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	<title>Revista leer &#187; Juan Goytisolo</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Antonio Ferres, o la literatura de lo inevitable</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Apr 2020 11:34:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Se dio a conocer <strong>Antonio Ferres</strong> con un relato angustioso sobre el inevitable destino que aguardaba a los vencidos tras la Guerra, <strong><em>Cine de barrio</em>, premio Sésamo en 1956 e inicio de la carrera literaria del más desesperanzado de aquel grupo</strong> que formaban <strong>Juan García Hortelano</strong> (<em>Barrio de Argüelles</em>), <strong>Alfonso Grosso</strong> (<em>La zanja</em>), <strong>Jesús López Pacheco</strong> (<em>Central eléctrica</em>), <strong>Armando López Salinas</strong> (<em>La mina</em>) y <strong>Juan Eduardo Zúñiga</strong>, el misterioso Zúñiga, mayor que ellos pero sin ser de la generación del primer realismo de posguerra, porque este grupo se constituyó como nuevo cuando encontró su sustento teórico en los ensayos de <strong>José María Castellet</strong> (<em>La hora del lector</em>) y de <strong>Juan Goytisolo</strong> (<em>Problemas de la novela</em>), y el apoyo político en el Partido (el único, para ellos), no olvidemos que para esta generación del realismo social, nacida con el aliento de la revista falangista que dirigían entre otros <a href="http://dbe.rah.es/biografias/53908/rafael-conte-oroz" target="_blank">Rafael Conte</a>, <em>Acento Cultural</em>, y la editorial Destino, primero, asesorada por el hoy olvidado pero en aquellos años imprescindible <strong>Rafael Vázquez Zamora</strong>, y Seix Barral, después, <strong>«lo social» era «una categoría superior a lo artístico», como dejara dicho Alfonso Sastre</strong>, por eso no se dejará de ver nunca la sombra del Partido en aquellas primeras novelas de los años 50, y no sólo porque algunos de ellos, como el propio Ferres o López Salinas, cobraban de <a href="https://www.egeda.es/EGEDA_LibrosMrMarshall.aspx" target="_blank">la Uninci</a><strong>, </strong>aquella productora cinematográfica emboscada en el Régimen, sino porque además de la utilización de técnicas narrativas muy cercanas al cine neorrealista, se colaban también las consignas de entonces, como la reconciliación nacional en <em>Los vencidos</em> o <em>Al regreso del Boiras</em>, ambas censuradas, pero decíamos que <strong><em>lo inevitable</em> es aquello que marca la literatura sin esperanza de Ferres desde su primer cuento</strong>, y así, sabemos que el hombre que «se estiró en la butaca hasta ocultarse en el respaldo» será descubierto y fusilado, como sabemos que Luis, escondido en la buhardilla de Valeria en su último cuento, aún inédito, <em>El sexto piso</em>, también será descubierto y fusilado, y que tras su apresamiento, en el cine continuará la proyección y el hombre ya esposado verá cómo se apaga la luz y escuchará la risa de las niñas, de la misma manera que Luis verá, junto a la tapia del cementerio donde le esperan los soldados armados, cómo brillaban los campos verdes «con las últimas lluvias», y cómo «el sol acariciaba la tierra», y sabemos también que tras el derrumbe de la chabola de Maruja por los de la piqueta en su primera novela queda el descampado, la llanura de Orcasitas, lleno de escombros: «En apariencia, no ocurría absolutamente nada. Sólo el sol caía sobre las arenas del mioceno, por los campos donde termina una triste y pobre ciudad», pero sólo en apariencia, porque la vida continúa, «no hay muerte ni principios», escribió <strong>Manuel Altolaguirre</strong>, al que cita Ferres en <a href="http://www.gadireditorial.com/titulos/cambios_hojas.html" target="_blank"><em>El libro de los cambios y las hojas</em></a>, su última entrega poética editada por <a href="http://www.gadireditorial.com/autores/a007.htm" target="_blank">Gadir</a> y en la que quiere el autor rendir homenaje al texto confuciano del I Ching, porque Ferres, que aparece en todos los manuales de literatura española, no se ha conformado con ser, como dice <strong>Santos Sanz Villanueva</strong> en el suyo, <strong>«el representante genuino de la novelística social»</strong>, sino que ha seguido buscando nuevas formas literarias, durante su retiro americano, primero en México de la mano de <strong>Max Aub</strong> y luego como profesor en varias universidades de EEUU, miembro como fue de aquella otra emigración, la segunda que dice <strong>Andrés Sorel</strong>, «la de nuestra </span><i><span style="font-weight: 400;">intelligentzia</span></i><span style="font-weight: 400;">»</span><span style="font-weight: 400;">, y en su exilio formó una gran biblioteca de textos budistas a través de los cuales encontró una manera nueva de mirar el mundo, y ya en los años 90 llegó a la novela autobiográfica en <a href="https://www.pre-textos.com/escaparate/product_info.php?products_id=248" target="_blank"><em>Los confines del reino</em></a>, <strong>en la que ajusta cuentas con su pasado