Revista leer

Urgen más deba­tes en pro­fun­di­dad sobre la coyun­tura edi­to­rial y el futuro del libro. Quedó claro el pasado vier­nes, cuando la mesa redonda Libros ilus­tra­dos: un romance entre texto e ima­gen, que con­vocó LEER para cerrar la pri­mera Semana de las Revis­tas Cul­tu­ra­les orga­ni­zada por ARCE, pronto gra­vitó en torno al gran reto del sec­tor: el cam­bio de para­digma y la posi­ción del papel frente a lo digital.

Fue en la Biblio­teca Muni­ci­pal Euge­nio Trías de Madrid, en la anti­gua Casa de Fie­ras del Par­que del Retiro, pre­sen­ta­dos por Borja Mar­tí­nez, coor­di­na­dor edi­to­rial de LEER, y mode­ra­dos por la escri­tora y perio­dista Ada del Moral: invi­ta­dos de excep­ción vin­cu­la­dos al mundo de la edi­ción, la ilus­tra­ción y el perio­dismo toma­ron par­tido ante una coyun­tura que con dema­siada fre­cuen­cia toma forma de dis­yun­tiva. El pre­texto, el décimo aniver­sa­rio de una de las edi­to­ria­les espa­ño­las de refe­ren­cia en mate­ria de libro ilus­trado, Libros del Zorro Rojo, Pre­mio Nacio­nal a la Mejor Labor Edi­to­rial 2011. Su edi­tor, Samuel Alonso; el ilus­tra­dor Emi­lio Gon­zá­lez Urbe­ruaga, padre grá­fico del Mano­lito Gafo­tas de Elvira Lindo, Pre­mio Nacio­nal de Ilus­tra­ción 2011; el tam­bién ilus­tra­dor Uli­ses Cule­bro, edi­tor de Ilus­tra­ción del dia­rio El Mundo; y Javier Piza­rro, maes­tro en edu­ca­ción infan­til y cola­bo­ra­dor de El Asom­bra­rio, fue­ron los pro­ta­go­nis­tas de un ani­mado debate en torno a la buena salud del libro ilus­trado y las lec­cio­nes que este puede pro­yec­tar hacia el resto de la indus­tria editorial.

Lejos de recrearse en apa­ci­bles teo­rías esté­ti­cas, el colo­quio puso el dedo en la llaga de las prác­ti­cas pro­fe­sio­na­les y la ido­nei­dad de sus expec­ta­ti­vas. Cada valo­ra­ción per­so­nal con­dujo a la for­mu­la­ción de nue­vas pre­gun­tas a las que no cupo dar res­pues­tas con­tun­den­tes dado el cam­biante con­texto actual, pero que mar­ca­ron un patrón bien defi­nido sobre los temas que van a seguir siendo objeto de refle­xión con­junta. ¿La estra­te­gia que el libro ilus­trado está desa­rro­llando en el mer­cado espa­ñol faci­lita cla­ves para la tran­si­ción hacia mode­los de nego­cio más ren­ta­bles, que atien­dan más y mejor las nece­si­da­des de los nue­vos lec­to­res? ¿Acaso la prensa habría de tomar nota de esta genuina acti­vi­dad edi­to­rial que incluso parece fuerte frente a la pira­te­ría? ¿El papel muere o está gene­rando nue­vos nichos de mer­cado que debe­mos detec­tar a tiempo para no con­de­narlo? ¿Ten­drían que ana­li­zarse de cerca las repre­sen­ta­ti­vas cui­tas de los pro­fe­sio­na­les de la ilus­tra­ción para (re)abrir los deba­tes correc­tos y ase­gu­rar la super­vi­ven­cia de la cali­dad en un entorno que, preo­cu­pado por la ren­ta­bi­li­dad inme­diata, está des­cui­dando cada vez más la suti­leza de lo artís­tico? ¿En qué sen­tido hay que aten­der rau­dos las deman­das del mer­cado digi­tal y en qué medida (re)orientarlas? ¿Dónde queda el com­pro­miso de for­mar lec­to­res y diri­gir lec­tu­ras por parte de los dife­ren­tes agen­tes cul­tu­ra­les? Y res­pecto al libro ilus­trado infan­til, ¿qué papel ha de desem­pe­ñar el pro­fe­sor en el aula?

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“La leyenda del santo bebe­dor” de Joseph Roth inter­pre­tado por Pablo Aula­dell, una de las últi­mas refe­ren­cias de Libros del Zorro Rojo, ofrece una visión fas­ci­nante del París que reflejó su autor. Una lec­tura artís­tica influida por Picasso y Grosz que como debe hacer todo buen libro ilus­trado, «genera otra lec­tura», tal y como explicó Samuel Alonso en la mesa redonda de LEER.

De momento, lo que el público per­cibe es el auge en los últi­mos años de mani­fes­ta­cio­nes como la novela grá­fica. “Un boom rela­tivo”, a jui­cio de Samuel Alonso, en tanto que “veni­mos de nive­les ínfi­mos”, y que tiene que ver con la apa­ri­ción de “un lec­tor culto que antes no se acer­caba al cómic pero que ahora lee nove­las grá­fi­cas” y, como con­se­cuen­cia, “esas libre­rías a las que nunca lle­gaba el cómic han acon­di­cio­nado una sec­ción espe­cial para este género”. Es decir, el fenó­meno ha con­se­guido un espa­cio pro­pio. Y den­tro de esta apuesta “fun­da­men­tal por la cali­dad grá­fica” que no puede pasarse por alto, el libro ilus­trado apa­rece como el “esla­bón per­dido” entre las vie­jas y las nue­vas mani­fes­ta­cio­nes. Lo cru­cial es enten­der que “tene­mos un nuevo para­digma de lec­tor, acos­tum­brado a ver y leer imá­ge­nes que no le son aje­nas por­que ya se enfrenta a ellas igual que lo hace al texto”.

