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	<title>Revista leer &#187; #LEER252</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Lo que J. J. Benítez esconde</title>
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		<pubDate>Mon, 13 Oct 2014 10:31:38 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Redacción]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[¿Por qué ese tirón editorial? ¿Por qué muchos de sus libros levantan polvareda? Se cumplen tres décadas de “Caballo de Troya”, o lo que es lo mismo, del choque entre fieles lectores y enconados detractores desde la primera entrega del popular ‘bestseller’ de J. J. BENÍTEZ hasta su última obra, “Estoy bien” (Planeta). Con ocasión [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>¿Por qué ese tirón editorial? ¿Por qué muchos de sus libros levantan polvareda? Se cumplen <strong>tres décadas de “Caballo de Troya”</strong>, o lo que es lo mismo, del choque entre fieles lectores y enconados detractores desde la primera entrega del popular ‘bestseller’ de J. J. BENÍTEZ hasta su última obra, “<em>Estoy bien”</em> (Planeta). Con ocasión del 30 aniversario de la primera entrega, “Jerusalén”,  Booket publica una edición limitada con la cubierta original. El 14 de octubre, fecha de su lanzamiento, <strong>LEER sortea cinco ejemplares entre aquellos seguidores en España de <a href="https://twitter.com/RevistaLeer" target="_blank">nuestra cuenta de</a></strong><a href="https://twitter.com/RevistaLeer" target="_blank"> <strong>Twitter</strong></a> que nos cuenten, bajo el hashtag #LEERCaballodeTroya, su experiencia como lectores de la saga. Una excelente ocasión para recuperar la entrevista de MAICA RIVERA que publicamos en nuestro número de mayo.</address>
<address> </address>
<p>Bastan unos minutos de conversación con <strong>Juan José Benítez</strong> para caer en sus redes. Tiene <strong>un magnetismo que remite a ese halo de misterio característico de su mejor narrativa</strong>, sumamente revelador de los éxitos cosechados. A estas alturas de tan prolífica trayectoria consagrada al mundo de los grandes enigmas, está muy claro el pacto con el lector, que ha de asumir las luces y las sombras de su particular implicación con el objeto de estudio y recreación. Benítez ha forjado su propia leyenda, ha acuñado su propio género con espíritu periodístico pero también con incombustible pasión literaria. Ante esta peculiaridad es necesario aceptar que <strong>difícilmente seremos capaces de valorar el alcance de su obra si mantenemos el único empeño ciego de establecer <em>a priori</em> nuestros propios límites a sus escritos.</strong> Para los más reticentes ante su bibliografía, cabría subrayar una matización importante, tal vez decisiva: no, disfrutar de su universo no requiere comulgar hasta el final con sus reglas del juego pero sí abrirse a contemplar la posibilidad de otros códigos.</p>
<p>No puede negarse que la controvertida naturaleza de su producción le ha ido revistiendo, en efecto, de cierta aura legendaria. Tampoco que el veterano escritor es, por excelencia, uno de nuestros <em>bestsellers </em>más carismáticos. “¿Eres un provocador?”, le preguntamos en el reciente encuentro. “Tal vez sí”, contesta a LEER, “porque<strong> trato de inyectar esperanza en esta época dura y difícil, necesitada de oxígeno y optimismo</strong>”. Comunicar que la vida continúa tras la muerte y que al otro lado hay luz es el objetivo de <em>Estoy bien</em> (Planeta), una nueva vuelta de tuerca en el recorrido del autor que, lejos de pensar en retirarse y colgar la pluma, nos promete que no será la última.</p>
<p>Ha sido una sorpresa conocer que las investigaciones sobre “resucitados” para esta publicación fueron iniciadas por J.J. Benítez en 1968, mucho antes de sus pesquisas sobre el fenómeno ovni (en las últimas páginas apunta una conexión entre ambas temáticas, imposible de captar para quienes no estén familiarizados con su narrativa). De entre ellas, desarrolladas en constantes periplos, ha seleccionado 160 casos “al sur de la razón” como muestra representativa de experiencias relacionadas con la vida después de la muerte que “van un paso más allá de las ECM, pues describen vivencias con familiares o amigos que se encuentran muertos y enterrados”. Asume que la acusada estigmatización que sufren tanto los testigos como los investigadores de ECM se radicalizará, por tanto, en esta ocasión. Pero no le preocupa porque “la intencionalidad no es convencer sino transmitir el exhaustivo trabajo de campo realizado en silencio durante 46 años con la recopilación de testimonios de personas que dicen la verdad, que a pesar de proceder de geografías muy dispares (EEUU, Europa, América del Sur…) manifiestan constantes comunes en sus declaraciones”.</p>
<blockquote><p>Benítez ha forjado su propia leyenda, ha acuñado su propio género con espíritu periodístico pero también con incombustible pasión literaria</p></blockquote>
<p>Lo cierto es que hallamos un inesperado elemento recurrente en <em>Estoy bien</em>: las referencias de entrevistados a la primera entrega de <em>Caballo de Troya</em>. Este gran éxito literario de los años 80 marcó una época con <strong>la narración del viaje de dos astronautas americanos a la Palestina de Jesús de Nazaret</strong>, constituyó un fenómeno sin precedentes y permaneció en lo más alto de las listas de ventas durante doscientas semanas. Todo esto se resiste a caer en el olvido y no es casualidad que el volumen (<em>Jerusalén</em>) sea oportunamente reeditado por Booket junto a los ocho tomos restantes que le sucedieron (edición revisada por el autor); <strong>un total de 5.386 páginas sobre la vida de Jesucristo leídas por más de veinte millones de lectores</strong> (más de cinco millones de ejemplares vendidos) y para cuya escritura el autor empleó 27 años y quince viajes a Israel, Jordania, Egipto y territorio estadounidense.</p>
