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	<title>Revista leer &#187; #LEER256</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Una patria literaria</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Nov 2014 11:34:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.   EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address><em>Treinta años después de abandonar Cataluña, nuestro colaborador en Italia Jordi Canals reflexiona en clave literaria sobre los acontecimientos recientes en torno al proceso soberanista.</em></address>
<address> </address>
<p>EN FEBRERO DE 1984 DEJÉ DE VIVIR EN BARCELONA. Desde entonces he pasado por Liubliana, Trieste, Pescara y Trento, ciudades todas ellas en las que he residido por un tiempo largo <strong>sin acabar nunca de echar raíces en ninguna parte.</strong> Para colmo no he vuelto a <em>casa</em> más que por breves periodos vacacionales y eso ha comportado un creciente alejamiento y desarraigo. Me doy cuenta de que a mis cincuenta y cinco años y pico soy, de hecho, ya<strong> más <em>de fuera</em> que <em>de dentro</em>; algo que quizás no me da demasiada autoridad para interferir ni opinar en nada de <em>casa nostra</em>.</strong> Me ayuda, eso sí, a poder sobrellevar con estoicismo la lectura de la prensa diaria de mi tierra y a seguir los reportajes que se emiten por sus emisoras de radio y canales televisivos, interponiendo parecida pantalla anímica –un italiano cuenta con el lujo verbal de poder recurrir al sustantivo <em>estraneità</em>, concepto que no acierto nunca a trasvasar a <em>mi</em> lengua– a la que interpondría al asomarme, con un océano de por medio, a las menudas vicisitudes de las poblaciones de la remota isla de Groenlandia.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2863" src="/wp-content/uploads/2014/11/978843224814-673x1024.jpg" alt="978843224814" width="300" height="456" />Por el camino he ido perdiéndoles la pista a numerosos parientes y conocidos con los que ya no tenía nada de qué hablar, ni tampoco nada de que discutir. Y aun así <strong>he llegado a envidiar su entusiasmo, esa capacidad festiva para adherirse a las consignas patrióticas</strong> y fundirse de ese modo con la colectividad. En mi caso <strong>no lo he conseguido</strong>. Ni tampoco logro ahora desembarazarme de ese lastre de pesimismo que me agobia al enredarme una y mil veces en el cliché tramposo de la “decadencia de los tiempos actuales”. Pero cómo no caer en lugares comunes cuando evoco, por evocar una de las realidades que a mi más próxima me resultaba hasta hace poco tiempo, el barrio de la Sagrada Familia de antaño y compararlo con el que contemplo en este otoño plomizo de 2014. Al barrio se le conocía entonces, ocho años antes de la celebración de los Juegos Olímpicos, con el nombre de <em>poblet </em>y ese apelativo (por añadidura con cariñoso diminutivo, un rasgo morfológico infrecuente en catalán) lo dice prácticamente todo; es hoy, en cambio, un distrito de mercenarios y contrabandistas al servicio de la <em>pela </em>foránea. Nada que objetar, pues tal vez sea el dinero un objetivo existencial tan digno como alcanzar la fama o perseguir memoria póstuma.</p>
<blockquote><p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me amarra al Trentino adoptivo</p></blockquote>
<p><strong>Siento, con todo, un desasosiego que me abruma al saber que las cosas pudieran haber sido hoy muy distintas.</strong> Para constatarlo bastaría montarse en el primer vuelo con destino a Londres, metrópoli cuyas neblinas apestan intensamente a libra esterlina, y callejear de un extremo a otro de la capital. Me asusta entonces pensar qué hubiéramos sido capaces de proyectar con barrios como el de Bloomsbury y con recoletos parques urbanos como el de St. George’s Gardens. Lo adivino, pues para algo me ha servido haber visto cómo las han gastado durante décadas nuestros urbanistas en la costa catalana, en las ciudades y en los pueblos rurales del interior que, como dice un buen amigo, sólo han logrado conservar la belleza de sus antiguos topónimos.</p>
<p><img class="alignleft wp-image-2864" src="/wp-content/uploads/2014/11/la-lluvia-amarilla-599x1024.jpg" alt="la-lluvia-amarilla" width="300" height="512" />Mis amigos catalanes… se cuentan hoy con los dedos de una sola mano. Cuando pongo pie en Barcelona no tengo ni necesidad de echar mano de agenda, pues me sé de memoria aquel par de números de teléfono. Admiro su capacidad de resistencia, pues <strong>de haber permanecido allí tal vez yo hubiera sido de los que se sumaron a la bandada desde la primera hora.</strong> Temo que a estas alturas de mi vida estaría la barandilla del balcón de mi apartamento envuelta en la <em>senyera</em>, colgaría una bufanda con los colores <em>blaugrana</em> en el perchero que hay en el vestíbulo de entrada y, en la puerta trasera del automóvil, luciría gallarda la pegatina que reproduce el consabido borriquillo.</p>
<p>A menudo me he parado a pensar a qué disciplina, a que modalidad de ejercicios espirituales hubiera debido someterme para lograr permanecer pegado a la orilla y evitar así ser engullido por el remolino. Me veo entonces recién levantado de la cama, legañoso y despeinado, todavía en pijama, infundiéndome ánimos delante del espejo y repitiendo en voz alta una especie de cantinela que ojala que poseyera la magia de un sortilegio: “No. Hoy tampoco sucumbiré”.</p>
<p>Es apenas un cordel deshilachado lo que me vincula a mi lugar de origen, y menos aún cuanto me mantiene amarrado al Trentino adoptivo. Pero no me siento solo, ni tampoco desorientado. Poco a poco, palabra tras palabra, línea tras línea, página tras página, volumen tras volumen, ha ido creciendo mi vecindad alternativa. En dicha Republica literaria, <strong>las celdas contiguas se han ido poblando y animando a remolque de las afinidades electivas.</strong> <em>La lluvia</em> <em>amarilla </em>ha terminado emparejándose con <em>Pedro Páramo</em>. El Alburquerque de <em>El balcón en</em> <em>invierno </em>comparte ahora espacio estanteril con el Erto de <em>Fantasmas de piedra</em>. Procedente de los rellanos más altos rueda por las escaleras ese <em>lied </em>schubertiano que, de manera ininterrumpida, el pelmazo de Hans Castorp escucha hasta la saciedad. Y agravan mi persistente dolor de cabeza los consiguientes golpetazos que Ulrich –que tanto debiera empeñarse ahora en cumplir con los objetivos de la Acción Paralela que le marcaron las autoridades de Kakania― da con los nudillos en la pared divisoria para intentar persuadir a su vecino de que, de una vez por todas, debiera bajar el volumen del gramófono. Y todo ello ante el pasmo del sinólogo Peter Kien, incapaz de concentrarse esta madrugada en conjeturar una hipótesis plausible que le permita reemplazar la cadena de sinsentidos textuales y variantes erróneas que ha documentado para cierto lugar critico de un manuscrito anónimo cuya transmisión arranca en la dinastía Tang. Mientras tanto se que el teniente Giovanni Drogo permanecerá impasible en su puesto, contemplando desde la azotea la quieta línea del horizonte a la luz de la luna llena, velando por todos nosotros.</p>
