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	<title>Revista leer &#187; Young Adult</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Club leer: La creación coartada</title>
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		<pubDate>Mon, 14 Sep 2015 11:00:23 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[La inauguración de la nueva temporada de Club LEER el pasado jueves 10 de septiembre revistió cierto aire de cenáculo, una reunión de personas que se niegan a dar a la literatura por muerta. El maestro de ceremonias fue Javier Aparicio Maydeu, crítico literario y profesor de la Universidad Pompeu Fabra, autor de la tetralogía El artista en [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>La inauguración de la nueva temporada de <strong>Club LEER</strong> el pasado jueves 10 de septiembre revistió<strong> cierto aire de cenáculo, una reunión de personas que se niegan a dar a la literatura por muerta</strong>. El maestro de ceremonias fue <strong>Javier Aparicio Maydeu</strong>, crítico literario y profesor de la <strong>Universidad Pompeu Fabra</strong>, autor de la tetralogía <em><strong>El artista en sus laberintos</strong>: <a href="http://www.alianzaeditorial.es/libro.php?id=3434638&amp;id_col=100508"><strong>Continuidad y ruptura. Una gramática de la tradición en la cultura contemporánea </strong></a> </em>con <strong>Alianza</strong>); <em><strong>La imaginación en la jaula. Razones y estrategias de la creación coartada</strong></em>, <em><strong>El desguace de la tradición. En el taller de la narrativa del siglo XX</strong></em> y <em><strong>Lecturas de fición contemporánea. De Kafka a Ishiguro </strong></em>con <a href="http://www.catedra.com/"><strong>Cátedra</strong></a>.</p>
<figure id="attachment_4585" style="width: 350px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-4585" src="/wp-content/uploads/2015/09/DSCN7036-300x256.jpg" alt="DSCN7036" width="350" height="298" /><figcaption class="wp-caption-text">Javier Aparicio Maydeu en Espacio LEER junto a su ambiciosa obra: “El artista en sus laberintos”, una tetralogía de la creación contemporánea.</figcaption></figure>
<p>Ante un público con representación docente de peso, entre el que destacaron personalidades como <strong>Fernando Rodríguez Lafuente</strong> (máster ABC) y<a href="http://millecturasunavida.blogspot.com.es/"><strong> José Manuel Mora Fandos </strong></a>(UCM), la presentación inicial apuntó certera hacia el <strong>carácter revulsivo</strong> del más reciente de los títulos: <em>La imaginación en la jaula, </em><strong>una radiografía de cuerpo entero que permite comprender en toda su amplitud y riqueza de matices los cambios sufridos por el proceso literario en el contexto de la globalización económica y tecnológica</strong>. Los tiempos han cambiado: antes el escritor le daba un manuscrito a su agente pero, ahora, el proceso se ha invertido, y si hablas con veinte agencias importantes de Madrid, Londres o Barcelona, te dirán que el cliente, que es el escritor, le pregunta a su agente sobre qué tiene que escribir. Lo detalló Aparicio Maydeu para llegar a <strong>la consecuencia última: la falta de libertad del escritor contemporáneo, que cae víctima de programas editoriales teledirigidos</strong>.</p>
