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	<title>Revista leer &#187; Guerra Civil Española</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Enrique Moradiellos: «Decir que Franco era inteligente no te hace franquista»</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Apr 2019 11:38:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Borja Martínez]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay, de un tiempo a esta parte, en Enrique Moradiellos (Oviedo, 1961) una voluntad de estar en el foro público, de contribuir con un poco de «luz racional e histórica» al debate de las cosas. Y el historiador asturiano, catedrático de la Universidad de Extremadura, autor de importantes libros, biógrafo de Negrín y ahora de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Hay, de un tiempo a esta parte, en <strong>Enrique Moradiellos</strong> (Oviedo, 1961) <strong>una voluntad de estar en el foro público</strong>, de contribuir con un poco de «luz racional e histórica» al debate de las cosas. Y el historiador asturiano, catedrático de la Universidad de Extremadura, autor de importantes libros, biógrafo de <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-negrin/200193" target="_blank">Negrín</a> y ahora de Franco –con una obra escrita para el público británico y publicada aquí por Turner, <a href="http://www.turnerlibros.com/book/franco.html" target="_blank"><em>Franco. Anatomía de un dictador</em></a>–, lo hace sin miedo a pelear el sentido de las palabras, a meterse en los charcos agarrado a la enseña de la Historia, aun a riesgo de ser malinterpretado en clave política. <strong>Ejerciendo «un tipo de práctica de la razón histórica que va explorando sus límites»</strong>, que es lo que le pide y exige su profesión.</p>
<p><strong><em>El libro comienza con un análisis detallado de la memoria de Franco, «incómodo espectro del pasado», en la España democrática.<br />
</em></strong>Es una de las partes más comprometidas del libro, porque hay más vuelo filosófico y obliga a tomar posición. Lo otro es pura acción historiográfica. Está planteada con una voluntad explícita de señalar que la rareza española de la Transición, el pacto del olvido, es en realidad lo más normal del mundo. Lo que se va a aplicar, si es posible, en Colombia, en Venezuela cuando caiga esta dictadura, o Cuba. No era, no es posible hacer tabula rasa.</p>
<p><em><strong>Hablas del «mal llamado pacto del olvido».<br />
</strong></em>Se trata más bien de un pacto de silencio. Lo explica Henry Rousso en <a href="http://www.aletheia.fahce.unlp.edu.ar/numeros/numero-5/traducciones/para-una-historia-de-la-memoria-colectiva-el-post-vichy" target="_blank"><em>El síndrome de Vichy</em></a>. Los franceses no olvidaron la Ocupación y la colaboración, pero prefirieron no hablar públicamente de ello y no utilizarlo como estigma. Si De Gaulle hubiera utilizado la Ocupación como estigma, Mitterrand nunca hubiera sido siquiera candidato a la presidencia de la República porque fue un enorme colaboracionista, al menos hasta el 43. Ningún prefecto de Francia dimitió de su cargo cuando se firmó el armisticio. Ningún mariscal de Francia, ningún capitán general, ningún general de división. Sólo un general de brigada, De Gaulle, se marcha a Londres a continuar la guerra. Y los comunistas tampoco lucharon hasta 1941, porque tras la firma del pacto germano soviético el PCF había llamado al derrotismo revolucionario. Constatar que Sartre y Beauvoir se quedaron en París, que Febvre siguió haciendo <em>Annales </em>en París mientras su compañero Marc Bloch se unía a la Resistencia y era fusilado al final de la guerra, es constatar que hubo una colaboración generalizada. No es un juicio moral; las sociedades son así. De ahí lo del pacto de silencio. No utilizamos en público el pasado de cada uno, aunque es algo que sigue ahí; el silencio no es olvido. Por eso se hablaba en su momento del famoso techo oculto de Fraga, que operó también contra los comunistas históricos como Carrillo o Pasionaria y a favor de los socialistas <em>renovados</em>.</p>
<p><strong><em>Quizá era la constatación tranquila de que aquellas ya eran posiciones políticas obsoletas, y que su identificación con las actuales carecía, y carece, de sentido.</em><br />
</strong>Cito en el libro a Francisco Ayala: en el fondo ninguno nos sentíamos solidarios de las versiones extremas de aquella época. Era un anacronismo. Es como si las asociaciones feministas o LGTBI revisaran hoy los discursos de los partidos comunistas; dirían que son <em>fachas</em>. Se tiende a asociar con el franquismo realidades que son anteriores y posteriores al régimen, y que tienen que ver con culturas políticas muy machistas, quizá muy mediterráneas. Pero es que entonces <em>fachas </em>eran los asirios y los neandertales. Es un mal uso de los términos tan flagrante que en calidad de historiador no puedes quedarte callado.</p>
<p><strong><em>Haces hincapié en la banalización de los términos cuando hablas de la definición del Régimen.</em><br />
</strong>Si te niegas, como es mi caso, a decir que el franquismo fue un totalitarismo, también corres el riesgo de que te llamen <em>facha</em>. Provoca una suerte de reflejo de Pavlov. ¿Fue el franquismo un fascismo español? No, no lo fue. Un régimen en proceso de fascistización truncada es lo que yo defendería. Pero fascismo, no.</p>
<p><strong><em>¿Hay historiadores que han contribuido al uso frívolo de los términos?</em><br />
