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	<title>Revista leer &#187; Abelardo Linares</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Madrid en la fil: indignados y posmodernos</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Nov 2017 17:54:02 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Se quiere “llevar la efervescencia” actual de Madrid –en palabras de <strong>Luis Cueto</strong>, coordinador general de la Alcaldía– a la 31ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Si el Madrid de los 80 trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis, la contestación a los recortes de los últimos años se ha visto más en las calles y menos en los garitos. “Es un movimiento –dice <strong>Ernesto Castro</strong>, moderador de la mesa redonda <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/accion-y-reaccion-madrid-al-limite/" target="_blank"><em>Acción y reacción. Madrid al límite</em></a> (26 de noviembre) y participante del encuentro <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/cultura-e-indignacion/" target="_blank"><em>Cultura e indignación</em></a> (28 de noviembre), ambos en el pabellón madrileño de la FIL– que desde el comienzo estaba inspirado en la literatura, aunque sea pseudoensayo, como es el caso de <strong>Stéphane Hessel</strong>. No ha habido movimiento social en Europa que haya tenido tanto respaldo intelectual de todo tipo como el caso del 15-M, ni la <em>Nuit debout</em> ni lo que sucedió en la plaza Syntagma”.</p>
<p style="text-align: left;">Quizá fue esa la protesta que rehuyeron los artistas de la Movida, defendida desde las fotos de <strong>Miguel Trillo</strong> y denostada por quienes vieron en ella un experimento de <em>sedación</em> promovido desde las instituciones públicas. Rebeldía descafeinada, enfundada en los ropajes excesivos de <strong>Tino Casal</strong>. Ya ha pasado el tiempo necesario para desmitificarlo, como hizo La Felguera Ediciones con <a href="http://www.lafelguera.net/web/la-movida-modernosa.html" target="_blank"><em>La Movida Modernosa</em></a>, y ha dejado de ser peligrosa su reivindicación, tanto como para que <strong>Cristina Cifuentes</strong> quiera resucitar su espíritu en un nuevo centro cultural. Sobre si existe un relato cultural recuperable, más allá del <em>petardeo</em>, Ernesto nos aclara: “<strong>La Movida es el ejercicio pleno de la posmodernidad como la ruptura de todo canon</strong> y la proliferación de poéticas individuales que no son posibles de subsumir bajo una misma categoría. En ese sentido habría que celebrarlo, porque no fue la construcción de un paradigma que todo lo engloba, como la poesía de la experiencia, la Generación del 27 y todo ese tipo de generaciones que crean como una sombra contra la cual deben luchar los seguidores. El rechazo a la Movida es institucional, académico y más bien político que de tipo cultural o de índole literaria”. Su padre, el crítico de arte <strong>Fernando Castro Flórez</strong>, comisario asimismo en esta FIL, asegura: “Para gente como yo que por edad vivió la Movida he comprobado que en España nos parece que <strong>es una gran cursilada descalificarla completamente como una cultura institucionalizada o subvencionada</strong> políticamente por el Ayuntamiento de <strong>Enrique Tierno Galván</strong> y, sin embargo, en el extranjero se considera un fenómeno digno de analizar. Hay muchísima bibliografía americana sobre la Transición, sobre lo que supuso la Movida, sobre qué había de político y de despolitizado en ella y en qué medida fue una especie de momento pop en que la ciudad de Madrid da su versión particular del pop. Lo hace con tres décadas de <em>décalage</em>, es decir, el pop ya está más que asumido institucionalmente en todo el ámbito internacional, pero la anomalía del franquismo hace que la cultura juvenil y popular llegue en los años 80”.</p>
<h5 style="text-align: left;">Movida y removida</h5>
<p style="text-align: left;">¿Y cómo se le explica al público mexicano lo que significó la Movida, un movimiento concebido para contradecir todo lo estatuido sobre lo que se podía crear, en todos los ámbitos frente a la aburrición de la canción protesta? ¿Interesa tanto allí cómo y a quién le sacaban la lengua en los escenarios? Pues parece que sí. Más allá de la extraordinaria vigencia de la música de la Movida en toda América Latina o de que en México <strong>Pablo Iglesias</strong> fuera en su momento “una <em>rock star</em> y haya fenómenos políticos a la manera de Podemos”, como afirma el autor de <em>Estética a golpe de like, </em>nos siguen de cerca y con interés. “<strong>España y México –nos cuenta Ernesto Castro– se parecen mucho más de lo que uno cree a primera vista</strong>, sobre todo teniendo en cuenta la hermandad que hubo tras la Guerra Civil motivada por el exilio republicano, la importancia que se concede allí a los filósofos exiliados como<strong> José Gaos</strong>, <strong>María Zambrano</strong> y el análisis o la literatura que se ha generado a partir de movimientos sociales como periodos revolucionarios”.</p>
<p style="text-align: left;">Pero para sorpresa de quien no conozca los gustos mexicanos, el seguimiento de nuestros héroes de la Movida no es cosa de nostálgicos o estudiosos de la posmodernez, pues su espíritu sigue vivo en las calles. Ernesto nos confiesa que el único hotel en el que ha escuchado por el hilo musical <em>Maquíllate</em> de Mecano fue en Guanajuato, lo que le hizo pensar que la Movida madrileña está más viva en México que en Madrid: “Del mismo modo que en España hubo un dominio cultural del franquismo durante cuarenta años, ellos tuvieron la cultura oficial del PRI, y sobre todo en el ámbito de la pintura empiezan a surgir personajes que tienen planteamientos distintos. La estética, o por lo menos el uso intermedial de las técnicas pictóricas, escultóricas, artísticas, es relativamente similar a lo que podría ser <strong>Ouka Lele</strong>. Con sus matices se produjeron tanto en España como en México fenómenos artísticos, en realidad de segundo nivel o de muy poco valor estético, pero que no obstante supusieron una ruptura y tuvieron una relevancia por lo menos interna importante en la apertura de posibilidades”.</p>
