¿Gordos o flacos?

DSC_0854rec

Vol­ve­mos a #LEER­sin­prisa. Qué rápido pasa el tiempo, cuánto hemos echado de menos estos pre­pa­ra­ti­vos com­par­ti­dos de serena lec­tura… no per­da­mos un sólo ins­tante, ¡a la mesa de nove­da­des! Y algún paseíto dare­mos, tam­bién, hacia las estan­te­rías con solera para res­ca­tar algún libro al hilo de la actua­li­dad lite­ra­ria… un lujo al que jamás renunciaremos.

M: Coge­mos el calen­da­rio. Una fecha clave para enten­der a una de las gran­des voces de la Pri­mera Gue­rra Mun­dial: 29 de noviem­bre de 1915. Están a punto de cum­plirse cien años de que Wil­fred Owen par­tiera hacia Fran­cia con los Lan­cas­hire Fusi­liers. Es el punto crí­tico en la vida del hom­bre y su cul­mi­na­ción como el poeta que cono­ce­mos. Lo explica Anto­nio Lina­res en la intro­duc­ción a la Poe­sía com­pleta de Wil­fred Owen que acaba de publi­car Lin­teo. Que sea el tra­duc­tor de esta pre­ciosa edi­ción nos pro­voca un gran albo­rozo por­que él fue, ni más ni menos, res­pon­sa­ble de que hace cinco años pudié­ra­mos, ¡al fin! (tras un largo e infruc­tuoso pere­gri­naje hasta enton­ces), pene­trar de lleno en el her­me­tismo de William Butler Yeats (gran­dí­sima debi­li­dad que pronto abor­da­re­mos) y hacerlo nues­tro, de la mano de otra joya de la misma edi­to­rial (La Esca­lera de Cara­col y otros poe­mas). Todo un hito en mi currí­cu­lum lec­tor, eterno agra­de­ci­miento a Linares.

B: Yo tam­bién ando sublime pero en otro plan, y bus­cando las esen­cias en fras­cos peque­ños. No sé si será el signo de los tiem­pos, pero me da por bus­car libros bre­ves, finos, que empe­zar y aca­bar en una tarde. Hoy traigo unos cuan­tos que he leído últi­ma­mente. Amor­ti­guada por la luz del atar­de­cer y los soni­dos y aro­mas del jar­dín pala­ciego de Esco­cia donde tiene lugar, la breve y bellí­sima His­to­ria cre­pus­cu­lar de Ste­fan Zweig que acaba de publi­car Acan­ti­lado nos embriaga como a su ado­les­cente pro­ta­go­nista, cau­tivo de una ciega pasión esti­val de roman­ti­cismo y ero­tismo exa­cer­ba­dos –¿soy yo o es que acaso como lec­tor con­tem­po­rá­neo con­ta­mi­nado de por­no­gra­fía inter­preto equi­vo­ca­da­mente las suti­les des­crip­cio­nes de Zweig?–. Imá­ge­nes bri­llan­tes y evo­ca­cio­nes de poé­tica elo­cuen­cia cau­ti­van más que la exas­pe­rante intriga amo­rosa, reflejo fiel de la tor­peza de la cha­va­le­ría de ayer, hoy y siem­pre. Pero nues­tro escri­tor no oculta los peli­gros que pue­den aguar­dar tras una arre­ba­tada expe­rien­cia de iniciación…

M: Tras una semana de llu­vias y hume­da­des, nos atre­ve­mos a pasear un ratito con los libros por el jar­dín y apre­cia­mos más que nunca la cari­cia fur­tiva de los rayos del sol sobre las hojas… ¡Ah, es otoño, en ver­dad, jefe, y nos embarga cierta melan­co­lía lírica! Hace­mos músculo y nos deja­mos enamo­rar por la His­to­ria de la belleza. De Fidias a Picasso, que nos pro­pone la Fun­da­ción Ami­gos Museo del Prado (Crí­tica / Círculo de Lec­to­res). Resulta que, entre el otoño de 2014 y la pri­ma­vera de 2015, se cele­bró en el Museo del Prado un ciclo de con­fe­ren­cias con este título, «un reco­rrido por el deve­nir del con­cepto que ha sido la clave de bóveda en la que durante siglos se ha sus­ten­tado el arte, un aná­li­sis sobre el modo en que la belleza se ha con­cre­tado en cada momento his­tó­rico en mani­fes­ta­cio­nes como la pin­tura, la escul­tura, la arqui­tec­tura y la música». Al comienzo de estas pági­nas lo explica con deta­lle Car­los Zurita, Duque de Soria, Pre­si­dente de la Fun­da­ción, para dar paso a 16 pres­ti­gio­sos espe­cia­lis­tas que acer­can a las dis­tin­tas dis­ci­pli­nas, teo­rías y obras, a los valo­res esté­ti­cos de cada época y estilo, «para des­cu­brir no sólo el deve­nir his­tó­rico de la belleza sino tam­bién la escu­rri­diza fron­tera de los lími­tes del arte».

