Ajoblanco 3.0: utopía contra el miedo

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Que­dar a char­lar con Pepe Ribas en el Café Gijón puede pare­cer un con­tra­sen­tido. La mañana ante­rior ha pre­sen­tado en el Tea­tro del Barrio, uno de los bas­tio­nes del Lava­piés insur­gente, la ter­cera encar­na­ción de su Ajo­blanco acom­pa­ñado de Caro­lina Espi­noza, com­pa­ñera de aven­tura edi­to­rial. Con sus cafés a 3,90, el vetusto Gijón no repre­senta pre­ci­sa­mente la ima­gen de la con­tra­cul­tura que una vez más viene Ribas a defen­der y difun­dir. Pero la vida es con­tra­dic­ción y las apa­rien­cias enga­ñan, y a estas mesas de már­mol se ha sen­tado per­so­nal de todo pelaje. Y ahí sigue ade­más, entrando a mano dere­cha, en placa y retrato, la figura tute­lar de Alfonso, “ceri­llero y anar­quista” y pres­ta­mista de los ludó­pa­tas de Madrid hasta su muerte en 2006.

“Me han pasado muchas cosas”, ade­lanta enig­má­tico Ribas para expli­car el regreso del Ajo. Antes de des­pe­dir­nos me con­tará lo de su rara enfer­me­dad diges­tiva, que pri­mero se diag­nos­ticó ter­mi­nal y luego trajo de cabeza a los más repu­tados espe­cia­lis­tas de Bar­ce­lona; antes de que, des­pués de mucho tra­siego de prue­bas y mues­tras, tres sema­nas de peni­ci­lina bas­ta­ran para aca­bar con la bac­te­ria que se lo estaba comiendo por den­tro. La ines­pe­rada cura­ción coin­ci­dió con el lan­za­miento de su último libro, la novela Encuen­tro en Ber­lín, y en la pre­sen­ta­ción cono­ció a su pareja de hoy, y feliz de seguir vivo fue cua­jando la idea de vol­ver con su icó­nica revista para expli­car estos tiem­pos raros en los que de repente el punto de vista liber­ta­rio quizá se antoja la más plau­si­ble apro­xi­ma­ción a nues­tra reali­dad cani­bal. Para ello, a la usanza de los vie­jos tiem­pos, con gran tirada y ambi­ción ibe­roa­me­ri­cana, vuelve el Ajo.

Y lo hace en edi­ción impresa como una apuesta ética. “No es cierto que el papel no esté fun­cio­nando”, ase­gura Ribas. “En Fran­cia, en Ale­ma­nia, en Gran Bre­taña, en EEUU fun­ciona, por­que son paí­ses nor­ma­li­za­dos, con una prensa crí­tica e inde­pen­diente del poder. Aquí esto no ha pasado. Todo está al ser­vi­cio del par­tido que manda, que se ha inven­tado la his­to­ria de España que más le ha con­ve­nido, o la his­to­ria de Cata­luña que más le ha con­ve­nido. Y este es el gran pro­blema: que la his­to­ria, la memo­ria, está secues­trada por el poder, y esto hay que rom­perlo. Y sólo se puede rom­per con papel. No se rom­perá nunca desde las pan­ta­llas, por­que las pan­ta­llas no tie­nen influen­cia, u ofre­cen influen­cias efí­me­ras, como la de Pablo Igle­sias, que por mucho que se mueva ya está en deca­den­cia, y durará cua­tro días”.

Pero esto no es Ber­lín, París o Nueva York, donde hay muchos kios­cos, mucho papel… y mucho texto. Aquí parece que en papel sólo fun­ciona el estilo de vida…

Por­que aquí hay que empe­zar de cero y crear cul­tura crí­tica, y ade­más decir muy cla­ra­mente y con mucha valen­tía que medios de cabe­cera como El País o La Van­guar­dia han dejado de tener sen­tido por­que durante 35 años han sido poder, punto, no han sido perio­dismo, y han con­fi­gu­rado una opi­nión pública enferma que ahora hay que sanear como sea. La decep­ción de Pode­mos y del post 15M nos está ayu­dando mucho a poder sanar esa con­fi­gu­ra­ción de la opi­nión pública, por­que la gente ya no se cree nada. Si el papel no vende en España es por­que desde hace 35 años la prensa escrita ha sido total­mente vam­pi­ri­zada por lo ins­ti­tu­cio­nal y todo este clan que empieza por Gon­zá­lez, y que ha seguido el PP, y que de alguna manera se llama Cul­tura de la Transición.

