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	<title>Revista leer &#187; César Alonso de los Ríos</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Manuel Vázquez Montalbán: «Soy un mestizo de lo popular y de lo culto»</title>
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		<pubDate>Mon, 22 Apr 2019 12:16:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Márquez Reviriego]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p class="EstiloBORJA">En la habitación donde estamos veo un collage «estilo cochambre» del propio Luis, colgado en la pared (el colgado es el cuadro, no Luis, sentado con las piernas en postura de asana de yoga, fruto de sus años japoneses)… El joven matrimonio me agradece la amistosa reseña que publiqué tiempo atrás de <strong><i>Una educación sentimental</i></strong>, primer libro poético de Manolo, editado por <strong>José Batlló</strong> en El Bardo. El libro me había llegado, vía <strong>César Alonso de los Ríos</strong>, con esta dedicatoria: «A Víctor Márquez, desconocido amigo. Manolo. 10-IX-67».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">De Vázquez yo había leído antes otra obra: <strong><i>Informe sobre la información</i></strong>, editorial Fontanella, 1963, con prólogo de <strong>Antonio Jutglar</strong>.</span></p>
<p class="EstiloBORJA">La solapa editorial decía así: «Nació en Barcelona en donde ha residido casi siempre a excepción de un año pasado en Madrid y otro en Lérida. Graduado en Periodismo en 1960 por la Escuela Oficial de Periodismo, ejerció inmediatamente la profesión en diversos periódicos y revistas de Barcelona y Madrid, con carácter cotidiano en alguno de ellos hasta mayo de 1962. Actualmente reside en Barcelona donde realiza estudios de quinto curso de Filosofía y Letras y se dedica profesionalmente a trabajos editoriales. En el curso universitario 1959–60 fue Jefe Nacional de Propaganda del S.U.T. (Servicio Universitario del Trabajo). Es autor de obra narrativa y poética inédita y prepara un libro de ensayo sobre la poesía Cívica Española Actual».</p>
<p class="EstiloBORJA"><span lang="ES-TRAD">Todo es verdad. Si detallamos más, habrá que decir que la residencia en Lérida fue pagada por el mayúsculo Régimen llamado anterior, tras haber sido hospedado en la Modelo de Barcelona. Compartió cárcel con <strong>Salvador Clotas</strong>, futuro político socialista («Salvador tenía muy buen criterio literario. Yo escribía como un poseso, y luego él leía lo escrito y opinaba: fue mi crítico de cámara, un lujo digno de Luis II de Baviera».</span></p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">No me irás a decir que la cárcel fue tan divertida como un Erasmus.<br />
</span></i></b>Claro que no. Pero, años después, un pijo de Barcelona pasó algún tiempo preso por líos fiscales, y al salir dijo que había sido una experiencia «fantástica»… Pues no, pero sí te diré que casi aprendí allí más que en la Universidad. Eran dieciocho horas al día hablando de política, de literatura, de historia, de economía… Además de Salvador y yo estaban otros dos estudiantes, uno de Físicas y otro de Económicas… En la cárcel de Lérida escribí <i>Informe sobre la información</i>, que salió sin mi segundo apellido, para despistar; y también Jutglar, en el prólogo, añadía tras su nombre «del Instituto Católico de Estudios Sociales». Además, iba dedicado a una Godó… La experiencia carcelaria no fue tan fantástica como la del pijo defraudador, pero sí fue muy importante y muy instructiva.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y deja huellas en lo escrito por ti…<br />
</span></i></b>He escrito tanto que no se notará mucho (no es que uno sea Silvio Pellico, el de <i>Mis prisiones</i>, aunque estuve casi dos años). También escribí allí muchos poemas, yo soy un poeta, y esa presencia está en alguno. Como la de Ulises, aquel anarquista que había andado con Durruti por el Bajo Aragón. O en <a href="http://www.agenciabalcells.com/autores/obra/manuel-vazquez-montalban/movimientos-sin-exito/" target="_blank"><i>Movimientos sin éxito</i></a>, con un poema dedicado a Ángel Abad («Tal vez admitas que te ponen triste / cerrojos y ordenanzas, las dianas / de mañana levántate y el toque / leve del silencio al anochecer»).</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Para Abad fue también aquel artículo de fines de 1969 en ‘Triunfo’, que por obvios motivos salió sin su nombre.<br />
