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	<title>Revista leer &#187; Buñuel</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>Un abrazo al vacío</title>
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		<pubDate>Tue, 20 Feb 2018 11:45:00 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Hay una anécdota significativa de Salvador Dalí. Ocurrió durante el primer viaje que hizo a EEUU. Viajaba en barco, con su mujer. Huían de una Europa empobrecida. Se puede imaginar a Dalí, sin salir del camarote en toda la travesía, rememorando los días de su llegada a la Residencia de Estudiantes con su legendaria reticencia [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">H<strong>ay una anécdota significativa de Salvador Dalí</strong>. Ocurrió durante el primer viaje que hizo a EEUU. Viajaba en barco, con su mujer. Huían de una Europa empobrecida. Se puede imaginar a Dalí, sin salir del camarote en toda la travesía, rememorando los días de su llegada a la Residencia de Estudiantes con su legendaria reticencia a salir de su habitación y mezclarse con los otros residentes. <strong>Lorca</strong> se dio enseguida cuenta de aquello, y se las arregló para entrar en contacto con aquel catalán raro que vestía como un artista del siglo XIX, con chalina y lazo en el cuello. Lorca prefería sus bombachos con sus calcetines altos. <strong>El encierro de Dalí le hizo gracia a Lorca, y también a Buñuel, y los dos decidieron encerrarse junto con aquel tímido compañero</strong> en su habitación y no salir de ella en varios días. Sin comida ni bebida, pedían auxilio por la ventana a los que por debajo pasaban. Se autodenominaron “náufragos”.</p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">En ese cuarto del que no quería salir, Dalí seguramente tejía unos sueños que luego se convertían en acciones casi desesperadas. <strong>Pero estábamos en el barco que llegó a los muelles de Nueva York</strong> con la extraña pareja. Dalí fantaseaba con que la prensa le estuviera esperando en el muelle, y estaba listo para las preguntas y las fotos de los periodistas. Cuando el barco aseguró las amarras y bajó la pasarela, Dalí subió a cubierta dispuesto a responder todas las preguntas. Allá abajo, en el muelle, estaban ellos, los periodistas, con sus cámaras y sus cuadernos. Solo que no le estaban esperando a él. Esperaban a un actor secundario, del que Dalí que ni siquiera sabía el nombre. Entonces, sin tiempo para la desilusión, volvió al camarote y decidió rápidamente hacer algo: cogió una barra de pan duro, se la ató encima de la cabeza y volvió a salir. Pero algo más pasó: caía una lluvia fina y el pan se fue reblandeciendo. Cuando le tocó bajar por la pasarela, el pan se había curvado y caía blando sobre sus orejas. Y fue en ese momento, cuando la barra de pan mojada en la cabeza y el desprecio de los periodistas se fusionó, cuando, contaba, se le ocurrió la idea de pintar objetos blandos.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Dalí era así, <strong>aparentemente anecdótico pero profundamente freudiano</strong>. Una mezcla similar a la que se da en el escritor hoy en <strong>Haruki Murakami</strong>, quien ha contado muchas veces que decidió ser novelista en el preciso instante en el que un bateador de los Swallows, <strong>Dave Hilton</strong>, golpeó la pelota en el estadio Jingu de Tokio bajo su mirada desde la grada. El bate golpeó la bola y Murakami decidió su futuro y el de la literatura japonesa y global. ¡Toc! Dalí y Murakami son <strong>hombres de epifanías</strong> y poseen como tales <strong>dos dones a los que todo artista contemporáneo aspira: la conexión con el subconsciente y la relación directa con las masas.</strong> Todo artista y quizá todo político.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Las epifanías de Dalí eran arte profundamente contemporáneo. Sin embargo, su obra no lo era tanto al ser objetual ya que una de las características del arte contemporáneo ha sido ir deformando la dimensión material hasta llegar a perderla. En España, esta pérdida de la materialidad todavía asusta. Se podría decir incluso más. <strong>La inmaterialidad del arte contemporáneo se ha convertido en un tabú en España</strong>, un tabú que es como esas anclas de capa que se usan en los barcos para ralentizarlos y sortear los temporales.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><img class="alignright size-full wp-image-7930" src="/wp-content/uploads/2018/02/61o1h3BaieL-e1519126930817.jpg" alt="61o1h3BaieL" width="345" height="483" />Es difícil todavía escapar en nuestra sociedad de las críticas populares al arte contemporáneo. El “eso lo haría un niño” o “¿Y eso es arte, poner en una esquina un montón de plumas?” (usamos plumas a modo de ejemplo, pero estamos también pensando en una exposición concreta) son comentarios comunes. No entramos siquiera en la idea del </span><i><span style="font-weight: 300;">ready made</span></i><span style="font-weight: 300;"> o la </span><i><span style="font-weight: 300;">performance</span></i><span style="font-weight: 300;">, basta con algunos ejemplos menos comprometedores. Pero, quizá lo que diferencia el Sur de Europa de otros países es que <strong>ni siquiera las críticas cultas reconocen o dan espacio suficiente al arte contemporáneo.</strong> No es que lo critiquen, el ataque es ciertamente más sutil. Simplemente <strong>no creen en él.</strong></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">La objetualidad del arte parece haberse parado en <strong>Picasso</strong> para algunos y para otros en <strong>Barceló</strong>. La sutilidad asomó ligeramente en <strong>Sicilia</strong>, pero más como ligereza que como inmaterialidad. <strong>El arte en España tiene que tener materia, carnaza, si no, no es arte.</strong> Tiene que haber mezcla de barro dolor y lágrimas. Cemento y acero. Piedra.<strong> Y si esa materialidad desaparece o mengua, se tiene que compensar con un discurso opaco</strong>, sin rumbo, solipsista y simplemente huero. Pero, de una forma u otra, la cosa artística tiene que tener peso. Y así, la oquedad, el vacío, se trasladan muchas veces al discurso sobre el arte, en vez de quedarse en el arte, donde las vanguardias y definitivamente el Zen en los 60 lo pusieron. <strong>El arte contemporáneo es un abrazo al vacío y seguramente Suzuki y Rauschenberg hicieron más por ese vacío que cientos de pintores y artistas anteriores.</strong></span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;">Hay que considerar que las sutilezas semánticas y contextuales de <strong>Duchamp</strong> habían pasado antes sin pena ni gloria por la península Ibérica. <strong>Quizás la escasez material e intelectual de la posguerra nos llevó a eso. A evitar el vacío y buscar lo tangible.</strong> O quizá fuera algo más ibérico, la tendencia común a la anécdota, a la broma, al chascarrillo daliniano, buñuelesco, lorquiano. Quizá nuestro arte contemporáneo se haya ido por allí, por una calle que es escenario y que ha quitado sentido a la intimidad de la galería. En el sur, o calle o museo, pero nada intermedio, nada de coleccionistas, de aficionados, de pequeñas galerías activas con seguidores. O casi.</span></p>
<h5 style="text-align: left;"><span style="font-weight: 400;">Tres libros, tres conceptos</span></h5>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><img class="alignright size-full wp-image-7927" src="/wp-content/uploads/2018/02/23031220_10215474282156606_1769625228857411087_n-e1519127000583.jpg" alt="23031220_10215474282156606_1769625228857411087_n" width="345" height="460" />La editorial Casimiro ha publicado en España recientemente tres libros muy interesantes: </span><i><span style="font-weight: 300;">El paradigma del arte contemporáneo</span></i><span style="font-weight: 300;"> de <strong>Nathalie Heinich</strong>, <em>La creación artística</em> de <strong>François Rastier</strong> y </span><i><span style="font-weight: 300;">Genealogías curatoriales</span></i><span style="font-weight: 300;"> editado por <strong>Xavier Bassas</strong>. El primero de ellos debería ser lectura recomendada no ya en los departamentos de arte de nuestras universidades, sino en los colegios. Es ameno pero informativo y serio, a la manera anglosajona. En él, <strong>Heinich establece una cartografía del arte contemporáneo. No de sus nombres sino de sus conceptos, costumbres y manías.</strong> La autora corre tras un arte sin cuerpo que huye, y lo va acotando para poder dar forma a ese vacío. Habla de su singularidad, de sus límites, de la relación artista-coleccionista, de la inmaterialidad, de la importancia de la creación de un contexto que le de sentido, de la diversificación de los materiales cuando los hay y de los problemas que se derivan, del declive de lo plano, del estatus de la reproducción, de la presencia y ausencia del artista, de la importancia del discurso, de la importancia de las mediaciones y del papel del curador (horrible palabra donde las haya), de las nuevas formas de exponer y de coleccionar, de los apuros del conservador y del restaurador de ese arte contemporáneo, de la complejidad de los desplazamientos, de la globalización, del culto a la juventud y de las controversias alrededor de todo ello.</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><strong>Para apreciar cualquier cosa, hay que comprenderla. Pero, ¿qué significa comprender algo? ¿Hay que hacerlo analítica o emocionalmente?</strong> La comprensión, ¿es identificación o algo muy diferente? Se diría que el espectador ibérico del arte, profesional incluido, busca muchas veces una identificación con el hecho artístico, en vez de su comprensión. Dice “no lo comprendo” cuando en realidad está queriendo decir “no me identifico con esto”. Volvemos a ese lado emocional y casi chusco. Alejado de la materia, el arte se convierte en un espejo raro, en el que es difícil verse. Pero, ¿por qué no intentar comprenderlo en vez de identificarse con él?</span></p>
<p style="text-align: left;"><span style="font-weight: 300;"><strong>Dalí se dio muy bien cuenta de que el artista debía ser decorativo.</strong> Lo había empezado a ser ya en el siglo XIX, aunque en ese tiempo también el arte que ese artista producía debía serlo. Sin embargo, en el siglo XX se producirá una inversión: el artista debe ser decorativo, pero el arte debe dejar de serlo. Y ese cambio no fue del todo aceptado por Dalí (que ponía langostas en los teléfonos o huevos en las esquinas de su casa), ni por su gran discípulo <strong>Andy Warhol</strong>, que fotocopiaba retratos de Marilyn. <strong>El arte, a pesar de ellos dos, ya había pasado antes con Duchamp a la calidad de juego mental</strong>, de idea, de pensamiento. Todas estas son formas atormentadas de pedagogía. Tras dejar de ser caras (las caras se hallan recluidas en El Libro de las Caras, Facebook), el arte se ha convertido en lección. Warhol, bajo su peluca blanca, fue ya un maestro de enseñar a ver, quizá más con la cámara que con el papel. Una función pedagógica y reveladora que iguala el arte a las drogas o a las ceremonias religiosas.</span></p>