<figure id="attachment_2625" style="width: 340px;" class="wp-caption alignright"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_4337.jpg"><img class="wp-image-2625" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_4337.jpg" alt="IMG_4337" width="340" height="465" /></a><figcaption class="wp-caption-text">J. J. Benítez durante la conversación con LEER (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>“Es un libro mágico en el que yo no tengo nada que ver”, reivindica J.J. Benítez. Insiste mucho en ello, dejando entrever que no es una novela porque <strong>siempre ha defendido haberse basado en una documentación real</strong>, depositada hace años en EEUU (“será el futuro, como sucedió con <strong>Julio Verne</strong>, quien pondrá de manifiesto si este relato fue o no verídico…”). Se dice que, en total, las fuentes informativas que ha consultado ascienden a 14.000 (arqueológicas, botánicas, físicas, sociales, religiosas…) pero que la más relevante de todas aún no ha sido desvelada. “A veces cuesta muy caro ser fiel y honesto con las revelaciones pero no me importa el alto precio, voy a cumplir 50 años de periodismo activo en 2016 y he aprendido a guardar silencio”, nos dice con gravedad. Se permite invitarnos, eso sí, a descubrir que “hay mensajes debajo de secuencias numéricas de algunos <em>Caballos</em>”, de los que, por cierto, no se hace responsable.</p>
<p>Este tipo de comentarios suelen ser los que generan más polémica a su alrededor, un hecho que él enmarca en un caldo de cultivo adverso: “Más que la falta de financiación es la incomprensión el gran inconveniente para el desarrollo de investigaciones como las mías en España, que es un país de cainitas”. Zanja el tema con serenidad: “Estoy acostumbrado a ello y sigo mi camino”. En concreto, denuncia “ser <strong>odiado y denostado a la menor oportunidad por círculos próximos a sectores religiosos muy conservadores o a la Ciencia mal interpretada</strong>, por personas a quienes les falta información”.</p>
<blockquote><p>La primera entrega de <em>Caball</em>o<em> de Troya </em>constituyó un fenómeno sin precedentes y permaneció en lo más alto de las listas de ventas durante doscientas semanas</p></blockquote>
<p><img class="alignleft wp-image-2627" src="/wp-content/uploads/2014/10/Jerusalén.-Caballo-de-Troya-1.jpg" alt="Jerusalén. Caballo de Troya 1" width="300" height="455" />Tomando como referencias clave el significativo <em>Caballo de Troya 1 </em>y su última publicación, nos preguntamos si podrían sobrevenirle parte de estos conflictos porque el lector acabe perdiendo pie en los niveles de ficción (amén de la susceptibilidad innata por lo delicado de los temas que aborda, evidentemente). No parece descabellado cuestionarse el problema en estos términos, en base a un concepto revelador que se repite en <em>Estoy bien</em>. Se trata de la expresión “puro teatro” que Benítez atribuye a las manifestaciones sobrenaturales que registra en sus páginas, refiriéndose a que “los mensajes de los <em>resucitados</em>, necesarios para establecer contacto, son irrelevantes en sí mismos, probablemente ni siquiera sean ciertos, la única verdad que revelan con ellos es la de su propia existencia, es decir, el hecho irrefutable de que están vivos <em>al otro lado</em>”. ¿Acaso es esto una pista que concede para que nos fabriquemos una hermenéutica y entender el verdadero peso de lo veraz y lo alegórico en su obra? Entonces, sus libros acabarían resultando sumamente exigentes para el lector, incluso herméticos para los menos intuitivos…</p>
<p>Imbatible, J.J. Benítez nos seguirá proporcionando nuevos desafíos. La lectura de <em>Estoy bien</em> deja patente ser la antesala de otro proyecto. Al hacérselo notar, recibimos una rotunda corroboración: “Está terminado el libro que sigue a éste como consecuencia directa, <em>Pactos y señales</em>, mucho más íntimo, donde daré otro paso para anunciar que hay un orden maravilloso al que estamos sujetos…”. Si no es antes por esta próxima publicación, hemos acordado volver a citarnos en el plazo máximo de dos años porque sabemos que su aniversario periodístico nos deparará más novedades, como insinúa. “Nunca hablo gratuitamente y cuando doy mi palabra, la cumplo siempre”, nos asegura. Le damos nuestro voto de confianza.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>MAICA RIVERA</strong></em></p>
<address style="text-align: left;">Una versión de este artículo fue publicada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista LEER (<a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">cómprala</a>, o mejor aún <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>).</address>
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		<title>Bueno: «Nunca encontré sentido a estudiar Filosofía»</title>
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		<pubDate>Mon, 01 Sep 2014 10:45:30 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Hoy GUSTAVO BUENO cumple 90 años y es una ocasión inmejorable para rescatar la visita que la pasada primavera LEER realizó al filósofo riojano en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes. La suya fue La Biblioteca Fantástica de nuestro <a href="/2014/05/leer-en-mayo/" target="_blank">número de mayo</a>. La conversación con ANA LISIS y FERNANDO PALMERO sobre los libros que atesora derivó hacia su etapa de estudiante, su paso por Salamanca, el descubrimiento de la Escolástica, las primeras lecturas e influencias intelectuales, de Freud a Linneo pasando por Spinoza… </address>
<address> </address>
<p>El bosque atlántico de <strong>Gustavo Bueno</strong> es ahora, también, <em>el bosque sagrado</em> de Llanes, porque esa es la etimología más probable de Niembro, como le contó a <strong>Marvin Harris</strong> en el verano del 85, <em>nemus, nemoris</em>, dice, bosque consagrado a alguna divinidad que remite al lago Nemis, en los montes albanos, donde había un templo dedicado a la diosa romana Diana, la Artemisa griega, y que por eso le llamaban <em>Diana Nemorensis</em>, y así se llamarían también los habitantes del lugar, nemorenses o niembrenses, y le explicó al sorprendido antropólogo que seguramente donde hoy se alza la iglesia cristiana junto al cementerio marino, debió haber un templo dedicado a Diana Cazadora, y en recuerdo de aquel derruido templo a la divinidad, fuese o no la historia verdadera, sus hijos le regalaron una figura de la diosa, con las flechas y el arco, como se suponía que iba también la arquera Artemisa cuando salía a cazar con su hermano Apolo, y desde entonces está ahí la diosa, que no es de mármol, pero está adornada con una pátina de moho por la humedad que lo disimula, y que tampoco está en un bosque mediterráneo sino en uno atlántico, entre gigantescos helechos mexicanos que uno de sus hijos, <strong>Álvaro</strong>, conservador de las colecciones botánicas del Jardín Atlántico de Gijón, ha trasplantado en Niembro, donde conviven con el boj, con robles y encinas, que muy probablemente crecían hacía siglos en estos cuetos costeros antes de la llegada de los eucaliptos, y paseando por el bosque con los dos filósofos (padre e hijo), creyendo uno que lo hacía por una de esas campiñas que aman los sabios, como decía <strong>Diógenes Laercio</strong> que decía <strong>Epicuro</strong>, llegamos al final del camino, a un promontorio en el que hay una reja vieja que parece colocada a modo de púlpito, pero que no es tal, sino que acota un pequeño espacio en cuyo centro hay un banco de piedra sobre el cual, apoyado en una tabla, confiesa Gustavo Bueno que escribió <em>El mito de la cultura</em>, porque en aquel retiro podía refugiarse del calor del verano y del ruido de los veraneantes.</p>