<p>«Tales estrategias programáticas, amén de estrangular el genio y presentar al editor como al malo de la película, se desarrollan sobre <strong>un tablero desde donde muchos tratan de convencernos de que los géneros clásicos no existen y son sólo un invento de los periodistas aunque de la manga esos mismos escépticos de catalogaciones se saquen de  la manga perversiones como la endiablada etiqueta imposible del <em>Young Adult</em></strong>», apuntaló <strong>Maica Rivera</strong>.  <img class="alignright wp-image-4609 size-full" src="/wp-content/uploads/2015/09/CA002835011.jpg" alt="CA00283501" width="200" height="309" />El profesor Aparicio Maydeu recogía el guante: “<strong>Los géneros literarios están muy enfermitos. Están siendo suplantados desde hace una década por los géneros editoriales</strong>. Escritores importantes como <strong>John Banville</strong>, con mucho prestigio e incluso candidatos al Nobel, tienen su nombre de DNI para hacer novela literaria y un seudónimo para hacer novela negra (<strong>Benjamin Black</strong>, en este caso); y saben muy bien qué facturan cuando firman de una u otra forma, tienen dos cuentas de resultados distintas”. <strong>La degeneración de los géneros viene marcada por el mercado: “Lo imponen unos señores que tienen mucho poder y que imponen nichos”. Si no encuentran el tipo de escritor que buscan, lo crean.</strong> Este escritor a la carta tiene las manos atadas, «y si, además, se trata de alguien que factura un tercio de la editorial a la que sirve, se ve asfixiado por la obligación de entregar un libro cada dos años».</p>
<p>LITERATURA S. L.</p>
<p>En esta «prostitución literaria», serían una suerte de viagra los libros de autoayuda y los talleres literarios que se venden con el lema de «por-supuesto-tú-también-puedes-ser-escritor-y-escribir-tu– propio–<em>bestseller–</em>en-una-semana». Me siento legitimado a decir esto, he sido agente 15 años, llevo muchos años en la universidad, estoy en el mundo editorial desde hace 25 años, hablo con muchos editores No creo en los talleres literarios”. El gran Alvite arrojaba una sombra de sospecha a la proliferación moderna de los talleres: “Yo los miro con recelo porque creo que la escritura no es una afición que se adquiere, ni un oficio que se perfecciona, sino una necesidad que se padece, algo que sobreviene por pura fatalidad, a veces por una simple carencia, como sucede con el bocio”. Aparicio Maydeu dejó claro que no cree en milagros literarios y que prefiere atacar directo al corazón de la cuestión: <strong>“El gran problema de la literatura es la lectura, es decir, a quien ha leído mucho le basta un poco de talento para poder escribir”</strong>. El genio se tiene o no se tiene, aseguró el crítico, «viene del padre y de la madre». Maica Rivera suscribió su apreciación, recordando el argumento de autoridad del poeta<a href="http://www.joanmargarit.com/?lang=es"><strong> Joan Margarit</strong></a> a su reciente paso por Espacio LEER: <strong>«no todo el mundo tiene talento literario, el talento no se aprende, y, por ejemplo, hacer poesía no es democrático, de hecho, es lo menos democrático del mundo»</strong>.</p>
<figure id="attachment_4597" style="width: 400px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-4597" src="/wp-content/uploads/2015/09/12002935_1178147785532306_1407617614312802898_n.jpg" alt="12002935_1178147785532306_1407617614312802898_n" width="400" height="292" /><figcaption class="wp-caption-text">Fernando Rodríguez Lafuente concitó atenciones en Espacio LEER durante las tres horas de conversación con Aparicio Maydeu, que se mantuvo en constante interacción con el público asistente.</figcaption></figure>
<p>ESCRITOR VS CREADOR DE CONTENIDOS</p>
<p>No hay fórmulas ni atajos para la buena literatura, quedó claro unánimemente. Corroborando todas las matizaciones («la cultura lo es todo menos democrática»), el crítico distinguió entre el escritor y el creador de contenidos. “Lo decía <strong>Jaume Vallcorba</strong>, editor de <strong>Acantilado </strong>quien fue muy valiente, la cultura es elitista, otra cosa es el <em>entertainment «</em>.  Fernando Rodríguez Lafuente fue más lejos en intervención: <strong>“Son unos tiempos muy conservadores, no ya solo en la política sino en la propia creación. Hay una cultura acomodaticia, empezando por los propios intelectuales. La universidad es una burbuja, está aislada del mundo. ¿Dónde encuentras esta cultura crítica?”