B: Ay, acaba de lle­gar una monu­men­tal his­to­ria del arte edi­tada por Cáte­dra, Arte en España (1939–2015). Ideas, prác­ti­cas, polí­ti­cas, pero son 900 pági­nas, y no voy a caer en la ten­ta­ción de comen­tarlo por­que hoy la cosa va de libros finos, al menos por mi parte. De polí­tica, de la men­tira polí­tica, trata este breve ensayo recu­pe­rado ahora por Pasos Per­di­dos que Ale­xan­dre Koyré escri­bió en 1943 pen­sando en los tota­li­ta­ris­mos, par­ti­cu­lar­mente el ale­mán, que habían lle­vado al con­ti­nente a una san­grienta gue­rra que inevi­ta­ble­mente se había hecho mun­dial. Pero su pene­trante estu­dio sobre la mali­ciosa téc­nica tota­li­ta­ria de la men­tira en segundo grado –tra­du­cido y pro­lo­gado por Fer­nando Sán­chez Pin­tado– tam­bién ofrece intere­san­tes lec­cio­nes sobre el ejer­ci­cio de la polí­tica en nues­tros días. Koyré con­cluye que las masas de las demo­cra­cias alia­das, al con­tra­rio que las socie­da­des de los paí­ses del Eje, demos­tra­ron enton­ces ser refrac­ta­rias al juego de espe­jos tota­li­ta­rio; pero sus argu­cias, y así lo sugiere Sán­chez Pin­tado, se han aca­bado fil­trando en los sis­te­mas de liber­ta­des hasta con­ta­mi­nar fatal­mente su desa­rro­llo. Mira a tu alre­de­dor, hojea tu perió­dico favo­rito; no te cos­tará encontrarlas.

M: Retor­na­mos del jar­dín, que hace fres­quito y se nos cons­ti­pan los libros a pesar de sol… «Duelo al sol», de qué nos suena eso… Oh, a la entrada, a  nues­tros pies, una carta. El remite, neo­yor­quino. ¡Es Julio Val­deón Blanco! Pocas cosas nos ale­gran tanto en la vida coti­diana de la redac­ción como reci­bir noti­cia de nues­tros ado­ra­dos corres­pon­sa­les (por cierto, esta semana no nos can­sa­mos de con­ver­sar con  Óscar Caba­llero sobre el nuevo Gon­court, Mat­hias Enard, del que nos habla en la Carta desde París #LEER267). Por influen­cia del «Duelo al sol» entre Jonat­han Fran­zen y David Fos­ter Wallace que con­cierta audaz­mente la Carta desde Nueva York #LEER267, vamos a recu­pe­rar tres libros de Wallace abso­lu­ta­mente irre­sis­ti­bles, para con­tras­tar, por ins­pi­ra­ción val­deo­niana, con la lec­tura obli­gada, esta tem­po­rada, de Fran­zen (Pureza, Sala­man­dra). El pri­mero de ellos es La broma infi­nita (DeBol­si­llo) que vol­vió a la actua­li­dad a raíz del estreno de la road movie The end of the tour de James Pon­soldt (incluida entre las cien mejo­res nove­las en len­gua inglesa del último siglo por Time).

B: Wallace y Fran­zen son la antí­te­sis de lo que pro­pongo hoy… No sé si lo has hecho a pro­pó­sito. Pero yo sigo a lo mío; tú haz lo pro­pio. De nuevo Cáte­dra nos sirve en ban­deja un con­ciso alda­bo­nazo acerca del mundo con­tem­po­rá­neo. En La tira­nía de los modos de vida, Mark Hun­yadi, pro­fe­sor de Filo­so­fía Moral y Polí­tica en la Uni­ver­si­dad de Lovaina, aborda la para­doja moral de nues­tro tiempo: “Por res­peto ético a los dere­chos indi­vi­dua­les, se nos pre­para un mundo que tal vez sea éti­ca­mente detes­ta­ble”. Los dere­chos indi­vi­dua­les están quizá más pro­te­gi­dos que nunca. Pero la apo­teo­sis de éti­cas res­trin­gi­das ha redun­dado en una des­aten­ción preo­cu­pante del cua­dro gene­ral. La ética ha acom­pa­ñado al mundo en su frag­men­ta­ción, y ha que­dado inerme ante la emer­gen­cia de nue­vas reali­da­des como la revo­lu­ción digi­tal. Nues­tro dere­cho a la pri­va­ci­dad está amplia­mente reco­no­cido y regu­lado, pero la acep­ta­ción de las con­di­cio­nes de uso de cual­quiera de las apli­ca­cio­nes de nues­tro telé­fono móvil implica la renun­cia a ellos. Si somos ver­da­de­ra­mente celo­sos de nues­tros datos, nos que­da­mos al mar­gen. Este es quizá el más vívido de los pro­ce­sos de emer­gen­cia en mar­cha que logran “hacer­nos pasar de la adap­ta­ción pro­gre­siva al hecho con­su­mado sin solu­ción de con­ti­nui­dad”. Hun­yadi lo tiene claro: “el frac­cio­na­miento de la ética para­liza la ética. Los dere­chos, las liber­ta­des la igual­dad son objeto de aten­ción, pero no lo son los modos de vida” que aflo­ran por acu­mu­la­ción de circunstancias.

