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	<title>Revista leer &#187; 15-M</title>
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	<description>La revista decana de libros y cultura</description>
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		<title>José Sánchez Tortosa: Comprender la realidad, sin deudas</title>
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		<pubDate>Thu, 04 Oct 2018 13:50:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Fernando Palmero]]></dc:creator>
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		<description><![CDATA[Hay unos versos en el primer poemario de José Sánchez Tortosa, Ajuste de cuentas (Vitruvio, 2011), que bien pudieran haber sido escritos por el protagonista de Los dados, una novela a medio camino entre la ficción y la reflexión, que tiene mucho de autobiografía generacional y que supone el debut en la narrativa de un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p><span style="font-weight: 400;">Hay unos versos en el primer poemario de José Sánchez Tortosa, </span><i><span style="font-weight: 400;">Ajuste de cuentas</span></i><span style="font-weight: 400;"> (Vitruvio, 2011), que bien pudieran haber sido escritos por el protagonista de </span><a href="http://tienda.aranyaeditorial.com/90-los-dados-9788494561825.html" target="_blank"><i><span style="font-weight: 400;">Los dados</span></i></a><span style="font-weight: 400;">, una novela a medio camino entre la ficción y la reflexión, que tiene <strong>mucho de autobiografía generacional</strong> y que supone el debut en la narrativa de un autor que ha cultivado el ensayo y la poesía, y que fue el responsable de dos antologías de textos filosóficos, una sobre la obra de Fernando Savater (</span><i><span style="font-weight: 400;">Pensamientos arriesgados</span></i><span style="font-weight: 400;">, La Esfera de los Libros, 2002) y otra, en colaboración, de los artículos periodísticos de Gabriel Albiac (</span><i><span style="font-weight: 400;">Otros mundos</span></i><span style="font-weight: 400;">, Páginas de Espuma, 2002). Los versos: </span></p>
<p style="text-align: center;"><span style="font-weight: 400;">«Guerra de identidades, alarido ecolálico, la<br />
</span>memoria de haber sido<br />
lo que ya no se es, de haber creído<br />
verdades las peores mentiras,<br />
brillantes las mayores idioteces,<br />
sublimes los más abyectos crímenes,<br />
sutiles las más rudas groserías,<br />
vida lo que era muerte».</p>
<p><b><em>En tu obra identidad y escritura aparecen siempre relacionadas…</em><br />
</b><span style="font-weight: 400;">La escritura es un medio a través del cual se puede hacer un exorcismo del fantasma que es la identidad. Es una manera de discutir con uno mismo, de arrancarte la máscara y de desnudarte completamente, un modo de abrirse a algo en lo que el </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;"> ha quedado en los márgenes, fuera. Con ella consigo liberarme de manera clara y explícita de la servidumbre del </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;">, de la sombra de la identidad.</span></p>
<p><em><b>Pero es también una lucha, al menos así lo percibe el lector.<br />
</b></em>Hay algo de desasosiego, de incertidumbre, de no reconocerte en eso que ves en el espejo, que es a lo que doy salida por medio de la escritura. Pero el acto de escribirlo tiene momentos de cierto placer, de intensidad estética. Al fin y al cabo yo no soy una persona angustiada.</p>
<p><em><b>¿Qué te impulsa a pasar de la tercera persona del ensayo y la reflexión a la primera persona de la narrativa?<br />
</b></em><span style="font-weight: 400;">Escribir filosofía o literatura es hasta cierto punto secundario, realmente la urgencia vital es la escritura misma, que puede adoptar distintas formas. La filosofía, como dice el personaje de la novela, es casi una obligación, una responsabilidad ciudadana, aun sabiendo que es un atrevimiento tratar de dar argumentos para clarificar la realidad. La literatura, sin embargo, es un lujo. Pero lo esencial es la escritura en sentido crudo. Mi último libro de poemas, </span><i><span style="font-weight: 400;">Versus</span></i><span style="font-weight: 400;">, es un ejercicio de escritura al desnudo, por eso hay textos formalmente tan variopintos, sin los corsés del ensayo o de la narrativa.</span></p>
<p><b><em>Uno de los aspectos en los que has centrado tu responsabilidad cívica, como decías, es la educación…</em><br />
</b>Teniendo en cuenta otros aspectos que intervienen en la política real, siempre he entendido que la enseñanza era uno de los más importantes, porque un sistema de enseñanza pública como el que padecemos, con el vaciado académico que ha consumado, facilita la degradación intelectual de la vida pública. La enseñanza no garantiza necesariamente nada, pero sí que puede generar ciertas resistencias contra esa degradación. En un sistema democrático en el que existe la participación ciudadana, cuanta más formación académica e intelectual tengan quienes van a intervenir en la vida pública, menos directo es el camino al abismo.</p>
<p><b><em>¿Nuestro sistema educativo es fallido porque es público?</em><br />
</b>No, pero es cierto que el efecto de la incorporación de los clichés del pedagogismo de moda es mucho más desastroso en la enseñanza pública que en la privada, que se puede permitir no incorporar determinados principios de la pedagogía. El efecto es muy perverso, porque se pretendía la universalización de la enseñanza y lo que se ha hecho es universalizar la mediocridad, y los que más la padecen son los alumnos de la escuela pública. Aunque sean unas coordenadas históricas muy distintas y tengan algo de idealismo democrático, los postulados de Condorcet, al principio de la configuración de la escuela republicana en Francia, pretendían combatir eso, defendiendo una enseñanza pública lo más exigente posible para que los privilegios de otro orden fueran neutralizados. Condorcet utilizaba la expresión «aristocracia de la inteligencia».</p>
<p><em><b>¿A qué se debe que se hayan promulgado siete leyes educativas desde la Transición y ninguna haya cuajado?<br />
</b></em>Forma parte del circo político, de la escenografía, de las trifulcas partidistas a corto plazo. Ninguna de ellas ha contribuido a cambiar los fundamentos, quizá la Logse, aunque sea heredera de lo que ya estaba planteado en los estertores del franquismo, en la ley del 70. No hay un interés en potenciar una enseñanza pública. Es pura dejadez, decadencia, abandono…</p>
<p><em><b>¿No hay una intencionalidad política?<br />
</b></em>No creo que haya una conspiración de las élites por producir ignorancia. Construir una escuela pública con unos niveles de calidad y unos principios racionales y técnicos encontraría muchas resistencias consolidadas, desde las comunidades autónomas hasta los sindicatos o los propios pedagogos. Por pura pereza nadie quiere remover eso y se hacen reformas que solo maquillan el sistema. Ni siquiera Ciudadanos, que habría podido ofrecer algo interesante, lo ha hecho, al final han recurrido a Marina, un gurú de la pedagogía que tiene la ventaja de ofrecer el aire de prestigio de un filósofo. Aunque él mismo negó en una ocasión su condición de tal. Hace años, en <a href="http://3.bp.blogspot.com/_wR7TajzGvPA/SSBkk_rxzjI/AAAAAAAAAFM/KqaDzpex7lM/s1600-h/Cartel.JPG" target="_blank">una mesa redonda</a> que compartí con él en el Círculo de Bellas Artes de Madrid, dijo que la teoría de las ideas de Platón no era ya admisible. ¿Cómo puedes entonces llamarte filósofo? Serás otra cosa, porque si no hay ideas sobre las cuáles reflexionar, no hay filosofía.</p>
<p><em><b>¿Por qué esa resistencia tuya a la pedagogía?<br />
