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	<title>Revista leer &#187; Stanley Payne</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Javier Rodrigo: “En una guerra civil toda la población es beligerante”</title>
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		<pubDate>Wed, 06 May 2020 13:14:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, Javier Rodrigo (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista. Al [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Catedrático acreditado en la Universitat Autònoma de Barcelona e investigador en ICREA, <a href="https://uab.academia.edu/JavierRodrigo" target="_blank"><strong>Javier Rodrigo</strong></a> (Zaragoza, 1977) se doctoró en el Instituto Europeo de Florencia y se convirtió con el paso de los años y de las publicaciones académicas en <strong>uno de los mayores expertos en la Guerra Civil española y la posterior represión franquista</strong>. Al ya clásico <a href="https://www.planetadelibros.com/libro-cautivos/17531" target="_blank"><em>Cautivos</em></a> (Crítica, 2005), estudio ineludible sobre el funcionamiento del sistema concentracionario del régimen, le siguieron, entre otros, <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/hasta-la-raiz-javier-rodrigo-9788420648934/" target="_blank"><em>Hasta la raíz. Violencia durante la Guerra Civil y la dictadura franquista</em></a> (Alianza, 2008), donde se detiene en aspectos poco conocidos como los paredones de fusilamiento, las fosas comunes, las desapariciones o las cárceles clandestinas, esto es, la vasta geografía del terror impuesta por los vencedores de la contienda. O <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-ensayo/la-guerra-fascista-javier-rodrigo-9788491042884/" target="_blank"><em>La guerra fascista. Italia en la Guerra Civil española, 1936–1939</em></a> (Alianza, 2016), una investigación que indaga en la determinante influencia que tuvo el régimen de <strong>Mussolini</strong> para la victoria de <strong>Franco</strong> y para la configuración del Nuevo Estado («partido único, milicia única, sindicato único»). O, ya en el ámbito de las construcciones narrativas del pasado, <a href="https://www.comares.com/libro/cruzada-paz-memoria_74789/" target="_blank"><em>Cruzada, paz, memoria. La Guerra Civil en sus relatos</em></a> (Comares, 2013). Porque, explica, «<strong>lo que hoy es la Guerra Civil es, fundamentalmente, el resultado de un agregado de significados, una maraña de narraciones y relatos superpuestos</strong>, pero no en estratos perfectos», ya que, «el relato de la guerra» es, entre otras cosas, «un mecanismo de legitimación ideológica».</p>
<p>Pero Javier Rodrigo se ha acercado al fenómeno de la violencia colectiva y la historia de la guerra desde otras perspectivas. Fue editor de la obra <a href="https://puz.unizar.es/1579-politicas-de-la-violencia-europa-siglo-xx.html" target="_blank"><em>Políticas de la violencia. Europa, siglo XX</em></a> (PUZ, 2014), donde definía el «Novecientos europeo» como «el siglo de la democracia y de la ciencia, pero también el de las revoluciones y los fascismos. El siglo de la violencia, del genocidio y del terror». Una definición que ha ampliado a gran parte del mundo y ha completado a través del concepto de guerra civil en <a href="http://www.galaxiagutenberg.com/libros/comunidades-rotas/" target="_blank"><em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles, 1917–2017</em></a> (Galaxia Gutenberg, 2019), escrito junto al profesor de la Universitat de Girona <strong>David Alegre</strong>. «Situar un amplio conjunto de guerras civiles dentro de una narrativa compartida y de largo alcance», escriben en la Introducción de la obra, «permite, por un lado, <strong>la refutación de los discursos esencialistas e interesados de los nacionalismos en cualquier latitud</strong>, según los cuales los conflictos internos se explican sobre todo –si no en exclusiva– por las especificidades intrínsecas de la sociedad afectada. Por otro lado, y muy relacionado con ello, la impugnación de las visiones de los espectadores externos, periodistas, líderes políticos, diplomáticos y opinión pública en general, que suelen observar y explicar los enfrentamientos armados como manifestaciones de la barbarie, la sed de venganza y el atraso de aquellos que los sufren».</p>
<p><strong><em>En el libro, cuando reconocéis la dificultad para dar una definición de guerra civil, debido a que las causas, el despliegue, la intensidad y las consecuencias son en cada caso distintas, recurrís a Heráclito con la esperanza de encontrar un elemento común y originario: «guerra es padre de todos», escribe el de Éfeso. Al fin y al cabo, ¿la era de la guerra civil no es la era de la humanidad?</em><br />
</strong>Posiblemente. A partir de las fuentes disponibles se puede deducir que el fenómeno de la guerra interna, del conflicto armado para la expulsión del enemigo de un territorio cuya soberanía se reclama, ha existido siempre. Bien es cierto que las dimensiones de guerra total que adquieren las guerras civiles durante la segunda mitad del XIX y durante todo el siglo XX suponen un salto cualitativo muy importante. Y eso el primero en teorizarlo en la edad contemporánea es <a href="https://www.loc.gov/law/mlr/Lieber_Collection-pdf/francisbio-more.pdf" target="_blank">Francis Lieber</a>, que después de la Guerra de Secesión americana plantea: lo que hemos vivido en la naciente unión es una forma de guerra diferente a lo que se había vivido, por ejemplo, en la guerra de independencia, un tipo de guerra de expulsión de una parte de la <em>civitas</em> del propio territorio cuya soberanía compartimos. En una guerra total, como son las guerras civiles, una de las dos partes siempre puede ganar a la otra, no se trata de un acto de violencia unilateral contra poblaciones desamparadas, que sería un fenómeno de guerra colonial. La guerra civil supone que hay dos paraestados combatiendo por la propia soberanía, que tienen armas, potencia de fuego y capacidad de movilización, es un tipo de guerra que entronca perfectamente con el concepto de guerra nacional napoleónica, en la que toda la nación está en armas porque toda la nación es objeto y sujeto de la guerra. Victor Serge, en <a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro/alianza-literaria-al/medianoche-en-el-siglo-victor-serge-9788491045335/" target="_blank"><em>Medianoche en el siglo</em></a>, a propósito de la guerra civil rusa, dice que la guerra civil no admite al no beligerante, es decir, toda la población es beligerante porque toda la población forma parte de esta confrontación entre identidades nacionales cuyo objetivo es la expulsión del otro del territorio nacional. Este tipo de guerra ha existido siempre, pero en el siglo XIX, y sobre todo en el XX, tenemos pruebas empíricas de que adquiere rangos de extrema complejidad y sobre todo de totalización.</p>
<p><strong><em>¿A partir sobre todo de la Guerra Civil española?</em><br />
