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	<title>Revista leer &#187; Gil de Biedma</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Morán: “Este es mi libro más duro y más brutal”</title>
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		<pubDate>Fri, 31 Oct 2014 15:13:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido la noticia cultural de la “rentrée”. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de FERNANDO PALMERO con GREGORIO [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>La decisión de Planeta de cancelar el lanzamiento “El cura y los mandarines”, una de las grandes novedades del otoño, ha sido <a href="/2014/10/el-cura-y-los-mandarines-historia-de-un-libro-nonato/" target="_blank">la noticia cultural de la “rentrée”</a>. Antes de la polémica y el escándalo, LEER fue el primer medio que habló de la obra con su autor. La entrevista de <strong>FERNANDO PALMERO</strong> con <strong>GREGORIO MORÁN</strong> publicada en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">nuestro número de octubre</a> ha sido la fuente primera y necesaria para entender lo sucedido. El 13 de septiembre conversamos con Morán (Oviedo, 1947) en el despacho de su ático barcelonés, fumando y hablando de una obra en la que ha invertido diez años de estudio y que define como un “un ajuste de cuentas” con su generación; una indagación en las promiscuas relaciones de los intelectuales con el poder desde la madurez del franquismo hasta el ocaso del felipismo, siguiendo la inclemente línea de ‘El maestro en el erial’ pero cambiando a Ortega por Jesús Aguirre como figura vertebral. Finalmente lo publicará Akal. Entretanto, aquí está el resultado de aquel encuentro, cuajado de declaraciones y revelaciones explosivas.</address>
<address> </address>
<h5><em>¿Este es otro de esos libros en los que cuentas cosas que nadie quiere escuchar?</em></h5>
<p>Posiblemente sí. En este caso creo que el que más, porque es un ajuste de cuentas. <strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación. Además yo no entré en el PSOE y antes de la legalización del PCE ya estaba fuera… Pero también es <strong>una continuación del libro de Ortega</strong> –<em>El maestro en el erial</em> (Tusquets, 1998)–, porque el libro de Ortega es una explicación de la barbarie en la cual nacimos. <strong>Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega…</strong> Es el único favor que le debo a <strong>Vargas Llosa</strong>. El grupo Prisa había decidido no publicar ni una sola referencia, pero el director de Tusquets, <strong>Antonio López Lamadrid</strong>, que ya falleció, le mandó un ejemplar a Vargas Llosa, que estaba en Berlín en una de esas genialidades (dos años de beca) que consiguen los que saben vivir bien. Y sin tener ni idea de las consecuencias que tenía aquello, hizo un artículo para <em>El País</em>, que nadie se atrevió a levantar, absolutamente impresionante a favor del libro. Y ahí empezó a existir.</p>
<h5><em>‘El cura y los mandarines’ tiene como hilo conductor a <strong>Jesús Aguirre</strong>…</em></h5>
<p>Sí, pero la historia es más compleja. Están los <strong>Pradera</strong>, los <strong>Gil de Biedma</strong>, los <strong>Castellet</strong>… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba. Eso dice mucho. <strong>Aguirre es un personaje complejo e importantísimo en esos años.</strong> No olvides que es él quien presenta en sociedad a <strong>Felipe González</strong> cuando el PSOE aún no es legal. En la presentación de un libro sobre <strong>Besteiro</strong> de <strong>Guillermo Solana</strong>, que ahora es director del Thyssen y que antes estaba vinculado al PSOE y a <strong>Tierno Galván</strong>, ante el <em>tout</em> Madrid, <em>Jesusito</em> Aguirre, director de Taurus, dice: ‘ese hombre tan citado que la gente llama Isidoro, yo lo tengo que presentar aquí, se llama Felipe González’. Te podría contar de estas anécdotas una docena, que están en el libro. Se podría decir que Aguirre es un personaje secundario, sí, pero está allí. <strong>Es como Forrest Gump, con la diferencia de que no es Forrest Gump, sino todo lo contrario.</strong></p>
<blockquote><p><em>Los mandarines de la época consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a “Jesusito” convertido en duque de Alba. Eso dice mucho </em></p></blockquote>
<h5><em>El libro arranca en 1962…</em></h5>
