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	<title>Revista leer &#187; Marcel Proust</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>#leer295: enseñar a escribir</title>
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		<pubDate>Thu, 16 Jan 2020 17:41:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La necesidad de un MFA en español en el epicentro de la enseñanza de la escritura creativa, replicado ya en otras universidades norteamericanas, pone de manifiesto el creciente e indeclinable peso del idioma en Estados Unidos, donde ya cuenta con más de 42 millones de hablantes nativos. También la demanda sostenida de un estudio, la escritura creativa, poco conocido y comprendido en España pese a haber modelado el canon literario estadounidense de las últimas décadas. <strong>Hay aquí una suspicacia, un recelo hacia la idea de que la escritura se puede enseñar.</strong> Una pervivencia del culto romántico al genio, prejuicio que debieron vencer los primeros workshops norteamericanos después de la Segunda Guerra Mundial y que en nuestro país todavía afrontan quienes se dedican a ello en escuelas y talleres.</p>
<p>A reflexionar sobre la posibilidad y la necesidad de enseñar a escribir, de aprender a escribir, está dedicado el tema de portada del número 295 de la revista LEER. Después de ceder la dirección del máster al poeta granadino Luis Muñoz, <strong>Ana Merino, flamante premio Nadal 2020</strong>, <strong>cuenta para LEER</strong> –en esta su casa lleva más de veinte años escribiendo sobre cómic– <strong>los orígenes del proyecto</strong>, el esfuerzo para ponerlo en marcha hasta su aprobación final en 2012 y las peculiaridades del fenómeno del tallerismo anglosajón. El director de LEER Borja Martínez indaga en los comienzos y la expansión de los estudios de la escritura creativa en Estados Unidos. <strong>Los primeros talleres estuvieron marcados por el final de la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría.</strong> A partir de 1945 cientos de miles de ex combatientes obtuvieron becas para cursar estudios universitarios, y muchos de ellos encontraron en la escritura una vocación cierta. Y las instituciones públicas y privadas norteamericanas apostaron por los estudios de letras para fomentar una visión del mundo favorable a los valores occidentales frente a la influencia soviética.</p>
<p>En marzo de 2017, <strong>Elisa Ferrer</strong> fue admitida en el máster de escritura en español de Iowa. Dos años y medio después ha recibido el <strong>Premio Tusquets por su primera novela, <em>Temporada de avispas</em></strong>. Un éxito que confirma la inserción de Iowa en las rutas de reconocimiento de la literatura en español. «Aunque no sabía muy bien qué me esperaba en Iowa City –más allá de campos de maíz eternos, granjas desperdigadas, y el clima atroz del Medio Oeste americano–, sentía que era el lugar en el que tenía que estar, <strong>una beca salvavidas, la habitación propia que reclamaba Virginia Woolf</strong>, esa que tenía la suerte de poseer, pero en la que se me hacía imposible sentarme a escribir, arrastrada por el ritmo apabullante de la rutina», escribe Ferrer para LEER. Otro post graduado de Iowa, <strong>Iván Parra</strong>, aporta su particular visión de la experiencia, no ajena a las contradicciones de un país y un estado arquetípicamente <em>wasp</em> –blanco, anglosajón y protestante– pero con una creciente presencia latina. Parra presenta ahora su primer libro de cuentos, <em>Texarkana</em>, una colección de relatos sobre una comunidad de inmigrantes en una pequeña ciudad imaginaria de Estados Unidos.</p>
<figure id="attachment_8844" style="width: 1024px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-large wp-image-8844" src="/wp-content/uploads/2020/01/taller1-1024x675.jpg" alt="LEER asistió a uno de los talleres de Clara Obligado en Madrid. / C. T." width="1024" height="675" /><figcaption class="wp-caption-text">LEER asistió a uno de los talleres de Clara Obligado en Madrid. / C. T.</figcaption></figure>