</strong>No, después de la Segunda Guerra Mundial. Después de 1945, el 90 por ciento de las guerras que se producen en el mundo son guerras internas, guerras civiles que a su vez devienen en genocidios, devienen en desplazamientos forzosos, devienen en intercambios de población, devienen en formas de violencia extrema. Desde España tenemos la tendencia a pensar que la era de las guerras civiles es la era que afecta a nuestra propia Guerra Civil, la de los años 30, la guerra de la guerras, revolución y contrarrevolución, fascismo y antifascismo, pero si nos atenemos a los datos empíricos y a los datos cuantitativos realmente la verdadera era de las guerras civiles es después de 1945. Uno de los problemas que hemos tenido en la organización interna de este libro, que es un libro muy complejo, ha sido la disparidad de estudios y de casos. Si nos atenemos a los años 20 y 30, por ejemplo, es muy fácil, porque tanto en Europa como fuera de Europa nos encontramos con un número puntual de guerras, en China, y en Europa, Rusia, Finlandia, Irlanda y España. Durante la Segunda Guerra Mundial el fenómeno de la guerra civil explota, porque a fin de cuentas la guerra civil es la forma que sobre el terreno adquiere la ocupación, pero después de la Segunda Guerra Mundial nos encontramos guerras civiles en todos los continentes salvo en uno: Europa. Y esto es lo que ha mediatizado en buena medida los estudios de la historiografía y la ciencia política, el hecho de que como en Europa deja de haber guerras civiles, se cree que termina la era de la guerra civil, y es al revés, es cuando empieza la era de la guerra civil en el mundo.</p>
<blockquote><p>«La guerra civil no es un acto de violencia unilateral. Dos paraestados combaten por la soberanía con armas, potencia de fuego y capacidad de movilización»</p></blockquote>
<p><strong><em>Una de las afirmaciones más interesantes del libro es que, más que los nacionalismos, ha sido la gestión de las minorías lo que ha llevado a las guerras civiles que ha habido en Europa, como en Yugoslavia.</em><br />
</strong>El hecho de expresarlo así es para mostrar nuestro rechazo a esta idea un tanto común y general que dice que los nacionalismos son la causa de los males del siglo XX. En cierta medida es una simplificación y una recusación global del concepto y las prácticas nacionalistas, que yo creo que esconde más de lo que explica. Yo soy muy crítico tanto con el pasado como con el presente de los movimientos nacionalistas, sobre todo cuando implican la construcción de unidades nacionales puras, homogéneas, sostenidas en el espacio y en el tiempo y que nunca existen, evidentemente, son constructos teóricos, pero eso no evita que devengan en formas de actuación colectiva, lo cual es problemático porque niegan la complejidad de los tejidos sociales. Y no es ninguna casualidad que esto lo diga en Cataluña, en medio de una movilización en clave etnonacional. Lo que intentábamos decir en el libro es que más allá de la cuestión de los nacionalismos, las guerras civiles también responden a otras dinámicas, también hay imperios o entidades plurinacionales que no son exclusivamente homogeneizadoras, pero en las que la gestión del problema de las minorías nacionales acaba en problemáticas armadas. Si atendemos al caso de Yugoslavia vemos que, ya no solamente en los años 90, también en los años 40, durante la Segunda Guerra Mundial, la pésima gestión de la cuestión de la plurinacionalidad en un espacio como los Balcanes puede devenir, y de hecho deviene, en conflictos armados a multibandas. Ahí, de hecho, es el nacionalismo yugoslavo que representaría Tito a partir de 1946 el que acaba solucionando el problema de las crisis y las fracturas etnonacionales. Esa es la paradoja. Y lo que devino en guerra civil fue, sobre todo, la posibilidad real de que cada uno de esos territorios, los <em>četnici</em> de Mihailović, la propia Serbia de Nedić, el Estado Independiente de Croacia de Ante Pavelić y, por supuesto, los partisanos de Tito, todos y cada uno de ellos, con su propia identidad nacional, pero también con sus propios mecanismos de movilización y de recursos armados, reivindicaran la soberanía territorial sobre la entera Yugoslavia.</p>
<p><strong><em>Siguiendo a Hobsbawm, que dice que los nuevos nacionalismos como el catalán, el escocés o el de la Padania italiana no piden lo que los viejos nacionalismos, ni quieren emitir moneda, ni quieren ejército propio ni fronteras, lo que están pidiendo es ser entidades autónomas. ¿Crees que se puede estar gestando en la Europa actual una nueva ola de guerras civiles?</em><br />
</strong>Los nuevos nacionalismos curiosamente reivindican a los viejos nacionalismos, es decir, las nuevas formas de movilización etnonacional no dejan de apelar a la tradición histórica, a los derechos históricos… En Cataluña se habla de 300 años de represión, ocupación y violencia. Y la apelación es abiertamente nacional populista. Cuando aquí se firma una declaración de independencia lo hacen apelando al pueblo de Cataluña, y toda la actual oleada de movilizaciones, llamémosla soberanista, que se inicia hacia 2011–2012, apela al pueblo, a la unidad popular, a <em>un</em> <em>sol poble</em>, como dicen, un lema evidentemente falso, una mentira, es solo una forma de movilizar a la población en un momento en el que se sabe que habiéndose desactivado las grandes utopías movilizadoras del siglo XX, solo quedan o las reivindicaciones laborales, que cada vez movilizan a menos gente, o reivindicaciones de carácter etnoidentitario y sentimental, qué sí que movilizan muy fuertemente. Dicho esto, me cuesta ver posibilidades de una confrontación real que devengan en un conflicto armado. Existen ahora conflictos armados en el contexto europeo, en el Donbáss, en Ucrania, que, a efectos de la teoría general de la guerra civil, nos enseñan, como también la guerra en Siria, cómo en última instancia las guerras civiles se han acabado convirtiendo en el resultado de la intervención de las potencias internacionales sobre un territorio. Una de las características de las guerras civiles en la segunda posguerra mundial es que se convierten en <em>proxy wars</em>, en guerras de intervención subsidiaria e intervención indirecta por parte de grandes potencias, que se valen de los agentes sobre el terreno para influir, controlar recursos naturales, energéticos, poblacionales, control de fronteras, controles migratorios… Eso es lo que yo dudo que se pueda dar en Europa. También es verdad que en Ucrania se empezó con el Maidán y aquí se está hablando también de una movilización permanente, al estilo Maidán, para Cataluña. Pero los contextos y el acceso al armamento no son equiparables.</p>
<figure id="attachment_8944" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg"><img class="size-full wp-image-8944" src="/wp-content/uploads/2020/05/DSC_1118_ed-e1588770272364.jpg" alt="Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019." width="800" height="1200" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Javier Rodrigo retratado en la Rambla del Poblenou de Barcelona para LEER el 16 de octubre de 2019. / C. T.</figcaption></figure>
