Cementerio urbano

ARBOLADOS INDUSTRIALES en la ciu­dad cemen­tada que cre­pita en los esta­dios. Luga­res de prohi­bi­ción al ciu­da­dano reco­gi­dos por el poeta obser­vante del “vuelo espi­ral de los ven­ce­jos”. Pare­des san­gra­das de pin­ta­das son el cobijo de prin­ce­sas plás­ti­cas, carne de baile y de una nueva mito­lo­gía lum­pen enca­be­zada por Dio­ni­sos dur­miendo la mona por las esquinas.

En este cemen­te­rio urbano las licen­cias para la liber­tad son las que otor­gan el fút­bol y los tele­vi­so­res pobla­dos de su fauna amaes­trada. Sus habi­tan­tes, per­so­nas unci­das al carro de la jor­nada labo­ral, nave­gando en túne­les car­ga­dos de sor­dera a ese mar can­ce­lado tras los cris­ta­les. La mul­ti­tud per­si­gue su reflejo en el esca­pa­rate para remon­tar un futuro imper­fecto, levan­tado con mate­ria­les de derribo sobre el pasado huér­fano de su infancia.

El poe­ma­rio gana­dor de la XVII edi­ción del Pre­mio de Poe­sía Ela­dio Caba­ñero nos acerca a esos via­je­ros “enso­ñe­ci­dos” en la sus­pen­sión de la reali­dad que con­fi­gura el espa­cio del tra­yecto y obe­dien­tes a la nor­ma­ti­vi­dad con la que se civi­liza al homi­cida desde la fe del desprovisto.

Alma­na­ques achi­cha­rra­dos pau­tan el decurso de los habi­tan­tes de los cen­tros comer­cia­les o el de las diver­sas cate­go­rías con­ta­bles que con­vi­ven en este uni­verso: los buró­cra­tas a cara de perro y los niños que vigi­lan hor­mi­gue­ros en los patios de cada escuela. Entre­tanto, Toño Bena­vi­des, el poeta-artista-ilustrador (León, 1961), se amohína en las cul­pas de unos y otros y en las som­bras pro­yec­ta­das al aca­bar el día, pre­pa­rán­dose para luchar con­tra el ven­da­val, mien­tras quie­nes aspi­ran a la plá­cida vida de corral no entien­den tanto afán por exhi­bir ban­de­río caduco.

Del otro lado, los que arrin­co­na­ron su sufri­miento en los agu­je­ros donde no llega la socie­dad se entre­gan a no cal­cu­lar el por­ve­nir, por­que las heri­das dia­rias obli­gan a estar cons­tan­te­mente aten­tos a la vida. Su pri­vi­le­gio, haber soñado más que sus coe­tá­neos ricos en pie­dras que car­gar eter­na­mente y en des­per­ta­do­res que silen­cian cual­quier res­qui­cio de libertad.

Libro de tre­nes, en la medida que encie­rros, nos hace lle­gar la luz poniendo la vista en ese niño que, aun­que no lo crea­mos, sal­drá del sueño intacto con­ver­tido en dino­sau­rio (léase el home­naje a Mon­te­rroso).

ALICIA GONZÁLEZ

9788415973355GRAN SUR
Toño Bena­vi­des
Reino de Cor­de­lia. Madrid, 2014
136 pági­nas. 8,95 €
 
Una ver­sión de este artículo apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número 258, de la Revista LEER. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías y en el Quiosco Cul­tu­ral de ARCE (sus­crí­bete).

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