<p><strong>Hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos.</strong> La gente ya no lo recuerda, pero en el 62 se casan <strong>Don Juan Carlos</strong> y <strong>Doña Sofía</strong>; se produce la gran huelga minera asturiana y se declara el estado de excepción; tiene lugar el Contubernio de Múnich; no sólo aparecen <em>Nosaltres, els valencians</em>, de <strong>Joan Fuster</strong>, y una editorial muy potente, Ediciones 62, sino que <strong>Martín Santos</strong> hace la novela más importante de la posguerra española y de la segunda mitad del siglo XX, <em>Tiempo de Silencio</em>… Es además el final de una etapa del franquismo muy dura que desemboca en el estado de excepción del 69 provocado por el asesinato de <strong>Enrique Ruano</strong>. Yo recojo algunos datos poco conocidos. Por ejemplo, los nombres de los tres policías que lo asesinaron, a los que se les dio unas medallas y fueron ascendidos por el primer ministro de Interior socialista, <strong>Barrionuevo</strong>. La reacción frente a aquel crimen provoca en el movimiento estudiantil una violencia enorme, que aprovecha el franquismo, y concretamente <strong>Carrero Blanco</strong>, para preparar el nombramiento de Juan Carlos como sucesor. Y <strong>Franco</strong> liquida a <strong>Fraga Iribarne</strong>, porque éste echa un pulso al régimen pensando que Franco en el momento que descubra que tiene unos chorizos como ministros los va a echar. Se equivocaba. Evidentemente, Franco los asciende.</p>
<figure id="attachment_2574" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2574 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8749REC-1024x557.jpg" alt="IMG_8749REC" width="690" height="375" /><figcaption class="wp-caption-text">Últimas pruebas de “El cura y los mandarines”.</figcaption></figure>
<p>Ese año 69 es decisivo y es también cuando <strong>Max Aub</strong> consigue venir a España con un visado de tres meses, utilizando como tapadera su libro sobre <strong>Buñuel</strong>, porque no le habían concedido el visado ni cuando murió su madre ni cuando murió su padre. A ese capítulo lo llamo “El año de la gallina ciega”. Gracias a mi buena relación con una hija de Max Aub, que era militante del PCE de entonces, he podido entrar en los archivos y ver, por ejemplo, el manuscrito de <em>La gallina ciega</em>. Ese libro es capital para entender lo que era el 69. Hay quienes dicen, como <strong>Manolito Aznar</strong>, que se equivocaba Max porque aquí había grupos de luchadores… Aquí no había nada, lo puedo constatar yo con mi experiencia. <strong>Éramos cuatro, y cuando ocurría algún incidente grave desaparecía todo el mundo.</strong> Nosotros no vivimos el 68, vivimos el 69, que a algunos nos afectó personalmente más que a otros. Cuando algún gracioso dice algo del 68, sé que no estuvo en nada.</p>
<h5><em>Y el final del periodo que abarcas es el año 96.</em></h5>
<p>Sí, es el final del PSOE. Hay un capítulo entero dedicado a esto, en el cual juego con <strong>Adorno</strong>, para desarrollar <em>una teoría de la ilustración</em>: el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. La situación económica no es que fuera buena pero tampoco es la de ahora. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española, con cosas divertidísimas, como una exposición de abanicos en la cual paga 50.000 pelas por el texto de tres líneas que acompaña a cada abanico. El que desenmascara todo esto es <strong>Sánchez Ferlosio</strong> en <a href="http://elpais.com/diario/1984/11/22/opinion/469926007_850215.html" target="_blank">el artículo más agudo sobre aquella época</a>, donde incluye una frase memorable que decía algo así: Si <strong>Goebbels</strong> (no lo había dicho él, pero se le atribuye) cada vez que oía la palabra <em>cultura</em> sacaba la pistola, el PSOE ha cambiado la frase. Cada vez que oyen hablar de la cultura sacan la chequera.</p>
<blockquote><p><em>El PSOE vino a ilustrar y su política ilustrada fue memorable. Por primera vez un Gobierno invirtió en comprar inteligencia, y compró a prácticamente la totalidad de la inteligencia española</em></p></blockquote>
<h5><em>En ‘Los españoles que dejaron de serlo’ hablas del ‘síndrome <strong>Maeztu</strong>’ para referirte a los intelectuales vascos que cambiaron de discurso sin tener que dar explicaciones. </em></h5>
<p>Esto es mucho más. Cuando Max Aub va al Congreso Cultural de La Habana en 1968 (sobre el que hizo un libro muy bonito que nadie quiere reeditar) se queda turulato, <strong>yo no sabía que había en España tantos intelectuales revolucionarios por metro cuadrado, dice</strong>, porque fueron como 300 o 400. Y todos firmaron una declaración a favor de la lucha armada de los pueblos frente a las dictaduras, que era una cosa absolutamente surrealista para unos tíos como <strong>Félix Grande</strong>, que luego venía a España y ejercía como secretario de una revista oficial como <em>Cuadernos Hispanoamericanos</em>. Yo recuerdo personas, podría decir hasta los nombres, me acuerdo perfectamente, pero hoy sería un escándalo, que se iban a hacer práctica de lucha armada a la sierra… de Guadarrama. Eso lo viví yo. Y el cura Aguirre era también partidario de la lucha armada.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-2802 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8732-1024x682.jpg" alt="IMG_8732" width="690" height="459" /></p>
<h5><em>El cura estaba en el ‘Felipe’</em>…</h5>