</b></em><span style="font-weight: 400;">No es una animadversión personal, sino teórica. En la antigua Grecia, el </span><i><span style="font-weight: 400;">pedagogo</span></i><span style="font-weight: 400;"> era el esclavo que se limitaba a trasladar a los niños del hogar a la escuela, donde el </span><i><span style="font-weight: 400;">didascalós</span></i><span style="font-weight: 400;">, el profesor, les enseñaba. Ese es el origen del término. Unamuno lo explica con mucha gracia cuando establece el paralelismo entre pedagogo y demagogo. El pedagogo es el guía, el que conduce, y de ahí, de conducir, viene también la palabra educación, por eso mi resistencia a hablar de educación más que de enseñanza. Hoy día, la pedagogía se ha convertido en una especie de teología de los afectos y desde el punto de vista de la organización administrativa de las escuelas, en un comisariado o un supervisor de los profesores que realmente dominan una asignatura. La pedagogía no es ni puede ser una ciencia, porque abarca tantos aspectos de los saberes, de las destrezas y de las aptitudes humanas, que no tiene un campo acotado de conocimiento. Es como si estuviera sobrevolando por encima de todo. En el trabajo diario, el problema es que los pedagogos están fuera del aula y tienden a decirle al profesor lo que tiene que hacer con sus alumnos, cuando ellos no son expertos en la materia.</span></p>
<figure id="attachment_8228" style="width: 688px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="wp-image-8228 size-large" src="/wp-content/uploads/2018/10/img1494-688x1024.jpg" alt="img1494" width="688" height="1024" /><figcaption class="wp-caption-text">«Un sis­tema de ense­ñanza como el que pade­ce­mos, con el vaciado aca­dé­mico que ha con­su­mado, faci­lita la degra­da­ción inte­lec­tual de la vida pública». Foto: Ana Lisis</figcaption></figure>
<p> </p>
<p><em><b>Hace ahora 10 años de la publicación de ‘<a href="http://www.esferalibros.com/libro/el-profesor-en-la-trinchera/" target="_blank">El profesor en la trinchera</a>’, ¿crees que se han resuelto algunas de las denuncias que formulabas entonces?<br />
</b></em>Mi experiencia es que los niveles de exigencia académicos han bajado. Además de la falta de interés en afrontar los problemas más esenciales, el peso de lo políticamente y pedagógicamente correcto es cada vez más fuerte y hay tabúes que son intocables. Por ejemplo, el de la enseñanza diferenciada. Según estudios neurológicos, la maduración media de las mujeres es más rápida que la de los hombres, y es absurdo, por cuestiones puramente de edad, mantener a chicos y chicas juntos en una misma clase al menos en 1º y 2º de la ESO, con las interferencias para el aprendizaje que genera la situación hormonal en esas edades. Y ahí las perjudicadas son las chicas, pero no he encontrado a nadie que sea capaz de entrar a discutirlo técnicamente. Aquí en España esas cuestiones se identifican con la escuela franquista, que era una institución que dependía de las necesidades históricas el Estado. Era más selectiva y restrictiva, porque en los años 50 el Estado necesitaba formar élites, pero también potenció la formación profesional, porque el crecimiento industrial y productivo lo demandaba.</p>
<p><em><b>¿Y cuáles son las necesidades del Estado actual?<br />
</b></em>Ahora no son necesidades, son problemas. El Estado debe hacerse cargo de un problema demográfico, principalmente, pero también laboral. Se invierte mucho dinero para mantener bajo control bolsas de población que no pueden ser absorbidas por el mercado laboral. La producción de élites se da por la vía de la escuela privada, pero ¿cómo controlas a esas bolsas pre-laborales? La escuela cumple esa función.</p>
<p><em><b>Esa determinación demográfica subyace en tus estudios sobre el Holocausto, ¿en qué medida es posible establecer paralelismos?<br />
</b></em>No sabría decirlo, pero sí es cierto que uno de los problemas, y no siempre tenido en cuenta a la hora de estudiar el Holocausto, es el problema demográfico. Sin los movimientos de población considerada germánica en los diferentes territorios europeos no se entenderían las políticas nazis. En el momento de crisis económica que estaba viviendo Alemania antes de la Guerra, el Estado encontró una solución brutal, pero quirúrgica, como es la eliminación de los improductivos. Hoy día, no sé hasta qué punto un Estado sería capaz de hacer semejante cosa unilateralmente. Pero no deja de ser un problema hacerse cargo de bolsas de población improductivas y evitar que generen problemas de orden público.</p>
<p><em><b>¿Es sostenible el Estado del bienestar?<br />
</b></em>Sostenible, evidentemente, no es. No soy economista y no sé cómo se podría solucionar, pero en el caso concreto de España no parece que haya interés en hacer una revisión a fondo, tampoco, del sistema de pensiones. Dada la vida política española, que sólo atiende al corto plazo, no parece probable que se vaya a emprender semejante proyecto.</p>
<p><em><b>¿Crees que el auge de los populismos y los nacionalismos de extrema derecha en Europa está relacionado con la incapacidad del Estado de bienestar para hacer frente a esos problemas?<br />
</b></em>Sí, naturalmente, aunque plantearlo a escala europea es un poco más complejo, porque no es lo mismo el caso de Grecia que el de Noruega. Parece evidente que hay una reconfiguración del modelo productivo y del estatuto de los Estados-nación. En el caso europeo, parte de la transferencia de soberanía a la UE es un síntoma de eso, pero a la UE se le están descosiendo las costuras y no puede competir ya con los gigantes asiáticos, con EEUU o con Rusia. En otros países europeos no se da una descomposición interna tan explícita como en España, pero sí en sus relaciones externas con los países del entorno. El caso de Gran Bretaña es un ejemplo. Sea el Brexit positivo o negativo a medio plazo para el país, hay una intención de querer distanciarse de ese naufragio.</p>
<p><em><b>¿Crees que Milton, el protagonista de tu novela, habría devenido en un populista de no haber cambiado de lecturas?<br />
</b></em><span style="font-weight: 400;">Es muy probable. Muchos de su generación se habrán sentido atraídos por los populismos posmodernos actuales. Esa es la médula espinal de la novela, la reacción del protagonista contra su </span><i><span style="font-weight: 400;">yo</span></i><span style="font-weight: 400;"> del pasado, del que reniega porque se da cuenta de que todo fueron sueños de juventud por los cuáles tuvo que pasar como se pasa por determinadas enfermedades, para estar vacunado contra ellas. Luego su propia biografía le lanza a una especie de abismo, a una mediocridad lúcida, en la que se da cuenta de lo que le está pasando, y de lo que está pasando, pero no es capaz de vivirlo a fondo ni de expresarlo con la brillantez con la que se debería.</span></p>
<p><em><b>¿Existe esa diferencia de origen romántico entre la escritura y la vida, tal y como se plantea en la novela, entre Milton y Héctor?<br />
</b></em>Héctor está preso del complejo de inferioridad de tener que demostrarse a sí mismo que es un escritor porque su vida es mediocre, y tiene que elevarse por encima de la mediocridad a través de su escritura. Yo creo que la grandeza de Milton está en su cinismo, en que no hay una distinción tajante entre vida y literatura, que se retroalimentan, y que la distinción es casi artificial o literaria. Ni la vida ni la literatura salvan de nada. Él prefiere mantener incólume o virgen su imagen de escritor sin obra porque de esa manera la obra no desmiente su categoría de escritor. Mientras que Héctor siente la necesidad de ofrecer una alternativa a su vida gris.</p>
<p><em><b>Después del desengaño político sobre el que se forjó la identidad adolescente, ¿se está imposibilitado ya para volver a la política?<br />
</b></em>En el límite, sí. En el caso del personaje, esas cuestiones no le interesan ya en absoluto y menos aún intervenir en política, que es un acto onanista que no tiene ninguna relevancia.</p>
<p><em><b>¿Qué lecturas son las que llevan a Milton a dar ese giro o a vivir ese momento de lucidez que lo pone en guardia?<br />
</b></em>En la novela no se explicitan. Pero en lo que yo pueda tener de parecido con el personaje, fue sobre todo la influencia de un profesor universitario, en mi caso, de Gabriel Albiac. Alguien que llega a tu vida en un momento concreto, que te hace revisar muchos de los presupuestos que dabas por seguros y que abre una vía dolorosa, ingrata, pero que desde entonces es la que pretendo seguir: tratar de comprender la realidad, sin deudas. En el caso del personaje, hay una referencia más literaria, que es cuando deja de leer a Cortázar y empieza a leer a Borges. Cortázar es un escritor brillante estilísticamente y espectacular, pero el suyo era un espectáculo comprometido con las causas perdidas. Borges ofrece una mirada más lúcida, descarnada, si quieres. Haciendo la comparativa entre los dos autores se puede ver el tránsito.</p>
