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	<title>Revista leer &#187; Cuba</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Algunos buenos libros (ix)</title>
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		<pubDate>Sat, 23 Mar 2019 17:33:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Algunos Buenos Libros]]></category>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>A finales de 2017 <strong>Karla Suárez</strong> presentaba <strong><em>El hijo del héroe </em>(Comba)</strong>, cierre de una personal tetralogía literaria inspirada en sus vivencias y en la historia reciente de su país, Cuba. Autora reconocida, seleccionada por Hay Festival para el <a href="https://www.hayfestival.com/bogota39/bogota39-en-2007.aspx" target="_blank">Bogotá 39 de 2007</a>, por primera vez en doce años se publicaba una novela suya en España casi al mismo tiempo que en Francia y Portugal, países en los que sus libros se editan con total regularidad. «En España yo no entiendo cómo fun­cio­nan las cosas edito­ria­les. Mis­te­rios de este mundo lite­ra­rio que tanto ha cambiado, en el que yo creo que se buscan más lo núme­ros que la lite­ra­tura», <a href="/2018/01/karlasuarez/" target="_blank">explicaba entonces a LEER</a>. Ahora, de nuevo Comba resuelve otra cuenta pendiente con Suárez y publica aquí, ocho años después de las ediciones <a href="https://www.quetzaleditores.pt/produtos/ficha/havana-ano-zero/10527077" target="_blank">portuguesa</a> y <a href="https://editions-metailie.com/livre/la-havane-annee-zero/" target="_blank">francesa</a>, la tercera pieza de su ciclo novelesco, <strong><em>Habana año cero</em></strong>. Una excelente noticia, porque Karla Suárez es una de las voces más claras y estimulantes de la literatura de su país. Esta tercera novela <strong>discurre en los estertores del llamado Periodo Especial</strong>, la época de privación que siguió al colapso de la Unión Soviética. «Todo ocurrió en 1993, año cero en Cuba. El año de los apagones interminables, cuando La Habana se llenó de bicicletas y las despensas se quedaron vacías. <strong>No había de nada. Cero transporte. Cero carne. Cero esperanza. Yo tenía treinta años y miles de problemas</strong>». Por eso y pese a todo la matemática Julia se embarca en una pesquisa con Euclides, mentor, ex amante –«Nuestro romance empezó en la cátedra un día que llovía mucho. Estábamos solos. Era tarde. Mi tesis era muy difícil y afuera diluviaba. La solución de ese problema la encontramos encima de una mesa»– y ahora amigo, para encontrar el documento que demuestre que <strong>Antonio Meucci</strong> inventó el teléfono en Cuba. La ilusión por hallar la prueba que certifique el hallazgo cautiva las energías de dos científicos acogotados por las circunstancias de un país en ruinas y anima una novela brillante, alegre y hermosa, que discurre al ritmo preciso, musical y armónico, de capítulos cortados a escoplo, que impone la cabeza de ingeniera de Suárez.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-8592" src="/wp-content/uploads/2019/03/img-190323192435-0001-e1553361794428.jpg" alt="img-190323192435-0001" width="300" height="469" /></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/habana-ano-cero/" target="_blank">HABANA AÑO CERO</a><br />
</strong></em><strong>Karla Suárez<br />
</strong>Comba</p>
<p> </p>
<p>«En el principio fue la madre», advierte en la excelente introducción de este <em>La muerte difícil</em> de René Crevel su traductor y editor, <strong>Julio Monteverde</strong>. El odio a una madre ferozmente burguesa y autoritaria, capaz de exponer al hijo de catorce años a la visión del padre suicida colgado de una soga a modo de inconcebible lección moral, propició el «anti-Edipo» de Crevel y con ello buena parte de los posicionamientos vitales y artísticos que le convirtieron en uno de los miembros más originales de la tribu surrealista, empezando por su bisexualidad militante y continuando con su marxismo a la contra de Moscú. Todo ello se proyecta en esta novela inédita en castellano hasta la fecha, y que con su habitual buen criterio editorial publica desde Sevilla <strong>El Paseo</strong>. <em>La muerte difícil </em>es <strong>una síntesis de todas las rebeldías de Crevel</strong>, que se mira en el espejo de su protagonista, Pierre Dumont, homosexual y toxicómano, atrapado entre la pasión enfermiza por el arrogante americano Arthur Bruggle –trasunto del pintor y músico <strong>Eugene MacCown</strong>, con quien Crevel tuvo una historia tempestuosa entre 1924 y 1926, año precisamente de publicación del libro– y el amor filial y sanador por su amiga Diane, cuyo padre, el señor Blok, se suicida de manera mimética a como lo hizo el padre de Crevel. Elementos autobiográficos de un libro que para <strong>Klaus Mann</strong> recogió como pocos «la esencia de la juventud europea tras la Gran Guerra». Esta edición de El Paseo cuenta como reclamo adicional con <strong>un texto extraordinario, a modo de prefacio, de Salvador Dalí</strong>, que esclarece a su manera paranoico-crítica la figura de un amigo querido –recientemente han sido subastadas, y adquiridas por la Fundación Dalí, <a href="http://www.elpuntavui.cat/cultura/article/19-cultura/1562894-l-estiu-cadaquesenc-de-dali-gala-i-crevel.html" target="_blank">un puñado de fotos inéditas</a> de ambos con <strong>Gala</strong> en Port Lligat– al que recuerda en permanente proceso de reventar y renacer, aquejado de tuberculosis, opiomanía o contradicciones políticas hasta su suicidio en 1935, y que es asimismo <strong>una síntesis poética de lo que fue la implosión del movimiento surrealista</strong>.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://elpaseoeditorial.com/es/inicio/52-la-muerte-dificil-9788494898471.html"><img class="aligncenter size-full wp-image-8591" src="/wp-content/uploads/2019/03/978849489847-e1553361436381.jpg" alt="La muerte difícil_cubierta_280219.indd" width="300" height="468" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://elpaseoeditorial.com/es/inicio/52-la-muerte-dificil-9788494898471.html" target="_blank">LA MUERTE DIFÍCIL</a><br />
</strong></em><strong>René Crevel<br />
</strong>El Paseo</p>
<p> </p>
<p>«<strong>Un hombre absolutamente rodeado de gloria, no de una gloria académica, sino popular, dilatada.</strong> Era rico, ruidoso, importante, y su nombre volaba de un continente a otro. Un hombre fabuloso, desorbitado». <strong>Vicente Blasco Ibáñez</strong> en versión <em>homenot</em>, en palabras precisas de <strong>Pla</strong>. Político, editor, periodista, agitador y sobre todo novelista, la faceta que le convertirá en celebridad internacional, el autor de <em>La barraca </em>rompió moldes y emprendió proyectos de toda naturaleza. Fue más grande de lo que podía ser un español de la época, y paradójicamente esa dimensión le ha convertido con el tiempo en una figura relativamente obliterada. Ambicioso, proteico, inasequible, sospechoso para el estamento literario español, quedó fuera del canon. Murió de neumonía en su <a href="https://www.menton.fr/Jardin-Fontana-Rosa.html" target="_blank">opulento retiro</a> de la Costa Azul un día antes de cumplir 61 años, en enero de 1928. Le quedaba mucho por escribir. Entre otras cosas, unas memorias. Ahora, para cubrir parcialmente ese vacío de la propia voz, <strong>Emilio Sales</strong> y <strong>Francisco Fuster</strong> han recopilado para <strong>Fórcola</strong> las veinticinco mejores entrevistas que Blasco Ibáñez concedió entre 1910 y 1928 a a medios de España, Francia, Argentina, Cuba y Estados Unidos. Corresponden a su periodo internacional. Años en los que se hace colono en Argentina, triunfa en Estados Unidos con <em>Los cuatro jinetes del Apocalipsis</em>, intenta una carrera en el mundo del cine, viaja lujosamente alrededor del mundo en el crucero <em>Franconia </em>presuntamente financiado por <strong>Hearst</strong>. Hojear este manejable volumen de Fórcola, aderezado con un oportuno pliego fotográfico que ilustra la asombrosa vida aventurera de su protagonista, nos aproxima a un hombre paradójico, <em>celebrity</em> internacional en vida y español relativamente olvidado hoy. En la imagen de portada vemos a Blasco asomado a un balcón del parisino Hôtel du Louvre. Allí se encontró en esa misma época con <strong>Manuel Bueno</strong>, que escribió para <em>ABC</em> un excelente texto, recogido aquí, que da una medida plausible del personaje. «El pasado no existe para Blasco Ibáñez. <strong>Como todos los seres fuertes, nace todos los días</strong>, y el universo canta un nuevo himno en sus oídos. Los recuerdos y las nostalgias se quedan para nosotros, los que no nos consolamos de las ilusiones perdidas, de los sueños truncados y de las burlas implacables del destino». El himno blasquista de aquel día era llevar la república a la España alfonsina y primoriverista. No le dio tiempo.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://forcolaediciones.com/producto/suenos-de-revolucionario/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8590" src="/wp-content/uploads/2019/03/978841742529-e1553361376769.jpg" alt="978841742529" width="300" height="450" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="http://forcolaediciones.com/producto/suenos-de-revolucionario/" target="_blank">SUEÑOS DE REVOLUCIONARIO</a><br />
</strong></em><b>Emilio Sales y Francisco Fuster (eds.)<br />
</b>Fórcola<b><br />
</b></p>
<p> </p>
<p>La gente no entiende, o lo hace con dificultad, lo que ve, lee o escucha. Vivimos superficialmente distraídos. Falta voluntad, entendimiento y memoria. La sociedad se resiente del empobrecimiento espiritual y devuelve más pobreza a sus miembros. Así ve las cosas <strong>Miquel Escudero</strong>, que observa la realidad desde una condición académica, la de matemático, que seguramente le ayuda a aislar, reconocer y conjuntar ideas e impresiones cuando ejerce de escritor. De su experiencia enseñando en la universidad ha extraído <strong>la voluntad y la exigencia de enseñar a pensar</strong>, y lo aplica a su búsqueda y perfeccionamiento del «arte de vivir razonablemente». Un objetivo que puede resultar modesto en los términos pero que quizá sea el más ambicioso posible. En este su último libro, <a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/" target="_blank"><em>Sostiene Mengano</em></a> (<strong>Carena</strong>), que esta semana presentó en Madrid de la mano de <strong>Ramón Tamames</strong> y <strong>Francesc de Carreras</strong>, Escudero reflexiona sobre la sociedad, la historia, la política o el arte a través de las afirmaciones de los demás. Cada página es una pieza que lleva el nombre de alguien que ha sostenido algo en algún lugar, y que propicia un comentario leve, cordial, una invitación a reflexionar. Un libro penetrante pero conciliador, sorprendente y oportuno, que reúne a personas y personajes diversos para que sea el lector quien metabolice las afirmaciones y los interrogantes resultantes.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/"><img class="aligncenter size-full wp-image-8589" src="/wp-content/uploads/2019/03/Sostiene-Mengano-e1553361340354.jpg" alt="Sostiene-Mengano" width="300" height="448" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><em><strong><a href="https://edicionescarena.com/producto/sostiene-mengano/" target="_blank">SOSTIENE MENGANO</a><br />
