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	<title>Revista leer &#187; Saint-Exupéry</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>En pleno aire</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2014 12:11:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El dramático caso del avión malasio derribado sobre Ucrania el pasado 18 de julio y la desaparición hoy de un aparato que volaba rumbo a Argel desde Burkina Faso dan continuidad a una nueva clase de incertidumbre inaugurada con la desaparición en marzo del vuelo 370 de Malaysia Airlines. En nuestro número de mayo, RAÚL [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>El dramático caso del avión malasio derribado sobre Ucrania el pasado 18 de julio y <a href="http://www.elmundo.es/internacional/2014/07/24/53d0cf5f268e3e03168b4574.html" target="_blank">la desaparición hoy</a> de un aparato que volaba rumbo a Argel desde Burkina Faso dan continuidad a una nueva clase de incertidumbre inaugurada con la desaparición en marzo del vuelo 370 de Malaysia Airlines. En nuestro <a href="/2014/05/leer-en-mayo/" target="_blank">número de mayo</a>, <strong>RAÚL MINCHINELA</strong> interpretó en clave literaria aquel acontecimiento que “ha puesto boca abajo una serie de convicciones en las que llevábamos tiempo cabalgados”. Lo recuperamos.</address>
<address> </address>
<p>E<strong>l mar ha sido el lugar de las aventuras.</strong> Una fuente inagotable de historias, de recuerdos, de horizontes. Son innumerables los lomos que han narrado su historia al ritmo del oleaje. En él se mecía el <em>Pequod</em> que perseguía a <em>Moby Dick</em>, el <em>Argo</em> que bautizaba a los tripulantes de Jasón, el bajel pirata del <em>Corsario Negro </em>que narró <strong>Emilio Salgari</strong>. El mar es especialmente literario porque durante siglos fue un lugar de muerte segura, solo apto para valientes. Hoy tenemos una visión radicalmente distinta: ahora nos bañamos en el mar, una osadía que sólo fue posible después de domesticarlo. El mar se conquistó con la llegada del vapor, una herramienta con poder para resistir el capricho de los temporales. La máquina que domó el mar le permitió a <strong>Julio Verne</strong> proyectar <em>20.000 leguas de viaje submarino</em> y también imaginar periplos por territorios igual de invencibles, como el radial hacia el centro de la tierra. El mar era aventura de <strong>Melville</strong>, de <strong>Conrad</strong>, de <strong>London</strong>. Experiencias al límite en un lugar donde cada día podía ser el último.</p>
<p><strong>La aviación heredó mucho de la navegación</strong>, incluido buena parte de su vocabulario técnico. Aún hoy hablamos de la navegación aérea y de la aeronáutica. El vuelo fue aventurero en sus primeros tiempos. <strong>Gómez de la Serna</strong> contaba en su <em>Automoribundia</em> cómo temblaban las piernas entre los pasajeros que esperaban turno para montarse en aquellas aeronaves primerizas, y <strong>Saint-Exupéry</strong> nos contó en <em>Vuelo Nocturno</em> el reto de enfrentarse en el aire a una tormenta.</p>
<p>Hoy, sin embargo, <strong>la perfección técnica ha encarrilado el trayecto en avión a casi un trámite banal.</strong> En las salas de espera de los aeropuertos hay más impaciencia que expectación, más formalidad que peripecia. La narración literaria alrededor del pasajero de avión tiene dos polos complementarios. A un lado, <strong>el hastío de la clase turista</strong> que <strong>Houellebecq</strong> estiraba hasta la depravación en <em>Plataforma</em>. Al otro, la prevención de la sorpresa, la actividad predispuesta en el espacio predispuesto, la dinámica que tantas veces noveló <strong>J. G. Ballard</strong> en su futuro presente de centros comerciales y <em>resorts</em> vacacionales.</p>
<figure id="attachment_2007" style="width: 300px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-2007" src="/wp-content/uploads/2014/07/91a-8gW5fvL.jpg" alt="91a-8gW5fvL" width="300" height="516" /><figcaption class="wp-caption-text">La tragedia del vuelo 370 ha recordado las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, ese espacio que popularizó el libro de Charles Berlitz. “Hoy habíamos desactivado el Triángulo con las señales inalámbricas y los satélites”.</figcaption></figure>
<p>El caso insólito de un avión comercial desaparecido en pleno vuelo del que no hay ni rastros ni indicios ha puesto bocabajo una serie de convicciones en las que llevábamos tiempo cabalgados. El 8 de marzo de 2014, el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Malaysia_Airlines_Flight_370" target="_blank">vuelo 370 de Malaysia Airlines</a> procedente de Kuala Lumpur y con destino Pekín desapareció de los radares, y hasta la fecha no se ha vuelto a tener noticia. Los canales de televisión airearon el caso con la misma intensidad que las páginas de Facebook. En este mundo hiperacelerado donde los sucesos vienen encapsulados y con su medida precalibrada en minutos de interés, el misterio sostenido era un contenido de difícil encaje. <strong>Los espectadores estaban impacientes por la resolución, incapaces de manejar la incertidumbre</strong> en esta era de noticias con titular cerrado.</p>