<blockquote><p>Aspiro a compartir el Paraíso con la extravagante vecindad alternativa de mi República literaria, ajenos a fanfarrias patrioteras y a la esclavitud de las lenguas</p></blockquote>
<p><strong><a href="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg"><img class="alignright wp-image-2865" src="/wp-content/uploads/2014/11/9788497936781.jpg" alt="9788497936781" width="300" height="457" /></a>Constituyen estos inquilinos extravagantes y solitarios mi única parentela.</strong> Son los que me han formado, bajo cuya tutela he ido madurando y quienes han logrado impedir, hasta el día de hoy, que sucumbiera a la fuerza de la bandada que remonta el vuelo para caer acto seguido sobre un nuevo campo de trigo que poder esquilmar. Aspiro un día a merecer el privilegio de compartir el Paraíso con<strong> Elías Canetti</strong>, <strong>Julio Llamazares</strong>, <strong>Dino Buzzati</strong>, <strong>Robert Musil</strong>, <strong>Mauro Corona</strong>, <strong>Luis Landero</strong>, <strong>Juan Rulfo</strong> y<strong> Thomas Mann</strong>. Indiferentes a las fanfarrias patrioteras y liberados por fin de la esclavitud de las lenguas. Pero me temo que ni el Paraíso, ni el Infierno, ni el Purgatorio, ni el Limbo existen y que tan solo me quedará, en los días finales, el consolatorio goce de estar triste. Ojala que para entonces las modestas ambiciones que agitan a quienes viven en las poblaciones de la remota isla de Groenlandia, y a las que hoy en día tanto espacio conceden los medios de información de mi tierra, no hayan sido más que <strong>una mala pesadilla que se repitió pertinaz durante unas pocas noches, pero que al cabo fue humo y quedo en nada.</strong></p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JORDI CANALS PIÑAS</strong> es profesor agregado en el departamento de Filosofía y Letras de la Universidad de Trento.</em></p>
<p> <a href="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><em>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</em></p>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>Un puente neurológico al Neolítico</title>
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		<pubDate>Thu, 30 Oct 2014 12:09:28 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Las nuevas directrices en investigación arqueológica han abierto novedosas perspectivas: no se puede ignorar el funcionamiento del cerebro-mente en el estudio de las culturas antiguas. Pese a que la cosmología de cada sociedad es única, algunas de sus estructuras generales proceden del cerebro: el inframundo material y psíquico creado por la mente humana en forma de hachas neolíticas y enigmáticos motivos; los diseños que adquieren los monumentos megalíticos al entrelazarse arquitectura, cosmología y el mundo de los muertos. ¿Se puede construir un puente neurológico al Neolítico?, se preguntan los autores de <em>Dentro de la mente neolítica</em>. ¿Hubo revolución neolítica o revolución simbólica? Las hipótesis contenidas en este libro sorprendente suponen un nuevo cambio de paradigma en la investigación arqueológica del Neolítico y conforman un texto fascinante sobre lo que probablemente sea el punto de inflexión más importante en la historia de la Humanidad.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JUAN LUIS PUENTE</strong></em></p>
<address><a href="http://www.akal.com/libros/Dentro-de-la-mente-neolItica/9788446028437"><img class="alignleft wp-image-2788" src="/wp-content/uploads/2014/10/Dentro-de-la-mente-neolítica.jpg" alt="Dentro de la mente neolítica" width="150" height="201" /></a><a href="http://www.akal.com/libros/Dentro-de-la-mente-neolItica/9788446028437" target="_blank">DENTRO DE LA MENTE NEOLÍTICA</a></address>
<address><strong>David Lewis-Williams y David Pearce</strong></address>
<address>Akal. Madrid, 2014</address>
<address>334 páginas. 32 €</address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
<p> </p>
<p> </p>
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		<title>Resiliencia en compañía</title>
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		<pubDate>Wed, 29 Oct 2014 08:00:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>El concepto de resiliencia es relativamente nuevo. Fue adoptado en psicología del mundo de la ciencia; un acierto que permite plantear lo mejor para resolver cada circunstancia de desamparo. En <em>Nuevas miradas sobre la resiliencia</em>, <strong>Boris Cyrulnik</strong>, uno de sus principales divulgadores, recuerda que este término técnico se aplica al mundo vegetal: “Un suelo es resiliente –dice– cuando tras un incendio la flora y la fauna se recuperan, vuelven a la vida, aunque no del mismo modo que antes. Aparecen una nueva flora y una nueva fauna, a veces muy bellas pero distintas”. En ingeniería es una característica que mide la flexibilidad y adaptación de los materiales. Así, el diccionario de la Real Academia Española señala que es la “capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación”, pero también –y esta es una entrada reciente– la “capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobre ponerse a ellas”.</p>
