, <a href="/2019/07/leer294-rafael-borras-el-ultimo-editor/" target="_blank">número 294</a>.</span></p>
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		<title>Algunos buenos libros (xiii)</title>
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		<pubDate>Fri, 03 May 2019 16:31:09 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El diálogo es una fórmula fructífera de obtención de conocimiento. Y hoy es más necesaria que nunca. Porque ahora que todo se plantea en términos de <em>conversación</em>, paradójicamente, se ha deteriorado la disposición general a entender las razones del otro y la aceptación del disenso. Por eso es tan oportuna esta colección <a href="http://www.gedisa.com/articulos.aspx?modo=c&amp;fam=304" target="_blank">Diálogos de Gedisa</a> que <a href="http://www.gedisa.com/ficha.aspx?idcol=304&amp;cod=304106&amp;titulo=Cultura-escrita-y-textos-en-red&amp;aut=Chartier,%20Roger%20/%20Scolari,%20Carlos%20A." target="_blank">ahora ha reunido</a> a dos figuras situadas en puntos bien distantes de la abigarrada red del saber en torno a los medios y tecnologías de la información y el conocimiento. El gran historiador del libro y la cultura <strong>Roger Chartier</strong> conversa con <a href="https://hipermediaciones.com/autor/" target="_blank"><strong>Carlos Alberto Scolari</strong></a>, estudioso pionero de una disciplina, la ecología de medios, que en la senda abierta de manera visionaria por Marshall McLuhan ha visto multiplicarse los frentes a cubrir con la revolución digital. <strong>¿Cómo resistir los peligros que amenazan la difusión del conocimiento y la democracia?</strong> ¿Debemos aceptar la mera sustitución de soportes supuestamente obsoletos, como el libro de papel, o por el contrario debemos afirmar «la necesidad de asociar las tres culturas de lo escrito que todavía tenemos hoy en día» –la escritura a mano, la publicación impresa y la escritura digital– para alcanzar una armonía fructífera? Son las preguntas de arranque que se hace Chartier para afrontar un momento tan intenso de cambios como el actual: nunca las transformaciones de la cultura escrita, ya fueran técnicas, morfológicas o culturales, tuvieron lugar de manera simultánea y tan rápida. Cuando el ser humano, y por ende el lector, se convierte en un hatajo de datos; cuando desaparece la mediación, y por eso las mentiras y los errores vuelan con mayor rapidez; y cuando la lectura digital, como parte de la lógica general de la aceleración, deteriora la necesaria paciencia interpretativa, la exigencia de validación y modifica las estructuras mentales. Razones, apunta Chartier, para <strong>volver a las bibliotecas y las librerías sin dejar de mirar al futuro</strong>, pero tampoco al pasado, donde Scolari está convencido de que se hallan muchas de las respuestas que necesitamos para no naufragar en este presente tan fluido.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/05/304106-e1556900628536.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8706" src="/wp-content/uploads/2019/05/304106-e1556900628536.jpg" alt="304106" width="300" height="444" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.gedisa.com/ficha.aspx?idcol=304&amp;cod=304106&amp;titulo=Cultura-escrita-y-textos-en-red&amp;aut=Chartier,%20Roger%20/%20Scolari,%20Carlos%20A.#.XMxhfNMzaRs" target="_blank"><em><strong>CULTURA ESCRITA Y TEXTOS EN RED</strong></em></a><br />
<strong>Roger Chartier y Carlos A. Scolari</strong><br />
Gedisa</p>
<p> </p>
<p>Un medio que ha sobrevivido a la revolución digital, o se ha adaptado ejemplarmente integrándose en los nuevos medios, ha sido la radio. Para la radio polaca concibió <strong>Sławomir Mrożek</strong> en los años 60, antes de su exilio, estas piezas satíricas que ahora reúne <strong>Acantilado</strong>. Se reconoce con júbilo ese humor excepcional que surge de la adversidad. De la escasez y la ausencia de libertades y de la observación de un poder tan torpe como arbitrario. Sea en la taberna, en la plaza mayor o en la oficina, los encantadores funcionarios y apesebrados estatales de Mrożek <strong>juguetean con la estupidez burocrática de una superioridad que promulga ordenanzas absurdas</strong> como instalar un ascensor en un edificio público de una planta al que, lo que es peor, hay que darle uso como sea. Y así se suceden estos microrrelatos ejemplares sobre un funcionario hallado vivo bajo una montaña de expedientes, o aquel declarado desaparecido en el insondable Archivo de Asuntos Pendientes, o un ciudadano desaprensivo dispuesto a esperar durante horas sin perder la paciencia, o el pervertido que siembra el terror en la ciudad regalando billetes en el parque, o el hombre con un guisante alojado en la nariz que se convierte en materia de jardinería por la larguísima lista de espera del médico. El notable Mrożek encuentra, a través del humor y del absurdo, la manera de desafiar al poder, poniendo en evidencia las contradicciones de un régimen y los códigos puestos en circulación para adormecer las conciencias.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-8707" src="/wp-content/uploads/2019/05/9788417346645-e1556900665603.jpg" alt="9788417346645" width="300" height="453" /></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>MAGACÍN RADIOFÓNICO</strong></em><br />
<strong>Sławomir Mrożek</strong><br />
Acantilado</p>
<p> </p>
<p>Curiosos pero prevenidos por su condición de periodista nos acercamos a los relatos de <strong>José A. Cano</strong>. Primera sorpresa: escribe bien. Se advierte además el entusiasmo del primerizo en la lid literaria. La primera pieza no es la mejor, y es atrevido poner a prueba de primeras la paciencia del lector contemporáneo, que, si hacemos caso a lo que más arriba dice Roger Chartier, es más bien escasa. Pero el conjunto va creciendo de relato en relato y nos encontramos metidos en una colección más que correcta, escrita con un estilo reconocible y muy sugerente. Algunos de los textos se entrelazan para componer <strong>un pequeño mundo eminentemente meridional de casas cuartel, base aéreas y audiencias provinciales</strong>. Imaginamos que construido a partir de las experiencias profesionales y personales de Cano, pero todo ello bien elaborado y sublimado, alejando así el riesgo de la autoficción satisfecha. Sin recrearse en florituras ni coloquialismos, brillando por su ausencia el mal de la metáfora –tan frecuente en las primeras tentativas literarias y en los escritores de periódico–, este es un libro meditado. Nos encantan dos relatos futbolísticos –qué complicado es escribir de fútbol de manera veraz y contenida– enlazados por la presencia de una estrella alemana, Markus Thon; que asiste primero a la sonada salida del armario de un compañero de equipo y protagoniza después una insospechada semifinal de Copa del Mundo contra Perú a cuya conclusión pierde de vista en el túnel de vestuarios a un contrincante querido con el que quería intercambiar algo más que la camiseta. Otro texto, «No conocí mucho a Álvarez», ofrece un retablo impresionista de la trastienda del sistema por boca de un eficaz abogado de altos vuelos cuya versatilidad –lo mismo apaña unas comisiones que un contrato deportivo– pone en evidencia los insospechados vasos comunicantes del poder. Y quién sabe si «Disturbio», o la llamada a su ex mujer en busca de consuelo de un veterano guardia civil, en el ojo del huracán mediático por el vídeo de una carga y un mal golpe, no será el primer relato del 1 de Octubre. Y hay otros muchos más que merecen la atención del lector atento del género breve en este libro puesto bajo la advocación de la ballena, quién sabe si en homenaje a <strong>Melville</strong> en su bicentenario.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-8708" src="/wp-content/uploads/2019/05/9788417064952_04_g-e1556900701463.jpg" alt="9788417064952_04_g" width="300" height="442" /></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://www.editorialbase.es/libros/350" target="_blank"><em><strong>EL AÑO DE LA BALLENA</strong></em></a><br />
<strong>José A. Cano</strong><br />
Editorial Base</p>
<p> </p>
<p>«Soy de la época, de la clase, que puede permitirse buscarle sentido a su vida». <strong>Claire Legendre</strong> (Niza, 1979) tuvo una abuela muy religiosa y supersticiosa que probablemente abonó su manera ansiosa de observar la realidad. Y una niña quiromante que iba a su colegio le auguró que moriría el 3 de julio de 2007 en un accidente de tráfico. Superó esa jornada fatídica de sus 27, pero para entonces ya había decidido no sacarse el carnet de conducir. Descubrió que se había sentido protegida por aquella siniestra profecía, y expuesta entonces a la incertidumbre de la vida afloraron los miedos de la hipocondría. Y Legendre, fumadora empedernida desde la adolescencia, conoció por culpa de su vicio que tenía órganos que no sabía que tenía, y le empezaron a doler sólo cuando les puso nombre. Y de ahí <em>El nenúfar y la araña</em>, <strong>una hermosa reflexión literaria y autobiográfica de resonancias kafkianas sobre el miedo individual y colectivo</strong>, el de «una civilización serena, a la que no amenazan ni la guerra ni el hambre», razón por la cual «cultivamos en nuestro interior los monstruos que nos devoran». Legendre hace aquí inventario de miedos: «Me da miedo no gustar y eso me hace cobarde. Me da miedo morir antes de haber aceptado la idea. Me da miedo vivir en vano. Me da miedo que no me quieran nunca más. Me da miedo no vivir de verdad…». Y así. Incluso «le da miedo lo que vayas a decir de este libro». Si en algún momento pensó que escribir le serviría de terapia, se desengaña y nos advierte. «En el momento de terminar sigo temblando: la escritura no es una válvula de escape. O si lo es, no resuelve nada».</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8709" src="/wp-content/uploads/2019/05/el-nenufar-y-la-arala-claire-legendre-600x923-e1556900738815.jpg" alt="el-nenufar-y-la-arala-claire-legendre-600x923" width="300" height="462" /></p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://editorialtransito.es/producto/el-nenufar-y-la-arana/" target="_blank"><em><strong>EL NENÚFAR Y LA ARAÑA</strong></em></a><br />
<strong>Claire Legendre</strong><br />
Tránsito</p>
<p> </p>
<p>Oh, este existencialismo de nuevo cuño de Legendre no hubiera sorprendido a <strong>Owen Barfield</strong> (1898–1997). «Entre todos los signos amenazantes que nos rodean a mediados del siglo XX, tal vez lo que genera mayor desasosiego en las personas reflexivas sea la creciente y difundida sensación de una ausencia de sentido», escribe en los primeros compases de <em>El arpa y la cámara</em>, título de uno de los escritos que bautiza esta recopilación de ensayos de <strong>uno de los <em>inklings</em> que hicieron guardia desde Oxford contra la derrota del espíritu</strong>. Si a mediados del siglo XX Barfield se mostraba preocupado por la tiranía positivista de la ciencia, qué no diría hoy, cuando las ciencias cognitivas están a punto de someter todo sentimiento a una reacción química reconocible. No dejaría de insistir en que, siguiendo obstinada y únicamente el camino de la ciencia positiva, hemos perdido de vista el sentido y el espíritu y una comprensión más cabal de la naturaleza y el mundo; que sería «más cierto decir que<strong> hemos llegado a saber cada vez más sobre cada vez menos</strong>» y que perdiendo de vista la idea de ciencia de <strong>Goethe</strong> –«dedicó más tiempo a la investigación científica que a la poesía»– que inspiró al mismísimo <strong>Darwin</strong> se ha renunciado a algo básico: «Además de medir cantidades, el científico debe formarse para percibir cualidades». Y estas reflexiones sólo aluden al primero de los textos de este libro que, como siempre que se trata de Barfield, nos invita a cuestionar nuestras certezas y deshacer zozobras buscando trazas de sabiduría en un pasado que creemos anegado en superstición.</p>
<p><img class="aligncenter size-full wp-image-8710" src="/wp-content/uploads/2019/05/0001-8-e1556900782602.jpg" alt="0001 (8)" width="300" height="471" /></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=146" target="_blank"><em><strong>EL ARPA Y LA CÁMARA</strong></em></a><br />
<strong>Owen Barfield</strong><br />
Acantilado</p>
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		<title>Algunos buenos libros (xii)</title>
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		<pubDate>Fri, 12 Apr 2019 17:14:31 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>«Hacia el final del verano pasado se suponía que debíamos haber hilado el catálogo de lo que sería <strong>Caballo de Troya </strong>2019. Cinco de los seis títulos estaban ya en camino, pero aún faltaba uno», cuenta <strong>Antonio J. Rodríguez</strong>, responsable con <strong>Luna Miguel</strong> de los seis libros que está editando este año el sello revelador de nuevas voces de Penguin Random House. «Entonces llegó <a href="https://www.megustaleer.com/libros/ama/MES-075885" target="_blank"><em>Ama</em></a>», esta primera novela de <strong>José Ignacio Carnero</strong>. «Meses atrás <strong>Gonzalo Torné</strong> escribía que este tipo de novelas a menudo “pretenden sustituir el valor literario por el supuesto carácter representativo de sus <em>dolientes</em>”, afirmación que suscribo al cien por cien. Por eso me asombró la delicadeza, la finura y el buen gusto con que el libro trata el asunto del duelo, además de los otros grandes temas que dan forma a este relato». Encaja este <em>Ama</em>, que es <a href="https://hiztegia.labayru.eus/emaitza/LH/all/ama/2406339?locale=es" target="_blank">madre</a> y amor, en la <a href="/2019/02/algunos-buenos-libros-ii/" target="_blank">temática femenina y feminista</a> de Caballo de Troya 2019 porque es el libro de duelo de un hijo por su madre. Pero no se sienta el lector potencial disuadido por este punto de partida tan recurrente como sospechoso. <em>Ama</em> es fresco: escribe un autor novel –apenas <a href="http://www.editorialuoc.com/la-luz-de-lisboa" target="_blank">un libro anterior</a>, en un registro bien distinto–, sin malicias ni tics de escritor profesional –Carnero es abogado– pero con el talento del escritor vocacional. Ojo con coger <em>Ama</em> porque no le suelta a uno. El lector acompaña en la emoción al hijo que acude con su madre a la consulta oncológica para recibir la peor noticia. Pero no reside en esta circunstancia el principal interés del relato, sino en <strong>la reconstrucción que alrededor de ese cáncer terminal hace Carnero de la vida de ella y del amor familiar</strong> a partir de fotografías, recuerdos, conversaciones y de un cuaderno conmovedor, redactado torpemente en su inocencia de chica de servicio recién llegada de la Galicia rural, empleada en las grandes casas de la margen derecha de la ría de Bilbao. Y en la evocación del autor/protagonista del mundo de su infancia, el de la clase obrera de la otra orilla, de familias esforzadas que lucharon para que sus hijos saltaran la ría, fueran a los mismos colegios y las mismas universidades que sus señores –e incluso se acostaran con sus hijas, como cuenta el narrador, sintiéndose un poco <strong>Pijoaparte</strong>–. Y en la exploración de uno mismo en este trance que por ser mortal será vital de quien se refleja en la admiración por los padres –«no eran modernos, ni esnobs, ni farsantes como yo»– para retratarse a sí mismo sin demasiada piedad asomado a la terraza de su piso de soltero en Sant Gervasi –con vistas al edificio de la editorial que ahora publica a Carnero–. Su condición de hijo único tardío le permite abordar con una madurez poco habitual una vicisitud generacional, la de sus progenitores, no muy explorada entre los escritores de su edad. Ojalá Carnero no se agote como autor en este libro tan personal porque tiene pulso, estilo y talento.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/ama/MES-075885"><img class="aligncenter size-full wp-image-8673" src="/wp-content/uploads/2019/04/ECT17130-e1555084349295.jpg" alt="ECT17130" width="300" height="462" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/ama/MES-075885" target="_blank"><em><strong>AMA</strong></em></a><br />