</strong></em><strong>Miquel Escudero<br />
</strong>Carena</p>
<p> </p>
<p><strong>Penelope Lively</strong> no solo es una reconocida novelista sino una apasionada jardinera. En este libro que brota con la primavera de la mano de <strong>Impedimenta</strong> en traducción de <strong>Alicia Frieyro</strong>, Lively reflexiona sobre la necesidad y el sentido del jardín a través de su experiencia personal y de la literatura. Porque <strong>en su vida el jardín, la escritura y la lectura se han injertado mutua y exitosamente</strong>. La pasión jardinera de Lively, heredada de su familia, despertó durante su infancia en El Cairo, donde su padre trabajaba para el Banco Nacional de Egipto, en un jardín cuidadosamente organizado por su madre al estilo inglés donde la pequeña Penelope encontró una salida secreta al país de las maravillas de <strong>Carroll</strong> en el seto sobre el que se tumbaba a leer. Hoy escribe de una pasión que ya no puede practicar como antes, desde la limitada «jardinería de senectud» que todavía se puede permitir, pero que puede recrear con el entusiasmo de siempre a través de su vigorosa escritura. «Cultivamos para mañana, y aun para después. Cultivamos con expectación, y esa es la razón de que resulte tan estimulante», asegura Lively. <strong>Un ejercicio, pues, necesario y a la contra de un tiempo actual de satisfacciones instantáneas.</strong> «Cuando trabajamos en el jardín nos hacemos inmunes a los dictados del tiempo. Creamos orden. Diseñamos y dirigimos. Nos plantamos ahí, en medio de la vegetación, escapamos de los problemas mundanales, ejercitamos nuestras rodillas y nuestra espalda, ponemos a funcionar nuestros ritmos circadianos, estimulamos nuestro sistema inmunitario, y posiblemente sumamos unos cuantos años de vida». Fascina a la escritora «la tenacidad y la antigüedad de la vida vegetal», y certifica la proustiana capacidad de evocación que pueden tener las fragancias vegetales. «Y esa es la razón de que constituyan un material tan fértil para el escritor». Una hermosa lectura, abundante en referencias botánicas que invitan al apunte o el googleo del jardinero aficionado, y que se desgranan en un práctico índice onomástico de especies, conceptos, categorías, autores y libros. Una caja de semillas y letras.</p>
<p style="text-align: center;"><a href="http://impedimenta.es/libros.php/vida-en-el-jardin"><img class="aligncenter size-full wp-image-8588" src="/wp-content/uploads/2019/03/9788417553050_VIDA-EN-EL-JARDIN_RGB_900-e1553361284267.jpg" alt="VIDA EN EL JARDIN" width="300" height="480" /></a></p>
<p style="text-align: center;"><b><i><a href="http://impedimenta.es/libros.php/vida-en-el-jardin" target="_blank">VIDA EN EL JARDÍN</a><br />
</i>Penelope Lively<i><br />
</i></b>Impedimenta</p>
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		<title>La suite cubana de Karla Suárez</title>
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		<pubDate>Wed, 31 Jan 2018 09:58:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<category><![CDATA[Angola]]></category>
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		<description><![CDATA[Con El hijo del héroe (Comba) la escritora cubana Karla Suárez completa un ciclo de cuatro novelas inspirado en la historia reciente de su país. Después de abordar temas como la familia –Silencios (1999), V Premio Lengua de Trapo–, la emigración –La viajera (2005)– y el periodo especial –Habana año cero (2011)–, Suárez (La Habana, 1969) se acerca [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Con <a href="https://www.editorialcomba.com/catalogo/libros/narrativa/hijo-del-heroe/" target="_blank"><strong><em>El hijo del héroe</em></strong></a> (Comba) la escritora cubana <strong>Karla Suárez</strong> completa un <strong>ciclo de cuatro novelas inspirado en la historia reciente de su país</strong>. <span style="font-weight: 400;">Después de abordar temas como <strong>la familia</strong> –</span><a href="http://www.karlasuarez.com/ksite16/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=20:silencios&amp;catid=12&amp;lang=es&amp;Itemid=144" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Silencios</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (1999), V Premio Lengua de Trapo–, <strong>la emigración</strong> –</span><a href="http://www.karlasuarez.com/ksite16/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=22:la-viajera&amp;catid=12&amp;lang=es&amp;Itemid=144" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">La viajera</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (2005)– <strong>y el </strong></span><strong><i>periodo especial</i></strong><span style="font-weight: 400;"> –</span><a href="http://www.karlasuarez.com/ksite16/index.php?option=com_content&amp;view=article&amp;id=25:habana-ano-cero&amp;catid=12&amp;lang=es&amp;Itemid=144" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Habana año cero</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (2011)–, Suárez (La Habana, 1969) se acerca con </span><i><span style="font-weight: 400;">El hijo del héroe</span></i><span style="font-weight: 400;"> a <strong>los traumas y fracturas que provocó la participación de Cuba en la guerra de Angola.</strong> Su protagonista, Ernesto, coetáneo ficcional de la propia Suárez, pierde a su padre en aquel lejano conflicto con solo 12 años, y asumirá con ello una serie de pesadas cargas que condicionarán el resto de su vida.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">“La participación en la guerra de Angola es un tema que siempre me interesó”, explica Suárez, que <strong>reside en Lisboa tras años viviendo en Francia, donde ha labrado buena parte de su carrera literaria.</strong> “Entre 1975 y 1991 fueron más de 300.000 cubanos. Era algo que primero le tocaba a tus padres y luego a tus amigos, crecimos con eso. Cuando aquello acabó, con un acontecimiento además muy doloroso para el país como <a href="https://elpais.com/diario/1989/07/14/internacional/616370404_850215.html" target="_blank">los fusilamientos</a> del general Ochoa y el coronel La Guardia, <strong>se terminaba la era de las hazañas. Amanecimos al día siguiente en un país completamente devastado</strong>, la Cuba del </span><i><span style="font-weight: 400;">periodo especial</span></i><span style="font-weight: 400;">, donde la mayor preocupación era qué comer cada noche. La guerra pasó a un segundo plano, pero las heridas estaban ahí. Por eso siempre tuve la idea de hacer un libro en el que fuera el tema central”.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">Pero no es una historia de la guerra.</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El personaje tiene la obsesión de entender la guerra que se llevó a su padre. Empieza a investigar muchos años después, cuando es adulto y vive fuera, en Berlín y en Lisboa. Busca información y hace un blog para saber lo que pasó, y yo sigo al personaje en esa labor.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">¿Ese extrañamiento geográfico te ha venido bien desde el punto de vista narrativo?</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Cuando empecé la novela pensé que tenía que ir a Angola. En el primer capítulo, el personaje está viajando a Angola y el capítulo terminaba con él llegando a Luanda. Pero pensé, si Ernesto está en Angola esto es otra novela, así que lo bajé del avión. Y <strong>a mí no me interesaba la Angola real ni la Angola de hoy, sino la que está en mi cabeza, en el imaginario de los que no fuimos.</strong> Un país que ha estado presente en tu vida pero que tú físicamente no has visto. Me di cuenta sobre la marcha.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;"><img class="alignright size-full wp-image-7904" src="/wp-content/uploads/2018/01/Portada-pequeña-El-hijo-del-héroe-e1517392084443.jpg" alt="Portada-pequeña-El-hijo-del-héroe" width="345" height="536" />¿Has vivido con naturalidad la creación de este protagonista masculino o lo has trabajado de un modo especial?</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Cuando terminé la novela se la di a leer a un montón de amigos míos por si notaban algo, si salió la mujercita que soy (risas). Hay muchos personajes femeninos en la novela, y que son muy fuertes, que viven la historia de otra manera.<strong> A mí me interesaba que Ernesto fuera un hombre</strong>. A los doce años le dicen, tu padre ha muerto, eres el hijo de un héroe y el hombre de la casa. A ese niño que dos horas antes de recibir la noticia estaba correteando con sus amigos y con la muchacha que le gustaba de pronto le cae todo ese peso, con la carga que eso tiene en Cuba, porque <strong>allí primero está el machismo caribeño, luego el imaginario de los barbudos de la sierra, somos hombres fuertes que hacemos la revolución</strong>…</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">…Quizá una renovación y una legitimación ideológica de ese machismo ambiental.</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Exactamente. <strong>No se permiten debilidades a los hombres.</strong> Y esto genera un gran conflicto en él. Ernesto vive una vida que no eligió, porque a lo mejor no fue tan fuerte como para imponerse y decir, yo voy a hacer lo que yo quiera. Esos son los personajes que me interesan, no los bárbaros y los valientes, sino los que tienen debilidades y que no siempre saben reaccionar ante las cosas. <strong>Todo el tiempo está debatiéndose entre lo que le hubiera gustado hacer y lo que tuvo que hacer.</strong> ¡Y además se llama Ernesto, como el Che! Nosotros crecimos haciendo todos los días el saludo a la bandera, “pioneros por el comunismo seremos como el Che”. Él tiene que serlo como todo el mundo y porque se llama Ernesto y porque su padre murió en la guerra. Tiene una carga impresionante y no sabe cómo reaccionar. Se queda completamente bloqueado y está toda su vida bloqueado.