Una cul­tura ‘intransitiva’

Si a media­dos de los 70 el pri­mer Ajo­blanco pre­ten­día dar “voz a esa juven­tud que está harta de lo que hay”, repre­sen­tado enton­ces por los noví­si­mos o la Gau­che Divine, el lo que hay de hoy quizá sea el ester­tor de la Cul­tura de la Tran­si­ción men­cio­nada por Ribas y for­ma­li­zada crí­ti­ca­mente por Gui­llem Mar­tí­nez. Aque­lla cuya fun­da­ción expli­caba Gre­go­rio Morán a LEER en 2014 con motivo de la publi­ca­ción de su último libro irre­dento, El cura y los man­da­ri­nes: “El PSOE vino a ilus­trar, y su polí­tica ilus­trada es abso­lu­ta­mente memo­ra­ble. Por pri­mera vez hay un Gobierno que invierte en com­prar inte­li­gen­cia y com­pra a prác­ti­ca­mente la tota­li­dad de la inte­li­gen­cia española”.

En esta línea de aná­li­sis abunda Ribas: “Esa cul­tura domes­ti­cada por el socia­lismo, ins­ti­tu­cio­na­li­zada, sobre todo a par­tir del refe­rén­dum de la OTAN, ha sido capi­ta­neada por el mundo de Prisa, que ha sido nefasto. Ha que­rido domi­nar el cine, los libros, la pro­duc­ción de lite­ra­tura y de ensayo, la opi­nión, la radio; ha inten­tado domi­narlo todo, seña­lando a los bue­nos y a los malos. Y creó una clase inte­lec­tual depen­diente de las direc­tri­ces de Gon­zá­lez y Cebrián. Estos dos seño­res han pro­vo­cado un cata­clismo, por­que ter­mi­na­ron con las revis­tas inde­pen­dien­tes de cine, con las revis­tas inde­pen­dien­tes de lite­ra­tura, de cual­quier cosa. Ellos fun­da­ron ese canon, que es lo que Gui­llem Mar­tí­nez ha lla­mado la Cul­tura de la Tran­si­ción. Pero lo que Gui­llem Mar­tí­nez ha olvi­dado es que ha habido mucha cul­tura intran­si­tiva, como dice Cons­tan­tino Bér­tolo, y en esa cul­tura intran­si­tiva ha estado Ajo­blanco y otra mucha gente que ha que­rido resis­tir a ese mono­po­lio. Mono­po­lio que hace que en este momento haya indus­tria cul­tu­ral pero no haya cul­tura. Por­que no hay crí­tica inde­pen­diente y por­que nadie cree nada”.

Ante esto se rebela de nuevo Ajo­blanco con ánimo intré­pido. “No sabe­mos muy bien cuál es el camino. De momento hemos abierto una bre­cha. En diciem­bre inau­gu­ra­mos el Espa­cio Ajo­blanco (Santa Teresa 3, Bar­ce­lona) para encon­trar­nos… y nos hemos encon­trado más o menos. Hemos encon­trado a las nue­vas gene­ra­cio­nes, y nos hemos dado cuenta de que care­cen de algo fun­da­men­tal: no saben con­tex­tua­li­zar, por­que la edu­ca­ción reci­bida es total­mente frag­men­ta­ria y par­cial, que los hace téc­ni­cos de algo, pero no saben ver el mundo. Y esto es muy pro­ble­má­tico por­que es pasto de cual­quier dema­go­gia, de cual­quier nuevo fas­cismo, sea de dere­chas o de izquier­das. Esto es muy peli­groso por­que la gente no está armada. No tiene cul­tura y por lo tanto no tiene cri­te­rio pro­pio. Hace falta rees­truc­tu­rar el sec­tor cul­tu­ral a par­tir del sis­tema edu­ca­tivo. Y ya no hablo de la uni­ver­si­dad sino de los ins­ti­tu­tos de ense­ñanza media, que es lo que en el pri­mer Ajo­blanco se movi­lizó, no las uni­ver­si­da­des, lo cual se ha olvi­dado. Se han olvi­dado dema­sia­das cosas”.