<p>Si allí la enseñanza de escritura forma parte natural del paisaje literario, incorporada a la cultura popular a través de la propia literatura, el cine o la televisión, <strong>en España sigue topando con la desconfianza de quienes lo consideran una actividad propia de aficionados</strong>. «Yo trabajé entre las suspicacias de los escritores españoles y creo que todavía hoy consideran que los talleres son una fábrica de hacer textos iguales, pero me da la impresión de que no tienen ni idea de lo que es un taller», explica la escritora <strong>Clara Obligado</strong>, directora de <a href="https://escrituracreativa.com/talleres/" target="_blank">uno de los talleres más veteranos de España</a>, al también profesor, escritor y periodista <strong>Javier Morales</strong> en las páginas de este número de LEER. <strong>«El escritor nace o no, pero siempre se hace», añade Javier Sagarna</strong>, director de la <a href="https://escueladeescritores.com/" target="_blank">Escuela de Escritores</a>. «Texto a texto, lectura a lectura, crítica a crítica». Solo o, como en el taller, en compañía. <strong>El broche a este número de LEER lo pone Eduardo Halfon</strong>. El escritor guatemalteco, que acaba de reeditar con Libros del Asteroide <em>El boxeador polaco</em>, estuvo un semestre enseñando en Iowa y lo cuenta en una particular crónica-relato de su estancia.</p>
<p>El último número de LEER cuenta con otros contenidos. <strong>La heterodoxa aproximación de Álvaro Bermejo a la Bauhaus</strong> en su centenario va más allá del mito y busca las raíces de la inspiración original de <strong>Walter Gropius</strong> en catedrales góticas y pirámides espirituales, referencias donde el racionalismo se cruza con el misticismo y la utopía. <strong>Óscar Caballero</strong> recuerda la acerba recepción que hace también cien años mereció <strong>la concesión del Goncourt a Marcel Proust</strong>. <strong>Jaime Olmedo</strong> y <strong>Javier Lostalé</strong> <strong>recuerdan al poeta Rafael Morales</strong>, precursor del nuevo aliento de la poesía española de posguerra. <strong>Fernando Palmero</strong> esclarece la devoción vanguardista de <strong>Juan Bonilla</strong>, expresada en su reciente antología de poesía latinoamericana realizada en colaboración con <strong>Juan Manuel Bonet</strong> y en <em>Totalidad sexual del cosmos</em>, su última novela; y entrevista al historiador <strong>Javier Rodrigo</strong>, referente de la nueva historiografía contemporánea, uno de los más activos y prolíficos investigadores españoles y coautor reciente de <em>Comunidades rotas. Una historia global de las guerras civiles</em>. La conversación con la escritora mexicana <strong>Valeria Luiselli</strong>, una de las sensaciones de 2019 con su novela <em>Desierto sonoro</em>, la Auténtica Entrevista Falsa de <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong> dedicada a <strong>Juan Valera</strong> y las secciones habituales completan, entre otros artículos, este número de LEER, ya disponible en kioscos y librerías de toda España.</p>
<figure id="attachment_8843" style="width: 765px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2020/01/PORTADA_SOLA_295.jpg"><img class="wp-image-8843 size-large" src="/wp-content/uploads/2020/01/PORTADA_SOLA_295-765x1024.jpg" alt="PORTADA_SOLA_295" width="765" height="1024" /></a><figcaption class="wp-caption-text">En portada, Ana Merino y Horacio Castellanos Moya retratados en Managua durante el Festival Centroamérica Cuenta 2014 por Daniel Mordzinski.</figcaption></figure>
<p> </p>
