Días de vino y guerra

CON SU CUARTA NOVELA, Secre­tos del Are­nal, Félix G. Modroño ha obte­nido el XLVI Pre­mio de Novela Ate­neo de Sevi­lla. Las dos pri­me­ras, La san­gre de los cru­ci­fi­ca­dos (2007) y Muerte dulce (2009), están ambien­ta­das en el siglo XVII y pro­ta­go­ni­za­das por el doc­tor Zúñiga. La ter­cera, La ciu­dad de los ojos gri­ses (2012), trans­cu­rre en los albo­res del pasado siglo y como el resto de su obra se mueve en el terreno de la novela his­tó­rica, pero no solo.

Diríase que hay libros escri­tos en loor de mul­ti­tu­des, quién las pillara a estas altu­ras de reduc­ción impa­ra­ble de ese uni­verso lec­tor que se encoge absor­bido por el agu­jero negro de la Red, que nos conecta –o des­co­necta, según se mire– a tra­vés de arti­lu­gios varios. Dejé­moslo enton­ces en que diríase que hay libros escri­tos en loor de pre­mio. ¿Que por qué? Pues por­que si hace­mos caso de la creen­cia de que deter­mi­na­dos temas y tra­ta­mien­tos son más comer­cia­les que otros, tene­mos que admi­tir que la novela de Modroño entra de lleno en la cate­go­ría de nove­las escri­tas para gus­tar a todos. Para empe­zar tiene ingre­dien­tes román­ti­cos, de Gue­rra Civil, de trama negra, de his­to­ria en dos tiem­pos que se bifurca en para­lelo y tam­bién de novela epis­to­lar. Los esce­na­rios, Sevi­lla y Viz­caya, con sus res­pec­ti­vos are­na­les, bien cono­ci­dos por el autor, se ade­cuan con natu­ra­li­dad a las his­to­rias que, en el pre­sente y en el pasado, pro­ta­go­ni­za­ron dos muje­res cuya secreta vin­cu­la­ción –si es que la tie­nen, que los secre­tos son inque­bran­ta­bles– ocupa buena parte del mis­te­rio. Mis­te­rio que se hace exten­sivo a varias muer­tes en lo que parece obra de un ase­sino en serie.

Dos son las muje­res que aca­pa­ran la narra­ción: una en la Sevi­lla fran­quista, la otra en el País Vasco actual. Sil­via pone voz a la segunda, una mujer libe­rada, here­dera de una bodega, que man­tiene una rela­ción apa­sio­nada con Mateo, experto enó­logo, alre­de­dor del atrac­tivo mundo del vino, las catas y la litur­gia que ha gene­rado una cul­tura mile­na­ria, muy en boga en nues­tros días, y equi­pa­ra­ble a la de los per­fu­mes con olo­res y mati­ces subli­ma­dos en una poé­tica pro­pia. La otra voz, la de Ola­lla, nos mete de lleno en la Gue­rra Civil y la dic­ta­dura, cuando algu­nos com­ba­tien­tes pro­lon­gan la lucha en la Divi­sión Azul. Huér­fana tras per­der la vida sus padres en las pri­me­ras horas del con­flicto, Ola­lla vive con sus tías, que la aco­gen en su casa. Muy joven aún, en plena ado­les­cen­cia, se debate entre dos jóve­nes que la pre­ten­den al tiempo. Mar­tín está en Sevi­lla y com­parte con ella lec­tu­ras y manera de pen­sar. Se entien­den bien y dis­fru­tan con­ver­sando. Pero es Eduardo, a punto de incor­po­rarse a filas, el que la deja sen­ti­men­tal­mente con­mo­cio­nada. El inter­cam­bio epis­to­lar entre ambos tiene su equi­va­len­cia en otro entre una mujer que firma con el nom­bre fic­ti­cio de Adèle y Mateo, que para des­ci­frar su ver­da­dera iden­ti­dad ten­drá que leer la novela que cuenta la his­to­ria de Olalla.

Modroño entra de lleno en la cate­go­ría de nove­las escri­tas para gus­tar a todos: ingre­dien­tes román­ti­cos, Gue­rra Civil, trama negra, his­to­ria en dos tiempos…

Félix G. Modroño avanza rápido en lo que quiere con­tar, aten­diendo a los fren­tes abier­tos sin dete­nerse dema­siado. Una manera de no com­pli­car el entra­mado que cons­truye con los pun­tos de apoyo indis­pen­sa­bles para que la estruc­tura se sos­tenga. Ese es su mayor mérito. Atar cabos. Tanto Ola­lla como Sil­via y sus res­pec­ti­vas his­to­rias habrían dado para dos nove­las autó­no­mas o para dos pelí­cu­las: ambas son muy visua­les y tie­nen como per­so­na­jes prin­ci­pa­les a muje­res que dan mucho juego. Ola­lla inmersa en una época que la con­di­ciona radi­cal­mente y Sil­via en otra en la que es ella la que lleva la voz can­tante: “Y es cierto que no me impor­taba que un hom­bre estu­viese com­pro­me­tido si me resul­taba atrac­tivo como Mateo; si acaso lo sen­tía por él y sus posi­bles remor­di­mien­tos aun­que, en ese caso, el pro­blema era suyo”.

La trama negra gira en torno a esos crí­me­nes sin resol­ver en una puesta en escena enre­ve­sada y típi­ca­mente CSI que afecta, espe­cial­mente, a Sil­via, dado que una de las ase­si­na­das es su her­mana. Tanto esta parte como la rela­tiva al inter­cam­bio de men­sa­jes que enhe­bran pasado y pre­sente son los esla­bo­nes más débi­les de Secre­tos del Are­nal. Modroño lo suple con un regis­tro que se adapta al ambiente de época y que, aun sin­té­ti­ca­mente, no pierde de vista la cro­no­lo­gía y la evo­lu­ción de las fac­cio­nes y cama­ri­llas que el Cau­di­llo man­tiene a raya, dete­nién­dose en la figura de Ramón Franco y en la cone­xión con la Ale­ma­nia nazi que la Divi­sión Azul materializó.

MILAGROS FRÍAS

Secretos del ArenalSECRETOS DEL ARENAL
Félix G. Modroño
Algaida. Sevi­lla, 2014
380 pági­nas. 20 €
 
Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número 258, de la Revista LEER. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías (sus­crí­bete).

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