No sé si este ‘Ajo­blanco’ es como un ter­cer movi­miento que fil­tra la expe­rien­cia del pri­mero (1974–1980), el más liber­ta­rio, y del segundo (1987–1999), que quizá bus­caba inte­grarse, o con­tri­buir a recon­du­cir la cul­tura del régi­men del 78. ¿Qué hay de uno y de otro?

El segundo Ajo fue muy de espal­das al pri­mero por­que no se quiso vol­ver a lo liber­ta­rio. Era ya la era del yo: del artista, del filó­sofo, del direc­tor de cine. Del pro­ta­go­nista. De repente la cul­tura se con­vir­tió en una cosa de pro­ta­go­nis­tas. Yo creo que ahora esto ya no vale, por­que toda aque­lla gente, aque­llos pro­ta­go­nis­tas están que­ma­dos. Ha vuelto la cul­tura del noso­tros, o de lo común, que no es exac­ta­mente lo mismo. Ahora hay que revi­ta­li­zar la cul­tura desde el rigor, desde la serie­dad. Cuando a los jóve­nes que vie­nen al Espa­cio les pre­gun­tas si leen libros te dicen que sí, pero que no siguen la actua­li­dad. Con lo cual ya se han dis­tan­ciado de la indus­tria. Y a mí eso me ilu­siona mucho. La indus­tria exige actua­li­dad y nove­dad. La cul­tura, pro­fun­di­dad y pasión. Del segundo Ajo­blanco han que­dado muchas cosas: la aper­tura a otras cul­tu­ras, a otras músi­cas, a tener gus­tos com­bi­na­dos, dis­tin­tos… Creo que nos hemos vuelto más inter­na­cio­na­les. Nos hemos abierto. Y el segundo Ajo­blanco tiene mucho que ver con esto. Ahora tene­mos que vol­ver a la iden­ti­dad de cada uno, la que se forma, y por eso insisto en la edu­ca­ción y la cul­tura todo el rato. Lo que hay que ofre­cer son ele­men­tos bue­nos, que te pue­dan apa­sio­nar y con los que te pue­das sen­tir identificado.

La ace­le­ra­ción de la expe­rien­cia pro­pi­ciada por la revo­lu­ción digi­tal nos ha pillado sin refe­ren­tes y en esa falta de edu­ca­ción de la que hablas. Y ahí adquiere un valor espe­cial el pla­ni­llo de este pri­mer ‘Ajo­blanco’ 3.0, por­que no hay tema o artículo o repor­taje que no ayude al lec­tor a situarse de otra manera en el mundo de hoy.

Esa es nues­tra intención…

…empe­zando por Josep Maria Esqui­rol: el artículo de Andrea Palau­da­rias y tu entre­vista. Su pro­puesta filo­só­fica es opor­tu­ní­sima y conecta de manera directa con las nece­si­da­des del ciu­da­dano de hoy. Es Pre­mio Nacio­nal de Ensayo y no sale en nin­gún sitio.

Es que el Esqui­rol es el gran filó­sofo del pre­sente en este país. Y es fas­ci­nante haberlo encon­trado, por­que él no se pro­diga… La entre­vista de Javier Este­ban a Clau­dio Naranjo tam­bién me parece bien. Y la de Niño de Elche. Se la hizo Ica­ro­La­via, una blo­guera de 21 años. Les ence­rra­mos en un espa­cio muchas horas, por­que ella al prin­ci­pio iba a derra­par, pero al estar tanto tiempo jun­tos se sedu­je­ron, cam­bia­ron, y cam­bió todo.

Hay mucho perio­dismo en el nuevo ‘Ajo­blanco’. Algo que recha­za­bas en la pri­mera época, aun­que ya no en la segunda. En este número se leen cosas que no se encuen­tran en nin­gún otro sitio.

Es que tam­bién hemos apren­dido… Ya somos mayo­res. Ade­más mi com­pa­ñero Fer­nando Mir es un gran edi­tor, lo ha sido en Pla­neta durante los últi­mos 20 años. Yo estoy con­tento. Ahora, es un expe­ri­mento, y tene­mos que ver cuá­les son las con­se­cuen­cias del experimento.

La apuesta mixta revista-espacio me parece par­ti­cu­lar­mente opor­tuna y nece­sa­ria en un lugar des­truido en muchos sen­ti­dos como es Bar­ce­lona. ¿Cómo está meta­bo­li­zando la ciu­dad su muta­ción en ‘ciu­dad de vacaciones’?

