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	<title>Revista leer &#187; Francisco Caudet</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>#leer297: el valor de lo(s) viejo(s)</title>
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		<pubDate>Mon, 28 Sep 2020 11:13:18 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La pandemia provocada por el virus SARS-CoV-2, que con sus siniestras peculiaridades ha tenido una inédita incidencia en todo el mundo, obliga a numerosas reflexiones: sobre la situación de los sistemas de salud pública, de los planes de contingencia; sobre las tensiones entre las medidas de contención y nuestros derechos y libertades o la eficacia de las estructuras políticas, esclerotizadas en un mundo global en vertiginoso cambio. <strong>La pandemia también ha terminado de desnudar muchas vergüenzas de las sociedades contemporáneas</strong>, que se han ido despojando de las seguridades que las vertebraban sin buscar alternativas. Confiadas, confiados todos, en bastarnos a nosotros mismos ahora, precisamente, que los individuos están más inermes que nunca, aunque paradójicamente tengan más herramientas que nunca a su alcance. De todos los síntomas de esta desarticulación, que amenaza la dignidad individual y colectiva, quizá el más preocupante tiene que ver con <strong>la consideración del envejecimiento y de la muerte que ha quedado en evidencia con la COVID-19</strong>. Expresada en estos meses dramáticos en los que ha habido que asimilar sin duelo la pérdida de decenas de miles de personas pertenecientes a lo que, entre otros eufemismos, llamamos tercera edad. Reducidos a principal <em>grupo de riesgo</em>, gestionada su enfermedad y muerte masiva entre la asepsia administrativa y el sentimentalismo barato, <strong>los protagonistas sin voz de la pretendida <em>sociedad de los cuidados</em> se han revelado como prescindibles ciudadanos de tercera</strong>. Ante todo esto LEER reacciona con este número post COVID. Reivindicando <strong>el valor de lo viejo</strong>, lo que remite a un pasado, nos arraiga, nos sirve de referente para crear novedad sustanciosa y nos recuerda que somos mortales; <strong>y el valor de los viejos en su doble acepción</strong>. El valor de la experiencia, del conocimiento acumulado que hoy debe proyectarse en una sociedad marcada por el presente absoluto. Y el valor, el coraje de afrontar la vejez en un contexto, pese a las apariencias, en creciente deshumanización. De ambos valores se recoge a continuación un puñado diverso y notable de ejemplos que invitan a <strong>la reconsideración humana e intelectual de la vejez</strong>.</p>
<p>Está <strong>Fernando Arrabal</strong>, que con 88 años recién cumplidos <em>florece</em> en las <a href="https://www.instagram.com/arrabalfernando/" target="_blank">redes sociales</a> y reaparece con un libro de recuerdos, <a href="https://www.librosdelinnombrable.com/producto/familia-de-memoria/" target="_blank"><em>Familia (de memoria)</em></a>, y la reedición de <a href="http://almuzaralibros.com/fichalibro.php?libro=4588&amp;edi=1" target="_blank"><em>La virgen roja</em></a>. LEER ha hablado con él. También con <strong>Antonio Garrigues</strong>, presidente de honor del despacho internacional que lleva su apellido, <em>patricio</em> proverbial, y que está reuniendo en cuatro volúmenes su <a href="https://edicionesantigona.com/teatro/216-teatro-completo-volumen-i-antonio-garrigues-walker.html" target="_blank">Teatro completo</a>. Y están también los protagonistas de <a href="http://www.pepitas.net/libro/palabras-mayores" target="_blank"><em>Palabras mayores</em></a>, el libro de 2015 en el que <strong>Emilio Gancedo</strong> recogió el valioso testimonio de<strong> los últimos habitantes de un mundo en extinción, la inmensa diversidad rural de la península Ibérica</strong>. Cinco años y cuatro ediciones después, cuando el drama pandémico otorga un valor añadido a su pionera pesquisa etnográfica de la España vacía, Gancedo reflexiona para LEER sobre aquella aventura de espeleología intergeneracional.</p>
<p>En vísperas de la pandemia falleció en Valladolid <strong>José Jiménez Lozano</strong>. La obra del Premio Cervantes 2002, un monumento de inteligencia, humor, erudición y elegancia narrativa,<strong> interpela al lector sobre algunos problemas clave de la sociedad actual</strong>: el desprecio de la Historia, la arrogancia adanista e ignorante de las nuevas generaciones, la desconexión con la cultura escrita de la hiperconectada cultura de la imagen. Y, <strong>también, la postergación de los viejos</strong>. Todo ello está de nuevo en el volumen póstumo de sus diarios, <em>Evocaciones y presencias</em>, de próxima publicación. <strong>Fernando Palmero</strong> adelanta algunos pasajes y rememora la figura de este escritor español imprescindible, del que LEER rescata un artículo, «El Cervantes del crepúsculo», escrito en 2015: «Leonardo de Vinci aconsejaba un tiempo gris o el crepúsculo como el momento apropiado para hacer un retrato, y así ocurre con la realidad entera». De otro crepúsculo de oro escribe <strong>Tomás Marco</strong> en este número de LEER. En «Beethoven y el canto del cisne», el compositor español <strong>se acerca a los cuartetos tardíos del músico alemán, la genial y enigmática despedida del genio </strong>que este año celebra dos siglos y medio de inmortalidad.</p>
<p>«El valor de lo viejo y de los viejos es también el de la historia que ignoramos. Es el antídoto contra la arrogancia del presente continuo y el desprecio de nuestra mortalidad», escribe el director de LEER, <strong>Borja Martínez</strong>, en el artículo que introduce la cuestión de portada de este último número, una reflexión sobre la relación de la sociedad contemporánea con la vejez y las virtudes relativas de la experiencia en la vida y en las artes.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/09/PORTADA297.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-9019" src="/wp-content/uploads/2020/09/PORTADA2971-e1601291081108.jpg" alt="coverLEER297" width="1200" height="1617" /></a></p>