comunista</strong>, y a una suerte de relato memoralístico de extremada belleza y elegancia narrativa, <a href="https://elcultural.com/Memorias-de-un-hombre-perdido" target="_blank"><em>Memorias de un hombre perdido</em></a>, en las que trata de no ser quien fue, «quien fuera aquel que no recuerdo», por eso hay un guiño en este nuevo libro a esas memorias en el poema en prosa «Los hijos de cura no dan sombra», y por eso dice también: «He escrito estos versos, alguna vez… Quizás hace mil años… Reconozco que en ellos soy al mismo tiempo yo y todo esto que se mueve y gira, o que permanece, mientras lo retienen mis ojos», por eso, <strong>en esa búsqueda de trascenderse a sí mismo, de no quedar atrapado en los temarios del bachillerato, llegó Antonio Ferres a la poesía</strong>, ya octogenario, para decirnos que es la esencia de la vida el cambio y que la tragedia de España es «historia repetida de los hombres», y dice que no debemos olvidar de dónde venimos y que por eso tiene aún actualidad <em>La piqueta</em>, porque cuenta la historia de aquellas gentes de Andalucía y Extremadura que se iban acomodando a las puertas de una ciudad que había levantado un muro de defensa contra ellos, y ahí construían sus chabolas, que luego fueron casas, que luego fueron calles, que luego fueron barrios y finalmente pueblos, hoy ya absorbidos por la ciudad, y dice que en Orcasitas, donde hay una <a href="https://orcasitas.org/" target="_blank">asociación</a> que se llama Del barro al barrio, leen <em>La piqueta</em> como una épica, como si fuese <em>La Ilíada</em> o <em>La Odisea</em> de su barrio, y que por eso su amigo <strong>Paco García Olmedo</strong> lo bautizó como el Homero de Orcasitas, pero de aquella novela hace ya más de 50 años y Antonio Ferres acaba de cumplir 90 y sigue escribiendo poemas y cuentos y acude cada martes a su tertulia del Café Gijón donde prepara junto a sus compañeros un concurso de relatos que han llamado <a href="http://www.avuelapluma.com/el-cafe-gijon-convoca-el-i-concurso-de-cuentos-insurgentes" target="_blank"><em>Cuentos insurgentes</em></a> para ver si pudiera servir de semillero de nuevos autores como sirvió durante tantos años aquel premio de las Cuevas de Sésamo donde destacaron tantos jóvenes creadores como Antonio Ferres.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER</em>, <a href="/2014/03/leer250-11-m-hito-y-tabu/" target="_blank">número 250</a>, marzo de 2014</p>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>David Trueba: palabras y fotogramas</title>
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		<pubDate>Fri, 25 Apr 2014 17:11:03 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Al cine se le ha supuesto siempre un concepto totalizador de la creación artística; una sola expresión capaz de conjugar fotografía, música, drama y, por supuesto, literatura. Porque antes de que las imágenes se proyecten en pantalla, antes de que la cámara capte la interpretación de los actores, antes de todo esto está la palabra. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>A<strong>l cine se le ha supuesto siempre un concepto totalizador de la creación artística</strong>; una sola expresión capaz de conjugar fotografía, música, drama y, por supuesto, literatura. Porque antes de que las imágenes se proyecten en pantalla, <strong>antes de que la cámara capte la interpretación de los actores, antes de todo esto está la palabra.</strong> Esa idea que se transforma en historia y luego en ese esqueleto de película llamado guión.</p>
<p>La editorial <a href="http://malpasoed.com/tienda/es/todo/53-vivivir-es-facil-con-los-ojos-cerrados-9788415996330.html" target="_blank">Malpaso</a> nos trae <em>Vivir es fácil con los ojos cerrados</em>, una edición que recoge el guión de la película del director <strong>David Trueba</strong> así como su cuaderno de rodaje. La película, para el lector que no haya tenido oportunidad de verla, gira en torno a <strong>la historia de un profesor de inglés en la España de mediados de los sesenta</strong>, que decide emprender <strong>un viaje a Almería para intentar entrevistarse con John Lennon</strong> y pedirle que incluya en las cubiertas de sus discos las letras de las canciones para facilitar su comprensión. En el viaje el profesor se encuentra con los típicos personajes juveniles de las narraciones de Trueba en pleno proceso de iniciación, surgiendo las contradicciones entre los protagonistas y<strong> reflejando la esclerotizada sociedad de la época.</strong></p>
<p>El libro, una edición en cartoné que por su cubierta negra recuerda a un cuaderno de trabajo donde parece que el propio director ha ido dejando sus impresiones, tiene detalles interesantes además de su propio contenido. <strong>Algunas fotografías curiosas sobre el desarrollo de la película o el calendario de planificación de la misma</strong>, pero sobre todo una iniciativa con la que el lector, al comprar el libro en papel, hace lo propio con la edición digital.</p>