<blockquote><p>Mi interés de estudiante, como ahora, no era la Filosofía. Yo leía sobre todo a Freud, que se estudiaba en Medicina</p></blockquote>
<p>Y tras contarnos esto nos lleva a su biblioteca que afortunadamente no es un establo con una vaca descuartizada como nos cuenta que hizo <strong>Descartes</strong> cuando recibió a unos visitantes que querían ver sus libros, sino que nos conduce a una estancia amplia, bien iluminada y cubierta de librerías de madera del suelo al techo y en el centro, un escritorio alargado con un atril, como ante el que leía <strong>San Jerónimo</strong> en su celda, tal y como la concibiera el joven <strong>Durero</strong> en su célebre grabado, aunque no vimos por allí ninguna <em>vanitas</em>, ni ningún león, ni ninguna ternera abierta como las que pintaría luego <strong>Francis Bacon</strong> en uno de sus retratos de Inocencio X, pero esta anécdota cartesiana de la vaca le sirve para iniciar la conversación y nos muestra un ejemplar de la edición de 1749 (la primera es de doscientos años antes) del <em>Antoniana Margarita</em>:</p>
<p>“<strong>Gómez Pereira</strong>, un médico y filósofo de Medina del Campo, dice: he escrito este libro y como no sé cómo titularlo, teniendo en cuenta que mi padre se llama Antonio y madre Margarita, lo llamo así por la causa eficiente. Sostiene una tesis revolucionaria, nueva, que el hombre es una máquina y los animales también, y que cuando un perro está mirando u oliendo, no mira, ni huele, decir eso sería un antropomorfismo, porque el perro no siente, es una autómata que cuando recibe un estímulo repite un patrón de comportamiento. Reduce la biología a mecánica o a química. Los argumentos de Gómez Pereira en su ‘teoría del automatismo de las bestias’ tuvieron una influencia extraordinaria, y Descartes lo leyó seguramente pero se lo calló. Esto es materialismo puro, aunque Gómez Pereira partiese de unos principios espiritualistas, porque concibe al hombre como un espíritu puro, ni siquiera como un animal racional, al modo de los escolásticos. Descartes, cuando dice “Pienso luego existo”, está calcando a Gómez Pereira, que había dicho: “Todo el que conoce es. Luego, yo soy”. En el año 52 o 53, con <strong>Trujillo Marín</strong>, que estaba de profesor en Salamanca, hicimos un laboratorio de psicología y fisiología experimental titulado Gómez Pereira, con un reglamento y todo, era una cosa puramente desiderativa, quiero decir que yo el interés por Gómez Pereira lo he tenido siempre».</p>
<figure id="attachment_2193" style="width: 690px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7711.jpg"><img class="wp-image-2193 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7711-1024x682.jpg" alt="IMG_7711" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><em>¿Qué otras lecturas recuerda de los años que pasa en Salamanca como catedrático de Instituto entre 1949 y 1960?</em></p>
<p>Sobre todo recuerdo el frío espantoso que hacía en el Colegio Mayor en el que estuve hasta que me casé en el año 53. Poníamos un ladrillo caliente en la habitación porque no teníamos calefacción y allí, como era grande, tenía a un lado las obras que había descubierto yo en Salamanca, los <em>Principia Mathematica</em> de <strong>Bertrand Russell</strong> y las cosas de <strong>Rudolf Carnap</strong> y del Círculo de Viena, y al otro lado los libros de Escolástica que la directora de la biblioteca, que era hija del famoso <strong>Artigas</strong> director de la Biblioteca Menéndez Pelayo, me dejaba llevarme. Igual que cuando entras en una catedral y ves un armónium te pones a tocar a ver cómo suena, cuando vi aquella hilera de infolios en la biblioteca, por pura curiosidad me puse a ver lo que decían, no porque a mí me interesasen, sino a ver qué decían aquellos frailes, y resulta que decían muchas cosas, sutilísimas, y eso me influyó muchísimo y me convertí en un experto. Allí leí <em>Los dones del Espíritu Santo</em> de <strong>Juan de Santo Tomás</strong>, a los Conimbricenses, los Complutenses, los Salmanticenses… Salamanca fue para mí, sobre todo, conocer la Escolástica. Es más, siempre he creído que lo que debía estudiarse los primeros cursos en las facultades de Filosofía es Escolástica en serio. La Escolástica no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas y su influencia, por ejemplo en <strong>Kant</strong>, es total y no digamos en <strong>Heidegger</strong>. La gran conmoción que provocó en el año 27 cuando publicó <em>Ser y tiempo</em>, fue porque la gente no sabía escolástica y estaban leyendo a un autor que había sido jesuita, que tenía una tesis sobre <strong>Duns Scoto</strong> y que era un escolástico de arriba abajo.</p>
<blockquote><p>La Escolástica no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas. Su influencia en Kant es total, y no digamos en Heidegger</p></blockquote>
<p><em>Ha dicho en alguna ocasión que en Salamanca concibió la Teoría del Cierre Categorial, ¿fue leyendo a los autores del Círculo de Viena?</em></p>
<p>No. En el colegio mayor había muchos catedráticos de Medicina, de esos que estaban allí un par de años y luego se marchaban, y yo iba al laboratorio de fisiología que había en la Facultad antigua de Medicina y tenía la costumbre de estudiar los instrumentos que utilizaban. Y allí es donde se me ocurrió la idea de un conjunto de operaciones que había que mantenerlas dentro de aquel plano sin salirse de él y que cualquier otra operación externa no podía ser introducida. Fue una intuición, una descripción de lo que yo veía en aquellos laboratorios.</p>
<p><em>Sus primeros libros también fueron de medicina, de la biblioteca de su padre. </em></p>