<strong>José Ignacio Carnero</strong><br />
Caballo de Troya</p>
<p> </p>
<p>Precisamente el editor de Carnero, Antonio J. Rodríguez, acaba de presentar –<a href="https://www.facebook.com/events/414032816052093/" target="_blank">ayer mismo</a> en la librería <strong>La Buena Vida</strong> de Madrid– su nueva y oportuna novela. <a href="https://www.megustaleer.com/libros/candidato/MES-107865" target="_blank"><em>Candidato</em></a> es <strong>una broma muy seria en torno a un politólogo doblemente ficticio</strong>, liberal con pasado contestatario y seguidor ferviente de <strong>Raymond Aron</strong> que aunque por actitud, personalidad, gustos, ideología y recursos sólo podría ser francés, resulta que es profesor de la Complutense y va a revolucionar la vida política del país. De España, se entiende. Un viaje a Jerusalén para participar en un congreso lo trastoca todo. Allí coincide con una cineasta palestina partidaria de Israel y refugiada en Francia, una amazona de metro ochenta y cinco de la que probablemente estaba enamorado antes de conocerla. De vuelta a España empiezan a pasar cosas. Muchas cosas. <strong>Su fichaje como asesor áulico del líder de la derecha institucional</strong>, el divorcio… Tampoco conviene contar mucho más de la peripecia de Simón Soria, el narcisista protagonista de <em>Candidato</em>. Solo decir que es una lectura oportunísima para la recién inaugurada campaña de las generales. Y que como viene demostrando, Rodríguez es un autor de una calidad, una seguridad y una fluidez poco habituales entre los escritores de su generación.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.megustaleer.com/libros/candidato/MES-107865"><img class="aligncenter size-full wp-image-8674" src="/wp-content/uploads/2019/04/ERH35984-e1555084579624.jpg" alt="ERH35984" width="300" height="511" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong>CANDIDATO</strong></em><br />
<strong>Antonio J. Rodríguez</strong><br />
Literatura Random House</p>
<p> </p>
<p>Otra lectura oportuna en semanas tan políticas como las que se avecinan, frente a<strong> los mensajes cuidadosamente diseñados para excitar las pasiones y desactivar el entendimiento</strong> propios de toda campaña electoral: este ensayo en el que los politólogos británicos <strong>Roger Eatwell</strong> y <strong>Matthew Goodwin</strong> analizan el fenómeno que está alterando los equilibrios que desde la Segunda Guerra Mundial ofrecían cierta estabilidad a las democracias occidentales consolidadas. El llamado <strong>nacionalpopulismo</strong> es un movimiento global tan controvertido como incomprendido. <strong>No sale de la nada y tampoco será flor de un día.</strong> «Es una ideología basada en corrientes muy profundas y duraderas» que «ha llegado para quedarse». Los autores han llevado a cabo un análisis ecuánime y desapasionado de lo sucedido en los últimos años en Europa y Estados Unidos. ¿Cómo es posible que la victoria de <strong>Trump</strong> y el sí al Brexit tuvieran lugar si el 90 por ciento de los analistas daban por hecho el triunfo de <strong>Hillary Clinton</strong> y la mayoría para el <em>remain</em>? Pues porque ignoraron la realidad. Que el 50 por ciento de los estadounidenses blancos sin estudios superiores no se sentían representados por los políticos de Washington, y que la misma proporción de británicos no se consideraban partícipes del debate político nacional. Los sesgos, las simpatías ideológicas, los prejuicios de los analistas, el desprecio del votante de estas opciones y las urgencias analíticas de medios y políticos están impidiendo una observación eficaz de un fenómeno que no está solo nutrido de extremistas; <strong>«muchos votantes nacionalpopulistas quieren más democracia; más referéndums y más políticos comprensivos que escuchen»</strong>. Eatwell y Goodwin han reconocido y aislado cuatro transformaciones que a su juicio están generando una preocupación extendida y con ello alumbrando el espacio político de los populismos. Numerosos ciudadanos «sienten que ya no tienen voz en la política; que el aumento de la inmigración y el rápido cambio étnico amenazan su grupo nacional, su cultura y sus modos de vida; que el sistema económico neoliberal los abandona en comparación con otras personas en la sociedad, y que ya no se sienten identificados con los dirigentes políticos». Frente a quienes consideran el auge de este tipo de formaciones una fiebre pasajera, los autores de <em>Nacionalpopulismo</em> afirman que quienes los apoyan no son «votantes transaccionales» dispuestos a volver a la disciplina de los partidos clásicos, y que el enfoque nacionalpopulista transformará la manera de hacer política de los países desarrollados.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-nacionalpopulismo/291875"><img class="aligncenter size-full wp-image-8675" src="/wp-content/uploads/2019/04/portada_nacionalpopulismo_roger-eatwell_201903061059-e1555085619733.jpg" alt="portada_nacionalpopulismo_roger-eatwell_201903061059" width="300" height="456" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-nacionalpopulismo/291875" target="_blank"><em><strong>NACIONALPOPULISMO</strong></em></a><br />
<strong>Roger Eatwell</strong> y <strong>Matthew Goodwin</strong><br />
Península</p>
<p> </p>
<p>Al mismo tiempo que <em>Candidato</em>, pero en la <a href="https://www.casademexico.es/detalle-evento/5c93d49541570e76f00fb448" target="_blank">Casa de México en España</a> –precisamente en el barrio donde ficticiamente habita Simón Soria cuando comienza la novela de Antonio J. Rodríguez–, se presentó el jueves <em>El vértigo horizontal</em> de <strong>Juan Villoro</strong>. Más de veinte años escribiendo de su ciudad, México, desde la crónica, el ensayo o el recuerdo se decantan en este volumen coeditado por Anagrama y la mexicana <strong>Almadía</strong> que toma prestado para su título la expresión acuñada por <strong>Drieu de La Rochelle</strong> para definir la pampa argentina. Un libro híbrido como el paisaje sincrético de una megalópolis cuya vida diaria está sometida a estímulos surgidos de una amplia cronología que va de lo preshipánico a lo posmoderno. Un cruce de cartografías para<strong> intentar entender la ciudad infinita que en setenta años «se ha vuelto setecientas veces mayor».</strong> Sobre el plano del suburbano empezó a concebirse una obra que ha resultado de ir amontonando otras trazas, hasta el punto de pensar Villoro que para este libro «no necesitaba un corrector de estilo sino un urbanista». Y así seis líneas ficticias del metro mental del escritor-ciudadano Villoro tratan finalmente de poner orden temático en el caos generoso, reflejo de Ciudad de México, de <em>El vértigo horizontal</em>, y <strong>los capítulos se suceden y entrecruzan adscritos a historias personales –«Vivir en la ciudad»–, personajes, lugares, sobresaltos, ceremonias y travesías.</strong> Este testimonio/homenaje a una urbe entrañable y al tiempo inaprensible es también fotolibro, y reúne en tres cuadernillos una colección extraordinaria de imágenes apuntaladas por frases precisas y escogidas de Villoro, que asume que «escribir sobre ella», sobre Ciudad de México, «significa inventarle explicaciones».</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/fuera-de-coleccion/el-vertigo-horizontal/9788433971241/FC_7"><img class="aligncenter size-full wp-image-8676" src="/wp-content/uploads/2019/04/5275aca21beb2a1be62b0ebecd3638be9f3b2177-e1555086867485.jpeg" alt="5275aca21beb2a1be62b0ebecd3638be9f3b2177" width="300" height="468" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/fuera-de-coleccion/el-vertigo-horizontal/9788433971241/FC_7" target="_blank">EL VÉRTIGO HORIZONTAL</a><br />
</strong></em><strong>Juan Villoro<br />
</strong>Anagrama</p>
<p> </p>
<p>El ser humano lo es en tanto que se desplaza. Su condición bípeda y frágil ha exigido desde hace milenios la apertura de caminos más o menos permanentes y transitables. Incluso los diseñados para la circulación de automóviles son remedo del camino que se camina, que se hace al andar, como dijo el poeta. <strong>El desplazamiento es propio de la naturaleza humana, pero no sólo en lo físico sino también en lo espiritual.</strong> El hombre y la mujer lo son en tanto que avanzan en busca de nuevos horizontes, de conocimiento, de mejora o de superación. Hay caminos que reúnen ambas condiciones, y en ellos se ha fijado <strong>Jesús Ávila Granados</strong> para confeccionar <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-senderos-con-alma/291207" target="_blank"><em>Senderos con alma</em></a>. Una colección de caminos históricos relacionados con la peripecia humana, donde la historia, la experiencia religiosa y los sistemas de creencias de diversas civilizaciones han dejado una huella indeleble. «<strong>Gentes de todas las culturas y épocas han trazado senderos de tránsito al conocimiento</strong>, en los cuales el viajero de nuestros días puede rememorar en su interior la fuerza de un legado más espiritual que físico, o la unión de ambos». Dividido en dos partes, una primera dedicada a lugares de tránsito localizados en oriente, África y Asia, y otra a sendas míticas de la geografía hispana, este libro diseñado más para la mochila que para la estantería, como señala en el prólogo <strong>Alberto de Frutos</strong>, es una guía de viajes que exigen desplazamiento pero también, tanto o más, introspección.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-senderos-con-alma/291207"><img class="aligncenter size-full wp-image-8679" src="/wp-content/uploads/2019/04/portada_senderos-con-alma_jesus-avila-granados_201902271741-e1555087183821.jpg" alt="portada_senderos-con-alma_jesus-avila-granados_201902271741" width="300" height="459" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-senderos-con-alma/291207" target="_blank">SENDEROS CON ALMA</a><br />
</strong></em><strong>Jesús Ávila Granados</strong><em><strong><br />
</strong></em>Luciérnaga</p>
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		<title>Algunos buenos libros (ix)</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Mar 2019 17:33:52 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[A finales de 2017 Karla Suárez presentaba El hijo del héroe (Comba), cierre de una personal tetralogía literaria inspirada en sus vivencias y en la historia reciente de su país, Cuba. Autora reconocida, seleccionada por Hay Festival para el Bogotá 39 de 2007, por primera vez en doce años se publicaba una novela suya en España [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A finales de 2017 <strong>Karla Suárez</strong> presentaba <strong><em>El hijo del héroe </em>(Comba)</strong>, cierre de una personal tetralogía literaria inspirada en sus vivencias y en la historia reciente de su país, Cuba. Autora reconocida, seleccionada por Hay Festival para el <a href="https://www.hayfestival.com/bogota39/bogota39-en-2007.aspx" target="_blank">Bogotá 39 de 2007</a>, por primera vez en doce años se publicaba una novela suya en España casi al mismo tiempo que en Francia y Portugal, países en los que sus libros se editan con total regularidad. «En España yo no entiendo cómo fun­cio­nan las cosas edito­ria­les. Mis­te­rios de este mundo lite­ra­rio que tanto ha cambiado, en el que yo creo que se buscan más lo núme­ros que la lite­ra­tura», <a href="/2018/01/karlasuarez/" target="_blank">explicaba entonces a LEER</a>. Ahora, de nuevo Comba resuelve otra cuenta pendiente con Suárez y publica aquí, ocho años después de las ediciones <a href="https://www.quetzaleditores.pt/produtos/ficha/havana-ano-zero/10527077" target="_blank">portuguesa</a> y <a href="https://editions-metailie.com/livre/la-havane-annee-zero/" target="_blank">francesa</a>, la tercera pieza de su ciclo novelesco, <strong><em>Habana año cero</em></strong>. Una excelente noticia, porque Karla Suárez es una de las voces más claras y estimulantes de la literatura de su país. Esta tercera novela <strong>discurre en los estertores del llamado Periodo Especial</strong>, la época de privación que siguió al colapso de la Unión Soviética. «Todo ocurrió en 1993, año cero en Cuba. El año de los apagones interminables, cuando La Habana se llenó de bicicletas y las despensas se quedaron vacías. <strong>No había de nada. Cero transporte. Cero carne. Cero esperanza. Yo tenía treinta años y miles de problemas</strong>». Por eso y pese a todo la matemática Julia se embarca en una pesquisa con Euclides, mentor, ex amante –«Nuestro romance empezó en la cátedra un día que llovía mucho. Estábamos solos. Era tarde. Mi tesis era muy difícil y afuera diluviaba. La solución de ese problema la encontramos encima de una mesa»– y ahora amigo, para encontrar el documento que demuestre que <strong>Antonio Meucci</strong> inventó el teléfono en Cuba. La ilusión por hallar la prueba que certifique el hallazgo cautiva las energías de dos científicos acogotados por las circunstancias de un país en ruinas y anima una novela brillante, alegre y hermosa, que discurre al ritmo preciso, musical y armónico, de capítulos cortados a escoplo, que impone la cabeza de ingeniera de Suárez.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8592" src="/wp-content/uploads/2019/03/img-190323192435-0001-e1553361794428.jpg" alt="img-190323192435-0001" width="300" height="469" /></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/habana-ano-cero/" target="_blank">HABANA AÑO CERO</a><br />
</strong></em><strong>Karla Suárez<br />
</strong>Comba</p>
<p> </p>