</strong>. El también profesor y crítico comparó a los asistentes los actos del Espacio LEER con los antiguos cristianos reuniéndose en catacumbas tratando de sobrevivir. <strong>«Aquí, ahora mismo, en Espacio LEER, somos la resistencia»</strong>, sentenció, y calificó el momento que estamos viviendo como “realmente tenebroso” porque “no existe una cultura crítica, la crítica se ha convertido en apología y vituperio». Aparicio Maydeu rememoró l<strong>os tiempos en que Manolo Vázquez Montalbán exclamaba “¡esto es una mierda!”, y cogía lo que había escrito con su Olivetti y lo tiraba a la basura</strong>; y a Gabo que siempre desconfió de un escritor con la papelera vacía, en contraste con «el contexto actual de falta total de autocrítica,<strong> ¿dónde están ahora esos escritores que se arrepienten con el transcurso del tiempo de lo que han escrito?</strong>».</p>
<p>CREATIVIDAD VS CREACIÓN</p>
<p>La creatividad le ha quitado el prestigio a la creación, pero no debemos confundirlo. El crítico nos puso en guardia: <strong>“Los valores de la creatividad actual y los de la creación tal y como se han entendido siempre, son distintos. Creación significaba universo propio, reiteración, obsesión, esfuerzo, tiempo, maduración, arrepentimiento… Creatividad: espontaneidad, prisa, sensación acomodaticia sin ninguna noción de autocrítica o con un descenso de la misma. Ahora se confunden una cosa con la otra. Cada vez se habla más de creatividad y la palabra creación está paulatinamente siendo abandonada”</strong>. <img class="alignright wp-image-4619" src="/wp-content/uploads/2015/09/may-300x194.jpg" alt="may" width="350" height="226" /></p>
<p>También el proceso de creación ha cambiado, se ha “higienizado” con las TIC, explicó. Por eso, en el libro <em>La imaginación en la jaula</em> podemos ver fotos de «procesos», desde el famoso rollo de <strong><em>En la carretera</em> </strong>de <strong>Kerouac</strong> a las tachaduras de<strong> James</strong> <strong>Joyce</strong> o de <strong>Javier Marías</strong>: “Durante mucho tiempo lo importante de la escritura era el proceso pero ahora éste se hunde y queda apartado, castigado, oculto. <strong>El lector tiene la sensación de que la obra ya era un producto antes del proceso</strong>». Cierto es, el público en Espacio LEER cayó en la cuenta: “Ya no hay manuscrito”. <strong>Marías</strong> comprendió en su momento la relevancia de todo esto, y le dijo a Javier Aparicio Maydeu: “Te agradezco que exhibas que yo dudo”.</p>
<p>“Lo difícil en España hoy en día es no publicar”, afirmó Rodríguez Lafuente, frase que le llevó a aquella otra de Umberto Eco, según la cual hoy es un signo de distinción el no aparecer en televisión: “Sobre todo por parte de los jóvenes, porque todos los editores van buscando un <em>pelotazo</em>. Eso crea fenómenos como el de la <strong>generación Nocilla</strong>”. El profesor Aparicio Maydeu recordó sus comienzos profesionales: <strong>“Cuando entré el sector, escritor no sabía lo que le pagaban de anticipo. Ahora sí. Y eso tiene que ver con la literatura: por el tempo, la rapidez, la presión, la sintaxis, la tecnología, no tienes el contenido pero ya tienes la presión para exhibirte. Hay novelas que no son novelas, son selfis artísticos. Artefactos, algunos muy bien, hechos para la autocomplaciencia”</strong>.<img class="aligncenter wp-image-4614 size-large" src="/wp-content/uploads/2015/09/DSCN7047-1024x710.jpg" alt="DSCN7047" width="690" height="478" /></p>