<p>Desde hace años, <strong>la editorial Gedisa mantiene una colección imprescindible referente a la resiliencia.</strong> En este nuevo volumen se ofrecen contribuciones que amplían ámbitos y prácticas de tal concepto. <strong>Stefan Vanistendael</strong> trata del necesario cambio de mirada y del grave error de etiquetar a un niño como irrecuperable. <strong>Jean-Pierre Pourtois</strong> se orienta hacia la bondad del optimismo. <strong>Joseba Azkarraga</strong> busca la resiliencia local: “Consumimos más de lo que el planeta es capaz de reponer y producimos más residuos de los que el planeta es capaz de absorber”. Tres chilenos –<strong>Eugenio Saavedra</strong>, <strong>Jorge Barudy</strong> y <strong>María Angélica Kotliarenco</strong>, respectivamente– desglosan su diversa aplicación desde la edad y el mundo rural o urbano hasta la experiencia de terremotos, los programas de prevención y tratamiento del sufrimiento infantil, así como la resiliencia comunitaria. <strong>José Luis Rubio</strong> y <strong>Gema Puig</strong> hacen un trabajo de juego imaginativo. <strong>Gloria Elena Gil</strong> trata de la complejidad y el holismo. <strong>Óscar Pérez-Muga</strong> desarrolla el asunto del acogimiento familiar y del apego en la adopción. Finalmente, <strong>Anna Forés</strong>, <strong>Jordi Grané</strong> y <strong>Rosa Maria Ollé</strong> reflexionan sobre las organizaciones del futuro, con unas características que requieren no resignarse a ser reos del destino de una adversidad. Aprovechan el concepto surafricano de <em>Ubuntu</em>, regla y actitud propugnada por <strong>Nelson Mandela</strong>. Así, afirmarán que “la comunidad se encuentra cuando se descubre una unidad de propósito con otras personas. Una organización resiliente es una organización con <em>Ubuntu</em>».</p>
<p style="text-align: right;"> <em><strong>MIQUEL ESCUDERO<br />
</strong></em></p>
<address> </address>
<address><a href="http://www.gedisa.com/ficha.aspx?cod=100618&amp;titulo=Nuevas-miradas-sobre-la-resiliencia#.VE_c31eEy1o"><img class="alignleft wp-image-2779" src="/wp-content/uploads/2014/10/100618.jpg" alt="100618" width="150" height="223" /></a><a href="http://www.gedisa.com/ficha.aspx?cod=100618&amp;titulo=Nuevas-miradas-sobre-la-resiliencia#.VE_c31eEy1o" target="_blank">NUEVAS MIRADAS SOBRE LA RESILIENCIA</a></address>
<address><strong>José María Madariaga</strong> (coordinador)<br />
Gedisa. Barcelona, 2014</address>
<address>256 págs. 19,90 euros</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
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		<title>¿Es posible un constitucionalismo global?</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2014 11:28:44 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>L<strong>a cuestión de los Derechos Humanos es un terreno al que todo jurista apasionado por su trabajo acaba llegando tarde o temprano.</strong> Puede presentarse como la parte metafísica del derecho y, por lo tanto, como la esencia que viene a fundamentar toda concreción plasmada en las normas positivas del día a día. Tras mucho trasegar entre preceptos codificados, este campo permite asomarse a un mundo de <em>ideas</em> despojadas de las servidumbres y concesiones de lo material. Algunas tan fulgurantes que podrían quemarnos.</p>
<p>Durante muchos siglos se buscó ese fundamentación <em>ideal</em> en construcciones que recibieron el nombre de Derecho natural unas veces, Derecho divino, otras. Hoy ese ideal de justicia y de universalidad puede hallarse en las cartas de Derechos Humanos, en su fundamentación y en su continuo desarrollo, pues es evidente que, desde las primeras positivaciones de estos derechos fundamentales en el siglo XVIII, su percepción y formulación no ha cesado. <strong>Se habla ahora de derechos de Cuarta generación</strong>, para referirse por ejemplo al derecho de las futuras generaciones a heredar un planeta limpio. Reivindicaciones, en fin, que poseen actualmente una indudable fuerza y que llegarán –deben hacerlo– a convertirse en proporciones jurídicas concretas, dotadas de consecuencias jurídicas y de coacción para exigirlas.</p>
<p><em>Derecho Global</em> trata sobre estos asuntos. Aborda la génesis de los derechos humanos en el seno de las Naciones Unidas y de su tratamiento peculiar con respecto a los países que en aquel momento histórico se encontraban aún colonizados o iniciando sus procesos de descolonización. Analiza también la posibilidad de un constitucionalismo universal fundado en esa declaración de derechos. Su autor, <strong>Bartolomé Clavero</strong>, profesor de Derecho en la Universidad de Sevilla, es especialista acreditado –son numerosos sus estudios– en materia de fundamentación jurídica constitucional, antropología jurídica e historia comparada de los movimientos constitucionales. Participa además de un modo habitual en encuentros y foros internacionales dedicados a los Derechos Humanos y otras cuestiones del orden internacional.</p>
<p>La monografía del profesor Clavero se inicia en un momento histórico sumamente importante. El momento en el que, tras la Segunda Guerra Mundial, se aprobó en el seno de Naciones Unidas de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Esta declaración es magnánima y absolutamente generosa, pero posee “sombras”. <strong>Las formulaciones de los derechos universales parecen contener explicita o implícitamente, según el derecho de que se trate, matices con respecto a los pueblos colonizados.</strong> De alguna forma se les sitúa en una posición secundaria, sometida a condicionantes y trabas en cuanto a la titularidad y ejercicio de los derechos proclamados. Dice el autor que la historia del derecho internacional es una historia “del <em>West</em> sin el <em>rest</em>”.</p>
<p>En una segunda parte, el profesor Clavero <strong>aborda la cuestión de si es posible un constitucionalismo de ámbito verdaderamente internacional</strong> vertebrado por las diferentes organizaciones internaciones. La pregunta se amplía a la consideración de las empresas multinacionales. Estas pueden plantear a su vez un evidente contrapunto al reconocimiento y desarrollo de los Derechos Humanos, sobre todo en países y zonas deprimidas, aunque con una gran riqueza en recursos estratégicos. El autor habla de “espacios de exención” de derechos. Clavero concluye que la idea un constitucionalismo global es aún prematura.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JAVIER CREMADES</strong></em> <em>es abogado y presidente fundador del despacho <a href="http://www.cremadescalvosotelo.com/" target="_blank">Cremades &amp; Calvo-Sotelo</a>.</em></p>