<p><b><em>¿Qué le diría Milton al Pablo Iglesias que defiende conceptos tan vagos como el de democracia real o directa?<br />
</em></b>Los compañeros de generación del protagonista que han acabado en los populismos son gente que no han experimentado esa ruptura de la identidad que él vive, y que de algún modo los mantiene en la adolescencia política, intentando aferrarse a la juventud y al pasado. El problema de la democracia real es, primero, que opera como una ficción, es una argucia propagandística. Y segundo que, en el caso de darse, el voto de las masas sería el voto de las televisiones, con lo cual sería más bien una pletocracia, el imperio de los afectos por la vía de la imagen a través de las televisiones, y por tanto el gobierno de la ignorancia. A partir del momento en el que se pierde de vista que la democracia es un artificio, por lo tanto una ficción, el riesgo de caer en fanatismos de distinto color es inevitable. Cualquier idea que aspire a una cierta trascendencia, a algo que sea inmune al artesonado concreto y material de la gestión de la convivencia es un peligro. Y la palabra democracia ha acabado sirviendo a eso.</p>
<p><em><b>¿La ruptura del bipartidismo que se produce a partir del 15-M es positiva o ha quebrado peligrosamente la estabilidad?<br />
</b></em>Es cierto que se ha producido una sacudida bastante traumática en poco tiempo, pero si esto corresponde a un momento de reajuste del sistema hasta una nueva estabilización que garantice el bienestar de la población, habrá sido una especie de enfermedad necesaria para su vacunación. El tema está en que el enfermo tiene tantas afecciones que no se sabe si se van a poder resolver de manera más o menos traumática. Porque al auge de los populismos de izquierda se suma el secesionismo, que es algo que aunque se entiende conociendo la historia de España, no deja de llamar la atención. Uno se pregunta cuál sería la fuerza de Podemos o del izquierdismo más radical o populista si hubieran abanderado la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. Una causa que es de tradición jacobina y republicana. No deja de ser un cierto misterio para mí que sean tan cómplices de los privilegios de la alta burguesía catalana y vasca.</p>
<p><em><b>¿Cómo interpretas la huelga del 8-M?<br />
</b></em>La filosofía debería consistir en desmontar o vaciar de contenido, de triturar, que era un verbo que le gustaba mucho a Gustavo Bueno, las grandes palabras. Por ejemplo: la mujer. ¿Qué es la mujer? ¿Desde qué punto de vista lo planteas, jurídico, biológico, cultural…? No es lo mismo, por ejemplo, Julia Otero que mi madre. Desde un análisis lo más materialista posible, yo creo que en la huelga del otro día se quiso aprovechar el tirón del movimiento feminista para tratar de sacar un rédito partidista o electoral. Pero también es un síntoma de qué fases puede alcanzar una sociedad opulenta que ha pasado de disfrutar de unos derechos y de un cierto bienestar a sentirse de algún modo, aunque pueda sonar psicoanalítico, culpable de ello. Es llamativo que en un país como España, que desde el punto de vista de la legislación es bastante escrupuloso en el trato de la diferencia entre mujeres y hombres, se haya producido una huelga general que no se ha producido en toda Europa, y que no se hayan mencionado discriminaciones más sangrantes que suceden, no digamos ya en otras latitudes, sino incluso dentro de España. Me parece un truco propagandístico centrarlo todo en la brecha salarial, cuando quizá los problemas sean de índole biológica y relacionados con la violencia doméstica. Pero hay que tener mucho cuidado, porque una cosa es promover por medio de la enseñanza que se repartan las tareas del hogar y otra muy distintas es legislar sobre si yo tengo que cuidar a mi padre o ellos me tienen que cuidar a mí. Y esa me parece una frontera bastante siniestra.</p>
<p style="text-align: right;">Revista LEER, <strong>número 289</strong>, Primavera 2018</p>
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		<title>Madrid en la fil: indignados y posmodernos</title>
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		<pubDate>Fri, 24 Nov 2017 17:54:02 +0000</pubDate>
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		<description><![CDATA[Se quiere “llevar la efervescencia” actual de Madrid –en palabras de Luis Cueto, coordinador general de la Alcaldía– a la 31ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Si el Madrid de los 80 trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis, la contestación a [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: left;">Se quiere “llevar la efervescencia” actual de Madrid –en palabras de <strong>Luis Cueto</strong>, coordinador general de la Alcaldía– a la 31ª edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL). Si el Madrid de los 80 trasladó a la creación artística su sexo sin miedos y su reacción a la crisis, la contestación a los recortes de los últimos años se ha visto más en las calles y menos en los garitos. “Es un movimiento –dice <strong>Ernesto Castro</strong>, moderador de la mesa redonda <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/accion-y-reaccion-madrid-al-limite/" target="_blank"><em>Acción y reacción. Madrid al límite</em></a> (26 de noviembre) y participante del encuentro <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/cultura-e-indignacion/" target="_blank"><em>Cultura e indignación</em></a> (28 de noviembre), ambos en el pabellón madrileño de la FIL– que desde el comienzo estaba inspirado en la literatura, aunque sea pseudoensayo, como es el caso de <strong>Stéphane Hessel</strong>. No ha habido movimiento social en Europa que haya tenido tanto respaldo intelectual de todo tipo como el caso del 15-M, ni la <em>Nuit debout</em> ni lo que sucedió en la plaza Syntagma”.</p>
<p style="text-align: left;">Quizá fue esa la protesta que rehuyeron los artistas de la Movida, defendida desde las fotos de <strong>Miguel Trillo</strong> y denostada por quienes vieron en ella un experimento de <em>sedación</em> promovido desde las instituciones públicas. Rebeldía descafeinada, enfundada en los ropajes excesivos de <strong>Tino Casal</strong>. Ya ha pasado el tiempo necesario para desmitificarlo, como hizo La Felguera Ediciones con <a href="http://www.lafelguera.net/web/la-movida-modernosa.html" target="_blank"><em>La Movida Modernosa</em></a>, y ha dejado de ser peligrosa su reivindicación, tanto como para que <strong>Cristina Cifuentes</strong> quiera resucitar su espíritu en un nuevo centro cultural. Sobre si existe un relato cultural recuperable, más allá del <em>petardeo</em>, Ernesto nos aclara: “<strong>La Movida es el ejercicio pleno de la posmodernidad como la ruptura de todo canon</strong> y la proliferación de poéticas individuales que no son posibles de subsumir bajo una misma categoría. En ese sentido habría que celebrarlo, porque no fue la construcción de un paradigma que todo lo engloba, como la poesía de la experiencia, la Generación del 27 y todo ese tipo de generaciones que crean como una sombra contra la cual deben luchar los seguidores. El rechazo a la Movida es institucional, académico y más bien político que de tipo cultural o de índole literaria”. Su padre, el crítico de arte <strong>Fernando Castro Flórez</strong>, comisario asimismo en esta FIL, asegura: “Para gente como yo que por edad vivió la Movida he comprobado que en España nos parece que <strong>es una gran cursilada descalificarla completamente como una cultura institucionalizada o subvencionada</strong> políticamente por el Ayuntamiento de <strong>Enrique Tierno Galván</strong> y, sin embargo, en el extranjero se considera un fenómeno digno de analizar. Hay muchísima bibliografía americana sobre la Transición, sobre lo que supuso la Movida, sobre qué había de político y de despolitizado en ella y en qué medida fue una especie de momento pop en que la ciudad de Madrid da su versión particular del pop. Lo hace con tres décadas de <em>décalage</em>, es decir, el pop ya está más que asumido institucionalmente en todo el ámbito internacional, pero la anomalía del franquismo hace que la cultura juvenil y popular llegue en los años 80”.</p>