<p>Sí pero el <em>Felipe</em> [FLP, Frente de Liberación Popular] se disuelve antes del 69. <strong>Jaime Pastor</strong>, que es uno de los principales, se va a los <em>troskos</em>, y <strong>Julio Cerón</strong> se retira al castillo del Périgord, un castillo con puente levadizo. Hay unos buenos apartados sobre el inefable Cerón, que era realmente un tipo de psiquiatra, además de ser un católico… <strong>Todo el grupo del FLP estaba muy afectado por el catolicismo, salieron del seminario para entrar en el <em>Felipe</em></strong>, como<strong> César Alonso de los Ríos</strong>, uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al FLP; de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de <strong>Solana</strong> en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además, no la facción más moderada. Lo de Maeztu… eso es una broma, porque en Maeztu no había el aspecto chorizo. Yo no creo que tuviera muchas luces pero no era un tipo que como estos entraron donde entraron siempre por dinero. <strong>Toda esa generación entró por dinero.</strong> Por ejemplo, <strong>Juan Benet</strong> participa en un libro, <em>Cien españoles y la OTAN</em>, de Víctor Márquez Reviriego, donde dice que no firmará nunca a favor del ingreso en la OTAN. El libro sale dos meses antes de que Benet dijera sí a la OTAN.</p>
<h5><em>Sin rubor intelectual…</em></h5>
<p>Mira, <strong>el carácter falaz de la cultura de la época está en unas cartas del 64–65 entre Gil de Biedma y Ferrater</strong>, dos <em>patums</em> de la sociedad <em>barcelonina</em>, en las que uno le dice al otro: ‘Oye ¿tú has leído <em>La Regenta</em>? La acabo de empezar y es increíble’; y dice el otro: ‘Yo la estoy leyendo ahora, es impresionante sí’. Eso es lo más grave. Pero si hay un resumen de lo que significa el libro, o de lo que significa para mí al menos como autor, es la conclusión de que <strong>la quiebra de la Guerra Civil, intelectualmente, me refiero, no se cerró en el 39 y que la Transición no significó borrón y cuenta nueva.</strong> Eso no es verdad. El exilio fue implacable, sobre todo con los que tienen que escapar de aquí durante y al final de la Guerra. Porque la de los otros, los que se van en los años 60, como <strong>López Pacheco</strong> a Canadá o <strong>Ángel González</strong> a EEUU, es otra historia diferente, que evidentemente trato, pero es diferente. Los de aquel exilio se tiraron seis o siete años sin deshacer las maletas, pensando que volvían. Terrible. Y luego no los dejan volver. No a todos. Max Aub vuelve completamente lúcido, pero sólo unos meses. <strong>Juan Goytisolo</strong>, que es poco dado a la autocrítica, me contó una cosa que yo introduzco en el libro: <strong>‘¡Qué mal nos portamos con Max!’</strong>, me dijo. ‘Él leía todo lo nuestro y nosotros nunca leímos sus libros’. Es bestial.</p>
<blockquote><p><em>Cela es excepcional por haber escrito ‘La Colmena’, pero luego está el trepa, y desde Quevedo no ha habido uno como él</em></p></blockquote>
<h5><em>Pero hablas también de los que se quedaron…</em></h5>
<p>Claro. Hay un capítulo entero dedicado a <strong>Cela</strong> que es memorable. No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar. Y que supiese de literatura. Cualquier acto, cualquier decisión que toma siempre tiene un doble fin: subir la Cucaña. Cela es excepcional por haber escrito un libro capital, que es <em>La Colmena</em>. Pero luego está el trepa. Él había hecho en los años 40 <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/A_379" target="_blank">un libro por encargo</a> de la dictadura venezolana de <strong>Marcos Pérez Jiménez</strong>, <em>La Catira</em>. Como Cela era un figurón de la cultura española, le vendió la moto al dictador y escribió un libro que era una mierda (los términos venezolanos, por ejemplo, estaban todos equivocados), pero eso sí, él había cobrado por adelantado tal cantidad de dinero que se construye una casa en Mallorca, la casa de Son Armadans. Entonces Venezuela era una dictadura siniestra y en la que había todo el dinero del mundo para robar. Y años después, cuando ya estaba casado con la chica joven de la radio, quiso repetir la jugada, porque necesitaba numerario para construirse una casa en el Jarama. Y le hace una proposición a su agente, <strong>Carmen Balcells</strong>, que ésta transmite al Ayuntamiento de Marbella, es decir, a <strong>Gil y Gil</strong>: escribir un libro sobre Marbella que se llamase <em>Marbella Paraíso</em>, o algo así, una cosa golfa, por 100 millones. Hasta a Gil y Gil, que no tenía ningún rubor, aunque no fuera la literatura lo suyo, le pareció excesivo. Si le llega a salir, hubiera sido como <em>La Catira</em>. <strong>Cela no tenía ningún problema de principios. Es la representación genuina del escritor del franquismo.