<p>Ahí Maica Rivera invitó a leer <a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=150205"><em>La imaginación en la jaula</em></a> en paralelo con el clásico<a href="http://www.catedra.com/libro.php?codigo_comercial=120422"> <em><strong>Cultura y anarquía</strong></em></a> de <strong>Matthew Arnold</strong> (Cátedra), insistiendo en la máxima relevancia de ese decimonónico concepto de <strong>«cultura de la insatisfacción»</strong> frente al de <strong>«cultura de la satisfacción»</strong> hoy dominante: <strong>«si en el pasado, la lectura se caracterizaba por impactar, desestabilizar, desasosegar, inquietar, perturbar e imponía retos, abría caminos para despertar al lector, abrumándolo ante un vasto panorama intelectual, cada vez más inmenso e inabarcable, que abría ante él, ahora lo que suele buscarse es gratificar constantemente a ese lector, infantilizarlo, agradarlo con ideas absurdas tales como que conseguirá entender a Derrida en veinte páginas»</strong>.</p>
<p>UNIADVERSIDAD</p>
<p>Frente a toda esta problemática de nuestro tiempo, <strong>«¿las instituciones académicas no deberían crear espacios para combatir todas presiones del mercado y las inercias nocivas del entorno digital? ¿Dónde queda su responsabilidad?»</strong>, preguntó Maica Rivera. La respuesta de Aparicio Maydeu se remontó a los años 20 a los años 50, cuando la universidad europea marcaba tendencias; porque, a partir de ahí, <strong>con la irrupción de la cultura pop, «la universidad dejó de generar tendencia y pasó a seguir al mercado, los profesores empezaron a prescribir los libros que sabían que había tenido cierto éxito, no aquellos en los que ellos creían como obra artística»</strong>. El resultado es que «la universidad está ahora en una situación precaria a nivel europeo, es difícil que vuelva a imponer a la sociedad determinadas tendencias porque ahora lo que hace es prescribir que el alumno lea lo que el mercado dice que tiene que leer» y si el profesor propone algo fuera de la norma se convierte, al parecer, automáticamente, en el forajido de la película. «A veces se alega para relegar algo que conlleva una lectura difícil, ¿pero difícil respecto a qué?”, cuestionó Aparicio Maydeu, lamentando con pesar, dramas educativos de nuestro país como «que alguien pueda doctorarse en Arqueología sin saber latín”.<br />
En este punto, Lafuente volvió a abogar por una «ética de la resistencia» a lo <strong>Edgar Morin</strong> y citó a <strong>Steiner</strong>:<strong> “La clave de la lectura es el tiempo y el silencio”</strong>. Según el profesor, <strong>“esta sociedad está matando el silencio y no tiene tiempo. Así es imposible leer. Tenemos que ir al tempo adecuado para mantener la tradición de lecturas que han estado desde Homero hasta nuestros tiempos”</strong>. Apuntó Aparicio Maydeu que “la única resistencia que nos queda es que haya entusiasmo lector entre los profesores, que se lo transmitirán al alumnado, ahí los estudiantes siempre responden».</p>
<p style="text-align: right;">Alberto Sánchez Medina (<a class="ProfileHeaderCard-screennameLink u-linkComplex js-nav" href="https://twitter.com/Albertorum_"><span style="color: #375232;">@<span class="u-linkComplex-target">Albertorum_</span></span></a>)</p>
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		<title>Un canon infantil y juvenil español</title>
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		<pubDate>Tue, 14 Oct 2014 15:52:44 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Las editoriales acusan la crisis en forma de alarmantes descensos de ventas y sólo las sagas, con frecuencia extranjeras, parecen fidelizar a los jóvenes lectores. Pero hay vida más allá de las trilogías de moda. Aprovechando el fallo del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, concedido a DIEGO ARBOLEDA por “Prohibido leer a Lewis [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<address>Las editoriales acusan la crisis en forma de alarmantes descensos de ventas y sólo las sagas, con frecuencia extranjeras, parecen fidelizar a los jóvenes lectores. Pero hay vida más allá de las trilogías de moda. Aprovechando el fallo del Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil, concedido a <strong>DIEGO ARBOLEDA</strong> por “Prohibido leer a Lewis Carroll” (publicado por Anaya con ilustraciones como la superior de <strong>RAÚL SAGOSPE</strong>), <strong>ADA DEL MORAL</strong> ensaya un repaso a nuestros clásicos, maltratados o no, y a nombres emergentes del panorama español.</address>