Con­tra­rio a las pre­dic­cio­nes pesi­mis­tas expre­sa­das por Emi­lio Gon­zá­lez Urbe­ruaga sobre la per­vi­ven­cia del papel en el nove­doso y desa­fiante pai­saje socio­cul­tu­ral poblado de pan­ta­llas, Alonso alu­dió al hecho con­tras­ta­ble de que el libro ilus­trado está tra­tando hoy de acom­pa­ñar al lec­tor, “cre­ciendo con él”, mien­tras que “la máquina”, llá­mase iPad, tableta o simi­lar, “aún no ha encon­trado su lite­ra­tura propia”.

Desde su expe­rien­cia docente, Javier Piza­rro sub­rayó que los alum­nos “son digi­ta­les y el libro ilus­trado, da igual el soporte, les ayuda a enten­der con­cep­tos con imá­ge­nes”. No obs­tante se mos­tró par­ti­da­rio de ense­ñar­les a apre­ciar ambos for­ma­tos, asu­miendo la tarea como una res­pon­sa­bi­li­dad edu­ca­tiva que no debe olvi­darse en nin­gún caso. En ese sen­tido contó con la com­pli­ci­dad de Belén Sáez –res­pon­sa­ble de Espa­cio Kalan­draka, el rin­cón madri­leño de la nota­ble edi­to­rial espe­cia­li­zada en libro ilus­trado infan­til–, pre­sen­cia des­ta­cada entre el público asis­tente: “Las edi­to­ria­les peque­ñas esta­mos siendo fie­les a un pro­yecto y deja­mos en manos de los maes­tros la trans­mi­sión del amor al libro”.

Tam­bién es muy impor­tante, pre­cisó Samuel Alonso, “el com­pro­miso del ilus­tra­dor con el com­po­nente esté­tico o suge­rente, por­que la exi­gen­cia de los lec­to­res es más alta” y por­que, en tanto que “pri­mer lec­tor de un texto”, tiene la posi­bi­li­dad de “impo­ner su lectura”.

Desde su pro­lon­gada expe­rien­cia, Emi­lio Gon­zá­lez Urbe­ruaga inci­dió en el “res­peto abso­luto” que el ilus­tra­dor debe obser­var hacia “una idea que no es suya”. Frente a aque­llos artis­tas que lle­gan a pre­su­mir de no leer los libros que ilu­mi­nan, Urbe­ruaga abogó por “ceñirse al texto”, aun­que se trate de un tra­bajo “infumable”.

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Por­tada de Uli­ses Cule­bro para el número de febrero de 2013 de LEER: Cer­van­tes con sus “ejem­pla­res” cria­tu­ras por el camino de bal­do­sas amarillas.

Que los tra­zos crez­can en torno a los sin­tag­mas como una bella enre­da­dera: con esta metá­fora botá­nica ilus­tró Uli­ses Cule­bro su idea del ofi­cio, desa­rro­llado en su caso casi siem­pre en la prensa. Un ámbito en el que tra­di­cio­nal­mente, como sub­rayó Ada del Moral, ha tenido un papel rele­vante, pero que ha sufrido como pocos la coyun­tura de la última cri­sis. “Los ilus­tra­do­res somos hormigas-soldado que debe­mos ir ganando nues­tro hueco. Pero el hecho de ser con­si­de­rado un arte menor nos ha con­ce­dido mucha liber­tad para crear la visión lite­ra­ria de los tex­tos; noso­tros lite­ra­tu­ri­za­mos los con­te­ni­dos en prensa”, apuntó el pro­fe­sio­nal del dia­rio El Mundo. Como “defen­sor acé­rrimo del papel”, ase­guró que su pos­tura no res­ponde a un “mero roman­ti­cismo” sino a una nece­si­dad actual de ralen­ti­zar los rit­mos vita­les (y, por ende, de lec­tura), más en cohe­ren­cia con los pro­ce­sos natu­ra­les del pen­sa­miento, y a una acti­tud de com­bate frente a una visión exce­si­va­mente frag­men­ta­ria de la reali­dad que se nos está imponiendo.

Mi madre era pro­fe­sora y me inculcó el amor por la lite­ra­tura. Y yo, ante mi inca­pa­ci­dad para escri­bir his­to­rias, las dibujo”, explicó Uli­ses, que tuvo opor­tu­ni­dad de demos­trar su bagaje lec­tor y su pasión por los libros des­cri­biendo el pro­ceso de crea­ción de la por­tada que realizó para LEER en febrero de 2013 con oca­sión del cuarto cen­te­na­rio de las Nove­las Ejem­pla­res. La inter­pre­ta­ción de Cer­van­tes con algu­nas de sus cria­tu­ras (el pícaro, la novia del celoso extre­meño y el licen­ciado Vidriera), carac­te­ri­za­dos como los per­so­na­jes prin­ci­pa­les de El mago de Oz en el camino de bal­do­sas ama­ri­llas sir­vió de colo­fón a las casi dos horas y media de debate en torno a la ilus­tra­ción y su cen­te­na­ria his­to­ria de amor con la literatura.

MAICA RIVERA (@maica_rivera)

Arriba, de izquierda a dere­cha, Emi­lio Gon­zá­lez Urbe­ruaga, Samuel Alonso, Ada del Moral, Javier Piza­rro y Uli­ses Cule­bro, tras la mesa redonda de LEER en la Semana de las Revis­tas Cul­tu­ra­les de ARCE (foto: Ricardo Torres).