M: La siguiente obra de Wallace que mete­mos en la mochila para el fin de semana es, por aña­di­dura, Algo supues­ta­mente diver­tido que nunca vol­veré a hacer (DeBol­si­llo). Se trata de un artículo basado en la expe­rien­cia del malo­grado autor durante un cru­cero de lujo por el Caribe. Esta mane­ja­ble edi­ción nos lo pre­senta como «una de las radio­gra­fías más agu­das e irre­ve­ren­tes de la cul­tura ame­ri­cana de fin de siglo, en la que se entre­mez­clan la fami­lia­ri­dad, el asom­bro y una mor­da­ci­dad des­ca­be­llada». Y es así como, a las puer­tas del pri­mer fin de semana de noviem­bre, el mes oto­ñal y melan­có­lico por exce­len­cia, nos damos cuenta de cuánto echa­mos de menos a Wallace.

B: Hom­bre, esto es algo más ase­qui­ble en lo que a pagi­na­ción se refiere… Recuerdo que tra­ta­mos de Wallace en aque­lla cover sobre sui­ci­dio y lite­ra­tura que hici­mos hace unos años en LEERRicardo Fuma­nal inter­pretó enton­ces la ilus­tra­ción canó­nica de Igna­tius J. Reilly, el inmor­tal pro­ta­go­nista de La con­jura de los necios, para nues­tra por­tada –por­que como bien es sabido su autor, John Ken­nedy Toole, se sui­cidó antes de ver publi­cada su asom­brosa obra-. Pre­ci­sa­mente esta semana nos ha lle­gado la novela del edi­tor pós­tumo de La con­jura, Wal­ker Percy, cuyo pró­logo cimentó la leyenda de aquel libro. Se trata de El ciné­filo, lo edita Alfa­bia, ganó el Natio­nal Book Award en 1961 y está situada en una Nueva Orleans car­na­va­lera, como La con­jura… Qué casua­li­dad. En fin, ya me he salido de mi com­pro­miso de hoy con los libros finos…

M: Final­mente, jefe, Hable­mos de lan­gos­tas (Lite­ra­tura Mon­da­dori). En la faja que arropa el libro, nos ale­gra encon­trar la más cer­tera cita crí­tica de nues­tra casa: «El más lúcido, culto y rigu­roso repre­sen­tante de la novela pos­mo­derna nor­te­ame­ri­cana». Nos reafir­ma­mos en ello. Junto a otras en la con­tra­por­tada. La de Michiko Kaku­tani en The New York Times: «Como en sus mejo­res obras de fic­ción, recuerda al lec­tor su enorme talento lite­ra­rio y un agudo sen­tido para cap­tar lo absurdo de la vida con­tem­po­rá­nea ame­ri­cana de prin­ci­pios del mile­nio». Y James Woods en The Guar­dian: «Fos­ter Wallace es un sober­bio humo­rista de la cul­tura… Su exu­be­ran­cia y sus tra­ve­su­ras inte­lec­tua­les son un deleite».

B: Con la venia… Pido per­miso para rema­tar. Ya que he sido desobe­diente de mí mismo, voy a serlo del todo men­cio­nando un libro que no llegó a tiempo de for­mar parte de nues­tro número de noviem­bre dedi­cado a Lo que queda de Franco: la actua­li­za­ción de la monu­men­tal bio­gra­fía del dic­ta­dor que Paul Pres­ton publicó en 1993 y 2002. Equí­pense con ella los intere­sa­dos en el per­so­naje y el periodo. Y por supuesto con el último número de LEER. Segui­mos leyendo…

B&M #LEERsinprisa

Hay un comentario

Escribe una respuesta

el milagro original del leer

resucitar

Adriana Hidalgo

Lucia Berlin

vervuert

navona

dracena

canalla

cazador de ratas

tan poca vida

el innombrable

club leteo