El pro­ceso en Bar­ce­lona es muy com­plejo. Es una ciu­dad muy con­fusa, muy plu­ral, que no sabe adónde va. La Colau ha traído un cam­bio de aires, pero no sé si tiene un plan. Bar­ce­lona está muriendo de éxito y el ciu­da­dano común está viviendo muy mal, por­que esta­mos total­mente inva­di­dos. Te tie­nes que reti­rar a los barrios. Y allí te encuen­tras a los pakis, a los chi­nos, a los sud­ame­ri­ca­nos. Es una nueva reali­dad. Y por otro lado está el pro­cés y el inde­pen­den­tismo, y mucha gente pasa de todo y es como no exis­tiese nada, ni el turismo ni el pro­cés ni el independentismo…

Bar­ce­lona os daría para un mono­grá­fico, pero abrís este pri­mer ‘Ajo­blanco’ con el artículo de Ber­nardo Gutié­rrez sobre el Madrid insur­gente post 15M.

En este momento Madrid cuenta con un movi­miento alter­na­tivo más cohe­sio­nado. Es la ciu­dad del 15M, y por nues­tra parte es tam­bién un home­naje a la ciu­dad donde todo aque­llo empezó. Así como en los 70 Bar­ce­lona empezó muchas cosas, a par­tir del 2000 ha sido Madrid la que lo ha hecho. Es un reco­no­ci­miento. En esto sí que no hay que hacer perio­dismo en sen­tido estricto, sino bus­car expe­rien­cias y estar aten­tos a ellas. Ahora mismo no existe un sis­tema alter­na­tivo al capi­ta­lismo actual. Pero en la medida que haya gente que cons­truya espa­cios de liber­tad y expe­ri­men­ta­ción, la puerta a que algún día pueda haber una alter­na­tiva al sis­tema sigue abierta. La izquierda en este momento no tiene dis­curso, por mucho que se empe­ñen en que lo tie­nen. El dis­curso de lo social y del reparto está muy bien, pero no ofrece una alter­na­tiva al capi­ta­lismo. Más bien lo rege­nera, que es lo que hizo la social­de­mo­cra­cia con el capi­ta­lismo des­pués de la Segunda Gue­rra Mun­dial. Todo el dis­curso de lo social ha hecho posi­ble la evo­lu­ción hasta este neo­li­be­ra­lismo atroz.

De repente la apro­xi­ma­ción liber­ta­ria a la reali­dad cobra un nuevo sen­tido por­que sin­to­niza con las nece­si­da­des de mucha gente.

Esto es esen­cial. Igual que en los 70 tuvo lugar un cho­que de gene­ra­cio­nes con sen­si­bi­li­da­des muy dis­tin­tas, yo creo que ahora no. Está por una lado la gente inte­grada en el sis­tema, que ade­más no queda más reme­dio que estar inte­grado, por­que si no no comes, y luego está la gente que sobre­vive como puede.

Y lo hace de manera trans­ver­sal. Cuando Pode­mos sur­gió y se dijo here­dero del 15M pre­su­mió de cierta trans­ver­sa­li­dad que en el momento de ocu­par un espa­cio polí­tico se ha demos­trado falsa. Ese rasgo genuino de lo liber­ta­rio sería algo en lo que mere­ce­ría hacer hincapié.

Es que lo liber­ta­rio debe tra­ba­jar en ese sen­tido. Lo que pasa es que no hay pen­sa­do­res. Por eso digo que hay que gene­rarlo todo. Hay que atre­verse. Per­derle el miedo a plan­tear lo que estás plan­teando. No que­re­mos el poder, que­re­mos trans­for­mar la socie­dad por­que se está viniendo abajo.

Carolina Espinoza y Pepe Ribas durante la presentación de Ajoblanco en el Teatro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Verónica Granado

Caro­lina Espi­noza y Pepe Ribas durante la pre­sen­ta­ción de Ajo­blanco en el Tea­tro del Barrio de Madrid el pasado 20 de junio. Foto: Veró­nica Granado

Todo esto 40 años des­pués de las Jor­na­das Liber­ta­rias. Has dicho y escrito mucho sobre aque­llo, pero ¿cómo ha evo­lu­cio­nado desde enton­ces tu per­cep­ción de los acontecimientos?