<p>Yo estaba destinado a ser médico, toda mi familia lo era, mi padre, que había sido discípulo de <strong>Ramón y Cajal</strong>, mis abuelos materno y paterno, pero a mí me gustaba la biología, que antes no existía, los biólogos de entonces, empezando por <strong>Ochoa</strong>, eran todos médicos. Mi padre me llevaba a visitar a los enfermos y a ver las autopsias y eso me entretenía pero yo no quería estar toda la vida viendo enfermos. Mi interés entonces, como ahora, no era la Filosofía, para mí estudiar Filosofía era una cosa administrativa, burocrática, porque lo que yo leía en Zaragoza en esos años, te estoy hablando del 41–42, era sobre todo a <strong>Freud</strong>, que no se estudiaba en Filosofía, sino en Medicina, e íbamos a la clase de un catedrático de psiquiatría y nos explicaba a Freud, a <strong>Jung</strong> y a <strong>Darwin</strong>. En la Facultad de Filosofía había grandes controversias con un cura que tenía un libro que se llamaba <em>Tole Lege</em> y que decía que eso de que el hombre venía del mono eran tonterías. Pero aparte de los de Medicina, los libros que yo leía en casa eran los que mi padre tenía escondidos en un armarito en su despacho de la clínica. Cuando encontré la llave y lo abrí me encontré a <strong>Spinoza</strong>, <strong>Anatole France</strong>, sobre todo cosas francesas, y cosas de Darwin. Se los sacaba, los leía y los metía otra vez. Eran libros de la juventud de mi padre cuando estuvo en México.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2198" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7823-1024x682.jpg" alt="IMG_7823" width="690" height="459" /></p>
<p> </p>
<p><em>Esa fue la primera vez que leyó a Spinoza?</em></p>
<p>Yo tenía un conocimiento muy mundano de Spinoza, para mí era un judío que decía que <strong>Moisés</strong> no podía haber escrito el Pentateuco, porque ahí se contaba su muerte. Yo iba a misa, claro, tenía que ir por razones sociales. Cuando me marchaba con algunos amigos, mi madre me decía no hagas el ridículo, cosa que entonces me parecía ridícula pero hoy le doy la razón, tú no puedes dejar de ir a misa donde todo el mundo va a misa, porque haces el ridículo. Mucho más tarde, en Salamanca, cuando con mis compañeros, que tampoco iban a misa, discutíamos sobre la libertad humana yo les decía: así como la mariposa caligo cuando ve a un búho extiende sus alas para no ser devorada por los predadores, así nosotros extendemos los brazos en cruz para no ser devorados por los sacerdotes, pero todo esto lo hablábamos en absoluto secreto. El que quiere ser sincero tiene dos opciones, o bien separarse o bien descreérselo y mantener esa doble vida, ahora hay que hacer lo mismo, aunque dicen que estamos en libertad. Pero estaba hablando de Spinoza. Yo iba a misa de 12, a la catedral de Santo Domingo de la Calzada, y allí lo pasaba muy bien, porque me sentaba en los bancos de la nave central, frente a un retablo de <strong>Forment</strong> y leía el Tratado Teológico-Político que había metido en un devocionario muy <em>ad hoc</em> de mi tía Ángeles, que era muy beata, la típica mujer solterona que tocaba muy bien el piano y que daba mítines de la CEDA. Y el notario del pueblo, que me miraba de reojo y veía latinajos en el libro, le decía luego a mi padre: tu hijo me gusta mucho, va para cura.</p>
<blockquote><p>Durante una temporada grande, años 40, leí muchas novelas, sobre todo a Thomas Mann, pero luego me aburrí y ahora las aborrezco</p></blockquote>
<p><em>¿Las novelas o la poesía no formaron parte de su formación?</em></p>
<p>En Zaragoza era <em>obligatorio</em>, no sé por qué, en los años 40–42, leer a <strong>Dostoievski</strong> y a todos los rusos, era una moda entre los estudiantes, no sé cómo surgió, pero cuando estabas hablando en un café o donde fuera, tenías que hablar de <strong>Turgeniev</strong> y de <strong>Raskolnikov</strong>, el protagonista de <em>Crimen y Castigo</em>, era como hablar ahora de <strong>Rubalcaba</strong>, así que durante una temporada grande leí muchas novelas, sobre todo a <strong>Thomas Mann</strong>, pero luego me aburrí y ahora las aborrezco. Con los libros hay que tener cuidado. Cuando se pondera tanto a <strong>Gutenberg</strong> habría que ver los libros que publicó en su imprenta, eran mucho peores que los de los escolásticos, la cantidad de majaderías que publicó. En el pergamino y el papiro había que afinar más, porque había que escribir letra por letra, pero cuando las letras las hace la máquina… La imprenta supone, primero, la posibilidad de repetir estupideces y de ponerlas al mismo nivel de lo que no son estupideces. Y eso pasa con las novelas de ahora. Sin embargo, es cierto que me reconcilié con la novela cuando escribí una, que no llegué a publicar, la rompí como he contado alguna vez, pero me sirvió de mucho porque era la primera vez, desde el punto de vista literario, que yo empecé a pensar no en abstracto sino dramáticamente, es decir, poniendo cara a las cosas, y ese fue un cambio muy importante, para bien o para mal, pero cambió radicalmente mi forma de enfocar las cuestiones. De poesía, en tiempos me gustaba mucho leer a los clásicos, las odas de <strong>Horacio</strong>, a <strong>Catulo</strong> y a <strong>Virgilio</strong>. Yo tenía amigos poetas, pero me metía mucho con ellos y con los filólogos en Salamanca, como cuando hicieron premio Nobel a <strong>Juan Ramón Jiménez</strong> y recordaban eso de <em>Dios está azul</em>. Eso es una tontería, una idiotez completa decía yo, no está ni azul ni rojo, eso a lo sumo será un fragmento de la polémica sobre si Júpiter era el firmamento o era una persona. Recuerdo un seminario de la Universidad de Salamanca donde estaban ponderando no sé qué imagen de <strong>Fray Luis de León</strong> que decía que el mundo surgió cuando Dios estaba tocando una lira, qué bello, decían, y efectivamente eran versos muy bonitos, pero lo bello, decía yo, está en la forma de la lira. Si dices Dios creó el mundo tocando un trombón, se acabó la belleza.</p>
<p><img class="aligncenter size-large wp-image-2200" src="/wp-content/uploads/2014/09/IMG_7802-1024x682.jpg" alt="IMG_7802" width="690" height="459" /></p>
<p> </p>
<p><em>¿Para usted hacer filosofía ha sido hacer política?</em></p>