<p>El 10 de marzo <strong>Boris Vian</strong> hubiera cumplido cien años. Pero desgraciadamente murió de un infarto a los 39. Dejando, eso sí, un legado y un recuerdo inmortales. Trompetista de jazz, transgresor exquisito, sátrapa de la Patafísica, icono del mismo Saint-Germain-des-Prés donde brilló la recién fallecida <strong>Juliette Gréco</strong>, para la que escribió unas cuantas canciones, <strong>Álvaro Bermejo</strong> reconstruye su proteica, furiosa y acelerada trayectoria, <strong>del malditismo literario al éxito escandaloso</strong>, seudónimo mediante, con <a href="https://www.edhasa.es/view/pdf/169" target="_blank"><em>Escupiré sobre vuestra tumba</em></a>. <strong>Óscar Caballero</strong> repasa las conmemoraciones del <a href="https://centenaireborisvian.com/" target="_blank">Año Vian</a> en Francia y se acerca a <a href="https://www.fayard.fr/litterature-francaise/ny-echappe-pas-9782213713328" target="_blank"><em>On n’y échappe pas</em></a>, la novela inédita e inacabada completada ahora por sus herederos del <strong>Oulipo</strong>. Y sigue, porque Vian no es el único muerto ilustre del año en Francia. Como casi siempre allí, recuerdos y efemérides no son muletilla para programadores culturales perezosos sino oportunidad de estudio y redescubrimiento que se materializa en decenas de novedades editoriales. Es el caso de <strong>Camus</strong>, <strong>André Breton</strong>, <strong>Paul Éluard</strong>, <strong>Jacques Rigaut</strong> o <strong>Eugenia de Montijo</strong>, fallecida hace ahora 100 años.</p>
<p>Otros temas: la <a href="https://www.catedra.com/libro/letras-hispanicas/la-forja-de-un-rebelde-arturo-barea-9788437640518/" target="_blank">monumental edición</a> de <em>La forja de un rebelde</em> a cargo del profesor <strong>Francisco Caudet</strong> y la recuperación de un <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-unamuno/309351" target="_blank">ensayo</a> sobre Unamuno sirven para reivindicar la figura de <strong>Arturo Barea</strong> y para poner de relieve la importancia de su segunda esposa, la austriaca <strong>Ilsa Barea-Kulcsar</strong>, en el proceso de escritura de su obra.</p>
<p>El catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo <strong>Francisco Erice</strong> acaba de publicar <a href="https://www.sigloxxieditores.com/libro/en-defensa-de-la-razon_51041/" target="_blank"><em>En defensa de la razón</em></a>, una <strong>crítica metódica del posmodernismo</strong> y de consecuencias de largo alcance como el populismo, la posverdad o las limitaciones de ciertos movimientos sociales basados en el prejuicio y la emotividad. Erice propone un retorno a la racionalidad histórica para una comprensión cabal de la realidad, y sobre ello, y sobre las lecciones que una sociedad responsable puede extraer del método historiográfico puede ofrecer a una sociedad responsable, y muchas más cosas ha conversado largamente para LEER con <a href="/2019/01/gutmaro-gomez-bravo-el-valle-de-los-caidos-es-una-anomalia-absoluta/" target="_blank"><strong>Gutmaro Gómez Bravo</strong></a>, profesor de la Complutense y uno de los contemporaneístas más relevantes de la generación llamada a tomar el testigo de la de Erice al frente de la universidad española.</p>
<p>Entrevistas con <strong>Hernán Díaz</strong>, <strong>Ricardo Menéndez Salmón</strong>, la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> al recientemente desaparecido <strong>Jesús Pardo</strong>, las habituales secciones y reseñas y otros muchos temas completan el último número de LEER, ya disponible en quioscos y librerías de toda España.</p>
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		<title>Galdós: un gigante a la sombra de sí mismo</title>
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		<pubDate>Wed, 17 Jun 2020 09:20:37 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Fosilizado, enterrado bajo la enormidad de su propia obra y el peso de una serie de equívocos y malentendidos</strong>. Espontáneos o perpetrados por gentes y fuerzas diversas, de <strong>Valle-Inclán</strong> a <strong>Juan Benet</strong> pasando por el nacionalcatolicismo. El escritor sin estilo. El «garbancero». El realista que se limitó a practicar en España la verdadera originalidad de <strong>Dickens</strong> y <strong>Balzac</strong>.</p>
<p>La colección de tópicos quizá ayude a entender la indiferencia oficial y editorial con que se ha llegado al centenario de la muerte de <strong>Benito Pérez Galdós (1843–1920)</strong>. Pero resulta que su obra está en el sustrato, que se le lee discreta y espontáneamente, más de lo que cabría suponer. Y el interés generado por la efemérides ha eclosionado, y ha habido que improvisar programaciones y títulos para satisfacerlo.</p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>La Transición le regaló el billete unitario de mil pesetas</strong>, puesto en circulación en 1982. Papel moneda, papel mojado. Institucionalmente ha sido uno más entre los autores del XIX. «Durante mucho tiempo Galdós estuvo fuera de los libros de texto», explica a LEER <strong>Yolanda Arencibia</strong>, la catedrática canaria que vela por su figura en la patria chica desde la <a href="http://catedraperezgaldos.ulpgc.es/" target="_blank">cátedra Pérez Galdós</a> de su <a href="http://www.casamuseoperezgaldos.com/" target="_blank">casa-museo</a> y la Universidad de Las Palmas, y que ahora publica <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-galdos-una-biografia/311092" target="_blank">una biografía</a> bendecida de antemano por el premio Comillas de Historia, Biografía y Memorias de Tusquets. Durante el franquismo, «por cada cuatro páginas que se le dedicaban a Menéndez Pelayo o a Pereda, Galdós, reducido a la condición del anticlerical autor de los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios Nacionales</span></i><span style="font-weight: 400;">, apenas merecía una. Eso se trasladó a nuestra universidad, la de los primeros años de la democracia, formada por una generación que se educó en aquella escuela y que ha tenido un desconocimiento absoluto de Galdós. <strong>No sólo no se le había leído sino que se daba por hecho de oídas que no había que leerlo</strong>».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«La losa del franquismo se ha hecho notar», confirma <strong>Francisco Cánovas</strong>, autor de una difundida biografía –</span><a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Benito Pérez Galdós: Vida, obra y compromiso</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (Alianza)– publicada el pasado mes de noviembre; libro que recibió en solitario un centenario que prometía ser tan gris como el de su nacimiento en 1943, cuando <strong>el franquismo pardo de la primera posguerra quiso obliterar al prócer laico y republicano</strong> (republicano a ratos, como veremos). «La dictadura le descalifica y no le conmemora. Desde ópticas católicas y falangistas se le cuestiona y rechaza. Y <strong>de todo ello hay un eco en las objeciones de gente posterior como Benet o Umbral</strong>, que van a decir que Galdós no es un buen escritor, que su realismo es en el mejor de los casos mera sociología y no literatura».