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">Y al final hay desbloqueo?</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El presente de la novela es un momento de su vida de crisis total: con su mujer, en el trabajo, personal, cumplidos los 40… Todo se ha roto, y por eso hace recuento para saber dónde está y adónde va.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">Llama la atención que esta novela, como otros libros tuyos, haya salido antes en <a href="https://www.portoeditora.pt/produtos/ficha/um-lugar-chamado-angola/18687354" target="_blank">portugués</a> y en <a href="https://editions-metailie.com/livre/le-fil-du-heros/" target="_blank">francés</a>.</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">En Portugal y en Francia salieron con mis editores de siempre, y yo en España realmente no tenía editor. Aquí salieron mis dos primeras novelas, no así la tercera. <strong>En España… yo no entiendo cómo funcionan las cosas editoriales.</strong> Es una cosa rarísima. Misterios de este mundo literario que tanto ha cambiado, en el que yo creo que se buscan más lo números que la literatura.<strong> </strong>Hacía doce años que no publicaba aquí. Así que estoy felicísima de que Comba la edite.</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><i><span style="font-weight: 400;">Te has profesionalizado como escritora en Francia. ¿Te sientes más reconocida allí?</span></i></h6>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Un día comentaba en broma que yo soy <strong>una escritora francesa que escribe en cubano</strong> y luego me traducen. En Francia he evolucionado como escritora y tengo una vida literaria. Me han seguido desde la primera novela, y menos mal. Pero yo escribo en español, y me interesa que se me pueda leer en español. Tengo un amigo, escritor peruano, que al ver que </span><i><span style="font-weight: 400;">El hijo del héroe</span></i><span style="font-weight: 400;"> había aparecido en Francia me dijo, ¡pero Karla, no puede ser, me voy a tener que matricular en la Alianza Francesa para poder leerte!</span></p>
<h6 style="text-align: left;"><em><span style="font-weight: 400;">¿Hay un interés especial en Francia por los escritores iberoamericanos?</span></em></h6>
<p style="text-align: left;"><strong><span style="font-weight: 400;"><strong>El público francés siente interés por todo</strong>. Es impresionante. Hay muchos circuitos y festivales donde puedes coincidir con escritores de todas partes del mundo que de otro modo no conocerías. El Centro Nacional del Libro da muchas <a href="http://www.centrenationaldulivre.fr/?-LES-AIDES-" target="_blank">ayudas a la creación</a>. Yo cuando vivía en Francia gané dos becas importantes que me permitieron sentarme unos meses a escribir. Los dos libros anteriores y este mismo lo empecé a escribir con una beca y lo terminé con otra. </span><i><span style="font-weight: 400;">El hijo del héroe </span></i><span style="font-weight: 400;">lo terminé en la <a href="https://lenord.fr/jcms/pnw_5066/la-villa-departementale-marguerite-yourcenar" target="_blank">villa Marguerite Yourcenar</a>, que es un lugar maravilloso. Estás con otros dos autores, internet ni siquiera funciona bien, estás concentrado en un lugar que es un parque natural maravilloso, y ahí terminé la escritura y la primera corrección completa. Yo puse el punto y final de esta novela allí. Y de hecho hay uno de los capítulos, todos tienen nombre de grandes novelas, y hay uno que es una novela de Yourcenar, que es un <em>gracias Marguerite</em>, gracias por esta beca.</span></strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></p>
<p style="text-align: left;"><strong><em>Una versión de este artículo aparece publicada en el el <a href="/2017/12/leer-en-navidad-extra-2017/" target="_blank">número 288, Número Extra Diciembre 2017-Enero 2018</a>, de la Revista LEER.</em></strong></p>
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		<title>Pardo contra el populismo</title>
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		<pubDate>Tue, 31 Jan 2017 15:27:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Premio Nacional de Ensayo por La regla del juego, el último trabajo del catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense, Estudios del malestar (Premio Anagrama), es una disección de los orígenes y las consecuencias de la filosofía líquida, esa forma de pensamiento que aspira a la realización política de la verdad, generando movimientos, como el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Premio Nacional de Ensayo por <em><strong>La regla del juego</strong></em>, el último trabajo del <strong>catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense</strong>, <a href="http://www.anagrama-ed.es/libro/argumentos/estudios-del-malestar/9788433964083/A_505"><em><strong>Estudios del malestar</strong></em></a> (Premio Anagrama), es una disección de los orígenes y las consecuencias de la <em><strong>filosofía líquida</strong></em><strong>, esa forma de pensamiento que aspira a la realización política de la <em>verdad</em>, generando movimientos, como el populismo o el independentismo</strong>, que se consideran a sí mismos “auténticos” y cuyas pretensiones no son sino la destrucción del Estado de Derecho y la instauración de los “disturbios” y las <em>performances</em> como única forma de intervención social. Es decir, la deslegitimación del pacto social y la concepción de la política como un espacio de guerra permanente.  No es la filosofía para <strong>José Luis Pardo</strong> lucha de clases en la teoría, como afirmaba<strong> Althusser</strong>. Es cierto que en todas las etapas históricas del pensamiento ha habido vencedores y vencidos, pero eso <strong>no puede llevarnos a confundir la filosofía con un “cuerpo doctrinal o con una ciencia teórica”</strong>. En tal caso <strong>estaríamos, dice, ante la <em>liquidación</em> de la filosofía, es decir, ante la imposibilidad misma de la filosofía</strong> que no es otra cosa sino “crítica”. Y se explica: “Ya sé que este estatuto les parecerá muy poca cosa a quienes aspiran a una autenticidad heroica, entre otras cosas porque la crítica no es demasiado conveniente para quienes desean <em>realizaciones</em> rentables o emocionantes o tienen aspiraciones imperiales. <strong>El filósofo no es alguien que posee una verdad que otros ignoran</strong>, y que podría, por tanto, en nombre de ella, corregir a quienes se equivocan.</p>
<figure id="attachment_6412" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-6412" src="/wp-content/uploads/2017/01/PORTADA-ESTUDIOS-DEL-MALESTAR-650x1024.jpeg" alt="PORTADA ESTUDIOS DEL MALESTAR" width="345" height="544" /><figcaption class="wp-caption-text">Pardo niega que “Estudios del malestar” esté escrito contra alguien en concreto ni que funcione como refutación de obras como el reciente “En defensa del populismo” de Carlos Fernández Liria.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"> <strong>El filósofo es más bien quien somete al tribunal de la crítica a quienes afirman poseer una verdad</strong> acerca de las cosas sobre las cuales no cabe conocimiento”. Definiciones de este tipo, que cualquier estudiante de filosofía debería tener claras desde el inicio de la carrera, se le antojan a Pardo necesarias en una facultad, la de Filosofía de la Universidad Complutense, que se ha convertido en el laboratorio de pruebas de esa forma “auténtica” de entender la política que es el populismo. <strong>La pulsión totalitaria se puso de manifiesto en 2002 con el acoso y la persecución a Gabriel Albiac</strong>. Una de sus columnas en <a href="http://www.elmundo.es/"><em>El Mundo</em></a> criticando a <strong>Hugo Chávez</strong> fue el detonante. Luego se supo por qué. Los profesores <strong>Carlos Fernández Liria</strong>, autor del recientemente aparecido <a href="http://catarata.org/libro/mostrar/id/1115"><strong><em>En defensa del populismo</em></strong></a>, y<strong> Montserrat Galcerán</strong>, la concejala de Ahora Madrid defensora del movimiento okupa y dueña de nueve inmuebles, promovieron el acoso. Su entonces pupilo, <strong>Luis Alegre</strong>, que llegó incluso a proponer una agresión directa a Albiac, era uno de los más activos <em>revolucionarios</em> que cada mañana llenaban de insultos un tablón colocado en los pasillos de la Facultad dedicado al “reaccionario” catedrático que se negaba a ver en la dictadura chavista el verdadero movimiento de liberación de los pueblos oprimidos del Tercer Mundo y un modelo a imitar en Europa. Alegre, luego fundador de Podemos y miembro de su Consejo Ciudadano, fue premiado por el Gobierno Bolivariano junto a su <em>padrino</em> Fernández Liria por la obra <strong><em>El orden del capital</em></strong>. En 150.000 dólares se tasó entonces su contribución a la causa.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">El comunismo, sobre todo desde que se convierte en la URSS en una doctrina que dirige un Estado, siempre fue populista</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;">Pardo niega que <em>Estudios del malestar</em> esté escrito contra alguien en concreto y que su obra sea una refutación de las delirantes propuestas de Fernández Liria, principal teórico del populismo español nucleado en torno a Podemos. “Aunque el libro viene de mucho tiempo atrás”, explica, “también las discusiones que ha habido en el seno de la Facultad están presentes, porque<strong> hay una confluencia diabólica entre los que quieren cerrar las facultades de Filosofía o convertirlas en algo adaptado al mercado del conocimiento, y los que quieren sacar la Filosofía de las facultades y echarla a la calle</strong> para que se realice en el mundo. Los intereses de los unos y de los otros, aunque en principio parezcan muy diferentes, se han encontrado”.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>El libro, explica Pardo, surge del asombro que le produjo el entusiasmo por el “comunismo” mostrado por los estudiantes</strong> en una conferencia dictada en el Paraninfo de la Facultad de Filosofía una tarde de 2010 por un pensador francés. “¿Por qué se pronunciaba esta fórmula mágica –se pregunta Pardo– en una universidad en lugar de en un mitin político? ¿Y por qué precisamente en una Facultad de Filosofía, y no en una de Historia o de Sociología? (…). Quizá esta reunión de 2010 también fue, al menos entre otras, un momento fundacional para un movimiento de búsqueda de la autenticidad en política al que le esperaban tiempos propicios”.</p>