<p>Yo nunca he hecho filosofía. Me hace mucha gracia cuando salen los profesores con pancartas diciendo que sin la filosofía no se puede pensar, hombre no me diga tonterías. ¿Qué quieren decir, que nosotros no pensamos? El pensamiento no está en la filosofía académica. Yo creo que aquí padecemos, y yo incluido, un error gremial. Por eso cuando <strong>Manuel Sacristán</strong> salió con aquello del papel de la Filosofía yo entré al trapo porque me pareció una cuestión mal planteada. Yo nunca le encontré sentido a estudiar Filosofía, porque ¿qué dice la Filosofía? No dice nada, dice cuestiones muy diferentes, es como la democracia, hay muchas clases de democracia, la orgánica, la representativa… Lo que llamamos Filosofía es un análisis de segundo grado, pero por sí misma no tiene entidad ninguna si no está sostenida por los materiales que analiza. En cierto modo, Sacristán tenía unas ideas parecidas, pero las distorsionó a mi juicio porque no sabía nada de escolástica y creía que todo era lenguaje. Pero el principal error, como decía, es el gremial. Como ocurre en la televisión, donde el público está dividido por especialidades, aunque esté todo lleno de impostores, sobre todo en La 2, que es un nido de gente del PSOE, en las facultades son los gremios los que mandan, el gremio de los filósofos, de los paleontólogos, de los medievalistas, y si no eres del gremio no tienes nada que hacer, te acusan de intrusismo, como cuando he dado unas conferencias tomando como punto de partida la décima edición del <em>Sistema Natural</em> de <strong>Linneo</strong>, un personaje que aparece completamente eliminado de la filosofía moderna. Aparecen <strong>Copérnico</strong>, Descartes, Galileo, luego Darwin, pero Linneo nunca, lo consideran un botánico, pero tiene una importancia de primer orden, porque habla de la naturaleza con tres reinos, el reino mineral, el vegetal y el animal y mete, por primera vez, al hombre en el reino animal. Claro eso era un escándalo para los cartesianos, porque el hombre es espíritu, como decía Gómez Pereira, el de animal es simplemente un traje que tiene y que lo tira cuando se cansa de él, porque el hombre pertenece al reino de los espíritus. El embrollo de Linneo es que dice que las especies son eternas y han sido creadas por Dios y define al hombre como Homo Sapiens. A mí me gusta más la definición de <strong>Hesíodo</strong>: “El hombre es un animal que come pan”, porque ¿qué es eso de Sapiens? Yo me acordaba de Gómez Pereira, ¿la sabiduría del hombre en qué consiste? Yo creo que la escritura en la evolución es un estadio mucho más importante que el habla. Los chimpancés, por lo menos los de <strong>Premack</strong>, aprendieron a hablar, pero no escribían, de manera que la escritura es un cambio totalmente distinto, que, por de pronto, nos libera de los antepasados inmediatos. Nosotros sabemos mucho más de <strong>Tutankamon</strong> que lo que sabía <strong>Herodoto</strong>, por ejemplo. La escritura supone un cambio distinto del modo de pensar, no el lenguaje, la escritura, cuando se empieza a saber lo que es el sujeto y el predicado.</p>
<h3 style="text-align: center;">—-&amp;—-</h3>
<h3><strong>Una celebración de Bueno</strong></h3>
<p>La clausura de los Encuentros de Filosofía que anualmente celebra la <a href="http://www.fgbueno.es/" target="_blank">Fundación Gustavo Bueno</a> en su sede de Oviedo tuvieron este año un final emotivo. Tras la conferencia con la que Gustavo Bueno cerró la <a href="http://www.fgbueno.es/act/act043.htm" target="_blank">decimonovena edición</a> el 12 de abril con el título <em>El ‘Systema naturae’ de Linneo y la revolución lógica de Darwin</em>, se presentó un libro de homenaje al catedrático emérito. <em>Gustavo Bueno: 60 visiones sobre su obra</em> es un volumen colectivo editado por Pentalfa, coordinado por <strong>Raúl Angulo</strong>, <strong>Rubén Franco</strong> e <strong>Iván Vélez</strong> y en el que han participado 60 personas, entre amigos, profesores, filósofos e investigadores que respondieron a tres preguntas: cómo lo conocieron, cuál de sus obras les influyó más, y cuáles son a su entender las principales aportaciones de sus sistema filosófico.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/09/FOTO-PORTADA-LIBRO1.jpg"><img class="alignleft wp-image-2205" src="/wp-content/uploads/2014/09/FOTO-PORTADA-LIBRO1-646x1024.jpg" alt="FOTO PORTADA LIBRO" width="250" height="396" /></a>La excusa, si es que hiciera falta alguna, es, como diría el filósofo, material y, por lo tanto, necesaria. Gustavo Bueno, nacido en Santo Domingo de la Calzada en 1924, cumple 90 años. Y por esa razón nadie ha querido perderse la oportunidad de reconocer el determinante trabajo de uno de los principales filósofos de nuestra Historia. Casi 50 años de edad separan al mayor, <strong>Vidal Peña</strong> (1941), del más joven de los colaboradores, <strong>Julen Robledo</strong> (1988), prueba de la vitalidad de la obra de Bueno. Entre los participantes, también se encuentran <strong>Gabriel Albiac</strong>, <strong>Felicísimo Valbuena</strong>, <strong>Fernando López-Laso</strong>, <strong>José Sánchez Tortosa</strong>, <strong>Pedro Insua</strong> o <strong>Montserrat Abad</strong>, entre otros. Tan interesante es la participación de su nieto, <strong>Lino Camprubí</strong>, como extraña e inexplicable la ausencia de su hijo Gustavo.</p>
<address><img class="alignright wp-image-1152" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO-767x1024.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /><em>Una ver­sión de este artículo fue publi­cada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco, en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> o, mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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		<title>En pleno aire</title>
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		<pubDate>Thu, 24 Jul 2014 12:11:34 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El dramático caso del avión malasio derribado sobre Ucrania el pasado 18 de julio y la desaparición hoy de un aparato que volaba rumbo a Argel desde Burkina Faso dan continuidad a una nueva clase de incertidumbre inaugurada con la desaparición en marzo del vuelo 370 de Malaysia Airlines. En nuestro número de mayo, RAÚL [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>El dramático caso del avión malasio derribado sobre Ucrania el pasado 18 de julio y <a href="http://www.elmundo.es/internacional/2014/07/24/53d0cf5f268e3e03168b4574.html" target="_blank">la desaparición hoy</a> de un aparato que volaba rumbo a Argel desde Burkina Faso dan continuidad a una nueva clase de incertidumbre inaugurada con la desaparición en marzo del vuelo 370 de Malaysia Airlines. En nuestro <a href="/2014/05/leer-en-mayo/" target="_blank">número de mayo</a>, <strong>RAÚL MINCHINELA</strong> interpretó en clave literaria aquel acontecimiento que “ha puesto boca abajo una serie de convicciones en las que llevábamos tiempo cabalgados”. Lo recuperamos.</address>
<address> </address>