<p>«En el principio fue la madre», advierte en la excelente introducción de este <em>La muerte difícil</em> de René Crevel su traductor y editor, <strong>Julio Monteverde</strong>. El odio a una madre ferozmente burguesa y autoritaria, capaz de exponer al hijo de catorce años a la visión del padre suicida colgado de una soga a modo de inconcebible lección moral, propició el «anti-Edipo» de Crevel y con ello buena parte de los posicionamientos vitales y artísticos que le convirtieron en uno de los miembros más originales de la tribu surrealista, empezando por su bisexualidad militante y continuando con su marxismo a la contra de Moscú. Todo ello se proyecta en esta novela inédita en castellano hasta la fecha, y que con su habitual buen criterio editorial publica desde Sevilla <strong>El Paseo</strong>. <em>La muerte difícil </em>es <strong>una síntesis de todas las rebeldías de Crevel</strong>, que se mira en el espejo de su protagonista, Pierre Dumont, homosexual y toxicómano, atrapado entre la pasión enfermiza por el arrogante americano Arthur Bruggle –trasunto del pintor y músico <strong>Eugene MacCown</strong>, con quien Crevel tuvo una historia tempestuosa entre 1924 y 1926, año precisamente de publicación del libro– y el amor filial y sanador por su amiga Diane, cuyo padre, el señor Blok, se suicida de manera mimética a como lo hizo el padre de Crevel. Elementos autobiográficos de un libro que para <strong>Klaus Mann</strong> recogió como pocos «la esencia de la juventud europea tras la Gran Guerra». Esta edición de El Paseo cuenta como reclamo adicional con <strong>un texto extraordinario, a modo de prefacio, de Salvador Dalí</strong>, que esclarece a su manera paranoico-crítica la figura de un amigo querido –recientemente han sido subastadas, y adquiridas por la Fundación Dalí, <a href="http://www.elpuntavui.cat/cultura/article/19-cultura/1562894-l-estiu-cadaquesenc-de-dali-gala-i-crevel.html" target="_blank">un puñado de fotos inéditas</a> de ambos con <strong>Gala</strong> en Port Lligat– al que recuerda en permanente proceso de reventar y renacer, aquejado de tuberculosis, opiomanía o contradicciones políticas hasta su suicidio en 1935, y que es asimismo <strong>una síntesis poética de lo que fue la implosión del movimiento surrealista</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://elpaseoeditorial.com/es/inicio/52-la-muerte-dificil-9788494898471.html"><img class="aligncenter size-full wp-image-8591" src="/wp-content/uploads/2019/03/978849489847-e1553361436381.jpg" alt="La muerte difícil_cubierta_280219.indd" width="300" height="468" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://elpaseoeditorial.com/es/inicio/52-la-muerte-dificil-9788494898471.html" target="_blank">LA MUERTE DIFÍCIL</a><br />
</strong></em><strong>René Crevel<br />
</strong>El Paseo</p>
<p> </p>
<p>«<strong>Un hombre absolutamente rodeado de gloria, no de una gloria académica, sino popular, dilatada.</strong> Era rico, ruidoso, importante, y su nombre volaba de un continente a otro. Un hombre fabuloso, desorbitado». <strong>Vicente Blasco Ibáñez</strong> en versión <em>homenot</em>, en palabras precisas de <strong>Pla</strong>. Político, editor, periodista, agitador y sobre todo novelista, la faceta que le convertirá en celebridad internacional, el autor de <em>La barraca </em>rompió moldes y emprendió proyectos de toda naturaleza. Fue más grande de lo que podía ser un español de la época, y paradójicamente esa dimensión le ha convertido con el tiempo en una figura relativamente obliterada. Ambicioso, proteico, inasequible, sospechoso para el estamento literario español, quedó fuera del canon. Murió de neumonía en su <a href="https://www.menton.fr/Jardin-Fontana-Rosa.html" target="_blank">opulento retiro</a> de la Costa Azul un día antes de cumplir 61 años, en enero de 1928. Le quedaba mucho por escribir. Entre otras cosas, unas memorias. Ahora, para cubrir parcialmente ese vacío de la propia voz, <strong>Emilio Sales</strong> y <strong>Francisco Fuster</strong> han recopilado para <strong>Fórcola</strong> las veinticinco mejores entrevistas que Blasco Ibáñez concedió entre 1910 y 1928 a a medios de España, Francia, Argentina, Cuba y Estados Unidos. Corresponden a su periodo internacional. Años en los que se hace colono en Argentina, triunfa en Estados Unidos con <em>Los cuatro jinetes del Apocalipsis</em>, intenta una carrera en el mundo del cine, viaja lujosamente alrededor del mundo en el crucero <em>Franconia </em>presuntamente financiado por <strong>Hearst</strong>. Hojear este manejable volumen de Fórcola, aderezado con un oportuno pliego fotográfico que ilustra la asombrosa vida aventurera de su protagonista, nos aproxima a un hombre paradójico, <em>celebrity</em> internacional en vida y español relativamente olvidado hoy. En la imagen de portada vemos a Blasco asomado a un balcón del parisino Hôtel du Louvre. Allí se encontró en esa misma época con <strong>Manuel Bueno</strong>, que escribió para <em>ABC</em> un excelente texto, recogido aquí, que da una medida plausible del personaje. «El pasado no existe para Blasco Ibáñez. <strong>Como todos los seres fuertes, nace todos los días</strong>, y el universo canta un nuevo himno en sus oídos. Los recuerdos y las nostalgias se quedan para nosotros, los que no nos consolamos de las ilusiones perdidas, de los sueños truncados y de las burlas implacables del destino». El himno blasquista de aquel día era llevar la república a la España alfonsina y primoriverista. No le dio tiempo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://forcolaediciones.com/producto/suenos-de-revolucionario/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8590" src="/wp-content/uploads/2019/03/978841742529-e1553361376769.jpg" alt="978841742529" width="300" height="450" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://forcolaediciones.com/producto/suenos-de-revolucionario/" target="_blank">SUEÑOS DE REVOLUCIONARIO</a><br />
</strong></em><b>Emilio Sales y Francisco Fuster (eds.)<br />
</b>Fórcola<b><br />
</b></p>
<p> </p>
<p>La gente no entiende, o lo hace con dificultad, lo que ve, lee o escucha. Vivimos superficialmente distraídos. Falta voluntad, entendimiento y memoria. La sociedad se resiente del empobrecimiento espiritual y devuelve más pobreza a sus miembros. Así ve las cosas <strong>Miquel Escudero</strong>, que observa la realidad desde una condición académica, la de matemático, que seguramente le ayuda a aislar, reconocer y conjuntar ideas e impresiones cuando ejerce de escritor. De su experiencia enseñando en la universidad ha extraído <strong>la voluntad y la exigencia de enseñar a pensar</strong>, y lo aplica a su búsqueda y perfeccionamiento del «arte de vivir razonablemente». Un objetivo que puede resultar modesto en los términos pero que quizá sea el más ambicioso posible. En este su último libro, <a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/" target="_blank"><em>Sostiene Mengano</em></a> (<strong>Carena</strong>), que esta semana presentó en Madrid de la mano de <strong>Ramón Tamames</strong> y <strong>Francesc de Carreras</strong>, Escudero reflexiona sobre la sociedad, la historia, la política o el arte a través de las afirmaciones de los demás. Cada página es una pieza que lleva el nombre de alguien que ha sostenido algo en algún lugar, y que propicia un comentario leve, cordial, una invitación a reflexionar. Un libro penetrante pero conciliador, sorprendente y oportuno, que reúne a personas y personajes diversos para que sea el lector quien metabolice las afirmaciones y los interrogantes resultantes.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8589" src="/wp-content/uploads/2019/03/Sostiene-Mengano-e1553361340354.jpg" alt="Sostiene-Mengano" width="300" height="448" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/" target="_blank">SOSTIENE MENGANO</a><br />
</strong></em><strong>Miquel Escudero<br />
</strong>Carena</p>
<p> </p>
<p><strong>Penelope Lively</strong> no solo es una reconocida novelista sino una apasionada jardinera. En este libro que brota con la primavera de la mano de <strong>Impedimenta</strong> en traducción de <strong>Alicia Frieyro</strong>, Lively reflexiona sobre la necesidad y el sentido del jardín a través de su experiencia personal y de la literatura. Porque <strong>en su vida el jardín, la escritura y la lectura se han injertado mutua y exitosamente</strong>. La pasión jardinera de Lively, heredada de su familia, despertó durante su infancia en El Cairo, donde su padre trabajaba para el Banco Nacional de Egipto, en un jardín cuidadosamente organizado por su madre al estilo inglés donde la pequeña Penelope encontró una salida secreta al país de las maravillas de <strong>Carroll</strong> en el seto sobre el que se tumbaba a leer. Hoy escribe de una pasión que ya no puede practicar como antes, desde la limitada «jardinería de senectud» que todavía se puede permitir, pero que puede recrear con el entusiasmo de siempre a través de su vigorosa escritura. «Cultivamos para mañana, y aun para después. Cultivamos con expectación, y esa es la razón de que resulte tan estimulante», asegura Lively. <strong>Un ejercicio, pues, necesario y a la contra de un tiempo actual de satisfacciones instantáneas.</strong> «Cuando trabajamos en el jardín nos hacemos inmunes a los dictados del tiempo. Creamos orden. Diseñamos y dirigimos. Nos plantamos ahí, en medio de la vegetación, escapamos de los problemas mundanales, ejercitamos nuestras rodillas y nuestra espalda, ponemos a funcionar nuestros ritmos circadianos, estimulamos nuestro sistema inmunitario, y posiblemente sumamos unos cuantos años de vida». Fascina a la escritora «la tenacidad y la antigüedad de la vida vegetal», y certifica la proustiana capacidad de evocación que pueden tener las fragancias vegetales. «Y esa es la razón de que constituyan un material tan fértil para el escritor». Una hermosa lectura, abundante en referencias botánicas que invitan al apunte o el googleo del jardinero aficionado, y que se desgranan en un práctico índice onomástico de especies, conceptos, categorías, autores y libros. Una caja de semillas y letras.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://impedimenta.es/libros.php/vida-en-el-jardin"><img class="aligncenter size-full wp-image-8588" src="/wp-content/uploads/2019/03/9788417553050_VIDA-EN-EL-JARDIN_RGB_900-e1553361284267.jpg" alt="VIDA EN EL JARDIN" width="300" height="480" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><b><i><a href="http://impedimenta.es/libros.php/vida-en-el-jardin" target="_blank">VIDA EN EL JARDÍN</a><br />
</i>Penelope Lively<i><br />
</i></b>Impedimenta</p>
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		<title>#leer292: Vázquez Montalbán, lo popular y lo culto</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Feb 2019 17:51:33 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Vuelve Manuel Vázquez Montalbán. Con la reedición de Galindez y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo el mismo 14 de junio de 1939 que Ramón Serrano Suñer se paseaba en coche descubierto por [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Vuelve <strong>Manuel Vázquez Montalbán</strong>. Con la reedición de <a href="https://www.anagrama-ed.es/libro/narrativas-hispanicas/galindez/9788433998668/NH_615" target="_blank"><em>Galindez</em></a> y, por autor interpuesto, con la resurrección de Carvalho. Quince años después de su muerte y a punto de cumplirse 80 de su nacimiento. Vázquez Montalbán venía al mundo <a href="/wp-content/uploads/2019/02/LVG19390615-001.pdf" target="_blank">el mismo 14 de junio de 1939</a> que <strong>Ramón Serrano Suñer</strong> se paseaba en coche descubierto por Barcelona, en una suerte de definitiva toma de posesión de la ciudad indómita después de la entrada de las tropas de <strong>Yagüe</strong> el 26 de enero. El régimen mantenía entonces en prisión a <strong>Evaristo Vázquez</strong>, militante del PSUC y padre de la criatura, a la espera de ser juzgado en consejo de guerra. <strong>La coincidencia cronológica parecía anticipar las férreas convicciones del escritor</strong> barcelonés y su compromiso con la memoria del progenitor.</p>
<p>Novedades y efemérides nos hacen volver a buscar a Vázquez Montalbán. <strong>Jordi Corominas</strong> lo hace a través de Barcelona, y le esclarece más allá de las novelas policíacas que para muchos son la lucrativa anécdota en una obra rica y abundante, que se desparrama en la poesía, en la crónica sentimental y el ensayo. «Una suerte de <strong>Camus</strong> o <strong>Pasolini</strong>» español «por ir a la contra en cualquier tesitura». <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> le conoció bien. Le editó mucho en <a href="http://www.triunfodigital.com/resbcombinada.php?autor=V%E1zquez%20Montalb%E1n,%20Manuel,%201939-2003&amp;inicio=0&amp;paso=10&amp;orden=Titulo" target="_blank"><em>Triunfo</em></a>, y sobre recuerdos y lecturas construye su icónica y Auténtica Entrevista Falsa. La habitual ilustración a cargo de <strong>David Pintor</strong> salta en esta ocasión a la portada: el brillante retrato del escritor, sol y sombra, en una calle del Raval lo merecía. Para rematar, <strong>Carlos Zanón</strong> explica cómo ha sido ponerse en la piel de MVM para escribir la nueva entrega de Carvalho,<a href="https://www.planetadelibros.com/libro-carvalho-problemas-de-identidad/283950" target="_blank"><em> Problemas de identidad</em></a>. Y por último, pese a la relativa omisión que en las novelas del ciclo padece el boyante circo musical que poblaba la Barcelona de la época, <strong>Marcos Gendre</strong> ensaya una banda sonora de la ciudad mestiza.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada1.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8451" src="/wp-content/uploads/2019/02/LEER_292_portada-e1550070186741.jpg" alt="LEER_292_portada" width="400" height="543" /></a></p>
<p>Se pregunta Jordi Corominas en su artículo «<strong>qué diría Manolo</strong>». Nos gustaría saberlo; de muchas cosas. <strong>Qué diría de la República nonata, de la novela negra realmente existente, del Carvalho de Zanón</strong>, claro. <strong>Y de los avatares del cadáver del caudillo a quien <em>autobiografió</em></strong>. Sobre Franco ha escrito <strong>Enrique Moradiellos</strong> una síntesis excelente editada por <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank">Turner</a>, proyectada para el lector anglosajón pero que también resulta apta para el español, porque el dictador y su legado resultan hoy igual de ajenos para uno que para otro. En vísperas del penúltimo acto del sainete de su exhumación, Moradiellos ofrece un puñado de valiosas lecciones de historia en su conversación con el director de LEER. Sobre la naturaleza de la dictadura –<strong>«El franquismo no fue un fascismo»</strong>–, la memoria histórica –«Pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina a un mero adjetivo, <em>histórica</em>, de un sustantivo, <em>memoria</em>»– y la crisis secesionista –«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»–.</p>