<figure id="attachment_6420" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-6420" src="/wp-content/uploads/2017/01/41-800x1024.jpg" alt="4" width="345" height="442" /><figcaption class="wp-caption-text">José Luis Pardo durante la conversación con LEER. Foto: Ricardo Torres.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><em>¿A qué crees que se debe esa nueva fascinación por el comunismo?</em></p>
<p style="text-align: left;">Es cierto que el comunismo fue durante mucho tiempo, después de que se conocieran los hechos de la URSS y hasta bien entrados los años 80 del siglo pasado, un paradigma intelectual prácticamente indiscutido entre los intelectuales. Y esa manera de captar la esencia del totalitarismo y hacer diferencias entre totalitarismo soviético, donde la idea era buena, y totalitarismo hitleriano, cuya maldad nadie discute, se ha conservado en algunas facultades de Filosofía en las que ha habido profesores, procedentes del ámbito político, que ante la decadencia del comunismo en las sociedades democráticas y del Estado del bienestar, han conservado la antorcha viva en el plano teórico y han encontrado bastante entusiasmo por parte de un estudiantado al que constantemente se le decía que lo que estaban estudiando no servía para nada. Y <strong>la idea de encontrarse con un proyecto de cambiar el mundo les ha resultado bastante atractivo, aunque sea esa una enfermedad muy propia de los filósofos</strong> y que a larga conduce al suicidio.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">En algunas facultades ha habido profesores que ante la decadencia del comunismo político han conservado viva la llama en el plano teórico</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;"> <em>¿Son determinantes las causas económicas en el auge de ese neocomunismo que se presenta ahora como populismo?</em></p>
<p style="text-align: left;">La crisis económica ha proporcionado una coartada perfecta, pero no hay que olvidarse de que el comunismo, sobre todo desde que se convierte en la URSS en una doctrina que dirige un Estado y que influye en la política internacional, siempre fue populista. Desde el momento en que tú tienes un Estado en el que no funciona la democracia parlamentaria y sin embargo tienes que justificar que el poder político es un poder de carácter popular, el único camino que te queda es defender que existe una especie de conexión orgánica, casi inmediata e intuitiva, entre el líder y el pueblo. Y eso es el populismo. No cabe duda de que <strong>el deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores ha desempeñado un papel determinante</strong>. Yo le llamo E<strong>stado del malestar</strong> para indicar que es una situación que procede del deterioro del <strong>Estado del bienestar</strong>. Pero de todas maneras, ni los portavoces de estos movimientos ni siquiera sus principales apoyos electorales pertenecen a la zona más deprimida de la sociedad, sino más bien, por lo menos en España, a personas en una franja de edad que se sitúa ligeramente por debajo de los 40 y que habían pensado en un porvenir que la crisis económica ha venido a frustrar. <strong>No es que sean los desheredados, sino gentes cuyas carreras ascendentes se han truncado</strong>. Algunos líderes de estos movimientos se frotan las manos cada vez que aparecen indicadores estadísticos de cómo va disminuyendo en España la clase media, que es siempre un impedimento para el enfrentamiento entre los extremos.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">El populismo no es solamente una forma más o menos sencilla de ganar votos, sino que termina impregnando a los adversarios</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;">Pero <strong>las estructuras del Estado del bienestar, aunque están deterioradas, no están totalmente destruidas</strong>. Es cierto que tenemos unas<strong> cifras de desigualdad comparables a las de los años 20, pero también unas estructuras de protección que no tienen comparación</strong> con las que había en los años 20. La explicación de por qué hay que superar el Estado del bienestar, el Parlamento, los tribunales de Justicia o la prensa libre es una cuestión que deben explicar los que quieren hacer eso.</p>
<p style="text-align: left;"> <em>¿La falta de preparación teórica de los populistas es similar a la que tenían los dirigentes del 68 francés? ¿El recurso constante a Gramsci o a Carl Schmitt es por pura ignorancia?</em></p>
<p style="text-align: left;">En el 68 la teoría tiene mucha menos importancia de lo que parece. El propio Foucault, cuando le preguntaban dónde estaba en el 68, decía que había estado en Túnez admirado de cómo los jóvenes tunecinos, que no sabían nada de marxismo ni tenían discusiones teóricas, salían a la calle a jugarse la vida a luchar contra un régimen despótico. El 68 es más bien la fascinación por la lucha directa, una lucha que supera los artilugios de la política parlamentaria y se fascina por los países del Tercer Mundo, como China, Cuba, o Vietnam. Ahora es diferente y, en el caso español, el recurso a la Filosofía tiene un cierto prestigio. Independientemente de su valía mayor o menor como teórico, que lo es de peso, Carl Schmitt ha sido durante mucho tiempo un escritor nada <em>cool</em>, porque el nazismo no lo es, pero según se ha ido deteriorando la propia defensa del Estado del bienestar se ha convertido en un pensador indispensable al que se cita constantemente. <strong>Schmitt es una contaminación teórica, pero además hay una contaminación práctica</strong>, porque el populismo no es solamente una forma más o menos sencilla de ganar votos, sino que impregna a los contrarios.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">La democracia necesita de unos ciudadanos responsables, capaces de hacerse cargo de su bienestar como de su malestar</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;">En Francia, <strong>Marine Le Pen</strong> se ha llevado por delante a buena parte del centro derecha y en España, Podemos ha hecho lo mismo con el PSOE, porque no parece haber un intento en el terreno teórico contra el populismo. No quiero decir que la universidad o el trabajo intelectual sea la solución o la panacea para resolver todos los problemas, pero la función de los intelectuales es muy importante y no se pueden justificar con argumentos al servicio de la razón discursos que conducen al enfrentamiento. Schmitt, como otros muchos autores, como <strong>Jünger</strong>, representa muy bien esa idea de que la política parlamentaria y el contrato social son una especie de disfraz de la verdadera política que se produce al margen de las estructuras. Naturalmente, suena mucho más <em>auténtica</em> la política a la que se refiere <strong>Carl Schmitt</strong> cuando dice que le merece respeto cualquier posición política siempre que el que la tenga esté dispuesto a dar la vida por ella. Esa idea de <strong>que las posiciones políticas se autentifican mediante la violencia, aunque sea la violencia simbólica, está muy de moda</strong> en un momento en el cual ese recurso a la autenticidad no es tanto la búsqueda de una política más auténtica cuanto la búsqueda de algo más auténtico que la política, de otra manera de gestionar al margen del parlamento, de los tribunales…</p>
<p style="text-align: left;"> <em>Iglesias lo ha dejado claro, utilizarán el parlamento cuando les interese y cuando no, la calle…</em></p>
<p style="text-align: left;">Claro, necesitan las dos cosas. Por eso es falso que en algún momento se les vaya a caer la máscara de corderos y vayamos a ver al lobo que hay detrás, porque en realidad no es más auténtico lo uno que lo otro, necesitan estar en las instituciones, incluso hacer un discurso de defensa del Estado de Derecho, pero en cualquier momento pueden volverse contra esas mismas instituciones aduciendo que en realidad son esclavas del FMI o de poderes económicos ocultos. <strong>Lo verdaderamente sorprendente es cómo se ha conseguido despertar un capital de odio, de rencor</strong>, de resentimientos social, que seguramente estaba ahí, porque de en algún sitio tendría que estar, y han logrado capitalizarlo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: left;">Podemos no se nutre de «la zona más deprimida de la sociedad», sino de quienes «habían pensado en un porvenir que la crisis económica ha venido a frustrar»</p>
</blockquote>
<p style="text-align: left;"><em>¿Crees que esta nueva utopía populista puede triunfar, en contra de lo que les ocurrió a las utopías comunista y nacionalsocialista, e incluso el sueño de las vanguardias?</em></p>
<p style="text-align: left;">Muchos de los que vemos aparecer como nuevos discursos o nuevos horizontes políticos y culturales proceden de la época de las vanguardias, de la época anterior a la Segunda Guerra Mundial. Se trata de <strong>una manera de reciclar ideas que son muy viejas, que fueron históricamente derrotadas</strong>, y que desde luego no se van a sustentar en los mismos parámetros de violencia ni en las mismas estrategias, pero que recuerdan a ellas. Es verdad que todo el arte contemporáneo viene de las vanguardias y que las vanguardias tenían un compromiso muy estrecho con esas nuevas formas de hacer política, con el comunismo y con el fascismo, pero me llama mucho la atención cómo ha crecido hasta casi ser mayoritaria la justificación política del arte. Cómo los artistas intentan justificar sus actuaciones y sus intervenciones acudiendo a la bondad de las causas políticas a cuyo servicio las ponen, porque a eso, hasta hace muy pocos años, se le llamaba estalinismo y era justamente aquello de lo que los artistas querían huir como de la peste. Esa colusión entre un arte contemporáneo que está en los museos, pero también fuera de los museos porque en ellos se siente incómodo (y por eso organiza <em>performances</em>), es paralela a la incomodidad que sienten algunas fuerzas políticas en el parlamento: piensan que es una institución básicamente corrupta y organizan entonces, porque se sienten más cómodos, disturbios.</p>
<figure id="attachment_6429" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-6429 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/01/013-1024x706.jpg" alt="013" width="690" height="476" /><figcaption class="wp-caption-text">José Luis Pardo en conversación con LEER. Foto: Ricardo Torres.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><em>El otro movimiento que surge como producto de la estetización o sentimentalización de la política es el independentismo, ¿cómo es posible que después del siglo XX estos movimientos resurjan en una sociedad pretendidamente culta?</em></p>