</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">La manera de despreciarle sin leerlo, de tratar de ignorar la tutela simbólica de la pálida esfinge esculpida por Victorio Macho, ya era antes de la Guerra la pose más adecuada</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Qué paradójica alianza de criterio entre los maestros de la escuela franquista y los aventajados alumnos de vocación progresista, los estilistas de la nueva literatura española. «Cuando le preguntaron a Benet acerca del porqué de su odio a Galdós, <strong>la única explicación que supo dar fue que lo había heredado de Baroja</strong>. No había una razón», nos cuenta <strong>Germán Gullón</strong>, heredero intelectual de la generación de galdosistas expatriados de la que formó parte su padre, el gran Ricardo Gullón, y comisario de </span><a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Benito Pérez Galdós. La verdad humana</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, la exposición del centenario organizada por la Biblioteca Nacional, Acción Cultural Española y el Gobierno de Canarias. «Pero esa herencia personal de Benet y otros escritores se ha trasladado al ambiente, y por eso no ha habido una influencia institucional favorable a Galdós». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El aprecio de Benet, en sus propias palabras, por aquel escritor «de segunda fila» era en efecto «muy escaso, solamente comparable –en términos cuantitativos– al desconocimiento que tengo de su obra, a la que en los últimos años me he acercado para cerciorarme de su total carencia de interés para mí», reconocía en la carta abierta que envió a Pedro Altares como respuesta a la invitación para participar en el número de </span><i><span style="font-weight: 400;">Cuadernos para el Diálogo </span></i><span style="font-weight: 400;">de homenaje a Galdós de 1970. Bien </span><i><span style="font-weight: 400;">castizo</span></i><span style="font-weight: 400;"> este orgulloso desprecio preconcebido de lo que se ignora.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">La escritora <strong>Marta Sanz</strong>, que de la mano de la poeta y ex directora general del Libro <strong>Olvido García Valdés</strong> se unió a Gullón en el diseño de la exposición del centenario, abunda y contextualiza. «La nueva narrativa española tuvo la virtud de ventilar la casa. Incorporó una mirada cosmopolita, no estrictamente nacional sobre la literatura y se empezó a valorar mucho más a escritores que venían de fuera». Pero eso mismo derivó en cierta sacralización de una literatura alejada de las cosas comunes de la vida y de lo local entendido «como algo que la ensucia, que la mancha o que la convierte en algo reducido y de andar por casa», así como en «el <strong>abandono o minusvaloración de las que habían sido nuestras fuentes literarias autóctonas</strong>. La repugnancia que generaba cierto casticismo hizo que no se mirara con la generosidad que merecía el trabajo de un escritor tan magnífico, de una riqueza prodigiosa como Galdós, que logró que su impulso de reflejar la realidad, y de construir la realidad a través de la novela, se proyectara en su evolución estilística. Pocos escritores han tenido la capacidad de Galdós para reflexionar sobre su propia manera de escribir».</span></p>
<h5><b>«El Garbancero»</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">El malentendido de su consideración literaria lleva irremediablemente a <strong>la elevación a categoría de la anécdota de </strong></span><strong><i>Luces de bohemia</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong>, publicada en 1920</strong>,<strong> con el cuerpo de Galdós todavía tibio</strong>. «Precisamente ahora está vacante el sillón de Don Benito el Garbancero»: dicho por boca de Dorio de Gadex, el esperpéntico integrante del Parnaso modernista de San Ginés que pretende </span><i><span style="font-weight: 400;">elevar</span></i><span style="font-weight: 400;"> a la Real Academia a Max Estrella, lo de </span><i><span style="font-weight: 400;">garbancero</span></i><span style="font-weight: 400;"> –siguiendo el diccionario académico, dícese de aquella «persona o cosa ordinaria y vulgar»– es referencia oportuna y oportunista, pero en cualquier caso ficcional, del genio malicioso que fue Valle-Inclán. El mismo que hasta su choque con Galdós en 1913, explicado más adelante en este mismo número de LEER, había encomiado el «abuso de facultades creadoras» del </span><i><span style="font-weight: 400;">maestro</span></i><span style="font-weight: 400;"> de quien tanto había aprendido. No son pocos quienes encuentran el germen del esperpento en el irónico desencanto con que Galdós retrata a algunos de sus personajes más característicos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Lo cierto es que, hasta la hora de su muerte, Galdós no sólo fue el escritor más popular de España, sino que <strong>mereció de manera más o menos continuada el reconocimiento de sus colegas escritores</strong>; de los coetáneos y los de la generación llamada a sucederle. «Cuando en 1901», explica Gullón, «aparece </span><i><span style="font-weight: 400;">Electra</span></i><span style="font-weight: 400;">, la primera revista modernista bautizada precisamente en honor de su gran acontecimiento teatral, ¿quién pone el prólogo? Galdós. Cuando en 1903 aparece </span><i><span style="font-weight: 400;">Alma española</span></i><span style="font-weight: 400;">, ¿quién escribe aquel artículo inaugural, “Soñemos, alma, soñemos”? Galdós. Un autor como <strong>Unamuno</strong>, en una carta sorprendente que descubrí hace unos años, <strong>reconoce cuánto le había inspirado </strong></span><strong><i>El amigo Manso</i>, una novela de acción interior, a la hora de prefigurar su idea de <i>nivola</i></strong><span style="font-weight: 400;">. Y por eso es tan triste lo que muchos de ellos llegan a escribir años después». Ante la noticia de su muerte, en palabras publicadas al día siguiente en </span><i><span style="font-weight: 400;">El Liberal</span></i><span style="font-weight: 400;">, Unamuno sentencia desde su cátedra de Salamanca que «apenas hay en la obra novelesca y dramática de Galdós una robusta y poderosa personalidad individual» sino «alguna psicología elemental y poquísimo complicada» y que «no refleja una sociedad, sino una muchedumbre». Pero algo dijo al menos el atrabiliario titán </span><i><span style="font-weight: 400;">bilbaino</span></i><span style="font-weight: 400;">; porque nada escribió ese día en su </span><i><span style="font-weight: 400;">ABC</span></i><span style="font-weight: 400;"><strong> Azorín</strong>, que <strong>pasó de la admiración juvenil al desdén de la madurez</strong>. Y qué decir de un Baroja que, como señala Yolanda Arencibia, le había escrito cartas «pidiendo recomendaciones cuando va a Madrid» y después lo tratará con gran desprecio, por ejemplo en sus memorias, </span><i><span style="font-weight: 400;">Desde la última vuelta del camino</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1944), refiriéndose a él como un «hombre un poco lioso y hasta trapacero» cuya «falta de sensibilidad ética» hace que sus libros no estén a la altura de sus pares europeos: «No hay llama. No hay el hervor generoso de un espíritu». Probablemente <strong>Baroja no hacía entonces sino adherirse mezquinamente al descrédito ambiente que se respiraba contra Galdós en la España de posguerra</strong>.