<h5 style="text-align: left;">Movida y removida</h5>
<p style="text-align: left;">¿Y cómo se le explica al público mexicano lo que significó la Movida, un movimiento concebido para contradecir todo lo estatuido sobre lo que se podía crear, en todos los ámbitos frente a la aburrición de la canción protesta? ¿Interesa tanto allí cómo y a quién le sacaban la lengua en los escenarios? Pues parece que sí. Más allá de la extraordinaria vigencia de la música de la Movida en toda América Latina o de que en México <strong>Pablo Iglesias</strong> fuera en su momento “una <em>rock star</em> y haya fenómenos políticos a la manera de Podemos”, como afirma el autor de <em>Estética a golpe de like, </em>nos siguen de cerca y con interés. “<strong>España y México –nos cuenta Ernesto Castro– se parecen mucho más de lo que uno cree a primera vista</strong>, sobre todo teniendo en cuenta la hermandad que hubo tras la Guerra Civil motivada por el exilio republicano, la importancia que se concede allí a los filósofos exiliados como<strong> José Gaos</strong>, <strong>María Zambrano</strong> y el análisis o la literatura que se ha generado a partir de movimientos sociales como periodos revolucionarios”.</p>
<p style="text-align: left;">Pero para sorpresa de quien no conozca los gustos mexicanos, el seguimiento de nuestros héroes de la Movida no es cosa de nostálgicos o estudiosos de la posmodernez, pues su espíritu sigue vivo en las calles. Ernesto nos confiesa que el único hotel en el que ha escuchado por el hilo musical <em>Maquíllate</em> de Mecano fue en Guanajuato, lo que le hizo pensar que la Movida madrileña está más viva en México que en Madrid: “Del mismo modo que en España hubo un dominio cultural del franquismo durante cuarenta años, ellos tuvieron la cultura oficial del PRI, y sobre todo en el ámbito de la pintura empiezan a surgir personajes que tienen planteamientos distintos. La estética, o por lo menos el uso intermedial de las técnicas pictóricas, escultóricas, artísticas, es relativamente similar a lo que podría ser <strong>Ouka Lele</strong>. Con sus matices se produjeron tanto en España como en México fenómenos artísticos, en realidad de segundo nivel o de muy poco valor estético, pero que no obstante supusieron una ruptura y tuvieron una relevancia por lo menos interna importante en la apertura de posibilidades”.</p>
<p style="text-align: left;">Esas otras formas de hacer ciudad de los rebeldes que coparon las salas de ensayo, los bares, en Madrid tenían mucho de lúdico. Ni <strong>Fabio</strong> ni <strong>Pedro</strong> ni Kaka de Luxe, o Los Zombies con su estética estridente y ecléctica, jugaron a otra cosa que no fuera la ruptura de códigos. Una permisividad medioambiental que permitió la convivencia de Los Nikis y La Polla Records, en las antípodas ideológicas, que hoy enmiendan <strong>los representantes de la <em>indignación</em>, más afines a la decantación que al cante</strong>, salvo excepciones como la de <strong>Monedero</strong> y sus fandanguillos.</p>
<p style="text-align: left;">El anverso de la cultura despreocupada de los 80 lo tenemos en los protagonistas de las sentadas en las plazas públicas, de ahí que Fernando Castro, responsable de exposiciones como <em>La extraña comunidad de la columna</em>, haya optado por <strong>enfrentar en la FIL dos tipos de rebeldía, la amable, histriónica, cutre y glam, frente a la “transcaspa de tendencia viejuna”</strong>: Madrid “tiene esa cosa de ser un espacio culturalmente muy contradictorio. Recordar la Movida y los indignados no es para hacer la crónica de dos fracasos, sino de dos momentos de intensidad y también para entender qué está pasando hoy. <strong>Lo que me interesaba de llevarlos al mismo tiempo es que uno critica al otro</strong>, porque evidentemente el movimiento de los indignados, entre otras cosas, es un cuestionamiento de la cultura de la Transición. Mi generación es la de los nihilistas hedonistas o lúdicos o de los nietzscheanos dionisíacos, la primera que se consolida después de la Transición. <strong>Somos contemplados por los indignados como unos cínicos</strong>, gente que buscó instalarse en la institución cultural, que abandonó toda posición crítico-política en beneficio del mercado”. Si su generación, la de los 80, le pareció “divertida, aunque cultural, simbólicamente, pictóricamente me parecía escandalosamente floja, cuando no deliberadamente cursi o absolutamente kitsch, el movimiento de los indignados me sigue pareciendo muy revelador, un fenómeno que, menos mal, sacó al país de una atonía en la que no pasaba nada, que es la forma en la que la política corrupta puede continuar. <strong>Los herederos de la Movida son tan funestos como los capitalizadores del 15-M</strong>; la lectura de que el 15-M es Podemos me parece una de las usurpaciones más grandes que ha podido existir”.</p>
<h5 style="text-align: left;">De palafrenes y opositores</h5>
<p style="text-align: left;">¿Quiénes estarán al pasar lista, quién falta en la FIL? <strong>¿Son los motores económicos o la ideología los que han dejado en tierra a firmas conocidas de la literatura?</strong> “Sí sé que constituir la delegación madrileña no ha sido fácil. Ha habido muchos que no querían ir y la opción que se ha tomado incluye mucha gente joven que no tiene mucho que ver con esas dinámicas un poco extrañas.<strong> Los <em>big names</em> como Marías y todos estos no han bajado al arroyo</strong>; parece ser que para ellos viajar a la FIL no es importante, que su importancia tiene, creo yo”, reconoce Fernando Castro. Le preguntamos abiertamente si en ese no querer ir hay algo de no querer ir con <span style="text-decoration: underline;">este</span> (recalcamos) Ayuntamiento: “Pues tal vez. En el caso de Marías, a lo mejor tiene que ver con que no hay palafreneros, que no lo llevan en un palanquín, que yo creo que si pudiera ir desde aquí hasta allí transportado en una alfombra roja interminable que surcara por encima del Atlántico y fuera recibido con clarines como si fuera el retorno de <strong>Rubén Darío</strong>, pues seguramente iría.<strong> Hay personajes en la literatura y en la cultura española que son de un atrabiliario que flipas</strong>”, dice socarrón. Aunque para Ernesto, autor de <a href="http://www.alphadecay.org/libro/contra-la-postmodernidad/" target="_blank"><em>Contra la posmodernidad</em></a>, la deserción de semejante cita es ante todo la pérdida de una oportunidad: “Si uno tuviera que medir la importancia cultural de un país en términos demográficos, evidentemente<strong> la cabeza cultural de la hispanidad es México</strong>. Guadalajara es además mucho más que México, con la importancia que tiene ser la segunda feria después de Frankfurt. Es una especie de nodo de todo lo que se va a publicar en Iberoamérica y donde España cumple un papel esencial, porque se puede decir que el <em>boom</em> literario de los 60 es una invención de Seix Barral como el siguiente de <strong>Bolaño</strong>, <strong>Villoro</strong> y compañía es una invención de Anagrama. Hay que recordar que esto no es tampoco otra cosa que una feria y que al fin y al cabo lo que va a hacer cada cual de una manera más o menos velada es intentar colocar su pastel. Allí van a contar la novela que acaban de escribir o que están a punto de publicar. Es un mercadillo más que una gran exposición universal donde Madrid se presenta al mundo”.</p>
<p style="text-align: left;">Y el modo de hacerlo es a través de su producción literaria, pues como afirmó <strong>Manuela Carmena</strong> “los libros explican por qué la ciudad es como es”. Para saber leer las raíces de la gestación del nuevo Madrid que nació con la Movida, el <em>destacamento</em> cultural madrileño en Guadalajara se apoya en los que retrataron esa ciudad que quiso, en los años locos, conquistar la luz, para cambiar el mundo, volviendo a <strong>León Felipe</strong>, que con su <em>Ganarás la luz</em> enmarca la presencia de Madrid como ciudad invitada en la FIL. Nada más actual que sus versos de <em>Español del éxodo y del llanto</em>: “Ya no hay patria. La hemos matado entre todos: / Los de aquí y los de allá”.</p>