<p><strong><em>¿Hay posibilidades reales de una movilización permanente?</em><br />
</strong>Como ocurre en el País Vasco, mi opinión es que la dimensión simbólico identitaria no se va a resolver nunca, la reivindicación del espacio público, los lazos amarillos en Cataluña o las pancartas de los presos en el País Vasco en las plazas, la cartelería, el enfrentamiento intelectual, por así decirlo, la utilización de la lengua, fundamental, el uso de la cultura, de una determinada estética, el hecho de no querer seguir siendo españoles, querer un carnet de identidad diferente, una nacionalidad política diferente, representación diplomática propia, selecciones deportivas, todo eso, que yo considero que es perfectamente legítimo, no se va a resolver. Pero uno de los resultados del mal llamado <em>procés</em> es que se han reducido mucho los márgenes para un catalanismo no independentista, autonomista histórico, porque han conseguido vender muy bien, al menos dentro de Cataluña, la idea de la utopía exitosa, con mucho de <em>wishful thinking</em>, evidentemente, pero lo que no ha habido es una reflexión profunda sobre lo que realmente pasaría en caso de independencia. Está muy bien hablar de la utopía y del proyecto nacional, pero nadie ha hablado de qué pasaría con las minorías, qué pasaría con el armamento, con el Ejército, qué pasaría con los títulos universitarios, con el espacio europeo de educación superior, con las pensiones o con la sanidad pública. De todo eso nadie habla. Entre 2015 y 2017 esto fue una oleada de sonrisas, y yo lo entiendo perfectamente, yo soy muy comprensivo, a pesar de no compartirlo. Y entiendo también que la clase media con hipotecas e hijos mire esto con un poco de reticencia, pero los que tienen poco que perder, la tercera edad y los jóvenes, que son los que más se movilizan, lo viven como una utopía revolucionaria. Mis alumnos consideran que la independencia de Cataluña es una forma de revolución, y es normal, pero eso no puede sustituir a un debate crítico y real.</p>
<blockquote><p>«Está muy bien hablar de la utopía y el proyecto nacional, pero lo que no ha habido en Cataluña es una reflexión profunda sobre lo que pasaría en caso de independencia»</p></blockquote>
<p><strong><em>El fenómeno terrorista que se vivió en Europa en los años 70 y 80, ¿puede ser considerado una guerra civil, tal y como lo definían grupos armados como ETA o la Brigadas Rojas?</em><br />
</strong>No, esa era una retórica autolegitimadora. En este libro identificamos tres elementos que como mínimo tienen que formar parte de aquello que entendemos por guerra civil: territorialidad, soberanía y potencia de fuego. Yo tengo mis dudas de que hubiera una reivindicación territorial y de soberanía en la Brigadas Rojas, que tenían como objetivo una incidencia en la arquitectura política de la Italia de la segunda posguerra mundial, y tengo mis dudas de que ETA, en sí misma, se pueda reivindicar un ejército con potencia de fuego real y con capacidad real de movilización territorial para reclamar una soberanía. A pesar de que la retórica hable de la unión de los diferentes territorios vascos y de la independencia, la realidad es un poco más compleja que esos constructos propagandísticos. En este libro se habla del atentado contra la casa cuartel de Zaragoza, que a mí me marcó mucho. Este es un atentado que supuestamente estaría en un marco de guerra civil en Euskadi, pero, en primer lugar, es en Zaragoza, un lugar ajeno al ámbito territorial; se lleva a cabo contra población civil, es decir, contra población no combatiente, y no con intencionalidad militar, sino para aterrorizar a la población; por último, ni tan siquiera lo ejecuta un integrante de la comunidad nacional, porque lo hace el comando de liberados de Henri Parot. ¿En qué medida este acto de terrorismo, unilateral, contra población civil, fuera del marco territorial reivindicado se puede considerar realmente un acto o una batalla o un hecho de guerra civil? Sinceramente tengo mis dudas. La ciencia política establece una diferencia clara entre guerra civil y terrorismo. Para que haya una guerra tiene que haber movilización, territorialidad y potencia de fuego. Y esto es lo que no hay en la mayoría de los casos de violencia periférica o violencia que puede estar más o menos imbricada dentro de la cultura y de las comunidades locales, pero que no alcanza el estatus bélico.</p>
<p><strong><em>¿Que Otegi se pueda presentar a las elecciones es una victoria del Estado de derecho o una derrota?</em><br />
</strong>Que Otegi se presente a las elecciones es el resultado de un proceso jurídico en el cual, por la aplicación de una legislación por parte de un Estado con perfectas garantías democráticas como es España, esta persona tiene la legitimidad para hacerlo, con lo cual creo que es una victoria del Estado de derecho. Pero seguramente una derrota de un relato según el cual el terrorismo era inaceptable en todos los sentidos y en todos los términos. Me explico. El hecho de que la mayoría de los presos y ex presos de ETA no haya reconocido el dolor causado ni hayan pedido perdón; el hecho de que las víctimas del terrorismo de ETA no formen parte del núcleo central identitario de la cultura y de la memoria en España y que hayan sido apropiadas por unos determinados sectores de la opinión pública y de la vida de los partidos políticos; el hecho de que hablemos tanto de las fosas comunes de la Guerra Civil y del Valle de los Caídos y tan poco de las niñas muertas en Zaragoza o en Vic; el hecho de que los actos en Barcelona para reivindicar a las víctimas de Hipercor sean actos minoritarios, creo que todo esto es un fracaso de los diferentes relatos superpuestos que configuran la opinión pública en España. Creo que es un fracaso narrativo y es un fracaso de la idea de que la violencia nunca es reivindicable. Piensa otra cosa. Carles Puigdemont, en Waterloo, se hizo <a href="https://www.20minutos.es/noticia/3751432/0/puigdemont-waterloo-terra-lliure-terrorista-fundador-bentanachs/" target="_blank">una foto con Fredi Bentanachs</a>, uno de los miembros fundadores de Terra Lliure. La persona que está detrás de las huelgas <em>patrióticas</em> de Cataluña, es decir, de la Intersindical CSC, es Carles Sastre, que sale a la calle gracias a la Ley de Amnistía de 1977 y estaba detenido por su participación en Epoca (el Exèrcit Popular Català) y por ponerle una bomba a José María Bultó y reventarle el pecho delante de su familia por una amenaza económica. A este hombre, cuando lo presentan en TV3 como el líder que organizó la <em>huelga patriótica</em> del 3 de octubre de 2017 o la última de febrero de este año, lo definen como independentista de viejo cuño, de larga estirpe. Pero es un terrorista que ha concebido la violencia y el asesinato como vía legítima para alcanzar las reivindicaciones nacionales. Lo ha concebido y además lo ha ejecutado. Eso, o que en mi universidad haya pintadas de Terra Lliure todos los días y que mis alumnos lleven camisetas de Terra Lliure, haciendo apología del terrorismo, es el fracaso del relato, consecuencia de que no ha habido una verdadera incidencia en la educación pública y en los medios de comunicación sobre qué es lo que representa el terrorismo en la Historia de España del siglo XX.</p>