<p style="text-align: left;">El progreso histórico entendido como progreso moral y como progreso político en el caso de la democracia es un progreso muy frágil.<strong> La democracia se sostiene sobre consensos sociales muy bien establecidos pero necesita de unos ciudadanos que tengan una dosis de responsabilidad suficiente</strong> como para hacerse cargo tanto de su bienestar como de su malestar cuando toca. Y no hay que dar ningún progreso por definitivamente logrado mientras que no exista esa responsabilidad por parte de los ciudadanos. No creo que debamos decir que cualquier tiempo pasado fue peor, pero tampoco que cualquier tiempo futuro tenga necesariamente que ser mejor. Independentismo y populismo son movimientos que tienen como característica generalizada la idea de que no tienen una articulación programática muy definida, <strong>son movimientos que conocen muy bien las técnicas para tomar el poder, pero que una vez que lo toman no tienen muy claro qué quieren hacer con él</strong>. El independentismo y el populismo crean ilusiones relativamente fáciles de crear si se dan las condiciones y si el sistema no tiene ninguna defensa inmunitaria contra ellas. <strong>Prometen cosas que saben que no van a cumplir</strong> porque siempre pueden echarle la culpa a que España nos roba, al FMI, a la UE… Nunca tienen que pagar la culpa de haber hecho promesas imposibles.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>FERNANDO PALMERO</em></strong><em> </em>(<a href="https://twitter.com/fer_palmero?lang=es">@fer_palmero</a>)</p>
<p style="text-align: left;"><i><img class="alignleft wp-image-6323" src="/wp-content/uploads/2017/01/PORTADA278-768x1024.jpg" alt="PORTADA278" width="150" height="200" /><br />
Este artículo ha sido publi­cado ori­gi­nal­mente en el <a href="/2016/12/leer-en-navidad-extra-2016/">Extra de Navi­dad</a> Diciem­bre 2016-Enero 2017, <strong>número 278</strong>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. </i></p>
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		<title>El Loewe se enamora de Iberoamérica</title>
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		<pubDate>Thu, 10 Mar 2016 12:09:41 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Llegó el día de la entrega de los Premios Loewe de Poesía y Creación. Para el escritor cubano Víctor Rodríguez Núñez, presentado por Abilio Estévez, el Premio Loewe de Poesía en su XXVIII edición. Para Carla Badillo, amadrinada por Chantal Maillard, el Premio Loewe a la Creación Joven. “Aquí vienen./ Nadie los llamó./ Solos se acercan [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: center;">L<em>legó el día de la entrega de los <strong>Premios Loewe de Poesía y Creación</strong>. Para el escritor cubano <strong>Víctor Rodríguez Núñez</strong>, presentado por<strong> Abilio Estévez</strong>, el <strong>Premio Loewe de Poesía</strong> en su XXVIII edición. Para <strong>Carla Badillo</strong>, amadrinada por <strong>Chantal Maillard</strong>, el <strong>Premio Loewe a la Creación Joven</strong>.</em></p>
<p style="text-align: justify;">“Aquí vienen./ Nadie los llamó./ Solos se acercan a la llama sagrada./ Sin piedad, lectores: exijámosles todo./ Que su obra sea del tamaño de su ambición”. Palabras premonitorias de <strong>Efraín Bartolomé</strong> en <strong><em>La voz habitada</em></strong>. Si en 2014 fueron el chileno Óscar Hahn y la colombiana María Gómez Lara los distinguidos, esta vez el jurado del <strong>XVIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe</strong> falló a favor de la ecuatoriana Carla Badillo Coronado, en la categoría joven, y del cubano Víctor Rodríguez Núñez.</p>
<p style="text-align: justify;">No es el aplauso a una poética con sabor local sino el <strong>síntoma de la buena salud de la poesía en español</strong>. Algo que antaño fuera casi testimonial, dos galardones en 1990 al argentino <strong>Bernardo Schiavetta</strong>, y, cinco años más tarde, al uruguayo <strong>Rafael Courtoisie</strong>, confirma la pujanza de la poética iberoamericana frente a quienes ven lecturas extraliterarias.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Independencia creativa</strong></p>
<p style="text-align: justify;">No es el caso. <strong>La obra de Víctor Rodríguez Núñez es</strong> <strong>hija de la revolución</strong>, pues fue el primero en tener estudios universitarios en una familia dedicada a la zafra, pero se enfrentó a ella cuando fue incapaz de revolucionarse, desde la distancia con la disidencia y el oficialismo… “He tratado de ser independiente de ambos extremos, que muchas veces se tocan, movido más por la pasión que por la apatía. Cuando era joven y vivía aún en <strong>Cuba</strong>, rechacé ser un escritor oficial; después, cuando ya vivía fuera, rechacé ser un escritor disidente. Me la he jugado en una difícil posición, sin apoyo dentro ni fuera de la isla, y a la larga ha valido la pena. He sido excluido por ambas partes, me han borrado de las antologías, pero no han logrado amargarme ni secarme. <strong>Me siento cómodo en mi rincón</strong> porque escribo lo que me da la real gana, no estoy ni quiero estar fuera del juego, pero me apunto en la novena del diálogo, del respeto, del entendimiento”, aclara a LEER. Respecto a que su reconocimiento pueda ser un guiño a esa Cuba en transición o un intento de abrir nuevos mercados, responde: “<strong>No sé qué mercados se podrá abrir con la poesía, que se ha dado siempre fuera de ellos</strong>. Peor aún con la mía, que no vende aunque tampoco se rinde. Y sí que me gustaría entender el premio a <strong><em>Despegue</em></strong> como un apoyo al proceso de cambio en la isla, que es necesario y beneficioso para mi pueblo y mi cultura. También como un reconocimiento a la calidad de mi obra, que muchas veces no se escribe en Cuba pero se escribe siempre desde y para Cuba”.</p>
<figure id="attachment_5268" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/03/Carla-Badillo-Coronado-Quito-1985-Premio-Loewe-a-la-Creación-Joven-por-El-color-de-la-granada.jpg"><img class="wp-image-5268 size-large" src="/wp-content/uploads/2016/03/Carla-Badillo-Coronado-Quito-1985-Premio-Loewe-a-la-Creación-Joven-por-El-color-de-la-granada-1024x683.jpg" alt="Carla Badillo Coronado (Quito, 1985), Premio Loewe a la Creación Joven por 'El color de la granada'" width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Carla Badillo Coronado (Quito, 1985), Premio Loewe a la Creación Joven por “El color de la granada”. Foto: Dezvylenz.</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">En Carla Badillo, quizá porque su juventud manda, pesa más lo que de impulso  tienen los reconocimientos a esa pulsión obstinada: “Un premio no es más que una palmadita para seguir trabajando con más humildad y ahínco, para saber que hay unos ojos que supieron reconocer en tu obra algo que los atrapó. Y, desde luego, alienta porque te da la posibilidad de publicar, de darle otro sentido más a tu trabajo, de acceder a más gente que pueda leerte, de compartir, contagiarse, pasar la voz y hasta de recibir unas cuantas monedas, que por supuesto, no caen nada mal porque está bien que el poeta se descargue –al menos por un rato– de la preocupación de conseguir la jodida plata y centrarse en lo realmente importante. Sin embargo, <strong>esto es sólo una consecuencia, jamás el fin</strong>. Yo escribo porque me resulta vital. Para descifrar el mundo, para salvarme”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Estos reconocimientos no son el aplauso a una poética con sabor local sino el síntoma de la buena salud de la poesía en español</em></p>
</blockquote>
<p style="text-align: justify;">El escritor afincado en EEUU, por su parte, se desmarca “en especial del cubaneo”. Argumenta a LEER: “<strong>el nacionalismo es una ideología perversa</strong>, criminal, que no ha ayudado a los pueblos a liberarse. Siempre hay sujetos sociales que son excluidos de las construcciones de nación porque se basan en la diferencia. Yo estoy por la identificación, abierto a todo lo que me cuadre en términos sociales y culturales, venga de donde venga. Pero <strong>tampoco busco una voz universal</strong>, que sería demasiado incierta y desabrida, <strong>sino mi propia voz</strong>. Sé también que la universalidad solo se alcanza, como diría a coro la generación de <strong>Alejo Carpentier</strong>, mediante la representación de lo local. Espero que alguien que haya sufrido el destierro, desde los cubanos hasta los inmigrantes que hoy retan el humanismo europeo, encuentre algo suyo en <em>Despegue</em>”. La voluntad de Rodríguez es que cada libro sea diferente y siente las preguntas como tigres acechantes; al parecer el ciervo –esas respuestas inalcanzables– al que ha dado caza en este poemario es “una conciencia, abiertamente expresada, de la condición de exiliado”. Le fue dando vueltas al tema “hasta que, en este libro, le entré de golpe o me entró de golpe”, explica. Y alude a circunstancias íntimas, como la muerte de su madre o de su padre en la poesía, <strong>Juan Gelman</strong>: “De pronto me quedé huérfano y comencé a escribirles estos sonetos. El lenguaje se hace más violento aquí, digo cosas que no hubiera dicho antes, descubro que hay partes de mí que no partieron, que estoy al mismo tiempo dentro y fuera de Cuba. La isla no se reduce a mi memoria, y debo volver siempre para reconstruirla, sacudir su espeso polvo con mi trapito”.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: justify;"><em>Espero que quien haya sufrido el destierro, desde el cubano hasta el inmigrante que hoy reta el humanismo europeo, encuentre algo suyo en ‘Despegue’ </em></p>
</blockquote>
<figure id="attachment_5269" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2016/03/Víctor-Rodríguez-Núñez-La-Habana-1955-ganador-del-XXVIII-Premio-Internacional-de-Poesía-FundaciónLoewe-con-Despegue.jpg"><img class="wp-image-5269" src="/wp-content/uploads/2016/03/Víctor-Rodríguez-Núñez-La-Habana-1955-ganador-del-XXVIII-Premio-Internacional-de-Poesía-FundaciónLoewe-con-Despegue-1024x768.jpg" alt="Víctor Rodríguez Núñez (La Habana, 1955), ganador del XXVIII Premio Internacional de Poesía FundaciónLoewe con 'Despegue'" width="690" height="518" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Víctor Rodríguez Núñez (La Habana, 1955), ganador del XXVIII Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe con “Despegue”. Foto: Katherine M. Hedeen.</figcaption></figure>