<p style="text-align: right;"><strong><strong>JOSÉ PAZÓ</strong></strong></p>
<p><em> Una versión de este artículo fue originalmente publicada en el <a href="/2017/12/leer-en-navidad-extra-2017/" target="_blank">número 288, Extra de Navidad 2017</a>, de la Revista LEER.</em></p>
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		<title>Madrid en la fil: indignados y posmodernos</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Nov 2017 17:54:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se quiere “llevar la efervescencia” actual de Madrid –en palabras de Luis Cueto, coordinador general de la Alcaldía– a la 31ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Si el Madrid de los 80 trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis, la contestación a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Se quiere “llevar la efervescencia” actual de Madrid –en palabras de <strong>Luis Cueto</strong>, coordinador general de la Alcaldía– a la 31ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Si el Madrid de los 80 trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis, la contestación a los recortes de los últimos años se ha visto más en las calles y menos en los garitos. “Es un movimiento –dice <strong>Ernesto Castro</strong>, moderador de la mesa redonda <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/accion-y-reaccion-madrid-al-limite/" target="_blank"><em>Acción y reacción. Madrid al límite</em></a> (26 de noviembre) y participante del encuentro <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/cultura-e-indignacion/" target="_blank"><em>Cultura e indignación</em></a> (28 de noviembre), ambos en el pabellón madrileño de la FIL– que desde el comienzo estaba inspirado en la literatura, aunque sea pseudoensayo, como es el caso de <strong>Stéphane Hessel</strong>. No ha habido movimiento social en Europa que haya tenido tanto respaldo intelectual de todo tipo como el caso del 15-M, ni la <em>Nuit debout</em> ni lo que sucedió en la plaza Syntagma”.</p>
<p style="text-align: left;">Quizá fue esa la protesta que rehuyeron los artistas de la Movida, defendida desde las fotos de <strong>Miguel Trillo</strong> y denostada por quienes vieron en ella un experimento de <em>sedación</em> promovido desde las instituciones públicas. Rebeldía descafeinada, enfundada en los ropajes excesivos de <strong>Tino Casal</strong>. Ya ha pasado el tiempo necesario para desmitificarlo, como hizo La Felguera Ediciones con <a href="http://www.lafelguera.net/web/la-movida-modernosa.html" target="_blank"><em>La Movida Modernosa</em></a>, y ha dejado de ser peligrosa su reivindicación, tanto como para que <strong>Cristina Cifuentes</strong> quiera resucitar su espíritu en un nuevo centro cultural. Sobre si existe un relato cultural recuperable, más allá del <em>petardeo</em>, Ernesto nos aclara: “<strong>La Movida es el ejercicio pleno de la posmodernidad como la ruptura de todo canon</strong> y la proliferación de poéticas individuales que no son posibles de subsumir bajo una misma categoría. En ese sentido habría que celebrarlo, porque no fue la construcción de un paradigma que todo lo engloba, como la poesía de la experiencia, la Generación del 27 y todo ese tipo de generaciones que crean como una sombra contra la cual deben luchar los seguidores. El rechazo a la Movida es institucional, académico y más bien político que de tipo cultural o de índole literaria”. Su padre, el crítico de arte <strong>Fernando Castro Flórez</strong>, comisario asimismo en esta FIL, asegura: “Para gente como yo que por edad vivió la Movida he comprobado que en España nos parece que <strong>es una gran cursilada descalificarla completamente como una cultura institucionalizada o subvencionada</strong> políticamente por el Ayuntamiento de <strong>Enrique Tierno Galván</strong> y, sin embargo, en el extranjero se considera un fenómeno digno de analizar. Hay muchísima bibliografía americana sobre la Transición, sobre lo que supuso la Movida, sobre qué había de político y de despolitizado en ella y en qué medida fue una especie de momento pop en que la ciudad de Madrid da su versión particular del pop. Lo hace con tres décadas de <em>décalage</em>, es decir, el pop ya está más que asumido institucionalmente en todo el ámbito internacional, pero la anomalía del franquismo hace que la cultura juvenil y popular llegue en los años 80”.</p>
<h5 style="text-align: left;">Movida y removida</h5>
<p style="text-align: left;">¿Y cómo se le explica al público mexicano lo que significó la Movida, un movimiento concebido para contradecir todo lo estatuido sobre lo que se podía crear, en todos los ámbitos frente a la aburrición de la canción protesta? ¿Interesa tanto allí cómo y a quién le sacaban la lengua en los escenarios? Pues parece que sí. Más allá de la extraordinaria vigencia de la música de la Movida en toda América Latina o de que en México <strong>Pablo Iglesias</strong> fuera en su momento “una <em>rock star</em> y haya fenómenos políticos a la manera de Podemos”, como afirma el autor de <em>Estética a golpe de like, </em>nos siguen de cerca y con interés. “<strong>España y México –nos cuenta Ernesto Castro– se parecen mucho más de lo que uno cree a primera vista</strong>, sobre todo teniendo en cuenta la hermandad que hubo tras la Guerra Civil motivada por el exilio republicano, la importancia que se concede allí a los filósofos exiliados como<strong> José Gaos</strong>, <strong>María Zambrano</strong> y el análisis o la literatura que se ha generado a partir de movimientos sociales como periodos revolucionarios”.</p>
<p style="text-align: left;">Pero para sorpresa de quien no conozca los gustos mexicanos, el seguimiento de nuestros héroes de la Movida no es cosa de nostálgicos o estudiosos de la posmodernez, pues su espíritu sigue vivo en las calles. Ernesto nos confiesa que el único hotel en el que ha escuchado por el hilo musical <em>Maquíllate</em> de Mecano fue en Guanajuato, lo que le hizo pensar que la Movida madrileña está más viva en México que en Madrid: “Del mismo modo que en España hubo un dominio cultural del franquismo durante cuarenta años, ellos tuvieron la cultura oficial del PRI, y sobre todo en el ámbito de la pintura empiezan a surgir personajes que tienen planteamientos distintos. La estética, o por lo menos el uso intermedial de las técnicas pictóricas, escultóricas, artísticas, es relativamente similar a lo que podría ser <strong>Ouka Lele</strong>. Con sus matices se produjeron tanto en España como en México fenómenos artísticos, en realidad de segundo nivel o de muy poco valor estético, pero que no obstante supusieron una ruptura y tuvieron una relevancia por lo menos interna importante en la apertura de posibilidades”.</p>
<p style="text-align: left;">Esas otras formas de hacer ciudad de los rebeldes que coparon las salas de ensayo, los bares, en Madrid tenían mucho de lúdico. Ni <strong>Fabio</strong> ni <strong>Pedro</strong> ni Kaka de Luxe, o Los Zombies con su estética estridente y ecléctica, jugaron a otra cosa que no fuera la ruptura de códigos. Una permisividad medioambiental que permitió la convivencia de Los Nikis y La Polla Records, en las antípodas ideológicas, que hoy enmiendan <strong>los representantes de la <em>indignación</em>, más afines a la decantación que al cante</strong>, salvo excepciones como la de <strong>Monedero</strong> y sus fandanguillos.</p>
<p style="text-align: left;">El anverso de la cultura despreocupada de los 80 lo tenemos en los protagonistas de las sentadas en las plazas públicas, de ahí que Fernando Castro, responsable de exposiciones como <em>La extraña comunidad de la columna</em>, haya optado por <strong>enfrentar en la FIL dos tipos de rebeldía, la amable, histriónica, cutre y glam, frente a la “transcaspa de tendencia viejuna”</strong>: Madrid “tiene esa cosa de ser un espacio culturalmente muy contradictorio. Recordar la Movida y los indignados no es para hacer la crónica de dos fracasos, sino de dos momentos de intensidad y también para entender qué está pasando hoy. <strong>Lo que me interesaba de llevarlos al mismo tiempo es que uno critica al otro</strong>, porque evidentemente el movimiento de los indignados, entre otras cosas, es un cuestionamiento de la cultura de la Transición. Mi generación es la de los nihilistas hedonistas o lúdicos o de los nietzscheanos dionisíacos, la primera que se consolida después de la Transición. <strong>Somos contemplados por los indignados como unos cínicos</strong>, gente que buscó instalarse en la institución cultural, que abandonó toda posición crítico-política en beneficio del mercado”. Si su generación, la de los 80, le pareció “divertida, aunque cultural, simbólicamente, pictóricamente me parecía escandalosamente floja, cuando no deliberadamente cursi o absolutamente kitsch, el movimiento de los indignados me sigue pareciendo muy revelador, un fenómeno que, menos mal, sacó al país de una atonía en la que no pasaba nada, que es la forma en la que la política corrupta puede continuar. <strong>Los herederos de la Movida son tan funestos como los capitalizadores del 15-M</strong>; la lectura de que el 15-M es Podemos me parece una de las usurpaciones más grandes que ha podido existir”.</p>
<h5 style="text-align: left;">De palafrenes y opositores</h5>
<p style="text-align: left;">¿Quiénes estarán al pasar lista, quién falta en la FIL? <strong>¿Son los motores económicos o la ideología los que han dejado en tierra a firmas conocidas de la literatura?</strong> “Sí sé que constituir la delegación madrileña no ha sido fácil. Ha habido muchos que no querían ir y la opción que se ha tomado incluye mucha gente joven que no tiene mucho que ver con esas dinámicas un poco extrañas.<strong> Los <em>big names</em> como Marías y todos estos no han bajado al arroyo</strong>; parece ser que para ellos viajar a la FIL no es importante, que su importancia tiene, creo yo”, reconoce Fernando Castro. Le preguntamos abiertamente si en ese no querer ir hay algo de no querer ir con <span style="text-decoration: underline;">este</span> (recalcamos) Ayuntamiento: “Pues tal vez. En el caso de Marías, a lo mejor tiene que ver con que no hay palafreneros, que no lo llevan en un palanquín, que yo creo que si pudiera ir desde aquí hasta allí transportado en una alfombra roja interminable que surcara por encima del Atlántico y fuera recibido con clarines como si fuera el retorno de <strong>Rubén Darío</strong>, pues seguramente iría.<strong> Hay personajes en la literatura y en la cultura española que son de un atrabiliario que flipas</strong>”, dice socarrón. Aunque para Ernesto, autor de <a href="http://www.alphadecay.org/libro/contra-la-postmodernidad/" target="_blank"><em>Contra la posmodernidad</em></a>, la deserción de semejante cita es ante todo la pérdida de una oportunidad: “Si uno tuviera que medir la importancia cultural de un país en términos demográficos, evidentemente<strong> la cabeza cultural de la hispanidad es México</strong>. Guadalajara es además mucho más que México, con la importancia que tiene ser la segunda feria después de Frankfurt. Es una especie de nodo de todo lo que se va a publicar en Iberoamérica y donde España cumple un papel esencial, porque se puede decir que el <em>boom</em> literario de los 60 es una invención de Seix Barral como el siguiente de <strong>Bolaño</strong>, <strong>Villoro</strong> y compañía es una invención de Anagrama. Hay que recordar que esto no es tampoco otra cosa que una feria y que al fin y al cabo lo que va a hacer cada cual de una manera más o menos velada es intentar colocar su pastel. Allí van a contar la novela que acaban de escribir o que están a punto de publicar. Es un mercadillo más que una gran exposición universal donde Madrid se presenta al mundo”.</p>