<p><strong><em>¿Qué opinión te merece que la memoria histórica se imponga como ley? ¿Era necesaria? ¿Ha sido positiva?</em><br />
</strong>Esta ley responde a un contexto muy determinado, desde que en el año 2000 se inician las primeras exhumaciones en <a href="https://www.cipdh.gob.ar/memorias-situadas/lugar-de-memoria/fosa-de-priaranza-del-bierzo/" target="_blank">Priaranza del Bierzo</a>. Yo lo conozco bien, porque participé en algunos de los debates previos en el Senado y en el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, entonces dirigido por José Álvarez Junco, donde se discutieron algunos de los elementos que acabaron formando parte de la ley, que estuvo básicamente en manos de la vicepresidenta María Teresa Fernández de la Vega y de la comisión interministerial. El resultado final es una ley de mínimos que pretende establecer un marco. No dice nada respecto al Valle de los Caídos, más allá de que no puede haber allí ningún tipo de acto político. No dice nada de los osarios, cuando aquello no deja de ser la gran fosa común del franquismo. Las familias andan buscando a sus muertos y no los encuentran, y resulta que ha habido decenas de miles de traslados desde 1959 hasta los 70, y todavía en 1981, después del intento de golpe de Estado, hay más de trescientas familias que deciden llevar a sus familiares al Valle de los Caídos, al lado de la tumba del Generalísimo. La Ley de Memoria Histórica deja demasiados flancos abiertos y es vista de manera muy insatisfactoria por parte del movimiento asociativo. La condición de víctima del franquismo tiene una validez simbólica importante pero ninguna validez jurídica. Tampoco afronta con suficiente decisión el tema de las causas sumarísimas del franquismo, a pesar de que se podría haberlo resuelto de manera genérica, derogando todas, porque haberlo hecho una por una habría colapsado el sistema judicial, ya de por sí bastante colapsado en España. Yo creo que es una ley imprecisa, que no termina de asumir la responsabilidad del Estado en la identificación y exhumación de fosas y de resignificación identitario-simbólica, y que deja muchos temas abiertos, porque en ningún momento se habla de la investigación, y la investigación, histórica, sociológica, antropológica, es un elemento capital sin el cual no se entiende nada.</p>
<blockquote><p>«Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado»</p></blockquote>
<p><strong><em>¿Y para la historiografía ha sido positiva? ¿La ley ha podido ideologizar a algunos investigadores?</em><br />
</strong>No, esos ya estaban ideologizados previamente. Evidentemente la historiografía y el movimiento memorialista tienen agendas diferentes, intencionalidades diferentes, reivindicaciones diferentes, que a veces se tocan y a veces se confrontan. Un libro de historia no está para recuperar la memoria de las víctimas, un libro de historia busca la complejidad y el análisis de la acción humana en el pasado, busca los porqués, y el movimiento memorialista busca más bien una reivindicación, tiene una proyección de valores morales, muy presentistas, además. Lo que pasa es que la historiografía a veces también es presentista y también proyecta valores morales, con lo cual tampoco se puede hacer sin más una distinción neta del ámbito de la memoria y el ámbito de la historiografía. Para la historiografía y la investigación histórica, desde mi punto de vista, el movimiento memorialista ha sido positivo. Cuando nació todo esto, en los primeros 2000, yo estaba empezando mi investigación sobre los campos de concentración y me favoreció muchísimo, aunque desde dentro del movimiento ya se podían ver apropiaciones y usos espurios del relato memorialista diseñados para las dinámicas políticas del presente. Ahí por ejemplo apareció, sin ir más lejos, Juan Carlos Monedero, y surgió toda la utilización del discurso de la memoria histórica como elemento generacional y de recusación a la globalidad de la Transición que luego reivindicará Podemos. Eso nace en 2002, en la primera reunión de la <a href="https://memoriahistorica.org.es/" target="_blank">Asociación para la recuperación de la Memoria Histórica</a> en Ponferrada, porque yo estaba en ella, y también estaba Monedero, y el presidente de la ARMH, Emilio Silva, que no es un agente ajeno o externo al ámbito de lo político y al ámbito de las reivindicaciones presentistas. Claro que el movimiento memorialista, más allá o no de la influencia sobre la historiografía, se acaba convirtiendo en un sujeto político de primer orden. A mitad de su primera legislatura Zapatero lo mete en la agenda política, y lo hace entre otras cosas porque Silva y los fundadores del movimiento lo quisieron. Ya antes, cuando surge en la segunda legislatura de Aznar, acaba convirtiéndose en uno de los elementos del discurso propio de la izquierda. Ahí ha habido dinámicas internas a las que el movimiento memorialista debería responder. Después, la crisis económica de 2008 impactó de tal modo que se dejó de hablar de problemas identitarios y simbólicos para hablar del paro. Cuando el PP ganó las elecciones de 2011 no derogó la Ley de Memoria Histórica, pero la congeló de facto mediante la concesión presupuestaria. Y el movimiento memorialista entró en crisis hasta el punto de que algunas asociaciones acabaron disolviéndose ante la imposibilidad de continuar adelante con un programa y un proyecto común que supuestamente consistía en la identificación y exhumación de víctimas y la reivindicación del espacio público, de la educación y de los elementos simbólicos.</p>
<p><strong><em>¿Qué diferencia el trabajo de los nuevos historiadores como tú de lo que se había estado haciendo hasta ahora?</em><br />
