Anglófilo, cinéfilo, académico

En MADRID, HACIA 1980, un joven de vein­ti­trés años entra a tra­ba­jar como ayu­dante (una suerte de secre­ta­rio para todo) de un direc­tor de cine. El matri­mo­nio de éste ha fra­ca­sado debido a un oscuro epi­so­dio del pasado, con­vir­tién­dose, ya que no hay divor­cio toda­vía, en una “larga e indi­so­lu­ble des­di­cha”. Al direc­tor, ade­más, le llega infor­ma­ción sobre el “com­por­ta­miento inde­cente” con las muje­res de un amigo, un médico triun­fa­dor, fran­quista desde la pri­mera pos­gue­rra, pero que supo borrar ese pasado y ves­tirse con ropa­jes libe­ra­les y demó­cra­tas. Así, el cineasta le encarga a su joven ayu­dante que inves­ti­gue el com­por­ta­miento del médico; y a la vez, el joven decide seguir e inves­ti­gar por su cuenta las rela­cio­nes de la atrac­tiva esposa del cineasta, que pare­cen ser la causa del fra­caso matri­mo­nial. Con ese entra­mado argu­men­tal y con su bien cono­cido y pro­bado estilo ele­gante, de fra­ses lar­gas, frío sólo en apa­rien­cia, sal­pi­cado de refle­xio­nes, de indis­cu­ti­ble cali­dad, Javier Marías pro­cede a una nueva inda­ga­ción en terri­to­rios que le intere­san y le son gra­tos: los secre­tos, el hecho de saber cosas que tal vez no se qui­sie­ron saber, la sos­pe­cha, los celos, el ren­cor, la com­pli­cada rela­ción entre las apa­rien­cias y la reali­dad, el matri­mo­nio, el ero­tismo (más mar­cado en esta novela que en otras), los efec­tos de la gue­rra civil y la dic­ta­dura, con sus trai­cio­nes, humi­lla­cio­nes y acomodamientos.

Los segui­do­res del autor no se sen­ti­rán defrau­da­dos en abso­luto. Está aquí el Marías angló­filo y sha­kes­pea­reano (al pro­ta­go­nista, como a Otelo, le ha lle­gado una infor­ma­ción que puede ser falsa), ciné­filo (las nume­ro­sas y eru­di­tas refe­ren­cias son un atrac­tivo de la novela), aca­dé­mico (con fre­cuen­tes obser­va­cio­nes sobre la vigen­cia de cier­tas pala­bras), inte­li­gente y crí­tico obser­va­dor de las cos­tum­bres de esta socie­dad (“no me gus­tan las víc­ti­mas con exce­siva con­cien­cia de serlo”). Un humor sutil y muy dosi­fi­cado, y el juego con per­so­na­jes de la novela que son tra­sunto de otros reales, son ele­men­tos que aña­den un diver­tido picante al texto. En cuanto al segundo, más que las seme­jan­zas con Juan Benet del direc­tor de cine (cuyas “intem­pe­ran­cias e imper­ti­nen­cias” tenían “algo de inter­pre­ta­ción, algo fic­ti­cio” y encu­brían una “extre­mada bon­dad de fondo”), des­taca ese Pro­fe­sor Rico que, frente a los cameos ante­rio­res, adquiere ahora rango de pro­ta­go­nista. Marías mues­tra un abso­luto domi­nio de sus recur­sos narra­ti­vos, inter­ca­lando, como suele hacer, his­to­rias den­tro de la trama gene­ral, sus­pen­diendo o pos­ter­gado el relato (invir­tiendo, diría­mos, el uso del clá­sico mac­guf­fin) y mane­jando con maes­tría la intriga. La novela con­firma, si hiciera falta a estas altu­ras, el indis­cu­ti­ble lugar que Marías ocupa en la pri­mera divi­sión de la narra­tiva española.

ÁNGEL VIVAS

portada-asi-empieza-maloASÍ EMPIEZA LO MALO
Javier Marías
Alfa­guara. Madrid, 2014
534 pági­nas. 21,50 euros
 
Una ver­sión de esta reseña apa­rece publi­cada en el Extra de Navi­dad 2014, número 258, de la Revista LEER. Dis­po­ni­ble en quios­cos y libre­rías (sus­crí­bete).
 

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Hoy 12 de diciem­bre, a par­tir de las 19,30 horas, Javier Marías firma ejem­pla­res de “Así empieza lo malo” en El Corte Inglés de Goya, en Madrid.

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