</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">Hasta su choque con Galdós en 1913, el mismo Valle-Inclán que acuñará el calificativo de «garbancero» había encomiado el «abuso de facultades creadoras» del ‘maestro’</span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">«Los escritores del 98», opina Francisco Cánovas, «bascularon entre el amor y el odio, pero es una típica dinámica de relevo generacional en la que hay que </span><strong><i>matar</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong> al maestro para afianzar el nuevo proyecto</strong>. De cuando en cuando le critican, lamentan su estilo presuntamente descuidado, pero por otra parte abundan los testimonios de admiración. Y <strong>frente a ellos se sitúan pesos pesados de la cultura española</strong>. Luis Cernuda reconoce que en el exilio lee a Galdós para aplacar la nostalgia y le dedica su poema “Bien está que fuera tu tierra”. <strong>Para Cernuda, Galdós escribe como quiere escribir</strong> y no hay ningún otro autor español contemporáneo que haya conseguido una escritura tan eficaz. <strong>Aleixandre y Lorca se hicieron amigos comentando los </strong></span><strong><i>Episodios Nacionales</i></strong><span style="font-weight: 400;">. Y este último, que le había escuchado de niño en un mitin republicano en Granada, dirá que era la voz más profunda y verdadera de España».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>Pero esta actitud positiva fue minoritaria entre la llamada generación del 27</strong>; la joven literatura arracimada en torno a </span><i><span style="font-weight: 400;">La Gaceta Literaria</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Giménez Caballero, «núcleo de renovación no solo en las letras, sino en el cine, en la pintura, en las artes todas, en todo un estilo deportivo, aséptico, alegre y “antigaldosiano”, hubieran dicho si entonces hubieran leído a Galdós», describió años después una galdosiana de pro como María Zambrano, citada por Andrés Trapiello en </span><i><span style="font-weight: 400;">Las armas y las letras</span></i><span style="font-weight: 400;">. Esa manera de despreciar sin haber leído, de tratar de ignorar la tutela simbólica representada por la pálida esfinge sedente esculpida por Victorio Macho en el Retiro madrileño, ya era antes de la Guerra la pose más adecuada.</span></p>
<h5><b>Exilio post mortem</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Mandado al desván por sus colegas, rechazado por la España clerical que impuso su rígido catecismo cultural a partir de 1939, se podría decir que <strong>Galdós marchó al exilio aun después de muerto</strong>. <strong>Quedó borrado del canon nacional</strong>. Cuando en 1948 Pedro Laín Entralgo intenta esclarecer en su ensayo </span><i><span style="font-weight: 400;">España como problema</span></i><span style="font-weight: 400;"> el panorama cultural finisecular español marcado por la tensión entre progresismo y tradicionalismo, con Menéndez Pelayo como figura dominante, Galdós no aparece por ningún lado. Ni siquiera al referirse a los literatos de su tiempo, entre los que Laín menciona a «Doña Emilia Pardo Bazán, </span><i><span style="font-weight: 400;">Clarín</span></i><span style="font-weight: 400;">, Palacio Valdés y el Padre Coloma». Sólo cuando afronta su reivindicación de la generación del 98 lo cita de pasada junto a Costa y Macías Picavea como quienes </span><i><span style="font-weight: 400;">inventaron</span></i><span style="font-weight: 400;"> el tema de la regeneración. Tampoco más adelante, con la progresiva apertura, Galdós será susceptible de ser reivindicado, frente a los </span><i><span style="font-weight: 400;">excluyentes</span></i><span style="font-weight: 400;">, por los </span><i><span style="font-weight: 400;">comprensivos</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Ridruejo, en tanto que por razones cronológicas obvias no había tenido la </span><i><span style="font-weight: 400;">oportunidad</span></i><span style="font-weight: 400;"> de ser un represaliado directo de la intolerancia de posguerra. Y enseguida llegó el veto estilístico de la nueva narrativa.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Galdós es entonces aparcado por no estar lo suficientemente </span><i><span style="font-weight: 400;">comprometido</span></i><span style="font-weight: 400;">, de un lado u otro, con la tradición maniquea española, o por clamar contra el recurrente cainismo español, un tema constante, sobre todo en sus </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. <strong>«Nadie entonó como Galdós el lamento por la bipolarización ideológica de las dos Españas», afirma el historiador Ricardo García Cárcel</strong> en </span><i><span style="font-weight: 400;">La herencia del pasado</span></i><span style="font-weight: 400;">; y lo ilustra con un elocuente fragmento del primer </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio</span></i><span style="font-weight: 400;"> de la segunda serie, </span><i><span style="font-weight: 400;">El equipaje del rey José</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1875): «Si en el santo polvo a que se reduce la carne y los huesos de tantos hombres arrastrados a la muerte por el fanatismo y los rencores políticos quedase un resto de vida, ¡cuántas íntimas reconciliaciones, cuántos tiernos reconocimientos, cuántos perdones no calentarían el seno helado de la fosa donde el insensato cuerpo nacional ha arrojado parte de sus miembros, como si le estorbasen para vivir!». </span></p>