<p> </p>
<address><a href="http://www.trotta.es/pagina.php?cs_id_pagina=13&amp;cs_id_contenido=52687"><img class="alignleft wp-image-2771" src="/wp-content/uploads/2014/10/M-A_S-1_SS-7_X-185_Y-999.52687_3152.jpg" alt="M-A_S-1_SS-7_X-185_Y-999.52687_3152" width="150" height="245" /></a><a href="http://www.trotta.es/pagina.php?cs_id_pagina=13&amp;cs_id_contenido=52687" target="_blank">DERECHO GLOBAL</a>. POR UNA HISTORIA VEROSÍMIL DE LOS DERECHOS HUMANOS</address>
<address><strong>Bartolomé Clavero</strong></address>
<address>Trotta. Madrid, 2014</address>
<address>236 págs. 18 euros</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
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		<title>Carlos A. Scolari habla de la Transmedia Week</title>
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		<pubDate>Tue, 28 Oct 2014 10:59:20 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Entre el 27 de octubre y el 2 de noviembre, la celebración de la TRANSMEDIA WEEK pre­tende demos­trar en el orden prác­tico las nue­vas for­mas de con­tar pro­pias de la cul­tura digi­tal. Hablamos con uno de los impulsores de la convocatoria, <a href="http://hipermediaciones.com/autor/" target="_blank"><strong>CARLOS ALBERTO SCOLARI</strong></a>, profesor de Comunicación en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y uno de los teóricos de referencia del fenómeno de las narrativas transmedia, que formalizó en 2013 en el libro del mismo título publicado por Deusto y del que ya nos habló en <a href="/2014/02/leer-249-cultura-digital/" target="_blank">nuestro número de febrero</a> dedicado a la Cultura Digital.</address>
<address> </address>
<p>C<em>uál es el objetivo de la Transmedia Week? ¿Qué eventos destacarías?</em></p>
<p>El objetivo de la Transmedia Week es proponer a la comunidad académica y profesional <strong>un espacio de debate e intercambio</strong> –ahora se suele llamar <em>networking</em>– alrededor de las narrativas transmedia. La Transmedia Week no es un evento, es <strong>una plataforma abierta en línea donde cualquier individuo o institución puede organizar un evento</strong> durante la semana del 27 de octubre al 2 de noviembre de 2014 y compartirlo con otros interesados. ¿Que tipos de eventos? Cualquier tipo de eventos. Pueden ser conferencias académicas, paneles con especialistas, <em>pitching</em> de proyectos transmedia o cualquier tipo de actividad vinculada a este sector de las comunicaciones. Ya existen plataformas similares –como la <a href="http://bigdataweek.com/" target="_blank">Big Data Week</a> o la <a href="http://socialmediaweek.org/" target="_blank">Social Media Week</a>–: se trata de un formato organizativo <em>bottom-up</em>, donde los eventos van emergiendo desde abajo, sin un interlocutor central que los organice o controle. Hay gente organizando eventos en varios países de América Latina y Europa que irán apareciendo en la plataforma (<em><a href="http://www.transmediaweek.org/" target="_blank">transmediaweek.org</a></em>).</p>
<blockquote><p><em>Transmedia es hoy la palabra clave en comunicación, desde la ficción hasta el periodismo pasando por la publicidad</em></p></blockquote>
<p><em>¿Hay alguna evolución reciente del fenómeno que te haya llamado especialmente la atención?</em></p>
<p>Me sorprende cómo el concepto de «narrativa transmedia» –creado por <strong>Henry Jenkins</strong> en el 2003 dentro de un contexto académico– <strong>ha salido del circuito académico para convertirse en la palabra clave de diferentes sectores de la comunicación</strong>, desde la producción de ficción hasta el periodismo, pasando por el documental y la publicidad. Cada vez más los actores de la comunicación hablan de «transmedia». ¿Es buena esta presencia? A mi no me parece mal… Pero soy consciente de que, en un par de años, los actores de la comunicación buscarán nuevos conceptos para diferenciarse de la competencia. En los años 1990 estaba de moda el «multimedia», marcaba una diferencia respecto a la competencia… Y ahora estamos en la era del «transmedia». Así como pasó de moda el concepto de «multimedia» –hoy suena a cosa vieja– también el concepto de «transmedia» algún día será considerado superado. Lo interesante es que, para entonces, los creadores y productores habrán internalizado la lógica de las narrativas transmedia y será parte del ADN de cualquier comunicador. En el plano académico los investigadores seguiremos por muchos años hablando de este tipo de relatos: los ritmos de la academia no son los del mercado y tenemos mucho campo por delante. Queda mucho por investigar y aprender de las narrativas transmedia.</p>
<p><em>¿Pueden las narrativas transmedia ofrecer una tabla de salvación a las industrias culturales, al multiplicar el radio de acción de productos antes limitados a un solo medio? </em></p>
<p>Las narrativas transmedia se presentan como <strong>una posible respuesta por parte de la industria cultural a la fragmentación del consumo mediático.</strong> Antes de la llegada de la web y de la explosión de nuevos medios pasábamos mucho tiempo en pocos medios (prensa, radio, televisión y cine). Ahora nuestra <em>dieta mediática</em> es mucho más fragmentada, casi atomizada diría: pasamos un ratito en cada medio –Twitter, YouTube, Facebook, televisión bajo demanda, televisión <em>broadcasting</em>, DVDs, <em>podcasting</em>, radio <em>broadcasting</em>…­–. Esta atomización del consumo rompe con el modelo de negocio del <em>broadcasting</em>. Antes, las audiencias se construían alrededor de un medio (eran televidentes, lectores, oyentes, etcétera); las narrativas transmedia permiten construir audiencias alrededor de una narrativa, la cual abarca muchos medios y plataformas. No sé si las narrativas transmedia salvarán a ciertas empresas o medios en decadencia, pero en un territorio tan atomizado proponen una posible forma de reorganización de las audiencias <em>narrative-centred</em>.</p>
<blockquote><p><em>Antes, las audiencias se construían en torno a un medio; ahora se forman en muchos medios alrededor de una narrativa</em></p></blockquote>
<p><em>¿Cabe concebir una transición a corto plazo en sectores como el editorial, donde la figura del autor sigue siendo ‘sagrada’?</em></p>