<p style="text-align: left;">Esas otras formas de hacer ciudad de los rebeldes que coparon las salas de ensayo, los bares, en Madrid tenían mucho de lúdico. Ni <strong>Fabio</strong> ni <strong>Pedro</strong> ni Kaka de Luxe, o Los Zombies con su estética estridente y ecléctica, jugaron a otra cosa que no fuera la ruptura de códigos. Una permisividad medioambiental que permitió la convivencia de Los Nikis y La Polla Records, en las antípodas ideológicas, que hoy enmiendan <strong>los representantes de la <em>indignación</em>, más afines a la decantación que al cante</strong>, salvo excepciones como la de <strong>Monedero</strong> y sus fandanguillos.</p>
<p style="text-align: left;">El anverso de la cultura despreocupada de los 80 lo tenemos en los protagonistas de las sentadas en las plazas públicas, de ahí que Fernando Castro, responsable de exposiciones como <em>La extraña comunidad de la columna</em>, haya optado por <strong>enfrentar en la FIL dos tipos de rebeldía, la amable, histriónica, cutre y glam, frente a la “transcaspa de tendencia viejuna”</strong>: Madrid “tiene esa cosa de ser un espacio culturalmente muy contradictorio. Recordar la Movida y los indignados no es para hacer la crónica de dos fracasos, sino de dos momentos de intensidad y también para entender qué está pasando hoy. <strong>Lo que me interesaba de llevarlos al mismo tiempo es que uno critica al otro</strong>, porque evidentemente el movimiento de los indignados, entre otras cosas, es un cuestionamiento de la cultura de la Transición. Mi generación es la de los nihilistas hedonistas o lúdicos o de los nietzscheanos dionisíacos, la primera que se consolida después de la Transición. <strong>Somos contemplados por los indignados como unos cínicos</strong>, gente que buscó instalarse en la institución cultural, que abandonó toda posición crítico-política en beneficio del mercado”. Si su generación, la de los 80, le pareció “divertida, aunque cultural, simbólicamente, pictóricamente me parecía escandalosamente floja, cuando no deliberadamente cursi o absolutamente kitsch, el movimiento de los indignados me sigue pareciendo muy revelador, un fenómeno que, menos mal, sacó al país de una atonía en la que no pasaba nada, que es la forma en la que la política corrupta puede continuar. <strong>Los herederos de la Movida son tan funestos como los capitalizadores del 15-M</strong>; la lectura de que el 15-M es Podemos me parece una de las usurpaciones más grandes que ha podido existir”.</p>
<h5 style="text-align: left;">De palafrenes y opositores</h5>
<p style="text-align: left;">¿Quiénes estarán al pasar lista, quién falta en la FIL? <strong>¿Son los motores económicos o la ideología los que han dejado en tierra a firmas conocidas de la literatura?</strong> “Sí sé que constituir la delegación madrileña no ha sido fácil. Ha habido muchos que no querían ir y la opción que se ha tomado incluye mucha gente joven que no tiene mucho que ver con esas dinámicas un poco extrañas.<strong> Los <em>big names</em> como Marías y todos estos no han bajado al arroyo</strong>; parece ser que para ellos viajar a la FIL no es importante, que su importancia tiene, creo yo”, reconoce Fernando Castro. Le preguntamos abiertamente si en ese no querer ir hay algo de no querer ir con <span style="text-decoration: underline;">este</span> (recalcamos) Ayuntamiento: “Pues tal vez. En el caso de Marías, a lo mejor tiene que ver con que no hay palafreneros, que no lo llevan en un palanquín, que yo creo que si pudiera ir desde aquí hasta allí transportado en una alfombra roja interminable que surcara por encima del Atlántico y fuera recibido con clarines como si fuera el retorno de <strong>Rubén Darío</strong>, pues seguramente iría.<strong> Hay personajes en la literatura y en la cultura española que son de un atrabiliario que flipas</strong>”, dice socarrón. Aunque para Ernesto, autor de <a href="http://www.alphadecay.org/libro/contra-la-postmodernidad/" target="_blank"><em>Contra la posmodernidad</em></a>, la deserción de semejante cita es ante todo la pérdida de una oportunidad: “Si uno tuviera que medir la importancia cultural de un país en términos demográficos, evidentemente<strong> la cabeza cultural de la hispanidad es México</strong>. Guadalajara es además mucho más que México, con la importancia que tiene ser la segunda feria después de Frankfurt. Es una especie de nodo de todo lo que se va a publicar en Iberoamérica y donde España cumple un papel esencial, porque se puede decir que el <em>boom</em> literario de los 60 es una invención de Seix Barral como el siguiente de <strong>Bolaño</strong>, <strong>Villoro</strong> y compañía es una invención de Anagrama. Hay que recordar que esto no es tampoco otra cosa que una feria y que al fin y al cabo lo que va a hacer cada cual de una manera más o menos velada es intentar colocar su pastel. Allí van a contar la novela que acaban de escribir o que están a punto de publicar. Es un mercadillo más que una gran exposición universal donde Madrid se presenta al mundo”.</p>
<p style="text-align: left;">Y el modo de hacerlo es a través de su producción literaria, pues como afirmó <strong>Manuela Carmena</strong> “los libros explican por qué la ciudad es como es”. Para saber leer las raíces de la gestación del nuevo Madrid que nació con la Movida, el <em>destacamento</em> cultural madrileño en Guadalajara se apoya en los que retrataron esa ciudad que quiso, en los años locos, conquistar la luz, para cambiar el mundo, volviendo a <strong>León Felipe</strong>, que con su <em>Ganarás la luz</em> enmarca la presencia de Madrid como ciudad invitada en la FIL. Nada más actual que sus versos de <em>Español del éxodo y del llanto</em>: “Ya no hay patria. La hemos matado entre todos: / Los de aquí y los de allá”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>ALICIA GONZÁLEZ</strong></em></p>