<p>E<strong>l mar ha sido el lugar de las aventuras.</strong> Una fuente inagotable de historias, de recuerdos, de horizontes. Son innumerables los lomos que han narrado su historia al ritmo del oleaje. En él se mecía el <em>Pequod</em> que perseguía a <em>Moby Dick</em>, el <em>Argo</em> que bautizaba a los tripulantes de Jasón, el bajel pirata del <em>Corsario Negro </em>que narró <strong>Emilio Salgari</strong>. El mar es especialmente literario porque durante siglos fue un lugar de muerte segura, solo apto para valientes. Hoy tenemos una visión radicalmente distinta: ahora nos bañamos en el mar, una osadía que sólo fue posible después de domesticarlo. El mar se conquistó con la llegada del vapor, una herramienta con poder para resistir el capricho de los temporales. La máquina que domó el mar le permitió a <strong>Julio Verne</strong> proyectar <em>20.000 leguas de viaje submarino</em> y también imaginar periplos por territorios igual de invencibles, como el radial hacia el centro de la tierra. El mar era aventura de <strong>Melville</strong>, de <strong>Conrad</strong>, de <strong>London</strong>. Experiencias al límite en un lugar donde cada día podía ser el último.</p>
<p><strong>La aviación heredó mucho de la navegación</strong>, incluido buena parte de su vocabulario técnico. Aún hoy hablamos de la navegación aérea y de la aeronáutica. El vuelo fue aventurero en sus primeros tiempos. <strong>Gómez de la Serna</strong> contaba en su <em>Automoribundia</em> cómo temblaban las piernas entre los pasajeros que esperaban turno para montarse en aquellas aeronaves primerizas, y <strong>Saint-Exupéry</strong> nos contó en <em>Vuelo Nocturno</em> el reto de enfrentarse en el aire a una tormenta.</p>
<p>Hoy, sin embargo, <strong>la perfección técnica ha encarrilado el trayecto en avión a casi un trámite banal.</strong> En las salas de espera de los aeropuertos hay más impaciencia que expectación, más formalidad que peripecia. La narración literaria alrededor del pasajero de avión tiene dos polos complementarios. A un lado, <strong>el hastío de la clase turista</strong> que <strong>Houellebecq</strong> estiraba hasta la depravación en <em>Plataforma</em>. Al otro, la prevención de la sorpresa, la actividad predispuesta en el espacio predispuesto, la dinámica que tantas veces noveló <strong>J. G. Ballard</strong> en su futuro presente de centros comerciales y <em>resorts</em> vacacionales.</p>
<figure id="attachment_2007" style="width: 300px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-2007" src="/wp-content/uploads/2014/07/91a-8gW5fvL.jpg" alt="91a-8gW5fvL" width="300" height="516" /><figcaption class="wp-caption-text">La tragedia del vuelo 370 ha recordado las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, ese espacio que popularizó el libro de Charles Berlitz. “Hoy habíamos desactivado el Triángulo con las señales inalámbricas y los satélites”.</figcaption></figure>
<p>El caso insólito de un avión comercial desaparecido en pleno vuelo del que no hay ni rastros ni indicios ha puesto bocabajo una serie de convicciones en las que llevábamos tiempo cabalgados. El 8 de marzo de 2014, el <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Malaysia_Airlines_Flight_370" target="_blank">vuelo 370 de Malaysia Airlines</a> procedente de Kuala Lumpur y con destino Pekín desapareció de los radares, y hasta la fecha no se ha vuelto a tener noticia. Los canales de televisión airearon el caso con la misma intensidad que las páginas de Facebook. En este mundo hiperacelerado donde los sucesos vienen encapsulados y con su medida precalibrada en minutos de interés, el misterio sostenido era un contenido de difícil encaje. <strong>Los espectadores estaban impacientes por la resolución, incapaces de manejar la incertidumbre</strong> en esta era de noticias con titular cerrado.</p>
<p>Precisamente <strong>en estas fechas la prensa nos asaltaba con noticia tras noticia sobre la vigilancia intensiva a los ciudadanos</strong>, una presión donde cada uno de nuestros pasos se trazaba con los teléfonos y cada una de nuestras conversaciones se tamizaba por un cedazo digital de cartas y notas de voz. Nuestro mundo había perdido el trato personalizado del antiguo James Bond y ahora se manejaba en marasmos de Big Data, con las preferencias de todo el mundo rastreadas, almacenadas y encerradas en una campana de Gauss. <strong>En medio de esa tutela implacable e intensiva, una desaparición grande como un avión con 239 personas dentro.</strong> Una tragedia que recordaba las desapariciones en el Triángulo de las Bermudas, ese espacio que popularizó el libro de <strong>Charles Berlitz</strong> y que tragaba naves y aeronaves como un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Caribdis" target="_blank">Caribdis</a> de marea baja. Hoy habíamos desactivado el Triángulo con las señales inalámbricas y los satélites. El misterio sin resolución del vuelo malasio <strong>ponía en crisis esa convicción moderna donde todo estaba en su lugar o en su defecto localizado.</strong> La resolución se buscó con un ahínco feroz: construyeron hipótesis tanto los profesionales de la información como los aficionados. Incluso la viuda el músico <strong>Kurt Cobain</strong> publicó en internet una fotografía de satélite con toscas líneas añadidas, ofreciendo su aportación para desentrañar el misterio, resolviendo el caso desde su casa con un cable de red y un uso rudimentario del Paint.</p>
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</div>
<p> </p>
<p>El avión volatilizado es <strong>un caso arquetípico de detective, pero es a la vez todo lo contrario.</strong> El detective es heredero de la Ilustración, del raciocinio, de la convicción de que el mundo se puede descifrar siendo sistemático en el análisis de sus indicios. El detective que con sus observaciones desentraña el crimen nace con el científico que con sus experimentos resuelve las ecuaciones que mueven el mundo. Las pruebas de criminalística se usan aún hoy como argumento judicial, con la técnica revelando el secreto de los hombres. En el caso del avión lo que hay que descifrar es el misterio de la técnica que ha escapado a los detectores. <strong>Es el hombre quien debe resolver a la tecnología.</strong> Y las investigaciones se hacen como las realizaba Hercule Poirot: sin salir de la habitación, comprobando instantáneas y gráficas, cotejando las manchas en el oleaje, triangulando los <em>pings</em> de despedida, buscando una caja negra desde dentro de otra.</p>