<blockquote><p>«Él no fue un republicano, ni siquiera cuando entra en las filas del republicanismo» a partir de 1907, asegura Yolanda Arencibia. «Él ante todo fue un gran liberal»</p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">La lectura anacrónica de algunas de las respuestas que Galdós fue planteando ante la coyuntura española propicia <strong>otro malentendido, en este caso político</strong>. «Él no fue un republicano, ni siquiera cuando entra en las filas del republicanismo» a partir de 1907, asegura Yolanda Arencibia. «Él fue un gran liberal. En aquel momento le entusiasmó el programa de Melquíades Álvarez y de otros políticos republicanos. Y puesto a entrar en política fue lo más cercano que encontró, porque el espectro político estaba dividido y polarizado, no había una opción intermedia. Llegó a presidente de la Conjunción porque era una voz respetada, una autoridad moral, tenía mano izquierda para consensuar y no suponía un riesgo para los políticos profesionales. Pero <strong>también el republicanismo terminó decepcionándole</strong>. Cualquier partido político, con sus rencillas y egoísmos, le hubiera desencantado. Y ese desencanto se ve en su obra, especialmente en los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. En aquel momento sentía mucha admiración personal por Pablo Iglesias, y llegó a decir en un momento determinado que el socialismo era el futuro. Pero <strong>su idea del socialismo no es lo que nosotros entendemos por socialismo</strong>». </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aquel fue sólo el último de sus posicionamientos; «su vida política fue muy larga», aclara Gullón. «Cuando mueren Sagasta y su liberalismo, y Ferreras, que le había llevado a política, comienza a darse cuenta de que el conservadurismo español no ha conseguido cumplir lo que se había propuesto, aunque reconoce algunos logros de la Restauración. En todos sus escritos políticos, de todas las épocas, hay una idea básica, y es que <strong>cuando algo sale mal en política no te puedes limitar a echarle la culpa al adversario</strong>, sino que hay una responsabilidad colectiva. Es la idea gineriana de la armonía. Cuando él ve en 1907 que su amigo Maura y los conservadores no cumplen con lo que habían prometido, y que el Gobierno se pone muy duro con el movimiento obrero, se hace republicano, pero sigue siendo bastante moderado y <strong>en el fondo no deja de apoyar la monarquía</strong>. Porque él era un republicano de los de Castelar, que creía que la monarquía daba estabilidad a España». </span></p>
<h5><b>Galdós en América</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">El hispanista norteamericano <strong>John W. Kronik</strong> dejó dicho que <strong>lo único bueno del apagón franquista sobre la figura de Galdós fue la eclosión galdosista en Estados Unidos</strong> animada por profesores exiliados y sus discípulos. Habla Francisco Cánovas: «En 1943, año del centenario de su nacimiento, estaban trabajando en universidades norteamericanas personajes de altísimo nivel como Luis Cernuda, Joaquín Casalduero, Francisco García Lorca, José Fernández Montesinos o Ángel del Río. Y en torno a ellos y a su función docente, muchos de sus alumnos se hicieron galdosistas. De ahí salió una generación de una veintena de estudiosos de primerísimo nivel, igual o mayor que en España, como Kronik, Peter Bly, Hans Hinterhäuser o William Shoemaker. Un </span><i><span style="font-weight: 400;">boom</span></i><span style="font-weight: 400;"> que se tradujo en ediciones en inglés de </span><i><span style="font-weight: 400;">Fortunata</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, las novelas de </span><i><span style="font-weight: 400;">Torquemada</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">El Abuelo</span></i><span style="font-weight: 400;">. Este proceso se alimentó luego con los hispanos, los hijos de emigrantes estudiantes de literatura o filología. Y por eso la <a href="http://www.galdosistas.org/" target="_blank">Asociación Internacional de Galdosistas</a> y los </span><a href="https://www.bu.edu/analesgaldosianos/" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Anales de Estudios Galdosianos</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> tienen su sede en Estados Unidos. Allí se mantuvo el nivel académico hasta que a partir de los 60 y los 70 aparece en España una nueva generación que va a reivindicar a Galdós».</span></p>
<figure id="attachment_8984" style="width: 500px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/06/Galdos_retrato4-e1592385002404.jpg"><img class="wp-image-8984 size-full" src="/wp-content/uploads/2020/06/Galdos_retrato4-e1592385097460.jpg" alt="Retrato de Galdós por Pablo Audouard." width="500" height="751" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Retrato de Galdós por Pablo Audouard.</figcaption></figure>
<p><span style="font-weight: 400;">Germán Gullón, profesor en EEUU buena parte de su vida, está en condiciones de certificar en primera persona el florecimiento de aquel galdosismo norteamericano. «En el exilio, donde incluyo a gente como Casalduero o mi padre, que no son propiamente exiliados sino gente que se marcha de España por razones entre políticas, económicas y académicas, Galdós renace. <strong>Durante un tiempo los mejores libros sobre Galdós se escriben allí</strong>, entre ellos la biografía que todavía hoy más respeto y que incomprensiblemente nunca ha sido traducida al español, </span><i><span style="font-weight: 400;">Pérez Galdós, Spanish Liberal Crusader</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Chonon Berkowitz. Cuando nos reuníamos allí hablábamos de Galdós. Porque lo habíamos leído, porque conocíamos muy bien su obra y sus personajes. En España había desaparecido pero allí Galdós estaba vivo». Y no era sólo cosa de españoles nostálgicos </span><i><span style="font-weight: 400;">en tierra extraña</span></i><span style="font-weight: 400;">. Gullón recuerda un encuentro en Austin, Texas, a comienzos de los 70 con Dionisio Ridruejo y Octavio Paz, durante el cual el gran escritor mexicano le demostró que se sabía de memoria el comienzo de </span><i><span style="font-weight: 400;">Trafalgar</span></i><span style="font-weight: 400;">, aprendido en su infancia con una edición ilustrada de los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;"> («Yo solía leer de niño los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios Nacionales</span></i><span style="font-weight: 400;"> y me olvidaba hasta de comer», confiesa otro mexicano como Alfonso Reyes en </span><i><span style="font-weight: 400;">Tertulia de Madrid</span></i><span style="font-weight: 400;">). </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«<strong>La proyección de Galdós en Hispanoamérica fue muy grande», insiste Gullón</strong>. «Ireneo Paz escribió sus trece </span><i><span style="font-weight: 400;">Leyendas históricas</span></i><span style="font-weight: 400;"> mexicanas inspirado en los </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodios</span></i><span style="font-weight: 400;">. En Chile, Baldomero Lillo tiene muchas obras inspiradas por Galdós. La </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Bárbara</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Rómulo Gallegos es </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, de la que precisamente se hace una película en 1918 en Estados Unidos, donde Clara Bell había traducido varias de sus novelas». </span></p>