<figure id="attachment_7688" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o.jpg"><img class="size-large wp-image-7688" src="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o-1024x683.jpg" alt="Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017." width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017.</figcaption></figure>
<h3 style="text-align: left;"><em>De Pata Negra<br />
</em></h3>
<p style="text-align: left;">Borja Martínez</p>
<p>¿Otra vez, todavía, la Movida? Quizá tenga sentido, teniendo en cuenta la genealogía mexicana del término que con documentada intuición formuló el añorado editor de LEER <strong>José Luis Gutiérrez</strong> en un pasaje de su libro <em>Días de Papel</em>: “Parece como si la fijación freudiana de algunos dirigentes socialistas con el fenómeno del PRI mexicano, que <strong>Vargas Llosa</strong> definiera como <em>la dictadura perfecta</em> (…), les llevara a adoptar algunas de las expresiones y señas de identidad de los mexicanos, como la frase célebre <em>El que se mueve no sale en la foto</em>, una de las más conocidas de todas las acuñadas por el agudo sentido del humor de los aztecas. Porque la palabra <em>movida</em> también es de procedencia mexicana y su primera aparición conocida en España se produce en sendos monólogos de Mario Moreno, <strong>Cantinflas</strong>, en una de sus películas, <em>El señor fotógrafo</em>, estrenada el año 1958, veinticinco años antes de que la expresión eclosionara en la primavera socialista madrileña”.</p>
<p>Aquel invento, y este es un punto en el que se ponen de acuerdo los críticos de la llamada Cultura de la Transición, fue uno de los puntales del proyecto de dominación cultural con el que el PSOE se presentó a la hora de tomar el poder, tal y como ha dejado dicho, entre otros, <strong>Gregorio Morán</strong>, que en su libro <em>El cura y los mandarines</em> enunciaba su particular <em>Teoría de la ilustración</em>: “El PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</p>
<p>Y en eso abundaba <strong>Pepe Ribas</strong>, redivivo él y su <em>Ajoblanco</em>, <a href="/2017/08/ajoblanco-3-0-utopia-contra-el-miedo/" target="_blank">en conversación con LEER este verano</a>: “Esa cultura domesticada por el socialismo, institucionalizada, sobre todo a partir del referéndum de la OTAN, ha sido capitaneada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha querido dominar el cine, los libros, la producción de literatura y de ensayo, la opinión, la radio; ha intentado dominarlo todo”.</p>
<p>Sirva este largo preámbulo de citas encadenadas  para esclarecer el <em>bicho</em>, la levadura si se quiere, que condiciona la receta del programa madrileño en la FIL. Por las razones que sea –escasez de recursos humanos, insuficiencia del millón de euros presupuestado, premura en los plazos– <strong>el Ayuntamiento <em>del cambio</em> no ha podido escapar de la inercia y le ha salido un programa “clásico”</strong>, en palabras de la propia alcaldesa, que lógicamente no puede ser más explícita. A nosotros se nos ocurre otra definición más gráfica: el resultado es un programa <em>pata negra</em>. <strong>La nómina Prisa tiene una representación y un peso abrumadores</strong>: estarán con papel destacado el exdirector de <em>El País</em> <strong>Jesús Ceberio</strong>, el director en ejercicio, <strong>Antonio Caño</strong>, el inevitable <strong>Juan Cruz</strong>, y también <strong>Javier Rodríguez Marcos</strong> y <strong>Manuel Rodríguez Rivero</strong>, por no citar (están más abajo) a los autores con mayor o menor vinculación con la casa que también pisarán Guadalajara, casi todos con méritos literarios suficientes, todo sea dicho. Pero el predominio es altamente sospechoso, y tiene momentos estelares como el mano a mano <strong>Luis García Montero</strong>-<strong>Almudena Grandes</strong>, bajo el título <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/poesia-y-prosa-amor-y-matrimonio/" target="_blank"><em>Poesía y prosa, amor y matrimonio</em></a>, que haría las delicias del comando irredento de <em>La Fiera Literaria</em>. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-04-17/carmena-adjudicacion-stand-madrid_1366475/" target="_blank">Tampoco es casual</a> que el arquitecto del pabellón madrileño, el por otro lado notable <strong>Alberto Campo Baeza</strong>, sea el mismo que proyectó la casa madrileña del comisario general de Madrid en la Feria, <strong>Paco de Blas</strong>, que ya como responsable de Cultura del Cervantes de Chicago le organizó allá por 2003 una exposición antológica.</p>
<p>Sirva todo esto para ilustrar algo que nos viene preocupando en LEER, y que no es otra cosa que<strong> la contumacia de ese modelo cultural</strong> que ni siquiera las <em>fuerzas del cambio</em> del Ayuntamiento de Madrid, ni las más radicales ni las bienintencionadas, han sido capaces de desactivar.</p>