<p>Los editores explican que <strong>escribiendo el lector su nombre en la primera página del libro en papel y enviando una foto de ese improvisado <em>ex-libris</em> por correo electrónico remitirán la consiguiente edición digital de la obra.</strong> Parece que, como ya llevan tiempo haciendo algunas discográficas, se tiende a la unificación de producto para luchar contra la piratería o, al menos, facilitar al comprador la posibilidad de poder disfrutar de los dos formatos sin tener que discriminar su elección. Una iniciativa interesante la de Malpaso Ediciones que habrá que seguir con atención.</p>
<p><img class="alignleft" src="http://malpasoed.com/wp-content/uploads/2014/04/davidlibro2.jpg" alt="" width="300" height="458" />Volviendo al libro que nos ocupa, es grato contar con un personaje como David Trueba; él y su película, triunfadora de los últimos Premios Goya, argumentos del <a href="/2014/03/leer251-escritores-de-cine/" target="_blank">número de abril de LEER</a> dedicado a los escritores de cine. Escritor y cineasta, Trueba se estrenó en el mundo de las letras como novelista en 1995 con <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_186" target="_blank"><em>Abierto toda la noche</em></a>, editado por Anagrama, y solo un año después estrenó su primer largometraje, <em>La buena vida</em>. Aunque cuenta en su haber con más trabajos cinematográficos que literarios, David Trueba cumple, de una extraña manera, el rol de <strong>creador que transita entre dos mundos sin pertenecer a ninguno en exclusiva.</strong> Si aparece en la alfombra de los Goya le vemos como el director; si firma en la Feria del Libro parece desprenderse con naturalidad de su anterior personalidad y tomar la del escritor. Alguien que en cualquier caso<strong> plantea su trabajo de creación, la necesidad de contar algo, siempre desde el mismo inicio: la pantalla en blanco</strong> –cursor parpadeante mediante–; la escritura.</p>
<p>Esta relación entre cine y letras se aprecia mejor en la primera parte de esta edición de <em>Vivir es fácil con los ojos cerrados</em>: el cuaderno de rodaje. El director madrileño nos va contando los avatares y anécdotas sucedidos tanto antes de filmar su película como en el proceso de preparación y su posterior montaje. Pero más allá de sucesos curiosos que el espectador-lector agradecerá (como el pasaje donde come en una tasca de un pequeño pueblo almeriense y la dueña, sin reconocerle, le cuenta que en ese establecimiento han parado todo tipo de personajes ilustres, desde políticos al director Fernando Trueba) o guiños hacia los actores que han interpretado a los personajes (“Javier Cámara es un tipo de hoy, pero debajo lleva una sombra perfecta de la generación de nuestro padres”), <strong>las anotaciones de David Trueba nos van desvelando el proceso de creación, tan cercano entre una novela y una película.</strong></p>
<p>Por ejemplo se citan <strong>diferentes referencias literarias que el director tuvo en cuenta a la hora de acometer el proyecto</strong>, señalando en particular un libro, <em>Campos de Níjar</em>, de <strong>Juan Goytisolo</strong>, que le dio la clave para lograr la ambientación necesaria de la Almería de los 60. Trueba señala a menudo las relaciones entre papel y celuloide, como cuando cuenta que “hay directores que prefieren el rodaje al montaje. Contiene más adrenalina, espíritu aventurero, acción y emociones. <strong>Yo prefiero el montaje. Me recuerda más a la escritura</strong>».</p>
<p>¿Son los fotogramas palabras o es ya la película filmada un atisbo de estructura narrativa que el escritor y director convierten en historia comprensible, uno con su trabajo en capas –releyendo y corrigiendo– y otro en la sala de montaje? ¿Impone la tiranía de lo real –en un momento en que las producciones cuentan con menos presupuesto– problemas que el director que podría solventar escribiendo novela –donde el límite lo marca la imaginación– o por contra estas limitaciones sirven para aguzar el ingenio del que narra y sacan lustre al resultado, haciendo que sus historias se apeguen más a lo posible?</p>
<p>Muchas preguntas que siempre surgen en los ejercicios de comparación de las historias escritas y sus versiones filmadas –si me permiten la sugerencia, siempre interesante leer <em>Los</em> muertos,cuento de <strong>Joyce</strong> inserto en <em>Dublineses</em>, y luego pasar a la mirada de <strong>John Huston</strong> en la película homónima–.</p>
<p>Trueba apunta en el libro que <strong>“mis hábitos de novelista me convierten en un director intratable. Estoy acostumbrado a resolverlo todo a solas”</strong>, y da quizá con una de las claves que separan a ambas artes. El cine se construye en grupo y la novela, normalmente, en solitario. Casi como a la hora de disfrutarlos, el cine, aunque se puede ver solo, está pensado para disfrutarlo en una sala con público, mientras que un libro, silencioso y estático, sólo comienza a moverse en la mente de una persona, y en cada una de forma desigual.</p>
<p style="text-align: right;"> <em>DANIEL BERNABÉ</em></p>
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