<p style="text-align: left;">Y el modo de hacerlo es a través de su producción literaria, pues como afirmó <strong>Manuela Carmena</strong> “los libros explican por qué la ciudad es como es”. Para saber leer las raíces de la gestación del nuevo Madrid que nació con la Movida, el <em>destacamento</em> cultural madrileño en Guadalajara se apoya en los que retrataron esa ciudad que quiso, en los años locos, conquistar la luz, para cambiar el mundo, volviendo a <strong>León Felipe</strong>, que con su <em>Ganarás la luz</em> enmarca la presencia de Madrid como ciudad invitada en la FIL. Nada más actual que sus versos de <em>Español del éxodo y del llanto</em>: “Ya no hay patria. La hemos matado entre todos: / Los de aquí y los de allá”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>ALICIA GONZÁLEZ</strong></em></p>
<figure id="attachment_7688" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o.jpg"><img class="size-large wp-image-7688" src="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o-1024x683.jpg" alt="Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017." width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017.</figcaption></figure>
<h3 style="text-align: left;"><em>De Pata Negra<br />
</em></h3>
<p style="text-align: left;">Borja Martínez</p>
<p>¿Otra vez, todavía, la Movida? Quizá tenga sentido, teniendo en cuenta la genealogía mexicana del término que con documentada intuición formuló el añorado editor de LEER <strong>José Luis Gutiérrez</strong> en un pasaje de su libro <em>Días de Papel</em>: “Parece como si la fijación freudiana de algunos dirigentes socialistas con el fenómeno del PRI mexicano, que <strong>Vargas Llosa</strong> definiera como <em>la dictadura perfecta</em> (…), les llevara a adoptar algunas de las expresiones y señas de identidad de los mexicanos, como la frase célebre <em>El que se mueve no sale en la foto</em>, una de las más conocidas de todas las acuñadas por el agudo sentido del humor de los aztecas. Porque la palabra <em>movida</em> también es de procedencia mexicana y su primera aparición conocida en España se produce en sendos monólogos de Mario Moreno, <strong>Cantinflas</strong>, en una de sus películas, <em>El señor fotógrafo</em>, estrenada el año 1958, veinticinco años antes de que la expresión eclosionara en la primavera socialista madrileña”.</p>
<p>Aquel invento, y este es un punto en el que se ponen de acuerdo los críticos de la llamada Cultura de la Transición, fue uno de los puntales del proyecto de dominación cultural con el que el PSOE se presentó a la hora de tomar el poder, tal y como ha dejado dicho, entre otros, <strong>Gregorio Morán</strong>, que en su libro <em>El cura y los mandarines</em> enunciaba su particular <em>Teoría de la ilustración</em>: “El PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</p>
<p>Y en eso abundaba <strong>Pepe Ribas</strong>, redivivo él y su <em>Ajoblanco</em>, <a href="/2017/08/ajoblanco-3-0-utopia-contra-el-miedo/" target="_blank">en conversación con LEER este verano</a>: “Esa cultura domesticada por el socialismo, institucionalizada, sobre todo a partir del referéndum de la OTAN, ha sido capitaneada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha querido dominar el cine, los libros, la producción de literatura y de ensayo, la opinión, la radio; ha intentado dominarlo todo”.</p>
<p>Sirva este largo preámbulo de citas encadenadas  para esclarecer el <em>bicho</em>, la levadura si se quiere, que condiciona la receta del programa madrileño en la FIL. Por las razones que sea –escasez de recursos humanos, insuficiencia del millón de euros presupuestado, premura en los plazos– <strong>el Ayuntamiento <em>del cambio</em> no ha podido escapar de la inercia y le ha salido un programa “clásico”</strong>, en palabras de la propia alcaldesa, que lógicamente no puede ser más explícita. A nosotros se nos ocurre otra definición más gráfica: el resultado es un programa <em>pata negra</em>. <strong>La nómina Prisa tiene una representación y un peso abrumadores</strong>: estarán con papel destacado el exdirector de <em>El País</em> <strong>Jesús Ceberio</strong>, el director en ejercicio, <strong>Antonio Caño</strong>, el inevitable <strong>Juan Cruz</strong>, y también <strong>Javier Rodríguez Marcos</strong> y <strong>Manuel Rodríguez Rivero</strong>, por no citar (están más abajo) a los autores con mayor o menor vinculación con la casa que también pisarán Guadalajara, casi todos con méritos literarios suficientes, todo sea dicho. Pero el predominio es altamente sospechoso, y tiene momentos estelares como el mano a mano <strong>Luis García Montero</strong>-<strong>Almudena Grandes</strong>, bajo el título <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/poesia-y-prosa-amor-y-matrimonio/" target="_blank"><em>Poesía y prosa, amor y matrimonio</em></a>, que haría las delicias del comando irredento de <em>La Fiera Literaria</em>. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-04-17/carmena-adjudicacion-stand-madrid_1366475/" target="_blank">Tampoco es casual</a> que el arquitecto del pabellón madrileño, el por otro lado notable <strong>Alberto Campo Baeza</strong>, sea el mismo que proyectó la casa madrileña del comisario general de Madrid en la Feria, <strong>Paco de Blas</strong>, que ya como responsable de Cultura del Cervantes de Chicago le organizó allá por 2003 una exposición antológica.</p>
<p>Sirva todo esto para ilustrar algo que nos viene preocupando en LEER, y que no es otra cosa que<strong> la contumacia de ese modelo cultural</strong> que ni siquiera las <em>fuerzas del cambio</em> del Ayuntamiento de Madrid, ni las más radicales ni las bienintencionadas, han sido capaces de desactivar.</p>
<p>El resultado es un programa que a costa de llevar a Guadalajara a algunos de los de siempre –ni siquiera a todos, y muchos de los mejores se han quedado fuera– ha desaprovechado, a nuestro juicio, la oportunidad de profundizar, no solo en la rica historia literaria de Madrid y en sus señas de identidad culturales, sino en los vínculos con México, que encuentran particularmente en el exilio republicano un lazo de oro. Por la infinidad de escritores extraordinarios como <strong>León Felipe </strong>(que inspira el lema de Madrid en la Feria, <em>Ganarás la luz</em>, y poco más), <strong>Max Aub</strong> o la <strong>Zambrano</strong>, por citar algunos, que enriquecieron desde el país hermano la cultura iberoamericana del siglo XX, pero también gracias a figuras como <strong>Rafael Giménez Siles</strong>, el malagueño fundador de la Feria del Libro de Madrid que a partir del 39 fundaría en su nueva patria un verdadero imperio editorial y librero, así como la Feria del Libro de México.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/exilio-espanol-mexico/" target="_blank">Apenas un encuentro</a> de cincuenta minutos –la duración estándar de todos ellos– organizado (30 de noviembre) por la Cátedra Vargas Llosa de <strong>Armas Marcelo</strong>, con clásicos como <strong>Pepe Esteban</strong> y <strong>Abelardo Linares</strong>, o la sesión sobre la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/ayer-y-hoy-de-la-residencia-de-estudiantes/" target="_blank">Residencia de Estudiantes</a> (26 de noviembre) abordarán directa o indirectamente la cuestión. Un comité científico hubiera permitido que esa y otras posibilidades afloraran. Se me ocurre, por ejemplo, lo que un <strong>Gonzalo Santonja</strong> hubiera podido aportar. Santonja precisamente formó parte del contingente que en el año 2000, cuando España fue el país invitado de la FIL, viajó a Guadalajara. La nómina es más corta –la exigencia del programa ha crecido desde entonces tanto como la importancia de la Feria– pero aun así se nos antoja más completa y equilibrada que la que finalmente llevará Madrid. Por citar solo a algunos: Carlos García Gual, José Enrique Ruiz-Domènech, José María Merino, Juan Manuel de Prada, Enrique Vila-Matas, Felipe Benítez Reyes, Francisco Brines, Paloma Díaz-Mas, Antonio Gómez Rufo, María Luisa Balseiro, Eustaquio Barjau, José Luis Pardo, Fermín Cabal, Pedro Villora o Juan Mayorga, además de los ya fallecidos Claudio Guillén, Carlos Casares, Manuel Vázquez Montalbán, Eugenio Trías, Ángel González y José Hierro. De aquella expedición solo repite García Montero.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/wp-content/uploads/video/marwan_boamistura.mp4" target="_blank"><strong>Marwan</strong></a> representando esos nuevos caminos de la poesía que tanto espacio están dejando últimamente al <em>gato por liebre</em> o la presencia del superventas <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/participantes/blue-jeans/" target="_blank"><strong>Blue Jeans</strong></a> con el encuentro <em>Los lectores del futuro ya están aquí</em> –la formulación ominosa del título a lo <em>Poltergeist</em> quizá no sea inocente– son otros dos ejemplos de que había margen para hacer las cosas mejor.</p>