Estu­vi­mos muy cerca de acce­der a un sis­tema alter­na­tivo por­que la socie­dad era mucho menos com­pleja. Había más eco­no­mía de pro­xi­mi­dad, había tejido pro­duc­tivo, en Ita­lia estaba pasando lo mismo, había pers­pec­ti­vas utó­pi­cas cla­ras, posi­bles. Las Jor­na­das Liber­ta­rias se plan­tea­ron como un gran encuen­tro de todas las corrien­tes anti­au­to­ri­ta­rias. Fue tam­bién el desahogo de los exi­lia­dos y los liber­ta­rios que habían ido a la cár­cel. Pero a nivel teó­rico fue un fra­caso por­que no se supo encon­trar el pro­ce­di­miento para que el movi­miento liber­ta­rio pudiera inte­grarse en el anar­co­sin­di­ca­lismo, que fue la apuesta que hici­mos los inde­pen­dien­tes liber­ta­rios y la revista, y lo que estaba nutriendo a la CNT de miles y miles de jóvenes.

Me parece impor­tante que seña­les esto por­que desde el pre­sente puede dar la impre­sión de que aque­llo no fue más que la última gran fiesta sin reglas antes de que la Tran­si­ción se pasara a lim­pio en la Constitución.

Por un lado fue lo que tú dices, una fiesta, la fiesta de la liber­tad. El par­que Güell, de repente, Jaume Sisa lo dice muy claro, fue el paraíso de Adán y Eva. Y todo el mundo hizo lo que le dio la gana. Muchí­sima gente per­dió la vir­gi­ni­dad allí por­que hubo una espe­cie de orgía men­tal de liber­tad. Pero es que pasa­ron más cosas. El reto era uni­fi­car el anar­co­sin­di­ca­lismo con el movi­miento liber­ta­rio emer­gente, que en aquel momento era enorme. El mitin de la Fede­rica [Mon­tseny] y Pei­rats el 2 de julio del 77 en Mont­juic fue el más mul­ti­tu­di­na­rio de la Tran­si­ción, con más de 250.000 per­so­nas. Esto causó un impacto tre­mendo. Tres sema­nas des­pués, más de medio millón de per­so­nas acu­den a las Jor­na­das Liber­ta­rias. Y en sep­tiem­bre hay una huelga de gaso­li­ne­ras capi­ta­neada por CNT que para­liza Bar­ce­lona. Sólo cir­cu­lan los coches que la CNT quiere. Esto recordó al año 36 y asustó mucho a la dere­cha. Por eso tra­je­ron a Tarra­de­llas corriendo. ¿Para qué? Para que el pro­blema social se con­vir­tiera en un pro­blema sen­ti­men­tal. Esto fue una jugada muy bien pen­sada. Ahora en Cata­luña vuelve a haber un pro­blema pare­cido. Hay una izquierda radi­cal muy impor­tante, y el inde­pen­den­tismo es la vacuna para que esta izquierda no pro­grese y se man­tenga divi­dida, por­que en ella hay gente inde­pen­den­tista y gente que no lo es, o que no se lo plan­tea por­que no le interesa. Pero en el 77 se estuvo muy cerca de que en Cata­luña hubiera una revo­lu­ción. Y una revo­lu­ción liber­ta­ria, no mar­xista. Pero la CNT no supo lle­var la huelga de gaso­li­ne­ras, por­que no supo nego­ciar. Y se asus­ta­ron, y la CNT se llenó de topos que la radi­ca­li­za­ron. Y llegó Scala, un caso de terro­rismo de Estado cla­rí­simo, pro­ba­ble­mente no de Estado sino de la OTAN, por­que tiene que ver con la Ope­ra­ción Gla­dio, como muchas de las cosas que pasa­ron en los 70 en España, y esto se ha estu­diado muy poco…

Hay hechos que han sido des­acre­di­ta­dos por­que el dis­curso domi­nante los ha con­fi­nado al terri­to­rio de la cons­pi­ra­ción o de la para­noia de sus protagonistas.

La liber­tad te da una deter­mi­nada capa­ci­dad de aná­li­sis. Muchas cosas que noso­tros en Ajo­blanco hemos con­tado y que en su momento nos decían que era cons­pi­ra­noia luego han ido con­fir­mán­dose o cum­plién­dose. Con lo cual los que ahora se están des­pres­ti­giando son aque­llos his­to­ria­do­res socia­les o de uni­ver­si­da­des que decían que eran para­noias. Gente como Jordi Gra­cia, que hacen con­gre­sos de la Tran­si­ción, ya no tie­nen nin­guna credibilidad.