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		<title>Francia, la república del libro</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Mar 2019 15:03:48 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Óscar Caballero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[La religión del libro es francesa. Si Richard Ford, viajero inglés del siglo XIX, lamentó que la burguesía española careciera en sus mansiones de biblioteca y bodega, cuando una copla se jactaba de que «Madrid, ciudad bravía / tiene 300 tabernas / y ninguna librería», Francia en general, y París en particular, hacen de biblioteca [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><strong>La religión del libro es francesa.</strong> Si <strong>Richard Ford</strong>, viajero inglés del siglo XIX, lamentó que la burguesía española careciera en sus mansiones de biblioteca y bodega, cuando una copla se jactaba de que «Madrid, ciudad bravía / tiene 300 tabernas / y ninguna librería», Francia en general, y París en particular, hacen de biblioteca y bodega signos internos de riqueza. Y de las librerías polos culturales, en París como en pueblos aislados, donde ofician a veces de café y centro de recepción de correo y paquetes.</p>
<p>El libro mueve en Francia 4.000 millones de euros, con pico a fin de año gracias a que entre noviembre y diciembre son proclamados los más importantes entre los 2.500 premios literarios anuales. Y a que los <a href="https://www.academiegoncourt.com" target="_blank"><strong>Goncourt</strong></a>, <strong>Renaudot</strong>, <strong>Médicis</strong>, <strong>Femina</strong>, <strong>Interallié</strong> –lauros a libro publicado, <strong>venden de 30.000 a 350.000 ejemplares</strong>– cuelgan del árbol. Porque un libro es el regalo más usual de la Navidad francesa.</p>
<p>En el Metro de París hay ojos clavados en mini pantallas; pero también abundan lectores de libros. De todas las edades. El Centro Nacional del Libro divulgó en junio de 2018 el resultado de <a href="https://www.centrenationaldulivre.fr/fr/actualites/aid-1363/j_avais_20_ans_et_je_ne_laisserai_personne_dire_que_je_ne_lisais_pas" target="_blank">una encuesta sobre «lectura de los franceses de 15 a 25 años»</a>. El 86 por ciento de los entrevistados leía <strong>una media de 13 libros al año</strong>.</p>
<p>«Si son muchos quienes leen en el marco de sus estudios, la mayor parte de los jóvenes lo hace también por gusto personal». (Ahí ganan las chicas). Entre las lecturas favoritas, géneros muy franceses: historieta, fantástico, ciencia ficción y policial. Sin olvidar que son los mayores lectores europeos de mangas. Los jóvenes son los propios prescriptores de sus lecturas. Para los adultos, revistas literarias de quiosco (<a href="https://www.nouveau-magazine-litteraire.com" target="_blank"><em>Magazine Littéraire</em></a>, <a href="https://www.nouvelle-quinzaine-litteraire.fr" target="_blank"><em>La Quinzaine</em></a>, <a href="https://www.books.fr" target="_blank"><em>Books</em></a>, <a href="https://www.lire.fr" target="_blank"><em>Lire</em></a>), suplementos y páginas de periódicos y revistas, incluidas las llamadas femeninas. Y la televisión, que tras las dos décadas de reinado de <strong>Bernard Pivot</strong> (<em>Apostrophes </em>y otras), cuenta hoy con otro vendedor de libros, <strong>François Busnel</strong> y su programa semanal <a href="https://www.france.tv/france-5/la-grande-librairie/" target="_blank"><em>La Grande Librairie</em></a>.</p>
<p>Recién elegido presidente, <strong>Emmanuel Macron</strong> convocó dos funerales nacionales. Si el primero se justificaba por la popularidad del difunto –<strong>Johnny Hallyday</strong>, la mayor estrella del rock francés–, el segundo sorprendió fuera de su país. Un adiós a <strong>Jean d’Ormesson</strong>, estrella… literaria. En Invalides, donde es más frecuente despedir héroes de guerra, Macron revisó la obra del escritor, consagrado en vida por <a href="http://www.la-pleiade.fr/Auteur/Jean-d-Ormesson" target="_blank">La Pléiade</a>, la colección de Gallimard que imprime carácter. Y depositó un lápiz sobre el ataúd, un detalle amplificado por todas las televisiones.</p>
<figure id="attachment_8605" style="width: 500px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8605 size-full" src="/wp-content/uploads/2019/03/macron-e1553694629993.jpg" alt="macron" width="500" height="761" /><figcaption class="wp-caption-text">Emmanuel Macron honrando a D’Ormesson. Funeral de Estado para el escritor y académico.</figcaption></figure>