<p>Aún así, el programa cuenta con citas interesantes. Están los dos encuentros (<a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-los-mexicanos-piensan-mucho-en-ti/" target="_blank">26 de noviembre </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-ciudad-abierta/" target="_blank">1 de diciembre</a>) con escritores mexicanos e iberoamericanos –<strong>Jorge F. Hernández</strong>,<strong> Juan Carlos Chirinos</strong>, <strong>María Luisa Capella</strong>, <strong>Emiliano Monge</strong> y <strong>Antonio Ortuño</strong>– que han conocido o residido en Madrid, o las mesas consecutivas de <em>Realidad y relato</em>, moderadas por <strong>Adolfo García Ortega</strong> (30 de noviembre) con <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-i/" target="_blank"><strong>Andrés Ibáñez</strong> y <strong>Luis Magrinyá</strong> </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-ii/" target="_blank"><strong>Carlos Pardo</strong> y <strong>Ray Loriga</strong></a>, respectivamente. También las citas monográficas protagonizadas por <strong>Rosa Montero</strong> (29 de noviembre) <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/olvido-garcia-valdes-presentacion-explicacion-y-lectura/" target="_blank"><strong>Olvido García Valdés </strong></a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/malas-intenciones/" target="_blank"><strong>Lorenzo Silva</strong></a>, este último en conversación con <strong>Marta Sanz </strong>(30 de noviembre), o el <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/la-mujer-en-la-novela-actual/" target="_blank">mano a mano</a> de <strong>Elena Poniatowska</strong> y <strong>Soledad Puértolas</strong> sobre la mujer en la novela actual (29 de noviembre). O la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/el-espanol-desde-las-dos-orillas/" target="_blank">mesa de traducción</a>, dentro de la sección de encuentros profesionales, con <strong>Miguel Sáenz</strong>, <strong>Pilar Adón</strong> y <strong>Carlos Fortea</strong> (27 de noviembre). <strong>Marcos Giralt</strong>, <strong>Vicente Molina Foix</strong>, <strong>Luisgé Martín</strong>, <strong>Andrés Barba</strong>, <strong>Mercedes Cebrián</strong>, <strong>Sergio del Molino</strong>, <strong>José Carlos Mainer </strong>o<strong> Antonio Orejudo</strong> son los autores que completan la nómina de relevantes.</p>
<p>En un programa literario débil gana peso el ciclo de <strong>Fernando Castro Flórez</strong> <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Algo+m%C3%A1s+que+palabras" target="_blank"><em>Algo más que palabras</em></a>, que “refleja las posiciones crítico-artísticas de los creadores más radicales y lúcidos del panorama madrileño”, y verdaderamente reúne buenos nombres en una propuesta más propia de una bienal artística: <strong>José Maldonado</strong>, el colectivo Democracia, <strong>Carlos Aires</strong>, Los Torreznos, la reciente premio Velázquez <strong>Concha Jerez</strong>, <strong>Cabello y Carceler </strong>o<strong> Carlos Garaicoa</strong>. También prometen las tres charlas del ciclo <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Pensando+la+ciudad" target="_blank"><em>Pensando la ciudad</em></a> organizado por <strong>Marcos García</strong> de MediaLab Prado y <strong>Antonio Lafuente</strong> del CSIC. O la programación de cine, dividida en sesiones históricas y contemporáneas. En el que de nuevo se echa de menos una profundización en los vínculos de ambas cinematografías. <strong>Buñuel</strong> aparte, no hubiera estado mal ver algo de su estrecho colaborador<strong> Luis Alcoriza</strong>. El director de la hilarante <em>Mecánica nacional</em> volvió a España en los 80 para hacer una inquietante película, <em>Tac Tac</em> (1982), que estamos convencidos que <strong>Almodóvar</strong> vio antes de escribir <em>La piel que habito</em>. Otra vez la Movida, <em>nomás</em>. Se cerraría el círculo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7638" src="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg" alt="0001 (2)" width="250" height="336" /></a></p>
<p><em><br />
Una versión de estos artículos aparece en el <strong><a href="/2017/11/leer-en-noviembre-madrid-protagonista-en-la-fil-guadalajara/" target="_blank">número de noviembre de 2017, 287</a></strong>, de la edición impresa de la <strong>Revista LEER</strong>.</em></p>
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		<title>Letras aragonesas: Una edad de oro</title>
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		<pubDate>Thu, 05 Oct 2017 05:40:43 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Mirar hoy hacia Aragón en clave literaria es encontrar un panorama rico y lleno de propuestas, insólito en su efervescencia. ¿Qué sucede allí? Buscamos respuestas en este recorrido encadenado por el testimonio de un buen puñado de sus protagonistas. Arrancamos la indagación con el nuevo milenio, literalmente. Rodolfo Notivol (Zaragoza, 1962) recibía en 2000 el [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>Mirar hoy hacia <strong>Aragón</strong> en clave literaria es encontrar un panorama rico y lleno de propuestas, insólito en su efervescencia. ¿Qué sucede allí? Buscamos respuestas en este recorrido encadenado por el testimonio de un buen puñado de sus protagonistas.</p>
<p>Arrancamos la indagación con el nuevo milenio, literalmente. <strong>Rodolfo Notivol</strong> (Zaragoza, 1962) recibía en 2000 el <strong>Premio Ciudad de Zaragoza</strong> con su cuento <strong>“Quincalla”</strong>, tres años antes de debutar como novelista de la mano de la autóctona <a href="https://xordica.com/"><strong>editorial Xordica</strong></a>. Desde la publicación de aquellos <em><strong>Autos de choque </strong></em>(2003) el escenario literario zaragozano “se ha expandido y renovado”, explica Notivol a LEER antes de ensayar un esbozo sucinto del mismo. “<strong>José María Conget</strong> e <strong>Ignacio Martínez de Pisón</strong> comenzaron a escribir sin complejos sobre la Zaragoza de los 60 y 70. Después llegó <strong>Félix Romeo</strong>, fundamental en la actual ebullición literaria zaragozana, cuyos primeros libros vinieron a modernizar la visión de la ciudad. Y luego otros hemos intentado seguir sus estelas”. De su primera novela hasta la última, <strong><em>Vaciar los armarios</em></strong> (Xordica, 2016), “han transcurrido casi quince años, tiempo suficiente para la aparición de voces nuevas y más jóvenes, para la consolidación de otras, casi todas de autores nacidos ya en democracia y que, quizá por eso, han aportado formas muy diversas, incluso contrapuestas, de ver la ciudad; del naturalismo vitalista de <strong>Eva Puyó</strong> a la ironía más desesperanzada de <strong>Miguel Serrano</strong> y las historias más humorísticas y surrealistas de <strong>Juan Luis Saldaña</strong>”.</p>
<p>En narrativa, “el extenso y variado panorama actual ofrece una lista de varias generaciones: hay autores de larga trayectoria y gran reconocimiento como los citados o <strong>Manuel Vilas</strong>; otros de éxito de público más reciente como <strong>Sergio del Molino</strong>, <strong>Joaquín Berges </strong>o <strong>Ana Alcolea</strong>; o autores de culto con una calidad indiscutible como <strong>Miguel Mena</strong>, <strong>José Luis Melero</strong>, <strong>Antón Castro</strong>, <strong>Ángela Labordeta</strong> o <strong>Carlos Castán</strong> y jóvenes como <a href="http://parnaso2punto0.aragon.es/?p=762"><strong>Julio José Ordovás</strong></a>”.</p>
<figure id="attachment_7500" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><img class="wp-image-7500" src="/wp-content/uploads/2017/10/UNO.jpg" alt="UNO" width="345" height="588" /><figcaption class="wp-caption-text">Tras el éxito de ‘La España vacía’, Sergio del Molino regresa con esta “novela intimista que interpela a todo un país y toda una generación”.</figcaption></figure>
<p>Este último, Julio José Ordovás (Zaragoza, 1976), conocido en Aragón como crítico literario y poeta, y gracias a sus volúmenes de diarios –<strong><em>Días sin día </em></strong>(Xordica, 2004) y <em><strong>En medio de todo</strong></em>, (<strong>Eclipsados</strong>,2010)–, es para Melero “uno de los mejores escritores surgidos en Aragón en los últimos años”.</p>
<p>En 2014 sorprendió con una muy bien recibida primera novela, <em><strong>El anticuerpo </strong></em>(Anagrama). “Me gustaría hacer suficientes méritos para formar parte de los perros de Goya, esa jauría integrada por perros tan rabiosos, verdes y lunáticos como Gracián, el propio <strong>Goya</strong>, <strong>Buñuel</strong>, <strong>Víctor Mira </strong>o <strong>Miguel Labordeta</strong>”, confiesa a LEER, citando con los genios de <strong>Fuendetodos </strong>y <strong>Calanda</strong> y el malogrado pintor zaragozano (1949–2003) al otro Labordeta, venerado en su tierra como poeta mayor.</p>
<p>Entretanto, recomienda tres libros con firma aragonesa de tres indiscutibles: el autobiográfico <strong><em>Una ilusión </em></strong>(Xordica, 2016) de <strong>Ismael Grasa</strong>, la última colección de relatos de Conget, <em>Confesión general</em> (Pre-Textos, 2017), y <em><strong>El día de mañana</strong> </em>(Seix Barral, 2011) de Martínez de Pisón.</p>
<p> </p>
<h5><strong>Epicentro en Zaragoza</strong></h5>
<p>Por alusiones, ascendiente y veteranía, recabamos el testimonio del propio Ignacio Martínez de Pisón (Zaragoza, 1960): “Aragón ha pasado en muy pocas generaciones de ser eminentemente rural a ser mayoritariamente urbana: ahora mismo, más de la mitad de la población vive en la ciudad de Zaragoza, y la mayoría de los pueblos son muy pequeños y con una población muy envejecida”. Teniendo en cuenta que “la creación cultural está muy vinculada a las ciudades, y la propia novela como género puede decirse que es una invención de la ciudad”. Martínez de Pisón,<strong> Premio Nacional de Narrativa 2015</strong> por <em><strong>La buena reputación</strong></em>, corrobora que “el principal foco cultural aragonés es Zaragoza, y su condición eminentemente urbana ha favorecido la creatividad, lo que parece lógico desde un punto de vista estrictamente sociológico”.</p>
<figure id="attachment_7517" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-7517" src="/wp-content/uploads/2017/10/tres-712x1024.jpg" alt="tres" width="345" height="496" /><figcaption class="wp-caption-text">Pérez Heredia, vivo ejemplo del apoyo editorial del que gozan los emergentes aragoneses.</figcaption></figure>
<p>Sobre la ciudad, desde el bando de los más jóvenes, <strong>María Pérez Heredia </strong>(Zaragoza, 1994), a quien la obra de Martínez de Pisón ha marcado “profundamente”, apunta que “Zaragoza parece una de las ciudades con más escritores por metro cuadrado del país”. La autora de <em><strong>Starman</strong> </em>(Reservoir Books, 2017) reconoce que “ese ambiente favorece que los jóvenes autores emergentes se animen a sacar sus creaciones a la luz, con la suerte de que existen editoriales aragonesas que apuestan por los nuevos nombres, como en su momento hizo Eclipsados con mi primera novela, <em><strong>Esos días raros de lluvia</strong></em> (2013)”.</p>