<p>El resultado es un programa que a costa de llevar a Guadalajara a algunos de los de siempre –ni siquiera a todos, y muchos de los mejores se han quedado fuera– ha desaprovechado, a nuestro juicio, la oportunidad de profundizar, no solo en la rica historia literaria de Madrid y en sus señas de identidad culturales, sino en los vínculos con México, que encuentran particularmente en el exilio republicano un lazo de oro. Por la infinidad de escritores extraordinarios como <strong>León Felipe </strong>(que inspira el lema de Madrid en la Feria, <em>Ganarás la luz</em>, y poco más), <strong>Max Aub</strong> o la <strong>Zambrano</strong>, por citar algunos, que enriquecieron desde el país hermano la cultura iberoamericana del siglo XX, pero también gracias a figuras como <strong>Rafael Giménez Siles</strong>, el malagueño fundador de la Feria del Libro de Madrid que a partir del 39 fundaría en su nueva patria un verdadero imperio editorial y librero, así como la Feria del Libro de México.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/exilio-espanol-mexico/" target="_blank">Apenas un encuentro</a> de cincuenta minutos –la duración estándar de todos ellos– organizado (30 de noviembre) por la Cátedra Vargas Llosa de <strong>Armas Marcelo</strong>, con clásicos como <strong>Pepe Esteban</strong> y <strong>Abelardo Linares</strong>, o la sesión sobre la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/ayer-y-hoy-de-la-residencia-de-estudiantes/" target="_blank">Residencia de Estudiantes</a> (26 de noviembre) abordarán directa o indirectamente la cuestión. Un comité científico hubiera permitido que esa y otras posibilidades afloraran. Se me ocurre, por ejemplo, lo que un <strong>Gonzalo Santonja</strong> hubiera podido aportar. Santonja precisamente formó parte del contingente que en el año 2000, cuando España fue el país invitado de la FIL, viajó a Guadalajara. La nómina es más corta –la exigencia del programa ha crecido desde entonces tanto como la importancia de la Feria– pero aun así se nos antoja más completa y equilibrada que la que finalmente llevará Madrid. Por citar solo a algunos: Carlos García Gual, José Enrique Ruiz-Domènech, José María Merino, Juan Manuel de Prada, Enrique Vila-Matas, Felipe Benítez Reyes, Francisco Brines, Paloma Díaz-Mas, Antonio Gómez Rufo, María Luisa Balseiro, Eustaquio Barjau, José Luis Pardo, Fermín Cabal, Pedro Villora o Juan Mayorga, además de los ya fallecidos Claudio Guillén, Carlos Casares, Manuel Vázquez Montalbán, Eugenio Trías, Ángel González y José Hierro. De aquella expedición solo repite García Montero.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/wp-content/uploads/video/marwan_boamistura.mp4" target="_blank"><strong>Marwan</strong></a> representando esos nuevos caminos de la poesía que tanto espacio están dejando últimamente al <em>gato por liebre</em> o la presencia del superventas <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/participantes/blue-jeans/" target="_blank"><strong>Blue Jeans</strong></a> con el encuentro <em>Los lectores del futuro ya están aquí</em> –la formulación ominosa del título a lo <em>Poltergeist</em> quizá no sea inocente– son otros dos ejemplos de que había margen para hacer las cosas mejor.</p>
<p>Aún así, el programa cuenta con citas interesantes. Están los dos encuentros (<a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-los-mexicanos-piensan-mucho-en-ti/" target="_blank">26 de noviembre </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-ciudad-abierta/" target="_blank">1 de diciembre</a>) con escritores mexicanos e iberoamericanos –<strong>Jorge F. Hernández</strong>,<strong> Juan Carlos Chirinos</strong>, <strong>María Luisa Capella</strong>, <strong>Emiliano Monge</strong> y <strong>Antonio Ortuño</strong>– que han conocido o residido en Madrid, o las mesas consecutivas de <em>Realidad y relato</em>, moderadas por <strong>Adolfo García Ortega</strong> (30 de noviembre) con <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-i/" target="_blank"><strong>Andrés Ibáñez</strong> y <strong>Luis Magrinyá</strong> </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-ii/" target="_blank"><strong>Carlos Pardo</strong> y <strong>Ray Loriga</strong></a>, respectivamente. También las citas monográficas protagonizadas por <strong>Rosa Montero</strong> (29 de noviembre) <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/olvido-garcia-valdes-presentacion-explicacion-y-lectura/" target="_blank"><strong>Olvido García Valdés </strong></a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/malas-intenciones/" target="_blank"><strong>Lorenzo Silva</strong></a>, este último en conversación con <strong>Marta Sanz </strong>(30 de noviembre), o el <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/la-mujer-en-la-novela-actual/" target="_blank">mano a mano</a> de <strong>Elena Poniatowska</strong> y <strong>Soledad Puértolas</strong> sobre la mujer en la novela actual (29 de noviembre). O la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/el-espanol-desde-las-dos-orillas/" target="_blank">mesa de traducción</a>, dentro de la sección de encuentros profesionales, con <strong>Miguel Sáenz</strong>, <strong>Pilar Adón</strong> y <strong>Carlos Fortea</strong> (27 de noviembre). <strong>Marcos Giralt</strong>, <strong>Vicente Molina Foix</strong>, <strong>Luisgé Martín</strong>, <strong>Andrés Barba</strong>, <strong>Mercedes Cebrián</strong>, <strong>Sergio del Molino</strong>, <strong>José Carlos Mainer </strong>o<strong> Antonio Orejudo</strong> son los autores que completan la nómina de relevantes.</p>
<p>En un programa literario débil gana peso el ciclo de <strong>Fernando Castro Flórez</strong> <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Algo+m%C3%A1s+que+palabras" target="_blank"><em>Algo más que palabras</em></a>, que “refleja las posiciones crítico-artísticas de los creadores más radicales y lúcidos del panorama madrileño”, y verdaderamente reúne buenos nombres en una propuesta más propia de una bienal artística: <strong>José Maldonado</strong>, el colectivo Democracia, <strong>Carlos Aires</strong>, Los Torreznos, la reciente premio Velázquez <strong>Concha Jerez</strong>, <strong>Cabello y Carceler </strong>o<strong> Carlos Garaicoa</strong>. También prometen las tres charlas del ciclo <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Pensando+la+ciudad" target="_blank"><em>Pensando la ciudad</em></a> organizado por <strong>Marcos García</strong> de MediaLab Prado y <strong>Antonio Lafuente</strong> del CSIC. O la programación de cine, dividida en sesiones históricas y contemporáneas. En el que de nuevo se echa de menos una profundización en los vínculos de ambas cinematografías. <strong>Buñuel</strong> aparte, no hubiera estado mal ver algo de su estrecho colaborador<strong> Luis Alcoriza</strong>. El director de la hilarante <em>Mecánica nacional</em> volvió a España en los 80 para hacer una inquietante película, <em>Tac Tac</em> (1982), que estamos convencidos que <strong>Almodóvar</strong> vio antes de escribir <em>La piel que habito</em>. Otra vez la Movida, <em>nomás</em>. Se cerraría el círculo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7638" src="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg" alt="0001 (2)" width="250" height="336" /></a></p>