<h5><strong>Más allá del realismo</strong></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Una proyección hoy olvidada; Gullón lamenta que <strong>«a Galdós le han robado la universalidad»</strong>. Quizá por la dimensión española tan fuerte que tuvo su figura, primer intelectual moderno nacional, que abarcó medio siglo de la historia y la literatura en España, desde la publicación de </span><i><span style="font-weight: 400;">La Fontana de Oro</span></i><span style="font-weight: 400;"> en 1870 a su muerte en 1920. Y de ese medio siglo, al menos treinta años, entre 1885 y 1915, en el centro de la vida pública española. Una presencia constante representada en el recorrido de la exposición del centenario. Protegidos en vitrinas, manuscritos y ediciones se suceden en paralelo al contexto, las inquietudes y evoluciones del escritor canario y su impacto en una sociedad en trance de doliente modernización. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Gullón ha querido aprovechar la ocasión del centenario para contribuir con el discurso expositivo de </span><i><span style="font-weight: 400;">La verdad humana</span></i><span style="font-weight: 400;"> a <strong>ensanchar el marco teórico que en España se ha dado tradicionalmente al legado galdosiano</strong>. He aquí otro malentendido. El que relaciona directamente la obra de Galdós con las categorías académicas que le han fosilizado. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«A muchos críticos les ha molestado que en la exposición se hable de </span><i><span style="font-weight: 400;">maneras</span></i><span style="font-weight: 400;"> narrativas. ¿Por qué llamas </span><i><span style="font-weight: 400;">primera manera</span></i><span style="font-weight: 400;"> a las novelas de tesis? Porque <strong>hablar de novelas de tesis es tener en cuenta únicamente su aspecto ideológico</strong>. Y en ese momento Galdós está montando la arquitectura de la novela. A </span><i><span style="font-weight: 400;">Doña Perfecta</span></i><span style="font-weight: 400;">, que es una respuesta a </span><i><span style="font-weight: 400;">Pepita Jiménez</span></i><span style="font-weight: 400;">, le puso cuatro finales diferentes. Enseguida cambia el final folletinesco con que aparece en la </span><i><span style="font-weight: 400;">Revista de España</span></i><span style="font-weight: 400;">. Lo mismo cabe decir de </span><i><span style="font-weight: 400;">Gloria</span></i><span style="font-weight: 400;"> y de </span><i><span style="font-weight: 400;">La familia de León Roch</span></i><span style="font-weight: 400;">, que merece esa maravillosa reseña de Giner de los Ríos» que tan en cuenta tendrá Galdós a la hora de abandonar la senda de la narrativa ideológica </span>(de Galdós a la Residencia de Estudiantes: cuando se habla de estos años clave que desembocarán en la Edad de Plata por cualquier lado aparece Giner. El mismo que alentó a Galdós a que se decantara por la novela en favor del teatro).</p>
<p><span style="font-weight: 400;">«Y luego», continúa Gullón, «llegan las novelas </span><i><span style="font-weight: 400;">naturalistas</span></i><span style="font-weight: 400;">. Pero ¿por qué no </span><i><span style="font-weight: 400;">psicológicas</span></i><span style="font-weight: 400;">, como en el caso de Dostoievski, si </span><i><span style="font-weight: 400;">La desheredada</span></i><span style="font-weight: 400;">, que es probablemente la primera novela psicológica española, ocurre la mayor parte del tiempo en la mente de Isidora? <strong>A Galdós se le han puesto muchas cinchas, y eso tiene que ver con la pobreza de nuestra cultura crítica.</strong> La universidad española ha despreciado la corriente de pensamiento crítico humanístico español que representaron Clarín, Giner, Reyes, Ayala o Paz, una corriente de humanismo moderno que crea conocimiento literario relevante a base de ideación innovadora frente a otra que se limita a ver en qué fecha se escribió esto o lo otro. Hablar de realismo, cuando el realismo ha existido siempre, desde el Cid, no explica realmente nada. A Galdós se le ha troceado para meterlo en todos estos compartimentos». </span></p>
<blockquote><p>«Hablar de realismo no explica realmente nada. A Galdós se le han puesto muchas cinchas, y eso tiene que ver con la pobreza de nuestra cultura crítica» (Ricardo Gullón)</p></blockquote>
<p>Arencibia coincide con Gullón en desacreditar este encasillamiento. «Realismo, modernismo, naturalismo, son etiquetas que no sirven para alguien en cuya primera novela hay un personaje que se baja de un cuadro».</p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la obra a la que se refiere Arencibia, </span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1866–1867), el protagonista está convencido de que su mujer está siendo seducida por el personaje de una pintura mitológica. Ya se manifiesta un rasgo que lejos de ser un <em>pecado</em> de juventud será una constante: <strong>la metódica oscilación entre lo real y lo fantástico</strong>. «El sueño –la imaginación– se ha instalado en medio de la realidad», explica <strong>Andrés Amorós</strong> en “</span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;">: realidad e imaginación” (</span><i><span style="font-weight: 400;">Cuadernos Hispanoamericanos</span></i><span style="font-weight: 400;">, 1971). Hasta el punto que <strong>«la realidad confirma lo imaginado»</strong>, del mismo modo que mucho después, en </span><i><span style="font-weight: 400;">Misericordia</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicada el año de su ingreso en la Real Academia Española, 1897, el cura Romualdo imaginado por Benina tomará cuerpo real. Así pues, el realismo galdosiano, a la manera cervantina, «es expresión de una realidad que excede lo puramente externo e incluye lo psicológico: las obsesiones, las ideas fijas, los sueños de los personajes».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">(Acerca de </span><i><span style="font-weight: 400;">La sombra</span></i><span style="font-weight: 400;">, el profesor Francisco Ynduráin encontró su proyección implícita en el </span><i><span style="font-weight: 400;">Museo de reproducciones</span></i><span style="font-weight: 400;"> de Ramón Gómez de la Serna, y en la </span><i><span style="font-weight: 400;">La manzana</span></i><span style="font-weight: 400;">, poema cinematográfico y obra de teatro que León Felipe reconoce directamente inspirada por el relato juvenil de Galdós. Y de aquí, si nos ponemos, llegamos a San Francisco y nos encontramos a Kim Novak ensimismada ante el retrato de Carlota Valdés… Y no diríamos que nada de esto, del Ramón de Buenos Aires a </span><i><span style="font-weight: 400;">Vértigo</span></i><span style="font-weight: 400;"> pasando por el exilio mexicano de León Felipe, es precisamente </span><i><span style="font-weight: 400;">realista</span></i><span style="font-weight: 400;">).</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;"><strong>La dialéctica entre realidad e imaginación es una constante de la obra de Galdós.