<p>En el marco de “este buen momento aragonés”, <strong>Antonio Pérez Lasheras</strong> –ensayista, editor y profesor titular de Literatura Española en la <a href="https://www.unizar.es/"><strong>Universidad de Zaragoza</strong></a>– apuntala que la generación de Pérez Heredia “es una de las más destacadas por su vitalidad: creen que el mundo es global, y juegan a ello”. Pérez Lasheras, ejemplo de cómo el mundo académico y la escena literaria dialogan con naturalidad en Zaragoza, añade al grupo de jóvenes los nombres de <strong>Irene Vallejo</strong> o los hermanos <strong>Aloma Rodríguez</strong> y <strong>Daniel Gascón</strong> (Zaragoza, 1981). Escritor, guionista y responsable de la edición española de la revista <em><strong>Letras libres</strong></em>, Gascón confiesa a LEER debilidad generacional por Félix Romeo, “el mejor lector, el que te animaba e intuía mejor que tú qué camino debías tomar, el que te recomendaba lecturas; quien publicó un texto titulado Todos los escritores del mundo son aragoneses, porque conocía muy bien a los autores de Aragón sin perder la virtud de conectar escritores y literaturas: por él leí fundamentales como <strong>Natalia Ginzburg</strong>, <strong>Sherman Alexie</strong>, <strong>Christopher Hitchens</strong> o <strong>Mark Lilla</strong>, a quienes, siguiendo su teoría, podríamos convertir en autores aragoneses”. Y se suma a la predilección por Martínez de Pisón: “No hay escritor en ninguna lengua que me enseñe más que él, cuya honestidad y excelencia son un modelo para muchos; junto a Conget, <strong>Cristina Grande </strong>e <strong>Ismael Grasa</strong>”.</p>
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<h5><strong>Autores de ida y vuelta</strong></h5>
<p>Nombres de consenso entre los que Pérez Lasheras subraya el caso del oscense Grasa, finalista del <strong>Premio Herralde de Novela</strong> y ganador del <strong>Premio Tigre Juan </strong>con <strong><em>De Madrid al cielo </em></strong>(1994) y <strong>Premio Ojo Crítico de Narrativa</strong> con <em><strong>Trescientos días de sol</strong></em> (Xordica, 2007), por la peculiaridad de “haber pasado de publicar con éxito en Anagrama a hacerlo en una editorial aragonesa” frente al habitual camino inverso, el que siguieron en su momento autores aragoneses consagrados como <strong>Manuel Vilas</strong> o antes <strong>Soledad Puértolas</strong>. Distinguida con el <strong>Premio de las Letras Aragonesas 2003</strong> y el <strong>José Antonio Labordeta 2016</strong>, la académica de la Lengua rememora para LEER: “Tuve la suerte de conocer a Labordeta, que inspiraba una confianza extraordinaria y cuyo sentido del humor todo lo impregnaba; y recibir el premio que lleva su nombre, de manos de su admirable viuda, <strong>Juana Grandes</strong>, fue un verdadero honor, como reforzar el vínculo que me liga a Zaragoza desde que nací”.</p>
<figure id="attachment_7509" style="width: 900px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-7509" src="/wp-content/uploads/2017/10/DOS1-1024x768.jpg" alt="DOS" width="900" height="675" /><figcaption class="wp-caption-text">Manuel Vilas, uno de los autores aragoneses que más atención viene suscitando en los últimos años. Foto: M.R.</figcaption></figure>
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<p>“Aragón ha regalado grandes escritores a la literatura española, desde <strong>Baltasar Gracián</strong>, los <strong>Hermanos Argensola</strong>, <strong>Ignacio de Luzán</strong>, hasta <strong>Ramón J. Sender,</strong> de quien debiera hablarse más porque es uno de los grandes narradores españoles del siglo XX”, explica Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962), uno de los autores aragoneses que más atención e interés ha suscitado en los últimos años. Vilas reconoce que la tierra le ha marcado mucho como creador, “especialmente el paisaje del <strong>Pirineo</strong>, las montañas, los ríos y la nieve: ser de Huesca es distinto a ser de Zaragoza, tenemos paisajes diferentes en la cabeza”. Confiesa que le duele la despoblación oscense; su sentir al respecto lo podemos encontrar en su poema <strong>“Pueblos”</strong>. El currículum de distinciones aragonesas de Vilas no se queda atrás. “Me hizo mucha ilusión ganar el <strong>Premio Cálamo</strong> (Libro del año: <em><strong>Aire nuestro</strong></em>, 2009) y el<strong> Premio de las Letras Aragonesas 2015</strong> por unanimidad: significa que en tu tierra te quieren y te respetan, y, además, también los han ganado escritores a los que admiro”.</p>
<p>Además de los autores ya citados, añade entre sus predilectos a <strong>Ana María Navales</strong>, <strong>Javier Tomeo</strong>, <strong>Ángel Guinda</strong>, <strong>Rosendo Tello</strong> y también al historiador de la literatura <strong>José-Carlos Mainer</strong>, “de cuyo magisterio guardo un extraordinario recuerdo; nos dio clase a muchos escritores aragoneses de mi generación, como <strong>Javier Sebastián</strong> o <a href="http://alestedelcanal.blogspot.com.es/"><strong>Ana Alcolea</strong></a>”. Y remata en clave actual: “Ahora es el momento de escritores jóvenes como Sergio del Molino, que ha tenido un enorme éxito con La España vacía (<strong>Turner</strong>, Premio Cálamo Libro del Año 2016, y que acaba de publicar en Literatura Random House<em><strong> La mirada de los peces</strong></em>), <strong>Miguel Serrano</strong>, <strong>Irene Vallejo</strong>, <strong>Ángel Gracia</strong> o <strong>Aloma Rodríguez”,</strong> y de “poetas como <strong>Jesús Jiménez</strong>, <strong>Carmen Ruiz</strong> o <strong>Nacho Tajahuerce</strong>”.</p>
<h5><strong>Parnaso aragonés</strong></h5>
<p>Perteneciente al llamado “grupo del 22”, <strong>Nacho Tajahuerce</strong> (Zaragoza, 1980) explica a LEER que esta camarilla es un conjunto “heterogéneo de poetas, narradores y amigos del teatro quienes, unidos por la amistad, se juntan los días 22 de cada mes a cenar: <strong>Miguel Serrano</strong>, <strong>Ángel Gracia</strong>, <strong>Jesús Jiménez</strong>, <strong>Brenda Ascoz</strong>, <strong>José Manuel Soriano</strong>, <strong>Marian Pueo</strong>, <strong>Ángel Sobreviela</strong>, <strong>Miguel Ángel Ortiz Albero</strong>…”. A cargo de este último y polifacético creador (poeta, novelista, ensayista, guionista de tebeos, artista plástico y actor teatral) corrió la dramaturgia del proyecto <em><strong>In absentia</strong> </em>(2015) de la bailarina <strong>Ingrid Magrinyà</strong> con poemas de muchos de los autores mencionados, que Tajahuerce, incluido entre ellos, cita con especial entusiasmo. “Desde hace bastante tiempo se habla de un momento de oro en la poesía aragonesa: han publicado poemarios muchísimos autores en los últimos quince años y algunos destacan con fuerza, poetas de un nivel muy alto con estilos distintos que se han hecho un hueco en editoriales de prestigio y entre las voces más importantes en nuestro país”, señala Tajahuerce. Además, “los poetas independientes están movilizando a muchísima gente joven en los recitales. Hay comunidades poéticas jóvenes que están haciendo cosas muy interesantes en el espacio <strong>La Bóveda del Albergue</strong>, y se ha retomado el grupo <strong>La caja nocturna</strong>, que formaban <strong>Diego Palmath</strong> y <strong>Eduardo Fariña </strong>en el pasado y al que ahora se unen universitarios”.</p>
<p>Se suma a esta apreciación el poeta <strong>Alberto Acerete</strong> (Zaragoza, 1987): “El escenario aragonés es muy rico para los jóvenes poetas emergentes”. Aquí “la poesía se mueve en distintos planos, desde lo más mainstream a lo más independiente”, y “desde el ámbito institucional (desde el departamento de Juventud, por ejemplo) se cuida y apuesta por la poesía escrita en Aragón”. “La ciudad está llena de proyectos constantes, desde fanzines hasta revistas”, un caldo de cultivo en el que “las librerías ejercen un peso importante para la formación de los nuevos autores gracias a las actividades que planten, continuas y muy enriquecedoras”.</p>
<blockquote><p>Hay aragoneses de larga trayectoria como Manuel Vilas, de éxito de público reciente como Sergio del Molino y de culto como José Luis Melero (Rodolfo Notivol)</p></blockquote>
<p>Otro del “grupo del 22”, <strong>Ángel Gracia</strong> (Zaragoza, 1970), analiza para LEER el panorama poético aragonés. “Los poetas más interesantes de los 90, como Jesús Jiménez, están ahora en la plenitud de su talento y son los de referencia para los más jóvenes”. Como Tajahuerce, Gracia señala que “desde 1993 hasta ahora ha habido un cambio generacional evidente”, e incluye en su nómina de imprescindibles las figuras de Vilas y <strong>Ángel Petisme</strong>.</p>
<p>Dentro del “batallón de poetas del que disfrutamos en Aragón”, Rodolfo Notivol añade a <strong>Octavio Gómez Milián</strong>, <strong>Enrique Cebrián</strong>, <strong>Nacho Escuín</strong> y <strong>Fernando Sanmartín</strong>”. Los dos últimos, amén de creadores, ejercen respectivamente como <strong>Director General de Cultura y Patrimonio del Gobierno de Aragón</strong> y<strong> Jefe del servicio gestor y de la actividad cultural</strong> del<strong> Palacio de La Aljafería</strong>, respectivamente, y son por ello motores culturales y dinamizadores indispensables de lo que muchos dan el llamar “edad dorada” de las letras aragonesas. En esta ebullición, estimulada por “grupos poéticos que se mueven mucho por ferias y festivales”, <strong>Antonio Pérez Lasheras</strong> subraya el papel constante de la Universidad de Zaragoza, que “siempre ha apoyado actos, recitales, premios y publicaciones”. Aquí la figura de Sanmartín resulta paradigmática; por un lado, como director de la colección de poesía de <strong>La gruta de las palabras</strong> de <strong>Prensas de la Universidad de Zaragoza</strong>; por otro, como impulsor de la <strong>II edición del Festival de Poesía que organiza las Cortes de Aragón</strong>, celebrada este verano en el patio de Santa Isabel del <a href="Palacio%20de La Aljafería"><strong>Palacio de La Aljafería</strong></a>, donde recitaron sus poemas, en la misma jornada, el citado Cebrián, profesor de Derecho Constitucional de la Universidad de Zaragoza, y Almudena Vidorreta, doctora en Filología Hispánica y profesora de la Universidad de Nueva York.</p>
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<h5><strong>Aragoneses por el mundo</strong></h5>
<p><strong>Almudena Vidorreta </strong>(Zaragoza, 1986), <strong>Premio a la Creación Joven del Instituto Aragonés de la Juventud 2007</strong> por <em><strong>Ojos que no ven</strong></em>, <strong>Accésit del Premio de Poesía Delegación del Gobierno en Aragón</strong> (<em><strong>Algunos hombres insaciables</strong></em>, Aqua, 2009) y XXII Premio de Poesía en Castellano Universidad de Zaragoza (Lengua de mapa, 2010), reflexiona para LEER sobre su condición de aragonesa expatriada: “Bromeo acerca de la intensificación de mi aragonesismo desde que vivo en Nueva York, donde canto jotas a mis amigos, marco el <strong>Moncayo </strong>en el mapa o me indigno cuando se omite la importancia de la Corona de Aragón”. Vidorreta cree que “la poesía debe estar por encima de regionalismos”, pero al reivindicar, como muchos de sus colegas de versos, la figura de <strong>Miguel Labordeta</strong> –“no le hemos sabido exportar lo suficiente”–, dice echar en falta “un impulso necesario para el conocimiento de la historia de Aragón y sus lenguas en <strong>EEUU</strong>”. Como colofón, confiesa: “Mi último libro de poemas, <em><strong>Nueva York sin querer</strong> </em>(La Bella Varsovia, 2017), no hubiera podido escribirlo sin la oportunidad de vivir del otro lado del charco”.</p>