<p><strong>A principios del XVIII <em>gótico</em> era sinónimo de bárbaro y grosero.</strong> Pero con el tiempo la reputación del término mejoró, y lo que empezó como reverso lúdico, estético, del ideal ilustrado encontrará en el romanticismo un contexto más propicio, para más adelante proyectarse vigoroso en la sensibilidad contemporánea. Del fundador de la novela gótica, <strong>Horace Walpole</strong>, a su sublimador al otro lado del Atlántico, <strong>Edgar Allan Poe</strong>, <strong>Álvaro Cortina</strong> realiza un estimulante recorrido por el género, completado de la mano de <strong>William Beckford</strong>, <strong>E. T. A. Hoffmann</strong> y <strong>Mary Shelley</strong>, que llega hasta nuestros días a través de una fuerte impronta en la cultura popular. Y también en las ficciones masivas que apelan a la nostalgia y la seguridad de las ambientaciones de época. Gótica y victoriana, la superventas <strong>Kate Morton</strong> ha despachado una última novela, <a href="https://www.megustaleer.com/libros/la-hija-del-relojero/MES-088332" target="_blank"><em>La hija del relojero</em></a>, repleta de referencias al universo romántico de raiz gótica. <strong>Sara Puerto</strong> ha conversado con Morton, y <strong>Ada del Moral</strong> pone el contrapunto sometiendo a crítica los pastiches de nuevo cuño. Y de nuevo Cortina rescata la figura de un epígono de la tradición gótica, <strong>Arthur Machen</strong>, padre del cuento de terror contemporáneo, de actualidad gracias a dos ediciones recientes, a cargo de <strong>Reino de Redonda</strong> y <a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=875&amp;osCsid=" target="_blank"><strong>Valdemar</strong></a>, de algunos de sus mejores relatos.</p>
<figure id="attachment_8463" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8463" src="/wp-content/uploads/2019/02/B_caidacasausher60010-e1550079405413.jpg" alt="La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica 'House of Usher' (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman." width="1500" height="1180" /><figcaption class="wp-caption-text">La nueva arquitectura del gusto acuñada por lo gótico prefiguró el encanto de la serie B cinematográfica inspirada en su literatura. Véase la icónica “House of Usher” (1960) escrita por Richard Matheson y dirigida por Roger Corman.</figcaption></figure>
<p><strong>Gabriel Albiac</strong> ha presentado su edición de los <a href="https://www.tecnos.es/ficha.php?id=3918850" target="_blank"><em>Pensamientos</em></a> completos de <strong>Blaise Pascal</strong>, una monumental obra que indaga en las raíces del legado filosófico del pensador y matemático para deshacer un malentendido histórico: que no estamos propiamente ante un libro, sino ante un conjunto de anotaciones que Pascal utilizaba como fichas de trabajo y que por tanto carecen de una estructura preestablecida. <strong>Fernando Palmero analiza la relevancia del legado filosófico del autor francés.</strong> La clave de los <em>Pensamientos</em> lo es también de los dilemas del Barroco.</p>
<p>Fruto de su dilatada trayectoria profesional y de su pasión por los viajes, el periodista de <em>El País</em> <strong>Guillermo Altares</strong> ha publicado recientemente <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-una-leccion-olvidada/274823" target="_blank"><em>Una lección olvidada</em></a>, un libro que comienza hace 45.000 años, recorre cientos de ciudades y se detiene en <strong>veinte momentos cruciales de la historia europea</strong>, con el propósito de ayudar a «construir una identidad colectiva», porque «el pasado de este continente se podría dibujar como una inmensa tela de araña que une decenas de miles de pequeños hilos para crear una estructura con sentido». Fernando Palmero ha conversado con él sobre la historia de Europa –«La paz es uno de los pocos valores absolutos y buenos, y para todos los europeos que no hemos conocido la guerra es algo que no tiene precio»– y la crisis del régimen democrático español –«Si personas que estuvieron en la cárcel y el exilio no tuvieron problema en aceptar el pacto de la Transición, ¿quiénes somos nosotros para decir que fue inaceptable?»–.</p>
<figure id="attachment_8455" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8455 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/02/PaneroFB-e1550078634917.jpg" alt="PaneroFB" width="1500" height="847" /><figcaption class="wp-caption-text">Aparecen los cuentos de Felicidad Blanc. / E. T.</figcaption></figure>
<p>Parece tópico, pero a la vez inevitable, <strong>volver periódicamente a los Panero</strong> en tanto que nuevas generaciones se asoman a su existencia, más a través del documento dramático de <em>El desencanto</em> que de la poesía. Así lo hizo el escritor y periodista <strong>Aaron Shulman</strong>, que publica ahora en Estados Unidos en clave literaria <a href="https://www.harpercollins.com/9780062484192/the-age-of-disenchantments/" target="_blank">The Age of Disenchantments</a>. Coincide en el tiempo con la edición por Renacimiento de <a href="https://www.editorialrenacimiento.com/narrativa/2129-la-ventana-sobre-el-jardin.html" target="_blank">los cuentos de Felicidad Blanc</a> y algunos <a href="https://www.udllibros.com/libro-los_papeles_de_ibiza_35-2310030012" target="_blank">inéditos de Leopoldo María</a>. <strong>Vicente Araguas</strong> prosigue con ellos su serie <strong>Estirpes de Papel</strong>, y de paso <strong>Javier Mendoza</strong> comenta la obra de la matriarca del clan, reflejo de «la búsqueda de una felicidad de naturaleza efímera de la que, en el mejor de los casos, solo queda un doloroso recuerdo al que poder regresar».</p>
<p>En la era de la posverdad, quienes se aferran a la lógica de valores y sentido que este fenómeno se empeña en refutar corren el riesgo de pasar por raros, inadaptados o locos. <strong>Un mecanismo viejo como el mundo: el hombre libre tachado de enfermo, con o sin razón, ante la apisonadora del pensamiento colectivo.</strong> En ese registro la literatura –de <strong>Cervantes</strong> a <strong>Kafka</strong>– y el resto de las artes han sabido construir edificantes piezas de consuelo estético e intelectual, contribuyendo a mantener viva la llama de la inteligencia en las más oscuras épocas. <strong>Jose Valenzuela</strong>, autor del reciente <a href="http://www.editorialuoc.cat/todos-nacemos-locos" target="_blank"><em>Todos nacemos locos</em></a>, explora la relevancia del extrañamiento asociado a la locura en la historia de la literatura.</p>
<p>En España cierran librerías emblemáticas como <strong>Los Portadores de Sueños</strong> de Zaragoza; en Francia, sin embargo, se rinde culto al libro con el respaldo de una política de estado pionera y coherente. <strong>Emmanuel Macron</strong> inyecta más de 370 millones de euros en las instituciones culturales francesas para mejorar su proyección internacional; nuestro gobierno destina un millón para atender ese mismo objetivo. En las páginas del último número de LEER <strong>Santiago Muñoz Machado </strong>denuncia la desidia pública respecto al tejido cultural del país en una de sus primeras entrevistas como director de la RAE, y <strong>Óscar Caballero</strong> explica desde París las claves del inmarcesible amor de los franceses por la lectura. Consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos, mueve 4.000 millones anuales, está en los medios, en el debate político, y sostiene un parque notable de librerías independientes.</p>
<figure id="attachment_8460" style="width: 1500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png"><img class="size-full wp-image-8460" src="/wp-content/uploads/2019/02/EdW.png" alt="Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de 'Breath'. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress." width="1500" height="1000" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Edmund de Waal ante uno de los ejemplares de “Breath”. / © Pablo Gómez-Ogando. Cortesía Ivorypress.</figcaption></figure>
<p>Son sólo algunos de los muchos contenidos del número de LEER, que se completa con las habituales secciones y reseñas, entrevistas a <strong>Jorge Volpi</strong> –acerca de la <strong>Generación del Crack</strong> y de los cuentos de <strong>Ignacio Padilla</strong> que ha editado para <a href="http://paginasdeespuma.com/especial/micropedia-de-ignacio-padilla/" target="_blank">Páginas de Espuma</a>– y <strong>Paloma Robles</strong> –su novela <a href="http://tienda.alreveseditorial.com/es/libros/det/Fangfang/223.html" target="_blank"><em>Fangfang</em></a> se acerca a la comunidad china en España–, un viaje a los secretos herméticos de la napolitana <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Capilla_Sansevero" target="_blank">Cappella Sansevero</a> de la mano de <strong>Álvaro Bermejo</strong>, un desahogo de <strong>Javier Rioyo</strong> contra la falsificación de la plural cultura catalana… Y que se abre y se cierra con el homenaje a <strong>Celan</strong> de <strong>Edmund de Waal</strong>. El artista y escritor británico <a href="http://www.ivorypress.com/es/art/breath/" target="_blank">llega a Ivorypress con <em>Breath</em></a>, un proyecto que es exposición y un libro de artista, una investigación sobre la naturaleza de los libros, su percepción y presencia en el mundo.</p>
<p><strong>El número 292 de LEER está disponible en quioscos y librerías de toda España.</strong></p>
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		<title>Campoamor, poética e insólita</title>
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		<pubDate>Thu, 17 Jan 2019 13:54:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[No Ficción]]></category>
		<category><![CDATA[Argentina]]></category>
		<category><![CDATA[Clara Campoamor]]></category>
		<category><![CDATA[Concepción Arenal]]></category>
		<category><![CDATA[Concha Espina]]></category>
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		<category><![CDATA[Exilio]]></category>
		<category><![CDATA[Fundación Santander]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
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		<description><![CDATA[Clara Campoamor, la que en España se conoce mal que bien, es la significada, apasionada y tenaz política, la defensora incansable del voto femenino contra el criterio de la reacción y de ciertas izquierdas en los debates constituyentes de la Segunda República. Pero hay otra Campoamor desconocida, secreta, perdida en la bruma siniestra de la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Clara Campoamor</strong>, la que en España se conoce mal que bien, es la significada, apasionada y tenaz política, la defensora incansable del voto femenino contra el criterio de la reacción y de ciertas izquierdas en los debates constituyentes de la Segunda República.</p>
<p>Pero <strong>hay otra Campoamor desconocida</strong>, secreta, perdida en la bruma siniestra de la Guerra como tantos españoles notables abandonados a la fatalidad del olvido impuesto por el exilio.</p>
<p>Campoamor salió de España en 1936 y tras pasar por Suiza y Francia <strong>recaló en Buenos Aires en marzo de 1938</strong>. Comenzaba una estancia de 17 años formando parte de la heterogénea comunidad de exiliados españoles en Argentina, muy próxima al círculo de <strong>Niceto Alcalá-Zamora</strong> de la mano de un diputado de la derecha republicana, <strong>Federico Fernández de Castillejo</strong>, que fuera uno de los grandes apoyos de Campoamor en su batalla sufragista.</p>
<p>A través de aquel político cordobés, su sobrina nieta, la escritora e investigadora literaria <strong>Beatriz Ledesma Fernández de Castillejo</strong>, se entusiasmó por la figura de Campoamor y se entregó a la investigación de su vida en el exilio. De la pesquisa de sus hasta ahora prácticamente desconocidos años argentinos <a href="https://repositorio.uam.es/handle/10486/682520" target="_blank">surgió su tesis doctoral</a>, y ahora el libro <strong><em>Del amor y otras pasiones</em></strong>, editado por la colección <strong>Cuadernos de Obra Fundamental de la Fundación Santander</strong>. Recopilación de artículos literarios, semblanzas y vidas de poetas publicadas por Clara Campoamor en la revista argentina <em>Chabela</em> entre 1943 y 1945 –precedidos de dos entrevistas publicadas en la prensa argentina en 1932 y 1933–, que nos franquean el acceso a <strong>una autora sensible y erudita consagrada a su pasión por la literatura</strong>.</p>
<p>Acogida quizá, como otros exiliados, a la sedante seguridad de la tradición. Porque domina el comentario de los clásicos del Siglo de Oro, de la mística de <strong>San Juan de la Cruz</strong> o de la evolución del mito de Don Juan de <strong>Tirso</strong> a <strong>Zorrilla</strong> pasando por Espronceda. <strong>Apenas un autor español contemporáneo, Manuel Machado</strong>, Manolo le llega a decir, en esta colección de artículos; quién sabe si un par suyo en eso de andar descolocados en la batalla de las filiaciones políticas inconfundibles. Pero en cualquier caso una elección llamativa que desafía prejuicios y tópicos.</p>
<p>Los de Campoamor son ensayos literarios <strong>accesibles, divulgativos, pero al tiempo hondos y rigurosos</strong>. Y hermosos en la manera entrañable en que la autora transmite sus personales deslumbramientos literarios. Que ofrecen una perspectiva novedosa sobre esta intelectual apasionada, entregada en su exilio argentino, «fructífero y feliz» en palabras de Beatriz Ledesma, a su amor a la literatura. Allí participará de los cursos de literatura e historia organizados por la Asociación Patriótica Española, impartirá conferencias, escribirá sendas biografías de <strong>Sor Juana Inés de la Cruz</strong>, <strong>Quevedo</strong> y <strong>Concepción Arenal</strong>, hará traducciones literarias del francés y participará en las emisiones radiofónicas de La Voz de España con un ciclo de españolas ilustres. Incluso contribuirá de manera sobresaliente a la <em>Revista de Jurisprudencia Argentina</em>.</p>
<p>Pese a llevar una vida razonablemente estable en Argentina, persiste en Campoamor, como en la mayoría de exiliados, la obsesión del retorno. Lo intenta tres veces: en 1947, 1951 y 1953. Incluso cuando en 1955 se instala en Suiza, donde fallecerá en 1972, lo hace con la esperanza de entrar en España. Cuenta con el apoyo interior de una autora de la confianza del régimen como <strong>Concha Espina</strong>, que intercede para que decaiga el proceso masónico que pesa contra ella. En un viaje a España la autoridad competente le propone la retirada de los cargos a cambio de las oportunas delaciones de sus compañeros de logia. La respuesta de Campoamor será salir del país para no volver. Lo explicaba esta mañana Beatriz Ledesma en la presentación del libro en la Fundación Santander, donde estuvo acompañada del director de la Colección Obra Fundamental, <strong>Javier Expósito Lorenzo</strong>, así como de <strong>Carmen Posadas</strong> y <strong>Marta Robles</strong>, que invitó a leer a Campoamor como «luz y guía» para el feminismo de hoy.</p>
<p>Este <em>Del amor y otras pasiones</em> no sólo es una valiosa colección de ensayos literarios, perspicaces y maravillosamente escritos. Es un homenaje necesario a una figura indiscutible. Memoria histórica de la buena.</p>
<p> </p>
<p><a href="https://www.fundacionbancosantander.com/es/del-amor-y-otras-pasiones-(articulos-literarios)" target="_blank"><img class="aligncenter wp-image-8327 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/01/23585-CUBIERTA-Clara-Campoamor-2-e1547732232783.jpg" alt="23585 CUBIERTA Clara Campoamor-2" width="600" height="885" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://www.fundacionbancosantander.com/es/del-amor-y-otras-pasiones-(articulos-literarios)" target="_blank"><strong><em>DEL AMOR Y OTRAS PASIONES</em></strong></a><br />