</strong> «Optó por buscar, en la mayor parte de su producción literaria, un punto de encuentro entre ambos extremos», escribe otro especialista como <strong>Francisco Caudet</strong> en su estudio preliminar de </span><i><span style="font-weight: 400;">Tormento</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Akal, 2002). Y lo ilustra con dos novelas separadas en el tiempo como la propia </span><i><span style="font-weight: 400;">Tormento</span></i><span style="font-weight: 400;"> y, de nuevo, </span><i><span style="font-weight: 400;">Misericordia</span></i><span style="font-weight: 400;">, en las que «se esfuman las fronteras de lo real y lo irreal, de lo vivido y lo imaginado o soñado. Las dos son por igual novelas decididamente realistas. Acaso porque lo imaginado/soñado es un ingrediente –así lo pensaba Galdós– de lo real».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">¿Y dónde queda la realidad y dónde empieza la imaginación? «La respuesta no es fácil», reconoce Caudet. Será «su obsesión, su caballo de batalla» de principio a fin. <strong>Según María Zambrano</strong>, el aparente conflicto queda resuelto por el prodigio de la mirada creadora del genio. <strong>Galdós ve la realidad para luego engendrar visiones verídicas</strong>, dirá la pensadora malagueña en </span><i><span style="font-weight: 400;">La España de Galdós</span></i><span style="font-weight: 400;">. Y esa síntesis la alcanza por medio de la novela, vehículo útil, vigente y necesario en tanto que ofrece la posibilidad de revelar el misterio de la realidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Alfonso Reyes explica a su manera, en el texto sobre Galdós de </span><i><span style="font-weight: 400;">Tertulia de Madrid</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1949), el concurso de lo imaginado/soñado en su literatura. «No necesita Galdós descoyuntar el argumento para hacernos aceptar <strong>lo inverosímil práctico, que nos presenta con la naturalidad de lo obvio</strong>. Un soplo sobrenatural pasa por las páginas de </span><i><span style="font-weight: 400;">Miau</span></i><span style="font-weight: 400;">, </span><i><span style="font-weight: 400;">Nazarín</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">La primera República</span></i><span style="font-weight: 400;">, título que es por sí solo una profecía. No necesita esforzar el ingenio para que el hombre y el fantasma se enfrenten». </span></p>
<h5><b>Piedad e ironía</b></h5>
<p><span style="font-weight: 400;">Habla Reyes de la «ironía dulce y terrible a la manera del </span><i><span style="font-weight: 400;">Quijote</span></i><span style="font-weight: 400;">» de las novelas contemporáneas de Galdós. Cervantes, una y otra vez, aparece como referente de su proyecto narrativo y piedra de toque para su valoración. Frente a los que hasta hoy relativizan su valía, sus más decididos partidarios lo ponen directamente tras la estela cervantina. Para María Zambrano, uno y otro ofrecen los dos mundos novelísticos «que el español tiene para contemplarse». Marcados ambos por dos rasgos sin los cuales ella entiende que no hay novela: la piedad y la ironía.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«La ironía es una gran herramienta» galdosiana, observa Yolanda Arencibia, que le sirve para endulzar la amargura o la tristeza de lo que describe. Ante una realidad angustiosa, como el panorama terrible del cesante de </span><i><span style="font-weight: 400;">Miau</span></i><span style="font-weight: 400;">, consigue hacer sonreír al lector. </span><span style="font-weight: 400;">Cánovas confirma: «Cervantes está en toda su obra hasta el final. Desde que era joven y escribe </span><i><span style="font-weight: 400;">Un viaje redondo, por el bachiller Sansón Carrasco</span></i><span style="font-weight: 400;"> (1861) hay personajes, temáticas y una ironía muy cervantinos. Nazarín, que se echa a los caminos a predicar el evangelio genuino, es mitad Quijote mitad Cristo. Esto para él era un motivo de orgullo y un modo de enganchar con la mejor tradición española. Poco antes de morir,<strong> Clarín escribe que Galdós es como Miguel de Cervantes por dentro; Azorín dijo que es el otro Cervantes»</strong>.</span></p>
<p><strong>Cómo no pensar en el <i>Quijote</i> leyendo <i>Prim</i></strong><span style="font-weight: 400;">, penúltimo </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio </span></i><span style="font-weight: 400;">de la cuarta serie, en el que su protagonista, el impetuoso Santiago Íbero, la imaginación recalentada por las lecturas de las hazañas de Hernán Cortés, se convence de que el caudillo de Reus viaja a México para reconquistar aquellas tierras y se escapa de casa para unirse a sus tropas, y de esta confusión nace su aventura liberal y un quijotesco deambular por los paisajes diversos de la Península. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Más allá de debates superficiales y coreográficos, del mero posicionamiento estético –¿es </span><i><span style="font-weight: 400;">bueno</span></i><span style="font-weight: 400;"> o </span><i><span style="font-weight: 400;">tan bueno</span></i><span style="font-weight: 400;">?, como acertadamente formula <strong>Álvaro Cortina</strong> en este mismo <a href="/2020/05/leer-296-especial-galdos/" target="_blank">número galdosiano de LEER</a>–, la obra de Galdós se abre camino por sus propios medios y sigue siendo leída. Quizá porque cualquier prosa contemporánea parece anémica al lado de su generosa verbosidad. Buscamos al azar en la página abierta en el atril, último </span><i><span style="font-weight: 400;">Episodio</span></i><span style="font-weight: 400;"> de la cuarta serie, </span><i><span style="font-weight: 400;">La de los tristes destinos</span></i><span style="font-weight: 400;">: «Más allá de El Escorial, cuando el tren acometía con pujanza y ardiente resuello las abruptas moles de la divisoria, redobló Polop sus patrióticas invectivas, acalorando su ánimo con sorbos frecuentes de un generoso coñac que llevaba». Con qué colorido la fumarola de la locomotora, las coníferas y el granito del Guadarrama se aparecen en la imaginación del lector acompañando la etílica efusividad revolucionaria del conductor del ferrocarril del norte, «venturoso escape hacia el mundo europeo, divina brecha para la civilización». No apetece apearse.</span></p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/05/leer-296-especial-galdos/" target="_blank">número 296</a>, especial Galdós</em></p>
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		<title>Leer 296: Especial Galdós</title>