</strong>Creo que la historiografía que se hace ahora es mejor que la que se hacía hace 25 años. Lo cual no quiere decir que los historiadores de antes hiciesen peor historiografía. Los historiadores de hace 25 años también hacen hoy mejor historia. Evidentemente el ámbito de la investigación es muy complejo, pero sí que es cierto que en muchos casos respondía a dinámicas predeterminadas también por una serie de sesgos políticos. El final de las utopías políticas del siglo XX y la caída del Muro, y esto lo cuenta muy bien Hobsbawm, incide en toda la historiografía mundial, y España no es ajena a ello. Tras el colapso de los grandes paradigmas, el uso de conceptos como clase o superestructura ha desaparecido del ámbito de la investigación histórica. Ese colapso devino en una cierta estupefacción generalizada: no sabemos dónde estamos, no sabemos hacia dónde vamos. Y el resultado ha sido o el atrincheramiento o la apertura a nuevos horizontes o a nuevos frentes. La historiografía hoy es mejor porque es más transnacional, porque es más comparativa, porque participa de dinámicas internacionales. Incluso el concepto de hispanismo ha dejado de ser operativo porque hay más españoles trabajando en universidades del Reino Unido, Francia, Italia o EEUU que hispanistas en sentido estricto, aquellos Brenan, Preston, Payne o Benassar que desde sus territorios investigaban sobre España. Ya no es necesario ese hispanismo como muleta para entrar en el discurso internacional. Ahora mismo la historiografía española es internacional, es plurilingüe y está cada vez más preocupada por las categorías y no solamente por la reconstrucción empírica y el marco de lo estrictamente identificable con la investigación de archivo y la fuente primaria. Yo creo que desde ese punto de vista la investigación y la historiografía española, también en el sector <em>senior</em>, evidentemente ha mejorado, porque los <em>seniors</em> también han atendido a estas dinámicas. Ahora mismo la investigación histórica española está en un estadio en el cual solo nos falta tener las garantías laborales que puedan tener en otros países. Hay muy buena investigación, pero muy poca posibilidad de estabilización laboral.</p>
<p style="text-align: right;"><em>Revista LEER, <a href="/2020/01/leer295-ensenar-a-escribir/" target="_blank">número 295</a></em></p>
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		<title>Leyenda negra: la peor reputación</title>
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		<pubDate>Fri, 19 Jan 2018 11:02:41 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Maria Elvira Roca Barea]]></category>
		<category><![CDATA[Quevedo]]></category>
		<category><![CDATA[Ricardo García Cárcel]]></category>
		<category><![CDATA[Stanley Payne]]></category>
		<category><![CDATA[Theodor de Bry]]></category>

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		<description><![CDATA[“¡Oh, desdichada España! ¡Revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y anales, y no he hallado por qué causa seas digna de tan porfiada persecución! Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos, me parece que ellos, porque los criaste, y los extraños, porque ven que los consientes, tienen razón de decir [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h5 style="text-align: right;"><i><span style="font-weight: 400;">“¡Oh, desdichada España! ¡Revuelto he mil veces en la memoria tus antigüedades y anales, y no he hallado por qué causa seas digna de tan porfiada persecución! Sólo cuando veo que eres madre de tales hijos, me parece que ellos, porque los criaste, y los extraños, porque ven que los consientes, tienen razón de decir mal de ti…”</span></i></h5>
<h6 style="text-align: right;"><span style="font-weight: 400;">Francisco de Quevedo, ‘España defendida’ (1609)</span></h6>
<p style="text-align: left;">El pasado 1 de octubre tuvo lugar en Cataluña el más extraordinario golpe propagandístico perpetrado recientemente contra una nación europea. Los ideólogos del proceso separatista catalán <strong>consiguieron llevar a su adversario, el Gobierno español, a un callejón sin salida</strong>. La celebración del simulacro de referéndum acabó como pretendían sus organizadores: propiciando una estampa de represión diseñada para conmocionar espectadores, <strong>una espesa cortina de humo que ocultaba los hechos políticos ciertos</strong> que unas semanas después serían objeto de actuación judicial.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">La idea de un Estado que reprime con violencia a ciudadanos empeñados en ejercer su legítimo derecho a votar quedó fijada contra todo razonamiento. Los diseñadores del operativo consiguieron </span><i><span style="font-weight: 400;">internacionalizar el conflicto</span></i><span style="font-weight: 400;"> en las coordenadas deseadas, y de paso que muchos ciudadanos del resto de España asumieran la vergüenza por la supuesta represión gubernamental.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Pero <a href="http://www.elmundo.es/opinion/2017/10/08/59d91736e5fdeab1598b4576.html" target="_blank">la dichosa internacionalización</a> no operó de la manera unívoca que esperaban los ideólogos de la secesión. Muchos medios y analistas, algunos de los cuales habían llegado a comprar la mercancía de los hiperactivos y voluntariosos portavoces del </span><i><span style="font-weight: 400;">procés</span></i><span style="font-weight: 400;">, se tomaron la molestia de someter los hechos a un escrutinio minucioso y, <strong>vírgenes de contaminación de la </strong></span><strong><i>neolengua</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong> nacionalista, empezaron a desacreditar sus argumentos</strong>. Las sobreactuaciones bordeando la comicidad de algunos protagonistas y <a href="https://www.elindependiente.com/politica/2017/10/20/princesa-asturias-mensaje-tajani-independentismo/" target="_blank">el férreo respaldo de la Unión Europea</a> a España terminaron de devaluar el movimiento. La propuesta desde Bruselas del huído </span><i><span style="font-weight: 400;">expresident</span></i><span style="font-weight: 400;"> de la Generalitat de <a href="http://www.lavanguardia.com/politica/20171126/433202110437/carles-puigdemont-catalunya-ue-mariano-rajoy.html" target="_blank">votar la salida de Cataluña de la UE</a>, poniendo del lado euroescéptico un partido que lleva la palabra “Europeo” en su marca, fue el penúltimo episodio del esperpento.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Ese <strong>punto de vista extranjero y lúcido</strong> ha motivado que muchos españoles hasta entonces inhibidos, acomplejados o comprensivos incluso con las ideas nacionalistas se hayan animado a abandonar la muy mentada en los últimos meses </span><i><span style="font-weight: 400;">equidistancia</span></i><span style="font-weight: 400;">. Artículos de minucioso esclarecimiento, como el del combativo escritor francés <strong>Robert Redeker</strong> en </span><i><span style="font-weight: 400;">Le Figaro</span></i><span style="font-weight: 400;"> explicando a los lectores franceses por qué “<a href="http://www.lefigaro.fr/vox/monde/2017/10/02/31002-20171002ARTFIG00238-robert-redeker-la-defaite-mediatique-de-rajoy-est-aussi-une-defaite-de-la-raison.php" target="_blank">la derrota mediática de Rajoy lo era también de la razón</a>”, circularon por España como literatura científica que revelara una verdad hasta entonces oculta.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">En ese mismo artículo, Redeker señalaba <strong>la identificación de la España de hoy con el franquismo subyacente en el discurso independentista</strong>. La dictadura, última encarnación de la mala fama española, se había activado en la memoria colectiva europea para interpretar los procelosos sucesos catalanes.</span></p>
<h5 style="text-align: left;"><b>Obsesión secular</b></h5>