(Artículos literarios)<br />
<strong>Clara Campoamor<br />
</strong><em>Cuadernos de Obra Fundamental</em>. Fundación Santander. 2018</p>
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		<title>Dylan, la forja del alma americana</title>
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		<pubDate>Mon, 26 Mar 2018 09:50:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Edición impresa]]></category>
		<category><![CDATA[#leer277]]></category>
		<category><![CDATA[Bob Dylan]]></category>
		<category><![CDATA[Literatura]]></category>
		<category><![CDATA[Nobel]]></category>

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		<description><![CDATA[El chiste era inevitable: al premio Nobel le dieron el Bob Dylan. Lo explicó Leonard Cohen durante la presentación de su último y magnífico disco, You Want It Darker: premiar al autor de Idiot Wind equivale a condecorar al Everest por ser la montaña más alta. Una decisión acaso inútil por obvia. ¿Qué tal si en 2017 premiamos a la [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">El chiste era inevitable: al premio Nobel le dieron el Bob Dylan. Lo explicó <strong>Leonard Cohen</strong> durante la presentación de su último y magnífico disco, </span><i><span style="font-weight: 300;">You Want It Darker</span></i><span style="font-weight: 300;">: premiar al autor de </span><a href="https://youtu.be/w8DylAtPF0I" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Idiot Wind</span></i></a><span style="font-weight: 300;"> equivale a condecorar al Everest por ser la montaña más alta. Una decisión acaso inútil por obvia. ¿Qué tal si en 2017 premiamos a la Gran Muralla China? Claro que la obviedad no fue tal para muchos, desconcertados, desmelenados a favor y en contra de un premio cuyos márgenes (en puridad) sólo corresponde acotar a los académicos suecos. ¿Es literatura la escritura de <strong>David Simon</strong> en </span><i><span style="font-weight: 300;">The Wire</span></i><span style="font-weight: 300;"> o la de <strong>David Milch</strong> en </span><i><span style="font-weight: 300;">Deadwood</span></i><span style="font-weight: 300;">? ¿Periodistas como <strong>Ryszard Kapu</strong></span><strong>ściń</strong><span style="font-weight: 300;"><strong>ski</strong> o <strong>Gay Talese</strong> hubieran podido ganarlo? ¿Sería un disparate haber premiado en su día a <strong>Nelson Cavaquinho</strong>, <strong>Santos Discépolo</strong> o <strong>José Alfredo Jiménez</strong>?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Con independencia de lo que opine cada uno, qué hilaridad, qué vergüenza ajena, qué rubor y qué ternura, qué honda tristeza provocaba la lectura de los aspavientos que proliferaron en los medios de comunicación españoles. Que si <strong>Philip Roth</strong> o <strong>Haruki Murakami</strong> lo merecían más, y no por su condición de escribas convencionales frente a la heterodoxia de celebrar a un compositor, sino porque su obra es culturalmente más relevante. O porque son, uf, alta cultura, cultura con pedigrí, cultura para gente culta que respira y mea cultismos, frente a la cultura de baja estofa, la cultura de la chusma, la cultura de uñas azules… la cultura popular.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">En serio, ¿qué desayuna esta gente? </span><span style="font-weight: 300;">¡Quiero probar sus drogas!</span> <span style="font-weight: 300;">Quiero sentarme frente al teclado deslenguado, desinhibido, desharrapado y desencuadernado cual niño celeste y facturar textos como lo suyos, puro dadaísmo, <strong>Burroughs</strong></span><span style="font-weight: 400;"> </span><span style="font-weight: 300;">automático para pontificar con la audacia que otorga la ignorancia y obviar cuestiones tan básicas como que, un suponer, <strong>Roth trató el naufragio de los 60 en </strong></span><strong><i>Pastoral americana</i></strong><span style="font-weight: 300;"><strong>, mientras que Bob Dylan fue uno sus principales desencadenantes</strong>. Es admirable retratar con ojo insuperable una época, pero amigo, que tus palabras fueran las responsables, siquiera en parte, de que esa época evolucionara de una u otra forma, y que los cambios a los que nos referimos tengan que ver con la lucha por los derechos civiles o la revolución sexual, pues, en fin, digamos que separa a unos y otros.  </span></p>
<h5 style="text-align: left;"> Poderoso médium</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><strong>Richard Ford</strong>, a su llegada a España para recoger el premio Príncipe de Asturias de las Letras 2016, calificó la decisión del Nobel de “maravillosa”, al tiempo que destacó que “Dylan influyó en todos nosotros”. Algo que podría suscribir <strong>Sam Shepard</strong>, que coescribió junto a Dylan la canción </span><i><span style="font-weight: 300;">Brownsville Girl</span></i><span style="font-weight: 300;"> (aunque recomiendo encarecidamente que busquen la primera demo, titulada </span><i><span style="font-weight: 300;">New Danville Girl</span></i><span style="font-weight: 300;">, fechada en 1984, y muy superior a la versión que apareció en 1986), siguió al trovador durante la gira de 1975, la legendaria </span><i><span style="font-weight: 300;">Rolling Thunder Revue</span></i><span style="font-weight: 300;">, y publicó un libro,<a href="http://www.sam-shepard.com/rollingthunder.html" target="_blank"> </a></span><strong><a href="http://www.sam-shepard.com/rollingthunder.html" target="_blank"><i>The Rolling Thunder Logbook</i></a></strong><span style="font-weight: 300;">, donde leemos que “el mito es un médium poderoso porque se dirige a las emociones en vez de al cerebro. Nos arrastra a zonas de misterio. <strong>Es peligroso creer en algunos mitos, pero otros tienen la capacidad de cambiarnos por dentro</strong>, aunque sólo sea por un minuto o dos. Dylan crea una atmósfera mítica en la tierra que nos rodea. La tierra que caminamos a diario y que no vemos hasta que alguien es capaz de mostrárnosla”.  “Es un trovador al viejo estilo”, escribe <strong>Colm Tóibín</strong> nada más conocer la noticia, “un cantor de la verdad, una voz lírica. Es inteligente, siempre está listo para cambiar, es sabio y listo. Sus rimas suelen ser sublimes, tiene actitud. <strong>Es la América real, y Walt Whitman, Emily Dickinson y Wallace Stevens estarían encantados</strong>. Por no hablar de Woody Guthrie”. El crítico y poeta <strong>Craig Morgan Teicher</strong>, en las páginas del </span><i><span style="font-weight: 300;">New Republic</span></i><span style="font-weight: 300;">, afirma que su “comentario favorito sobre el Nobel a Dylan es del poeta <strong>Matthew Zapruder</strong>, que en respuesta a la gente que protestaba porque Dylan no es un poeta escribió en Facebook: «Ok, estoy de acuerdo, no es poesía, pero es que ¡ESTO NO ES EL PREMIO NOBEL DE POESÍA!»”.</span></p>
<figure id="attachment_7969" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-7969" src="/wp-content/uploads/2018/03/dylan_planet-waves_age_francis-1024x651.jpg" alt="Dylan retratado en 1975 por Ken Regan durante el Rolling Thunder Tour que Sam Shepard recogió en forma de libro, publicado en España por Anagrama con el título de ‘Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera’. " width="690" height="439" /><figcaption class="wp-caption-text">Dylan retratado en 1975 por Ken Regan durante el Rolling Thunder Tour que Sam Shepard recogió en forma de libro, publicado en España por Anagrama con el título de ‘Rolling Thunder: con Bob Dylan en la carretera’.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong>Ah, la procelosa discusión respecto a qué es y qué no es literatura.</strong> La Academia, en la voz de su secretaria permanente, <strong>Sara Danius</strong>, dejó muy claro que le concedió el premio por “por haber creado nuevas formas de expresión poética en la gran tradición de la canción americana”. “¿Bob Dylan es un poeta?”, se pregunta Morgan, “No, no lo creo. Pero su trabajo es literatura. Sí, absolutamente, y de eso trata el Nobel. Su producción artística figura entre los hitos literarios de nuestro tiempo, y eso incluye la música para acompañar las letras, puesto que las letras, exentas, no son poesía”. Poco después lo compara con Homero. Algo que también ha hecho <strong>Salman Rushdie</strong>: en el principio la poesía nació para ser cantada, y muchos de los mecanismos internos del poema en papel, ritmo, métrica, etcétera, delatan sus orígenes.</p>
<p style="text-align: left;">Nadie puede discutir la cataclismática influencia de Bob Dylan, y no sólo social e histórica (“tal vez ningún artista vivo ha forjado el alma americana, o explorado sus profundidades, tan profundamente”, Morgan Teicher), sino puramente musical y, sí, literaria.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Musical: <strong>puso en órbita el llamado </strong></span><strong><i>folk</i></strong><span style="font-weight: 300;"><strong>, bebiendo de Woody Guthrie y Leadbelly; del blues de Robert Johnson y el country de Hank Williams</strong>; a su vera nació el </span><i><span style="font-weight: 300;">folk </span></i><span style="font-weight: 300;">rock (muchos de los grandes éxitos de Peter, Paul &amp; Mary y, atención, los Byrds son versiones de canciones suyas); publicó el primer disco doble de la historia (</span><i><span style="font-weight: 300;">Blonde on Blonde</span></i><span style="font-weight: 300;">); espoleó a los Beatles (</span><i><span style="font-weight: 300;">Sgt. Peppers</span></i><span style="font-weight: 300;">) y los Beach Boys (</span><i><span style="font-weight: 300;">Pet Sounds</span></i><span style="font-weight: 300;">) a explorar las oportunidades del vinilo, que a partir de </span><i><span style="font-weight: 300;">Blonde on Blonde</span></i><span style="font-weight: 300;"> pasaba a ser algo más que un mero recopilatorio de canciones; facilitó el acercamiento entre las tribus del rock y el </span><i><span style="font-weight: 300;">country</span></i><span style="font-weight: 300;">, con lo que abona el terreno para mil aventuras y el nacimiento del </span><i><span style="font-weight: 300;">country-rock</span></i><span style="font-weight: 300;">; es el responsable máximo de que <strong>Leonard Cohen, Neil Young, Tom Waits, Bruce Springsteen, Joni Mitchell y Townes Van Zandt</strong>, y <strong>Francesco de Gregori</strong>, y <strong>Joaquín Sabina</strong>, y mil más, cogieran una guitarra; la llamada </span><i><span style="font-weight: 300;">Americana</span></i><span style="font-weight: 300;">, ese género a caballo del rock, el blues y el </span><i><span style="font-weight: 300;">country</span></i><span style="font-weight: 300;">, hoy floreciente, también tiene un padre, Bob Dylan, y un disco madre, las </span><i><span style="font-weight: 300;">Basement Tapes</span></i><span style="font-weight: 300;">, las </span><i><span style="font-weight: 300;">cintas del sótano</span></i><span style="font-weight: 300;">, que grabó junto a The Band en 1967; suyo es el que considera mejor disco de la era rock dedicado a una ruptura sentimental, </span><i><span style="font-weight: 300;">Blood on the Tracks</span></i><span style="font-weight: 300;">, de 1974; sus trabajos de la etapa cristiana, en especial </span><i><span style="font-weight: 300;">Slow Train Coming</span></i><span style="font-weight: 300;">, de 1978, sembraron el desconcierto entre no pocos de sus fans, poco amigos del adoctrinamiento religioso, y hoy son considerados como clásicos indisputables del </span><i><span style="font-weight: 300;">gospel</span></i><span style="font-weight: 300;">, bien que un </span><i><span style="font-weight: 300;">gospel</span></i><span style="font-weight: 300;"> sui géneris… </span></p>
<h5 style="text-align: left;">El ‘Big Bang’ del rock</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">¿Y lo literario? Hasta que él llegó el rock y el pop trataban, en general, de cuitas amorosas y/o usaban unos medios expresivos demasiado pobres. “Me quiere / no me quiere”. “</span><i><span style="font-weight: 300;">She loves you, yeah, yeah, yeah</span></i><span style="font-weight: 300;">”. A partir de sus discos, del 63 en adelante, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Big Bang</span></i><span style="font-weight: 300;">: <strong>el rock descubre que existe toda una panoplia de asuntos que tratar, que en las canciones puede convivir la indagación amorosa con el lenguaje político, el experimentalismo o las vanguardias</strong>. No sólo el rock. La música popular al completo, del llamado </span><i><span style="font-weight: 300;">American Songbook</span></i><span style="font-weight: 300;"> –que la irrupción de Dylan entierra– al flamenco (Veneno, Pata Negra) recibirá su influjo. Es la distancia que va de la, por otro lado espléndida, </span><i><span style="font-weight: 300;">I’ve Got You Under My Skin</span></i><span style="font-weight: 300;">, de <strong>Cole Porter</strong>:</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Te llevo bajo mi piel /</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">tan profundo en mi corazón </span></i><i><span style="font-weight: 300;">/ </span></i><i><span style="font-weight: 300;">que realmente eres parte de mí</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">He tratado de no ceder</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">me he dicho que esta relación nunca terminará bien</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">así que por qué debería de resistirme, cuando bien sé querida</span></i><i><span style="font-weight: 300;"> / </span></i><i><span style="font-weight: 300;">que te llevo bajo mi piel.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">La distancia, decía, que va de ahí a </span><i><span style="font-weight: 300;">A hard rain’s a-gonna fall</span></i><span style="font-weight: 300;">: (uso aquí la estupenda traducción de <strong>Javier Ortiz</strong> para una imprescindible conferencia que dio sobre Dylan):</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Regreso antes de que la lluvia empiece a caer,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">caminaré hasta lo más hondo del bosque más abrupto y sombrío,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde abunda la gente con las manos vacías,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde las bolas de veneno inundan las aguas,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el hogar del valle parece una sucia y húmeda prisión,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el rostro del verdugo está siempre bien tapado,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el hambre es odiosa, donde las almas están olvidadas,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">donde el color el negro y el número nada,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y lo diré, y lo pensaré, y lo hablaré, y lo respiraré,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y lo mostraré desde la montaña para que todas las almas lo vean,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y luego me asentaré en el océano hasta que comience a hundirme,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">pero, antes de cantarla, me aprenderé bien mi canción,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">y es que es fuerte, muy fuerte,</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">es muy fuerte la lluvia que va a descargarse.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Sir <strong>Christopher Ricks</strong>, catedrático jubilado de la universidad de Oxford autor de </span><i><span style="font-weight: 300;">Bob Dylan’s Visions of Sin</span></i><span style="font-weight: 300;">, un abrumador tratado sobre las letras del cantautor, y también de reconocidos ensayos sobre Milton, Keats y Eliot, no duda en situarlo a la altura de estos. También alerta del peligro que encierra equiparar la letra de una canción con un poema: “El arte dylanita, como el de cualquiera que se dedique a escribir canciones, necesita de la partitura y la interpretación para desarrollar todo su potencial. Interprete genial, Dylan está en el negocio y el juego de enfrentar el tempo y la rima. Las cadencias, la forma de cantar, el drapeado rítmico, no hacen superior a la canción sobre el poema: sólo sitúan en otros rincones sus poderes”.</span></p>