<p style="text-align: right;"><em><strong>ALICIA GONZÁLEZ</strong></em></p>
<figure id="attachment_7688" style="width: 690px;" class="wp-caption aligncenter"><a href="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o.jpg"><img class="size-large wp-image-7688" src="/wp-content/uploads/2017/11/38474369902_5a52fc5965_o-1024x683.jpg" alt="Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017." width="690" height="460" /></a><figcaption class="wp-caption-text">Intervención del colectivo madrileño Boa Mistura en la Colonia Unidad Habitacional Independencia de Guadalajara con motivo de la FIL 2017.</figcaption></figure>
<h3 style="text-align: left;"><em>De Pata Negra<br />
</em></h3>
<p style="text-align: left;">Borja Martínez</p>
<p>¿Otra vez, todavía, la Movida? Quizá tenga sentido, teniendo en cuenta la genealogía mexicana del término que con documentada intuición formuló el añorado editor de LEER <strong>José Luis Gutiérrez</strong> en un pasaje de su libro <em>Días de Papel</em>: “Parece como si la fijación freudiana de algunos dirigentes socialistas con el fenómeno del PRI mexicano, que <strong>Vargas Llosa</strong> definiera como <em>la dictadura perfecta</em> (…), les llevara a adoptar algunas de las expresiones y señas de identidad de los mexicanos, como la frase célebre <em>El que se mueve no sale en la foto</em>, una de las más conocidas de todas las acuñadas por el agudo sentido del humor de los aztecas. Porque la palabra <em>movida</em> también es de procedencia mexicana y su primera aparición conocida en España se produce en sendos monólogos de Mario Moreno, <strong>Cantinflas</strong>, en una de sus películas, <em>El señor fotógrafo</em>, estrenada el año 1958, veinticinco años antes de que la expresión eclosionara en la primavera socialista madrileña”.</p>
<p>Aquel invento, y este es un punto en el que se ponen de acuerdo los críticos de la llamada Cultura de la Transición, fue uno de los puntales del proyecto de dominación cultural con el que el PSOE se presentó a la hora de tomar el poder, tal y como ha dejado dicho, entre otros, <strong>Gregorio Morán</strong>, que en su libro <em>El cura y los mandarines</em> enunciaba su particular <em>Teoría de la ilustración</em>: “El PSOE viene a ilustrar y su política ilustrada es absolutamente memorable. Por primera vez hay un Gobierno que invierte en comprar inteligencia y compra a prácticamente la totalidad de la inteligencia española”.</p>
<p>Y en eso abundaba <strong>Pepe Ribas</strong>, redivivo él y su <em>Ajoblanco</em>, <a href="/2017/08/ajoblanco-3-0-utopia-contra-el-miedo/" target="_blank">en conversación con LEER este verano</a>: “Esa cultura domesticada por el socialismo, institucionalizada, sobre todo a partir del referéndum de la OTAN, ha sido capitaneada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha querido dominar el cine, los libros, la producción de literatura y de ensayo, la opinión, la radio; ha intentado dominarlo todo”.</p>
<p>Sirva este largo preámbulo de citas encadenadas  para esclarecer el <em>bicho</em>, la levadura si se quiere, que condiciona la receta del programa madrileño en la FIL. Por las razones que sea –escasez de recursos humanos, insuficiencia del millón de euros presupuestado, premura en los plazos– <strong>el Ayuntamiento <em>del cambio</em> no ha podido escapar de la inercia y le ha salido un programa “clásico”</strong>, en palabras de la propia alcaldesa, que lógicamente no puede ser más explícita. A nosotros se nos ocurre otra definición más gráfica: el resultado es un programa <em>pata negra</em>. <strong>La nómina Prisa tiene una representación y un peso abrumadores</strong>: estarán con papel destacado el exdirector de <em>El País</em> <strong>Jesús Ceberio</strong>, el director en ejercicio, <strong>Antonio Caño</strong>, el inevitable <strong>Juan Cruz</strong>, y también <strong>Javier Rodríguez Marcos</strong> y <strong>Manuel Rodríguez Rivero</strong>, por no citar (están más abajo) a los autores con mayor o menor vinculación con la casa que también pisarán Guadalajara, casi todos con méritos literarios suficientes, todo sea dicho. Pero el predominio es altamente sospechoso, y tiene momentos estelares como el mano a mano <strong>Luis García Montero</strong>-<strong>Almudena Grandes</strong>, bajo el título <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/poesia-y-prosa-amor-y-matrimonio/" target="_blank"><em>Poesía y prosa, amor y matrimonio</em></a>, que haría las delicias del comando irredento de <em>La Fiera Literaria</em>. <a href="https://www.elconfidencial.com/espana/madrid/2017-04-17/carmena-adjudicacion-stand-madrid_1366475/" target="_blank">Tampoco es casual</a> que el arquitecto del pabellón madrileño, el por otro lado notable <strong>Alberto Campo Baeza</strong>, sea el mismo que proyectó la casa madrileña del comisario general de Madrid en la Feria, <strong>Paco de Blas</strong>, que ya como responsable de Cultura del Cervantes de Chicago le organizó allá por 2003 una exposición antológica.</p>
<p>Sirva todo esto para ilustrar algo que nos viene preocupando en LEER, y que no es otra cosa que<strong> la contumacia de ese modelo cultural</strong> que ni siquiera las <em>fuerzas del cambio</em> del Ayuntamiento de Madrid, ni las más radicales ni las bienintencionadas, han sido capaces de desactivar.</p>
<p>El resultado es un programa que a costa de llevar a Guadalajara a algunos de los de siempre –ni siquiera a todos, y muchos de los mejores se han quedado fuera– ha desaprovechado, a nuestro juicio, la oportunidad de profundizar, no solo en la rica historia literaria de Madrid y en sus señas de identidad culturales, sino en los vínculos con México, que encuentran particularmente en el exilio republicano un lazo de oro. Por la infinidad de escritores extraordinarios como <strong>León Felipe </strong>(que inspira el lema de Madrid en la Feria, <em>Ganarás la luz</em>, y poco más), <strong>Max Aub</strong> o la <strong>Zambrano</strong>, por citar algunos, que enriquecieron desde el país hermano la cultura iberoamericana del siglo XX, pero también gracias a figuras como <strong>Rafael Giménez Siles</strong>, el malagueño fundador de la Feria del Libro de Madrid que a partir del 39 fundaría en su nueva patria un verdadero imperio editorial y librero, así como la Feria del Libro de México.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/exilio-espanol-mexico/" target="_blank">Apenas un encuentro</a> de cincuenta minutos –la duración estándar de todos ellos– organizado (30 de noviembre) por la Cátedra Vargas Llosa de <strong>Armas Marcelo</strong>, con clásicos como <strong>Pepe Esteban</strong> y <strong>Abelardo Linares</strong>, o la sesión sobre la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/ayer-y-hoy-de-la-residencia-de-estudiantes/" target="_blank">Residencia de Estudiantes</a> (26 de noviembre) abordarán directa o indirectamente la cuestión. Un comité científico hubiera permitido que esa y otras posibilidades afloraran. Se me ocurre, por ejemplo, lo que un <strong>Gonzalo Santonja</strong> hubiera podido aportar. Santonja precisamente formó parte del contingente que en el año 2000, cuando España fue el país invitado de la FIL, viajó a Guadalajara. La nómina es más corta –la exigencia del programa ha crecido desde entonces tanto como la importancia de la Feria– pero aun así se nos antoja más completa y equilibrada que la que finalmente llevará Madrid. Por citar solo a algunos: Carlos García Gual, José Enrique Ruiz-Domènech, José María Merino, Juan Manuel de Prada, Enrique Vila-Matas, Felipe Benítez Reyes, Francisco Brines, Paloma Díaz-Mas, Antonio Gómez Rufo, María Luisa Balseiro, Eustaquio Barjau, José Luis Pardo, Fermín Cabal, Pedro Villora o Juan Mayorga, además de los ya fallecidos Claudio Guillén, Carlos Casares, Manuel Vázquez Montalbán, Eugenio Trías, Ángel González y José Hierro. De aquella expedición solo repite García Montero.</p>