</strong>Sí. Hay autores que consideran que es la misión histórica, la función social de la dictadura, y no la forma política lo que categoriza un régimen. Sin reparar en que la función y la misión histórica de estabilización del capitalismo une a regímenes tan dispares como la socialdemocracia sueca de Olof Palme y la dictadura de Pinochet. Con eso, para el llamado marxismo de la llamada RDA, eran tan fascistas Willy Brandt como Hitler, porque ambos, según las condiciones, establecen la dictadura terrorista del capital sobre los trabajadores y extraen plusvalía. Pero eso es un uso político abusivo, no puede ser una lógica explicativa histórica, porque recurre a una visión binaria de la historia que no atiende al matiz. Muchos historiadores dicen que en la época de entreguerras, ante la crisis y el colapso del capitalismo, sólo había dos soluciones posibles, la solución socialista o la solución fascista. Eso es falso. Churchill te diría, entre estos dos estamos nosotros. Y Roosevelt. ¿Y qué pasaba con los movimientos de independencia y anticoloniales? ¿Se puede ser democracia y estar contra las democracias porque son las metrópolis imperiales? Sabemos que sí: ahí está Nehru, y lleva adelante su programa en aquel mismo momento sin echarse en brazos de Japón o de la URSS.</p>
<blockquote><p>«Yo no quiero hacer antifranquistas retrospectivos porque lean mi libro. Sea usted franquista, antifranquista o indiferente. Me da igual. Yo quiero comprender»</p></blockquote>
<p><strong><em>Esa lógica binaria parece insuperable incluso entre los historiadores a la hora de abordar episodios de nuestra historia reciente como el franquismo o la democracia.</em><br />
</strong>Es preocupante. Yo he participado en muchos debates, y hay corrientes. Hay contemporaneístas como <a href="/2019/01/gutmaro-gomez-bravo-el-valle-de-los-caidos-es-una-anomalia-absoluta/" target="_blank">Gutmaro Gómez Bravo</a> o Javier Rodrigo que lo están haciendo bien. No tiene nada que ver con lo que hacen otros autores de la corriente memorialista histórica. Gente como Francisco Moreno, que ya en los 70 tenía un libro sobre la represión franquista en Córdoba que ahora se ha convertido en <em>El genocidio franquista en Córdoba</em>. Esta evolución de los términos ya te dice algo del cambio de paradigma que se ha producido.</p>
<p><strong><em>¿La imprecisión terminológica tiene que ver con la ideología?</em><br />
</strong>Con la voluntad ideológica de demonización de un régimen. Pero el problema de la demonización es que el que odia está incapacitado para entender. El odio es muy legítimo en la vida privada, incluso en la política, porque con el odio puedes levantar pasiones y en el fondo la lucha política no es moral. Pero los historiadores no podemos hacer eso, porque entonces no hay historia. Se cargan la disciplina. Y aparece entonces una propaganda más o menos edulcorada. Yo sostengo, y además creo que es demostrable, que hay una disciplina que intenta comprender sin odio, <em>sine ira</em>, como diría Tácito. Yo no quiero hacer antifranquistas retrospectivos porque lean mi libro. Sea franquista, sea antifranquista o sea indiferente. Es que me da igual. Yo quiero comprender. Lo primero que escribe Hannah Arendt después del Holocausto, cuando sabe lo que le ha pasado a una parte de su familia, cuando ya sabe lo que han hecho Heidegger y muchos de sus amigos, es que no los quiere condenar moralmente. Quiere comprender cómo gente que no era así se convirtió en eso. Cómo llegaron a admirar y apoyar el régimen de Hitler. Y quiere hacerlo por necesidad intelectual de explicarse el mundo, no de establecer condenas morales desde una superioridad incierta.</p>
<p><strong><em>En el caso del franquismo no se trata sólo de la comprensión de un régimen, sino del comportamiento de toda una sociedad que en 1975 todavía está en condiciones de adherirse a él, aunque fuera pasivamente, y que un año y medio después vota con entusiasmo la Reforma política.</em><br />
</strong>Y que no secundó la huelga general de noviembre de 1976, la operación de Carrillo para intentar detener la Reforma. Y cuando llega el referéndum se aprueba la Reforma, y el <em>No </em>se asoció con Fuerza Nueva, con lo que quedaba del <em>búnker</em>. Y cuando llegan las elecciones de 1977 la representación electoral es tan genuina que en vez de haber una reforma mínima del franquismo se abre un periodo constituyente. A veces parece que no hubiera habido periodo constituyente en España después del franquismo. ¿Entonces qué tuvimos? Las elecciones del 77 no eran inicialmente constituyentes, pero resultaron constituyentes. ¿Por qué? Por sus resultados. Y por eso se aprobó de inmediato la ponencia constitucional. Y en el paquete iba la forma de Estado, es decir, la monarquía. Quienes dicen que la monarquía no se votó en referéndum se olvidan de que hubo referéndum constitucional. Pero es un olvido interesado, al menos entre historiadores bien versados. Sin embargo, la Constitución de 1931 nunca se sometió a referéndum. Se aprobó por una mayoría recortada en las Cortes. Y por tanto la República fue resultado del abandono del monarca tras las elecciones municipales. Aquí te das cuenta del uso político de la historia según conviene. Una disciplina crítica está para señalar este tipo de incoherencias.</p>
<p><strong><em>¿Está la Historia reformulando sus términos en paralelo a la ruptura de esa amnistía tácita, de ese pacto de silencio, que parece que está teniendo lugar en el seno de la sociedad y en la política?</em><br />
</strong>Sí. Y es un cambio que tiene que ver con al menos dos grandes fenómenos. Uno es el reemplazo generacional. En los estamentos de poder de la estructura social han entrado personas que como mucho tenían cinco años cuando acabó la dictadura. Están en cargos de gestión, en los medios, en la academia, en la política. Pedro Sánchez, Albert Rivera, Casado o Iglesias no tenían 15 años cuando murió Franco, ni jugaron al futbolín en la OJE. Esto es muy importante. Sus visiones del pasado son mediadas, lo que les contaron, lo que leyeron, y sobre todo la literatura, el cine y la televisión, grandes agentes de formación de la conciencia histórica que no son necesariamente ajenos al maniqueísmo y la simplificación, a veces porque su propio formato lo exige. Y volvemos a la lógica binaria. El otro factor tiene que ver con la caída del Muro. Ha producido un cambio radical en el mundo, y ha obligado a las izquierdas a mirar nostálgicamente a un pasado glorioso en busca de referentes.</p>