<p style="text-align: justify;">También la conexión con la naturaleza humana está siempre presente en Carla Badillo, universalizando su voz desde la que rechaza etiquetas: <strong>“No escribo para complacer a nadie más que al impulso vital de escribir”</strong>. No forma parte de la “tribu poética” de Ecuador y ha obtenido más reconocimiento fuera de sus fronteras que dentro: “Desde que tomé conciencia de que la poesía me escogió a mí (y no yo a ella), me dediqué a multiplicar lecturas de una manera casi enfermiza, a descubrir e hilar las enseñanzas de quienes serían mis maestros, muchos de ellos muertos. Siempre fui autodidacta en un sendero que sigue siendo bastante silencioso. Supe que la inspiración no era más que un cortocircuito que sucedía cuando varios factores se juntaban, pero que era el trabajo profundo, la observación, la reflexión y la autocrítica, lo que daba forma a eso que yo intentaba del mundo –a través de palabras– traducir”. Quien busque sabores intensos en <strong><em>El color de la granada</em></strong>, los encontrará, pero no con acentos de la tierra de su autora. De hecho, está dedicado a la memoria de dos visionarios armenios: el cineasta <strong>Sergei Parajanov</strong> y el poeta <strong>Sayat Nova</strong>. “No existe absolutamente nada de mi país como tal, pero se puede encontrar todo lo que hay en cualquier ser humano de cualquier rincón del mundo con temas como la vida, la muerte, el amor, el tiempo y la huida –de un lugar, de una persona, de uno mismo– están siempre presentes”, detalla.</p>
<p style="text-align: justify;">Parece que Carla pasara de jugar con las palabras a batirse con los titanes, la memoria y el tiempo: «<strong>Nunca he dejado de jugar</strong>. <strong>De hecho la literatura es la forma más seria de juego que tengo.</strong> De niña lo hacía sin una conciencia real sobre el oficio de escribir y ahora que la tengo, sigo jugando. Soy muy curiosa, muy hambrienta por conocer los misterios de este mundo y de todos los que habitan dentro y fuera de él”. Por ello, no se encasilla en un solo género a pesar de que “hay temas que me tienen agarrada del cuello”, confiesa, para citar: “la distancia, los colores, el silencio, el origen de las lenguas, la música. ¡La música! Ese dios disfrazado de niño invisible”. Por otro lado, y como parte de “su contradicción”, se declara una “ermitaña-viajera” porque hay temporadas en que necesita, literalmente, encerrarse, mientras que existen otras en las que precisa viajar, perderse, respirar otras realidades que son su inspiración.</p>
<p style="padding-left: 240px; text-align: right;"><strong><em>Alicia González</em></strong></p>
<p><em>La versión original de este reportaje fue publicada en el número 268, Extra de Navidad 2015, de la Revista LEER (<a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>).</em></p>
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		<title>La Guerra Fría según Follett</title>
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		<pubDate>Thu, 06 Nov 2014 13:29:49 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Con <em>El umbral de la eternidad</em>, <strong>Ken Follett</strong> completa su trilogía <em>The Century</em>, una saga literaria que sigue de cerca a <strong>tres generaciones de cinco familias</strong>: una galesa, una inglesa, una rusa, una alemana y otra estadounidense. En la primera entrega, <i>La caída de los gigantes,</i> el autor recoge la Primera Guerra Mundial, el sufragio femenino y la Revolución rusa; en la segunda, <i>El invierno del mundo,</i> la Guerra Civil española, la Segunda Guerra Mundial y los inicios de la Guerra Fría; y con esta última, <i>El umbral de la eternidad,</i> <strong>los nietos de los protagonistas de la primera entrega viven la guerra de Vietnam, los movimientos antirracistas y la caída del Muro de Berlín.</strong></p>
<p>Sin duda la primera entrega ha sido la más satisfactoria. La segunda alcanza cotas extremas de dureza, como el fragmento en que dos muchachas alemanas, Rebecca y Carla, son cercadas por soldados rusos y una de ellas pide que la violen para salvar a su amiga. Ambas viven cuando arranca la acción de esta última entrega, 1961, en Alemania del Este. Rebecca descubre que su marido Hans es miembro de la policía secreta de la Alemania Oriental y que se casó con ella solo para espiar y atormentar a su familia política. Pronto Follett establece un interesante paralelismo entre la falta de libertades en la República Democrática Alemana y la privación de los derechos civiles de los negros al sur de los Estados Unidos, donde el mulato George Jakes, estudiante de Harvard, se enfrenta a grupos xenófobos –el episodio que transcurre en Alabama del autobús es tan aterrador como verosímil– y consigue hacerse un hueco en la carrera jurídica y asesorar al mismísimo presidente <strong>John F. Kennedy</strong>, quien a su vez mantiene una tórrida relación con una mujer negra. Mientras, en el Kremlin, Dimka Dvorkin, trata de permanecer al lado de <strong>Nikita Khrushchev</strong>, mientras se convierte en mentor de un joven prometedor: el reformista <strong>Mijaíl Gorbachov</strong>.</p>
<p>El fin de Ken Follett es ante todo <strong>examinar los principales hitos de la historia del siglo XX</strong> a través de un escenario variopinto en el que, salvo esos hechos históricos, predomina la ficción. Más de dos tercios del libro se centran en los años que van desde 1961 a 1968, <strong>describe el levantamiento del Muro de Berlín</strong> y llega a recrear sirviéndose de un punto de vista familiar y cercano la crisis de los misiles de Cuba, siguiendo las circunstancias del transporte de cabezas nucleares de la Unión Soviética a la isla. Sin embargo, la década de los años 70 y el escándalo Watergate no han merecido tantas páginas, así como la década de los 80. Seguramente Ken Follett no sea un genio de la literatura, pero no se le puede negar que s<strong>u pluma se ha hecho un hueco entre los narradores actuales más destacados</strong> del panorama internacional. Su <strong>estilo sólido y riguroso</strong>, asesorado en este caso por un historiador de primera como <strong>Richard Overy</strong>, le han servido para convertirse en el rey absoluto de la ficción popular y<strong> el escritor de masas por excelencia.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>DAVID FELIPE ARRANZ</em></strong></p>
<address style="text-align: left;"><a href="http://www.kenfollett.es/novela/el-umbral-de-la-eternidad/"><img class="alignleft wp-image-2840" src="/wp-content/uploads/2014/11/El-umbral-de-la-eternidad-e1410506479710-664x1024.jpg" alt="El-umbral-de-la-eternidad-e1410506479710" width="150" height="231" /></a><a href="http://www.kenfollett.es/novela/el-umbral-de-la-eternidad/" target="_blank">EL UMBRAL DE LA ETERNIDAD</a></address>
<address style="text-align: left;"><strong>Ken Follett</strong></address>
<address style="text-align: left;">Plaza &amp; Janés. Barcelona, 2014</address>
<address style="text-align: left;">1.152 páginas. 24,90 euros</address>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;">Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el número de <strong>noviem­bre de 2014</strong>, 257, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Dispo­ni­ble en quios­cos y libre­rías de toda España (¡<a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>!).</address>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>Recuento de la memoria de Cuba</title>
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		<pubDate>Mon, 12 May 2014 16:16:55 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El coronel de la Seguridad del Estado, ya retirado, recibe la llamada de su hija Belinda desde Barcelona –que se resistió a ser jinetera y se convirtió en bailarina– con la noticia de la muerte del Comandante en Jefe, “la peor noticia del mundo”: <strong>Fidel ha fallecido</strong>. En su vejez hace el obligado recuento de hombre antiguo y de su memoria emergen entre las sombras los caimanes, saliendo del fango de sus pecados.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>La Revolución</strong><strong> le ha pagado sus servicios con un taxi negro</strong> –un carro para el turismo–, una guayabera blanca –típica camisa– y un retiro “digno”. Preso sin saberlo en el trópico, Walter Cepeda había servido, y muy bien, a Fidel y a <strong>Raúl Castro</strong>. Su mujer, Mami, le discute desde hace años al Mulatón –así es como le llama y humilla– la veneración por ese gallego que en la isla llaman el hombre más grande que ha dado el siglo XX: ni siquiera es cubano, ni baila, ni toca la guitarra y ha convertido Cuba en su cuartel. Ver a Fidel dando discursos por la tele y visitando colegios a la vez que anuncian su muerte desde España… es cosa de brujería.</p>
<p style="text-align: left;"><em><a href="/wp-content/uploads/2014/05/portada-requiem-habanero-fidelpeq.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1242" src="/wp-content/uploads/2014/05/portada-requiem-habanero-fidelpeq.jpg" alt="portada-requiem-habanero-fidelpeq" width="320" height="505" /></a>Réquiem habanero por Fidel</em> (Alfaguara), la novela de vocación hispanoamericana de <strong>Armas Marcelo</strong>, escritor canario mitad venezolano, mitad cubano –como él se define, es decir, panameño–, y cuya épica histórica y personal descansa en la emigración a Cuba y Venezuela, <strong>ha querido seguir y bien la senda del <em>postboom</em> de sus maestros de la narrativa</strong>: este libro respira los grandes personajes de <strong>García Márquez</strong> y <strong>Vargas Llosa</strong> por los cuatro costados. La novela iba a titularse <em>El seguroso </em>–así llaman a los ex coroneles de la seguridad del Estado, los “patente de corso”: personajes temibles a los que hay que respetar y garantes de la “ley”… de la corrupción–. Armas Marcelo <strong>detalla el ascenso y caída de estos personajes porque los ha conocido y tratado</strong>, ha departido con estos “comemierdas” inmersos en un montón de contradicciones, las mismas que han llevado al fracaso al castrismo y sus politiquerías. <strong>Terribles fueron las torturas a los contrarrevolucionarios, que terminaban “cantando” en sus celdas desde boleros a danzones y mambos solo por querer respirar aire de libertad</strong>, como el que quiso respirar Belinda, la hija de Walter, cuando se marchó al teatro nacional de Bulgaria. <strong>Mientras, el pueblo suspira, calla y teme, acallando las voces disidentes con los acordes de la guitarra vieja de los coroneles</strong>, guitarreros con uñas de lobo, mulatos que tocan sones de miedo. Los vigilantes y enemigos de los poetas de las libertades –<strong>Heberto Padilla</strong>, <strong>Cabrera Infante</strong> o el chileno <strong>Jorge Edwards</strong>– se hacen incluso expertos en escritores.</p>