<p><em><br />
Una versión de estos artículos aparece en el <strong><a href="/2017/11/leer-en-noviembre-madrid-protagonista-en-la-fil-guadalajara/" target="_blank">número de noviembre de 2017, 287</a></strong>, de la edición impresa de la <strong>Revista LEER</strong>.</em></p>
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		<title>La biblioteca de Benítez Reyes</title>
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		<pubDate>Wed, 10 May 2017 09:31:56 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Un joven Felipe de trece años, flequillo desfilado, pantalón corto y ojos vivarachos, decidió hacerse escritor. Su padre había heredado la casa de unos parientes y allí, en un viejo despacho, llegaba cada tarde y, a escondidas se ponía a fumar con el pretexto de escribir una novela. Era ya entonces un niño lector, al que su padre, que fue alcalde de Rota, empezaba a traer libros desde Madrid cuando viajaba por motivos de trabajo, casi siempre de poesía, cumpliendo diligente sus encargos: <strong>Rimbaud</strong> y <strong>Baudelaire</strong>, <strong>Lorca</strong> y <strong>Vallejo</strong>, <strong>Gil de Biedma</strong>, <strong>Salinas</strong>, con los que empezó a formar una pequeña y selecta biblioteca. De aquellos libros, muchos víctimas de mudanzas y de expurgos, conserva todavía una vieja edición de <strong>Walt Whitman</strong>, <em>Hojas de hierba</em>, y otra de <strong>Castellet</strong>, <em>Nueve novísimos</em>, editada en <strong>Barral</strong>.</p>
<p style="text-align: left;">Por entonces, también, año arriba o abajo, compró su primer libro. Estudiaba interno en el colegio de los jesuitas de El Puerto de Santa María, con la sombra invocada –largos pasillos, patios al sol, invierno– de <strong>Alberti </strong>y <strong>Juan Ramón</strong>, también allí estudiantes cuando niños. Leía biografías de <strong>Hernán Cortes</strong> o <strong>Teresa de Jesús,</strong> y poesía, y un día en esas salidas, lunes y miércoles, seis a ocho, puntuales, compró en una librería, no supo bien por qué, la <em>Metafísica</em> de <strong>Aristóteles</strong>. Con él volvió al colegio, y recuerda a aquel cura, en la puerta, que recibía a  los niños con apremio, y cómo le arrebató el libro y, escamado por lo impropio del tema para un niño, se dirigió a él y más acusador que interrogante, le preguntó: «<em>¿Y este libro, Benítez, de dónde lo ha robado?». </em>De esa época rememora también las lecturas de <strong>Erasmo de Rotterdam</strong>, del que tampoco entendió nada, teatro clásico, griego y latino, sacado de la biblioteca del colegio, y de <strong>Antonio Machado</strong>, las <em>Poesías Completas</em>, regalo de su abuelo materno, y que hoy están entre sus libros poéticos, lomo desportillado y marcas de humedad, puntos de óxido, con su firma de entonces, infantil pero firme, pequeña y apretada, tinta negra, en una esquina, abajo. “Teníamos horas de estudio, por las tardes, en las que podíamos hacer lo que quisiéramos menos hablar, y yo leía”, recuerda. “Completamente helado en invierno, por cierto, porque el cura tenía la idea de que el frío activaba la sangre y el cerebro, así que nos hacía leer con las ventanas abiertas de par en par”.</p>
<p><img class="aligncenter wp-image-7125 size-large" src="/wp-content/uploads/2017/05/UNO-1024x768.jpg" alt="UNO" width="690" height="518" /></p>
<h5></h5>
<p style="text-align: left;">Aquello de la novela y el tabaco terminó de forma abrupta, porque una tarde, fumando allí en la casa de sus parientes, sintió una desazón inesperada, un silencio helado y misterioso, una presencia vaga, indeseada, antes de que un reloj antiguo de pared cayera al suelo con un estrépito de engranajes y madera astillada. Un susto que se fue acrecentando cuando vio que la hembrilla estaba intacta, como también lo estaba la escarpia que lo sujetaba a la pared. Un fenómeno inexplicable, fantasmal y lleno de misterio que le hizo dejar aquella casa, recogiendo, apurado, los papeles, el borrador de su novela y el tabaco. Y no volver ya nunca.</p>
<p style="text-align: left;">Hoy, en su biblioteca, bonita y apacible, ordenada, presidida por un quinteto de guitarras que posan espigadas y coquetas, se respira el sosiego de los libros: <strong>Valle-Inclán</strong> y <strong>Juan Ramón Jiménez</strong>; <strong>Ruano</strong>, el del bigote pintado a tinta china, <strong>Cansinos</strong>, <strong>Bioy Casares</strong> y <strong>Gómez de la Serna</strong> al lado de <em>El cuarteto de Alejandría</em>, de <strong>Durrell</strong>, en la edición de <strong>Edhasa</strong>, cuatro tomos, en dos cuerpos de estantes a medida, del suelo al techo, airosos, donde tiene novela y biografía; <strong>Torrente Ballester</strong>, <strong>Marsé</strong>, <strong>Pla</strong>, lomos rectos, apenas interrumpidos por un pequeño busto de Falla en medio de las obras de <strong>Bergamín</strong>, y al lado, <strong>Martin Amis</strong> y <strong>Camus</strong>, <strong>John Fante </strong>y <strong>Dashiel Hammett</strong>. “Todo está un poco mezclado, con un orden bastante personal”, afirma. “Pero como es una biblioteca pequeña, yo sé dónde está todo, y ya desde hace tiempo me propuse que cada libro que entra en casa, obliga a otro a salir”.</p>
<blockquote><p>Me gusta leer varios libros al tiempo, tengo quince o veinte en la mesilla: biografías, poesía, tres o cuatro novelas, y algún clásico</p></blockquote>