<p>Precisamente <strong>en estas fechas la prensa nos asaltaba con noticia tras noticia sobre la vigilancia intensiva a los ciudadanos</strong>, una presión donde cada uno de nuestros pasos se trazaba con los teléfonos y cada una de nuestras conversaciones se tamizaba por un cedazo digital de cartas y notas de voz. Nuestro mundo había perdido el trato personalizado del antiguo James Bond y ahora se manejaba en marasmos de Big Data, con las preferencias de todo el mundo rastreadas, almacenadas y encerradas en una campana de Gauss. <strong>En medio de esa tutela implacable e intensiva, una desaparición grande como un avión con 239 personas dentro.</strong> Una tragedia que recordaba las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, ese espacio que popularizó el libro de <strong>Charles Berlitz</strong> y que tragaba naves y aeronaves como un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caribdis" target="_blank">Caribdis</a> de marea baja. Hoy habíamos desactivado el Triángulo con las señales inalámbricas y los satélites. El misterio sin resolución del vuelo malasio <strong>ponía en crisis esa convicción moderna donde todo estaba en su lugar o en su defecto localizado.</strong> La resolución se buscó con un ahínco feroz: construyeron hipótesis tanto los profesionales de la información como los aficionados. Incluso la viuda el músico <strong>Kurt Cobain</strong> publicó en internet una fotografía de satélite con toscas líneas añadidas, ofreciendo su aportación para desentrañar el misterio, resolviendo el caso desde su casa con un cable de red y un uso rudimentario del Paint.</p>
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<div class="fb-xfbml-parse-ignore"><a href="https://www.facebook.com/courtneylove/photos/a.535912143112295.1073741828.504299626273547/643731082330400/?type=1">Publicación</a> de <a href="https://www.facebook.com/courtneylove">Courtney Love</a>.</div>
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<p>El avión volatilizado es <strong>un caso arquetípico de detective, pero es a la vez todo lo contrario.</strong> El detective es heredero de la Ilustración, del raciocinio, de la convicción de que el mundo se puede descifrar siendo sistemático en el análisis de sus indicios. El detective que con sus observaciones desentraña el crimen nace con el científico que con sus experimentos resuelve las ecuaciones que mueven el mundo. Las pruebas de criminalística se usan aún hoy como argumento judicial, con la técnica revelando el secreto de los hombres. En el caso del avión lo que hay que descifrar es el misterio de la técnica que ha escapado a los detectores. <strong>Es el hombre quien debe resolver a la tecnología.</strong> Y las investigaciones se hacen como las realizaba Hercule Poirot: sin salir de la habitación, comprobando instantáneas y gráficas, cotejando las manchas en el oleaje, triangulando los <em>pings</em> de despedida, buscando una caja negra desde dentro de otra.</p>
<p>En <em>Superviviente</em>, <strong>Chuck Palahniuk</strong> noveló un monólogo de avión emitido por onda corta que llegaba hasta el momento mismo de su impacto. Era una carta de despedida tan desesperada como la de aquel<em> Robinson Crusoe</em> al que se le alejó de la técnica y de la sociedad rodeándolo de olas. <strong>Todas esas historias caben en la del avión desaparecido porque de él no nos ha quedado nada salvo el relato.</strong> Tenemos la crónica completa de sus pasajeros, sabemos de dos pasaportes falsos entre cientos de genuinos, de una carga volátil con un número considerable de baterías de litio, del mensaje a su madre de una azafata en una rutina entre rutinas. Una vez despojados de la prisa, nos queda el misterio, la vida y las historias.</p>
<p style="text-align: right;"><em>RAÚL MINCHINELA (<a href="https://twitter.com/raulsensato" target="_blank">@raulsensato</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;"><em><a href="/2014/05/leer-en-mayo/"><img class="alignleft wp-image-1152" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a>Una ver­sión de este artículo fue publi­cada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco, en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> o, mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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