<h5><strong>Biodiversidad librera</strong></h5>
<p>Como d’Ormesson murió académico y la <a href="http://www.academie-francaise.fr" target="_blank">Academia</a> está en el Quai de Conti, foco sobre un gremio propio de París: los <em><a href="https://es.parisinfo.com/shopping-es/73937/Les-bouquinistes-de-Paris" target="_blank">bouquinistes</a> </em>(<em>bouquin</em>es libro en lenguaje familiar). Exactamente 210 libreros de viejo que comercializan unos 300.000 libros de ocasión.</p>
<p>Sintomático: en los grandes bulevares acaba de abrir <a href="https://www.icigrandsboulevards.fr" target="_blank">Ici</a>, con sus 500 metros cuadrados y 70.000 volúmenes <strong>la mayor librería independiente de la capital</strong>. Fenómeno inusual en la era Amazon, de donde proviene una de las dos propietarias. Y porque además «esta vez una librería reemplaza una tienda de ropa y no lo contrario», como subraya <strong>Delphine Bouétard</strong>, la otra protagonista de la aventura y a su vez ex de Virgin, otra mega librería, cerrada el 2013 en los Campos Elíseos.</p>
<p>Pero si Francia cuenta 3.300 librerías independientes es porque bajo <strong>Mitterrand</strong> (lector empedernido, amplió la Biblioteca nacional con cuatro torres que hoy llevan su nombre) <strong>Jack Lang</strong>, ministro de Cultura, instituyó la ley del precio único del libro. Alemania, que la copió poco después, es el único país europeo que comparte con Francia esa buena salud de la librería independiente.</p>
<p>Músculo para guerrear con Amazon, gracias a su <a href="https://www.librairiesindependantes.com" target="_blank"><em>librairiesindependantes.com</em></a>, que promete «en un click, 700 librerías y 20 millones de libros a dos pasos». Independiente y añeja es <a href="https://www.librairie-delamain.com" target="_blank"><strong>Delamain</strong></a>, en el 155 rue Saint-Honoré, frente a la plazoleta Colette. Inaugurada en 1708 observa, benévola, a la también emblemática <a href="http://www.la-hune.com" target="_blank">La Hune</a>. Fundada en 1949, desplazada el 2015 de su legendaria esquina de Saint-Germain-des-Prés por una marca de lujo, reabrió metros más allá. El 16 de noviembre del 2016 fue devastada por un incendio, pero ha vuelto en 2018.</p>
<blockquote><p>«Cuanto más se impone la desmaterialización, más fuerte es la carga simbólica del libro en Francia», explicó a ‘Le Monde’ la semióloga Élodie Mielczareck</p></blockquote>
<p><strong>El libro es en Francia consuelo de pobres, ocio habitual de clase media y justificación de ricos. Por eso las marcas de lujo lo respetan.</strong> Si Louis Vuitton edita cuidadas <a href="https://es.louisvuitton.com/esp-es/hombre/city-guides/_/N-1ahw1gfZ1aeerxj/to-2" target="_blank"><em>city guides</em></a>, su compañero de nivel y de grupo, Loewe, se ha lanzado a la edición bajo el lema <a href="https://www.loewe.com/eur/es/loewe-classics?country=ES" target="_blank"><em>taketimetoread</em></a>: tómese tiempo para leer. Lo anuncian en sus carteles el actor Josh O’Connor y la modelo <strong>Stella Tennant</strong>, absortos en la lectura de <em>Don Quijote </em>y <em>Madame Bovary</em>, dos de los seis clásicos que reedita la marca, por una vez, española.</p>
<p>En julio pasado, en el <a href="https://youtu.be/e9ujHJJWb5w" target="_blank">desfile Chanel otoño-invierno</a>, el recientemente fallecido <strong>Karl Lagerfeld</strong>, que cuenta con <a href="http://www.librairie7l.com" target="_blank">librería propia</a>, reconstruyó la Academia Francesa y puestos de <em>bouquinistes </em>llenos de falsos libros de y sobre <strong>Coco Chanel</strong>. Otras marcas prestigiosas recurren al libro –las cubiertas blancas con títulos rojos de <a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Blanche" target="_blank">La Blanche de Gallimard</a>, por ejemplo– como decorado que realza productos. «Cuanto más se impone la desmaterialización, más fuerte es la carga simbólica del libro en Francia», explicó a <em>Le Monde </em>la semióloga <strong>Élodie Mielczareck</strong>. Porque «los libros simbolizan un movimiento <em>slow life</em>».</p>