<p style="text-align: left;">Porque durante años fue adicto de librerías de viejo. Llegaba a una ciudad, confiesa, la que fuera, dejaba las maletas en el hotel y con el impulso de los descubridores, salía a visitar librerías en busca de esa suerte, esquiva y caprichosa, del comprador de libros que, a veces, las menos, te lleva a encontrar un tesoro, un destello que brilla apenas un instante entre las montoneras de papel. “Viví, hace tiempo, en Sevilla y mi rutina consistía en recorrer librerías de viejo tres o cuatro veces por semana en un afán de acumular y comprar: libros que me gustaban por la tipografía, o por la cubierta, o autores desconocidos, raros, hasta que cada vez se fue imponiendo más el lector al bibliófilo”, recuerda, “pero fui descubriendo en aquello una cierta patología, así que lo acabé dejando”. De su etapa de bibliófilo, y su obsesión por los libros antiguos, queda en la biblioteca pública de Rota, una de las mejor surtidas gracias a sus regulares donaciones, un rastro de poetas modernistas”. También regalo a amigos, a <strong>Abelardo Linares</strong>, por ejemplo, le regalé <em>Viaducto</em>, de Ruano, con una dedicatoria autógrafa, que él, que tiene casi todo, no tenía”</p>
<p style="text-align: left;">Enfrente, y bajo la escalera, también del suelo al techo, poesía: <strong>Lorca</strong>, <strong>Gil Albert</strong>, <strong>Darío</strong> o <strong>Guillén</strong>, y amigos, muchos, y muchos de sus libros, dedicados:<strong> Marzal</strong>, <strong>García Montero</strong>, <strong>Alberti</strong>; <strong>José Hierro</strong>, aquel artista secreto, que dibujaba, marinas y retratos; <strong>Gastón Baquero</strong>, también firmado, con su letra de médico; o ese ejemplar de <strong>Caballero Bonald</strong>, <em>Vivir para contarlo</em>, en <strong>Seix Barral</strong>, donde se lee:</p>
<p style="text-align: left;"><em>A Silvia y a Felipe, este libro tan viejo como yo<br />
</em><em>con los muy especiales cariños de Pepe.<br />
</em><em>Entre Rota y Chipiona, abril de 2000</em></p>
<p style="text-align: left;">Y arriba, en el estudio donde escribe –barcos, velas al viento, máquinas de escribir, sombreros– los escritores que son fidelidades permanentes: <strong>Chesterton</strong>, <strong>Pessoa</strong>, <strong>Eliot</strong>, y cerca, una balda completa de <strong>Nabokov</strong>, uno de sus dioses mayores; <em>Ada, Cartas a Vera</em>, y varias ediciones de <em>Lolita. </em>En los estantes, <strong>Trapiello</strong>, cuatro o cinco volúmenes de sus diarios, <strong>Muñoz Molina,</strong> <strong>Wilde</strong>, <strong>Monterroso</strong>… También sus propios libros, a los que cada vez resta más sitio <strong>Borges</strong>. Y por allí, <strong>Cioran</strong>, <strong>Auden</strong>, <strong>Piglia</strong>. “Me gusta leer varios libros al tiempo, lo mismo tengo quince o veinte en la mesilla; biografías, poesía, tres o cuatro novelas, algún clásico, y contemporáneos o amigos, voy alternando, hasta que hay algo que se cruza, y lo termino”. Y me enseña, en un cuaderno, la lista de lecturas que anota, minucioso, siquiera para que, cuando de una revista le pregunten por los libros del año, pueda hacer el balance de lecturas: <strong>Gore Vidal</strong>, <em>Palimpsesto</em>; <strong>Marsé</strong>, <a href="http://www.megustaleer.com/libro/esa-puta-tan-distinguida/ES0121323"><em>Esa puta tan distinguida</em></a>; <strong>Juan Bonilla</strong>, <em>Poemas pequeño-burgueses</em>; <strong>Antonio Soler</strong>, <em>Apóstoles y asesinos</em>…</p>
<p style="text-align: left;">Veo por los estantes <strong>Proust</strong>, <strong>Joyce</strong>, <strong>Bécquer</strong>, <strong>Chaves Nogales</strong>, la colección completa de la revista <em>Poesía</em>, <strong>Shakespeare</strong> y<strong> Shelley</strong> y, en medio, inadvertido, minúsculo, un librito de la colección de<strong> Aguilar</strong>, los <em>crisolines</em>, de su amigo <strong>Ángel González</strong>, <em>Realidad casi nube</em>, en cuya página de cortesía firmó, letra pequeña:</p>
<p><em>Para Silvia y Felipe, con los besos de Ángel. </em></p>
<p style="text-align: left;">Y es verdad que no caben más besos en menos sitio.</p>
<p> </p>
<h5><strong>TRES ESCOGIDOS</strong></h5>
<p><em>David Copperfield</em>. <strong>Charles Dickens</strong><br />
“Recomendar un libro es una imprudencia, porque se trata de reacciones químicas imprevistas y de reacciones metafísicas imprevisibles. Pero me cuesta imaginar que a alguien pueda no gustarle este libro”.</p>
<p><em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-azar-y-viceversa/202495">El azar y viceversa</a></em>. <strong>Felipe Benítez Reyes</strong><br />
“Me acuerdo muy poco de los libros que he escrito, sospecho que por necesidad de depuración, así que elegiría la última novela, <em>El azar y viceversa</em>, de la que ya he empezado a olvidarme”.</p>
<p><em><a href="https://www.planetadelibros.com/libro-el-corazon-perplejo/89472">El corazón perplejo</a></em>. <strong>Carlos Marzal<br />
</strong>“Estoy releyendo la poesía reunida de Carlos Marzal. De los muy grandes de ahora, y creo que también de mañana”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>JESÚS MARCHAMALO </strong></em>(<a href="https://twitter.com/jmarchamalo?lang=es"><span dir="ltr">@jmarchamalo</span></a>)</p>
<p> </p>
<p>El <strong>ciclo de Bibliotecas de escritores</strong> organizado por la <strong><a href="http://www.ayto-fuenlabrada.es/index.do?MP=1&amp;MS=53&amp;MN=3">Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Fuenlabrada</a> </strong>se desarrolla en dos ciclos anuales, en noviembre y abril-mayo, hasta 2018. El coloquio sobre la biblioteca de Felipe Benítez Reyes tuvo lugar el pasado mes de noviembre en el <a href="http://ceartfuenlabrada.es/"><strong>Centro de Arte Tomás y Valiente</strong></a><b> </b>(calle Leganés, 51), que acogerá los encuentros en torno a las bibliotecas de <strong>Luisgé Martín </strong>(11 de mayo) y <strong><a href="http://www.javiersierra.com/">Javier Sierra</a> </strong>(16 de mayo). Ambos entrarán en conversación con <strong>Jesús Marchamalo </strong>a partir de las 18 horas.</p>