<figure id="attachment_7526" style="width: 345px;" class="wp-caption alignright"><img class="wp-image-7526" src="/wp-content/uploads/2017/10/CINCO-598x1024.jpg" alt="CINCO" width="345" height="590" /><figcaption class="wp-caption-text">Martínez de Pisón presentó su última novela el 7 de septiembre en el Hay Festival de Querétaro (México). Completa itinerario en la FILBA de Buenos Aires, Santiago de Chile y Bogotá.</figcaption></figure>
<p>Sobre la experiencia americana también habla Manuel Vilas: “El aragonés lleva de serie un sentido del humor muy brutal y salvaje que llama la atención en Estados Unidos. Imagino a veces a <strong>Luis Buñuel </strong>paseando por <strong>Nueva York</strong> en los años 40 del pasado siglo. En general, yo creo que a los aragoneses les sienta bien una buena temporada en el exilio estadounidense. Pienso también en Sender, o en el poeta <strong>Ildefonso-Manuel Gil</strong>, o en José María Conget, que vivió varios años en Nueva York y escribió páginas estupendas sobre esa ciudad”.</p>
<p>De su experiencia como exportador de cultura aragonesa también habla a LEER <strong>Javier Muñoz-Basols </strong>(Sariñena, Huesca, 1974), profesor titular de la <strong>Universidad de Oxford</strong> y coordinador del programa de Lengua del departamento de Español de la Facultad de Lenguas Medievales y Modernas: “Siempre tengo que dar a conocer mi región fuera del país. Mucha gente sabe de <strong>Madrid</strong>, <strong>Cataluña</strong>, <strong>Andalucía</strong> o <strong>Valencia</strong>, pero desconoce tanto el papel histórico que desempeñó Aragón en el conjunto de España como la cultura que se ha generado en la región”. Muñoz-Basols asegura seguir “muy de cerca la obra de <strong>Agustín Sánchez Vidal</strong> (<strong>Premio de las Letras Aragonesas 2016</strong>), catedrático emérito de Historia del Cine de la Universidad de Zaragoza quien, desde que debutó en la novela con <em><strong>La llave maestra</strong></em>, no ha dejado de cosechar premios y reconocimientos dentro y fuera de la Península”. Se felicita de que fuera “el escritor invitado en 2017 al <strong>V Foro Cervantes-Universidad de Oxford</strong>”, y reconoce estar leyendo ahora, precisamente, su novela más reciente, <em><strong>Viñetas </strong></em>(Harper Collins, 2016). A su juicio, Sánchez Vidal “nos ayuda a redescubrir la relación del ser humano con el medio natural, es uno de los escritores más versátiles en lengua española, capaz de moverse entre géneros con un riguroso trabajo de documentación y un uso magistral del lenguaje”.</p>
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<h5><strong>Sustrato editorial</strong></h5>
<p>Toda esta inusual efervescencia aragonesa, esa “considerable producción literaria” muy por encima de su capital demográfico está vinculada a día de hoy, además de a una tradición y unos mimbres muy sólidos, “al trabajo de editoriales independientes” autóctonas. Lo constata para LEER <strong>Alfredo Saldaña</strong>, ensayista, poeta, editor y profesor titular de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de Zaragoza. A lo largo de estos últimos años ha tenido oportunidad de “compartir proyectos –puesta en marcha de editoriales, revistas, recitales– con entusiastas estudiantes que han llegado a traspasar las fronteras universitarias para desarrollarse en el escenario público general”. Sellos como la citada<strong> Xordica</strong>, <a href="http://jekyllandjill.com/"><strong>Jekyll &amp; Jill</strong></a>, <strong>Pantalia</strong>, <strong>Olifante</strong>, <a href="http://www.librosdelinnombrable.com/"><strong>Libros del Innombrable</strong></a>, <strong>Mira Editores</strong>, <strong>Estrellas fugaces</strong> o <strong>Los libros del gato negro</strong>, “con un gran esfuerzo y publicando a autores aragoneses (aunque no de forma exclusiva), han consolidado un catálogo muy meritorio”.</p>
<p>Del perteneciente a Los libros del gato negro, que su fundadora <strong>Marina Heredia Ríos</strong> estrenó con dos poemarios (de <strong>León Buil</strong> y <strong>Ánchel Conte</strong>) prologados por Antonio Pérez Lasheras, destaca de un primer vistazo una antología de relatos de doce autoras con ambición de mapa de prosistas zaragozanas: <strong><em>Hablarán de nosotras </em></strong>(2016), con <strong>Olga Bernad</strong>, <strong>Patricia Esteban</strong>, <strong>Laura Bordonaba</strong>, <strong>María Pérez Heredia</strong>, <strong>Ana Alcolea</strong>, <strong>Magdalena Lasala </strong>o <strong>Irene Vallejo</strong>, entre otras. También participó en él <strong>Teresa Garbí</strong> (Zaragoza, 1950), quien define la publicación como “un encuentro entre escritoras de Aragón que ha dejado huella porque han hablado de nosotras: ¡ya era hora de que hablasen de nosotras!”. La escritora, afincada en Valencia, afirma mantener “una estrecha vinculación con Aragón”. En sus libros “el paisaje aragonés es una constante, no sólo el Pirineo, sino también <strong>Tarazona</strong> y el Moncayo”, lugares donde veraneaba durante su niñez y adolescencia. No quiere dejar de apuntar que su propia editorial, <a href="http://unoyceroediciones.com/"><strong>Uno y Cero Ediciones</strong></a>, ha publicado “una antología de <strong>Miguel Labordeta</strong>, Cuando tú me leas dentro de mil años; y otra de otro excelente poeta aragonés, <strong>Luis Moliner</strong>; dos ensayos de <strong>Ángel López García-Molins</strong>, <em><strong>España contra el Estado </strong></em>y <strong><em>Un sueño plurilingüe para España</em></strong>, y yo misma he reeditado<em><strong> Cinco (Sobre el Doncel de Sigüenza)</strong></em>”.</p>
<p>Llegados hasta aquí, <strong>Daniel Gascón </strong>nos ayuda a recapitular: “El panorama aragonés es muy variado, con narradores de edades y estéticas muy distintas, pero de talento muy claro: desde los cuentos estupendos de Eva Puyó en Ropa tendida a la mirada singular de Manuel Vilas, pasando por la escritura existencialista y poderosa de María Pérez Heredia, la gran novela familiar de Notivol, el camino ceñido a la realidad de Sergio del Molino, la sensibilidad y perversión <strong>de Julio José Ordovás</strong>, la delicadeza y precisión de Fernando Sanmartín, el rigor y humanidad de <strong>Miguel Mena </strong>y la osadía de <strong>Miguel Serrano</strong>”. Y no faltan “autores que escriben novela histórica, policíaca y juvenil”.</p>
<figure id="attachment_7522" style="width: 900px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-7522" src="/wp-content/uploads/2017/10/cuatro-1024x768.jpg" alt="cuatro" width="900" height="675" /><figcaption class="wp-caption-text">Chesús Yuste con su editor, Chusé Raúl Usón, de Xordica: “Hay razones para el optimismo en Aragón, cada año irrumpen nuevas editoriales, las veteranas se consolidan y avanza el mercado”. Foto: M.R.</figcaption></figure>
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<h5><strong>Juvenil, histórica y policíaca</strong></h5>
<p>Cuenta a LEER <strong>Ana Alcolea</strong> (Zaragoza, 1962), <strong>Premio Cervantes Chico 2016</strong>: “Cuando salgo fuera, mucha gente me pregunta: ¿pero qué pasa en Aragón con la literatura infantil y juvenil? Les respondo que a lo mejor es el cierzo, el que lleva y trae las palabras y las ganas de escribirlas”. Confirma el auge de “escritores e ilustradores, nombres muy importantes como <strong>Fernando Lalana</strong>, <strong>David Lozano</strong>, <strong>Begoña</strong> <strong>Oro,</strong> <strong>Pepe Serrano</strong>, <strong>Sandra Andrés</strong>, <strong>María Frisa</strong>, <strong>Daniel Nesquens</strong>, <strong>Sergio Lairla</strong>, <strong>Ana G. Lartitegui</strong>, <strong>Alberto Gamón</strong>, <strong>David Guirao</strong>, <strong>Elisa Arguilé</strong> y <strong>Blanca BK</strong>”.</p>
<p>La continuidad y gratitud intergeneracional es otro de los rasgos característicos de la escena literaria aragonesa. Alcolea, pregonera de la última edición de la<strong> Feria del Libro de Zaragoza</strong>, expresa su enorme admiración por la académica de la Lengua <strong>Aurora Egido</strong>, de quien fue alumna, y que, “como hice constar en mi pregón ocupa el sillón B, aquel mismo por el que optó y que no consiguió otra gran mujer de las letras nacida en Aragón, <strong>María Moliner</strong>”. Alcolea recuerda a otros de sus “magníficos profesores en la Facultad de Filosofía y Letras de Zaragoza”: los citados Agustín Sánchez Vidal y José-Carlos Mainer, también a <strong>María Jesús Lacarra</strong>, <strong>Juan Manuel Cacho Blecua</strong>, <strong>Maite Cacho</strong> y <strong>Leonardo Romero Tobar</strong>, “¡vaya nombres para una lista de profesores de literatura!”. De Egido dice haber aprendido “mucho de la literatura del Siglo de Oro, sobre todo. Su visión del Quijote tiene mucho que ver con mi manera de escribir: esa mezcla realidad y ficción, de la que está hecha la vida y la literatura”.</p>
<p>Sobre su tierra natal, que “da mucho de sí” como escenario literario (“una ciudad con tanta Historia: Salduba, Cesaraugusta, Media Sarakosta, los palacios renacentistas, las iglesias barrocas, la guerra de la Independencia, el modernismo…”), Alcolea reflexiona: “Sólo pensar en qué y quién pasó por los lugares que pisas da muchas posibilidades de escribir. Yo lo he hecho: desde mi ventana veo la <strong>iglesia de San Fernando</strong>, donde hubo tres cuadros de Goya que desaparecieron en la guerra con los franceses, ahí tenemos un argumento interesante; y también en mi última novela para adultos, con las vivencias de mi abuela y su familia en la ciudad a través del siglo XX”.</p>
<blockquote><p>Hablamos de una edad de oro de la poesía aragonesa: alta producción, autores de prestigio y poetas independientes animando la escena joven</p></blockquote>
<p>Apunta <strong>Magdalena Lasala</strong> (Zaragoza, 1958), <strong>Premio Letras Aragonesas 2014</strong> y autora del reciente <em><strong>El beso que no te di. El trágico destino de los amantes de Teruel </strong></em>(La Esfera de los Libros, 2017), que “Aragón, con todo su rico bagaje histórico y cultural, muy apetitoso para ser recreado como escenario del género novelístico, es una tierra aún desconocida en profundidad por el gran público”. No obstante, afirma que “el género histórico, de gran calidad, que se escribe desde aquí está prestigiado por el reconocimiento de los lectores” y ensalza que “el atractivo de Aragón es saturnal. Si te adentras en descubrirlo, te atrapa para siempre”.</p>