<p><a href="http://www.madridganaraslaluz.com/wp-content/uploads/video/marwan_boamistura.mp4" target="_blank"><strong>Marwan</strong></a> representando esos nuevos caminos de la poesía que tanto espacio están dejando últimamente al <em>gato por liebre</em> o la presencia del superventas <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/participantes/blue-jeans/" target="_blank"><strong>Blue Jeans</strong></a> con el encuentro <em>Los lectores del futuro ya están aquí</em> –la formulación ominosa del título a lo <em>Poltergeist</em> quizá no sea inocente– son otros dos ejemplos de que había margen para hacer las cosas mejor.</p>
<p>Aún así, el programa cuenta con citas interesantes. Están los dos encuentros (<a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-los-mexicanos-piensan-mucho-en-ti/" target="_blank">26 de noviembre </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/madrid-ciudad-abierta/" target="_blank">1 de diciembre</a>) con escritores mexicanos e iberoamericanos –<strong>Jorge F. Hernández</strong>,<strong> Juan Carlos Chirinos</strong>, <strong>María Luisa Capella</strong>, <strong>Emiliano Monge</strong> y <strong>Antonio Ortuño</strong>– que han conocido o residido en Madrid, o las mesas consecutivas de <em>Realidad y relato</em>, moderadas por <strong>Adolfo García Ortega</strong> (30 de noviembre) con <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-i/" target="_blank"><strong>Andrés Ibáñez</strong> y <strong>Luis Magrinyá</strong> </a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/realidad-y-relato-la-historia-interminable-hoy-ii/" target="_blank"><strong>Carlos Pardo</strong> y <strong>Ray Loriga</strong></a>, respectivamente. También las citas monográficas protagonizadas por <strong>Rosa Montero</strong> (29 de noviembre) <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/olvido-garcia-valdes-presentacion-explicacion-y-lectura/" target="_blank"><strong>Olvido García Valdés </strong></a>y <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/malas-intenciones/" target="_blank"><strong>Lorenzo Silva</strong></a>, este último en conversación con <strong>Marta Sanz </strong>(30 de noviembre), o el <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/la-mujer-en-la-novela-actual/" target="_blank">mano a mano</a> de <strong>Elena Poniatowska</strong> y <strong>Soledad Puértolas</strong> sobre la mujer en la novela actual (29 de noviembre). O la <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/programa/el-espanol-desde-las-dos-orillas/" target="_blank">mesa de traducción</a>, dentro de la sección de encuentros profesionales, con <strong>Miguel Sáenz</strong>, <strong>Pilar Adón</strong> y <strong>Carlos Fortea</strong> (27 de noviembre). <strong>Marcos Giralt</strong>, <strong>Vicente Molina Foix</strong>, <strong>Luisgé Martín</strong>, <strong>Andrés Barba</strong>, <strong>Mercedes Cebrián</strong>, <strong>Sergio del Molino</strong>, <strong>José Carlos Mainer </strong>o<strong> Antonio Orejudo</strong> son los autores que completan la nómina de relevantes.</p>
<p>En un programa literario débil gana peso el ciclo de <strong>Fernando Castro Flórez</strong> <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Algo+m%C3%A1s+que+palabras" target="_blank"><em>Algo más que palabras</em></a>, que “refleja las posiciones crítico-artísticas de los creadores más radicales y lúcidos del panorama madrileño”, y verdaderamente reúne buenos nombres en una propuesta más propia de una bienal artística: <strong>José Maldonado</strong>, el colectivo Democracia, <strong>Carlos Aires</strong>, Los Torreznos, la reciente premio Velázquez <strong>Concha Jerez</strong>, <strong>Cabello y Carceler </strong>o<strong> Carlos Garaicoa</strong>. También prometen las tres charlas del ciclo <a href="http://www.madridganaraslaluz.com/?s=Pensando+la+ciudad" target="_blank"><em>Pensando la ciudad</em></a> organizado por <strong>Marcos García</strong> de MediaLab Prado y <strong>Antonio Lafuente</strong> del CSIC. O la programación de cine, dividida en sesiones históricas y contemporáneas. En el que de nuevo se echa de menos una profundización en los vínculos de ambas cinematografías. <strong>Buñuel</strong> aparte, no hubiera estado mal ver algo de su estrecho colaborador<strong> Luis Alcoriza</strong>. El director de la hilarante <em>Mecánica nacional</em> volvió a España en los 80 para hacer una inquietante película, <em>Tac Tac</em> (1982), que estamos convencidos que <strong>Almodóvar</strong> vio antes de escribir <em>La piel que habito</em>. Otra vez la Movida, <em>nomás</em>. Se cerraría el círculo.</p>
<p><a href="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg"><img class="alignleft size-full wp-image-7638" src="/wp-content/uploads/2017/11/0001-22-e1509962100837.jpg" alt="0001 (2)" width="250" height="336" /></a></p>
<p><em><br />
Una versión de estos artículos aparece en el <strong><a href="/2017/11/leer-en-noviembre-madrid-protagonista-en-la-fil-guadalajara/" target="_blank">número de noviembre de 2017, 287</a></strong>, de la edición impresa de la <strong>Revista LEER</strong>.</em></p>
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		<title>11-M: hito y tabú</title>
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		<pubDate>Mon, 10 Mar 2014 11:53:53 +0000</pubDate>
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				<content:encoded><![CDATA[<address>Sucedió hace diez años. En vísperas de unas elecciones generales. Fueron asesinadas 191 personas. Mucho de lo acontecido en España desde entonces tiene que ver con la conmoción inmediata y diferida causada por aquellas explosiones. El trauma, la negación, un duelo colectivo mal resuelto en diversas instancias motiva que, un decenio después, la fase de reposo que precede al desembarco de los historiadores en los hechos no se haya resuelto satisfactoriamente. En el siguiente texto <strong>JORGE BUSTOS</strong> ensaya una hipótesis de minuta de aquello y de sus consecuencias, un intento de iluminar la sombra espesa y alargada que explica varias anomalías sociales y políticas de la España reciente.</address>
<p> </p>
<p>Cuando el general De Gaulle decidió al fin deponer la lucha y reconocer el derecho de <strong>Argelia</strong> a su independencia, se cuenta que uno de sus asesores más recalcitrantemente belicistas protestó: “¡Se ha derramado demasiada sangre!” A lo que el general respondió, en palabras de mármol: <strong>“Nada se seca tan pronto como la sangre”.</strong></p>
<p>Se cumplen diez años del atentado terrorista que derramó más sangre en la historia reciente de Europa. Ocurrió un 11 de marzo de 2004, en Madrid, a tres días de unas elecciones generales. Y en torno a la trágica efeméride, el periodismo se dispone a presentar su primer borrador de la historia, más cercano ya de la historia que del borrador. Porque los plazos de la historiografía, su proverbial exigencia de perspectiva, se acortan cada vez más a tono con el vértigo evolutivo de la época, con lo que <strong>el 11-M ya es un hito historiable.</strong></p>
<p>El 11-M es, de hecho, <strong>el hito contemporáneo que marca un punto de inflexión en la historia de España, pues cambió muchas más cosas, en el tiempo de un país y en el espacio de su conciencia colectiva</strong>, que el puro desgarro original, privado: la vida talada de 200 familias. El atentado fija el 2004 en las enciclopedias <strong>como la muerte de Franco fija 1975</strong>: con la misma emblemática trascendencia. Ahora es cuando lo empezamos a ver, y a leer.</p>
<p><strong>Y sin embargo la sangre derramada en aquellos trenes, como sabía De Gaulle, está más seca que nunca.</strong> Si su noticia se halla ya lo suficientemente lejos como para propiciar la serenidad del primer análisis histórico, el rescoldo de su trauma social sigue aún demasiado vivo en nuestra memoria, que reacciona al enfrentamiento anual con la masacre cada vez menos, cada vez más silenciosamente, de hecho con un rechazo camuflado de hastío –incluso de fastidio– ante las imágenes consabidas recordadas por el enésimo documental. El 11-M empieza a adquirir en la memoria colectiva los inconfundibles contornos del tabú. Más adelante trataremos de explicar por qué <strong>la incomodidad que produce el 11-M no obedece solo a controvertidas razones políticas</strong>, a cargantes teorías mediáticas de la conspiración, a la inclemente rueda de la actualidad que sepulta incluso los hechos más tremendos; no solo es eso, que también. Nosotros pensamos que <strong>el 11-M es ante todo un tabú sociológico, un temor supersticioso que apareja un giro en la mentalidad del pueblo, singularmente en la de los jóvenes de mi generación</strong>, y que explica en buena medida el nuevo <em>volksgeist</em> de esta España postrada, crisis aparte. <strong>El 11-M es una convalecencia negada por el enfermo.</strong></p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-680" alt="DSC_0043" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0043.jpg" width="4928" height="3264" /></p>