<p>Respecto a la situación del autor, dado que las narrativas transmedia abren el juego para que las audiencias participen en la expansión narrativa, <strong>se genera una cierta descomposición de la figura del creador.</strong> Esta crisis del autor no es nueva y está sobre el escritorio de los investigadores y los teóricos al menos desde los años 1970 (pienso sobre todo en las reflexiones de <strong>Roland Barthes</strong> y <strong>Michel Foucault</strong>). La digitalización del ecosistema de medios y el avance de las redes ha terminado de poner en jaque la figura tradicional del autor. Pero tampoco estamos ante a una desaparición del autor: <em>Star Wars</em> es un mundo narrativo transmedia y todos sabemos quién es <strong>George Lucas</strong>…</p>
<p><em>Recientemente has publicado <a href="http://ijoc.org/index.php/ijoc/article/view/2576" target="_blank">un ensayo sobre experiencias pre-transmedia en torno a ‘El Quijote’</a>. Un fenómeno muy interesante que arroja conclusiones diversas. </em></p>
<p><em>El</em> <em>Quijote</em> de <strong>Cervantes</strong> se propone como un canon monomediático: el autor sólo escribió dos volúmenes. Diferente hubiera sido si Cervantes contaba la infancia de Sancho a través de una obra de teatro. Pero no fue así. Sin embargo fueron los lectores más inquietos quienes, a lo largo de cuatro siglos, se apropiaron de la obra para generar todo tipo de textualidades que amplían el mundo narrativo original de Cervantes. En las aleluyas (<em>auques</em>) publicadas en Barcelona en el siglo XIX encontré versiones de la infancia de Sancho Panza o <em>mashups </em>que denunciaban algún personaje político de la época. Es ahí, cuando entran en escena los usuarios con sus producciones, cuando <em>El</em> <em>Quijote</em> se convierte en un mundo narrativo transmedia.</p>
<p><em>La lectura del texto sugiere que lo que se ha dado en llamar el ‘fandom’, la parte del relato transmedia creado por esos lectores inquietos, hoy seguidores y fans, lejos de ser una amenaza para el canon –o parte oficial del relato–, funciona como altavoz es éste.</em></p>
<p>El mundo del <em>fandom</em>, ya se inspire en <em>El Quijote</em> o en <em>Ironman</em>, no debe ser considerado como una amenaza: ¡es el mejor aliado del creador! <strong>Cuando el <em>storytelling</em> te atrapa nos convertimos en militantes de ese mundo narrativo.</strong> <strong>Nos transformamos en <em>evangelistas</em> del relato</strong>, lo llevamos con nosotros y lo compartimos con nuestros amigos. Todos los días viene alguien y nos dice «Tienes que ver <em>Breaking Bad</em>». O «¿Cómo? ¿Todavía no has visto <em>True Detective?</em>». El canon, como sostiene mi amigo<strong> Jorge Carrión</strong>, ahora no lo construyen los académicos: es una creación de estas redes globalizadas de consumidores.</p>
<blockquote><p><em>La digitalización del ecosistema de medios y el avance de las redes ha terminado de poner en jaque la figura tradicional del autor</em></p></blockquote>
<p><em>No cabe pensar, pues, que la legitimación de un ‘fandom’ puede propiciar la banalización de su canon…</em></p>
<p>Por el contrario: lo refuerza. Existe un diálogo permanente, conflictivo y al mismo tiempo cooperativo, entre el canon y el <em>fandom</em>. La existencia de un <em>fandom</em> potente es la prueba de que un relato ha generado una masa crítica de fans que llevarán «la palabra» por el mundo. A propósito… ¿Has visto <em>Fargo</em>?</p>
<p><em>(Habla Scolari de la premiada serie creada de <strong>Noah Hawley</strong> que, a partir del espacio y el relato creados por los hermanos Coen en la película homónima del año 1996 desarrolla sus propias tramas. Un ejemplo singular de las nuevas estrategias narrativas en circulación…).</em></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" />Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
<p><em> </em></p>
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		<title>Acariciando al tigre</title>
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		<pubDate>Mon, 27 Oct 2014 08:00:53 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se equivocará quien piense que este libro va dirigido a los propietarios de gatos. Y es que en Paloma Díaz-Mas sería impensable un libro sin riqueza conceptual y elegancia estilística; es decir, pensado para todos los que amen la literatura. En este caso con felinos (tres) Tris-Tras, Tris y Tras, como protagonistas de una y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>S<strong>e equivocará quien piense que este libro va dirigido a los propietarios de gatos.</strong> Y es que en <a href="http://escritoras.com/escritoras/Paloma-Diaz-Mas" target="_blank"><strong>Paloma Díaz-Mas</strong></a> sería impensable un libro sin riqueza conceptual y elegancia estilística; es decir, pensado para todos los que amen la literatura. En este caso con felinos (tres) Tris-Tras, Tris y Tras, como protagonistas de una y dos (la segunda doble) historias de amor. A la especie gatuna, esa que Dios creó, según <strong>Borges</strong>, para que el hombre pudiese acariciar al tigre. Díaz-Mas no cita tal genialidad <em>borgeana</em> pero sí que nos cuenta una especie de apólogo, mediado ya su libro (tan elegante de diseño y maquetaje como un animal tan bellísimo merece), que nos habla en plan leyenda árabe de cómo los gatos desarrollaron sus habilidades en contacto con este animal tan torpón que nosotros somos. En fin, que estamos ante un libro espléndido, que si empieza siendo elegía por Tris-Tras, impagable la relación de los bienes de la difunta, termina siendo celebración de la existencia de Tris y de Tras, tan intensa que <strong>dan ganas de poner a toda prisa un felino en nuestras vidas. Palabra.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>VICENTE ARAGUAS</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_533"><img class="alignleft wp-image-2749" src="/wp-content/uploads/2014/10/NH533_G.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="236" /></a><a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/NH_533" target="_blank">LO QUE APRENDEMOS DE LOS GATOS</a></address>
<address style="text-align: left;"><strong>Paloma Díaz-Mas</strong></address>
<address style="text-align: left;">Anagrama. Barcelona, 2014</address>
<address style="text-align: left;">128 páginas. 12,90 euros</address>