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<p>La viruela fue la enfermedad del siglo de las luces, la tuberculosis empañó el XIX… Todas ellas han sido erradicadas o domeñadas mientras la pandemia del siglo XXI es, desde luego, la vejez, y la falta de frescura de lo añejo se contagia a las artes, incluida la literatura. <strong>A los autores les hace falta mucho talento y personalidad para resistir</strong> –o imponerse– a un entramado donde la cifra es lo de más y el fundamento lo de menos. En España, entre la pacatería y la imitación, la cosa está complicada. <strong>La literatura infantil y juvenil (LIJ) ha vivido en nuestro país varias etapas felices</strong> y ahora, agotadas las rentas, entra en una hora de la verdad. Pero <strong>el acervo es generoso y variado, y fructifica en algunas realidades presentes que desafían la hegemonía de historias y sagas importadas.</strong></p>
<p>Agárrense que esto también va de <strong>recordar nombres borrados con demasiada despreocupación en Celtiberia</strong>, destino del que se libró <a href="/2014/06/en-el-universo-magico-de-ana-maria-matute/" target="_blank"><strong>Ana María Matute</strong></a>, cuyas historias tienen la dosis justa de inocencia y crueldad para despistar a todas las censuras posibles. Mas antes de aterrizar en el presente hagamos un pequeño repaso de nuestra fauna literaria. <strong>Antes de que nos colonizara Geronimo Stilton ya teníamos al fatuo Ratón Pérez</strong> que, para entretener al niño <strong>Alfonso XIII</strong>, se sacó de la manga el avispado <strong>padre Coloma</strong> (tan jesuita como nuestro actual Papa). Aquel rey lleva décadas criando malvas pero el ratón, más longevo que el de <em>La Milla Verde</em>, sigue en la confitería de la calle Arenal, desde donde ha sido contratado para realizar aventuras cinematográficas e incluso un <a href="http://www.google.com/doodles/luis-colomas-161st-birthday" target="_blank"><em>doodle</em></a> de Google. Luego tenemos la colección pulga de Calleja donde tantos escritores se pagaron las lentejas versionando cuentos con tino y desatino, y<strong> la Segunda República le perteneció a la malévola chiquillería de</strong> <strong>Elena Fortún</strong>, genio de la incorreción en las series de <em>Celia</em>, <em>Matonkikí</em> y <em>Cuchifritín</em>.</p>
<h5><strong>La cantera de Doncel</strong></h5>
<p>Llegó el franquismo y hubo desde el brillo melancólico de <em>Antoñita la fantástica</em> de <strong>Borita Casas</strong> al fino <strong>Sebastián Sorribas</strong> con su clásico <em>El Zoo de Pitus</em> o los atrevidos experimentos de la editorial Doncel que, en pleno <em>paternalcaudillismo</em> estaba más preocupada por mostrar el mundo y alimentar la fantasía que loar las glorias petardas de la España triunfal. <strong>Ciertos falangistas tenían su pizca futurista</strong>, es decir, de modernidad, y eso se nota. Por aquellas páginas espejearon <em>Dardo, el caballo del bosque </em>de <strong>Rafael Morales</strong>; el pícaro espacial Marsuf a quien el Tuf de <strong>George R. R. Martin</strong> tanto debe aunque no lo sepa porque <strong>Tomás Salvador</strong>, además de todo un personaje, es uno de nuestros rarísimos escritores de ciencia ficción.</p>