<p><strong><em>Por ahí volvemos al peso de la memoria.</em><br />
</strong>Si la memoria y el testimonio de la víctima es sacrosanto y no se puede poner en cuestión, ¿dónde queda la historia? Yo pongo en cuestión un movimiento que reduce mi disciplina, que tiene ya 2.500 años de existencia, a un mero adjetivo de un sustantivo. Del cual, por ser adjetivo, es mero atributo. Memoria histórica. ¿Por qué? Para los historiadores, un testimonio nunca puede ser la última palabra. Porque hay que cotejarlo, hay que cribarlo, hay que ponerlo en cuestión, es sistemáticamente revisable por otros puntos de vista y el cotejo de documentos. La memoria histórica, además, incumple su propio precepto cuando por ejemplo quiere tirar determinados monumentos históricos. Preservar la memoria histórica aplicando la <em>damnatio memoriae </em>es un sinsentido. Resignifíquese, explíquese, como la <a href="https://www.museumsportal-berlin.de/es/museos/topographie-des-terrors/" target="_blank">Topografía del Terror</a> en Berlín. Será además la mejor escuela de historia. Pero déjese ahí. Si se destruye como si nada hubiera pasado, nadie sabrá lo que ha sido porque ha desaparecido. A mí me parece una barbaridad.</p>
<blockquote><p>«¿Fue el franquismo un fascismo español? No, no lo fue. Un régimen en proceso de fascistización truncada es lo que yo defendería. Pero fascismo, no»</p></blockquote>
<p><em> </em><strong><em>¿Verías posible, como se está pidiendo desde algunas instancias, una suspensión del corpus de condenas del franquismo? ¿Es compatible con la Amnistía del 77?</em><br />
</strong>Hay que tener mucha prudencia con querer enmendar el pasado a fuerza de declaraciones simbólicas del presente. Primero por el alcance que puede tener. Pero también porque moralmente es un poco vergonzoso. Se dice que es con la intención de restablecer la dignidad de las víctimas, pero primero, la dignidad nunca la perdieron, porque la dignidad no va con el hecho de ser vencedor o vencido. Hay mucho indigno entre los vencedores y había muy indigno entre los vencidos. Y porque hay víctimas en ambos lados. Una democracia, que debe mirar al pasado con ojos abiertos y no sectarios ni revanchistas ni vengativos, ni tampoco simplificadores ni maniqueos, lo que debe hacer es tratar con equidad a sus ciudadanos, a los actuales y a los anteriores, y si se decide que las condenas del franquismo debieran suspenderse, yo entiendo que una democracia debería suspender también las condenas de los tribunales populares, que fueron manifiestamente antidemocráticas y por tanto inmorales. ¿Qué garantías jurídicas había? Ninguna. Y hubo 55.000 paseados y muertos sentenciados por tribunales de ese tipo. Si hubiera la posibilidad de reclamar compensación económica por la nulidad de esas sentencias entonces el Estado podría quebrar. Eso no se ha hecho ni con la caída del comunismo. Es imposible de asumir.</p>
<p><strong><em>En el libro estableces la diferencia entre la amnistía española y lo que ha pasado en otros lugares. Lo que hubo aquí no fue una ley de punto y final.</em><br />
</strong>No tuvo nada que ver. Aquí con la Ley de Amnistía salieron los asesinos del atentado de la calle Correo, que causó 12 muertos y setenta heridos. No fue una ley creada para que Billy el Niño se escapara. Fue una ley que también cerró el expediente sobre Paracuellos, 2.400 muertos. Y muchas cosas más.</p>
<figure id="attachment_8642" style="width: 900px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8642 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/04/Captura-de-pantalla-2019-04-01-a-las-13.30.11-e1554118665421.png" alt="emweb" width="900" height="507" /><figcaption class="wp-caption-text">Enrique Moradiellos.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><strong><em>Has pasado de Negrín a Franco como objeto de estudio. De un lado al otro del espectro político de la Guerra pero sin abandonarla. ¿Cómo comenzó tu interés por el tema?</em><br />
</strong>La Guerra Civil siempre me ha parecido el acontecimiento más divergente de la historia española reciente respecto al entorno de Europa occidental. Mi familia no tuvo una especial vinculación con la Guerra, así que yo no quiero reivindicar la memoria del abuelo <em>facha </em>o el abuelo <em>progre</em>, porque no lo eran. Casi todos los españoles tenemos dos abuelos, e incluso la abuela republicana solía ser muy católica. Era lo más normal del mundo en la época. A mí me parecía que la Guerra Civil era lo más llamativo de España. Hasta entonces no nos diferenciábamos en nada del resto del sur de Europa. Perdemos un imperio, igual que Portugal, estamos en la periferia sur de la modernización, con una industrialización un poco retardataria y un régimen liberal oligárquico como la Italia de entonces, una crisis militar… Pero de repente la Guerra sí difiere. Del mismo modo, la singularidad del régimen salido de la victoria de la Guerra era lo más anacrónico que había en aquella Europa en la que estábamos. Quise estudiarlo. Y dentro de aquello, en el plano internacional, lo que me parecía más llamativo era por qué las democracias no ayudaron a la República si era una democracia. Mi tesis versó sobre la política de no intervención. Le pedí a Paul Preston que me la dirigiera, y estuve cuatro años y medio en Londres trabajando en ello. Y quien empieza estudiando la Guerra Civil en fuentes diplomáticas descubre que, pese a que los grandes hombres de la República eran Largo, Prieto o Azaña, Negrín aparece de manera muy positiva en la documentación británica. Cuando está ya en el exilio tiene acceso directo a Clement Attlee, se cartea con Churchill durante la Guerra Mundial, es invitado a formar parte de la Sociedad Fabiana. Es un hombre muy reconocido. ¿En calidad de qué, cómo es posible? Es una figura muy llamativa y me dio a entender que ahí había