<p style="text-align: left;">
<address style="text-align: left;">Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quioscos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
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		<title>Napoleón en Egipto</title>
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		<pubDate>Wed, 22 Oct 2014 13:14:45 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>EN 1798 <strong>Napoleón Bonaparte</strong> convenció al Directorio para invadir Egipto. Ese mismo verano llevó a cabo el desembarco de más de 30.000 soldados galos cuyo objetivo <em>oficial</em> era el de expulsar a los turcos del delta del Nilo y tomar una posición estratégica en la ruta del imperio británico. Pero Napoleón guardaba otros <strong>planes relacionados con la búsqueda de la vida eterna</strong>, para los cuales se llevó consigo a un centenar de académicos, historiadores y sabios. Si en algún lugar del Planeta podía descansar la clave para profundizar en el más allá y visitar el país de los muertos ese era el interior de las pirámides.</p>
<p>En el plano de la ficción el periodista y novelista estadounidense <strong>William Dietrich</strong> se acercó a estos hechos través de una magnífica dilogía: <em>Las pirámides de Napoleón </em>(2006) y <em>La clave Rosetta </em>(2008). La trama del primer título parte del hallazgo que hace el protagonista, en 1798 y en París, de un singular medallón que perteneció a <strong>Cleopatra</strong>. El precioso objeto parece contener la llave que conduce al Libro de Thot y con ese fin, junto a las tropas napoleónicas, viaja a Egipto, donde verá comprometida su seguridad. En <em>La clave Rosetta</em> huye de Egipto en un globo para salvar su vida y en el Mediterráneo oriental es recogido por un buque inglés y posteriormente enviado a la ciudad de Jaffa, donde reanudará de nuevo la búsqueda del libro sagrado.</p>
<p>Magnífico y complementario resulta el ensayo <em>Las claves de Egipto. La carrera por leer los jeroglíficos</em> (Debate), de <strong>Lesley</strong> y <strong>Roy Adkins</strong>, que estudian de forma pormenorizada el proceso que llevó a cabo precisamente al equipo de los arqueólogos que llevó consigo Bonaparte. Especialmente atractiva es la descripción que hacen ambos historiadores de la continuación de aquella campaña –menos explotada por la narrativa por lo que tiene de exclusivamente académica y poco aventurera–: cuando en 1822 el filólogo y egiptólogo <strong>Jean-François Champollion</strong>, un adicto a Egipto, se sirve de todos los hallazgos del grupo de los sabios que viajó en 1798 y dedica su vida hasta que presenta, tras muchas dificultades y ante la Academia de Inscripciones de París, la célebre <em>Carta para M. Dacier relativa al alfabeto fonético jeroglífico utilizado por los egipcios</em>.</p>
<p>Ahora <strong>Javier Sierra</strong> relanza revisado uno de sus <em>bestseller,</em> <em>El secreto egipcio de Napoleón</em>, que ya había publicado en 2004 en La Esfera de los Libros, con el título <em>La pirámide inmortal.</em> Sierra <strong>mezcla a dosis iguales documentación histórica e imaginativas propuestas</strong>: en la novela los cristianos y musulmanes cruzan sus caminos y guardan los secretos de los arquitectos de las pirámides, que a su vez ocultan uno mayor: el misterio de todos, el de la inmortalidad, conocimiento al que tal vez tuvo acceso el mismísimo <strong>Jesús de Nazaret</strong>. La acción trepidante está perfectamente contextualizada en una de las flotas bélicas más grandes jamás armada: Alejandría, Rosetta y Damieta constituyen la base para la batalla que dio fin a tres siglos de dominio otomano en Egipto. Pero en la trastienda, Napoleón lleva a cabo su planeada “agenda secreta”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>DAVID FELIPE ARRANZ</strong></em></p>
<address><img class="alignleft wp-image-2733" src="/wp-content/uploads/2014/10/la-piramide-inmortal_9788408131441.jpg" alt="la-piramide-inmortal_9788408131441" width="150" height="228" />LA PIRÁMIDE INMORTAL</address>
<address><strong>Javier Sierra</strong></address>
<address>Planeta. Barcelona, 2014</address>
<address>352 páginas. 20 euros</address>
<p> </p>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
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		<title>Leer a Spinoza</title>
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		<pubDate>Tue, 21 Oct 2014 12:14:13 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Desde la publicación, en el ya lejano 1975, de su primer libro sobre Spinoza en la editorial Seuil de París, Pierre-François Moreau ha ido constituyéndose en una referencia ineludible en el campo de los estudios spinozanos y, más ampliamente, de los estudios sobre la filosofía del siglo XVII. Dos acontecimientos mayores marcan esa carrera académica: [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Desde la publicación, en el ya lejano 1975, de su primer libro sobre Spinoza en la editorial Seuil de París, <strong>Pierre-François Moreau</strong> ha ido constituyéndose en una referencia ineludible en el campo de los estudios spinozanos y, más ampliamente, de los estudios sobre la filosofía del siglo XVII. Dos acontecimientos mayores marcan esa carrera académica: la publicación en el año 1994 de su magistral <em>Spinoza. L’expérience et l’éternité</em> en las Prensas Universitarias de Francia y el inicio de un proyecto de grandes dimensiones y aún no terminado, la nueva edición crítica de las obras de <strong>Spinoza</strong>, que sustituya a la vieja edición realizada por <strong>Carl Gebhardt</strong> en los años veinte del pasado siglo.</p>
<p>En los márgenes de esas dos obras mayores, Moreau ha ido desarrollando un trabajo paciente de esclarecimiento de aspectos concretos de la obra spinozana, que han ido viendo la luz en revistas especializadas y no demasiado accesibles al gran público. <em>Problèmes du spinozisme</em>, publicada en 2006 por la parisina editorial Vrin, recogía una muestra esencial de esos trabajos agrupados en tres grandes secciones: “Materiales”, “Problemas” y “Nociones”.</p>