<figure id="attachment_7844" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="size-full wp-image-7844" src="/wp-content/uploads/2018/01/9788416854233-e1516358031697.jpg" alt="Cuando parecía un asunto historiográfico superado, la Leyenda Negra vuelve en forma de novedades como el exitoso libro de María Elvira Roca Barea, 'Imperiofobia'." width="345" height="523" /><figcaption class="wp-caption-text">Cuando parecía un asunto historiográfico superado, la Leyenda Negra vuelve en forma de novedades como el exitoso libro de María Elvira Roca Barea, “Imperiofobia”.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Un puñado de <strong>españoles difundiendo un discurso interesadamente denigratorio contra la nación</strong>; medios y agentes foráneos dando difusión a dicho discurso y haciendo una lectura capciosa de los acontecimientos; en nuestro país, <strong>exagerada dependencia de la opinión extranjera</strong>, y rabia, vergüenza y frustración por las interpretaciones sesgadas o interesadas de los hechos en un momento de aguda crisis interna. Encontramos de repente, condensados en un mismo retablo, la mayoría de <strong>indicios tradicionalmente vinculados a un fenómeno, a una obsesión secular española como es la llamada Leyenda Negra</strong>, y coincidiendo además con un <strong>rebrote del tema en forma de novedades bibliográficas</strong>, un siglo después de que <strong>Julián Juderías</strong> formalizara el concepto en la obra titulada, precisamente, </span><i><span style="font-weight: 400;">La Leyenda Negra y la verdad histórica</span></i><span style="font-weight: 400;">: desde el exitoso libro de <strong>Elvira Roca Barea</strong>, </span><a href="http://www.siruela.com/novedades.php?&amp;opcion=autor&amp;id_libro=3202&amp;completa=N" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Imperiofobia y Leyenda Negra</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (Siruela, 2016), que quizá ha dado el pistoletazo de salida a este renovado interés por el tema, a </span><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-en-defensa-de-espana-desmontando-mitos-y-leyendas-negras/254208" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">En defensa de España. Desmontando mitos y leyendas negras</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> de <strong>Stanley Payne</strong>, último Premio Espasa.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Lo ve claro <strong>Ricardo García Cárcel</strong>, uno de los historiadores que más y mejor han escrito sobre la cuestión y sus repercusiones, y que en su último libro, </span><a href="https://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=170081" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">El demonio del Sur</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (Cátedra), <strong>aborda la Leyenda Negra en torno a uno de sus objetivos iniciales, Felipe II</strong>. “Curiosamente, ahora, cuando hace un siglo de la publicación de la obra de Juderías, <strong>parece lanzarse una ofensiva de rearme del concepto</strong> de Leyenda Negra, dentro de un escenario político de renovadas inquietudes ante el problema de España causadas, entre otros motivos, por los espasmos nacionalistas periféricos”, señala en el prólogo. En una entrevista reciente, Elvira Roca Barea interpretaba el asunto catalán como actualización de la Leyenda Negra: “Ese relato vicioso de la Historia de España ha sido <strong>una de las fuentes de alimentación de este tipo de nacionalismo periférico que si es algo, es antiespañol</strong>. Porque España es el compendio de todos los horrores, y ellos las víctimas que se quieren liberar”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">¿Pero qué es realmente la Leyenda Negra? ¿Por qué España puede presumir, como señaló <strong>Julián Marías</strong>, de <strong>algo tan “sumamente original” que se entiende universalmente como un fenómeno español</strong>? Lean si no nos creen la definición que de la expresión </span><i><span style="font-weight: 400;">Black Legend</span></i><span style="font-weight: 400;"> da la Enciclopedia Británica: “Término que expresa una imagen desfavorable de España y los españoles, acusándolos de crueldad e intolerancia, predominante en el pasado en la obra de numerosos historiadores extranjeros, particularmente protestantes. Inicialmente asociado con la España del siglo XVI y las políticas antiprotestantes de Felipe II, el término fue popularizado por el historiador español Julián Juderías en su libro homónimo”.</span></p>
<p style="text-align: left;">La definición de Juderías, que recogió un término que ya circulaba previamente, <strong>documentado por primera vez de boca de Emilia Pardo Bazán</strong>, es algo más prolija. “Por Leyenda Negra entendemos el ambiente creado por los fantásticos relatos que acerca de nuestra patria han visto la luz pública en casi todos los países; las descripciones grotescas que se han hecho siempre del carácter de los españoles como individuos y como colectividad; la negación, o por lo menos la ignorancia sistemática de cuanto nos es favorable y honroso en las diversas manifestaciones de la cultura y del arte; las acusaciones que en todo tiempo se han lanzado contra España, fundándose para ello en hechos exagerados, mal interpretados o falsos en su totalidad, y, finalmente, la afirmación contenida en libros al parecer respetables y verídicos y muchas veces reproducida, comentada y ampliada en la prensa extranjera, de que nuestra patria constituye, desde el punto de vista de la tolerancia, de la cultura y del progreso político, una excepción lamentable dentro del grupo de naciones europeas”. <strong>Una inclinación alevosa y recalcitrante, que imagina una España eternamente “inquisitorial, ignorante, fanática”</strong>, inculta, “dispuesta siempre a las represiones violentas, enemiga del progreso y de las innovaciones”, desde tiempos de la Reforma y que “no ha dejado de utilizarse en contra nuestra desde entonces, y más especialmente en momentos críticos de nuestra vida nacional”.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><strong>¿Por qué esa persistencia?</strong> ¿Qué extraña cualidad tenían las semillas que plantaron <strong>Antonio Pérez</strong> y <strong>fray Bartolomé de las Casas</strong> para que su frutos se hayan sobrepuesto de tal manera al paso del tiempo y hayan distraído la atención de los desmanes de otros imperialismos, y aún peor, de los más crueles colonialismos europeos?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">No es sencillo dar una respuesta factual, ni siquiera para quienes se han metido de lleno en la materia, aunque quizá pueda hallarse un principio de la misma en la propia definición de Juderías –cuando habla de “excepción” y su uso en “momentos críticos” de nuestra historia–, y llegaremos a ello al final de este artículo. Lo cierto es que muchos han sido los autores empeñados primero en refutar los mitos consagrados por la Leyenda Negra, y una vez cumplida esa labor en explicar las causas de su formación y vigencia. <strong>Cuando parecía un asunto superado, curiosamente, hoy las novedades vuelven al primer movimiento refutatorio</strong>, o en el caso más interesante de Roca Barea a cruzar el caso español con otros fenómenos de </span><i><span style="font-weight: 400;">imperiofobia</span></i><span style="font-weight: 400;">, combatiendo de paso, aunque sólo a medias, el malicioso virus de la </span><i><span style="font-weight: 400;">excepcionalidad</span></i><span style="font-weight: 400;"> española.</span></p>