materia. Además, en Gran Bretaña descubrí la fuerza de la biografía histórica, esa hija espuria de la novela y un poco hijastra de la historiografía. Yo en España había tenido una formación muy estructural, que a veces pasa por marxiana pero que en realidad era puro funcionalismo, y de repente descubrí el acercamiento a los fenómenos históricos a través de la vida de los individuos. En aquel tiempo leí algunas obras notables. Ian Kershaw presentaba su primer volumen de Hitler, y sobre Hitler precisamente leí el libro de Eberhard Jäckel, <em>La cosmovisión de Hitler</em>. En apenas 150 páginas entendí el nazismo mejor que en cualquier manual estructural según el cual las singularidades humanas no hacen nada y Hitler era el gran capital. Te da una perspectiva a ras de suelo de algo que a mí filosóficamente me parece clarísimo: que nada está escrito, y que este hombre pudo hacer esto o aquello, establecer una alianza o no hacerlo.</p>
<p><strong><em>En el caso de Franco es algo muy claro. Construye un régimen alrededor de su persona y sus decisiones van marcando el devenir del país.</em><br />
</strong>Recuerdo algo que decía Raymond Carr: la mayor incógnita de un estudioso sobre Franco es saber por qué decidió no hacer como George Monck. En 1660 es el general de la guerra civil, de los que condenaron y ejecutaron a Carlos I, y a la muerte de Cromwell decide que venga la restauración. Después de que el ejército, porque es una dictadura militar, no puede heredarse en el hijo de Cromwell, hay que llamar al hijo del rey. Hay que restaurarle. Pero pone condiciones. Una, la amnistía. The Oblivion Act. Ley del olvido, pero que es una ley de perdón. Es la amnistía la que pone en marcha el gobierno monárquico parlamentario en Gran Bretaña. Y es el general Monck quien decide llamar al pretendiente. Franco no quiso serlo, yo creo que porque era dictador soberano, no dictador comisario, y eso no es baladí. Es quien instituye el Régimen. Y no tiene que ver sólo con la ambición de poder, que la tenía, sino con que probablemente creía que el rey que volviera no duraría mucho.</p>
<blockquote><p>«Durante los últimos años el nacionalismo ha recreado la imagen de una España dominadora para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco»</p></blockquote>
<p><strong><em>Durante la Guerra, Franco rechaza que Don Juan se incorpore a su causa porque, y lo dice, no quiere que el futuro rey quede vinculado a uno de los dos bandos. En el libro citas un memorando de Carrero de 1959, urgiéndole a poner en orden las leyes de sucesión, en el cual el almirante le dice que él es caudillo «porque funda monarquía».</em><br />
</strong>Hay muchos de estos elementos que están saliendo que matizan y hacen cambiar la imagen sobre Franco. No es lo mismo conocer a una persona a través de los libros que meterse en sus papeles. Tratándose de Franco a uno le sorprende a veces su cerrilidad dogmática, pero otras la astucia tan aguda. Antes solía decir que Franco era astuto, ahora digo que Franco era inteligente, si es que por astucia rebajamos el valor de la inteligencia. Decir que Franco era inteligente no te hace franquista. Me indigna, de hecho, que se diga que Franco era tonto. Cómo va a ser tonto un gobernante que dura 40 años en el poder absoluto, superando contextos complicadísimos de guerra civil, la peor guerra mundial y la peor posguerra. Es un principio absurdo. La inteligencia no es exclusiva de los demócratas ni de las izquierdas.</p>
<p><strong><em>El mito de Franco va parejo al de su suerte. Quizá prefería pasar por afortunado o por tonto.</em><br />
</strong>Girón dijo que una de sus grandes virtudes era saber hacerse el bobo, escuchar y no dar pie a saber lo que pensaba. Don Juan Carlos dijo tanto a Vilallonga como a Preston y Charles Powell que Franco era un maestro de los silencios. Arrese cuenta en sus memorias que se lanzó a la operación de institucionalización de la Falange del 56 porque el general Franco le había dado el visto bueno, pero no era verdad. Le explicaba durante horas lo que se iba a hacer y él miraba y parecía muy complacido. Hasta que le llama y le dice, esto no va a ser así. Y dimite, claro.</p>
<p><strong><em>Hay una frase que pronuncia en un discurso en 1963, recogida en su ‘Pensamiento político’ y que tú citas, que abunda en ese posibilismo conservador y camaleónico: «No hemos pasado de totalitarios a liberales porque no somos ninguna de las dos cosas».</em><br />
</strong>O en otro momento, cuando reconoce que a lo largo de estos años «hemos adaptado la norma a los tiempos que nos ha tocado vivir». Es una declaración de pragmatismo. Eso no te lo encuentras en otros dictadores, por supuesto ni en Mussolini ni en Hitler.</p>
<p><strong><em>Cuando se abre la posibilidad de entrar en la Segunda Guerra Mundial del lado del Eje, ¿fue Marruecos una tentación imperial para un africanista como él?<br />
</em></strong>Él había sido comandante de las Baleares y de Canarias, había estado en el protectorado. Y antes de ir a la entrevista con Hitler en Hendaya tenía ya el informe del ministro de Marina, el almirante Moreno, y del entonces jefe de operaciones de la Armada, Carrero Blanco, que constataba que entrar en guerra sería una locura. Sólo con declararla se perderían Baleares, Canarias y la única refinería de petróleo. «Una receta para el desastre». Y añade que sólo cabría intervenir cuando Alemania ocupara Suez y Gibraltar. O lo que es lo mismo: cuando hubiera ganado la guerra. A la hora de los últimos tiros, como quien dice.</p>
<p><strong><em>¿Esas experiencias militares previas le sirvieron para su conversión en hombre político?<br />
</em></strong>Sí, porque hay un principio de pragmatismo en un buen militar. Hay militares doctrinarios y enloquecidos, pero lo que sabemos por ejemplo del alto mando alemán es que los buenos militares son los que luego se enfrentan a Hitler. Guderian, Rommel, Franz Halder, eran tan nazis como el que más, pero eran pragmáticos. Lo que tiene Franco detrás es gente muy pragmática, Salvador Moreno, el almirante Carrero Blanco, Martínez de Campos, Kindelán, generales que tenían una carrera, no los chusqueros. Ellos intervinieron y dieron los avisos oportunos.</p>