<p>El 13 de diciembre, récord mundial en París: una primera edición de <em>Por el camino de Swann </em>(1913), de <strong>Marcel Proust</strong>, salió por millón y medio de euros en la subasta de la biblioteca de <strong>Pierre Bergé</strong>, pilar de la moda. Como el modista <strong>Jean Prouvé</strong>, antes, o el también fallecido <strong>Azzedine Alaïa</strong>, quien dejó instrucciones para que su tienda del Marais <a href="https://goo.gl/maps/s7Abi6GNpiP2" target="_blank">se convirtiera en librería</a>, Bergé incurrió en bibliofilia. Rentable porque <strong>lo invertido vuelve en billetes o en prestigio</strong>. Como la subasta de los 683 volúmenes de la biblioteca personal de Mitterrand, que dejó millón y medio de euros pero innumerables páginas cultas. Otro récord, en subasta capital: la del contrato de edición de <strong>Karl Marx</strong>, para el primer tomo de <em>Le Capital</em>, publicado el 14 de septiembre de 1867 por <strong>Maurice Latrâche</strong>. Con una estimación de 25.000 euros el contrato arrancó 121.600. Y 160.000 las cartas de Marx al editor, que revelan que el autor exigía «un precio módico para que el libro esté al alcance de gente con pocos medios». Ironías de la historia, cartas y contrato baten récords en ese deporte de ricos.</p>
<figure id="attachment_8614" style="width: 800px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-8614" src="/wp-content/uploads/2019/03/00-story-alaia-e1553698535619.jpg" alt="La tienda del Marais del modista Azzedine Alaïa convertida en librería." width="800" height="534" /><figcaption class="wp-caption-text">La tienda del Marais del modista Azzedine Alaïa convertida en librería.</figcaption></figure>
<h5><strong>Política ilustrada</strong></h5>
<p>Pero subastas, lectores y bibliófilos aportan la evidencia de que <strong>nadie pasa a la historia, en Francia, sin exhibir biblioteca</strong> –e incluso, como Mitterrand, ensayos con su firma–. «La libra es una buena moneda. El libro también. La prueba: la mayor parte de los políticos publican uno. Sobre todo cuando han perdido su empleo por un desastre electoral. Antes no tenían tiempo: su negro –ahora se llama <em>pluma</em>, por corrección– debía redactarles discursos», ironiza el novelista <strong>Patrick Besson</strong>. De hecho, <strong>François Hollande</strong>, cuyo hundimiento en las encuestas le hizo desistir de buscar una segunda elección –primera renuncia de ese tipo en la V República–, bate récords de venta con su <em><a href="https://www.editions-stock.fr/livres/essais-documents/les-lecons-du-pouvoir-9782234084971" target="_blank">Les leçons du pouvoir</a> </em>(<em>Lecciones del poder</em>). Y congrega multitudes en cada firma de ejemplares.</p>
<p>Ex ministra de Justicia, <strong>Christiane Taubira</strong> suele mechar sus discursos, entrevistas y conversaciones con citas de sus <em>amigos</em>, como los llama: <strong>Toni Morrison</strong>, <strong>René Char</strong>, <strong>Aimé Césaire</strong>, <strong>Antonio Machado</strong>, algunos de los autores «que me ayudan a conservar la esperanza frente a la estupidez en armas». Y los congrega en su libro <a href="https://www.pasajeslibros.com/libros/baroque-sarabande/9782848766959/" target="_blank"><em>Baroque sarabande </em></a>(<em>Zarabanda barroca</em>). Otra ministra de Hollande, <strong>Aurélie Filippetti</strong>, descendiente de inmigrantes italianos como su apellido indica, aureolada por explícitas escenas sexuales de su primera novela, <em><a href="https://www.editions-stock.fr/livres/la-bleue/un-homme-dans-la-poche-9782234059054" target="_blank">Un homme dans la poche</a> </em>(<em>Un hombre en el bolsillo</em>; 2007), cuando llegó al ministerio que dejaría con portazo a Hollande y a su primer ministro, <strong>Manuel Valls</strong>, reincidió con <a href="https://www.fayard.fr/litterature-francaise/les-ideaux-9782213709444" target="_blank"><em>Les Idéaux</em></a>. Esos ideales heredados del abuelo minero articulan, en más de quinientas páginas, una novela que es, también, una crítica del poder.</p>