</strong> Era listo, no era un escritor de fondo (los poemas que hizo se pueden tirar todos a la basura) y además publicaba mucho, estoy seguro de que ni corregía todo lo que le hacían los negros, pero sacó muchísimo dinero. En el libro no entro en cómo consiguió el Nobel, pero doy las pistas para entenderlo. Muerto Franco en noviembre del 75, habiendo recibido todos los premios y siendo senador real de aquellos que nombró Juan Carlos, <strong>¿cómo llega al Nobel? ¿Cómo se puede saltar de la Alcarria al mundo?</strong> Fácil. ¿Qué organización no existía en España entonces? La hispano-israelí. La funda él, con el grupo de judíos de<strong> Max Mazin</strong>. Después del Holocausto aquí estoy yo, dice. Es el presidente de la asociación hispano israelí en un momento en el que no hay relaciones diplomáticas entre España e Israel. Eso es talento. Recorrió todos los centros judíos del mundo dando conferencias y se transformó en una figura internacional. Sin el sionismo no lo hubiera conseguido. Eso es Cela.</p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /><figcaption class="wp-caption-text">Fotografías: Ana Lisis.</figcaption></figure>
<h5><em>Volviendo a Aguirre, ¿por qué se casó <strong>Cayetana</strong> con él sabiendo que era homosexual?</em></h5>
<p>Posiblemente con ella no lo fuera. No sería el primer caso. Tampoco me pareció ella una persona especialmente apasionada, pero ¿quién de nosotros no conoce homosexuales casados? A ella le fascinaba. Aguirre se llevaba bien con todos los hijos de Cayetana menos con <strong>Jacobo</strong>, porque era un competidor, y él no admitía competidores. <em>Jesusito</em> tenía que ser siempre el más brillante. En el entierro privado, según contaba Pradera, no lloró ninguno de los hijos. La única persona que lloró fue Cayetana, y lloró de verdad, porque le quería. El amor tiene esas cosas. Y lo de ser homosexual no creo que tuviera la más mínima importancia. Es más, a ella le sorprendería. Y eso que él siguió con una vida más bien irregular en esos campos, era un homosexual con una relación notable… Su final, sin embargo, es terrible, enloquece, porque <strong>es un duque de Alba que se aburre. Siendo un hombre tan frívolo llegó al puesto más importante de España</strong>, ni el Rey es tan importante como un duque de Alba. Fíjate, al Rey lo han retirado, aún no sabemos quién y tardaremos tiempo en conocer los detalles de la conspiración, pero a un duque no lo pueden retirar. Y sin embargo se aburre. Al final del libro explico que somos una generación absolutamente fracasada, ninguno de sus objetivos se cumplió, salvo en el caso de Jesús Aguirre.</p>
<h5><em>Bueno, y de muchos de esos mandarines…</em></h5>
<p>Sí, pero llegaron con unos peajes terribles. Esos mandarines no son los mandarines de <strong>Simone de Beauvoir</strong>, no son los mandarines franceses, aquí el peaje son los 40 años de franquismo, que parecía que no se acababa nunca. Y cuando acabó… En un capítulo del libro trato de las relaciones entre los intelectuales y el entonces príncipe Juan Carlos, intelectual importante donde los haya.</p>
<h5><em>Entre él y <strong>Suárez</strong> se leyeron tres libros… </em></h5>
<p>No, Suárez no leyó ninguno y el Rey tampoco. <strong>Suárez empezó <em>Papillon</em> y lo dejó porque le parecía muy denso.</strong> ¿El Rey? Hay una anécdota, que tiene trascendencia, durante la inauguración de la primera Feria del Libro del postfranquismo. Están paseando Juan Carlos y Sofía por las casetas y alguien le enseña a la Reina un ejemplar de <em>El Principito</em> de <strong>Saint-Exupéry</strong>. Y ella dice: ‘Juanca, Juanca, mira <em>El Principito</em>, como nuestro hijo’. Lo de la cultura de la Reina es otra mitología. El rey de ahora, mucho más allá no irá. La que sí va mucho más allá es ella.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">octu­bre de 2014, número 256</a>.</p>
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		<title>El cura y los mandarines: historia de un libro nonato</title>
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		<pubDate>Wed, 08 Oct 2014 17:12:38 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de El cura y los mandarines gracias a Víctor Márquez Reviriego, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de Gregorio Morán. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, Víctor nos anticipó la inminente publicación de un libro [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>EN LEER SUPIMOS TEMPRANAMENTE de la existencia de <em>El cura y los mandarines</em> gracias a <strong>Víctor Márquez Reviriego</strong>, colaborador mensual de esta casa con sus “Auténticas Entrevistas Falsas” y buen amigo de <strong>Gregorio Morán</strong>. Hace algunos meses, en una de sus habituales visitas a la redacción, <strong>Víctor nos anticipó la inminente publicación de un <em>libro bomba</em></strong> en el que el controvertido escritor asturiano afincado en Barcelona venía trabajando desde hacía cerca de diez años.</p>