<p>De este tipo de hechizo sobre públicos masivos sabe mucho el gran superventas <strong>Javier Sierra </strong>(Teruel, 1971): “La turolense es una tierra muy fértil en leyendas y episodios sorprendentes, casi no hay pueblo sin una historia de dragones –resulta curioso que esos mismos pueblos sean hoy yacimientos importantes de huesos de dinosaurio–, o sin relatos de brujas y fantasmas”. En Teruel “aprendieron a interpretar el Universo criaturas extraordinarias como Buñuel o <strong>Segundo de Chomón</strong>, padre del cine moderno, por no hablar de otros muchos talentos que ha dado esta tierra que, como toda región aislada, situada entre varias fronteras políticas y naturales, es un microcosmos lleno de matices y rincones por descubrir, y esa sensación de estar hollando terra incognita ha sido siempre de lo más estimulante para mí, ya que me inculcó el hábito de la atención: esto es, de tener los ojos abiertos, de estar a la espera”, explica. Y se le nota que sus vínculos literarios con la provincia que le vio nacer “son de naturaleza afectiva: “Allí aprendí a leer, a maravillarme con las historias encerradas en sus bibliotecas públicas y a pergeñar mis primeros escritos; y mis primeras clases de literatura en el colegio, con una profesora (doña Emilia) que supo transmitirnos su pasión por las letras, marcaron de forma indeleble mi alma”. En cuanto a su experiencia de “turolense por el mundo”, afirma: “No dudo en turolear siempre que puedo. Es una obligación del alma contarle al mundo de dónde vengo y decirles que mi tierra es un lugar fértil en creatividad, pero no soy de los que ve sus orígenes como algo excluyente, los nacionalismos exacerbados empobrecen el espíritu, la grandeza de una vida consiste en vivirla, en abrirse al mundo y empaparse de él… en mi caso, para luego contarlo”.</p>
<p>Recuperada en 2016 después de quince años sin celebrarse, la <strong>Feria del Libro de Teruel</strong>, coordinada por <strong>Joaquín Guillén</strong>, sirvió en su edición de este año a LEER para encontrarse con otros autores locales cultivadores del género histórico como <strong>Sebastián Roa</strong> o <strong>Luis Zueco</strong> (Borja, Zaragoza, 1979), novelista, historiador, investigador y fotógrafo, además de vicepresidente de la <strong>Asociación de Amigos de los Castillos de Aragón</strong>. Zueco ha ambientado sus dos primeras ficciones históricas, <em><strong>El castillo</strong></em> y <em><strong>La ciudad</strong></em> (Ediciones B) en la fortificación oscense de <strong>Loarre</strong> y en <strong>Albarracín</strong>, respectivamente; la primera por su “autenticidad”, la segunda “por su historia medieval, que es casi épica: no sólo la ciudad, sino todo su territorio me sirvió para crear un microcosmos del Medievo sin salir de sus fronteras”. Cerrará la trilogía “en el monasterio de Veruela con una trama muy realista donde, una vez más, la ambientación será esencial”.</p>
<p>También acudió a la cita en Teruel, entre otros muchos, <strong>Chesús Yuste</strong> (Zaragoza, 1963). Político, fundador de la Chunta aragonesista y diputado regional durante cuatro legislaturas, fue representante de su formación en el Congreso de los Diputados entre 2011 y 2014, desempeño que le sirvió para ambientar su novela negra <em><strong>Asesinato en el Congreso</strong></em> (Xordica, 2017). Para Yuste “hay razones para el optimismo en Aragón. Cada año irrumpen nuevas editoriales y nuevos autores aragoneses mientras las editoriales veteranas se consolidan y los escritores continúan abriéndose al mercado español, como <strong>Luz Gabás</strong>, además de los ya consagrados”. Asimismo, “la consolidación de algunos autores de novela negra de Aragón en editoriales importantes y la creación del <a href="http://www.aragonegro.es/"><strong>Festival Aragón Negro</strong></a> que dirige <strong>Juan Bolea</strong> han servido como referencia y banderín de enganche para quienes vamos detrás”.</p>
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<h5><strong>Literatura y periodismo</strong></h5>
<p>Queda contrastada la impresión de Daniel Gascón: “El panorama actual de las letras aragonesas es atractivo y dinámico, conviven autores de edades muy distintas que practican todos los géneros”. Es más, “existe un tejido literario en la comunidad: autores, editoriales, librerías, suplementos culturales y revistas”. Coincide en ello Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), galardonada este año con <strong>La Sabina de Plata</strong>: “El <a href="http://www.heraldo.es/"><em><strong>Heraldo de Aragón </strong></em></a>me dio la primera oportunidad de publicar y aprender el oficio, aquí tenemos la gran suerte de contar con ese extraordinario periodista cultural y escritor que es <strong>Antón Castro</strong>”.</p>
<p>El editor de su anterior publicación (la recopilación de columnas <em>El pasado que te espera</em>), <strong>Sergio Navarro</strong>, rememora para LEER: “De la mano de Irene comencé la aventura de Anorak Ediciones”, a sabiendas de que “la obligación de todo editor es ofrecer a noveles la posibilidad de saltar al ruedo literario”. Dice conservar aún “las primeras columnas que aquella autora por entonces desconocida publicaba en la contraportada del Heraldo de Aragón”; y ahora, siete años después, se enorgullece de “haber iniciado con ella la colección Eclécticos de Anorak, que ha acogido hasta ahora una quincena de títulos con una previsión para el nuevo curso de ampliar la cosecha a seis nuevas propuestas que engrandecerán horizontes geográficos y sentimentales”. Es la suya, sin duda, una editorial “nacida con el propósito de contagiar la pasión (o devoción) por periodistas y columnistas vinculados a medios locales, y convertir su talento en libros”. Por su catálogo desfilan “periodistas como <strong>Juanma Fernández</strong>; <strong>Cristina Grande</strong> con la delicadeza y humor de sus columnas; <strong>Ester Berdor</strong> con su debut en novela;<strong> Iguázel Elhombre</strong>, valiente y rebelde, con sus columnas atadas a la tierra, la actualidad y el dolor de toda injusticia; y Sergio del Molino, cronista de un tiempo y un país, el nuestro, y hoy aclamado como gran novelista”. Al hablar de este último, su discurso “se llena de adjetivos bonitos: <strong><em>El restaurante favorito de Nina Hagen </em></strong>es la joya más refulgente del catálogo <strong>Anorak</strong>”. Asegura a LEER: “Tengo la certeza de que en nuestra tierra a Sergio se le admira, se le respeta, se le escucha, se le quiere y, lo más importante, se le lee”.</p>
<blockquote><p>Desde los años ochenta la salud de la literatura aragonesa no ha parado de fortalecerse</p></blockquote>
<p>También <strong>Rodolfo Notivol</strong> tiene claro que “el periodismo y la narrativa aragonesa son dos territorios siempre bien comunicados, y en Aragón, además, tenemos un referente incontestable de esa conexión como Ramón J. Sender, así como ahora mismo hay novelistas que son estupendos articulistas como Martínez de Pisón, quien escribió la magnífica Enterrar a los muertos, lindante con ambos campos”. Gascón, al mencionar “escritores que son periodistas”, añade el nombre de “un genio como <strong>Mariano Gistaín</strong>”. De este autor son curiosos los libros que firma con <strong>María Pilar Clau </strong>(Zaragoza): <em><strong>Lo mejor de Zaragoza</strong> </em>(2009), <em><strong>Agua y cielo</strong> </em>(2010) y <strong><em>Zaragoza, tú y yo </em></strong>(2011). El primer título es “un ensayo que precisamente tiene como objetivo convertir la ciudad en lugar de inspiración; el que va a continuación es una historia de amor marcada los ritmos históricos relacionados con el agua en Aragón, que acompañan y forjan las vidas de los protagonistas desde 1950 hasta 2013; y en Zaragoza, tú y yo, la auténtica protagonista es la propia capital”, explica Clau a LEER. Y en su última novela, <em><strong>Pétalos de luna</strong> </em>(Planeta), el personaje principal es de Zaragoza, del mismo modo que la acción de su próximo libro, <em><strong>La sobrina</strong></em>, que se publica el próximo mes de noviembre, transcurre en tierras aragonesas: “Creo que está bien reivindicar la propia tierra como lugar literario”.</p>
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<figure id="attachment_7530" style="width: 900px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-7530" src="/wp-content/uploads/2017/10/DSC_0650-1024x678.jpg" alt="DSC_0650" width="900" height="596" /><figcaption class="wp-caption-text">José Luis Melero en su biblioteca.</figcaption></figure>
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<h5><strong>Profetas en su tierra</strong></h5>
<p>A la nómina de autores de referencia, Alfredo Saldaña añade otros tantos nombres: <strong>José Verón</strong>, <strong>Joaquín Sánchez Vallés</strong>, <strong>José Ignacio de Diego Lidoy</strong>, <strong>Teresa Sopeña</strong>, <strong>Teresa Agustín</strong>, <strong>José Antonio Conde</strong>, <strong>Javier Sebastián</strong>, <strong>Angélica Morales</strong>, el ya citado Miguel Serrano y un clásico como <strong>Fernando Ferreró</strong>. A este último asociaríamos la figura tutelar de <strong>Emilio Gastón</strong> en su doble condición de político –fundador del PSA, primer Justicia de Aragón de la democracia– y poeta. Ambos, Ferreró y Gastón, protagonizan el emotivo documental Café Niké, Oficina Poética Internacional (<strong>Nacho Escuín</strong>, <strong>Francisco Bernal</strong>, <strong>Jara Boné</strong>, <strong>Indiana Caudillo</strong> y <strong>David H. Secorún</strong>), sobre una generación inspiradora, según Daniel Gascón, para todas las del siglo XXI.</p>
<p>Podría seguir completándose la lista con muchos más autores, como <strong>Santiago Gascón</strong>, <strong>Antonio Iturbe</strong> (último premio Biblioteca Breve), <strong>Félix Teira</strong>, <strong>Antonio Altarriba</strong>, <strong>José Luis Corral</strong>, <strong>José Giménez Corbatón</strong>, <strong>Juan Marqués</strong>, <strong>Manuel Martínez Forega</strong>, <strong>Sergio Ortas Puritani</strong>, <strong>Víctor Juan </strong>o <strong>Julián Casanova</strong>. También podríamos detenernos en más títulos recientes de referencia como <em><strong>Capital del desierto</strong></em> (Sibirana), la segunda novela de <strong>Jorge Sanz Barajas</strong>, “una de las mejores publicadas este pasado año en Aragón”, a juicio de <strong>José Luis Melero</strong>.</p>
<p>Pero habiendo de concluir este trayecto por las letras aragonesas del presente, escogemos las palabras de cierre de Martínez de Pisón: “Desde los años 80, en los que coincidieron varias generaciones de escritores aragoneses que publicaban en editoriales nacionales, la salud de la literatura aragonesa no ha parado de fortalecerse”. Honrado de que pese a su proverbial humildad se le reconozca en casa como el gran escritor que es, concluye: “Eso de que nadie es profeta en su tierra no se aplica en Aragón”.</p>
<p>* Foto portada: Emilio Gastón, por Carmelo Esteban.</p>
<p> </p>