<blockquote><p>Con su magro estilo, el grande y olvidado José María Sánchez Silva practica la risa en llanto con el estremecedor <em>Marcelino Pan y Vino</em></p></blockquote>
<p><a href="/wp-content/uploads/2014/10/Marcelino-Pan-y-Vino0001.jpg"><img class="alignleft wp-image-2658" src="/wp-content/uploads/2014/10/Marcelino-Pan-y-Vino0001.jpg" alt="Marcelino Pan y Vino0001" width="320" height="389" /></a>En Doncel también yace el grande y olvidado<strong> José María Sánchez Silva</strong> que, con su magro estilo, practica la risa en llanto a través del estremecedor <em>Marcelino Pan y Vino</em>, donde un Cristo velazqueño cumple el deseo del pequeño huérfano de conocer a su madre y a la de su amigo de madera… en la otra vida, aunque Jesús se guarde este detalle en la herida del costado. <strong>Silva tenía una brizna de Esopo entre los clavos y le nació la burrita Non, torturado reverso de <em>Platero</em></strong>, el poderoso Trueno, digno mulo de batalla ciego, veterano de las guerras del 98, o Josefina, la ballena de tamaño cambiante, tan ligera como un globo y que dormía en un vaso junto a su amigo Santi y llegó a protagonizar una famosa serie de <em>anime</em>. Silva es <strong>el único escritor español que ha ganado el Andersen, el Nobel infantil</strong>, y dado el injusto limbo que le envuelve quizás fuera un crimen mayor que su colaboración en el filme <em>Franco, ese hombre</em> y su ferviente catolicismo.</p>
<p><strong>La transición y aledaños nos trajo a María Luisa Gefaell y <em>Las hadas de Villaviciosa de Odón</em>, a la vejada e imitada Gloria Fuertes</strong>, a <em>Las tres mellizas</em> de <strong>Roser Capdevilla</strong>, y mantuvo a los incombustibles <strong>Vázquez Figueroa</strong>, <strong>Montserrat del Amo</strong> y <strong>José Luis Olaizola</strong>, a la genial colección de Barco de Vapor con Fray Perico y el Pirata Garrapata de <strong>Juan Muñoz Martín</strong>, a la jugosa <em>Caperucita en Manhattan</em> de <strong>Carmen Martín Gaite</strong> o a <em>Bea la Anguila</em> de <strong>María Isabel Molina</strong>, donde las princesas se enamoran de dragones y las anguilas se hacen sabias: <strong>un canto del cisne del bachillerato clásico antes de la ESO y su basura superflua.</strong></p>
<h5><strong>Hartazgos y esperanzas</strong></h5>
<p>“Las sagas agotan intelectualmente y económicamente a niños y adultos, pero son muy rentables para escritores y editoriales. A ver si termina esta moda y se escribe pensando en el libro único y no en la trilogía o la cuatrilogía… que la mayoría de las veces se limita a estirar la historia, como muchas series”, escribía un indignado y anónimo usuario de internet al calor de <a href="http://cultura.elpais.com/cultura/2014/07/09/actualidad/1404920465_437140.html" target="_blank">un artículo publicado el pasado julio en <em>El País</em></a> sobre la caída de las ventas de la LIJ mientras los lectores se hacían eco de los bajos sueldos, el alto precio de los libros y la vigencia de los clásicos de toda la vida. A tenor de la cantidad de blogs sobre libros en nuestra red, machacando quizás justamente la tarea de los periodistas culturales, de la gente joven que viaja con un libro o un <em>kindle</em> en el trasporte público y del trasiego en las bibliotecas, es evidente que<strong> aquí se lee; que no se compre es otra historia que incumbe a los amos del negocio y a sus cuadras de autores.</strong></p>
<p>Volviendo a la LIJ, rosa enferma y protagonista de este reportaje, que quede claro que de todo tiene que haber en la viña de la letra impresa y digital, desde<strong> experimentos <em>transmedia</em> como el interesante <em>Odio el rosa</em> de Ana Alonso</strong> <strong>y Javier Pelegrín</strong> a series como <em>Guardianes del Sueño</em> de <strong>Ruiz e Hinojo</strong> (La Galera), que tiene lejana inspiración en el <em>Origen de los Guardianes</em>, o la nueva serie <em>Secret Academy</em> en Montena y del barcelonés Palmiola de la que no se sabe el porqué de ese título en inglés</p>