</span></i></b>Ángel estaba en la cárcel, y el trabajo se tituló «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=395&amp;imagen=27&amp;fecha=1969-12-27" target="_blank">1969. De la excepción a la amnistía</a>», porque el año empezó con la muerte de Enrique Ruano y el Estado de Excepción, aunque no remató en la amnistía… Aquel verano, César y tú conseguisteis meterme en la revista con la serie «<a href="http://www.triunfodigital.com/mostradorn.php?a%F1o=XXIV&amp;num=380&amp;imagen=30&amp;fecha=1969-09-13" target="_blank">Crónica sentimental de España</a>».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hubo suerte.<br />
</span></i></b>Lo que hubo fue debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, algún obstáculo interno hubo que superar. Se dijo que la serie no valía por motivos de edad («José Ángel, ¿qué va a saber este chico que nunca estuvo en Riscal?»). En realidad los motivos eran territoriales, de ocupación de páginas. Tú eras un competidor; y ya lo habías sido antes, desde fuera, en ‘Siglo 20’, aquel estupendo semanario, con tus crónicas de política internacional. Pero José Ángel (Ezcurra, director y dueño de ‘Triunfo’) entendió nuestros argumentos y se dio cuenta de que tú valías mucho, aunque tuvieras pocos años y no hubieras comido paella en Riscal, aquella famosa terraza del ‘Madrid la nuit’.<br />
</span></i></b>El caso es que yo me sentía viejo, quizá por la persistencia de la memoria. Eso me llevaba a ser dueño de un pasado, que más que haberlo vivido conocía de oídas… Nunca mejor dicho, pues al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa… Los libros llegaron después, y fueron para mí como incorporar otra existencia más. Claro, llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad (como cantaba aquella copla). Tenía dentro de mí la memoria de mi madre y su paisaje de patios interiores de aquella calle Botella, y la de mi padre, que me conoció al salir de la cárcel, cuando yo con mis tres años jugaba en la escalera y no sabíamos ni él ni yo quién era el otro.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Al principio me ahormó más la radio que la lectura, más Concha Piquer que esos libros ausentes de mi pobre casa y que llegarían después, incorporando otra existencia»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Y cómo conviven entre sí esas experiencias sumadas?<br />
</span></i></b>Con el mestizaje. En mí la cultura popular, tan presente en lo que escribo, no es una impostura, un añadido. Es algo natural, vivido. Soy un mestizo de lo popular y de lo culto. Contemporáneo de John Lennon, yo tenía a Conchita Piquer en mis raíces como una impronta de esa subcultura que a mis gentes le había sido tan necesaria. Como a otros haberse formado con Garcilaso o Shakespeare… Algo así le ocurría a Juan Marsé. O ahora a tu amigo Javier Pérez Andújar, que no necesita inventarse nada para escribir <i>Paseos con mi madre</i>.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">También eso se nota en tus poemas.<br />
</span></i></b>Mi poesía es inexplicable si no se tiene en cuenta el mestizaje cultural que asumo. De la cultura popular (llamada subcultura) y la cultura académica (la convencional, la <i>culta</i>), la que aprendí en los libros. Yo soy más de uno.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y eres muchos más con tus infinitos seudónimos, ¿o son heterónimos?<br />
</span></i></b>Que lo digan los preceptistas… No suele haber unidad en la persona. Uno es siempre muchos. Y están también las vidas posibles que no tuve y que pude haber tenido. A lo mejor están en esos como heterónimos (ninguno como los de Pessoa o los machadianos Juan de Mairena y Abel Martín), donde además hay algo mío vivo, porque la literatura se construye con materiales de derribo y no poco reciclaje, si es de verdad.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Materiales de derribo?<br />
</span></i></b>Al salir de la cárcel no encontraba trabajo. Cuando lo tuve fue en la revista <i>Hogares Modernos</i>. Allí usé por primera vez un seudónimo: Jack el decorador… Y algunas cosas publicadas en esa revista han pasado luego a poemas de <i>Una educación sentimental </i>o al <i>Manifiesto Subnormal</i>… No sé cómo los entenderían los lectores de una revista de decoración, pero yo sí que los sentía muy bien, porque estaban escritos para mí mismo: eran como el mensaje en la botella lanzado por el náufrago… Después surgió <i>Siglo 20 </i>y fui rescatado, pero el Ministerio del ramo (y de la estaca) liquidó la revista antes de aprobarse la Ley de Prensa. Por fortuna, nuestro <i>Triunfo </i>pudo seguir, y ahí estuvimos. En mi vida, como confesé en el póstumo programa de Epílogo, <i>Triunfo </i>está por encima de todo.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Hombre, de tu familia no.<br />