<p>En <em>Superviviente</em>, <strong>Chuck Palahniuk</strong> noveló un monólogo de avión emitido por onda corta que llegaba hasta el momento mismo de su impacto. Era una carta de despedida tan desesperada como la de aquel<em> Robinson Crusoe</em> al que se le alejó de la técnica y de la sociedad rodeándolo de olas. <strong>Todas esas historias caben en la del avión desaparecido porque de él no nos ha quedado nada salvo el relato.</strong> Tenemos la crónica completa de sus pasajeros, sabemos de dos pasaportes falsos entre cientos de genuinos, de una carga volátil con un número considerable de baterías de litio, del mensaje a su madre de una azafata en una rutina entre rutinas. Una vez despojados de la prisa, nos queda el misterio, la vida y las historias.</p>
<p style="text-align: right;"><em>RAÚL MINCHINELA (<a href="https://twitter.com/raulsensato" target="_blank">@raulsensato</a>)</em></p>
<address style="text-align: left;"><em><a href="/2014/05/leer-en-mayo/"><img class="alignleft wp-image-1152" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a>Una ver­sión de este artículo fue publi­cada en el número de mayo de 2014, 252, de la Revista <span class="caps">LEER</span> (cóm­pralo en tu quiosco, en el <a href="http://www.quioscocultural.com/leer/460-leer-n-252.html" target="_blank">Quiosco Cul­tu­ral</a> de <span class="caps">ARCE</span> o, mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a>).</em></address>
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		<title>Leer en mayo</title>
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		<pubDate>Tue, 06 May 2014 10:11:25 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>La educación, sus problemas y soluciones, es <a href="/2014/04/leer252-que-educacion/" target="_blank">el principal argumento de nuestro número de mayo</a>, pero hay otros muchos. El próximo mes de septiembre <strong>Gustavo Bueno</strong> cumple 90 años, y la fantástica biblioteca que el polémico filósofo atesora en su refugio de Niembro, en el concejo asturiano de Llanes, es <strong>la Biblioteca Fantástica de este mes.</strong> La conversación sobre sus libros deriva a su etapa de estudiante, su paso por Salamanca, el descubrimiento de la Escolástica («no es más que la continuación del platonismo de las escuelas griegas»), <strong>las primeras lecturas e influencias intelectuales, de Freud a Linneo pasando por Spinoza.</strong></p>
<p>Sorprendidos <a href="/2014/04/gabo-1927-2014/" target="_blank">en pleno cierre</a> por el fallecimiento de <strong>Gabriel García Márquez</strong>, ensayamos <strong>un homenaje urgente</strong> al inmortal autor de <em>Cien Años de Soledad</em>. Nuestro director, <strong>Aurelio Loureiro</strong>, calibra el impacto de la prosa de Gabo en el imaginario de varias generaciones, y <strong>David Felipe Arranz</strong> analiza la geografía de Macondo. Además, <strong>Julio Valdeón Blanco</strong>, en su <strong>Carta desde Nueva York</strong>, recoge el enorme impacto de la noticia en Estados Unidos.</p>
<figure id="attachment_1168" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-1168 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/05/Milan-Kundera-1024x680.jpg" alt="Milan Kundera." width="690" height="458" /><figcaption class="wp-caption-text">Milan Kundera.</figcaption></figure>
<p>Otra Carta, la de París de <strong>Óscar Caballero</strong>, da noticia de las últimas y notables novedades editoriales en Francia: <a href="http://www.gallimard.fr/Catalogue/GALLIMARD/Blanche/La-fete-de-l-insignifiance" target="_blank"><em>La fête de l’insignifiance</em></a>, lo último de <strong>Milan Kundera</strong>, la antología poética de <strong>Michel Houellebecq</strong>, <em>Non reconcilié</em>, o <a href="http://www.gallimard.fr/Media/Gallimard/Entretien-ecrit/Pierre-Assouline.-Sigmaringen" target="_blank"><em>Sigmaringen</em></a>, la novela de <strong>Pierre Assouline</strong> sobre «el pecado inexpiable de Francia que fue el colaboracionismo».</p>
<p>Desde la Feria del Libro de Londres, <strong>Paula Corroto</strong>, periodista y editora de <a href="http://www.encubierta.com/" target="_blank"><em>EnCubierta</em></a> (publicación premiada en aquel certamen con el YCE Award del British Council a la mejor idea de edición digital 2014), nos trae <strong>las novedades y tendencias del siempre adelantado mercado anglosajón.</strong> El desarrollo de las aplicaciones editoriales y el auge de la autopublicación son algunas de ellas. «El mantra es la creación de comunidad, saber dar con el nicho de lectores. ¿Hablamos de libros o de coches? Hablamos de negocio».</p>
<figure id="attachment_1170" style="width: 350px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-1170" src="/wp-content/uploads/2014/05/IMG_4356-760x1024.jpg" alt="J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres)." width="350" height="472" /><figcaption class="wp-caption-text">J. J. Benítez (foto: Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>Además de nuestras habituales reseñas y recomendaciones, ofrecemos entrevistas con <a href="http://hkkmr.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong>Alberto Olmos</strong></a> (autor de la reciente <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/ERH28887/alabanza" target="_blank"><em>Alabanza</em></a>, «lo mejor que he escrito en mi vida»), <a href="http://www.sergibellver.com/" target="_blank"><strong>Sergi Bellver</strong></a> (a propósito de su libro de relatos <em>Agua dura</em>), <a href="http://www.jjbenitez.com/" target="_blank"><strong>J.J. Benítez</strong></a> (por la publicación de <em>Estoy bien</em> y en el 30º aniversario de <em>Caballo de Troya</em>), <strong>Juan Arnau</strong> (autor de <a href="http://www.edicionesatalanta.com/libro.php?id=97" target="_blank"><em>Manual de filosofía portátil</em></a> en Atalanta), <strong>Ramón Pernas</strong> (último premio Azorín con <a href="http://www.planetadelibros.com/hotel-paradiso-libro-117959.html" target="_blank"><em>Hotel Paradiso</em></a>), <strong>Javier Urra</strong> (sobre su <em>Psicohigiene</em> en Aguilar) o <strong>Luis Alberto de Cuenca</strong> (que habla con Alicia González de su último poemario, <em>Cuaderno de vacaciones</em>, en Visor).</p>
<p><strong>En torno a la figura de</strong> <strong>Adolfo Suárez</strong> hablamos con <strong>Abel Hernández</strong>, autor reciente del libro <a href="http://www.plazayvaldes.es/libro/secretos-de-la-transicion/1530/" target="_blank"><em>Secretos de la transición</em></a>, y <strong>Pilar Urbano</strong>, protagonista, con su libro <a href="http://www.planetadelibros.com/la-gran-desmemoria-libro-117678.html" target="_blank"><em>La gran desmemoria</em></a>, de una de las más fenomenales polémicas en torno a la relación del Rey con el ex presidente y las claves ocultas del 23-F.</p>