<p>Con una ligera modificación en el título –que pasa a ser <em>Spinoza, filosofía, física y ateísmo</em>– es lo que acaba de publicar ahora en español A. Machado Libros, en una cuidada traducción del quizá más brillante de quienes en España investigan sobre la filosofía en el siglo XVII: <strong>Pedro Lomba</strong>. El resultado es <strong>un libro breve, brillante y rigurosamente didáctico</strong>. Que puede ser leído como una introducción al Spinoza que habla de nuestro propio tiempo, pero también como un abordaje técnico de algunos de los puntos más disputados en la interpretación contemporánea del judío holandés.</p>
<p>El título español nos pone ante los aspectos más polémicos y más renovadores de ese trabajo de cuatro decenios de Moreau. Porque es en efecto la pretensión de fundar una filosofía materialista, anclada en la revolución galileica de la física y al margen de cualquier contaminación teológica, lo que define a ese nuevo Spinoza que emerge en la lectura del grupo de entonces jóvenes investigadores formados en el entorno de la École Normale Supérieure de París bajo la doble influencia de <strong>Louis Althusser</strong> y de <strong>Alexandre Mathéron</strong>, predecesor, éste último, de Moreau en su cátedra de filosofía de la École.</p>
<p>La filiación spinozana ocupa el primer bloque del libro: “Materiales”. Es una tarea compleja, al tratar de establecer las fuentes de un pensamiento tan deliberada y explícitamente empeñado en romper con todas las tradiciones previas como lo es el de Baruch Spinoza. <strong>Moreau fija un primer hilo, que abarca a todo el pensar más radical del siglo XVII: Lucrecio y el redescubrimiento de Epicuro, sobre el cual se reconstruye todo el pensar moderno.</strong> Un epicureísmo que permite leer a <strong>Descartes</strong> con una distancia crítica imprescindible para solventar las fuertes limitaciones –teóricas como religiosas– del maestro. Una distancia que va enfatizándose desde el primerizo trabajo cartesiano de Spinoza en los <em>Principia</em> hasta la demoledora crítica que del cartesianismo se contiene en la <em>Ethica</em>.</p>
<p>De esa crítica de la insuficiencia de Descartes a la hora de desarrollar una teoría coherente de la substancia procede la sólida posición desde la cual Spinoza va a poder afrontar <strong>los dos ejes clave del pensar moderno: ateísmo y materialismo</strong>, cuya genealogía es aquí trazada por Moreau con todo cuidado. Ante todo, porque <strong>ninguno de los dos términos significa en el siglo XVII lo que puede significar para nosotros.</strong> Y porque el anacronismo es el enemigo mortal del historiador.</p>
<p>“Ateo” no es, para los contemporáneos de Spinoza, una designación técnica. Es una descalificación, casi un insulto. Que cae sobre buena parte de los pensadores que buscan renovar el pensamiento del barroco. Y que, proyectada sobre el autor del <em>Deus sive Substantia, sive Natura</em>, puede resultar particularmente paradójico. <em>Judaeus et Atheista</em> es el tópico que atravesará el final del XVII y se prolongará a lo largo del XVIII para dar razón de la rareza spinozana. Moreau muestra en qué medida esa designación es verdadera a pesar de la intención de quienes la formulan, y en un aspecto teórico crucial: la crítica de las finalidades y del sentido. <strong>La abolición, con ello, de todo concepto de trascendencia. Y, consiguientemente, de salvación.</strong></p>
<p>De ahí la cautela conclusiva con la que Moreau hace el saldo del problema hoy: “Es evidente que el término <em>Dios</em> es uno de los que más efecto tienen en su sistema. Podemos concluir, pues, que [Spinoza] es ateo sintácticamente, pero no morfológicamente. En cuanto a la semántica histórica del ateísmo, <strong>consiste en preguntarse, no si Spinoza es ateo o no, sino qué ha debido ser el término <em>Dios</em> para que el término <em>ateísmo</em> y sus contrarios puedan aplicarse sucesivamente a la misma doctrina”.</strong></p>
<p>Descifrar a quienes leyeron a Spinoza en los cuatro últimos siglos y discernir lo que en su lectura superpusieron de su propia perspectiva es la tarea de historiar la filosofía. En la cual, el libro de Moreau dicta su lección magistral.</p>
<p style="text-align: right;"> <strong><em>GABRIEL ALBIAC<br />
</em></strong></p>
<p> </p>
<address><em><a href="http://www.machadolibros.com/libro/spinoza-filosofia-fisica-y-ateismo_381172"><img class="alignleft wp-image-2728" src="/wp-content/uploads/2014/10/spinoza.jpg" alt="spinoza" width="150" height="235" /></a><a href="http://www.machadolibros.com/libro/spinoza-filosofia-fisica-y-ateismo_381172" target="_blank">SPINOZA. FILOSOFÍA, FÍSICA Y ATEÍSMO</a><br />
</em></address>
<address><strong>Pierre-François Moreau</strong></address>
<address>A. Machado Libros. Madrid, 2014</address>
<address>270 páginas. 22 euros</address>
<address> </address>
<address> </address>
<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octu­bre de 2014, 256</a>, de la edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span>. Cóm­pralo en quios­cos y libre­rías, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­críbete</a>.</address>
<p> </p>
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		<title>Del ego al algoritmo</title>
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		<pubDate>Fri, 17 Oct 2014 08:18:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Si es usted un usuario exigente del buscador de Google probablemente habrá advertido que su experiencia ha cambiado sutilmente en los últimos años. Conforme el algoritmo del servicio se ha hecho más social, debido a la implementación de nuevos productos y la acumulación de datos de los usuarios –vinculado todo ello a la rápida y [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Si es usted un usuario exigente del <a href="https://www.google.es/" target="_blank">buscador de Google</a> probablemente habrá advertido que su experiencia ha cambiado sutilmente en los últimos años. <strong>Conforme el algoritmo del servicio se ha hecho más <em>social</em></strong>, debido a la implementación de nuevos productos y la acumulación de datos de los usuarios –vinculado todo ello a la rápida y enorme implantación de los dispositivos móviles–, <strong>los resultados que ofrece son cada vez más personalizados y predecibles, y por ello con frecuencia menos satisfactorios.</strong> Acudir a plataformas alternativas como <a href="https://duckduckgo.com/" target="_blank"><em>duckduckgo.com</em></a> es cada vez más necesario y habitual, no sólo para protegerse de la vigilancia de la gran corporación sino para obtener mejores respuestas a las consultas menos elementales.</p>