<h5 style="text-align: left;">No es (solo) poesía</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">De ahí que tampoco salgan bien parados los comentaristas extáticos, los fans acríticos ¡y los colegas de oficio! que se felicitaron por el premio y no ven ningún problema en que hablemos de Bob Dylan como poeta y dejemos fuera sus otros poderes. Gente que celebra el galardón y baila sobre las excelsas virtudes del letrista por antonomasia, mientras ignora de forma consciente las advertencias del propio Dylan: “En cualquier caso lo único que importa es la canción, no el sonido. Sólo me importa la musicalidad. Las letras sólo las considero en tanto que pueda cantarlas. <strong>Es la música contra la que cantas las palabras la que realmente importa.</strong> Escribo letras porque necesito algo para cantar. Es la diferencia entre las palabras en el papel y la canción. La canción desaparece en el aire, el papel permanece” (</span><i><span style="font-weight: 300;">Newsweek</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1968). Pero Bob no sería Bob, la esfinge, el gran burlón, si no hubiera afirmado también esto: “Me considero un poeta, y sólo después un músico” (</span><i><span style="font-weight: 300;">Melody Maker</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1978). O bien, “Las melodías no importan, tío, importan las palabras” (entrevistado por <strong>Anthony Scaduto</strong> para su seminal libro </span><i><span style="font-weight: 300;">Bob Dylan</span></i><span style="font-weight: 300;">, 1971).</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Resumiendo: <strong>Bob Dylan no es un poeta, por más que su escritura reviente de hallazgos poéticos de primer orden.</strong> Aunque sus metáforas sean de una originalidad y una fuerza que aplastan. Aunque sus textos viajen a lomos de una alucinante capacidad rítmica y tiren coces multicolores de mula eléctrica. Aunque en sus canciones haya referencias constantes, enseñanzas, relecturas, guiños, </span><i><span style="font-weight: 300;">collages </span></i><span style="font-weight: 300;">y puestas al día de Homero y Safo, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Eclesiastés </span></i><span style="font-weight: 300;">y los </span><i><span style="font-weight: 300;">Evangelios</span></i><span style="font-weight: 300;">, el </span><i><span style="font-weight: 300;">Apocalipsis</span></i><span style="font-weight: 300;"> y la </span><i><span style="font-weight: 300;">Torá</span></i><span style="font-weight: 300;">, <strong>Shakespeare</strong> y <strong>Verlaine</strong> y <strong>Baudelaire</strong>, los discursos de <strong>Lincoln</strong> y los viejos periódicos que daban cuenta de la Guerra de Secesión; aunque, por poner un ejemplo, sólo en una canción suya, cualquiera, la breve y menor </span><i><span style="font-weight: 300;">I Dreamed I Saw St. Augustine</span></i><span style="font-weight: 300;">, el estudioso <strong>Alessandro Carrera</strong>, profesor de la Universidad de Houston, encuentre versos que aluden a <strong>San Agustín</strong>, aunque podría tratarse de <strong>Agustín de Canterbury</strong>, a <strong>Big Brown</strong>, un mendigo que interpretaba monólogos en Washington Square en el Greenwich Village, a principios de los 60, a </span><i><span style="font-weight: 300;">Joe Hill</span></i><span style="font-weight: 300;">, la canción de 1936 de <strong>Earl Robinson </strong>y <strong>Alfred Hayes</strong> que honraba a <strong>Joe Hill</strong>, el sindicalista de Workers of the World fusilado en 1915, a Marcos 5,41 y Lucas 8,54, a la primera </span><i><span style="font-weight: 300;">Epístola a los Corintios</span></i><span style="font-weight: 300;"> 13,12… y, ya digo, hablamos de una cancioncita menor, y aunque en realidad el laberíntico y endemoniado juego de referencias cruzadas, que puede pasar de la épica construcción de la presa Hoover al Santo Job y de un clásico oscuro del </span><i><span style="font-weight: 300;">rythm and blues</span></i><span style="font-weight: 300;"> a una expresión del sur, una alusión a la fundación del país, un pasaje de <strong>Petrarca</strong> o una línea de <strong>Chuck Berry</strong>, nunca caiga en el simple funambulismo. <strong>Dylan sabe cómo emocionar y, a menudo, sus textos resuenan con el eco de campana de un desatado Whitman</strong>. Son letras, además, sazonadas de humor. A veces delicado y otras grueso. Y a medida que quemaba etapas han pasado de mostrar la huella de los </span><i><span style="font-weight: 300;">beats</span></i><span style="font-weight: 300;"> y la ascendencia simbolista a la intrincada sencillez de las </span><i><span style="font-weight: 300;">Basement Tapes</span></i><span style="font-weight: 300;">, pura arqueología, o las técnicas cubistas de </span><i><span style="font-weight: 300;">Tangled Up in Blue</span></i><span style="font-weight: 300;">, que cuenta una historia de amor y pérdida mezclando los planos temporales.</span></p>
<figure id="attachment_7971" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-7971" src="/wp-content/uploads/2018/03/AR-AO305_Dylan_M_20161013174323-1024x682.jpg" alt="Dylan y Allen Ginsberg ante la tumba de Kerouac en Lowell, Massachusetts, en 1975.  / Ken Regan" width="690" height="460" /><figcaption class="wp-caption-text">Dylan y Allen Ginsberg ante la tumba de Kerouac en Lowell, Massachusetts, en 1975. / Ken Regan</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Pero son y siguen siendo canciones. <strong>¿Literatura? Sí, claro, por supuesto. Pero literatura que brilla y quema mucho más al acercarse al micrófono: porque, y esa otra, nadie frasea como Bob Dylan.</strong> El dueño de un portentoso </span><i><span style="font-weight: 300;">decidor</span></i><span style="font-weight: 300;">, por usar la afortunada expresión de Sabina, con el que revolucionó los parámetros de la canción popular a principios de los 60, al demostrar que lo de menos era estar en posesión de una voz, digamos, bonita, y que hoy, con la garganta arrasada por décadas de nicotina y conciertos, entrega dos discos en los que versionea a <strong>Frank Sinatra</strong>, </span><i><span style="font-weight: 300;">Shadows in the Night</span></i><span style="font-weight: 300;"> y </span><i><span style="font-weight: 300;">Fallen Angels</span></i><span style="font-weight: 300;">, y, tahúr de tahúres, no sólo sale vivo del empeño sino que lo hace suyo de tal forma que reduce a ceniza todos esos discos preciosistas en los que los <strong>Rod Stewart</strong> y las <strong>Diana Krall </strong>del mundo han dilapidado el repertorio de Bing Crosby y Cía. a base de inyectarle melaza y recursos mil veces vistos.</span></p>
<h5 style="text-align: left;">Incomprensión patria</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">A uno, en fin, no le queda otro remedio que rematar hablando de España. Ya sabemos que aquí las circunstancias históricas conspiraron contra la llegada del </span><i><span style="font-weight: 300;">rock and roll</span></i><span style="font-weight: 300;">. En los 60 era imposible conseguir discos de Dylan en España. Durante años, el jefe de la delegación de su disquera, o sea, el tipo que decía qué se importaba y qué no, era un famoso presentador de televisión especializado en copla. También es legendaria la anécdota que explica los antecedentes profesionales del crítico de rock más influyente que tenemos, <strong>Diego A. Manrique</strong>. Lo contaba él mismo en <a href="http://www.jotdown.es/2012/02/diego-manrique-en-espana-las-descargas-jamas-seran-rentables/" target="_blank">una entrevista que le hicieron <strong>Julio Tovar</strong> y <strong>Ricardo Jonás G.</strong> para </a></span><a href="http://www.jotdown.es/2012/02/diego-manrique-en-espana-las-descargas-jamas-seran-rentables/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Jot Down</span></i></a><span style="font-weight: 300;">:</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"> –</span><i><span style="font-weight: 300;">¿Cómo llegas a colaborar en ‘Triunfo’?</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;"> </span></i><span style="font-weight: 300;">–</span><i><span style="font-weight: 300;">¡Pues mandando una carta! Es absolutamente asombrosa la inocencia de aquellos tiempos. En el año 72 empezaron a publicar bastantes artículos sobre la contracultura a raíz de un viaje que organizó Bocaccio a California con toda la Gauche Divine.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;"> </span></i><span style="font-weight: 300;">– </span><i><span style="font-weight: 300;">Es difícil imaginar a Rosa Regàs hippie.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">– No sé si fue Regàs, pero Montalbán</span></i><i><span style="font-weight: 400;"> </span></i><i><span style="font-weight: 300;">y otros escribían sobre la contracultura en California y era asombroso, acojonante, no tenían ni puta idea. Entonces mandé una carta a ‘Triunfo’ diciendo que era una vergüenza que este movimiento (el rock) no estuviera siendo cubierto de una forma seria. Me respondieron con una carta diciendo “Si Vd. puede hacerlo mejor, mándenos un artículo“. Y así fue, directamente.</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Dirán que transcurrieron cuarenta años, que de aquella indigencia cultural viajamos a una cierta normalidad que nos homogeniza con el resto de Europa, que del tipismo español y la larga noche franquista quedan jirones y que cualquiera con un mínimo de curiosidad puede acceder no ya a los discos de Bob Dylan sino también a una panoplia de traducciones de sus letras, biografías, revistas especializadas y ensayos. Es posible, pero <strong>cómo no sonrojarse leyendo las memeces de unos columnistas apopléjicos en cuanto alguien menciona al cantautor de Duluth.</strong> Cómo no pellizcarse ante los rebuznos de unos contertulios que, literalmente, no tienen ni puta idea de lo que hablan. Enternece la facilidad con la que pontifican e imaginamos que va en el sueldo. Hay que barrer lo que el jefe del programa ordene, rebañar la noticia, fardar y repartir rebuznos. Da igual que el orden del día incluya el último partido del Real Madrid, la confirmación de las ondas gravitacionales o, sí, la concesión del premio Nobel de Literatura a un tipo que en 1965 publicó una canción, </span><i><span style="font-weight: 300;">Ballad of a Thin Man</span></i><span style="font-weight: 300;">, que les encaja como guante a medida o falo acoplado a sus blancas y blandas posaderas.</span></p>
<p style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 300;">Has estado con catedráticos</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Y a todos ellos les gustaba tu aspecto</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Con grandes abogados</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">debatiste sobre leprosos y criminales / Te has empapado de todos</span></i> <i><span style="font-weight: 300;">los libros de F. Scott Fitzgerald / Eres un buen lector</span></i><span style="font-weight: 300;">, t</span><i><span style="font-weight: 300;">odo el mundo lo sabe</span></i><span style="font-weight: 300;"> / </span><i><span style="font-weight: 300;">Pero algo está pasando y tú no sabes qué es / ¿Verdad, Mr. Jones?</span></i></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Olvidemos la miseria de unos cronistas que vienen a ser el equivalente de aquellos listos que decían que el cine no es arte, o esos otros que crucificaban a <strong>Alfred Hitchcock</strong> por comercial y a <strong>John Ford</strong> por reaccionario. Especulemos con la razón última por la que el Nobel recayó en un tipo tan huraño como genial, y tan audaz como a menudo incomprensible. Hubiera quedado raro premiar en su día a <strong>Picasso</strong>. Por mucho que con su arte crease “nuevas formas de expresión poética en la gran tradición de la pintura”. Tampoco colaba dárselo a <strong>Chaplin</strong>, que vale, sí, escribía sus guiones, pero al que recordamos, primeramente, como héroe del cine mudo. Perdieron el tren de <strong>Borges</strong>, <strong>Kafka</strong>, <strong>Proust</strong> y <strong>Joyce</strong>. Del siglo XX, y a esa semejante altura sólo quedaba nuestro hombre. Si en tantas ocasiones hicieron el ridículo, y si su premio aspira a entronizar gigantes, con Bob Dylan encontraron su última bala. Bien es cierto que de un calibre tan grueso que supera en mucho la dimensión del premio, pero eso lo saben ellos: poesía o canción, literatura o </span><i><span style="font-weight: 300;">rock and roll</span></i><span style="font-weight: 300;">, pasarán mil años y del Nobel no se acordarán ni las cucarachas. Los discos de Dylan, por el contrario, seguirán ahí. Como </span><i><span style="font-weight: 300;">En busca del tiempo</span></i><span style="font-weight: 300;"> </span><i><span style="font-weight: 300;">perdido</span></i><span style="font-weight: 300;">, las grabaciones de <strong>Louis Armstrong</strong> o </span><i><span style="font-weight: 300;">La quimera del oro</span></i><span style="font-weight: 300;">. Sopla un sol helado y el viento abrasador arranca las medallas allá arriba, en la cumbre del Everest.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JULIO VALDEÓN BLANCO</strong></em></p>
<p style="text-align: center;"> <iframe src="https://open.spotify.com/embed/user/revistaleer/playlist/4DQL8miVpMm3RallBBFMzQ" width="300" height="380" frameborder="0"></iframe></p>
<p> </p>
<p><em><a href="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-6147" src="/wp-content/uploads/2016/11/PORTADA277-223x300.jpg" alt="portada277" width="223" height="300" /></a> Una versión de este artículo fue publicada en el <a href="/2016/11/leer-en-noviembre-dylan-la-hora-del-trovador/" target="_blank">número de noviembre de 2016, 277, de la Revista LEER</a>. </em></p>