<p>En sus <strong>Páginas Verdes</strong>, <strong>Pedro Cáceres</strong> glosa la figura impresionante del recientemente desaparecido <strong>Peter Matthiessen</strong>. <strong>Gabriel Albiac</strong> dedica su sección de <strong>Pensamiento</strong> al último libro de <strong>Javier Sádaba</strong>, <a href="http://www.planetadelibros.com/etica-erotica-libro-114389.html" target="_blank"><em>Ética erótica</em></a> (Península), y <strong>Ramón Tamames</strong> ofrece las claves de su libro recién aparecido <em>¿Adónde vas, Cataluña?</em></p>
<p><strong>La brillante aproximación literaria de Raúl Minchinela a la misteriosa desaparición del vuelo 370 de Malaysia Airlines</strong> cierra un número de LEER pleno de propuestas de orden diverso. Selva varia, como siempre, y más que nunca en este florido mayo.</p>
<p> </p>
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		<title>#leer252: qué educación</title>
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		<pubDate>Wed, 30 Apr 2014 17:28:51 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p>Mayo es un mes tan bueno como cualquier otro para preguntarnos, en la misma clave que LEER se ha preguntado en portada por otros asuntos decisivos de nuestra sociedad –<em>Qué Izquierda</em> (octubre de 2003), <em>Qué Rey</em> (junio de 2012), <em>Qué Iglesia</em> (abril de 2013)…–, por <strong>los problemas, las insuficiencias e incógnitas de nuestro sistema educativo.</strong></p>
<p>La controvertida aprobación de la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), cuya aplicación comenzará el curso que viene, ha corroborado que <strong>la enseñanza en España sigue siendo un campo de batalla ideológico.</strong> <strong>Incapaces los políticos</strong> de alcanzar un consenso básico sobre un asunto estratégico, arrastrando a la comunidad educativa a un debate envenenado donde las cuestiones pedagógicas han ocupado un lugar marginal,<strong> los problemas del sistema en sus diversos niveles siguen sin obtener respuestas adecuadas.</strong> Entretanto, los sucesivos resultados del Informe PISA arrojan conclusiones desalentadoras.</p>
<p><strong>Sobre todo ello trata nuestro tema de portada del mes de mayo.</strong> <strong>Marta Caballero</strong> ha hablado con un buen puñado de expertos y sugiere algunas lecturas para entender las insuficiencias de la educación en España, especialmente en lo que se refiere a la capacidad lectora de los escolares, una habilidad básica para desarrollar cualquier actividad. <strong>María Clemente Linuesa</strong>, autora de <a href="http://www.edmorata.es/libros/lectura-y-cultura-escrita" target="_blank"><em>Lectura y cultura escrita</em></a> (Morata, 2009), el catedrático de Didáctica <strong>José Gimeno Sacristán</strong>; profesionales de bibliotecas como <strong>Javier Quevedo</strong>, de la <a href="http://www.madrid.es/portal/site/munimadrid/menuitem.8b2184148b70b0aa7d245f019fc08a0c/?vgnextchannel=0c369e242ab26010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD&amp;vgnextoid=ca903d0b5e71c010VgnVCM1000000b205a0aRCRD" target="_blank">Gerardo Diego</a> de Vallecas; <strong>Pedro García Ballesteros</strong>, inspector de Educación y cofundador de la asociación de educadores <a href="http://www.redeseducacion.net/" target="_blank">Redes</a>, o <strong>Ángel Santamaría</strong>, autor del reciente <a href="http://www.megustaleer.com/ficha/C924014/heducacion-se-escribe-sin-hache" target="_blank"><em>Heducación se escribe sin hache</em></a> (Debate) ofrecen su punto de vista sobre la cuestión.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/04/DSC_0172.jpg"><img class="alignleft size-large wp-image-1143" src="/wp-content/uploads/2014/04/DSC_0172-1024x678.jpg" alt="DSC_0172" width="690" height="456" /></a></p>
<p> </p>
<p>Además, seis años después de escribir <em>El profesor en la trinchera</em>, <strong><a href="http://www.josesancheztortosa.com/" target="_blank">José Sánchez Tortosa</a></strong> pone al día las pesimistas conclusiones de aquel libro. Por su parte, <strong>Fernando Savater</strong> y el ex director general del Libro <strong>Rogelio Blanco</strong> debaten sobre Educación con el director de LEER, relativizando la importancia de los indicadores de PISA y <strong>subrayando la importancia de educar ciudadanos críticos y conscientes de sus derechos y sus obligaciones.</strong></p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-1146" src="/wp-content/uploads/2014/04/PerezdeAyalapequeno.jpg" alt="PerezdeAyalapequeno" width="350" height="392" />También en clave educativa discurren algunas de las secciones habituales de LEER. En Tercera Cultura, <strong>Teresa Giménez Barbat</strong> reivindica <strong>el papel del padre en la educación de los hijos.</strong> En las páginas de Infantil y Juvenil, <strong>Ada del Moral</strong> presenta una selección de guías y recursos para orientar los primeros pasos de los <em>enanos</em> en el mundo de la lectura, y repasa la trayectoria del <a href="http://concursojovenestalentos.cocacola.es/" target="_blank">Concurso de Jóvenes Talentos de Coca-Cola</a>, el más antiguo certamen de relato juvenil de España, que este año alcanza su 54ª edición y en mayo alcanza su fase final. Tampoco es inocente la elección del protagonista de la Auténtica Entrevista Falsa de este mes, <strong>Ramón Pérez de Ayala</strong>, un liberal institucionista que militó en la Liga de Educación Política Española fundada por Ortega hace ahora cien años.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO.jpg"><img class="alignleft size-medium wp-image-1152" src="/wp-content/uploads/2014/04/PORTADA-LEER-SIN-CODIGO-224x300.jpg" alt="Maquetación 1" width="224" height="300" /></a>Todo ello y mucho más en un número de mayo de LEER lleno de sugerencias que ya está en los kioscos. La <em>cover</em> y las fotografías que ilustran el reportaje de portada, realizadas por <a href="https://twitter.com/bulletpark" target="_blank">Fernando García Mozo</a>, fueron tomadas en el <a href="http://www.educa.madrid.org/web/cp.fernandoelcatolico.madrid/" target="_blank">Colegio Fernando el Católico</a> de Madrid gracias a la colaboración de su directora, María del Carmen Gutiérrez Leitón, y su jefa de estudios, Estrella Alarcón.</p>
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