<p><strong><em>En el libro sugieres que después de ceder al Plan de Estabilización se produce una suerte de inhibición política, un principio de retirada que culmina en el 63, cuando cumple 70 años. ¿Eso fue así?<br />
</em></strong>En la acción política, sí. Se va retirando a ocupaciones más placenteras. Deja de estar tan al día. López Rodó comenta que los Consejos de Ministros a partir de 1963 son muy cortos, cuando antes podían durar dos días. La comisión delegada que se reúne antes con Carrero lo avanza todo y Franco progresivamente está ya moderando, dando la última palabra, dirimiendo como árbitro final, pero menos al día. El accidente de caza de 1961 yo creo que lo promueve en parte. Como diría un inglés, Franco conoce ahí <em>the intimation of mortality</em>.</p>
<p><em><strong>En la primera página del libro citas a Eduardo Mendoza, que en ‘</strong><strong>Qué está pasando en Cataluña’ </strong><strong>se lamenta de los esfuerzos inútiles por explicar a sus amigos extranjeros que la España de hoy no tiene nada que ver con el franquismo.<br />
</strong></em>Me pareció una cita muy oportuna, porque yo explico a Franco a ese mismo público, aunque esa mentalidad se puede aplicar ya a los españoles, y por eso este libro se publica en español. Durante los últimos años se ha asistido al uso instrumental del franquismo para ilustrar una España dominadora, conquistadora, expoliadora y depredadora, el nacionalismo ha recreado esa imagen para crear la ficción de que está luchando contra la España de Franco. Yo mismo me he encontrado en la obligación de explicarle a compañeros anglófonos o alemanes que esto es otra cosa y no puede verse en esa clave, alertando del anacronismo de asociar la España constitucional con la España franquista.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, Invierno 2019</p>
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		<title>Fundación Castañé: un retablo del terrible siglo xx</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Feb 2016 18:46:58 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Lo que comenzó hace casi 30 años como el afán coleccionista de un apasionado de la Historia ha terminado configurando uno de los fondos documentales privados más importantes de nuestro país. Más de 10.000 documentos sobre los grandes conflictos del pasado reciente reunidos para promover la paz en el futuro. Hoy se ha publicado que parte [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
<p style="text-align: center;"><span style="color: #000000;"><em>Lo que comenzó hace casi 30 años como el afán coleccionista de un apasionado de la Historia ha terminado configurando <strong>uno de los fondos documentales privados más importantes de nuestro país</strong>. Más de 10.000 documentos sobre los grandes conflictos del pasado reciente reunidos para promover la paz en el futuro. <a style="color: #000000;" href="http://cultura.elpais.com/cultura/2016/02/08/actualidad/1454960761_104430.html" target="_blank">Hoy se ha publicado</a> que parte de ellos pasarán a formar parte de los fondos de la <a style="color: #000000;" href="http://hcl.harvard.edu/libraries/houghton/" target="_blank">Haughton Library</a> de Harvard tras fracasar las conversaciones con el Ministerio de Cultura para que permanecieran en España. Rescatamos por ello el reportaje de BORJA MARTÍNEZ que publicamos en diciembre de 2011, el primero que se hizo eco en nuestro país de la importante labor de la <strong>Fundación José María Castañé</strong>.</em></span></p>
</blockquote>
<p style="text-align: center;">Una carta de <strong>Stalin</strong> a su hija <strong>Svetlana</strong> en la que un rendido Koba le pide a su <em>gorrioncito</em> que le envíe “unas cuantas decenas de truchitas” de esas que tanto le gustan. La misiva remitida a <strong>Franco</strong> por una novia de <strong>José Antonio Primo de Rivera</strong> preguntando por el paradero del fundador de Falange pocos días después de su ejecución, y la fría respuesta telegráfica del cuartel general del Caudillo reconociendo ignorar el paradero de “dicho señor”. Varias páginas de la agenda de <strong>Winston Churchill</strong> durante la Segunda Guerra Mundial. La genealogía encargada por <strong>Heinrich Himmler</strong> para certificar la pureza aria y centenaria de su sangre. El plan de escape del Enola Gay concebido en previsión de que el lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima saliera mal…</p>
<blockquote><p>A su pasión por el arte, Castañé sumó a finales de los 80 una fascinación adicional: los documentos históricos</p></blockquote>
<p style="text-align: center;">Esto es sólo una muestra de los más de 10.000 documentos originales, sorprendentes y esclarecedores que conserva la Fundación José María Castañé, una institución insólita en nuestro país creada en torno al fondo acumulado durante los últimos 25 años por su presidente y creador.<br />
<strong>Bisnieto de Joaquín Costa</strong>, economista e ingeniero industrial, empresario y financiero, miembro del patronato del Museo del Prado y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, <strong>José María Castañé Ortega</strong> (San Sebastián, 1938) es un veterano y consumado coleccionista. Su repertorio de arte contemporáneo y vanguardias rusas se encuentra entre los mejores de España. Prueba de ello es que la Fundación Juan March contó con cinco de sus obras para el montaje de la <a href="http://www.march.es/arte/madrid/exposiciones/aleksandr-deineka/" target="_blank">exposición</a> dedicada a <strong>Aleksandr Deineka</strong> en 2011.</p>