</span></i></b>¡Claro! Quería decir en la escritura. Nuestro común amigo Rafael Borràs –al que tanto queremos y tanto le debemos– publicó en LEER (noviembre de 2013) una página titulada «Manolo», y cuenta esto que copiarás: «El peor arroz que mi mujer y yo hemos comido en nuestra vida –peor aún que los que sirven en Valencia, que ya es decir– lo tomamos en su casa del Empordà, un fin de semana. Manolo cocinaba, y nosotros dos asistíamos a la ceremonia, en la que él se ofrecía como espectáculo. Pero su mujer, Anna Sallés, y su hijo, Dani, un crío aún, habían salido en barco a navegar, y no volvían. Desde la cocina, donde se avistaba el mar, a Manolo, nervioso por la tardanza, se le pasó el arroz. Pero tanto Isabel como yo celebramos que por encima de sus pretendidas dotes para la gastronomía hubiese imperado su condición de esposo y padre, intranquilo por los suyos. Hoy más que nunca echamos en falta el optimismo de su voluntad, atenuado por el pesimismo de su inteligencia»… También en esa página dice Rafael que el seudónimo que mejor me cuadraba era el de Manolo V el Empecinado. Por mi capacidad de resistencia. Eso que ahora llaman resiliencia, creo. Es doctrina de nuestro querido doctor Negrín: «Resistir es vencer». Cela lo hizo suyo con «Aquí el que resiste, gana».</p>
<figure id="attachment_8692" style="width: 1200px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8692" src="/wp-content/uploads/2019/04/VazquezMontalban-e1555930490124.jpg" alt="Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER. " width="1200" height="1620" /><figcaption class="wp-caption-text">Manuel Vázquez Montalbán por David Pintor para LEER.</figcaption></figure>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Como don Juan Negrín amplió estudios en Alemania, lo tomaría de Nietzsche de ‘El crepúsculo de los ídolos’: «Lo que no me mata me hace más fuerte».<br />
</span></i></b>Lo hago mío.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Yo no lo aprendí de Nietzsche. En mi pueblo huelvano de Castillejos se decía en aquellos años del hambre: «Lo que no mata, engorda». Y puedo asegurarte que allí, entonces, no éramos habituales lectores de Nietzsche… Y ¿qué más escribe Borràs?<br />
</span></i></b>Esto: «Manolo, pese a los muchos palos recibidos y a la dureza de las condiciones con que tuvo que enfrentarse para no quedar anegado en el lumpen, no guardó ningún resentimiento, que a veces puede esterilizar los mejores esfuerzos: era no sólo un hombre bueno sino bondadoso…».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Eso es muy verdad, y soy testigo de mayor cuantía. Miraste para otro lado ante faenas, y sé de lo mucho que ayudaste a otros, y de tu generosidad, como cuando perdonaste los atrasos de ‘La Calle’, el semanario comunista, al ganar el Planeta. Y recuerdo tus llamadas insistentes para que publicara cosas de gente recomendadas por ti. O como cuando, en 1971, hablaste con Rosa Regàs para que sacara en Edhasa ‘El infierno y la brisa’, aquella novela de José María Vaz de Soto. O cuando recomendaste muy secretamente a Manuel Campo Vidal para que cubriera la corresponsalía en Barcelona, tras irte tú con César a ‘La Calle’.<br />
</span></i></b>Otro debate.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Resuelto muy bien. Ezcurra entendió mi argumento a favor del segundo Manolo, Campo Vidal, cuando dije del primer Manolo, o sea, tú: «Se le puede suceder, pero no se le puede sustituir». Y así era: ¿cómo igualar La Capilla Sixtina?… A propósito: ¿cómo surgió?<br />
</span></i></b>Más o menos remotamente me inspiré en aquella columna de Art Buchwald.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Esa sección la publicaba ‘The Washington Post’ y una agencia la distribuía en España. Ya traducida, pero en un lenguaje extraño, que yo llamaba caribeño. Así que en ‘Triunfo’ había que reescribirla. Solía hacerlo Jesús García de Dueñas, y cuando yo entré de novato en 1965 me la encasquetaron a mí. ¿Cómo nacían tus seudónimos?<br />
</span></i></b>En muchos casos por una primera exigencia editorial de no repetir la firma, que es algo feo. O sea, que te sirven. Pero, luego, en no pocos casos, los seudónimos, además de servirte, también te mandan. Sobre todo los que como Sixto Cámara pronto adquieren una personalidad propia. Lo cual, a su vez, me llevó a la necesidad de crear a Encarna. Digamos la vieja izquierda de don Sixto, como un progresista decimonónico, y la izquierda naciente, menos racional y más vital, más suelta… Eso me vino muy bien. Yo mismo podía ser de una forma y de otra… En fin, como dijo Salvador Pániker del detective Carvalho, que con él me había ahorrado psicoanalizarme.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿Fue así?<br />
</span></i></b>Pues no lo sé. Pero si de niño has tenido que comer lentejas con bicho, supongo que de mayor no necesitarás psicoanalizarte. Además, en lo que dura eso me escribía un Carvalho.</p>
<blockquote>
<p class="estiloborja"><span lang="ES-TRAD">«Llevar encima varias vidas te hace más viejo. Yo tenía treinta años y mi memoria me doblaba la edad. Llevaba dentro de mí la memoria de mis padres»</span></p>
</blockquote>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">¿No escribiste demasiado?<br />
</span></i></b>El amigo Gregorio Morán, que me quería tanto y me veía como a un hermano mayor, escribió en una sabatina póstuma que alguno de mis últimos libros eran demasiado esclavos de las prisas editoriales… Y a ti te dije una vez que también Balzac –con perdón– era esclavo de esos compromisos y producía a golpes de café. No sé… Sí sé que tenía que escribir, y no sólo por el dinero, aunque éste pudo ser una forma de venganza sobre la historia.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">En la medida en que el nomenclátor callejero sea también una especie de desquite histórico, quiero que sepas que en la actual Comunidad de Madrid tienes dos calles, una en el mismo Madrid y otra en Rivas. Y sin dejar el centro peninsular otra en Illescas, Toledo. Además, de nuevo en la capital, hay una bien nutrida biblioteca pública que lleva tu nombre… Por cierto, lo puso un alcalde de derechas, que rebautizó otra como Saramago y antes, en jerarquía presidencial, una como Rafael Alberti. La izquierda suele ser más sectaria.<br />
</span></i></b>A veces no le queda otra cosa.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Bueno, tú de dinero no saliste mal (tu trabajo te costó, claro).<br />
</span></i></b>Sí, con esto del mestizaje me veo como el cruce de un proletario de los años 40 y un pequeño burgués consumista de los 70.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Por algo inventaste aquello de la «holandesa catalana».<br />
</span></i></b>Eso no lo recuerdo…</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Sí, hombre, como en la revista pagaban por folio, tú los escribías con unos márgenes tan anchos que aquello parecía verso en vez de prosa. El gerente –nuestro estupendo Aramburu– llamó la atención y tú respondiste: «Es que así es la holandesa catalana»… Y por eso de nuestro filocatalanismo se acabó la discusión.<br />
</span></i></b>Ahora sí que caigo… Defender el dinero de nuestro trabajo es defender la dignidad de nuestro trabajo y del trabajo de todos. Acuérdate de aquello de Quiñones.</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">El que no recuerda ahora soy yo… ¿Qué Quiñones? ¿Aquel dirigente del partido que tan mal acabó?<br />
</span></i></b>No, él no (aparte de que acabar mal siendo dirigente comunista es como una redundancia histórica), sino nuestro amigo Fernando Quiñones, el escritor gaditano. Fue cuando quedó finalista por segunda vez en el Planeta con <i>La canción del pirata</i>… Después del fallo, aquella noche, os llevé a ti y a él a tomar una copa fuera de los habituales jaleos del Hotel Princesa Sofía… Quiñones estaba tan feliz que yo le dije: «Fernando, como Lara te vea tan contento con quedarte finalista no vas a ganar nunca el premio».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Es verdad, es verdad… Es que Fernando aquel año andaba «tieso», como él decía. Se había pasado un tiempo en los archivos gaditanos para documentarse… Y sí, nunca ganó el Planeta. Una pena, con lo bien que escribía. En su primera novela finalista, ‘Las mil noches de Hortensia Romero’, la prostituta legionaria, Fernando logra la hazaña de que el andaluz prosódico pasado a ortográfico suene bien y no resulte estomagante como sucede siempre… Esa primera vez fue en 1979, cuando ganaste tú el premio con ‘Los mares del Sur’, donde Carvalho investiga el asesinato del millonario Stuart Pedrell. Una novela triste en el fondo.<br />
</span></i></b>Como la vida misma, que dicen los sabios. Aunque nos atraiga tanto. Ahí están los versos de Jaime Gil de Biedma, que alguna vez te recordé: «…Pero también / la vida nos sujeta porque precisamente / no es como la esperábamos».</p>
<p class="EstiloBORJA"><b><i><span lang="ES-TRAD">Y, para terminar, ¿qué cabe esperar de esta vida española tan liada, tan liosa, tan liante?<br />
</span></i></b>Pues que con el tiempo no habrá supremacismos, porque todos seremos mestizos. Y también mestizos de sangre, no sólo culturales. Ni siquiera los alienígenas lo serán, porque ya se habrán mezclado con nosotros.</p>
<p class="EstiloBORJA" style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, invierno 2019</p>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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