<p><em><i><img class="alignleft wp-image-7055" src="/wp-content/uploads/2017/05/PORTADA2827-225x300.jpg" alt="PORTADA282" width="150" height="200" /><br />
Una versión de este reportaje aparece publicada originalmente en el <a href="/2017/04/leer-en-abril-opera-una-sublimacion-literaria/" target="_blank">número de <strong>mayo de 2017</strong></a>, 282, de la <strong>edi­ción impresa de la Revista <span class="caps">LEER</span></strong><span class="caps">.</span></i></em></p>
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		<title>La primavera del libro antiguo</title>
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		<pubDate>Mon, 05 Oct 2015 10:45:14 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[El prestigio de la pátina es un valor en alza. Lejos de sucumbir ante el brillo acerado de los accesorios tecnológicos que hoy marcan el compás de nuestros deseos, la huella del uso está cada vez más cotizada. Un traje nuevo siempre fue una vulgaridad, pero ahora incluso un mueble en buen estado resulta sospechoso. [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>E<strong>l prestigio de la pátina es un valor en alza</strong>. Lejos de sucumbir ante el brillo acerado de los accesorios tecnológicos que hoy marcan el compás de nuestros deseos, la huella del uso está cada vez más cotizada. Un traje nuevo siempre fue una vulgaridad, pero ahora incluso un mueble en buen estado resulta sospechoso. La apreciación del rasguño ya se deja sentir en la producción en serie de todo tipo de objetos, y no sólo se reproducen diseños descatalogados, sino que salen de fábrica con un calculado descascarillado o un oportuno desgarro.</p>
<p><strong>En esta apoteosis <em>vintage</em>, los protagonistas del número de octubre de LEER encajarían a la perfección.</strong> Los libreros de viejo o de lance, en sus diversas variantes –desde los que se ocupan del aluvión de libro usado a los custodios de los más exquisitos tesoros bibliográficos–, <em>trafican</em> con una mercancía añosa, con mucha historia dentro y tras de sí, y que sintoniza muy bien con las ansias de arraigo de esta sociedad volátil. <strong>Chocan, sin embargo, con una mayoría insensible al antaño imbatible prestigio del libro.</strong></p>
<p>Pese a todo, su negocio sigue vivo. Quizá porque en <strong>el planeta <a href="http://buscon.rae.es/drae/srv/search?val=bibliopola" target="_blank">bibliopola</a> (el viejo término que les da nombre y que Ada del Moral utiliza con fruición</strong> en las páginas del número de octubre de LEER) sigue brillando una estrella que hace ya tiempo que se apagó. Unos siguen ocupándose de los ejemplares que ya no queremos, de la enciclopedia obsoleta, de la biblioteca de clásicos populares de la tía abuela recién fallecida, o de ese puñado de libros queridos que sirve a más de uno para tratar de llegar a fin de mes –¿se acuerdan de <a href="https://youtu.be/DdsYgMkgd-c" target="_blank"><em>Magical Girl</em></a>, la película de <strong>Carlos Vermut</strong>?–. Otros satisfacen la curiosidad, el ansia coleccionista o el fetichismo de la sociedad secreta de los bibliófilos exquisitos.</p>
<p>La mayoría de los libreros convocados por LEER pertenecen de una u otra manera a esta segunda categoría, pero a nosotros nos gustan todos. <strong>Nos gustan los libros y nos gustan viejos</strong>. Por eso, coincidiendo con la 27ª edición de la <a href="http://www.libris.es/actividades" target="_blank">Feria de Otoño del Libro Viejo y Antiguo de Madrid</a>, que se celebra en el Paseo de Recoletos de la capital hasta el próximo 18 de octubre, dedicamos la portada de LEER a <strong>un sector que, lejos de resignarse, se adapta a los nuevos tiempos, se renueva generacionalmente y busca nuevos adeptos</strong>.</p>
<figure id="attachment_4694" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2015/10/PORTADA266.jpg"><img class="wp-image-4694" src="/wp-content/uploads/2015/10/PORTADA266-762x1024.jpg" alt="PORTADA266" width="345" height="463" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Portada de octubre de 2015, número 266, de la Revista LEER. El protagonista es Alfonso Riudavets, librero de la cuesta de Moyano de Madrid fotografiado por Ricardo Torres.</figcaption></figure>
<p><strong>Los bibliopolas toman la palabra en nuestras páginas encabezados por</strong> <a href="http://www.libreriablazquez.com/" target="_blank"><strong>Guillermo Blázquez</strong></a>, propietario de la librería del mismo nombre y presidente del Gremio Madrileño de Libreros de Viejo, y secundados por un ilustre colega de Sevilla, el también librero y editor <strong>Abelardo Linares</strong>, de <a href="http://www.libreriarenacimiento.com/index.html" target="_blank">Renacimiento</a>. Además, Ada del Moral repasa la historia del oficio en un excelente reportaje. Ella misma acude a Moyano, cuya feria del libro estable, única en su género en todo el mundo, cumple 90 años encaramada a la madrileña cuesta que le da nombre.  <strong>Su inquilino más veterano, Alfonso Riudavets</strong>, que <strong>pone rostro al gremio desde nuestra portada</strong> y regenta con guardapolvo y maneras inconfundibles la caseta número 15, nos desvela el secreto de su excelente biblioteca. Y el escritor <strong>Jorge Carrión, autor de <a href="http://www.anagrama-ed.es/titulo/a_453" target="_blank"><em>Librerías</em></a>, pone la coda con un apasionado elogio a Moyano.</strong></p>
<p>Una vez más, LEER se compromete con los libreros, en esta ocasión con los de viejo. Creemos que la estrella no se ha apagado. Sea en modo coleccionista, curioso o fetichista, exhortamos a los lectores a que <strong>practiquen la elegancia social de la bibliofilia</strong>. Y a que lo hagan con el último número de LEER, <em>Nuevos lances del libro antiguo</em>, bajo el brazo. <strong>Ya en kioscos y librerías de toda España</strong> (también puedes suscribirte <a href="/suscribete/" target="_blank">aquí</a>).</p>