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		<pubDate>Wed, 20 May 2020 10:06:08 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Galdós se nos aparece como una figura imponente pero borrosa.</strong> Esto tiene en parte que ver con su proverbial discreción en vida. Visto desde hoy, que con pudor no se llega a ningún sitio, su éxito sin primera persona tiene un mérito añadido. Pero borroso también Galdós por las distorsiones y carencias interpretativas padecidas por el personaje y su obra. La categoría más indiscutible –el escritor realista– es también la más discutida en este número de LEER dedicado a Galdós. Porque poco explica y mucho hurta: el peso de la imaginación en su escritura, la variedad evolutiva de su estilo, la novedad de la psicología en sus novelas. Su polifonía social queda reducida a un casticismo que él rechazó política y literariamente. Y consolida la idea de que fue un escritor elemental y sin recursos. Difundida prolijamente por quienes, como <strong>Juan Benet</strong> y otros autores de la nueva narrativa española, <strong>presumieron de no leerle</strong>.</p>
<p><strong>A base de tópicos «a Galdós le han robado la universalidad», lamenta Germán Gullón</strong>, comisario de la <a href="http://www.bne.es/es/Actividades/Exposiciones/Exposiciones/Exposiciones2019/Benito_Perez_Galdos_La_verdad_humana.html" target="_blank">exposición del centenario</a> en la Biblioteca Nacional con la que ha querido contribuir a cambiar el paradigma de lo que se entiende por Galdós. El objetivo es<strong> liberarle de la rigidez y la pobreza de los esquemas críticos que le han fosilizado y alejado de los lectores.</strong> Este número de LEER pretende contribuir modestamente a ese propósito.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-8963" src="/wp-content/uploads/2020/05/portadaLEER2961-e1589892316213.jpg" alt="portadaLEER296" width="900" height="1215" /></a></p>
<p>El director de LEER, <strong>Borja Martínez</strong>, <a href="/2020/06/galdos2020/" target="_blank">introduce la cuestión</a> después de conversar con Gullón y <strong>Marta Sanz</strong>, compañera de tarea en la muestra de la BNE, así como con <strong>Francisco Cánovas Sánchez</strong>, autor de la biografía <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/libros-singulares-ls/benito-perez-galdos-vida-obra-y-compromiso-francisco-canovas-sanchez-9788491816638/" target="_blank"><em>Benito Pérez Galdós. Vida, obra y compromiso</em></a>, que recibió casi en solitario un Año Galdós que parece haber cogido a tantos con el pie cambiado, y <strong>Yolanda Arencibia</strong>, la catedrática canaria que vela por su figura en la patria chica de Las Palmas y que está a punto de publicar una <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-galdos-una-biografia/311092" target="_blank">biografía</a> bendecida por el Premio Comillas.</p>
<p>Uno de los grandes galdosistas españoles, el profesor <strong>Francisco Caudet</strong>, contrasta las sucesivas maneras narrativas de Galdós con sus ideas sobre la modernización de España. Influida por <strong>Cervantes</strong> y la picaresca tanto como por la novela contemporánea europea, la prosa galdosiana va evolucionando en respuesta a los acontecimientos del país. <strong>Álvaro Cortina</strong> reflexiona sobre el desencanto de Galdós con la burguesía, la clase social que alimenta su novela. Y <strong>Paloma Hernández</strong> –creadora del canal <em><a href="http://www.nodulo.org/forja/index.htm" target="_blank">¡Qué m… de país</a></em> y ponente de una <a href="https://youtu.be/mNAHgJn4wCI" target="_blank">conferencia reciente</a> sobre Galdós en la Escuela de Filosofía de Oviedo–, analiza su idea de España, con frecuencia oscurecida por interpretaciones apresuradas o malintencionadas.</p>
<p>Su fama de republicano y anticlerical le colocó en mala posición, incluso después de muerto, en la España de posguerra. A cambio, el exilio académico propició el surgimiento en Estados Unidos del fenómeno del galdosismo internacional coincidiendo con el centenario del nacimiento del escritor en 1943. <strong>Alan Smith</strong>, profesor de la Boston University y director de <a href="https://www.bu.edu/analesgaldosianos/" target="_blank"><em>Anales Galdosianos</em></a>, revista de la <a href="http://www.galdosistas.org/" target="_blank">Asociación Internacional de Galdosistas</a> con sede en EEUU, escribe de todo ello en LEER.</p>
<p>«Es muy difícil traducir a Galdós por culpa de Galdós», de su vibrante y variadísimo español, afirma Smith, y eso quizá explique la escasa difusión de su obra en ámbitos como el anglosajón o el francés. <strong>Óscar Caballero</strong> escribe la crónica de una ausencia, la de Galdós en Francia, más allá de la efímera popularidad por el escándalo de <em>Electra</em>. Aquel gran fenómeno internacional fue el éxito más resonante del repertorio teatral galdosiano, más de una veintena de títulos a los que se aproxima <strong>Javier Huerta</strong>, crítico con el exceso de «ideología y didactismo» de su dramaturgia.</p>
<p>Pese a la desconsideración oficial y literaria de algunos, la obra de Galdós sigue en el sustrato, se le lee más de lo que cabría suponer, y es precisamente ese interés espontáneo lo que ha obligado a improvisar programaciones y títulos con que estar a la altura del centenario. Un ejemplo de lector espontáneo es <strong>Weldon Penderton</strong>, <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/colecci%C3%B3n-asterisco/salvemos-la-jarapa" target="_blank">escritor</a> y <a href="https://sites.google.com/view/ninosgratis/nosotros?authuser=0" target="_blank">editor</a>, que cuenta para LEER cómo atravesó la secundaria sin tocar a Galdós y cómo a sus 25, leyéndolo por su cuenta recién llegado a Madrid, se convirtió a la fe galdosiana hasta confesar: «Yo me hice madrileño leyendo <em>Fortunata y Jacinta</em>».</p>
<p>La visión de Galdós de <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> y el contraste de <em>Tristana</em> con la adaptación de Buñuel, analizada por <strong>Noemí Sabugal</strong>, completan una aproximación en la que no podía faltar la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, que se cita con don Benito en el Congreso de los Diputados donde ejerció como tal: «Hay que ser generoso, como yo lo fui. Eso también lo aprendí de Cervantes, el más grande y más bueno de todos nosotros, a quien tanto homenaje rendí». Una comentarista entusiasta de Galdós como <strong>María Zambrano</strong> le hermanó con Cervantes a partir de dos ingredientes clave en la novela: la piedad y la ironía. Germán Gullón lo expresa de otro modo: en Galdós <strong>«el elemento humano siempre va por delante de la expresión artística»</strong>, y por ahí se llega a su grandeza, pero también al malentendido de la insuficiencia estilística. Uno de tantos malentendidos que se someten a crítica en este número de LEER, disponible en quioscos y librerías.</p>
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