<p>Morán, que firma cada fin de semana en <em>La Vanguardia</em> unas implacables “<a href="http://hemeroteca.lavanguardia.com/search.html?fromISO=true&amp;q=%2522SABATINAS%2520INTEMPESTIVAS%2522&amp;aux=%22SABATINAS+INTEMPESTIVAS%22&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1881&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2014&amp;x=0&amp;y=0" target="_blank">Sabatinas intempestivas</a>”, es sobre todo <strong>autor de un puñado de libros muy importantes</strong>: <em>Miseria y grandeza del Partido Comunista de España</em>, el libro de referencia sobre el PCE que le publicara <strong>Rafael Borràs</strong> en la Colección Espejo de España de Planeta en 1986 y hoy inencontrable; la anterior y excelente biografía <em>Adolfo Suárez, historia de una ambición</em>, y su prolongación en <em>Adolfo Suárez. Ambición y destino</em> (Debate, 2009); o <em><strong>El maestro en el erial</strong>. Ortega y Gasset y la cultura del franquismo</em>, publicado por Tusquets en 1998, <strong>retrato demoledor de la cultura española de la inmediata posguerra</strong> a través de la figura de su gran referente intelectual, desde su regreso a España en 1945 hasta su muerte diez años después.</p>
<p><strong>En esas mismas coordenadas se nos anticipaba <em>El cura y los mandarines</em>, una suerte de continuación de <em>El maestro en el erial</em></strong> en tanto que elucidación de la cultura oficial española, pero que llegaría hasta la transición democrática y más allá y que en esta ocasión tomaría a <strong>Jesús Aguirre como hilo conductor.</strong> Y así lo confirmó el propio Gregorio Morán cuando el pasado 13 de septiembre recibió a <strong>Fernando Palmero</strong> en su domicilio de Barcelona para hablar del que iba a ser su próximo, inminente libro. “<strong>Es quizá el más duro y más brutal de todos los que he escrito.</strong> De alguna manera es un relato que, sin vanidad alguna, sólo podía hacer yo, porque tenía ganas de hacerlo y porque es mi generación”, afirma en el arranque de la conversación, y <strong>así se recoge en la larga entrevista que publicamos en <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">el número de octubre de LEER.</a></strong></p>
<figure id="attachment_2582" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741.jpg"><img class="wp-image-2582 size-large" src="/wp-content/uploads/2014/10/IMG_8741-1024x682.jpg" alt="IMG_8741" width="690" height="459" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Gregorio Morán durante la entrevista concedida a LEER (fotos: Ana Lisis).</figcaption></figure>
<p>“También es una continuación del libro de Ortega, porque el libro de Ortega es <strong>una explicación de la barbarie en la cual nacimos. Por eso es posible que este libro no exista</strong>, que no salga en los papeles como se intentó con el de Ortega”. Con estas palabras Morán <strong>anticipaba para <em>El cura y los mandarines</em> un velo de silencio equivalente</strong> al que rodeó a <em>El maestro en el erial</em>, –en aquella ocasión inadvertidamente roto por el <a href="http://elpais.com/diario/1998/03/01/opinion/888706803_850215.html" target="_blank">entusiasta comentario de <strong>Mario Vargas Llosa</strong></a> en páginas habitualmente poco propicias para Morán como las de <em>El País</em>–. Finalmente <strong>el velo de silencio ha sido innecesario; el libro, al menos de momento, ni siquiera existe en sentido estricto.</strong></p>
<p>Un libro con Aguirre como figura y reclamo, pero cuya “historia es más compleja. <strong>Están los Pradera, los Gil de Biedma, los Castellet… Los mandarines de la época que consideraron que el hecho más importante de sus vidas fue ver a <em>Jesusito</em> convertido en duque de Alba</strong>”.</p>
<figure id="attachment_2584" style="width: 200px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-2584" src="/wp-content/uploads/2014/10/el-cura-y-los-mandarines_9788498927443.jpg" alt="el-cura-y-los-mandarines_9788498927443" width="200" height="292" /><figcaption class="wp-caption-text">Portada de un libro “nonato”.</figcaption></figure>
<p>El relato comienza en 1962; porque “hay años en la historia de la Humanidad donde se concentran los acontecimientos. Y el 62 es uno de ellos”, justifica su autor. Y llega hasta 1996, año de la primera derrota electoral socialista después de su <em>landslide</em> del 82; un triunfo que se manifestó verdaderamente aplastante en materia cultural. En palabras de Morán, <strong>“el PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable (…). Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</strong></p>
<p>De esto y mucho más; de cómo, según él, <strong>Camilo José Cela</strong> –“no creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde <strong>Quevedo</strong> un trepa con tanto talento para trepar”– consiguió el Nobel; <strong>del pasado de muchos intocables de la cultura progresista</strong>, y del comportamiento de algunos de ellos con figuras del exilio como <strong>Max Aub</strong>; de personajes en apariencia tan distantes como <strong>Carmen Balcells</strong> y <strong>Jesús Gil y Gil</strong> <strong>habla Gregorio Morán en el número de octubre de LEER como probablemente no lo haga hasta que logre ver publicado en otra editorial <em>El cura y los mandarines</em>.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>BORJA MARTÍNEZ</strong></em></p>