<p style="text-align: right;"> <strong>MAICA RIVERA (<a href="https://twitter.com/maica_rivera?lang=es" target="_blank">@maica_rivera</a>)</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em><img class="alignleft wp-image-7495" src="/wp-content/uploads/2017/10/PORTADA285-225x300.jpg" alt="PORTADA285" width="150" height="200" />Una versión de este artículo aparece publicada en el <a href="/2017/09/leer-en-septiembre-de-aragon-a-nueva-inglaterra/">número de septiembre  de 2017, 285</a> de la Revista LEER</em></p>
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]]></content:encoded>
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		<title>La meseta incógnita de Sergio del Molino</title>
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		<pubDate>Tue, 07 Jun 2016 15:04:32 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[En plena Feria del Libro nos enteramos de que Turner lanza segunda edición de “La España vacía”, el extraordinario ensayo con el que Sergio del Molino ha explorado el hiato que es hoy la España interior. Rescatamos para la ocasión la reseña del mismo que Jordi Corominas escribió para el número del pasado mes de mayo de [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>E<em>n plena Feria del Libro nos enteramos de que Turner lanza segunda edición de “La España vacía”, el extraordinario ensayo con el que <strong>Sergio del Molino</strong> ha explorado el hiato que es hoy la España interior. Rescatamos para la ocasión la reseña del mismo que <strong>Jordi Corominas</strong> escribió para el número del pasado mes de mayo de LEER.</em></p>
<blockquote class="instagram-media" style="background: #FFF; border: 0; border-radius: 3px; box-shadow: 0 0 1px 0 rgba(0,0,0,0.5),0 1px 10px 0 rgba(0,0,0,0.15); margin: 1px; max-width: 658px; padding: 0; width: calc(100% - 2px);" data-instgrm-version="7">
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<p style="color: #c9c8cd; font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; line-height: 17px; margin-bottom: 0; margin-top: 8px; overflow: hidden; padding: 8px 0 7px; text-align: center; text-overflow: ellipsis; white-space: nowrap;"><a style="color: #c9c8cd; font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; font-style: normal; font-weight: normal; line-height: 17px; text-decoration: none;" href="https://www.instagram.com/p/BGUV3MZiu4r/" target="_blank">Una foto publicada por The Ella Sher Literary Agency (@the_ella_sher_literary_agency)</a> el <time style="font-family: Arial,sans-serif; font-size: 14px; line-height: 17px;" datetime="2016-06-06T15:20:27+00:00">6 de Jun de 2016 a la(s) 8:20 PDT</time></p>
</div>
</blockquote>
<p><script src="//platform.instagram.com/en_US/embeds.js" async="" defer="defer"></script><br />
Si algo considero importante del ensayo <a href="http://shop.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=629" target="_blank"><em><strong>La España vacía</strong></em></a>, más allá de su indudable calidad literaria, es la <strong>valentía</strong> de su autor. En estos tiempos de novelas constantes y prosa manida es de agradecer que alguien se posicione y manifieste sin ambages una idea que articula su carrera.</p>
<p>En <strong>Sergio del Molino</strong>, la tónica que marca y marcará sus páginas es nuestro país, y ello debe matizarse, como apunta el mismo libro que comentamos. Una nación que ha renegado de su bandera por la confusión que genera suele identificar su nombre con fanatismos, pero que alguien medite sobre la piel de toro y lo declare entronca con una tradición para evolucionarla.</p>
<figure id="attachment_5737" style="width: 345px;" class="wp-caption alignleft"><a href="/wp-content/uploads/2016/06/303.jpg"><img class="wp-image-5737" src="/wp-content/uploads/2016/06/303.jpg" alt="303" width="345" height="482" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Sergio del Molino en LEER (Ricardo Torres).</figcaption></figure>
<p>En el caso del autor zaragozano también resulta interesante el <strong>cambio de la ficción</strong>, muy relativa, <strong>al género de las ideas basadas en una tesis</strong>. Al preguntarle sobre esta maniobra me responde que apenas ha notado diferencias en el proceso creativo. Concibe la literatura como un <strong>diálogo</strong>, y el ensayo le permitía llamar la atención sobre algunas cuestiones de fondo, entre ellas la voz, quién cuenta la vida de quién.</p>
<p>La España vacía nunca se ha explicado a sí misma porque ha sido <strong>saqueada</strong> como reflejo o símbolo de determinados conceptos, desde la apropiación romántica hasta los tópicos negativos que como ejemplo supremo tendrían el viaje de <strong>Azorín</strong> con un revolver en el bolsillo por si las moscas o el montaje de <em>Las Hurdes</em> de <strong>Luis Buñuel</strong> para resaltar los aspectos más sórdidos de la mítica e inhóspita región extremeña.</p>
<p>Ante esos tópicos, Del Molino reflexiona y dice que son muy pocos los capaces de aceptar que su visión del mundo es una<strong> caricatura impuesta</strong>, que carbura en parte por una inercia dañina que remarca aún más las diferencias, bien exprimidas en los capítulos introductorios desde una óptica cabal centrada en la demografía, el espacio y el curso de la Historia.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>Del Molino se adentra y escarba en el discurso de un país imaginado, una caricatura impuesta que carbura por una inercia dañina</em></p>
</blockquote>
<p>Si hay dos Españas no son las de <strong>las mil guerras civiles</strong>. La extensión territorial del objeto de estudio tratado en este libro publicado por Turner es enorme y se corresponde con la ausencia de habitantes por las sucesivas oleadas de <strong>éxodo rural</strong> que poblaron las ciudades y acrecentaron las divergencias entre ambos hemisferios, siempre más notorias desde una incomunicación que no puede paliarse por mucho que los políticos concedan bagatelas que van desde el sistema electoral hasta la homogenización a partir del <strong>turismo</strong>, factor que refuerza las convenciones e implica pérdida de identidad desde la paradoja de reforzarla.</p>
<p>Sería lícito contemplar que este ensayo nace de uno de tantos <em>booms</em> sobre el problema que plantea. A finales de los 80, <em>La lluvia amarilla</em> de <strong>Julio Llamazares</strong> causó sensación en un momento donde la acelerada modernización, culminada de cara a la galería en 1992, parecía dejar atrás un pasado arduo del que todos provenimos. La visión del escritor leonés se complementaba en las noticias con crímenes que recordaban la fiereza de antaño, como los sucesos de Puerto Hurraco.</p>
<p>Ahora, según el autor, la explosión de esta temática, de <strong>Jesús Carrasco</strong> a <strong>Lara Moreno</strong>, de <strong>Jenn Díaz</strong> a <strong>Hasier Larretxea</strong>, debería vincularse a la búsqueda de un sustrato común de convivencia una vez el relato nacional se ha resquebrajado en mil pedazos y urge reformularlo, si bien no creo que Del Molino, pese a enmarcarse en una órbita generacional, pueda etiquetarse con tanta facilidad. A diferencia de los libros publicados en los últimos años sobre este ámbito, el suyo destaca por una <strong>capacidad de análisis</strong> que se sumerge en el pasado para comprender el presente. Lo alucinante es que, en pleno siglo XXI, esto sea una <strong>excepción</strong>, cuando debería ser la <strong>norma</strong>. Parece que hayamos olvidado que sin rebuscar en lo acaecido no podemos respirar bien los aires que nos impregnan.</p>
<p>Por eso existen causas y consecuencias. En lo relativo a los crímenes, Fago remite a Cuenca y Cuenca a Casas Viejas, mientras el televisivo <strong><em>Un país en la mochila</em></strong> no deja de ser una exploración didáctica, acorde con su época, que remite a las misiones pedagógicas o a las excursiones entusiastas de la Institución Libre de Enseñanza, una idea estupenda, y más escasa de lo que creemos, que 1936 truncó, si bien las páginas de <em>La España vacía</em> no sienten ningún tipo de nostalgia sobre hitos pretéritos y en cambio sí desean <strong>avivar el debate</strong> desde un pesimismo de fondo.</p>
<blockquote>
<p style="text-align: center;"><em>Sumergirse en el pasado para comprender el presente, como hace el autor, es una excepción que debería ser la norma</em></p>
</blockquote>
<p>A estas alturas del partido es de ilusos albergar la esperanza de que un libro que modifique percepciones por culpa de la instantaneidad de nuestra sociedad, otro punto de contraste con el campo mesetario, que imaginamos más lento, como si fuera, y es, otro planeta dentro del nuestro, una excepción solidificada en mil estratos de reflexión y escasamente ensalzada.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2016/06/9788416354146.jpg"><img class="alignright wp-image-5734" src="/wp-content/uploads/2016/06/9788416354146.jpg" alt="Cub La Espaa Vacia L17.indd" width="200" height="314" /></a></p>
<p>De este modo, incluso antes del <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/%C3%89xodo_rural" target="_blank"><strong>Gran Trauma</strong></a>, un episodio que fue la penúltima acta de defunción de un ecosistema siempre más abandonado, hemos vivido un discurso de un país imaginado en el que Del Molino se adentra y escarba. Notorio, como tantos otros aspectos, es el apartado en el que se habla del <strong>carlismo</strong> como movimiento válido para mostrar opuestos ideológicos de dos universos enfrentados. La España moderna y ufana de sí misma es la urbana, que desde un europeísmo provinciano, ahora más notorio por los procesos soberanistas, mira por encima del hombro a su hermana desierta. <strong><em>Spain is different?</em></strong> Según el novelista de <a href="http://www.megustaleer.com/libro/lo-que-a-nadie-le-importa/ES0128091" target="_blank"><em>Lo que a nadie le importa</em></a> un poco sí, y ese poquito tiene fuerza de excepción en muchos aspectos.</p>
<p>Se habla mucho –otro exabrupto perfecto para quedar como perfectos cretinos– de la <em>zona de confort</em>. Eso es lo que España ha hecho con su <em>terra ignota</em>, con su <em>Hic sunt dracones</em>. Según Sergio del Molino, si la única vía de desarrollo planteado es la del camino del Cid y los mesones castellanos no hay nada que hacer, pero quien escribe sí atisba motivos para<strong> un futuro mejor</strong> porque mientras alguien se atreva a reflexionar la derrota no está cantada y el instante clama por un giro copernicano.</p>
<p style="text-align: right;"><i>JORDI COROMINAS (<em><a href="https://twitter.com/jordicorominas" target="_blank">@jordicorominas</a></em>)</i></p>
<p> </p>
<p style="text-align: left;"><em><a href="/wp-content/uploads/2016/05/PORTADA272.jpg"><img class="alignleft wp-image-5533" src="/wp-content/uploads/2016/05/PORTADA272.jpg" alt="PORTADA272" width="150" height="200" /></a><br />
Una versión de este artículo fue publicada en el número de mayo de 2016, 272, de la Revista LEER. </em></p>
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