<figure id="attachment_5160" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/02/023.jpg"><img class="wp-image-5160 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/02/023-1024x617.jpg" alt="023" width="690" height="416" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Sala principal de la Fundación José María Castañe en Madrid (reportaje gráfico: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p style="text-align: center;">A su pasión por el arte, Castañé sumó a finales de los años 80 una fascinación adicional: los documentos históricos. Poco después de la muerte de uno de sus hijos, y casi a modo de terapia, comenzó a buscar y adquirir todo tipo de materiales originales –fotografías, discursos, cartas, telegramas, carteles, pasquines, revistas, banderas, mapas de operaciones bélicas…– relacionados con la historia contemporánea.<strong> Lo que empezó como afición terminó generando un valiosísimo fondo documental</strong>, y en 2004 Castañé creó la fundación que lleva su nombre para su adecuada conservación y difusión.</p>
<p style="text-align: center;">Son los grandes conflictos del siglo XX, particularmente la Segunda Guerra Mundial, también la Guerra Civil Española, los que articulan el grueso de una colección que, según la Fundación, pretende favorecer el conocimiento de los “errores, atropellos masivos y sinrazones” que han provocado grandes sufrimientos colectivos y la destrucción masiva de países y pueblos, y ayudar con ello, en palabras del propio Castañé, a que “las generaciones venideras se abstengan de reincidir en ellos”. “Que puedan ver por sí mismas el horror de la guerra. Que no se lo cuenten, sino que puedan verlo y tocarlo”, explica a LEER <strong>María Jesús Escribano</strong>, vicepresidenta de la Fundación.</p>
<p style="text-align: center;">Un curioso subgénero documental se encuentra en el germen del archivo Castañé. Tras descubrir en una librería de Nueva York la existencia de todo un <em>comercio</em> internacional de fotografías firmadas de líderes mundiales, <strong>Castañé comenzó en 1987 su propia colección con un retrato de Charles de Gaulle</strong>. Hoy cuenta con más de 400, la mitad de las cuales pueden verse en la sede de la Fundación en Madrid.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="/wp-content/uploads/2016/02/028.jpg"><img class="aligncenter size-large wp-image-5162" src="/wp-content/uploads/2016/02/028-1024x733.jpg" alt="028" width="690" height="494" /></a></p>
<p style="text-align: center;">Una respetable finca construida a comienzos del siglo XX en la madrileña calle Fortuny alberga el amplio piso (reformado en su momento por los arquitectos <strong>Ábalos y Herreros</strong> para la Galería Pepe Cobo) que desde 2010 sirve de sede a la Fundación. Allí se expone una parte de sus fondos, apenas el 5 por cierto. “Todo lo ha colgado el propio José María”, afirma Escribano, subrayando el íntimo compromiso de Castañé con su <em>criatura</em>.</p>
<p style="text-align: center;">Cuatro salas acogen esa pequeña pero significativa selección del rico patrimonio documental de la Fundación. La primera de ellas está consagrada a su colección de fotografía artística y documental. Son más de 70 imágenes de reconocidos fotógrafos, especialmente soviéticos, tomadas durante su Gran Guerra Patria (la manera rusa de referirse a la guerra contra la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial). Destacan varias instantáneas de <strong>Yevgeni Khaldei</strong>, entre ellas la mítica fotografía del soldado soviético plantando la bandera soviética en la cubierta del Reichstag el 2 de mayo de 1945. También hay una notable selección del trabajo realizado durante la Guerra Civil por <strong>Agustí Centelles</strong>.</p>
<blockquote><p>La Fundación pretende favorecer el conocimiento de los «errores, atropellos masivos y sinrazones» del siglo XX para que «las generaciones venideras se abstengan de reincidir en ellos»</p></blockquote>
<p style="text-align: center;">Además de numerosos carteles de propaganda política y bélica de España, Estados Unidos, Francia, Alemania la Unión Soviética o China, la sala principal acoge la ya mencionada colección de fotografía autógrafa. Son más de 200 retratos de líderes políticos y militares de los cinco continentes. Incluye una de las pocas fotos firmadas de Stalin –se cree que sólo existen cinco en todo el mundo–. Todavía reciente la controvertida ejecución de <strong>Muamar el Gadafi</strong>, llama especialmente la atención la imagen sonriente del dictador libio, todo un <em>galán</em> mediterráneo en el apogeo de su revolución.</p>
<p style="text-align: center;">Una miscelánea de objetos y documentos cuelga de las paredes de la tercera sala: propaganda antisemita editada durante el nazismo, un cartel publicitario de <em>Mein Kampf</em>, un ejemplar impreso del llamamiento “a todos los franceses” realizado por el General de Gaulle a través de la BBC tras la firma por <strong>Pétain</strong> del armisticio con Alemania en junio de 1940, sendas banderas de dos submarinos, uno alemán y otro soviético, el banderín de un sargento de la Legión Cóndor con las enseñas franquista, falangista, italiana, nazi, marroquí y portuguesa; una fotografía panorámica de la sala del Proceso de Nuremberg durante una sesión o un espectacular boceto del banquillo de los acusados realizado en 1946 por la artista británica <strong>Laura Knight</strong>.</p>
<figure id="attachment_5164" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/02/026.jpg"><img class="wp-image-5164 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/02/026-792x1024.jpg" alt="026" width="690" height="892" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Boceto del banquillo de Nuremberg, por Laura Knight.</figcaption></figure>