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		<title>Leer en verano: vanidades y revoluciones</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Jul 2017 07:30:07 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Lo escribió Juan Soto Ivars en Siberia, uno de sus primeros libros: desde que las fotografías han pasado del ámbito privado y familiar al público, todos hemos elegido una pose. Vivimos en un tiempo del culto al cuerpo y a la imagen, y estas circunstancias han inundado cada uno de los ámbitos de la vida. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><strong><span style="font-weight: 300;">Lo escribió <strong>Juan Soto Ivars</strong> en </span><i><span style="font-weight: 300;">Siberia</span></i><span style="font-weight: 300;">, uno de sus primeros libros: desde que las fotografías han pasado del ámbito privado y familiar al público, todos hemos elegido una pose. Vivimos en un tiempo del culto al cuerpo y a la imagen, y estas circunstancias han inundado cada uno de los ámbitos de la vida. También el literario. El artículo de portada del Extra de Verano 2017 de LEER, ya en circulación en kioscos y librerías españolas, surge de una imagen: <strong>Agustín Fernández Mallo</strong> urdiendo una columna –«<a href="http://www.elcultural.com/revista/opinion/Epifanias-de-eliptica/39255" target="_blank">Epifanías de elíptica</a>”, </span><i><span style="font-weight: 300;">El Cultural</span></i><span style="font-weight: 300;">, 17 de febrero de 2017– a lomos de una máquina en el gimnasio.</span></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Cuando todos nos preocupamos más que nunca por la salud, el aspecto y la forma física, ¿por qué los escritores debieran seguir confinados, en el imaginario social o en la realidad, al territorio de la circunspección, donde sólo ilumina la luz del flexo sobre el libro, el teclado o el folio en blanco? Como humanos que son, y más aún como figuras públicas (cuando lo son), tienen derecho a la salud y a la frivolidad, sea del culto al cuerpo o de la indumentaria. </span><strong><span style="font-weight: 300;">Condicionados por la solemnidad de su oficio, los autores se ven obligados a gestionar con sumo cuidado una imagen mundana que hoy se ha hecho para ellos necesaria e inevitable. </span></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><img class="alignleft size-full wp-image-7336" src="/wp-content/uploads/2017/07/PORTADA284-1-001-e1499635996166.jpg" alt="PORTADA284-(1)-001" width="345" height="463" />Todo esto nos sugirió <strong>una aproximación estival, veraniega y ligera a los escritores desde la coquetería.</strong> Cuál es el estado de una cuestión que inauguró el dandismo. Hoy, cuando el libro y la escritura han perdido relevancia en el espacio público, los autores se ven muchas veces <strong>obligados a salir de su estricto ámbito para adquirir una repercusión que de otro modo no tendrían.</strong> Y en ese contexto las decisiones que se tomen respecto a la actitud, la pose o la indumentaria resultan decisivas. <strong>Marta Caballero</strong> aborda con tiento la cuestión de la mano de un puñado de escritores que se han puesto a tiro: <strong>Benjamín Prado, Elena Medel, Laura Freixas, Daniel Monedero o Almudena Sánchez</strong>. Porque otros muchos han declinado participar por considerar el tema una frivolidad. Ya viene a continuación <strong>Jordi Corominas</strong> para refutar eso, lo de la frivolidad de la frivolidad, esgrimiendo a <strong>Byron, Baudelaire, Cocteau o Camus. Y a Oscar Wilde</strong>, que retratado por <strong>Napoleon Sarony</strong> mira con justificada arrogancia desde la portada de este Extra de Verano de LEER. </span></p>
<h5>A la revolución por El Capital</h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Aprovechando un puñado de efemérides –el centenario de la Revolución rusa, el 150 aniversario de la publicación del primer volumen de </span><i><span style="font-weight: 400;">El capital</span></i><span style="font-weight: 400;">–, salpicamos este número con varios contenidos alusivos. <strong>Víctor Márquez Reviriego </strong></span><i><span style="font-weight: 400;">entrevista</span></i><span style="font-weight: 400;"> a <strong>Karl Marx</strong>, que con mucho sentido común se lava las manos de los desmanes del socialismo real; <strong>Carmen Grimau</strong> habla de la complicada relación de los artistas con la Revolución tomando como referencia el último libro de <strong>Tzvetan Todorov</strong>, </span><i><span style="font-weight: 400;">El triunfo del artista</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicado en España por Galaxia Gutenberg; y <strong>Fernando Palmero</strong> nos acerca el testimonio de los acontecimientos revolucionarios de <strong>Sofía Casanova</strong>, que además de directo demostró ser clarividente.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">En clave también revolucionaria conversamos con <strong>Pepe Ribas</strong>. Vuelve con su histórica revista </span><strong><a href="http://www.ajoblanco.org/" target="_blank"><i>Ajoblanco</i></a></strong><span style="font-weight: 400;">, tercer movimiento de una publicación icónica que condensó y proyectó las inquietudes libertarias durante la Transición, y que ahora resurge en sintonía con los movimientos que desde el 15M desafían el sistema.</span></p>
<figure id="attachment_7339" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/07/Marx.jpg"><img class="size-large wp-image-7339" src="/wp-content/uploads/2017/07/Marx-768x1024.jpg" alt="Karl Marx interpretado por David Pintor para la Auténtica Entrevista Falsa de Víctor Márquez Reviriego." width="690" height="920" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Karl Marx interpretado por David Pintor para la Auténtica Entrevista Falsa de Víctor Márquez Reviriego.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="font-weight: 400;">Además, un balance de la Feria del Libro de Madrid de la mano de su director <strong>Manuel Gil</strong>, y la crónica del éxito deI I Ciclo de Poesía Ciudad de Valladolid. Y un nutrido hatillo de recomendaciones para el verano: lo último de <strong>Harkaitz Cano</strong> o <strong>Rosa Ribas</strong>, el Premio Ribera de Duero <strong>Antonio Ortuño</strong>, el viaje de <strong>María Belmonte</strong> por la costa vasca acompañada de escritores, artistas y aventureros en <a href="http://www.acantilado.es/catalogo/los-senderos-del-mar/" target="_blank"><em>Los senderos del mar</em></a>, el ensayo <em>Los vencidos </em>sobre la nada pacífica primera posguerra mundial o el nuevo libro de <strong>Caballero Bonald</strong>…</span></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Y en las páginas centrales, la segunda entrega de </span><i><span style="font-weight: 400;">Senda de Papel</span></i><span style="font-weight: 400;">, el proyecto impulsado por la Revista de Literatura Popular y <strong>Taciana Fisac</strong>, directora del <a href="http://departamento.lllf.uam.es/ceao/" target="_blank">Centro de Estudios de Asia Oriental</a> adscrito a la Universidad Autónoma de Madrid, que pretende dar a conocer a los lectores españoles lo mejor de la literatura china actual. En esta segunda colaboración se presenta el relato de <strong>Bi Feiyu</strong> ‘Caían chuzos de punta’ y los poemas viajeros de <strong>Cai Tianxin</strong>.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong>Todo esto y mucho más en el Extra de Verano 2017 de la Revista LEER. Disponible en kioscos y librerías de toda España (también puedes suscribirte <a href="/suscribete/" target="_blank">aquí</a>).</strong></p>
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		<title>Lardín atómico</title>
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		<pubDate>Wed, 07 Jun 2017 19:14:03 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">E<strong>stá convencido de que estáis todos locos pero os tiene cariño.</strong> Es cinéfilo, escéptico, erotómano y burlón, y siempre trae bajo el brazo alguna reliquia inesperada, esta vez un cómic de <strong>Beà</strong> con diseño de <strong>Iván Zulueta</strong>. Le he convocado en una terraza porque <strong>Fulgencio Pimentel le ha recopilado en papel </strong><a href="http://www.fulgenciopimentel.com/libros/la-hora-at%C3%B3mica" target="_blank"><strong><i>La Hora Atómica</i></strong></a>, los textos que publicó en la revista electrónica <strong><a href="http://butanopopular.esy.es/www.elbutanopopular.com/index.html" target="_blank"><i>El Butano Popular</i></a></strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Rubén quiere desvincular el libro de su origen en internet, pero no le voy a dar ese gusto. <strong>Quiero sacarle los dientes sobre esta época de pantallas</strong>, que la tiene tan cruzada que hasta su móvil es de teclas. Su libro también muerde, al mundo en general y al prójimo en particular, así que hará justicia verle repartir justicia.</p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>No sé si te esperabas que los textos publicados en ‘El Butano Popular’ terminarían en papel.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Ya me había pasado con el libro anterior, con </span><a href="http://www.clubleteo.com/rb05-imbecilydesnudo-rubenlardin/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Imbécil y Desnudo</span></i></a><span style="font-weight: 300;">, que eran textos de un blog personal.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Un blog que borraste, como también has borrado la web de ‘El Butano Popular’.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Sí, ¿verdad? Qué pasa ahí, esto es una patología o algo. A todo el mundo le sorprende que borre los blogs. Y a mi me sorprende que os sorprenda.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>‘El Butano popular’ ya era un proyecto un tanto kamikaze, hacer una web de literatura justo cuando los blogs morían. </i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Fue más bien una excusa para congregar ahí a gente afín. Me acuerdo que <strong>Javier Pérez Andújar</strong> me decía “tú tienes que estar escribiendo, porque tienes que dar ejemplo, te jodes”. Ejemplo de escribir ahí cada semana, porque sí y gratis. El </span><i><span style="font-weight: 300;">Butano</span></i><span style="font-weight: 300;"> no lo pensé para mí, yo me hubiera montado un blog para mí solo. Era por congregar y hacer panda. ¿Pero qué te voy a contar, si estabas tú en la primera reunión?</span></p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7282" src="/wp-content/uploads/2017/06/Lardin4.png" alt="Lardin4" width="690" height="400" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Recuerdo que insistías en que fuera todo letra, nada de imágenes. Y lo recuerdo porque ya entonces teníamos la internet de ahora, la sobrecarga visual, la obsesión de las fotos de desayuno y de las sonrisas en la playa.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Supongo que me estaba defendiendo. A mí me cuesta muchísimo más ver un video que leer un texto. El </span><i><span style="font-weight: 300;">Butano</span></i><span style="font-weight: 300;"> estuvo en internet porque costaba mucho dinero hacer una revista en papel, y por eso aguantó. En papel habría durado dos meses. Por eso la idea del negro sobre blanco dentro de internet, ese marco era el mal menor. El momento no lo recuerdo. Tengo claro cuándo desaparecieron los blogs, pero no se sustituyó inmediatamente por las redes sociales, hubo un apagón ahí. Y todas estas revistas culturales de ahora, eso no estaba, empezó poco después.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>La oleada de revistas culturales que vivimos ahora, que sé que te pone rebelde.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Si, los </span><i><span style="font-weight: 300;">Jot Downs</span></i><span style="font-weight: 300;"> y todo esto. Cuando salió el</span><i><span style="font-weight: 300;"> Butano</span></i><span style="font-weight: 300;">, a los dos días apareció todo este rollo de publicaciones culturales entre comillas y nos quedamos como una anomalía extraña, donde escribíamos cada uno lo nuestro y no había comentarios ni había nada. Recuerdo, fíjate, no sé por qué ataco a nadie pero vamos a atacar, recuerdo que yo el </span><i><span style="font-weight: 300;">Jot Down</span></i><span style="font-weight: 300;"> lo descalificaba diciendo que parecía un suplemento de </span><i><span style="font-weight: 300;">El País</span></i><span style="font-weight: 300;">. Y al final, resulta que ha acabado siendo un suplemento de </span><i><span style="font-weight: 300;">El País</span></i><span style="font-weight: 300;">. Lo puedes escribir con las letras bien grandes, es una mierda caliente enorme. Nosotros no teníamos nada que ver con esa liga.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>El pasar del ‘Butano’ al papel lo trato como si fuera una anomalía, pero de allí salieron bastantes libros.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Es verdad, si te pones a contar han salido muchos libros del Butano. </span><a href="http://www.edicioneschelsea.com/libros-chelsea.html#fran" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Aprendiz de Kung-Fú</span></i></a><span style="font-weight: 300;"> de <strong>Fran Nixon</strong>, </span><a href="http://www.valdemar.com/product_info.php?products_id=802&amp;osCsid=" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Mystic Topaz</span></i></a><span style="font-weight: 300;"> de <strong>Pilar Pedraza</strong>, el </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-diccionario-enciclopedico-de-la-vieja-escuela/214072" target="_blank"><i><span style="font-weight: 300;">Diccionario enciclopédico de la vieja escuela</span></i></a><span style="font-weight: 300;"> de Javier, que incluye cosas que salieron en el</span><i><span style="font-weight: 300;"> Butano</span></i><span style="font-weight: 300;">, y los cuatro que sacamos bajo nuestro sello, <a href="https://www.verkami.com/projects/6762-los-libros-de-el-butano-popular" target="_blank">Los libros del Butano Popular</a>. Encontré en la red un tío que tenía en su currículum que había colaborado en el </span><i><span style="font-weight: 300;">Butano</span></i><span style="font-weight: 300;"> y no es verdad, nadie sabemos quién es, pero bueno, para él es un mérito. Haber colaborado en el </span><i><span style="font-weight: 300;">Butano</span></i><span style="font-weight: 300;"> viste, por lo que parece.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>¿Y cómo ha sido preparar ‘La Hora Atómica’</i> <i>para llevarlo al papel?</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">El problema del asunto es que no te puedes reescribir y mejorarte ni nada parecido, más que muy levemente, unos toquecitos de colorete. Hay rincones, a veces te encuentras cosas que dices esto está muy bien, no parece mío. Pero por lo general te estás viendo el autorretrato y no puedes retocar, porque te cargas la naturaleza del material. El libro ha sido accidental, porque Fulgencio me estaba pidiendo algo desde hace años y unos amigos me convencieron de recopilarlo. Se lo envié, me dijo que sí, y me alegro un montón, porque el otro día me dijiste que te funcionaba mejor en papel que en la pantalla.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Lo he leído muy distinto. En la sección semanal tratabas de nada en particular, y al principio me recordaba esas historietas cuyo tema era no encontrar tema. Pero así avecinadas, se ve muy bien que el tratar sobre nada es una constante de navegación. </i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Ese planteamiento fue consciente desde el primer momento. Creé la sección para no hablar de nada. Y a veces me traiciono, porque sale alguna película. Pero la idea era desintoxicarse del rollo cultural de estar escribiendo siempre de películas, de lo que lees, de transformarlo todo en materia intelectual. Era el resto, el residuo vital. Meterlo ahí y consumirse uno mismo. Las cosas empezaban a ser fugaces en internet, efímeras, y escribir sobre nada también incluía la idea de hacer algo más rocoso, más permanente.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Te libras del contenido y lo que te importa son las palabras. Lo dices en el texto, que aquí a lo que vienes es a hacer música.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Sí, son ejercicios de estilo todo el rato, mis punteos de guitarra. La música es algo que no se oye en internet, es muy difícil, ya no está ese lector ahí. Cuando me he tenido que revisar, veo que mi motor es el de la musiquita y el de la papiroflexia.</span></p>