<h3>El hito</h3>
<p>No sé si alguien habrá dicho ya que <strong>el 11-M equivale a la pérdida de Cuba y FiIipinas en la reciente conciencia nacional mucho antes de la debacle económica.</strong> <strong>Este noventayochismo en boga</strong>, instalado en la opinión pública y renovado a diario con las grises aportaciones de los tertulianos, no arranca de las hipotecas <em>subprime</em> ni de la cola del paro. <strong>Arranca de ese salvaje agujero en el tren de Atocha, que es como la boca del ente que grita en el cuadro de Munch.</strong> El ojo negro del mal abierto de golpe para mirar fijamente, con su aturdidora mirada vacía, a los desavisados españoles.</p>
<p>Pero lo importante, si nos centramos en el 11-M como hito histórico, es la fecha de la detonación: a tres días de unas elecciones generales. El 11-M –y no estoy tomando partido ni me interesa en este ensayo la autoría material o intelectual– <strong>se ejecutó para influir en el resultado electoral de un país gobernado por la derecha</strong>, en la obvia esperanza de que el partido en el gobierno perdiera un poder ostentado con mayoría absoluta y orientado hacia un compromiso internacional (más escenificado que efectivo) por la lucha contra el terrorismo islámico en estrecha alianza, pies sobre su mesa incluidos, con el jefe texano del Imperio.</p>
<p><strong>Cuesta reconocer que a los terroristas les salió perfecto el cálculo. Que calaron como finos sociólogos el aburguesamiento del por entonces próspero pueblo español</strong>, y se dieron cuenta de que el terror súbito y arbitrario movilizaría a algunos de ellos –fueron los suficientes– para abortar en sus élites cualquier orgulloso intento de jugar a gran potencia con tal de no ver amenazado de nuevo su modo de vida. ¿Por qué los españoles echamos a un gobierno después de un atentado del terrorismo internacional, y los norteamericanos apoyaron en su día al suyo teniendo a mano la misma ecuación: <em>presencia exterior = atentados</em>? Básicamente porque <strong>aquí no habíamos padecido una agresión exterior desde 1892, y se había instalado en el subconsciente colectivo el espejismo de que éramos intocables. Irrelevantes, más bien.</strong> Nadie salvo Aznar podía creer que la nostalgia islamista de Al-Ándalus pudiera ir en serio, y mucho menos que la foto de las Azores fuera necesaria. La ingenuidad del español en política exterior es proverbial, y su arraigado desinterés por la geoestrategia data de la decadencia imperial y termina de blindarse con el Desastre del 98. <strong>La especialidad de la casa tras Napoleón es más bien la guerra civil.</strong></p>
<p><strong>¿Fue el apoyo de Aznar a la guerra de Irak la causa del 11-M, si es que el terror indiscriminado admiten justificación causal? Eso no importa: lo que importa es que el español medio lo creyó así.</strong> El ejemplar operativo de manipulación político-mediática desplegado durante tres días por la izquierda, inestimablemente auxiliada por la política de comunicación de un gobierno que tenía al afásico –si no mentiroso– Acebes como ministro y portavoz en aquellas 72 horas de vértigo, obró la movilización del voto de castigo, o voto del miedo, dadas las circunstancias. Es un comportamiento de masas muy comprensible; otra cosa es que la alternativa surgida de aquellas urnas en <em>shock</em> llevara el nombre, la sonrisa y el bagaje de José Luis Rodríguez Zapatero.</p>
<p style="text-align: center;"><img class="aligncenter size-full wp-image-682" alt="DSC_0064" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0064.jpg" width="4928" height="3264" /></p>
<p><strong>Zapatero llegó al poder con el mensaje perfectamente captado y tomó como primera medida la famosa retirada de las tropas de Irak.</strong> La historia cifrará en esa decisión todo su mandato, que nació, se desarrolló y murió entre estertores de farsa bajo el criterio rector de la publicidad. <strong>Zapatero fue el primer presidente netamente posmoderno de la historia de España</strong>, un gobernante sobrevenido por la imagen –su célebre talante no era la forma: era el fondo– y entregado a ella, <strong>y toda su ejecutoria viene explicada por el trauma matriz del 11-M</strong> del mismo modo que el péndulo de un carrillón alcanza un polo por la inercia nacida del polo opuesto. Pasamos de la <em>grandeur</em> aznarí al zapaterismo <em>naïf</em>. <strong>Pero Zapatero, político infantil, no inoculó el infantilismo a la sociedad española: ella misma, al retumbar en las ventanas el estallido de las bombas, había despertado en mitad de la noche llamando a mamá, con las sábanas empapadas de miedo. Y mamá vino.</strong></p>
<p><strong>El objetivo del terrorismo es el miedo, y el corolario del miedo es la búsqueda de calma (más que de genuina paz) a toda costa.</strong> <strong>España se ovilló sobre sí misma</strong>, renunció con gusto a los peligros de la política exterior para dotarse del mayor número posible de derechos sociales, consagró el diálogo anulando jerarquías, flexibilizó sin límites la Constitución, <strong>confundió los principios con la caspa y la ética con la estética</strong>, abrazó el pacto, equiparó en importancia lo aparecido en el BOE y en los medios, eligió apaciguar sus tensiones territoriales por la vía rápida de la concesión o la promesa, erigió diarios monumentos al buen rollo. Y la gente suspiró de alivio y renovó el mandato de su dirigente desoyendo nuevas alarmas, esta vez económicas. <strong>Fue un bonito sueño, conciliado tras una pesadilla ferroviaria.</strong></p>
<p>Pero la identificación de la sociedad con el zapaterismo no fue en absoluto epidérmica. <strong>La pésima gestión de la crisis tumbó a Zapatero pero queda intacto el cambio social que representó, un como reblandecimiento general de las costumbres.</strong> La exigencia constante de derechos y este rechazo al concepto ya carca de responsabilidad personal se halla en pleno vigor, y el pueblo depauperado chilla y patalea reclamando lo que creía que era suyo. El hecho asombroso de que Rajoy merezca del periodismo más críticas por su aversión a los medios que por su gestión prueba un síndrome de abstinencia causado por la sobreexposición de sonrisas de su antecesor. <strong>El zapaterismo fue un narcótico para tolerar el 11-M, y la sociedad sigue enganchada.</strong> <strong>Entre los jóvenes de mi generación, con su fenómeno <em>ni-ni</em> y su <em>quincemayismo</em> de filosofía de camiseta, la afección resulta especialmente prevalente.</strong></p>
<p>Las primeras consecuencias del 11-M fueron la llegada al poder de Zapatero y la apertura de una época de crispación en la vida pública: a la derecha mediática y política le costaba –lógicamente– asimilar lo heterodoxo de su desalojo y trataba de deslegitimar la victoria del PSOE, el cual previamente había instigado contra el PP una serie de campañas de <em>agitprop</em> sin precedentes. <strong>El cainismo se fue aplacando a partir de 2008, cuando Rajoy decidió emanciparse de tutelas retrospectivas, alinearse con el tabú que empezaba a cubrir el atentado y hacer su propio camino político (antipolítico, más bien).</strong> Aquellas secuelas políticas más o menos ya han prescrito y el desafío ahora es la pura economía. Pero <strong>el significado duradero del hito histórico que marca el atentado es, a mi juicio, la extensión del infantilismo social.</strong> La agudización extrema de la cultura de la queja. Un noventayochismo que deplora la pérdida de las colonias sentimentales del talante primero y de la burbuja inmobiliaria después.</p>