<p style="text-align: center;">Precisamente esta obra ilustra la portada del catálogo de la exposición sobre el proceso de Nuremberg que en 2007 pudo verse en el Círculo de Bellas Artes de Madrid y el Salón de Exposiciones del Ayuntamiento de Valladolid. El archivo del juez norteamericano <strong>Benjamin Kaplan</strong> y otros documentos relacionados con el proceso, todos ellos pertenecientes a la Fundación, sirvieron para tramar una muestra que explica de manera transparente “lo que significó el nacionalsocialismo alemán y cómo tuvo que responder de sus crímenes”, en palabras de <strong>César Vidal</strong>, su comisario.</p>
<p style="text-align: center;">Aquella fue la primera y única exposición organizada hasta la fecha por la Fundación. La crisis económica frustró otros proyectos. En 2011, coincidiendo con el Año Dual España-Rusia y el setenta aniversario de la Operación Barbarroja, estaba prevista una muestra dedicada al plan de <strong>Hitler</strong> para la invasión de la Unión Soviética. Esta y otras propuestas permanecen en el cajón de la Fundación a la espera de obtener los fondos necesarios para llevarlas a cabo.</p>
<p style="text-align: center;">En la cuarta sala de su sede el personal de la Fundación convive con más fotografías y documentos. Hay un rincón dedicado a la carrera espacial, otro a la investigación nuclear; una selección de imágenes del archivo personal de <strong>Sergei Smirnov</strong>, jefe de fotografía del diario <em>Izvestia</em> en época de <strong>Brezhnev</strong>; hasta una impresionante imagen del centro de Manhattan tomada por <strong>Thomas Hoepker</strong> el 11 de septiembre de 2001. La enumeración de <em>tesoros</em> fotográficos y documentales sería interminable. Domina la estancia un impresionante mural compuesto por los retratos de Franco y sus generales durante la Guerra Civil realizados por <strong>Jalón Ángel</strong> para la edición del álbum conmemorativo <em>Forjadores de Imperio</em>, con la particularidad de que se trata del ejemplar personal del propio Caudillo. Las láminas han sido dispuestas alrededor de una colección de cartografía de guerra del bando nacional y del Corpo Truppe Volontarie que operó en España durante la Guerra Civil.</p>
<p style="text-align: center;">Todo lo expuesto no es más que la punta del iceberg del fondo de la Fundación. Cuentan por ejemplo con 75 álbumes de fotografía bélica inédita. Más de 9.000 instantáneas tomadas por soldados y otros personajes anónimos durante la Guerra Civil y la Segunda Guerra Mundial. La colección relacionada con la Segunda Guerra Mundial y los países involucrados en ella cuenta con testimonios de excepción: el documento de “máxima urgencia” fechado en diciembre de 1942 con el que el general <strong>Montgomery</strong> solicitaba combustible para avanzar hacia Trípoli; el discurso de Charles de Gaulle del 15 de mayo de 1945 ante la Asamblea Constituyente con anotaciones manuscritas; las galeradas de un artículo de <em>Pravda</em> sobre el pacto germano soviético con correcciones de Stalin y <strong>Molotov</strong> de su puño y letra; las fichas íntegras del campo de Bergen-Belsen cuando fue liberado por los ingleses…</p>
<figure id="attachment_5166" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/02/044.jpg"><img class="wp-image-5166 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/02/044-1008x1024.jpg" alt="044" width="690" height="701" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Mapas de la Guerra Civil Española y retratos de Franco y sus generales firmados por Jalón Ángel.</figcaption></figure>
<p style="text-align: center;">La heterogeneidad del archivo de la Fundación podría dar la impresión de que se trata de una excéntrica acumulación de documentos valiosos realizada sin orden ni concierto. Nada de eso. “Constituye un corpus. Cada pieza, cada documento tiene su razón de ser y de estar”, aclara María Jesús Escribano. El fondo, que se encuentra en un avanzado proceso de digitalización, está disponible para todos aquellos investigadores que estén interesados en su consulta. La Fundación está abierta a la visita de grupos concertados y personas que demuestren un interés cierto por la colección. También a la donación. Escribano muestra a LEER dos dibujos entregados por <strong>Eduardo Arroyo</strong>, “un apasionado de la Fundación”. Un <em>club</em> de apasionados entre los que se encontraba el director de la Real Academia de la Historia, Gonzalo Anes (ya en octubre de 2009, Anes firmaba en LEER un artículo en el que daba cuenta del descubrimiento en el fondo de la Castañé de una carta de marzo de 1937 en la que el ministro de Estado de la República, <strong>Ángel Osorio y Gallardo</strong>, preveía la creación de una universidad española en el exilio mexicano). Raro es que quien traspasa las puertas de la Fundación Castañé no quede prendado de este fondo rico e insólito en nuestro país.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<p style="text-align: right;"><i>Una versión de este artículo fue publicada en el número 228, Extra de Navidad 2011, de la Revista LEER.</i></p>
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		<title>Vencido y peregrino, pero leal</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Mar 2014 17:13:59 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Un libro al día]]></category>
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		<description><![CDATA[Los hijos de la España Peregrina no cejan en presenciarse. Son voces ocultadas, mas no apagadas. Durante los últimos años asistimos a la reiterada recuperación de nombres, textos o documentos relativos al mayor exilio español del siglo XX, el generado por la sublevación franquista, un exilio calificado como “político, cultural y moral” por Adolfo Sánchez [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los hijos de la España Peregrina no cejan en presenciarse.</strong> Son voces ocultadas, mas no apagadas. Durante los últimos años asistimos a la reiterada recuperación de nombres, textos o documentos relativos al mayor exilio español del siglo XX, el generado por la sublevación franquista, un exilio calificado como “político, cultural y moral” por <a href="http://www.cervantesvirtual.com/portales/adolfo_sanchez_vazquez/" target="_blank">Adolfo Sánchez Vázquez</a>. <strong>En el elenco de nombres de exiliados, la luz de algunos es muy visible, pero raramente se citan a los sacerdotes católicos perseguidos por los sublevados</strong> <strong>por mor de cometer el delito de ser leales al gobierno republicano.</strong> El franquismo fusiló sacerdotes y expulsó o silenció algún jerarca eclesiástico.</p>