<p style="text-align: left;">Tras estos fieles servidores del Comandante y de la Revolución cubana y de sus muchos servicios internacionales –en Angola, China, Moscú, Argelia, Buenos Aires, Japón, Inglaterra y España— se alza una dictadura policial y, como tal, corrupta. Todo el mundo en ella se sirve del miedo y la traición para mantener el sistema a través de unas sombrías redes que llegan a todos los rincones del archipiélago: los comités para la defensa de la revolución, donde los hermanos traicionan a otros hermanos… por un par de huevos o simplemente por terror, porque el sistema corrupto ha creado esa forma de vida.</p>
<p style="text-align: left;">El desarrollo de las libertades es inviable en la isla: los pistoleros, <strong>los “patente de corso” con vínculos secretos en la izquierda de todos los países tienen permiso del Estado para hacer lo que les plazca</strong>, desde chantajear y robar a torturar y matar. Y la quiebra social es inevitable mientras el pueblo se asfixia. <em>Réquiem habanero por Fidel </em>es <strong>una novela valiente porque lo cuenta todo</strong>.</p>
<p style="text-align: right;"><em>DAVID FELIPE ARRANZ</em></p>
<p style="text-align: left;">
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		<title>11-M: hito y tabú</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Mar 2014 11:53:53 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Sucedió hace diez años. En vísperas de unas elecciones generales. Fueron asesinadas 191 personas. Mucho de lo acontecido en España desde entonces tiene que ver con la conmoción inmediata y diferida causada por aquellas explosiones. El trauma, la negación, un duelo colectivo mal resuelto en diversas instancias motiva que, un decenio después, la fase de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>Sucedió hace diez años. En vísperas de unas elecciones generales. Fueron asesinadas 191 personas. Mucho de lo acontecido en España desde entonces tiene que ver con la conmoción inmediata y diferida causada por aquellas explosiones. El trauma, la negación, un duelo colectivo mal resuelto en diversas instancias motiva que, un decenio después, la fase de reposo que precede al desembarco de los historiadores en los hechos no se haya resuelto satisfactoriamente. En el siguiente texto <strong>JORGE BUSTOS</strong> ensaya una hipótesis de minuta de aquello y de sus consecuencias, un intento de iluminar la sombra espesa y alargada que explica varias anomalías sociales y políticas de la España reciente.</address>
<p> </p>
<p>Cuando el general De Gaulle decidió al fin deponer la lucha y reconocer el derecho de <strong>Argelia</strong> a su independencia, se cuenta que uno de sus asesores más recalcitrantemente belicistas protestó: “¡Se ha derramado demasiada sangre!” A lo que el general respondió, en palabras de mármol: <strong>“Nada se seca tan pronto como la sangre”.</strong></p>
<p>Se cumplen diez años del atentado terrorista que derramó más sangre en la historia reciente de Europa. Ocurrió un 11 de marzo de 2004, en Madrid, a tres días de unas elecciones generales. Y en torno a la trágica efeméride, el periodismo se dispone a presentar su primer borrador de la historia, más cercano ya de la historia que del borrador. Porque los plazos de la historiografía, su proverbial exigencia de perspectiva, se acortan cada vez más a tono con el vértigo evolutivo de la época, con lo que <strong>el 11-M ya es un hito historiable.</strong></p>
<p>El 11-M es, de hecho, <strong>el hito contemporáneo que marca un punto de inflexión en la historia de España, pues cambió muchas más cosas, en el tiempo de un país y en el espacio de su conciencia colectiva</strong>, que el puro desgarro original, privado: la vida talada de 200 familias. El atentado fija el 2004 en las enciclopedias <strong>como la muerte de Franco fija 1975</strong>: con la misma emblemática trascendencia. Ahora es cuando lo empezamos a ver, y a leer.</p>
<p><strong>Y sin embargo la sangre derramada en aquellos trenes, como sabía De Gaulle, está más seca que nunca.</strong> Si su noticia se halla ya lo suficientemente lejos como para propiciar la serenidad del primer análisis histórico, el rescoldo de su trauma social sigue aún demasiado vivo en nuestra memoria, que reacciona al enfrentamiento anual con la masacre cada vez menos, cada vez más silenciosamente, de hecho con un rechazo camuflado de hastío –incluso de fastidio– ante las imágenes consabidas recordadas por el enésimo documental. El 11-M empieza a adquirir en la memoria colectiva los inconfundibles contornos del tabú. Más adelante trataremos de explicar por qué <strong>la incomodidad que produce el 11-M no obedece solo a controvertidas razones políticas</strong>, a cargantes teorías mediáticas de la conspiración, a la inclemente rueda de la actualidad que sepulta incluso los hechos más tremendos; no solo es eso, que también. Nosotros pensamos que <strong>el 11-M es ante todo un tabú sociológico, un temor supersticioso que apareja un giro en la mentalidad del pueblo, singularmente en la de los jóvenes de mi generación</strong>, y que explica en buena medida el nuevo <em>volksgeist</em> de esta España postrada, crisis aparte. <strong>El 11-M es una convalecencia negada por el enfermo.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-680" alt="DSC_0043" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0043.jpg" width="4928" height="3264" /></p>
<h3>El hito</h3>
<p>No sé si alguien habrá dicho ya que <strong>el 11-M equivale a la pérdida de Cuba y FiIipinas en la reciente conciencia nacional mucho antes de la debacle económica.</strong> <strong>Este noventayochismo en boga</strong>, instalado en la opinión pública y renovado a diario con las grises aportaciones de los tertulianos, no arranca de las hipotecas <em>subprime</em> ni de la cola del paro. <strong>Arranca de ese salvaje agujero en el tren de Atocha, que es como la boca del ente que grita en el cuadro de Munch.</strong> El ojo negro del mal abierto de golpe para mirar fijamente, con su aturdidora mirada vacía, a los desavisados españoles.</p>
<p>Pero lo importante, si nos centramos en el 11-M como hito histórico, es la fecha de la detonación: a tres días de unas elecciones generales. El 11-M –y no estoy tomando partido ni me interesa en este ensayo la autoría material o intelectual– <strong>se ejecutó para influir en el resultado electoral de un país gobernado por la derecha</strong>, en la obvia esperanza de que el partido en el gobierno perdiera un poder ostentado con mayoría absoluta y orientado hacia un compromiso internacional (más escenificado que efectivo) por la lucha contra el terrorismo islámico en estrecha alianza, pies sobre su mesa incluidos, con el jefe texano del Imperio.</p>
<p><strong>Cuesta reconocer que a los terroristas les salió perfecto el cálculo. Que calaron como finos sociólogos el aburguesamiento del por entonces próspero pueblo español</strong>, y se dieron cuenta de que el terror súbito y arbitrario movilizaría a algunos de ellos –fueron los suficientes– para abortar en sus élites cualquier orgulloso intento de jugar a gran potencia con tal de no ver amenazado de nuevo su modo de vida. ¿Por qué los españoles echamos a un gobierno después de un atentado del terrorismo internacional, y los norteamericanos apoyaron en su día al suyo teniendo a mano la misma ecuación: <em>presencia exterior = atentados</em>? Básicamente porque <strong>aquí no habíamos padecido una agresión exterior desde 1892, y se había instalado en el subconsciente colectivo el espejismo de que éramos intocables. Irrelevantes, más bien.</strong> Nadie salvo Aznar podía creer que la nostalgia islamista de Al-Ándalus pudiera ir en serio, y mucho menos que la foto de las Azores fuera necesaria. La ingenuidad del español en política exterior es proverbial, y su arraigado desinterés por la geoestrategia data de la decadencia imperial y termina de blindarse con el Desastre del 98. <strong>La especialidad de la casa tras Napoleón es más bien la guerra civil.</strong></p>
<p><strong>¿Fue el apoyo de Aznar a la guerra de Irak la causa del 11-M, si es que el terror indiscriminado admiten justificación causal? Eso no importa: lo que importa es que el español medio lo creyó así.</strong> El ejemplar operativo de manipulación político-mediática desplegado durante tres días por la izquierda, inestimablemente auxiliada por la política de comunicación de un gobierno que tenía al afásico –si no mentiroso– Acebes como ministro y portavoz en aquellas 72 horas de vértigo, obró la movilización del voto de castigo, o voto del miedo, dadas las circunstancias. Es un comportamiento de masas muy comprensible; otra cosa es que la alternativa surgida de aquellas urnas en <em>shock</em> llevara el nombre, la sonrisa y el bagaje de José Luis Rodríguez Zapatero.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-682" alt="DSC_0064" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0064.jpg" width="4928" height="3264" /></p>
<p><strong>Zapatero llegó al poder con el mensaje perfectamente captado y tomó como primera medida la famosa retirada de las tropas de Irak.</strong> La historia cifrará en esa decisión todo su mandato, que nació, se desarrolló y murió entre estertores de farsa bajo el criterio rector de la publicidad. <strong>Zapatero fue el primer presidente netamente posmoderno de la historia de España</strong>, un gobernante sobrevenido por la imagen –su célebre talante no era la forma: era el fondo– y entregado a ella, <strong>y toda su ejecutoria viene explicada por el trauma matriz del 11-M</strong> del mismo modo que el péndulo de un carrillón alcanza un polo por la inercia nacida del polo opuesto. Pasamos de la <em>grandeur</em> aznarí al zapaterismo <em>naïf</em>. <strong>Pero Zapatero, político infantil, no inoculó el infantilismo a la sociedad española: ella misma, al retumbar en las ventanas el estallido de las bombas, había despertado en mitad de la noche llamando a mamá, con las sábanas empapadas de miedo. Y mamá vino.</strong></p>
<p><strong>El objetivo del terrorismo es el miedo, y el corolario del miedo es la búsqueda de calma (más que de genuina paz) a toda costa.</strong> <strong>España se ovilló sobre sí misma</strong>, renunció con gusto a los peligros de la política exterior para dotarse del mayor número posible de derechos sociales, consagró el diálogo anulando jerarquías, flexibilizó sin límites la Constitución, <strong>confundió los principios con la caspa y la ética con la estética</strong>, abrazó el pacto, equiparó en importancia lo aparecido en el BOE y en los medios, eligió apaciguar sus tensiones territoriales por la vía rápida de la concesión o la promesa, erigió diarios monumentos al buen rollo. Y la gente suspiró de alivio y renovó el mandato de su dirigente desoyendo nuevas alarmas, esta vez económicas. <strong>Fue un bonito sueño, conciliado tras una pesadilla ferroviaria.</strong></p>