<h3><img class="aligncenter size-full wp-image-686" alt="DSC_0001" src="/wp-content/uploads/2014/03/DSC_0001.jpg" width="4928" height="3264" /></h3>
<h3>El tabú</h3>
<p>Ahora bien: repitamos que el 11-M es una convalecencia negada por el enfermo. La propia sustitución del hecho por la fecha (“11-M”) remite al eufemismo. Pese a que los efectos sociológicos del mal perduren, según hemos intentado explicar, el suceso en sí cada vez se recuerda menos. La sangre era mucha, pero se ha secado pronto. <strong>Los españoles prefieren encapsular la complicada efeméride en el aséptico formato del homenaje ritual</strong>, simbolizado en la ofrenda floral en el Bosque de los Ausentes del Parque del Retiro que llevan a cabo ese día las autoridades. Cada vez es más habitual oír comentarios de hartazgo cuando llega la fecha fatídica.</p>
<p><strong>Y yo, con David Rieff, pienso que esa disolución del recuerdo es positiva, es natural.</strong> En su controvertido ensayo <em>Contra la memoria</em>, Rieff –una rara coincidencia de reportero de guerra del <em>New York Times</em> y ensayista de calado– escribe: “En las colinas de Bosnia aprendí a detestar, pero sobre todo a temer, la memoria histórica colectiva. Al apropiarse de la historia, mi pasión perdurable y mi refugio desde la infancia, la memoria colectiva lograba que la propia historia no pareciera sino un arsenal de armas necesarias para continuar las guerras o para mantener una paz endeble y fría. Lo que presencié en Bosnia, en Ruanda, en Kosovo, en Israel-Palestina y en Irak no me ha dado razón alguna para cambiar de parecer”.</p>
<p><strong>Rieff sistematiza brillantemente una idea tan provocadora como el proverbio castizo: “El muerto al hoyo y el vivo al bollo”.</strong> No se trata de olvidar a nuestros muertos, ni de despreciar la sentencia que advierte de que el pueblo que ignora su historia está condenado a repetirla; <strong>se trata de levantar un dique entre el duelo nacional y su fácil degeneración en revanchismo nacionalista.</strong> La eternización del conflicto palestino-israelí, apunta lúcido Rieff, no es sino el producto de un encarnizamiento de la memoria colectiva, una permanente murmuración del memorial de agravios. Si nadie olvida, nadie perdona. <strong>Prescribe nuestro ensayista un “imperativo ético del olvido” que aplica lo mismo a la biografía sentimental del individuo como a la memoria colectiva de las naciones</strong>: “Todo debe llegar a su fin, incluso las penas del duelo. De otro modo, la sangre nunca se seca, el fin de un gran amor se convierte en el fin del amor mismo y, mucho después de que la disputa haya dejado de tener sentido, el recuerdo del rencor perdura. El perdón no es suficiente. No puede sustraerse a su propia contingencia. Sin olvido, seríamos monstruos heridos, sin perdón dado o recibido, seríamos inconsolables”.</p>
<p><strong>En el libro, el propio Rieff analiza el caso español de la Ley de Memoria Histórica y su quijotesca interpretación a cargo de Baltasar Garzón.</strong> <strong>Insiste en que el éxito de la Transición se fundamentó sobre un pacto de olvido</strong>, y postula que si el recuerdo tiene fecha de caducidad, puede que el olvido también la tenga. Eso explicaría la recuperación del discurso antifranquista que abanderó el PSOE de Zapatero y que había soslayado responsablemente el PSOE de González. Es cierto que la España actual no es Oriente Medio, y que la rehabilitación de viejos agravios difícilmente podría ya prender la chispa real de nuestro entrañable guerracivilismo. Pero tenemos en el norte un problema llamado ETA y una solución que pide un delicadísimo juego de memoria, dignidad y justicia, sí; pero también de perdón, convivencia y “olvido” en el sentido que reivindica Rieff y que parece corresponder al tipo de liderazgo que hoy quiere desarrollar alguien como Arantza Quiroga.</p>
<figure id="attachment_558" style="width: 4928px;" class="wp-caption aligncenter"><img class="size-full wp-image-558 " alt="En las primeras semanas de febrero, Fernando García Mozo recorría y documentaba para LEER los escenarios vinculados a la memoria del 11-M: los espacios ferroviarios donde tuvo lugar la masacre y los monumentos conmemorativos que recuerdan a las víctimas, los &quot;ausentes&quot; que ponen nombre al jardín del Retiro (arriba) plantado en su memoria. Una selección de su trabajo ilustra este artículo, la portada y las páginas del número de marzo de 2014 de LEER." src="/wp-content/uploads/2014/02/DSC_0021.jpg" width="4928" height="3264" /><figcaption class="wp-caption-text">En las primeras semanas de febrero, Fernando García Mozo recorría y documentaba para LEER los escenarios vinculados a la memoria del 11-M: los espacios ferroviarios donde tuvo lugar la masacre y los monumentos conmemorativos que recuerdan a las víctimas, los «ausentes» que ponen nombre al jardín del Retiro (arriba) plantado en su memoria. Una selección de su trabajo ilustra este artículo, la portada y las páginas del número de marzo de 2014 de LEER.</figcaption></figure>
<p style="text-align: left;"><strong>En lo que respecta al 11-M, su progresiva mutación a tabú no supondría pues una deriva necesariamente negativa.</strong> Seguimos convalecientes de aquello y preferimos guardar silencio para no estorbar su lenta cicatrización. Hurgar en la conspiranoia produce rechazo incluso en muchos de los lectores de <em>El Mundo</em>. La sociedad parece querer decir lo mismo que Jesucristo con aquella dura exhortación: “Dejad a los muertos que entierren a sus muertos”.</p>
<p>Esta tendencia al tabú se ve más clara aún en la marginación de las asociaciones de víctimas, las que agrupan a damnificados por ETA como por la barbarie islámica. Otrora guías morales de la vida política, su participación en el debate público se contempla ahora con censura creciente. Sus portavoces siempre incomodan a alguien y ni siquiera los propios colectivos están unidos en sus reivindicaciones, pues se registran disputas y fugas cada vez más aireadas. <strong>Los opinadores han perdido el rubor que les disuadía de contradecir abiertamente las tesis de las víctimas</strong> y algunas de estas, en sintomática reacción, se han aliado con políticos descontentos para fundar un nuevo partido, Vox, con la lucha antiterrorista como programa básico y la incorporación de Ortega Lara por emblema.</p>
<p><strong>De nuevo, hacer del terrorismo y sus efectos visibles un tabú social denota un miedo infantil al sufrimiento, pero también un saludable deseo de curación.</strong> Cualquier encuesta que preguntara directamente a los españoles si creen que las heridas del 11-M están cerradas arrojaría un no mayoritario, sospecho. Pero el cuerpo social, consciente de sus heridas abiertas, prefiere no recordarlas si no le preguntan, porque el trauma terrorista es de una clase tan dolorosa que exige años de regeneración celular, si es que ese tejido puede suturarse del todo algún día. La sangre –la hemorragia mediática– se ha secado pronto, siguiendo a De Gaulle; pero la marca queda.</p>
<p><strong>¿Es una década tiempo suficiente?</strong> Para señalar su trascendencia política y sus reflejos sociales, desde luego que sí, y eso hemos tratado de hacer aquí. Pero si lo que se pretende es dar por cerrados los efectos más hondos del 11-M, me temo que <strong>el ciclo mental bajista que inauguró en España no ha hecho más que empezar.</strong></p>
<p style="text-align: right;"><em>JORGE BUSTOS (<a title="Jorge Bustos en Twitter" href="https://twitter.com/JorgeBustos1" target="_blank">@JorgeBustos1</a>)</em></p>
<p style="text-align: left;"><a href="http://www.quioscocultural.com/leer/428-leer-n-250.html"><img class="alignleft size-medium wp-image-546" alt="001 Portada 250e" src="/wp-content/uploads/2014/02/001-Portada-250e-225x300.jpg" width="225" height="300" /></a></p>
<p style="text-align: left;">Este artículo ha sido pub­li­cado orig­i­nal­mente en el número de marzo de 2014 (250) de la Revista LEER (<strong><a href="http://www.quioscocultural.com/leer/428-leer-n-250.html" target="_blank">cóm­pralo</a></strong> o, mejor aún, <strong><a href="/suscribete/" target="_blank">sus­crí­bete</a></strong>).</p>
<p> </p>
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