<h5 style="text-align: left;"><b>Coleccionando enemigos</b></h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Uno de los autores que analizaron con más tino y minuciosidad este sombrío acervo en torno a nuestro país fue Julián Marías. En </span><a href="https://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=3838154&amp;id_col=100508" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">España inteligible</span></i></a><span style="font-weight: 400;"> (1985) estableció <strong>tres condiciones necesarias y coincidentes para que una construcción dialéctica de la envergadura de la Leyenda Negra se materializase</strong>: que el país objeto de calumnia sea “importante”, imprescindible en el concurso internacional; “que exista una secreta admiración, envidiosa y no confesada, por ese país”; y “una organización”, una concertación de voluntades denigratorias simultáneas o sucesivas. Marías ve en <strong>la insolencia de la España imperial y expansiva recién unificada</strong>, que parece necesitar empresas desmesuradas en las que proyectar las energías sobrantes de la Reconquista, motivo original de la importancia y del recelo. <strong>La propia vocación hegemónica de la monarquía hispánica fomentará la concertación derogatoria</strong> desde Italia, foco original donde ya la presencia aragonesa levantó ampollas y se fraguará la fama de arrogantes, déspotas y groseros de unos españoles sospechosos además de estar contaminados de sangre judía –un <em>detalle</em> muy mal visto en la tierra que inventó el gueto– a la Europa septentrional y en trance de Reforma, donde la España católica coleccionará antagonistas.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">A apoyar esa convergencia de intereses creados llegó un libro que ha sido históricamente considerado clave en la construcción de la Leyenda Negra. Tras su publicación en Sevilla en 1552 y circular libremente por España, la </span><i><span style="font-weight: 400;">Brevísima relación de la destrucción de las Indias</span></i><span style="font-weight: 400;"> de fray Bartolomé de las Casas fue rápidamente traducido al holandés, el francés, el inglés, el italiano, el alemán e incluso el latín, iluminado con los fantasiosos grabados del también editor <strong>Theodor de Bry</strong> –impresor asimismo de la no menos derogatoria </span><i><span style="font-weight: 400;">Historia del Nuevo Mundo</span></i><span style="font-weight: 400;"> del comerciante milanés <strong>Girolamo Benzoni</strong>, o Jerónimo Benzón para sus </span><i><span style="font-weight: 400;">amigos</span></i><span style="font-weight: 400;"> españoles–. <strong>Todavía hoy el relato tremendista de Las Casas, encomendero antes que fraile, sostiene en América su condición de héroe</strong> y precursor de los derechos nativos, aunque su vida y su obra haya sido sometida a concienzuda crítica académica en España y Estados Unidos. Pero su desfigurado retrato de la realidad hispanoamericana, lleno de exageraciones ideadas para conmocionar la sensibilidad de la monarquía católica, dio una preciada y definitiva munición a los adversarios de la corona. Quizá por sus cualidades fabulosas, el relato lascasiano se consolidó en el imaginario colectivo y ha resistido de siglo en siglo.</span></p>
<p style="text-align: left;">La leyenda ya estaba en marcha y, “por su propia inercia, estaba destinada a crecer y prosperar”, apunta Marías. En adelante, cada agraviado por los intereses españoles, en casi cualquier contexto, tenía “ya prefabricado el vehículo para dar cauce y cumplimiento a su hostilidad o rencor”. Un mecanismo que hemos identificado más arriba en las graves y recientes jornadas catalanas.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><strong>Se asoma aquí la peculiaridad negrolegendaria: esa obstinada vigencia que sobrevive al propio imperio español</strong> hasta nuestros días, sin que las crueldades coloniales del resto de potencias europeas ni sus fenómenos de intolerancia religiosa hayan generado relatos equivalentes. <strong>Y que sólo se explica por la interiorización de la misma por parte de los españoles</strong> que ya advierte Marías, abonando el discurso de la decadencia, el fracaso y la excepcionalidad que ha marcado nuestro pensamiento. La Leyenda Negra <strong>introduce la “vacilación” en nuestra vida política e intelectual</strong> y mata la frescura y la “espontaneidad”. Un aspecto en cuyas investigaciones ha hecho hincapié García Cárcel.</span></p>
<h5 style="text-align: left;"><b>Contagiados e indignados</b></h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Marías fija tres actitudes verificables ante la Leyenda Negra, y que de algún modo determinan la forma de ser español. Están en primer lugar los </span><i><span style="font-weight: 400;">contagiados</span></i><span style="font-weight: 400;"> por ella, “<strong>los que han creído en su verdad</strong> o, por lo menos han quedado afectados por graves dudas, persuadidos, tal vez a medias, de su justificación”, y que por ello viven “en estado de depresión histórica”, denigrando el país y su realidad. Están en segundo lugar los </span><i><span style="font-weight: 400;">indignados</span></i><span style="font-weight: 400;">, de signo bien distinto a los de las plazas del 15-M; aquellos que se revuelven, que rechazan la crítica “de manera absoluta y sin matices”, “<strong>defensores a ultranza de lo bueno y de lo malo</strong>” de España hasta terminar siendo “despreciadores de lo ajeno”, que sobreactúan y exageran la simbología y los atributos de la nación hasta hacerlos ridículos. <strong>Y entre ambas actitudes estarían los pocos españoles </strong></span><strong><i>libres</i> frente al tópico, “abiertos a la verdad”. </strong></p>
<p style="text-align: left;">¿<strong>Prefigura la Leyenda Negra las dos Españas eternamente contendientes</strong>, así como esa tercera minoritaria incapaz de imponerse para deshacer el antagonismo? “Nada ha sido más perturbador para la historia española de los últimos cuatro siglos”; sostiene Marías, antes de lamentar que cuando en el primer tercio del XX España parecía en vías de superar esta dialéctica enfermiza, la Guerra Civil la volvió a consagrar con nuevos argumentos.</p>