<p>Pero la identificación de la sociedad con el zapaterismo no fue en absoluto epidérmica. <strong>La pésima gestión de la crisis tumbó a Zapatero pero queda intacto el cambio social que representó, un como reblandecimiento general de las costumbres.</strong> La exigencia constante de derechos y este rechazo al concepto ya carca de responsabilidad personal se halla en pleno vigor, y el pueblo depauperado chilla y patalea reclamando lo que creía que era suyo. El hecho asombroso de que Rajoy merezca del periodismo más críticas por su aversión a los medios que por su gestión prueba un síndrome de abstinencia causado por la sobreexposición de sonrisas de su antecesor. <strong>El zapaterismo fue un narcótico para tolerar el 11-M, y la sociedad sigue enganchada.</strong> <strong>Entre los jóvenes de mi generación, con su fenómeno <em>ni-ni</em> y su <em>quincemayismo</em> de filosofía de camiseta, la afección resulta especialmente prevalente.</strong></p>
<p>Las primeras consecuencias del 11-M fueron la llegada al poder de Zapatero y la apertura de una época de crispación en la vida pública: a la derecha mediática y política le costaba –lógicamente– asimilar lo heterodoxo de su desalojo y trataba de deslegitimar la victoria del PSOE, el cual previamente había instigado contra el PP una serie de campañas de <em>agitprop</em> sin precedentes. <strong>El cainismo se fue aplacando a partir de 2008, cuando Rajoy decidió emanciparse de tutelas retrospectivas, alinearse con el tabú que empezaba a cubrir el atentado y hacer su propio camino político (antipolítico, más bien).</strong> Aquellas secuelas políticas más o menos ya han prescrito y el desafío ahora es la pura economía. Pero <strong>el significado duradero del hito histórico que marca el atentado es, a mi juicio, la extensión del infantilismo social.</strong> La agudización extrema de la cultura de la queja. Un noventayochismo que deplora la pérdida de las colonias sentimentales del talante primero y de la burbuja inmobiliaria después.</p>
<h3><img class="aligncenter size-full wp-image-686" alt="DSC_0001" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0001.jpg" width="4928" height="3264" /></h3>
<h3>El tabú</h3>
<p>Ahora bien: repitamos que el 11-M es una convalecencia negada por el enfermo. La propia sustitución del hecho por la fecha (“11-M”) remite al eufemismo. Pese a que los efectos sociológicos del mal perduren, según hemos intentado explicar, el suceso en sí cada vez se recuerda menos. La sangre era mucha, pero se ha secado pronto. <strong>Los españoles prefieren encapsular la complicada efeméride en el aséptico formato del homenaje ritual</strong>, simbolizado en la ofrenda floral en el Bosque de los Ausentes del Parque del Retiro que llevan a cabo ese día las autoridades. Cada vez es más habitual oír comentarios de hartazgo cuando llega la fecha fatídica.</p>
<p><strong>Y yo, con David Rieff, pienso que esa disolución del recuerdo es positiva, es natural.</strong> En su controvertido ensayo <em>Contra la memoria</em>, Rieff –una rara coincidencia de reportero de guerra del <em>New York Times</em> y ensayista de calado– escribe: “En las colinas de Bosnia aprendí a detestar, pero sobre todo a temer, la memoria histórica colectiva. Al apropiarse de la historia, mi pasión perdurable y mi refugio desde la infancia, la memoria colectiva lograba que la propia historia no pareciera sino un arsenal de armas necesarias para continuar las guerras o para mantener una paz endeble y fría. Lo que presencié en Bosnia, en Ruanda, en Kosovo, en Israel-Palestina y en Irak no me ha dado razón alguna para cambiar de parecer”.</p>
<p><strong>Rieff sistematiza brillantemente una idea tan provocadora como el proverbio castizo: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.</strong> No se trata de olvidar a nuestros muertos, ni de despreciar la sentencia que advierte de que el pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla; <strong>se trata de levantar un dique entre el duelo nacional y su fácil degeneración en revanchismo nacionalista.</strong> La eternización del conflicto palestino-israelí, apunta lúcido Rieff, no es sino el producto de un encarnizamiento de la memoria colectiva, una permanente murmuración del memorial de agravios. Si nadie olvida, nadie perdona. <strong>Prescribe nuestro ensayista un “imperativo ético del olvido” que aplica lo mismo a la biografía sentimental del individuo como a la memoria colectiva de las naciones</strong>: “Todo debe llegar a su fin, incluso las penas del duelo. De otro modo, la sangre nunca se seca, el fin de un gran amor se convierte en el fin del amor mismo y, mucho después de que la disputa haya dejado de tener sentido, el recuerdo del rencor perdura. El perdón no es suficiente. No puede sustraerse a su propia contingencia. Sin olvido, seríamos monstruos heridos, sin perdón dado o recibido, seríamos inconsolables”.</p>
<p><strong>En el libro, el propio Rieff analiza el caso español de la Ley de Memoria Histórica y su quijotesca interpretación a cargo de Baltasar Garzón.</strong> <strong>Insiste en que el éxito de la Transición se fundamentó sobre un pacto de olvido</strong>, y postula que si el recuerdo tiene fecha de caducidad, puede que el olvido también la tenga. Eso explicaría la recuperación del discurso antifranquista que abanderó el PSOE de Zapatero y que había soslayado responsablemente el PSOE de González. Es cierto que la España actual no es Oriente Medio, y que la rehabilitación de viejos agravios difícilmente podría ya prender la chispa real de nuestro entrañable guerracivilismo. Pero tenemos en el norte un problema llamado ETA y una solución que pide un delicadísimo juego de memoria, dignidad y justicia, sí; pero también de perdón, convivencia y “olvido” en el sentido que reivindica Rieff y que parece corresponder al tipo de liderazgo que hoy quiere desarrollar alguien como Arantza Quiroga.</p>
<figure id="attachment_558" style="width: 4928px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-558 " alt="En las primeras semanas de febrero, Fernando García Mozo recorría y documentaba para LEER los escenarios vinculados a la memoria del 11-M: los espacios ferroviarios donde tuvo lugar la masacre y los monumentos conmemorativos que recuerdan a las víctimas, los &quot;ausentes&quot; que ponen nombre al jardín del Retiro (arriba) plantado en su memoria. Una selección de su trabajo ilustra este artículo, la portada y las páginas del número de marzo de 2014 de LEER." src="/wp-content/uploads/2014/02/DSC_0021.jpg" width="4928" height="3264" /><figcaption class="wp-caption-text">En las primeras semanas de febrero, Fernando García Mozo recorría y documentaba para LEER los escenarios vinculados a la memoria del 11-M: los espacios ferroviarios donde tuvo lugar la masacre y los monumentos conmemorativos que recuerdan a las víctimas, los «ausentes» que ponen nombre al jardín del Retiro (arriba) plantado en su memoria. Una selección de su trabajo ilustra este artículo, la portada y las páginas del número de marzo de 2014 de LEER.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong>En lo que respecta al 11-M, su progresiva mutación a tabú no supondría pues una deriva necesariamente negativa.</strong> Seguimos convalecientes de aquello y preferimos guardar silencio para no estorbar su lenta cicatrización. Hurgar en la conspiranoia produce rechazo incluso en muchos de los lectores de <em>El Mundo</em>. La sociedad parece querer decir lo mismo que Jesucristo con aquella dura exhortación: “Dejad a los muertos que entierren a sus muertos”.</p>
<p>Esta tendencia al tabú se ve más clara aún en la marginación de las asociaciones de víctimas, las que agrupan a damnificados por ETA como por la barbarie islámica. Otrora guías morales de la vida política, su participación en el debate público se contempla ahora con censura creciente. Sus portavoces siempre incomodan a alguien y ni siquiera los propios colectivos están unidos en sus reivindicaciones, pues se registran disputas y fugas cada vez más aireadas. <strong>Los opinadores han perdido el rubor que les disuadía de contradecir abiertamente las tesis de las víctimas</strong> y algunas de estas, en sintomática reacción, se han aliado con políticos descontentos para fundar un nuevo partido, Vox, con la lucha antiterrorista como programa básico y la incorporación de Ortega Lara por emblema.</p>
<p><strong>De nuevo, hacer del terrorismo y sus efectos visibles un tabú social denota un miedo infantil al sufrimiento, pero también un saludable deseo de curación.</strong> Cualquier encuesta que preguntara directamente a los españoles si creen que las heridas del 11-M están cerradas arrojaría un no mayoritario, sospecho. Pero el cuerpo social, consciente de sus heridas abiertas, prefiere no recordarlas si no le preguntan, porque el trauma terrorista es de una clase tan dolorosa que exige años de regeneración celular, si es que ese tejido puede suturarse del todo algún día. La sangre –la hemorragia mediática– se ha secado pronto, siguiendo a De Gaulle; pero la marca queda.</p>
<p><strong>¿Es una década tiempo suficiente?</strong> Para señalar su trascendencia política y sus reflejos sociales, desde luego que sí, y eso hemos tratado de hacer aquí. Pero si lo que se pretende es dar por cerrados los efectos más hondos del 11-M, me temo que <strong>el ciclo mental bajista que inauguró en España no ha hecho más que empezar.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>JORGE BUSTOS (<a title="Jorge Bustos en Twitter" href="https://twitter.com/JorgeBustos1" target="_blank">@JorgeBustos1</a>)</em></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.quioscocultural.com/leer/428-leer-n-250.html"><img class="alignleft size-medium wp-image-546" alt="001 Portada 250e" src="/wp-content/uploads/2014/02/001-Portada-250e-225x300.jpg" width="225" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Este artículo ha sido pub­li­cado orig­i­nal­mente en el número de marzo de 2014 (250) de la Revista LEER (<strong><a href="http://www.quioscocultural.com/leer/428-leer-n-250.html" target="_blank">cóm­pralo</a></strong> o, mejor aún, <strong><a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a></strong>).</p>
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