<p style="text-align: left;"><img class="aligncenter size-full wp-image-7284" src="/wp-content/uploads/2017/06/Lardin3.png" alt="Lardin3" width="690" height="400" /></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Y es más efectivo como así todo mezclado, sin títulos que separen las piezas. Tiene un aire de conversación de terraza, de cambio de tema abrupto porque apetece, de no terminar con nada en particular antes de pasar a lo siguiente. Al juntar las columnas no las distingo.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Eso es hallazgo del editor. Yo desde el principio veía un salto de página en cada entrega, pero él hizo esta otra cosa, marcarlos con unas respiraciones. Los libros que me gusta leer son esos. Bueno esos y otros, también literatura de aventuras, libros que me gustaría saber escribir, me dan una envidia enorme. Pero este tipo de libros donde no pasa nada y todo son digresiones, me encanta leerlos. Sobre el no distinguir, estuve viendo <a href="http://www.bnf.fr/documents/dp_monde_topor.pdf" target="_blank">la exposición de <strong>Topor</strong> en París</a> y hay ideas que las usó siete veces. Pero no reciclando aquello que hizo para una revistilla y tal, no: dibujó un cartel para Amnistía Internacional y luego esa idea del martillazo la usó en otros seis sitios. A mi me cuesta mucho. Pero a veces dices, esta imagen sigue latiendo en mí, pues adelante. De eso me ha convencido Topor y también <strong>Umbral</strong>, gente así que son geniales y que sólo se atienen a su voz. Yo los libros de Umbral no los distingo, se repite tanto, es algo que me encanta. Pero hay que tratarlo con muchísimo cuidado, porque es tóxico. Lo tengo hablado con Javier [Pérez Andújar], a Umbral lo plagias sin darte cuenta. Cuando le descubres no puedes leer otra cosa, porque nada es tan masticable, es el chicle al que más le dura el sabor. Yo no le leo hace mucho tiempo. Puedo hojear, mirarle una columna, pero hace mucho daño, es absolutamente tóxico.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Tu pasión por los dibujos de Topor tiene que ver con tu pasión por los tebeos.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Lo de los tebeos es una pasión loca que tenemos tú y yo, pero somos cuatro, tampoco somos muchos. A mí me influyen los tebeos, te diría que los dibujos, más que los libros. Me marca más un dibujo de <strong>Christophe Blain</strong> que un libro de no sé quién. No leo autores actuales, leo a mis amigos pero porque son mis amigos. Y más ahora, que salen libros que no son libros. Recibes notas de prensa que te anuncian “el primer libro escrito en Whatsapp”. Hay muestrarios enteros con libros de </span><i><span style="font-weight: 300;">youtubers</span></i><span style="font-weight: 300;">, que no son libros, son lemas en cada página. El otro día en la tele, en un programa de parejas, uno decía “a mi me gusta mucho leer, paso más tiempo en la Wikipedia que en el Whatsapp”. Esa frase es alucinante.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Nunca hemos hablado sobre si traducir tebeos te ha contaminado la pluma.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">El traducir tebeos no contamina, es escribir pero con todo hecho, solo tienes que armar puzles. A ver, sufres mucho, hace poco en una portada de <strong>Crumb</strong> había un bocadillito de tres líneas y estuve cuatro días para traducirlo porque no entendía nada. Hay callejones sin salida. Pero en general traducir lo disfruto muchísimo, te da aceite para escribir después, porque para poner una palabra has barajado treinta. Te abre compuertas, es una maravilla.</span></p>
<p style="text-align: left;"><strong><i>Te oigo cargado de bondades pero luego tu libro es otra cosa. ‘La Hora Atómica’ tiene espinas.</i></strong></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Es más dañino suavizar. Ahora que las redes magnifican cualquier cosa, la gente se modera para no generarse problemas. Y yo tengo obsesión por los artistas atroces. Por reacción en estos tiempos, a mí me sale todo el rato ser atroz y me dan ganas de escribir burradas. La sangre, el sexo y la mierda son cosas que me interesan y que nos retratan con mucha precisión. Yo no puedo regalarle esto a todo el mundo, pero tampoco sé hacer otra cosa.</span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>RAÚL MINCHINELA </em></strong><em>(<a href="https://twitter.com/raulsensato" target="_blank">@raulsensato</a>)</em></p>
<p style="text-align: left;"><em><a href="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA2827-e1496862532684.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7055" src="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA2827-e1496862532684.jpg" alt="PORTADA282" width="150" height="200" /></a><br />
<strong>Una versión de este artículo aparece publicada en el <a href="/2017/05/leer-en-mayo-fomento-de-la-lectura/" target="_blank">número de mayo de 2017, 282</a>, de la Revista LEER.</strong></em><strong>  </strong></p>
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		<title>Leer en junio: viaje a Portugal</title>
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		<pubDate>Wed, 31 May 2017 16:42:55 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Portugal es un original confín. Perteneciente a la Europa meridional, no participa sin embargo de su espacio común más relevante, el Mediterráneo. Apartado del mar interior, el país se buscó la vida volcándose al océano, y así le han salido tantos rasgos particulares que en ocasiones lo aproximan más a la Francia atlántica o al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><strong>Portugal es un original confín</strong>. Perteneciente a la Europa meridional, no participa sin embargo de su espacio común más relevante, el Mediterráneo. Apartado del mar interior, el país se buscó la vida volcándose al océano, y así le han salido tantos rasgos particulares que en ocasiones lo aproximan más a la Francia atlántica o al histórico aliado inglés que a la España que siempre le ha sugerido subordinación con impropia arrogancia. Pero <strong>ni de su originalidad presume este país sosegado y armónico</strong>, que parece seguir gozosamente desacompasado –que no atrasado– como si su reino no fuera de este mundo. Quizá sea cosa de <strong><a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Sebasti%C3%A1n_I_de_Portugal" target="_blank">Don Sebastián</a></strong>.</span></p>
<p style="text-align: left;">Aunque siempre ha gozado entre nosotros de entusiastas partidarios, Portugal ha sido víctima de un desdén español que parece disolverse poco a poco. Tras los duros años de la crisis y el rescate, sale de ahí <strong>pujante y en condiciones de exhibir sus enormes virtudes</strong>. Y en estas llega a Madrid como <strong><a href="http://culturaportugal.com/caminosliteratura/feria-del-libro/" target="_blank">país invitado</a> de la <a href="http://ferialibromadrid.com/" target="_blank">Feria del Libro</a></strong> y una programación como no se recordaba. Un buen pretexto para que desde LEER nos acerquemos a Portugal con ánimo de descubrir lo mucho que tiene que ofrecer.</p>
<p style="text-align: left;"><a href="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA283-e1496246959235.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7209" src="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA283-e1496246959235.jpg" alt="PORTADA283" width="345" height="464" /></a>Así, uno de los principales lusistas españoles, el profesor de la Universidad de Évora <strong>Antonio Sáez Delgado</strong>, esboza un pequeño mapa del tesoro de la literatura portuguesa. Con la ayuda del escritor y profesor de Filología Portuguesa de la Universidad de Salamanca <strong>Hugo Milhanas Machado</strong> y de <strong>Filipa Soares</strong>, profesora de la UAM y responsable del Centro de Enseñanza Portuguesa del Instituto Camões en Madrid, <strong>Marta Caballero</strong> pone en orden el coro plural de los jóvenes escritores portugueses que salvo veteranos como <strong>José Luís Peixoto</strong> no cuentan en España con la difusión que merecerían.</p>
<p style="text-align: left;">Preguntamos precisamente si vivimos literariamente de espaldas al país vecino a los responsables de algunos proyectos editoriales que en nuestro país más miran hacia poniente: <strong>Eduardo Moga</strong>, director de la <a href="http://editoraregional.gobex.es/" target="_blank">Editora Regional de Extremadura</a> y de su colección Letras portuguesas, y los artífices de <a href="https://www.laumbriaylasolana.es/" target="_blank">La Umbría y la Solana</a>, <strong>Feliciano Novoa</strong> y <strong>Pilar Ramos</strong>, un nuevo sello con una inclinación no exclusiva pero sí acusada hacia Portugal.</p>
<h5>La solución ibérica</h5>
<p style="text-align: left;"><strong>António Costa</strong> y <strong>Mariano Rajoy</strong> han escenificado la especial relación ibérica celebrando la última cumbre bilateral navegando el Duero. Desde el siglo XVIII, autores españoles y portugueses han vislumbrado al otro lado de la frontera común el necesario auxilio para la proyección moderna de las ambiciones de ambos países. De la mano de <strong>César Antonio Molina</strong> y su libro <em>Sobre el iberismo y otros escritos de literatura portuguesa</em> estudiamos este fenómeno de admiración mutua que cristalizó en un movimiento utópico, el iberismo, hoy superado gracias a la integración política de España y Portugal en la Unión Europea, pero que sigue teniendo una vertiente cultural con proyección en Iberoámerica. Hablamos sobre todo ello con <strong>Gabriel Magalhães</strong>, profesor de la Universidad de Beira Interior y autor del libro <a href="http://www.elbaeditorial.com/es/catalogo/item/los-espanoles" target="_blank"><em>Los españoles</em></a>.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Y desde Lisboa, el director de su Instituto Cervantes, Javier Rioyo</strong>, glosa para LEER las maneras de ser moderno, contradicciones incluidas, de <strong>José Almada Negreiros</strong>, protagonista de una <a href="https://gulbenkian.pt/museu/evento/jose-almada-negreiros-maneira-moderno/" target="_blank">exposición antológica en la Fundación Gulbenkian</a>, artista total cuyos años madrileños (1927–1932) dejaron un rastro indeleble en la capital de España.  Precisamente <strong>un azulejo diseñado por Almada y expuesto en la Gulbenkian ilustra la portada de este número de LEER</strong>.</p>
<figure id="attachment_7214" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2017/05/Lamela-1-e1496247514278.jpg"><img class="size-full wp-image-7214" src="/wp-content/uploads/2017/05/Lamela-1-e1496247514278.jpg" alt="Antonio Lamela dibujado por David Pintor. " width="345" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Antonio Lamela dibujado por David Pintor.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><a href="http://museo.abc.es/exposiciones/2016/11/alfredo-la-ventana-de-atras/128838" target="_blank">Otra exposición</a>, esta vez en Madrid, ha presentado en el Museo ABC los dibujos realizados por <strong>Alfredo</strong> para unas <a href="https://www.amazon.es/dp/B06XDCP74K/ref=cm_sw_r_cp_ep_dp_j6k5ybNVHCAKB" target="_blank"><em>desmemorias</em></a> que sirven de broche a la carrera de unos de los más brillantes ilustradores españoles de las últimas décadas. La atención a la muestra y su libro es otro de los contenidos <em>no portugueses</em> que completan el número de junio de LEER.</p>
<p style="text-align: left;">También el adelanto del estreno de <a href="http://cdn.mcu.es/espectaculo/inconsolable/" target="_blank"><em>Inconsolable</em></a>, el monólogo con el que <strong>Javier Gomá</strong> traslada al teatro sus reflexiones nucleadas en torno a la ejemplaridad. <strong>Javier Huerta Calvo</strong> analiza las claves del texto y <strong>Ernesto Caballero</strong> habla para LEER del planteamiento dramático que <strong>a partir del 28 de junio</strong> podrá verse sobre las tablas del Teatro María Guerrero de Madrid.</p>
<p style="text-align: left;">Y sigue la biblioteca de <strong>Javier Reverte</strong> de la mano de <strong>Jesús Marchamalo</strong>, y la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> al arquitecto recientemente fallecido <strong>Antonio Lamela</strong>. Desde Nueva York <strong>Julio Valdeón Blanco</strong> (cuyo <a href="http://tienda.efeeme.com/libros-efe-eme/714-julio-valdeon-sabina-sol-y-sombra.html" target="_blank">libro sobre Sabina</a> es objeto del análisis de <strong>Vicente Araguas</strong>) comenta <em>Between Them</em>, la indagación en la vida de sus padres de <strong>Richard Ford</strong>. Hablamos a propósito de sus últimos y respectivos libros con <strong>Sabino Méndez</strong> (<em>Literatura universal</em>, Anagrama) y <strong>Lorenzo Luengo</strong> (<em>El dios de nuestro siglo</em>, Seix Barral). <strong>Jordi Corominas</strong> comenta el <em>Kanada</em> de <strong>Juan Gómez Bárcena</strong> y <em>Arden las redes</em>, el ensayo sobre la nueva inquisición de las redes sociales escrito por <strong>Juan Soto Ivars</strong>. Otras muchas novedades son objeto de atención en un número en el que volvemos a recordar a <strong>Thoreau</strong> en su bicentenario, y donde <strong>Ada del Moral</strong> se adentra en la literatura de las hadas, desmintiendo su carácter angelical y advirtiendo de su caprichosa naturaleza.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Todo esto y mucho más en el número de junio de 2017, y van 283, de la Revista LEER. </strong></p>
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