<address style="text-align: left;"> </address>
<address style="text-align: left;"><a href="/2014/10/leer-en-octubre/"><img class="alignleft wp-image-2536" src="/wp-content/uploads/2014/10/PORTADA-256-SIN-CODIGO.jpg" alt="Maquetación 1" width="150" height="200" /></a><strong>Lee la entrevista a Gregorio Morán</strong> sobre “El cura y los mandarines” en el <a href="/2014/10/leer-en-octubre/" target="_blank">número de octubre de 2014</a> de la Revista LEER. Pídelo en quioscos y librerías seleccionados o <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>.</address>
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		<title>Un poeta sin generación</title>
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		<pubDate>Fri, 07 Mar 2014 12:27:28 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Con la muerte, ayer, de <a href="/2014/03/panero-vs-panero-entre-dios-y-satan/" target="_blank">Leopoldo María Panero</a> queda agotada la saga maldita por excelencia de nuestras Letras. Hace pocos meses fallecía su hermano Juan Luis, y JAVIER HUERTA le reivindicaba, con este exhaustivo repaso de su obra en las páginas de LEER (noviembre de 2013, número 247), como una de las voces poéticas más genuinas de su generación, más allá de malditismos pirotécnicos.</address>
<address> </address>
<p>Luego de tantos juegos para aplazar la muerte, “jocs per ajornar la mort”, por decirlo con el verso de su admirado <strong>Joan Vinyoli</strong>, acaba de irse el poeta <strong>Juan Luis Panero</strong>. Desde hace años vivía retirado en el pueblo gerundense de Torroella de Montgrí, al margen de todo, de las miserias de la vida literaria y de las propias familiares. De algunas de ellas alardeó, de modo inteligente y cínico, es decir, haciendo teatro, en <i>El desencanto, </i>la película que hizo de los Panero un espectáculo que trascendió la literatura para convertir a esa familia de grandes escritores en uno de los fenómenos sociológicos más curiosos de la Transición (véanse<i> </i>los números 190 y 191 de <i>Leer</i>).</p>
<p><iframe src="//www.youtube.com/embed/eltr_IyJLAY" height="315" width="420" allowfullscreen="" frameborder="0"></iframe></p>
<p><strong>Pero, como en todo espectáculo que se precie, con aquel memorable filme de Chávarri llegó también la trivialización.</strong> Se trivializó, sobre todo, la figura del padre, Leopoldo Panero, condenado al infierno de los poetas franquistas, hasta el punto de convertirlo en el chivo expiatorio de la literatura producida durante aquel régimen. En la <strong><i>Historia</i><i> </i>(deleznable y estalinista) <i>de la literatura fascista española, </i>de Julio Rodríguez</strong>, puede verse la semblanza de muchos poetas, novelistas y ensayistas que fueron bastante más franquistas de lo que lo fue Panero pero que murieron en olor de santidad democrática solo por haber desaparecido a su debido tiempo, es decir, ya viejos y con la conciencia bien descargada y redimida.</p>
<p>Traigo esto a colación, porque <strong>en cuantas semblanzas necrológicas de Juan Luis se han publicado durante los días que han seguido a su muerte no ha faltado la ya cansina referencia al padre como el poeta oficial del franquismo.</strong> Y lo señalo también porque de esa banalización no se han salvado tampoco ni Leopoldo María, todo un espectáculo lírico y patético en sí mismo, ni el propio Juan Luis, cuya <strong>obra literaria, seria y rigurosa como pocas, para nada se compadece con la imagen histriónica que ofreció tanto en <i>El desencanto</i> como en la frustrada segunda parte de Ricardo Franco, </strong><i><strong>Después de tantos años.</strong> </i>Él mismo lo deja meridianamente claro en su libro de ensayos, <a href="http://www.tusquetseditores.com/titulos/marginales-los-mitos-y-las-mascaras" target="_blank"><i>Los mitos y las máscaras </i></a>(1994), al considerar ambos filmes como meros rituales de máscaras y cuestionar, por tanto, su valor documental, pues que “testimonian poco, bastante menos que algunos poemas”. Busquemos, pues, al verdadero Juan Luis Panero no en aquellas anecdóticas actuaciones, cuando se vestía de <i>cowboy</i> o remedaba la voz de Jorge Luis Borges, sino en su palabra poética, o sea, en su verdad.</p>
<figure id="attachment_655" style="width: 593px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/03/juan-luis-panero-800x450.jpg"><img class="size-full wp-image-655" alt="Juan Luis paseando por las calles de Astorga en 'El desencanto'." src="/wp-content/uploads/2014/03/juan-luis-panero-800x450.jpg" width="593" height="387" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Juan Luis paseando por las calles de Astorga en “El desencanto”.</figcaption></figure>