<p>La famosa <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Carta_colectiva_de_los_obispos_espa%C3%B1oles_con_motivo_de_la_guerra_en_Espa%C3%B1a" target="_blank">carta de adhesión</a> a los golpistas fue firmada por 43 obispos partidarios de recristianizar a España a través de una cruzada. Se solicitaba el sometimiento del enemigo “con el filo de la espada”. Pero la mayor parte de los estamentos eclesiásticos resueltamente se ponen al lado de los golpistas. No fue aceptada ni firmada por numerosos católicos, acusados de herejes y de heterodoxos; por no secundar la cruzada fueron perseguidos y exiliados. <strong>La ortodoxia oficial imponía los mandatos del nacional-catolicismo dictados por los jerarcas de una Iglesia que “ni  era pacífica ni pacificadora, que se adhiere decididamente al lado del general episcopal”, (así denominó el católico Georges Bernanos a Franco).</strong></p>
<p><strong><em><a href="/wp-content/uploads/2014/03/rocafullpg.jpg"><img class="alignleft  wp-image-746" alt="rocafull(pg)" src="/wp-content/uploads/2014/03/rocafullpg.jpg" width="403" height="600" /></a>Por lealtad a la República</em> (Editorial Base) es un ensayo extenso, escrito y documentado por el profesor José Luis Casas</strong>, en el que expone la brega y vaivenes vitales,<strong> el compromiso y el exilio del canónigo cordobés José Manuel Gallegos Rocafull</strong> (1885–1963), sacerdote, teólogo y filósofo, pastoralista, sindicalista, profesor y articulista, editor, tertuliano y traductor. El insigne canónigo fue <strong>uno más de la columna de exiliados en México, lugar que acogió a “todas las categorías del desgarro” (Jose Luis Abellán)</strong>: refugiados, desterrados y exiliados, también <em>transterrados</em> (así denominó <strong>J. Gaos</strong>) o <em>empatriados</em> (según <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>). Sea como fuere todos eran o estaban <em>a-terrados</em>, sin tierra.</p>
<p>Gran número de ellos ha regresado de algún modo, pues el recuerdo, la memoria o la superación de la amnesia impuesta o voluntaria los han habilitado. Ciertamente el regreso de alguno se ha resistido, sea el caso de Gallegos Rocafull y <strong>al que, gracias al presente ensayo, Casas logra devolvernos en su singularidad, un ortodoxo en doctrina y un heterodoxo frente a los poderes oficialistas.</strong> Hombre de pensamiento y acción. Su praxis le condujo a implicarse en la defensa de las clases desfavorecidas y del Gobierno republicano: <strong>“La rebelión contra un gobierno legítimo es ilícita”, afirmó.</strong></p>
<p>Aunque participó en el partido Acción Popular, su paso por la política activa fue breve. Durante la Guerra defendió al gobierno republicano. Por no atenerse a lo correcto fue suspendido <em>a divinis, ad officio et beneficio</em>, siendo condenado a la “pena medicinal” de no ser escuchado.</p>
<p><strong>Ya en México logra el levantamiento de la suspensión y compagina la docencia con la pastoral, a la vez que ofrece una magna obra filosófica-teológica</strong> de la que no están ausentes la mística, la escolástica o temáticas en boga: la crisis de Occidente, la agonía (del griego agonos, lucha) del hombre o las reflexiones sobre la tiranía arrancando desde la tradición hispana o mexicana, sin olvidarse de Andalucía: “Defendiendo que no se puede ser universalista sin amor a la patria chica”.</p>
<p>A la vez se mantuvo incardinado a la intelectualidad exiliada y desde allí, al igual que el resto, alargó la dimensión de <em>la otra España</em>, la alejada de la franquista y de la imperialista.<strong> Se sentía peregrino, vencido y sensible a los aconteceres ibéricos</strong>: “Acabó la guerra. No intento hacer recuento de los muertos (…). ¡Qué extraña manera de salvar a España! Hambruna, éxodo, muchedumbre destrozada el alma y roto el cuerpo, que se amaciza en la frontera huyendo despavorida de los vencedores. Huyendo de las masas y de los militares, pero también de los clérigos y los obispos”.</p>
<p><strong>Gallegos, hombre ecuménico y pastoralista: “Convencer es preferible a vencer”, como Quijote sentía que “aún hay sol en las bardas”</strong>; pero no regresó, ya que la democracia y la justicia social estaban soterradas en el solar hispano. En marzo de 1937 escribía en un semanario suizo: «En el momento que estalló la guerra, la cuestión para mí fue: ¿Quién la ha empezado? ¿Quién ha sido el primero en perturbar la vida pública, si no ideal, por lo menos legal? ¿Quién el primero en derramar sangre de hermanos, dando así comienzo al tremendo incendio que devasta la pobre España? ¿Quién ha sido el primero? No ha sido el gobierno, el que, aun no siendo aquel que hubiéramos deseado los católicos, no nos creaba, a nosotros  católicos, la menor dificultad».</p>
<p><strong>Asistimos a la recuperación, a salvar del silencio, de la invisibilidad, aunque no en México, de un vencido que fue, de un exiliado que siempre será, de una voz propia de la memoria invencible.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Rogelio_Blanco_Mart%C3%ADnez" target="_blank"><em>ROGELIO BLANCO MARTÍNEZ</em></a></p>
<address style="text-align: left;">Este artículo fue publicado originalmente en el número 250, correspondiente al mes de marzo de 2014, de la Revista LEER (<strong><a href="http://www.quioscocultural.com/leer/428-leer-n-250.html" target="_blank">cómpralo</a></strong>, o mejor aún, <strong><a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a></strong>).</address>
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