Pero son los que salen en los papeles.

Pero como la gente ya no presta aten­ción a esos pape­les, han per­dido la clien­tela. Ya no ven­den libros. Son inte­lec­tua­les orgánicos.

Tú crees que el ‘esta­ble­ci­miento’ es cons­ciente de esa devaluación?

Sí. La sien­ten en sus bol­si­llos. Ya no ganan lo que gana­ban. Ya no les pagan lo que les paga­ban. Esa es la jus­ti­fi­ca­ción de Cebrián para decir que el papel ya no vende. Y por eso es intere­sante que el Ajo diga que el papel es importante.

Men­cio­na­bas el caso del 77 con Tarra­de­llas: disol­ver un pro­blema polí­tico desde lo sen­ti­men­tal. La sen­ti­men­ta­li­za­ción de la polí­tica es una de las cla­ves de su degra­da­ción, en estre­cha corres­pon­den­cia con la falta de rudi­men­tos de la ciu­da­da­nía para inter­pre­tar la realidad.

Es exac­ta­mente así. Por ejem­plo, se está usando la corrup­ción desde un punto de vista gené­rico. Por eso es impor­tante lo que ha hecho gente como Simona LeviVotad y cobrar. La impu­ni­dad como forma de gobierno, Capi­tán Swing– con el caso Ban­kia para expo­ner el pro­ceso, cómo se com­por­tan los ele­men­tos corrup­tos, cómo fun­ciona el sis­tema. Creo que es muy bueno que todo esto se ponga boca arriba, que la gente vea este pro­ceso, y que incluso lo vea en un tea­tro –Hazte ban­quero–.

Pese a todo, el capi­ta­lismo ‘real­mente exis­tente’ parece más fuerte que nunca. La caída del socia­lismo real lo gal­va­nizó de tal modo que ni siquiera ha sido puesto social­mente en cues­tión con la última cri­sis. Y una herra­mienta teó­rica valiosa como el mar­xismo sigue pagando la enorme fac­tura del socia­lismo real… En el aniver­sa­rio de ‘El Capi­tal’, ¿puede el mar­xismo for­mar parte de un cor­pus teó­rico liber­ta­rio para el futuro?

El mar­xismo ofrece un aná­li­sis de la reali­dad desde el punto de vista de la eco­no­mía y la esta­dís­tica. Tiene vigen­cia, es un gran libro para com­pren­der el desa­rro­llo eco­nó­mico del mundo, occi­den­tal sobre todo, pero no tiene en cuenta la espi­ri­tua­li­dad, los pla­ce­res, que nos move­mos por muchas cosas que ha sabido desa­rro­llar muy bien el capi­ta­lismo, que es toda la cul­tura del ocio, algo impen­sa­ble hace 150 años. El mar­xismo te sirve para algu­nas cosas pero no para todo. Lo que sí está claro es que si segui­mos por este camino el sis­tema se car­gará a la mitad de la pobla­ción, por­que sobra, por­que es basura. No sé lo que puede pasar, es muy difí­cil saberlo por­que el capi­ta­lismo, la tec­no­lo­gía, el desa­rro­llo se han vuelto mons­truo­sos… Antes había una eco­no­mía de escala, ahora no. Ahora la escala es pla­ne­ta­ria. Yo creo que Occi­dente tiene, sobre todo Europa y Lati­noa­mé­rica, una res­pon­sa­bi­li­dad de saber ofre­cer una alter­na­tiva post capi­ta­lista. Per­so­nal­mente creo que hay que recu­pe­rar muchas cosas. La eco­no­mía de la pro­xi­mi­dad. La arte­sa­nía. El arte­sano como tal, no como artista. Y en todos los cam­pos, desde las artes grá­fi­cas a la madera. Hay cen­tros de expe­ri­men­ta­ción que son esen­cia­les para poder dar una alter­na­tiva al sis­tema, que si se da no se hará desde el poder, sino de abajo arriba. Lo impor­tante: edu­ca­ción, cul­tura, transformación.

BORJA MARTÍNEZ GUTIÉRREZ

PORTADA284-(1)-001
Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Verano 2017, número 284, de la Revista LEER

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