<p><strong>Juan Luis Panero debería haber entrado con todos los honores en la emblemática antología de José María Castellet, <i>Nueve novísimos. </i></strong>Por edad, por su<i> </i>modo renovador de afrontar el lenguaje frente al <i>sermo vulgaris</i> de la poesía social, por su formación cosmopolita, pródiga en lecturas, y hasta por la inspiración veneciana de bastantes de sus poemas, Juan Luis hubiera merecido un hueco en aquella histórica colección. Sin embargo, el crítico catalán se inclinó por su hermano Leopoldo María, el último <i>poète maudit</i>, como se le ha definido hasta el hartazgo. Cierto es que <strong>dos Panero entre los nueve novísimos hubieran desequilibrado aquel afortunado invento, pero no es menos cierto que la decisión hubiera sido más acertada.</strong> El tiempo ha demostrado que, fuera de tres o cuatro nombres importantes, el resto de los incluidos ha desaparecido del panorama lírico contemporáneo.</p>
<p><strong>Las posiciones marginales tienen, sin embargo, su contrapartida favorable, pues sirven para afianzar la individualidad, la independencia, también el escepticismo.</strong> En varias ocasiones Juan Luis Panero declaró estar convencido de que su generación era infinitamente inferior a la de los 50 (<strong>Gil de Biedma</strong>, <strong>Valente</strong>, <strong>Costafreda</strong>, <strong>Brines</strong>, <strong>Ferrater</strong>…). Tal vez por ello buscó consuelo en otras literaturas. La anglosajona le complacía en extremo, tal vez por haber tenido la oportunidad de conocer de niño nada menos que a <strong>T.S. Eliot</strong>, como recuerda en uno de sus mejores poemas, “Galería de fantasmas”:</p>
<blockquote><address>Da las buenas tardes al señor Eliot</address>
<address>–mi padre y aquel educado espantapájaros,</address>
<address>sentados en sus butacas de cuero, hablando en un extraño idioma–,</address>
<address>en el 102 de Eaton Square. Londres 1947.</address>
</blockquote>
<p>En aquella época su padre ejercía de director del Instituto de España en la capital del Támesis, y se dedicaba a traducir, en compañía de <strong>Dámaso Alonso</strong> y José <strong>Antonio Muñoz Rojas</strong>, al propio Eliot.</p>
<p>Fue también por esos años cuando Juan Luis conoció también al ya poéticamente sajonizado <strong>Cernuda, el poeta español a quien más admiró, a veces con una devoción en exceso mimética</strong>, como lo prueban estos versos sacados al azar de su primer libro, <i>A través del tiempo</i>: “La raza de mirada vacuna y altanero gesto / cuyo esplendor tantas voces cantaron […]”;  “Terribles son las palabras de los amantes / cuando llega la desolada hora de la separación”; “Dura ha de ser la vida para ti, / que a una extraña honradez sacrificaste tus creencias”. De Cernuda aprendió Panero una doble lección: estética, que le permitió domar el estilo, rehuyendo el preciosismo verbal a que tan dado ha sido nuestra poesía desde el Barroco a las vanguardias; y también ética, en cuanto vida ejemplar  –“la soledad de la inteligencia”, en sus propias palabras–, merecedora por ella de permanente recordación: “Que esa presencia, esa memoria me acompañen / hasta el día en que sean reflejo fiel, / testimonio inútil de un sueño derrotado / y una mano cierre mis ojos para siempre”.</p>
<p>No deja de ser curioso que, para ejemplificar la unión de vida y poesía en Cernuda, se valiera Juan Luis del impresionante verso de la <i>Epístola</i><i> moral a Fabio –</i>“iguala con la vida el pensamiento”–  que su padre parafraseó <i>ad nauseam </i>en poemas y ensayos. No en balde, Leopoldo Panero había descubierto, mucho antes que el poeta sevillano, a los románticos ingleses  –<strong>Keats</strong>, <strong>Shelley</strong>, <strong>Wordsworth</strong>–, en los que aprendió el tono conversacional del verso y, desde luego, <strong>el sentido moral que toda poesía que se precie debe alentar</strong>, en cuanto “criticism of life”  –en la definición de un <strong>Arnold</strong>–, <strong>y que en España contaba con una tradición arraigada de signo estoico, de Jorge Manrique a Antonio Machado.</strong> <strong>Aun cuando Juan Luis abominaba de todo moralismo, su poesía no es, en el fondo, sino una grave reflexión ética sobre el paso inexorable del tiempo, la sensación de fracaso, el sentimiento de melancolía y la fascinación por la muerte</strong>; una muerte contemplada, eso sí  –y es esta una diferencia radical con la posición de su padre–,  al margen de todo trascendentalismo religioso.</p>
<figure id="attachment_656" style="width: 2776px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2014/03/Panero2.jpg"><img class="size-full wp-image-656" alt="Portadas de LEER (números 154 y 190) dedicadas a los Panero. " src="/wp-content/uploads/2014/03/Panero2.jpg" width="2776" height="1689" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Portadas de LEER (números 154 y 190) dedicadas a los Panero.</figcaption></figure>