<blockquote><p>Autores como Diego Arboleda se saltan el rollazo de las recomendaciones por edades que intentan reventar los placeres del <em>no comprender</em></p></blockquote>
<figure id="attachment_2654" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2014/10/LIBROS-DE-A-cob-ESP-OK.jpg"><img class="wp-image-2654" src="/wp-content/uploads/2014/10/LIBROS-DE-A-cob-ESP-OK.jpg" alt="J. L. Badal, hombre orquesta con algo de cuentacuentos buhonero, ha asimilado como pocos las virtudes de los narradores de siempre." width="345" height="449" /></a><figcaption class="wp-caption-text">«J. L. Badal, hombre orquesta con algo de cuentacuentos buhonero, ha asimilado como pocos las virtudes de los narradores de siempre».</figcaption></figure>
<p>El mundo ya se ha globalizado, quizás se hayan difuminado las fronteras pero… ¿no somos un poco víctimas de las franquicias literarias? En Reino Unido tienen a <strong>Tolkien</strong>, <strong>Lewis</strong>, <strong>Kingsley</strong>, <strong>Carroll</strong>, y nosotros pasamos de nuestra propia identidad, más prosaica en fantasías, eso sí, y vamos construyendo otra con <em>Olvidado Rey Gudú</em> de la Matute, la imbatible <strong>Laura Gallego</strong> y sus <em>Memorias de Idhún</em> y todoooos esos mundos descafeinadamente fantásticos a lo Tolkien pero que tienen su bien ganado público. Allá salen con la <em>chick lit</em> y el <em>young adult</em> y nosotros tenemos a <strong>Esther Sanz</strong>, que al menos hace trascurrir en Soria <em>El bosque de los corazones dormidos</em>, y a <strong>Blue Jeans</strong>, nuestro <strong>Moccia</strong> particular pero con olor a calimocho y tortilla. Las editoriales buscan la réplica del éxito en serie y, <strong>entre col y col, cuela alguna lechuga que se salta el rollazo de las recomendaciones por edades</strong> que intentan reventar los placeres del “no comprender” que tanto alivian, al revelarse, la maduración. <em>Prohibido leer a Lewis Carroll</em> de<strong> Diego Arboleda</strong> y<a href="http://sagospe.blogspot.com.es/" target="_blank"><strong> Raúl Sagospe</strong></a> (Anaya), flamante Premio Nacional, o la maliciosa <em>El único y verdadero rey del bosque</em> de <strong>Barrenetxea</strong> (A buen paso) son un buen ejemplo. Pero quizás quien mejor haya asimilado las virtudes de los narradores de siempre sea <strong>J. L. Badal</strong>, hombre orquesta con una pizca de cuentacuentos buhonero y otra de la locura del <em>mundodisco</em> de Terry Pratchett. Su prosa pesa en el buen sentido porque sus personajes saltan de las páginas y, aunque a veces el fondo de la historia se le difumine, <strong>es tal su pasión, buen gusto y humor que despierta una constelación de sensaciones</strong> donde el escalofrío de placer, la risa, el terror y la sorpresa se agitan y hacen que el lector viaje y se conmueva.</p>
<p><strong>Y un último apunte: la ilustración crece y crece como el hongo del kéfir</strong> lo que no hace más infantiles a los libros sino el doble de disfrutables. Donde hay diversidad hay esperanza. A devorar libros que lectores ávidos hacen buena literatura.</p>
<p style="text-align: right;"><strong><em>ADA DEL MORAL</em></strong></p>
<address style="text-align: left;">Una versión de este artículo fue publicado en el número de septiembre de 2014, 255, de la edición impresa de la Revista LEER (<a href="http://www.quioscocultural.com/leer/479-leer-n-255.html" target="_blank">cómpralo</a> en el Quiosco Cultural de ARCE, o mejor aún, <a href="/suscribete/" target="_blank">suscríbete</a>).</address>
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