<p>Leer es deporte antiguo en Francia. En <em><a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/NRF-Essais/Un-tour-de-France-litteraire" target="_blank">Un Tour de France littéraire</a> </em>(Gallimard, 2018) el norteamericano <strong>Robert Darnton</strong> evoca los editores, libreros y vendedores ambulantes de libros que llenaban las bibliotecas de las Luces. <strong>Robespierre</strong> mama virtud republicana en <strong>Montesquieu</strong>. Y <strong>Rousseau</strong> le inspira «la voluntad general». Desde Suiza, la Société typographique de Neuchâtel difundía en los 1760 las obras de <strong>Voltaire</strong> y <strong>Diderot</strong> y las novelas «ilícitas y/o subversivas» de <strong>Choderlos de Laclos</strong> o <strong>Restif de la Bretonne</strong>. A caballo, su representante, <strong>Jean-François Favarger</strong>, recorría librerías de todo Francia. Es el imperio de las letras que impregna los capítulos parisinos de <a href="http://www.perezreverte.com/libro/639/hombres-buenos/" target="_blank"><em>Hombres buenos</em></a>, de <strong>Arturo Pérez-Reverte</strong>.</p>
<blockquote><p>Tras las dos décadas de reinado de Bernard Pivot, la televisión cuenta hoy con otro ‘vendedor de libros’, François Busnel y su programa semanal ‘La Grande Librairie’</p></blockquote>
<p>En el siglo XIX el escritor se convierte en institución. «Los periódicos fueron esenciales para profesionalizar al escritor gracias a los folletones, que arrancan en 1836» (con uno de <strong>Balzac</strong>, por cierto). Y si <strong>Dumas</strong> o Balzac huyen a menudo de sus acreedores es porque han ganado, y despilfarrado, millones. Los procesos a <strong>Flaubert</strong> por <em>Madame Bovary</em>, a <strong>Baudelaire</strong> por <em>Las Flores del Mal</em>, dividen a Francia. El escritor como voz autorizada gana sus galones gracias al <em>Yo acuso</em>, de <strong>Zola</strong>, en primera plana del diario, el 13 de enero de 1898. Medio siglo más tarde, en el semanario <em>L’Express</em>, <strong>François Mauriac</strong> denuncia la tortura que practicaban los paracaidistas franceses en Argelia. Si, a la derecha, <em>Le Figaro </em>contó entre sus decenas de firmas de escritores la de <strong>Marcel Proust</strong> y <strong>Jean d’Ormesson</strong> dirigió el periódico, a la izquierda, <em>Libération </em>contó con el paraguas protector de <strong>Jean-Paul Sartre</strong>. El semanario <em><strong>Les Inrockuptibles</strong> </em>logró sus mejores ventas con los números que confió a <a href="https://www.lesinrocks.com/sommaire/1121/" target="_blank"><strong>Virginie Despentes</strong></a> o a <a href="https://www.lesinrocks.com/sommaire/1073/" target="_blank"><strong>Michel Houellebecq</strong></a>. Además de complacerse en «subrayar una obviedad: los escritores saben escribir», <strong>Nelly Kaprièlian</strong>, directora de las páginas literarias, les encuentra otras virtudes. Por ejemplo, «saben construir un relato en el que la idea es un hilo rojo, están a gusto en los formatos largos y aportan una mirada, una reflexión personal, subjetiva». Y el primer <em>mook </em>–cruce de <em>magazine </em>y <em>book</em>, libro–, <a href="http://www.revue21.fr" target="_blank"><em>XXI</em></a>, confió varios reportajes de fondo a <strong>Emmanuel Carrère</strong>.</p>
<figure id="attachment_8618" style="width: 600px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2019/03/1074-couvpremium-e1553698789151.jpg"><img class="size-full wp-image-8618" src="/wp-content/uploads/2019/03/1074-couvpremium-e1553698789151.jpg" alt="'Les Inrockuptibles' supervendió el número 'dirigido' por Houellebecq." width="600" height="800" /></a><figcaption class="wp-caption-text">“Les Inrockuptibles” supervendió el número “dirigido” por Houellebecq.</figcaption></figure>