<p style="text-align: left;">Esta paradójica circunstancia, según la cual <strong>la creciente sofisticación desemboca en un empobrecimiento cualitativo</strong> del servicio, ilustra razonablemente <strong>el nuevo escenario creado por las tecnologías de computación en red</strong> y que <strong>Jaron Lanier</strong> esclarece y critica en <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/EC924786/quien-controla-el-futuro" target="_blank"><strong><em>¿Quién controla el futuro?</em></strong></a>, recién publicado por Debate.</p>
<p style="text-align: left;">Lanier, <strong>gurú de Silicon Valley,</strong> <a href="http://www.jaronlanier.com/" target="_blank">excéntrico pionero de la revolución digital</a>, viene dando lecciones interesantes sobre las implicaciones de los prodigiosos cambios a los que venimos asistiendo. Adoptando el papel de <strong>tecnólogo humanista</strong>, ya en su anterior libro, <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/C849172/contra-el-rebano-digital" target="_blank"><em>Contra el rebaño digital</em></a>, alertaba contra algunas de las tendencias de la evolución de la web, la idolatría de máquinas y <em>gadgets</em> ante los que estamos dispuestos a entregar nuestra inteligencia y <strong>la amenaza de la cultura de la gratuidad, contra la cual llegaba a proponer una tasación monetaria del <em>byte</em> </strong>que invirtiera la tendencia de valorar el servicio –la <em>conexión</em>– por encima del contenido y garantizara la supervivencia de los creadores.</p>
<p style="text-align: left;">En su nueva obra, Lanier <strong>prolonga las líneas de reflexión de <em>Contra el rebaño digital</em></strong>, enriqueciendo su prospectiva con las últimas evoluciones de los fenómenos <em>online</em>. Su prosa sintética tiene la elocuencia del ingeniero imaginativo que es, con <strong>una capacidad asombrosa para el pensamiento abstracto y la ampliación de sentido</strong>, y al mismo tiempo tiene ese algo críptico del genio visionario adelantado a su tiempo.</p>
<p style="text-align: left;"><strong>Lanier descompone la actual deriva del negocio tecnológico, el gran relato productivo de nuestro tiempo</strong>, para advertir de las nefastas consecuencias individuales y colectivas que en un futuro no muy lejano puede tener. Superada la era de la Internet abierta,<strong> hoy todas las conversaciones “tienen lugar al amparo de un servicio que nos espía”, llámese Facebook, Twitter o Whatsapp.</strong> Al tiempo, la cultura de la gratuidad se ha extendido de los contenidos a nuestra información personal. <strong>Cada vez que instalamos una nueva aplicación en nuestros <em>smartphones</em> aceptamos con los ojos cerrados la vigilancia y la intrusión en nuestras vidas</strong>, en tanto que los dispositivos móviles ya son indispensables <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Understanding_Media:_The_Extensions_of_Man" target="_blank"><em>extensiones digitales</em></a> de nosotros mismos.</p>
<p style="text-align: left;">Las asombrosas nuevas herramientas de que disponemos en la palma de la mano no son sino migajas del lucrativo negocio creado en torno a los datos de los usuarios. “Las mayores fortunas de la historia se han amasado en los últimos años utilizando las tecnologías de red como forma de acumular información y, por ende, riqueza y poder”, asegura Lanier.</p>
<p style="text-align: left;">El nuevo paradigma se construye en torno a la idea de <em>compartir</em>; con sus clics y toques de pantalla ejecutados múltiples veces al día, <strong>el usuario pone inocentemente a disposición de las nuevas corporaciones la materia prima de una nueva economía de bases sin embargo muy endebles.</strong> Entre todos generamos el fluido volumen de datos, el arcano <a href="http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=481" target="_blank"><em>big data</em></a>, repartido en una serie de “<strong>servidores sirena</strong>” que garantizan el funcionamiento de la red, interaccionan con los “servicios de espionaje” –así califica Lanier a buscadores y redes sociales– e incluso<strong> toman la decisiones corporativas que antes tomaban los individuos</strong> –lo cual a juicio del autor termina de explicar la última crisis financiera–.</p>
<p style="text-align: left;">La economía se está apoyando de manera insostenible en este paradigma. <strong>Por primera vez la tecnología no crea empleo neto sino riqueza muy concentrada</strong>; no contribuye, pues, a crear una clase media consolidada que haga viable el sistema. Y como sabemos y constata Lanier, “el capitalismo sólo funciona si permite que a un número lo bastante grande de personas les vaya lo suficientemente bien como para ser los clientes”.</p>
<p style="text-align: left;">En este contexto, <strong>la privacidad no es un problema de intimidad; es un problema político.</strong> Nuestro autor ofrece un buen puñado de sugerencias sobre lo que podemos hacer como individuos y como sociedad para revertir los procesos menos deseables de la revolución digital. Un libro imprescindible.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
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<address><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/EC924786/quien-controla-el-futuro"><img class="alignleft wp-image-2714" src="/wp-content/uploads/2014/10/lanier.jpg" alt="lanier" width="150" height="231" /></a><a href="http://www.megustaleer.com/ficha/EC924786/quien-controla-el-futuro" target="_blank">¿QUIÉN CONTROLA EL FUTURO?</a></address>
<address><strong>Jaron Lanier</strong></address>
<address>Debate. Barcelona, 2014</address>
<address>461 páginas. 23,90 euros</address>
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<address>Una ver­sión de este artículo ha sido publi­cada en el número de <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, 256</a>, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en quios­cos y libre­rías seleccio­na­das, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</address>
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