<p><b>Desolación y melancolía<br />
</b>Los títulos de sus libros resumen bien esa tópica: <i>A través del tiempo </i>(1968), <i>Los trucos de la muerte </i>(1975), <i>Desapariciones y fracasos </i>(1978), <i>Antes que llegue la noche </i>(1985), <i>Galería de fantasmas </i>(1988), <i>Los viajes sin fin </i>(1993), <i>Enigmas y despedidas </i>(1999).<strong> Raro es el poema que no tiene como referente otro poema, una novela, una obra teatral, una pintura, una película, un hecho histórico…</strong> Como ya se ha dicho, buscó fuera sus fuentes inspiradoras –<strong>Ezra Pound</strong>, <strong>Scott Fitzgerald</strong>, <strong>Pessoa</strong>, <strong>Kavafis</strong>, <strong>Camus</strong>–  <strong>y de dentro sólo apreció casos excepcionales</strong>: <strong>Valente</strong>, del que terminaría renegando; <strong>su propio padre</strong>, al que dedicó una sentida elegía “al llegar el cuarto aniversario” de su muerte <strong>y, por supuesto, Cernuda</strong>, presencia explícita e implícita en los versos blancos y libres del primer poemario:</p>
<blockquote><address>Duro ha de ser para tu cuerpo ver morir el deseo,</address>
<address>la juventud, todo aquello que fuiste,</address>
<address>y buscar sin pasión tu reposo</address>
<address>en la sorda ternura de lo débil,</address>
<address>en la gris destrucción que alguna vez amaste.</address>
</blockquote>
<p>En <i>Los trucos de la muerte </i>incide en esta misma temática pero de un modo más desgarrado, tal vez por su estancia prolongada en países como Colombia o México. El libro convoca las presencias de quienes gustaron de jugar con la muerte, como <strong>Hemingway</strong>, <strong>Trakl</strong>, <strong>Crane</strong>, <strong>Montherlant</strong>, <strong>Lowry</strong>… <strong>El imaginario mexicano, con sus macabras querencias, termina por imponerse en los momentos más inspirados</strong>:</p>
<blockquote><address>Cuando tocas la copa de cristal, tocas la muerte,</address>
<address>en el tequila transparente, en el mezcal amargo, bebes la muerte,</address>
<address>en tu frente y en mis manos, en los ojos que miran,</address>
<address>un desierto se agrieta con muñones de muerte.</address>
</blockquote>
<p>A la poesía de Malcolm Lowry  –insignificante, desde luego, al lado de sus novelas– volvió en los últimos años con su traducción de <i>El trueno más allá del Popocatépetl.</i></p>
<p><strong>El pesimismo arrecia en el poemario siguiente, de título desolador, <i>Desapariciones y fracasos</i>.</strong> El viejo Pound, olvidado de todos en su rincón de Venecia, se yergue como otro “alto ejemplo” de grandeza moral ante la adversidad, del poder de la escritura sobre la muerte:</p>
<blockquote><address>porque no conozco otro medio, a excepción del suicidio</address>
<address>–innecesario es un poema como un cadáver–,</address>
<address>para dar testimonio de nada a nadie,</address>
<address>del mundo que contemplo, de esta vida,</address>
<address>de su horror gastado y cotidiano.</address>
</blockquote>
<p><strong>En este y otros libros Juan Luis poetiza el mundo imaginario del desencanto, las grandes familias rotas  –él las conocía bien por parte de padre y madre–, los ambientes de decadencia…</strong> Corre por estos versos <strong>un aire chejoviano</strong>, como de fin de siglo, tal como recrea en un poema homenaje al que fuera su amigo, el director <strong>José Luis Alonso</strong>, primer gran intérprete de Chéjov en la escena española.</p>
<p><strong>En todos esos registros, aunque ya sin novedades destacables, incide el último poemario de Juan Luis Panero: <i>Enigmas y despedidas.</i> </strong>Su título no puede ser más concluyente. El tono elegíaco se intensifica en la evocación de algunos grandes latinoamericanos –<strong>Rulfo</strong>, <strong>Borges</strong>–, pero también de algunos menos conocidos, como <strong>Pedro Gómez Valderrama</strong> o <strong>Gastón Baquero</strong>; otra herencia de su padre, más amado que odiado, en mi opinión. <strong>Y, al final, un epitafio, también marca de la casa, con remate garcilasiano incluido:</strong></p>
<blockquote><address>Después de sucios tratos y mentiras,</address>
<address>de gestos a destiempo y de palabras</address>
<address>–irreales palabras ilusorias–,  sólo un testamento de ceniza</address>
<address>que el viento mueve, esparce y desordena.</address>
</blockquote>
<p style="text-align: right;"><em>JAVIER HUERTA CALVO</em></p>
<address style="text-align: left;"><em>Este artículo fue publicado originalmente en el número 247 de la Revista LEER, correspondiente al mes de noviembre de 2013 (<strong><a title="LEER 247 en el Quiosco Cultural de ARCE" href="/suscribete/" target="_blank">compra la versión digital</a> o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a></strong>).</em></address>
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