Lewis y Freud a escena

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¡Qué gran encuen­tro de haberse pro­du­cido en la reali­dad el del con­verso al cris­tia­nismo C.S. Lewis con el ada­lid del ateísmo Sig­mund Freud! Hasta el 22 de febrero podrá dis­fru­tarse la intensa dia­léc­tica ima­gi­na­ria entre ambos inte­lec­tua­les en el Tea­tro Espa­ñol: hoy llega “La sesión final de Freud”.
 

Me impactó la ima­gen de C.S. Lewis al lado de la de Sig­mund Freud en la por­tada del libro del Dr. Nicholi, supe inme­dia­ta­mente que sal­ta­rían chis­pas si jun­taba a ambos sobre el esce­na­rio”, reme­mo­raba Mark St. Ger­main para LEER en el número de noviem­bre de 2013 de la revista. Así fue como esco­gió el esti­mu­lante libro La cues­tión de Dios (Rialp), del psi­quia­tra Armand M. Nicholi, como base para alum­brar un texto tea­tral, Freud’s last sesión (estre­nado en 2009). Des­pués, lo enri­que­ció con “otras muchas lec­tu­ras por­que era más rele­vante cono­cer a estas dos cele­bri­da­des por sus dis­tin­cio­nes y simi­li­tu­des como seres huma­nos que hacerlo a tra­vés de sus dife­ren­cias filosóficas”.

Lo cierto es que su intui­ción pri­mera se vio res­pal­dada por el éxito de la obra, cons­ta­tando que Lewis es un revul­sivo per­fecto en nues­tro tiempo. Esto viene a ser corro­bo­rado, una vez más, por el actual mon­taje de Tam­zin Town­send, que dirige La sesión final de Freud hasta el 22 de febrero en la Sala Pequeña del Tea­tro Espa­ñol. Son Elea­zar Ortiz y Helio Pedre­gal (en la ima­gen supe­rior) quie­nes, desde hoy, encar­nan en escena al padre de las Cró­ni­cas de Nar­nia y al del psi­coa­ná­li­sis, res­pec­ti­va­mente, en esta ver­sión de Igna­cio Gar­cía May. Ambos emo­cio­nan con un tra­bajo acto­ral que llega a la médula del con­flicto desde la fra­gi­li­dad de lo humano, los dos expues­tos al límite: Freud octo­ge­na­rio, al borde del sui­ci­dio, recibe en su des­pa­cho de Ham­ps­tead (Lon­dres) al pro­me­te­dor cate­drá­tico de Oxford Clive Sta­ples Lewis durante la tur­bu­lenta jor­nada que llevó a Ingla­te­rra a decla­rar la gue­rra a Hitler (3 de sep­tiem­bre de 1939), para hablar sobre “la cues­tión de Dios”.

Baste una mínima mati­za­ción antes del estreno: todo lo que se le esca­tima en mag­ni­tud a la figura lewi­siana por razo­nes de juven­tud en des­ven­taja frente a un Freud doliente y resa­biado, que en la piel de Pedre­gal se crece por momen­tos, se com­pensa con unas bre­ves pero cer­te­ras pala­bras fina­les con las que Ortiz sabe emo­cio­nar hasta equi­li­brar lim­pia­mente la balanza en su favor.

No nos cabe duda de que St. Ger­main seguirá encan­tado con el reco­rrido de su obra, como ya decla­raba a LEER en 2013, “por­que sólo le augu­rá­ba­mos un par de sema­nas en car­tel cuando comen­za­mos a tra­ba­jarla en la Barring­ton Stage Com­pany hace varios vera­nos”, expli­caba, sin repa­ros en con­fe­sar haberse enamo­rado del mon­taje triun­fal que esta com­pa­ñía man­tuvo en la ciu­dad de Nueva York, con el mismo reparto, durante casi dos años.

MAICA RIVERA (@maica_rivera)

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