<h5><strong>Santuarios literarios</strong></h5>
<p>El culto exige templos. El que fuera domicilio de <strong>Victor Hugo</strong>, en la <a href="http://www.maisonsvictorhugo.paris.fr/es" target="_blank">Place des Vosges</a>, y aquel en el que Balzac vivió siete años bajo un falso nombre para despistar acreedores, son hoy sus museos. <strong>Jacques Prévert</strong> y <strong>Boris Vian</strong> son vecinos de memoria sobre el Moulin Rouge. En las afueras de la capital hay mansiones museo de Proust, Zola, <strong>Alphonse Daudet</strong>, <strong>Mallarmé</strong>, <strong>Chateaubriand</strong>, <a href="https://www.maison-triolet-aragon.com" target="_blank"><strong>Elsa Triolet/Louis Aragon</strong></a>. En 1846 Dumas construyó un castillo en Port Marly. Lo bautizó lógicamente Monte Cristo. Antes, de 1757 a 1762, Jean-Jacques Rousseau redactó <em>El contrato social </em>en la casa suburbana que hoy lo venera, mientras que a <strong>Cocteau</strong> se le recuerda en su mansión de <a href="http://www.maisoncocteau.net" target="_blank">Milly-la-Fôret</a>, cuyo espacio y jardines lo consolaban de la exigüidad de su <em>dos piezas </em>parisino. No será museo, en cambio, la casona de Meudon, al sur de París, en la que <strong>Lucette Destouches</strong> (106 añitos) sobrevive al sulfuroso <strong>Céline</strong>, muerto allí en 1961. Ninguna institución pública se atrevió a comprar la casa, finalmente adquirida, en noviembre pasado, por un vecino.</p>
<p>De la casa al hotel. En el Barrio Latino abrió el año pasado <a href="https://www.hotelmontecristoparis.com" target="_blank">le Monte Cristo</a>, decorado con objetos de época y con un bar, <a href="https://www.hotelmontecristoparis.com/club-1802" target="_blank">Le 1802</a>, con gran selección de rones «porque los antepasados de Dumas tuvieron destilería en Santo Domingo». No lejos de allí, <a href="https://www.l-hotel.com/rooms/oscar-wilde-suite/" target="_blank">L’Hôtel</a>, residencia preferida de Borges en sus visitas parisinas, basa su publicidad en un huésped, Oscar Wilde, que murió «por encima de sus posibilidades». Es decir, sin pagar. Se lo han cobrado con creces con la publicidad. Además, el hoy hotel de lujo era por entonces una pensión infecta. Y si el restaurante del hotel <a href="https://lecinqcodet.com/es/" target="_blank">Le Cinq Codet</a>, abierto en diciembre del 2018, se llama Chiquette, es por <em>La Petite Chiquette</em>, editado por <strong>Gaston Gallimard</strong> en 1925, de <strong>Louis Codet</strong>, quien da nombre a la calle del hotel.</p>
<p>Más minucioso, el <a href="https://hotel-litteraire-marcel-ayme.com" target="_blank">Hôtel Littéraire Marcel Aymé</a>, en Montmartre, con habitaciones a nombre de escritores. Como la <strong>Antoine Blondin</strong>, con vistas de 360º de París. También están dedicadas a literatos las 26 <em>chambres </em>(una por cada letra del alfabeto) de <a href="http://www.pavillondeslettres.com/es/" target="_blank">Le Pavillon des Lettres</a>. Y el pasajero encuentra, en la mesa de noche, un libro del autor que designa la suya.</p>
<p>Hasta una cadena internacional como Best Western intuyó la tendencia: en un <a href="https://www.hotel-leswann.com" target="_blank">edificio parisino premiado</a> por su arquitectura en la exposición universal de 1898 plantó biblioteca con 500 libros de Marcel Proust, en francés, pero también inglés, japonés, alemán, español, italiano. Y dotó de una biblioteca similar, pero con obra de Flaubert, al hotel que le dedicó en <a href="https://www.hotelgustaveflaubert.com" target="_blank">Rouen</a>, la ciudad en la que nació y pasó gran parte de su vida. <strong>¿La habitación Emma Bovary estará reservada a mujeres de farmacéuticos?</strong></p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2019/02/vazquez-montalban-lo-popular-y-lo-culto/" target="_blank">número 292</a>, Invierno 2018–2019</p>
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