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		<title>Miguel de Castro, el soldado poeta</title>
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		<pubDate>Fri, 18 Jul 2014 10:04:35 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En su línea habitual –¡que no falte!– de rescate de clásicos olvidados de nuestras letras y de las extranjeras, el poeta y editor Abelardo Linares remoza y presenta en Renacimiento una joya Vida del soldado español Miguel de Castro escrita por él mismo (1593–1611). Se trata de una autobiografía soldadesca de la familia literaria de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: justify;">En su línea habitual –¡que no falte!– de rescate de clásicos olvidados de nuestras letras y de las extranjeras, el poeta y editor Abelardo Linares remoza y presenta en Renacimiento una joya <em>Vida del soldado español Miguel de Castro escrita por él mismo</em> (1593–1611). Se trata de <strong>una autobiografía soldadesca de la familia literaria de la <em>Vida</em> de Alonso de Contreras</strong>, la <em>Relación</em> del capitán Domingo de Toral y Valdés, los <em>Comentarios del desengañado de sí mismo</em> de Diego Duque de Estrada, la <em>Relación del cautiverio y libertad de Diego Galán </em>y la <em>Autobiografía</em> de Jerónimo de Pasamonte, estas tres últimas también editadas excelentemente por <a href="http://www.editorialrenacimiento.com" target="_blank">Renacimiento</a>. Todo lo que edita esta santa casa sevillana es tan apetecible como de primera categoría.</p>
<p style="text-align: justify;"><a href="/wp-content/uploads/2014/07/10-Vida_Miguel_Castro-e1405674246200.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-1965" src="/wp-content/uploads/2014/07/10-Vida_Miguel_Castro-e1405674246200.jpg" alt="10-Vida_Miguel_Castro" width="300" height="420" /></a><strong>A caballo entre la novela picaresca y la confesión cristiana</strong>, más allá del documento social nos encontramos ante un verdadero <strong>texto literario de los Siglos de Oro</strong>, un itinerario vital y amoroso marcado por el contexto bélico y el virreinato italiano. Las fronteras entre la crónica y la ficción quedan gratamente desdibujadas en el ejercicio de la pluma en esta apasionante <em>Bildungsroman </em>netamente hispánica. <strong>La pléyade de soldados poetas, de abundante y valiosa tradición en España, conforma un universo narrativo verdaderamente fascinante</strong>, colindante con otros autores franceses e ingleses de la época.</p>
<p style="text-align: justify;">Miguel de Castro, que <strong>nació hacia 1590 en Fuente Ampudia (Palencia)</strong>, si nos fiamos del propio relato, escribió esta <em>Vida </em>entre 1612 y 1617, en plena eclosión de las obras dadas a la imprenta por los mejores ingenios de la Corte. De Castro va de la tercera persona inicial –probable enmienda de un torpe copista– al “yo” narrativo más profundo y salta pronto la distancia: a él <strong>le interesa que el lector conozca de cerca los hechos y los recovecos de sus andanzas</strong>. Como jalón inicial notable hemos de señalar que en 1604 marchó nuestro protagonista durante pocos días con la compañía militar de Alonso Caro para alistarse después con la compañía del capitán Antonio de la Haya y embarcar hacia Cartagena huyendo de todo y de todos. <strong>En Italia sirve</strong> al oficial mencionado, <strong>al capitán Francisco de Cañas e incluso al virrey de Nápoles, el conde Benavente</strong>. Ingresa en la Compañía de Jesús en Malta, en 1612, marcha a Mesina donde es testigo de una rebelión contra el poderoso duque de Osuna, amigo y valedor de Quevedo, y se pierde finalmente su pista por la sencilla razón de que la <em>Vida,</em> a día de hoy, <strong>ha perdido una aventura del protagonista: la del regreso a España</strong>. Esa es la amargura de muchos clásicos: el no saber, la pérdida de fragmentos, el disfrutarlos a ciegas, también está en la obra de Miguel de Castro y acaso sea esa <strong>una de las razones que alienta el deleite de su misterio</strong>.</p>
<p style="text-align: justify;">Hay en el autor un deseo de contar el menudo de la intendencia soldadesca y especialmente de sus amores en Italia, pero no como podría hacer el donjuán, sino como el militar que narra una aventura más, digna de ser recogida y recordada, que vivió “por apagar aquella furia” del arrebato amoroso. <strong>Miguel de Castro es ante todo un hombre de acción</strong>… en todos los sentidos. Un hombre de voraz apetito que se bebía el amor a grandes sorbos y que se descalabró en su ascenso por dejarse llevar del cuerpo, más que del alma. Así <strong>desfila por sus páginas un catálogo delicioso de mujeres con las que gozó</strong>: la viuda Virgilia, una doncella que no le entrega su cuerpo porque es “enamorada de reja” y no hay manera de ir más allá de los barrotes, una esclava, varias cortesanas dignas de Pietro Aretino, Luisa de Sandoval –que lo introduce en la escala social del virreinato–, Catalina Sánchez de Luna, etc.</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>La primera edición del texto se llevó a cabo por Antonio Paz y Mélia en 1900</strong> con un prólogo que incluye ahora Renacimiento, al que añade la sabrosa y <strong>documentada introducción del investigador y crítico literario Francisco Estévez</strong>, en realidad más que un proemio: se trata de un magnífico microensayo sobre el estado de la cuestión del autobiografismo en los siglos XVII y al que alentamos para que publique pronto un libro sobre el particular, tan rico, desconocido y necesario.</p>
<p style="text-align: right;"><em>DAVID FELIPE ARRANZ  <a href="https://twitter.com/MarcapaginasGR" target="_blank">@MarcapaginasGR </a><br />
</em></p>
<h2 class="ProfileHeaderCard-screenname u-inlineBlock u-dir" dir="ltr"></h2>
<p style="text-align: right;"><em><br />
</em></p>
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