<figure id="attachment_7846" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2018/01/71EZfLntr7L-e1516358272139.jpg"><img class="size-full wp-image-7846" src="/wp-content/uploads/2018/01/71EZfLntr7L-e1516358272139.jpg" alt="Ricardo García Cárcel es uno de los historiadores que más y mejor han escrito sobre la Leyenda Negra y sus repercusiones. Un tema sobre el que vuelve en su último libro, 'El demonio del Sur', en torno a Felipe II." width="345" height="498" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Ricardo García Cárcel es uno de los historiadores que más y mejor han escrito sobre la Leyenda Negra y sus repercusiones. Un tema sobre el que vuelve en su último libro, “El demonio del Sur”, en torno a Felipe II.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">“La Leyenda Negra no puede entenderse, desde luego, sin la capacidad propagandística de la opinión protestante, pero tampoco sin la erosión del sistema desde dentro de determinadas élites intelectuales que nunca se identificaron plenamente con el nacionalcatolicismo identitario”, explica García Cárcel en </span><i><span style="font-weight: 400;">El demonio del Sur</span></i><span style="font-weight: 400;">, antes de rastrear las implicaciones internas de la Leyenda Negra en los debates nacionales. Alimentando primero el discurso de la decadencia de los arbitristas y después de <strong>los liberales, que importarán los argumentos del fanatismo y la intolerancia religiosa como causas del </strong></span><strong><i>retraso</i></strong><span style="font-weight: 400;"><strong> español.</strong> Eso cristalizará en la visión de nuestra historia como una sucesión de fracasos, particularmente, en el XIX, de la burguesía como clase y del estado en el proceso de nacionalización del país. Análisis que tiene también su componente mítico: son procesos débiles si se comparan con otros países, pero no necesariamente fallidos. <strong>Esta dialéctica derivará en el debate finisecular hacia la disyuntiva entre casticismo y europeísmo</strong>, condicionará el discurso regeneracionista y a partir del 98 la expresión literaria del Desastre.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Y andando el tiempo llegamos al punto en el que hoy nos encontramos, todavía bajo los efectos de la traumática cesura franquista. <strong>La dictadura autoritaria y nacionalcatólica aparece como la última gran encarnación de la Leyenda Negra</strong>. Si históricamente “el miedo a la etiqueta de ser de derechas” ha hecho “estragos en la conciencia nacional”, constata García Cárcel, no menos dañina ha sido la “identificación del nacionalismo español con el franquismo”. Lo expresaba hace unas semanas <strong>Gabriel Albiac</strong> <a href="http://www.elmundo.es/opinion/2017/10/21/59ea5271e2704e23078b4666.html" target="_blank">entrevistado por <strong>Fernando Palmero</strong> en el diario </a></span><a href="http://www.elmundo.es/opinion/2017/10/21/59ea5271e2704e23078b4666.html" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">El Mundo</span></i></a><span style="font-weight: 400;">: </span><span style="font-weight: 400;">«El triunfo más espantoso y más perenne del franquismo es que cada uno de nosotros tiene que <strong>hacer un esfuerzo para decir España sin temer estar diciendo franquismo</strong>”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">La cuestión latente de la Leyenda Negra y sus consecuencias permanece viva, aunque haya mutado. Porque <strong>“sigue vigente su punto de partida: el complejo de inferioridad”, un “complicado lastre de inseguridades e inhibiciones”</strong>, en formulación de nuevo de García Cárcel, que concluye: “Se ha avanzado poco en la autoestima nacional. Vivimos una nueva crisis de nuestra conciencia nacional, con la misma ansiedad regeneracionista de los tiempos de Juderías”.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">El apotegma de <strong>Quevedo</strong> citado al principio de este artículo daba pues en el clavo. <strong>La Leyenda Negra y sus peores consecuencias sólo han sido posibles con el activo concurso de los españoles. </strong></span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></strong></p>
<h3 style="text-align: left;"></h3>
<h3 style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">‘Indignado’ </span><b>Juderías</b></h3>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;"><strong><a href="/wp-content/uploads/2018/01/julian_juderias-e1516358458537.jpg"><img class="alignright size-full wp-image-7848" src="/wp-content/uploads/2018/01/julian_juderias-e1516358458537.jpg" alt="julian_juderias" width="345" height="366" /></a>En 2018 se cumple el centenario del fallecimiento de Julián Juderías</strong>. Su figura ha quedado engullida por el éxito de </span><i><span style="font-weight: 400;">La leyenda negra</span></i><span style="font-weight: 400;">, publicado originalmente en 1914 pero conocido especialmente a partir de la reedición de 1917, hace ahora 100 años.<strong> Luis Español Bouché</strong>, responsable de la <a href="http://www.esferalibros.com/libro/la-leyenda-negra/" target="_blank">última edición del libro</a> (La Esfera de los Libros, 2014), se aproximó a su biografía en </span><i><span style="font-weight: 400;">Leyendas negras: vida y obra de Julián Juderías</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Junta de Castilla y León, 2007). Traductor e intérprete para el Ministerio de Estado gracias a su prodigioso don de lenguas, periodista, bibliotecario del Ateneo de Madrid, Juderías combinó el interés por la historia y la sociología. Fue autor de numerosos artículos sobre las condiciones de vida de la clase obrera. <strong>En su ánimo regeneracionista se topó con las falsificaciones de la historia que habían desacreditado a España y dificultado su encaje en Europa y se propuso refutarlas.</strong> Su discurso indignado adolece de un victimismo que traslada la culpa de los males nacionales a </span><i><span style="font-weight: 400;">los demás</span></i><span style="font-weight: 400;"> y que transmitirá a toda la literatura deudora de su hallazgo. No es casual que la idea de Leyenda Negra aflore en momentos de crisis o de necesidad de afirmación nacional; que la buena fortuna editorial del libro comenzara en un año nefasto para España como 1917, o que en 1954, recién firmados los decisivos acuerdos con EEUU, en vísperas del ingreso en la ONU y con el país apelando por última vez a la retórica de los años el aislamiento a propósito de la visita de Isabel II a Gibraltar, apareciera una nueva edición con prólogo de un <strong>Areilza</strong> a punto de marchar a Washington como embajador de España.</span></p>
<p style="text-align: right;">Ilustración de cabecera: Grupo de indígenas capturado por los occidentales. Grabado de Theodor de Bry para la ‘Historia de las Indias’ de Girolamo Benzoni (1594). / <a href="https://www.rijksmuseum.nl/en" target="_blank">Rijksmuseum</a></p>
<p style="text-align: left;"><em>Una versión de este artículo aparece publicada en el<strong> número 288, <a href="/2017/12/leer-en-navidad-extra-2017/" target="_blank">Extra de Navidad Diciembre 2017 — Enero 2018</a>, de la Revista LEER.</strong></em></p>
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